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martes, 10 de agosto de 2010

CARMEN ESCUDERO DE RIERA - LA HUIDA / Fuente: TALLER CUENTO BREVE - QUERIENDO CONTAR CUENTOS (1985).


LA HUIDA
Cuento de
CARMEN ESCUDERO DE RIERA
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )

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LA HUIDA
Francia-España, España-Francia. Dos nombres, dos países, dos pueblos. Entre ambos una línea, la frontera; al norte la libertad.

En la noche, el temor se acentuaba; una llamada en la huerta era el toque de alarma que anunciaba:

-Venimos a buscarte, vamos.

Sin explicación. Era el camino sin regreso, lucha de hermanos cegados por la pasión, la intolerancia, la incomprensión, la crueldad.

La familia era esta: el matrimonio, dos hijas, la abuela paterna, que vivía en Paraguay, lejano país, casi legendario y los abuelos maternos con residencia en París. Todos pasaban la temporada veraniega en Pamplona, capital de la cerril Navarra.

Desde los primeros días de la revolución, (estamos en julio de 1936), la frontera franco-española está cerrada. El automóvil requisado. La cuenta de banco congelada.

La situación es difícil, los amigos recomiendan claudicar en los ideales, comulgar con el nuevo orden.

Mi padre no es hombre de dos caras. No acepta esa clase de sugerencias. La vida está en peligro; no es exageración, así se vivían esos tiempos en la España, "una, grande y libre".

El camino a seguir era otro, el de la huida. Pero cómo?. Éramos muchos en casa. No debían quedar rehenes.

El camino, el camino, el camino... era la obsesión. Dónde?. Cuándo?. Cómo?.

Dónde?, rumbo a los Pirineos, cadena majestuosa donde dicen que termina Europa.

Cuándo?, cuanto antes; el miedo es mal consejero, el alma se desmoraliza.

Cómo?, he ahí el problema; había que estudiar con detalle y cuidado las situaciones e imprevistos. Tener preparadas respuestas claras, coherentes a lo que pudieran preguntar.

La primera en viajar fue mi abuela Patro; no tenía problema con residencia en Paraguay y pasaporte en tránsito. Era una pieza importante en el rompecabezas que se empezaba a armar. Viajó un lunes, al llegar a Val-Carlos (pueblo fronterizo) se encargó de hablar con las autoridades anunciando su próxima partida para América, su deseo de despedirse de su hijo; razón por la que se quedaría unos días en San Juan de Pied-de-Port, pueblo francés a escasos kilómetros de la frontera.

Nosotras, mi hermana y yo, entonces niñas viajamos con permiso temporal a París con mis abuelos maternos. Todo en marcha, la casa vacía. Mamá y Papá solos frente a la que iba a ser una aventura de la que no podían prever el final.

Fue una semana larga, llegó el día sábado, día clave y en el primer autobús de la mañana partieron. Eran jóvenes, llevaban lo puesto; Mamá un traje sastre blanco, camisa azul y las flechas de falange prendidas al pecho. Papá traje gris, no consintió en ponerse la bandera monárquica en la solapa; eran los distintivos de los que media España se enorgullecía.

Pasaron paisajes conocidos, los miraban, no los veían, pensaban. Llegaron a Val-Carlos, situado en la carretera a Francia, a tres kilómetros del puente de Arnegui; sobre el río del mismo nombre y al otro lado del cual se encuentra el territorio francés. Terreno montañoso, ríos cristalinos, llenos de piedras cobijo de espléndidas truchas en sus aguas saltarinas.

Se hospedaron en uno de los albergues, no tenían equipaje. La razón, era el motivo de su viaje. Un sólo día, para despedirse de su madre que viajaba a Para guay. Paraguay?, que dulce y extraño sonaba ese nombre en aquel valle pirenaico!. Era cierto, el lunes, aquella adusta señora, vestida de negro había anunciado esa posibilidad. Si no tenían mala memoria el encuentro sería el domingo.

