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sábado, 26 de noviembre de 2011

REVISTA DEL PEN CLUB DEL PARAGUAY - LOS POETAS, AÑO 1 – Nº 1 - ASUNCIÓN, 1977 / POESÍAS DE CESAR ALONSO DE LAS HERAS, JOSE-LUIS APPLEYARD, MANUEL E. B. ARGUELLO, WILLIAM BAECKER, NILSA LIVIA CASARIEGO, JOSÉ ANTONIO BILBAO, VICTOR R. CASARTELLI, AUGUSTO CASOLA, OSCAR FERREIRO, JUAN MANUEL MARCOS, LUIS MARIA MARTINEZ, RICARDO MAZO, NOEMI FERRARI DE NAGY, EMILIO PEREZ CHAVES, FRANCISCO PEREZ-MARICEVICH, JOSEFINA PLA y HUGO RODRIGUEZ ALCALÁ





REVISTA DEL PEN CLUB DEL PARAGUAY
LOS POETAS
AÑO 1 – Nº 1
ASUNCIÓN, 1977





P.E.N. CLUB DEL PARAGUAY
JUNTA DIRECTIVA (MARZO 1975/77)
Presidente: ALEJANDRO MARÍN IGLESIAS
Vice-Pte 1° JOSÉ ANTONIO BILBAO
Vice-Pte 2° BACÓN DUARTE PRADO
Srio. Gral. JOSÉ.-LUÍS APPLEYARD
Srio. de Actas. WILLIAM BAECKER
Srio. de Finanzas. AUGUSTO CASOLA
Sria. Rel. Públicas. NILSA C. DE BEDOYA
Vocales:
HUGO A, DÁVALOS
NOEMI FERRARI DE NAGY
JOSEFINA PLÁ
JUAN BOGGINO
CÉSAR ALONSO DE LAS HERAS




QUE CERCANO TU RECUERDO

¡Que cercano tu recuerdo, Paraguay!
No han podido los años esfumarlo.
Si fue tan sólo ayer cuando salía,
sin despedir a nadie!
Sólo en la portezuela alcé la mano un rato.

Yo no me fui, salía de paseo
y no creía que durara tanto.
Todo quedaba allí. No llevé nada.
Todo: los libros, los momentos
que trenzaron veinte años,
los amigos,
los mangos de los íntimos coloquios,
la luna que mordía tantas noches,
los afanes,
la Academia, los disgustos, los aplausos.

El niño detenido,
mi protesta.
Una ametralladora bajo un árbol
en la entrada del Palacio,
y la ruta trazada en la selva,
y los doscientos lapachos.
Hasta la cotorrita
que enterré en la plantera
cuando me la mataron.
Se quedó todo allí.
Allí.
Más que mi corazón, mi vida.
Por eso tu recuerdo, es mi vivir cercano.

Te tengo junto a mí cuando viejo por Castilla.
Se desvanece el trigo, el páramo, la nieve,
y surgen, como chorro de luz, los cocoteros.
Hay orquídeas en los pinos de la Sierra
y por el Duero ya no navegan los barbos.

Vives en mi, maduras,
trenzo la urdimbre
de un ñanduti que reza, llora y canta y habla.
¡Habla!      
Convivo con vosotros, juventudes,
las del afán brioso
y el empuje que le muerde a la Aurora
para que no se tarde.
¡Ah, juventud, mi vida,
mi ensueño y mi descanso!
Estáis ahí, aquí, conmigo,
vosotros, a quienes he gestado.
Llenáis la madurez
de mi sentir
o me faltáis
como le falta el agua al páramo.
Siempre.
Y llegará el momento de encontrarnos.




RELENTE DE MI VOZ

El fuego tiene olor y no a quemado,
un tibio aroma dulce de suplicio
y la llama me envuelve en un silicio
que es masoquista forma de lo amado.

El fuego es un perfume alquitarado
y es la primera sombra del indicio
de amar a la virtud, vuelta ya vicio
y en ella ser latiente enamorado.

Amo la llama que incitante grita
en su lengua de amor todo el anhelo
que desde aquella infancia en mi tirita,
relente de mi voz y de mi cielo,
como un orgasmo eterno que me invita
a fundirme de amor con el hielo.


