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miércoles, 27 de abril de 2011

ARMANDO ALMADA ROCHE - EL PARAGUAY DE DRÁCULA (RELATOS) / EDICIONES EL PEZ DEL PEZ, 2010. / RELATOS: LA PANDORGA MÁGICA, 108 Y UN QUEMADO y EL AMOR TIENE CARA DE MUJER



EL PARAGUAY DE DRÁCULA
Relatos de
EDICIONES EL PEZ DEL PEZ
Diseño y diagramación: GRACIELA GALIZIA
Asunción – Paraguay
2010 (140 páginas)


ÍNDICE
LA PANDORGA MÁGICA
EL ABOMINABLE HOMBRE DE LA NOCHE
CONVERSACIÓN EN LA CATEDRAL
LA BALLENA BLANCA
VERDE QUE TE QUIERO VERDE
EL GRAN SIMULADOR      
EL BUICK AZUL
 EL EXISTENCIALISTA
EL HOMBRE DEL TRAJE NEGRO
EL PRIMER DÍA DE CLASE
CRÓNICA DE AMOR, DE LOCURA Y DE MUERTE
DESTINO INESPERADO    
108 Y UN QUEMADO
EL AMOR TIENE CARA DE MUJER
YO ME PINTABA LAS MANOS Y LA CARA DE AZUL
CUANDO LOS SANITARIOS VIENEN MARCHANDO
EL INCENDIO Y LAS VÍSPERAS
EL PARAGUAY DE DRÁCULA
EL CASTILLO SONDE VIVIÓ DRÁCULA
ROSALBA
BESOS BRUJOS
UN HOMBRE LLAMADO JESÚS


LA PANDORGA MÁGICA

La angosta calle de tierra moría justo en la puerta de nuestra casa, un rancho con techo de paja a través de cuyas paredes se veía el paisaje, que amenazaba caerse sobre el oscuro y manso riachuelo que desembocaba en un río. Más allá se veían los algarrobales y algunas palmeras decrépitas, todavía salvadas de las manos hambrientas de los hombres. El sol declinaba y no había casi viento. Un grupo de niños astrosos y yo nos preparábamos para remontar nuestros barriletes. De tanto en tanto mis tripas cantaban avisándome que querían comer. Tragué saliva
varias veces para entretenerlas y seguí pegando, con un engrudo grueso y pobre que hice con un resto de harina, los papeles de diario y algunos de envolver del almacén, llenos de manchas de grasa que nos regalara el almacenero.
Los niños de entonces teníamos la ilusión de tomar chocolate con churros y jugábamos a las bolitas o al balero o a la guerra en las calles abrasantes. En Asunción el calor era tan inverosímil, sobre todo durante la siesta, que los adultos se quejaban de él como si fuera una sorpresa de cada día. Desde mi nacimiento oí repetir sin descanso que los postes del alumbrado y el tendido de los cables fueron construidos de noche, porque de día era imposible agarrar las herramientas recalentadas al sol.
-Mi pandorga es más grande-dijo Mingo.
-No; el más grande es el de Chacho-discutió Ergilio.
Ahora probaba yo los hilos del barbijo de mi barrilete, como me lo había enseñado mi padre, ya que si no tenían la medida justa empezaría a cabecear y no se remontaría. El asunto era sencillo, pero no tan fácil para mí, y medía una y otra vez el barbijo. Me costó trabajo ponerlo a punto.
-Hoy no podremos hacerlos volar-soltó de repente Aníbal, saliendo de una especie de ensueño y se rascó la cabeza. Los piojos lo tenían loco-. No corre ni un poquito de viento.
Nadie le prestó atención a pesar de que su figura era llamativa: tenía una pierna más flaquita que la otra, como la de un pajarito. Le decían "Benteveo". Había quedado contrahecho a raíz de una enfermedad que estaba asolando en varias partes del país.
De repente, surgida de la nada, mi madre se presentó a nuestro lado; venía de trabajar cargando una bolsa de dónde sacó unos panes que empezó a repartir. Los chicos se lanzaron sobre ella chillando y peleándose por recibir mayor cantidad. En los ojos de mi madre había una eterna tristeza, pero en un segundo una dulce sonrisa cruzó por sus labios, igual que un relámpago.
Se me plantó enfrente, mirándome a los ojos con la mirada pícara de sus días mejores y antes de que yo pudiera reaccionar, me dijo:
-Mirá lo que te traje... Hoy es tu cumpleaños.
La miré con cierta indiferencia y busqué el regalo que me ofrecía. Metió la mano en la bolsa y sacó una hermosa pelota de cuero número cinco, Supérbal, profesional, y me la dio con gran alegría. No se me movió un pelo, en cambio, mis amiguitos se enloquecieron con la pelota y la empezaron a patear temerosos y desesperados al mismo tiempo.
-¿Te gusta?...-preguntó mi madre, esperando mi afirmación.
-Sí-mentí, desganado, y seguí con mi barrilete.
Me dio un beso en la mejilla y luego se alejó hacia el rancho mirándome intrigada, sin entender mi falta de entusiasmo por el regalo, que le había costado casi un año de ahorro para comprarlo.
El ruido especial que hacía la pelota al ser pateada atrajo a curiosos de otras cuadras y enseguida se armó un partido, un "picado", como se dice ahora, entre chicos y grandes. Muchos padres se metieron en el juego con un extraño brillo en los ojos. De pronto se alzó, inesperadamente, un fuerte viento que hizo agachar a los árboles y levantó una nube interminable de tierra que apagó por un instante el paisaje. Entonces, me puse de pie y lancé al aire mi barrilete. Sentí un enorme tirón en las manos, y, de no sujetar firme el hilo de pescar con el que lo tenía sujeto, se me hubiera escapado. El ventarrón se hizo remolino en los patios de las casas y se llevó a las gallinas por los aires.
En un momento dado algo me chupó, una gran ráfaga, y me elevé encima del camino de tierra, después sobre los árboles y las casas. No tenía miedo, al contrario, sonreía y era muy feliz. Allá, a lo lejos, cada vez más chiquitos, veía a mis amigos pateando con locura la pelota sin darse cuenta de lo que pasaba. Yo volaba sujetándome del hilo de mi pandorga, mi mejor regalo de cumpleaños.



