Recomendados

martes, 10 de mayo de 2011

GONZALO ZUBIZARRETA-UGARTE - LOS ALTOS MUROS, DESDE LEJOS (POEMARIO) / Alcándara Editora, Colección Poesía, 12 - 1983.



LOS ALTOS MUROS, DESDE LEJOS
Poesías de
Colección Poesía, 12
© Gonzalo Zubizarreta-Ugarte
Alcándara Editora
Edición al cuidado del autor, C.V.M. y M.A.F.
Diseño gráfico: MIGUEL ANGEL FERNÁNDEZ
Viñeta: CARLOS COLOMBINO
Tiraje de 750 ejemplares
Inscripción solicitada a la Agencia Española del ISBN
Hecho el depósito que establece la Ley 94
Se acabó de imprimir el 27 de abril de 1983
en los talleres gráficos de Editora Litocolor
Asunción, Paraguay


A Teresa, mi mujer
a María Soledad, mi hija


PRIMEROS POEMAS

A VECES
Baranda de penumbra,
crujido que en desvelo me sostienes,
¿en qué sino se engastan tus pupilas?
Sólo quiero vivir para quererte.

Un viento que se escurre por la alcoba
se transfigura en duende
y, en un rincón más denso que la noche
incierta, te remueve.

Gracias a ti otra vez
las piedras resplandecen,
y tiene el alma viejas
umbrías de relente.

Eres como una lámpara encendida
detrás del tiempo breve,
como unos ojos cuya mirada
no termine de entenderse
pero que, en el silencio,
se alargue como un puente.

Yo puedo ser de nuevo
poeta cuando vuelves.

HOMECOMING
California
A Fernando Salcedo
Siempre que vuelvas,
habrá una puerta larga.

Y se abrirán abrazos,
exclamaciones, lágrimas.

Y las cosas tendrán la transparencia
de una penumbra blanca.

Intentarás hallar
el pulso de la vida cotidiana.

Y surgirán caminos
y puentes de la nada.

Pero sólo serás
discreta novedad por algunas jornadas.

Y finalmente partirás pensando
que el tiempo siempre gana.

Y quedará otra vez
la puerta clausurada.

AMANECER
Todo parece nuevo,
radiantemente limpio.
Lloran los verdes húmedos
frágiles amarillos.

Cómo la tierra siente
un dulce escalofrío.
Y es un cuenco de lágrimas
el horizonte herido.

La muerte es como un puerto.
El tiempo es un camino.

ATARDECER
¿Qué será?
Todos los sitios que amé . . .
acaso el oro viejo de la tarde.

No te vayas. Escúchame.
Tal vez el mar es nuestro todavía.

UN FANTASMA
Todos los hombres llevan
dentro de sí un fantasma
que tiene siempre el corazón de fuga
y una impronta inocente en la mirada.

Es gaviota sin mar
que se esconde detrás de graves máscaras.
Pero a veces se agita
sobre la claridad insomne de las sábanas
y susurra las claves
de sus puertas cerradas.

Nunca puede morir
en la memoria amarga
ni en los lentos bajíos
de la rutina diaria.

Sólo puede dormirse
en las grietas del alma.

ROSA LA CABILA
Nos dolía la tarde cuando vino
su ternura forjando
juncos bajo la lluvia. Como música
de organillo era el mágico
cristal de su mirada.

                                      Fuimos menos
pobres mientras estuvo a nuestro lado.

Si venía la sed
era sombra de cántaro.
Y con ese aire suyo
como dispuesto para un viaje largo,
nos conjuraba el viento,
las aguas y los pájaros.

Cómo se le esfumaban
las nieblas de París entre los labios
cuando hollaba caminos
más allá de las horas y el espacio.

Siempre podía estar
a lo lejos del hábito.

Una tarde se fue bajo la lluvia.
El tiempo se encendía en el ocaso.

CANCIÓN DE PRIMAVERA
La Muerte tiene azul
el alma marinera.
Quiere bogar
desde el fraude del alba.
             Nunca ceja.

Ya se arranca
la máscara de asceta
para ser otra vez
vulnerada inocencia.

