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lunes, 15 de febrero de 2010

GUSTAVO LATERZA RIVAROLA - LA CHACARITA / Fuente: ORIGEN E HISTORIAS DE ASUNCIÓN DEL PARAGUAY.

GUSTAVO LATERZA RIVAROLA (*)
(Enlace a datos biográfico y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
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LA CHACARITA
En los tiempos más intensos de la coloradización del país, Chacarita fue municipalmente rebautizada con el nombre de un dirigente de ese partido: Ricardo Brigada.
En realidad la delimitación de "Ricardo Breada" es un tanto mayor que el de Chacarita propiamente, pero la incluye completamente (1); la nueva designación no logró vencer al toponímico y subsiste apenas en los papeles. En realidad, lo arduo de reemplazar es el gentilicio; chacariteño jamás cedería ante brugadense o alguna sinrazón parecida. Un cierto orgullo de barrio es perceptible allí, principalmente en la zona alta, y en boca de algunos pobladores no falta alguna aristocrática remembranza de las generaciones que les precedieron en el sitio, aunque no son muchos los que podrían probarlo.
De hecho, se identifica como Chacarita a todo lo que emerge, desde la orilla de la bahía hasta la barranca donde principia el centro histórico y, desde la intersección de la calle O'Leary con el río, al oeste, hasta los bajos del Parque Caballero, aunque no sería un exceso comprender en la identidad del barrio también el tramo que se extiende hasta la intersección de la avenida Perú con el bañado. Los vecinos han subdividido este oblongo territorio con designaciones que vienen a señalar barriadas internas, a saber, de este a oeste: Nuestra Señora de la Asunción, 3 de Febrero, Punta Carapá, Oriental, Paraguarí, Resistencia, San Blas y San Felipe.
El barrio puede ser visto, asimismo, a través de sus caracteres topográficos y paisajísticos, factores que guardan una relación estrecha con tipologías socioeconómicas y jurídicas, según se viera. Zona Alta es la que se extiende desde la calle larguera que atraviesa todo el barrio -denominada Florencio Villamayor- hacia el cotarro y aun sobre el barranco, en ciertos lugares. Aquí se encuentra a la población más arraigada, inclusive algunos solares -los más cercanos al centro- disponen de antiguos títulos de dominio. La Zona Baja va desde la misma calle en sentido contrario, hacia la orilla, y contiene a los habitantes más recientes y a los asentamientos más precariios, dada su vulnerabilidad ante las crecientes de invierno. Las diferencias entre ambas zonas se muestran sin reservas a la observación y se expresan tanto en el poder económico cuanto en rivalidades de diversa naturaleza.
La franja sinuosa que contiene a la pequeña área privada del resto municipal tiene un carácter antiguo. Son los solares que se fueron adjudicando a partir del año 1870, muchos de los cuales albergan edificaciones de buena factura, la mayoría de más de medio siglo y algunas hasta de dispendiosa fachada. En algunos casos, en los terrenos aledaños a los zanjones por donde corren las aguas pluviales, se produjeron deslizamientos que demandaron irrecusable y lastimosamente la demolición de edificaciones de venerable y sólida construcción.
Debe observarse que los pobladores de Chacarita recuperaron para sí el factor ecológico que los asuncenos desecharon: el río y su bahía. La cercanía del cauce le dio la posibilidad de la pesca, en una triple función de sobrevivencia, comercio y entretenimiento, mientras que la cercanía del microcentro les proporcionó la certeza del laboreo y de los bajos costos de traslado. El subsolano la hace acogedora la mayor parte del año y, si no fuera por las fluctuaciones fluviales, el lugar debería considerarse de los más aptos para la residencia en toda la ciudad.
Residir en esta parte de la ribera era -y continúa siendo- excepcionalmente favorable, aunque sólo fuera por estos factores fundamentales. También explica por qué las sucesivas generaciones de chacariteños resistieron las reiteradas propuestas de desarraigo y, al contrario, fortalecieron un ánimus dómini barrial, cohesionando un estrato social homogeneizado a fuerza de enfrentar a las mismas adversidades, por correr idénticos riesgos y por encarar la supervivencia con recursos comunitarios. De hecho, al ir siendo alcanzada por los servicios públicos, la marginalidad de Chacarita está, como afirmáramos, técnicamente superada, aunque diste bastante aun de la integración plena a la ciudad.