VENCISTE, MANIQUEO

Y tirios y troyanos -blanco y negro-
alfa nívea en omegas engastada.
Güelfos y gibelinos.
La distancia de un punto hacia la nada
La derecha y la izquierda
y las palabras
de Felipe Igualdad matando primos.

Menches y bolches
y el círculo es el mismo
hecho de puntos vivos que se encuentran
y no esperan que Cristo los redima
siempre el viernes de todas las Cuaresmas.

Dogma y maldad.
La realidad se ausenta
y pare sus gusanos en bandadas.
Yo soy el dios,
pero mañana puedo
ser sacrificio envuelto en llamaradas.

Ni Saulo derribado,
ni Sebastián herido,
ni Torquemada hiriente,
ni Hitler, el judío,
ni Marx vuelto cristiano
me dice quién es Él,
el que no ha sido.

Y en su busca rodamos inconscientes,
buenos y malos, eternos Maniqueos,
creyendo que es verdad sólo el recuerdo
de algún orgasmo, antiguo, adolescente.





PLEGARIA AL NIÑO NAVIDEÑO

Navidad, antigua Navidad,
mira hacia nosotros.

Pesebre, cuenco de la Esperanza,
mira hacia nosotros.

Villancico, canto germinal de Nochebuena,
mira hacia nosotros.

Y Tú, también, Niño navideño,
mira hacia nosotros
y desclava los cuchillos del odio.

Aquí están en dura, acusada greda,
quienes clavan las cruces,
quienes pechos acuchillan,
quienes rompen tu palabra.
Aquí están aún, por un milagro tuyo,
los pobres hombres,
los tristes hombres,
los simples hombres.

Y aquí está, también, la crujiente
geografía de mi Patria.

Por eso Niño navideño,
acurrucado trigo de anticipada mies,
mira hacia nosotros.

Levanta tu pesebre en el pecho
forestal de esta tierra,
y mira hacia nosotros.

Arrima tu palabra a la quemante sal
de nuestro llanto,
y mira hacia nosotros.

Bendice el Agua y el Pan nuestro
de cada hermano,
y mira hacia nosotros.

Niño navideño, manso Niño amigo:
cuando te veo de Luz y Amor en el pesebre,
yo también Quiero ser bueno,
para decir tu nombre
para alzar la frente
para llegar a Ti
cuando me llames





LA LUNA Y TÚ

La luna y tú, y en esta geografía
de grillos y silencios,
de leopardos huyendo
de ardientes quemazones,
mi soledad se incendia: de nostalgias
entre antiguas ovenias,
en amplios corredores,
en aljibes
donde miro mi imagen para verte
creciendo como un sol,
para decirte todo lo que quiero
y entonces no me atrevo porque es tarde
y esa luna -oh sol de medianoche!
me obliga a confesarte una mentira.


SI PUDIERA

Si pudiera decirte
esas cosas que guardo desde antaño
como un sello postal entre las hojas
de un libro cuyo título olvido!

Tú sabes de esas cosas
que a veces no quisiera recordarlas
y que te dije acaso sin quererlas
porque era el tiempo justo de decirlas.

Pero te dije entonces las palabras
de las banalidades mercantiles
para olvidar que somos dos caminos
en una encrucijada sin sentido.

Si pudiera decirte!





POEMA PARA MI PADRE

Como un cielo postergado
estás sobre los cielos
y trayendo contigo
todas las estrellas posaste
entre mis manos
llenándote de luces la alborada.

Me recuerdas ese canto
que se dice por lo bajo
en la estación primera,
después de los geranios,
entre el camino de sauces,
detrás del candor
de una llovizna.

Sin adiós
la flor se volvió roja
y tu voz se vuelve viento.
Sin olvido
tu tibio follaje
se esparce entre mis rezos
nacidas desde ahora.


POEMA

Cuando te hayas ido,
no pienses en volver
deseando de nuevo
de nuevo
hacerte niño!

Mañana tendrán, quizás
tus pasos
sonidos muy adultos
y será ancha la avenida embaldosada
que tendrás el tiempo justo
de cruzar
y no tocar un muerto,
de los tantos
que viajen a tu lado.

