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martes, 23 de marzo de 2010

RAÚL AMARAL - ESCRITOS PARAGUAYOS 1 - INTRODUCCIÓN A LA CULTURA NACIONAL / Texto: CARTA DE UN FILÓSOFO de VICTOR MASSUH.

ESCRITOS PARAGUAYOS 1
INTRODUCCIÓN A LA CULTURA NACIONAL”
OBRAS DE
RAÚL AMARAL
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
Distribuidora Quevedo de Ediciones Paraguayas.
Oscar del Carmen Quevedo,
E-mail:
oscardelcquevedo@hotmail.com
Asunción-Paraguay 2003 (320 páginas)
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CARTA DE UN FILÓSOFO
Buenos Aires, 15 Oct. 1984
Mi querido Dn. Raúl Amaral
"He leído su libro de un tirón, pese a ser un severo análisis de un proceso cultural sometido a definidas periodizaciones: romanticismo, novecentismo, modernismo. Pero se lee con el interés de una novela o se lo admira como un gran fresco cuyas grandes líneas van demarcando la identidad de un país. Desde cualquier ángulo que se mire el fresco, desde cualquier página que se acceda a su libro, uno percibe siempre la unidad del conjunto: la aventura de una cultura cuyos momentos creadores de ningún modo resultan ser fragmentos o retazos Dispuestos dentro de un "collage" azaroso. Aunque Ud. señale algunos momentos de ruptura, siempre predomina la continuidad de una historia, la voluntad de una realización colectiva, el alma de un país.
"Pero esta vida macroscópica del fresco, no impide que se la descubra también en los detalles, en las escenas fugaces, la pintura de los personajes, sus obras, sus vicisitudes.
La técnica de la minisemblanza, el dibujo rápido, casi periodístico, de abras y protagonistas, todo eso está encarado con objetividad y "esprit de finesse". Un arte de escuela flamenca hay en este libro donde el conjunto es tan preciso como el detalle microscópico. Y donde la gran imagen de un período está -emitiendo a la pequeña anécdota o a la breve frase citada de un libro, y a la inversa. Las dos dimensiones se alimentan mutuamente, manteniendo ambas su individualidad. Excelente arte hermenéutico no muy frecuente en la ensayística Hispanoamericana.
"Ud. ha tenido el mérito de haber podido volcar en su obra una actividad literaria de años, un saber histórico inmenso. Al cabo de los años uno acumula, con frecuencia, peso muerto, hojarasca, páginas circunstanciales. Escribir es -in ejercicio de despojamiento. Ese no ha sido su caso. Ud. acumuló un material selectivo que, con el paso del tiempo, siguió vivo: la prueba es el esplendor de a mayoría de sus páginas en las que se advierte, además, la maestría de un escritor de primer orden. No vacilo en afirmarlo enfáticamente: su estilo es brillante, vivaz, transparente, nada ampuloso ni grandilocuente, de trazo firme, severidad intelectual pero no menos apasionado. Estilo de ensayista sin pelos en la lengua, tentado por el tono polémico o agresivo (sobre todo si se trata de algún país vecino) pero sin caer en él porque priva siempre la mesura o porque le interesa más la verdad que ridiculizar a un adversario. Páginas como las de los dos primeros ensayos sobre Casaccia son memorables. Y tantas otras.
"A propósito de su saber histórico. Es sencillamente apabullante: fechas, nacimientos, muertes, parientes de los protagonistas, relaciones, aniversarios, fechas de ediciones y reediciones; un prodigioso ejercicio de la memoria que se confunde con el trabajo de la inteligencia y la voluntad de comprensión de lo particular insustituible, que no puedo dejar de comparar con nuestro Dr. Pedro Henríquez Ureña. Él era así: su erudición no era un material adventicio sino un modo de dar más color y sabor a la vida. Lo mismo se advierte en Ud. Sus datos no juegan al azar sino que siempre ordenan un contexto, hacen nítida una relación para mayor comprensión y vivacidad del cuadro cultural. Nuevamente: no hay de ninguna manera en Ud. una idolatría del dato sino un acto de amor por el hecho particular, la fidelidad a una vida rica y ejemplar que Ud. quiere salvar de la marea del olvido. El olvido: ese enemigo mayúsculo del espíritu, de la toma de conciencia de una identidad perdurable. El olvido, ese compinche de la neo-barbarie.
