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jueves, 12 de agosto de 2010

PRINCESA AQUINO AUGSTEN - CÓMO SE GESTA UNA FICCIÓN / Fuente: REVISTA DEL PEN CLUB. IV ÉPOCA – Nº 18.


CÓMO SE GESTA UNA FICCIÓN
PONENCIA DE
PRINCESA AQUINO AUGSTEN
(ENLACE A DATOS BIOGRÁFICOS Y OBRAS
EN LA GALERÍA DE LETRAS DEL
WWW.PORTALGUARANI.COM )

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CÓMO SE GESTA UNA FICCIÓN
Quiero felicitar a quienes tuvieron la iniciativa de realizar este seminario e hicieron posible con ello un acercamiento entre los miembros del PEN Club Internacional, como los de EE.UU., Bolivia, México. Acercamiento que constituye un acontecimiento importante para nuestro medio y para nosotros los escritores. Sólo el conocimiento de otras culturas nos permitirá abarcar algo de ese sin fin de experiencias, de saberes, de costumbres que se dan en los distintos puntos del mundo y, en particular, crean la diversidad dentro de la igualdad que es la vida del hombre, del ser humano universal.

Gracias a este 1er. Seminario Internacional sobre literatura que trata "LA FUNCIÓN SOCIAL DE LA LITERATURA EN EL PARAGUAY", nos acercamos nuevamente a las obras de autores tan emblemáticos como HERIB CAMPOS CERVERA, con sus relatos y poesías, AUGUSTO ROA BASTOS, JOSEFINA PLA, gran intelectual, polifacética de talento inigualable. BARRETT, con "EL DOLOR PARAGUAYO", RUBÉN BAREIRO SAGUIER, ESTEBAN CABAÑAS y muchos más, a quienes el contar experiencias traumáticas les costó muchas veces el exilio y la cárcel, o simplemente el repudio de parte de la sociedad insensible a ellas.

Para mi exposición elegí compartir con ustedes la lectura de varios cuentos o, a lo menos, una parte de los mismos. Pero, antes quisiera hablar de quienes fueron mis maestros para con la escritura de los cuentos.

Leeré pues, un corto párrafo de una de las obras de EDUARDO GUDIÑO KIEFER, colaborador permanente de las páginas culturales del diario La Nación de Buenos Aires. Este escritor argentino, nacido en la provincia de Santa Fe, con quien tuve el privilegio de aprender a escribir mis primeros cuentos, entre ellos, "EL SOBREVIVIENTE", que narra la historia de un tío mío, de origen alemán nacido en Paraguay, a quien le tocó participar en la Segunda Guerra Mundial. Escribí dicho relato en Buenos Aires en 1988. El párrafo que leeré corresponde a la obra de Gudiño PARA COMERTE MEJOR (Editorial Losada, Buenos Aires, 5 mayo 1976, octava edición, diez mil ejemplares).

"EL RULO"

Se juntamo como siempre n'el café de Canale para jugar un truquito. Pero qu'ibamos a jugar si estábamos todo con la notisia tragantada n'el gañote. ¡Tuvieron que ser lo Boliviano, nomá! La cosa es qu'estabamos con una cara de velorio y nadie desía lo que pensaba pero todo sabíamo que pensábamo lo mismo. L'único que a la final parló fuel Roberto qu'estudia n'el Nocturno y stá siempre con lo libro. El Roberto dijo mejor ubiera sido quese quedara n'el país, qu'entendiera que la cosa tiene que venir del lado sindical, que aquí la guerriya no cuaja. Tonse yo le dije mirá Roberto vos seguro tené razón que paralgo studiás, pero lo qu'es yo te digo que me parese qu'el tipo se murió bien justamente como l’ubiera gustado, a tiro, en la selva.

Se quedamo todo cayado de nuevo asta que yegó Fiorito que venía chiflandoy gritó chochamu vamo a festejarla que por fin l’isieron bolsa al loco ése. Cómo lo abremo mirado que se puso mariyo asta lo blanco delojo. Tonse dijo ma qué pasa, no stán contento ustede, son comunardo ustede. Ayí nomá me paré y lo garré de la camisa y le dije mirá Fiorito yo no soy comunardo, Dió me liberti d'esa dotrina foránica, yo no stoy d'acuerdo con lo norteamericano pero tampoco con lo ruso, quese queden en su país; pero lo que yo sé es que si vos no stás triste por el Che más vale que te la piqués porque de nosotros ninguno quiere verte la jeta.

