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jueves, 29 de diciembre de 2011

RUDI TORGA - TITULO ORIGINAL: LA FAMILIA DE PASCUAL DUARTE (CAMILO JOSÉ CELA, 1942) - TITULO EN GUARANÍ: PASCUAL DUARTE REKOVEKUE (2001)




TITULO ORIGINAL: LA FAMILIA DE PASCUAL DUARTE (1942)
TITULO EN GUARANÍ: PASCUAL DUARTE REKOVEKUE (2001)
© CAMILO JOSÉ CELA
© De la traducción al Guaraní:
con la colaboración de RODOLFO DAMI (h)



Ilustración Portada e Interiores: Reyes Omelia
Diseño de Tapa: Vicente Marsal Comunicaciones
Diagramación : Simone Wedderhoff
Compaginación: Simone Wedderhoff - Rudi Torga
Impresiones: Edipar-Iturbe 1134
Asunción, Paraguay
1° Edición 1000 Ejemplares
ISBN: 99925-809-3-3
Impreso en Paraguay - Enero 2002
© Editorial Medusa
Edición al cuidado de Julio César Frutos Coronel.
 Editorial Servilibro
Tel.: 595 21 444770



PASCUAL DUARTE REKOVEKUE
CAMILO JOSÉ CELA

TRADUCCIÓN AL GUARANI
DE RUDI TORGA


PRESENTACIÓN

            La Fundación Carlos III, que cree en el sentido internacional de nuestro pasado y de nuestra avanzada sociedad del siglo XXI, siente una especial vocación americana, por ser de enorme relevancia para Hispanoamérica el reinado de Carlos III.
            El esplendor y madurez alcanzados por los Virreinatos americanos en el siglo XVIII haría precisamente posible su posterior independencia.
            Por todo ello, la Fundación constituyó hace seis años, el Foro Iberoamericano, al que pertenecen hoy, quince Presidentes de Repúblicas Iberoamericanas, entre ellos el Presidente Luis González Macchi, primer mandatario del Paraguay, más la totalidad de los Embajadores iberoamericanos acreditados en Madrid y destacadas personalidades de la vida española como el Presidente del Gobierno D. José María Aznar, el Cardenal Ronco Varela, Arzobispo de Madrid, su Alcalde José María Álvarez del Manzano y el Premio Nobel D. Camilo José Cela, Marqués de Iría Flavia, entre otros.
            Precisamente hace unos meses recibí la llamada de nuestro admirado D. Camilo José, interesado en conocer al Embajador del Paraguay en España D. Julio César Frutos. Organizada la reunión, nos informaba D. Camilo que su obra La familia de Pascual Duarte, era la obra en castellano mas traducida en el mundo a otras lenguas, después de El Quijote, y que su ilusión era que se pudiera traducir y editar en el idioma guaraní, una lengua viva, que forma parte de la vivencia de los paraguayos. El Embajador Frutos acogió el proyecto cultural con el apasionamiento que comparten las personas ilustradas y prometió a nuestro Premio Nobel que trabajaría para llevar adelante tan magnífica propuesta.
            La promesa se ha cumplido y hoy la Fundación Carlos III, en este principio de siglo y milenio, como una nueva etapa de las Luces, de la Ilustración, del Progreso y del Humanismo, tiene la inmensa satisfacción de presentar esta edición ordinaria de la gran obra "La familia de Pascual Duarte ", en versión bilingüe guaraní y castellano, para el disfrute de cuantos comparten la posesión de tan bellas lenguas.

            Madrid, 2 de octubre de 2001 
            CARLOS ESCUDERO DE BURÓN
            Fundación Carlos III
            Presidente



PALABRAS DEL TRADUCTOR

            Cuenta J. Natalicio González en su libro Ideología Guaraní que Don Ramón de Valle-Inclán, después de seguir la huella de Rafael Barret en nuestra tierra, llegó a proyectar una novela paraguaya.
            En carta a Don Arsenio López Decoud decía desde el fondo de su montaña gallega, en el invierno de 1911: "Paraguay dejó en mi alma un recuerdo tan profundo como una mujer".
            Después de transcurrir casi cien años de aquella novela prometida, el Embajador paraguayo en la madre patria, Julio César Frutos Coronel, llega a culminar con éxito su gestión para que la novela La Familia de Pascual Duarte de Camilo José Cela (Premio Nobel 1989), sea traducida al idioma guaraní. Una iniciativa que convierte en realidad la soñada narración de Don Ramón del Valle-Inclán.
            Según el arakuaave (sagrada sabiduría) los guaraníes recibieron en herencia del creador de la Vida en el Mundo: el ayvu (lenguaje humano).
            Etimológicamente aglutina dos conceptos: a viene de anga que significa alma e yvu que significa manantial. Así el lenguaje humano (ayvu) es el manantial del alma.
            Mediante el lenguaje humano el habitante de la tierra tiene memoria de su origen divino y mediante el ñe'ẽ, la palabra, él adquiere su ser.
            El ser de cada persona crece en el intercambio del mutuo conocimiento y se traduce en el porayhu, amor entre semejantes. Para llegar a esa armonía los seres humanos, practican el ñomongeta (diálogo). Aglutina tres conceptos: ñomo-anga-pyrenda. Significa: Poner en armonía las almas. En conclusión: dialogar es poner en armonía las almas de las personas entre sí, para lograr la comunión de la comunidad humana.
            Los habitantes de la tierra recibimos como testamento de la divinidad la misión de hacernos verdaderos seres humanos mediante el ñembo'e, orar, enseñar, aprender. Cada ser humano adquiere su ser. Y expresa ese ser en la palabra.
            Con este ser establece vínculos con su origen, con sus semejantes y con el Creador. Y realiza el esfuerzo de vivir en armonía con la naturaleza, con todas las manifestaciones de la vida y con el Universo.
            Pascual Duarte, el protagonista de la novela de Camilo José Cela, mucho ha luchado para descubrir el camino del verdadero ser humano de acuerdo a su cultura rudimentaria de español. Para comprender su compleja desgracia, su "tremenda" deshumanización y su rechazo de la piedad, recurrió a la palabra.
            La traducción del español al guaraní de la novela La Familia de Pascual Duarte resulta toda una conversión espiritual. Con el título de Pascual Duarte Rekovekue se realiza un renacer del personaje en una inédita cultura inmemorial y universal. Pascual Duarte, expresándose en el idioma nativo paraguayo, aún cuando el escenario de su vida sea el suelo ibérico, se ha convertido en un campesino guaraní.
            Al decidir encauzar su vida en la narración, recupera su palabra raigal. Y en la recuperación de su palabra soterrada en su infortunio libera su ser.
            Interpretando desde la cultura guaraní, la tragedia de Pascual Duarte se origina cuando la cultura a la que pertenece, le impone una cultura que excesivamente privilegia el tener, cuando sencilla y humildemente quería ser.
            Con la traducción de la novela "La Familia de Pascual Duarte" en "Pascual Duarte Rekovekue", la literatura paraguaya en idioma guaraní pasa de la poesía a la narrativa. Y definitivamente se acredita una vigorosa y luminosa idoneidad, para estar a la altura del nivel estético más exigente en la escritura.
            Nuestro ferviente deseo es que esta novela tenga igual reconocimiento en su versión guaraní, como en su versión española. El idioma guaraní, como nunca, ha demostrado ser un idioma que puede asimilar toda la miseria y toda la grandeza de la condición humana de todos los tiempos.
            RUDI TORGA


