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martes, 17 de agosto de 2010

VIRIATO DÍAZ-PÉREZ - DE ARTE (ENSAYOS) / Texto: MUSEOS. LA PROPOSICIÓN GODOY - EL PARAGUAY EN LAS BIBLIOTECAS ESPAÑOLAS.


DE ARTE
Obras de
VIRIATO DÍAZ-PÉREZ
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
© RODRIGO DÍAZ-PÉREZ
Presentación del autor por
MANUEL DOMÍNGUEZ y
JUAN E. O’LEARY
Luis Ripoll-Editor
Palma de Mallorca – España
1982 (204 páginas)

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PRESENTACIÓN DEL AUTOR
EL DOCTOR VIRIATO DÍAZ-PÉREZ
No viene al Paraguay a buscar dinero.
Es un esteta. Español moderno con ideas y sentimientos modernos. Amigo íntimo de Moraita, el historiador, amigo de Nackens el caballero sin tacha que prefiere la cárcel a la delación vil; compañero de los intelectuales jóvenes de su patria.
El mismo es muy joven y ha escrito mucho, redactado y dirigido revistas y diarios, traducido y comentado a Edgar Poe, el poeta de los refinados.
Ha estado en París y de allí, pasando por España, ha venido al Paraguay.
De París al Paraguay! Nos ha leído, nos ha conocido desde lejos, y ha simpatizado con nosotros. No encontrará ciertamente entre nosotros los esplendores de la Capital del Universo, pero encontrará hermanos, corazones que le estimen y comprendan.
Es otro Barret, otro extranjero notable. El nos trae el concurso de su inteligencia y su cultura. [MANUEL DOMÍNGUEZ]
“Alon”, 8 octubre 1906.

HERMOSOS ARTÍCULOS.
SIMPÁTICA PERSONALIDAD

Desde hace algunos días vienen publicándose en esta ciudad unos hermosos artículos del doctor Viriato Díaz Pérez.
Nuestra intelectualidad ha saboreado, deleitada, producciones, que revelan un corazón de artista y un cerebro bien organizado y mejor nutrido.
El doctor Díaz Pérez no nos era desconocido. Hace ya algunos años que su firma visitó nuestra mesa de redacción, al pié de notables trabajos, precisamente dedicados al Paraguay, del cual era cónsul general en Madrid. Aparte de estos trabajos de propaganda, habíamos leído otros muchos, de diversa índole, publicados en la prensa española. Y sobre todos estos datos, teníamos las honrosas referencias de amigos que le conocieron en su patria y que nos le pintaban como un perfecto caballero, vinculado estrechamente a lo más selecto de la intelectualidad madrileña.
Sus trabajos últimos no nos han tomado, pues, de sorpresa.
Pero nos han producido la más grata impresión, pues su aparición importa su resuelta incorporación a nuestra hoy pobrísima vida intelectual. ¡Y vaya si necesitamos de elementos de la talla del doctor Díaz-Pérez!
Nuestra enseñanza secundaria y superior, nuestro periodismo, nuestro ambiente social todo, están pidiendo a gritos, la presencia de estos pioneros del trabajo intelectual de estos obreros de la cultura, modestos y laboriosos.
Y el doctor Díaz Pérez es precisamente de los intelectuales que más urgentemente necesitamos.
No es sólo un hombre de letras, un artista, un erudito. No es tampoco un desconocido, de ignorados antecedentes, de esos que a menudo llegan por aquí, sin saberse si acaban de egresar de una universidad o de un presidio. Es un joven español ilustradísimo, doctor en filosofía y letras; pero es, además, un español nuevo, de ideas amplias, ultraliberales, librepensador, republicano. Y pertenece a una distinguida familia, vinculada a nuestra sociedad. Es hijo del distinguido literato y luchador, republicano español, don Nicolás Díaz Pérez y sobrino político del inolvidable maestro de la juventud paraguaya, doctor Cristóbal Campos.
Estamos, pues, de felicitaciones, con tan valioso contingente que se nos incorpora.
Ahora sólo falta que sepamos aprovechar sus servicios.
El gobierno debe incorporarlo al personal docente de nuestro claustro universitario y de nuestro Colegio Nacional. Debe dársele un puesto elevado en la enseñanza.
No cometamos la torpeza de desaprovechar tan valioso elemento.