"Uno advierte que su hermenéutica tanto histórica como literaria es objetiva pero no inerte, es tanto puntillista como omnicomprensiva. Se cuida de no caer en las trampas del subjetivismo, la ideología, el resentimiento aldeano, el pueblerino culto al héroe, o el artificial engorde de acontecimientos comunes. Hay una notable mesura en sus trazos, aun cuando no ahorre comentarios intencionados sobre los prejuicios cristalizados de una historiografía egolátrica o perezosa. Quiero decir nuevamente que detrás de su metodología cuidadosa hay, sobre todo, un acto de amor a un pueblo, una fidelidad vigilante a su destino que Ud. quiere comprender y enaltecer...
"No se me oculta la dignidad de la intención: el que su obra contribuya a una autoconciencia paraguaya de la propia identidad a lo largo de una historia de sufrimiento, orgullo y ensimismamiento. En sus páginas se advierten tres grandes llamados: el primero responde al afán de que el habitante de esas tierras no vuelva la espalda a los ricos contenidos de su cultura; el segundo responde a la necesaria inserción americana de su identidad espiritual, y el tercero a su inserción universal. Estas tres vocaciones transitan permanentemente por el libro de modo ejemplar y lo convierten en un producto noble, un acto de creación, un ejercicio iluminativo. Y sobre todo, inscriben su nombre, estimado Dn. Raúl Amaral, en la tradición de los grandes humanistas preocupados por el destino de nuestra América".
VICTOR MASSUH
N. de la D.: El Prof. Dr. Víctor Massuh es un eminente filósofo argentino y un pensador de prestigio en nuestra América. Ha sido, además, embajador de su país en la UNESCO.
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EXPLICACIÓN
** Los temas propios de este libro están vinculados a una idea de conjunto que ha presidido de las investigaciones culturales y bibliográficas emprendidas por el autor desde casi cincuenta años a esta parte. Esto quiere significar que ellos siguen una línea de unidad que en definitiva habrá que comprender todo el proceso de la cultura nacional o, cuanto menos, su evolución moderna.
** Aunque los estudios incluidos aquí corresponden a épocas distintas se ha considerado oportuno reunirlos no de acuerdo a un orden cronológico que permita agruparlos conforme al tiempo en que fueron redactados, sino en capítulos que se refieren al quehacer de esta cultura, a su lento pero efectivo transitar por límites de creación, en lo que hace a su vecindad rioplatense y a su proyección hispano-americana.
** En la mayoría de los casos estas páginas incorporan de preferencia a determinados autores por sobre aquellos nombres cuya justificación podría encontrarse, más que nada, en la perdurabilidad de su tarea histórica. Pero no por ello de considerárselos fuera de ese proceso, ya que su ausencia determinaría un verdadero vacío, difícil de explicar por su misma trascendencia.
** El sector destinado a Los Precursores incluye a Ruy Díaz de Guzmán y al Dr. Francia no porque pudieran haberlo sido la de la subsiguiente etapa dedicada al Romanticismo, sino porque sus antecedentes los ubican como antecesores en el hacer de una cultura que después de ellos comenzaría a advertir los síntomas de una aleación no drástica pero sí efectiva, aún en pequeña escala por entonces y hasta poco después.
** Los aportes alusivos al Romanticismo propiamente dicho se inician con el emprendimiento cultural de don Carlos Antonio López, desde la fundación del aula de Filosofía y la aparición do la revista La Aurora hasta el reintegro al país de las hermanas Speratti, pasando por la actuación de algunos escritores que en mucho no superaron la línea del siglo XX.
** Entre los maestros nacionales que condujeron el avance de toda una generación debe citarse, indudablemente, a Cecilio Báez, titular de la famosa y aún no del todo desentrañada polémica histórica de octubre de 1902. Importa señalarlo, además, por no haber sido -a pesar de aquellas circunstancias y porque razones de época se lo impedían- antes que un novecentista nato, su más firme orientador hasta la quiebra generacional ya mencionada.