Leyendo el fragmento quisiera destacar que una de las cosas que más me gustaba cuando escriba con Gudiño era la libertad que el inculcaba. Aparte de los juegos con el lenguaje y de las palabras que a él le gustaban mucho, estaba también el poder inventar palabras, el introducir personajes reales de los más variados estratos sociales e intentar reproducir su forma de hablar, de comportarse; en una palabra, ocuparse seriamente de investigar para recrearlo al personaje. El lunfardo, los extranjerismos y hasta los errores de pronunciación de los hablantes, muchos de ellos hablan aprendido el español de oído, eran bien recibidos cuando se fundamentaban bien. A mí, particularmente, me incitaba al uso del bilingüismo tan propio de nuestra zona, así como a la incorporación de frases corrientes en el habla local y proporciona a la obra un localismo extraordinario, tan acorde con la frase "Pinta tu aldea y serás universal" de León Tolstoi. Creando así una literatura con identidad plena.

Otra maravillosa guía fue la escritora RENÉE FERRER, que con su obra: "LOS PEORES PARA MÍ" nos muestra que una obra es siempre modificable y plausible de mejorar cuando el autor o autora lo consideren. Estas son las dos publicaciones del cuento, publicadas en las revistas del PEN Club del Paraguay, N° 9, mayo 2005 y N° 17, septiembre 2009. No las incluyo en su totalidad pero se podrán notar los cambios efectuados en ambos.

En esta les ofrezco dos fragmentos de dicho relato, a fin de mostrar el cambio que realizo la autora para cada de las publicaciones.

Siempre que viene mi mama a lavar la ropa me llavean en el sótano desde donde escucho que mi tía le miente cuando pregunta por mí. Después de llorar un rato me entretengo jugando con los gorgojos y los túneles que los ratones hacen entre las bolsas de maíz. Hay tres pero solo dos se alejan corriendo hasta el pedazo de queso que yo saco de las trampas para ver quién gana. De balde me encierran porque lo mismo nomás voy a salir para verla. Aunque me peguen me voy a escapar otra vez. Yo sé que mi casa tiene una sola pieza donde viven todos encimados, pero me gusta porque en invierno voy a dormir bien cerquita de mi mama. (...)
Toda la semana me levanto temprano, limpio la casa, cobro mi paliza y lavo los platos, pero algunas veces estoy mejor en el sótano que afuera, sobre todo cuando tío Antoñito prepara el agua y el pasto para los camellos. Entonces prefiero dormir aquí abajo para no sentir como mi prima salta de su cama y se ríe fuerte, buscando las huellas alrededor de la latona, mientras levanta su regalo del suelo. Los días de Reyes son los peores para mí.

Siempre que MI MAMA VIENE A LAVAR LA ROPA me llavean en el sótano, desde donde escucho que mi tía le miente cuando pregunta por mí. Después de llorar un rato me entretengo jugando con los gorgojos y los túneles que los ratones hacen entre las bolsas de maíz. Hay tres, pero solo dos se alejan corriendo hacia el pedazo de queso que yo saco de las trampas y tiro lejos para ver quién gana.

DE BALDE ME ENCIERRAN, PORQUE LO MISMO NOMAS VOY A SALIR PARA VERLA. Aunque me peguen me voy a escapar otra vez HASTA MI CASA. YO SÉ QUE tiene una sola pieza donde viven todos encimados, pero me gusta IGUAL, porque en invierno voy a dormir CERQUITA de mi mama. (…)

Toda la semana me levanto temprano, limpio la casa, cobro mi paliza y lavo los platos, pero algunas veces estoy mejor en el sótano que afuera, sobre todo cuando MI TÍO Antoñito prepara el agua y el pasto para los camellos. Entonces prefiero dormir aquí abajo para no sentir cómo mi prima salta de su cama y se ríe fuerte, buscando las huellas alrededor de la latona, mientras levanta DEL SUELO EL regalo QUE ESTÁ SOBRE SUS ZAPATOS. Los días de Reyes son los peores para mí.

También citare a AUGUSTO CASOLA, es un profesor irónico y original, hace que sus clases sean divertidas, atrapando así a los jóvenes que están impacientes por conocer los secretos del oficio. Con su obra: ES COMO ESCRIBIR UN CUENTO, dedicada a JOSÉ LUIS APPLEYARD, tenemos la certeza que los personajes están allí, nos rodean, pueden ser, ya seres humanos, ya entes inmateriales, un pájaro, el viento, o un abuelo ex combatiente de una guerra.

