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lunes, 4 de julio de 2011

MARIO RUBÉN ÁLVAREZ - LAS VOCES DE LA MEMORIA. HISTORIAS DE CANCIONES POPULARES PARAGUAYAS - TOMO II / Editora Litocolor S.R.L., 2009

 



LAS VOCES DE LA MEMORIA
HISTORIAS DE CANCIONES
POPULARES PARAGUAYAS
TOMO II

Autor y ©: MARIO RUBÉN ÁLVAREZ
Edición del autor y Julián Navarro Vera
Dibujo y diseño de tapa: GOIRIZ
Editora Litocolor S.R.L.
Asunción-Paraguay 2009


PRÓLOGO
EL RETRATO DE LO QUE SOMOS
Cuando un libro gana la calle, su destino es impredecible. Puede que tenga la bendición de ser recreado constantemente por lectores ávidos de sumergirse en su territorio poblado de palabras. O que le alcance la maldición de morir, con más penas que gloria, en algún rincón, sin que su contenido haya conmovido a nadie.
El primer tomo de LAS VOCES DE LA MEMORIA tuvo la dicha de ser bien acogido por el público. Adquirió vida propia incluso antes de convertirse en libro. Para muestra basten algunos botones. Un asiduo lector del Correo Semanal del diario Última Hora, desde Eusebio Ayala, trajo buena parte de lo publicado en el periódico pasado a mano. El paciente artesano copista relató que como en su casa -por alguna razón-, siempre le desaparecían los ejemplares que intentaba coleccionar, optó por copiar, de puño y letra, en un cuaderno cada uno de los artículos.
Otro, desde Itauguá, llegó a la redacción del periódico para exhibir -con inocultado orgullo-, cómo él estuvo ya adelantándose a las publicaciones: por riguroso orden cronológico, tenía ya primorosamente fotocopiados y encuadernados los cinco tomos de las historias de las canciones populares.
Ya circulando el tomo inicial, un amigo de Coronel Oviedo, entusiasmado, me anunció que había invitado a sus amigos para presentar -en una velada fraterna-, el libro. Él y sus hermanos -músicos-, se encargaron de ilustrar con canciones los relatos.
Los estudiantes merecen una mención particular. Desde la publicación del texto, muchos de ellos lo toman como punto de referencia para sus investigaciones acerca de los creadores musicales. Lo reinventan con sus propias claves, de acuerdo a sus intuiciones y necesidades de sentirse parte de una comunidad bilingüe. Obviamente detrás de esa actitud hay que descubrir las orientaciones provenientes de sus profesores.
Podría seguir relatando de qué manera los lectores se apropiaron del libro, lo hicieron suyo, le dieron un espacio en sus afectos. Le otorgaron una vida independiente, ajena a la iniciativa del autor. Basten, sin embargo, los ejemplos citados para dar una idea de lo afirmado.
Ante estos hechos que revelan una sintonía entre lo escrito y los lectores, cabe preguntarse cuál es la razón. ¿Dónde están las causas de ese efecto palpable y evidente?.
En tren de conjeturas, una primera motivación es que el libro contesta algunas preguntas que uno(a) siempre se hizo. Todas las composiciones tienen una justificación, un por qué. No nacieron por generación espontánea. Se originaron en circunstancias concretas que inspiraron al o a los creadores a moldear en una obra una situación vivida o imaginada. Hallar sus coordenadas existenciales es, por otro lado, comprender mejor el alcance de las piezas musicales.
Otro motivo es que en estas páginas cada quien encuentra el latido de su corazón. Esta coincidencia se da en la canción que se ama, en la nostalgia que transmite una guarania, en la esperanza de retorno que alberga una polca, en el sueño de una patria nueva o en el elogio al valle siempre recordado.
Como una síntesis envolvente es posible constatar que la gente encuentra aquí parte de la memoria colectiva del Paraguay. En el amor, en la soledad, en la guerra, en la naturaleza, en los encuentros y desencuentros, está inmersa la historia social de nuestro país, nuestra identidad más raigal y permanente. Ápe ñaî ñande (Aquí estamos nosotros como somos). Nos vemos retratados y expresados. Por eso es que amamos estas obras que anclan en nuestros sentimientos más íntimos y esenciales.
El autor