** En cuanto a la proyección del NOVECENTISMO, bien se sabe que aunque su trayectoria se inicia con los albores del siglo, la prolongación de su influencia llega hasta las vísperas de la guerra del Chaco, suceso éste que corta en dos la vida paraguaya, terminando con ese conflicto la vigencia de una modernidad iniciada en la posguerra del 70.
La presencia de varios de sus integrantes, a través de rápidos apuntes, anticipa los capítulos que les estarán destinados en la segunda parte de esta obra, complementándose así la interpretación de un mismo proceso de cultura por medio de sus nombres más representativos.
** La parte dedicada a la evolución del MODERNISMO toca igualmente la actuación de escritores de militancia definida en ese movimiento y en años distintos, según es el ejemplo de Fariña Núñez y Ortiz Guerrero, que participaran de los comienzos, el primero, y el de los tramos finales el segundo, simbolizando a la vez dos posiciones: la de captación externa, por un lado, e interna por el otro. La prosa que trata del insoslayable testimonio de Facundo Recalde sobre Ortiz Guerrero, volcada en páginas tan lejanas como olvidadas, tiene su continuación en el capítulo siguiente en el no menos valioso de Oscar Ferreiro respecto de Hérib Campos Cervera, quien se iniciara como poeta modernista pero cuyo carisma (de acentuación personal) y cuya obra pertenecen a la promoción denominada "del 40", no obstante su notoria diferenciación cronológica.
** Se cierra la serie con Otras Páginas, que por cierto no corren separadas sino virtualmente unidas al conjunto. En tal sentido conviene aclarar que los trabajos relacionados con don Arturo Alsina y con la novelística de Gabriel Casaccia, han servido de prólogo a dos obras totalmente agotadas y puestas hijo el sello editorial ya desaparecido.
** Y como de acuerdo al refrán "los últimos serán los primeros", quedan para el final las palabras que conforman la Introducción, la que no pretende ser más que un anticipo del desenvolvimiento de esa evolución y de las consecuencias que tuviera en etapas posteriores, más próximas a nuestro tiempo.
** Este libro, en su serie inicial, quiere simbolizar el compromiso del autor tanto con la historia como con la interpretación teórica del proceso cultural estudiado, de cuyos tramos actuales y a lo largo de más de cinco décadas ha creído ser, antes que testigo indirecto, actor de un emprendimiento cuya vigencia todavía dura. Por ello puede afirmarse que estas páginas no comprenden una especie de "paseo arqueológico" por las edades muertas de nuestras letras, sino la recreación de varios de sus fragmentos.
** Conviene aclarar también que ESCRITOS PARAGUAYOS debe su título a la voluntad intransferible de haber sido pensado y redactado en el Paraguay, con el espíritu orientado hacia el destino de esta comunidad nacional, de la que el autor se considera tan antiguo como indoblegable servidor. - (rl.al) Isla valle de Areguá 28 de julio de 2001
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INTRODUCCIÓN A LA CULTURA NACIONAL
1
Los fundamentos teóricos de estos trabajos tienen lejanos orígenes: deben señalárselos a partir de diciembre de 1954, cuando el autor logra esbozar, desde su residencia aregüeña de Isla Valle, los primeros lineamientos, por entonces circunscritos a la evolución propia de la literatura nacional. Más tarde y desde 1968, aquéllos quedarán notoriamente ampliados al sumárseles capítulos que se relacionan con las bases históricas, sociológicas y educacionales de la cultura paraguaya.
Con el correr de los años y la parcelación de las épocas por las que los mismos fueron atravesando se logra un más seguro ajuste, el que permitirá, a la vez una adecuada separación entre lo meramente expositivo de un Curso –que a eso estuvo destinado el plan 1969-1970 y el trazado de un esquema previsto para integrar la estructura de un libro.
Tales elementos pasarán después a reunirse en tres capítulos, con sus correspondientes subdivisiones, sin que esto signifique la pérdida de la unidad de conjunto. Debe advertirse por igual que esas particiones temáticas no responden a una disposición caprichosa sino al propósito de orientar el proceso de la cultura nativa hacia más amplios niveles (región, continente) dentro de un orden referido a las esencias universales.
