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miércoles, 15 de septiembre de 2010

NATHALIE BRUEL - ANTOLOGÍA (POEMARIO). Edición, Estudio preliminar, selección: JOSEFINA PLÁ / Alcándara Editora, Colección Poesía, Nº 45, 1986.


ANTOLOGÍA
Poesías de
NATHALIE BRUEL
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
Edición, Estudio preliminar, selección
y versión al castellano de los poemas
de ETINCELLES de JOSEFINA PLÁ
Colección Poesía, Nº 45
© Alcándara Editora
Edición al cuidado de M.E.V.M., C.V.M. y M.A.F.
Diseño gráfico: Miguel Ángel Fernández
Viñeta: Carlos Colombino
Tiraje: 750 ejemplares
Hecho el depósito que establece la Ley 94
Se acabó de imprimir el 29 de agosto de 1986
en los talleres gráficos de Ediciones y Arte S.R.L.
Asunción del Paraguay
1986 (102 páginas)


NOTA EDITORIAL
Al igual que el libro de Renée Checa (Colección Poesía, 39), y por razones parecidas, hoy ALCANDARA edita únicamente una antología representativa del derrotero poético de NATHALIE BRUEL, tanto de los textos de ETINCELLES como de los escritos en español. Asimismo, los DICTADOS DEL SUBCONSCIENTE, que constituyen la tercera y última parte de este volumen, se publican casi en su totalidad.
Agosto de 1986

NATHALIE BRUEL: BREVE TRÁNSITO POR SU POESÍA

ANTECEDENTES BIOGRÁFICOS
Nathalie Bruel Peres nació en 1897, un 10 de noviembre, en Asunción, por más señas en la calle Garibaldi, en lo que hoy se-ría el número 1600 y tantos. Su padre Jean Louis Bruel había llegado, a los veinte años, en 1869; y con algunas chatas o barcas de poco calado, se dedicó al transporte de materias primas y frutos de la tierra, aprovisionando las poblaciones ribereñas del Alto Paraná, en esa posguerra desangrada y pobre. (Más de una vez aprovisionó gratis a esos ribereños. Mucho tiempo después el Gobierno quiso pagarle esos aportes: él no lo admitió). Afincado en el país, contrajo matrimonio en 1896 con Marcelle Peres; y se radicó en Yegros -por entonces casi por entero colonia francesa- con su familia. Falleció en 1915, rodeado del aprecio y afecto no sólo de sus compatriotas, sino inclusive de los colonos alemanes que por entonces eran ya parte de Yegros, y que, olvidando la lucha sin cuartel que por entonces enfrentaban franceses y alemanes en el Marne, abandonaron sus tareas para sumarse al fúnebre acompañamiento.
Nathalie viajó en 1921 a Montevideo, donde permaneció hasta 1926; a Buenos Aires luego, también con prolongada estancia (1926-1932). En ambos lugares tuvo oportunidad para estudiar pintura y adquirir nociones de escultura; actividades que más tarde alternó en alguna medida con la literatura. En 1932, fallecida su madre el año antes, regresó a Yegros, su último y largo puerto. Nathalie no salió ya más del país, ni de Yegros. Por años disfrutó del aprecio de los yegreños; era estimada por su carácter y su trato, reservado pero afable y conversador. Falleció en 1957.

ANTECEDENTES DE NUESTRA TRADUCCIÓN
Sus colaboraciones conocidas en la Prensa local se inician en 1928, fecha en la cual llegaron a la redacción de EL ORDEN unos breves poemas suyos en francés, de los que yo traduje más de uno: el primero apareció el 13 de abril de 1928.
Estos versos fueron enviados a la redacción del referido diario por Vicente Cabrera Cardús, quien había descubierto a la poetisa en Buenos Aires. Había publicado ya antes algunos poemas en un diario de Rosario. Pero nunca un libro. En sus últimos años, ilusionada con ciertas promesas, reunió sus poemas en un cuaderno, con vistas a la esperada edición, y le puso por título el que lleva una de las secciones del presente volumen: CHISPAS (ETINCELLES). Parece que, prolongando la ilusión, proyectó un segundo volumen con trabajos en castellano, el cual intituló DICTADOS DEL SUBCONSCIENTE, del cual una parte se da también en este libro.
A pesar de haber traducido sus poemas sin su pedido, sólo pensando en que la publicación bilingüe ensancharía el círculo de lectores, nunca se cruzó correspondencia entre la poetisa y yo; nunca supe si mis traducciones le gustaron o no. Como ella lo asegura en algún poema suyo, y lo afirman sus allegados, era tímida; y esa timidez la inhibía quizá para entablar relación.
Ya entrados los años cincuenta, en alguna oportunidad RAÚL AMARAL me mencionó a esta poetisa, sin mayor detalle. En HISTORIA DE LA CULTURA PARAGUAYA, de Carlos R. Centurión, y en el INDICE DE LA POESIA PARAGUAYA, de Sinforiano Buzó Gómez, segunda edición, aparecieron ya entre tanto poemas suyos.
Conocí así algunos detalles de su biografía; y otros, casualmente, cuando, ya fallecida la poetisa, tuve ocasión, conversando con gente amiga, de escuchar algo más sobre su vida, y de interesarme por ella. Posteriormente conversaciones con Carlos Villagra Marsal me abrieron la posibilidad de dedicar atención a la obra de otra poetisa franco-paraguaya, de curioso destino, Renée Checa; y automáticamente surgió la idea de reunir en un mismo volumen a Renée y Nathalie, dos poetisas de idéntico origen pero de tan diferente omen. Razones de orden puramente técnico hi-cieron necesario, aún persistiendo en la idea de la publicación, separar los textos; el de Renée apareció el 28 de noviembre de 1985; el de Nathalie, aunque ya por entonces prácticamente ter-minada la traducción, debió esperar un tiempo todavía. Asumimos pues la responsabilidad de presentar a Nathalie Bruel en la forma más eficaz: es decir, traduciendo sus poemas; y también de buscar en ellos, en lo posible, los signos de un secreto itinerario.