Como tan ilustrado caballero tiene ancho campo de acción en cualquier parte, si no le solicitamos, es casi seguro que nos dejará, en busca de países más hospitalarios y más prácticos.
No hemos de terminar estas líneas sin ofrecer nuestras columnas al simpático escritor.*
[JUAN E. O'LEARY]
*. 9 octubre 1906. No poseemos el título del periódico en que J.E. O'Leary hizo esta presentación (R.D-P y FD-P).

MUSEOS. LA PROPOSICIÓN GODOY
CÓMO PODRÍA HACERSE UN «MUSEO HISTÓRICO NACIONAL»

Hasta hoy creí tratada definitivamente la cuestión «Museos y Bibliotecas» después de haber abusado del público llenando algunas columnas sobre el tema.
Pero una nota que leo en El Diario me, hace ver que se está en los comienzos. La nota es elocuente. Yo, que en mi condición de extranjero apenas si tengo derecho a hacerme oír, quisiera tener el prestigio o el arte necesario para hacer ver al público lo que las palabras de El Diario representan. Desde luego producen tristeza. Se sabe por ellas que un hombre desinteresado a quien su cultura y posición hizo dueño de innumerables maravillas de arte, de valiosas curiosidades históricas y de una biblioteca notable, ofrece todo ello a su país temeroso de que el tiempo o el azar menoscaben su tesoro y deseando que sea patrimonio y orgullo de sus compatriotas lo que antes perteneciera a él solamente. El hecho no necesita ditirambos. En otro país, un hombre así devendría popular. Pero aquí aparece lo triste del caso. Este generoso donador, que pudo labrar su definitivo bienestar, si en él cupiese la idea de permitir que manos extranjeras usufructuasen lo que a su parecer sólo a su patria pertenece, después de varias tentativas encuentra que su ofrecimiento resulta inútil. Circunstancias políticas imprevistas impidieron el cumplimiento de los trámites necesarios para la cesión. Y he aquí el caso singular de un hombre que espera que un momento de tranquilidad gubernamental permita al Estado aceptar una fortuna!
Ante tal fenómeno volvemos sobre nuestro tema de museos, sin ocultar nuestra opinión que es la de que el asunto es de real importancia puesto que algún día pudiera llegar a ser asunto de dignidad nacional. Urge aceptar esta y otra proposiciones porque urge que el país posea un museo histórico nacional. La idea podría realizarse inmediatamente y sin grandes dificultades.

Veamos cómo.
Aceptando en primer término el ofrecimiento del señor Godoy. Solamente con su donativo habría para organizar un verdadero museo. Y éste sería ya notabilísimo si además el señor Solano López quisiera contribuir a esta obra patriótica incorporando a ella las innumerables maravillas históricas que a su vez él solo posee.
De este modo brillante se iniciaría la obra. Y una vez iniciada, unos cuantos entusiastas la secundarían y amplificarían recurriendo a otros medios que aquí como en todas partes existen. Voy a señalar cuatro fuentes de ellos.
1ª. Las cesiones particulares.
2ª. Alguna excursión hecha a ciertos departamentos -ricos en recuerdos históricos- realizada desde luego por personas para quienes la cuestión honorarios no fuese cuestión.
3ª. El intercambio con otros museos.
4ª. La reunión oficial de todos los objetos que hoy existen dispersos en diferentes centros, por falta de local adecuado.
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Que las cesiones particulares darían un resultado admirable lo prueban los casos del señor Godoy y del señor Solano López. No creo además que se rían únicos. Muchas familias que conservan como resto de esplendor pasado ya, valiosos objetos de arte nacional, ya recuerdos históricos, desearían que estos pregonasen la gloria de sus antiguos en las galerías de un centro oficial. Cuando la cesión de tales objetos implicase manifiesto menoscabo de intereses se resolvería la adquisición retribuida.
Y he aquí que una vez más nos encontramos con la terrible cuestión dinero.
Yo no creo, sin embargo, que ningún gobierno realmente patriótico pusiera trabas a un proyecto culto, por los gastos que pudiese proporcionar. Creo también que nadie recurriría al conocido tópico de «las cosas urgentes».
