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lunes, 16 de agosto de 2010

ALICIA TRUEBA ARTEAGA DE MARTÍNEZ - ABOLENGO / Fuente: TALLER CUENTO BREVE - QUERIENDO CONTAR CUENTOS (1985).

ABOLENGO
Cuento de
ALICIA TRUEBA ARTEAGA DE MARTÍNEZ
(ENLACE A DATOS BIOGRÁFICOS Y OBRAS
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ABOLENGO
1870
Todo había terminado. Habían sido vencidos por una triple infamia. Abatido, el pequeño grupo regresaba.

La muchacha estaba en el límite de sus fuerzas cuando se acercó el hombre de barba gris para ayudar a las mujeres que la llevaban casi a rastras. Apenas tuvieron tiempo de llegar al ranchito de Faustina.

La larga caminata durante tantos días siguiendo, de lejos, a su hombre al lado de todas aquellas mujeres que seguían a los suyos, el hambre, sólo mitigada con raíces y naranjas agrias, el calor sofocante de ese febrero atroz, la habían extenuado y, finalmente, la dolorosa visión del último campo de batalla sembrado de cadáveres acabó por reducirla al miserable estado en que se hallaba,

-Se lo encargo, dijo. Le encargo a la. criatura, señor. Exclamó en un susurro, dirigiéndose al hombre que la sostenía con las huesosas manos bajo sus hombros.

-Se lo encargo, pidió de nuevo al viejo, mientras éste la depositaba delicadamente sobre el jergón de Faustina. Le encargo a la criatura, señor -intentó gritar- cuando el hombre se volvió para mirarla antes de salir del mísero ranchito.

Bajo la estirada, casi transparente piel de su vientre, la muchacha veía ir y venir al pequeño que, en acelerados movimientos, cada vez más frecuentes, pugnaba por salir, como si tratara de compensar con ímpetu frenético la debilidad creciente de la madre.

Ella pensó en el padre, en su marido que tan joven había tenido que ir a la guerra, Lo imaginó ahí, caído, de cara al sol junto a los otros, junto a todos los hombres de su tierra. Aspiró intensamente, apretó los puños, se apoyó en los talones, separó al máximo las rodillas y, en un impresionante esfuerzo, dió paso a la criatura.

-Tu hijo... al menos él,... tu hijo, nuestro hijo, le oyó decir Faustina, con el hilo de voz que le quedaba. Vivirá, añadió, vivirá.

-Sí, le dijo Faustina, vivirá, repitió ella también, mientras levantaba al niño y lo sacudía firmemente asiéndolo de los piecitos trigueños.

El corazón del hombre de barba gris latió con una fuerza olvidada cuando su dueño escuchó, desde afuera, sentado en el piso de tierra del rústico portal, el llanto inconfundible.

Un rato después, Faustina, a través de los postigos del ventanuco, le indicó al hombre que podía entrar. Con el rostro desencajado, el anciano recibió el pequeño bulto tembloroso que en ese momento dejó de llorar; contempló el cuerpecito y comprobó alborozado el sexo del recién nacido. Agradeció con un ademán a la mujer que, moribunda, yacía en el jergón y se alejó a grandes zancadas. Ella lo vió partir con su hijo en brazos, suspiró profundamente y cerró los ojos.

Una lluvia fina empezaba a caer cuando el viejo llegó a su choza; la única compañía, su nieta, de escasos doce años, le abrió el portoncillo.

-Toma este niño, le dijo en la lengua vernácula, cuídalo y hazlo crecer. Será tu marido.

Mansamente la niña obedeció.

1980
-Esa niña era mi abuela -cuenta orgulloso el Coronel- tuvo doce hijos y sobrevivió al abuelo. Los nietos somos sesenta y cuatro y los bisnietos más de cuatrocientos. Y ya empiezan a venir los nietos de los nietos -dice sonriendo- cuyo número, tal vez, superará los dos mil...
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ALICIA TRUEBA ARTEAGA DE MARTÍNEZ

TALLER CUENTO BREVE
Dirección:
Imprenta-Editorial
Casa América,
Asunción-Paraguay1985 (172 páginas).
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