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lunes, 9 de agosto de 2010

VIRIATO DÍAZ-PÉREZ - LITERATURA DEL PARAGUAY: DE LOS DÍAS COLONIALES A 1939 - Anotaciones: RAÚL AMARAL / Fuente: LITERATURA DEL PARAGUAY, VOLUMEN II.



LITERATURA DEL PARAGUAY:
DE LOS DÍAS COLONIALES A 1939 *
Ensayo de
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
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*FUENTE ORIGINAL: VIRIATO DÍAZ-PÉREZ, «Literatura del Paraguay», en: Historia Universal de la Literatura, compilada por Santiago Prampolini (1.ª edición). Buenos Aires, UTEHA Argentina, 1941, t. XII, pp. 295-309. (N. del E.)
(Asunción-Buenos Aires, 1941)
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[I. Evolución cultural]
Escritores paraguayos como Ignacio A. Pane, amantes de las glorias patrias, reconocieron en más de una ocasión que fue tardía la evolución cultural del Paraguay. Su historia extraordinaria podría explicar el hecho, aunque éste no haya de ser admitido, según veremos, en la forma categórica y simplista que suele enunciarse.
Van siendo conocidos -y admirados- los diversos capítulos de esta historia que ha engendrado una de las bibliografías más copiosas del Río de la Plata. Centenares de volúmenes integran, por ejemplo, su material informativo referente a los estupendos momentos iniciales de la génesis paraguaya, en que desde la rudimentaria Asunción partían sus hijos a la conquista de los remotos Eldorados, creando ciudades.

Aunque mediatizada la ciudad por su geografía da, empero, el primer Gobernador criollo del Continente en el gran Hernandarias de Saavedra. Adentrada en sus selvas, es asiento del primer Obispado del Río de la Plata, en 1548, con el Obispo Juan de Barrios. Después de despoblada Buenos Aires, elevada por Irala a la categoría de ciudad, es en Asunción donde celebra sesión el primer Cabildo rioplatense.
De cultura restringida, en su aislamiento mediterráneo, produce a Rui Díaz de Guzmán, el primer historiador rioplatense. No tiene Universidad, pero sus hijos la fundan allende fronteras como Hernando Trejo de Sanabria, en la Córdoba americana. Parecía estar llamada a lograr la ingencia de urbe populosa y congestiva como otras capitales similares, y resulta destinada a ser madre de pueblos, de grandes ciudades, y, así, desde 1553 a 1595, en treinta años de vitalidad, el solar asunceño engendra treinta y tres ciudades, desbravando para siempre las selvas de América, donde gana el nombre de Provincia Gigante porque abarca desde el Amazonas a Magallanes y desde la línea de Tordesillas hasta las gobernaciones del Oeste...
La época de las célebres misiones jesuíticas dotó asimismo de ingente bloque bibliográfico a la investigación europea y americana. Nueva aportación produjo la figura singular del dictador Francia, estudiada por Carlyle. Toda una literatura, la Guerra de la Triple Alianza y la dictadura de los López.

[1. Prosa de la Colonia]
Es un hecho cierto que el paraguayo Rui Díaz de Guzmán es autor de La Argentina, primera historia del Río de la Plata, escrita en 1616. Un pasado accidentado, trágico, repitámoslo, dificulta, interrumpe, los promisores impulsos iniciales de cultura.
Sólo así, tras largo intervalo, encontraremos a Pedro Vicente Cañete (1749), que vuelve a dar nombre cultural a su patria. Doctorado en Santiago de Chile, aparece como personalidad intelectual brillante por sus monografías doctrinales, jurídicas e históricas aparecidas algunas en 1789. «De agitarse en otra época y otro medio -dijo de él el ilustre Mitre- hubiera pasado a la historia en calidad de prócer americano».
El luengo intervalo apenas se interrumpe sino por el hecho -que citamos como histórico y singular- de la aparición de las «Impresiones Jesuíticas», guaraníticas, primer ensayo de la imprenta en el Río de la Plata, que -sabido es- se produce en las Misiones paraguayas, donde en plena selva se funden tipos, se dibujan láminas, se traducen obras y son impresas, en extraordinarias prensas recordatorias de los días de Gutenberg, fechándose en 1705 ediciones de clásicos en el Paraguay, como la del tratado del padre Nieremberg sobre La Diferencia entre lo Temporal y lo Eterno.

[2. Las letras en la República]
De los sombríos días del dictador Francia se salva la figura de otro estudioso interesante: Mariano Antonio de Molas (1787-1844), autor de la interesante Descripción Histórica de la Provincia del Paraguay, obra de mérito excepcional.
Aparece más tarde el escritor Juan Andrés Gelly, autor del curioso volumen El Paraguay; lo que fue, lo que es y lo que será. Gelly actuó como diplomático en Europa y en el Plata. Fue uno de los redactores de El Paraguayo Independiente. Poseía cultura. En Francia mereció la amistad de Thiers.
En los días de los López, aunque don Carlos Antonio laboró incansablemente en pro de la cultura de la nación, y él mismo redacta publicaciones de mérito y crea la prensa nacional, los trágicos acontecimientos de la Guerra de la Triple Alianza impidieron recoger los frutos del noble esfuerzo realizado.
Son escritores de la época Natalicio Talavera; el patricio Manuel Pedro de Peña, que conoció largos años las prisiones y dejó unas célebres Cartas contra la tiranía de López, su pariente; Juan Crisóstomo Centurión, historiador de la Guerra, autor de Memorias o sea Reminiscencias Históricas (Buenos Aires); Gregorio Benítes, Berges, Escalada, el padre Maíz y otros.