Cierto es que en países como el Paraguay que vienen levantándose penosamente de un pasado infortunado, existen necesidades apremiantes a que acudir; pero desde el punto de vista de una verdadera moralidad gubernamental, también sería cierto que todo es urgente donde todo está por hacerse. En un estado de cosas semejante las prioridades serían cuestión de opinión. Un gobierno que mirase de modo elevado por los intereses de la patria no se preocuparía exclusivamente del llamado bienestar material. (Tema es éste que como el del espiritualismo en filosofía es y será siempre discutible). Ni el bienestar material es progreso ni el arte o la cultura son cosas ideales y descentradas del vivir físico de hombres y pueblos.
Recordemos el caso de Norte América, país el más práctico del orbe según el común sentir. Gasta hoy tal país, en cultura y arte más que ningún otro. Sus museos son espléndidos. Empléanse sumas fabulosas en conservar las casas en que vivieran los grandes hombres. ¡El pueblo materialista y práctico va haciéndose a fuerza de millones una tradición, una historia documental, y una atmósfera para incubar cultura y arte! Ya no ama exclusivamente al dólar. Su positivismo antiguo se deshace como una leyenda... Desde que Edgard Poe moría allí desconocido y Taine publicaba las ideas de Graindorge, -el inclito productor de petróleos- la conciencia yankee ha evolucionado tanto que hoy no tiene el alma europea muchos más matices que la suya. Las grandes esculturas, los cuadros de Alma Tadema, las bibliotecas y el arte vuelan hacia los palacios norteamericanos. Se diría que un rayo de dulce idealidad había allá descendido de un cielo premiador para recompensar tantos millones de vidas obscuras gastadas en el trabajo.
Saquemos la enseñanza de este ejemplo. No es lo que se hace por el arte y por la cultura, nueva amenización de la vida. Ni el arte es a modo de fruto bello incomible, toda vez que vemos a los mismos pueblos tachados de positivismo comprarle al extranjero ya que no pudieron o no supieron tenerle propio.
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Hablemos de excursiones.
El British Museum, orgullo de Inglaterra, se enriquece todos los años merced a la desidia de las demás naciones. Si el Paraguay no estuviese lejano de la Europa activa, hace ya mucho tiempo, no habría quedado una sola curiosidad histórica en el país. Aún no han llegado por acá esos comisionados que viajan por otros países, arrebatando el arte y los pedazos del pasado que los naturales no saben apreciar. No hay que temer aún por acá a esos enviados «que se llevan los objetos a Londres» pero sí a otro enemigo acaso peor, a la ignorancia. Esta va destruyendo lo que queda por los campos y ciudades del antiguo Paraguay poderoso.
Unas excursiones hechas con objeto de salvar de la desaparición o que aún puede ser salvado, serían del resultado productivos para el enriquecimiento de un Museo. Si un trabajo en este sentido es urgente lo probará un ejemplo: el de la llamada Losa de Yariguaá.
Es esta una famosa piedra (de cuya existencia se habla siempre por testimonio de tercero) citada por varios escritores. Situada según algunos no lejos de la cueva de Santo Tomás, relacionada con tradiciones guaraníes y grabada con caracteres «que nadie ha podido descifrar» aparecía como algo interesante y digno de estudio. Hoy no existe sino pedazos y acaso no existe de ningún modo, según opinión del inteligente viajero y notable mecánico paraguayo señor Sacarello con el cual nos hubimos de avistar antes de hacer cierta excursión.
La piedra se encontraba en terrenos de su propiedad.
Si hubiera habido un museo histórico nacional, la Losa de Yariguaá, hubiera sido conservada en él y hoy existiría.
Como este ejemplo podrían citarse otros que no se repetirían si algunos aficionados mediante varias excursiones, pudieran incorporar a un museo lo que encontrasen digno de figurar en él.
España, tan descuidada en otros tiempos, tiene hoy una Escuela Superior de Diplomática donde después de estudios que en nada tendrían que envidiar a los de cualquier doctorado, se confieren títulos de Archiveros, Bibliotecarios y Anticuarios y con ellos, puestos técnicos en los museos.
Una cosa similar acontece en Francia, Alemania e Italia.
Y ocurre preguntar: tanto gasto ocasionado a los estados europeos para elevar hasta carrera científica la de los antiguos conservadores ¿obedece simplemente a una monomanía, a un capricho artístico? Seguramente no. Una larga práctica ha demostrado a las naciones que el descuido o la apatía en la conservación de sus recuerdos es algo que cuesta caro. Historiadores extranjeros escriben después una historia falseada por falta de pruebas. Surgen leyendas absurdas. Comercian pueblos a costa de otros menos avisados o menos ricos. Urge pues a todo país que tenga historia propia, poseer un asilo donde encuentren amparo los comprobantes de ella.