TRAS LAS HUELLAS DE LA VIDA SECRETA
Aparte de la circunstancia ya mencionada al hablar de Renée Checa, ( Estudio Preliminar, Sillages (Estelas). Alcándara Editora, Asunción, 1985.) o sea la dificultad con que se tropieza para procurarse datos que vayan más allá de los más elementales y anodinos del registro civil o los familiares (y a veces hasta éstos resultan difíciles de obtener), en el caso de Nathalie la sencillez de su vida ofrece escaso o nulo asidero en hechos concretos.
Vivió, soltera, con sus padres, dedicada a ellos y a sus herma-nos, hasta quedar huérfana. Más tarde, entregada a escribir, a hacer arte también alguna vez, con vocación anónima, en un pueblo no precisamente cercano a la capital -es decir, hasta hace poco, al margen de los ritmos culturales modernos- esa reconstrucción de su personalidad queda librada, aún más que en el caso de Renée Checa, a la interpretación de su oráculo poético.
Lisamente, el vulgo lector -o el lector vulgar- atribuye al poeta -y con más deleite a la poetisa- estar "de cuerpo presente" en sus poemas. Ello es exacto en cierto modo; nadie está más presente y real en sus palabras que el poeta; pero no en el sentido que le da ese lector vulgar.
Inevitablemente, hemos de glosar algo ya manido. El lector vulgar propende a creer que "eso" que está en el poema, es siempre algo biográficamente literal. Pero un poema no es precisamente lo que el poeta fue; es sobre todo lo que pudo ser y no fue; lo que quiso ser y nunca se vio realizado. Y además, en medida nunca abarcada por él mismo, lo que fue sin saberlo y hasta "lo que temió ser". Es todo eso junto, como cualquiera de nosotros: sólo que él es el cínico capaz de revelarlo, aun sin querer: lo que él nos revela, es lo que para nosotros vale. Pero no nos equivoquemos al, apresurarnos. No porque el poeta diga "... voy con la dulzura" hay que ponerse de inmediato "a buscar a la criatura", corno dijo graciosamente Juana. En el caso de Nathalie, sin embargo, por especiales rasgos, se impone creer que ese ser que fue sin saberlo se revela en sus poemas en mayor medida diáfana que en otras poetisas.

SU FORMACIÓN LITERARIA
La lectura de sus poemas -en francés, unos cincuenta; casi el mismo número que Renée; más unos pocos en castellano- no permite profundizar demasiado en lo que podríamos llamar cultura o formación literaria de la poetisa. Espigando cuidadosamente los datos directos o indirectos que esos poemas proporcionan, encontramos testimonio bastante fiable de que leyó alguno de los clásicos griegos y algo de la mitología helénica; la historia de Francia y algo de la universal; tal vez también tal cual obra de la literatura clásica francesa; poca cosa o nada de la española. Más copiosas fueron sus lecturas confirmadas de autores franceses del siglo XIX: Lamartine, George Sand, Víctor Hugo, Balzac, Daudet, Gautier, Pierre Loti (su preferido, de quien tuvo, como de Hugo, todas las obras), Anatole France, Bourdeau, Bourget. Y en cuanto a contemporáneos universales... no era cosa fácil hacerse de ellos en el Paraguay de entonces, y en el campo. (Sin embargo, parientes suyos recuerdan haber visto en sus manos "Cuán verde era mi valle").
Tampoco sabemos si leyó a esos autores franceses en su propio idioma o en español. La casi exclusividad de nombres galos en los títulos que de su biblioteca hemos podido rescatar, no garantiza que los leyese en ese idioma. Nos dicen que sus autores predilectos eran Pierre Loti, Lamartine; de los españoles, sólo recuerdan a Nervo (la huella del verso del mejicano que empieza: "Señor, Señor, Tú siempre"... se intuye en efecto en un poema de Nathalie).
Rasgos aislados sugerirían que alguna vez lanzó una ojeada horrorizada sobre Baudelaire (L Albatros), o sobre el Machado de aquel poema brevísimo y estremecedor de los "ojos en el espejo"; pero podrían ser coincidencias. Ciertos títulos, como "Pluvioso", parecerían inspirados por la lectura de poemas de Renée, con quien mantuvo correspondencia. Pero ignorando la fecha en que se inicia esa correspondencia, no podemos llegar a conclusión cierta: aunque el título podría haber sido puesto en cualquier otra fecha. El paso de Constancio C. Vigil queda, innegable, en sus "Dictados del Subconsciente".
Es seguro que no conoció a las poetisas platenses, las más próximas en tiempo y espacio. No digamos a Alfonsina; si siquiera a Juana de Ibarbourou, que ya desde 1925 a 1926 llenaba las páginas de literatura en Montevideo y Buenos Aires; y, desde 1925 o 26, en el Paraguay, los programas de las recitadoras. (Su entusiasta introductora fue Adalita Ayala Cabeda) O si las conoció, no tuvieron en ella el más mínimo eco. El mundo poético de estas mujeres, proclama de la libre expresión afectiva y reivindicatoria, no es por cierto el de Nathalie Bruel. Leyó en cambio a Gabriela Mistral; pero es difícil encontrar huella de la angustia de amor humano de ésta, en Nathalie. Esta espera hablar con sus muertos "por una eternidad", como la chilena, pero la supervivencia en Nathalie se rodea de un halo diferente, como luego veremos.
La misma elección y utilización perseverante del alejandrino, correctamente medido y acentuado; las formas estróficas limitadas -cuarteto- con esporádicas inclusiones del terceto (en los sonetos) revelan la lectura casi exclusiva de autores no más acá del simbolismo. Aparte Lamartine, es posible haya leído a los poetas colaboradores de la Revue Contemporaine, de la Revue de Deux Mondes y de la Revue de Paris, de la cual nos consta vinieron ejemplares al Paraguay (hubo colecciones de ellas en una venta masiva de libros en Asunción, en 1960 o 1961, procedentes del interior). Si hubo lecturas más recientes o más avanzadas (lo que es difícil, dadas las informaciones), la poetisa se rehusó a su asimilación, de tal manera, que no hay en sus poemas manera de rastrearlas. Su manejo del metro es español no es siempre igualmente logrado.

