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lunes, 23 de agosto de 2010

JOSEFINA PLÁ - VOCES FEMENINAS EN LA POESÍA PARAGUAYA / INTRODUCCIÓN A LA POESÍA FEMENINA EN EL PARAGUAY. DE LA COLONIA A LA GENERACIÓN DEL 80.


VOCES FEMENINAS
EN LA POESÍA PARAGUAYA
Edición de
JOSEFINA PLÁ
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
Colección Poesía, 7
© Josefina Plá
Alcándara Editora
Edición al cuidado de C.V. M.; J.M.G.S. y M.A.F.
Diseño gráfico: Miguel Ángel Fernández
Viñeta: Carlos Colombino
Tiraje de 750 ejemplares
Inscripción solicitada a la Agencia Española del ISBN
Hecho el depósito que establece la Ley 94
Se acabó de imprimir el 28 de setiembre de 1982
en los talleres gráficos de
Editora Litocolor Asunción, Paraguay
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LIMINAR
¿Una antología paraguaya femenina con veintiuna poetisas?...
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Unos, exigentes y con toda la razón, dirán que son muchas. Otros, más patriarcales o demagogos, dirán que son pocas. El antólogo puede compartir uno u otro criterio. Pero no puede seguir ambos. Fatalidad de la humana condición. Sin embargo, aquí, ha buscado el modo de conciliar, -en lo posible los extremos. Y no como concesión. Simplemente, porque pensó que la solución la daba la misma estructura impuesta a la antología por su carácter primigenio. Esta primera antología de la poesía femenina paraguaya no podía ser aún la rigurosa antología, que aún debe esperar un tiempo. Tenía que ser primariamente una presentación histórica. Por eso creyó necesario acompañarla de la INTRODUCCIÓN que la precede. Creo sin embargo que no están de más unas breves palabras para los que no tuvieren la paciencia de soportar esa INTRODUCCIÓN.
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“Poesía es fundación del hombre por la palabra...”
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Una definición que habrá que repetir mientras no aparezca otra que la supere.
El valor de la palabra, más allá del uso cotidiano, queda así establecido. Función de la palabra a este nivel, es equivalente de valor trascendente. Y para dar a la palabra ese valor, es preciso se manifieste, en el individuo, el valor inseparable de todo acto material o espiritual.
Así estas dos acepciones del vocablo se unen para configurar el ámbito preciso en el cual la palabra asume función fundadora -y ya es sugestiva la raíz, de sonido común-. Para alcanzar la plenitud de esa función, debe la poesía reunir ambas acepciones: índice de valor, debe realizarse -puestos ya en este plano- en valores.
No siempre sin embargo se produce esta conjunción en equilibrio que asegura el resplandor poético. A veces el acto fundacional queda en mero acto de valor. Desafió a la circunstancia. No alcanza la referida plenitud en valores significativos.
Esta situación, característica por su dimensión en épocas dadas, en ciertos momentos o etapas culturales, no perdona a ninguna literatura, a ninguna poética. Y puede plantear al que con ella se enfrenta en plan de análisis, severos dilemas. Porque es norma universal -que obliga más al antólogo que estas consideraciones, y mucho más que sus opciones particulares- que el interés antológico, o sea el selectivo, deba siempre merecer la mayor atención.
El valor incluso en el acto mismo, valor retador de obstáculos de índole diversa, puede ser suficiente para asignar a una obra lugar en un recuento histórico. Recordar estos actos de valor, al margen de la trascendencia fundadora de humanidad, es acto de justicia, sobre todo en una reseña que asuma perfiles iniciales. Cuando por vez primera se trata de buscar el sentido de algo que se impone, más que como hecho individual, como hito en el proceso de una continuidad y un crecimiento.
En otros términos, esta antología, aunque sirviendo a cierto criterio selectivo, trata de dar a la vez una idea del origen, continuidad y crecimiento de esta lírica femenina postergada.
Toca a otros autores, a los cuales esta antología puede servir, tanto de cabeza de turco como de punto de partida para hacer "mejor justicia" de acuerdo a la teoría proverbial de las escobas nuevas, continuar a su vez el camino de acuerdo a una mayor o menor, más o menos avisada y oportuna, exigencia selectiva. Con la presente selección sólo pretendemos dar un principio, no fácil, para su ya demorada clarificación.

INTRODUCCIÓN A LA POESÍA FEMENINA EN EL PARAGUAY (1)
(1) Parte de los conceptos aquí desarrollados corresponden a dos trabajos anteriores nuestros, publicados: el primero, por el CENTRO DE ESTUDIOS ANTROPOLÓGICOS PARAGUAYOS en 1975; el segundo, en la Revista ACCIÓN, número 26. De ellos se da detalle en la sección bibliográfica.

