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lunes, 6 de diciembre de 2010

RUBÉN BAREIRO SAGUIER - A LA VÍBORA DE LA MAR (POEMARIO, 1977) - Introducción: EN LA CARNE VIVA DEL MITO por AUGUSTO ROA BASTOS / Fuente: CAMINO DE ANDAR - POESÍA ÉDITA. Edición ajustada por el autor: RUBÉN BAREIRO SAGUIER.




A LA VÍBORA DE LA MAR (1977)
Poesías de
En 1986 aparece la segunda edición aumentada
con cincuenta y cuatro nuevos textos y una introducción



EN LA CARNE VIVA DEL MITO

En medio de las aguas muertas,
el agua viva...
RBS


A LA VÍBORA DE LA MAR es un poemario singular en la poesía paraguaya escrita en castellano; el que logra de una manera nueva y original el pasaje de la oralidad de la lengua de origen autóctono a la escritura de la lengua culta. En una sociedad como la paraguaya (la única totalmente bilingüe en América), la posibilidad de expresión del sentimiento poético en la peculiar sensibilidad y cosmovisión de los paraguayos sigue dándose naturalmente en la oralidad -voz y palabra-guaraní del paraguayo de hoy como antes se dio en los cantos míticos y ceremoniales del idioma originario. La cultura primigenia concebía el lenguaje humano como el fundamento del cosmos y la prístina naturaleza del hombre. Núcleo de este mito de origen es el esotérico e intraducible ayvu rapyta o ñe'eng byte rã como médula de la palabra-alma: el ayvu del comienzo de los tiempos, ruido o sonido impregnado de la sabiduría de la naturaleza y del cosmos engendrándose a través del Padre-Último-Primero dueño o suscitador de la palabra fundadora. Palabra secreta que nunca es pronunciada ante extraños; la que con tatarendy (llama o fuego-sagrado) y tatachina (humo-del-fuego-sagrado-neblina-del-poder-creador) conforman los tres elementos míticos esenciales de la cosmogonía de los antiguos guaraníes.
El libro de Rubén Bareiro Saguier respira a través de la fusión de escritura y oralidad el aliento poético de aquellos cantos fundacionales de una de las más ricas culturas orales del continente, descubiertos en sus textos genuinos cuatro siglos después de la conquista. A don León Cadogan (el Padre-Último de los Mbya guaraní) se deben estos hallazgos en su paciente búsqueda desde el interior de la cultura ancestral: una verdadera arqueología del saber mítico aún vivo en sus últimos portadores. Rubén Bareiro Saguier, Bartomeu Meliá y algunos otros, muy pocos, tocados por el ejemplo visionario a la vez que rigurosamente científico de don León, transitan esas cenizas de siglos aún ardientes que recubren las palabras sagradas, las primeras hermosas palabras de la Creación.
El increíble y levísimo poemario de Bareiro Saguier escrito en castellano parece "tejido" con las reverberaciones de aquel fuego originario, tamizadas por la neblina mítica. Nos da un texto hablado en el que se oye el susurro inconfundible y profundo del guaraní sumergido y dominado. No hay suturas, transposiciones, ni extrapolaciones. Esos textos o tejidos de la lengua oral transpuestos (en el sentido del estado de trance), transubstanciados en la escritura, hacen olvidar la escritura de la lengua autoritaria y dominante, la que de este modo se convierte en otra lengua: una lengua nueva y arcaica a la vez en el burbujeo destilado de las viejas esencias.
Estos poemas restituyen así el centro de equilibrio, el flujo de comunicación e identificación entre los cantos antiguos que son entonados aún en las Casas de las Plegarias por los últimos sobrevivientes indígenas y el habla guaraní mestiza de la sociedad paraguaya actual.
El mérito mayor de estos poemas escritos en castellano -brevísimos todos ellos como los haikus o las casidas o los aforismos heraclitanos o los kotyú guaraníes- acaso sea el de haber logrado semejante prodigio de levedad, de condensación y de fineza en la escritura de la lengua castellana reacia siempre, a lo largo de más de cuatro siglos a albergar el ayvu guaraní en un sistema de signos tan poco adecuado para captar y expresar el casi inasible fenómeno de la oralidad.
En guaraní -como ya se ha dicho- esta expresión se da en la dicción y entonación particular de lengua hablada y rechaza temperamentalmente la fijación en] a escritura. Tal situación es muy notoria en la poesía del cancionero, en los cuentos y relatos populares que se escriben en guaraní. De hecho, en cuatro siglos no se ha llegado todavía a un sistema uniforme de notación autoengendrado por el uso escrito de la lengua; a lo que podría considerarse una grafía propia del guaraní. Carencia que tiene mucho que ver con su situación de lengua colonizada y con el predominio hegemónico de la lengua dominante, "dueña" de la escritura y del poder con la actitud ideológica que ello comporta.
La situación se agrava cuando se trata de textos literarios más elaborados que buscan su pasaje a la escritura a través de esa grafía extraña a su carácter y estructura de lengua hablada, a su teko (modo de ser) de lengua libre y fluyente como el tiempo y el agua, como la rotación del cielo o esa tierra que anda bajo los pies en la peregrinación incesante hacia la Tierra-sin-mal.