EL IDIOMA Y LA FORMA EXTERNA
No parece haber utilizado hasta tarde otra forma métrica que el alejandrino; ni otras estrofas que el cuarteto (rimado por supuesto, normal o serventesio: preferentemente éste) y el terceto (en unos pocos sonetos). Se mueve cómoda dentro de este fácil ritmo del verso bimembre.
Algunas veces -raras utiliza otros metros: el endecasílabo (poco) en francés y español; el octosílabo, en castellano. De las letras españolas, como se dijo, no es presumible hubiese leído mucho, en todo caso no mucha poesía; pues a veces, aun en el octosílabo, falla la métrica. En cambio, conocía bien el idioma (que debió utilizar mucho en su vida de relación en Yegros; y además es de suponer tuviera ocasión amplia de ejercitarlo en Montevideo y en Buenos Aires donde, se nos ha dicho, tuvo por un tiempo una escuelita o, por lo menos, una clase particular, de primeras letras).
Hija de franceses cultos, como Renée Checa, Nathalie Bruel cultivó lógicamente, en su hogar, el idioma; no parece haya llegado a hacerlo en colegio más allá de la primaria. Hemos podido apreciar en sus manuscritos bastantes errores lexicográficos (naîvetée, por naîveté; poid por poids; prophane por profane, suporter por supporter, etc.). No errores sintácticos: ello aboga por el cultivo empírico del idioma con personas cultas. Errores -o descuidos- que por otra parte no se acusan en sus escritos en castellano: detalle que sugiere que leyó mucho en este idioma.
La sencillez que podría llamarse externamente "rutinaria" de la vida de Nathalie, añadida a las presumibles y ya señaladas dificultades para la actualización en lecturas (estas dificultades
existían en esos años para los escritores de Asunción; no podían ser menores en Yegros) y la forzosa reiteración de sus vivencias literarias (más aún dada su timidez, ya mencionada), no hicieron seguramente sino intensificar el vuelco a conversión de su pensar y sentir al ámbito del diálogo interior, intensificando el "ensueño". Esta palabra, repetida constantemente a lo largo de sus versos, llega a ser más que tónica, materia de su poesía. Y consiguientemente, también de su caudal expresivo.
A estas condicionantes vino a añadirse la circunstancia que en algún momento puso en sus manos los libros de esoteristas como Krislinamurti y Kardec; afines como Flammarion, o místicos como el propio Nervo. Aunque en la lista de los libros predilectos de Nathalie proporcionada por la familia no figuran Flammarion ni Kardec, la certeza de ese conocimiento se instala por su peso al leer los poemas, donde las alusiones al Karma y a la reencarnación (sin utilizar, empero, sino muy rara vez estas palabras) son evidentes, repetidas y tenaces, hasta formar parte de la estructura sígnica de su poesía (es flagrante, en este particular, el poema Los ojos de Nity).
En cuanto al "detonador" de su vocación, el hecho material o espiritual que cortó en Nathalie el nudo, dando acceso a la vocación, no hay que ir lejos para encontrarlo. La madre de Nathalie, Marcela Peres, dama culta y sensible, escribía en castellano, y publicó algunos trabajos, breves divagaciones al uso de la época, en EL DIARIO, hacia 1907, bajo el seudónimo HELIANTHE (según datos de la familia, a su muerte dejó dos novelas inéditas) y desde niña también Nathalie -es deducción plausible- vio en su casa libros; libros leídos asiduamente y conservados con cariño... motivándola. Sin embargo, estas circunstancias no habrían bastado a despertar en ella a la poetisa, si ésta no hubiese virtualmente estado ya allí: organización mental específica, capacidad de resonancia intensa de las experiencias inmediatas, con una intensidad también peculiar cuya transferencia sensible sólo la poesía puede intentar. (Nunca por completo, por lo demás. Porque la palabra defecciona. No sabemos si algún poeta, en sus aventuras inefables, ha llegado hasta Dios... Pero sí sabemos que no le ha llegado la palabra...)

LA MATERIA DE SU POESÍA
La poesía de Nathalie, al contrario de la de Renée, no ofrece al análisis el asidero cronológico; salvo una media docena de poemas, y dos o tres más cuyas fechas se desprenden de las ocasiones que las inspiraron, ninguno lleva data. Ello hace difícil seguir la progresión vivencial; máxime cuando la poesía gira constantemente sobre los mismos polos significativos. Sólo una cosa parece cierta: la gran mayoría de estos poemas están escritos después de 1931, fecha del fallecimiento de la madre de Nathalie; y después de regresada ella definitivamente a Yegros hasta 1947, y sólo unos pocos en los años siguientes. Algunos pertenecen a un período anterior, el que media entre la muerte de su padre y el de la madre (1915-1931). De ellos, unos cinco o seis fueron publicados en EL PAIS (febrero a diciembre de 1928). Son en total unos 55 poemas, aparte los "DICTADOS".
Esta poesía está transida del más penoso de los sufrimientos: aquel que arranca, paradójicamente, de un obstinado prenderse al ansia de padecer que todos arrastramos como una necesidad ingénita de expiación: el lado masoquista de la psiquis.
Insistamos en que en la vida de soltera huérfana de Nathalie, tal como nos la describen los que pudieron conocerla; si no bonita, tampoco falta de atractivo; simpática en su trato, dispuesta siempre al intercambio gentil de la conversación sobre temas diversos, nunca sucedió nada. Ahora bien, si ello fue así, fue, como se verá, porque la poetisa quiso que así fuera. Pero este vacío lleva su succión hasta el último recoveco del espíritu de la poetisa, y la tortura con la inanidad de una existencia en la cual no se ha vivido sino "la espera de una vida".
Nathalie, en suma, se encarniza en la añoranza de la vida que se le dio como posibilidad, pero para la cual no supo abrirse espiritualmente los cauces lógicos y corrientes -amor de mujer, amor de madre, aventura espiritual-, sustituyéndola por un edificio sólo imaginariamente equivalente, construido con la materia dócil pero imprecisa, efímera, de la fantasía. El edificio se deshace una y otra vez a cada despertar del éxtasis creativo; y hay que reconstruirlo también una y otra vez, siempre orillando la zona brumosa de los sueños.
No es, ésta, antojadiza versión. Alguien, en alguna oportunidad, reprochó a Nathalie la ausencia, en su vida y su obra, del amor masculino. En un poema (en castellano, por cierto), Nathalie responde a esa inculpación. Enumera las cosas de la vida y el mundo circundante que ama, y termina diciendo:
... ¡Y dirán que no he amado, todavía!...
En ese poema dice amar al sol, la brisa, el viento; aquello que es permanente o puede renacer una y otra vez. Parece rechazar, o eludir, cuanto puede ser comunión sensual con lo perecedero. La verdad es que Nathalie volvió sistemáticamente la espalda en sus poemas al amor humano, que renueva la vida consumiéndola. Exactamente como le volvió la espalda en su vida.
La existencia de Nathalie fue, así, también, un sueño; sueño carrousel girando sobre sí mismo, limitado y repetido, construido con la nostalgia, no solamente de lo que fue, sino también -y ésta seguramente es la porción más cruel- de lo que pudo haber sido, aunque su subconsciente (el auténtico, no el de sus "dictados") se rehusase a reconocerlo.
Su poesía se mueve en un círculo que no equipararemos a los dantescos: aunque nos permitiremos pensar que existen otros círculos aparte aquéllos, que Dante no visualizó. Uno entre ellos, aquel en que tendrían cabida las almas que no se realizaron en amor humano, y cuyo tormento consistiría en reconstruir, eternamente, una y otra vez, sus contornos inasibles. Un círculo en el cual el ánima gira sobre ella misma queriendo arrancarnos la túnica del Centauro que es la propia poesía, es decir, la propia verdad. Somos poetas "en virtud de un pecado del cual no somos culpables" y que no terminamos nunca de expiar. Y retomando palabras ya dichas, esta poesía tiene la clave de lo que la poetisa "no supo ser".
El poeta, como el narrador, no escribe en su vida -ya lo han dicho otros- más que un libro: los otros son reiteraciones, o si se quiere, "variaciones" trasladadas a otra clave por el tiempo y el "tempo" vividos. Y Nathalie no podía ser una excepción. Sólo que en ella esa reiteración es angustiosa -culpemos otra vez a la autoimpuesta limitación vivencial- y en ella el único libro se torna único poema.