PRÓLOGO
PASCUAL DUARTE EN GUARANÍ

            Quizá para probar su ciencia y paciencia, y también para tentar la suerte, ese juego de dados en el que los dioses no intervienen, a mi vapuleada criatura Pascual Duarte, el antihéroe con cuya alma todos tiraban al blanco, me la han puesto ahora en guaraní, la susurrante y melodiosa lengua general que se habla, o se hablaba y aún se sigue hablando, en la mesopotamia que forman las remotas y próvidas fuentes del Río de la Plata, como el quechua es la entrecortada y silbante lengua general que se habla, o se hablaba y aún se sigue hablando, por los montes y las barranqueras del Cuzco y el latín es la culta y precisa lengua general que se habla, o se hablaba y por incuria de todos ya no se sigue hablando ni entre los sabios europeos, ni en la costa dálmata, las penínsulas Apenina e Ibérica y las amplias Galias del buen yantar y el buen yogar.
            En guaraní se dice que la rikorãja'irrikopáma, la mboriahurãja'imboriahupáma; los que debían ser ricos, ya son todos ricos; los que debían ser pobres, ya son todos pobres (en jopará, la jerga que trota a caballo entre el guaraní y el español, no sé cómo se dirá este pensamiento que a lo mejor no pasa de refrán; al híbrido entre el gallego y el castellano, que es la jopará que hablamos a trancas y barrancas en el noroeste de la
Piel de Toro, quienes ignoramos la frontera entre nuestras dos lenguas, los gallegos le llamamos castrapo, y digo lo que queda dicho para que el curioso lector adivine lo que quiero decir). Pascual Duarte, que nació, vivió y murió pobre, se hizo rico en lenguas en el otro mundo y también en sabidurías literarias, todas ajenas al mérito e incluso a la voluntad del autor, se conoce que estaba predestinado porque mboriahu aka’ári mante ho’a la rayo, el rayo sólo cae, para iluminarlas o incendiarlas, sobre las cabezas de los pobres.
            En guaraní lo que no se dice y se oye, no existe; ni siquiera lo que se lee e incluso lo que se ve, de ahí el prestigio del rumor - la radio so'o, la radio de carne - y de la radiodifusión.
            A Pascual Duarte lo entienden ya en varias lenguas, esto de la poliglotía es barbechera en la que pueden crecer las yerbas más variadas y extrañas, más heterogéneas y misteriosas sin que nadie pueda llamarse andana de lo que pudiera ser el compromiso de los correctos entendimientos de la palabra articulada, cuyo emocionado conjunto es como un nido de avispas: anike repyvoi káva raityre, aconsejan los guaraníes, no pises el nido de las avispas. Declaro que no me siento culpable de que mi pobre títere Pascual Duarte, desde su escaño del cielo, desde su banqueta de la tierra sin mal, el yvy marane’ỹde estos hombres y estas mujeres, sonría cuando vuelve la cabeza atrás y lee la historia en las estrellas del firmamento.
            Es bueno esto de que la palabra del hombre quede flotando en el aire como el sutilísimo polvo que dibuja el rayo de luz que entra por la ventana a medio cerrar, y ya Horacio nos brinda consuelo cuando se consuela a sí mismo diciendo a media voz que gracias a su palabra no morirá jamás del todo.
            Esta edición de mi novela es bilingüe, como lo fueron las de sus traducciones al latín, al romanó, al esperanto, al tagalo y al hebreo, la única lengua gloriosa y orgullosamente resucitada por el hombre; el jesuita mallorquín Bartomeu Meliá, una de las más respetadas autoridades en la cultura indígena paraguaya, dice que esta latitud está felizmente condenada al bilingüismo del castellano y el guaraní. Como no soy augur, ignoro la suerte que correrán las confesiones del Pascual Duarte en esta lengua remota y bella como la sonrisa de una princesa de la selva con el corazón herido por el venenoso dardo del amor imposible; la ignoro, digo, pero no la temo porque, en comunión con el Dante, proclamo que el amor y el corazón gentil son la misma cosa.
Incosol, Marbella, San Lorenzo del MMI.
Publicado en ABC de Madrid el domingo 2 de septiembre del 2001



NOTA DEL TRANSCRIPTOR

            Me parece que ha llegado la ocasión de dar a la imprenta las memorias de Pascual Duarte. Haberlas dado antes hubiera sido quizás un poco precipitado, no quise acelerarme en su preparación, porque todas las cosas quieren su tiempo, incluso la corrección de la errada ortografía de un manuscrito, y porque a nada bueno ha de conducir una labor trazada, corzo quien dice, a uña de caballo. Haberlas dado después, no hubiera tenido, para mí, ninguna justificación; las cosas deben ser mostradas una vez acabadas.
            Encontradas, las páginas que a continuación transcribo, por mí y a mediados del año 39, en una farmacia de Almendralejó -donde Dios sabe qué ignoradas manos las depositaron - me he ido entreteniendo, desde entonces acá, en irlas traduciendo y ordenando, ya que el manuscrito -en parte debido a la mala letra y en parte también a que las cuartillas me las encontré sin numerar y no muy ordenadas-, era punto menos que ilegible.
            Quiero dejar bien patente desde el primer momento, que en la obra que hoy presento al curioso lector no me pertenece sino la transcripción; no he corregido ni añadido ni una tilde, porque he querido respetar el relato hasta en su estilo.
            He preferido, en algunos pasajes demasiado crudos de la obra, usar de la tijera y cortar por lo sano, el procedimiento priva, evidentemente, al lector de conocer algunos pequeños detalles -que nada pierde con ignorar-; pero presenta, en cambio, la ventaja de evitar el que recaiga la vista en intimidades incluso repugnantes, sobre las que -repito - me pareció más conveniente la poda que el pulido.
            El personaje, a mi modo de ver, y quizá por lo único que lo saco a la luz, es un modelo de conductas; un modelo no para imitarlo, sino para huirlo; un modelo ante el cual toda actitud de duda sobra; un modelo ante el que no cabe sino decir:
            - ¿ Ves lo que hace? Pues hace lo contrario de lo que debiera.
            Pero dejemos que Hable Pascual Duarte, que es quien tiene cosas interesantes que contarnos.




MARANDU OJAPO VAEKUE KUATIÁPE OMBOHASÁVA KO MOMBE'USYRY.

            Hi'ãchéve oguãhẽmaára ñamyasãĩhaguãkuatia haipyrépe, ko Pascual Duarte rekovekue. Ñaguenohẽvoíve rire osẽmo'ãñemyaña myañãme, nambopya'eséi kuri jaikuaa rupi opaite mba’e ndaikatuiha jajapo hi'arape'ỹ, jepe, ko mombe'usyry jehai porãñemyatyrõndaha'ei vaicha tembiapo guasueterei. Oje'eva voi mba'eve nosẽporãiha rejapónterõrejapo vaerãguirei mba'e rejapotava, kavaju pysapẽme rehairõguáicha. Upéicha avei, mamorieténte ñasẽvaerãmo'ãjaikuaauka rire ko mombe'usyry, ñamopyrenda porãmboyve. Mba'e jaikuaaukátava, jaikuaauka vaerãhi'araitépe, oĩporãmbaite rire.
            Ajuju rire, ko'ãkuatia haipyre, peteĩteĩahai pyahuete jeýva, ha'ema haguéicha ajuhu vaekue che ha oimene pe 39 ary mbytérupi, peteĩpohãñemuhãpe (farmacia) Almendralejo pe opytáva. Ñandejára mante oikuaáne mávanepa ra'e oheja raka'e upépe. Ambohasa retia'e porãheseve che rekove, upéguive ko'agãitepeve, amohenda ha amyatyrõnguévo pe tapicha ohai vaekue - rasa ohai vaipa vaekue ha hí'ariete onemohenda juavypa vaekue, oñemzohesakã'ỹre mávapa opytavaerãtenonde terãtapykuépe - ha'e haguéicha pe tapicha ohaí vaekue hasyetereíva ñaikumby pe he'iséva umi iñe'ẽhaipyrépe.
            Aipota hesakãporãiñypyrũhaite guive, ko mombe'usyry amoguahẽva mayma ohesa'ỹijotávape, ndaha'eiha che rembiapokue. Che ambohasa pyahuete jeýnte kuatiápe pe tapicha ohai hagueichaite. Namoĩri ha ndaipe' ai mba'eve pype. Aheja pe ohai ypy haguéicha ijapohare.
            Upevére, umí he'i pohýi etereihápe, aiporumante hese jetapa ha aíkytĩumi ipohyi kuete. Ko ajapóva ohejáta, hesakãma voi upéichataha, mayma kuatia moñe'ẽhára kuérape oikuaa'ỹre heta mba'e ojehumimi vaekue. Mba'eguasueterei niko ndojavy mo’ãi upe haguére. ja'etarõañetegua, péicha rupi, kuatia moñe'ẽhara kuérape ndohesa reraha mo'ãi umi mba'e vai kañymby oikóva, sapy'ante jahecharõrasaite ñanembójeguarúva. Upévare ha'e jeyta ko'agã, iporãve ñamo apesýi rãngue ñaikytĩete.
            Ko yvypóra, che ahecha haícha, - ha oiméne hína upévarente voi aguenohe chupe ojekuaa haguãko arapýpe - peteĩkuimba'e techapyrãva hekove, jeperõndaha'ei ñasãnte vaerãjajapo umi ha'e ojapo vaekue; nahániri, ha katu jaha vaerãmombyry oĩhaguei mba'e ñane mbopyta ryrýiva apytépe, ko máva rovake hembypa. Ko máva techapyrãrenondépe, péva ñoiténtema ikatuve ja'e:
            - ¿Rehechápiko mba'epa ojapo? Ha'e ojapo  pe mba'eveicharõojapo'ỹvaerãaraka'eve.
Ha jahejána toñe'ẽhekóítepe Pascual Duarte, ha'eve hína pe yvypóra oguerekóva heta mba'e omombe'u vaerãct ñandéve.