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IKAÑYMBY
UN TRIBUTO A LAS RESIDENTAS
Con toda seguridad, alguna vez Ud. habrá escuchado Ikañymby, de José Emeterio Cantero Viera (nacido en Bella Vista Norte, Amambay, el 3 de marzo de 1914) y Andrés Cuenca Saldívar. Y, como tantos, tal vez imaginó que el poeta perdió a su amada y le escribió esos versos.
Don Emeterio, largamente octogenario, vivía en el Cuartel de la Victoria, de San Lorenzo. Aunque enfermo, conservaba una memoria envidiable. Él, sin apuros ya en la vida, contó cómo nació aquella obra suya. "Peteî ára oguahê ohóvo ore vállepe chermáno músico Francisco ndive un tal LÍZARO ACHAR SILVA, poeta concepcionero. Ha roho PABLINO CABRERA -músiconte avei-, rógape rofarrea (Un día, con mi hermano Francisco, que era músico, llegó a casa un tal Lízaro Achar Silva, poeta concepcionero. Y fuimos a farrear a la casa de Pablino Cabrera, quien también era músico)", relató. Allí el visitante recitó LA PERDIDA, que le hiciera a una mujer "oikóva iñakarêpe (mujer de vida disipada)".
Lo que escuchó le zumbaba en el cerebro a Emeterio, quien ya estaba con la secuela de un derrame. Le había dado un motivo que él fue recreando mentalmente, en otro contexto. El 2 de febrero de 1960 se puso a escribir Ikañymby, recordaba perfectamente. Los datos que proporciona la obra parecen conducir al puerto de un amor perdido. "Nda'upéichai (No es así)" niega, rotundo. No hubo una mujer concreta que le inspirara. "Chéko apensákuri pe PANCHA GARMENDIA ha Residentakuérare ascrivívo. Chéngo ahayhu la raza, ndaha'éi peteî kuña particular (Al escribir pensé en Pancha Garmendia y en Las Residentas. Amo la raza, no una mujer en particular)", explica. Por eso habla del collar -mbo'y-, anillos de ramales, zarcillos de tres pendientes, kygua vera y otros elementos que formaban parte de la indumentaria de las que acompañaron a López hacia el norte. La que se fue precisa-, no era su novia sino la que se ausentó de su comunidad por causa de la cruenta Guerra Guasu. El que la busca insiste con su obsesiva pregunta, pero nadie le da respuesta.
Cantero Viera -de madre brasileña; herido tres veces en la guerra con Bolivia; estibador en el puerto de Asunción; hachero y sindicalista delegado de los trabajadores de Puerto Pinasco; peón de cantera en Itakua, al sur de Puerto Fonciere, en el Alto Paraguay-, pocos meses después, vino a Asunción para gestionar su pensión de ex-combatiente.
"Yo le recitaba mi obra ésa a todos. Escuchó FÉLIX DE GUARANIA y me acompañó a Autores Paraguayos Asociados, APA a registrarlo. A DARÍO GÓMEZ SERRATO también le gustó mucho", rememoró en un fluido castellano el que también vivió en el Brasil y en Buenos Aires. Conoció en LA VOZ DEL MUTILADO -publicación de los excombatientes de la Guerra del Chaco- a BASILIDES BRÍTEZ FARIÑA, ex-seminarista, poeta popular que le prestó un valioso apoyo, mostrándole los versos a dos músicos que coincidieron en que eran muy largos y que había que recortarlos. Entonces recurrió a ANDRÉS CUENCA SALDÍVAR, en Radio Nacional, preguntándole si no le podría poner una melodía al poema de su autoría. "Al rato no más luego, con su guitarra, ya le encontró para su tonada", comentó don Emeterio.
Al poco rato llegaba RAMÓN VARGAS COLMÁN y al escuchar lo que estaba haciendo su dúo, dijo, sin vueltas: "Ipukuvéngo guaîguî rokêsâgui. Che ndapurahéi mo’âi (Es más larga que la cuerda de la puerta de una vieja. No voy a cantar)". En eso arribaban a la emisora QUEMIL YAMBAY y PABLO BARRIOS. Les encantó la letra y la música. Decidieron incluir la obra, de inmediato, en su repertorio. "Alapínta, iporângo ra'e. Jagraba pya'éke ani oñemotenonde ñande rehe lo mitâ (Es linda, había sido. Grabemos rápido, no sea que alguien se nos adelante)", le sugirió, en tono ya amable, Vargas Colmán a Cuenca Saldívar, tras oír al dúo Barrios-Yambay. Poco tiempo después, en Buenos Aires, hicieron la primera grabación, acaso la mejor de todas.
Fuente: Emeterio Cantero Viera, entrevistado en el Cuartel de la Victoria (Reducto, San Lorenzo) donde vivió hasta sus últimos días.