-Escribir un cuento es como vivir un sueno -dijo el poeta, con la vista perdida mas allá del hombro de su discípulo. Cerrar los ojos y entrar una vez más a ese mundo fantasmal del escritor, el suyo personal y único, esa cueva de la cual solo él conoce el acceso..., y donde parece el único mundo real y éste -agregó con un gesto vago de la mano derecha (temblorosa y algo artrítica) con el que abarcó la mesa redonda donde están sentados, junto a una de las columnas de hierro del bar "San Roque", las otras mesas, ocupadas por... –Algo falso e incompleto -sonrió, tosió el humo de su cigarrillo que se le atragantó: un sueño.
-O una pesadilla -intervino el discípulo.
-No se... -sorbió un trago de la cerveza que dentro del vaso centellea en millones de burbujas-. Tal vez los cuentos sean parte de una pesadilla inconclusa -volvió a dejar el vaso sobre la mancha húmeda del mantel a causa de la transpiración del vidrio de la botella-. Uno convive con sus personajes como si fueran reales. Los tiene dentro y como sabe que lo espían, se siente acosado, temeroso de que esas criaturas, de tan autenticas que son, corporicen en cualquier momento para incoarle a uno... ¡vaya a saber basados en que pretendidos derechos!..., si se les puede reconocer alguno a esas sombras, engendros inconfesables de un maridaje oscuro y prohibido.
El discípulo, concentrado y con el ceño fruncido, observa al Poeta en un esfuerzo por seguir el hilo de sus pensamientos.
-Entonces- dice en tono dudoso-, escribir un cuento es como estar en una cámara intermedia entre la vigilia y lo imaginario, entre lo que existe y lo que no...
-Sin capacidad para poder definir, a ciencia cierta, cuál de esos estados se halla a uno u otro lado de la tal cámara.
Fumaron en silencio. (...)
-¿Son así los personajes del cuento?
-Todos ellos están desnudos hasta la última desnudez.
-¿Son todos incorpóreos? Pero entonces... ¡no existen!
-¡Es que sí! -se exaltó el Poeta que empezó a toser, pues con el entusiasmo lo sofoco el humo de su cigarrillo-. Es que si existen, vaya si no... Están alrededor mío, no me abandonan un solo instante, no me dan sosiego. Cierro los ojos y se me acercan cuando quiero dormir, cuando me distraigo o estoy solo. Vienen y me observan..., casi debo dar un manotazo para alejarlos... -se acarició la chiva como suele hacer cuando algo lo deja perplejo-. ¡Claro que existen!
El discípulo contempló sobresaltado Los ojos muy abiertos del Poeta, quien parece estudiar algún acontecimiento extraño y espeluznante y siente que se le erizan Los pelos de la nuca.
-Luego pasa- manifestó el Poeta tras llenar de nuevo su vaso con lo que sobraba de cerveza en la botella-. Pero están ahí, existen..., existen...
A Los pocos minutos, el discípulo se despide y sale a la calle.

Nota: Revista del PEN Club del Paraguay Nº 9 (Mayo 2005)

En nuestro continente, y sobre todo en el Paraguay, tenemos territorios poblados de personajes e historias que merecen ser contadas. Sin ir más lejos, contamos con 17 etnias diferentes, ricas en cultura y con sus propias lenguas muchas de ellas. ¿Podría decirme alguno, que lengua hablan Los ishires y Los tobas? ¿Conoce alguno de Los presentes dos palabras en esas lenguas? ¿Qué religión profesaban? ¿Cuáles eran sus dioses? Y, ¿los guaraníes? Y, ¿nuestros abuelos, bisabuelos, tatarabuelos, en que creían? Hago esta propuesta precisamente aquí en esta sala cuyo nombre corresponde a una de Las principales figuras dentro de la etnología: Branislava Susnik.

Miles de historias cautivantes están esperando que se las narre. Animémonos a contarlas, luego y repartir la presa entre todos, o la pesca según la época. Los ritos, la pintura corporal, sus trajes con tejidos y plumajes de aves para reproducir la apariencia de Los axábsero, para alabar a...