Cuando te hayas ido
serás la gran orquídea roja
o blanca
que introdujeron dentro de un cristal,
y faltará el aire
porque estarás muerto,
porque estarás solo,
mientras aquí
seguirán cayendo flores
de todos los lapachos!.

Cuando ya estés lejos
qué sabor tendrán
las uvas
de Diciembre?
Tu presencia no querrán borrar
los años
ni la niebla
porque tu ausencia
nacerá entre el rocío
de cada madrugada
y porque nosotros nos quedamos
a soñar
que estamos
otro mayo.




   LA MUERTE DEL CABALLO

Los años le quedaron dibujados
en cordilleras de agresivos huesos
y en el pelaje oscuro los excesos
de un ambular sin pausa están marcados.

Mira con ojos viejos, tan cansados,
un horizonte de verdosos yesos
y un matorral donde espinosos brezos
velan un agua azul, como soldados.

Siente un extraño palpitar violento,
un correr sin correr despavorido
y sed tan honda sin estar sediento.

Allá, lejano, motea el rancherío.
Relincha y se despide. Se ha dormido.
La luna, ya desnuda, baja al río.


 VIVIR

Si vivir es andar por senda dura
y atravesar terrales con abrojos,
los pies llagados, sin estar de hinojos,
vale vivir y amar toda hermosura.

Vivir poniendo gozo en la ternura,
hacerla flor en los pacientes ojos
y si escala la sangre, sin sonrojos
abrirle el claustro porque ya está pura.

Si vivir es correr, pandorga en mano,
cercando cielos sin perder altura,
vale vivir cuidando lo cercano,
porque al final si todo se apresura
ya no es vivir, es irse con desgano
rompiendo fácilmente la atadura.





LA OTRA VIDA

1.
Elaine se interna en el bosque.
Ante su figura de paloma
toda la vegetación palidece
y el tiempo súbitamente se detiene.

Detrás de la diosa,
leve, silencioso,
como un felino que exhibe su arte,
el fauno estudia la perfecta anatomía
y busca el rincón
y aguarda el momento.

En el alto cielo,
más allá del canto de las aves
que prontamente enmudecieron,
la Vía Láctea sonríe complaciente.

2.
El presagioso silencio se rompe
con los gemidos de la hembra acorralada.
La gramilla recoge los bramidos del fauno
y nuevamente oficia de tálamo
como en todos los tiempos.

La Cruz del Sur calca el derrotero
de los brazos femeninos
y de la inútil presión de sus piernas.
La fuerza primigenia grita su triunfo
y todo no es más que los cuerpos
atenazados por la jauría del Deseo.

3.
Reviven los murmullos,
los jadeos desfallecen.
El ciclo vital sacrificó una virgen de nuevo.





SOLA SOLEDAD

Sola soledad
que dicen que es triste
y es alegre cuando hay tristeza.

Sola soledad
primera luz, primera lágrima
premonición primera en la sonrisa

Sola soledad
añejo vino
Sola soledad
añejo vino
sorbido como gota a gota del
cáliz de ésta vida

Sola soledad
última amiga:
porqué dicen que eres triste,
sola soledad,
si estás conmigo?


 PRISMA

Aunque fuese sombra de otras sombras
aunque hubiese nacido varias veces
y otras tantas, muerto,
Aunque fuese prolongación, imagen,
irrealidad de carne en dolor redimida
y no fuese sino yo repetido
Vuelto espacio
y materia vuelta esencia.
Aun no existiendo
soy yo repetido
aunque no estoy ni estuve siempre.





TRES LAMENTOS

SELVA MUERTA

Es la tarde sin tachas
con rumores lejanos y luz viva del tiempo
olvidada de muertes
con su voz redorada
convidando a olvidar.

Pero el simio nefasto está ultimando
los conspicuos cimientos de la selva
astillando cortezas y resinas
en el tenso calvero del desquicio
en el vano sonoro de este aire
que para siempre y nunca ya se irá.

Oh corona final de Selva muerta
la rosada alegría del ocaso
altanero refugio de los pájaros:
solitario el lapacho ya dite en tierra
con los brazos abiertos
y el corazón rajado
el último coloso de la sierra
calcinándose al fuego de la muerte.