Toda lengua hablada está hecha de elementos acústicos, metafóricos, onomatopéyicos y aun visuales, hipostasiados a la visión y percepción del mundo en las que sonido y sentido se confunden e identifican. El guaraní, lengua de aglutinación y polisíntesis, moldeada en la costumbre inmemorial del habla, se estructura en constelaciones rítmicas y semánticas en las que cada partícula asume, por su valor posicional y modulatorio, la función de un sema o mitema, del que sería un ejemplo el fonema radical y, su omnipresencia en el tejido sonoro del guaraní, como lengua tan próxima aún a la naturaleza y al hombre de la naturaleza. .
Este dilema central de expresión en la cultura paraguaya escindida en dos lenguas de estructuras diversas y hasta opuestas, que en una situación de contacto muy conflictiva, ha sido resuelto a medias por la "oralización" -vale decir, por la recuperación en la lectura de la dicción y entonación del habla oral- de los textos guaraníes fijados en la grafía "prestada" de la fonética castellana. Más que leer en el sentido propio del término, lo que hace el lector es reproducir en voz alta los acentos, las modulaciones y los ritmos orales guaraníes; en otras palabras, liberarlos de esa inscripción "culta" que se vuelve tan rudimentaria y sorda como en los tiempos de Montoya y Restivo.
La otra tentativa -a la que seguramente le está reservado el futuro-es la incorporación del mundo oral guaraní a la escritura en castellano en un proceso de impregnación y remodelación de las estructuras lingüísticas del idioma dominante. Lo que a su vez implica profundas mutaciones sintácticas y semánticas en esas estructuras internas y formales; mutaciones que invierten necesariamente el orden de relación entre las dos lenguas y convierten al guaraní en eje o molde de la expresión matricial; más simplemente, lo restablecen como lengua materna o primera lengua en tanto el castellano es desplazado a una función ancilar de soporte y engarce del sentido. De esta manera se integran los dos universos que conviven rechazándose mutuamente. Es lo que el propio Rubén Bareiro Saguier expresa en su Advertencia final: "La estructura que vertebra los poemas está más próxima a una construcción propia del guaraní que al español. En vez de obedecer a una trayectoria lógico-discursiva, propia de las lenguas occidentales, opera por un sistema de síntesis, tal como lo hace el idioma aborigen".
Uno de los primeros en marcar instintivamente más que reflexivamente este camino de la poesía popular bilingüe escrita en lo que, desde los aportes esenciales de León Cadogan a la antropología paraguaya, se denomina guaraní y castellano paraguayos, es Emiliano R. Fernández. Este gran poeta, surgido como tantos otros de los hondones del pueblo guaranio, intuyó que para la sensibilidad de la sociedad paraguaya la expresión del pensamiento y del sentimiento poéticos no podía radicar en una traducción intertextual sino en la fusión expresiva de ambos idiomas en los moldes sintácticos y semánticos de la oralidad guaraní mestiza, o sea del guaraní paraguayo de hoy. La lírica popular de Emiliano R. Fernández, que adquiere por momentos acentos de cantar de gesta, tornó natural esta modalidad y dio al cancionero paraguayo no sólo una vía de salida de su encierro lingüístico sino también uno de sus momentos de más alta inspiración.
Rubén Bareiro Saguier llevó estos principios a la poesía escrita en castellano; completó, por decirlo así, este proceso de incorporación del venero subyacente del habla guaraní en las formas de la lengua culta, descolonizándola y adaptándola a la eclosión del texto ausente cuyo ayvu ancestral domina la visión y el sentido del mundo de los paraguayos; digámoslo en otros términos de connotación más corporal: los ritmos de pensamiento, la palpitación de la sangre, la identificación del hombre con la naturaleza.
A LA VÍBORA DE LA MAR demostró una vez más, por su autenticidad y calidad de invención que la antinomia de fondo y forma no es más que un falso problema; demostró que en toda creación poética la forma no es más que el fondo que remonta a la superficie; que la palabra poética cuando alcanza su grado de fusión y proyección trascendentes no es sólo una reproducción de lo real imaginario sino que es ese misterioso fenómeno de incisión en la carne viva del mito que hace que la palabra misma sed real. Pienso que éste es el logro esencial de este libro precursor en muchos aspectos.
En la farmacopea tradicional paraguaya las infusiones de plantas medicinales son puestas al "sereno" en las noches de luna nueva para que alcancen sus verdaderas propiedades curativas. En esta especie de alquimia empírea y empírica regida por los mitos de la fertilidad, las cocciones y los filtros reciben en su exposición al relente nocturno esa gota de vapor del cuerpo de la luna, de misteriosa virtud: el mágico virus lunar del que también habla Luciano en su Farsalia (VI, 572). Se diría que Emiliano R. Fernández y Rubén Bareiro Saguier en los dos polos de la poesía paraguaya han sometido el primero sus poemas bilingües y el segundo sus poemas guaraníes escritos en castellano al procedimiento del "enserenado" arcaico: la destilación de sus "filtros" poéticos en los fermentos del virus lunar que habita el rocío, que fecunda las potencias genésicas de la noche y penetra en la sangre invisible de los mitos que irrigan como la savia de la vegetación primordial las nervaduras de la palabra poética en estado naciente.
Toulouse, junio 1984