"MUTACIONES "
Al Pintor Ogwa Flores Balbuena

Mi nombre es "Ogwa", significa "Manantial", naci en el monte, cuando todavía existía. Mi madre es ishir chamacoco. Mi padre un soldado paraguayo, que pasó por allí durante la guerra del Chaco, y le robó a mi madre un despertar feliz junto al hombre amado, le negó también engendrar hijos de ese amor, le negó finalmente un compañero para Los duros momentos, y así de un golpe la hizo una madre-niña en el monte.
Pese a esto ella quería amarme y de hecho me amaba, pero veía en mi al soldado y la atormentaba.
De mi mundo ya no queda nada, ni mis muertos. Nuestros lugares sagrados y profanos fueron también ultrajados por Los que Luego se apoderaron de nuestras tierras.
Y así quedamos anclados a la vera del camino, aquel nuevo que también hicieron, tras Las alambradas que pusieron. Entre la ruta y el cerco, allí quedamos.
Adentro nuestras casas se fueron desmoronando lentamente, cuando no las echaron, nuestros alimentos destruidos, por hachas primero, por motosierras después que arrasaron todo, no dejaron ni frutos que recoger ni animales que cazar.
Fuimos adelgazando, enfermando, nuestros robustos cuerpos se marchitaban, nuestros hijos pequeños morían, nuestros viejos lloraban.
Llegaron entonces un grupo de personas muy pálidas, a hablarnos de un Dios. No eran como nosotros, ni como Los paraguayos. Sus pálidos ojos asustaban a algunos. Los ancianos decían que eran seres del mal, por eso sus ojos parecían muertos; pero nos ofrecían de comer, y no había alternativa. Tuvimos que ir, tuvimos que cantar a un Dios que no era el nuestro, tuvimos que callar, cuando los nuestros eran calumniados y tratados de ídolos, para poder subsistir.
Al fin de cuenta nuestros Dioses nos habían abandonado.
Nos "ensenaron" a hablar otra lengua, a leer el libro de su Dios, y a hacer lo que ellos decían que el hombre tenía que hacer, que era comer como ellos comían. Trajeron para ello un par de elementos, vasos, platos, cubiertos, les llamaban, y nos mostraban como usarlos. Las hojas de camalotes arrojadas al río luego de consumir los alimentos que depositábamos en ellas, ya no servían.
-¿Acaso nosotros no comíamos antes? -preguntaban los niños.
Cállense y hagan lo que les dicen -repetía un anciano-, después cuando estemos solos les vamos a contestar.
Y así fuimos educados en el silencio y la sumisión. Nos instruyeron en el uso de camas, sabanas y almohadas. Muchos protestaban porque preferían sus hamacas a cielo abierto, contemplando estrellas y aprovechando su vaivén para dormirse plácidamente.
Nos mostraron como bañarnos con algo, "jabón" era su nombre, que debíamos "pagar", que era hacer algo para ellos, "trabajo" le llamaban. Y así lentamente nos sacaron la vida, "nuestra vida". Ropa para mis hijos medio día de trabajo, comida para ellos otro medio. Ya tenían mi día. Una sábana por alguna de mis hamacas, sus juguetes por las sonajas de nuestros bailes.
Y por ultimo dejo lo más importante, a lo que más me costó acostumbrarme, mi nuevo ser. Nos indicaron cómo vestirnos. Los ëxërmuk (Ëxëmuk: Cubre sexo, tejido hecho de fibras de la planta de la bromelia), tejidos con fibras de bromelia por los axnábsero (Antiguos Dioses de los Ishir) ya no eran suficiente. Recuerdo que fue lo primero que hicieron y desde entonces entendimos que ya nunca seríamos los mismos, sino un montón de seres extraños para nosotros mismos.
Los ancianos se negaron. Algunos pasaban días sin comer y sin levantarse de la cama, preferían dejarse morir, recordando sus mañanas de caza, para regresar los Dioses, bailando y cantando para ellos, pintados con los signos, sus mujeres cocinando, pero no estas cosas raras, "arroz, fideo", que les daban o vendían.
Unos optamos por conocer a los nuevos yo, y vivir esta extraña maldición, aunque otros prefirieron huir, alejarse y bailar de nuevo para Némourt (Uno de los antiguos Dioses Ishir, que escapó a la matanza de Dioses y por eso los maldijo, anunciando que se extinguirían por muerte y mezcla con los que llegarían.) y Aishnuwérta (diosa que se casó con un Ishir y los ayudó a estos traicionando a los Dioses, y en varias ocasiones más. En Cuentos Perversos (...), Asunción: Editorial Arandurã, diciembre de 2004.) aun después de haber sido abandonados.
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Fuente:
REVISTA DEL PEN CLUB DEL PARAGUAY.
IV ÉPOCA – Nº 18
A CENTRE OF INTERNATIONAL PEN
EDICIÓN ESPECIAL
LA FUNCIÓN SOCIAL DE LA LITERATURA
EN EL PARAGUAY
Arandurã Editorial,
Asunción – Paraguay
Julio 2010 (199 páginas).
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