Y tú mi sol
oh viejo sol de todos los escándalos
reiniciarás muy fresco tu trabajo
empedernido seductor del mundo
corrompiendo a la arena con caricias
y húmedas sustancias
larga rayo triunfante
en este caldo fértil del estío!


 MATTO GROSSO

Agoniza la selva
de nudosas maderas aristadas.
Mil cantos moribundos
al acérrimo estruendo de los vientos
aventando despojos
a lívidos hachazos
resuenan con desgarres de malvas y amarillos.

Consumado el orgasmo de los siglos
goteante y espesa te destripan los bulldozers del crimen
maraña de cabellos y lianas enredadas
atronando la fiebre de un estruendo.
Aun resuenan en tu vientre el trueno largo
y entreabres las piernas al progreso
volteada y vencida
por las húmedas salas melancólicas
amazónicamente funerarias.
Lloviendo a nubes rotas
destrozada
con un dejo traposo en tus barrancos.
¡Oh duro corazón de crestas rojas
se te viene la muerte soterrada'.

Ya se viene la muerte
yacente y desvelada bajo el humus
con labios destrozados y podridos
de ronca niebla y amarillo fuego.
Ya se viene la muerte con su orquesta
atacando la marcha del milenio.

Esta noche tu muerte y mi folia
invadida de pámpanos y arundos
con venenos calientes se retuercen
entre ramas
bejucos
y espiras de estireno
en el seno confuso del espanto.


LLUVIA

A cántaros la lluvia
con su cóncavo eco
encarnizada presurosa y sonora
sepultaba a la infamia en sus cavernas
celebrando la muerte de los hombres.
Presurosa extinguía el error de los dioses
y sádica enmendaba
desgarrando los suelos
con fúnebres licores y álcalis mordientes
con su agua incesante y destructora.

Bravos ríos de fiebre americana
coléricas resacas
flotaciones
tajando las montañas se disparan
en un cruel transporte de aluviones.
Tremebundos y sordos refulando
todo el limo y el odio
con detritus y cáscaras
y cortezas y hojas
y pitillos y peces
que a la luz del diluvio
se retuercen salvajes.

Con un párpado roto
supurante
desde una nube de tucuras rojas
cuelga el sol moribundo
suerte de pus chorreante
sobre la tumba abierta de la especie.




ELEGÍA A RAFAEL BARRET
EN EL CENTENARIO DE SU NACIMIENTO

Lo conoció el invierno en una calle oscura
de capote y ojos tristes clavado en una esquina.
Dialogaba sin voz con una voz nocturna.
Escrutaba los signos tempranos de la cárcel.
Examinaba la queja oscura de la brisa.
Derrotaba el oprobio cansado de sus úlceras.
Vulneraba las leyes del dolor y la magia.
Conversaba el lenguaje violento de la muerte,
y su pálido alfabeto preñándole los ojos.
Y viajaba en la noche como un caballo errante,
sin dios y sin jinete, anclado a la deriva,
intacto en la energía valiente de sus letras,
invicto en la eternidad sangrante de sus actos.

Distribuyó relámpagos de ira.
Se puso la camisa del obrero
y el zapatón de bruma de sus sueños.
Cabalgó las atmósferas del humo,
soportó las afrentas del tirano,
mitigó la garganta del destino,
apresuró el silencio y lo detuvo,
acampó en las espaldas de los cerros,
descendió a los infiernos del destierro,
caminó entre vacíos y veranos,       
inauguró la vida en la palabra,
amaneció encendido una mañana
de pólvora, rocío y polvareda.

Convocó inevitables cataclismos,
asaltó los escándalos del día
y repartió sus panes de luz dura.
Adivinó la marcha de la historia,
la esencial combustión infatigable,
se casó con la patria paraguaya
-encinta soledad ardiente, solidaria-
alquiló tres hectáreas de papeles,
arrendó el patrimonio de la cólera
y repudió la esclavitud de los yerbales.
Le quebrantó los huesos de la muerte,
dominó la traición de sus pedazos
y la sublevación de sus pulmones,
acuchilló relojes taciturnos,
iluminó satélites adúlteros,
enamoró de esdrújulas la noche
olvidó siete sílabas celestes
en una sien anónima y morena,
supo ternura y esperanza
y le enseñó a cantar al arco iris
enlutadas palomas en el viento,
¡y se expandió en la cruz de sus noticias,
se hizo espacio a si mismo de inocencia,
de viento, viento, viento, viento, viento.