IKAÑYMBY

Pejéna chéve mamópa oiméva
ahayhuetéva kuñataî
pejéna chéve ndapehecháipa
ndapeikuaáipa che yvotymi.

Na'ymaitéiko oiko haguémi
toryme’êmi ika' avo
ágâ aréma ndahechavéiva
ndaikuaavéiva mamópa oho.

Che mandu' ánte pyharevérô
ha’émi osêva opurahéi
óga yképe yvotytýpe
ku angapyhypemi ndachevéi.

De tres pendientes inamichâimi
ha pe hyâkuâmi katu yvoty
hovapytâmi ijeheguimínte
pynandimínte ha'e ijuky.

Pe ijajuri mbo'y hepýva
vera hendýva ojuasasa
kuairû ramale umi ikuâre
ha pe iñakâre kygua vera.

Ndapehecháipa mamópa ohóva
che mo’âhóva che rembiayhu
che cheku'íva ko yvy apére
hapykuerére aporandu.
Typói jeguámi ao po'ígui
ku ñandutígui hyjúi asy
takate’ÿme pype oñomíva
hendypumíva tembetary.
Amomorâgui he’ê asyvégui
eíra saitégui ipukavy
ha pe iñe’ême ombyesaitéva
ku iñañaitéva jepy’apy.
Ikambuchípe jazmín romero
ha'émi osérô y piári oho
ykua rapére puka pukúpe
che mborayhúpe ohaitypo.
Kokuépe ohórô tory vy'ápe
hi'avakuápe ku yvoty
ikypy'yndie oho javérô
mokóî lucero vaicha oguejy.
Tove mba’éna moliendahápe
ku vy’apápe toñomoirû
teko potîme ha’e omyasâimi
omohyakuâmi pe mborayhu.
Ndahechavéigui ñeporandúpe
opa yvytúpe hi’â ajoko
pejéna chéve ndapehecháipa
ndapeikuaáipa mamópa oho.
Letra: Emeterio Cantero Viera.
Música: Andrés Cuenca Saldívar.
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ÍNDICE

