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martes, 3 de agosto de 2010

STELLA BLANCO SÁNCHEZ DE SAGUIER - VIENTO SUR / Fuente: TALLER CUENTO BREVE - 19 TRABAJOS (1984).


VIENTO SUR
Por STELLA BLANCO SÁNCHEZ DE SAGUIER
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
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VIENTO SUR
Nuestra historia transcurre en un apacible y atrayente barrio de la ciudad. Sus calles son limpias y delineadas por frondosos árboles que dan protección y frescura a los vecinos.
Matías, primer personaje nuestro, hombre singular, de vasta cultura y vecino antiguo del lugar, posee como un don natural, el de captar con suma facilidad los sentimientos y posturas de la gente que frecuenta. El poder llegar a conocer verdaderamente a los amigos, constituye para él un goce muy especial, sobre todo porque ello alimenta ese cierto excentricismo que él posee sin siquiera sospecharlo.
En tantos años que lleva de vivir en aquel barrio, Matías ha tenido oportunidad de saber de mucha gente y toda muy interesante, por cierto.
Mas, ocurre ahora que, los vecinos ya son muy conocidos por Matías y aquellos nuevos, que en alguna oportunidad han vivido allí, no fueron del agrado de él como para que le atrajeran.
Y, como si todo hubiera estado dispuesto para que nuestro amigo tenga oportunidad de demostrar sus cualidades, se produce un hecho singular, algo muy especial, como Matías lo consideraría más tarde: aparecen en su vida Juan y María.
Los empieza a tratar y así, haciendo gala de sus dones se pregunta: -¿Será que en esta pareja hay un entendimiento perfecto como lo aparentan?-, -Más bien pienso que tal cosa no es real-
-Veo en ella, en su profunda mirada, el reflejo de una gran pena-.
La llaman Doña María y es muy joven aún. El, Don Juan Reinoso, que de su aspecto de soberbia y señorío, diría más bien Matías: -No es tal-. Sí, porque lleva apenas un frágil atavío que sirve en algo para cubrir lo intrincado de su ser, éste está en verdad formado en dura lucha contra la adversidad; adversidad también porque nunca recibió ni siquiera minucias de humanidad.
Nada, y sólo rudas y ásperas experiencias que se transformaron en odios y rencores.
Don Juan esto lo transmite a través de su mirada, de sus gestos, de su hablar, y más aún cuando está en confianza. Consecuentemente a quien más se lo transfiere es a María. Ella no sabe como disponerse con estos problemas, pues su carácter no la ayuda, es tímida y sumamente sensible. Matías se da cuenta de ésto y dice: -¿Cómo no ha podido despojarse de tanta sensibilidad, cómo no la ha podido cambiar por dureza, por valentía, para que todo ese pesar no la entorpezca?-.
No, su sensibilidad no ha cambiado, piensa Ma-tías que María necesita una ayuda para vencer esa extremada sensibilidad que la imposibilita de poder llegar a soluciones mejores, tanto con relación a su mismo sentir, como al entendimiento con Juan. Matías quiere ayudarla, quizás pueda hablar con Don Juan y advertirle de esto. Mas no se atreve, le parece que Don Juan no lo entendería y quizás se disguste por la intromisión de él. Cómo hacer, se dará tiempo para pensar en alguna solución.
Mientras, María buscando aliviarse recurre a sus libros que son para ella consuelo y desahogo de su sentir.
Siempre le ha gustado leer y escribir y cree que haciéndolo con más frecuencia logrará satisfacciones.
Viendo esto Matías piensa: -¿Será que sólo escribiendo y leyendo llegará realmente a la mejor solución?-. -Más bien creo que eso, sólo es una evasión-.
El tiempo fue madurando y ella siguió escribiendo con entusiasmo, hasta que, de pronto, la presencia de Juan y María se hizo prolongado silencio, nada se supo de ellos.
Matías que había ido viviendo paso a paso esta historia y que la había sentido como parte de la suya: se encontró de pronto vacío y pensó que el tiempo se le había ido y no había podido darle a María una plena solución.
Transcurría el mes de junio, el viento sur emitía las hojas de los árboles como mensajeras del invierno que ya se venía. Habían tenido un verano largo y pe sado, Matías esperaba con ansias el invierno; siempre le había gustado el frío de su país, era templado y reconfortante y ahora más que nunca lo necesitaba, pues su espíritu se hallaba acongojado y eso no podía ser, él tan dispuesto y optimista, cómo era posible que se le fuera la alegría, de ninguna manera, pensó. Abrió el ventanal, llovía, y el viento sur le penetró fresco en el cuerpo, se sintió recuperado, lleno de vida. Era notable aquello, se dijo, siempre ese viento le producía el mismo efecto en su ánimo y qué bien le venía, se sentía renovado y eso es lo que quería. Fue a cerrar el ventanal cuando, de pronto lo vió, sí, era Don Juan, apareciendo en la esquina de enfrente. Fue a su encuentro y lo invitó a entrar. El ambiente era tibio y acogedor y ello contribuía a que ambos se sintieran cómodos. Entonces habló Matías: -¿Qué ha pasado Don Juan?-. -No los hemos vuelto a ver-.
-Mira, querido Matías, fui a llevar a María a una ciudad lejana y ella se ha quedado allá. Fue un adiós feliz, sin resabios ni amarguras, con entendimiento mutuo, yo he vuelto tranquilo y ella también lo está allá, escribiendo cada vez con más ahínco y entusiasmo, pues en verdad es lo que siempre le ha gustado. Sus libros y sus escritos la llenan plenamente, hasta el punto de sentirse feliz.
Qué más había por hacer, pensó Matías, esta vez sus dones de captación no habían estado del todo acertados ni felices; y entonces se levantó, abrió de nuevo el ventanal, buscaba una vez más ese aliento que le daba el viento sur.
Dirección: HUGO RODRÍGUEZ ALCALÁ
Asunción – Paraguay 1984 (139 páginas).
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