PALABRAS CLAVES
Sus poemas son eso: estructuras de humo, como la famosa del cuento de Papini. En ellos esta palabra, rêve, se repite, inacallable, como un latido doloroso. Casi no hay poema que no la contenga; en algunos aparece repetida hasta tres veces. Muchos de sus poemas llevan significativamente ese título u otro afín: añoranza, recuerdo, nostalgia, paraíso perdido. Son sus palabras clave.
Otra palabra que aparece obsesiva es flor, flores, y los verbos de ella derivados: florecer, reflorecer. En algunos poemas esta palabra aparece tres y hasta cinco veces. Esa palabra grita en silencio la presencia de la femineidad. Pero ese florecer es inútil: no llega, o la corola está deshojada, o se ha secado. La presencia fálica del torreón destruido o la del pájaro herido cuya queja se ahoga "con consciente crueldad" son alusiones harto significativas, aunque únicas, para insistir en ellas.
Nathalie así se fabrica su propia cárcel. Todos nos la fabricamos en una forma u otra (y el poeta nos da sus instantáneas), pero en Nathalie es patética la manera en que se obstina en hacer aparecer su prisión como cosa grata y hermosa. La vibración masoquista es, por intensa, casi palpable. La poetisa ha amado, en efecto; ha amado mucho, cuando era su deber amarse a sí misma un poco más: ha amado demasiado a sus padres, y lo expía, sin saberlo. La fijación, hecho básico, ha sido definitiva. La muerte de ambos progenitores no redime a Nathalie de esta fijación. Y si en alguno de sus poemas se transparenta un conato de fuga de su cárcel, ello es sólo un pretexto para abrazarse una vez más a su fe "en el reencuentro" con ellos. Un "reencuentro" que representa la recuperación del "paraíso perdido": la dicha vivida en su niñez y adolescencia. Esto merece capítulo aparte.

EL PARAÍSO PERDIDO
Ese "paraíso perdido", sintagma concreto, "leit motiv" estructural de la poesía de Nathalie, se construye en ella en tres grados o estratos que se superponen y comunican entre sí con toda claridad:
El "paraíso perdido" al nacer, por el solo hecho del ingreso en el mundo: lo que lleva consigo la idea de una existencia divina a la cual se renuncia con ese mismo nacimiento; y que para Nathalie es "la reasunción del Karma".
El "paraíso perdido" de la vida, tal como se la construyó sobre el afecto y existencia de los padres luego desaparecidos. A este despojo se superpone quizá otro que se identifica con él o lo paraleliza, semánticamente, en la revelación: Nathalie era hija de inmigrantes, "privados" de una patria que de por sí puede asumir contornos de "paraíso perdido".
El "paraíso perdido" de los afectos humanos y femeninos cuya cimbra es el amor al hombre, a los hijos, a un hogar propio, y que en la intimidad de la mujer mantiene siempre una puerta rebelde a cerrarse, aunque ella no se dé cuenta.
Así, el sueño es para ella "la patria del alma extraviada en la tierra", y con ello la compensación de todas las renuncias y despojos. Con el sueño se reaproxima, vicariante, a sus "paraísos perdidos".
Es difícil leer esos poemas y no darse cuenta de que ese "paraíso perdido" que Nathalie remite al más allá, tiene aún otra equivalencia directa, paralela y próxima, en la existencia misma; es el paraíso perdido del amor, de la ilusión amorosa, "perdido" por la poetisa en un recodo de la vida y de cuyo proceso ella porta los signos: timidez, hurañía, cierre a toda solicitación a su feminidad.
En el mismo poema "Y dirán que no he amado", Nathalie habla de la pasión -o sea el amor humano- como cosa deleznable; y tiene un verso significativo:
... Que la pasión es flor que dura un día...
Nathalie parece haber rechazado sistemáticamente las propuestas de matrimonio. Se nos dan las fechas de éstas: 18 años (Montevideo), 25 años, 26 años, 34 años (últimos tiempos en Buenos Aires). No tuvo ya otras propuestas después de radicada definitivamente en Yegros. Se nos ha dicho que Nathalie profesaba manifiesta repugnancia a cualquier perspectiva de vida conyugal, aunque gustaba del trato y conversación de los varones.
Otros rasgos de su carácter: visitante asidua de hogares de ancianos; vestimenta de monjil recato (gustaba de endosar una especie de casulla de cretona que le cubría los pies), se suman para bosquejar en la introversa poetisa ese caso ya aludido de fijación en los padres, en este breve esquema psicológico.
Varios de sus poemas están fechados en Buenos Aires; guiándonos por esas fechas y apoyándonos en el inevitable aunque velado contenido confesional, nos hemos arriesgado a formular algunas reflexiones sobre la vida interior de la poetisa.
Los poemas a que nos referimos están dedicados a los padres; y aunque el tema es universal, y se han dado en este orden poemas bellísimos, no cabe duda de que también es difícil que estos poemas oculten al análisis, en cada caso, una visión de las relaciones que unieron a padres e hijos y modelaron ciertos aspectos de su vida, en forma definitiva.
En Nathalie, este amor filial totalizador y absorbente no pudo menos que influir en su desarrollo sentimental. Recordemos el poema dedicado a la madre: "Ella era el pensamiento, yo sólo soy el sueño". (Sin pretenderlo, la poetisa ha escrito un verso clásico), Revela su dependencia psicológica en el terreno de la acción. No es arbitrario juzgar que el pensamiento a que la poetisa se refiere es el equivalente de la decisión. Así la poetisa se delata al margen de ésta, entregada al "pensamiento" ajeno, sea éste real o imaginado por la soñadora.
Esta situación desde luego no es rara; Nathalie no fue una excepción: fue un caso más entre innumerables mujeres cuya vida espiritual -y con ella la libre elección de un camino como mujer- se mantuvo y mantiene dentro del círculo encantado del amor paterno o materno, que instrumenta los prejuicios familiares, sociales y otros.
De todos modos, y ateniéndonos siempre al tenor (le sus poemas y a los datos obtenidos, y sobre todo al poema antes citado, Nathalie no conoció nunca el amor-pasión; y esto constituyó, en ella como en Emily Dickinson, aunque por causas distintas, y sobre todo debido a la diferencia de temperamento, el drama de su vida y su poesía. Si hubo en su vida de mujer afanes de amor humano, ahogados éstos desde la subconsciencia, el sueño de amor rehuido se transformó en dechado sobre el cual se diseñó, pertinaz, el contraste entre la visión ensoñada de la vida y su mezquino cumplimiento terrestre: contraste proyectado a su vez contra el horizonte de "una primavera eterna", compensadora, en la cual se yerguen, habitantes por derecho propio, los padres.
En su poesía, junto con la palabra clave, sueño, contrapuesta ésta a la realidad, contraposición grata a los románticos, aparecen, como equivalentes a ese contraste, los grandes pares opuestos: claridad-sombra, noche-día, luz-oscuridad, invierno-primavera. Y el sol, cuando aparece -rara vez- es un sol anómalo que se muestra -otro símbolo revelador- en mitad de la noche... Pero sol y luna -rasgo sutil- no se oponen jamás. (Cuando aparecen, lo hacen juntos --portento ciertamente- en una misma noche, en un mismo poema)