¿UNA LITERATURA FEMENINA?
La obra de pluma femenina puede encararse -y decirlo no es decir nada nuevo- desde ángulos distintos. El histórico y cronológico, el crítico, el antológico -éste presupone el anterior, pero no es su obligatoria consecuencia. De todos estos aspectos existe ya una copiosa bibliografía, en lo que a la literatura mundial respecta. No así en la nuestra, donde, si no estamos mal informados, ésta sería la primera y tentativa antología poética, y de cualquier otro género, de producción femenina. En cuanto a estudios o ensayos de aproximación crítica, sólo se ha publicado, que sepamos, también, y hasta ahora, algún breve ensayo.
Al iniciar esta aproximación a la poética femenina nacional habría que comenzar quizá preguntándonos: ¿Por qué se habla tan a menudo de una literatura femenina, y, en este caso particular, de una poesía femenina?
Desde luego, existe un volumen literario universal considerable compuesto por obra de pluma de mujer. En este plano, se puede hablar de una literatura femenina en un sentido semejante al que informa la expresión literatura francesa, o española, o italiana (aunque es evidente que a estos rótulos se adhieren connotaciones históricas, culturales, etc., bien definidas).
Tenemos sin embargo el barrunto -ampliamente compartido- de que con las palabras literatura femenina se tiende a menudo a designar un contenido casi podría decirse exclusivo y excluyente. A ver en ella algo aparte de la masculina, acotado por no sabemos qué sutiles meridianos. En ocasiones, el término se matiza con semitonos peyorativos, insinuando la asignación de valores diferentes, cuyo saldo, en el cotejo con los valores masculinos, pudiera muy bien resultar inferior.
La verdad es, sin embargo, que dentro de la literatura, considerada ésta en conjunto como hecho humano y estético, no podemos admitir estas diferenciaciones o cuasicalificaciones. No hay, esencialmente, una literatura femenina y otra masculina: una poesía de mujer y otra varonil. Existe una verdad humana integral a cuya realidad dinámica apunta la literatura de uno y otro sexo. Claro que cada una de ellas por su cauce privativo, aquel que le telemetran los matices propios de sensibilidad y las especificidades de las vivencias respectivas.
Una literatura femenina no se definiría, pues, tal como tenderían a insinuarlo aquellas diferenciaciones, como una distinta básicamente de la masculina; o que se opone a ella, o que trata de imitarla: ni siquiera como un simple añadido o apéndice de la misma. Es una parte de la literatura como hecho total, cuantitativa y cualitativamente. Algo así como "el otro hemisferio humano". Algo que completa, enriquece, y, por encima de todo, integra el diseño estético y humano de esa manifestación suma del espíritu en busca de su propia claridad.
Para el objetivo de esta INTRODUCCION -que ampara el de la Antología a la cual quiere servir de zócalo- literatura femenina es, lisa y sencillamente, el conjunto de hechos literarios de autoría de mujer. Pero esta definición, aparentemente obvia, implica la necesidad de establecer -de acuerdo a lo expresado acerca del valor complementario de esta literatura- si en esa literatura se dan, y en virtud de qué se dan o no, en su caso, esos valores complementarios, enriquecedores, clarificadores, imprescindibles para que ella pueda integrarse con la masculina dentro de una dinámica de la cultura.

LITERATURA = LIBERACIÓN
Al margen de toda definición que de la literatura en general y de la poesía en particular pudiera hacerse como hecho histórico, social, estético, etc., la literatura es esencialmente liberación por la palabra. Liberar, en este caso, es abrir las puertas al hombre profundo.
Desde este punto de vista la literatura ha sido siempre liberación para el varón. Si para esa liberación ha tropezado alguna vez -o muchas veces- con obstáculos, ellos no han dimanado nunca del hecho de ser varón. Al contrario. Ello le ha autorizado para intentar, no sólo la liberación propia, sino también la femenina. Tan cierto es ello, que si de la literatura universal eliminamos las obras en las cuales la mujer aparece compartiendo con el hombre el misterio de la jungla, de la vida o del más allá, no quedaría nada. En el arte -en la literatura por tanto- el hombre ha intentado liberarse; y ha intentado también liberar a la mujer.
Pero si en el intento de liberarse a sí mismo no ha pasado nunca -ni aún en las más inmortales obras- de una aproximación a la magnitud del misterio, en lo que se refiere a la liberación de la mujer, pocas veces ha sido afortunado. Porque ha tendido a creer que la mujer que liberaba era la auténtica mujer. Pero no ha sido sino la que él creía era, o la que, por consenso generalizado también, se entendía debía ser. Nunca del todo la verdadera, ni aún en las más lúcidas aproximaciones.
Ahora bien, si la literatura es en principio liberación para el varón, ¿por qué no habría de serlo para la mujer?... Tal vez, al dar, con judicial conciencia, forma a la mujer en su obra, el hombre pensó que ya no era preciso que la mujer intentase otros retratos. Pero lo cierto es también que desmintiendo tan optimista aunque implícita conclusión, la mujer lleva largo tiempo tratando de liberarse ella por su cuenta a través del arte. Mediante el material más a mano: la palabra. La historia de la literatura lleva los rastros de estas tentativas de liberación del espíritu femenino. Ello no se viene sin embargo realizando sin dificultades. Grandes dificultades que naturalmente tienen su reflejo inmediato en la obra.

