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lunes, 9 de agosto de 2010

STELLA BLANCO SÁNCHEZ DE SAGUIER - LIBERACIÓN / Fuente: TALLER CUENTO BREVE - QUERIENDO CONTAR CUENTOS (1985).


LIBERACIÓN
Cuento de
STELLA BLANCO SÁNCHEZ DE SAGUIER
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
.
LIBERACIÓN
Aquel día el Destino mostró el pantanal al acosado. Había él dejado atrás, en vertiginoso desfile, los últimos bosques. Ahora llegaba, a las tierras bajas y húmedas y se internaba corriendo en ellas como si fueran un jardín de delicias.

Le dolía la herida del cuello; tenía rasguños en los brazos y el pecho dolorido, hinchado. Conservaba aún la pistola con que había disparado al policía en el enfrentamiento fatal para éste, el pasado lunes. Las aguas se abrían bajo los pies desnudos del perseguido. A veces se tendía a descansar sobre una hierba quemada y áspera, en la margen del pantano. A veces algunos achaparrados arbustos le brindaban sombra y resguardo. Suave y secretamente, con asombrosa agilidad, fue saltando por sobre las laxas cercas de aquella indefinida tierra, mezcla de espejos grises y de pajas afiladas. Nadie comprendería porqué se sentía libre, nadie podría entenderlo.

Hallándose cercado por infinitos policías y perros amaestrados bajo un cielo surcado de helicópteros, él se sentía libre.

Acababa de huir su compañero y jefe hacia algún lugar del estero, no lejos de la casa abandonada, situada junto a la vía férrea, en el kilómetro cuarenta. A pesar de los vuelos rasantes, a pesar de las patrullas, a pesar de las intimaciones del Comisario de Patiño y del último conscripto avistado junto al almacén, decidió que ya no se rendiría. Las cosas habían ido demasiado lejos, lo sabía.; pero el aire que respiraba todavía era un aire de libertad. No se sentía acosado. Ahora él, estaba libre. Libre quizá para morir. Advirtió que estrechaban cada vez más el cerco en torno a su cuerpo lleno de fuego y fatiga; que ya eso tenía que ser el fin. Y por eso mismo había gritado a los que se perfilaban en la mañana gris, que él no iría a entregarse.

Cuando muriese y las aguas piadosas lo cubrieran, se sentiría igual que ahora. Calmosamente siguió moviéndose, sin rumbo ya, por el estero, a veces la pis tola, que esgrimía su mano derecha, desaparecía bajo el agua, oscura. ¡Qué alivio!. El Jefe, el Jefe de la Banda, se había escapado de las fuerzas del orden y, al escaparse su angustia había desaparecido. Los hombres que lo acosaban con armas automáticas, los terribles perros ladradores, los helicópteros que asordecían el cielo, no importaban. No le perturbaban los disparos cada vez más próximos que perforaban furiosos los cristales del pantanal.

La verdadera persecución había terminado con la fuga del JEFE; esa persecución, la del hombre malvado y atroz, ésa, había sido la maldición de su vida.. De él, durante tanto tiempo, no había podido escapar, ni aún aquella vez en que arrepentido, había vuelto a su casa, habiendo obtenido el perdón de sus padres. El JEFE lo había acechado día tras día hasta volverlo a arrastrar hacia una existencia criminal peor que la anterior. Ahora aquella existencia le parecía una pesadilla lejana. Contempló durante un rato, detenido en el fango frío, el paisaje triste; lo contempló sin miedo y sin odio. Pensó que el Mal mismo ya había desaparecido. Un ruido de aguas golpeadas y voces roncas lo volvió a la, realidad.

-Eyú che piari -gritó en respuesta a esta última intimación.

Cuando llegaron hasta él, ya no respiraba. Tenía una herida en la mitad del pecho. El rostro todavía adolescente iba palideciendo plácidamente.
STELLA BLANCO SÁNCHEZ DE SAGUIER
TALLER CUENTO BREVEDirección:
Imprenta-Editorial
Casa América,
Asunción-Paraguay1985 (172 páginas).
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