EVASIÓN Y FIJACIÓN
Es pues una poesía característicamente evasiva por las canales del símbolo, en la cual la materia, evasiva también, de los sueños, se prende, para corporizarse, a patrones imaginísticos no siempre nuevos.
La tropología es evidentemente escasa; llega a la carencia en algún poema o se mantiene al nivel del símil. Los significantes repiten sus signos; el significado coincide, palmario, en muchos de los poemas. Se da así la contradicción de una poesía sincera y que, a la vez inconsciente, trata de defender, terca o inútilmente, a la poetisa de la autorrevelación. Con todo, la coherencia de su expresión y su ingenuo fervor la salvan casi siempre de caer en la chatura.
Llega el momento de resumir estas notas.
Se ha dicho ya que Nathalie permaneció en Montevideo varios años (1921-1926); de allí pasó a Buenos Aires, donde residió de 1926 a 1932.
Es posible que tuviese ocasión durante esa estada de ampliar sus experiencias literarias y sus lecturas; visitar exposiciones, recibir lecciones de pintura y escultura si no las recibió antes, etc. En todo caso, una vez anclada definitivamente en Yegros, pinta esporádicamente -sus cuadros son interesantes- y modela. (Una cabeza de De Gaulle fue por ella obsequiada al propio General, quien le escribió una conceptuosa carta).Y sigue escribiendo. Pero sólo algún raro poema lleva fecha después de 1947.
Se comprende su reserva, su timidez, su nostalgia y la sub-consciente desesperanza de una vida que se considera perdida ya para la realización de sueños nuevos. No importa que haya sido ella causante de la situación, al rechazar opciones. Si la vida pasada es recuerdo, el porvenir, además, es para Nathalie sólo vacío. Y temerosa de ese vacío, esquivándolo, proyecta estos sueños a un indefinido futuro: habla de ellos en términos ambiguos, abstractos: "la dicha que vendrá", que se adivina, para ella, vinculada a la muerte, concebida ésta como indulto y licencia feliz para un reencuentro elevado a escala perenne.
Cuando habla de esa felicidad, la actitud de Nathalie no es tampoco siempre de total confianza. Se revela siempre en espera o temor de algo adverso, contra lo cual está dispuesta a reaccionar. Esa adversidad no viene, no llega; pero la poetisa no desiste de esa actitud. En un poema, declara no poder amar el cielo azul, porque el día en que murió su padre el cielo "era muy azul". La recurrencia constante de la palabra sueño cobra de pronto color dramático, con la comparación que la poetisa hace de sí misma con Prometeo, el semidiós encadenado cuyas entrañas devora el buitre eterno. Los símbolos, de nuevo, la delatan. Delatan su subconsciente en lucha constante; y se ahondan, como ciertas caídas de los sueños, en ese "pájaro herido", ahogado una y otra vez con "crueldad consciente".
La primavera fracasada; la flor deshojada, la flor que muere antes de abrirse; la hoja seca, son sus símbolos personales, claros. Fuera del poema que se acaba de citar, no se da en sus versos un vocablo que indique color. Sólo blanco o negro. Lo más aproximado al color es el color plomo y, en un poema aislado, "un rayo de sol, bermejo", en el cual se desvanece lo soñado. "Dictados del subconsciente"
... Un cuaderno escolar, cubierto literalmente por una escritura grande, apretada, de altas lazadas y prolongados trazos inferiores, vagamente infantil, meticulosa, de invariable eje oblicuo, hacia la derecha, que no perdona rasgos ni detalles, visando a la legibilidad, y que hace que cada renglón abarque cuatro, cinco o a lo sumo seis palabras; y que, sin embargo, a veces ofrece a la lectura ambigüedades peculiares. Uno tras otro, máximas, generalmente, o pensamientos morales, postulados éticos, consejos. La mayoría de ellos, escritos en castellano, están en verso: son coplas, quintillas, octavillas, en las cuales es de notar, a la vez, la corrección idiomática -en sintaxis como en ortografía - y la esporádica debilidad de la métrica. Son los que Nathalie rotula "dictados del subconsciente".
En ellos, Nathalie sublima en reflexión el latido profundo de su frustración; se muestra vagamente mística a ratos, a ratos ascética, y hasta estoica; pero con la vista puesta en la vida como camino de perfección.
Titulados así por la autora, son producto de la subconsciencia en la misma exacta medida en que puede serlo cualquier serie de "reflexiones", "divagaciones", "pensamientos", que en la literatura hayan dado expresión a la vida íntima del autor; es decir, tan subconscientes como un mandamiento del Decálogo. Dictados y poesía se complementan perfectamente en Nathalie; en la segunda está "de añadidura" aquello que es su ámbito, lo indecible: en sus "Dictados" expresa por lo común aquello que piensa o juzga lo más aconsejable o recomendable en las relaciones con el prójimo, y que desea comunicarles; "reflexiones morales", en suma.
Estos "Dictados" revelan por un lado quizá la influencia de lecturas de Constancio C. Vigil; por otro el gusto de la "máxima", a que tan afectos fueran escritores españoles del siglo pasado. Y contribuyen también a definir los contornos y dimensiones de un mundo interior, donde reinan la justicia, la equidad, la fe en el futuro, y se contempla el sacrificio de las pasiones y prejuicios como camino de perfección.
La poesía de Nathalie, en suma, sería un tránsito constan-te por caminos circulares donde preside el sueño, y con él, la prescindencia de lo pasional; el vuelco cenital, la humildad. Sin embargo, creemos sentir en ella, bajo la vestidura catecúmena, un remoto tañido orgulloso. ¿Y por qué no? Sólo los que saben despojarse tienen derecho al orgullo...
JOSEFINA PLÁ
Asunción, junio de 1986

