Recomendados

martes, 31 de agosto de 2010

TALLER CUENTO BREVE - SIN RENCOR. CUENTOS SOBRE LA GUERRA DEL CHACO / Edición al cuidado de MANUEL RIVAROLA MERNES y LUCY MENDONÇA DE SPINZI - Año 200


SIN RENCOR
CUENTOS SOBRE LA GUERRA DEL CHACO
TALLER CUENTO BREVE
Dirección:
HUGO RODRÍGUEZ-ALCALÁ
Edición al cuidado de
MANUEL RIVAROLA MERNES y
LUCY MENDONÇA DE SPINZI
Asunción - Paraguay
Octubre 2001 (166 páginas)

.
INTRODUCCIÓN

El Taller Cuento Breve que dirige el Dr. Hugo Rodríguez-Alcalá es el primer taller literario que se fundó en el país y está próximo a cumplir su vigésimo aniversario.

Desde su creación ha venido funcionando ininterrumpidamente y se ha caracterizado por rendir un grupo mayoritariamente femenino, conformado por las actualmente más destacadas escritoras de nuestro medio.

Este es el octavo libro que publica el taller, pero es la primera vez que se encara un tema en común, aunque -como podrá apreciarse en la lectura de la obra- cada cuentista mantiene su propio estilo.

Esta obra nació del deseo de rendir un homenaje a los protagonistas -muchas veces anónimos- de la epopeya chaqueña de 1932 a 1935.

Pero este no es un libro en el cual se describan operaciones bélicas, tácticas de ataque y defensa o implicancias militares, aunque se las mencione ocasionalmente; este libro sí se propone rescatar en forma literaria la caballerosidad, el mutuo respeto y la noble dimensión humana que demostraron los combatientes de uno y otro bando en muchas oportunidades.

Una vez más, la literatura como expresión de arte, intenta preservar del olvido algunos episodios, recuerdos y relatos, ciertos e imaginarios, que forman el acervo anecdótico de la Guerra del Chaco.


UN ENEMIGO
.
Octubre 4
.
Iba yo al frente de mi Compañía
cuando, tendido en el camino,

lo encontré. Me miró con ojos ya vidriosos.
Movió unos labios lívidos,

alzó una mano vacilante
y, muy dificultosamente, dijo:

-¡Agua, agua, por Dios, sólo una gota.
Era su voz un apagado grito.

Me arrodillé a su lado,
limpié aquel rostro ya amarillo

y cubierto de polvo,
y le di de beber. Un gran gemido

exhaló el boliviano moribundo
y expiró. No sé qué me dijo

o qué quiso decirme,
pero aquellos opacos, fríos ojos de vidrio,

me mirarán eternamente
y eternamente agradecidos.
.
HUGO RODRÍGUEZ-ALCALÁ


.
ÍNDICE / INTRODUCCIÓN

.
*. HUGO RODRIGUEZ-ALCALÁ : FRENTE A LA PUNTA BRAVA DE BOQUERÓN: SETIEMBRE, 1932 / LA CANTIMPLORA

*. CARMEN BÁEZ GONZALEZ : LO INEXPLICABLE / UN PERRITO EN LA TRINCHERA

*. MARÍA IRMA BETZEL : EL RECUERDO / VUELO DE DESPEDIDA

*. STELLA BLANCO DE SAGUIER : EL RESCATE / LAS NUEVE ENFERMERAS DE HERRERA

*. MARÍA LUISA BOSIO : ESTO PASÓ / ESTO... TAMBIÉN PASÓ

*. STELLA COSCIA DE MARTINO : LA CORONA DE PÚAS / DURANTE LA TREGUA.

*. DUNIA CHÁVEZ GONZÁLEZ : EL SOLDADO / AMOR DESPUÉS DE LA GUERRA.

*. CARMEN ESCUDERO DE RIERA : EL PRISIONERO DE GUERRA / TRES AÑOS MENOS UN DÍA.

*. MAYBELL LEBRÓN : SED / OCASO SIN SOL.

*. LUCY MENDONÇA DE SPINZI : AQUELLA SIESTA / SILVER.

*. LUISA MORENO SARTORIO : BOQUERÓN.

*. DIRMA PARDO CARUGATI : ENCUENTRO EN LA SELVA / ENTRE DELIRIOS Y CERTEZAS.

*. MARGARITA PRIETO YEGROS : LA MADRINA DE GUERRA / POMBERO BOLÍ.

*. MANUEL RIVAROLA MERNES : LA TREGUA NO PACTADA / EL HOMBRE DE LA HORA

*. YULA RIQUELME DE MOLINAS : EL ÚLTIMO ACTO / LAS ALAS DEL GUERRERO
.

EPÍLOGO

En la guerra del Chaco la actitud de los soldados de ambas naciones enfrentadas fue muy similar.

No existió rencor, sino más bien un extraño sentimiento de solidaridad ante el sufrimiento impuesto por una naturaleza implacable que infligía más bajas que las balas.

El escritor boliviano ROBERTO QUEREJAZU CALVO, en su libro "MASAMACLAY", reproduce una carta escrita por un soldado el 23 de octubre de 1933.

La transcribimos porque resume el espíritu de este libro, y culmina con la palabra "perdón". Perdón que nunca será suficientemente pedido u ofrecido, y que ayudara a cicatrizar definitivamente las heridas que se infligieron dos pueblos hermanos:

"Es necesario que sepas todo lo que me pasa aquí, para que cuando regrese no te extrañes de comprobar que el niño iluso y romántico que se separo de tu lado, ya no es el mismo. Es necesario que tú y todos los de retaguardia sepan lo que esta guerra está haciendo en nuestros cuerpos y en nuestras almas, para que al regreso no nos reciban como a extraños. Antier ocurrió algo horrible. Los paraguayos seguían insistiendo en romper nuestra línea y nosotros en defenderla. Poco antes del atardecer atacaron una vez mas... Yo estaba en un agujero armado de una ametralladora liviana.

De pronto, al cesar el fuego de la artillería, oí gritos y vi sombras de color verde olivo que avanzaban ocultándose detrás de los árboles. Dispare mi arma y la volví a cargar. Vi nítida la silueta de un soldado enemigo que se lanzaba a la carrera, llevando un fusil en la mano y una granada en la otra. Estaba muy cerca. Cerré los ojos y apreté el disparador de mi ametralladora, sintiendo como se sacudía entre mis brazos con su carcajada siniestra de medio minuto. Cuando mire nuevamente hacia delante, un grito de terror se ahogo en mi garganta. Allí, a pocos pasos, estaba tendido el soldado paraguayo convulsionándose en los estertores de la agonía. Su brazo derecho había quedado extendido y su mano, con el dedo índice apuntándome, me señalaba con un gesto de acusación "Tú, tú me mataste".

"Caí de rodillas, sollozando, pero el miedo me hizo incorporar de nuevo, obligándome a no apartar la vista de aquella figura yerta ya. El combate cesó poco a poco y llego la noche. La luz de la luna dibujaba arabescos en el suelo con las sombras de las ramas. Quería huir de aquel agujero y de aquella mano que me señalaba implacablemente, pero el terror me paralizaba. Sentí fiebre. Los ojos velados del muerto me parecían dos ascuas que me quemaban las entrañas. La mano crispada, con el índice extendido, me parecía a ratos una tarántula pálida y gigantesca que iba a saltar sobre mi garganta. Fue una noche de horror que me es imposible describir No sé cuántas horas pasé velando a mi víctima, rezando y llorando por él... y por mí. Le pedí perdón y le dije una y mil veces: "¡Yo no te mate; te mato la guerra!"

"Posiblemente mi angustia acaba por agotarme y caí desfallecido. Cuando desperté, estaba amaneciendo. Creí que todo lo sucedido no había sido sino una pesadilla. Me incorpore temblando y atisbé por entre los troncos de mi refugio... El muerto seguía allí, en la misma postura... con su brazo derecho extendido, pero con un gran suspiro de alivio note que su mano ya no me acusaba... sino, más bien, me hacía un gesto de perdón ".
.
NARRADORA INVITADA:
DUNIA CHÁVEZ GONZÁLEZ : Nació en La Paz, Bolivia. Pertenece a una familia de ilustres políticos. La misión diplomática de su esposo la trajo a residir en el Paraguay por algunos años. Así se relacionó con algunos miembros del Taller Cuento Breve. Comenzó a escribir narraciones en las que recordaba a su país natal, con sus características y costumbres. Anteriormente, en su patria había sido periodista y llegó a publicar varios artículos, notas y relatos en diarios de Bolivia y México: Cuando el profesor Hugo Rodríguez-Alcalá, que combatió en la Guerra del Chaco, propuso que los integrantes del taller escribieran narraciones sobre el conflicto bélico que enfrentó por tres años a dos países hermanos, Dunia fue la más entusiasta en adherirse al proyecto y elaboró dos cuentos especialmente para este libro que ya estaba en proyecto. Lastimosamente, Dunia Chávez y su familia han regresado a Bolivia, pero ella ha dejado los cuentos para su publicación y se ha llevado, junto con sus recuerdos, una nueva ambición: escribir más cuentos.