LA LITERATURA, EJERCICIO DE UN PODER
La liberación a través de la literatura representa, como hecho volitivo, el ejercicio de un poder. Para la mujer como para el hombre, ese poder funciona en dos fases. Poder de manifestar, expresando, es decir, poder de integrar una idea en forma. Poder de comunicar, es decir, de suscitar en otros la identidad de esa forma.
El ejercicio del poder de realizarse en arte, o sea expresarse a través de símbolos -la palabra en este caso- es el privilegio, o mejor, el cumplimiento de una posibilidad individual, única, intrínseca; algo que se inaugura y opera desde la intimidad del ser. Como el ejercicio o cumplimiento de la posibilidad de engendrar, de dar vida, supone la aparición de un tercero: de alguien distinto al creador, pero a la vez idéntico y también inevitablemente equivalente: una imagen del ser individual, única en sí misma e irreemplazable en cuanto lo representa en coordenadas espacio-temporales irrepetibles.
Esta unicidad tiene un nombre: por cierto muy traído y llevado, pero difícil de sustituir: autenticidad. Querámoslo o no, habremos de recaer en esta palabra una y otra vez.
El ejercicio del poder de realizarse da por resultado, pues, la liberación del hombre representativo, es decir, del escritor o del artista. Pero esta liberación exige, como previa y paradójica condición, que el artista o el escritor se sientan libres. Paradójica, decimos, porque no pueden liberarse sino los libres. Lo asentó el Evangelio: "Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres...".
Ahora bien, la mujer no es, no ha sido nunca, a lo largo de la historia, en cuanto ésta fragua en literatura, enteramente libre.
Y no lo ha sido, y sigue sin serlo en infinitos casos, aunque desee serlo; ante todo porque no se atreve a enfrentarse consigo misma, es decir, con su propia verdad. Ser libre es fundamentalmente eso: encarar la propia verdad. La literatura de pluma femenina ha sido siempre testimonio de esta situación.

LA POESÍA, CAUCE PRINCIPAL DE LA EXPRESIÓN FEMENINA
Para realizar su liberación -es decir, en sus intentos precarios para realizarla- la mujer ha elegido preferentemente, desde el principio, la poesía. Sería interesante investigar si en esta preferencia (cuyo ejercicio, por otra parte, implica, dada la circunstancia universal al respecto, unánime tolerancia por parte de la cultura masculina, atenta siempre a frenar la manifestación femenina) no interviene la circunstancia de haber participado la mujer, en la mayoría de las culturas, de algunas por lo menos de las ceremonias cúlticas. (La poesía en efecto es la manifestación más próxima al surtidor originario del rito, y aún en los pueblos más primitivos la mujer ha tenido en algún momento un lugar en los cantos de la tribu). Esta explicación valdría también para la actitud tolerante masculina al respecto.
También podríamos buscar, y tal vez hallaríamos, una razón para esta preferencia, hasta tiempos muy cercanos, de la mujer por la poesía, en el hecho de constituir ésta la etapa inicial en el desarrollo de la literatura en general. Esto es una realidad inclusive para el hombre, el privilegiado creador de mitos. En la literatura femenina esa etapa se prolongaría simplemente por la imposibilidad -para la mujer- de asumir riesgos en géneros literarios más audaces y que exigen enfrentamiento pleno con la mentada secreta verdad propia.
Notamos, ahora, que, al menos en los hechos literarios a mano, el tema de la poesía femenina ha sido siempre el amor. Y también para ello existió y existe aún una potísima razón.
El amor ha sido una de las pocas cosas en las cuales se ha hecho sentir menos la presión que gravitó durante siglos y siglos sobre la personalidad femenina. A la mujer se la ha permitido amar. Dentro de ciertos límites, claro. Amar hasta la languidez, o la locura, o el sacrificio, o el suicidio. Pero no hasta la libertad de amar. Así la mujer ha hecho durante siglos poesía amorosa, aunque no en continuidad y tampoco con gran éxito en la infinita mayoría de los casos, a pesar de tener el camino aparentemente expedito.
¿Cuál sería la razón?...
Es conocido el cuento de la receta de Ricardo Palma para hacer versos. Basta fabricar unas cuantas líneas iguales colocadas unas debajo de las otras, "poniendo consonantes en las puntas".
El problema, para Palma, y también para el poeta, consiste en saber qué se pone en medio. Palma dice "talento". Nosotros decimos simplemente: poesía. Aquello que hace, de una serie de versos, ese latido del espíritu que es el poema.
Al comenzar hemos dicho que poesía es liberación. Y a menudo hemos insistido en que si en ella no alcanza su autor a liberar algo, su poema en nada le sirvió; el poema será humana y estéticamente inútil, porque en el individuo consciente, todo acto está destinado a servir. Y si no sirvió al autor -porque lo que manifiesta, de acuerdo siempre a lo anotado, no es verdadero, o es simplemente reiterativo- no puede tampoco servir a los demás: servir al Hombre: porque en arte toda repetición es estéril.
Preguntémonos, pues, si la poesía, medio principal, hasta ahora, para la manifestación, en la mujer; la poesía que la mujer ha escrito y sigue escribiendo en el mundo entero, y no sólo en el Paraguay, da su medida secreta, la medida fiel de esa oculta dimensión espiritual. Ya que esto es lo que entendemos por servir al poeta y como condición ineludible para que sirva a los demás: ¿ha servido, o sirve, esa poesía a la mujer autora y a través de ella, no sólo a las demás mujeres, sino a todos los demás?... Porque la poesía femenina, si la aceptamos como manifestación proindivisa del ser humano, debe servir también a los hombres, de la misma manera que la poesía masculina ha servido y sigue sirviendo a la mujer.
Contestando a la pregunta en términos generales, diríamos que no la ha servido durante siglos, salvo en algún rarísimo caso. Su función se ha limitado a entretenimiento secreto y consolador unas veces; otras veces explícito y hasta vanidoso; pero con raras excepciones, estéticamente inoperante. Verdad que esas excepciones, a partir de hace siglo y pico, se van haciendo cada vez más numerosas, hasta constituir hecho cuanti y cualificativo considerable; y es motivo de orgullo destacar que en este hecho han asumido papel muy importante, en el ámbito del idioma, las poetisas hispanoamericanas, con un repertorio liberador que en cada país hace acto de presencia con sus características propias, y al cual el Paraguay es uno de los más tardíos, si no el más tardío, en ofrecer su aporte.
Tal vez sea oportuno insistir todavía un tanto sobre las posibles razones de esa no coincidencia del hecho manifestación con la liberación, por tanto, en el servicio; y como consecuencia, en la valoración humana y estética de esa poesía. Con la inteligencia de que, cuanto al respecto se diga sobre la poesía en general, sólo aspira a clarificar conceptos específicamente aplicables a la poesía femenina local.