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El intercambio con los demás museos. Sería este, un medio más de estrechar relaciones con otros países, de las cuales tan necesitado se halla el Paraguay. En Europa, los grandes museos tienen un a modo de Boletín -que a veces es revista importante- en el cual se da cuenta de los trabajos de orden interno. Forman estos boletines una red de intelectualidad. Escriben en ellos eruditos, arqueólogos e historiadores de todos los países, unidos por una especie de ideal común, por un intercambio de saber. Recibiría el museo aquí estas publicaciones y correspondería a ellas con una simple hoja mensual hasta tener Boletín. Mediante el intercambio el museo histórico obtendría objetos, regalos, donativos de todas partes. El Nacional de Madrid tiene objetos de inmenso valor advenidos de esta manera. Tal, el llamado «Tesoro de los indios Quimbayas» enviado por el Gobierno colombiano.
Con mucha más razón podría recibir de toda América valiosos donativos un museo paraguayo. Este podría corresponder fácilmente, enviando colecciones de curiosidades indias.
Tratándose de Europa, especialmente, tendría como garantía el Chaco, ese interesante depósito de cuya importancia en este sentido aún no se ha entrevisto la milésima parte.
Que el intercambio produciría resultados, lo demuestra el dato del Preparador del Museo de Historia Natural. Sabido es que dicho señor tiene entre otras habilidades la de preparar delicados adornos con insectos del país. Una donación de uno de estos caprichos de entomólogo, hecha al British Museum valió al Museo de Historia Natural asunceno, el magnífico ejemplar de Ursus que todos conocen.
En cuanto a lo de la reunión de objetos diseminados por carencia de local, ciertamente aportaría un contingente no despreciable para el engrandecimiento del museo.
Y a la vez sería cosa lógica. La investigación hecha recurriendo a la amabilidad particular, a la visita a tal escuela, a la requisa de tal lugar, más o menos apartado es en extremo penosa. Al que trabaja deben presentársele allanadas el mayor número posible de pequeñas dificultades.
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Teniendo presente, pues, todos los recursos con que podría contarse, no sería aventurado afirmar que si el Paraguay el día de mañana no cuenta con un museo del cual se hable en toda América, y en el que fijen sus miradas los investigadores de todos los países, será por pequeñeces lamentables o indignas de un pueblo que debe tercer su vista fija en el porvenir.
Si las cosas no son oportunas en lo que no se desean, la creación del Museo Histórico lo es hoy, puesto que hoy, más que nunca, se anhela.
No nos ocupemos de la masa indiferente. Hay proyectos que jamás penetran en ella. No todo puede pertenecer al mancomún mental. Ni aún a la pseudo mentalidad brillante y huera. Pero sondeemos las opiniones que deben sondearse. Veamos que piensan los doctor Báez, los Morenos, los Gondra, los Domínguez y aún los mismos extranjeros para quienes esto sea asunto. Y ellos dirán, por los que nada dicen.
Por esto escribimos; deseando que nuestro entusiasmo de extranjero sirva de estímulo a quienes, más que a nosotros, interesará lo que se haga. Y además porque en cualquier otro caso nada se pierde. Antes será infructuosa una semilla arrojada en el mejor vergel que una idea lanzada al viento.
Dr. VIRIATO DÍAZ PÉREZ
(San Lorenzo, XI 1906).

SOBRE BIBLIOTECAS Y MUSEOS
EL PARAGUAY EN LAS BIBLIOTECAS ESPAÑOLAS
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Para don JUAN SILVANO GODOY
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I
Por si hubiera alguien en mi país deseoso de conocer la historia paraguaya y por ahorrar trabajo a los estudiosos, publico estos apuntes que son un plan, un proyecto de estudio ha tiempo ideado y nunca concluido por diversas razones.
Pensaba yo haber reunido la producción antigua y moderna; nacional y extranjera que existe dispersa y olvidada en los archivos y bibliotecas españolas, sobre el Paraguay; y dar cuenta de ella. Dar cuenta por algo más que por una simple catalogación: por la crítica revisora de las obras. Hubiera podido ser este trabajo un a modo de enjeridión o prontuario del investigador sobre el Paraguay, en el que se encontrase registrado lo existente sobre el país, con indicaciones sobre el contenido y méritos de cada trabajo y el lugar donde hallarle. De este plan no quedaron sino apuntes fragmentarios que hoy quiero publicar, precedidos de algunas observaciones, por si aún pudieran ser útiles.