 
108 Y UN QUEMADO


La noche en que lo iban a matar, Bernardo Aranda estuvo en el cumpleaños de una amiga y luego se fue con unos amigos, a cenar al Bar Carioca. Comió un suculento "bife a los pobres", regado por varias cervezas más frías que las bolas de un pingüino, al decir de mi amiga Reina Orué de Paredes, y, de postre, queso y dulce de batata. Un "vigilante", como lo llaman en la Argentina. Había adquirido este gusto mientras vivió en Buenos Aires, y lo seguía manteniendo en Asunción. Había nacido un 12 de marzo de 1933, en Arroyos y Esteros, y era el hijo menor de siete hermanos: cuatro varones y tres mujeres. Su madre, Catalina Valdés de Aranda, los estaba criando a todos ya que su padre los abandonó siendo muy chicos. "Siempre fue un bohemio y un tiro al aire", me dijo Perla Miño, su prometida, evocando 30 años después los pormenores de aquella muerte aciaga del 1 de septiembre de 1959. "Nos íbamos a casar dentro de una semana. Yo tenía listo mi ajuar, mi vestido de novia completo, y las invitaciones impresas para repartirlas", me dijo.
Perla y Bernardo estaban muy enamorados y hacía dos años que eran novios. En principio iban a vivir con los Miño, los padres de la novia, en una cómoda y amplia casa de los alrededores de Cristo Rey, en la calle Montevideo esquina Milano, para ser precisos. "Ahí andaba él" , me dijo. "Siempre de pantalón vaquero y botas tejanas, auténticas. Le gustaba vestir bien y usaba perfumes caros. También me los regalaba a mí." Así hablaba Perla Miño, en Buenos Aires, en la casa del maestro Herminio Giménez y de su hermana Victoria, en la calle Sarandí al dos mil y pico, cerca de la Plaza del Congreso. Dejó escapar un suspiro: "Fue el hombre de mi vida."
La cena en el Bar Carioca se había prolongado hasta poco después de las doce y media pasadas. Más aún: dos de sus amigos, al verlo ligeramente borracho; se ofrecieron llevarlo en coche y le aconsejaron que dejara allí su moto y recogerlo al día siguiente, hasta que fue asesinado cuarenta y cinco minutos después, lo recordaban tambaleante pero alegre, ,y a ellos les comentó que era una noche muy hermosa. Nadie estaba seguro de que se refería a su próximo casamiento. Muchos coincidían en el recuerdo de que se lo veía muy feliz haciendo compras y que a cada rato se llegaba hasta la sastrería para probarse su traje de boda. Pero la mayoría estaba de acuerdo en que, a veces, algo malo le ensombrecía el rostro, y que en el instante de la desgracia su moto se le había quedado dos veces antes de llegar a su casa. Yo, justo esa noche, cumplía mi trabajo de locutor. A la una en punto se cortaba la transmisión de Radio Comuneros, para retomarla de nuevo a las cinco de la mañana. Era la forma de enfriar la planta ya que en ese tiempo no existía todavía otra alternativa para refrigerarlos. Cuando me disponía a salir, a la 1.15, sentí una explosión en la casa contigua, pared lindera de por medio.
Bernardo Aranda, el paraguayo más famoso en el Paraguay por el tamaño de su verga y sus proezas de macho cabrío, tenía fama de hacer llorar a las burras del mercado cuatro; virtudes y defectos iban parejos y sufría un frenesí fornicatorio, la necesidad de acostar mujeres en la cama para convencerse de su virilidad. Parecía el favorito de los dioses: lindo, joven, apuesto, fuerte, sano, feliz. Se inventaban haberlo visto, hablado con é1-, en la radio, en la calle, en los bailes, en la kermesse, y, cuando ya se atrevían a decir estas cosas -ruborizadas, asustadas, sabiendo que era pecar de palabra y pensamiento y que tendrían que confesarlo al cura en la misa del domingo -se secreteaban, qué lindo, qué hermoso, ser amadas, besadas, abrazadas, acariciadas por Bernardo Aranda. Aunque dicen que no le gustan las mujeres sino los hombres. Se sospecha que es 108.