[3. Romanticismo - Novecentismo]
Después de la Guerra, iniciado el período constitucional, surge en el ambiente patrio la pléyade cultural contemporánea de estudiosos, escritores e investigadores, que estructura intelectual y espiritualmente el Paraguay moderno.
Figura en ella José Segundo Decoud (1848-1909), miembro de la Convención que dictó la Constitución Nacional. Escritor jurídico, educador y literato, tradujo la obra de Alden: La Ciencia del Gobierno (Asunción, 1877); publicó importantes ensayos (La Educación, Recuerdos Históricos, etc.), y es autor del primer ensayo sobre la literatura patria: La literatura en el Paraguay (Asunción, 1889).
Su coetáneo Juan Silvano Godoi es una figura legendaria en la historia de la cultura nacional. No de otro modo lo evocan críticos como Silvano Mosqueira y Justo P. Benítez. Fue uno de los redactores de la Constitución, periodista y diplomático; pero, ante todo, literato, historiador y amante de la belleza; era la labor cultural el eje de su vida. Entre numerosos trabajos dejó: Monografías históricas (Buenos Aires, 1893), Últimas operaciones de Guerra del General Díaz (Buenos Aires, 1897), Mi misión a Río de Janeiro (Buenos Aires, 1897), El Barón de Río Branco (Asunción, 1912), El asalto a los Acorazados (Asunción, 1919), etc.
Educado en el Colegio Argentino de Santa Fe, exilado veinte años en Buenos Aires, viajero en Europa y conocedor de sus obras de arte, gastó una fortuna en formar notable pinacoteca y una selecta biblioteca americana de 20.000 volúmenes, que aportó a su patria. «Era un hombre del Renacimiento, violento, señorial y generoso», dice Pastor Benítez. «Era un esteta», dijo el doctor Domínguez.
El doctor Cecilio Báez es otra de las grandes personalidades intelectuales patrias. «Ningún hombre ha ejercido -se ha dicho- tanta influencia como él en la formación de la cultura nacional». Como investigador reivindicó la figura de Irala y atacó la tiranía de Solano López, aunque después procuró justificar el despotismo de Francia. Maestro de la juventud, aún hoy en la ancianidad sigue siendo un expositor de ideas.
Toda una enciclopedia es su producción cultural, en la que figuran: Cuadros históricos del Paraguay (Asunción, 1907), Ensayo sobre el Dictador Francia y la dictadura en Sud América (Asunción, 1910), La tiranía en el Paraguay (Asunción, 1903), Introducción a la Sociología (Asunción, 1903), Política Americana (Asunción, 1925), The Paraguayan Chaco (New York, 1904), Historia Colonial del Paraguay (Asunción, 1926), etc.
Manuel Gondra, humanista de extraordinaria cultura y de erudición excepcional, fue el literato preclaro -18- cuyos trabajos -contados- perduran inatacables ante los cambios de tiempos y escuelas. Se le señala como el maestro ilustre que supervive a su época. Su obra sobrepasó las fronteras: Leopoldo Alas le menciona; Salvador Rueda afirmó que su ensayo sobre Darío era el más profundo que conocía; Paul Groussac respetó la fuerte personalidad del crítico.
Su monografía En torno a Rubén Darío (Asunción, 1899. Instituto Paraguayo) -por el cual el gran poeta le denominaba «mi ilustre demoledor del Paraguay»- le presentó al mundo intelectual hispanoamericano como un maestro de la crítica. Escribió célebres discursos, tal el dedicado a la memoria de Alberdi. Su análisis del antiguo Catecismo de San Alberto, preceptuario político y moral reaccionario del tiempo de Carlos Antonio López, es recordado como un modelo en su género; así como sus estudios sobre temas guaraníticos e históricos.
Aunque ejerció poderosa influencia en su patria, escribió poco. «El ansia de perfección detenían su pluma; la política terminó por esterilizar su porvenir literario... Su influencia espiritual -resumimos- provino de la cátedra. Sus discípulos vieron en él un orientador de conciencia».
El historiador Blas Garay, aunque desaparecido en su juventud, dejó en pos de sí obra fecunda. Literato e investigador, visitó los archivos españoles y rioplatenses editando una valiosa Colección de documentos relativos a la historia de América y particularmente del Paraguay. Escribió un notable tratado de Historia del Paraguay, un ensayo sobre La Independencia del Paraguay (Madrid, 1907) y otro sobre El Comunismo de las Misiones de la Compañía de Jesús en el Paraguay. Sus obras son modelo de casticismo, y, dejando aparte algunos aspectos polémicos de ellas, producciones de un gran literato. «Blas Garay -se ha dicho- señala con Rui Díaz de Guzmán en el Coloniaje, y Mariano Antonio Molas en el siglo XIX, las tres etapas de la literatura histórica en el Paraguay».
Fulgencio R. Moreno pertenece asimismo al grupo de los consagrados. Escribió Estudio sobre la Independencia del Paraguay (Asunción, 1911), La Ciudad de Asunción (Buenos Aires, 1926), Paraguay-Bolivia, I-II-III Parte, producciones, las tres, fundamentales. Conoció profundamente los acontecimientos que precedieron y subsiguieron a la Independencia. Clásica es su obra sobre los orígenes de Asunción, y sus volúmenes referentes a los límites con Bolivia fueron oficialmente patrocinados por el Estado.
Visitó las bibliotecas de Buenos Aires, Río y Santiago de Chile. Como Garay y, en general, los escritores de su generación, fue escritor galante y castizo. Poeta, en su juventud, amaba con espíritu ecléctico los clásicos antiguos y los grandes maestros contemporáneos.
Fue el doctor Manuel Domínguez, no otro maestro de la juventud, sino acaso durante largos años el guía más popular de ella. Erudito que impresionó la atención del historiador español Morayta; filósofo de la historia, pensador y crítico, dejó huellas profundas en el pensamiento patrio. Su labor fue reconocida como concienzuda, minuciosa y originalísima en el extranjero.
Disciplinado en el estudio de Renan y Sant-Beuve, de Taine y Macaulay, amante del aticismo de Valera y de los clásicos, dejó páginas literarias admirables, como las iniciales de La Sierra de la Plata (Asunción, 1904), dignas de la más exigente antología. Escribió El Alma de la Raza (Asunción, 1918), Cartas sobre Menéndez y Pelayo (Asunción, 1902), La Constitución del Paraguay (Asunción, 1909) y numerosos opúsculos sobre los antecedentes coloniales en la cuestión del Chaco, a la que dedicó largos años de estudio, siendo tema capital de sus investigaciones.
Domínguez fue intérprete de la historia antes que historiógrafo, él incursionó en las penumbras del coloniaje «con método que ha merecido el elogio de las autoridades en la materia». Develó las leyendas de «Eldorado», de la «Tierra de los Césares», y conoció como nadie los momentos iniciales de la vida argonáutica de los buscadores de la «Sierra de la Plata».
De tendencia filosófica espiritualista, fue «precursor de las nuevas corrientes que traducen la inquietud de la nueva generación frente al problema del destino en el universo». Talento múltiple, cultivó el derecho, la filosofía, las ciencias naturales, la historia y, con éxito, la filología guaraní.
Arsenio López Decoud, de la familia de los López mandatarios de la Nación, es crítico distinguido y esteta. Conocedor de las literaturas europeas, ha escrito estudios minuciosos e interesantes, tal el consagrado a Oscar Wilde (Asunción, 1915), y otros sobre Remy de Gourmont, Baudelaire, Musset y Verlaine. Contribuyó también con trabajos históricos y geográficos a la obra de la cultura nacional.