LA LITERATURA, SIGNO DE "NO FEMINIDAD"...
Lo primero que se dijo siempre de la mujer que expresaba su pensamiento en términos personales, es decir, no consagrados por la costumbre y el prejuicio social, y sobre todo si lo publicaba, era: "Es poco femenina". Tras esta calificación de increíble efecto psicológico inhibitorio durante largas épocas, aunque hoy se nos aparezca ya un poco ingenua, y a la cual debemos sin duda innumerables frustraciones del ansia femenina de expresión, se enmascara un cómodo sofisma. Poco femenina, se entiende, de acuerdo a una feminidad cuyos cánones estableció una sociedad de patrones dictados por el hombre. Ese concepto de la feminidad estatuía: la mujer no debía mostrarse diferente; no podía singularizarse. Singularizarse, equivalía a deteriorar el pudor y con él el derecho al respeto masculino y a una sutil gama de confiabilidades.
El efecto psicológico de este preconcepto, repetimos, fue siempre increíblemente eficaz. La mujer ha venido, como regla, temiendo expresarse, manifestarse, rebasando ese patrón. Decirse, tal cual se sentía, era para ella lanzar su propia candidatura al descrédito, a la marginación, inclusive. Una marginación cuya primera consecuencia era acrecer hasta el máximo las dificultades para encontrar marido: y ello, en épocas en que para la mujer, no con-seguir compañero sacramental, constituía algo así como la muerte civil...
(En nuestro medio, este preconcepto, configurado en consenso general, era todavía lo suficientemente intenso hace unos años, como para traer consigo, en un caso que a su hora fue comentado -década de los sesenta- el estrangulamiento de una voz juvenil, bien dotada al parecer, pero inaugurada con una dosis de sinceridad que ese criterio aún generalizado dio por excesiva).