EL SOLDADO
"Por qué del inferno verde solo Dios se acordara", dice la cueca (1) y yo lo siento así. Nunca podré olvidar el Chaco. Me alistaron a los 17 años, venía del lago, donde el cielo se confunde con el agua y el viento canta triste. Era feliz.
Los nevados saludaban mis amaneceres, la wiphala (2) era el símbolo de mi Patria, nunca había imaginado otro paisaje. El frío me calaba hasta los huesos cuando salía a sembrar con mi tata, pero luego el sol "Inti" (3) me ofrecía sus suaves rayos.
Hoy, con mis 80 años, puedo decir con orgullo que soy benemérito y cobro una pensión cada mes, pero mis ojos no dejan de recordar aquel infierno, donde en noches de luna llena los muertos siguen gimiendo de dolor.
El día en que me llevaron a la ciudad y me dieron un uniforme, hasta me sentí orgulloso pese a que las botas me lastimaban y, podían ser mas lindas que las abarcas, a las que mucho extrañaba. Me subieron al camión con otros Ilocallas (4) que, igual que yo, venían del campo. Cuando me alejaba del Illimani, mis ojos se nublaron y no tuve el valor de despedirme. El paisaje fue cambiando, todo se volvía verde, el calor subía y sentíamos que era otro mundo. Empezamos a extrañar las energías de nuestras montañas, y la fortaleza de nuestro clima frío.
Buen tipo era el capitán, nos hablaba de la guerra con Paraguay, “¿Que será Paraguay?" nos preguntábamos, y el capitán nos reñía, diciéndonos: "Ignorantes, es un país limítrofe, que está junto a Bolivia, y Bolivia no es solo su sayaña (5), es un inmenso territorio, que ahora debemos defender".
Como me iba imaginar aquello, si yo nunca pensé en pelear. Nos dio un fusil y nos enseñó a cargarlo. Llegamos a Villa Montes donde el calor era insoportable, si no hubiera sido por la coquita (6), no creo que podríamos haber aguantado. Pero eso no fue nada, luego de algún tiempo, una madrugada, nos llevaron al frente, selva verde, infierno, calor y muchos bichos, donde no se podía dormir. Antes de llegar muchos se enfermaron de disentería. Bien grave había sido.
El capitán gritaba: Todavía no han disparado ni un tiro y ya están mal, ¡carajo! ¡Qué podré hacer con semejante ejército! Yo, como, muchos, llorábamos como wawas (7); queríamos volver a nuestros pueblos. ¿Acaso nos importaba esta guerra; acaso esas tierras algún día serán mías? El rojo, amarillo y verde eran los colores del patrón. Yo amaba mi Wiphala y mi lago Titicaca.
Llegamos a un fuerte, de nombre raro, Boquerón, donde me encontré con el hijo del patrón y con mi maestro de la escuelita. Me puse muy contento. Ahora todos éramos iguales, comíamos lo mismo, dormíamos igual y los bichos nos hacían mierda a todos. Además, ya no tenía que inclinar la cabeza cuando me hablaban. Los días pasaban y el agua se acababa, la coquita también, la situación se tornaba muy difícil.
Éramos 180 hombres esqueléticos y, enfrente teníamos un ejército acostumbrado al medio. "Boquerón abandonado sin refuerzos ni metralla, eres la historia del soldado boliviano", cantábamos, con harta sed y hambre. "Los pilas", que también creían defender lo que les pertenecía disparaban a mansalva. Veía como herían a mis amigos, las balas mataban, todos caían. El miedo que sentía se iba convirtiendo en valor. El capitán nos daba ánimos. Tenemos que defendernos. No debemos caer, y nuestra Wiphala tiene que flamear. Pero la sed y el hambre nos mataban, nuestras fuerzas ya no daban, la Pachamama (8) nos había olvidado.
Una granada de mortero hizo que el cuerpo del capitán explotara. Todo se me nubló. Bien lo recuerdo y tengo miedo.
Cuando me desperté, estaba en un hospital, una linda morena me preguntó si me sentía bien. No sabía dónde estaba, el médico le habló extrañamente, luego supe que eso era el guaraní, así como el aymará, pero un poco más suave.
"Bolí, te has salvado por milagro, la vida es la vida, prisionero o no, estás vivo, y tuve que amputarte una pierna". Me mantenía mudo, no respondía, mi capitán ya no estaba, tampoco el patroncito, ni mi pobre maestro. Todo había desaparecido.
Me llevaron a Asunción, bien bonita, llena de naranjos, flores y árboles, hartos éramos, pero, como yo tenía una sola pierna, no me destinaron a construir la carretera; me quede en el cuartel, de zapatero.
Los pilas bien buenos habían sido, ellos también sufrían por sus muertos, todas las tardes los soldados me invitaban a tomar terere, y yo recordaba mis hojitas de coca, el calor me hacía daño, pero nada podía hacer contra él; remendaba botas y cantaba huayñitos (9) tristes en aymará recordando el lago y mi choza de barro.
Pasó un tiempo y, un día todo fue fiesta, abrazos, - "Bolí, se terminó la guerra", me dijo un "pila" amigo, "volverás pronto a tu casa"
Ya no volví al lago, me dieron una medalla, y me quedé en La Paz a remendar zapatos. Desfilo el 6 de agosto con mi calatraba, y sigo cantando "porque del Infierno verde sólo Dios se acordará".
Por DUNIA CHÁVEZ GONZALEZ
1 Baile boliviano, con pañuelo, música alegre
2 Bandera aymará formada por cuadrados con los colores del arco iris
3 Palabra aymará referida al Sol como una deidad
4 Niño en aymará
5 Parcela en tierra
6 Diminutivo de la hoja de coca
7 Bebe en aymará
8 Madre Tierra
9 Música triste aymará

AMOR DESPUÉS DE LA GUERRA
El tiempo. Cuántas cosas indescifrables guarda esta palabra: el devenir, el ir, el hacer o el dejar de hacer pero, sobre todo, recordar, o, mejor dicho, retrotraer momentos que nunca fueron nuestros, que nos los contaron, que se impregnaron en nuestra mente y luego de mucho pensarlos deseamos sacarlos a la luz. Por eso ahora, en este lugar lejano, pretendo unir los hechos en un cuento.
Sucedió durante la guerra entre Bolivia y Paraguay que dejó, como dejan todas las guerras, un rio de sangre y enemistad cuyas heridas tardaron en cicatrizarse.
Alicia era una joven muy blanca, de ojos negros, nacida en el valle cochabambino, de familia conocida y adinerada. Su abuelo, militar de estirpe, fue uno de los principales "conductores" de esa guerra, desde su escritorio, claro está, donde mandaba y ordenaba planes y ataques, sin haber pisado nunca el frente de batalla. La familia de la joven, fanática patriotera, no pensaba en el desastre del enfrentamiento; simplemente veían en el "patriarca" de la familia al máximo héroe bélico. En este ambiente la joven llegó a tener terror por los "pilas", (que era como los soldados bolivianos denominaban al "enemigo" paraguayo, por no usar zapatos).
Todos los sábados, Alicia acompañaba a su madre al cuartel a ver al abuelo, para saludarlo ya que, con tanto trabajo apenas si pasaba por la casa. Escuchó por la radio que habían arribado a Cochabamba algunos prisioneros paraguayos; que habían sido alojados en el Cuartel General. Ella, entre asustada y curiosa deseaba conocerlos, constatar si eran reales los relatos del viejo sobre el salvajismo de los "pilas". Esperó el sábado con ansias. Se levantó muy temprano, se acicaló y esperó por su madre, quien tardaba en las labores domesticas; pasadas las diez, por fin, salieron rumbo al cuartel.
En cuanto llegaron, Alicia, luego de saludar y besar a su abuelo, decidió dar una vuelta por el patio; vio a lo lejos que unos soldados desarrapados y muy pálidos trabajaban abriendo un pozo; se acercó advirtiendo que los uniformes gastados no eran del color que usaban los soldados bolivianos. Se dirigió con respeto a un joven que llamó poderosamente su atención, por sus bellos ojos verdes y una sonrisa plácida y llena de encanto; le preguntó quién era; el, con voz suave y acento parecido al de los cruceños, le explicó que era prisionero de guerra; se sintió conmovida, y ofreció al joven visitarlo seguido, para de ese modo, darle su amistad y consuelo.
Escuchó un saludo, y al volverse pudo ver al estafeta que enviado por su abuelo, le pidió que retornara a las oficinas, donde silenciosa y tensa, escuchó la reta del viejo militar, que muy enojado, le explico el peligro que corría al haber violado el reglamento, adentrándose, sin permiso, en el cuartel.
Alicia no pudo volver a ver al prisionero.
Pasaron los años y nunca logró olvidar esa sonrisa y ese acento musical de la voz del paraguayo. El conflicto llegó a su fin y el viejo general, sin más "planes", se decidió por la política. Fue designado subsecretario de la Cancillería. La joven tuvo que dejar su valle para ir a vivir a La Paz, sede de Gobierno.
Entre sus estudios y otras cosas más Alicia siempre encontraba un momento en el día para escribir cuentos, donde el héroe era el "pila" de los ojos verdes y la sonrisa cautivadora.
Un día su madre le comunicó que esa noche deberían asistir a un baile en Palacio y le sugirió que se pusiera linda y dejara de soñar con fantasmas, que el tiempo pasaba, y la joven nunca se enamoraba, soñando continuamente con su soldadito paraguayo.
Aquella noche el fulgor de luces le daba un toque mágico al salón, todo era elegancia y esplendor, Alicia estaba radiante, lucía hermosa, con sus rizos negros enmarcando su suave sonrisa.
Bailó con todos; un poco cansada caminó por el pasillo en busca de paz y, en un recodo volvió a ver aquellos ojos y la sonrisa del joven prisionero. Creyó que soñaba. El joven ya no vestía un sucio y raído uniforme sino, por el contrario, un elegante uniforme de gala.
Él se acerco para presentarse, Germán Caballero, Agregado Militar a la Embajada del Paraguay. Luego de mirarla fijamente y en silencio, le dijo que creía haberla soñado en las noches asuncenas llenas de fragancia a jazmín; le pidió una cita; ella emocionada, le recordó el episodio del cuartel y aceptó verlo el próximo domingo en la Plaza Mayor.
Volvieron a verse muchas veces. Alicia era otra, las horas se le hacían minutos. Estaba enamorada, él la quería apasionadamente, repitiendo en dulce guaraní su amor. Los encuentros se hicieron más frecuentes y románticos.
Germán le pidió unir sus vidas para siempre; ella se puso muy nerviosa pues sabía que su abuelo albergaba todavía rencor por los que él llamaba "sus enemigos"; que sería imposible contar con su padre o madre ya que el destino de la familia dependía de los designios del viejo.
Pasaba el tiempo y el amor crecía. Alicia ya no sabía que excusa tomar para salir de casa a verlo; su madre comenzó a preocuparse, pues le llegaron rumores de que su hija frecuentaba al joven y guapo militar.
Llamó a Alicia y le pidió explicaciones; la joven, desesperada, le dijo que era cierto y que nada le importaría si no la dejaban casarse con él, pues el joven la amaba apasionadamente y la había pedido en matrimonio.
Por su parte, el diplomático militar, decidió enfrentar al abuelo, y le pidió una entrevista en su Despacho.
El día estaba nublado. Alicia, temerosa y llorosa era consolada por su madre, quien ya había hablado con el abuelo sin mucho éxito.
El encuentro fue tenso al principio, el viejo rencoroso y el joven enamorado, se midieron. El General aseguró que su nieta jamás uniría su apellido al de un enemigo.
Él, tranquilo, le dio a entender que el enemigo nunca existió, que la guerra fue un exabrupto de la historia, y que el único Vencedor de esa contienda, en su caso, era el amor que sentía por la nieta. Como el viejo no era tonto, se dio cuenta de que con una negativa perdería lo que más amaba en la vida y, en un abrazo de paz como el de dos soldados en la trinchera del Chaco, le concedió la mano de su nieta.
Alicia y el "pila" se casaron y familias de ambos países iniciaron una relación que aún perdura.
Por DUNIA CHÁVEZ GONZALEZ
.
Enlace recomendado:
(Espacio del Taller Cuento Breve,
donde encontrará mayores datos
del taller y otras publicaciones en la
GALERÍA DE LETRAS del
Visite la GALERÍA DE LETRAS
del PORTALGUARANI.COM
Amplio resumen de autores y obras
de la Literatura Paraguaya.
Poesía, Novela, Cuento, Ensayo, Teatro y mucho más.

lunes, 30 de agosto de 2010

RAMIRO DOMÍNGUEZ - DITRAMBOS PARA FLAUTA Y CORO (POEMARIO, 1964) - Comentarios: JOSEFINA PLÁ y MARIO CASARTELLI.


DITRAMBOS PARA FLAUTA Y CORO
(1964)
Poesías de
RAMIRO DOMÍNGUEZ
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
DITRAMBOS PARA FLAUTA Y CORO
(1964)

Hombre
de par en par hacia el deseo,
te miro volviendo desde ayer;
medio olvidado de ti. Buscando
el último nivel del desespero.

Como una ruina que llega desde abajo
corroyendo la raíz hasta subir al tallo,
has incubado con lenta economía
-como destilan las abejas,
como almacenan las hormigas-
la hora de caerte con la flor en la mano.

Déjame que desate la teoría
de tus innumerables nombres;
a ver si juntos desciframos
la cábala de tus temores.

Porque
no puede ser que aquel raudal de
sangre que te viene de lejos
tenga que derramarse y morir
en cuajarones
fétidos.