Además de locutor y animador era un consumado bailarín. No hacía mucho, poco antes de su muerte, ganó el primer premio en un concurso de rock and roll en el Estadio Comuneros, organizado por ZP9; la transmisión de la fiesta estuvo a cargo de Celestino Álvarez y Juan Bernabé y duró dos semanas para dar cabida a participantes de los más alejados lugares. Cada noche acudían miles de personas para apoyar y aplaudir a sus favoritos. El rock, nueva y revolucionaria música, estaba haciendo furor en el mundo y había llegado al Paraguay con éxito arrollador. Y Bernardo Aranda era uno de sus máximos exponentes. En el concurso sacó el primer premio, el segundo no recuerdo quién y el tercero, yo, que venía pisándole los talones a mi amigo y compañero de trabajo, en lo que al baile se refiere. El tenía veintiséis años y quien esto escribe dieciséis.
La pinta de Bernardo me recuerda la de Carlos Gardel, sin exagerar. Morocho de ojos verdes, de nariz y boca perfectas, dentadura blanquísima, de cabellos negros y ondeados, y de estatura regular, tirando a petiso. Lo único en su contra. Locutor y animador estrella de Radio Comuneros, poseía un carisma muy especial que atraía a las personas y, especialmente, al público. Había abandonado los estudios secundarios para ayudar a la familia. También debo decir, o recalcar, por sus méritos propios; Bernardo Aranda era alegre y pacífico, y de corazón fácil. Sus admiradoras y admiradores lo seguían a todas partes, su fama se acrecentaba día a día y esto lo hacía el niño mimado de Juan Bernabé, su protector y, según la voz del pueblo, su amante. "Este rumor lo sabía todo Asunción y había llegado a mis oídos. Yo no lo creía ... Bernardo era consciente de estar en una situación sospechosa, pero no tuvo valor para revelarme la verdad", recordaba Perla Miño. Además estaba a punto de lanzarse como cantante. Su voz hermosa cautivaba a los oyentes. Su timbre dulce y recio al mismo tiempo consiguió catapultarlo a la cresta de la fama. El público lo seguía y sólo querían escucharlo a él, en especial las mujeres, a pesar de que existían otros locutores de voz atrayente. Se había formado de la nada, desde abajo; y escaló el peldaño más alto a que puede aspirar una persona. Poseía talento verdadero. En la radio entró como auxiliar y fue escalando. Era ambicioso, quería llegar a toda costa, a cualquier precio, y lo estaba consiguiendo.
Se movía en el mundo marginal de los homosexuales; en ese entonces escondidos en los "placares", en los roperos, como se decía, por la feroz persecución de que eran víctimas. Los marginaban y la discriminación llegaba hasta el castigo, no sólo de la sociedad hipócrita, sino de la policía y la justicia. Los invertidos eran vistos y calificados de enfermos, de desviados y amorales. Aunque muchos de ellos eran poderosos debían vivir en las sombras, en las tinieblas como fantasmas. Se reunían de noche, a altas horas, en lugares secretos y alejados. Reuniones en las que participaban los personajes más inimaginables: políticos, periodistas, escritores, artistas plásticos, abogados, grandes personalidades de la banca y el comercio. Hasta algunos purpurados de la Iglesia. De estos encuentros clandestinos y misteriosos, decían, era habitué Bernardo Aranda.
El diario "LA TRIBUNA", el martes 1 de septiembre de 1959, en titulares tipo catástrofe anunciaba:

"TRÁGICO FIN HALLÓ EN LA MADRUGADA DE HOY EL LOCUTOR, BERNARDO ARANDA"
Un trágico suceso conoció hoy a la madrugada el barrio Obrero. Bernardo Aranda, conocido y prestigioso locutor y animador de Radio Comuneros, amaneció quemado en su cama.
1.15 de la madrugada
Sigo transcribiendo algunas crónicas de la época. Otro título dice:

EN TORNO A LA MUERTE DE BERNARDO ARANDA
Se practicó esta mañana la última parte de la autopsia del cuerpo de Bernardo Aranda, muerto en la madrugada de ayer y cuyo misterio se va abriendo lentamente gracias las investigaciones que se realizan en torno al siniestro suceso.
El redactor de EL PAÍS presenció esta mañana el acto de entrega y luego el traslado del cadáver de Bernardo Aranda, que será velado en la casa de un hermano.
Numerosos estudiantes de medicina, de derecho y funcionarios especialistas en crímenes, asistieron esta mañana para ver el cadáver totalmente quemado y opinar al mismo tiempo sobre el trágico episodio.
Insistimos, hoy, utilizando los medios más fáciles y los más difíciles, aun así no pudimos obtener la copia del resultado de la autopsia. Pero las personas encargadas del examen, nos prometieron entregar lo antes posible para su publicación. Recorrimos varias oficinas policiales, y del mismo hospital; sin embargo, no fue posible obtener la copia prometida.
Según fuente segura de información, existen varias conjeturas y versiones que no pueden ser tomadas como asidero responsable en torno a los detalles y forma precisa de la muerte del prestigioso locutor y animador Bernardo Aranda.
En nuestra próxima edición, trataremos de publicar las últimas noticias al respecto y posiblemente con un resultado cierto.