SER

Ser
como la imagen de la fuerza
que no amanece y se demora;
como el destello de su herida;
como el comienzo de su vuelo;
como el timón de su navío;
como el reloj de su reencuentro;
como el recuerdo de sus luces.

Ser
como el lenguaje de su vida,
mensaje humilde y verdadero;
como el principio de algo nuevo;
como expresión de sus deseos;
como habitante de su aurora;
como el metal de su heroísmo;
como el color de sus batallas.

Ser
como el latido del futuro,
que es el presente demorado;
como el clamor de su lenguaje;
como el mirar desesperado;
como constancia de su espera.
Ser
como es ella, digo, la patria:
fuerza y destello, todo el futuro!


 EL FUEGO

Por la patria, en su entraña,
alguien canta y no cesa.
Cesará de cantarle
y decir de sus cosas:
historias que se callan
porque así es el silencio,
herradura en reposo
que se hermana al bostezo?

Cuántas cosas se dicen
y se advierte ese algo
parecido a un folclore:
historia y pobre gente
que consume en los labios
una canción muy vieja
de imprecisos dolores,
y unos pies perseguidos
por espinas y llagas?

Qué nombre tendrá esa
canción desesperada:
elegía o buen llanto
sin término y principio,
memoria articulada
con polvos de una exequia?

Casi, es cierto, en el aire
se huele el sacrificio;
casi estalla en los ojos
un río de tristezas...
El nombre, cuántos nombres,
podemos aplicarle
al caso y a la casa
cuya sombra habitamos,
seguros de estar siempre
no muy lejos de aquello
que por verdad conocen?

Alguien canta y no cesa
de cantarle a la patria,
quemado por el fuego
que reposa en su entraña,
aeda de su casa y estrella de sus pasos...

ALGUIEN.


  


         UN TUAREG PEREGRINO...

Hoy llegó hasta mi puerta, la casa en su camino
un tuareg peregrino del Adrar de los Iforas.
Una barba incipiente encrespándose apenas,
unos ojos de bronce patinados de pena
y unos labios carnosos como moras de selva.
Era alto, espigado. Era fuerte, era austero.
En su rostro bruñido por el sol del desierto
se palpaban las huellas de la arena y del viento.
Era un niño crecido sin amparo en el tiempo:
un tuareg peregrino del Adrar de los Iforas.
Y mi puerta al cerrarse lamentó su partida.


NO HA SIDO SOLO...

No ha sido solo tu color melado
ni tu entrega sin pactos.
Tampoco ha sido tu inocencia abierta
ni tu cuerpo descalzo.

Pensándolo otra vez quizás ha sido
-ahora con la sal seca en los labios
el vivo beso de tus ojos niños
y la lágrima mansa de tu llanto.

Pero es cierto y ha sido.

La infancia no se da solo dos veces
y solamente cuando somos niños.
También se da al amarnos de repente
y se da cuando muere al separarnos.

Y esto, dime hermano,
no es acaso morir antes de tiempo?





OGIGIA

¡Deslízate, lanzadera dorada,
como pez, resuena telar,
vuela dulcísimo canto!
Vuelve el antiguo cuento
todo luz y armonía, de Calipso;
arde la llama inquieta
de la leña de aroma exquisito
en la gruta: otra vez
fuego secreto y canto
y trabajo, y belleza solar
y sueño de eternidad.


 LA JUVENTUD

La juventud: un gato siempre alerta
hasta en la sombra del atardecer
que lo vuelve invisible y en la negrura
de la noche en desiertos pasadizos.
Y quizás también tenga siete vidas,
sufra siete agonías y siete veces
deba morir.


 LAPACHOS DE AGOSTO

Nubes rosadas, cabezas
de primaverales gigantes
con pensamientos de amor,
la misteriosa alquimia
que os forma de humores terrestres
querría el corazón conocerla,
poseerla, y de turbios zumos
destilar colores de aurora
y dulce néctar de aromas,
interminablemente.