La Muerte va vistiéndose
de luz, de sombra nueva.


POEMAS PARA JUDAS ISCARIOTE

JUDAS ISCARIOTE ANTES DE LA TRAICIÓN
Buscador de la voz,
de la cautiva, impostergable voz,
cuánto ya te conocen.

Te irás al alba, henchidos
los labios de tinieblas diminutas,
inerme caballero
con sólo una apetencia urgente en el corazón.

Y una sonrisa antigua
y una piedad sin voz te evocarán.

Porque soñando,
vagando, penando,
buscando la voz,
sudarás resplandores como lunas,
espejismos de nieve,
dunas de majestad y desamparo ...
sólo para comer, para dormir,
para no tropezarte en los caminos,
para morirte siempre hasta que mueras,
buscador de la voz.

APOTEOSIS DE JUDAS ISCARIOTE
Vivir es apretar, en los labios, palabras
que luego se pronuncian demasiado tarde.

Cada silencio
es una despedida inexorable,
la traición a una estrella que se queda sin luz
en el desván secreto de una imagen.

Y siempre se desanda el tiempo, paso a paso,
para encontrar una perdida llave.

Y brotan lentas voces. Y gesticulan pálidas.
Y se desplazan frágiles,
sin eco en otros labios.
Y una sombra remota las deshace.

Vivir, en las palabras,
es temblor de holocaustos insondables.

POÉTICA PARA JUDAS ISCARIOTE
Esa palabra que no se dijo,
esa estrella del agua que se perdió,
la puerta del tetrarca
que siempre se golpeó ...

MUERTE DE JUDAS ISCARIOTE
Te ceñía el sudor
como la sal del mar cercano.
Y en un instante, los horizontes
y el tiempo desfilaron.

Viste otra vez la espuma
de los acantilados
del alba, las esquinas
azules que ascendían como un cántico.

Luego te viste a ti mismo
trayendo el pánico
desde el polvo de los libros,
desde las páginas en blanco.

Y lejos de la selva,
cerca del mar inalcanzable al alcance de las manos,
te viste siempre, en las altas madrugadas,
viviendo en el pasado.

Esmeraldas de sal
brillaban como un sudario,
y una liana te ceñía
la garganta en el cadalso.

EL ESPECTRO DE JUDAS ISCARIOTE
Cuando de madrugada
los dormitorios velan
transpirando un sudor
de luna llena,
se oyen siempre chirridos
de enmohecidas verjas,
y se erizan de horror
hasta las piedras.

Lloran a carcajadas
las manos que se cierran,
las penumbras sin voz,
las sonrisas siniestras.

Y un Pie cojo se arrastra
crujiendo como la inocencia muerta.
Y se cae ... y se yergue ...
y se arrastra de nuevo como una larga pena.
Cada vez ... cada vez
está más cerca.

Un día llegará, de madrugada,
transpirando un sudor de luna llena.

TRES POEMAS DE AMOR

ATENEA DE SUEZ
California
Lejos de aquí,
en el estanque al alba
de tu casa derruida,
esa casa que nombrabas
en los sueños,
allá en tu tierra,
entre columnas blancas y cipreses
que acaso yo conozca
desde otra vida,
donde no existe el tiempo
de tus hijos extranjeros,
donde la Muerte es pequeña
porque la gente se va,
porque la gente se viene
sin por qué ni desde dónde,
tú, morena
y desnuda otra vez,
sólo nimbada
por el asedio
de las alondras,
podrás amarme
entre especias y recuerdos,
podría amarte
con tu culpa que es la mía.

Tú, fantasmal, apenas como una curva
de la lluvia en el viento;
tú, detrás de tantas muertes,
hoy has venido luminosa desde lejos,
desde una casa de campo,
una tarde de invierno,
tendida al lado
de crepitantes leños.

Yo anhelaba penetrar
en la hendidura de tu sexo.
Pero tú te escondías
en un recodo del tiempo.

Tú, a punto de partir,
viajera al norte sin regreso.

LA MUJER DE LA COLINA
En medio de la aldea,
hay una densa colina
de calígenes, memorias
y lunas que vigilan.