[4. Otros nombres de época]
El escritor Héctor F. Decoud especializose en los estudios referentes a la actuación de Solano López y a los acontecimientos trágicos de la Tiranía y de la Guerra, escribiendo en forma condenatoria para López. Publicó documentados volúmenes sobre Una década de la vida nacional: 1869-1880 (Asunción, 1925), La Masacre de Concepción (Buenos Aires, 1928), Dos páginas de sangre (Asunción, 1925), La Revolución del Comandante Molas (Buenos Aires, 1930), etc. En el mismo sentido, el doctor Arturo Rebaudi publicó diversos volúmenes de crítica histórica: Guerra del Paraguay (Buenos Aires, 1920), La Declaración de Guerra (Buenos Aires, 1924), etc.
Finalmente, distinguiéronse en distintas investigaciones de carácter histórico y crítico: Juan F. Pérez, dilucidador de diversos temas de erudición sobre el pasado; Alejandro Audibert y el doctor Mallorquín, que estudiaron los límites de la antigua Provincia del Paraguay; Gregorio Benítes, con sus importantes Anales Diplomáticos (Asunción, 1906); Enrique Solano López -hijo del mariscal López- bibliógrafo meritísimo y bibliófilo; Diógenes Decoud, autor de la notable obra La Atlántida (París, 1885), evocación de la América con un interesante capítulo consagrado al Paraguay, que suscitó críticas y motivó un opúsculo del doctor Domínguez1; Gomes Freire Esteves, autor del ensayo El Paraguay Constitucional (Asunción, 1920).
Laborioso difundidor de la cultura literaria e histórica es el literato Silvano Mosqueira, biógrafo meritísimo, autor de ensayos y semblanzas sobre personalidades patricias y hechos memorables, cronista de bellas y generosas evocaciones, y uno de los grandes propulsores y animadores en el mundo intelectual paraguayo. Escritor idealista y patriota, ha publicado: Semblanzas Paraguayas (Asunción, 1908), Ensayos (Asunción, 1902), Nuevas Semblanzas (Asunción, 1937), Juan Silvano Godoi (Asunción, 1935) y numerosos volúmenes, monografías y opúsculos.
Con espíritu de luchador, el escritor Natalicio González goza de renombre entre los modernos. Su nota es el nacionalismo en la labor histórica -reivindicando la personalidad de López- y el amor a lo vernacular en la obra literaria. Tiene publicado El Paraguay eterno (Asunción, 1935), Solano López y otros ensayos (París, 1926), Baladas Guaraníes (París, 1925), etc.