Toda la estructura del barrio responde a los mismos condicionantes. Siendo una franja de terreno que se extiende mucho más a lo largo que a lo ancho -como ya se dijera-, la vinculación física necesariamente se da en fracciones. Los tres clubes deportivos de Chacarita hacen de faros de adscripción. El 3 de Febrero, el Resistencia y el Oriental proporcionan el espacio comunitario mayor, cuando los menores están constituidos por los patios compartidos, los pasillos y arterias, donde aceras y calzadas son una misma e idéntica cosa y a nadie se le antojaría diferenciarlas. La comisaría policial dirime conflictos a su modo, acumulando atribuciones e instancias, conociendo, juzgando, aplicando reglas reales o ficticias, admitiendo apelaciones y revocando cualquier disposición extraterritorial, distribuyendo saludables consejos y severas advertencias, todo ello funcionando armónicamente en un ingenio sociocultural en el que policías y vecinos no se diferencian más que por la tenida.
Los agentes de religión y traficantes de esperanza -elementos inseparables del paisaje de la pobreza- pugnan por escamotearse adeptos y engrosar su grey a expensas del rebaño ajeno o del alma orejana. A ellos se sumaron últimamente algunas organizaciones no gubernamentales ansiosas por cumplir sus objetivos estatutarios y sus compromisos con los financistas de la transformación del mundo. Es así como Chacarita adquirió el sorprendente privilegio de constituirse en solicitado laboratorio de proyectos sociales, políticos y apostólicos; quizás lo que allí no obtenga éxito no sería intentado en otra parte.
Se ha visto que las zonas bajas ofrecen características sociales más críticas que las altas y que la causa principal radica en que, siendo los terrenos más frecuentemente ocupados por las crecientes periódicas, en ellas habitan quienes llegaron últimos o disponen de menores recursos. De hecho, su población es la más inestable y, por consiguiente, la de menor cohesión. Al contrario, el ámbito de las zonas altas, ocupados desde más antiguo y con mayor estabilidad, no difiere demasiado de las medias estadísticas ciudadanas.
La gente que va afincándose en las zonas bajas no es solamente el clásico migrante arribado del interior en persecución de quimeras ofrecidas por la televisión, sino también es el trashumante urbano originario de otros barrios periféricos más alejados, así como de damnificados de otras zonas anegadizas del litoral del río Paraguay. Los indicadores sociodemográficos muestran una población que comparte las características principales del resto del país, particularmente del ámbito rural. Las familias nucleares completas duplican extensamente a las nucleares incompletas, lo que significa que donde falta el padre (el caso más común) representa un tercio del total (2).
En realidad la cantidad de personas que habita Chacarita siempre fue desconocida con precisión. Se hicieron estimaciones aproximadas pero a veces se distorsionan de. acuerdo al interés de quien las hace, ya sea para dramatizar las circunstancias o para minimizarlas. De la vivienda hay que notar que la variedad se extiende desde las que están construidas con material cocido de calidad normal hasta aquellas de material altamente deteriorable; curiosamente, el porcentaje de las mejores es igual al de las peores y, más aun, en general las edificaciones en Chacarita son mejores que las de otros barrios similares.
Sin embargo, habría que plantearse más severamente cómo entender inequívocamente el término población urbana, hasta ahora a menudo empleado displicentemente. ¿Es acaso urbana la población de las zonas ribereñas de Asunción? Algunos la califican de este modo por la mera circunstancia de hallarse en el interior de la circunscripción, pero el censo nos informa que más de la mitad de ella nació en el campo y que la gran mayoría de la otra parte constituye la primera generación nacida en el sitio. Lo cierto y evidente es que en lo cultural continúan siendo mínimamente urbanos.
Tampoco los analistas manejan siempre con diligencia el concepto de crecimiento demográfico cuando se refieren a las zonas marginales; por ejemplo, no en todos los casos discriminan el crecimiento vegetativo del producido por la migración, originando confusiones que sirven, eventualmente, a falsas ponderaciones, como aquella que al mostrar que el aumento poblacional de los barrios marginales es bastante más alto que el del resto de la ciudad, sin efectuar la discriminación citada, dejan la impresión de que el fenómeno debe atribuirse a la prolífica biología de la pobreza y no a la afluencia migratoria.
