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miércoles, 13 de octubre de 2010

ESTEBAN CABAÑAS - LOS MONSTRUOS VANOS (POEMARIO) / Ediciones DIALOGO, Cuadernos del Colibrí Nº 3. Mayo 1964.


LOS MONSTRUOS VANOS
Poemario de ESTEBAN CABAÑAS
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del

www.portalguarani.com  )
Cuadernos del Colibrí Nº 3
Ediciones DIALOGO,
Director: MIGUEL ÁNGEL FERNÁNDEZ
Tapa y Viñeta: JOSEFINA PLÁ ;
Asunción – Paraguay
Mayo de 1964 (16 páginas)


LA ESFINGE

A Josefina Plá

QUIEN pensaría en ese rostro ambiguo
en que dejé mi suerte detenida
grabada en su serenidad y en su violencia
vuelve su risa y su dolor a un tiempo
a ser palabras de su boca antigua
a nacer y morir
en esa misma soledad que le destruye
y le crea sin cesar
entre las horadaciones de su piel
como una piedra que detiene lágrimas
borrando en su memoria arenas lluvias
quieto deshacerse de la prisa
para instalarse definitivamente en su sitio
en esa espera imperturbable
en esa mirada de vidrio sobre la línea
del desierto.

ENIGMAS de toro enarbolado
sobre el ataúd pedido de mi cuerpo
anclado en su palabra de fuego devastado
por sinnúmeras lenguas enigmáticas
mi boca ha recobrado su sabor sin memoria
su fruición que se viste de otras bocas
de otras lenguas de fuego milenario
salivas que consumen su frescura de aceite
en medio de las llamas

Enceguecido busco
caido sobre cuerpos sin nombres repetidos
el combustible ardido el corazón quemante
navegación de cuerpos en perpetuo naufragio consumidos.

UNO lleva sus pétalos sangrando
sobre los estambres púdicos que emergen
de grandes cópulas bermejas,

El aire preconiza una vuelta hacia el orden
odiando la armonía
naciendo como un sol fiero y demente
o un ser caníbal
todo lleno de larvas despeñado
sin tregua a su banquete

Los pequeños resabios ensucian los diagramas
que huelen como el tiempo
asumen los preámbulos sagrados
los intersticios cavados del deseo
Estos son su madero brújulas inquietas
alargadas a nortes monstruosos ojos mórbidos
de animales que crecen sin moverse
flores antiguas enormes navegando
en ese lugar que llega como un golpe
a completar el goce sin hallarnos.

A ROQUE VALLEJOS

DESHABITADO el viento, yo busqué la paloma
Deshabitado el pez, hallé los ríos.
Deshabitado el hombre, su soledad tenía
la vestidura de sus huesos.

Deshabitado el tiempo, su angustia se ladea
como viejo caballo sin querencia.
Deshabitado el lento deshacer de sus horas
en su cristal de fuego innumerable
la soledad de Dios muestra su espalda vacía.

SOLO era mía la brevedad del goce
y una fiera creciendo a mi costado
con el nombre completo
atardeceres vanos cuerpos tibios,
pequeños bosques hieráticos recordadas verjas
escrúpulos
sueño y tiempo
relatándose viajes cuentos
caminatas
voces que anclaron ciegas
junto al naufragio solo
desenredados brazos de ahogado perdido
en un desierto frío de sal
con deseos de hincarse en otros cuerpos
probar su brevedad unirse a otro
buscar la soledad del otro como un puerto.

AMAR es una cosa que se licua
sobre animales fieles de ojos muertos
quiere ser una niña viva y sola
creciendo en longitud bajo la sombra

Atestigua un furor de luna asida
por manos criminales flores pájaros
que se buscan en mares de saliva
con los grandes pétalos del hambre

Crecen en su honor enormes plumas
que parecen palomas deshojadas hojas quietas
de un antiguo otoño petrificado
llenan los ojos de su calle extraña

¿TENDRA el camino que llevó a la tarde a ser un todo
su recuerdo intacto?
¿Encontrará nombres de árboles
membretes estampillas
sobres con direcciones extraviadas
lunas quietas enmarcadas en la ventana?

¿No habrá paréntesis ni tregua
y será el silencio poblando los rincones
o el grito parado en las esquinas?
¿O esta angustia que sube por el aire
como una burbuja?

¿Encontrará el corazón de la tarde
el pajarillo exacto que desbordó su imagen
caído en un espejo?
¿O un color un sólo color de humo gris
seco de polvo como después de un derrumbe?

YO rechacé el silencio
este ser desolado como muerto
el navegar de noche sin horario
creciendo puro intacto solitario

Esa luz me sedujo por momentos
cementerios sin huesos caído o despeñado
Qué más dá?
Y sin embargo qué dolor esta sed devoradora
desterrando fantoches en una noche sola
y uncido con mi ser y mi palabra
he cabalgado el tiempo
desparramé en mi oscura ciudad los monstruos vanos
Yo elegí no ser un día para quererlo todo
Oh ermitaño que va creciendo a ciegas tanteando.

REPTILES creciendo hojas tenebrosas
con luna la piel apaciguada
Viejos estudiantes amarillos
con risas hambrientas poblando ventanas
Uno vuelve la página y comienza
la primera línea la primera letra
y sube la víbora su continuo tramo
sin deshacer su ritmo hacia la noche

Por cielos lisos lubricados miembros
poseer quisiera flores manos cuerpos
y un museo de páginas leídas
una colección de besos muertos
y desinflar orgullos que caminan
cubriendo largos paneles de nostalgia

ESTOS párpados revientan dulcemente
bajo la brevedad de su inocente anhelo
callando y deshaciendo su sueño mutilado
enhebra pestilencias de luz agrega ojos
pestañas caminando por un campo sembrado
oyendo flores defecando cifras cariñosas
y requerimientos vanos al nivel de la tierra.

Poderosos caminos los que encienden
el miembro de la tarde crepuscular y hambriento
líquidos que suben por el vaso ávido
y por esos párpados sedientos
de mirada única de brillo sosegado
crecen los jugos de un poder activo
llenando cementerios casas túneles
el fermento naciendo desbordado
como semen o lágrima.

CAMINE por este animal oscuro
sin detenerme
sin deshacer las horas
sin desear volverme

He poseído todo
el cansancio y el hambre:
su disfraz de ceniza y su caricia de pájaro

Por la mano del sueño irrecobrable
espejo de este rostro duro de nacer duro de morir
he llegado al hastío
al encuentro final de la aventura
con mi propia estadística de orgullo
bajo lunas de orientación sombría
máquinas verjas carreteras
ciudades caída en los mapas
entre otros senderos otras piedras
otros seres enhiestos
de olor vengativo y enigmático.

DESDE el fondo caldo sobre un mapa de edificios oscuros
en su corazón mismo parecido al otoño
en esa lobreguez hecha de piedra
flanqueando viejos atardeceres recuerdos de una luna
de fosforencia amarga
como roído en mi vestidura
allí
en el fondo
sin que me lleguen los sonidos
el lacerante juego de las bocas
allí yo mismo, en mi propio divagar
en ese enorme foso sin remedio
en que gimen los brazos
en que los ojos buscan su ascensión su mirada
en donde agitan sus nombres mis edades
como números de vuelta hacia la herencia
de una antigua soledad desprendida.


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