FALTA DE ORIGINALIDAD EN LA POESÍA FEMENINA
Es curioso que durante mucho tiempo los críticos -del sexo masculino todos, por supuesto- hayan subrayado la ausencia de valores originales en la poesía femenina, explicándola unánime mente como simple resultado de una también indudable inferioridad intelectual y creativa de la mujer.
Esa inferioridad de la obra femenina es un hecho -lo repetimos una vez más- desde el punto de vista cuantitativo al menos, ya que en más de una época se pudiera citar mujeres que sobresalieron en tal o cual aspecto de las artes o las letras. (Sólo ahora empezamos a darnos cuenta del heroísmo que cada caso supuso en su momento).
Viejo es el dicho de que el poeta "nace", no se "hace". Y verdadero, aunque no tomado al pie de la letra en su totalidad. Aunque la primera parte sigue teniendo validez -pese a las novísimas teorías sobre la inteligencia ecuménica, según las cuales todos naceríamos con la misma cuota de fósforo- la segunda parte ya no es posible admitirla sin reservas. El poeta nace, pero luego "se hace": lo hace la vida, con sus peripecias y ocasiones experienciales; porque sólo por éstas crece. Una vida separada de las posibilidades de comunicación, con sus contradicciones, quiebras, desengaños, obstáculos, luchas, al margen de las vivencias, más fácilmente hace un Gaspar Hauser que un Segismundo.
Y ya sabemos que a la mujer se le cerraron secularmente los caminos para ese crecimiento. Obligada a vivir cercenada de sus oportunidades a experiencia, mutilada de una serie de posibilidades para el ejercicio de sus potencias, obligada a crear en base a vivencias dentro de un área dada y limitada además dentro de ésta en su manifestación a los moldes dados por el hombre, es lógico que la mujer renunciase sistemáticamente a su verdadera fisonomía colocándose en su lugar la que el hombre había creado para ella, para encajársela a modo de un "pret à porter" de sensibilidad y fantasía. (El reproche que más de un sociólogo ha hecho a la mujer, de no haber creado nada, de haber imitado al hombre en sus creaciones, deja de ser una alegre constancia para convertirse en un verdadero sarcasmo... y en el mejor argumento en contra de ese juicio).
Esa inferioridad creadora de la mujer es un tópico sobre el cual ni valdría la pena ya hoy hablar, si no fuera que nuestro tema lo trae inevitablemente a rastras, entretejido con la circunstancia en que se ha desarrollado la literatura femenina local; y hemos de referirnos a él, forzosamente.
Con esta privación de otras vivencias humanas que no fuesen las de antemano fijadas por el statu-quo social, y que se erige en un condicionamiento general de la expresión femenina, se relacionan otros factores particulares a los que se hará luego referencia al hablar de la poesía erótica.

LA AUTENTICIDAD, EQUIVALENCIA SIGNIFICATIVA
Se desconoció, pues, sistemáticamente, que para aportar algo al arte, a la literatura en este caso, como hecho humano y estético (siempre ateniéndonos a la definición de la literatura como hecho liberador) la mujer lógicamente debía dar en ella aquello que es, no lo que se quiere que sea o lo que se dice que es; así estas afirmaciones tengan vigencia multimilenaria.
A través del arte, el Hombre se construye; es decir, va compulsando sus límites espirituales, sus dimensiones íntimas: se va definiendo, no sólo como existencia, sino también como esencia, y con ello, entrañablemente, como posibilidad. Ahora bien: tal como ha venido dándose a conocer individual o masivamente en nuestras sociedades, la mujer es un ser por construir. Su definición, de acuerdo a los términos expresados, está por hacer.
La mujer no alcanzó nunca a dar en su obra una visión propia de las cosas, de la vida, menos aún una visión de sí misma, porque no podía hacerlo. No podía poner sobre el tapete un es quema propio, porque se le confiscaban, psicológicamente, los materiales para fraguarlo.
No llegaba a extraer ese esquema de sí misma porque no se atrevía, simplemente, a enfrentarse con la otra que es, y de la cual la psicológica deformación a través de los siglos ha hecho un adversario, un enemigo. Se teme a sí misma hasta la total inhibición. Ese temor, el hombre lo ha ido cristalizando en ella a través de las pautas de conducta y de comportamiento impuestos hasta configurar un verdadero tatuaje psíquico (algunos han llegado a hablar de un "lavado de cerebro"...).
Y esa situación se prolonga en cierta medida, y en ciertos ambientes, hasta hoy.
(Por lo demás, una prueba amarga de la presión que sobre la mente femenina ha ejercido lo que Barret llamó algo así como el zapato chino aplicado al pensamiento, lo tenemos en un hecho, entre tantos, innegable: la maternidad, ese misterio máximo y sacramento de la carne y el alma femeninas, esa experiencia vitalmente única en la mujer, no ha producido más de media docena de poemas que valgan la pena...).
La manumisión es vocación larga, espinosa, atormentadora. "En la mujer, predominan los patrones de sentimiento" dice Erich Fromm. Y como este mismo ha hecho notar, los patrones de sentimiento oponen dificultades a los patrones de pensamiento para su remoción. Precisamente porque en la mujer han estado siempre ambos unidos.

RECONSTRUYENDO A LA MUJER
Construir a la mujer (mejor podría decirse reconstruir) es lo que procura, desde hace siglo y medio, en su fase masiva, la literatura femenina en el mundo. Es una elaboración confesional lenta, cuyo avance se ha visto más de una vez frenado por la recidiva eventual de los tabúes e inhibiciones mencionados y otros de raíz diversa pero cuya acción negativa continúa siendo eficaz.
Esta construcción, o sea la definición lo más libre y por tanto exacta posible del ente femenino a través de su literatura, se llama, lo mismo que en la masculina, autenticidad: transparencia dinámica del Yo con sus limitaciones, aspiraciones y tensiones. En su camino hacia esa autenticidad en la mujer como sujeto creativo potencial; en el proceso hacia su construcción en la literatura en general, y en la poesía en particular, la poesía de pluma femenina ha pasado a través de las épocas, por varias etapas, que consideramos oportuno establecer o clarificar, buscando la elucidación crítica del problema particular de la poesía en nuestro país. Advirtiendo que en la que establecemos progresión de la poesía en general las primeras etapas, en épocas lejanas, se dan apenas insinuadas; o no han dejado huella concreta.