CARTA ANUNCIANDO EL ENVIO DEL ORIGINAL

Señor don Joaquín Barrera López.
Mérida.

Muy señor mío:

            Usted me dispensará de que le envíe este largo relato en compañía de esta carta, también larga para lo que es, pero como resulta que de los amigos de don Jesús González de la Riva (que Dios haya perdonado, como a buen seguro él me perdonó a mí) es usted el único del que guardo memoria de las señas, a usted quiero dirigirlo por librarme de su compañía, que me quema sólo de pensar que haya podido escribirlo, y para evitar el que lo tire en un momento de tristeza, de los que Dios quiere darme muchos por estas fechas, y prive de esa manera a algunos de aprender lo que yo no he sabido hasta que ha sido ya demasiado tarde.
            Voy a explicarme un poco. Como desgraciadamente no se me oculta que mi recuerdo más ha de tener de maldito que de cosa alguna, y como quiero descargar, en lo que pueda, mi conciencia con esta pública confesión, que no es poca penitencia, es por lo que me he inclinado a relatar algo de lo que me acuerdo de mi vida. Nunca fue la memoria mi punto fuerte, y sé que es muy probable que me haya olvidado de muchas cosas incluso interesantes, pero a pesar de ello me he metido a contar aquella parte que no quiso borrárseme de la cabeza y que la mano no se resistió a trazar sobre el papel, porque otra parte hubo que al intentar contarla sentía tan grandes arcadas en el alma que preferí callármela y ahora olvidarla. Al empezar a escribir esta especie de memorias me daba buena cuenta de que algo habría en mi vida -mi muerte, que Dios quiera abreviar- que en modo alguno podría yo contar; mucho me dio que cavilar este asuntillo y, por la poca vida que me queda, podría jurarle que en más de una ocasión pensé desfallecer cuando la inteligencia no me esclarecía dónde debía poner punto final. Pensé que lo mejor sería empezar y dejar el desenlace para cuando Dios quisiera dejarme de la mano, y así lo hice; hoy, que parece que ya estoy aburrido de todos los cientos de hojas que llené con mi palabrería, suspendo definitivamente el seguir escribiendo para dejar a su imaginación la reconstrucción de lo que me quede todavía de vida, reconstrucción que no ha de serle difícil, porque, a más de ser poco seguramente, entre estas cuatro paredes no creo que grandes nuevas cosas me hayan de suceder.
            Me atosigaba, al empezar a redactar lo que le envío, la idea de que por aquellas fechas ya alguien sabía si había de llegar al fin de mi relato, o dónde habría de cortar si el tiempo que he gastado hubiera ido mal medido y esa seguridad de que mis actos habían de ser, a la fuerza, trazados sobre surcos ya previstos, era algo que me sacaba de quicio. Hoy, más cerca ya de la otra vida, estoy más resignado. Que Dios se haya dignado darme su perdón.
            Noto cierto descanso después de haber relatado todo lo que pasé, y hay momentos en que hasta la conciencia quiere remorderme menos.
            Confío en que usted sabrá entender lo que mejor no le digo, porque mejor no sabría. Pesaroso estoy ahora de haber equivocado mi camino, pero ya ni pido perdón en esta vida. ¿Para qué? Tal vez sea mejor que hagan conmigo lo que está dispuesto, porque es más que probable que si no lo hicieran volviera a las andadas. No quiero pedir el indulto, porque es demasiado lo malo que la vida me enseñó y mucha mi flaqueza para resistir al instinto. Hágase lo que está escrito en el libro de los Cielos.
            Reciba, señor don Joaquín, con este paquete de papel escrito, mi disculpa por haberme dirigido a usted, y acoja este ruego de perdón que le envía, como si fuera al mismo don Jesús, su humilde servidor.

PASCUAL DUARTE.
Cárcel de Badajoz, 15 de febrero de 1937.



KUATIAÑE'É OMOMARANDÚVA OGUERAHAUKAHA MOMBE'USYRY
OHAI VAEKUE IJARATEE

Karai Guasu Barrera López
Mérida

Karai guasu marangatuete:

