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martes, 17 de agosto de 2010

MARÍA LUISA BOSIO - CARTA A UNA AMIGA (CUENTO) / Fuente: TALLER CUENTO BREVE - VEINTITRES CUENTOS DE TALLER (1988).


CARTA A UNA AMIGA
Cuento de
MARÍA LUISA BOSIO
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )

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CARTA A UNA AMIGA
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SIGNORINA:
Ernesta Titarelli
Vía Castel Uvone A.
Benedetto de Trento - Italia

Franca Vila 12 de Abrile...

Querida y recordada amiga:
Hacía tiempo que deseaba escribir esta carta. Los días pasaban para mí dedicada a Cayetano que me tenía dominada y atemorizada con su rudeza y fogosidad napolitana.

No podría afirmar que todo fue negativo en mi convivencia con él.

Creí que fue amor lo que sentí aquella tarde que paseábamos juntas por la plaza de la Iglesia de San Cristóbal, ¿recuerdas Ernesta?

Me impresionó su presencia varonil robusta, de ademanes seguros y la forma imperiosa de exteriorizar su admiración. Sumado a esto la sangre joven que bullía dentro de mí, con el ardor propio de los diez y siete años y el deseo de sentirme mujer.

Me entregué sin escrúpulos, a pesar del dolor que daría a mis padres. Dejé el pueblo y vine a vivir a Franca Vila, donde Cayetano posee un taller de herrería en el cual trabaja ocho horas diarias.

Mi vida transcurrió monótona, con los quehaceres cotidianos; interrumpidos a la tarde por la premura y torpeza de sus deseos que se parecían tanto a los de aquel torito que veíamos a menudo en el campo, saltar la valla del alambre de púas, ¿recuerdas Ernesta?

Siempre lo comparé con ese animal de nuestro pueblo!!.

El exigía que me cubriera el rostro, para la hora del amor. Lo tenía programado para cada tarde al término del trabajo. Lo notificaba con tres fuertes golpes de martillo sobre el junque, que sonaban distintos de los otros.

Debía estar lista para cuando él subiera. Lo esperaba con el traje de Eva (era el que más le gustaba) y el rostro cubierto con una mantilla.

¿Recuerdas aquella que usábamos para ir a misa?. Imagínate para lo que sirvió querida amiga.

Esto me deprimía mucho, pensaba a menudo en nuestros paseos y los requiebros amorosos que ambas recibíamos.

Ya, del farmacéutico Don Lorenzo con esos ojos ávidos y libidinosos a través de los gruesos lentes. Ni que hablar del Vicente el verdulero y de Bruno el panadero que elogiaban mi belleza y el cuerpo magnífico (hecho para el amor, lo decían con mucha picardía).

Conocí cada parte de este cuerpo que tanto incitaba el deseo carnal de Cayetano pero me faltaba algo, por conocer ¡Cómo se conjugaba amor puro con pasión!

Lo supe Ernesta, una tarde. Después de oír los acostumbrados tres golpes, yacía en el canasto esperando que subiera el napolitano a la buhardilla donde teníamos la pieza de dormir.

¿Qué pasó esa tarde asombrosa? Te lo contaré: "Sentí que el hombre con quien estaba acostada era otro, un hombre suave, cariñoso, revosando amor. (Me despojé de la mantilla con violencia). Mi corazón comenzó a latir más fuertemente, la dulzura de su voz y la de sus ojos me hicieron hervir la sangre. El amor se apoderó de mi corazón, temblaba de felicidad, veía como un ancho río claro nacido para aliviar la sed dolorosa de los hombres. ¡Cupido había lanzado su flecha certera!

Pasaron dos horas de éxtasis.

Nos mirábamos largamente; veíamos la vida en el hueco de nuestras órbitas sintiendo ese sueño real, maravilloso con el cálido silencio del atardecer.

¿Preguntarás quién es él? Querida amiga.

Dejé esto para lo último, se llama Nazareno, es joven, poeta y fue seminarista; trabajaba en el taller de Cayetano. Me veía ir y venir, pensando, con dolor en las horas perdidas, largas, indiferentes a que se reducía mi vida; la cual se convirtió ahora en un corazón enamorado con el soplo suave de su amor. Nazareno es todo lo que podría soñar una mujer como yo.

"Ernesta; espero que esta carta llegue a tí y la leas sin prisa. En ella va escrita mi vida desde que dejé nuestro querido pueblo hasta el día de hoy". Deseo que si aún sigues soltera pienses en la experiencia mía y cuando te entregues a un hombre lo hagas por amor.
Te abraza tu amiga de siempre.
Filomena Mauttone Ossimani
P.D.:
"Cayetano; la mantilla te la dejo de recuerdo" fue mi despedida.
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MARÍA LUISA BOSIO
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TALLER CUENTO BREVE
Dirección:
Talleres Gráficos
EDICIONES Y ARTE S.R.L.,
Asunción-Paraguay 1988 (136 páginas).
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