Ni que sepas morar
-perforador del tiempo-
en el despeñadero de los días.

Tendrá que ser después,
ha de ser más arriba.
En un lugar más quieto. Alguna voz
más limpia,

que nos llame a dejar este camino viejo
hasta encontrar la brújula
que traíamos adentro.

I. ALLEGRO SCHERZANDO
.
Titire, tu patulae recubens
sub tegmine fagi
VIRCILIO
.
1
Tiempo de Pan absorto en la pradera.
La tarde equinoccial. Sin grietas.
Época del pecado inverniz, con el primer
escalofrío religioso en las venas.

Dafnis y Cloe en el balcón
haciendo mutis. Extenuados
en su amor infecundo.

Atrás las tías
-conversando en bisel-
sin descuidar un segundo.

Caín y Abel en riña
por dejar su zapato en el pesebre.

Si quieres que juegue contigo a "la
torre en guardia", dame tus zapos de papel
por mis botones de hojalata.

Zoilo, el mendigo, fabricaba trebes
para el enhollinado vientre de las ollas
y había mantecados de yapa en los almacenes.

San Francisco de Asís -el pastor de canarios-
tenía su casa a la vuelta.
Edad de Oro en que la leche hervía
bajo vellones de nata.
La risa
se vendía por nada. Y el dinero valía menos
que un trompo de madera.

Entonces, Don Jehová vivía entre nosotros.
Tenía barba, y usaba un poncho
de lana blanca hasta las pantorrillas.
Los chicos le pedíamos la bendición
cuando salía a tomar mate al jardín
chupando su lustrosa bombilla.

2
Sobre el paisaje intacto
Adán -hombre desde la arcilla-
yergue su mole piramidal
bajo la elíptica de los astros.

En su costado, hasta las ingles,
lleva una herida sin restañar, que su
mujer lava con aguas de benjuí. Y
lleva crenchas de rabino, sin rasurar.

Con solemnidad de levita,
recorre el jardín que le tocó cultivar,
dando su nombre a cada cosa
sin consentir en que Eva lo corrija.

Distingue así la yerbabuena
de la zarzaparrilla.

Al corochiré
de la piririta.

Cuando se harta de bautizar,
suelta un pii-pu rotundo que lo entona,
hasta sonrojar.

Y lleva a su mujer a dormir
porque quedan muchos nombres
que mañana quiere repasar.

3
¿Has visto a David, el Rey,
tocando el arpa para Jonatás
que se escapa, las siestas, para
jugar con él?

Dicen que dice su madre que ha de reinar
y, aunque todavía no ha matado a Goliat,
tira a la honda contra pajaritos
sin errar un pie.

En el campo, seguro de que nadie lo ve,
engola la voz, y canta frases oscuras
-de las que oyó al viejo Samuel-
proclamándose capitán
y el ungido de Israel.

Luego, abriendo su morral
con queso y tortas de miel,
hace su merienda a boca de jarro
mascullando sus rezos sin dejar de tragar,
hasta dormirse en la escala de Jacob
sin decir Amén.

4
Me gusta el viejo Sócrates
en su aire de anticlerical empedernido.
Cuando escribe sonetos a la antigua usanza
para insultar, "a sílabas contadas",
a los que llama chupacirios.

Sé que miente
cuando adopta sus posturas de cínico
pero, a pesar de todo, lo quiero
con su maldad indefensa que hace reír
a los niños.

Vuelto a casa, sus rencillas
de jarro y olla con Jantipa,
tienen visos de Comedia Antigua.

Pero lo que más rebulle en ella
es aquel mentado diálogo
con la hetaira de Mantinea.

Así que todas las noches,
después de tratarlo de sátiro y corruptor,
se persigna, y beligerante,
pone su escapulario entre los dos.

Cuando después, muy de madrugada,
ella se levanta para la primera misa,
este mi viejo histrión saca sus cuartillas
y escribe -sonetos anticlericales-
volcando todo el tintero
de la vigilia.

5
Para hablar de Odiseo,
hay que tener el brasero prendido
y hacer corro junto al fuego.

Porque sus mañas andan en boca de todos
aunque nadie las conozca
por entero.

Por ejemplo,
cuentan que por Calipso tuvo a Penélope engañada
desertando diez años de su tálamo.

Pero un glosador
-apócrifo, a no dudarlo-
añade que, en sus años de espera,
Penélope bordaba sus castos propósitos
para el divino Odiseo.

Aunque un pretendiente por cada noche
volvía a desatarle las hebras.

6
Con infantil algarabía,
ante una luna veneciana Don Juan
se abotona la camisa escarlata
para gastar su adiós a la vecina.

Merodeador del alba, eclipsa
de soslayo sus ojos gatunos.

Luce en el pecho
un alfiler de esmeralda. Y en la mano
un desmesurado carbunclo.

Mientras se atusa los bigotes
sonríe, y hace gargarismos
con el "Fígarooo... fíiigaro".

Cuando sale,
un trajín de persianas le persigue
mientras los canes a su paso
inician una danza de rabos
oliscando sus calcetines.

Algún pillo,
le endilga desde lejos:
-No mires tanto al espejo,
donjuanillo.

7
Desnudo el vientre de porcelana y oro,
Buda extático, cruza las piernas en la esterilla
sobre los pliegues de su kimono.

Sus ojos de jade petrifican el tiempo
mientras la palma de su mano indica
un NO mayúsculo a sus deseos.

Sobre una hecatombe de cojines,
el Sakia viejo mira a Gautama
por entre las axilas de sus geishas de lava.

Los diminutos perros de Pekín
y una cacatúa de Ceilán
hacen la delicia del mandarín.

Entre flores de almendro y abanicos de sándalo,
bosteza el viejo su modorra y desgano.

El Sakia-Muni, sigue solo y lejano
con sus ojos oblicuos
y un NO rotundo en la mano.

8
Fría y esbelta como una cariátide
Artemis, baja hasta la feria del Cerámico
para mercar sus tiras de jamón
y cerdo ahumado.

La sigue un coro de efebos, y a su paso
cantan penas de amor. Hay un muchacho
rubio como un panal, que su osadía
le roba un beso hasta morder sus labios.

Quién la invita a danzar. Quién otro
le confiesa al oído sus deseos.
Ella les hace oreja de burro
y echa a correr, lanzando por los ojos
dardos de fuego.

En el mercado, vocifera y puja
regateando, mientras le asalta al pecho
la comezón de ver cuántos le siguen
el bulto en vano.

Entre marineros y esclavos asirios,
Afrodita alquila sus favores. Las manos
procuran alcanzar sus ancas de potra;
y entre risotadas y palabrotas,
las miradas de todos van hacia la otra.

9
Si apenas con tu vida,
hombre económico, has podido allegar
lo necesario para envilecerte,
tu dirás, que raro sortilegio
te llevó hacia el dinero, hasta olvidarte
de lo mucho que vale
lo que perdiste a cambio
por un bledo.

Agrimensor del tiempo. Abultado
señor de bufetes en nogal y cuero,
generoso al revés. Tramoyista
enredado en bambalinas de lienzo.

No tengo para ti
más que la mano tendida
hacia tu vuelta, por el abrupto corredor
de un desolado silencio.

II. ANDANTE, MAESTOSO
.
Pásai tèchnai brotoisin ex
Promethéos
ESQUILO
.
1
Y dijo Dios a Adán:
Tú serás mi hijo, y a tu lado estaré,
a condición de que no me preguntes por qué.

Conoció luego Adán a su mujer
y tuvo hijos e hijas,
pero más tenía deseos de saber.

Así que se apartó de todos
y se olvidó de dormir y comer.
Empezó a mudar de semblante;
ni parecía dispuesto a responder.

Harto de hartarse,
quería sentir hambre y sed.
Le parecía insoportable
tener que ser feliz sin comprender.

Casi, pues, sin preguntarse
vino a dar con el cómo y el por qué.
Siempre, para cada respuesta,
algo dejaba atrás sin resolver.

Bajó hasta profundas cavilaciones
ávido y siempre lejos de entender.
Registró las tinieblas
buscando una luz que le dejara ver.

No encontró nada.
Pero perdió lo que tuvo
sin saber.

2
Abel se hizo hacendado,
y puso su establecimiento
de Doña Juana hasta Rincón.

Caín plantó cañadulce
más allá del arroyo Tambor.
Abel multiplicaba su hacienda
con el favor de Dios.
Se compró una casa en la ciudad
y dio a sus hijos fortuna y profesión.

Caín, con cupos y créditos,
iba siempre de mal en peor.
Si escapaba a la sequía,
con la helada su cosecha
se quemaba por leña en el fogón.

Cuando volvía de la fábrica
tenía a su puerta el arrendador.

Un buen día
le trajo Abel sus abogados
con títulos y una orden de expulsión.

Caín venía del hospital
con un hijo muerto de larga tos.

No quiso entender de desahucios;
ni estaba para argumento
más largo que su facón.

A Abel se lo llevaron sangrando
en el carro de su heridor
Caín escapó hacia Perulero,
y lo anda buscando una comisión.

3
Por entonces, Saúl
tenía un demonio en el cuerpo,
y David lo sabía bien.

Saúl no se fiaba del mancebo
pero más temía David al Rey.

Sucedió que, estando el muchacho
tocando el arpa a ruego de aquél,
el espíritu malo de Saúl
hubo de herir al joven. Y el arma
hincó a su lado la pared.

De aquella vez, huyó David
al monte, y empezó a vivir sin ley.
Se echó a contrabandista,
traficando en caña y petit-grain.

Alguien que conocía su afición
lo llevó al Brasil. Y allá se hizo artista
ganando fama y dinero a granel.

Saúl murió con Jonatás
en la revolución, poco después.
David volvía con su arpa
y un séquito como de Rey.

Cuando supo de los muertos,
lloró por ellos. Aunque más lloró por él.
Algo le previno que el espíritu
malo habría de dañarlo
-como a Saúl- a tiempo de vencer,

4
Sócrates fue víctima
de la superstición.

Se lo acusó de impío y amoral
porque nunca pagó diezmo
a la casta sacerdotal.

Hubiera querido salvarse,
pero no le dieron lugar.
Le ofrecían escapada
sólo a costa de su dignidad.

Por lo que se fingió blasfemo
para acortar el fallo
del Tribunal.

Ellos se persignaron
con santo miedo, condenándolo
por unanimidad.

Después -sólo después-
hubo llanto y tumulto en la ciudad.

Nunca se pudo saber
quién tomó para sí
la culpa de condenar.

Escribieron epitafios
solemnes. Y se erigió un monumento colosal.

El pueblo le atribuye milagros
viniendo hasta su sepulcro
en peregrinación a suplicar.

Una mujer de Mantinea suele bajar
con flores, cuando ya todos se han
retirado a descansar.

Jantipa llora, sin comprender.
Los muchachos comprenden, sin llorar.

5
Telémaco, por tanto,
entre Orestes y Hamlet, vacilaba
del propósito al fracaso.

Su madurez precoz, apresurada
con largas noches de frustración y llanto,
le ponía los nervios tensos y desapacible el ánimo.

Lejos de su madre, lejos de los pretendientes,
sólo aguardaba el retorno deseado.

Absorto en su pesar,
absorto en la llanura del mar,
se dormía con los ojos abiertos
y un juramento en los labios.

Tanto esperó, que se olvidó de Ulises,
se olvidó de su madre,
de su nombre,
del tiempo avizorado.