[5. Los profesores]
Entre los escritores consagrados a la enseñanza figura el profesor Ramón I. Cardozo, redactor de obras pedagógicas, que se ha distinguido en los últimos tiempos con el aporte de una documentada investigación histórica sobre la región de El Guairá.
El doctor Manuel Riquelme, pensador y pedagogo conocido en el extranjero, donde ha dictado cátedras de psicología, es autor entre numerosos y serios trabajos, de tres libros modernos de educación: Esfuerzo, Aspiración y Solidaridad, que han merecido el elogio de la crítica, así como su tratado de Psicología, de texto en la Argentina. Pero su obra capital es Filosofía y Educación (Asunción, 1934), donde analiza las doctrinas de Husserl, Vidari y Krieck en sus relaciones con la educación, obra de pensador y de maestro. Débese a él la creación de la Facultad Libre de Humanidades.
Hase distinguido también el profesor Juan Vicente Ramírez, como sociólogo y crítico, y como autor de una Introducción al estudio de la Filosofía (Asunción).
Representante de las letras paraguayas del presente, del humanismo y la cultura clásica, es el doctor Adolfo Aponte. Como Gondra, parco en el producir, sus trabajos alcanzan, cual los del maestro, singular perfección. Es autor de críticas sobre el purismo en el idioma y de estudios históricos, entre ellos el notable opúsculo Un libro del señor Godoi (Asunción, 1926).

[6. El grupo de 1925]
Efraím Cardozo, joven y ya consagrado escritor, ha merecido ser considerado continuador de la gloriosa tradición de Garay y Moreno. Son notables sus contribuciones: El Chaco en el régimen de las Intendencias, La creación de Bolivia (Asunción, 1930), Aspectos de la cuestión del Chaco, El Chaco y los Virreyes, La Audiencia de Charcas y otros trabajos notables. Conocedor de los archivos asunceños y rioplatenses, de extensa cultura bibliográfica, sus tesis tienen el valor de las producciones científicas.
Justo Pastor Benítez, periodista brillante, diplomático e historiador, es escritor cuyo renombre ha traspasado las fronteras, contribuyendo poderosamente con ágiles e interesantes divulgaciones a hacer conocer en el Río de la Plata los hombres, la historia y las cosas del Paraguay. Sus ensayos: La vida solitaria del Dictador Francia, La Constitución del 70, Sobre el liberalismo paraguayo, Algunos aspectos de la literatura paraguaya (Río de Janeiro, 1935) y Bajo el signo de Marte, son obras del literato en las que impera un noble hálito de modernidad y libertad.
A esta generación del Paraguay moderno, henchida de nobles ideales y de inquietudes del áspero presente, pertenece el sociólogo, pensador y crítico Justo Prieto. Sus obras, conocidas en la Argentina, el Uruguay y el Brasil, son las de un estudioso adueñado del talento de la exposición, y en ocasiones las de un maestro. Tal le revelan sus Ideas para la concepción de la juventud universitaria (Buenos Aires, 1937) y su Síntesis sociológica (Buenos Aires, 1937), notable tratado de gran valor crítico, expositivo y pedagógico.
Alejandro Marín Iglesias es uno de los más jóvenes escritores paraguayos, no obstante lo cual alcanzó justa nombradía por sus diversos trabajos, especialmente por sus Cartas a la juventud paraguaya (Buenos Aires, 1937), en las cuales habla un espíritu advertido, aleccionado, que en la postguerra y en la lucha adquirió tempranamente el tono sereno de la experiencia.
H. Sánchez Quell, joven profesor, es otro representante del Paraguay de hoy. Aparte de diversos estudios de literatura y de crítica, ha producido la interesante y documentada Política internacional del Paraguay; de 1811 a 1870 (Asunción, 1935), obra fundamental en su género.
Carlos R. Centurión pertenece asimismo a la joven generación. Destácase en ella por sus estudios literarios, expositivos y críticos, y ensayos como el consagrado a Los Hombres de la Constitución del 70 (Asunción, 1938), que revelan al escritor que conoce y ama la patria legendaria y sus hombres.
Son escritores dignos de mención, igualmente, el doctor E. Bordenave, estilista exhumador de curiosidades históricas; Policarpo Artaza, poeta y escritor de elevados ideales; Marcos Morínigo, culto filólogo y crítico; Antonio Laconich, investigador en materia histórica; L. Chase Sosa, autor de estudios sociales; Roberto Velázquez, poeta y estilista en sus comienzos, espíritu culto y autor del volumen Ambiente de Guerra en Europa (Buenos Aires, Editorial Tor).
Ángel Vargas Peña, a quien se debe la original e interesante monografía El Mayor José Ildefonso Machaín ¿Traidor o Prócer? (Buenos Aires, 1933); José F. Bazán, de cuyas Divagaciones literarias (Asunción, 1934) se ocuparon Pedro González Blanco y Palacio Valdés; Benjamín Vargas Peña, analista de la figura del dictador Francia en su obra Vencer o morir (Asunción, 1933); el doctor Pedro P. Samaniego, pensador, autor de elegantes trabajos críticos sobre Anatole France, la literatura española, y de Diálogos filosóficos inspirados en la escuela del divino Platón.
G. Cardús Huerta, interesante personalidad intelectual, que en Arado, Pluma y Espada (Asunción, 1912) se anticipó a idearios internacionales posteriores; el doctor Luis de Gásperi, prestigiosa figura representativa de la literatura jurídica doctrinal, espíritu disciplinado, tratadista y literato, que, ha estudiado la obra del poeta Leopoldo Díaz; el doctor Félix -26- Paiva, escritor jurídico, autor de obras fundamentales; el doctor Luis Argaña, a quien se deben tratados jurídicos importantes; el doctor R. Sapena Pastor, escritor y economista; el doctor Teodosio González, que corona su nombradía, alcanzada en los estudios consagrados al derecho penal, con su libro Infortunios del Paraguay, análisis sincero de la sociología nacional.
Juan Stefanich, novelista en Aurora, y crítico en Hacia la Cumbre; el profesor Jover Peralta, estudioso del Arcipreste de Hita y otros clásicos españoles; el doctor Ovidio Rebaudi, especializado en la literatura espiritualista y metapsíquica. Julio César Chaves, recientemente incorporado a la literatura histórica con la importante producción Historia de las Relaciones entre Buenos Aires y el Paraguay; 1810-1813 (Buenos Aires, 1938); el doctor Enrique A. Sosa, jurista y orador; Alberto Rojas, malogrado investigador del pasado, etc.