Un catálogo como el de que hablamos sería cosa necesaria. Merced a él, el investigador europeo sabría a que atenerse sobre uno de los países de historia más bella y mal conocida que existen; el investigador paraguayo encontraría su tarea menos áspera; y la historia verdadera, la buena, la que tiene toda la poesía de la verdad ganaría bastante, cosa esta, tan necesaria a mi parecer, como otras muchas de que se habla asidua y tenazmente por personas sensatas.
Porque un pueblo sin historia o con historia deficiente, es como un organismo sin alma. La historia es el pasado y éste, bueno o malo, es la vida, la evolución, y la experiencia: lo único en suma que justifica nuestro presente. Y cuando este pasado que es la historia, fue bueno y honroso y reanimante, calculad hasta que punto no sería obra patriótica la de hacer que un pueblo pudiera reconocerse en sus otros momentos, en los del pasado, entreviendo por encima de la prosa de lo actual, lo que fue, lo que debió ser, lo que pudo ser... Toda esta obra pudiera hacerse fácilmente. Toda su poesía yace bajo el polvo de los archivos.
Por gastado que sea un espíritu, ante una gran biblioteca o -tocando otro punto- visitando los museos célebres, recorriendo las galerías orientales del Louvre; o los salones madrileños de Goya y Velázquez; o ante los santos cárdenos del Greco, etc., enciérrase en sí mismo y vive ese recogimiento educador que sólo se produce frente al milagro humano del arte. Un cuarto de hora ante la Madame Recamier de David, o en la cámara de Las Meninas, o ante el dolor de El Pasmo o añorando el mundo oriental de la Dama de Elche o ante los frescos impresionantes de Humbert en el Pantheon, nos da el sentido de lo proporcional, nos enseñan a ser grandes y humildes a la vez... Del mismo modo, hojeando una primera edición del Quijote; o ante unos Essais, anotados por la mano aristocrática del mismo Montaigne; o frente a una millonada de libros donde no hay deseo humano que no se previera y analizara, se siente mayor respeto para con los hombres; y para con uno mismo.
No se ve al ver estas cosas nada inútil. Ni de nada inútil se habla al tratar de ellas.
Son en Europa las bibliotecas y los museos, dignos panteones del Sentimiento, de la Vida y del Esfuerzo universales. Todo ciudadano puede evocar a su voluntad este Sentimiento y este Esfuerzo si lo necesitare. Cualquiera, desde el batallar bulevardier, puede remontarse en media hora al silencio del Louvre o del Prado, donde calman su espíritu, las placideces del arte supremo. Esto es tan necesario para la vida como tener calles y luces y tranvías. Los pueblos grandes y jóvenes deben tender hacia un progreso integral. Con poder ir muy deprisa de una parte a otra o con tener luz por doquier y que no sea sino para ver la realidad y la grosería humanas, nada se adelanta. Ni aun el espectáculo emocionante de una espléndida naturaleza puede suplir a veces a la nostalgia de lo bello producido, de lo bueno estudiable.
Los que hayan vivido la vida, acaso no natural pero intensa, de Europa, aún dominados por el contacto con la Naturaleza de este continente paradisiaco, sentirán sin embargo un vacío: el del medio sugestionador del combatido Arte. La vida es algo más que el bienestar. A veces es ver lo no visto, leer lo no conocido. Esto no más, aportado acá, esta conquista realizada, y países como el Paraguay podrían devenir paraísos. La Argentina comprendiéndolo así, ha tiempo que trabaja en tal sentido, con laudable tesón. ¡Qué paso no daría el Paraguay haciendo lo propio! Dejemos a los intuitivos el placer de adivinarlo, en tanto indicamos simplemente que una labor de tal género sería decisiva. Hacer cultura y hacer arte puede ser hacer patria poderosa; no pocas veces el arte fue la paz.
Así pues, por difícil que fuere el trabajo en este sentido, por perdidas que pareciesen las energías en pro de él desplegadas, debería ensayarse. La biblioteca es cosa fácilmente agrandable. El archivo, merced a las copias, también. Los museos científicos, en países en los cuales la naturaleza suministre la primera materia, igualmente.