            Ndaipotái rejapyhyvai aguerahaukárehe ndéve ko mombe'usyry ojepyso pukuetemíva ha hendive ko kuatiañe'ẽavei ojepyso pukuetemíva, jepe nda upéichai vaerãmo'ã. Pe ojehúva hina, umi karai Jesús González de la Riva (Nande Ruvusu oiméne oñyrõchupe, ha'e oiméne haguéicha avei che ñyrõchéve) angirũapytépe, nderehe añoite che mandu'a ha aikuaa mamópa opyta nde rekoha. Ha upévare péicha aguerahauka ko che mombe'usyry ndéve, anive haguãaguereko chendive. Ha'etevoi che rapyva che mandu'arõhína umi ahaieta vaekue pypérehe. Ha ani péichahágui ñembyasy vaipe añeñandu jave, asẽamombo mba'e, ñembyasy py'ỹietemi Ñandejára ojapetéva cherehe hikóni, ha ani ko mombe'u syrype ikuaápyrãahai vaekue opyta ojekuaa'ỹre, che aikuaa vaekue nahemby véima rire ára chéve guarãaguerahauka ndéve.
            Añeha'ãta amohesakãmie. Ambyasyrõjepe, ko'ãmandu'a amyasaĩva apytépe, hetave che rembiapo vaikue ambyaty pype, iporãva rangue, ha péichape añeha'ãse aguenohẽche apytu'ũgui ikatumi háicha, añemombe'ukuévo opaite yvypóra kuérape. Ndaha'ei vyrorei hína ko mba'e. Upévare aje pytaso mbarete amombe'u haguãmba'e ahasa vaekue aikove aja pukukue yvy apeári. Ndaha'ei che katupyrypáva che mandu'a haguãopaite mba'e ojehu vaekue chéverehe ha katuete oime vaerãhína mba'e ojehu vaekue chéve apytépe hechapyrãva, che resaraiha. Taupéicha jepe ra'e, amombe'u paite umi mba'e oje'o'ỹvaekue che apytu'ũgui ha syryrýpe che po ohai vaekue kuatia morotĩme ahávo. Oĩavei mba'e amombe'use mo'ãvaekue ha, che mbopy'ajere rupi amombe'uta jave, upemarõakirĩrĩeténte ha ko'agãhaimetéma che resarai chuguikuéra. Añepyrũkuévo ahai ko che rekove rembiasakue puku, ahechakuaa katuete oime vaerãha che rekovépe - Che mano, aipotáva Ñande Ruvusu ombopya'emi chéve - mba'e ikatu'ỹva che amombe'u mba'evéichaverõ; heta añamimdu'u ko mba'e kóvarehe, ha pe che rekove mbykymi opytáva cheverehe, ha'eta ndéve ko'ape ñándejára kurusúre, haimete hague heta jeyve apyta che kangypaite. Añandu kuri iporãvetaha añepyrũnterõha aheja pe ipahakuévo ojehútava, Ñandejára che rerahasehápeve che pógui hendive. Ha upeichaite ajapo. Ko'agãha'ete che mongueráimava kuatiaita aty amyenyhe vaekue opáichagua ñe'ẽrei ijapyra'ỹvagui. Che ko'apevéntéma ahaíta. Aipota reñamindú'u ha emohenda ne apytu'ũme mba'eichapa ohasáta ko arapy hembyvape che rekove. Ndahasy mo'ãiete ndéve remohenda sa'ima rupi ahavéta tenondé che rekovéreheve, ko koty apu'a ñembotypype, ndaiporivéima voigui mba'eguasuterei ojehu vaerãchéve.
            Che mbopy'a pererékuri, añepyrurõahai ko aguerahaukáva ndéve, amoinge rupi che akãme uperõoĩmane hague, máva oñemoĩva oñeporandu amoguahẽnepa hu'ãme ko mombe'usyry ahaipa, terãmamópa amondoho vaerãmo'ãko che rembiapo, pe ára aiporu rire hendape'ỹ, ha katu oguerekopámagui chéve guarã, mba'eichapa ajapo vaerãpe ajaposéva hína mbaretépe, pe ha’ekuéra oipota hagueichaite ajapo, ha péva ha'e peteĩmba'e che mbotarovaite vaekue. Ko'agãaguĩve aimémaramo che rekove mboypyrigui, che py'a guapyvéma. Ñandejárape ame'ẽche aguije che ñyrõhaguére.
            Ñaimo'ãche py'aguapyvéva ahaipa rire hetaite mba'e ahasa vaekue, ha, oguahẽjepi yvytu piro'ỹsaicha, omopererĩvevúi asýva chéve che apytu'ũãngata.
            Ajerovia nderehe reikumby porãvene haguãnda'eirõndéve pe ha'eséva, nda'eporãkuaa mo'ãveigui voínte rupi ndéve. Oguapy cherehe ko'agãpe che rekove rape hendape'ỹaipykúi vaekue, ha katu ndajerure veíma che ñyrõmi haguãaikove haguere. Ma'erã? Oiméne iporãveta ojaporõhikuái cherehe pe ojapo vaerã, ikatuete rupi ajevy jey umi tape vai aikundaha vaekuére, ndojapoirõcherehe upéicha. Nda jepomoĩmo'ãi chupe kuéra ani haguãche juka. Hetaite mba'e vaima ahasa aikove aja, ndahapukúiete voi ajapo haguãche ruguy raku jave añandúva. Ojehúntema vaerãpe ojehai vaekue Arakuaáve kuatia arandúpe.
            Toguahẽnde pópe, karai guasu Joaquín, ko'ãkuatia aty javeve, rehechakuaámi haguãchéve ahai haguére ride rérape. Ha hi'ãnte avei rehechakuaámi chéve, ajerure haguére ndéve che ñyrõmi haguã, ajerure ramo guáicha karai Jesús etépevoi. Che akoínte ha'e peteĩne rembiguaimi, opaite árape.
PASCUAL DUARTE.
Badajoz pegua ka'iraĩguive, 15 jasykoĩárape,1937 aryrõ



CLÁUSULA DEL TESTAMENTO OLÓGRAFO OTORGADO POR DON JOAQUÍN BARRERA LÓPEZ, QUIEN POR MORIR SIN DESCENDENCIA LEGÓ SUS BIENES A LAS MONJAS DEL SERVICIO DOMESTICO

            Cuarta: Ordeno que el paquete de papeles que hay en el cajón de mi mesa de escribir, atado con bramante, y rotulado en lápiz rojo diciendo: Pascual Duarte, sea dado a las llamas sin leerlo, y sin demora alguna, por disolvente y contrario a las buenas costumbres. No obstante, y si la Providencia dispone que, sin mediar malas artes de nadie, el citado paquete se libre durante dieciocho meses de la pena que le deseo, ordeno al que lo encontrare lo libre de la destrucción, lo tome para su propiedad y disponga de él según su voluntad, si no está en desacuerdo con la mía.

            Dado en Mérida (Badajoz) y en trance de muerte, a 11 de mayo de 1937.



MBA'EPA OJEJAPO VAERÃOHAI VAEKUE IPÓITERUPI OMANO MBOYVE KARAI
JOAQUÍN BARRERA LÓPEZ, NDOGUEREKÓI RUPI IÑEMOÑARE,
OHEJAPA VAEKUE MBA'E OGUEREKOMÍVA GUIVE MONJA KUÉRA SERVICIO DOMÉSTICO PEGUÁPE.

            Irundy: Aipota pe kuatia aty haipyre añongatu vaekue che mesa amba'apómi haguépe, añapytĩvaekue petei piolin ijyetemívape, ha ahai vaekue hese lápi pytãvape hera: "Pascual Duarte", pe mombo tatape pemoñe'ẽ'ỹre ojehai vaekue ha ára ohasa puku mboyve, mba'e ojejapo'ỹvaerãmemete omombe'u rupi ha ndoguerekóigui mba'evete asy ñanembo'e vaerãipype.
Ha sapy'areínte, oime rire pe Yvategua oipota ra'e, avave ojerure'ỹre chupe péicha ojehu haguã, aipota pe kuatia aty ahaipyre ohasa rire 18 jasyho anivéma ojehapy, ha oimerõupéi máva ojuhúva ra'e, toguereko imba'erã, pe ijuhuhare tojapo chugui ojaposéva, jepe iñambue pe hembiapo che remiandúgui.

            Mérida pe (Badajoz)  oñemoañete vaekue ha omano mbotaite jave, mayo 11 árape ha 1937 aryrõ.
            A la memoria del insigne patricio don Jesús González de la Riva, Conde de Torremejía, quien al irlo a rematar el autor de este escrito, le llamó Pascualillo y sonreía.

            P.D.

Karai Jesús González de la Riva, Conde de Torremejía amyrỹime. Ohokuévo ojukaite chupe ko mombe'usyry ohai vaekue, Pascualillo he'i ha upekuévo opukavy.

            P.D.




(1)

            Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo. Los mismos cueros tenemos todos los mortales al nacer y sin embargo, cuando vamos creciendo, el destino se complace en variarnos como si fuésemos de cera y en destinarnos por sendas diferentes al mismo fin: la muerte. Hay hombres a quienes se les ordena marchar por el camino de las flores, y hombres a quienes se les manda tirar por el camino de los cardos y de las chumberas. Aquellos gozan de un mirar sereno y al aroma de su felicidad sonríen con la cara del inocente; estos otros sufren del sol violento de la llanura y arrugan el ceño como las alimañas por defenderse. Hay mucha diferencia entre adornarse las carnes con arrebol y colonia, y hacerlo con tatuajes que después nadie ha de borrar ya.
            Nací hace ya muchos años - lo menos cincuenta y cinco - en un pueblo perdido por la provincia de Badajoz; el pueblo estaba a unas dos leguas de Almendralejo, agachado sobre una carretera lisa y larga como un día sin pan, lisa y larga como los días - de una lisura y una largura como usted para su bien, no puede ni figurarse- de un condenado a muerte.
            Era un pueblo caliente y soleado, bastante rico en olivos y guarros (con perdón), con las casas pintadas tan blancas, que aún me duele la vista al recordarlas, con una plaza toda de losas, con una hermosa fuente de tres caños en medio de la plaza. Hacía ya varios años, cuando del pueblo salí, que no manaba el agua de las bocas y sin embargo, ¡qué airosa!, ¡qué elegante!, nos parecía a todos la fuente con su remate figurando un niño desnudo, con su bañera toda rizada al borde como las conchas de los romeros. En la plaza estaba el ayuntamiento, que era grande y cuadrado como un cajón de tabaco, con una torre en medio, y en la torre un reló, blanco como una hostia, parado siempre en las nueve como si el pueblo no necesitase de su servicio, sino sólo de su adorno. En el pueblo, como es natural, había casas buenas y casas malas, que son, como pasa con todo, las que más abundaban; había una de dos pisos, la de don Jesús, que daba gozo de verla con su recibidor todo lleno de azulejos y macetas.
            Don Jesús había sido siempre muy partidario de las plantas, y para mi que tenía ordenado al ama vigilase los geranios, y los heliotropos, y las palmas, y la yerbabuena, con el mismo cariño que si fuesen hijos, porque la vieja andaba siempre correteando con un cazo en la mano, regando los tiestos con un mimo que a no dudar agradecían los tallos, tales eran su lozanía y su verdor. La casa de don Jesús estaba también en la plaza y, cosa rara para el capital del dueño que no reparaba en gastar, se diferenciaba de las demás, además de en todo lo bueno que llevo dicho, en una cosa en la que todas le ganaban: en la fachada, que aparecía del color natural de la piedra, que tan ordinario hace, y no enjalbegada como hasta la del más pobre estaba; sus motivos tendría. Sobre el portal había unas piedras de escudo, de mucho valer, según dicen, terminadas en unas cabezas de guerreros de la antigüedad, con su cabezal y sus plumas, que miraban, una para el levante y otra para el poniente, como si quisieran representar que estaban vigilando lo que de un lado o de otro podríales venir.
            Detrás de la plaza, y por la parte de la casa de don Jesús estaba la parroquial con su campanario de piedra y su esquilán que sonaba de una manera que no podría contar, pero que se me viene a la memoria como si estuviese sonando por estas esquinas. La torre del campanario era del mismo alto que la del reló y en verano, cuando venían las cigüeñas, ya sabían en qué torre habían estado el verano anterior; la cigüeña cojita, que aún aguantó dos inviernos, era del nido de la parroquial, de donde hubo de caerse, aún muy tierna, asustada por el gavilán.
            Mi casa estaba fuera del pueblo, a unos doscientos pasos largos de las últimas de la piña. Era estrecha y de un solo piso, como correspondía a mi posición, pero como llegué a tomarle cariño, temporadas hubo en que hasta me sentía orgulloso de ella.
            En realidad lo único de la casa que se podía ver era la cocina, lo primero que se encontraba al entrar, siempre limpia y blanqueada con primor; cierto es que el suelo era de tierra; pero tan bien pisada la tenía, con sus guijarrillos haciendo dibujos, que en nada desmerecía de otras muchas en las que el dueño había echado porlan por sentirse más moderno. El hogar era amplio y despejado y alrededor de la campana teníamos un vasar con losas de adorno, con jarras con recuerdos pintados en azul, con platos con dibujos azules o naranja; algunos platos tenían una cara pintada, otros una flor, otros un nombre, otros un pescado. En las paredes teniamos varias cosas: un calendario muy bonito que representaba una joven abanicándose sobre una barca y debajo de la cual se leía en letras que parecían de polvillo de plata, «Modesto Rodríguez. Ultramarinos finos. Mérida (Badajoz)», un retrato de Espartero con el traje de luces dado de color y tres o cuatro fotografías -unas pequeñas y otras regular- de no sé quién, porque siempre las vi en el mismo sitio y no se me ocurrió nunca preguntar. Teníamos también un reló despertador colgado de la pared, que no es por nada, pero siempre funcionó como Dios manda, y un acerico de peluche colorado, del que estaban clavados unos bonitos alfileres con sus cabecitas de vidrio de color. El mobiliario de la cocina era tan escaso como sencillo: tres sillas -una de ellas muy fina, con su respaldo y sus patas de madera curvada, y su culera de rejilla- y una mesa de pino, con su cajón correspondiente, que resultaba algo baja para las sillas, pero hacía su avío.
            En la cocina se estaba bien: era cómoda y en el verano, como no la encendíamos, se estaba fresco sentado sobre la piedra del hogar cuando, a la caída de la tarde, abríamos las puertas de par en par; en el invierno se estaba caliente con las brasas que, a veces, cuidándolas un poco, guardaban el rescoldo toda la noche.
            ¡Era gracioso mirar las sombras de nosotros por la pared, cuando había unas llamitas! Iban y venían, unas veces lentamente, otras a saltitos como jugando. Me acuerdo que de pequeño, me daban miedo, y aún ahora de mayor, me corre un estremecimiento cuando traigo memoria de aquellos miedos.
            El resto de la casa no merece la pena ni describirlo, tal era su vulgaridad. Teníamos otras dos habitaciones, si habitaciones hemos de llamarlas por eso de que estaban habitadas, ya que no por otra cosa alguna, y la cuadra, que en muchas ocasiones pienso ahora que no sé por qué la llamábamos así, de vacía y desamparada como la teníamos. En una de las habitaciones dormíamos yo y mi mujer, y en la otra mis padres hasta que Dios, o quién sabe si el diablo, quiso llevárselos; después quedó vacía casi siempre, al principio porque no había quien la ocupase, y más tarde, cuando podía haber habido alguien, porque este alguien prefirió siempre la cocina, que además de ser más clara no tenía soplos. Mi hermana, cuando venía, dormía siempre en ella, y los chiquillos; cuando los tuve, también tiraban para allí en cuanto se despegaban de la madre. La verdad es que las habitaciones no estaban muy limpias ni muy construidas, pero en realidad tampoco había para quejarse; se podía vivir, que es lo principal, a resguardo de las nubes de la navidad, y a buen recaudo -para lo que uno se merecía- de las asfixias de la Virgen de agosto. La cuadra era lo peor; era lóbrega y oscura, y en sus paredes estaba empapado el mismo olor a bestia muerta que desprendía el despeñadero cuando allá por el mes de mayo comenzaban los anímales a criar la carroña que los cuervos habíanse de comer.
            Es extraño pero, de mozo, si me privaban de aquel olor me entraban unas angustias como de muerte; me acuerdo de aquel viaje que hice a la capital por mor de las quintas; anduve todo el día de Dios desazonado, venteando los aires como un perro de caza. Cuando me fui a acostar, en la posada, olí mi pantalón de pana. La sangre me calentaba todo el cuerpo. Quité a un lado la almohada y apoyé la cabeza para dormir sobre mi pantalón, doblado. Dormí como una piedra aquella noche.
            En la cuadra teníamos un burrillo matalón y escurrido de carnes que nos ayudaba en la faena y, cuando las cosas venían bien dadas, que dicho sea pensando en la verdad no siempre ocurría, teníamos también un par de guarros (con perdón) o tres. En la parte de atrás de la casa teníamos un corral o saledizo, no muy grande, pero que nos hacía su servicio, y en él un pozo que andando el tiempo hube de cegar porque dejaba manar un agua muy enfermiza.
            Por detrás del corral pasaba un regato, a veces medio seco y nunca demasiado lleno, cochino y maloliente como tropa de gitanos, y en el que podían cogerse unas anguilas hermosas, como yo algunas tardes y por matar el tiempo me entretenía en hacer. Mi mujer, que en medio de todo tenía gracia, decía que las anguilas estaban rollizas porque comían lo mismo que don Jesús, sólo que un día más tarde. Cuando me daba por pescar se me pasaban las horas tan sin sentirlas, que cuando tocaba a recoger los bártulos casi siempre era de noche; allá, a lo lejos, como una tortuga baja y gorda, como una culebra enroscada que temiese despegarse del suelo, Almendralejo comenzaba a encender sus luces eléctricas. Sus habitantes a buen seguro que ignoraban que yo había estado pescando, que estaba en aquel momento mismo mirando como se encendían las luces de sus casas, imaginando incluso cómo muchos de ellos decían cosas que a mí se me figuraban o hablaban de cosas que a mí me ocurrían. ¡Los habitantes de las ciudades viven vueltos de espaldas a la verdad y muchas veces ni se dan cuenta siquiera de que a dos leguas, en medio de la llanura, un hombre del campo se distrae pensando en ellos mientras dobla la caña de pescar, mientras recoge del suelo el cestillo de mimbre con seis o siete anguilas dentro!
            Sin embargo, la pesca siempre me pareció pasatiempo poco de hombres, y las más de las veces dedicaba mis ocios a la caza; en el pueblo me dieron fama de no hacerlo mal del todo y, modestia aparte, he de decir con sinceridad que no iba descaminado quien me la dio. Tenía una perrilla perdiguera -la Chispa-, medio ruin, medio bravía, pero que se entendía muy bien conmigo; con ella me iba muchas mañanas hasta la Charca, a legua y media del pueblo hacia la raya de Portugal, y nunca nos volvíamos de vacío para casa. Al volver, la perra se me adelantaba y me esperaba siempre junto al cruce; había allí una piedra redonda y achatada como una silla baja, de la que guardo tan grato recuerdo como de cualquier persona; mejor, seguramente, que el que guardo de muchas de ellas. Era ancha y algo hundida y cuando me sentaba se me escurría un poco el trasero (con perdón) y quedaba tan acomodado que sentía tener que dejarla; me pasaba largos ratos sentado sobre la piedra del cruce, silbando, con la escopeta entre las piernas, mirando lo que había de verse, fumando pitillos. La perrilla, se sentaba enfrente de mí, sobre sus dos patas de atrás, y me miraba, con la cabeza ladeada, con sus dos ojillos castaños muy despiertos; yo le hablaba y ella, como si quisiese entenderme mejor, levantaba un poco las orejas; cuando me callaba aprovechaba para dar unas carreras detrás de los saltamontes, o simplemente para cambiar de postura.
            Cuando me marchaba, siempre, sin saber por qué, había de volver la cabeza hacia la piedra, como para despedirme, y hubo un día que debió parecerme tan triste por mi marcha, que no tuve más suerte que volver sobre mis pasos a sentarme de nuevo. La perra volvió a echarse frente a mí y volvió a mirarme; ahora me doy cuenta de que tenía la mirada de los confesores, escrutadora y fría, como dicen que es la de los linces... Un temblor recorrió todo mi cuerpo; parecía como una corriente que forzaba por salirme por los brazos. El pitillo se me había apagado; la escopeta, de un solo caño, se dejaba acariciar, lentamente, entre mis piernas. La perra seguía mirándome fija, como si no me hubiera visto nunca, como si fuese a culparme de algo de un momento a otro, su mirada me calentaba la sangre de las venas de tal manera que se veía llegar el momento en que tuviese que entregarme; hacía calor, un calor espantoso, y mis ojos se entornaban dominados por el mirar, como un clavo, del animal.
            Cogí la escopeta y disparé; volví a cargar y volví a disparar. La perra tenía una sangre oscura y pegajosa que se extendía poco a poco por la tierra.



