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miércoles, 1 de diciembre de 2010

ALCIBÍADES GONZÁLEZ DELVALLE - JULIO CORREA EMBLEMA DE LOS TIEMPOS DICTATORIALES / Diario ABC COLOR, Suplemento Cultural, Noviembre 2010.



JULIO CORREA EMBLEMA DE LOS TIEMPOS DICTATORIALES
Artículo de
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del


Julio Correa nació en Asunción en 1890 y murió en la misma ciudad en 1953. Es un vigoroso dramaturgo que pagó un alto precio por la fidelidad a su talento y a su sensibilidad de artista y de ciudadano.



ENLACE A DATOS BIOGRÁFICOS Y OBRAS
DE JULIO CORREA EN http://www.portalguarani.com/


 
Pudiendo haberse ido del país —cuando la familia emigró empujada por los apuros económicos y cuando arreciaba la persecución policial contra él—, prefirió quedarse, porque fuera del país no hubiera podido alimentar su teatro de los hechos cotidianos, ni pintar el paisaje moral y espiritual de sus compatriotas retratados en sus personajes. Correa es de esos dramaturgos que no pueden vivir alejados de la fuente que alienta sus creaciones. 

Después de recuperar su libertad de cada apresamiento o confinamiento, cualquiera que tuviese su talento querría alejarse del país en busca de un escenario más propicio para seguir su tarea intelectual. Pero Correa, a la salida de la cárcel, regresaba a su labor de dramaturgo, de director, de actor, incurriendo en el mismo “delito” que acababa de espiar. 

Su delito no era otra cosa que alzar la voz, en nombre de quienes no podían hacerlo, en protesta por las injusticias. 

Le tocó vivir una dictadura —la del general Higinio Morínigo (1940-1948)— que no admitía la divergencia. Reprimía con dureza toda crítica a sus gestiones. Los ocho años de gobierno autoritario se prolongarían mucho más allá de la muerte del dramaturgo.

A Correa, como a otros escritores y artistas, le tocó vivir una época que no era la más propicia para la contemplación creadora. Con su sensibilidad, con su apego a la tierra, con su amor al país y a su gente, no era posible que Correa, ni nadie de su misma índole, permaneciera indiferente ante los padecimientos del pueblo agudizados por otra guerra internacional, esta vez con Bolivia, de 1932 a 1935. Como la anterior contienda, la del Chaco fue fecunda en héroes militares y civiles. Entre estos, en primera línea, se cuenta a Julio Correa que abrió otro frente de lucha, el del teatro, para expresar su dolor por las desventuras de su patria.

Su gran hallazgo tiene que ver con el mejor medio de comunicación para comunicarse con el pueblo: el teatro y el idioma. Si bien otros autores antes que él habían escrito comedias en guaraní, en Correa adquiere una dimensión especial, nueva y vigorosa. Conocedor profundo del idioma y de su uso popular, el dramaturgo concibió —otro de sus hallazgos— personajes que expresaran un hondo drama social, sin claudicaciones, sin la búsqueda —como tantas veces se hiciera en el mal llamado teatro popular— de la ridiculización, de la caricatura burda y soez del hombre y de la mujer del campo. 

“Se quiso hallar en el empleo del guaraní en escena, un mero utilititario intento de pintorequismo. Primaba aún en mucha gente culta la idea de que un teatro en guaraní debía ser coincidente, casi por definición, con lo rudo, lo burdo, lo elemental”.

Este prejuicio postergó por mucho tiempo la aceptación de la crítica que un nuevo teatro, vigoroso y vital, estaba naciendo para abrir el camino del verdadero teatro popular.

Por haber tratado en varias de sus obras la contienda chaqueña, se dijo que al desaparecer el escenario desaparecía también su teatro.

El periodista y también dramaturgo Néstor Romero Valdovinos escribió que “el teatro de Correa es, por sobre todas las cosas, un exitoso intento de interpretación del hombre paraguayo. Esa interpretación —ninguna duda cabe de ello— no sobreviene en Correa con motivo de la guerra. Lo que sucede es que la guerra acentúa la dramaticidad de las injusticias. Pero estas, en cuanto frutos de los desequilibrios sociales, tenían una dolorosa antigüedad”. 

Julio Correa, al frente de su elenco, salía por el interior del país; visitaba pueblos y compañías, hospitales, escuelas y cuarteles. Improvisaba escenarios, decorados y luces a sabiendas de que ayudaban muy poco para la ambientación. El público estaba atrapado por los diálogos, las incidencias de la obra, la suerte de los personajes. Era un público que reía, gritaba, aplaudía. Correa, un gran improvisador, incluía los acontecimientos políticos del día como lo hace hoy el periodismo de opinión. El punto de vista del dramaturgo, y actor y director al mismo tiempo, nunca coincidía con el de las autoridades pueblerinas o nacionales.

“El espectador campesino por la imagen y por el eco de la voz se reconoce a sí mismo en el justiciero personaje de la ficción. Ve en él al hermano fervientemente esperado que está de regreso. La vida que se refleja en su propia vida, los problemas que se plantean son los mismos de su comunidad. Es uno de los suyos que ha venido a dotarlo de una conciencia cívica y social”.

Correa “supo de largas privaciones y de la corta bonanza y, ya en los últimos años de su existir, mientras se le cerraban las puertas del teatro, se abrían a su hombría de bien y a su altivo civismo los portones de la cárcel (...) Ha sufrido persecuciones, prisiones y confinamientos, siguiendo el vía crucis de su pueblo”.

Desde su primer estreno, en 1933 hasta 1945, ha escrito 20 obras entre dramas, comedias y sainetes.

Otro gran dramaturgo, Arturo Alsina, dice de Correa: “Vinieron luego los años de inhibición, la falta de teatro negado o regateado sistemáticamente, la preocupación de las estrecheces económicas, la persecución y la cárcel. Y, por fin, el agotamiento en un progresivo declinar de energías”.

Julio Correa es el artista emblemático de los tiempos dictatoriales.

26 de Noviembre de 2010
Edición digital: www.abc.com.py




ENLACE RECOMENDADO:

SAN FERNANDO
Drama histórico sobre la
Guerra de la Triple Alianza
Por ALCIBIADES GONZÁLEZ DELVALLE
Tapa: FRANCISCO DE GOYA;
 “Y no haí remedio”, aguafuerte, 1863,
de “Los desastres de la guerra” (detalle)
Editorial Servilibro,
Asunción-Paraguay 2008
(3ra. edición – 86 páginas)


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