En relación a las actividades económicas tampoco son del todo confiables los datos levantados en el sitio. La apariencia más consolidada es que la ocupación permanente es allí una excepción y que casi todos transitan del empleo ocasional al subempleo, y a lo que últimamente los cientistas sociales han dado en denominar estrategias de sobrevivencia.
Los varones activan en la prestación de servicios ocasionales en la vía pública o en las residencias mientras que las mujeres lo hacen dispersamente en una gama de ocupaciones tales como las tareas domésticas, venta de alimentos, confección, etc. Los niños son lustradores de calzados, vendedores ambulantes, vigilantes de automóviles, pedigüeños y ladronzuelos. Por encima de ellos hay una franja que alcanzó el empleo estable en el comercio o se dedica a oficios tradicionales como la carpintería, plomería, albañilería, jardinería, etc., mientras que por debajo otra amplia franja medra de la mendicidad, la delincuencia y la prostitución. Actualmente comienza a desarrollarse el mal de las favelas cariocas: el gamberrismo asociado con la droga.
El grado de organización de la población de Chacarita puede considerarse variable y relativo a diversos factores. En tiempos de la dictadura los únicos organismos que tenían licencia para actuar en ella eran las organizaciones religiosas y la seccional colorada, esta última simultáneamente oficiaba de base local, de nudo distribuidor de solicitudes para organismos administrativos, de almacén, de dispensario y locutorio; era aun tiempo sede política y social, centro de diversiones y olimpo del prestigio barrial; necesariamente había que ser parte de ella aun no perteneciendo al partido, ya que sus roles terminaron superpuestos y confundidos con los de la municipalidad y de la burocracia en general. Toda pretensión de organizar, efectuar estudios de campo o simplemente observar con interés sociológico al barrio en materia que caía bajo la órbita de la seccional, casi siempre bajo su veto y no pocas veces disuadida convincentemente, si no con argumentos, sí con instrumentos contundentes.
Algunas concesiones ala ciencia social fueron arteramente obtenidos por grupos a veces mimetizados de catequistas o dispensadores de asistencia benéfica. Por otra parte, no pocos propagadores de la fe y practicantes de la caridad terminaron encontrando en Chacarita su camino de Damasco, aunque en la vía de retorno, es decir, más que descubrir a Cristo, a quien ya lo tenían descubierto, comprendieron a Marx; y enriquecieron su acervo evangélico con la lectura apasionada de los Manuscritos y con la exégesis del Manifiesto. Tanto el santoral cristiano como el socialista deberán muchos nombres a las experiencias en Chacarita durante la dictadura.
(*) Historiador y periodista. Su texto seleccionado corresponde a su obra "Historia del Municipio de Asunción", publicada en 1995. (Nota de Carlos Villagra Marsal).
1. Cf. Ordenanza N° 5.432 del año 1965.
2 Cf. "Efectos sociales de las inundaciones en el Paraguay”, estudio de la Conferencia Episcopal Paraguaya; pág. 86. Otra característica ponderable es el alto porcentaje de jóvenes y niños.
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Fuente: ORIGEN E HISTORIAS DE ASUNCIÓN DEL PARAGUAY. Autores: VER ÍNDICE (Enlace a datos biográficos y obras de los autores mencionados en la GALERÍA DE LETRAS del www.portalguarani.com ). Edición especial de Editorial Servilibro. Para ABC COLOR, Colección Imaginación y Memorias del Paraguay (7) © De la introducción: GUSTAVO LATERZA RIVAROLA. Editorial Servilibro, Asunción-Paraguay, 2007, 103 páginas.
