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lunes, 12 de julio de 2010

JOSEFINA PLÁ - ROSTROS EN EL AGUA (CUADERNOS DEL COLIBRÍ 1) / TODO COMENZO EN EL ESPEJO, MI BESO ES MUCHEDUMBRE, TAN SOLO, HAY UNA NOCHE, DOLOR.


ROSTROS EN EL AGUA
Poesía de JOSEFINA PLÁ
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
Ediciones Dialogo
Cuadernos del Colibrí 1,
Director: MIGUEL ÁNGEL FERNÁNDEZ
Grabado de tapa: EDITH JIMÉNEZ,
Viñeta: JOSEFINA PLÁ
Asunción – Paraguay
Diciembre de 1963.


A Carolina

TODO COMENZO EN EL ESPEJO
Todo comenzó en el espejo.
En la palma indiferente del agua
la nube fingió islas, cimientos el arco iris.
Todo comenzó en el espejo.
En el cielo engañifa de la charca
la rama empolló el huevo de la luna;
cosió el pájaro un velo con costura perdida.

Todo comenzó en el espejo.
La estrella guiñó mintiendo al pez incauto;
la luna escribió música que no despertó a nadie.

Y en el espejo una mañana
reconoció el viajero su secreto fantasma,
se vió pómulo y sien,
pupilas de agua para siempre cautiva,
frente como una lápida de sí mismo.
Se vió por fuera, se olvidó por dentro.
Y comenzó a clasificarse
según color y pelo.

Y los amantes murieron por él dos y tres veces,
y los viejos gustaron anticipada la agonía,
y el hombre de color perdió patria y amigos,
y la belleza vendió a su espeso el sueño.

-Todo comenzó en el espejo.

MI BESO ES MUCHEDUMBRE
Mi beso es muchedumbre.
Con él te sellan siglos y estaciones,
te condecoran légamos y nubes.
Se reencuentran en él
los valles con la cumbre:
el ojo del pavón con la amapola.
Mi beso es una escala por donde un mundo sube.
En él se juntan
rugidos y laúdes;
cigarras y serpientes,
abejas y escorpiones se confunden.
En él están Lázaro y Judas,
mártires y asesinos su médula resumen.
Arden en él los que vivir esperan:
los que esperan matar, en él se encubren.
Mi beso es horca, es látigo, es cadena.
Mi beso es muchedumbre.
El puñal del rufián, la espada del valiente
en él juntan relámpagos y herrumbres.
Cuando digo besar, digo legiones.
Y el nombre de mi beso es muchedumbre.

TAN SOLO
... Tan sólo una mirada,
una pupila sólo para todas las cosas.
Para la aurora y el ocaso,
para el amor y el odio,
para el amante y el verdugo,
la paloma y la víbora,
la estrella y la luciérnaga.

Solamente unas manos
para el cáliz y el látigo,
para la rosa y para el cacto.
Solamente unas manos
para la arena y el rocío,
para mecer la cuna,
y acariciar la sien del esperado,
y abrir el último agujero.

Una boca tan sólo
para el beso y el grito
y para la oración y la blasfemia.
Para el suspiro y la mentira,
para el perdón
y la condena.

Y tan sólo una sangre
para escuchar el tiempo,
para regar los sueños,
para comprar la herida y la agonía,
y destilar las lágrimas.

Ah, tan sólo una sangre,
una boca, unas manos,
una mirada solo.

HAY UNA NOCHE
.
A Muna Lee
.
Hay una noche, pero no hay un puerto
en donde el sol descanse;
y el puñado
de arroz de las estrellas
ninguna espigadora lo recoge en las albas.

Y hay agonía, y cielos que se apagan,
y un silencio que llega
hecho de tantas voces que se esperan;
mas sólo para ti;
no hay un rincón donde tu arcilla sin reposo
deje de responder bajo otro nombre.

Y hay hombre y hay mujer,
pero hay el beso;
y no hay ángel que venga
a redimir de espinas esta sangre.

. . . Pero están unas manos,
pero están unos hombros
que llevarán tu cruz y tu corona
un poquito más lejos.

DOLOR
¿De qué lejana fragua
vienes, humo, a mis ojos? ...
¿A qué valle secreto
destila tu alquitara? . . .

¿De qué boca de piedra
desciende tu sentencia? . . .
¿Qué sol muerto te exprime
como un limón de sombra? . . .

¿Qué mano te ejecuta,
tributo sin frontera,
entre una aurora ahogada
y un veneno de ocasos? ...

¿Desde qué campanario
congregas tus mil látigos,
convocas tus mil horcas,
esparces tus aristas? ...

¿Qué dice, cuando cae,
la sangre a las raíces? ...
¿Qué sed sin rumbo aplaca
la lágrima en la boca? . . .

Lamento, herida, grito,
¿qué alfabeto componen? ...
¿A qué oído deleita
este aullar en la sombra? ...

DEJAME SER
Deja llevarme mi última aventura.
Déjame ser mi propio testimonio,
y dar fe de mi propia desmemoria.
Déjame diseñar mi último rostro,
apretar en mi oído los pasos de la lluvia
borrándome el adiós definitivo.

Déjame naufragar asida
a un paisaje, una nube,
al vuelo humilde de un gorrión,
a un brote renaciente,
o siquiera al relámpago
que abra en dos mi último cielo.

Sujétame los brazos,
engrilla mis tobillos,
empareda mis párpados.
Pero tatuada una flor en la pupila,
crucificada un alba debajo de la frente,
acurrucado un beso en la raíz de la lengua,
déjame ser mi propio testimonio.

LAS PUERTAS
. . . Un cerrarse de puertas,
a derecha e izquierda;
un cerrarse de puertas silenciosas,
siempre a destiempo,
siempre un poco antes
o un momento demasiado tarde;
hasta que sólo queda abierta una,
la única puntual,
la única oscura,
la única sin paisaje y sin mirada.

DE PROFUNDIS
... No he de quedar aquí.
……………………….Yo amé a los niños.
Amé su olor a pan casero y tierno,
su olor animal de cachorrito aún ciego,
su aroma vegetal de brote nuevo,
su hálito a lluvia sobre el campo seco.

Amé su voz sin rienda,
su paso sin espuela,
su pestaña serena de planeta,
su risa sin cadena,
su llanto de tormenta en primavera.

No he de quedar aquí.
……………………….Yo amé a los niños.
Sus cabellos de trigo,
sus preguntas de viento detenido.

No he de quedar aquí.
……………………….Quizá una tarde quieta
jugando alguno venga,
pase sobre esta piedra
que me aprieta el suspiro de la espera,
en su sandalia prenda
un átomo no más de esta ceniza vieja,
que allá, junto a su lecho,
se quede, como un perro,
velándole su sueño,
hasta el lucero.
.
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