Después,
cuando le anunciaron que su padre volvía,
él se acostó a dormir
-aturdido y extraño-

6
A los cincuenta, Don Juan
es apenas un gallo sin plumas
más pronto a ser burlado
que burlar.

Las damas de caridad
le ceban tisanas en ayunas
para su achaque lumbar.

Su camisa carmesí
cuelga hace tiempo en el armario
con otros aparejos
de enamorar.

Sobre su antiguo esplendor,
se ha vuelto supersticioso y tacaño
guardando sus mendrugos encima
del aparador.

Para la misa de las diez
sale a tomar sol a la esquina
con el paraguas,
por si le acierta a llover.

Las chicas de la Normal
dejan billetes en el cancel
de su zaguán.

Sus misivas, son embustes
de amor que se remiten
"al pelón de Don Juan".

7
Buda, como una pagoda
azul disparada hacia el cielo,
fue liberando más y más
su alma de todo apego.

Se hizo extraño a los suyos
que por temor, lo envolvían
en cortinas de incienso.

Aún vivo, fue tenido por dios
sin conocerlo.

Los artífices
vendían su figura en coral
o palo de cedro.

Su nombre se perdió en el mito
quedando el Sakia-Muni
de carne y hueso
como un hermano segundón
sin gloria ni derecho.

Los contrabandistas del opio
lo mercaron en Londres y Nueva York
en anticuarios y casas de juego.

Ahora lo vemos en el tocador
de una mujer,
o en las Cancillerías
-con pasaporte extranjero-

8
Pero Diana envejeció también.
Como una fruta que madura intacta
fue secando su pulpa, hasta quedar
el carozo y la cáscara.

Los castos senos de la virgen fueron
sorbidos por el ansia.
Sus ojos se quemaron de tanto
asomarse a la ventana.

En el Cerámico,
cuece sus chuletas con ajo
y albahaca.

El acre olor despierta el apetito
de los que pasan.
Pero al verla, los mancebos huyen
como ante la Parca.

Sólo acuden dos beodos
obscenos, para humillarla.

-En un enjambre de nietos,
Venus abuela, pasa
como una matrona airosa
de todos alabada.

Tiene una sonrisa de desdén
para Artemisa.

Desde su altiva soledad,
la envidia Diana.

III. ADAGIO
.
Alors Tubalcaín, père des forgerons
construisit un village...
La Conscience
VÍCTOR HUGO
.
1
El viejo Adán, por tanto duelo
pidió el cordón de San Francisco
sirviendo de sacristán en un convento

Su mujer es lavandera en el pueblo
para poder ir a la cárcel
por Caín, llevándole algún bastimento

De tarde en tarde
suele salir don Jehová por el jardín
para acordarse de los chicos:

"...Si quieres que juegue contigo a la
torre en guardia..."

Ahora tiene una mucama gringa
que le ceba el mate
de mala gana

Cuántas veces quiso mandar por Caín,
perdonándole de corazón
toda su falta

Los abogados le dijeron
que sería cosa de poca plata

Pero su sordera lo aparta de todos
lastimándose
con quejas amargas.

2
Salmo de David. Para los hijos de los hombres
Salmo triste.
Para entonar en los atrios del Templo
sin el efod. Con el salterio
de cordaje simple.

-Cuando David, huyendo de Absalón
oyó a Semei decirle
improperios amargos-

Señor, yo también tuve
deseos y esperanzas humildes.
Tenía en casa de mi padre
el último lugar
entre los de mi estirpe.
No tenía más que un arpa. Y en el
bolsillo, mi honda de cazar perdices.

Tú pusiste en mis manos a Goliat
más un millón de guaraníes.

Pronto fui el Rey de mi pueblo,
porque pagaba todos los festines.
Me sentí dueño de vidas y haciendas.
Me apropié de lo ajeno
robando la mujer de quien venía a servirme.

Tú estabas en todo eso. Y aguardabas
la usura de lo que me diste.
Pero no imaginé que pudieras
quitarme concediendo,
ni que también al mal
impusieras un límite.

3
Penélope
con ritual parsimonia
dispone el baño para Ulises.

El esposo la mira. Y parece que quisiera
asumir un gesto.

Sus ojos lo traicionan confundiéndola
con Nausicaas o Circes.

(Si pensará
que trabajo me cuesta conocerla,
venido desde mis múltiples recuerdos).

Ella también lo mira
sin reconocer.
Se superponen, sin quererlo,
los rostros de sus furtivos pretendientes
ante los familiares rasgos
de Odiseo.

(Si sabrá que para mí el amor
es cantinela para las rondas infantiles).

Después,
las manos juntas,
se invitan hacia el tálamo.
Para soñar que no ha pasado el tiempo.

4
Víctima de una pasión senil,
Don Juan en el asilo de ancianos
vuelca su devoción en Artemisa.

Ella teje para su amante
una bufanda ridícula.
El ha perdido los dientes
y prueba sólo caldo de gallina.

Los dos, ateridos de miedo,
buscan la forma
de improvisar una familia.

Nadie los ve.
Pero ellos procuran ocultar
una ilusión que no termina.

5
-. Mensaje de don Jeováh:
Aquí estoy solo y triste.

-. Mensaje de Adán:
Estoy solo y triste.

-. Mensaje de Caín:
Estoy solo y triste.

-. Mensaje de David:
Estoy solo y triste.

-. Mensaje de Jantipa:
Estoy sola y triste.

-. Mensaje de Telémaco:
Estoy solo y triste.

-. Mensaje de Buda:
Estoy solo y triste.

-. Mensaje de Don Juan
y Artemisa:
Ambos seguimos solos. E irremediablemente tristes.

IV ALLEGRO ASSAI
.
¿Et quis est meus proximus?
LUCAS X, 20
.
1
No podíamos creer
lo que escuchábamos:
Al fin, hemos sabido
que corre otra versión
del mismo canto.

En ella, Don Jeováh
sigue dichoso en su jardín
con los muchachos.

En sus enormes latifundios
hizo lugar para la prole
de Caín.

Había empeñado sus arreos
y bombillas de plata
por conseguir a su gente
arados y rastras.

Los hijos de Abel,
han promulgado una ley
agraria.

San Francisco de Asís
-el pastor de canarios-
organiza una cooperativa
de productores de granja.

2
Cuanto ganó con su arpa,
David lo aplicó a los estudios
de Salomón.

El niño se destacó en la escuela,
trayendo a su casa el mote
de doctor.

Los vecinos vienen a escucharle
los domingos,
cuando él explica religión.

Puso un criadero de gallinas
y ha desviado un arroyo
para plantar arroz.

En la Junta Municipal
aprobaron su proyecto
de abrir un camino vecinal.

Le han ofrecido la alcaldía,
pero él está a gusto
en su lugar.

3
Muy antes de envejecer
Diana, hizo voto de castidad.
Para poder servir mejor
a los demás.

Ahora recorre la comarca
con cruz y sayal,
interesada en que todos
puedan tener techo y pan.

Le trajeron donaciones y ofrendas
que, con mano santa,
ella sabrá multiplicar.

Contra el sentido de la fábula,
los hijos de la estéril
son muchos más numerosos
que los de la Venus
del lugar.

4
Don Juan, optó por reconocer
a sus hijos naturales.

Eran tantos,
que hubieron de pedirle
una pensión graciable.

Cuando los tiene alrededor,
acaso le cueste recordar
a sus respectivas madres.

Pero no hay duda
de que son de Don Juan,
por alguna seña
y por el aire.

En vista de no caber
todos en casa de su padre,
se ha tomado por domicilio
común, el valle.


COMENTARIO SOBRE “DITIRAMBOS PARA FLAUTA Y CORO” (1964).
Por MARIO CASARTELLI

Aunque el fonema ditirambo -sobrenombre de Baco- implica cierto estado de arrebato expresivo, aquí todos sus trazos denotan lo contrario: la imaginación y el sentimiento regidos por una lúcida inteligencia. Este libro, de enlace musical, consta de un introito más cuatro movimientos. Es, a mi juicio, una obra cardinal en toda esfera. Aquí el poeta proyecta renovadas y plurales perspectivas de interpretación. Los tiempos se trasponen y entremezclan con seres reales e imaginarios, carnales y espectros, que se mueven entre la ironía y la piedad, la risa y la tristeza, la sátira y el drama. Miserias y riquezas, toda una gama de contradicciones que eslabonan la mítica originaria de este singular contra-punto poético.

INTROITO:
El espacio físico donde todo se desarrolla es reducido. Pero ad-quiere dimensión universal desde el primer poema-introito: el hombre volviendo desde ayer.../buscando el último nivel del desespero, en ese afán de encontrar una respuesta para la condición humana que se niega a aceptar ser simplemente un raudal de sangre que viene de lejos sin otro destino que derramarse y morir en cuajarones fétidos. No acepta morar nada más que en el despeñadero de los días. En ese punto el hombre se encuentra con sus cábalas y temores que lo están corroyendo. Pero él se niega a darse por vencido, y por eso la visión no resulta, finalmente, pesimista. El hombre aún está dispuesto a descifrar el por qué de las cosas. Curiosamente, en este poema -sólo en este- la ironía está ausente. Mas la piedad persiste.

I. ALLEGRO SCHERZANDO:
En el primer movimiento, el ámbito bucólico está dado por los nombres que al inicio representan a las gentes que lo habitan: Pan, Dafnis y Cloe. Pradera, campo, paisaje, todo aún intacto: Edad de Oro. Tiempo de inocencia. Los niños, Caín y Abel, riñen jugando frente al pesebre (trasposición de tiempo); David, que escapa las siestas para jugar con Jonatás, tira la honda contra pajaritos sin haber aún matado a Goliat. El antiguo Zoilo, el mendigo (el paradójicamente futuro sofista), fabrica trebes (palabra rescatada del habla popular campestre que, según Ramiro, menta a las tres patas de la holla de hierro) para limpiar el hollín de las ollas (después fregará el polvo dudoso de Homero, cuando apócrifamente difunda los amoríos secretos de Odiseo). Son estos, en fin, los delineamientos psicológicos que dan pie al universo poético de Ramiro Domínguez: Greco-latinos, paganos-cristianos, todos recorriendo el ámbito paraguayo, en época inverniz, con el primer escalofrío religioso en las venas.
Aquí el rasgo principal -ya está dicho- es la ironía. Todo se sustenta en una suerte de poesía narrativa. Narrativa, pero no explicativa. Y ello aguza el contraste entre lo real y lo imaginario: Sócrates, cuando no está en rencillas de jarro y olla con su esposa Jantipa, camina con aire anticlerical y escribe sonetos para insultar, "a sílabas contadas", a aquellos que él supone chupacirios.
Don Juan pasea su esplendor provocando la mofa alegre de algún pillo. En tanto, el Buda, estático, proclama con la palma de su mano un NO mayúsculo a sus deseos. Y se queda solo y lejano, como el Oriente.
La vida en ese pueblo es virginal. Todo está por hacerse: Eva escucha extasiada cuando Adán principia a dar nombre a las cosas. Entonces la risa se vende por nada. Y el dinero vale menos que un trompo de madera. Artemisa baja al mercado encendiendo en vano el deseo en unos cuantos efebos. Y Afrodita se entrega, resuelta, a quienes entre risotadas y palabrotas montan sus ancas de potra.
De pronto, el primer movimiento termina bruscamente con un texto llamativo -sumamente llamativo- en el que el poeta adopta una postura muy distinta a la suya ante los demás poemas que le preceden y suceden en todo el libro. Es el noveno, en cuya estrofa final su actitud es patética. No hay piedad ni ironía, sino silencio rotundo para un hombre envilecido por la sed de dinero: No tengo para ti/ más que la mano tendida/hacia tu vuelta, por el abrupto corredor/ de un desolado silencio. ¿Rechazo? Este gesto nos remonta a un cruel pasaje del Infierno, en el que Dante obra de manera similar ante un condenado.

