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sábado, 20 de febrero de 2010

LOS KILOMÉTRICOS BIGOTES DE DON ALMIDIO (Cuento). Autor: NELSON AGUILERA

LOS KILOMÉTRICOS BIGOTES DE DON ALMIDIO
por
NELSON AGUILERA
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
Arandurã Editorial, Asunción-Paraguay, 2006
Ilustraciones: Cecilia Rivarola
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NELSON AGUILERA
** Es Director de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Evangélica del Paraguay. Tiene una larga trayectoria trabajando con niños y entrenando docentes de la Escolar Básica y del Nivel Medio. Enseñó, además, a nivel de grado y posgrado en varias universidades del país.
** Es actor de teatro y escritor.
** Entre sus obras publicadas se encuentran: "Las hebras del olvido", "Cadenas de mi Tierra", "Encuentros y Reencuentros", "Cuentos para Mujeres" (en castellano, guaraní e inglés), "Héroes y Antihéroes", "En el nombre de los niños... de la calle", "Naturalmente Lírico", "Karumbita".
** Asimismo, publicó libros de textos como: "Mi primer libro de lectura", "Comprensión lectora a,b,c" y "Literatura interactiva 3", "Literatura interactiva 1" y "Comprensión lectora y algo más..." (para docentes).
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** “Los kilométricos bigotes de don Almidio” es el primer cuento interactivo en la Literatura Paraguaya. Es un cuento divertido y fantástico que estimula el conocimiento y los valores de la solidaridad y la alegría en medio de las dificultades.
** Este cuento puede ser leído por niños y niñas del primer y segundo ciclos respectivamente. Asimismo, los padres pueden disfrutarlo leyéndolo con mucho cariño a sus hijos, quienes amarán más los libros si sienten los brazos de papá o mamá acompañándolos por el mágico mundo de los cuentos.
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RELATO – PÁGINA 1 Y 2
** Don Almidio era un señor muy bueno, amable y sonriente. Nunca se enojaba. Siempre estaba de buen humor. Cantaba mientras se duchaba, bailaba con su taza de café con leche en la mano y reía sin parar al dar un beso a su esposa y a sus hijos antes de ir al trabajo.
** Por las calles saludaba a toda la gente:
** - Buen día, don Caballero.
** - ¿Cómo está, doña Juana?
** - ¿Mba'eichapa ne ko'ê, ña María?
** - Adiós, don Martínez.
** - Saludos a tus tíos, Ramón.
** Todo el vecindario esperaba cada maòana el saludo de don Almidio. Su saludo era como un sol radiante que iluminaba a la gente con quien se cruzaba.
** En su trabajo, la biblioteca del pueblo, todo el mundo se acercaba a él para prestar los libros de aventuras, de fantasía y de grandes historias guerreras.
** Don Almidio conocía cada página de cada libro. No había libro que se salvara de sus devoradores ojos. Don Almidio era, lo que se decía, una rata de biblioteca, y encima con grandes anteojos.
** Una noche, antes de ir a la cama, le dijo a su esposa que estaba un poco preocupado porque esa mañana se había afeitado muy bien, y sin embargo parecía que los bigotes le crecieron más de la cuenta al terminar el día. La esposa, envuelta en su largo camisón, con cremas blancas y pastosas en la cara y grandes ruleros en el pelo, le contestó:
** - Seguramente te enojaste hoy. Escuché una vez que así como la mentira hace crecer la nariz, así también los bigotes crecen con el enojo. ¡Buenas noches y dormí ya de una vez, para no estar pensando tonterías! -y apagó la luz-.
** - Buenas noches -dijo don Almidio, y se quedó pensando en la oscuridad-.
** La noche se paseaba por el pueblo con sus alforjas llenas de sueños. Todos dormían, todos viajaban a otros mundos. Morfeo (el dios del sueño) los mecía en sus brazos. Los niños sonreían mientras dormían, algunas personas reían a carcajadas en sueños, otros hablaban y otros emitían incesantes soplidos, …
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RELATO – PÁGINA 3 y 4
… pero don Almidio estaba despierto. Se daba la vuelta una y otra vez, y cada vez escuchaba a su escuálida esposa con cuello de avestruz roncar en tonos altos y bajos de esta manera: pi pi pi pi pi pi pi, pipipipipi.
** - ¿Pero estará soñando que es un auto o una gallina? -pensaba en su adentro y se ponía nervioso. La esposa continuaba: pipipipipi, pipipipipi.
** -¡Oh no! -susurró quedamente y empujó a su esposa suavemente con la nalga. Ella cambió en seguida de ronquido. Ahora decía: güililililili, güililililili.
** - ¡Pero esto es una tortura china! -volvió a pensar, y se fue a la sala con una almohada debajo del brazo, a dormir en el viejo sofá que le regalaran sus abuelos antes de ir al otro mundo.
** Después de tantos chirridos del sofá, don Almidio logró conciliar el sueño...
** Era una mañana muy gris como la ceniza, y don Almidio estaba en el baño para afeitarse, como de costumbre, pero de repente comenzó a dar gritos aquí y gritos allá:
** - ¡Dónde está mi crema de afeitar! Nadie le respondió.
** - ¡Dónde está mi brocha! -Nadie le escuchó.
** - ¡Dónde está mi maquinita de afeitar! - Nadie le hizo caso.
** Luego se miró en el espejo y vio que sus bigotes se alargaron unos 20 centímetros cada lado. Abrió más grandes los ojos y se acercó lo más que pudo al espejo, para asegurarse de que no estaba soñando. Estiró sus bigotes (…) Continúa…


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