LAS VOCES DE LA MEMORIA - TOMO II

· ADIÓS CHE YVOTY PYTÂ / UNA OBRA REBAUTIZADA
Letra: VALOIS CAÑETE  / Música: DEMETRIO AGUILAR
· PENERA’ÂRÔVO / INVITACIÓN A RECONSTRUIR LA PATRIA
Letra: EMILIANO R. FERNÁNDEZ / Música: JUAN A. TORALES
· NDE RESA PÔRÂ / LA FLAUTA ENAMORADA
Letra: (Marâve ndoikói) CARLOS A. JARA / Música: ELOY MARTÍN PÉREZ
Letra: (LA CANCIÓN DEL SOLDADO) FACUNDO RIOS - MANUEL ORTIZ GUERRERO / Música: ELOY MARTÍN PÉREZ
· ÑASAINDÝPE / SERENATA CON AROMA DE LUNA
· TETÂGUA SAPUKÁI / UN ALEGATO CONTRA LAS GUERRAS CIVILES
· A MI PUEBLITO ESCOBAR / “CON POLVOS DE MIL CAMINOS”
· RESERVISTA PURAHÉI / BATALLA QUE GANA EL AMOR
· 6 DE ENERO / EL DRAMA DE UN NIÑO SIN REYES MAGOS
Letra: CLEMENTINO OCAMPOS / Música: MARTÍN ESCALANTE
· MOKÓÎ KOGOE / DEL CANTO DE DOS PÁJAROS AL AMOR DE UNA MUJER
Letra: SILVERIO ROJAS VARGAS / Música: RAMÓN VARGAS COLMÁN
· APYTÁVO CHE AÑOMI / UNA DESPEDIDA SIN RETORNO
Letra: RAMÓN MENDOZA / Música: EULOGIO AYALA / RAMÓN MENDOZA
· INDIA / LA GUARANIA DE LA DISCORDIA
· NOCHES DEL PARAGUAY / UN PLEITO ENTRE EMILIANO Y AGUAYO
Letra: EMILIANO R. FERNÁNDEZ / Música: BELISARIO MEDINA
Letra: AUGUSTO J. CARLÉS / Música: AGUAYO
· PARA TI MAMÁ / NOVELA CON FINAL FELIZ
Letra y música: JULIO CÉSAR DEL PARAGUAY
Letra: VALENTÍN GAMARRA / Música: ROBERTO MEDINA, BUKY
· ASÍ CANTA MI PATRIA / UN HIMNO DE FE EN LA PAZ
· NDE POTY RYAKUÂNGUEMI / EL PAN DEL AMOR EN LA MADRUGADA
Letra: PATROCINIO ROJAS ESTECHE / Música: LORENZO LEGUIZAMÓN
· COMPUESTO / EL MISTERIO DE UN DUELO
Fuente: KOKI RUIZ
· CANCIÓN DEL ARPA DORMIDA / UNA GUARANIA DE GRATITUD
Letra: ATAHUALPA YUPANQUI / Música: HERMINIO GIMÉNEZ 
· CONCEPCIÓN, SALUD! / DEL GUAIRÁ, CON AMOR
Letra y música: DIOSNEL CHASE
· CANTO DEL HACHERO / UNA MELODÍA FUGITIVA
· ¿QUÉ LE PASARÁ A MI GENTE? / ELOGIO A LOS DESPIERTOS
Letra y música: CHESTER SWANN
· ALMA VIBRANTE / MUSA INSPIRADORA CUBANA
· 7 NOTAS MUSICALES / AMOR DE UNA SOLA VÍA
Letra y música: EMILIANO R. FERNÁNDEZ
· LA VOZ DEL AUSENTE / UN RECLAMO ANGUSTIADO
Letra: ZULMA LEÓN
· MENSAJE LO MITÂME / PARA QUE EL VERDE NO MUERA
Letra: LUIS CARLOS (LUPO) ENCINA