II. ANDANTE MAESTOSO
Pasamos al segundo movimiento, en donde el plácido esplendor idílico adquiere movimiento y, paradójicamente, comienza a apagarse. Aparece Dios advirtiendo a Adán: Tú serás mi hijo,/y a tu lado estaré,/ a condición de que no me preguntes por qué. Este se casa con Eva y tienen hijos. Pero, desquiciado de sus relaciones comunes, le asaltan deseos de saber. No acepta ser feliz sin comprender. Y escarba en vano la tiniebla sin respuesta.
Sus hijos se dividen. Y la urdimbre social que empieza a destruir vínculos naturales refleja teorías rusonianas. Abel se hace hacendado con la complicidad de Dios, mientras el pobre Caín se ahoga entre créditos y deudas; y se le quema la cosecha y le acosan arrendadores. Abel le aparece entonces con abogados y una orden de expulsión. Pero Caín, que viene del hospital con un hijo muerto de larga tos, ya no soporta humillaciones, y hiere a su impío hermano y huye buscado por una comisión.
Todo se dramatiza. Saúl también hiere a David. Y este huye a vivir sin ley. Un día vuelve al pueblo y se entera de la muerte de aquel y otros amigos de ayer. Y llora en su desesperada soledad.
El pueblo acusa a Sócrates de impío y amoral/porque nunca pagó diezmo/a la casta sacerdotal. Pero Sócrates blasfema ante tal indignidad. Y todos le condenan, aunque después arrastran a escondidas el peso de la culpabilidad. Y en su memoria erigen monumentos y le atribuyen milagros. Sólo su amada Jantipa llora, sin comprender./ Mientras los muchachos comprenden sin llorar.
Todo conlleva densas reminiscencias literarias. Telémaco, mezcla de Hamlet y Orestes, espera el regreso de su padre, Ulises, para derrotar entre ambos a los oportunistas pretendientes del trono y de su madre. Pero, cansado de tanta espera, abjura, sin querer, de sus propósitos. Y, cuando al fin llega el padre, el hijo se acuesta, turbado, a dormir. La vida se degrada. Don Juan se vuelve viejo. Diana envejece también, y sólo borrachos se acercan a humillarla: se cumple, una vez más, el sabio vaticinio de Ronsard. Buda no es más que una efigie con la que mercaderes del opio comercian más allá de lejanísimas fronteras. Y la amustiada Diana mira con envidia a Venus, que cruza con su tropel de nietos, tiene una sonrisa de desdén para la doncellez ya inatractiva de Artemisa.

III. ADAGIO
Son los remolinos de la caducidad que nos conducen al tercer movimiento. Aquí los protagonistas meditan en torno a las cosas que perdieron y vuelcan sus miradas hacia los primeros tiempos andados. Eva se vuelve lavandera y va a visitar a su hijo Caín a la cárcel. Don Jehová piensa en las veces que quiso perdonar de corazón a Caín y no lo hizo. David entona nostalgias de su niñez y se arrepiente de posteriores actos. Y sólo entonces se percata de que el Señor siguió todos y cada uno de sus pasos.
Penélope y Ulises cohabitan con gris tristeza el tálamo ya inapetente. La vida no fue lo que uno quiso. Lo mismo ocurre con el ya anciano Don Juan y la ya rugosa Artemisa, que juntos tratan de revivir ansias lejanas. Pero, al final, se saben todos desolados, y repiten la letanía de que se sienten solos. E irremediablemente tristes.

IV ALLEGRO ASSAI
El poeta reserva una sorpresa en el cuarto movimiento. Es otra versión del mismo canto. Los protagonistas siguen dichosos en el jardín, sin enfrentamientos ni afrenta alguna. Don Jehová se pasea con Caín y su prole, con los hijos de Abel en ley agraria, y con San Francisco de Assis y su cooperativa de granjas. David nunca tuvo necesidad de huir y su aplicación lo convierte en mentor benefactor de la vecindad. Le ofrecen la alcaldía, pero él rechaza porque está feliz en su humilde lugar. Diana es casta, pero sólo para no desviar su fraternal servicio de repartir siempre pan para todos los demás. De este modo, todos pasan a ser sus hijos con mayor propiedad que la pródiga Venus del lugar. Y Don Juan reconoce a todos sus hijos naturales que, por no caber en casa, toman por domicilio común el valle. Es decir, son ellos que también somos nosotros.
.
Fuente:
Edición, estudio introductorio,
y notas de MARIO CASARTELLI.
Editorial El Lector,
Colección Poesía Nº 11,
Asunción – Paraguay
Abril 1996 (234 páginas).
Amplio resumen de autores y obras
de la Literatura Paraguaya.
Poesía, Novela, Cuento, Ensayo, Teatro y mucho más.

sábado, 28 de agosto de 2010

YULA RIQUELME DE MOLINAS - EL ÚLTIMO ACTO (CUENTO) / Fuente: SIN RENCOR. CUENTOS SOBRE LA GUERRA DEL CHACO - TALLER CUENTO BREVE (2001).


EL ÚLTIMO ACTO
Cuento de
YULA RIQUELME DE MOLINAS
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )

.
EL ÚLTIMO ACTO
El cielo umbrío de la medianoche vuelca tinieblas por la ventana. Tieso en el sillón de cuero, apoyados los codos en su escritorio, los puños prietos en las mejillas, el ceño fruncido, tensa la actitud, el capitán reflexiona... La habitación de paredes encaladas y techumbre muy alta convoca recuerdos. Cercado en su despacho por pianos y fotografías de la guerra que pasó, Pedro Altamirano pretende escapar a su idea fija. Sabe que el infierno quedó atrás y sin embargo, aun retumba en su cabeza el silbido de las balas. El humo azul de las explosiones permanece clavado en sus ojos. El vaho de la pólvora se pegó a su nariz y hasta el pan casero huele a cartuchos de artillería. Corre setiembre de 1935. En junio se firmó la Paz del Chaco. Es hora de que sus sentidos recuperen la normalidad. Aunque luego de tres años de combate, de lidiar al frente de sus tropas defendiendo la bandera, el territorio, los ideales..., se le hace imposible soslayar los infortunios de la guerra. Y claro, después de asumir que a treinta mil soldados se les apagó la vida en el campo de batalla, no puede retomar el cauce de su tranquilidad. No encuentra la paz verdadera, pese a haberla vitoreado por las calles de Asunción, en el desfile de la Victoria. Si, el capitán Altamirano condujo su regimiento al compas de sonoros clarines y a la sombra de cañones en virtuoso silencio. Es cierto que la muchedumbre aplaudió con entusiasmo. Pero el dolor colectivo que lo acompañó en el otro tiempo cercano todavía, se encarga de ponerle riendas a su felicidad. Además, le influye negativamente el último acto que vivió en el Chaco. Rememorar aquella ceremonia inconclusa no le ayuda, le hace dudar... Conste que María Teresa comprende sus dificultades y aparte de infundirle aliento, se esmera en los quehaceres domésticos: echa lumbre en el fogón, sazona los platos hasta alcanzar el sabor exacto de su deleite, entibia las sabanas conyugales. ¡María Teresa es digna esposa de un guerrero! Tampono tiene queja de sus compatriotas. El pueblo paraguayo aclama los laureles de la reconquista. En los países vecinos emiten elogiosos comentarios. El presidente Ayala premió su bravura: fue condecorado y ascendido. La gloria y la fama deberían proporcionarle satisfacción, reposo; y eso no ocurre. Aunque él se brindó a la patria por entero, se le niega la suerte de una paz interior. El desencuentro lo perturba. No da con su estrella. La misma que le prodigaba energía en el fragor de las contiendas, en las trincheras bien camufladas, en el cruce pertinaz de los disparos... O acaso, con su espectro mágico, su estrella aplacaba la arena calurosa, los labios sedientos; refrescaba el rancho de paja, el pastizal reseco. No regresó a la capital mientras duró la guerra. El rancho y los combates fueron el único paisaje; se adueñaron de sus días irremediablemente. Entregó sus fuerzas a la defensa del Chaco. Pero acabó la guerra y ahora, es preciso tomar el compromiso de su propio rescate. Como despertando de un mal sueño, Pedro se desmorona en el sillón de cuero. Trata de relajarse. Lo consigue en pocos minutos. Saca su agenda de la gaveta del escritorio, moja la pluma en el tintero, copia con letra uniforme: "Cita con el futuro". No es la primera vez que apunta esa frase. La tiene escrita con insistencia en su libreta de anotaciones. Representa sus votos con el destino, con el devenir impostergable. Aproxima el cuadernillo al quinqué. Deletrea las palabras. Las lee con detenimiento. Relee. Analiza el tenor de la expresión. Confía en su lucidez y tantea proyectar el futuro. Más algo falta para dar por cumplido aquel ciclo; para cerrar el pasado. Pareciera que la guerra le sigue sangrando por dentro, por las cicatrices indelebles que dejan las batallas. Y el repique imaginario de las ametralladoras (se?) vuelve obsesivo... Si, existe algo pendiente... En eso, escucha con certeza el aldabón de la puerta principal. Estalla en la noche mansa. Una y otra vez, madera y bronce redoblan. Pedro se incorpora con el farol en la mano. Parsimoniosamente, camina hasta la puerta. La abre. No hay nadie. Esta por retirarse, cuando descubre a sus pies, junto al rellano de la escalera, un minúsculo paquete liado en papel de seda. Se inclina. Lo recoge. Se mantiene comedido en sus acciones. Le gana la indiferencia y no desata la cinta que con los colores de la bandera boliviana enlaza el objeto de escaso tamaño. Lo ubica por inercia en el cajón del escritorio. Justo en el sitio donde antes de la guerra colocaba su medalla milagrosa de la Virgen de Caacupé. El santo cariz de la coincidencia rompe su apatía y recuerda un episodio que actualmente lo visita en caprichosa repetición: apenas firmado el Armisticio, él se despidió con especial afecto de un prisionero boliviano. Fue emotiva la ceremonia por el carácter singular de la misma: a pesar de la paradoja, ambos entablaron una increíble relación de camaradería en pleno Chaco. El boliviano había permanecido dentro del cuartel paraguayo guardando reclusión circunstancial. Cuando se conoció el "cese al fuego", los dos militares celebraron la concordia y se estrecharon efusivamente. Al desprender el abrazo, en prueba de amistad, a modo de alianza, Altamirano le ofrendó al extranjero su medalla milagrosa de la Patrona del Paraguay. El boliviano aceptó la joya con la promesa de una retribución que por motivos anónimos se estaba demorando. Así entonces, la consumación del último acto continuaba pendiente... A esta altura de sus recuerdos, en medio de la atmósfera sombría que rodea el aposento, a Pedro le surge una sospecha. Decide averiguar el contenido del diminuto envoltorio que le enviaron. Busca en el recoveco donde lo había dejado un rato antes. Lo rescata. Corta la cinta. Rasga el papel. Libera de su estuche el objeto. Es una moneda de oro con el escudo de Bolivia por un lado y en su reverso, el valor y la fecha de su flamante aparición. Dentro de la caja, en tarjeta personal, van los saludos del ex prisionero. Este detalle cortés, aparenta ser de simple formalidad. Sin embargo, en la mira del capitán, adquiere la significación de un símbolo: ¡Su estrella fulgura en la ventana! Para Pedro Altamirano, finaliza el último acto de la Guerra del Chaco.
.

