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lunes, 16 de mayo de 2011

JOSÉ MANUEL SILVERO - NIETZSCHE EN PARAGUAY / Correo Semanal, diario ULTIMA HORA, 2008





NIETZSCHE EN PARAGUAY
Artículo de


El filósofo alemán Friedrich Wilhelm Nietzsche dedicó al país unas líneas dignas de ser reproducidas. A instancias de su hermana, estuvo cerca de arribar al Paraguay.


Federico Nietzsche pudo haber pisado tierra paraguaya alguna vez. Si aquello se hubiese concretado, no me imagino los comentarios, las loas y tonterías que se hubo de criar en torno a la visita-estadía del genio-loco en Paraguay.

ILUSTRES VISITANTES

Alguna vez nos visitaron Bonpland y Richard Burton; también lo hicieron José Mengele y Antoine de Saint-Exupéry; y no la olvidemos a la mismísima Ilona Staller -alias La Cicciolina-, al desobediente Leonardo Boff, al experto en fútbol Eduardo Germán Hughes Galeano o al economista cuya sapiencia desnudó a la globalización, Joseph Stiglitz, entre otros ilustres pasajeros. Es probable que todos ellos hayan contribuido con sus conceptos a que el mundo tenga un concepto acerca del Paraguay.
Si a esta lista sui géneris, encabezada por un naturalista, seguido por un aventurero-espía, un médico asesino, un escritor y una "señora", un teólogo enemigo íntimo de Ratzinger, un escritor cuyas venas esperanzadas ansían cerrarse y un antiglobalización-globalizado, hubiésemos podido sumar el nombre de Federico Nietzsche y decir con orgullo: "También pisó tierra paraguaya nada más y nada menos que el autor del Anticristo". Una felicidad eterna nos hubiese embargado, una sonrisa postiza desplegada y cientos de citas y fragmentos de los escritos de Federico hubiésemos tergiversado por el solo hecho de haber posado sus plantillas en tierra guaraní.
Es verdad que alguna vez deambuló por estos lares -según la leyenda- el gran Santo Tomás (Pa'i Tume), pero sólo dejó algunas pisadas, nada más.
Pero, al final, poco importan las intenciones verdaderas o simuladas de nuestros visitantes. Los acontecimientos que el tiempo guarda en sus entrañas quedan relegados por el ajetreo y la lisonja que desplegamos al divisar un extranjero en nuestras costas. ¿Alguien se acuerda de la condecoración otorgada a Rockefeller?
Pero volvamos a Nietzsche. Éste se molestó bastante el día en que su hermana le aconsejó librarse del horrible lugar donde moraba, incitándolo a que viajara al Paraguay. Elisabeth creía firmemente que nuestro país ayudaría a su hermano en la difícil tarea de espantar los "fantasmas" y otros males que acechaban al filósofo.
Sin embargo, al igual que Sarmiento, Elisabeth despreciaba sinceramente esta parte del planeta (aunque el clima fuese beneficioso y agradable).


 LA HERMANA DE NIETZSCHE EN PARAGUAY  


Federico Nietzsche, así como algunos de los citados visitantes, dedicó al Paraguay unas líneas dignas de ser reproducidas. Y, permítanme los guardianes del gremio filosófico recrear la conversación con cierta libertad, pero sin omitir nada de lo proferido por el filósofo.
Poco antes de que Elisabeth partiera hacia el Paraguay, entabló una breve pero interesante conversación con su hermano mayor.

-Yo pensaba que no te gustaba Paraguay -le recordó Nietzsche.

-No para mí -respondió la hermana.

-Entonces, ¿por qué para mí? -le preguntó el filósofo.

-Para ti significaría la resurrección -sentenció Elisabeth.

-¿Como Jesús? -dijo Federico.

La hermana se encogió de hombros y le recriminó al hermano.

-Ya empiezas a proferir sacrilegios. ¿No sabes el efecto que esta clase de cosas le produce a mamá?

Nuestro malogrado huésped, con el estilo punzante y el dardo afilado, contestó a la hermana:

-No la mata. Y si lo hiciera, sé que no tardaría mucho en volver a molestarme con este asunto, y tú también.

La hermana, consciente de la situación de Federico, le replicó:

-No eres tú el desagradable con nosotros, sino tu enfermedad.

El filósofo ya no tenía ganas de seguir sosteniendo la posibilidad de viajar al Paraguay; por ello decidió, de una vez por todas, dejar sentada su postura con respecto a la empresa en cuestión:

 EL ANTISEMITISMO 


"¡Oh, querida enfermedad! Pero no consideraré la posibilidad de ir al Paraguay, de modo que pongamos punto final a eso. En primer lugar, es demasiado lejos; sólo el viaje me mataría si vuestra compañía no lo hizo ya. En segundo lugar, probablemente tu difunto marido ha contaminado en tal forma el Paraguay con su plaga antisemita, que debe ser un lugar tan malo para vivir como Alemania."

La hermana del filósofo arribó al Paraguay en el año 1887, acompañada de su marido Bernhard Förster. Éste, ideólogo de una utópica colonia planeada con antelación y bautizada con el nombre de "Nueva Germania", involucró a catorce familias alemanas que ansiaban concretar el sueño de un foco de desarrollo germánico "puro", lejos, por supuesto, de la influencia de los judíos, a quienes Förster detestaba con todas sus fuerzas.

Aunque nuestro utópico antisemita logró negociar con el general Bernardino Caballero los títulos de la propiedad, su programa eugenésico tocó fondo con el "detalle" de su autoeliminación, en el año 1889.

Cuatro años después, la viuda dejaría definitivamente el Paraguay y se dedicaría a cuidar de su hermano filósofo.

En Mi hermana y yo, en el capítulo uno, punto tres, Nietzsche deja clara su animadversión hacia el cuñado y evidencia sus conceptos hacia el Paraguay.

"El antisemitismo, en un lugar donde ocasionalmente se puede echar una mirada a un rostro genuinamente judío, es una cosa. Pero debe ser imposible respirar donde hay sólo vacíos rostros cristianos que saludan.

"Por su exagerado antisemitismo, deduzco que no debe haber suficientes cosas en Paraguay para odiar y hacer soportables las miserias comunes de la vida."

En fin, una verdadera lástima lo de Nietzsche. Pudimos haber aprendido a ponernos Más allá del Bien y del Mal y nuestros abuelos hubiesen podido saber un poco más de la hermosa y provocativa Lou Salomé. Pero, como ya lo dijo el filósofo:

"En última instancia las cosas tienen que ser tal como son y tal como han sido siempre; las grandes cosas están reservadas para los grandes; los abismos para los profundos; las delicadezas y estremecimientos, para los sutiles; y, en general y brevemente, todo lo raro para los raros."



(Publicado en la edición impresa, en el suplemento Correo Semanal.
19 de Setiembre del 2008





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