Hay además algo muy útil y sencillo: agrandar lo existente; coleccionar lo disperso. Para esto sería conveniente en extremo la revisión de los archivos españoles. Sería de un resultado utilísimo conocer lo que en España existe sobre el Paraguay. Unos datos en este sentido no darían perfecta idea de ello y sí sólo la inspección ocular.
Son los archivos españoles, no mejores que los de París o los del Vaticano y son sin embargo únicos por su importancia especialísima. Y lo mismo los museos. Aun existiendo el Louvre y el British Diluseum, la sala de numismática de Madrid es única en su género. Yo he visto el Louvre y es algo asombroso; pero en el arqueológico de Madrid hay cosas únicas. ¡Tantos pueblos pasaron por España! y tantos «celtas» y fenicios y romanos y godos y árabes pisotearon su suelo que aún hoy no hay día en el que el arado no descubra restos de las antiguas razas muertas. Esto hace fácil la tarea del coleccionador. Y así, hay otros ejemplos, que explicarían lo que antes decía acerca de nuestras bibliotecas.
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Los árabes dejaron en ellas, la clave de su antiguo saber y de no pequeña parte de su historia. Toledo fue la Sorbona de ciencia oriental -de la que aún pueden consultarse en El Escorial extraños tratados. El imperio español, tiránico si se quiere, fue innegablemente grande. Aportó al mundo las primicias de ignotos mares, de inmensos y desconocidos mundos. Y aquellos españoles, que, como dijo mi amigo Machado, «todo lo ganaron y todo lo perdieron» traían en sus arcas, no sólo el oro codiciado, sino también los mapas y los planos y las observaciones y la historia de los pueblos vencidos. Más tarde, el tiempo que todo lo transforma, se llevó el oro a Inglaterra, a Francia, a todas partes. Y sólo la historia quedó en nuestros archivos. En Simancas, en Sevilla, en Madrid, puede el mejicano, como el descendiente de los Incas o el asunceno saber de sus antepasados, de su vida primitiva, de sus arcaicas costumbres. Además, los jesuitas contribuyeron así mismo a que tales archivos fuesen importantes. Legajos numerosos traídos por ellos, duermen en las galerías archivales desde tiempos antiguos, en espera de la mano erudita que los busque. Aún el ignorante en la materia, como nosotros, ha visto allí en diferentes ocasiones manuscritos referentes al Paraguay. ¡Qué no hubiera encontrado la mirada inteligente de un doctor Domínguez y de otros!
Así pues, para que todo no se pierda, he aquí trabajos a realizar. Los archivos esperan. Ya os diré cuales.
Doctor VIRIATO DÍAZ PÉREZ
(Ex-cónsul general del Paraguay en Madrid)
San Lorenzo, setiembre 1906.

II
Existen multitud de ellos: el Histórico Nacional, en Madrid; el Central de Alcalá de Henares, en dicha ciudad; el de Simancas; el Archivo general de Indias, en Sevilla; el de la corona de Aragón, el Histórico de Toledo y otros sin contar los universitarios.
Mas sólo interesan para la historia de América en general y del Paraguay especialmente por existir en ellos cartas de Indias y documentos relativos a la dominación española, los tres primeros. El de Madrid, el de Simancas y el de Sevilla.
El primero llamado Archivo Histórico Nacional, fundado en 1550, conserva unos 200.000 documentos antiguos, entre los cuales hay muchos sobre sud américa. Cuando la supresión del Ministerio de Ultramar, todas las cajas de documentos sobre las antiguas colonias españolas que en él se conservaban, ingresaron en este archivo. No he de encarecer con otros datos su importancia.
El de Simancas, enclavado en el antiguo castillo y prisión de Estado de este nombre, es realmente notable. Lo creó en 1540 el emperador Carlos V. Guarda tal tesoro de documentos célebres que es visita obligada de multitud de eruditos. Allí entre miles de curiosidades el viajero puede ver el testamento original de Isabel la Católica; las capitulaciones entre ésta y el último rey moro, Boabdil; autógrafos de Ignacio de Loyola; cartas de Fe-lipe II; de María Stuard al mismo, implorando su protección; cartas de Fray Luis, de Cervantes, de Quevedo; de América, del África... De todos nuestros pasados yerros se conservan allí comprobantes; y de nuestras pasadas epopeyas también. La importancia que tal archivo pudiera tener para nuestro tema, lo demuestra el hecho de que el doctor Garay, comisionado por su gobierno para hacer estudios en Simancas, hubo de traer de allí, cientos de copias de documentos relacionados con el Paraguay, sin agotar por esto la materia.