ETAPAS EN LA MANIFESTACIÓN FEMENINA
Estas etapas se caracterizarían así:
a) La imagen de la realidad femenina impuesta, sugerida, inyectada, se corresponde exactamente con la que de sí misma tiene la mujer; la mujer que se quiere que sea se ha identificado de tal modo con la que ella cree ser, que ambas configuran una sola.
Es el caso de la mujer conformada (en rigor, sería la mujer deformada) en la cual cualquier reacción permanece larvada, latente, subconsciente. La mujer ha aceptado la imagen que de ella da el hombre, sin protesta. Está como sellada por él. La mujer no sólo no es libre, sino que no sabe que no lo es: por tanto, no se hace en ella consciente, ni la posibilidad, ni siquiera el deseo de esa libertad.
En esta situación, cualquier conato disconforme que -improbable cosa- en su intimidad pueda insinuarse, es catalogado ipso facto por la mujer misma como una anomalía, una anormalidad, que la inquieta, la aterroriza. La siente como un pecado, y se apresura a exorcizarla.
Pero dado que en lo psicológico, como en lo físico, nada se pierde, todo se transforma, ese deseo, esa inquietud, sepultados o latentes, adoptan, como equivalencia, justificación o compensación, las formas de la melancolía, la imprecisa nostalgia, los machacones ensueños de crepúsculos tristes, ausencias sin sujeto y esperanzas sin objeto.
Así, sublimada unas veces hasta la total anulación en su misión materna o conyugal (los casos más frecuentes y también los más patéticos) reprimida vagamente otras (los casos de abierta o encubierta neurosis) la mujer muere "sin haber nacido".
Sin embargo, en personalidades dotadas a la vez que de una intensa sensibilidad, de un fuerte voltaje volitivo, esa necesidad de manifestación persiste, incoercible. Entonces la mujer se manifiesta, pero lo hace con los rasgos de la feminidad prefabricada por el hombre y a éste plausible.
Esta poesía constituye a modo de un eco de la masculina: repite, con una intensificación de la tesitura sentimental, y la lógica anulación de esterotipias, los rasgos que el hombre ha considerado más aptos y convenientes en la mujer para su propia gratificación. Esos rasgos constituyen el ya aludido decálogo de la feminidad consagrado colectivamente. Podríamos llamarla también poesía-coro, ya que sigue, repitiéndolos nota por nota, cambiando sólo el sujeto gramatical, los estribillos establecidos y reiterados hasta la náusea, sobre lo que la mujer es y debe ser. Esta poesía-coro, que podemos llamar también poesía-eco, y en ocasiones poesía-máscara, utiliza pues en principio los mismos temas que la masculina; reitera hasta la saciedad la imagen que de la mujer ha venido trazando una vez y otra vez el hombre. Si se trata de amor, esa poesía repite sin fatigarse la silueta de la mujer amante hasta la muerte de un solo hombre: incapaz de pensar en la fisiología del sexo; vendados los ojos para los más íntimos y peculiares fenómenos y reacciones, que no existen o si existen son nefanda cosa. Abandonada, sigue esperando al hombre -marido o amante- fugitivo, toda la vida; cultiva el recuerdo del prometido o del esposo por malvado que éste haya sido, porque "la mujer está hecha para perdonar". Jura guardar toda la vida la primera flor que él la regaló... En suma, un primer amor feliz o infeliz -real o supuesto- la anestesia eficazmente contra toda solicitación ulterior de los sentidos y el alma; porque la mujer está hecha para amar sólo a un hombre en su vida. "Et sic de coetera"...
Por supuesto, esta poesía nada significa dentro de la dinámica de la cultura, aunque su valor testimonial sea insustituible. Es un documento que revela el estado de psicológica servidumbre de la mujer; ésta adapta sus actitudes mentales al modelo creado por el hombre.
Por supuesto, también, se dan dentro de ella grados, o matices en lo testimonial. A cierto nivel o en determinadas circunstancias, esta poesía ofrece variaciones que la aproximan a la calificación de poesía-máscara. Porque la progresión se realiza por pasos frecuentemente de difícil discriminación en su grado o significación.
Esta poesía adopta a veces formas curiosas, siempre explicables psicoanalíticamente, desde luego; pero que en realidad son sólo a manera de una superposición de ecos, ya que los premoldes siguen siendo masculinos. Por ejemplo, la poesía dedicada a la belleza de las amigas, hermanas, etc., a las nupcias de éstas, los amores de una compañera, etc. Un ejemplo insuperable lo dio localmente y hace más de cincuenta años una joven poetisa no nativa, que en un verdadero "travesti" mental, escribía versos de amor como si fuese hombre y no mujer...
La poesía eventualmente escrita por estas mujeres sigue, como se ha dicho ya, esquemas típicos masculinos o que llevan su impronta limitativa; la poetisa canta a la guerra como Tirteo; canta a la primavera en pájaros, corolas, arroyos, pero no en humanos sexuados. Canta besos que no tuvo, y en los cuales, por supuesto, está ausente toda sexualidad: todo es etéreo, sutil; éxtasis y ensueños, los violines son inconsútiles; sutiles las auras, las sonrisas y los pensamientos. Es una poesía de espiritismo metafórico.
b) La realidad íntima choca ya con el esquema impuesto: la mujer es consciente de un desfase -o mejor, sinclinal-, entre lo que se le impone como molde de lo femenino y lo que ella sien te, en íntimo reclamo, como su propia verdad. Hace su aparición la disconformidad, ya consciente y hasta reflexiva -en grados diversos- porque esa conciencia no presupone el automático vencimiento, que sólo se da en forma parcial, de la estructura represiva.
La mujer, a menudo, desea crear, decir algo auténtico; pero al tratar de concretar su idea, incapaz de superar temores o pre-juicios, no lo hace con su propia voz: ésta se alebra, se disfraza; busca tópicos o temas que pueden diferir o no de los masculinos pero tratan siempre de no violar la peligrosa frontera donde empieza el territorio de la "singularización".
La mujer, en trance de manifestarse, y constantemente inhibida para la revelación directa, ensaya cauces vicariantes en los cuales la presión no opere o se le haga más tolerable. Busca, en resumen, formas colaterales que configuran en cierto modo una poesía de evasión. Sin embargo, como en esta fase existen, como en la anterior, sus grados, esta poesía puede ascender hasta peldaños bastante próximos a la etapa siguiente, a través de formas simbólicas.
Por estos canales, aunque la expresión integral sigue estando ausente (exceptuamos la poesía mística, que pertenece a otros meridianos del espíritu) discurre mucho de esta poesía femenina.
En suma: la disconformidad, la angustia inclusive, no consiguen calar del todo la costra convencional. En cierto modo esta poesía en que señalamos la evasión, podría llamarse reveladora, porque puede ser comparada a un negativo fotográfico; en ella el análisis permite descubrir el positivo de la rebeldía ya consciente, pero aherrojada.
c) La realidad críticamente encarada, suscitadora del esquema propio; la experiencia vital, chocan ya de frente con el esquema impuesto. Este se sitúa pues en posición abiertamente polémica con aquélla. La realidad, creando, en el choque, un nuevo diseño de sí misma en la mujer, impone en el proceso su sello directamente testimonial. A este nivel, la mujer no solamente sabe ya en forma inesquivable que no es libre: sabe también ya que debe serlo, que necesita serlo; y que sólo puede serlo en la medida en que se manifieste tal como siente que es.
Esta es la fase significativa: le damos este nombre porque es aquella en la cual la mujer establece su identidad espiritual con sus propios signos: y por esto, puede significar algo en los procesos de la cultura.
La manifestación literaria femenina, como latido intrínseco, empieza pues a manifestarse a cierto nivel en el estrato o fase b); pero sólo adquiere plenitud y por tanto pertenece de hecho al estrato c). Lógicamente, y de acuerdo a lo hasta ahora expuesto, si originalidad es primariamente autenticidad (y ésta puede ser de grado, también de acuerdo a lo dicho), ésta depende de la medida en la cual la mujer se sienta libre.
Al nivel a) la mujer no siente rebeldía ni disconformidad: es la servidora convicta de los patrones masculinos. Si en ella surgen discrepancias, éstas no llegan a hacerse conscientes; o si llegan a hacerlo en vaga forma, son reprimidas como algo pecaminoso.
Al nivel b) la mujer tiene una conciencia de ese desfase que puede llegar hasta la actitud reflexiva: puede alcanzar hasta la certeza de la legitimidad de esa rebeldía: pero no hasta romper "la cadena que la tiene prisionera".
Al nivel c) esa inquietud se hace rebeldía consciente y convicta: necesidad incoercible de manifestación. En épocas pasadas, constituyó rara excepción, hecho extraordinario. Actualmente es hecho masivo,