A ese respecto se hace necesario aclarar que los ensayos ofrecidos con anterioridad por otros autores están lejos de justificar la verdadera imagen del país, ya que ellos se han manifestado a través de pautas de no difícil delimitación, pero a los que por lo común suele soslayárselos en beneficio de un menor esfuerzo, que casi siempre traduce resultados de copia.
No escapa a la atención del autor, ni a su mismo interés como investigador, la circunstancia de que al iniciar este trabajo con los precursores y con el romanticismo habrían de quedar en la sombra vastas zonas que abarcan desde el Mundo Guaranítico -de suyo ineludible- hasta la realidad de la Colonia primero y de la Independencia después.
En este caso se ha preferido acudir a especificaciones más accesibles, no tan aquejadas de historicismo, aunque no menos urgidas de aclaración en lo particular. Quedan comprendidas como tales -no estará demás recordarlo aquellas que puedan ofrecer elementos más aproximados a una interpretación que trascienda las fronteras geográficas o políticas y que consiga poner al Paraguay en trance de superar su antigua retracción, en cuyos resultados lo mediterráneo apenas si juega un papel secundario.

2
Es así que romanticismo, aunque la aparición temporalmente tardía por causas no exentas de explicación -justificativos aparte- a lo largo del accidentado proceso de esta nacionalidad, podría servir de punto clave para una definición que sobrepase los límites naturales y las restricciones observadas en su propia trayectoria.
Se trata de saber qué vínculos o que desencuentros han unido o separado a los integrantes de ese agrupamiento del quehacer de otras nucleaciones románticas de nuestra América, partiendo de las más cercanas. Y qué es lo que, en resumen, ha anudado o distanciado al romanticismo paraguayo de los que a su hora surgieran en la Argentina o el Uruguay.
Si bien este capítulo romántico -en su rigurosa acepción- se detiene en los lindes del 900, habrá que reconocer la supervivencia de una prolongación posromántica que, demorándose en una época distinta y con diferenciación de personas y matices, se mantendrá hasta 1915, aún cuando en una valoración comparativa externa esto pudiera representar un flagrante anacronismo.

3
El novecentismo, por su lado, muestra no meras fórmulas escritas, ni simples expresiones propias de los finales del siglo -ya que por su misma índole estaba en el deber de asumir ciertas actitudes de rebeldía juvenil- sino todo un tiempo de actuación, en el que figuran incluidos el estilo y los modos de una época determinada de la vida nacional o, en último término, de la ciudad-capital, convertida en obligado puerto de cultura.
Y de idéntica manera a cómo el romanticismo asume continuidades a primera vista truncas (neoclasicismo y pre-romanticismo, entre ellas) la tarea de ese novecentismo abarcará expresiones de variada conformación que comprenderá, en un mismo nivel, a las de carácter fragmentario y a aquellas que desde un principio permanecieran incompletas.
Varias corrientes y no desdeñables movimientos se descubren, así, durante el predominio novecentista -dentro del cual será posible distinguir sucesivas etapas- en relativa contradicción con la actualidad en que se expandía, si bien puede admitirse que se trataba de influencias que corrían por debajo del cauce real, sin desplazarse ni desprenderse de él.
Es por eso que en el ámbito mismo del 900, como no ocurriera en otras latitudes de nuestra América, tiene lugar a la vez, en lo literario: el pos romanticismo, el premodernismo, el auge modernista propiamente dicho - uno detrás del otro-, y en el aspecto doctrinal o del pensamiento: el Krausismo español, el positivismo y las primeras reacciones pragmatistas, vitalistas, metafísicas y espiritualistas, en un tramo de tan sólo treinta y cinco años (1900-1935).

4
Desgraciadamente, tampoco de esa que hemos denominado progresión dialéctica habrán de extraerse signos de una corriente única, y tanto es así que el modernismo consigue proyectar su ascendiente hasta un lustro después de la guerra del Chaco, cuando empezaban a asomar tímidamente algunas tendencias innovadoras si bien no en una plena exaltación vanguardista, como se ha dado en suponer.