"A la víbora, a la víbora de la mar,
por aquí quiero pasar... "
(RONDA INFANTIL)


FISURAS
Los helechos en el brocal,
sobre las paredes.
Desde el fondo del pozo
mira un niño con la cara partida
en mil pedazos de círculos concéntricos.

HISTORIA ANTIGUA
Mi padre volvía con olor a campo.
Su cabello zaino ya no viene al atardecer.

EL PUEBLO
El azahar amantaba las calles;
la tarde del puerto maduraba de naranjas.
Los naranjales están enfermos de tristeza.

ANCESTRAL
La tierra roja y agrietada.
Mis innumerables sangres enterradas.

AMENAZO
El viento huele a leño.
Abro los ojos y caerá la lluvia.

PRESAGIO
El cementerio en la punta del camino,
sobre la loma.
Desde allí me mira una paloma muerta.

MI CABALLO MUERTO
Juntos construimos el viento
soplando desde la estrella de su frente.
Mi corazón, corral desnudo.

MADRUGADA
Los pájaros empiezan a sobrevolar el río.
El río corre por el alvéolo del pecho.
De golpe amanece.

GALOPE
Llueven las crines del potro diagonal.
Viento con agua y hojas frescas entre los cabellos.

EN MEDIO DEL CAMINO
Higo del mediodía, ¡cómo huele!
Río del mediodía, ¡cómo duele!

PONIENTE
El sol se va cayendo entre los esqueletos de barcos,
donde el brazo del río muere.
Allá lejos.

PAISAJE
La carreta boga en el polvo encendido.
El tiempo es de arcilla detenida.

CREPÚSCULO INVERNAL
El atardecer boquea
sobre el camino rojo.

ESTIVAL
El día es un galope largo de mi caballo alazán.
De noche brilla un lucero en la frente del cielo.

INVIERNO
Las ranas levantan el frío desde los charcos,
noche a noche.