 CARACOLES MARINOS

Caracoles vacíos, limpios,
que uno recoge
por su barroca hermosura:
quizá un día se parezca a ellos
la tierra, purificada
por un baño de muerte.





PACTO DE CRISTAL Y SILENCIO

Te he buscado entre la vida y el recuerdo
desde la agonía del ser en la madrugada última
cuando era gris el jardín de la pena.

Ya estoy en ti
cuerpo de agua y de suspiros
paraíso que ayer desconocía
misterio descubierto a cada instante.

Nunca pude saber si lo has sabido
(vísperas del amor y del abismo)
pero sutil asombro al encontrarte
así como el deseo imaginaba
y con todas las letras de tu nombre.

Paloma de incienso y mármol
temblor, mirada, confidencia
huya bajo la niebla de tu memoria.

Sin rimbo ni noticias
frente al eco del hastío
quién me devuelve tu voz tímida y breve
poema que pude haber escrito en el rocío
trébol casual en un cuaderno frágil?

Distraídos en el umbral del olvido
somos cántico y distancia
juegos, éxtasis, magia.

El tiempo indescifrable
ronda los signos del desvelo:
perdidas en aquél rostro de paisaje lento y triste
cuántas palabras te esperan.


 VIAJE HACIA LA NOSTALGIA

Llega tu sonrisa
murmurando serena las frases de ayer
y entonces amanece.

Mientras la soledad hería con sus dudas
mis ciudades desiertas
bajo los signos de la espera y la promesa
descubrimos que amor y libertad son la misma estrella.
Cuando duermo en tus ojos
viajas en mis palabras
y casi último beso
vuelo hacia ti
primera melodía

Navegando desde el corazón al territorio del eco
dónde el encuentro sino la ausencia
amor que fluye y permanece dónde
si eres la luz, el aire, el tiempo?

Cómo despertar si ya te has ido
si tu recuerdo es aún el infinito?
Cómo me olvidarás
si estoy en todo tus secretos?

Despojado de fechas y brújulas
frente al espejo del vacío
dibujo en la lejanía este mensaje:
Qué instante nos alejará de la vida
y desde dónde
iremos regresando hacia nosotros?





ACTA CAPITULAR

Introducción
Mi corazón apenas ya sabe decir palabras antiguamente dichas
llenas de trajinada y dolida memoria de ceniza;
palabras como en eco de olas, como en olas de ecos, como en sombras
halando hacia la luz desde un sueño profundo de palomas;
palabras como viejos caminos desandados,
transidos de presencias remotas, de rostros sucesivos.
En medio de sus voces mi corazón camina envuelto en noche
y recuerda el olvido que transvive - monedita de cobre
caída, sabe Dios, en los polvos trashumantes del alma –
y hay como un abrirse de párpados de niño en la alborada
y un murmurar de agua.
Mi corazón, entonces, se invade de preguntas,
de esas semejantes a súbitos miedos de centinela,
o a corceles que en sueños se desbocan y saltan
oscuras salamancas
sin que sepamos nunca si han llegado al otro lado del precipicio
porque en verdad no había ni caballos ni abismo.
Las preguntas levantan su antigua polvareda contra el cielo
y el viento del silencio contraazota al tubo insomne del hueso
y el largo silbo serpentea su estricto relámpago enemigo
para que a su luz mi corazón pregunte a las preguntas por sí mismo.
Y las preguntas mi corazón bien las conoce,
qué podrán decir las pobres? -Nombres, sólo nombres.
Mas algo de las cosas guarda en nombre secreto
escondido en lo oscuro como en la yesca el fuego
que espera el pedernal que de la nada
le encienda -al fin, oh Dios!- la llamarada.
Mi corazón lo busca, mirada que se mira mirar en el espejo?
por entre sus caminos, pero todos parecen volver al mismo sitio.
Sus caminos, apenas huellas de pasos idos,
que una mano del tiempo confunde y transfigura
para que nos lo vuelva, intactos, la otra de la fuga,
los pasos, los caminos,
- costumbre de los hombres: hallarse en lo perdido.