(1)

            Che, karai, na che tie'ẽi, jepe hembypa mba'e ikatu vaerãmo'ãche mboheko ñaña. Maymáva yvypóra peteĩchapa ñande pire, ñane reñóiguive arapype, ha upéi, jakakuaa kuévo jahávo, ñande rekove mbyja ypy araityguirõguáicha ñande apo juavypá. Ha ñanemyaña umi tape sarambi ñande guerahapáva ñanemoguãhe meve ñande rekove omohu'ãmbahápe hi'ara peteĩchapaite. Oĩñande rapicha kuimba'epe oñemondóva oguata haguãyvotytýre ha oĩñande rapicha kuimba'epe oñemondóva oguata haguãamba'y ha karaguatatýre. Umi vvotytýre oguatáva ima'ẽpy'aguapy asy ha pe vy'apavẽryakuãoñandúva ohesape hovami pukavýpe; umi karaguatatýre oguatáva, oñandu okambúrõhetére kuarahy aku rendy ha ombohova pochy chupe umi mymba ñarõoĩhape hekovére orairõséva chupe. Tuicha iñambue, rembojeguarõnde rete araipytãmimbipe ha umi mba'e hyakuãasývape; terãrehaiparõnde pire teko asýgui, upéi mba'eveicharõndoje'ovéimava araka'eve.
            Aremíma ojapo hina aju hague ko yvy apére - oiméne ojapo hína 55 ary mba'e - che reñoĩvaekue peteĩtáva kañyhapemi opytáva Badajoz jerére. Opyta ko táva dos leguas Almendralejo gui. Oñakaitymi peteĩjeguataha isyĩha ipukúva ha'ete umi ára neko'ẽjave ndererekói, re'u ha rey'umi vaerã. Isyĩha ipuku ha'ete umi ára ojoysýire ohecháva ohasa umi oikuaámáva katuete omanotaha. Ndéve, iporãvéta voi ndereikuaái ha iporãve vaerãvoi nereñeha'ãi remyesakã, mba'eichapa isyĩha ipuku ko mba'e.
            Ohesape vaekue ko táva kuarahy pytu aku ha iñasaĩpype olivo ty há ijaveve oñemuña kure (Aníke rejapyhy vai ko ha'eva), umi óga kuéra morotĩmba joa ha ko'agãche mandu'arõha'ete che resa ko'õva, oguereko peteĩokarusu távagua ijatyha, ita jeguaka memete ojeguataha. Ha mbytetépe oĩpeteĩyvúicha, oñehẽva mbohapy hendágui ypiro'ỹsãasy. Heta ary ojapo rirema asẽvaekue távagui aha, ikãvaekue pe y'okarusúpe. Ha katu jepéma hypa ra'e pe y'ro'ỹsãoñehẽmi vaekue upépe, ¡mba'eichapa jepiguáicha ha'ete ñanembovevúiva!, ¡mba'eichapa jepiguáicha ha'ete ñanembohekove roryva!, maymávape ha'ete pe y'no'õrendague opytáva, peteĩmitãra'ymi opivo, oĩva hina mba'eyrumi ijeguakáva ojahutahápe, oñemo'ãva roméroita potykuru kuarahy'ãme. Ayuntamiento opyta okararusu oĩhápe, tuicha ha ijyke jehe'a irundy hendápe, ha'ete umi petỹryru . Mbytépe opu'ãpeteĩóga yvate. Ha pe óga ru'ãmbytetépe oĩpeteĩára papaha (reló), morotĩsakãva mbujape karaícha. Opyta pe ára rechaukaha porundy aravópe, tavaygua noikoteveĩramo guáicha pe aravo kuaáre ha katu jeguakamirõnte oguerekóva upépe, jepe ra'e péichante vaerãvoi. Ko távape oĩ, óga iporãva ha óga ivaiva. Ha akointe ojehu tapia háicha, ko'ãva pe hetavéva; oĩpeteĩóga opu'ãva ojo'ári yvategotyo, karai Jesús mba'e. Hóga ñanembovy'a jahecharõpe ñaguãhẽhape henyhetéva yvotyeta ha ita ijeguakapáva memete.
            Karai Jesús niko peteĩtapicha ohayhúva hekóitépe opáichagua yvoty ha pohãñana, ha chéverõguarãha'e he'i jo'a jo'a voi; kuñakarai hógare oñangarekóvape, hakate'ỹhaguãmayma geranio, heliotropo, ha umi karanda'y, ha avei hierbabuena rehe. Ohayhu vaerãko'ãpohãñana ha ko'ãyvoty, jahayhu háicha ñane ñemoñare. Che péicha añandu, ahecha rupi jepi pe kuñakarai hógare oñangarekóvape, ou ha ohorõmba'eyru ipópe, ñemokunu'ũme omyenyhe y'gui pohãñana ha yvoty ryru, ha ko'ãva upéi ñaimo'ãvoi ovy'aitereígui hoguepu'ãmbáva, upéi hovyũha potĩasy opyta. Karai Jesús róga opyta okarusúpe avei. Ha nameméi jahecha péicha iviru hetáva, nomomba'eiva pe ipira pire oiporúva, iñambue mayma itáva peguágui, umi mba'e porãamombe'uma vaekue hese ári, peteĩmba'epe ñoite ijyvytu hese umi ijerére oikóva: hóga renonde, opyta pe ita oñemohenda ypy haguéichante ha ha'etéva ku ñama'erõhese umi taperekue, ha opyta umi óga imboriahuvéva apytépe ndoguerekói mba'eve iporãmiva ombojeguáva chupe; karai Jesús oiméne oikuaa mba'erépa. Hóga rokẽguasu ãri, oĩpeteĩita ojuajupáva, oikuaaukáva hekove ypy rapekue, hepy añetemi rasáva, oje'e háicha opárupi. Pe ita ojuajupáva oñemopyrenda yvyra ári ha osaĩngo joa hese guyra rague jeguakarõojejapo vaekue, ha hi'ari oñemopu'ãheta ñorairõme ikatupyry vaekue ymave ra'ãnga, omaña joáva peteĩKuarahy Resẽvo ha ambue Kuarahy Reikévo. Hi'ãvaicha chupekuéra ohecha mombyry guive ha ohenonde'a pe ojehútava hína tenonderãve, peteĩterãambue ára mboypýri, heruguãme oñapymíva.
            Okarusu kupépe, ha karai Jesús róga ykére, opyta tupão távapegua, oguerekóva itapu renda ha pe ita mbopuha, ombohyapurõitapu, ko'agãche mandu'arõndaikuaái mba'eichapa amombe'uta jepe ra'e hina, che akãngatúpe jepiguáicha ahendu hyapurõãguieténte umi tape juasa aguata haguérupi. Itapu renda yvate oĩpe ára papaha javeve ha oguahẽvove ára haku, ou joáma vaekuémi tujuju kuéra (cigueña), oikuaáma voi moõpa ojaitypo raka'e hikuái pe ary ohasa vaekuépe; pe tujuju hetyma mbyky juavýva, mokoĩro'yve ohasa vaekue gueteri, ojehupapómi vaekue tupão ahoja pepo guýpe, upéi peteĩárape ho'amí anga, hekove kyrýi porãite gueteri uperõ. Omondyi ra'e chupe peteĩtaguato.