YULA RIQUELME DE MOLINAS
Asunción, 23 de enero /2001.
.
Fuente:
SIN RENCOR
TALLER CUENTO BREVE
Dirección: HUGO RODRÍGUEZ-ALCALÁ
Edición al cuidado de
MANUEL RIVAROLA MERNES y
LUCY MENDONÇA DE SPINZI
Asunción - Paraguay
Octubre 2001. (166 pp.)
.
Enlace recomendado:
(Espacio del Taller Cuento Breve,
donde encontrará mayores datos
del taller y otras publicaciones en la
GALERÍA DE LETRAS del
Visite la GALERÍA DE LETRAS
del PORTALGUARANI.COM
Amplio resumen de autores y obras
de la Literatura Paraguaya.
Poesía, Novela, Cuento, Ensayo, Teatro y mucho más.

MANUEL RIVAROLA MERNES - LA TREGUA NO PACTADA (CUENTO) / Fuente: SIN RENCOR. CUENTOS SOBRE LA GUERRA DEL CHACO - TALLER CUENTO BREVE (2001).


LA TREGUA NO PACTADA
Cuento de
MANUEL RIVAROLA MERNES
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )

.
LA TREGUA NO PACTADA
.
(Batalla de Toledo: 22 de Febrero
-11 de Marzo de 1933)
.
La aviación boliviana viene bombardeando el fortín Toledo y ametralla sin oposición los camiones con abastecimientos que llegan a él por los senderos boscosos.

25 de febrero de 1933. Hace ocho meses que el Paraguay está de nuevo en guerra. Tan sólo pasaron 63 años de precaria paz, dos cortas generaciones, desde que la nación quedó casi aniquilada por la triple alianza. Hoy se las ve con el único vecino con quien no había combatido: Bolivia; vecino pobre como él, mediterráneo, como él, que había sido derrotado y desmembrado, como él; vecino que, paradójicamente, durante aquel trance trágico de su historia le ofreció 12.000 hombres para ayudar en la defensa.

Al ejército paraguayo no le restan aeroplanos. La media docena de desartillados "Potez" fueron enviados a Asunción para ser reparados. El puente aéreo al casi copado fortín Nanawa, dos meses antes, terminó por inutilizarlos.

Las caravanas de camiones que traen agua, víveres y vituallas a Toledo, para cubrirse del ataque aéreo, no tienen más remedio que internarse, chocando abruptamente los espinosos bosques.

El Capitán, comandante de compañía del Regimiento 5 General Díaz, desde su trinchera, observa aquel "Curtiss" boliviano, que ágil, impera los límpidos aires. Hace pasadas rasantes y arriesgadas maniobras antes de soltar su carga letal. El biplaza del Ctan. Arturo Valle y su observador el Tte. José Ardiles es líder indiscutido. Bajo las alas creen ver pintadas tres rayas negras, que dicen corresponder a la cantidad de aviones paraguayos derribados. Los otros nueve de la cuadrilla, menos arrojados, le siguen sin romper la formación de vuelo.

Convergen en el ánimo del Capitán paraguayo sentimientos contradictorios: impotencia, ira y admiración hacia el piloto enemigo que les brinda gratuito espectáculo, burlándose de ellos y de sí mismo. Anoche soñó ser un piloto y en su sueño se enfrento al intruso, pero justo cuando lo tenía en la mira y comenzaba a disparar, el golpeteo resulto ser de ollas y jarros para el cocido de la madrugada.

Apoya el caño de su ametralladora pesada contra una rama sostenida por dos altas horquillas, apuntando de esa forma hacia el cielo, y espera. Acaricia el aparato de puntería antiaérea fabricado en el Arsenal de Asunción y colocado el día de ayer. "Veremos que tal funciona. Tendré unos 10 grados de movilidad y una fracción de segundo. Debe aparecer por el noroeste hacia las siete, aunque a veces lo hace desde el Sur. Tarde o temprano pasara por encima. Cedes a la tentación de exhibirnos su máquina. Cuestión de paciencia." - pensó.

Pero esa mañana se vino directo desde el Norte, como desafiando al destino. El piloto enemigo intuyo ese final que le ofrecía la expiación de una culpa recubierta de triunfalismo, que le negaba paz a su espíritu. ¿Cómo borrar esas imágenes talladas en su retina? Jóvenes vidas, como la suya, segadas impunemente desde lo alto, como si se pisara un hormiguero, sin presenciar agonías, ni escuchar lamentos.

Desde la trinchera, el Capitán apunta unos metros delante de la carlinga y comienza a disparar. Se da vuelta y nota que el avión enemigo no vira, como era de esperar. A la distancia divisa claramente un bulto desprendiéndose, mientras el aparato cae sin control.

Todo el regimiento corre hacia el avión derribado en el campo de nadie, incluyendo al Comandante de Cuerpo y otros jefes.

El barbado piloto yace acribillado en la cabina y el ametralladorista, unos 400 metros más adelante, muerto sin una herida. En el apuro, se había eyectado sin tener el cinturón de seguridad puesto.

Los bolivianos, absortos, conmovidos, aunque en apresto para el asalto del día siguiente, no disparan a la multitud enemiga y salen a su vez de sus trincheras buscando una mejor vista. ¡Extraña y espontanea tregua ante la baja de un mortífero ídolo!

La noticia luego en minutos a Isla Poí, cuartel del Comandante, y de allí se telegrafió a la Capital.

As de la aviación boliviana derribado desde tierra por ametralladoristas», iniciaría un titular de prensa al día siguiente.

Una voz al teléfono solicita permiso al Comandante Gral. Estigarribia para enterrar al piloto enemigo según el ritual cristiano y con honores militares "como lo hicieron los bolivianos el año antes en Zaavedra cuando derribaron un avión paraguayo".

- Además, el piloto fallecido tuvo un comportamiento honorable. Ha evitado atacar hospitales de campaña y poblaciones civiles a su alcance - enfatizo la voz.

Tras rápidas consultas con Asunción, se decide realizar la ceremonia en un cañadón, fuera del Fortín, esa misma tarde. La decisión es comunicada al Comando Boliviano advirtiéndole que no serán molestados si quisieran hacer pasadas de despedida a la hora convenida.

El rubio y canoso prusiano, Comandante del ejército boliviano, relee la curiosa misiva y se la pasa a su ayudante, quien luego de leerla, exclama:

- ¡Podríamos hacerlos polvo, mi general!

El Comandante le mira con gesto de reprobación... y duda, mientras piensa. Luego levanta el teléfono y da algunas órdenes.

- ¡Urgente! ¡Que me envíen por avión eso que le mencione, atención especial para los paraguayos!

Las tres de la tarde. Dos rústicos féretros son transportados por el Capitán y otros oficiales con sus mejores uniformes. Se los deposita sobre unos caballetes. Unos quinientos de tropa asisten a la ceremonia. El capellán, tras breves palabras, bendice a los difuntos cubiertos por una improvisada bandera de su país. La barba rojiza del Ctan.
Valle ahora resalta más sobre su blanquísimo y clásico semblante, mientras que el lampiño rostro cobrizo del Tte. Ardiles ostenta la impavidez de su raza. Se cierran las tablas. Suena la diana seguida por una descarga de fusilería.

Desde el oeste se escucha el rumor ronco de los motores de la escuadrilla boliviana que se acerca. Esta vez son más. Los presentes resisten el habitual impulso de huir bajo los árboles, como lo han venido haciendo. Más de uno levanta levemente la cabeza y mueve nerviosamente los ojos.

Pasan rasantes con un ronco zumbido que lo cubre todo... y dan la vuelta. Se dirigen muy bajo hacia el entierro. Se abren las compuertas inferiores. El cielo se cubre con una rutilante polvareda de colores que cae mientras los aviones se pierden hacia occidente.

¡Son flores!, silvestres flores del Alto Chaco.

MANUEL RIVAROLA MERNES.
Fuente:
SIN RENCOR
CUENTOS SOBRE LA GUERRA DEL CHACO
TALLER CUENTO BREVE
Dirección: HUGO RODRÍGUEZ-ALCALÁ
Edición al cuidado de
MANUEL RIVAROLA MERNES y
LUCY MENDONÇA DE SPINZI
Asunción - Paraguay
Octubre 2001. (166 pp.)
.
Enlace recomendado:
TALLER CUENTO BREVE
(Espacio del Taller Cuento Breve,
donde encontrará mayores datos
del taller y otras publicaciones en la
GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
Amplio resumen de autores y obras
de la Literatura Paraguaya.
Poesía, Novela, Cuento, Ensayo, Teatro y mucho más.

MARGARITA PRIETO YEGROS - POMBERO BOLI (CUENTO) / Fuente: SIN RENCOR. CUENTOS SOBRE LA GUERRA DEL CHACO - TALLER CUENTO BREVE (2001).


POMBERO BOLI
Cuento de
MARGARITA PRIETO YEGROS
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )

.
POMBERO BOLI (1)
El futuro fortín Toledo, era un sitio ralo, accesible por todos lados que lucía en el centro un solitario árbol de guayacán, con sus ramas extendidas como brazos y un tronco envejecido por más de cien años de soledad chaqueña.

A principios de 1931, el teniente paraguayo Rafael Cristaldo fue encargado de edificar los ranchos de adobe y paja para hospedar a la tropa y a los oficiales.

El teniente llego al lugar acompañado por veinte reclutas adolescentes, todos campesinos, sin oficio definido, a quienes se debía enseñar de todo.

Pese al esfuerzo de acarrear el agua desde el fortín Corrales, pronto los ranchos fueron tomando forma a espaldas del enhiesto guayacán. Durante la construcción, para evitar el ataque de serpientes y alacranes, los hombres pernoctaban en hamacas colgadas de postes de quebracho.

Cada noche, las sombras se colmaban de extraños ruidos que angustiaban a los soldados con la imaginación de seres misteriosos. Cuando el sol asomaba sus primeros rayos, comenzaban los comentarios:

- El pombero, petiso y moreno, se paseo silbando entre nuestras hamacas durante la noche.

- El pombero me toco los pies cuando dormía.

- El pombero fuma cigarro y alumbra como las luciérnagas.

El inteligente y enérgico teniente Cristaldo, a la hora de la formación, amonestaba a la tropa:

- ¡Basta de cuentos de pomberos! - ¡Los pomberos no existen!

- ¡Prohibido inventar historias de pomberos!

No obstante, ante la posibilidad de que algún boliviano disfrazado de pombero se hubiese aventurado en el campamento paraguayo, el oficial decidió realizar una patrulla de reconocimiento con cinco fusileros a pie.

Comenzaron por caminar hacia el fortín Corrales y, minutos después de iniciada la marcha, encontraron en un atajo, huellas de zapatones extraños. Se agacharon a observarlas y a pocos pasos de ellos descubrieron "virutas frescas" al costado de un corpulento quebracho, sobre cuyo tronco, el teniente encontró escrito a punta de cuchillo: "Saludo cordialmente a los camaradas pilas del fortín Toledo. Capitán Ustares." (4.1.31.)