[II. Géneros y movimientos]

[1. Poesía]
La poesía en el Paraguay no tiene, como en otros países hispanos, antecedentes coloniales, si no queremos mencionar -y ello sería sólo a título de curiosidad literaria- el caso del fundador del fuerte de Asunción, Juan de Salazar, recientemente estudiado.
Durante los momentos iniciales, las trágicas inquietudes de la búsqueda de la Sierra de la Plata, los tormentosos que subsiguen y culminan en la célebre Revolución Comunera, los de la Emancipación, los de la dictadura de Francia o los de Don Carlos Antonio López, el Paraguay carece de poetas.
El primer cantor aparece durante la guerra del 70: es Natalicio Talavera, nacido en Villa Rica (1837) y muerto en el campamento de Paso Pucú. Recordado como el Tirteo paraguayo (frase de Andrade), deja un Himno y diversas poesías patrióticas, cuyo principal mérito es el de haber sido engendradas en la zozobra de la vida de trinchera. Fue también prosista, colaborador de El Semanario, el segundo periódico que apareció en el país (1852). Su nota es el patriotismo alentador y el dolor ante el terruño invadido:

... ese suelo inocente y hermoso
que al gran río le debe su nombre.

Cultivaron su mismo género Enrique Parodi, Juan José Decoud y Venancio López. En la generación subsiguiente a la Guerra, un nombre inolvidable ha de recordarse al historiar la poesía paraguaya: es el de Victoriano [sic] Abente que, aunque no nacido en el país (era español), representa la nota más honda, sugerente y popular de la poética paraguaya en su época. Sus estrofas sonoras, castizas, cantan temas típicamente paraguayos, tal La Sibila Paraguaya, El Salto del Guairá, El Oratorio, páginas hoy antológicas. Su Balada, hermanada con la música nativa, alcanzó la gloria de adentrarse en el corazón del pueblo que aun hoy canta con ritmos típicos:

Era una noche de luna
estando en el Paraguay
aspirando el grato aroma
del frondoso naranjal...

Hacia el novecientos, descuella en el parnaso nacional una pléyade de poetas que pasa merecidamente a las antologías. Juan E. O'Leary representa en ella unas veces la exaltación de las glorias nacionales: El Alma de la Raza (Asunción), otras el lamento en recuerdo del indio guaraní (¡Salvaje!), otras el sentimiento elegíaco ante la pérdida del ser querido.
Dice en una ocasión Salvador Rueda: «Me ha impresionado vivamente, como si fuera una figura real, el indio puesto en pié para siempre por O'Leary» -refiriéndose a los sentidos sáficos de ¡Salvaje!:

De las entrañas de la selva virgen
la luz espera en su dormir de siglos
-último resto de una raza altiva
el indio bravo.