Existen, en efecto, en Simancas planos y mapas valiosos para estudiar la gran cuestión sudamericana de límites. Afortunadamente no ha mucho se inauguró una labor meritísima con la publicación del Catálogo de los mapas que se conservan en el Archivo General de Simancas: sección de «Límites de América», trabajo debido a don Julián Paz («Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos», Madrid, 1897-1900).
Y no es menos notable que el descrito, el Archivo de Indias. No peco de exagerado diciendo que es comparable a los mejores del mundo. Puede considerársele, en efecto, como un verdadero depósito mundial de documentos relativos a la dominación española en América. Fue protector de tal archivo nuestro viejo amigo don Gaspar Núñez de Arce que hizo trasladar a él, lo que había sobre la materia en diversos establecimientos similares.
Desde la época en que quedó constituido este archivo, Sevilla es un centro europeo de investigaciones sobre la historia de la América española. Nada tan justo como que a esta Sevilla de donde partieran andaluces y extremeños para sus aventuras trasatlánticas, y de la que tantas naves salieran para el nuevo mundo y tantas otras desembarcaran de él, se vaya hoy a estudiar un pasado en el que representó tan gran papel.
En este archivo de Sevilla existen planos de las antiguas ciudades sudamericanas. Allí está el Mapa de la entrada que hizo al Gran Chaco, el Gobernador de Tucumán, don Gerónimo Matoaros, en el año 1774, publicado en fototipia por la «Revista de Bibliotecas, Archivos y Museos» (año 1898).
Al hablar del Archivo de Indias, debe recomendarse el trabajo del señor Torres Lanzas (jefe del establecimiento) titulado: Relación de mapas, planos, etc., inéditos, del Virreinato de Buenos Aires (Bolivia, Paraguay, Argentina y Uruguay) existente en el Archivo General de Indias, de 1562 a 1805, publicado en la revista antes citada.

HABLEMOS AHORA DE BIBLIOTECAS.
No he de repetir lo que dije sobre el tema anterior. No son en España numerosas, ni surtidas, en comparación con las de los otros países, pero son interesantes y progresan. Para quien desee datos concretos sobre ellas recomendamos una de las mejores obras que existen sobre el particular, limitándonos a la simple recomendación por motivos fáciles de comprender, tratándose de Las Bibliotecas de España de N. Díaz Pérez. (1) Desde su publicación mucho se ha reformado y progresado. Había, en efecto, en Madrid en 1830, 600.000 volúmenes en tanto había 1.600.000 en París. Poco después de 1885, Madrid tenía ya 1.617.761 entre impresos y manuscritos, más de un millón de folletos y dos millones de documentos sin catalogar. Hoy la cifra se ha elevado enormemente aunque por falta de datos concretos no podemos precisar la exacta proporción. Remito nuevamente a la obra citada.
Las bibliotecas que más importancia tienen para el investigador americano son:
Primera: la llamada Museo-Biblioteca de Ultramar, en Madrid. Forma ésta, parte de un importante museo colonial donde se coleccionan objetos, productos, libros, folletos y manuscritos referentes a las antiguas posesiones coloniales españolas. Es algo más que una ampliación del Museo Arqueológico Nacional. Es un museo de etnografía, historia y «naturaleza» oceánica y americana. Consta de siete grandes salones en los cuales lujosas vitrinas atestadas de reflejos infinitos de arte americano y oceánico dan una idea de las inmensas tierras que España poseyó. Predomina el elemento oceánico por haberse hecho el museo con los restos de la exposición filipina. Se abrió dicho Museo-Biblioteca en 1888 (bajo lo protección de mi inolvidable maestro don Víctor Balaguer, entonces ministro de Ultramar) y en él se coleccionó cuanto se pudo encontrar sobre América y Oceanía. Lo más notable del establecimiento es la sección de manuscritos, sobre la que llamo especialmente la atención pues entre ellos los hay sobre el Paraguay de indiscutible mérito, y según parece inéditos algunos. El extracto bibliográfico que hacemos al final nos evita más palabras.