            Che róga opyta namombyryi távagui. Pyrũjepyso porãme, oiméne 200 guatahápe mba'e rehovaerãumi óga aty pahague oĩvagui. Che róga ndatuichái ha ikarapemi, cheichagua mboriahu peguarãijapopyre, ha aju vaekue ahayhu, oguahẽvoi ára ajeroviaitemi che chejehe, aguereko haguére peichagua che rógatee.
Ja'etarõañetegua, pe mba'e tenondete jahecháva che rógape hina pe tembi'u oñembojyha, jaikévo ogapýpe opyta, hese raẽvete jajekutu. Jepiguáicha ipotĩha hesakã, ome'ẽpy'a rory; pe hyepýpe, yvyeténte iñasáĩrepyrũhaguã, ita ra'ỹimíme ijeguaka ha'etévami ta'ãnga, mba'evete asype noñemomirĩrĩumi óga ijára kuéra pórlan rykuépe omoapesyĩvaekue, ohupitységui umi óga pyahu tavaguasúpe oñemopu'ãjoávape. Ore rógapy roguerekohápe rojatapyha, tuícha ha ijyvate ha ijerére opu'ãtembiporu renda, itape ojeguapáva hi'ari oñemohenda y'ryru, hovy asýva ñande apytu'ũme mandu'a iñongatupy jaguerekovaicha; ña'ẽmbe opáichagua, ojegua joáva pira ra'anga, yvoty porãporãha mayma mymba ñanemoirũtapiávape. Ore róga parére heta mba'e avei romosaingo: peteĩára jasy papaha (calendario), pype oĩpeteĩmitãkuña ra'ãnga ojepejúva hina peteĩygápe. Ha pe mitãkuña poraĩte guýpe ojehai ñahesa'ỹijo haguã, péicha: "Modesto Rodríguez. Ultramarinos finos. Mérida (Badajoz)", Avei osaĩngo parére Espartero ra'ãnga, ijao mimbipa ha hendive oĩve mbohapy terãirundy ta'ãnga - Oĩmichĩha tuichamiéva - ndaikuaái mávanepa ha'ekúera. Aikóinte che ahecha tapia oĩpe oĩhápe ha araka'eve ndoikéi che apytu'ũme aporandumi haguãmávapa. Ore róga parére avei osaingo peteĩara papaha (reló), okéva mombayha; ndaipóri ñamomorãmi vaerãhese ha katu ha'e oikónte ore apytépe oipota háicha Ñande Ruvusu. Oĩavei peteĩmba'e havijupáva (peluche) ha pytãngy oñeñongatuha ju opáichagua. Ogapýpe, ore atyhápe rokaru, ndaipóri remombá'e guasúeterei vaerã: oĩmbohapy apyka, peteĩipo'i puku, rejekoha ha hetyma kuéra, ojejapo yvyra oñekytĩapu'avapágui, ha reguapyha ojejapo karanda'y rogue oñembojuaju kytã'í kurusupávagui. Ha oĩmesa, pinogui japopyre. Oguereko tembiporu reñongatu haguãpeteĩcajón. Ha jepe ikarapetemi umi apyka renondépe, ome'ẽporãjakaru haguã.
            Ko koty ojekaruhápe jahasa porãiterei, reime reimeseháicha ha ára haku jave, ndorojatapývei voi pype ha pe ita ho'ysãasýva ári roguapy joa ka'aru pytũjave, oĩva okẽroipe'apa, ipiro'yve haguã; ro'yjave, rojatapy ita jerére, ha pe tatápe rombyaku koty ojekaruha, ha py'ỹive, roñangarekorõpe tata'yre, iko'ẽoréve pe tanimbukuápe, tata pague rakuvy.
            ¡Orembovy'aitemíva niko rohecharõomyi pe ore ra’ãnga parére, pe tata pague rendýpe! Oho ha ou ore ra'ãnga parére sapy'ante mbeguekatu asy, sapy'ante katu ha'ete ñembosaraihápe opopóva ápe ha pépe oñondive. Yma che mitã'imíme che mandu'a, mba'eichapa ko'ãmba'e che mongyhyje, ko'agãche mandu'a jeývo che tuicha rire, che mopirĩpe kyhyje uperõañandu vaekue.
            Pe ógape upéi ndaipóri veíma ikatúva ñamombe'u etereíve, mba'evete voíko avei ndoguerekói ñamomorãmi vaerãhese. Roguerekómi vaekue mokoĩkotyve, koty ja'e hesekuéra oĩre pype oikóva, mba'evete asýpe upéi peicha nañahenoikuaái, ha roguereko avei koty, mymba rendãvante voi, ha hetave jey añeporandúva che mba'erépa rohenói chupe koty, ko nandi ha pore'ỹme roguerekóva jepi heta ára. Peteĩva umi kotýpe rokémi che ha che rembirekó; ha ambue kotýpe che ru ha che sy, oguerahápeve chupekuéra Nande Ruvusu, ha mamópiko jaikuaa ndaha'eipa aña voí ra'e ipopa'ãva hesekuéra. Upéi opyta nandi tapia, tenonderã, ndaipóri véigui pype oiko vaerãha ohasa rire heta ára, oĩmarõoikovaerãpype, ko máva opytánte oiko koty ojekaruhápe, pépente opytase pe tapicha, ojuhúgui hesakãporãve ha ndoipejúi yvytu po'i. Che reindy, oújave okémi avei upépe, ha umi che ra'ymimi, ou riremínte ko yvy ape ári, opo'orehe isýgui, koty ojekaruhapénte avei ohopa hikuái. Ja'etarõhendaitépe, ko'ãkoty kuéra ndaha'ei voi la ipotĩetereíva ha sarambípe ojeguereko, jepe upéicha, mba'ere avei ñamomba'e guasúta; tapia ikatu jaikove pype, péva la he'iséva, reimekuaa pype kañyhápe, ani nde retére oguapy ro'y, okukúíva áragui Navidad árape, ha avei nde rekove mbohasa porã-Ma'erãjaikove asyse- ára pytu hakuvójave agostorõ, la Virgen árape. Pe koty mymba renda, ivai jeguapa; iñypytũha ñane ãnga jopy, ha umi parére opyta he'õha otimbo umi mymba omano vaekue nẽngue opu'ãvo yvykuágui pe mayo oguahẽrúpi, oñepyrũjave oĩhaguéicha mymba kuéra ipyti'u, pe hetepynẽngue, upéi yryvueta oútava ho'u hikuái.
            Ndaikuaái mba'eicha rupípa, yma che mitãrusurõ, sapy'ante nahetũvei jave pe mymba re'õngue inẽvuva, añandu che retepýpe, iñasaĩche ruguýre py'aperere ha'etéva voi che jukáta katuetéva. Che mandu'a asérõguare aha tavaguasúpe, jahechápa namoĩporãi che kuatia, aseivi haguãche rétã: aju ha aha, agotyo pegotyo, Ñande Ruvusu ára rendy che rerahahápe, umi jagua ñarõicha añetĩrupi pe yvytúre, jahechápa nahetũi yvytu pepóre pyti'u nẽohechagá'uva che rete. Aha uperõupéi tupápe añeno, pe apytatahápe ake, añepyrũahetũche kasõpana ryakuã. Añandu haku pupúrõche retepýpe, che ruguy. Upemarõaipe'a che aramboha che akãguýgui ha añemoakãngyta che kasõme. Ambyapu'a porãasyete ha amoĩhi'ari che akã. Itáicha ake upe pyharépe che.