ÚLTIMA HORA
PRIMERA INFORMACIÓN MÉDICA
Los doctores Vicente Escobar, Dionisio González Torres, Juan Boggino, José Luis Gonzáles y Mongelós, trabajaron durante dos horas sobre el cuerpo de Bernardo Aranda. La parte que corresponde al análisis clínico en lo forense lo realizó el Dr. Dionisio Gonzáles Torres.
Los facultativos nombrados tuvieron que solicitar el concurso de químicos para determinar el trabajo. La más importante, que corresponde al estudio de la biopsia (extracción de algunas partes de los órganos necesarios) y así sacar las conclusiones biológicas que atañen a esta clase de investigaciones científicas.
Por de pronto, según los datos obtenidos por nuestro cronista, estamos en condiciones de decir que el examen y el trabajo policial son de gran envergadura. Mientras tanto, la policía continúa reuniendo detalles e hilvanando el rompecabezas conforme a las informaciones que recibe.

¿CÓMO HALLÓ LA MUERTE EL LOCUTOR ARANDA?

CONJETURAS Y PREGUNTAS DEL PÚBLICO.
DOS POSIBILIDADES. APASIONADAMENTE SE SIGUE EL CURSO DE LAS INVESTIGACIONES

La opinión pública sigue apasionadamente el curso de las investigaciones policiales y médicas en el deseo de conocer la forma cómo halló la muerte Bernardo Aranda, infortunado locutor radial cuyos restos fueron hoy conducidos al cementerio del Sur. Siguiendo nuestras informaciones vamos a anotar aquí algunas conjeturas y preguntas diversas que se hace el público de la calle, ya que el espeluznante hecho ha llegado a conmover a la gente, siendo el tema obligado de las conversaciones en todos los círculos capitalinos. Nos dicen, al respecto:
La electrocución aniquila el funcionamiento de todos los órganos y centros vitales del organismo. Las quemaduras, en cambio, en sus fases conocidas, de primero, segundo, tercer y último grados, afectan los tejidos de la piel con la penetración puramente superficial sin alcanzar a herir los órganos vitales internos. Las quemaduras anulan las puertas del oxigeno a través de los tejidos y, en consecuencia última, paraliza la actividad fisiológica del cuerpo humano.
Ante estas dos posibilidades, resta sólo preguntar: ¿cómo fueron hallados los órganos interiores de la víctima? Si fueron afectados, es electrocución, en caso contrario, nos hallaríamos frente a una muerte provocada por incendio.

ÚLTIMAS PREGUNTAS
¿Puede un hombre ser incendiado estando dormido o despierto, sin que ensaye una defensa contra el avance del fuego? ¿Puede el fuego avanzar tan rápidamente que impida la reacción de la víctima?
En nuestra edición de mañana, nos haremos eco de otros interrogantes que el público formula; con lo cual no tratamos sino de contribuir al esclarecimiento de este trágico suceso.

OTRAS CONSIDERACIONES SOBRE EL TRÁGICO SUCESO
Fuente entendida en investigaciones adelantó hoy a EL PAÍS que se trata de saber si nos hallamos frente a un monstruoso crimen. La policía está obrando de acuerdo al resumen del trabajo médico a fin de llegar a esa conclusión. En este sentido se desarrolla un intenso trabajo en reunir datos, pruebas y con ellos hacer una historia personal de Bernardo Aranda, conociendo sus relaciones sociales con invertidos y los problemas que tenía. Hasta ahora no se ha practicado ninguna detención preventiva, aunque el principal sospechoso, se dice, es Juan Bernabé Apocada, su patrón y protector y dueño de Radio Comuneros. Se harán las detenciones cuando se aclare la causa de la muerte del locutor. Por su parte, el Juez en lo Criminal se ha hecho cargo del trabajo correspondiente a su jurisdicción, y está tan perplejo con el enigma que le ha tocado en suerte, que muchas veces incurrió en distracciones líricas contrarias al rigor de su oficio.
Asunción, jueves 17 de Septiembre de 1959