· CHOKOKUE REMBIASA / DE LA ILUSIÓN AL DESENCANTO
Letra y música: CIRIACO CARDOZO
· CHE VY’AHA / FLORES CARAPEGÜEÑAS
Letra: RUBIO MIRANDA / PORFIRIO BÁEZ
· AL CAÍDO EN LA VÍSPERA / UN ALA PARA VÍCTOR LIBRE
Letra: MANECO GALEANO / Música: CARLOS NOGUERA
· MITÂ’I / MUCHOS NIÑOS EN UN NIÑO
Letra y música: JORGE GÓMEZ RODAS
· TE AÑORO PIRIBEBUY / LA VOZ DE LA NOSTALGIA
Letra: RODIS SEGOVIA / Música: FAUSTO GONZÁLEZ
· TUS LÁGRIMAS / EL MILAGRO DEL AMOR DE UNA MUJER
Letra: BEN MOLAR / Música: DEMETRIO ORTIZ
· COMPUESTO PLÁCIDO JARA / UNA JOYA DE LA ORALIDAD
Letra y música: ANÓNIMAS
· MANDU’ARÂ / LA MEMORIA DE LO QUE FUE
Letra: RUDI TORGA / Música: CARLOS NOGUERA
· TAPÝÎ HA’EÑO / EL FRUTO DE LA AUSENCIA
Letra y música: PEDRO BARBOZA
· VALE MOROTÎ / TANINO DE LA EXPLOTACIÓN
Letra y música: RUBÉN DOMÍNGUEZ
· ALFONSO LOMA / TRAS LAS HUELLAS PERDIDAS
Letra y música: PEDRO GODOY ORTELLADO
· MI VILLARRICA / EL FRUTO DE UN AMOR
Letra: SUSANA DE NINNIS / Música: ANGEL BENÍTEZ
· MI CLAVELINA / DESDE EL NOMBRE DE UNA FLOR
Letra: HILARIÓN CORREA / Música: PAPI MEZA
· IRENE (I) / UNA MÚSICA, DOS MUJERES
· IRENE (II) / UNA MÚSICA, DOS MUJERES
Letra: MAURICIO CARDOZO OCAMPO / Música: VIRGILIO CENTURIÓN
· PLEGARIA / ORACIÓN POR LA AMADA AUSENTE
Letra: LEOPOLDO FRANCO RIVAROLA / Música: IRENEO OJEDA AQUINO
· DE LEJOS VENGO / SERENATA PARA ABRIR LA PUERTA
Letra y música: CARLOS QUINTANA
· VIRGINIA / VELADA PARA CAUTIVAR A UN POETA
Letra: TEODORO S. MONGELOS/ Música: DIOSNEL CHASE- BASILIO MELGAREJO MOLINAS
· ADIÓS PUEBLO / UN AMOR IMPOSIBLE
Letra y música: GREGORIO CABRERA
· ¡VIVA! / EL CANTO COMO ARMA
Letra y música: CARLOS NOGUERA
· ISLA MALETA / IDÍLICO PAISAJE MISIONERO
Letra: JUAN MANUEL FRETES / Música: NÉSTOR DAMIÁN GIRETT
· MALVITA / DE LA GUERRA A LA PAZ, CON OTRO NOMBRE
Fuente: VICTORIA MIÑO, viuda de HERMINIO GIMÉNEZ
· CAÑERO / LO ÚNICO QUE SE SALVÓ DE UNA PELÍCULA
Letra: MATÍAS FERREIRA DÍAZ / Música: ULISES AYALA
· CHE RENDA ALAZÁN / JINETE CON DESTINO AL CORAZÓN AMADO
Letra y música: SILVESTRE SILVA.
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COMPUESTO
EL MISTERIO DE UN DUELO