En su contorno se mueven por igual el posmodernismo y un condicionado intento de poesía social que nace, reiterando la paradoja, con el tercer agrupamiento modernista, en los alrededores de 1915, y no con lo que después fue la "vanguardia literaria", de limitadas proporciones, ya bastante avanzada la década del 40. Iniciadores de la primera han sido: Ángel I. González, desde el librepensamiento, y Leopoldo Ramos Giménez, desde una actitud libertaria de inspiración vernácula y sentimental. En cuanto a la segunda, no estará demás agregar la comprobación aquella de Oscar Ferreiro cuando recordaba que en pleno 1946 se leía aquí, como novedad traída por Hérib Campos Cervera, el añejo Crepusculario de Neruda.
Curioso resulta señalar que los núcleos promocionales que asistieron al nacimiento del tercer grupo modernista -identificado con la revista "Crónica"-y los posteriores de "Juventud", que integran un cuarto y final- fueron reuniéndose en torno al novecentismo. En esa disposición de ánimo, que si no de aceptación era de acompañamiento, adoptaron, en no escasas ocasiones, sus gustos literarios, sus experiencias intelectuales y hasta su postulación histórica.
No hubo entonces polémica alguna que pudiera crear un rumbo generacional, ni la proposición de una reforma de fondo -siquiera en el ámbito educativo universitario- que a su vez aireara o modificara los ideales del novecentismo, que a esas alturas algunos desgastes habían sufrido. Todo se redujo a proseguir o adoptar los encauces propios de una evolución en declive. Esto se observa con facilidad en el terreno de la literatura y hasta tiene su explicación concreta en el hecho de que el primer grupo modernista, es decir, el que inicia el modernismo, parte del propio novecentismo (1901) y configura uno de sus más importantes experimentos generacionales.
Pero en el sector de las ideas no ocurre lo mismo porque comienzan a delinearse en él ciertas posiciones que, si bien no se muestran antagónicas, tampoco lo serán de plena concordancia. Este y no otro es el motivo por el cual no pueda ser reconocida como típicamente modernista una exclusiva etapa literaria, sino- y ese es el caso del novecentismo- todo un movimiento que se inicia con las primeras señales del posmodernismo -convertido en mundonovismo por algunos poetas significativos- desde 1920 en adelante y que confina en la ruptura que produce la posguerra del Chaco.
Lecturas de Maeterlinck y Boutroux (con anterioridad se había producido el impacto de Bergson) singularizan a esta época, que terminará recalando en las difundidas meditaciones de Ortega y en el historicismo de Croce. En lo que a las letras alude, las preferencias se dirigirán hacia una línea que va de Baroja a Lorrain, en prosa, y de los modernistas rioplatenses (Lugones, Herrera y Reissig) a algún lejano mundonovista como el mexicano González Martínez, en poesía. Esto no implica dejar de insistir en la aclaración -que aquí mismo se formula- de que en cuanto a creación el modernismo no retrasó su arribo al Paraguay, teniendo en cuenta que su influjo se extiende hasta la muerte de Rubén Darío (1916) y mucho más allá, como lo indica Max Henríquez Ureña, pues habría de verificarse con el "precursorato" (y en su caso, magisterio) de Goycoechea Menéndez, López Decoud y Domínguez, desde 1901, y con los poemas declaradamente modernistas de Marrero Marengo, Toranzos Bardel, Freire Estéves y Roberto A. Velázquez, entre 1904 y 1907.
De tal manera se demuestra, que el advenimiento del modernismo se produce doce años antes de la aparición de la revista "Crónica" y a sólo cuatro de la edición de Cantos de Vida y Esperanza, de Darío, y Los Crepúsculos del Jardín, de Lugones, ambos de 1905.
Mas, si romanticismo y modernismo pueden representar etapas sobre cuya definición no existen dudas por su carácter de expresiones literarias - puesto que no han sido más que eso- no pasa igual cosa con el novecentismo, que, en cambio, comprende todo un ciclo, tributario a su vez de otro sumamente extenso, que ya hemos dimensionado y que abarca nada menos -no está demás repetirlo- que la marcha corriente de treinta y cinco años, superando en mucho hasta el propio ciclo vital de varios de sus componentes.
Aún así será preciso recalcar que la coexistencia -un tanto paradójica-con modernismo y posmodernismo -el primero de ellos, como hemos visto, generado en sus entrañas, no se debe a simple casualidad sino a su propia y extensa condición de movimiento.