AGRADECIMIENTOS
La responsable de esta edición se hace el deber ele señalar la amable colaboración recibida de las siguientes personas: la Srta. María Covadonga García, quien la puso en relación con miembros de la familia Bruel; la Sra. María Luisa Bruel Vda. de Bernardou, quien proporcionó material precioso para su traducción y comentario; el Dr. Eduardo Bruel, quien completó ese material con datos importantes.
JOSEFINA PLÁ.


CHISPAS
(ÉTINCELLES)


LA ETERNA PRIMAVERA
En el jardín las flores aún reflorecerán.
Al hálito vernal, mensaje de esperanza,
brillará nuevamente doquier la nueva aurora.
Y no habrá para ti más que sombras y noche?

No hay una primavera para el alma que llora,
para el alma cansada, ya incapaz de sentir?
Temo tanto muráis, antes de haber vivido,
blancas flores de mi alma olorosas a incienso!

Podrán aún abrirse las mágicas corolas
y las cosas dormidas tener un despertar?
Serás tú, Primavera, el vencedor magnífico
que insuflará su aliento al órgano sin voz?
…………….. .
He sentido en el aire... la savia que ya sube,
y los besos perdidos discurriendo en el bosque...
La duda, también, huir, ante la fe crecida...
La primavera eterna que ya se anuncia en mí!

EL PARAÍSO PERDIDO
Conoces por azar, solitario viajero,
el país misterioso, con que siempre soñamos?
Visión que nos persigue y al instante postrero.
Dichosos días vendrá quizás a recordarnos?

De dónde esta emoción... llamado de lo arcano
que florece en las almas -blanca flor de cuneta-?..
Reflejos de otra vida que buscamos en vano
con alocados ojos... Qué se oculta tras ella?

A dónde van los sueños, las ansias imposibles;
la nostalgia del sitio del cual un día partimos?
Qué amargo sabor éste, que deja lo invisible,
del bello país azul cuyo exilio sufrimos?

Mas tú no me contestas, oh destino inmutable;
morirán los anhelos que nadie ha conocido...
Al llamado incesante, qué silencio implacable,
y qué amarga nostalgia de un paraíso perdido!

TEN PACIENCIA
Si alguna vez el cielo se carga de tormenta
y corre al horizonte oscuro nubarrón,
no murmures que todo a su tiempo se asienta,
y tras el tiempo ñublo, llegará otra estación.

Si la mies se agostó bajo el granizo, muertas
las espigas granadas a punto de segar,
ten paciencia! Bien sabes "que hay derecha y siniestra",
y que "el nido se hace sitio en el espinar".

Si tus ojos atónitos contemplaron la tierra
Oh Gorgona que mata después que te agobió!
el bien viene del mal; y la paz de la guerra...
Espera! Un día una espiga levantará su airón!

No te quejes del tiempo que en su carrera loca
no para. Cree! El destino, que manda, mandará.
Segura estés de que ese viento que te provoca
ahuyentará recelos que no regresarán...

REMEMBRANZAS
Por qué volvéis así, sin pausa, ante mis ojos,
recuerdos placenteros, en mis noches insomnes?
Venís para traerme, desafiando mi angustia,
en mitad de la noche, un rayito de sol?

Para qué ante mis ojos desplegar las primicias
que un destino engañoso simulaba brindar,
y despertar en mí el perpetuo suplicio
de la flor extraviada que se creyó cortar?

Sois para mí un tormento? O quizás un hechizo?
Elixir de amargura, o tósigo en dulzor?
De la pena que mata sois por acaso un arma?
O incienso que adormece loca exasperación?

Yo os amo sin embargo, cruel y dulce cilicio;
Del corazón cizaña, que no puedo segar.
Florecillas colgadas de negro precipicio
que en vano contemplamos sin poderlas tocar!

Amigos o enemigos? Sois lo uno o lo otro?
Con qué palabras vanas os podría nombrar?
De mi creencia sois el infiel o el apóstol?
Incomparables locos, cómo encontraros par?

He sido de vosotros el escudo y el blanco.
Vosotros a la vez mi gozo y mi dolor.
Tormento de mis días, tierna cosa que arranco
de mí unas veces y otras aprieto el corazón!