Segunda: La Biblioteca Nacional de Madrid. Data de los tiempos de Felipe V y es la más completa y lujosa de España. Tiene colecciones inmensas de manuscritos, grandes colecciones de láminas, planos y retratos antiguos y catálogos fáciles de revisión. Hay en ella salas curiosísimas como la cíe «raros e incunables» y la de «ediciones del Quijote». Es esta sala, algo que el espíritu culto que habla español visita con respeto inevitable, sintiendo que se difuminan bastante en él las ideas de patria geográfica.
Tercera: Biblioteca de la Unión Ibero Americana. No cito ésta por no ser numerosa ni selecta. Es antes al contrario una biblioteca modestísima que sin embargo no debe dejar de visitar ningún americano que pase por Madrid. Hablo de ella por consagrar algunas palabras a dicha Unión.
Es esta un elegante centro de carácter oficial, dotado de amplios salones y cómoda biblioteca, en el cual se agita lo más selecto de la buena sociedad americana y «americanista» residente en Madrid. Órgano suyo es la revista del mismo nombre que ya es algo conocida en América y alma de todo en ella el señor Pando y Valle, alentador decidido y animoso de la juventud hispano-americana que trabaja. Su revista que hoy no es sino embrionaria -y ya es algo que revela grandeza- ha publicado en el movimiento intelectual del Paraguay frases interesantes para el mismo.
Pocas son las obras que sobre el Paraguay existen en su biblioteca, y no por creerlas importantes las cito sino por seguir el plan trazado de mencionar las obras que sobre el país he encontrado en España.
Otras muchas bibliotecas madrileñas -algunas importantes- deberían ser descritas a continuación. Las universitarias, la del Congreso, la de Palacio, Ateneo y algunas particulares. Así mismo algunas provinciales notables -Escorial, etc.- y no pocas religiosas. Pero sólo la revisión grosso modo de las más curiosas de entre las 1.500 que calculo existen en España sería un trabajo inmenso. El leer solamente los catálogos de cinco millones de obras que son las que constituyen el fondo de lectura pública en España, hubiera requerido bastante más tiempo del que he poseído, y más voluntad también.
He aquí por qué estos apuntes no son sino el fracaso de un estudio como ya dijimos. Apenas si ha quedado ya de él un pequeño plan, que como tal presento. Viajes y circunstancias imprevistas impidieron que fuera otra cosa, aunque es de esperar que lo llegue a ser algún día en que otros continúen anudando el hilo de este humilde comenzar.
(1) Las Bibliotecas en España en sus relaciones con la educación popular y la Instrucción pública; por Nicolás Díaz Pérez (Archivero-bibliotecario de la Económica Matritense, del Casino de la Prensa, etc., Madrid 1885).
Dr. VIRIATO DÍAZ-PÉREZ
(Ex-cónsul general del Paraguay en Madrid)
San Lorenzo, octubre 1906.

ÍNDICE
Dedicatoria
Presentación del autor: El doctor Viriato Díaz-Pérez
Hermosos artículos
Museos. La proposición Godoy
Sobre bibliotecas y museos
Más sobre museos .
Lo que se verá en el museo
Inauguración de la Academia de Bellas Artes
Visita del obispo F. M. Bristol al Museo de Bellas Artes
El artista Rafael Montesinos
En el Museo Godoi
El pasado que vuelve
Después de la exposición de Bellas Artes
Pintores y escultores uruguayos y paraguayos
Un artista paraguayo
Desaparición de J. A. Samudio
Miguel Acevedo
La caricatura y el lápiz de Acevedo
Homenaje al caricaturista Acevedo
Un estudio sobre pintura y escultura en el Paraguay
Mr. Emilio Chauvelot y su cuadro “2 de julio”
Primer Salón de Primavera
La exposición de Wolf Bandurek
El arte de Magda de Pamphilis
El Dr. Belisario Roldán en el Museo Godoi
Notas no escritas por VD-P pero relacionadas con el tema de este volumen: Biblioteca Americana y Museo de Bellas Artes / La propuesta Godoi / Museos y bibliotecas / Museos y bibliotecas / Visita de Blasco Ibáñez al museo Godoi / Notas de VD-P / Apéndice.
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Visite la GALERÍA DE LETRAS
Amplio resumen de autores y obras
de la Literatura Paraguaya.
Poesía, Novela, Cuento, Ensayo, Teatro y mucho más.

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