NIÑEZ
El río largo que dibujamos con el dedo,
con los ojos,
desde la ventanilla del tren.

MEMORIA
Después fui trenzando mis recuerdos
como reliquia del domingo de ramos.

VEINTEAÑERA
Distante canto de la cigarra vacía
preso en el verano de tu piel.

AUSENCIA
Las golondrinas mueren de noche,
lejos del verano de tu boca.

SEPARACIÓN
Qué cosa más extraña,
estar vivo bajo el árbol oscuro de la distancia.

RETORNO
Abro la puerta del patio,
la ventana del pecho,
abro la tarde
para encontrarte.

LA VIDA PERDURABLE
Los cabellos crecen.
Las uñas amoratadas crecen.
Hasta alcanzar la tierra.

ETERNIDAD
En el cementerio de la loma
se van borrando los huesos
y las cenizas de mis antepasados.

RESURRECCIÓN
El día de los muertos
comemos tortas de maíz
en el panteón familiar.

TIEMPOS
Después de mí el diluvio,
y antes, ¿qué...?

LUCIFER
Y el ángel replicó:
"Mierda, hasta que el alba crezca".

TELEOLOGÍA
Porque los sueños son otra cosa,
y la realidad tampoco.

LA CAVERNA
La oscuridad del agua de la que me han salido.
La oscuridad de tierra a la que me devolverán.
Y en el medio...

VIAJE
El tren se detendrá en la estación,
cuyo nombre olvidamos ya.

AMOR
Cerca de las aguas vivas,
el agua ardiente.

OLVIDO
Lejos del agua ardiente,
las aguas muertas.

RECUERDO
En medio de las aguas muertas,
el agua viva.

BIOGRAFÍA
Y cuando llegue al corazón de la cebolla
no me quedará sino la humedad en los ojos.

COSTUMBRE DE LA MUERTE
La piel, las uñas, los pelos...,
hasta que un día, el otoño ceniza la memoria.

RESURRECCIÓN DE LA CARNE
El viento de la muerte,
¿parirá alguna vez?

MUERTE
Pero no se oye el chapoteo de la piedra
en el fondo del pozo.


ADVERTENCIA FINAL
Toda forma de metalenguaje implica un intento de explicación, una justificación. Ahora bien, considero que la poesía se explica en sí y por sí. Con riesgo, pues, de caer en mi propia trampa, haré algunas aclaraciones, no sobre los poemas, sino sobre el mecanismo utilizado.
Como la mayoría absoluta de los autores paraguayos, yo soy un escritor colonizado. El prestigio de la lengua escrita, la del colonizador, modeló la estructura de nuestra expresión literaria.
Los presentes mini-poemas constituyen un intento de quebrar, en cierta medida, esa situación, una forma de rebeldía verbal contra los cánones impuestos, y que hemos asumido con la adhesión de una herencia inconsciente.
Lo estructura que vertebra los poemas está más próxima a una construcción propia al guaraní que el español. En vez de obedecer a una trayectoria lógico-discursiva, propia a las lenguas occidentales, opera por un sistema de síntesis, tal como hace el idioma aborigen. Un lexema semántico es modificado por "afijos" indiciales, no como resultado de un proceso reflexivo, sitio en un movimiento concéntrico que presupone nociones insertas en un contexto expresivo. No existen, por lo general, los elementos de enlace que trazan el itinerario de la consecución lógica. El paso de una proposición a otra -como en el guaraní- no se realiza por progresión dialéctica, sino que presupone un mecanismo interno de sugestiones acumuladas. Estos poemitas constan generalmente de dos partes (a menudo la primera es el titulo mismo). La segunda, o "conclusión", no se deduce de la primera, sitio que resulta de un proceso interior al texto, de índole esencialmente alusiva-emocional, con frecuentes raíces sensoriales.
Se trata, en conclusión, de una forma de vuelta a las fuentes, por los caminos desviados, tortuosos que utilizamos los mestizos culturales. Estos poemas tratan así de recuperar el aliento originario, el que la mentalidad colonial ha intentado borrar de nuestra memoria colectiva.
Resulta natural que un intento de recuperación del recuerdo, o la reflexión existencial, sean expresados dentro de los esquemas de la lengua que es más espontánea, la más profunda.
RBS
Isla de Re, diciembre 1975


NUEVE ANILLOS

ARTE POÉTICA
El cazador saborea
el deleite gozoso de la carne.