O'Leary alcanzó el renombre de que goza, acaso más que por su obra poética, por su labor de historiador y polemista. Reivindicador del pasado patrio, historió la Guerra en numerosas obras fundamentales, de fuerte tono nacionalista, idealizando la figura del mariscal López y otros héroes de la contienda. Es autor, en este sentido, de Nuestra epopeya, El Mariscal López, La Guerra de la Triple Alianza, El Libro de los Héroes, etc.
Ignacio A. Pane es asimismo cantor de tópico nacionalista (El héroe de Curupayty, Oda al Paraguay, A Pedro Juan Caballero) y de las sugerencias populares del terruño (El Pombero, El Ybapurú); pero su notoriedad nació de las estrofas sobre La mujer paraguaya, abnegada heroína reconstructora de la nacionalidad que dejó vacilante la Guerra. Las poesías de Pane, como algunas de O'Leary, fueron traducidas al italiano y al portugués. El poeta era además profesor meritísimo, sociólogo y crítico literario, siendo mencionado encomiásticamente en el extranjero su tratado de Sociología.
Fulgencio R. Moreno escribió bellas y castizas estrofas (El Cerro de Yariguaá, Neblinas, etc.). Figura interesante de esta pléyade es la de Francisco L. Bareiro, que deja composiciones sugerentes y originales (Espuma, Humaitá). Son recordables las estrofas de Juan R. Dahlquist, Marrero Marengo, Delfín Chamorro, Freire Esteves, Roberto Velázquez, Héctor Blomberg, Jiménez Espinosa y Pérez Martínez.
Sin embargo, es Alejandro Guanes la personalidad de la época, del cual se ha dicho que, por antonomasia, «es el poeta». Ya en sus comienzos fue premiado en certámenes extranjeros. Sus ritmos adquieren posteriormente el encanto de la evocación, de la añoranza y del misterio. Recuerda las leyendas de las casas antiguas. Traduce maravillosamente Ulalume de Edgard (sic) Poe, y a Olavo Bilac.
Su obra, en contacto con la acritud de una vida trágica, adquiere tonalidades personales de honda emoción. Es así que escribe Ciencia ignara, Mi Cristo, y Las Siete Palabras. Finalmente, lega sus meditaciones, que aparecen póstumas, tituladas Del viejo saber olvidado..., poéticas prosas maeterlinckianas, breviario elevado y sutil de un teósofo. Sus poesías fueron editadas en el volumen De paso por la vida (Asunción, 1936).
Respecto a Guanes, ha dicho el doctor Domínguez:

Le inquietaba el enigma de este mundo incomprensible... Quebrantó su mente con la cuarta dimensión, y acabó, como Amado Nervo, por descansar en ideas teosóficas, y en la filosofía de Maeterlinck, indecisa, pero promisora de esperanzas infinitas.

[2. Farina Núñez]
En parangón con Guanes se ha colocado a Eloy Fariña Núñez, adiestrado en la técnica poética tras larga educación humanista. Gran poeta de mentalidad clasicista -adquirida en un seminario- fue a la vez autor de importantes estudios de crítica y estética, aparecidos en la prensa argentina. Su obra, empero, fue de poeta, siéndolos hasta en las narraciones Las vértebras de Pan (Buenos Aires, 1914), donde aparece Bucles de Oro, página impresionante premiada por La Prensa de Buenos Aires y que le consagró como escritor rioplatense.
Canto Secular es acaso el poema de más aliento del parnaso paraguayo. Evocación trascendente y a la vez sentida del Paraguay a través de los tiempos y en su vitalidad continental presente. Canta el poeta la Asunción legendaria:

... muy noble y muy ilustre,
la ciudad comunera de las Indias.

Evoca la sorprendente naturaleza paraguaya, la tradición guaraní, las expediciones argonáuticas en pos de Eldorado, la tragedia comunera, el horror de la Guerra, las inquietudes del período constitucional, y un fuerte aliento de modernidad y libertad recorre todo el poema, al que corona la expresión de elevados ideales y en el cual se condenan los errores y las luchas inhumanas:


Bendita sea y respetada siempre
la libertad, el don más elevado
después del don supremo de la vida...

Maldita sea la implacable guerra,
maldita la ambición que la provoca,
maldito el odio torvo que la enciende...

... Y nunca vuelva
a ensangrentar el suelo donde duermen
inmortalmente nuestros padres todos!

Paz! como manda el nacional escudo!

La obra poética de Fariña Núñez está contenida en el volumen Cármenes (Buenos Aires, 1922). Dejó diversos volúmenes de crítica (Conceptos estéticos, etc.).