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ÍNDICE
Propósito: RUBÉN BAREIRO SAGUIER - CARLOS VILLAGRA MARSAL
Introducción: GUSTAVO LATERZA RIVAROLA
Historia de mi ciudad (fragmento) - CARLOS ZUBIZARRETA
De cómo se quemó el pueblo de la Asunción - ALEAR NÚÑEZ CABEZA DE VACA
Festejos en honor de San Blas - MARGARITA DURÁN ESTRAGÓ
Diario y derrotero de los viajes que ha hecho - P. FRAY PEDRO JOSÉ DE PARRAS
La Asunción de antaño - RICARDO LAFUENTE MACHAÍN
La ciudad colonial - FULGENCIO R. MORENO
Capítulo XIV - RENGGER Y LONGCHAMP
Carta XXIV - J.P. Y M. ROBERTSON
El renacimiento - HIPÓLITO SÁNCHEZ QUELL
Asunción en aquellos tiempos (1912) - ARTURO BRAY
La Chacarita - GUSTAVO LATERZA RIVAROLA
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PROPÓSITO
Esta Colección de doce volúmenes, que hemos denominado IMAGINACIÓN Y MEMORIAS DEL PARAGUAY tiene, según sus apelativos lo sugieren, el objeto de alcanzar a la mayor cantidad posible de lectores testimonios directos, memorias e interpretaciones de nuestra historia patria y de los avatares de nuestra identidad nacional, vale decir, de nuestro pasado caudaloso de infortunios como de instantes de épica generosidad y eminentes temporadas de realizaciones políticas y de cohesión social.
Al propio tiempo, la Colección incluirá textos significativos de nuestro imaginario, tomando en cuenta que la poesía y la narrativa se constituyen con frecuencia en registros más iluminadamente intensos de la condición, los anhelos, vicisitudes, denuncias y esperanzas de un pueblo.
Para plasmar ambos objetivos, integramos esta docena con libros de triple progenie: unos, aunque relativamente accesibles, tan representativos que su inclusión resulta imperiosa en el conjunto; otros éditos en folleto o en libros de escasísimo tiraje, la mayor parte aparecidos en el siglo XIX o a principios del siglo XX, por lo cual resultan ahora inhallables y su publicación un verdadero rescate; por último, textos rigurosamente inéditos y de tal modo valiosos, que nos parece sorprendente que no hayan visto la luz hasta ahora.
Para lograr una mayor amplitud en términos forzosamente breves, tanto en cantidad como en número de páginas, en algunos de los volúmenes se inserta una pluralidad de autores que escriben sobre idéntico material, y de quienes se introducen sólo fragmentos lo suficientemente comprensivos de textos más extensos, como se ha hecho en los libros sobre la Guerra Grande y la ciudad de Asunción. Con el mismo criterio, en alguna ocasión se publica una antología, en el caso bilingüe, tal la de la poesía en guaraní.
En otras oportunidades, los textos son una selección de carácter unitario de los mejores fragmentos o capítulos de un autor y un libro determinados.
Por fin, hemos procurado presentar las diferentes tendencias y reflexiones en la interpretación de nuestro pasado histórico, cuyos hombres y hechos siguen aún siendo ejes de polémica, incluso por quienes poco o nada conocen sobre el particular.
Bien sabemos que es imposible cifrar en doce libros lo dicho y escrito sobre un sitio que desde hace cinco centurias ya se había constituido raigalmente como nación. Pese a ello, creemos que la maestra es lo bastante representativa como para entreabrir el entendimiento y proseguir el diálogo sobre nuestra categórica individualidad paraguaya
RUBÉN BAREIRO SAGUIERCARLOS VILLAGRA MARSAL
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INTRODUCCIÓN
Esta edición N° 7 que da continuidad a la empresa de divulgación cultural asumida conjuntamente por la Edito-rial Servilibro y el diario ABC Color, bajo la dirección de Carlos Villagra Marsal y Rubén Bareiro Saguier, pone en manos del público una selección de noticias históricas, de vívidas impresiones e ilustrados testimonios acerca de Asunción, de sus orígenes, de su configuración urbanística y edilicia, de los hábitos que vio arraigar en sus residentes, de su varia y llamativa tipología, en fin, de las peculiaridades suyas que llamaban la atención del visitante y que daban impulso vigoroso a la pluma del cronista maravillado.
Asunción es de las pocas ciudades fundadas con vocación de capital. Nació capital de la conquista y la colonización de aquel inmenso territorio que Carlos I concediera al ilustre granadino don Pedro de Mendoza, en Toledo, aquel jueves 21 de mayo de 1534, bajo un luminoso cuarto creciente de luna vespertina, la cual auguraba, desde el claro y alto azul del cielo castellano, glorias y venturas insospechadas para los soldados y vasallos que emprenderían la conquista del Río de Solís.