Esta es otra crónica de muerte anunciada. De muertes anunciadas se dirá, por su desenlace. A diferencia del relato de GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ en el que el finadorâ -el que va a ser finado-, no conoce su futuro, aqui los dos protagonistas -y, acaso, un tercero misterioso-, tienen de antemano la certeza de que pueden acabar bajo tierra, sin piedad alguna.
El hecho ocurrió en San Ignacio de las Misiones durante la presidencia de MANUEL FRANCO (liberal), en 1918. La acuciosa investigación de KOKI RUIZ -artista plástico, preocupado por recuperar la memoria de su pueblo, que vive a orillas de San Ignacio, en el reino de Tañarandy que significa territorio de los irreductibles-, permite rescatar en sus detalles un suceso singular. Quien esto escribe solo repite lo relatado por él. Cuatro versos incompletos de un compuesto que sobrevive permiten documentar el suceso y abrir paso a un interrogante que jamás se contestó.
El capitán ELISEO SALINAS había llegado a la guarnición militar de aquella ciudad con la orden expresa de perseguir a los caballeristas (seguidores de la línea política de BERNARDINO CABALLERO, fallecido en 1912), que eran lopiztas de pura cepa. Como no pudo con el coraje y la temeridad de PALACIOS, sobrino del obispo Manuel Palacios - cuya vida llegó hasta San Fernando, en 1868-, se dedicó con saña y ahínco a quebrantar a los que usaban al cuello un moño negro ya que la censura oficial prohibía el rojo.
La familia Ramírez era una de las que estaban en el ojo del recién llegado. Tan admiradores de López eran que la abuela, al enterarse de que su marido había estado en la conspiración contra el Mariscal y ser ajusticiado en San Fernando, había eliminado el apellido Pérez Grand que sus hijos llevaban hasta entonces. Antes que rebelarse, prefirieron abrir el camino de un posible olvido.
El azar hizo que Miguel Ramírez se enfrentara abiertamente con el uniformado. Éste, en la fiesta patria argentina del 9 de julio -que se celebraba allí con pompas porque entre sus pobladores había argentinos- había invitado a bailar a VIRGINIA BRUSQUETTI. La dama se negó, pero salió en cambio a la pista con Miguel quien, con la anuencia de su novia ANGELITA DEL PUERTO se quedó con ella toda la noche, para protegerla del asedio del arribeño. Por eso, Salinas le amenazó a Miguel que si en la siguiente fiesta -el 25 de noviembre-, volvía a repetirse la escena le mataría.
El pueblo no se amilanó ante el desafío. Y como prueba de ello, escogió a MIGUEL y a FIDEL RUIZ -hermano del abuelo de KOKI RUIZ-, para que, impecablemente trajeados, para el siguiente festejo, invitaran a la mañana para el baile nocturno, casa por casa. Así era la costumbre, ya que las tarjetas aún no habían aparecido.
Previa conversación, la novia de Miguel se quedó en su casa. Él tenía la expresa misión de acompañar a Virginia. Hablaba con ella en el salón donde estaban las mujeres -los hombres se habían colocado al fondo-, cuando el capitán, vestido de gala, emergió en la puerta. Al ver al joven con la dama, le mandó decir por el telegrafista que le esperaba afuera "si era hombre".
Los dos salieron a la calle. Se miraron de frente, pero en realidad miraron a la muerte. Las mujeres vieron los revólveres desenfundados y oyeron los disparos. El capitán cayó muerto en el acto. Miguel, con una herida leve, fue atendido por la tintorera del lugar.
Varios sargentos y soldados, tras conocer la noticia del jefe caído, apresaron a MIGUEL RAMÍREZ. Lo arrastraron, a punta de golpes, hasta la plaza donde lo torturaron y lo fusilaron a las 3.00 de la madrugada. Cuando la madre del joven pidió el cuerpo de su hijo le respondieron que sus vísceras servirían como alimento a los perros. Solo cuando el cura de un pueblo cercano intervino, pudo lograr su objetivo, ya al día siguiente. La indignación popular por lo acaecido fue tan grande que los militares tuvieron que retirarse del lugar. Volvieron solo luego de varios aòos, alrededor del 1930. Las mujeres colocaron en sus puertas telas negras en cruz como señal de luto. Ante la persistencia del rechazo, no tuvieron más remedio que mudarse a San Juan Bautista que sí los recibió con algarabía según los testimonios recogidos por KOKI RUIZ.
Un compuesto -perdido en gran parte- recogió el episodio y documentó un misterio nunca develado. En don Benito paré/ está el bala kuaré/si no cree .... /...andá ve. Estos versos incompletos revelan que un tercer hombre pudo haber estado en la escena del crimen, disparando desde uno de los costados. A él, sin embargo, ningún testigo lo mencionó en las declaraciones ante el juez que investigó el caso.
La bala en la pared de Benito Ruiz -padre de Koki- podría ser la evidencia de la que habla el texto tal vez perdido para siempre. Lo que todos callaron permaneció vivo gracias a un anónimo compuestero que con inocencia expresó en voz alta una duda que ya jamás tendrá respuesta.
Fuente: KOKI RUIZ.