[3. Modernismo]
Posteriormente a los escritores mencionados, nuevas pléyades se imponen. Aparece Ortiz Guerrero, poeta del dolor, que matiza al modo rubendariano íntimas -32- tragedias y desesperanzas. Algunas de sus poesías fueron incorporadas a la canción mediante las inspiradas creaciones del maestro Flores. Dejó Pepitas (1930), Surgente y otros volúmenes.
Facundo Recalde es inspirado poeta de nuestros días. En su volumen Virutas Celestes (Asunción, 1926) y en las demás composiciones suyas, da al parnaso paraguayo la nota de la ruptura con las perspectivas del pasado.
Vigorosa personalidad de poeta luchador es la de Julio Correa, de mina popular y a la vez refinada, que inquieta hoy los cenáculos literarios. Canta la injusticia social y el dolor de los humildes, con técnica admirable, en estrofas acres, vibrantes, del presente áspero. Cultiva con éxito la poesía y el teatro en lengua guaraní, habiendo obtenido merecidos triunfos.
Pablo M. Ynsfrán es poeta pensador, de entronque espiritualista. A un hombre, Cántico inmortal y otras composiciones suyas son de mérito técnico y doctrinario y de fuerte inspiración. Profesor y crítico literario; su prosa es la de un espíritu sometido a la disciplina del estudio.
Heriberto Fernández es malogrado cantor de Voces de Ensueño. Francisco Ortiz Méndez, vate laureado, evoca el aspecto romántico y caballeresco del pasado, es obra de aliento su poema sobre la antigua «Santa María de la Asunción» (1932). Arnaldo Valdovinos afirma su nombradía con El mutilado del agro (Asunción, 1935), impresionante poema de la postguerra, de acento trágico y rebelde, donde canta el dolor de los sacrificados en la lucha. Herib Campos Cervera, poeta, pensador, profesor, crítico de cultura filosófica y científica, con el cual resuenan en el Paraguay los ritmos desconcertantes y predimensionales al servicio de las ideas presentes.
Vicente Lamas, delicado poeta, director de la popular revista Guarán; Rodríguez Alcalá, Raúl y Eladio Battilana de Gásperi, José Concepción Ortiz, Julián Villamayor, Molinas Rolón, Jorge Báez, autor de La Canción de la Epopeya; Leopoldo Ramos Jiménez, poeta e investigador de la historia y la geografía; Manuel Campaya, poeta, cuentista y feliz cultivador del humorismo; Gómez Serrato, autor de Yasy-yateré (Asunción, 1930); Narciso R. Colmán, poeta en lengua guaraní, paremiólogo y folklorista, creador de Ñande-ypy-cuera (Asunción, 1930): el malogrado Federico García, crítico y ensayista de Mosaico (1920); Toranzos Bardel, autor de Piedras vacilantes (1935) y otros, integran la brillante pléyade.

[4. Teatro]
Impónense en el incipiente teatro nacional Arturo Alsina, varias veces aplaudido y que se distingue en la prensa, en el volumen y en la escena; Eusebio Lugo, autor de La Chala; el aplaudida comediógrafo Luis Ruffinell, autor de Sorprendidos; Arnaldo Miriel; el popular Julio Correa, propulsor del teatro en lengua guaraní, y otros.

[5. Literatura femenina]
No ha faltado la representación femenina en las letras paraguayas. Inició el movimiento cultural en este sentido la doctora Serafina Dávalos, espíritu valiente e idealista al que se debe la interesante tesis Humanismo integral, de sana doctrina aleccionadora para la mujer paraguaya4. Figura descollante es la de Teresa Rodríguez Alcalá, cultivadora de la leyenda patricia, autora de Tradiciones del Hogar, que ha merecido la traducción y el comentario. Dora Gómez Bueno de Acuña es delicada poetisa de elevado idealismo. Enriqueta Gómez Sánchez, que en Oro y Acero (Buenos Aires, 1936) y Ofrendas (1939) rinde tributo al amor patrio y al ensueño. Ida Talavera de Fraccia, escritora de fuerte personalidad, creadora de evocaciones llenas de emoción; Josefina Sapena Pastor, autora de Naranjos en Flor; Concepción Leyes de Chaves, prosista, conferencista y autora de interesantes estudios guaraníticos, y otras.

[6. Antologías]
Tres antologías nacionales recogieron, finalmente, la producción poética patria. La de José Rodríguez Alcalá, Antología Paraguaya (Asunción, 1910), la colección de Pane (Poesías Paraguayas) y el Parnaso Paraguayo (Asunción, 1911) de Fleytas. El profesor De Vitis editó otro Parnaso Paraguayo en la casa Maucci de Barcelona.

[7. Literatura del Chaco]
Así como la Guerra de la Triple Alianza originó una enorme producción bibliográfica, la reciente del Chaco fue tema de inspiración y de investigación en lo histórico, en la polémica y en la literatura. Así, Arnaldo Valdovinos produjo Cruces de Quebracho (Buenos Aires, Editorial Claridad) y Bajo las Botas de una bestia rubia (Asunción, 1933), vibrantes relatos del joven poeta, que fue combatiente. Justo P. Benítez escribió Bajo el signo de Marte, bellas crónicas vivientes de la contienda (Montevideo, 1934). José D. Molas, Polvareda de Bronce (Asunción, 1934), impresiones del frente, sentidas y veraces. Silvio Macías, La selva, la metralla y la sed; cuadros de la Guerra del Chaco, por quien, como médico, asistió también a la contienda europea en las trincheras francesas. José (S) Villarejo, Ocho Hombres, notas gráficas y realistas.
Aparte de las contribuciones históricas y críticas, la reciente lucha engendró ésta y otras narraciones literarias, nerviosas, sentidas, como nacidas bajo el signo de las similares de Remarque en la postguerra europea.