5
El recuento respectivo finaliza en 1935, admitiendo su prolongación a un lustro más tarde. Porque en lo que a esa fecha atañe, habrá que decir que no es sólo la vida institucional del país la que ve interrumpida su continuidad.
Se trata nada menos que del resquebrajamiento de un mundo -especialmente en el orden político, económico y social- venido del desconcierto de la posguerra del 70 y de las ilusiones originadas en la panacea constitucional (el cumplimiento estricto de la Constitución, por otra parte de inspiración foránea, que por arte de magia conjura o resuelve todos los problemas) no pudo alcanzar, por acto de simple existencia como suponían los románticos y sus inmediatos sucesores -encandilados por los modelos norteamericano y argentino- a la contención de desbordes y a la solución de las contradicciones que la vida misma crea, en forma de anticuerpos enquistados en su propia sociabilidad. Manifestado esto a nivel de los que en distintas épocas se han autodominado hombres prácticos, para quienes la única teoría aceptable era la que emanaba de la Carta Magna, a pesar de que en no escasas oportunidades ella fuera ignorada o violada a sabiendas - por razones igualmente prácticas- y no obstante estar presente en las invocaciones públicas de los mandatarios juramentados para respetarla.
Incluso ese "constitucionalismo" se transformó en una rama casi poética del Derecho cuando uno de sus más eminentes maestros, el doctor Manuel Domínguez, tuvo que ir a compartir "con las alimañas del Chaco" –según expresara don Arsenio López Decoud- sus fervores por aquella disciplina, aludiendo, sin eufemismo alguno, a un confinamiento sufrido, con ese motivo, por el mencionado pensador novecentista.
Por supuesto que no ubicamos allí, en la atmósfera propicia a los escarceos de los hombres prácticos, a aquellas mentalidades doctrinarias que, sin mucho éxito pero con indudable entereza moral, actuaron a través de esos setenta años esquivando, en no pocos trances los asedios de una política basada en el ejercicio del mbareté, y avituallada o alimentada hasta en las mismas filas a que aquellos pertenecían.
Esos nombres -desde luego que sin desmedro de otros- pueden ser salvados de la indiscriminación común por haber sido los encargados de rescatar, en momentos dramáticos, el ideario de un Paraguay capaz de evidenciarse con respecto de las respectivas procedencias partidarias, sin necesidad de atizarlas o enfrentarlas.
La lista que a ese propósito y ciñéndose a rigurosa cronología, podría trazarse no resultará muy extensa, aunque sí selecta, de acuerdo al siguiente orden: Juansilvano Godoi, José Segundo Decoud, Cecilio Báez, José de la Cruz Ayala ("Alón"), Manuel Domínguez, Fulgencio R. Moreno, Blas Garay, Gualberto Cardús Huerta, Juan E. O'Leary, Eligio Ayala, Ignacio A. Pane, Ricardo Brugada (h), Lisandro Díaz León, Juan Stefanich, Federico García, Adriano Irala, Pedro N. Ciancio, Pedro P. Samaniego, Anselmo Jover Peralta, Justo Prieto y Natalicio González.
Un giro sin precedentes, no por cierto un tímido paliativo reformista, tendría que haberse producido irreversiblemente como consecuencia de la inevitable mutación de valoraciones universales, a las que el país no había podido permanecer ajeno. Todo un mundo de grandezas y apariencias (cuyo desgaste ha desmenuzado Gabriel Casaccia en sus novelas) amenaza derrumbarse sin remedio. Es que, por nueva y terrible paradoja, la victoria de la guerra del Chaco se convierte en derrota para quienes la orientaron y condujeron. Desde aquellos tiempos la vida nacional ha de ser otra y es por eso que el Paraguay se ve en la situación de asimilar también aquella experiencia, la que a su vez pasará a tener distintos lineamientos y un diverso destino.
Para mal de los males tres de esas mentalidades de excepción -por lo que fueron- que hubieran podido llevar el proceso a buen fin, cada cual desde sus distintas posiciones, desaparecieron jóvenes aún, en un lapso de apenas trece años (1920-1933): Ignacio A. Pane, que murió a los 39, en pleno prestigio intelectual y lucidez teórica; Eligio Ayala, a los 50, después de haber desempeñado la presidencia de la República con un afán sólo comparable al de don Carlos Antonio López, y Adriano Irala, a los 40, cuando no terminado su brillante liderazgo universitario y patriótico, cae vencido por enfermedad contraída en la contienda chaqueña. Las anteriores y lejanas frustraciones podrían llamarse: Blas Garay (1899) o Carlos García (1906).