Estupefacto y abochornado en su condición de oficial paraguayo ocupante del lugar, el Teniente Cristaldo permaneció inclinado y en silencio largo rato. Después regreso a Toledo con los cinco fusileros.

En el fortín comentó con la tropa la novedad y preparo una celada para capturar a los espías bolivianos que merodeaban en los alrededores de Toledo.

Planearon dormir en el pajonal cercano, fuera de las habitaciones cuyas puertas dejaron abiertas.

Apenas anocheció, los paraguayos se mimetizaron en el pajonal decididos a esperar el avance de los espías bolivianos. Estos no se hicieron esperar y con las sombras de la noche, llegaron formados en sigilosa fila india, imaginando que los paraguayos se habían mudado al fortín Corrales.

A la medianoche, el teniente Cristaldo rompió el silencio disparando varios tiros al aire y gritando: "¡Tiren los fusiles al suelo! ¡Que nadie se mueva! ¡Ríndase capitán Ustares!"

Así cayeron prisioneros siete soldados bolivianos y el menudo capitán que resulto ser el famoso patrullero boliviano Víctor Ustares, apodado por los paraguayos "Pombero Bolí"

Al término del enfrentamiento, el Capitán Ustares le pidió al teniente Cristaldo la devolución de su pistola. El oficial paraguayo se la devolvió, en un gesto de cortesía, sin balas, aunque vio que en el fondo de la canana tenía varias de reserva.

Después ordenó a un sargento que condujera al Capitán, a través de un oscuro pasillo, hasta una habitación con candado y guardias a la puerta.

- ¡Por fin terminamos con la historia de los pomberos! - dijo para sí el teniente mientras se dirigía a su cuarto. Allí estuvo largo rato de pie junto a su catre de campaña, pensando que era ridículo trancar la puerta, única ventilación de esa rustica habitación.

Evocando las leyendas de pomberos narradas por sus abuelas sintió esa molestosa sensación que en su infancia le recorría el cuerpo dejándolo desvelado cuando la puerta no se cerraba.

Finalmente decidió dormir con la puerta cerrada y apagó la luz.

Lo despertó a media noche un sargento para informarle a gritos que el Pombero Bolí se había ido a través de la puerta candadeada, sin que nadie se animase a detenerlo.

(1). Pombero: personaje de la mitología guaraní: señor de la noche. Anuncia su presencia con un silbido. Prendas de tabaco u otros comestibles podrían aplacar su acoso. También así se llamaba a los "espías" paraguayos durante la guerra contra la Triple Alianza, quienes se comunicaban entre sí mediante silbidos y a mas de procurar información en el campamento enemigo, solían aprovechar su presencia para levantar algún bastimento o provista. La fama del "pombero", como duende, se extendió al campo enemigo, causando un supersticioso recogimiento en la soldadesca, lo que ayudó en sus andanzas
.
MARGARITA PRIETO YEGROS.
.
Fuente:
SIN RENCOR
CUENTOS SOBRE LA GUERRA DEL CHACO
TALLER CUENTO BREVE
Dirección: HUGO RODRÍGUEZ-ALCALÁ
Edición al cuidado de
MANUEL RIVAROLA MERNES y
LUCY MENDONÇA DE SPINZI
Asunción - Paraguay
Octubre 2001. (166 pp.)
.
Enlace recomendado:
TALLER CUENTO BREVE
(Espacio del Taller Cuento Breve,
donde encontrará mayores datos
del taller y otras publicaciones en la
GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
Amplio resumen de autores y obras
de la Literatura Paraguaya.
Poesía, Novela, Cuento, Ensayo, Teatro y mucho más.

DIRMA PARDO CARUGATI - ENTRE DELIRIOS Y CERTEZAS (CUENTO) / Fuente: SIN RENCOR. CUENTOS SOBRE LA GUERRA DEL CHACO - TALLER CUENTO BREVE (2001).


ENTRE DELIRIOS Y CERTEZAS
Cuento de
DIRMA PARDO CARUGATI
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )

.
ENTRE DELIRIOS Y CERTEZAS
Y terminó la guerra. Aniceto Gamarra volvió a su pueblo después de tres años de combate. Traía una condecoración de metal dorado con una cinta tricolor prendida en la chaqueta y varias cicatrices en el cuerpo.

Y traía también sus pesadillas a cuestas; alucinaciones que reviven durante el sueño aquellos momentos de horror. Por eso, Aniceto casi no duerme. Cuando lo hace, vencido por el cansancio, oye el helado silbido de las balas, el fragor de los morteros, ve el resplandor de las explosiones, huele la pólvora, la aspira y ese olor le penetra y galopa en su sangre como una droga alucinógena; siente en la piel el miedo, ese miedo que genera coraje, ese coraje que tal vez sea solo instinto de supervivencia.

Sí, Aniceto guarda todo en la memoria, pero va aprendiendo a domar sus recuerdos y hasta puede llegar a acariciarlos en sus remembranzas, ya en la certeza de que todo pertenece al pasado y en la seguridad de que el está a salvo, fuera de ese infierno.

Cuando regreso al pueblo, todos querían ver al héroe y escuchar sus relatos, las mil y una peripecias de aquella larga contienda. Pero eso fue al principio. Después, se fueron hastiando de escuchar siempre lo mismo, pese a que Aniceto para amenizar sus narraciones, agregaba episodios pintorescos, detallaba sus arriesgadas misiones y describía carácter y figura de los conductores de la contienda como si hubieran sido sus íntimos amigos y estos le hubieran revelado todos sus secretos.

- A mí, una noche el general Estigarribia me conto luego cual era su plan estratégico para el cerco de El Carmen...

- Anínati, Aniceto, nde yapú jeyma (1).

Como en su versión de la guerra, Aniceto (que nunca pasó de cabo) era siempre el protagonista triunfante, en el pueblo le pusieron el de “Chaco jara” (2) que suplantó definitivamente, como muestra de respeto a su edad, al irreverente mote de tarová (3) que cuando era joven le agregaban a su nombre como si fuera un apellido.

Porque los años, implacables, corrosivos, han ido deteriorando el cuerpo y la mente de aquel que un día fuera un muchacho fuerte y guapo, minándolo de dolores físicos y perturbándole, por momentos, la comprensión del tiempo y el espacio.

Aniceto vive en el Cuartel de la Victoria, un hogar para veteranos, del cual cada tanto se escapa y al que siempre vuelve, desilusionado por no hallar el rancho de su madre.

A veces insiste en ganarse unas monedas cuidando coches. Ahora que llegó el invierno, la beneficencia le regaló un poncho y una gorra que le vienen muy bien para ese oficio. Al anciano le gusta andar por la Terminal de Ómnibus porque en las salas de espera siempre encuentra a alguien de su pueblo, aunque ya casi ninguno es de su generación.
Pero no importa, en cuanto entabla conversación, el comienza con sus relatos:

- ¿Saben que pasó cuando terminó la guerra? ¡Cómo picó van a saber si ustedes no habían nacido!. Esperen que les cuento: el 8 de julio de 1935, a las ocho de la mañana el general Estigarribia llegó en avión a Puerto Merino a encontrarse con el general Peñaranda, el Presidente boliviano. Yo estuve ahí y vi todito. Se saludaron como amigos. Nuestro gran conductor sacó su pistola del cinto. Yo me asuste grande. Pero Estigarribia le regaló su arma al enemigo – cué (4) y le dijo que ojala esa pistola "nunca dispare a un hermano". Lloramos todos. Después, el 23 de julio de ese mismo año, Peñaranda vino a Puesto Victoria. Hubo banquete, discursos y guitarreada. Al final, el boliviano sacó de su bolsillo un reloj de oro que le entregó a nuestro general y le dijo: "De hoy en adelante ojala este reloj solo marque horas de paz". ¡Qué mucho que aplaudimos!

- Aniceto, ya estas mintiendo otra vez - le recrimina amistosamente un compueblano.

Y todos ríen; nadie le cree. Qué pena, porque exactamente eso ocurrió.

(1). Nde yapú jeyma: estás mintiendo otra vez
(2) Chaco yara: dueño del Chaco
(3) tarová: loco
(4) cué: sufijo que significa algo pasado. Enemigo-cue: ex enemigo.
.

DIRMA PARDO CARUGATI.
.
Fuente:
SIN RENCOR
TALLER CUENTO BREVE
Dirección: HUGO RODRÍGUEZ-ALCALÁ
Edición al cuidado de
MANUEL RIVAROLA MERNES y
LUCY MENDONÇA DE SPINZI
Asunción - Paraguay
Octubre 2001. (166 pp.)
.
Enlace recomendado:
(Espacio del Taller Cuento Breve,
donde encontrará mayores datos
del taller y otras publicaciones en la
GALERÍA DE LETRAS del
Visite la GALERÍA DE LETRAS
del PORTALGUARANI.COM
Amplio resumen de autores y obras
de la Literatura Paraguaya.
Poesía, Novela, Cuento, Ensayo, Teatro y mucho más.

RAMIRO DOMÍNGUEZ - ZUMOS (POEMARIO, 1962) - Comentarios: JOSEFINA PLÁ y MARIO CASARTELLI.

ZUMOS
Poesías de
RAMIRO DOMÍNGUEZ
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
Grabados de LOTTE SCHULZ
Ediciones ALCOR
Asunción – Paraguay
1962

.

A mi madre
que me enseño a rezar.

A mi padre
que me enseño a leer.

Al Rdo. César Alonso mi preceptor,
que me enseño a decir.


.
“TODA POSÍA - dijo un poeta entrañablemente nuestro- debe servir”. Quizá este postulado haya contribuido a desorientar alguna joven vocación. Porque no es fácil siempre discernir entre servicio y servidumbre, y toda servidumbre desmerece la poesía cuanto al mismo poeta.
Sin embargo, servir es el signo de la auténtica poesía. No es poesía aquella que esencialmente no sirve. Pero para servir a los hombres, la poesía ha de empezar sirviendo al poeta. Este no libera las almas de los demás sino en la medida en que alcanza a liberar la propia.
No siempre pues poesía de combate, pero siempre poesía de clamor. Poesía en que el poeta levante al hombre soterrado y sin voz hasta el brocal del grito. Hacia este norte de esencia y finalidad se encamina la poesía paraguaya de hoy. El presente poemario inaugura una ruta personal hacia ese vértice de signo y designio.
Una lírica no es inevitablemente una filosofía; pero es imprescindiblemente una fe. Y por tanto un mensaje. El de Ramiro Domínguez asciende desde lo profundo del ser descuajado de su ámbito. El poeta se inicia dando voz a la angustia indiferenciada que nos envuelve y anega como marea espesa y silenciosa. Ensaya acento solidario a la medida de esos hombres sin canto. Pero pronto vivencias milenarias compartidas irrumpen con su carga urgente desde el subsuelo del ser, y brotan los poemas del exilio, que es como decir los poemas del regreso.
Este regreso, auténtico en su gravitación, no es sólo el literal de un hombre a su centro nativo: Es también el de todo un pueblo al ámbito de su configuración en el tiempo y en el espíritu. Y hasta el de la humanidad hacia una conciliación con olvidados ritmos telúricos (Tal vez si hubiese que definir la poesía de hoy diríamos que es poesía de destierro. El hombre de la hora es un expulsado, un ser en éxodo, para el cual el planeta mismo se hace poco a poco materia desmesurada de extrañamiento)
Un lenguaje agrio, sorpresivo, plástico, construyendo un clima bronco en que no falta la ráfaga breve de una ancestral ternura; lenguaje con color y violencia de paisaje recién descubierto, pero organizado con patente sabiduría de laberinto, da cauce en ecos versiculares a este mensaje situado en el filo del tiempo,
JOSEFINA PLÁ
.