Una mujer vive allí. Tiene la voz del mar.
Nunca la vencen el tiempo y la rutina.

Las mujeres de la aldea
la nombran y se persignan.

Todos los hombres
sueñan con ella también en la vigilia,
mas no pueden
visitarla en la colina
y, cerrando los ojos, en una alcoba lejana
se acoplan con sus esposas, se acoplan con sus queridas.

Una mujer
-siempre esperando arriba-
sobrevive
solitaria, renacida.

DESDE LEJOS

BANQUETE
Era una mesa
de platos rebosantes y sencillos
con el aura fraterna
de mis amigos,
Miguel Angel, patriarcal,
bendiciendo a unos chiquillos,
José María, del norte a veces
pero cetrino,
nombrando nieblas ancestrales,
forjando símbolos.

Era una mesa larga.
Todos eran en la mesa bienvenidos:
los dos hermanos Díaz,
Sócrates, el filósofo nativo ...
y también el arribeño
desconocido.

Tal vez el pueblo
siga siendo el mismo.
Mas una casa está cerrada,
un corredor sin mesa
esté acaso derruido.

Tal vez algo para siempre
se haya ido.

POJU
Sí, nos amabas
con la paciencia de los fuertes,
pero habías
de marcharte alguna vez.

Negro perrazo arribeño,
una noche te acostaste
al borde de un camino
para morir en tu ley.

DISTANCIA
a Raúl y Graciela
Lejos que está tan cerca.
¿Pasado o porvenir?
¿Cuándo. . . ?

¿Cuando empecé a morir
recién salido de tu vientre, madre?

¿O la infancia?

Eranse cimitarras de cartón
y estrellas en el río,
Sandokán de la Siesta,
Duende de la Rabona
y las imaginarias
tortas de chocolate
junto a padres lejanos.

Después,
esa hombría naciente, solitaria.
¿Recordáis, tías muertas?

¿O acaso seas tú,
Patria mía?
                         Te quiero
alta sobre las piedras
virginales del alba.

Y el sueño es un camino,
un incierto camino,
un hollar de crepúsculos y auroras
a tu lado, Teresa,
los tres hasta la muerte.

Lejos que está tan cerca:
la noche blanca, el hijo,
la Patria nueva…

               ¿Cuándo… ?


CIFRAS

Una vez, con los ojos vidriosos, me dijo mi madre: "Cuando estés en cama y escuches los ladridos de los perros en el campo, escóndete bajo las mantas. No te mofes de lo que hacen: tienen una sed insaciable de infinito como tú, como yo, como todos los otros humanos de rostro alargado y pálido. Incluso te doy permiso para que, acercándote a la ventana, contemples ese espectáculo tan sublime" : Desde entonces acato la voluntad de la muerta. Lo mismo que los perros, experimento esa necesidad de infinito. . . Sin embargo, no puedo satisfacerla. Hijo soy de hombre y de mujer, según me han dicho. Lo cual me deja estupefacto ... creía ser algo más. Por otra parte, qué me importa mi origen. Si hubiera dependido de mi voluntad, habría preferido ser hijo de la hembra del tiburón, cuyo apetito es compañero de las tempestades, y del tigre cuya ferocidad es bien conocida: acaso no será yo tan malo.
Lautréamont

EL VIEJO DEL ANTIFAZ
De gafas negras, encorvado,
arrastraba las pisadas,
todos los días, como la Muerte.

La gente nunca decía nada.
Pero nosotros intuíamos,
con la sabiduría de la infancia,
su soledad,
su odio cuando pasaba.

Y corríamos despavoridos.
Y el viejo nos miraba.
Y había un resplandor
tras las gafas
cuando las manos
se le crispaban.

Muchas veces, en el sueño,
su sombra como un pez ...
su sombra nos rondaba.

VERTIENTES
Algún Don Diego de no sé cuánto,
hidalgo rústico,
Corregidor
de Indias y de la muerte,
déspota alucinado.
Y tú que llevas
la soledad a cuestas,
a cuestas los caminos
y el terror y la agonía
de la mujer que amaste,
espectro de la tierra,
muriendo siempre con el alba,
naciendo siempre con la muerte.