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CANCIÓN DEL ARPA DORMIDA
UNA GUARANIA DE GRATITUD

Aquellos que conocieron a FÉLIX PÉREZ CARDOZO (nacido en HY’ATY, comunidad del Guairá que hoy lleva su nombre, el 20 de noviembre de 1908) cuentan que apenas dormía. Que era capaz de permanecer despierto hasta cinco días. Que en la capital argentina el jerez Tío Paco -su bebida predilecta-, tumbaba a todos, menos a él. Nadie sabía cuál era el secreto de su extraordinaria resistencia.
El 9 de junio de 1952 tenía que actuar en un teatro de Buenos Aires. Después de cuatro jornadas ininterrumpidas, vistiendo intacta su jovialidad, llegó para ensayar con sus compañeros. Todo transcurría con normalidad hasta que se soltó una cuerda de su arpa. Luego una segunda. Algo no andaba bien aquella tarde. La tercera cuerda rota fue la vida del legendario mitâ guasu (Todos coinciden en que eso era: un niño grande, de corazón inmenso).
En el crudo invierno porteño de días atropellados por un cielo gris, la muerte del autor de Tren lechero (composición a la que inicialmente llamó TREN KAMBY pero que al darse cuenta, en la pronunciación de su esposa -que era argentina-, de la conversión de la y gutural en i latina, optó por el nombre conocido hoy, en castellano), MI DESPEDIDA, LLEGADA y TETÂGUA SAPUKÁI (con letra de VÍCTOR MONTÓRFANO), fue un golpe sin límites. Tanto le querían que, con su desaparición, todos se sintieron, de alguna manera, muertos con él.
Seis días después, el 15, en el Teatro Municipal bonaerense - según relata AGUSTÍN BARBOZA (Barboza, Agustín. Ruego y cairino, Asunción, 1996.)-, se hizo el funeral civil, con la presencia de su madre Rosa, que había hecho un largo recorrido desde HY’ATY para estar en esas horas que solo el corazón de una madre comprende en su cabal dimensión.
Los amigos de Félix estaban allí, con sus instrumentos. Era el adiós musical al hermano. En un momento dado, cuando Alejandro Villamayor hacía volar desde su arpa el GUYRA CAMPANA recreado por PÉREZ CARDOZO, apareció un pájaro en la sala solemne. ERA EL ALMA DEL ARPISTA, dice Barboza, que "cansada de tanto cielo fue a posarse "en silencio y en paz en una de las cuerdas más finas del arpa de ALEJANDRO VILLAMAYOR".
ATAHUALPA YUPANQUI, el gran poeta y compositor argentino, apenas se enteró de la muerte de su amigo, escribió su CANCIÓN DEL ARPA DORMIDA. Agradecía "con voz de guarania" la vidalita que el mitá guasu había compuesto alguna vez.
-Mira gauchito: estos versos me salieron. Te los traigo para musicar-, le dijo Atahualpa a Herminio Giménez, en su casa, según recuerda Victoria Miño, la viuda del autor del Canto De Mi Selva.
-Por qué yo, si tú eres tan capaz-, le replicó el maestro.
-Yo quiero que tú hagas la música-, insistió el visitante.
Al día siguiente, Herminio se internaba en el hospital Algerich para ser intervenido quirúrgicamente de la vesícula. "Neni, poneme el verso en la valijita", le había pedido a su esposa antes de partir rumbo al nosocomio. Ya allí, en la víspera de su operación, compuso la música. "Temía no despertar más y no le quería fallar a Yupanqui ", le confesaría tiempo después.
"Una orquesta de cuerdas estrenó la canción cuando se hizo un festival para recaudar fondos para la repatriación de los restos de Félix Pérez Cardozo", recuerda doña Victoria.

Fuentes: Agustín Barboza y
Victoria Miño viuda de Giménez.

CANCIÓN DEL ARPA DORMIDA

Cuando en la crecida majestad del río
boyando el verde del camalotal
paloma de sueños levanta la luna
su vuelo errabundo sobre el Paraná.

Con ese mensaje de flor y de selva
de agreste romance de india y mensú
llegaron tus manos a mi tierra gaucha
tejiendo armonías, oh mitâ guasu.

Acunando un sueño
se nos va la vida
y el viajero parte
para no volver.
Hoy el arpa india
se quedó dormida
como una guarania
que no pudo ser.

La misma esperanza y el mismo camino
los mismos cantares bajo el cielo azul.
Artista querido, no te olvidaremos,
no te olvidaremos, oh mitâ guasu.

La misma esperanza y el mismo camino
los mismos cantares bajo el cielo azul
por eso te canto con voz de guarania
por la vidalita que cantaste tú.