El cazador no leyó ningún libro,
mas conoce el rumor
que nace entre las hojas,
el manto de la lluvia,
las huellas del jaguar,
el canto inmemorial de la cigarra.

El cazador se embriaga
con el espeso vino del silencio.

DEUDA INTERNA
Dilapidé mi capital de sueños.
Usurarios préstamos de sombras,
de espejismos,
terminaron de liquidar
mis íntimas reservas.

Arruinado deudor de lo imposible,
me siento acogotado
por la avidez del fondo
de mi mismo.

RAZÓN DIALÉCTICA
Donde el punto posó,
pasó la historia:
el hombre y su destino cotidiano,
su ensangrentada telaraña,
de sueños y derrotas.

EXILIO
El corazón navega
con viento en contra.
Salmuera con sabor de ausencia
moja la herida de los labios.

Hasta que de nuevo amanezca el río
en la mañana de los ojos.

NOCHE HONDA
La ventana es un túnel,
de aromas empapados,
un pozo de sereno,
una caja de grillos
y de estrellas.

DESTIERROS SUCESIVOS
El pasto de las calles
se me volvió empedrado.

Cuando el asfalto
me ensució los pies,
el azahar nocturno se apagó.

LA PALOMA TORCAZA
La paloma torcaza
anida entre tu piel y mi boca.
Tibiecita paloma
arrullando
entre mi pulso y tus labios.

ENTRELUCES
Estoy en el labio de mi tierra.
Veo enfrente su sangre desterrada.
Entre nosotros corre el río de sangre
que de mis labios brota.

DESTINO
Sé que el río de nostalgia
es como un mar infranqueable.

Mas siento que sus aguas
alimentan el árbol de mi sangre,
que las ramas están
amarradas con luz
a mi esqueleto.

SETIEMBRE
Señor de los lapachos
nos arroja al rostro abierto
puñados de sonrisas,
de aromas, de colores.

MADRE
Estrella tibia
cuando tirita la mañana.
Regazo de los pétalos caídos
después de las tormentas;
zurcidora de sueños.

La flor en el brocal del pecho,
su aroma.

PADRE
La mano inmensa
es un cálido escudo de ternura.
La risa rosa irradia,
sale el sol.

Me recuesto en el tronco,
siento el gusaneo de las raíces,
el latir de la savia.

HERMANA
Los juguetes, los miedos
y la frescura de los culantrillos
a orillas del arroyo.
Entre las hojas
el verano hace soles.
Rezuma el patio sus jugos
y nuestras risas.
La noche canta tus rondas,
cuenta mis cuentos.
La infancia se desbanda
como un enjambre de palomas
en la tarde.

EL DÍA
La pequeña cigarra colorada canta,
y poco a poco
el tiempo espacio
se va tiñendo de arrebol.

EL AGUA
El pez de la pequeña lluvia
zambulló en el vacío
hasta que sus escamas
salpicaron la tierra.

LA PRADERA
En medio de los bosques originarios
el saltamontes verde
va saltando por entre los montes.
En donde posa sus patas
crece el pasto verde.

EL ESPARTILLO
La perdiz colorada, la primera,
celebró el horizonte del campo.
Los pastos crecieron
para esconder el canto
de viento y de arrumacos.

TIERRA ADENTRO
El tatú se aburría.
Socavó la corteza
hasta llegar a la raíz del agua,
al centro del centro de la tierra.

EL COMETA
El perro víbora
de espanto y llamarada
requema el cielo.
¿Barrerá con su cola
la selva de los días,
la efigie fugaz de nuestros rostros?

FUENTE:
 
CAMINO DE ANDAR - POESÍA ÉDITA
 
Edición ajustada por el autor:
Estudio Crítico de MARIO BENEDETTI
Mensaje de ANDRÉ GLUCKSMANN
Editorial Servilibro,
Asunción-Paraguay 2008 (206 páginas).
 

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