[III. Resumen]
De la somera enunciación realizada hay que deducir que la literatura en el Paraguay ha sabido cristalizar en el campo de la poesía, y, en forma sobresaliente, en el campo de las investigaciones de la historia y de la crítica, aunque no en el de la novela y el teatro. Pero que en su conjunto, novísima, acaso la más joven de América, de reciente eclosión, ha recorrido en los escasos lustros que cuenta de existencia, luengo trecho en el camino de la evolución.
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ANOTACIONES - RAÚL AMARAL
(San Lorenzo Ñú Guasú, 1980)

Explicación
El ensayo del doctor Díaz-Pérez sobre Literatura del Paraguay aparece precedentemente tal cual él lo escribió y fue impreso, salvo alteraciones de detalle alusivas a nombres, apellidos o algún título de libro. Para una mejor comprensión del lector contemporáneo corresponde advertir que, en el cuidado de esta edición, se han seguido los siguientes lineamientos:
1. Los títulos de encabezamiento y los subtítulos, que figuran entre corchetes, no se hallan en la versión original. Sin embargo, se los ha ubicado respetando el ordenamiento expositivo del autor.
2. Se ha procedido a formular aclaraciones sobre determinados autores, dejando a la vez explicadas las mutaciones cronológicas o temporales al quedar algunos de ellos fuera de la compañía de sus coetáneos.
3. Las llamadas de pie de página puestas con número por el doctor Díaz-Pérez en la versión original, han sido sustituidas por letras minúsculas (a, b y c), ampliándose al mismo tiempo sus referencias.
4. En la bibliografía usada por el autor se completan los datos por él ofrecidos, además de haber incorporado a aquellos escritores que en el texto carecen de especificación de obra.
5. Sigue a lo anterior una breve lista de quienes no publicaron en los años próximos a la redacción del ensayo, sin perjuicio de que lo hicieran más tarde. Igualmente se cita a los que, si bien mencionados allí, no habían aún editado.
6. En la generalidad de los casos el límite bibliográfico llega a 1939, fecha en que el doctor Díaz-Pérez procedió a trazar su recuento. Las excepciones a este criterio son dos:
a) La inclusión de libros o folletos aparecidos subsiguientemente a esa época, pero que por su particularidad pudieran ayudar a definir una posterior actividad intelectual o literaria.
b) Por su parte los escasos artículos que se han agregado y que se ciñen a esta misma idea, mantienen una prelación acorde con su importancia.
7. En cuanto al capítulo dedicado al modernismo cabe señalar que se ha acatado la orientación dispuesta por el autor, con independencia de investigaciones que en nuestros días modifican en forma sustancial todo lo vinculado con sus orígenes, según podrá confirmarse en la introducción al tomo I de esta obra.
8. A fin, de evitar interpolaciones molestas tendientes a desnaturalizar la claridad del texto, han sido pasadas a la tabla onomástica las fechas propias de cada autor, sin perjuicio de que algunas pocas se repitan entre los datos proporcionados por el doctor Díaz-Pérez.
9. La síntesis bibliográfica no es, ni con mucho, exhaustiva. La que aquí se ofrece está unida a ciertos tramos de la actuación del doctor Díaz-Pérez, sin ánimo de trascender el espíritu meramente informativo que la caracteriza. Con idéntico propósito de selección se ha elaborado la bibliografía crítica, reduciéndosela a un marco de época.
10. Una escogida cronología cierra este trabajo, debiendo destacarse al respecto la preferencia que se ha tenido en la fijación de aquellos hechos o trabajos que guardan concordancia con temas y acontecimientos resaltantes en ambos tomos.
El aporte del doctor Díaz-Pérez está ensamblado en la etapa cumplida entre 1911 y 1939, habiendo transcurrido casi cuarenta años desde su publicación. Por eso debe leérselo tomando en cuenta el sector temporal que abarca y consecuentemente las limitaciones a que ha estado sujeta toda búsqueda de fuentes culturales o literarias, en el Paraguay de entonces.
Dicha circunstancia avala y justifica el no desmayado interés de este ensayo.
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Enlace al documento:
“MOVIMIENTO INTELECTUAL Y LITERATURA EN EL PARAGUAY”
TABLA ONOMÁSTICA
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(DE LOS DÍAS COLONIALES A 1939)
prólogo por RUBÉN BAREIRO SAGUIER ;
anotaciones RAÚL AMARAL
Edición digital: Alicante :
N. sobre edición original:
Edición digital basada en la de
Palma de Mallorca, Luis Ripoll, 1980.
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