Don Pedro debía, a cambio de los envidiables gajes y regalías obtenidos en la capitulación, remontar el río de Solis – “o río da Prata", según lo susurraban ya ávidamente los portugueses-, develar y anotar sus vados, sus pasos difíciles, evaluar cauce y cuenca, registrar meandros y afluentes, reconocer bancos e islas y, por supuesto, posesionarse de él o de cualquier otro camino fluvial que condujera al imperio incaico, y, por supuesto, desde donde retornar pletórico de aquellas riquezas deslumbrantes que Pizarro exhibiera triunfal ante la estupefacta corte del Emperador.
Los que piensan que Asunción fue mero producto de lances azarosos en un juego de sucesos fortuitos, que su existencia se debe más a la trama que la historia urdió por su cuenta, sin intervención de planes humanos ni designios sobrenaturales, están quizás un tanto más cercanos a la verdad que aquellos que le atribuyen ser el resultado de la voluntad de ese parvo contingente de valerosos y audaces conquistadores, conjurados para vencer o sucumbir en la empresa. A medio camino entre lo prevenido y lo fortuito, entre lo provisorio y lo definitivo, Asunción y sus habitantes iniciaron un recorrido histórico que, en ningún momento de todos los que hasta hoy vivió, dejó de provocar a sus asombrados visitantes, sea para desconcertarlos, acogerlos o rechazarlos, a veces para encantarlos y otras apabullarlos, mas nunca provocar su indiferencia.
Los fragmentos que se compilan en este volumen no son suficientes para expresar completamente lo que esta ciudad fue y devino en sus casi cinco siglos de existencia; pero, en cambio, si son capaces de proyectar imágenes que, aun fragmentadas, permiten reconstruir el itinerario de su trayecto y, al modo como se recomponen los mosaicos de un mural bizantino, armar de ese modo las piezas principales, confiando a la imaginación la cobertura de los inevitables espacios vacíos.
Arranca este volumen con el principio del primer capítulo de "Historia de mi Ciudad", de Carlos Zubizarreta, pieza de alcurnia literaria que despertará el apetito estético e intelectual de los lectores. Sin duda, se trata de la más encantadora descripción que se haya ensayado acerca del acto de asentamiento de la Casa Fuerte "Nuestra Señora de la Asunción". El lector hallará reunido en el mismo plato el magnífico talento literario del autor ensamblado con su erudición histórica. Constará cómo el esqueleto del simple relato de los hechos resulta prodigiosamente encarnado con los músculos de la prosa brillante y con los colores y vibraciones de la poesía.
Le sigue una relación del ilustre caballero don Alvar Núñez Cabeza de Vaca quien, ya aposentado, en calma, a la sombra de los naranjos en su Sevilla natal, hizo recorrer nuevamente a su memoria los millares de senderos que sus pasos de conquistador de pura raza hollaran a lo largo de su vertiginosa existencia, recuerdos que plasmó en su "Naufragios y Comentarios". Rescatamos de don Álvar Núñez el relato del muy mentado incendio de la Asunción primigenia, sucedido el 4 de febrero de 1543.
El tercer fragmento es extraído de "Los Templos de Asunción", de Margarita Durán Estragó, en el que la historiadora describe una de las festividades asuncenas tradicionales -quizás la más antigua-, la de San Blas, patrono de la ciudad, fiesta que naciera en las barriadas de los bajos que hoy denominamos Chacarita, disfrutada y animada por los mestizos, pardos e indígenas que allí habitaban, fiestas que luego fueran asumidas como oficiales por las autoridades del Cabildo asunceño, durante casi dos siglos hasta extinguirse, en vísperas de la independencia nacional.
A continuación se transcribe una parte del "Diario" de Fray Pedro José de Parras, publicado a mediados del siglo XVIII y recuperado por R. de Lafuente Machain en su "La Asunción de Antaño". En un agradable y sucinto relato, el padre Parras describe con sencillez cautivante el aspecto y el temperamento de la Asunción de esa época, de sus habitantes y, en particular, de tina cosa que sedujo su atención: la yerba mate y su muy apreciado consumo.