6
Regresemos a nuestro planteamiento para señalar que varios de los escritores que accedieron al modernismo entran en eclipse sin que quienes les suceden logren mantener el ritmo heredado. Todo lo que tiene lugar a partir de 1940 habrá que medirlo con materiales adecuados y con infinitas precauciones, porque ya no se trata de desentrañar las particularidades que se insinúan intramuros, sino esas otras que vienen impactando desde el desenlace de la segunda guerra mundial.
Es en relación con esas comprobaciones que nos afirmamos en la idea de no insistir en la primacía de aquello que pueda presentarse como telúricamente remoto.
En tal sentido nuestra posición se asienta en dos razones:
1) Los designios nada claros de algunas normas en boga y de dudosos orígenes o intenciones;
2) El intento de no avanzar -momentáneamente, se comprende- sobre aquellos sectores que todavía son del dominio de la etnografía, la antropología o la lingüística, consideradas en su capacidad deductiva o analítica y junto a las cuales el exclusivo matiz literario carece de la imprescindible riqueza documental y de antecedentes bibliográficos confiables.
Aun aquellas especialidades (de alguna manera hay que denominarlas) que, como en ese caso, se hallan en nuestro medio en su frase experimental - a pesar de una insoslayable tradición- no resultan del todo útiles, por ahora, para explicar su cometido por aleación con la literatura, en un campo cultural que sigue persiguiendo la urgencia de saber cuáles han sido, o son, sus bases esenciales.
Tampoco resultaría lógico dejar de lado, para una compulsa más o menos exhaustiva, los estudios de profesionales o autodidactos -éstos en mayoría- en una perspectiva no superior al medio siglo. Pero habrá que extremar los cuidados al respecto, con vistas a una ampliación del panorama, pues faltan datos concretos y formulaciones ciertas, tanto como ediciones o reediciones de textos que permitan aventurarse a modificar programáticamente una historia cultural que ha fincado su más celebrada perdurabilidad en las inseguridades de la versión oral.
Los testimonios surgidos de documentos fundacionales y los imprescindibles de los Padres jesuitas -a quienes no se ha rendido la debida justicia- no bastan.
Es preciso ahondar un poco más porque para el hecho de la literatura, considerado como tal, no ha de servir cualquier explicación que pudiera destinarse a procesos culturales con otro desarrollo.
Debemos asimismo ajustar nuestra visión, preparándonos para un lento y cuidadoso ingreso al mundo vernáculo, sin especulaciones de sabor pytaguá -simuladamente en auge- para así poder ofrecer un recuento completo y veraz desde la prehistoria, si fuera posible, pero apartando de la cultura propiamente dicha lo que corresponde a otras disciplinas.
Y nos asiste la sospecha que a corto o largo plazo tendremos que hacerlo, no para regodeo íntimo, ni para seguir contemplando absortos nuestra airosa fragata intelectual anclada en el angustioso espacio de una botella (de acuerdo a los cánones de la artesanía marinera) sino para proyectarla, externarla y establecer su conexión con los respectivos períodos de dentro y de fuera, a fin de reconocer su raíz americana y brindarle el derecho que tiene a una ciudadanía universal, más en consonancia con estos tiempos que los desahogos de un cosmopolitismo vacío e inadaptable.
Mientras tanto no debemos silenciar los aportes, de León Cadogan, Natalicio González, Anselmo Jover Peralta y Gumersindo Ayala Aquino, dignos continuadores del grupo precursor que integraran Domínguez, Gondra, O'Leary, Pane, Rosicrán, Osuna y Guillermo Tell Bertoni, por no aludir sino a los más representativos.
Como desde 1940 en adelante la realidad en que el país se ha movido adquiere otras tonalidades -bien que distintas, por cierto- procedemos a clausurar en aquella fecha el tiempo de esta Introducción, que en última instancia no pretende ser más que eso. Además, los tramos siguientes a ese año entran ya en nuestra contemporaneidad, son parte de nosotros y en esa condición no nos sería posible tratarlos con objetividad, ni con la apropiada amplitud de espíritu y la necesaria perspectiva histórica.
