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miércoles, 3 de noviembre de 2010

JORGE BÁEZ SAMUDIO - LAS POLKAS PARAGUAYAS / Fuente: ARTES Y ARTISTAS PARAGUAYOS - PERIODO RENACENTISTA



LAS POLKAS PARAGUAYAS
Conferencia de
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
 
 

Cada pueblo tiene su música, vale decir, su manera peculiar de producir la armonía de los sonidos de sus instrumentos musicales. Singulariza a la nuestra los acentos melancólicos que parecen traducir la tristeza infinita que emerge de lo más profundo de nuestra alma, y de la que participamos súbitamente todos, sea porque provenga del tronco originario de nuestra propia raza.

El instrumental inseparable de nuestros copleros y rapsodas son el arpa hebrea y la guitarra mora, que nos legaron los conquistadores ibéricos, de cuyas cajas sonoras arrancan el raudal de arrobadoras armonías.

Las polkas paraguayas adoptan tonos diferentes para acompañar el canto. Ni el rasgueo de la guitarra, ni la hábil combinación de las notas galopantes del arpa multicorde se ejecuta sin el canto. Por consiguiente la música y el canto estrechamente unidos forman otra de las características de nuestra música popular. Pareciera que el nativo no se conformara con la sola combinación de sonidos para volcar sus sentimientos en el cordaje vibrante de su instrumento, necesariamente trae en su apoyo el canto, como entre los antiguos griegos la poesía y el canto eran todo uno. Tanto es así que nuestros cancionistas más renombrados, que actualizan nuestra música con el acento nativo en todo el Río de la Plata, son al mismo tiempo excelentes guitarristas.

Nombro por caso a SAMUEL AGUAYO, HERMINIO GIMÉNEZ, MELGA Y CHASE.

Las polkas paraguayas revisten además dos acentos bien marcados: EL HEROICO y el SENTIMENTAL O AFECTIVO (que en la tecnología musical se los nombran polka galop y polka canción).

La polka heroica por excelencia es el CAMPAMENTO CERRO LEÓN, como la Marsellesa es la marcha heroica de los franceses. El campamento Cerro León nació en el vivac, en medio del ardor de los combates, por eso sus acordes electrizan, y en nuestra edad heroica empujaban a los guerreros impávidos a conquistar laureles a la patria. Fuera de él o de otras polkas similares que tuvieron su origen en nuestros campamentos revolucionarios y en la última guerra del Chaco, todas revisten carácter sentimental. Y esto lo decimos no porque sean precisamente tristes, no; pues que las hay muy alegres y hasta sensuales, si se nos permite el término. Lo que queremos indicar es que esas polkas poseen la virtualidad de causar en nuestra alma, ora la nostalgia amarga de lo ausente, ora el cariño tiernísimo de las caras afecciones del corazón.

Sus notas remedan lo mismo el quejido del viento en la espesura, que el trino metálico de cien aves canoras. Y esa conjunción de armonías produce tal vibración en nuestros oídos que sacude las fibras más íntimas de nuestro ser.

De las Polkas se impregnan nuestros oídos pues con ellas entonaron sus versos los maternos labios, cuando arrullaban nuestros sueños en la cuna; con ellas se conquista el corazón de la mujer amada y se canta la elegía de la dicha que se pierde. Esas música nos parece que llevan en cada nota girones de nuestra propia alma; y parecieran también que no fuesen escritas por nadie, sino que nacieron con nosotros y por nosotros viven en el recuerdo y en la esperanza.


Las polkas tienen actualmente sus animadores y cultivadores no ya en el pueblo anónimo solamente, sino hasta en los maestros más renombrados de la música en nuestro país. De ahí que las polkas de suyo originariamente populares pasan a ocupar un plano superior en la escala musical, esto es, que con instrumentación y arreglos adecuados se las ejecutan en concierto.

Esta labor encomiable la emprende en nuestro medio el maestro REMBERTO GIMÉNEZ. Si bien AGUSTÍN BARRIOS, el mago de la guitarra, inició aquí hace años el mismo trabajo, sólo lo hizo con adaptación para su instrumento predilecto, como ARISTÓBULO DOMÍNGUEZ para el piano.