EL PAÍS DE LAS HADAS
Mi país es aquel donde la palmera se alza
y florece el naranjo bajo un azul perenne...
Donde la hermosa orquídea se mece en las alturas
y se siente pasar el aliento de Dios.

Y es en esa selva donde acuné mis sueños.
Los elfos y silvanos me vendieron su arcano.
La dríada abrazada al tronco moribundo
me hizo en la penumbra tal cual signo discreto.

No te extrañe por tanto si mi indiscreta pluma
te viene a contar cosas que parecen mentira.
La náyade me ha visto en la escondida fuente
inclinarme a las linfas para verla de cerca.

Yo sorprendí en los bosques mil tímidos coloquios.
El helecho me ha dicho lo que le cuenta el viento.
Cuando lloró la noche... húmedo alborea el césped;
y el césped me ha contado que ella llora a menudo.

Yo sé qué mano es la que mece las palmeras,
soberbios abanicos tropical ornamento.
Por qué el rigor que pone la zarza en sus espinas;
y yo he atesorado ese sabor exótico.

Si mis ojos captaron, y todavía reflejan,
la ingenuidad del bosque junto con su misterio,
en ellos podrás ver que tenue vapor duerme:
el jugo del limón o la naranja amarga.

Las flores del guayabo, con los blancos jazmines
en mi corazón funden sus aromas impares.
Esta es la flor que en los jardines se cultiva;
la otra viene del bosque donde juegan los gnomos.

No te sorprendas pues, si me encuentras extraña...
Vengo... vengo directa del país de las hadas...
Mi alma es la de mis bosques y yo soy una mezcla
de hondura y savia; pero también de ingenuidad!...

SUEÑOS
Desfilad ante mí, oh caravanas locas,
sueños azules, júbilo de todos mis instantes.
Descanso a mis cuidados: cuán diáfanos sois!
Qué de emociones traéis, oh gratos sueños blancos!

Posaos suavemente sobre mi frente tímida.
Regresad misteriosos a conversarme, tiernos;
a repetirme dulces: no están vacíos tus días;
de todos modos puede llenárselos, cantando!...

Pero si acaso crueles evitáis mi morada,
un solo instante puede larga visita ser.
Yo os sigo, enamorada, buscándoos a cada hora,
por inconstantes que seáis, yo os sigo amando.

Como quiera seáis, luminosos o rápidos,
o débiles y tenues; inciertos o radiosos,
en vosotros yo vivo! En vuestras aguas límpidas
mi alma se baña como en los lagos del cielo.

LA VIDA
Dijiste: si la muerte pudiera darse prisa!...
Qué es lo que hay en la vida? Yo nada encuentro en ella.
Se da o se envidia, ríes, primero, y luego lloras.
Se ama y se suspira... Después... Sólo el recuerdo.

Pero al hablar así, del todo eras sincera?
No estabas viendo ese niño recién nacido,
náufrago en el escollo de todas las miserias?
Al vientre del martirio tú lo fuiste a parir.

Pues oculta en la estufa donde invisible mano
cuidaba con ardor la planta del quebranto,
crecía la flor velada, todavía invisible,
que a reemplazar vendría al árbol de las penas.
………………. .
Es en la oscuridad donde luce la luna;
en los muros en ruinas florece el albospino.
Una estrella no más, amar te hará la noche;
y una rosa tan sólo, olvidar las espinas.

No. De la vida nunca podremos renegar.
Todo consiste en eso: saberla soportar.
Nunca sabremos sino rogar o maldecir?
Bendícela; que al cabo, ella nos puso aquí!

A PESAR DE TODO
Consuélate, con todo, si el destino te niega
la dulzura de un cielo, o la flor del vivir.
Para hacer su viaje tiene el navío sus velas.
Mi alma, para llegar a los astros, sus alas!...

Sólo existen aquí abajo, cosas efímeras?
Todo sueño es mentira; la esperanza, quimera?
Qué importa! Si mi sueño tuvo un instante alas,
vivió una eternidad, su gozo de un instante.

La vida en llanto pródiga, avara fue de rosas?...
Ella no te ofreció sino melancólicos días,
y el destino embustero que parecía sonreírte
mudaba de repente igual que muda el viento?...

Y qué? Si ya el jardín ya más no florecía
si los brotes floridos morían antes del alba,
en mi corazón ellos siempre renacerán
y en mi jardín secreto florecerán los días!

Que en el edén terrestre no hay flores para mí?
En mi íntimo jardín interior jamás faltó una flor!
Y aunque a mi paso crezcan sólo cosas humildes
por entre las ortigas yo recogeré rosas!

Destino que me creaste tímida, insignificante,
cuanto débil me creas, tanto he de ser valiente.
Si de querer vivir a veces uno muere,
"con todo" una semblanza de la dicha tendré!

AVATARES
Arcanos avatares que mi espíritu evoca.
Oh confusos recuerdos que de lejos venís
entre tantos días muertos, confundiendo las épocas,
de qué tiempos sepultos fuisteis vivos testigos?
…………………… .
Sobre la piedra sacra de algún céltico dolmen
asistiríais quizá a druídicos festines.
Dónde ibas, fiero galo, empuñando tu hacha,
recorriendo los bosques de tu remota Armórica?

Fue tu maestro Platón, tu jefe Dugay-Trouin?
En tiempos medievales fuiste galán trovero?
Fuiste entre los guerreros potente, sarraceno?
Dónde estabas en la época en que reinó Voltaire?

Encarnabas el indio de la tez de ladrillo?
En el claustro, y orante, fuiste hija del Carmelo?
Conquistador serías en las tierras de América?
U oficiante del arte, émulo de Rafael?

Quizás el beduino de amplio y blanco albornoz?
Sabio griego, en los tiempos en que cantaba Homero?
Ojinegra africana machacando el cuz-cuz?
O en el viejo castillo, trémula castellana?

Dónde están tus ovejas? Y tú, viejo muecín!
Has lucido la gola y la peluca rubia?
En el pináculo hoy, desechada mañana,
fuiste acaso en tu aldea la pobre vagabunda?

La avenida de tilos te vio a su grata sombra
escuchar los galanes en tiempos del Rey Sol?
Llevaste escarapela en aquellos días negros,
en que la libertad nació bañada en sangre?