TRÍPTICO DEL RENACER EN LA SOMBRA

I

No digas: Es ceniza.
De la ceniza misma,
para probar que mientes
verdecerá el rozado.

No digas: Fue la espuma
de la rompiente breve.
La espuma es también agua,
y volverá a ser ola.

II

Por un mortal paisaje
de sueños sin mañana
ha de orientar tu brújula
la gran ternura inútil.

Amor... Sin una herida,
sin venas ni cuchillo,
va corriendo la sangre. 
(Empayenado arroyo
donde mueren los pájaros
y se apaga la luna)...

Amor, Amor. Los cuatro
clavos de una cruz nueva
que cargar a la espalda.
...Amor. Quién te ha nombrado?...
Quién el beso despierta?...
El corazón, caballo
desbocándose, loco.
El tiempo, detenido.

III

Por mis ojos tardíos
derivan largamente
las velas en naufragio
de tanto sueño herido.

Marchan, irrevocables,
hacia la playa sorda
en donde encallan todos
los anhelos brotados
bajo trocado signo.

Playa de aguas dormidas,
de gritos silenciarios.
Está prohibido el llanto,
porque el agua es de lágrimas.
Está vedado el grito
porque la piedra sufre.

En lo alto de la costa,
como un pájaro oscuro,
tremola una bandera
que dice:
...Para siempre.





VILLARRICA

Temprano me levanto. Villarrica.
Temprano en la ciudad circunvalada
por el campo, invadida por el campo.

La invaden las carretas con sus frutos:
sus sandías lustrosas, sus melones
fragantes, su mandioca
que es tierra o casi tierra
por fuera, aunque por dentro es casi leche.

La invaden. Son el campo. Son el barro
de los rojos caminos. Son olor de capuera
en sus bueyes impávidos. ¡Son patria!
Los carreteros traen detenido en el poncho
y en la humedad insomne del rocío,
el cansado mirar de las estrellas
que ya van ocultándose.

Yo me he escapado de mi cuarto
y he salido de puntillas.
Húmedo el patio todavía.
Dormidos todavía los criados.
Y en la penumbra
la bicicleta, en el zaguán, dormida.

Ya por las calles no pavimentadas
las llantas van dejando blandas huellas
entrelazadas, como serpientes.

Mi bicicleta va al encuentro
del campo, de la aurora.
Y sobre un par de ruedas rumorosas
descubro que en la madrugada fresca
el reloj de las horas más felices
tiene doble cuadrante.

Los pedales son alas.
Y yo soy libre.

¡Vuelo!

        
PRIMAVERA, OTRA VEZ

¡Qué cosa extraña es esta de los versos!
Uno se olvida de que los escribe.
Se olvida de poetas y poemas.
Y, de pronto, reincide.

A mí me pasa así. Yo soy un hombre
ocupado y sin éxito
en cosas de poetas,
he renunciado, ha mucho tiempo a serlo.

Sin embargo, me ocurre que, un buen día,
luchando, por ejemplo, con los números
la pluma, sola, empieza a escribir versos
y me lleno de júbilo.

Entonces noto que la primavera
está otra vez viniendo:
que el aire, afuera, está lleno de píos
y que también yo estoy lleno de versos.



P.E.N. CLUB DEL PARAGUAY - MIEMBROS
Alonso de las eras, César
Alsina, Arturo M
Amaral, Raúl.
Appleyard, José-Luis
Avalos, César (h.)
Arguello, Manuel E.B.
Baecker, William
Báez, Jorge
Bedoya, Nilsa Casariego de
Bilbao, José Antonio
Boggino, Juan
Casaccia, Gabriel
Casartelli, Victor
Casola, Augusto
Chaves, Julio César
Dávalos, Hugo A.
Domínguez, Ramiro
Ferreiro, Ana Iris Chaves de
Ferreiro, Oscar
Frutos Pane, Juan Manuel
Gaona, Roque
Garay, César
García, Laureano Pelayo
Gómez Sanjurjo, José María
González Alsina, Ezequiel
Halley Mora, Mario
Lamas, Vicente
Lezcano, Luis
Livieres, Lorenzo
Marín Iglesias, Alejandro
Marcos Alvarez, Juan Manuel
Martinez, Luis María
Mateo Pignataro, Tomás




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