Efectivamente, en el puesto fronterizo, el jefe de los carabineros hizo la llamada a San Juan de Pied-de-Port. Mi abuela contestó, disimuló el temblor de su voz. La emoción de saber que faltaban sólo pocas horas para vencer al destino, la hizo parecer tranquila, serena.

El plan en marcha. La noche era cálida, invitaba a un paseo. Dejaron el albergue. Un grupo de "requetés", así se llamaba a los carlistas, fracción monárquica que se unió a las tropas franquistas, charlaba animadamente de los éxitos y triunfos de las fuerzas nacionalistas. La tragedia española que costaría un millón de muertos había empezado.

A1 oír las risas, mamá y papá se acercaron. La presencia de la pareja, no incomodó a nadie; mamá era una mujer muy bonita y simpática. Papá lo sabía y se aprovechó de ello.

Como lo habían pensado tantas veces, mamá tenía que hablar:

-Mañana domingo, no hay capilla por aquí?, cómo hago para ir a misa?-

Una sombra de preocupación empañó su mirada, sus ojos verdes se agrisaron. El más joven de la ronda intervino.

-Hay una solución, pero no está en nuestras manos, depende de los "franchutes"; sería cuestión de pedir permiso para ir mañana a misa. Enfrente hay una pequeña capilla, las campanas las oímos desde aquí; el primer toque es a las ocho-.

-Me parece perfecto-, dijo mamá; con una unción que jamás había sentido antes.

-Claro está, intervino el jefe, que iría usted sola, su marido quedaría aquí a esperarla.-

-No hay más que decir, tenemos que conseguir la autorización, dijo papá, y si no ven inconvenientes, cruzo personalmente el puente, (doce metros); hablo con los gendarmes y asunto arreglado.

-Vale - dijeron.

Papá metió las manos en los bolsillos, saludó cordialmente al grupo y cruzó el puente. El destacamento de la gendarmería no podía entender a que se debía la llegada de este hombre a estas horas. Papa bendijo a su madre que lo obligó a. estudiar en Francia, si bien su acento no era perfecto (parecía marsellés) lo demás no tenía pero, y en apretada síntesis explicó la situación.

-Quédese, no vuelva,- le dijeron.

-No puedo, mi mujer está del otro lado. Lo único que les ruego es que estén atentos. Esta noche intentaremos cruzar el puente los dos.-

-Vaya tranquilo, quedamos en espera y sepa que dispararemos si es necesario protegerlos.

Con gran esperanza y el valor que dá la desesperación, papá volvió sobre sus pasos. Mamá era el centro de atracción, su simpatía, la sal madrileña y el ángel de su porte hacían el resto. El calor arreciaba, una tormenta se cernía, la reunión se disolvió.

Papá y mamá caminaron rumbo al puente junto a la pareja de guardias. Llevaban el paso en común..... Doce metros.

Mientras papá explicaba a mamá la última etapa de la fuga iban tomando distancia. Cada vuelta que daban se alejaban más de los guardias.

-Corre, yo te sigo.- decía mamá.

-Aún no, espera -contestaba papá.

Así después de minutos lentos, lentísimos, tiempo y espacio dieron la relación correcta; cuando los guardias llegaban al borde español, mamá y papá estaban en el francés; y ahí sí:

-Corre!- dijo papá.

Y corrieron y llegaron y ya en el puesto, ante el asombro de los sorprendidos carabineros, se estrechaban en fraternal y protector abrazo con los gendarmes.

-Están en el exilio, pero en tierra amiga, la bandera y las leyes francesas los amparan.-

Subieron a un coche, mis padres, cuatro gendarmes armados y en esa noche de setiembre, un domingo de 1936 iniciamos el viaje que nos llevaría a este lejano y legendario Paraguay.
CARMEN ESCUDERO DE RIERA.
TALLER CUENTO BREVE
Dirección:
Imprenta-Editorial
Casa América,
Asunción-Paraguay1985 (172 páginas).
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