LA POESÍA FEMENINA PARAGUAYA: SUS ETAPAS
Una vez establecidas estas premisas, que consideramos básicamente necesarias para organizar esta tentativa presentación crítica de la producción lírica femenina en nuestro país, podemos entrar en la materia propia de esta INTRODUCCION, o sea la exposición lo más inteligible posible del proceso en sus manifestaciones locales.
Proceso que podría parecer nada complejo si nos atenemos a lo escaso de sus manifestaciones hasta fecha bastante cercana: pero que se torna espinoso precisamente a causa de la ausencia de testimonios concretos lo bastante eficaces en volumen; y un tanto difusos además en sus rasgos.
Por de pronto, si en nuestra lírica de pluma masculina (considerablemente más copiosa y como conjunto más rica en valores) es problema serio discriminar vertientes o escuelas y se hace inclusive ardua la cuestión de las generaciones, cuando se trata de literatura femenina esa nomenclatura resulta materialmente imposible. Sólo podrían señalarse influencias individuales en tal cual obra femenina. Esas dificultades son hecho particularmente exacto en lo que se refiere a la poesía anterior a 1970.
Las etapas mismas señaladas en la evolución en general y en particular en la evolución de la literatura de pluma femenina, se hacen aquí difíciles de deslindar en ciertas épocas, a causa de la prolongación de esas etapas, cabalgando las unas sobre las otras siguientes. Sin embargo, trataremos de establecer, en lo posible, un orden.

