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miércoles, 1 de junio de 2011

MARIO RUBÉN ÁLVAREZ - LAS VOCES DE LA MEMORIA. HISTORIAS DE CANCIONES POPULARES PARAGUAYAS - TOMO VIII / Prólogo: EMILIANO, UNA PASIÓN POR EL CAMINO. / ASUNCIÓN, 2008



LAS VOCES DE LA MEMORIA
HISTORIAS DE CANCIONES POPULARES PARAGUAYAS - TOMO VIII

Autor y ©: MARIO RUBÉN ÁLVAREZ
Edición del autor y Julián Navarro Vera
Dibujo de tapa:
ENZO PERTILE
Armado y diseño: Isaac Duré Giménez
Editora Litocolor S.R.L.
Asunción-Paraguay 2008



PRÓLOGO
EMILIANO, UNA PASIÓN POR EL CAMINO

Una de las vidas más apasionantes de la poesía popular paraguaya es la de EMILIANO R. FERNÁNDEZ. La letra mayúscula puntuada entre su nombre y el apellido paterno para rendirle un homenaje a su madre Bernarda Rivarola-constituye un rasgo de originalidad y, al mismo tiempo, de atrevimiento. Ese gesto retrata buena parte de lo que fue la existencia de uno de los poetas más significativos de la historia de la literatura de nuestro país.
En el mundo de la oralidad donde no quedan rastros escritos del itinerario de una persona-, resulta difícil establecer una cronología precisa de los pasos del que eligió el destino de ser andariego. Por encima de cualquier rasgo peculiar que le pudiera caracterizar con trazos bien definidos, era un hombre libre, sin ataduras. Su pasión más verdadera fue el camino.
Esa voluntad de recorrer la geografía de su patria era inherente a su condición de creador. Atado a un lugar, su inspiración se hubiera asfixiado. No tenía, por lo tanto, otra salida más que responder a ese instinto de no detenerse nunca. Ni siquiera el acecho de la muerte -en la guerra contra Bolivia y luego de recibir una herida de bala que, finalmente produjo su deceso el 15 de setiembre de 1949 en Asunción-, lo retuvo. Era fatalista “el destino irremediable oñecumpli cherehe- dice en ADIÓS CHE PARAJEKUE, pero aun así no rehuía de lo que sus andanzas podrían depararle. Coraje era lo que le sobraba.
Sus musas eran viajeras como él. Lo aguardaban en los quebrachales de la taninera Carlos Casado, en los cañadones chaqueños donde la metralla buscaba víctimas para saciar su sed de sangre, en las bifurcaciones de las carreteras, en las casas de los amigos que le abrían sus puertas, en los aromas que le iba dictando la naturaleza al verlo transitar, en los ojos de las mujeres de su trayecto y en la memoria colectiva de la que era portador.
Un Emiliano sentado en una oficina, inmerso en la rutina diaria de un hogar con una sola mujer e hijos a los que acompañara a la escuela, puntual, disciplinado y sosegado es inimaginable. De haber estado ceñido al código de lo que la sociedad ve como normal, sin transgresiones, la literatura nacional no hubiera contado con una voz que expresara a un pueblo de un modo tan vigorosamente testimonial y encendido.
Venido al "valle de lágrimas" el 8 de agosto de 1894, continúa la polémica sobre su lugar de nacimiento. Yvy Sunú (Guarambaré) y, en los últimos años, Concepción disputan ese eslabón inicial de su historia personal. A falta de un documento categórico, con argumentos que se inclinan a uno y otro lado, el peso de la balanza parece inclinarse hacia los más cercanos a la capital.
La intención de este libro no es contar la vida de Emiliano. Ya otros lo han hecho dentro de las limitaciones que supone partir de testimonios no siempre verificables. La intención de este volumen de "LAS VOCES DE LA MEMORIA" es relatar las historias de algunas de las letras -casi todas musicalizadas- incluidas en sus páginas. Hay que reconocer que la tarea no ha sido fácil sobre todo porque se tropieza con las mismas barreras que encuentra quien pretende hacer una biografía de R. Fernández. En la oralidad es imposible constatar la certeza de lo que los informantes mencionan. Por eso, son versiones que pueden tener aún otras expresiones.
Como se sabe, cada uno de los textos apareció antes en el Correo Semanal del diario Última Hora. Independientes unos de otros, hacía falta -en muchos casos- incluir antecedentes que ya habían sido consignados en otras publicaciones de la serie en el periódico. Al darle un cuerpo unitario ahora, puede que algunos datos o consideraciones estén repetidos. Ya se sabe, entonces, por qué.
El autor es consciente de que aún hace falta investigar mucho para esclarecer algunos aspectos de la vasta obra del mayor poeta popular del Paraguay. Lo que aquí se ofrece es apenas una gota en un río ancho y caudaloso que todavía necesita una minuciosa exploración. La publicación pretende abrir una puerta por donde otros puedan entrar a buscar un tesoro que aún tiene filones insospechados.
Emiliano es un patrimonio cultural. Su poesía sigue vigente porque expresa sentimientos universales. En lo fundamental, lo que nombra sus versos sigue retratando el alma de los paraguayos. Ya no hay guerras contra la Triple Alianza o Bolivia que pelear en el presente, pero es indudable que hay otras trincheras que la soberanía humillada necesita ocupar portando las armas propias de la paz. En el amor, el calvario de la ausencia permanece como una montaña sobre el corazón. La era de Internet no elimina la herida que abre un desengaño. En fin, su verbo está de pie, encendido por lo que todavía nos quema, interroga y desafía.
MARIO RUBÉN ÁLVAREZ
Casi primavera, 2008
 


ASUNCIÓN DEL PARAGUAY
UNA AÑORANZA INCONTENIBLE

SANTIAGO CORTESI -nacido en Isla Sakâ, Yegros, departamento de Caazapá el 7 de junio de 1913 y fallecido el 4 de junio de 1992 en Asunción-, es uno de los grandes arpistas paraguayos. Primo de los Larramendia -Agustín, Rubito; Generoso, Chirole; Luciano, Chulo-, su vida estuvo íntimamente ligada a esa fraterna y solidaria relación familiar.
«De niños, vivíamos todos juntos en un korapy guasu. No había alambrada ni nada que nos distanciara. Eran dos familias Cortesi y la nuestra. Mi mamá era también Cortesi. Los primos crecimos juntos, más apegados a los de nuestra propia edad. Jugábamos y trabajábamos. Y también aprendíamos música. Creo que esa inclinación nos vino de la ascendencia italiana de la rama de mi madre», explica GENEROSO LARRAMENDIA, lúcida memoria de su entorno familiar y de un segmento relevante de la música paraguaya en la Argentina.
Rubito muy pronto supo que su vocación era la música. A los 16 años ya tenía un conjunto del que formaban parte sus hermanos más grandes y Santiago -que había aprendido a pulsar las cuerdas del arpa con un maestro que había venido de otro lugar- así como su hermano Guillermo, al que apodaban Pilé.
Cuando sonaron los tambores de la Guerra del Chaco, en 1932, Agustín y Santiago bajaron hasta Kangó -hoy General Artigas, en el departamento de Itapúa- para alistarse en el Ejército. Fueron remitidos al Acantonamiento Militar N° 1 que estaba en el barrio Sajonia, Asunción. Su calidad de músicos pronto los distinguió entre los futuros combatientes. Fueron seleccionados para integrar el elenco artístico dirigido por ROQUE CENTURIÓN MIRANDA, hombre de teatro respetado y admirado en la época.
Después de algunas actuaciones benéficas para la Cruz Roja, remontaron el río Paraguay, bajaron en Puerto Casado y se internaron en la espesura chaqueña.
Sus instrumentos -Rubito, guitarra y Santiago, arpa- fueron sus armas. Libraban acaso las batallas más difíciles y permanentes de la contienda bélica: mantener alta la moral de los soldados, incrementar su patriotismo y conservar viva la llama del coraje. Formaban parte de la orquesta del COMANCHACO dirigida por HERMINIO GIMÉNEZ.
Cuando las metrallas callaron, los primos volvieron a Asunción. Agustín cumplió la promesa que le había hecho a JULIÁN REJALA -también músico e integrante de la agrupación musical del frente- tomando parte de su conjunto. Santiago volvió a su tierra, sin dejar nunca las cuerdas de su arpa.
En la segunda mitad de 1930, con sus hermanos Generoso y Luciano, así como con los guitarristas FIDELINO CASTRO CHAMORRO y TEÓFILO NOGUERA -ex integrantes también del conjunto del Chaco-, Agustín emprendió el vuelo hacia sus sueños: llegar a Buenos Aires, actuar, grabar y, en fin, hacerse famoso.
En 1940 Santiago -convocado por sus primos- viajó por primera vez a Buenos Aires. Volvió poco después. Como Generoso y Luciano vinieron al Paraguay a hacer su servicio militar en la Marina, cuando salían de franco, iban a la casa de Santiago.
«Él se mudó de donde vivía al barrio Pinozâ. Construyó su casa allí. En ese tiempo compuso la música de ASUNCIÓN DEL PARAGUAY. Fue en el año 1942. EMILIANO R. FERNÁNDEZ le andaba buscando. Le habían dado su dirección antigua y, finalmente, lo encontró. “Atapia jave la che róga ou la Emiliano che rendápe. Hoooopaaaa, ndaikatu mo’âi rejapo la arúva ndéve (cuando estaba haciendo la pared de mi casa, Emiliano vino junto a mí. No vas a poder hacer lo que te estoy trayendo”), contaba Santiago que le dijo el poeta. “Aru ndéve peteî verso, pero tuju meme la nde po (te traigo un verso, pero tu mano está llena de barro)”, le dijo Emiliano. Era una casa de tipo campesino, para no pagar alquiler», relate don Generoso.
«Pronto le hizo la música. Los DEMETRIO -AGUILAR Y ORTIZ-, que eran parte de su conjunto entonces, la estrenaron», termina de contar Chirole Larramendia.
La letra tuvo otro itinerario. Otros itinerarios tal vez, en el tiempo y en el espacio.
Cuando EMILIANO R. FERNÁNDEZ quería partir del lugar donde estaba, no había razones que lo pudieran atajar. Ni siquiera el amor, que parece ser el argumento más convincente para frenar a cualquier ser humano. El camino -ya fuese de polvo o de agua- ejercía sobre él una fascinación a la que no se resistía.
El poeta trabajaba en los obrajes de Carlos Casado en el Chaco. Y una noche cualquiera, como un jaguarete voraz del monte con olor a quebracho, la nostalgia se abalanza sobre él. En ese techaga'u superlativo hay que buscar el origen de los versos de ASUNCIÓN DEL PARAGUAY.
«Un día Emiliano resuelve bajar a la capital. Y se viene con su hijo GUAHO POTY y su poema ASUNCIÓN DEL PARAGUAY, que era algo así como la llave para la conquista de Asunción», contaba el poeta DARÍO GÓMEZ SERRATO en un texto escrito para la publicación «EMILIANO REKOVE» que dirigía MARINO BARRIENTOS (1).
A pesar de que Darío afirma que ya trae desde el norte la poesía, su contenido permite sostener que lo escribió ya después de llegar a destino. O al menos cuando estaba muy cerca de él y sentía fragancias que le eran familiares desde antaño. La Asunción a la que canta es muy inmediata a él, no lejana.
«Lo aguardamos con FÉLIX F. TRUJILLO, HÉRIB CUENCA RIVEROS, JOSÉ V ROGNONI y otros amigos», relataba Gómez Serrato. La espera fue infinita, «desde las primeras horas hasta el amanecer». Lo que ocurrió -según él mismo cuenta- es que Emiliano ya quedó “varado” por las playas del barrio Varadero». Unos amigos lo bajaron del barco allí. Fiel a su tradición, olvidó que lo estaban esperando.
El investigador de los pasos del escritor, EUGENIO HERMOSA SELLITI ubica la creación de ASUNCIÓN DEL PARAGUAY antes de la primera movilización, tras la muerte del teniente Adolfo Rojas Silva en el Chaco en manos de tropas bolivianas. ELPIDIO ALCARAZ SEGOVIA, también profundo conocedor del itinerario vital de Emiliano, cree que tuvo que haber escrito por esa época.
El igualmente versado rastreador de sus huellas ÁNGEL ANTONIO GINI JARA recuerda que entrevistó al autor de la Música, el arpista y compositor SANTIAGO CORTESI. «El me dijo que Emiliano le entregó la letra ya después de la Guerra del Chaco, en 1936», asevera y luego precisa que Emiliano fechó su creación en agosto de 1928, de acuerdo a KA’A JARÝI, una publicación que recogía las obras del vate de múltiple voz. «El primero en grabarlo fue el conjunto de Santiago Cortesi en Buenos Aires con las voces del dúo ALONSO (RAÚL)-CHULO (LUCIANO) LARRAMENDIA», añade Gini Jara.
(1) Barrientos, Marino. Emiliano R. Fernández, a 100 años de su natalicio y 45 de su muerte. Asunción, 1994.

ASUNCIÓN DEL PARAGUAY
 
Ndaikuaái ojehúva chéve, che ko’ênte sapy'a
che ygue ygue rei, imposible ndavy'ái
ama’ê y Paraguaýre, che resa anga ko ikâ
ajuségui rohecha Asunción del Paraguay.

Ymaitéma ku guyráicha aikove iñapytîmby
iñañáva tekove che pepo anga oikytî
noguahêiva cherendápe peteî ára tory
che pejuva'erâ po'ápe che reru rohechami.

Âgâ péina Ñandejára «iporâmante» he'i
ha peteî guyrami che rendápema ojokuái
che rupívo ipepo ári chereru rohechami
amano mboyve jaíre, Asunción del Paraguay.

Nendivéma che ko’êvo, che pytu arumi jevy
chepeju yvytu ambue noguâhêivami amoite
omymýi che korasô, oikovéma che ruguy
oje'omive chugui tukumbo rapykuere.

Aheja che rembiayhu jepevérô ambyasy
añandúva che jopy tekoasy chemonguerái
aheja avei che symíme tapere ha pore’ỹ
ajuségui rohechávo, Asunción del Paraguay.

Che rasy techaga’úgui iñypytû che rekove
ha amoite javorái guýpe nahi’âi chéve amano
ha aru che korasôme ojehýiva ku pere
ha kyvômante ikatúne yvotýpe aipohano.

Rehendúva apurahéirô, rehendúva che ñe’ê
rehundúva che pyambúrô, che rova nderehechái
kóina upévare aru mbykymi ajapova’ekue
purahéi ndéve guarâ Asunción del Paraguay.

Ahetûma ku jazmín ahetûma reseda
ahetûma ku cedrón che py’a rupi rupi
hyakuâvu Paraguaý ku yvága ja'eha
iporâ ndaijojahái Juan de Ayolas tapyîmi.

Tomimbi mbyja ko’ê, tahyapu laurel rakâ
toveve pindo rogue, leonmi tosapukái
ñande sy topukavy, tomboveve iñakâhoja
imembýpe tohovasa, Asunción del Paraguay.

Letra: EMILIANO R. FERNÁNDEZ
Música: SANTIAGO CORTESI



LA PÁGINA ROTA
DESDE LA AUSENCIA

Los amores de EMILIANO R. FERNÁNDEZ fueron intensos y numerosos. Sus versos estaban encendidos de pasión. Cantaba sobre todo a lo que fue y quedó para siempre hacia atrás aunque, a ratos, desandaba el camino, se reconciliaba con su amada y su verbo alimentaba de nuevo la ternura.
MARÍA BELÉN LUGO, Belencita, sin duda fue el gran amor de su vida. Y, como tal, fue también el mayor dolor de su existencia. Las obras dedicadas a su esposa van desde el cariño más excelso al odio más exacerbado.
Junto a otras -CATALINA GADEA, MARCIANA DE LA VEGA, DOMINGA LUGO, DOMINGA JARA Y MATILDE CAÑETE, entre tantas-, el nombre de FERNANDA (AGUILERA) aparece como destinataria de sus obras. Una de ellas es LA PÁGINA ROTA, escrita en 1928 y musicalizada por GABINO ESPÍNOLA- nacido él 19 de febrero, pero anotado con fecha 1º de marzo de 1930 en el barrio Pinozâ de Asunción, integrante del recordado dúo ESPÍNOLA-MARÍN- en 1960.
«Entre 1926 y 1948 fue su musa inspiradora. De niño, papá me llevó a su casa. Vivía en Trinidad», cuenta Laureano Fernández, hijo de Emiliano, al hacer alusión a Fernanda Aguilera.
«Era de Pirayú Yurú, que estaba hacia Itauguá Guazú, según me contó LUCAS MEZA, amigo y dúo de Emiliano. La mujer era, no sé de qué lado, pariente de ellos. En la época en que vivía por ahí le conoció porque ella iba y venía y se enamoró de ella», relata, en tanto, el músico y compositor NÉSTOR DAMIÁN GIRETT.
«A ella le dedicó también EL DÍA DE MI ROSA en la Estancia Guahó, Alto Paraguay, en 1928. Horas de ausencia también la tiene como protagonista», afirma a su vez el investigador de la música paraguaya ELPIDIO ALCARAZ SEGOVIA.
«A Emiliano lo conocí personalmente de niño. Pasaba por el patio de mi casa para ir a visitar a la familia de ÁNGEL RAMÓN OSORIO que tenía el conjunto OKÁRA POTY. Venía descalzo, con su chaqueta verde'o y su mbaraka perô, además de su náko y su sombrero», rememora Gabino Espínola.
«Estaba muy enfermo un día, en 1960 en mi casa de Pinozâ. Tenía “fuego de San Antonio”. Mba'eve naiporâi chéve (nada me consolaba). Cuando estuve mejor, reponiéndome, tomé la guitarra y me salió una melodía. Lo primero que se me ocurrió fue ponerle como título Fuego de San Antonio», sigue narrando.
En esos días cayó en sus manos la Revista «Reminiscencia» que traía letras de autores diversos. «Allí encontré LA PÁGINA ROTA. Probé con mi música y le calzaba perfectamente. Fui junto a Laureano Fernández, que trabajaba en el Ministerio de Hacienda entonces y él me dio la autorización. Lo grabé con el Conjunto Tricolor y el dúo Espínola-Marín entre 1961 y 62. Como para el disco cada composición debía durar solo 3 minutos; únicamente grabamos las primeras cinco estrofas y la última, completando seis de las 16», concluye Gabino Espínola.


LA PÁGINA ROTA (*)

El sol arrebolado se hunde en el Poniente
y acecha sigiloso el triste anochecer
sus cárdenos reflejos desmayan lentamente
en ritmo con mi inmenso, profundo padecer.

Conmigo va la noche envuelto en su ancho velo
como un fantasma loco mi pobre corazón.
Las noctívagas aves del mal y del desvelo
sobre mi alma cruzan en larga procesión.

Llena un frío de ausencia mi lóbrego aposento
y a Dios solo confieso mi tétrico sufrir.
Y tú, lejos, amada, ignoras mi tormento
ignoras el martirio de mi intenso vivir.

Mi senda entenebrida está llena de espinas
agudas y punzantes espinas del dolor.
Los jilgueros huyeron de la selva vecina
ya no sueltan al viento su música de amor.

Las flores que en otoño brindó la primavera
hoy pálidas y mustias están en la orfandad
todas tiemblan y gimen en la angustiosa espera
aguardando que vuelvas mi voluble beldad.

Así también yo vivo herido con tu ausencia
distante de tu gracia, sin escuchar tu voz.
Las alas del destino arrastran sin clemencia
mi barca de esperanza que a ti fuera veloz.

Aquel dichoso nauta hoy náufrago y sin tino
zozobra entre las olas del mar de la aflicción.
Amada, tú lo sabes: perdido está el marino
porque apagó el destino su faro de ilusión.

Perdí ya tu cariño, perdí ya tus amores
lo que perder pudiera perdido todo está.
Mi estrella favorita me niega sus fulgores,
sus besos de esperanza ya no son para mí ya.

Errante en la intemperie, mas siempre decidido
iré buscando sombra mejor que la de ayer
soñando con tu cariño y en tu encanto florido
y en la rosada gloria de nuevo amanecer.

Desde el remoto instante de aquella vez primera
tu nombre es como un himno que idealizó mi amor.
Y florece en mis versos como una primavera
en la que eres reina, mi resedá en flor.

Comprendo que es humano sufrir las decepciones
comprendo lo voluble que fue tu corazón
comprendo tu inocencia, por esos estos renglones
Fernanda, amada mía, te llevan mi perdón.

Qué vivas tú contenta mientras malignos labios
diabólicos se empeñan en malograr mi bien.
Aquí yo estoy de pie para afrontar agravios
el odio, las traiciones y el sable del desdén.

Mañana si te vieras por rutas indecisas
llorando desengaños cargados de dolor ven
Fernanda a mis brazos que sobre las cenizas
perennemente tuyo encontrarás mi amor.

No importa que tu gracia florezca en mano ajena
no importa que se burlen de mi fe y mi ilusión
y aunque mi senda encuentre de lodo y zarzas llena
rencor no guardará mi pobre corazón.

Tal vez el egoísmo falaz y traicionero
que loco destruyera mi nido de placer
mañana se transforme y sea en mi sendero
como una flor que arome mi triste atardecer.

Adiós dulce Fernanda, soñada novia mía,
me voy con paso incierto buscando otro vergel.
Adiós aquellos ojos que fueron mi alegría
adiós aquellos besos que fueron todo miel.

Letra: EMILIANO R. FERNÁNDEZ
Música: GABINO ESPÍNOLA
(*) Versión completa




OJOPE KANGY
EMILIANO R. FERNÁNDEZ
UN VIERNES PARA LA MUERTE

         Al abordarse las obras de Emiliano R. Fernández se suele caer en la trampa -muy bien tendida por cierto, hay que reconocerlo-, de encasillarlo como poeta de lo amoroso y de lo épico, sobre todo. Las otras vertientes de su creación literaria son dejadas de lado.
         La veta religiosa de Emiliano es amplia y tiene un registro bien definido. Salvo la compilación hecha por Rudi Torga para la Antología poética de Emiliano -Volumen I- de la Editorial El Lector, no hay otro libro en el que se reúnan los poemas de esta temática.
         Emiliano expresaba casi todas las aristas de la cultura popular. Sus vivencias no eran ajenas a las de sus demás compatriotas. Él estaba dentro de ese mundo que tenía determinada percepción de la realidad y su propia escala de valores. Al escribir torrencialmente  -su producción es asombrosa-, manifestaba el sentimiento del pueblo en relación a lo que debe ser inscripto en la categoría del relacionamiento humano con las diversas manifestaciones del cristianismo.
         María Belén Lugo le conoció al que luego le haría vivir un tormentoso romance -que con los años se cortaría por insostenible-, en un ñembo'e paha en las proximidades de Ysaty. Al término del rosario, ella preguntó si quién había sido el ñembo'e ýva que tan bien había dirigido el final de la novena. "Ha péa teína el famoso Emiliano R. Fernández", le contestaron.
         El de ñembo'e ýva era uno de los oficios del poeta al menos hasta sus 35 años. Donde le requerían estaba presto para cumplir con esa especie de carga pública que su idoneidad para este menester le había otorgado.
         Otra muestra de su conocimiento de la percepción popular de lo religioso es Che képe guaye. Allí despliega su sabiduría con respecto a los "atributos" que el ciudadano común le endilga -con fundamento razonable o no-, a los santos que tienen un rol bien determinado.
         La Virgen María -en particular la de Caacupé-, y el Niño Jesús son también motivadores de su inspiración.
         Hay, sin embargo, una poesía que casi se perdió en medio de las canciones de los estacioneros (los que cantan en la Semana Santa los diversos pasajes de la vida de Jesús, sobre todo los más dramáticos que atañen a su muerte). Más larga o más corta, con estrofas ubicadas de modos diferentes según sean los intérpretes, con palabras cambiadas o con versos más reducidos, circulando como de autor anónimo, Ojope kangy es una obra de Emiliano R. Fernández. Comparada con las otras canciones del repertorio de los protagonistas del ñembo'e purahéi -así se llama a estas canciones en el Guairá y Caazapá-, resalta nítidamente.
         Los estacioneros o pasioneros cantan la poesía con una música que es casi idéntica a las de las demás obras -éstas sí de autores anónimos-, de su repertorio. Pudo haberla puesto el mismo Emiliano o, simplemente, los cantores populares la adaptaron a una tonada llena de tristeza, propia de la Semana Santa.


OJOPE KANGY

Ojope kangy kuarahy osêvo
maymáva guyra okirîrîmba
ñaimo'â oikuaáva viernes-pe iko'êvo
Tupâ Ñandejára omanotaha.
Hetaite rire oiko kañyhápe
ñande rayhupápe oiko ojejukauka
Tupâsy Dolores oja anga hendápe
imanto apýpe hesay omokâ.
Umi judiokuéra oity anga yvýpe
oinupâ haguâ opívo omboi
ha osê Ñandejára ojahu huguýpe
idefendehára ndaipóri voi.
Ha jahapamína icalvariohápe
ñesûhapete ñañembo'émi
ha ha'e avei ñande rayhupápe
lanza ikorasôre hetaite osufri.
Ha jahapamíma Tupâ manohápe
kurusu pukúre péinama itindy
jahecha haguâ ojeclavahápe
ipy ha ipógui osyry huguy.
Ipúma campana mbohapy jevy
las tres oguahêvo viernes ka'aru
ipy ha ipógui osyry tuguy
los judíos ohekyivo pe clavo puku.
Ko'ágâ oiméma altar renondépe
upépe ijaty chupe nikelmi
ha ha'e anga agâitepeve
lanza ikorasôme hetaite osufri.


EMILIANO R. FERNÁNDEZ



PENERA'ÂRÔVO
Letra: EMILIANO R. FERNÁNDEZ
Música: JUAN A. TORALES

INVITACIÓN A RECONSTRUIR LA PATRIA

         Cuando el músico y compositor Juan A. Torales -nacido el 23 de junio de 1917 en Caballero, departamento de Paraguarí-, supo que había llegado a su tierra el poeta Emiliano R. Fernández se llenó de emoción. «Aikuaava'erâ chupe (tengo que conocerle)», se prometió a sí mismo. En 1935 -año en el que se desarrolla este relato- tenía 18 años.
         El poeta estaba en la casa de Fidelina Valdez trabajando en una obra dedicada a ella (Nde keguýpe, conocida también como Entre tu sueño). El visitante saludó con timidez a quien consideraba el mayor poeta popular paraguayo de la época.
         - Eguahêke Juancito (Pase adelante, le invitó doña Felicidad Valdez, la madre de la mujer a la que en ese momento Emiliano dedicaba sus versos y su atención.
         «Che niko akyhyje nunga voi la Emiliano-gui», recuerda don Juan en su casa-almacén de Morquio y Cerro Corá, en Asunción. Acota que el poeta tenía los ojos rojos y una capota boliviana. «Ha'e de militárnte voi oñemondémiva», agrega su esposa Inocencia, artista de la guitarra y la composición como su marido.
         - Eguahê kátuna mi hijo (llegue no más mi hijo) - intervino Emiliano. –
         Amo música ningo Penera'arôvo nde rejapova'ekue ha ajuhúva Ocara poty cue mi-me. Apurahéi pe kokuére, lo mitâ apytéipi (Le puse música a su obra, que encontré en un cancionero popular. La canto en la chacra, andando con mis amigos le contó sobre la marcha Juan.
         - Ñahendumína che ra'y (vamos a escucharla)-, le pidió Emiliano.
         Al terminar la melodía, el poeta lo felicitó. Le contó luego que había escrito la obra pensando en los ex-combatientes que volverían con vida del frente de batalla, invitándolos a reconstruir la patria desangrada.
         Don Juan relató después que cuando encontró la letra le entusiasmó tanto que la aprendió de memoria. «Amo música kavaju ári, ahakuévo guéi reru. Ha aguahê jevývo ógape, a'arregla che mbarakápe (Montado a caballo, cuando iba a buscar los bueyes, le ponía la música. Al retornar a casa, la completaba, ya con la guitarra)», rememora el compositor que a muy temprana edad había aprendido a amar la música. Sus hermanos -entre ellos Máximo Torales, el autor de Tuku karu- eran también músicos. De ellos aprendió los primeros secretos de la guitarra y luego remontó vuelo con la sola ayuda de su intuición y su talento.
         Años después, don Juan dejaría su tierra para trabajar en una compañía constructora de rutas norteamericana. Su primer trabajo fue la pavimentación asfáltica de la ruta 2, en el tramo final. Después, en su calidad de responsable de la obra, trabajó en la construcción del desvío a Areguá de la ruta 2.
         Con el tiempo, don Juan se encontraría de nuevo con Emiliano. «Entre tu sueño mi Fidelina ko che tormentona ehendumi... apurahéiva'erâ chupe atopahápe, umi Gral. Higinio Morínigo acto háipi (Le cantaba el primer verso de la canción que le había dedicado a Fidelina)». Inmediatamente, entonces, Emiliano reconocía a aquel tímido muchacho al que había visto por primera vez en Caballero.

PENERA'ÂRÔVO

Péina ko la guerra opa
py'a guapy oî jeyta
ko'águi ñañembyatyta
ñambovíva ko tetâ.
Cañón, mortero, mboka
umíva ñañongatúta
rosádoma jaiguyrúta
ñañemitỹma haguâ.


Machete ke tahaimbe
tahi'ýva porâke asáda
ñamyengoviami espada
Chácope ipurupyre.
Ha buey yunta karape
ñamyakâsâ jugoguýpe
amarayvimi kangýpe
surcore ñamoma'ê.

Jaikohaguéicha kuehe
jajapo campo de tiro
estaca, tala ha nido
umíva ñande kokue.
Ñacumplipáma rire
la pátriape jadevéva
hi'âma arado, mancera
japokomívo hese.

Ápé kóinava jareko
yvy fisco ipukukuévo
ha don Genaro Romero
tuicha penera'ârô.
Ichupe ko oipytyvô
diario chu'i maymárô
ko'êramo pejupárô
jaikéta ñamba'apo.

Anínteke ñahendu
omoingéva oñoakâme
ohóvo ambue tetâme
ohekávo pytu'u.
Ko'ápe avei ikatu
jajuhu ohechakuaáva
karai imba'e porâva
oñohêva'erá pe iviru.

Ñaimembárô oñondive
guerrakue ñamyengoviáta
anínte ñande juráta
político tujukue.
Umíva korasôme oime
mbói chini ojapakuáva
ñane retânte oikuaáva
umi vícho raîvore.

Ñañotynteke avati,
petỹ, mandyju, naranja,
umíva hína esperanza,
oro sellado voi.
Kumanda ha manduvi
kurâpêpê ijapytépe
topukavy nde kokuépe
heta piña vakachi.

Pakova ha takuare'ê, c
afé, mango, mandarina
mamóne, aguacate, lima
nde rógare tojere.
Jaju pe asaje pyte
vokói ñamba'apohágui
âvâ guype javy'águi
jaguapy jaterere.

Oguapyvo ka'a rykue
sakarô, locro oguejýma
péichape jaguapýva
jakarumi oñondive.
Toúke avati maimbe
tembi'u týra hevéva
Paraguay rembi'uetéva
roráre kamby jygue.
Ipisárrare tomoi

Kyha chipa ñañotî
piro'yva yvyra guýpe
ñande ra'y ñande ypýpe
toguapymi toscrivi.
ideber-râmi ko'êrô
te'i lección ome'êvo
Patria moriré por ti.

Péicharôpa kuimba'e
mba'ére ñaikotevêne
mba'e apóvo jahaséne
jaheka tetâ ambue.
Ñane retâ porâite
jaiko rire hayhuhápe
ha ñamoî hendaguâme
ñañemyrôta ichupe.

Chéko ajúma tenonde
tenonde ahahaguéicha
avy'áne kuimba'éicha
pejupárô pende ave.
Kóinama pomberokue
pende relévope ohota
hasýpe haposoróta
sandia yvyguy pahague.

Letra: EMILIANO R. FERNÁNDEZ
Música: JUAN A. TORALES




PRIMAVERAS I, II, III Y IV
UNA ESTACIÓN, CUATRO VERSIONES

         La aproximación a Emiliano R. Fernández suele detenerse en dos de sus temas recurrentes: las mujeres y las dos guerras. No hay que olvidar, sin embargo, que fue también un reiterado cantor de la naturaleza, sin dejar de lado su creación en las vertientes de lo social y lo religioso.
         Los versos dedicados a la primavera reflejan su gran conocimiento de la flora y la fauna de nuestro país. Las cuatro letras que se conocen como Primavera I, Primavera II, Primavera III y Primavera IV son variaciones que parten de la admiración del entorno florecido tras el invierno, invadido por el canto de los pájaros. Los números romanos pretenden indicar un orden cronológico de producción, pero puede que no necesariamente responda a la realidad de los hechos.
         La música de Primavera I es de Néstor Damián Girett. Tañatóî che mbaraka/ las seis cuerdas tambopu..., dice al comenzar. Está dedicada a su amigo, el poeta Rafael Ríos. «Recogí la letra del cuaderno de Lucas Meza, de Itauguá Guasú, Itauguá. La comparé con la que salió en Ocara poty cue mi. Entre 1977 y 1980 yo trabajaba para ponerle melodía a otra obra de Emiliano, pero me di cuenta que calzaba perfectamente con Primavera I. En el 2000 lo grabé», recuerda Girett.
         La más conocida y divulgada es Primavera II - Ohasa tiempo ro’y/ primavera oguahê...-, que tiene música de Félix Pérez Cardozo. «Primavera I y Primavera II fueron escritos entre 1926 y 1929.
         Por esa época, Emiliano trabajaba en el obraje del kilómetro 61 de los Sastre, en el Chaco. Era carrero a las órdenes de Mario Acevedo, padre del político Euclides Acevedo. El ambiente que describe es el de la zona, pero también de otras partes porque él era un andariego impenitente», cuenta Eugenio Hermosa Selliti, ex-empleado de la firma Carlos Casado y rastreador de las huellas chaqueñas del mayor poeta popular paraguayo.
         «La letra de Primavera II llegó a manos de Félix Pérez Cardozo en la década de 1930 en Buenos Aires a través de Diosnel Chase, quien también fue portador de Che la Reina y otras poesías enviadas por el autor para ser musicalizadas», según Ángel Antonio Gini Jara, uno de los más profundos conocedores de la vida y las obras de Emiliano.
         «Primavera III se salvó del olvido gracias a que el músico y compositor carapegüeño Mauricio Medina -nacido el 22 de setiembre de 1927 en Caapucumí, compañía Franco Isla, de Carapeguá y fallecido en el mismo lugar en 1990- encontró la letra en alguna revista y le puso música. Yo cantaba con el que también era mi padrino y mi tío. Cada tarde me iba a su casa con un cuaderno y él me dictaba los Emiliano-re. Con el conjunto Los compuesteros de Carapeguá yo grabé un disco totalmente dedicado a Emiliano con música de Medina», relata, en tanto, José Calasán Centurión Vega, músico y compositor de Carapeguá.
         Primavera IV -así como la anterior- es la menos conocida. Péina oguahê primavera/ ko tiémpomi pôrâite... son sus dos primeros versos. Otro indagador insomne de la trayectoria del autor de Asunción del Paraguay y Rojas Silva rekávo, el Dr. Stilver Cardozo, es el que desempolvó esta antigua polka.
         «La diferencia con las otras tres es que se ubica en la Guerra del Chaco, donde Emiliano fue combatiente. Su tono es de nostalgia y ausencia. Recuerda a su madre y al amor de su vida que fue Belencita. La música es de un tal Félix Rodríguez y la grabación que yo tengo es del dúo luqueño Miranda-Cantero», dice Cardozo.
         En una mirada de conjunto se constata que Emiliano escribió un solo poema en cuatro versiones. Las tres primeras son lo mismo, con palabras diferentes. La tercera varía por el énfasis autobiográfico, la atmósfera bélica y las alusiones muy concretas a lugares chaqueños de la guerra contra Bolivia de 1932 a 1935. Aun así, su unidad permanece inalterable.

PRIMAVERA I

Tañatóî che mbaraka
las seis cuerdas tambopu
peñemboja lo mitâ
enteroite pehendu.
Péina hasýpe oguahê
ku tiempomi iporâitéva
yvypórape guive
omombáy, ombyetia'éva.

Setiembre oguahê vove
ipotypa ka'aguy
guyrami opa lajaite
opurahéi, ojeroky.
Yvytumi oipeju
ne korasô ombovy'a
jaimimígui ogueru
umi mba'e ryakuâ pôrâ.

La divina creación
kuarahy ohesape
oñadorna en perfección
primavera oikevove.
Ipôrâ ku ko'êju
rehecha pytângymi
hakykuéri nde peju
ho'ysâva yvytumi.

Péva pe óra ogueru
ilája'ỹva vy'a
ogosa la juventud
el edén oje'eha.
Omimbi pe kuarahy
sus rayos en la inmensidad
ojajaipa, ojeroky
ogueru felicidad.

Asaje katu reho
umi ysyry resêgui
ojuhu ne korasô
contenta vida feliz.
Upe rupi rehendu
los conciertos estremecidos
ne memóriape ogueru
los otros tiempos floridos.

Upe ramo el sufrimiento
ne korasôgui ojei
rehendu los dulces acentos
oentona guyramimi.
Resê ku ka'aru ládo
ísla kósta rerrekorre
rehendu desconsolado
hasê asy korochire.

Sapy'a py'a ombohovái
mba'e mbyasýpe ichupe
ha'eñomi ndovy'ái
ojekeha el kogoe.
Resêgui ñu rembe'ýpe
asuséna ipotypa
de tres colores ipoty
primavera ombojegua.

Ochifla ku tataupa
ochochômba aka'ê
charáta ijayvu joa
ku sýi ha chiripepe.
Oguahê ku pytûmby
un tranquilo pyhare
oñembo'e che sy hasy
bendito Dios ha oke.

Upevovénte osê
ipôrâitéva jasy
rema'êmívo hese
nde py'a ombopiro'y.
La esperanza he'iha
upérô reha'arô
yvágare remaña
ha'e vaicha oguereko.

Un seguro pensamiento
pe ne âkâme reheja
reha'arô todo el tiempo
umíva lája vy'a.
Adiós tiempo juvenil
que los futuros espera
adiós fragante pensil
de la hermosa primavera.

Letra: EMILIANO R. FERNÁNDEZ
Música: NÉSTOR DAMIÁN GIRETT


PRIMAVERA II

Ohasa tiempo ro'y
primavera oguahê
ñu, ka'aguy oflorese
hokypa ivérde asy
palo blanco ha tajy
mombyrýgui jahecha
ka'aguy oñuâmba
hechapyrâ yvoty.

Yerbas, arbustos y flores
entéro ipoty jera
yvotyty jahecha
con exquisitos primores
bellos aspectos encantadores
kóva ko tiempo ogueru
ko'ê jave ñahendu
himno de aves cantores.

Campichuelo-pe resê
hovyûmba rejuhu
ka'aysáre ñahendu
umi pykasu rasê
churiri ha pitogue
la novia pepo asa
ñande ári ohasa
bandada pyku'ipe.

Kokuerépe ñahendu
sariâ oñe'ê joa
ñandu guasu omburea
ha orronka ñakurutû
pe javoráire jaku
ayvumiéma ojapo
al alba oñe'ê chiriko
tataupa ha'e mytû.

Kokuerépe ñahendu
mbokaja ipotypa
oadorna kokue rape
pindo rakâre opepe
tu'î ha marakana
opurahéi ñakyrâ
oanuncia sandia aju
yvapovô ha guaviju
tape yképe okukúipa.

Kuarahy oñapymi
okalma pe yvytu
jahecha jasy pyahu
ikarâpâ po'imi
estrellakuéra omimbi
jepiguágui ipôrâve
siete cabrilla ojere
oguahêvo ko'êtî.

Rosáda ha morôtî
hesa'yju, pytangy
orraja pe kuarahy
osêmbotávo omimbi
ojeroky panambi
mainumby ha mbyju'i
la creación ombohory
Níño ára hi'âguî.

Ko'êmbavove ñasê
jakrusa umi vecindad
ñahetû umi reseda
ha umi rosa pytâite
jahechaseveseve
umi huerta florecida
rosa, jazmín morotîva
ndaho'i pe hyakuângue.

Letra: EMILIANO R. FERNÁNDEZ
Música: FÉLIX PÉREZ CARDOZO


PRIMAVERA III

Oguahê mes de setiembre
primavérama oike
todo el mundo iñambue
alegría ko atopa
guyrakuéra ovy'apa
oveve, ojeroky
plantakuéra ko hoky
ipyahupa vaicha pe mundo
iporâva sin segundo
jaikovéva jahecha.

Ku ko'êmbotárô hína
orrajávo kuarahy
oipeju norte kangy
ha umi cerro hi'âmbu
karaja ijayvu
primavera ombyaje
ha oiko mokóî kogoe
pokâ pokâ osapukái
tortóla ombohovái
tataupa ha kavure.

Pe jaíre rehendu
opaite lája guyra
hory, oñe'ê joa
nahi'âi vaicha omano
piririta ha ano
churiri ha'e viudita
saijuvy ha tortolita
havia korochire
hatâ hatâve oñe'ê
calandria pepo asa.

Upéinte osê jasy
ojupi mbegue katu
hendy morôtî, sa'yju
oñuâ pe mundopy
oñelamenta mombyry
ityre'yva karaû
ha ombohovái urutáu
mokôive cautivopy
oñelamenta mombyry
ku ityre'ỹva karaû
ombohovái urutáu
mokôive cautivopy (*).

Asajekue reñenórô
naranjaty rembe'ýpe
tahasê asy nde ypýpe
eíra rua mimi
naranja topiriri
ho'akuévo ipoty
ñahetû hyakuâ asy
tristésa ko orrepunta
ko primavera ryakuâ
pejána pehetûmi.

Aje niko ipôrâ
entero ko'â mba'e
jaha ramo chendive
entéro ne mba'epa
porque chéngo nderehe
che korasô opalpitáva
ha nde nde aveva'erâ
en mi vida rohayhu
pejumína pehendu
primavera rehegua.

Letra: EMILIANO R. FERNÁNDEZ
Música: MAURICIO MEDINA

(*) Con esta repetición canta el dúo Miranda-Cantero.
Al parecer, desaparecieron dos versos por lo cual la estrofa
es irregular con relación a las demás.


PRIMAVERA IV

Péina oguahê primavera
ko tiempo porâite
ha che mombyry asyete
ahecha en la frontera
aokupávo la trinchera
Bolivia oúrô guarâ
porque ahayhu che retâ
ha che tricolor bandera.

Primavera pyhare
che symíre che mandu'a
che képe avei ahecha
atupânóiró ichupe
apáy upe javete
mombyry ajejuhu
Boquerón tomombe'u
upe che képe guare.

Ohasapáma ro'y
primavera oguahê
ha che mombyry asyete
Belencítare apensa
la guerra opárô guarâ
che py'águi ndojeivéi
porque péicha ndahejaséi
ahayhúgui che retâ.

Ipórâ la pyhare
pe isómbra hû vera
opa rupi amaña
ha ndahechái mba'eve
ku ka'aguy ambojere
patrulla chéve otoka
voli rehe apeska
hasta cruce Mbutuy.
Pero bueno primavera
sapy'ánte aju jeýne
ne guahê arohorýne
che valle, che gentekuéra
yvoty ipôrâvéva
aipo'óne ne ra'arôvo
torypápe ajapóvo
ambovíva che bandera.

Letra: EMILIANO R: FERNÁNDEZ
Música: FÉLIX RODRÍGUEZ

  



TRAYECTO DE LA CAMPAÑA
ITINERARIO DE UN COMBATIENTE

         La trompeta y el redoblar de los tambores -instrumentos musicales de guerra por excelencia-, atraían a Emiliano R. Fernández como el néctar de las flores a las abejas. Fue por eso que ya orillando los 30 años -había nacido en 1894- fue uno de los primeros en presentarse a las filas gubernistas cuando en 1922 estalló la revolución entre los saco mbyky (partidarios de Eduardo Schaerer) y los saco puku (adherentes de Manuel Gondra y José P. Guggiari), facciones liberales que medían su distancia con el pueblo por la extensión de sus vestimentas.
         Desde que subió al poder -defenestrando al Partido Colorado-, en 1904, el Partido Liberal se debatía en dos alas en permanente insurrección. Salvo el gobierno de Eduardo Schaerer -después de un periodo de turbulencias de nunca acabar-, entre 1912 y 1916, los demás presidentes no pudieron concluir sus periodos. Las asonadas estaban a la orden del día.
         La revolución de 1922-1923 estalló cuando el presidente provisional -le había sustituido a Manuel Gondra en su segunda presidencia, tan efímera como la primera por lo que el ñe'enga decía «Taguapy sapy'ami he'i Gondra»-, Eusebio Ayala el 22 de mayo de 1922 «vetó de acuerdo con sus atribuciones una ley emanada del Parlamento convocando a la constitución de un Colegio Electoral a fin de designar presidente y vicepresidente de la República», según Tomás de los Santos. El historiador Alfredo Seiferheld, en el prólogo del primer tomo del libro de este autor sostiene que aquel «veto provoca la reacción militar de la zona de Paraguarí al mando del coronel Adolfo Chirife al que se pliega de inmediato la fracción schaerista del Partido Liberal (que abandona Asunción para unirse a la revolución) así como la zona militar de Concepción al mando del teniente coronel Francisco Brizuela, la de Villarrica a cargo del coronel Pedro Mendoza y un destacamento militar de Encarnación». Menciona luego: «El 29 de mayo de 1922 Eusebio Ayala retira apresuradamente el veto, pero ya es tarde. Las fuerzas armadas rebeldes se concentran en Campo Grande y entran en contacto con las gubernistas dirigidas por el coronel Manlio Schenoni».
         Ese es el origen del conflicto y la composición de las fuerzas. Emiliano se presentó a filas leales al gobierno y se puso a las órdenes de quien ya fuera su jefe en la Primera Zona emplazada en Concepción, el mayor José Félix Estigarribia. Con él emprendió, por tren, la marcha para librar la decisiva batalla de Ka'i Puente, lugar que hoy se conoce como Coronel Bogado, al sur, en el departamento de Itapúa.
         Trayecto de la campaña -que algunos nombran también como Trayecto de mi campaña o Trayectoria de mi campaña- es un típico compuesto no solo porque en la primera estrofa usa una terminología propia de este género –“señores pido atención/un momento ajerure” sino porque va relatando cronológicamente los lugares por donde el Primer Destacamento del que formaba parte pasó.
         Emiliano tuvo que haber escrito la poesía a fines de 1923 ya de regreso a Asunción, luego de la victoria de Ka'i Puente. Del viaje de ida, menciona minuciosamente las estaciones. El retorno, a pie, sin embargo, se difumina en Paraguarí. Hasta allí nombra punto por punto los lugares que pisaron. Después, se pierde el rastro, abruptamente.
         La música -que tuvo que haber sido un rasguido doble, muy propio del estilo de Emiliano- es del propio autor de la letra.

TRAYECTO DE LA CAMPAÑA

Señores pido atención
un momento ajerure
en mi referida canción
tamombe'u che rapykuere
heta oiméne oikuaáva
ko'âvâ ko â tape
hapykuere imandu'áva
soldado upérô guare.

Alistado en comisión
Paraguaýgui rosê
hacia el frente de acción
ñane retâ rorrekorre
tasitami los lugares
desde la propia Asunción
rocrusava'ekue campaña
durante la subversión.

Ani añeconfundi
tañepyrû aguiete
ta'e peteî peteî
Ka'ípe aguâhêmeve
Trinidad, Luque, Areguá,
Patiñokue, Tacuaral,
Pirayú, Cerro León,
Paraguarí y Escobar.

Sapucai ha Caballero,
Yvytymi, Tebicuary,
corta distancia después
Itapé ha Hy'aty,
pueblo Villarrica, Borja,
Iturbe rohupity,
Maciel, Sosa ha Yegros,
Pirapó ha' e Yuty.

Salitrekue, Costa Vera,
Mboka, Piray rohasa
próximo a esos lugares
San Pedro del Paraná
Kangó y sus departamentos
Isla Alta ypajere,
Kavaju Retâ el campamento
cañón guasu oîhague.

Tellezkue, Curupayty,
hovái San Miguel, Potrero,
heroico capitán López
ho'ahague prisionero
Ka'i Puente así se llama
campo de sombra fatal
tumba de cuántos hermanos
pueblo Coronel Bogado.

Ka'i Puente inolvidable
aquel rincón enlutado
mina de la sedición
que allí fueron a luchar
apevénte aikuaa
parajes y estaciones
kóva rire rocrusa
la extendida Misiones.

Ñañepyrû San Luis,
San Rafael, Postakue,
histórico Kuruñái
mayor Torres omanôhague,
Ñakûti'y, San Patricio,
Tahyity ha Santa Rosa,
estancia Aquino y Corrales,
Santa María silenciosa.

Casuarina y Casa Blanca,
Corvalankue, Ita Juru,
Florida-pe roguahê,
un diami ropytu'u
mboypýri rohupyty
ku kapi'iveve ñu
la extensa serranía
frente de Caapucú.