ÍNDICE
INTRODUCCIÓN
POESÍA :
*. ZUMOS : La rendición del labriego / Llanto por el labriego rendido / Setiembre es pronto / El niño de las alojeras
.
*. Enlace: CAÑA AMARGA / EL CREDO PARA EL OFICIO DE TINIEBLAS. Fuente: Fuente: El trino soterrado. Paraguay : aproximación al itinerario de su poesía social. Tomo I - Autor: LUIS MARÍA MARTÍNEZ - Edición digital: Alicante : Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2002 N. sobre edición original: Edición digital basada en la de Asunción (Paraguay), Ediciones Intento, [1985].
.
*. POEMAS DEL EXILIO
.
POESÍAS
LA RENDICIÓN DEL LABRIEGO

Es urgente que llegue el fracaso
para estallar en luz el cauce de mis venas.
Ya el abismo ha dicho al abismo: Sea.
Subieron las aguas y se abrió la compuerta.

Ven y mira, si puedes,
la pradera anegada y la siembra perdida.
Hasta allá y hasta allá
donde alcanzas a ver y más, fue un día
germinal esperanza estremecida
-cuenca de mi sudor y mis alegrías-.

He removido los surcos con mis manos enormes:
ya no queda ni rastro.
Hasta allá y hasta allá
donde alcanzas a ver, derramaron mis manos
el grano de mi develo y mis fatigas

-Hermano. Ya no puedo
mirar lo que fue gloria de tu ánimo,
mar de tus dilatadas aventuras,
el afán de tus amaneceres,
tu amiga vesperal.
La cuna
que meció tu esperanza almenada de espigas.

Ven y déjalo.
De mis trojes repletas
tendrás el grano para la nueva siembra.
Mi pan será tu pan, y será mía tu pena.
-Ya no.
Vuelve, y déjame aquí.

El suelo aguarda el grano que está dentro de mí.
Se irán las aguas, y bajaré a dormir
en medio de los surcos.

Me acostaré y me estiraré.

Hasta allá y hasta allá
donde alcanzas a ver, y más, se esparcirán
las semillas de sangre que me punzan las venas.

Y cuando el sol madure las espigas
vendrás a recoger con los vecinos
mi cosecha más crecida.
Y te harás un pan con lo que sobre de la trilla
para las noches largas de tus desiertos días.

LLANTO POR EL LABRIEGO RENDIDO
Que no se diga, si ha muerto, que se mató de miedo.
-Yo le vi, y le conozco:
tenía, acaso, demasiada fuerza para seguir viviendo.

Golpeaba el suelo al caminar
como corcel piafante.

Sobre el fornido cuello, la nerviosa cabeza
parecía un enjambre.

Por el pecho y los hombros
le bajaba un torrente de músculos y sangre.

Pero traía en las manos
una avidez de espigas que lo dejó delirante.

-Porque no supo esperar
hasta la nueva cosecha del año entrante-.

No se mató de miedo:
tenía, acaso, demasiada fuerza para seguir viviendo.

Sólo que se le anegó su suelo.
Y no creía en la virtud
de los granos nuevos.

Por eso se vino una tarde
con una sarta de flores en el sombrero
y se preparó una guirnalda
de viejo viñatero
para tenderse en el campo hasta mojarle el sereno.

Y no se diga, si ha muerto, que se mató de miedo:
Yo le cerré los ojos,
y parecía esperar al lucero del alba
para empezar de nuevo.


SETIEMBRE ES PRONTO
Nunca setiembre para mí.
Yo soy de Tauro, y en abril
el aire huele mejor.
Aquí donde la tierra nos entrega al sol
como la yesca
y la sangre se amelaza de sudar
hasta ponerse negra,
el bochorno nos aprieta y hace crujir
en su viejo trapiche de madera.
Y el viento norte siempre igual
en verano y primavera.

Luego la sed, reptando en los maizales
alborota la siesta,
hasta que el rocío de la noche se haga pronto pavesas.

El sueño -qué queda para el sueño-
no más que un lerdo desmoronarse con los
ojos abiertos
y el sabor acre a yerba mordiendo la
garganta.

Pronto despierta el mosto sus alcahueterías
y sube a la cabeza, como una quemazón de
mediodía.
La voz se enreda en canto. El canto enhebra
un sueño y en el sueño, la sangre se encandila:

-Pero, quítenme de enfrente esa presencia de salivas
ése que me está mirando con ojos de policía.
Que yo no sé cómo ni dónde me conoció
para embadurnarme su sonrisa.

Y que yo sé que no me pide nada
más que este acero que se me encabrita
para arrancarle una constelación por los ijares.

-No quería, madre,
morirme tan temprano, sin que repicasen.
Pero ya viste que no tiene cuenta
trepar hasta los sobrados de la tarde.
Porque no supe que el mosto
se lo bebe en abril, cuando refresca el aire
ni que setiembre sabe a limón para los sementales.
Y que puntea de cruces los caminos
todos los sábados de tarde.

EL NIÑO DE LAS ALOJERAS
Ya no vale la pena.
Díganles que no vuelvan.
Que esta noche me desocupen la iglesia
y que me dejen sólo la ventana entreabierta.

Ya no quiero hacer todos los años
con el maíz y la naranja
para que me preparen el patíbulo
también todas las Pascuas.

-En Villa Rica el Niño Cristaldo
y el Niño de Praga.
Frente por frente,
el Crucificado de Semana Santa.

La mayordoma quiere un pesebre
con pacurí y granadas.

-La caña de Castilla
para el Calvario:
el pesebre sólo ha de ser de ramas.

No hay flor de coco. Traigan un ramo
de resedá.
Si faltan velas,
del Crucificado me las darán.

Y avisen al venir la banda
que el Niño está acá.

No sea que la de enfrenta
saque su Santo en Navidad.

Noche de alojas y de campanas,
qué campanero repicará.
Al Niño Cristaldo
me lo han puesto desnudo sobre el altar.

-Si he de nacer en Villa Rica,
que me dispongan un pañal.

Noche sin noche.
Luna como de día
-el melón y la sandía-

No tenemos nieve ni tenemos pinos
pero, si tienes calor,
te dejaron mosto en el cantarillo.

-Y no me vengan esta noche
con caña de Castilla:
para el Calvario, queda tiempo todavía.

-Que abran todas las puertas,
y díganles que vuelvan.
Hoy naceré en la plaza
con el maíz y la naranja.

Para morir en Villa Rica
volveré a ser Niño Cristaldo
y después, Niño de Praga.
.

Enlace a

COMENTARIO DEL POEMARIO ZUMOS (1962)

Por MARIO CASARTELLI
Hay poetas que logran percatarse de cuándo acaba una etapa y comienza otra en su crecimiento poético. Ramiro Domínguez es un ejemplo: cada fase de su obra es una renovada tentativa de expresión; cada libro, irrepetible. Esto lo demuestra a partir de este volumen. Aunque, también mantendrá ciertas características definitorias de su acento.
En los seis poemas de la primera sección del libro, el poeta entronca su voz con la voz de los desheredados hombres del campo. Ya el título es sugestivo: LA RENDICIÓN DEL LABRIEGO. Las manos rústicas y enormes en vano se esfuerzan ante la tierra que niega sus frutos. Y la queja del labriego es sobrecogedora: Ven y mira, si puedes,/ la pradera anegada y la siembra perdida.
Pero en el aspecto formal del texto hay dejos clasicistas que conspiran contra la consistencia del poema. En esta pieza, escrita en castellano, aún no se percibe la reflexión de Ramiro en torno al bilingüismo. Intuyo que si las mismas palabras del campesino se trasladasen al guaraní el poema adquiriría un sabor a fruto originario. Sugiero al lector intentar la prueba.
Algo similar ocurre con el siguiente poema, LLANTO POR EL LABRIEGO RENDIDO, en donde hay ecos que hacen pensar en las modulaciones vanguardistas de, pongamos por caso, Hérib Campos Cervera. En los textos restantes, irrumpe, por fin, la voz ya definida con que el poeta nos llevará a través de una poesía rotundamente suya.
La sucesión de imágenes del poema CAÑA AMARGA sintetiza esa sobrecogedora atmósfera que envuelve a un pueblo en total desamparo, con colgajos de poncho podrido por salamancas de barro. Allí donde la lluvia no es para el cañero sino cruz de vidrio sobre el pértigo de su desesperanza, una delicada ternura atenúa la tristeza de esos carros que pasan, llevando a gentes que no tienen luz, y andan; que no tienen fuego, y cantan. Hombres que siguen andando y desandando por un valle en tinieblas, alentando en la desnuda y mínima tierra una plegaria todavía de esperanza.
En la segunda sección, que se titula POEMAS DEL EXILIO, los trece cantos que la componen se abren y se cierran como en círculos concéntricos. Son el regreso del hombre, exiliado en su propia tierra, "hacia una conciliación con olvidados ritmos telúricos" -al decir de Josefina Plá, en su prólogo a la primera edición del libro-. La Tierra, osario abierto./ Nido de los viejos y pobres deseos.
Variadas métricas puntean entre ley y libertad, desenvolviendo una lírica de densos NEOLOGISMOS: Aquí está tu Babel MULTILOCUENTE/ la epifanía del sexo/ la incontable teoría de hortelanos del opio/ los embalsamadores de la risa/ los FILANTROPÓFAGOS/ los HETEROJUSTOS y los ORTORRÉPROBOS.
Invectiva y controversia dramática. Rasgos comunes de este espacio del libro, donde el poeta agradece la opulencia natural de la Tierra denominándola, como todos, Madre Naturaleza. Mas, sabedor también de su avaricia enfermiza, de su negación a brindar zumos, la llama al mismo tiempo -aunque le pese- almácigo de larvas ciegas/ germinando semillas de muerte.
Son inflexiones roncas, dolorosas, pero no pesimistas. Esa conciencia trágica de la vida no es propia del hombre del campo. Si no cae maná del cielo es porque emerge del suelo. Surge como premio a la labranza del riego, no del ruego.
Pero el poeta, inmerso en ese drama, con su impaciente avidez de hallar un bálsamo, alza la vista esperando descubrir en la llegada de la lluvia el símbolo de un heraldo divino. Así, con giros versiculares que evidencian tonos bíblicos, el poeta prefigura, en cierto modo, su siguiente libro: SALMOS A DESHORA.

Fuente: POESÍA COMPLETA. Poesías de RAMIRO DOMÍNGUEZ. Edición, estudio introductorio, y notas de MARIO CASARTELLI. Editorial El Lector, www.ellector.com.py . Colección Poesía Nº 11, Asunción – Paraguay. Abril 1996 (234 páginas).
.
Visite la GALERÍA DE LETRAS
del PORTALGUARANI.COM
Amplio resumen de autores y obras
de la Literatura Paraguaya.
Poesía, Novela, Cuento, Ensayo, Teatro y mucho más.