De entre las composiciones de GIMÉNEZ escojo YOPARÁ, composición o mezcla de danzas, polkas y canciones las más antiguas del Paraguay, tales como la GOLONDRIANA, TEJEDORA DEL ÑANDUTÍ, CHOPÍ, BATALLÓN JUVENIL, CERRO CORÁ y CERRO LEÓN.

Estas músicas sometidas al canon del arte adquieren tal valor que son dignas de las grabaciones sonoras para que trasciendan en el extranjero.

Claro está que no sólo en el Paraguay se ennoblece la música popular; ALBERTO WILLIAMS, en la Argentina, HÉCTOR VILLALOBOS, en el Brasil, EDUARDO FABINI, en el Uruguay y CARLOS CHÁVEZ en México, son eximios compositores y maestros que, al par que se orientan hacia la formación de la música americana, trabajan sobre las diferentes músicas regionales de sus respectivos países, depurándolas de sus defectos técnicos y escoriaciones, para salvar del naufragio el patrimonio musical que participa de la esencia misma de la patria.

SADI ZAÑARTU, al referirse a la CUECA CHILENA dice: "La Cueca chilena está de moda en Chile. Esta frase que parece una redundancia, sin embargo tiene su explicación, pues la Cueca fue un tiempo proscrita de los estrados por causas que habría que buscar en el rastacuerismo de las sociedades en crisis. Antaño, cuando las costumbres nacionales no avergonzaban a nadie, se bailó la Cueca en los salones aristocráticos. Cuando éstos la desdeñaron hizo también un gesto de desprecio al baile nacional. La Cueca se refugió entonces en las "chinganas" y en los campos y sólo para el 18 de setiembre, la Pascua o el año nuevo se mostraba al público, como avergonzaba campesina. Pero esta proscripción no podía durar mucho. La Cueca estaba viva en todos los corazones y sólo faltaba la chispita que encendería de nuevo los ardorosos ritmos. Tocóle al teatro hacer su apología. En el escenario destacóse toda la gracia majestuosa de la danza, que exaltaba al público al bordar sobre el tablado sus infinitos episodios. La Cueca trascendió de ese modo al café de moda; los compositores dejaron su actitud desdeñosa para inspirarse en el folklore musical... Prendida la hoguera era un círculo de orientación nativista, ya no era posible detenerla. Hoy la Cueca ha vuelto a reconquistar su sitio de antaño y se manifiesta como es el chileno mismo y según quien y donde se canta, las hay de poncho y ojota, como de colero y leva".

Los párrafos transcriptos del escritor chileno, bien podrían aplicarse exactamente a lo que aconteció aquí con nuestras polkas. También a éstas se las proscribieron un tiempo de los estrados aristocráticos, porque en el sentir de los europerizantes parecían cosas privativas de gentes descalzas y emponchadas. Más, también hoy las polkas asumen actualidad por la animación que les prestan los orientadores de la música nacional, y, muy especialmente, esa legión de folkloristas que irrumpe en todos los escenarios americanos, sea a través de las ondas hertzianas, sean por los conjuntos típicos de dramas y comedias, difundiendo de esa manera el espíritu nacional, por una de sus expresiones más puras y armoniosas. Y merced a este movimiento nativista, la música paraguaya, la que brotó de las entrañas del pueblo, cual fruto de su sensibilidad, nos representa ahora, y seguirá representándonos siempre en el mosaico de los grupos humanos, mientras florescan nuestras ciencias y se maduren nuestras artes superiores, cuyo proceso evolutivo retardaron nuestras guerras, por la fuerza ineludible de la historia.


Fuente:
Conferencia de JORGE BÁEZ
Biblioteca Nacional
Agencia Paraguaya del ISBN
1ª Reedición, con el apoyo de la
Cooperativa Universitaria Ltda.
Asunción – Paraguay,
Noviembre, 2007 (91 páginas).



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