De dónde tus nostalgias? Qué de reminiscencias!
Oh mis pagodas de oro bajo el cielo nipón!
Con tantos viajes adquirí de amor la ciencia.
Crisálida de un día, y mañana pavón!

Quién sabe... sí, quién sabe, dónde estarán tus huellas.
Alma, sigue marchando y bebe tu hidromiel
en el vidrio grosero o el más fino cristal
y cruza las edades para alcanzar tu cielo!
Yegros, 1945

LOS OJOS DE NITY
Hay dos ojos azules que me empeño en mirar,
azul de lejanías, azul gris de horizontes
imantan como el cielo y su fulgor me inspira.
Qué misterio se oculta tras esa amada frente?

Descubre, te suplico, mi niño encantador,
el enigma de esa mirada en que me miro.
Dime si no es la amada de la dulce sonrisa
que a pagar su rescate, según la ley, regresa.

Y sus brillantes ojos así me respondieron,
denunciando el mensaje de la metamorfosis:

"Yo, la nueva mañana, sustituyo a su tarde.
Yo soy el blanco loto de su humus verdoso,
bella ave fugitiva de un sueño de alabastro
y la llama escondida que habitó su ostensorio...!

OLA DE AMARGURA
A veces, fatigada de buscar la sonrisa,
mis lágrimas desbordan tristes el corazón;
y de mi lira entonces brota el son más quejoso,
y en el llar siento el fuego que se extingue y que muere.

Cuántas veces no obstante te habré pisoteado,
mi herido y pobre pájaro que agitaba sus alas,
tratando de exhalar una espantada queja
que yo también ahogaba, con consciente crueldad.

Mas el constante esfuerzo de tensión sobrehumana
se rompió alguna vez... Me doblo bajo el fardo
y vencida de nuevo, cual resto de naufragio,
la ola de la amargura me arrastra en su resaca.

Pero no es así como te quisiera: siervo,
doblándote al dolor que implacable te acecha.
Levántate de nuevo y cede tu escudilla
al más pobre que tú... Tú tienes una meta...!

POEMAS EN CASTELLANO

MI PLEGARIA DE AMOR
Amo, Señor, cuanto en el mundo existe,
todo lo bello que hay en el Universo.
Formas distintas este amor reviste.
Y ésta es de amor una plegaria en verso.

Amo la tarde cuando muere el día.
Mi pensamiento que a ti va cual saeta.
Y porque amo mi alma es melodía
y es por eso, Señor, que soy poeta.

Amor de amores el que en mí palpita,
porque es pura luz, juego sagrado,
llama perenne que en mi ser habita.
^Acaso podrán decir acaso que no he amado?

Amo el recuerdo de las cosas idas.
Voces distintas de la edad temprana,
murmullo suave de una voz querida,
notas perdidas de canción lejana.

El amor que concibo es de ternura;
que la pasión es sólo amor de un día.
Mi cariño con la muerte aún perdura,
que amar para olvidar es cobardía.

Amo las nubes que ligeras cruzan,
la brisa suave que mi frente orea,
los fuertes vientos que mi barca impulsan,
y es en mi mente el soplo de la idea.

Y todo este cariño que se extiende
hacia todo lo que el cielo nos envía,
¿no es acaso la llama que se enciende?
¡Y dirán que no he amado todavía!...
Buenos Aires, 1° agosto 1928

MI POEMA GUARANI
Recuerdo de la niñez
sobre mi pecho apretado,
dulce tesoro robado
al tiempo que arrebató
las ilusiones de otrora,
con los ensueños de niño...
los blancos sueños de armiño.
Y velozmente se alejó...

Tienes olor a naranjo,
a rama recién cortada...
oh dulce prenda robada
al tiempo que se esfumó...
tienes colores de aurora,
de mis selvas la fragancia,
oh recuerdo de la infancia
que mi ser preso guardó...

¡Pesebres de mi ciudad!...
¡Pesebres de aquel pueblito!...
Dulce poema ya escrito
que un torbellino llevó...
Que perseguí anhelante
por si alcanzarlo pudiera,
¡oh adorada quimera
que mi empeño conquistó!

De lejos me llega hoy
el gemir de una guitarra...
Canta en mí dulce cigarra
que hoy mi alma floreció,
al conjuro del Dios Niño
que un día puse dormido,
junto a un dosel escogido
de suave flor de "pindó"...

Y vosotros Reyes Magos,
¿dónde estáis? Estáis ausentes...
¿Tú el de la tostada frente
o el de capa carmesí?
¿Y el de las barbas de nieve?
¿Por qué os habéis alejado?...
Yo siempre os he recordado...
¡Y os olvidásteis de mí!

Pesebres de Navidad...
¡Recuerdos del tiempo hermoso!
Dulce poema borroso
que por siempre vive en mí...
si conseguí rescatarte
y eres mil veces bendito,
es porque fuiste escrito,
¡en mi tierra guaraní!...
(Sin fecha)

INDICE
NOTA EDITORIAL,
NATHALIE BRUEL: BREVE TRANSITO POR SU POESIA,
AGRADECIMIENTOS,

CHISPAS (ETINCELLES)
*. La eterna primavera, / El paraíso perdido, / Ten paciencia, / Remembranzas, / El país de las hadas, / Sueños, / Lamentación de desterrados, / Encadenada, / Torbellino, / Secretos, / La vida, / A pesar de todo, / ¿Para qué?, / Pluvioso, / Algo ha pasado, / Las ruinas bajo las flores, / Reflejos de Gloria (14 de Julio), / Junto a una tumba, / Credo, / Páginas dispersas, / Por qué, / Y el cielo estaba azul, / Sursum Corda, / Avatares, / Despertar, / Cerca de las olas, / Vuelo de cuervos, / Marejada, / En el azul, / Vientos desatados, / Los ojos de Nity, / Ola de amargura,
POEMAS EN CASTELLANO
*. Podré, / Mi plegaria de amor, / Mi poema guaraní, / ¡Vieja Asunción!,
DICTADOS DEL SUBCONSCIENTE
*. De la bondad, / Del amor, / De la verdad, / Al médico, / Buscando huellas, / Tú crees (a los padres), / Al agricultor, / Yo no fui, / Rumor, / A vosotros los tristes / Divagando...,
Amplio resumen de autores y obras
de la Literatura Paraguaya.
Poesía, Novela, Cuento, Ensayo, Teatro y mucho más.

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