El mismo Lafuente Machaín es el autor del texto con el que se continúa. Se trata del primer capítulo de su obra mencionada, en el que vierte su propia impresión de la capital paraguaya, la que recogiera hacia los años veinte del siglo recientemente pasado. Pero no sólo la suya sino también la de muchos otros. Este relato es una invitación a leer los demás, los que están retenidos en su "Asunción de Antaño".
El sexto fragmento está extraído de "La Ciudad de la Asunción", del eximio historiador Fulgencio R. Moreno, el primero en dedicar una investigación exclusiva para esta ciudad. En este capítulo describe Moreno el aspecto que ofrecía el centro histórico asunceno durante los últimos años de la Colonia, consignando tan abundantes datos y detalles del conjunto urbanístico como de los usos y costumbres de la población. Nos muestra la capital que teníamos precisamente al momento de nuestra independencia.
Prosigue el itinerario con una descripción fiel y elocuente de los intentos del Dictador Francia por reformar el casco céntrico de Asunción cuadriculando su planta. Sin apasionamiento ni particular afección, los cronistas suizos Rengger y Lomgchamp refieren los desordenados afanes urbanísticos del dictador y la destrucción y otros daños que causara al vecindario. Otra mirada británica a la Asunción bajo la dictadura francista nos ofrecen J.P y M. Robertson en sus muy celebradas crónicas "Letters on Paraguay", de las cuales escogimos la Carta XXIV que describe el mercado de Asunción en 1838, así como otros paisajes urbanos y de los suburbios asunceños.
Detalles edificios, estilos, vestimenta y costumbres del tiempo de don Carlos A. López son descritos por H. Sánchez Quell baja el título de "Renacimiento", en el cual transcribe palabras de otros autores, en particular el muy singular de Ramón I. Cardozo sobre la evolución del vestido en las clases altas asuncenas, y agregando uno suyo sobre Elisa Lynch y la impronta que esta mujer grabara en esa pequeña y modesta aristocracia en formación.
El décimo fragmento reproduce la muy amena y detallada narración que hace Arturo Bray de la Asunción de 1912, en la que combina la pintura del escabroso momento político con la de sucesos y menudencias de la vida social, así como la cotidianeidad de las calles, bares y negocios céntricos. Sin olvidar nada en su inventario, Bray nos cuenta de los portentosos aparatos que arribaban a Asunción, improvisando una brevísima historia de los medios modernos de transporte. El tren, el tranvía, el automóvil y el aeroplano vienen juntos con las óperas, el cometa Halley, y una crítica mordaz a las noveles peluquerías de señoras.
El último texto fue extraído de "Historia del Municipio de Asunción", de autoría de este prologuista, que reclama la atención sobre un barrio asunceno casi tan antiguo como la ciudad misma, la Chacarita, descrita tal como se la ve en estos días, cuando su gradual extensión y poblamiento la fue convirtiendo en lo que es actualmente, tan extremadamente distinta, compleja y conflictiva como la conocemos, faja que, bordeando la ciudad formal, sin adentrarse en ella y sin excluirse completamente, se las arregla para conservar intactas sus peculiaridades al tiempo que pugna por la modernidad.
Este lienzo de crónicas, descripciones, juicios objetivos o sentimentales, elegías y semblanzas nostálgicas de Asunción que edita Servilibro y lanza ABC Color, no son sino parte de las muchas que no cupieron en el estrecho marco de nuestra edición. De seguro servirán pues de estímulo para procurar esas otras que, desperdigadas en las obras de los cronistas jesuitas, de Aguirre y de Azara, de Ildefonso Bermejo, de Mariano Molas, de George Masterman, del Príncipe Luis D'Orleans, de Richard F. Burton, de Alfredo L. Jaeggli, de nuestros eminentes historiadores Cecilio Báez, Manuel Domínguez, Justo P Benítez, Efraím Cardozo, Carlos Pastore y Rafael E. Velázquez, en la minuciosa e ilustrada información técnica y valuación estética que nos proveen Juan Giuria, Ramón Gutiérrez, Beatriz Chase, Mabel Causarano y J. J. Bosio, todas las cuales estarán siempre como materia dispuesta para quienes aun no hayan quedado satisfechos con estos fragmentos escogidos por Carlos Villagra Marsal y quien suscribe. - GUSTAVO LATERZA RIVAROLA - Asunción, agosto de 2007
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