KURUPI
Tiene pisada de musgo
de luna llena.

Ha de amar como la Muerte.
Ama siempre por sorpresa.

Su sexo es como un río
soterrado de la selva.

NOCTURNO
Aquí, nosotros,
matando por el pan,
mintiendo por la vida.

Pero el tiempo se desboca
en el espacio
y, en la recta final,
sólo nos queda la imagen
de la inocencia,
latigazo de un fantasma.

Qué grotesca carrera hacia la muerte.

BIENVENIDOS
En una plaza
polvorienta, de siseos,
de briznas que se quiebran
en el silencio,
de pronto van apareciendo
túnicas grises,
antifaces y velos
que alargan las manos
y forman un ruedo.

Dicen que nos esperan
desde hace mucho tiempo.

Ya nos traen
manjares y refrescos.
Ya nos ofrecen albergue
y se declaran servidores nuestros.

Cometimos un error
al entrar en el pueblo:
somos intrusos;
nunca permitirán que nos marchemos.

POÉTICA
Una vez y otra
se quedan las palabras
entre los trastos viejos,
abandonadas.

Pero un día te duele, por ejemplo, esa pobre mujer
que se sienta en el banco de una plaza,
loca de soledad en su boa de plumas.

Y a pesar tuyo, se te vuelven imágenes la
                                      la sombra cotidiana
de su muerte, el sudor
de su espanto, su alcoba desvelada.

Y de pronto recuerdas
la inocencia del alba.
Y piensas en la sangre
temblorosa de tu hermana,
en tu mujer tan frágil, en tu hija tan pequeña,
en la cabeza blanca de tu madre.

                                Y dejas,
una vez más, constancia
de una protesta antigua que acaso se haga nueva
con el temblor que tienen tus palabras
cuando ves, por ejemplo, a esa pobre mujer
que se sienta en el banco de una plaza.

LOS LEPROSOS DE BANARAS
a la Madre Teresa de Calcuta
Aquí, en Banaras,
junto al río sagrado,
hoy me avegüenzo
de ser humano.

Mirad a ese brahmín
que va cruzando el mercado.
Nunca mira en torno suyo. Pasa como un fantasma.
Blanca la barba, blanca la tez, inmaculado.

Sí, aquí la vigilia y la luna horripilante
se han congregado.

Y yo recuerdo, siempre recuerdo
a ese viejo vestido todo de pardo
que pasaba por la acera de mi casa.
Yo me recuerdo de las manos
como garras, de la niebla siniestra de los ojos
y de aquello que dolía como el escarnio
de las sonajas.

Hoy me avergüenzo de ser humano.

Mirad a ese brahmín
que va cruzando el mercado
podrido de Banaras,
que va cruzándolo lejanamente blanco.

 

INDICE
PRIMEROS POEMAS : A veces, // Homecoming, // Amanecer, // Atardecer, // Un fantasma, // Rosa la Cabila, // Canción de primavera,
POEMAS DE NUEVA YORK : Hárlem, // Jerusalén, // Retorno, // West side story, // Stoned,
POEMAS PARA JUDAS ISCARIOTE : Judas Iscariote antes de la traición, 3// Apoteosis de Judas Iscariote, // Poética para Judas Iscariote, // Carta a Judas Iscariote, // Nocturno para la infancia de Judas Iscariote, // Claroscuro para Judas Iscariote, // Crepúsculo de Judas Iscariote, // Muerte de Judas Iscariote, // El espectro de Judas Iscariote,
TRES POEMAS DE AMOR : Atenea de Suez, // Tú, // La mujer de la colina,
DESDE LEJOS : Banquete, // Poju, // Distancia,
CIFRAS : Poética, // El del piso de arriba, // María del Rosario, // El viejo del antifaz, // Vertientes, // Kurupi, // Nocturno, // Barrio chino, // Costa del Mar Rojo,// Señal, // Solos, // Bienvenidos, // Poética, // Los leprosos de Banaras, // Crucificados,
HIJO PRÓDIGO: I al VII.







No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada