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miércoles, 10 de marzo de 2010

JOSEFINA PLÁ - TEATRO EN EL PARAGUAY: LA RECONSTRUCCION (SEGUNDA EPOCA) 1887-1890 / Fuente: HISTORIA CULTURAL - VOLUMEN I.


Autor: JOSEFINA PLÁ
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS
del www.portalguarani.com )
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APUNTES PARA UNA HISTORIA
DE LA CULTURA PARAGUAYA
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LA RECONSTRUCCION
(SEGUNDA EPOCA)
1887-1890
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El año 1887 se diseña en la crónica teatral paraguaya con perfiles propios. Es el año de la ópera en el Paraguay. Al empresario Baudilio Alió le corresponde el histórico honor de la iniciativa que de la contemporaneidad artística paraguaya en este aspecto; iniciativa que trajo al Paraguay la Compañía del Edén Argentino, compuesta de cuarenta personas.
Antes sin embargo de que se produjese este extraordinario evento, llegaba a Asunción una compañía de zarzuela. Estaban aún candentes las brasas del verano 1886-87: era en febrero. La compañía estaba dirigida por Andrés S. Dalmau, ya conocido nuestro (39). En ella figuraban las cantantes Rosario Peset, Asunción Peláez, Dolores Dalmau, Eloisa Amorós, Juana Lamadrid, Antonia Núñez e Isabel Costa, más las partiquinas Josefa Lamarca, Leopoldina Ruiz, Lucía Medina, Ignacia Peláez. Ellos: Andrés S. Dalmau, Augusto Amorós, Juan Silva, Juan Costa, Faustino Aramburu, Ricardo Gual, Antonio Capdevila, Antonio Frassine, más los comprimarios Cristóbal Medina, Luis Danesi, Mariano Pérez, Ventura Calvo y J. Real. Director de orquesta, Mallada, ya residente. (La orquesta, decía la Prensa, la componían profesores del Colón de Buenos Aires). Como se ve, una compañía nutrida y bastante buena. Dicho sea de paso que es una de las pocas compañías de las cuales ha sido posible rescatar en la Prensa de la época la lista completa.
Como se habrá ya intuido, la compañía venía al Olimpo; la traía Bellinzoni, que sabiendo la afición del público a estos espectáculos, pensó con ello ganarle la carrera a Baudilio Alió. Pero el catalán tenía más de un as en la manga. Al propio tiempo que Bellinzoni contrataba al elenco de Dalmau, prometiéndoselas felices, Alió contrataba en Buenos Aires, a las chitas callando, la citada compañía del Edén Argentino. Y al propio tiempo que Bellinzoni publicaba en la Prensa, eufórico, la lista de "su" compañía, exhibía Alió, mefistofélico, la suya por el mismo conducto.
Las tratativas de Alió con el elenco fueron publicadas por la Prensa local, y contribuyeron a mantener la expectativa. La compañía pidió de entrada 5.000 pesos plata mensuales, pasajes pagos y 1.000 pesos adelantados para gastos. Alió, ducho en estos asuntos, contestó: "Demasiada compañía para Asunción: alquilo teatro alumbrado, 25 pesos por noche o 20% entrada bruta (Alió, como se verá luego, era un empresario considerado) pago 50% pasajes". La compañía terminó aceptando estas condiciones y pidiendo 800 pesos adelantados. Otro cambio de telegramas para discutir este punto. Por fin todos estuvieron de acuerdo. Y la compañía llegó el 2 de marzo, en el Paraná.
Alió entre tanto no había descuidado la propaganda: sabía lo que arriesgaba. "Gran Compañía de Opera Italiana" rezaba una publicación suya, "Me es sumamente satisfactorio ofrecer un género de representaciones... completamente desconocido de los dignos habitantes de esta capital... es indudable que a una novedad semejante, tanto los honorables hijos del país como los extranjeros sabrán corresponder dignamente protegiendo con todas sus fuerzas a los distinguidos artistas, para que en adelante puedan seguir asistiéndonos compañías de primer orden como la que hoy se ofrece". La Prensa recalcó igualmente por su parte el significado del acontecimiento, y auguró a la compañía un gran éxito. (LA DEMOCRACIA, 23 de febrero).
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1887 OPERA COMICA Y OPERETA "EDEN ARGENTINO"
Formaban el elenco, a cuyo frente se hallaban el maestro director R Candelli y el director de escena Casali, y entre otros artistas, las cantantes Elsa Widmar, Irma Conti, Elisa Ramolo, Julia Latticham, Annetta Pavón Moretti, los cantantes Benedetto Monteverde, Julio Casali, Polonini, Caroselli, Grondona, Ferrari, Berti, Glusani y Sauria, aparte naturalmente un buen coro, y la orquesta. La empresa la detentaba el binomio Caroselli Moretti y administraba Guillermo Janusky. La compañía debutó el 5 de marzo con LA MASCOTA, la opereta predilecta de nuestro público. Como curiosidad anotaremos los precios de esta primera compañía operística: palcos siete pesos, luneta un peso, entrada general y niños menores de ocho años, cincuenta centavos.
Las funciones continuaron con TUTTE IN MASCHERA, EL BARBERO DE SEVILLA, LAS CAMPANAS DE CORNEVILLE (dos veces), LAS EDUCANDAS DE SORRENTO, DOÑA JUANITA, EL DUQUESITO (dos veces) BOCACCIO (tres veces) y además LUCIA DE LAMMERMOOR y TRAVIATA, las dos primeras óperas serias cantadas en escenario paraguayo, y una zarzuela, LA CONSEGNA E DI RUSSARE, cuyo autor se dijo ser uno de los artistas de la compañía, Julio Casali.
Los artistas parecen haber sido realmente buenos; pero la predilección del publico por la música movida y brillante, el atractivo del argumento picaresco o romántico, en un ambiente de lujo escénico y vestuario suntuoso, deben haber contribuido al deslumbramiento de este encuentro inicial. Fue grande en efecto el entusiasmo. La sociedad paraguaya llenaba el teatro. "El público asunceno de ahora da muestras de la más pronunciada pasión por las funciones teatrales" dice LA DEMOCRACIA del 9 de marzo de 1887. Y añade unos días más tarde: "Se explica la ausencia del público antes de ahora: las compañías no alcanzaban a satisfacer sus exigencias"....Conclusión un poco simplista, y también inexacta, para no decir injusta; porque no era sólo la mayor o menor bondad del espectáculo lo que en definitiva alejaba al público del teatro o lo llevaba a él: las causas eran más profundas, arraigaban como siempre en el complejo socio-económico-cultural de la época. Y también y de paso, olvidaban, extrañamente, los cronistas la satisfacción que había experimentado ese mismo público ante actuaciones como las de Mora-Del Romeral, Dalmau-Alió, y en años menos próximos, las de Rodríguez-Quintana; los beneficios en que alguna actriz recibió como regalo espléndidos solitarios, o fue acompañada a la salida de la función hasta su alojamiento por una muchedumbre entusiasta... Por lo demás, olvidos como éste no son raros, todo lo contrario, en la crónica de nuestro acontecer teatral, para no decir en la trayectoria de nuestra crítica en sus diversas faces, el crítico recién llegado, a menudo improvisado, da por seguro que antes de su acceso a las columnas del diario o revista no pudo haber nada importante; por una razón tan simple como lo es la de que él ignora cuanto ha sucedido: y así como un rey decía "después de mí el diluvio", el critico da por seguro que "antes que yo, la nada"...
Por otra parte también, las apreciaciones mencionadas padecían de un vicio original: lo inadecuado de la comparación entre una compañía de ópera y otra de drama o de comedia e inclusive de zarzuela, en lo que se refiere a exigencias y características interpretativas. Esto sin embargo no significa intención de restar sus méritos a la compañía, que los tenía. Y el público, repitámoslo, estaba dispuesto a apreciarlos. "La mejor compañía que hasta ahora hemos tenido en el teatro"... dice una gacetilla. En LUCIA DE LAMMERMOOR, "la concurrencia fue inmensa" y exteriorizó su admiración sin regateos. "La Widmar – dice una crónica – cautivó al público como nunca... Su voz confundida con la del clarinete que la acompañaba precipitó repetidas veces al público en demostraciones de admiración pocas veces vistas en nuestro teatro. El público no cesaba de llamarla al proscenio cuando bajaba el telón". Encomiásticos son también los artículos dedicados a los otros artistas y a la orquesta, que constaba de quince profesores. La despedida fue con TRAVIATA: un nuevo y apoteósico triunfo de la compañía. La orquesta mereció aquí honores especiales: "sólo antes de la guerra se ha oído algo igual bajo la dirección del maestro Dupuis"... (Estas palabras parecen sugerir que el autor de las crónicas era un paraguayo, o por lo menos un ya antiguo residente).
La compañía partió para Corrientes. Pocos días después, Alió publicaba un balance de la temporada. Habíanse recaudado 11.088 pesos fuertes, en veinticuatro funciones a lo largo de cuarenta días (obsérvese el aumento del ritmo de los espectáculos, que marchan ahora a razón de cuatro funciones por semana). El Gobierno había concedido una subvención de 1.000 pesos, que añadida a la suma anterior, hacían 12.088 pesos. Deducido el 20% correspondiente a Alió (2.418 pesos) quedaban para la compañía 9.670 pesos, de los cuales había que añadir el 50% del monto de los pasajes (8.830 pesos) o sea 4.835 pesos, con lo cual la parte de Alió bajaba a 1.200 pesos y subía a más de 10.000 la de la compañía. Como ésta había pedido inicialmente 5.000 pesos por mes, no cabe duda de que la contraoferta de Alió había resultado favorable a la compañía misma. "Le ha ido muy bien a los artistas"... comentaba un diario.
Volvamos ahora a Bellinzoni. Como sabemos, a principios de febrero había anunciado la empresa del Olimpo la llegada de una compañía de zarzuela, director Andrés S. Dalmau. Se publicaron amplios avisos detallados del elenco compuesto de cuarenta y dos personas. La aparición de los avisos de Alió relativos a la compañía de ópera debió ser un golpe rudo para Bellinzoni, que sabía bien los puntos que calzaba su rival como empresario hábil, activo, dotado de contagioso entusiasmo, y persona simpática. De esta última cualidad no poseía, al parecer, gran caudal el italiano. (En alguna oportunidad se hizo dar de garrotazos; suponemos que no por exceso de aprecio). Bellinzoni renunció a traer su compañía.
Ello resultó una especie de Carambola para Alió, pues como se recordará, Dalmau había sido compañero de razón artística de aquél en la primera visita que hicieron a Asunción en 1885, y se había convertido luego casi en rival suyo. Bellinzoni sin embargo se tomó su desquite con el conjunto de prestidigitación J. Bosco, que funcionó en el Olimpo desde mediados de mayo, ofreciendo brillantes veladas con el más variado programa, a teatro lleno, hasta fines de julio.
Actuó también en esas semanas un circo, uno de cuyos componentes, un payaso joven, Manuel Varela, se ahogó cuando se bañaba en los bajos del Cabildo. Otro humilde artista cuyos huesos quedaron en el entonces casi silvestre cementerio del Mangrullo.
Más entrado el invierno, intentó de nuevo Bellinzoni traer una compañía de zarzuela: el intento fracasó igualmente.
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1887-88 COMPAÑIA OPERA G. JANUSKI
La excelente acogida de que fue objeto la compañía Edén Argentino hizo que el empresario Alió se sintiese animado a contratar, apenas unas semanas después, otra compañía de ópera. La gestión, al parecer, partió del propio Guillermo Janusky, administrador de la anterior compañía, quien viajó hasta Asunción para entrevistarse con Alió, en los últimos días de julio de 1887. La idea pareció ser del agrado de Alió, por cuanto los diarios anunciaron que Janusky se embarcaba para seguir viaje a Italia, donde contrataría a los artistas; éstos al venir a América, actuarían por primera vez en el Paraguay. (Hasta entonces, como sabemos, las empresas paraguayas habían sido subsidiarias del ambiente teatral argentino). El Gobierno subvencionaría a la Compañía.
Las tratativas siguieron su curso normal en aquel tiempo en que el viaje de ida y vuelta a Europa llevaba meses; y la compañía llegó a Asunción al comenzar el verano de 1887. Esta vez Alió había olvidado el mal signo que en general acompañaba a los conjuntos que actuaban en plena canícula.
Este conjunto de ópera seria, el primero que efectivamente pasaba por Asunción, constaba de 43 personas, entre ellas el tenor Alejandro Rossetti, el barítono Adriano Acconci, el bajo Alejandro Nicolini; los comprimarios José Corradini, Ludovico Ferrari, Bettini; las sopranos Teresa Simone y Benic; la contralto Tamburini, las comprimarias señoras Stéfano y Josefini.
El año 1887, que fue el de la llegada de la primera compañía de opereta y ópera, no limitaría pues a este hecho sus contornos singulares en la historia de nuestro teatro. El vio actuar a dos compañías, y vendría a quedar con doble derecho en las crónicas como "el año de la ópera en Asunción". El plan de Don Carlos puesto de relieve en la construcción del Teatro Nuevo, venía a cumplirse a treinta años de distancia: pero las compañías tuvieron que actuar en el mismo viejo Teatro Nacional, cimentado en sudores de Bermejo, todavía en pie merced a una serie inacabable de refacciones. El inconcluso Teatro Nacional, si ya no era "nuevo", seguía irredento. Durante los últimos años había seguido siendo abandonado panteón de las miserias urbanas, refugio eventual de pequeños maleantes, pero también fue tentación de gentes con sentido empresario. Un señor, Andrés C. Gómez, se presentó en agosto de 1886 a la Municipalidad solicitando el local por seis años. Ofrecía techar, revocar pavimentar, sin alterar en lo mas mínimo la distribución y orden de la planta, y pagar 1000 pesos al mes como alquiler, entregando al cabo de los seis años el edificio con las mejoras. Quería, según parece, establecer allí un sitio de recreo, habilitando para ello foyer, proscenio y platea.
No le fue aceptada la propuesta. Por esos mismos días había hecho públicas Alió las condiciones del abono a las localidades – palcos – del Teatro hasta entonces existente sólo en el plano. Sin embargo, muy poco después – 29 de Agosto – se le cedió a Gómez el edificio llamado Varela-cué, para en él desarrollar los fines que se había propuesto llevar a cabo en el Teatro Nuevo; y para el 5 de septiembre el mismo Gómez llamaba a licitación para las obras de carpintería y albañilería. Como se ve, los empresarios por esos tiempos no se dormían sobre los pianos. (Vale la pena anotar que también por esas fechas – 25 de septiembre – Alió solicitaba de las autoridades correspondientes la liberación de derechos por la introducción de 30 docenas de sillas para el proyectado teatro. Solicitud que nos permite formamos una idea de la capacidad de la Platea en el plano original: 360 asientos, de los cuales no sabemos si había que añadir o descontar los asientos correspondientes a los palcos).
La segunda compañía de ópera traída por Alió tuvo buena acogida. Inició su temporada el 19 de diciembre, con HERNANI, y prolongó su actuación hasta los carnavales de 1888; fueron pues cuarenta días, que carecieron sin embargo, a lo que parece, del lustre festivo y de la animación de la anterior temporada. Indudablemente influyó en el resultado la época del año – lo peor del verano – pero intervinieron también otros factores en los cuales no había reparado sin duda lo suficiente Alió. La ópera seria no ofrecía a cierto sector del público los alicientes que la opereta o la ópera ligera; su contenido dramático era más difícil de sintonizar para esa mayoría; aunque indudablemente existiese un contingente (compuesto por el núcleo inmigrante, sobre todo el italiano) al cual este aspecto artístico atraía raigalmente (como lo demostró el éxito de TRAVIATA y de LUCIA DE LAMMERMOOR en la temporada anterior) y que sería el encargado de sostener, en temporadas subsiguientes y hasta entrado este siglo, la tradición local del alto espectáculo lírico.
En el repertorio acá dado figuraron EL BARBERO DE SEVILLA (tres veces) RIGOLETTO, IONE, FAVORITA, RUY BLAS (dos veces) NORMA FAUSTO. La primera impresión causada por la compañía no fue demasiado buena. Personas que habían tenido ocasión de asistir en Buenos Aires a las temporadas del Colón manifestaron, a través de los cronistas, cierto desencanto, al no hallar a estos artistas a la altura de los del coliseo bonaerense. Pero Pronto reaccionaron, como era razón; ya que si el nivel del espectáculo no era del Colón, tampoco los artistas tenían la pretensión de pertenecer a él; que para decir verdad, algunos de ellos venían con acompañamiento de bombos y platillos.
Las crónicas dedicadas a la compañía revelan ciertos conocimientos musicales. En LA NACION del 1º de enero de 1888, el comentarista defiende al bajo Nicolini, al cual ridiculiza LA DEMOCRACIA por su caracterización de Mefistófeles, en FAUSTO. Razona el periodista de LA NACION, con buen criterio, remitiéndose a la caracterización que del mismo Mefistófeles hace Goethe en su FAUSTO. Y se refiere a un artículo de Walter Dickson aparecido en Buenos Aires, donde el autor alude a las caracterizaciones convencionales o excesivas del personaje; demuestra en fin versación literaria y conocimiento actualizado de ciertas actividades de orden teatral.
Sin embargo, aunque la prensa se manifestó en general benévola, el público, repetimos, no parece haber prestado a esta compañía el mismo apoyo que a las anteriores. La temporada se perfiló pronto como un fracaso financiero.
La venida del circo Holmer, nuestro conocido, que actuó en el Teatro Olimpo, vino a gravitar como un factor negativo más en el resultado económico de la temporada. Lo cierto es que la compañía se disolvió, quedando pasivo y activo a cargo de Janusky, quien embarcó para Buenos Aires con su familia, bastante numerosa ésta, el 27 de enero.
Esta compañía de ópera fue pues la segunda en el año 1887, año principio de una serie que mantuvo al público paraguayo en contacto regular aunque restringido con el alto repertorio lírico vigente en el Plata.
En los años que siguen y hasta principios de siglo, las compañías líricas (ópera, opereta, zarzuela) y las mixtas (drama y zarzuela), priman en número sobre las de sólo drama o comedia. Los empresarios se dejaban lógicamente llevar por la preferencia que el público mostraba por aquellas manifestaciones líricas, en las cuales la música era elemento primordial, o por lo menos esencial aliciente. Con ello tendían a disminuir en forma correlativa las posibilidades del teatro propiamente dicho. En otras palabras, si estos hechos no dejaron de tener su reflejo en la formación del gusto musical, a la vez coadyuvaron a fomentar el desdén o por lo menos la indiferencia hacia las formas teatrales puras, que exigían para su paladeo el juego de la inteligencia, más fatigoso.
Alguien se preguntará cómo, actuando, sino siempre, frecuentemente, a teatro lleno, los conjuntos salían de sus temporadas tan a menudo con las manos en la cabeza, hueros los bolsillos. La contestación no es difícil. En primer lugar, muchas funciones se suspendían por razones meteorológicas: lluvia, calor, frío; y los días fallidos para la escena no lo eran para las cuentas de hotel, que se acumulaban con total indiferencia hacia el estado del barómetro o el termómetro, agobiando a los artistas. En segundo lugar – y quizá aquí el motivo principal – estaba la exigencia empresaria. Si Baudilio Alió se conformaba con un modesto 20%, Carlos Bellinzoni cobraba el 40 sobre las entradas brutas. Más tarde lo veremos cobrando el 60% del producto líquido. Es verdad que esto incluía el arriendo del teatro a su dueño, pues Bellinzoni, fracasado su intento de constituirse un teatro de su propiedad, tenía que arrendarlo a un señor Justo Rodríguez, acerca de cuya generosidad en materia de negocios sólo poseemos el dato del nombre, dudosa garantía. Aunque Alió debía abonar una cantidad a la Comuna por la concesión, esa suma era mucho menos elevada que aquella que por el Olimpo, local particular, exigía su dueño; y además Bellinzoni no podía – o no sabía – obtener subvenciones como más de una vez las obtuvo Alió. Como quiera que ello fuese, no era fácil que luego de semejante sangría los pobres artistas pudiesen satisfacer al hotelero y menos todavía comprar los pasajes, sobre todo si se reflexiona que las compañías ahora constaban casi siempre de más de cuarenta personas.
La participación leonina del empresario explica a su vez el hecho de que a pesar del lamentablemente frecuente fracaso financiero de los artistas, los empresarios estuviesen siempre deseosos de renovar el contrato con la Municipalidad o con los dueños de locales, y que inclusive como vamos viendo, procurasen abrir nuevos locales. El teatro, en una palabra, era casi siempre negocio para los empresarios, a menudo ruina para los artistas. Cuando éstos, o Alió y más tarde Holmer, abandonando las tablas, se convertían en empresarios, comenzaban al punto a pelechar. Y esta explicación dada a la situación en esta época vale para épocas siguientes, y no sólo por cierto exclusivamente para las compañías profesionales.
Esta abrumadora carga gravitando sobre las iniciativas teatrales se prolonga largamente, repetimos, hasta años no muy lejanos de los actuales y constituye uno de los más graves obstáculos con que tropezaron para su desenvolvimiento las aspiraciones de actores y autores nacionales, y con ellos las posibilidades de organización de un teatro nacional.
El primer choque entre los intereses artísticos locales y el interés empresario se remonta ya tan lejos como 1885; cuando la Sociedad ROMEA solicitó el arrendamiento del Teatro Nacional, cuya cesión a Bellinzoni terminaba precisamente en esos días; al propio tiempo que ROMEA su solicitud, presentaba Bellinzoni la suya de prórroga de concesión. La prensa manifestó su esperanza de que el teatro fuese concedido a la Sociedad ROMEA, dados sus nobles y desinteresados fines; pero ROMEA no pudo competir con Bellinzoni, en la oferta; y el teatro se le escapó de las manos.
También actuó ese invierno el mago africano Teodoro Truá, prestidigitador e ilusionista, en cuya compañía el público – teatro completamente lleno – se trasladaba todas las noches "al Polo Norte". Se anunció en el mes de agosto a venida al Olimpo de la compañía dramática que actuaba en la cercana ciudad de Goya. Bellinzoni veía ya llegar el momento de la inauguración del Teatro Nacional, y con ésta momentos amargos para su empresa, pues el público no podía menos que ceder a la gravitación de un auténtico coliseo moderno – para ese tiempo – cuyo escenario sabría proveer Alió con su conocida habilidad. Trataba pues a toda costa de crear a su local un prestigio y un público.

1888 COMPAÑÍA DRAMATICA JOSE M. PRADO
El conjunto anunciado por la empresa del Olimpo llegó efectivamente a fines de agosto. Figuraban en el elenco los actores José M. Prado (director), Sanfeliú, Larroy; nuestro antiguo conocido y ya viejito, Chezo; Haza, Romero, Jardón y las señoras Echeverría, de Romero, Marin y Cazzulo (también antigua conocida nuestra).
La nueva compañía inició su temporada el 1º de septiembre con UN DRAMA NUEVO como pieza principal, y LA MOSQUITA MUERTA como petipieza. La crítica dedicó en LA DEMOCRACIA espacio inusitado al estreno de Tamayo y Baus. Firmó el comentario PLATEA: seudónimo de alguien que conocía la trayectoria del teatro español de los últimos veinte años, que escribía con soltura y poseía una apreciable cultura general: quizá Victorino Abente.
La nota elogia el drama "por su forma original y atrevida, que es algo así como un gesto revolucionario del arte dramático". Recuerda luego que esa obra se estrenó en Madrid veinte años atrás; pero añade: "en cada representación se repiten los aplausos, el entusiasmo crece"; y dice que si el drama triunfó esa noche, "desde luego fue por sus bondades intrínsecas, pero también por la pericia del comandante que dirigía la batalla"... Alude luego a la personalidad del director, Prado, afirmando que posee, no sólo el talento artístico que sirve a la interpretación, sino también el talento práctico que ayuda a adaptarse al público, pues "los públicos como los hombres, no son iguales. Algunos prefieren la escuela realista y en ella la comedia de costumbres. Otros prefieren los dramas de fuerza en que aparecen en movimiento todas las pasiones humanas"; y otros en fin, "son eclécticos". Siguen apreciaciones que revelan finura en la captación psicológica del personaje y el estudio comparativo de los accidentes interpretativos (columna y media) Rarísima vez se había dedicado tanto espacio al comentario de una actuación. También es extensa la nota dedicada a LA PASIONARIA; luego los comentarios se van encogiendo y veinte.. días después sólo aparecen los avisos de las funciones. Esto sucede con frecuencia en la prensa de la época; el entusiasmo del público y el de los periodistas siguen un gráfico paralelamente decreciente. Y así la compañía Prado, luego de haber obtenido una gran concurrencia demostrando que "había entusiasmo por los dramas de comedias y costumbres", se ve poco a poco abandonada del público y termina su temporada sin gloria, aunque esperamos que también sin gran pena.
Fue en esta compañía, "la última que actuó en el Olimpo en 1888" donde figuró, sin aparecer en las listas publicadas, al menos con el nombre del marido, una actriz, la esposa de Janusky, nuestro conocido administrador de la primera compañía lírica llegada al país. Según se desprende de los datos, la señora Janusky se había largado al Paraguay con la compañía Prado, sin avisar al consorte. Este, residente en la Plata, presentó en los tribunales asuncenos auto de prisión contra la cónyuge excursionista, "sin acompañar al documento certificado de matrimonio"... La señora Janusky, a estar por los diarios, era, "si no seductora, atrayente y bien parecida"; su fuga se debía, según declaró, "a que estaba desilusionada del esposo, que dejaba su arte para dedicarse a campesino" (por lo visto Janusky harto de las vacas flacas en el teatro habíase puesto a perseguir las gordas en el campo). Ante el juez, la señora declaró también que no quería reunirse con su marido, "porque temía por su vida"... No hay datos acerca del desenlace de este entremés judicial.
Los meses finales de 1888 fueron bastante movidos, ya que encontramos también compañías funcionando en el Olimpo y en el Andreuzzi (o Cancha sociedad) (40) en las afueras. (El tranvía, que llegaba hasta este último local, hacía, del viajecito, un paseo, por esos tiempos muy favorecido).

1888 COMPAÑÍA DE ZARZUELA FELIX AMURRIO
En efecto, la Compañía Prado no había terminado aún su actuación en el Olimpo, cuando se anuncia en el Teatro Andreuzzi la llegada, el 7 de noviembre, de la Compañía de Zarzuela Félix Amurrio, "procedente de España y Buenos Aires" en la cual figuraban, al lado de los actores Juan Costas, Miguel Máiquez, F. de Paula Montiel, Granados, y las actrices Ascención Cabrera, Asunción Montel y María Díaz, otros artistas ya conocidos de nuestro público, como Carmen del Romeral, M. Juvanet y S. Parga. Traían veinte coristas y una orquesta formada "por profesores de los principales teatros de Buenos Aires". Abrieron un abono de veinte funciones.
Llegaba esta compañía aprovechando, como ya antes tantas otras, las vacaciones en que Buenos Aires dejaba a sus artistas durante los meses de verano. Bellinzoni buscaba seguramente con esta contrata desquitarse. No sabemos quién fue el representante: posiblemente fuese un señor Granato; ya que la prensa de la época, poco previsora con respecto a la información que en ella pudiese años más tarde buscar esos pescadores sin caña que son los investigadores, no se cuidó de apuntarlo en sus columnas.
Como ya se ha indicado varias veces, la lógica ansiedad de ganar unos pesos durante los meses de forzosa inacción traía a nuestras playas a esas compañías, que sólo después de llegar palpaban la dolorosa realidad. Si acá no existía una tradición de descanso estival para los actores, porque éstos no existían en la estadística local, había para los espectadores una tradición del calor que daba el mismo resultado. La gente prefería pasar las noches de verano al fresco en lugar de sentada en el teatro, soportando el calor sin comodidad alguna; en todo caso, prefería el circo, cuando había circo, porque éste era al aire libre, y por tanto, se hacía más soportable. Es singular que a pesar de la repetición del desastre, conjuntos y empresarios hayan persistido en el error, provocando una y otra vez el fracaso financiero. Ya se ha visto cómo hasta el avisado Alió se dejó pillar los dedos alguna vez.
El debut de la compañía se realizó el 11 de noviembre con LA TEMPESTAD; pero un acontecimiento infeliz vino a interrumpir la temporada. Carmen del Romeral, la fina actriz que en la temporada de 1884 se había granjeado el aplauso y el aprecio de nuestro público, falleció el día 15, de mañana. Hallábase la actriz encinta; las fatigas del viaje apresuraron el parto; y por otro lado "era tal el estado de debilidad de la pobre mujer, que no resistió". Al día siguiente los artistas del conjunto acompañaron, en pequeño y patético pelotón, los restos de la compañera de labor, al cementerio de la Recoleta. (Tres días después se reanudaba la temporada. Había que vivir. Carmen dejaba tres hijas pequeñas, de las cuales parece haberse hecho cargo, de momento al menos, la compañía).
Era la primera vez que la Sala Andreuzzi acogía un espectáculo de esta naturaleza y categoría, y para ello se había engalanado lo mejor posible. En el telón de boca figuraba "el desembarco de Colón en tierra americana". La compañía produjo excelente impresión. Refiriéndose a la señora Cabrera, dice el cronista: "Posee una voz clara, poderosa, arrebatadora: primeras tiples como estas no habían aparecido aún en nuestros teatros"... "no es vana la fama que tiene ganada"... Sigue el cronista expidiéndose en términos igualmente favorables sobre el resto del elenco afirmando al final "el conjunto es el mejor que hemos tenido por acá"... Frase que a estas alturas es ya estereotipia.
El día 20 ofrecía la Compañía Prado, del Olimpo, una función a beneficio del Asilo de Mendigos. El conjunto de Amurrio tuvo una actitud cortés y solidaria: suspendió su propia función para no restar público a aquél. Actitud tanto más de loar si se considera la situación de la recién llegada compañía.
El 22 daba su beneficio el actor Larroy, del Olimpo; Amurrio ofreció igualmente su colaboración para esta fiesta, y la prensa no dejó de subrayar que esa noche "se harían ver juntos Prado, el inteligente y Amurrio, el aplaudido". Pero la cosa era inevitable: a medida que Prado bajaba, Amurrio subía. Las funciones de JUGAR CON FUEGO, MARINA, EL CARAMELO (en donde se aplaudieron los coros "que entre nosotros nunca se aplauden") CAMPANONE, LOS MAGIARES, fueron otros tantos triunfos para los actores de Amurrio, si bien no dejaron de tener sus altibajos, pues en PASCUAL BAILON, en LA MASCOTA y en CATALINA "dejaron bastante de desear" (en general hubo excepciones individuales) "La sala Andreuzzi – dice una gacetilla de fines de noviembre – se ha convertido en el punto de reunión de la sociedad elegante".
En LA MASCOTA, la compañía parece defraudó al público, que conocía bien la obra y la recordaba de cuando la representó Dalmau; "el público manifestó marcado disgusto; sólo se desempeñaron regularmente la Cabrera y Pombal"... en CATALINA la Compañía volvió a bajar, y así continuó un tiempito, marcando un gráfico variable de éxitos. Vino a complicar el cuadro el mago africano Trúa, con su reaparición a finales de noviembre. La Compañía Prado desapareció del todo; y la Amurrio, que se había iniciado tan bien, empezó a declinar también rápidamente. Ya el 9 de enero de 1889 dice un diario: "La Compañía Amurrio parece haber entrado en decadencia, habiendo desde el comienzo proporcionado muy gratos momentos a los aficionados al teatro..." Ese día dieron LOS MAGIARES a beneficio del tenor Costas, con sólo treinta y tantas personas en palcos y plateas. Muy grave debió de ser la defección del público por cuanto el día doce, al anunciarse la función a beneficio del templo de la Encarnación (destruido por un incendio) se anuncia a la vez que las damas mismas de la Comisión se encargarían de vender las entradas, diplomática forma de obligar al público, que ha surtido efecto en todo tiempo.
La Compañía Amurrio dio la última función a beneficio de las hijas de la actriz Carmen de Romeral; la sociedad asuncena respondió ampliamente. La compañía ofreció dar otro beneficio para el Asilo de Mendigos: La Comisión no aceptó, manifestando que "el público estaba cansado de tanto beneficio". Y los artistas dieron por terminada su temporada.
La crisis económica era sin duda muy grave en esa época y se agudizaría en los meses siguientes, hasta alcanzar su ápice unos años después. Durante este año 1889, sin embargo, se terminarían las obras del nuevo teatro, primero "Politeama Paraguayo", luego Teatro Nacional. Funcionaban por entonces, o funcionaron un poco más tarde, otros locales:
El Alcázar de Variedades (1º de enero de 1890) situado en Oliva esquina Paraná, donde se daban todo el año bailes que por cierto terminaban muchas veces como el Rosario de la Aurora, por un dácame allá un pañuelo azul o una corbata roja (en una de esas zambras, el capitán del TACUARI recibió en la frente un golpe que lo tuvo varios días sin bitácora...)
La Sala Andreuzzi, de la cual no encontramos datos que la ubiquen.
El Olimpo, que en ocasiones llegó a albergar auténticas compañías, pero que más a menudo funcionaba a base de conjuntos de variedades.
Había también un par de salones de recreo. Esta multiplicación de los lugares y ocasiones de esparcimiento era el resultado, no sólo del crecimiento urbano, sino también de la difusión de la cultura material de que fueron agentes los núcleos inmigrantes, con la formación incipiente de nuevas elites, grupos de presión y a quienes se debe la aparición de nuevas necesidades suntuarias, de afanes de entretenimiento y de cultura.
Algunas sociedades filarmónicas – cuyos promotores eran por igual españoles e italianos – llenaban los intervalos con actuaciones benéficas o simplemente de carácter cultural, que tenían su propio ambiente, ya que como se ha dicho la música alcanzó más pronto categoría activa y atmósfera propicia que el teatro convirtiéndose en hábito o necesidad del espíritu. Los cuadros filodramáticos propiamente dichos (aficionados) apenas dan señales de vida desde 1885.
El 26 de mayo de este 1888 debutó la compañía de acróbatas UMBERTO I, no sabemos por qué llamada "de las cuarenta onzas", dirigida por Pablo Raffeto. Este conjunto inició la costumbre de dar dos funciones diarias, con inmenso placer del público; una de día y otra de noche. La prensa calificó la compañía de Raffeto como "la más brillante y divertida que se ha visto en esta ciudad". De ella formaba parte el tirador Capitán Verdi, que más tarde se desligó del conjunto para convertirse en su propio empresario, ofreciendo un espectáculo que intituló "Las Metamorfosis", y que, como el nombre lo indica, consistía en la mutación de forma y color, a la vista del público, de cosas animales y personas. El Capitán Verdi parece haber tenido bastante éxito. Hubo también un ventrílocuo y prestidigitador nacional, el Dr. Fermín Guerrero, "competidor de MacAllister" quien actuó en funciones benéficas, y lo hizo tan bien, que le costó luego trabajo despegarse de sus admiradores, quienes encontraban quizá que había errado de vocación, y que manejando conejos subrepticios hacía labor más optimista que manejando el estetoscopio.

1889 COMPAÑIA DE ZARZUELA VALENTIN GAINZA
Casi simultáneamente con el circo, debuta en el Olimpo un conjunto dirigido por Valentín Gainza, tenor cómico que se había hecho un prestigio entre nuestro publico en anteriores visitas. Son pocas las referencias que conservan los diarios de la época acerca de la actuación de este conjunto. Formaban en él: Concepción Rico, Lorenza Bobone, Ricardo Rico, y una jovencita, segunda tiple, que andando el tiempo debía alcanzar espléndido renombre como artista lírica y ganarse el afecto del gran pública en el Plata: Orfila Rico, dieron entre otras piezas: CHATEAU MARGAUX (estreno en Asunción) TOREAR POR LO FINO, LA COLEGIALA, ROBINSON CRUSOE, LA SALSA DE ANICETA, esta última estrenada en Asunción hacía ya más de treinta años. De una de las funciones leemos:
"... Los artistas se portaron admirablemente... Numerosa concurrencia" (la función era a beneficio del Hospital de Caridad). Otra función beneficio se organizó a favor de un artista paraguayo acróbata que figuraba en el circo UMBERTO I (este seguía en la capital). La función "de gracia", que correspondía al director Gainza, no alcanzó sin embargo a darse, porque – manifestó públicamente el director – los artistas del elenco "se negaron con fútiles pretextos a trabajar"... Según Gainza, la defección de sus compañeros le había ocasionado una pérdida de más de mil quinientos pesos. Los artistas replicaron diciendo que tal cálculo era exagerado, pues el sesenta por ciento correspondía al empresario, con lo cual los mil quinientos se reducían a menos de la mitad... En la misma contestación, los artistas rebeldes pusieron a Gainza como chupa de dómine, tildándolo de egoísta, desconsiderado y desmedidamente ambicioso; "aspiraba ser el único a brillar sobre la escena...". Le acusaron además de inhumanidad, por haber abandonado en poblaciones extrañas, enfermos y sin recursos a artistas compañeros "de tan reconocido mérito como él"... Añadieron que no tenía por qué quejarse, porque poseía un capital en "cédulas hipotecarias". Y la cosa terminó quedándose Gainza sin beneficio pero con sus cédulas, y los artistas disidentes sin cédulas y sin beneficio.
Siguen discurriendo los meses de este 1889 con espectáculos menores, algunos autóctonos. Bailes en el Alcázar, cuya inauguración se realizó en mayo: vino para la ocasión el barítono A. Berton (la apertura debía realizarse con una compañía de canto, y se postergó dos meses con el mal tiempo). Actividades de la Sociedad Coral Española. Funciones del concertista ciego Elizardo Alvarez. Se anunció una compañía de canto y baile flamenco en el mismo Olimpo. No vino por entonces. Actuó en cambio el "Doctor del Diablo", Zavala Kiss, quien después de una gira artística por los pueblos del interior, vino a la capital.

1889 INAUGURACION DEL TEATRO NACIONAL
Las obras del Teatro Nacional, demoradas por razones que no aparecen bien especificadas en la prensa de la época, habían continuado durante la primera mitad del 89. No debió resultar fácil, ni aún para un hombre de tan clara visión económica como Alió, la financiación de la obra, realmente costosa, ya que superaba los 89.000 pesos. Un fortunón, en esa época. Alió tuvo que echar mano a recursos heroicos para reunir la suma (De algunas de las peripecias de la empresa se da cuenta en el Capitulo IV). Pero todas las cosas tienen fin en esta vida, y las del teatro lo tuvieron también.
En julio nos visitó una "compañía de orquesta", La Estudiantina Española FIGARO con un repertorio escogido y atrayente, donde al lado de la música de B. Verdi, Schubert, Flotow, Waldenteufel, Granados, figuraban trozos de las más exitosas operetas y zarzuelas. Fue este conjunto musical el encargado de inaugurar el 21 de julio, en una función a las dos de la tarde, el recién construido y flamante Teatro Nacional; nombre éste que por razones obvias, había triunfado sobre el de POLITEAMA PARAGUAYO propuesto por Alió.
¿Por qué la inauguración se realizó en esta forma, poco específica, digámoslo así, ya que la ocasión requería la presencia de una compañía de teatro, bien elegida además?... No hay indicio de esas razones. Quizá el motivo principal fuese lo difícil – o imposible – que resultaba a esta altura del año conseguir una compañía buena, dispuesta a trasladarse acá, abandonando el fértil terreno del Buenos Aires invernal.
Sin embargo, si se había construido un teatro, era para utilizarlo como tal: Alió consiguió una compañía para primeros de septiembre. El cinco de ese mes estaba en Asunción el conjunto de Antonio del Valle, en cuyo crecido elenco se contaba la primera tiple absoluto, señora Josefina Plá, y un cantante destinado a brillante y popular carrera: Pepe Romeu.
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Fuente: OBRAS COMPLETAS - VOLUMEN I. HISTORIA CULTURAL - LA CULTURA PARAGUAYA Y EL LIBRO. Autora: JOSEFINA PLÁ -© Josefina Pla © ICI (Instituto de Cooperación Iberoamericana) - RP ediciones Eduardo Víctor Haedo 427. Asunción - Paraguay. Edición al cuidado de: Miguel A. Fernández y Juan Francisco Sánchez. Composición y armado: Aguilar y Céspedes Asociación Tirada: 750 ejemplares Hecho el depósito que marca la ley EDICIÓN DIGITAL: BIBLIOTECA VIRTUAL DEL PARAGUAY
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