            Koty mymba rendápe roguereko peteĩchávurro'i ikaráchapáva, ikãngue mante overáva hese, ore pytyvõtapiáva opaite mba'e rojapomivape ha, sapy'ante ho'a porãmí jave, jepe ra'e hina, ja'etarõañetegua, nameméi ojehu, roguereko avei mokoĩkure (Aníke rejapyhy vai che ñe'ẽ), hi'ãchéve mbohapy hína. Ore róga kupépe roguereko peteĩkora (saledizo) ndatuicháiete, ore pytyvõporãva avei ore rembiapópe, ha hy'epýpe peteĩyvu pypuku rojo'o vaekue, heta ára roiporu rire che amboty vaekue, ou marõpe yvu, ityaipa ha inẽ.
            Ore róga kora kupépe ohasa peteĩyno'õky'asyry, oĩára osyry sogue sogue ha oĩára isyry haĩme haĩme henyhẽ, hyakuãjeguarúva umi gitano rekoháicha, ha pe ysyry tujukuágui roguenohẽmi mbusu porãporã, che ajapómi vaekue ko'ãmba'e ka'arúkue, ambohasa haguãvy'a'ỹ. Che rembireko, opaite mba'e pa'ũme heko juky sapy'a py'ava, he'ivaerãchéve umi mbusu okakuaa porãjoa hague, ho'u rupi karai Jesús ho'uvaekue peteĩára, ohasa rire. Oguãhẽjave ára aha apira kutuse, nañandúi ára ohasarõ, upévare añemoĩnguévo ambyaty umi mba'e aiporúva ajevy haguãche rógape, pytũmbaitéma che ári, peteĩkarumbe karape kyráicha, terãmboi apakuapy okyhyjerõguáicha oñemomyĩhaguãhendágui, Almendralejo, oñepyrũohesapepa pyhare. Mayma pype oikovéva katuete oimévaerãndoikuaái apirakutu vaha che ko'arupi, ha amaña jepiha aimeha guive mba'eichapa hendypa joa hogapy kuéra, ovevévo che apytu'ũgui umi mba'e pe távape he'ijoáva hikuái, che akãme arémá ojaitypo vaekue, terãoñe'ẽjoáva umi mba'ere, chéve ymáma hesakãreipáva. ¡Mayma Távaguasúpe oikovéva guive, oñemboatukupe teko añetégui ha heta jeyve okañyete heságui kuéra dos leguas hápe, yvype ñu mbytére, peteĩokarayguami tapicha oñembohekove kyre'ỹva, imandu'a jave hesekuéra ombyaty aja ipira kutuha, ohupikuévo yvýguí ajaka'i poteĩterãpokoĩmbusu pype!
            Ko'á ha'é vaekue rovái, chéveroguarã, pe pirakutu ha'eha peteĩtembiapo kuimba'e ojapóva tekorei ombohasa haguãnte. Upévare, ndaguerekói jave che rembiaporã, ijami jave chéve, asẽma aha ajuka tymba ka'aguy, távaygua che moherakuãche katupyryha mymba jukápe, ha nañembo tuichaseirõjepe, ha'emitamante péicha he'iva cherehe; ndojavýiha. Aguereko peteĩjagua'i kuña tymba muñaha- Chispa héra- heko ensuguy ha iñarõnunga avei, ha katu rojogueraha porãmokoĩve. Che ahámi hendive pyharevekue Charca pe, opyta "una legua y media" ore rekohágui, Portugal yvy opaha ypyetépe, ha marõndorojevýiva ponandi ore rógape. Ha rojukuévo, tapére pe jagua'i kuña, mombyry oñemotenonde cherehe ha upéi katuete che ra'ãrõtape ojuasahápe; upépe oĩpeteĩita apu'a yvate ha ipéva hu'ãme umi apyka karapéicha, ñongatupy aguerekóva che mandu'ape máva agueromandu'ava apytépe, agueromandu'a porãitevéva voi heta yvypóra ñagueromandu'a porãvagui. Ko apyka ita, ipe ha ipyguami ha aguapy kuévo hi'ari osyryry huguápe che reviro'o (Anike rejapyhy vai) ha opyta hendaguetépe oirõguáicha, upéi ipahápe nopu'ãse véima voi upegui, arémi apyta aguapy ita ári pe tape juasápe, turuñe'ẽhápe, mboka che retyma kuápe, ahecha'mi vaerã, apita timbo aja. Pe jagua'i kuña oguapymi vaerãche renondépe, mokoĩve ipy hapykuepegua ári, ha oma'ẽcherehe, oñemoakãvami ijykévo, mokoĩhesa ma'ẽsaraki ohesape cherehe; che añe'ẽchupe ha ha'e ha'ete che rendu porãsevégui, omopu'ãkangymi umi inambi kuéra; akirirĩjave ha'e osẽoho oñani tuku rapykuéri, terãoheka mba'eichapa oñemoi porãveta.
            Aserõaha, akoínte, ndaikuaái mba'erepa, katuete ajere ama'ẽpe ita aguapimi haguérehe, ku ipaháma ahechaverõguáicha, ha oĩkuri peteĩára ha'etéva pe ita ajepokuaáitémi hague, rasaite oñembyasýva amopore'ỹvo chupe, ha upemarõajevy jeýmante che rapykuerére, aguapymi haguãhi'ari. Pe jagua'i kuña ou jey oguapy che renondépe ha omaña pyahuete che rehe; ko'agãahechakuaa hesa ruguápe oguerekoha umi máva omombe'ukáva ndéve remombe'use'ỹva avavéichaguápe, pe jagua'i kuña resa rendy ojekutu che rekovepýre ha oipyguara huguaitépeve oje'e háicha ojapoha hesa rendýpe umi jaguarete'i... Añandu oryrýirõche rete, che pýguive che akãmeve; ha'ete osyryva che retepýre peteĩtata rendy osẽséva che jyva kuéra apýrarehe. Cigarrillo apita vaekue hína oguéma ra'e; che mboka ijuru peteĩva, ojepichyuka mbeguekatu asy, che retyma pa'ũme. Pe jagua'i kuña oñemoĩomaña hesa pirĩ'ỹre, ku araka'eve che recha'ỹrõguáicha, ku ajapovaitarõguáicha hese mba'eve'ỹre, péicha háguinte mba'e jajápo'ỹvaerã, ha pe ima'ẽche mbohuguy raku ñepyrũ, añandúgui hese katuete che mombe'utaha umi che moka'iraĩsévape; mbyry'ai tarova, ára haku pupu, ha che ropepíre nda che pu'akái, omokangy chehegui pe jagua'i kuña ma'ẽ, mba'ẽhakuáicha, pe mymba oikutúva cherehe.
            Aipyhy che mboka ha ambokapu; amboahy'o jey ha ambokapuve. Pe jagua'i kuña ruguy aisy pytãtyai vai osyry ohóvo mbeguekatu yvy ári.

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