Favorable umi arroyo
upe rupi rotopa
mokoîve herakuâitéva
Jaguary ha Apichápa,
Valle Apu'a, Paso Torres,
Costa Irala, Quiindy,
jajukuévo jatopa
Paso Porâ ha Tavapy.
Jahasa dicho pueblito
jahupyty Carapeguá,
Caañave, Mba'ey,
Duarte estancia ipaha
en catorce días de marcha
escaso rohupyty
Paraguay ypyetépe
el notable Yukyry.

Pehendúma sandia yvyguy
ko'â che rekohague
ahejami che rataypy
lo que es el kuimba'e
mediante esta contienda
hetaite ajedistrae
ni che képe ahecha'ỹva
ápe ahechapaite.

Pehendúma amados oyentes
la campaña akorrehague
de Ka'i Puente a Asunción
a los seis meses después.
Adiós, despedirme quiero
al compás del instrumento,
sargentos, cabos y soldados
del Primer Destacamento.

Letra y música: EMILIANO R. FERNÁNDEZ




TRISTE TAPERA
EL DOLOR DE LA AUSENCIA

         Emiliano R. Fernández (1894-1949), era un andariego impenitente. Eugenio Hermosa Selliti, quien fuera durante muchos años administrador general estancias de la firma Carlos Casado, en el Alto Paraguay, documentado investigador del itinerario vital y creador del poeta en esas tierras, cuenta que la esencia del mayor vate popular paraguayo era no quedarse nunca en ninguna parte durante una larga temporada.
         «Era un hombre trabajador. Desempeñó diversos oficios en la empresa Carlos Casado: fue labrador de tejas de palma, hachero, carrero, empleado de cuadrilla ferroviaria, carpintero y cargador de madera en vagones. No detestaba el trabajo. Eso sí: mamove ndopytái. Era nómada. Iba de un obraje a otro. Era el típico bohemio que hacía su camino según se le ocurría», acota.
         En el Chaco se había acuñado una expresión para relatar lo que sucedía con aquellos que no amanecían en sus lugares de trabajo: Oho paraguái. Era el modo de irse del paraguayo: desaparecía sin dejar rastros, sin avisar a nadie, incluso dejando sus escasas pertenencias. A Emiliano le cuadraba a la perfección esa manera de referirse al que se marchaba al amparo de la noche quién sabe hacia qué desamparos.
         La estancia Guaho -esta palabra sirve para denominar a cierta variedad de junco existente en lugares bajos y húmedos-, era uno de los lugares predilectos del escritor popular. De vez en cuando volvía siempre a este lugar caro a sus afectos.
         «En ese lugar, según mis registros, escribió Purahéi ñepyrû, El día de mi Rosa, Ne pore'yme, Pytumby jave, Chaco roky, Hi'âva chéve y Triste tapera», afirma Eugenio Hermosa Selliti, oriundo de Caapucú.
         La poesía -que no tiene música, conocida al menos-, Triste tapera pinta de cuerpo entero el alma de Emiliano R. Fernández. En Guahó se había «rancheado» un tiempo con una mujer cuyo nombre no se registra en parte alguna. Después, fiel a su condición de caminante, se había marchado. Tiempo después retornó, pero obviamente de su «china» ya no quedaba ni la sombra.
         Conmovido por la tapera -vocablo que, ligeramente transfonetizado pasó al guaraní como tapere-, que encontró a su regreso, con la ausencia de su amada, Emiliano escribe en 1928 su Triste tapera. El rancho sin habitantes le causa nostalgia y desasosiego. No es, sin embargo, el paisaje lúgubre el motivo de su mayor congoja: es el vacío dejado por la mujer que un tiempo compartió su vida en el alto paraje en el que estaba ubicada la estancia. El Paraíso de antaño era un infierno del presente del poeta que encuentra en la palabra un escape a su dolor no callado. Su «flor de un día», como llama a la que ya se había marchado, solo le dejó -en esa evidencia de construcción ruinosa-, una llama de nostalgia.
         «El poeta de los quebrachales», de Guahó, partió a otros obrajes. En su memoria llevaba el recuerdo de aquella compañera que le dio una estación de dicha fugaz y se había perdido para siempre en los montes casadeños de aquel entonces.

TRISTE TAPERA

A ti que un tiempo mi choza eras
muy de pasada apuraheise
oye mis versos, triste tapera
andando el mundo ajapova'ekue.

Oh rancho hermoso que ayer de flores
yo te llamaba «vy'a raity»:
¿te presta siempre sus esplendores
la misteriosa blanca jasy?.

Aquí cantaban los ruiseñores
dulces gorgeos ko'ê jave
y preludiaban llenos de amores
llenando de trinos che rekove.

Aquí Natura puso sus hojas
hospitalaria chéve guarâ
en los momentos de mi congoja
tierno susurro ahendu haguâ.

Pero un tiempo anduve inquieto
a todas horas rohechase
mi pobre alma guarda discreto
aquella ingrata y su tapere.

Hoy que ya lejos fue mi alegría
estos mis versos hekávo oho
pues bien comprendo hasta ese día
su bella imagen quedó en Guaho.

Hoy rememoro aquel collado
y de nostalgias che myenyhê
solo un suspiro de aquel pasado
de este mi pecho toho ichupe.

Ha sido ingrata mi bella moza
alma voluble mamópa oime
Guaho tan solo guarda la choza
junto con ella roiko hague.

Guaho florido tú me recuerdas
la primavera de aquel vy'a
con toda el ansia pulso las cuerdas
triste tapera ha'e haguâ.

Mis ojos tienen su imagen propia
cuando contemplo su tapere
y en mi novela leo una copia
mentira frase hembiapokue.

Ya destruida triste tapera
en el retorno aju ahecha
llamando en vano la primavera
su inmarcesible mburukuja.

La nueva cuna de mis canciones
viene afinando mi mbaraka
mientras esparzo cual borbotones
versos nativos ndéve guarâ.

A ti, oh triste tapera mía,
todo el pasado ahejase
dulce recuerdo, mi flor de un día
fresco pimpollo chemba'ekue.

Diosa escondida en esta pradera
aquí termina che versomi
adiós pretérita primavera
más ya no puedo, takirîrî.