Letra: ATALMALPA YUPANQUI
Música: HERMINIO GIMÉNEZ

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COMPUESTO PLÁCIDO JARA
UNA JOYA DE LA ORALIDAD

Dos temibles Jara hubo en la historia paraguaya de comienzos del siglo XX. Uno fue el coronel ALBINO JARA al que la sabiduría popular encontró una manera de recordarlo de manera permanente. Aipóvapa ára térâpa Jara -lo que se oye, ¿es el trueno o son los cañones de Jara?-, quedó como refrán. Aquel militar que se parecía a un dios extemporáneo del Olimpo murió en la ley de barbarie que él había impuesto: el de la sangre.
El otro fue PLÁCIDO JARA, extraña mezcla de señor feudal, guerrillero, arandu ka'aty, arandu kuatia y patriota. Hijo de un ex-combatiente de Lomas Valentinas y nieto de otro héroe de la Guerra Grande, se instaló en la lejana Itanarâ, en el Alto Paraná. Allí era dueño de tierras, plantaciones y hombres. Tenía, en el monte, una insólita biblioteca.
Cada vez que llegaban noticias de algún alzamiento armado, Plácido y su gente limpiaban sus armas y se lanzaban al camino. Era liberal, pero en sus filas se alistaban todos los que amaban el olor de la pólvora y la gloria del requecho luego del triunfo. En la revolución de 1922-23 se alistaron al lado de ADOLFO CHIRIFE y fueron derrotados en Carmen del Paraná por JOSÉ FÉLIX ESTIGARRIBIA que ya entonces ensayó la estrategia que maduraría, con óptimos resultados, en el Chaco.
Un compuesto perdido casi en la bruma de la oralidad relata parte de la vida azarosa del combatiente que, tras el exilio y al llamado del clarín de la patria volvería para ponerse al frente de Los Macheteros de la Muerte en la Guerra del Chaco. Como tales fueron fantasmas en el campo enemigo, abigeos impenitentes y soldados temerarios. Jara, entre la realidad y la ficción, en Buenos Aires, relataría la odisea de su vida ante el estupor de un auditorio ávido de escuchar sus hazañas. Juan de la Cruz -Lacu’i-, Ortellado, un músico de pueblo sin pueblo conocido, cantaba el compuesto. Otro músico, ESTEBAN VILLALBA, posiblemente de la jurisdicción de Itacurubí del Rosario, Departamento de San Pedro, aprendió de él la letra. Éste fue el que nos proporcionó el texto del compuesto después de varios intentos, ya que su memoria de anciano y su afición al culto de la botella no le ayudaban. Finalmente, sin embargo, el rompecabezas pudo ser rearmado, completando una versión que podría acercarse bastante a la del original.
Villalba no supo decir dónde aprendió el compuesto su amigo. Nunca averiguó sus raíces. Lo cierto es que el Compuesto Plácido jara tuvo que haber sido escrito por alguien que conoció muy bien a este singular personaje de la historia paraguaya. Del texto se colige que fue uno de sus soldados el autor de la letra. Y tuvo que haberse puesto en palabras en la década del '20 ya que menciona la revolución del 22-23, pero no hace alusión alguna al papel que le cupo durante la guerra del Chaco.
Quién fue el autor, o quiénes fueron los autores -letra y música-, si acaso fueron dos, es la pregunta obligada La respuesta se pierde en el tiempo. Sus creadores ya fueron devorados por el silencio de la muerte, sin duda. Con este rescate, su obra les sobrevive. Y, ya en letras impresas, es ya más duradera que ellos.
Fuente: Esteban Villalba, músico.

COMPUESTO PLÁCIDO JARA

Atención pido señore
atención ajerure
amombe’umíta peême
una historia guerrera
es la trayectoria
de un hombre de valor
Plácido Jara ko héra
este hombre singular.

Chéko hakykuéri aiko
aníke peimo’â che japu
oîvante ha’éta peême
che como soldádonte
kuimba’e añete rekove
mbykymi hi’â amombe’u
tojekuaa ohasava’ekue
karia’y hechapyrâ.

Ipy’aguasúva como él
ikatupyrýva kavaju ári
ha yvýrupinte avei
ilája nderejuhuichéne
ipulso sin segundo
itínove aña atýragui
ha kuña ñemongetápe
ehejántema chupe.

Henda alazán yvate
tordillo, moro, barroso
hi’árikuéra opyryrýî
bálagui ipya’eve
ñorairômente oiko
viniendo de su valle
el más florido Itanarâ
su hacienda dejó allá.

En Ka’i Puente lejano
con Chirife a la cabeza
el polvo iróva oisu’u
oikuaaguirei lo secreto
ñuhâicha tapépe oîva
Yhû ka’aguy yvatére
hembymíva ndive ojekutu
Marciano Rodríguez ijykére.

Como ningún ser humano
Plácido Jara esos lugares
ipopytéicha oikuaapa
ikaruha Itanarâ gotyo
al resto de la tropa
vevépe ogueraha
upégui âgâ osê jeýne
oheka revolución.

Plácido Jara niko
guerrillero del pueblo
Unión, Santaní
rájoicha oguahê
ojukáva ojuka ha oho
ndopytái mamove
ápe rehecha chupe
amóma ndehegui okañy.

A mba’épe reikórô
ingratitu mante rejuhu
al destierro chupe
lo mburuvicha ocondena
hetâ mombyryetégui
arareíre ohechaga’u
peikuaáma âgâ peê
Plácido Jara rekovekue.
Letra y música: ANÓNIMAS

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