Y porque es cosa ardua la imparcialidad, tendríamos que mezclar los juicios críticos con las preferencias personales, antes de llevarlos a una distancia mayor que la distinga de la pasión doméstica. ¡Y quién sabe si ésta terminaría siendo todo lo apropiada y útil como para merecer la atención del lector de nuestros días!

7
La interpretación doctrinal -vinculada al país- que implícitamente se manifiesta en estas páginas, tiende a favorecer el concepto de que es preciso presentar a la cultura paraguaya en toda su dimensión, sin olvidar la misión americana que le es consustancial.
E insistimos, una vez más, en la idea de que el plan ha sido concebido con el propósito de informar para formar, regla de oro de toda buena pedagogía, aunque aquí lo pedagógico quede reducido a la intención de ordenar y sistematizar conocimientos, más que a imponer una norma o trazar el camino de esta o aquella enseñanza.
En el cumplimiento de esa función confesamos que no nos ha interesado la presencia de algún interlocutor en abstracto, sino la del "hombre de carne y hueso" (como quería Unamuno), que aunque anónimo, indiscriminado y hasta sin rostro aparente, procura -sin que nosotros muchas veces lo sepamos- arribar a la terra incógnita de una cultura que cuenta con más de cuatro siglos de existencia, pero que tiene como haber a cubrir esta quemante situación: que más es lo que se ignora que lo que se sabe de ella.
(1984)
.
ÍNDICE
Carta de un filósofo / Dr. Víctor Massuh
Explicación
Introducción a la cultura nacional
LOS PRECURSORES
· Ruy Díaz de Guzmán, primer escritor paraguayo
· El Dr. Francia y las ideas de su tiempo
· El Dr. Francia y los tiranos
· El Dr. Francia: Revolución y República
· Juan Andrés Gelly (Ciudadano del Plata)
ROMANTICISMO
· El romanticismo paraguayo
· Don Carlos Antonio López y la cultura nacional
· El pensamiento de Don Carlos
· El Mariscal de pie
· El Mariscal romántico
· La posteridad del Mariscal
· Natalicio Talavera y la literatura de época
· Juansilvano Godoi, el último romántico
· Juansilvano Godoi
· Enrique Solano López
· Victorino Abente
· Delfín Chamorro
· El primer Ateneo Paraguayo
· Los dos Ateneos
· Los estudios normalistas de Adela Speratti
· Ercilia López de Blomberg
EL MAESTRO: Cecilio Báez
NOVECENTISMO
· Manuel Domínguez
· Manuel Gondra
· Fulgencio R. Moreno
· Alejandro Guanes
· Blas Garay
· Juan Francisco Pérez Acosta
· Juan E. O'Leary
· O'Leary: Una amistad ejemplar
· Eligio Ayala
· Ricardito Brugada
MODERNISMO
· Recuento de "Crónica"
· Fariña Núñez y el modernismo poético
· Prosa testimonial : 1 - Ortiz Guerrero
· Ortiz Guerrero y la evolución del modernismo en el Paraguay
PÁGINAS DIVERSAS
· Prosa testimonial: 2 - Hérib Campos Cervera
· Arturo Alsina: Realidad lejana, recuerdo presente
· Gabriel Casaccia, una novelística en profundidad
· El mundo existencial de "Los Huertas"
· Casaccia y su obra
· Pastor Urbieta Rojas
TEMAS UNIVERSITARIOS
· Rectores de la Universidad Nacional
· Precursores de la Reforma (1918-1928
· Los primeros graduados
TEMAS HISTÓRICO-LITERARIOS
· Una dedicatoria de O'Leary a Borges
· Epílogo paraguayo
· Un gesto heroico de Rafael Barrett
· Los rostros ocultos del Coronel Albino Jara
· Valoración de un álbum con historia
· Meditación cervantina ante el Guairá
LIBROS Y BIBLIOGRAFÍA PARAGUAYA
· El mundo del libro en el Paraguay
· Primera bibliografía literaria del Chaco
.
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