Letra: EMILIANO R. FERNÁNDEZ




TU AUSENCIA
AMOR DE MARINERO

         En la poesía culta no se admite -salvo excepciones-, la creación por encargo. Se parte de la idea de que el autor expresa lo que le brota de adentro y no de lo que otros le solicitan. En la poesía popular, en cambio, no existe ese dogmatismo. El creador, si bien le da preeminencia a su manantial de inspiraciones, no se cierra a lo que fluye de otros cauces.
         Nadie podrá poner en tela de juicio el muy personal universo que transmite Emiliano R. Fernández. Sus vivencias o sus ideas son las que cobran alas en sus versos. Sea que se sumergiera en las aguas de lo amoroso o lo épico -sus caminos más recurridos, aunque no únicos-, los itinerarios de su espíritu exhiben trazos regulares inconfundibles.
         Aun así, el poeta de pasos inquietos, tenía conciencia de que su voz era también la de los otros. Por eso; en algunas circunstancias, asumía los sentimientos de su semejante y lo volcaba en palabras. Tal es el caso de un embarcadizo que le contó a Emiliano su trunca historia de amor con la intención de que el escritor lo trasladara al papel.
         El profesor Eduardo Ramírez Bordón -ya fallecido-, en su libro «Villa Florida, portal de las históricas tierras misioneras», presentado de manera póstuma en su patria chica, relata lo ocurrido. Al hombre de río lo llama Antonio Cardozo, pero es obvio que aquí hay una confusión entre el que le puso la música a la letra de Emiliano y el enamorado, cuya identidad se perdió en las espumas del tiempo. Lo que aquí se cuenta se ciñe a la versión del escritor que sirve de referencia.
         Es imposible comprender en su real dimensión lo sucedido si no se tiene el contexto de lo que era Villa Florida. Sobre el río Tebicuary, era un ajetreado y concurrido puerto de carga y descarga de mercaderías. La vida bullía en esa comunidad conformada por lugareños pero también por arribeños -argentinos de Corrientes, sobre todo; uruguayos; españoles y de otras nacionalidades- que habían echado sus anclas en ese paraje de trabajo y abundancia.
         El Paso Santa María se convirtió, en 1880, en Villa Florida. El nombre propuesto por un uruguayo de La Florida y la generosidad de la naturaleza concordaron para rebautizar el pueblo, ya con rango de distrito.
         Hasta poco después de la mitad del siglo XX, el puerto era el pulmón florideño. En 1967, al inaugurarse el puente, perdieron aire un modo de vivir y de concebir la vida.
         Alrededor de 1940 tuvo que haber sucedido lo que el autor del libro relata. Antonio Cardozo era un marinero. Como tal, haciendo honor a los que atracan en un muelle, se enamoró de la «trigueñita misionera» Narcisa Torrasca, hija de «Ña Julia», una renombrada chipera con un puesto de venta sobre el Tebicuary.
         «Un largo periodo de bajante del río separó a la pareja. La comunicación enfrentaba obstáculos insalvables. De modo que Antonio recibía informaciones verbales a través de personas conocidas acerca de la infidelidad de su novia», relata el autor del libro.
         «La vivienda de Narcisa tenía un jardín frente a la casa, contigua al patio de Ña Estefana (Peralta), a unos pasos del puerto y en él sobresalía una mata de “rosa té”, muy apreciada por el perfume de sus flores», complementa el narrador.
         Lo cierto es que Antonio le dio los detalles a Emiliano y éste recreó el paraíso perdido del relator dando origen a la polka Tu ausencia, conocida también como Trigueñita misionera.
         «La canción fue estrenada en Villa Florida en una gira del elenco del dúo Melga-Chase, Dora del Cerro y el autor de la letra y la música, don Emiliano R. Fernández», afirma.
         La memoria colectiva que perdura registra que la polka no obró el milagro de la reconciliación. Los dos navegaron hacia puertos en cuyos muelles nunca les esperó el reencuentro.
         Ante esta versión, Gilberto Candia López (GICALO), un investigador de la música paraguaya que aunque oriundo de Eusebio Ayala vive en Encarnación, aportó otros rastros para iluminar el tema.
         «Laureano Gaspar Fernández, hijo de Emiliano, menciona que fue dedicada a Teodora Gavilán, de San Juan Bautista de las Misiones, a pedido de Francisco Espinoza, un hombre del barrio Pinozâ de Asunción. Ella era maestra; murió el 14 de enero de 2001. Para corroborar los datos entrevisté a Lorenza Gavilán, su sobrina. Me dijo que su tía nunca estuvo en Villa Florida, como menciona la poesía, por lo que estimaba que ella no podría ser la destinataria de Tu ausencia», indicó el informante.
         Lo más rico de su aporte viene ahora. Él conversó personalmente en Villa Florida con Juana Ramona Pérez de Quiroga (doña Chocha), hija de Narcisa Ramona Torales Torrasca, destinataria de la composición.
         «Cuando hablé con doña Chocha ya estaba muy anciana, enferma y en cama. Falleció en el 2004. Su abuela era Julia de Jesús Torrasca y estaba casada con Valentín Quiroga», siguió relatando.
         «Según me comentó, en los primeros días de 1941, Emiliano R. Fernández llegaba a Florida posiblemente para el cumpleaños de Vicente Vargas, estanciero del lugar. Allí estaba como empleada doméstica doña Julia de Jesús Torrasca. Como la concurrencia iba a ser grande, el dueño de casa le pidió a la señora que le trajera a su hija para ayudar en los quehaceres de la fiesta. Fue así como Narcisa -que en ese tiempo tenía como pareja a Regino Pérez, dueño de la estancia “La Blanca”-, estuvo presente en aquel establecimiento ganadero de la zona».
         «Narcisa -prosigue- estaba embarazada de Regino. La que tenía en su vientre sería Juana Ramona Pérez de Quiroga. Su padre le reconoció. Cuando la joven -trigueña, pire sa'i, muy hermosa- servía las mesas, Emiliano la vio. Preguntó quién era. Al rato ya estaban conversando. Luego se los vio ir río -el Tebicuary- arriba y volver algunas horas después».
         «Ahí terminó el romance, me decía doña Chocha. Emiliano volvió a Asunción. Algún tiempo después regresó a Villa Florida. Se fue a la casa de su madre, doña Julia, a preguntar por Narcisa. Ella estaba en la casa, escondida detrás de la puerta, pero le mandó decir que no estaba. Emiliano se sentó en un banco y estuvo allí triste y acongojado. Después se marchó. Luego de dos o tres meses ya se conocían los versos de Tu ausencia, terminó de contar Gilberto.

TU AUSENCIA

Trigueñita misionera,
la de perfume de rosa,
alma pura y candorosa
nemombyry chehegui
ha che areko gueteri
en mi interior dolorido
como un fuego encendido
ne kunu'û ypykuemi.

Siempre acaricio las horas
de los bellos atardeceres
cuando lleno de placeres
ñaño'añuârô guare
âgâ mamópane oime
aquella dicha sin nombre
ajena de todo hombre
nendive ahasava'ekue.

Hoy cual niño solitario
un pordiosero sin rumbo
voy andando por el mundo
ahekáva nde pypore
ha upéicha amanomeve
cruz al hombro iré vagando
entre sollozos aspirando
nde potymi ryakuângue.

Ya sé que vives dichosa
allí en Villa Florida
con nuevo amor, nueva vida,
mba'ére che myengovia
peichántepa opava'erâ
aquel amor sacrosanto
que todo era mi encanto
che korasô rerekua.

Al consagrar nuestro tiempo
de florecida existencia
canto la reminiscencia
nde rehe che mandu'a
ndajuhuvéi vy'arâ
soy como aquel hijo yerto
en el calvario desierto
ha upéicha ko che apyta.

Letra y música: EMILIANO R. FERNÁNDEZ




ÍNDICE

         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ
         MÚSICA: NÉSTOR DAMIÁN GIRETT

- AHÁTARE PENDEHEGUI
         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ
         MÚSICA: NÉSTOR DAMIÁN GIRETT

         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ
         MÚSICA: FÉLIX PÉREZ CARDOZO

         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ
         MÚSICA: SANTIAGO CORTESI

         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ
         MÚSICA: ANDRÉS CUENCA SALDÍVAR

         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ
        
- BELENCITA-PE GUARÂ
         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ
         MÚSICA: VÍCTOR CÁCERES

- CHE KÉPE GUARE
         LETRA Y MÚSICA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ
        
         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ
         MÚSICA: FÉLIX PÉREZ CARDOZO

         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ
         MÚSICA: FÉLIX PÉREZ CARDOZO

         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ
         MÚSICA: ALEJANDRO VILLAMAYOR

         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ
         MÚSICA: GUILLERMO JARA

         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ
         MÚSICA: MAURICIO CARDOZO OCAMPOS

         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ
         MÚSICA: ANDRES CUENCA SALDIVAR

         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ
        
         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ
         MÚSICA: GABINO ESPÍNOLA

         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ
         MÚSICA: EMILIO BOBADILLA CÁCERES

         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ
        
         LETRA Y MÚSICA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ
        
         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ
         MÚSICA: DEMETRIO AGUILAR

         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ
         MÚSICA: MAURICIO CARDOZO OCAMPO

         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ
         MÚSICA: FÉLIX PÉREZ CARDOZO

- OJOPE KANGY
         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ
        
- PENERA'ÂRÔVO
         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ
         MÚSICA: JUAN A. TORALES

- PRIMAVERAS I
         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ
         MÚSICA: NÉSTOR DAMIÁN GIRETT
- PRIMAVERAS II
         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ
         MÚSICA: FÉLIX PÉREZ CARDOZO
- PRIMAVERA III
         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ
         MÚSICA: MAURICIO MEDINA
- PRIMAVERA IV
         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ
         MÚSICA: FÉLIX RODRÍGUEZ

         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ
         MÚSICA: FÉLIX PÉREZ CARDOZO

         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ
        
         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ
         MÚSICA: DIONISIO VALIENTE

         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ
         MÚSICA: MAURICIO CARDOZO OCAMPO

- SEMANA SANTA
         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ
        
         LETRA Y MÚSICA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ
        
- TRAYECTO DE LA CAMPAÑA
         LETRA Y MÚSICA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ
        
- TRISTE TAPERA
         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ
        
         LETRA Y MÚSICA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ

         LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ
         MÚSICA: ANDRÉS CUENCA SALDÍVAR



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 LAS VOCES DE LA MEMORIA
HISTORIAS DE CANCIONES POPULARES PARAGUAYAS

TOMO IX
Autor y ©:
MARIO RUBÉN ÁLVAREZ

Edición del autor y Julián Navarro Vera
Dibujo de tapa: CAMILO DIONISIO NAVARRO AGUAYO
Diseño de tapa: GOIRIZ. IMAGEN & CÍA.
Editora Litocolor S.R.L.
Asunción-Paraguay 2008

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