1.- LA POESÍA FEMENINA EN LA COLONIA Y HASTA LA INDEPENDENCIA
1.1.- APARICIÓN LOCAL DE LA POESÍA-CORO

2.- LA OBRA DE LAS PRECURSORAS (1920-1940) ,

3.- LA DÉCADA 1940-1950, DÉCADA TRANSICIONAL
3.1.- LA POESÍA ERÓTICA FEMENINA: SU SIGNIFICADO
3.2.- 1950 Y LAS NUEVAS POETISAS ,

4.- LA NUEVA DÉCADA: LA POESÍA FEMENINA DE 1960 A 1970 ,
.
5.- LA DÉCADA DEL 70 AL 80 Y HASTA HOY.



BIBLIOGRAFÍA
-. AMARAL, Raúl - Anotaciones En: DIAZ PÉREZ, Viriato: Literatura del Paraguay. Palma de Mallorca, 1980.
-. AMISTAD, revista argentina, N° 15, dedicado a la poesía paraguaya. Prólogo de Augusto Roa Bastos. Antología a cargo de Josefina Plá.
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-. *** Poesía Paraguaya (Antología) Lírica Hispana. N° 238. Caracas.
-. *** Aporte y logros en la literatura femenina paraguaya. Ed. del Centro de Estudios Sociológicos. Asunción, 1975.
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-. TORRES RIOSECO, Arturo - Nueva Historia de la gran literatura hispanoamericana. Emecé Editores. Buenos Aires. 3a edición. 1960.
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-. VELAZQUEZ, Rafael Eladio - Breve Historia Cultural del Paraguay. Ed. Criterio. Asunción, 1968.
-. VIOLA, Alfredo - Reseña del desarrollo cultural del Paraguay. Ed. Comuneros. Asunción, 1979.
-. WEY, Walter - Poesía Paraguaya, Historia de una Incógnita. Ediciones Alfar. Montevideo, 1951.

ÍNDICE GENERAL
LIMINAR, / INTRODUCCION, /ANTOLOGÍA, /ADVERTENCIA,

-. GOMEZ SANCHEZ, ENRIQUETA ,
-. CHECA, RENÉE ,
-. GARCIA KINEN, ALCIRA VEIA DE ,
-. ACUÑA, DORA GÓMEZ BUENO DE ,
-. FRACCHIA, IDA TALAVERA DE ,
-. IZAGUIRRE, ESTER DE ,
-. THOMPSON, MARÍA LUISA ARTECONA DE ,
-. WIEZELL, ELSA ,
-. NAPOUT, LILIAN STRATA DE ,
-. MEDINA, GLADYS CARMAGNOLA DE ,
-. CHAVES, RAQUEL ,
-. ARRELLAGA, RENÉE FERRER DE ,
-. BEDOYA, NILSA CASARIEGO DE ,
-. GIANNI, MIRIAM ,
-. CAMPOS CERVERA, ALICIA ,
-. LOURDESPINOLA (LOURDES ESPÍNOLA DE CARLISLE) ,
-. PEREIRA OLMEDO, ELINA ,

LAS VOCES RECIENTES

-. GARAY, MARIA EUGENIA ,
-. LOPEZ, NILA ,
-. CASACCIA, GLADYS ,
-. PEDROZO, AMANDA ,
LOS ENLACES DE CADA AUTOR LO GUIARÁN A SUS ESPACIOS EN LA GALERÍA DE LETRAS DEL www.portalguarani.com

BIBLIOGRAFÍA,
ÍNDICE ANTOLÓGICO,
ÍNDICE ALFABÉTICO

ADVERTENCIA
Como se da a entender en el texto de la Introducción, esta Antología se ha organizado sobre la base de poetisas éditas, es decir, cuyos poemas han sido en alguna época reunidos en volumen; (a veces bastante reducido, pero que pueden constituir puntos válidos de referencia a los cuales remitir a quienes deseen compro-bar o ampliar datos o selección aquí ofrecidos).
Este criterio se quiebra sin embargo en algún caso en el cual la poetisa no tiene títulos editados pero ofrece en su obra rasgos que ameritan su inclusión. Tal el caso de algunas voces recientes.
No se ha dado cabida a datos del curriculum que se refieran a distinciones locales ni a bibliografía, que no se ofrezcan bajo la forma de libro o folleto. Tampoco a las Antologías que no llevan firma autoral reconocida, ni a las de prensa diaria propia o del exterior; aunque se ha tenido éstas en cuenta, cuando existen, para la formación de criterios.
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