De un Momento a Otro Sería Develado el Crimen del Locutor Bernardo Aranda
Estamos en Condiciones de Afirmar que la Policía se Encuentra sobre pista segura
Uno de los casos más difíciles que está confrontando el Departamento de Investigaciones, en los últimos tiempos, es la muerte del locutor y animador Bernardo Aranda. Un alto funcionario policial nos señaló que la falta de medios adecuados y modernos constituyen los principales obstáculos para el cumplimiento de una tarea policial más eficaz.
En el caso del infortunado locutor Aranda, la Policía ha movilizado sus esfuerzos para lograr la total aclaración de su muerte. Los funcionarios responsables de la investigación están. cumpliendo una ímproba tarea.
De un Momento a Otro
Pese al hermetismo de los responsables de la investigación, hemos podido saber que se está sobre pistas firmes y claras y que, de un momento a otro, él o los culpables serían detenidos. El sospechoso principal es un hombre muy conocido y cuando se conozca su nombre seguramente será una noticia sensacional.

Fuentes muy bien informadas, dicen que el asesino sería el amante de Aranda.

Suposición de EL PAÍS
Hasta la fecha EL PAÍS ha venido publicando diversas informaciones sobre este caso sensacional en los anales policiales. Así en nuestras columnas hemos dado a conocer declaraciones de familiares del infortunado locutor, allegados, actividades de la policía, etc.

Suposición sobre su muerte

Con motivo del descanso obligatorio que nos impusieron nuestras maquinarias en el día de ayer, hemos estudiado detenidamente el caso Aranda y llegamos a una conclusión. Aranda fue asesinado tras un incidente ocurrido en su propia habitación. La tragedia habría acaecido (de acuerdo siempre a nuestra suposición) de la siguiente manera. Suponemos a Aranda manteniendo relaciones con una muchacha. Ésta, al percatarse del retorno de su amado, ya sea viéndolo, o porque existía algún convenio de seña entre ellos (¿no podría ser el tocadiscos a todo volumen?), llega hasta la habitación de Aranda. Estando allí ambos son sorprendidos por el asesino que lo golpea a traición en la cabeza y lo desmaya en presencia de su amante. Luego le derrama nafta encima y le prende fuego. Se produce una explosión, la que escucha la señora del fondo. El tocadiscos con fuerte música de rock and roll, habría sido la señal para que los jóvenes se reúnan.
No nos explicamos de otra manera por qué el extinto puso el tocadiscos a todo volumen. Tampoco podemos explicar el origen de la explosión que escuchó la dueña de casa donde vivía Aranda, según su propia declaración. No podemos tampoco definir de otra forma la falta de combustible en el tanque de la moto propiedad del locutor, porque en el último de los casos habría quedado algún resto de nafta, pues Aranda llegó a su domicilio montado en su vehículo. En el caso de que la moto haya llegado realmente sin combustible, el asesino pudo haber usado nafta que Aranda tendría tal vez en su habitación de reserva o simple-mente una botella de fluido para encendedor (Sabemos que el extinto fumaba y usaba encendedor).
Bien. Cabe preguntar ahora, quién es la persona que consumó el crimen? Tiene que ser alguien muy allegado a uno de los dos jóvenes.
Si partimos de la base de que fueron sorprendidos, no cabe duda que quien los sorprendió fue el que cometió el hecho. Para que esta persona golpeara a Aranda (porque partimos de esa base) tiene que haber sido alguno directamente afectado por la relación amorosa que mantenían de manera clandestina.
En cuanto a la habitación que ocupaba Aranda, se dijo que estaba cerrada con llave. Lo natural es que Aranda, al ingresar su amante, cierre la puerta echándole llave. Pero el asesino pudo haber observado la presencia de los dos jóvenes a través de la especie de banderola que dejaba el ropero de Aranda, servía también de puerta en la abertura de la pared. Esta persona pudo haber ingresado en la habitación de Aranda por esa misma puerta retirando simplemente la valija que el locutor tenía sobre el ro-pero y que, a su vez, "tapaba" en parte la especie de banderola que dejaba el ropero. Consumado el hecho, el asesino abrió la puerta dejando salir a la mujer. Volvió a cerrar con llave la puerta y escapó por el mismo lugar por donde había entrado.

ASUNCIÓN, viernes 18 de Septiembre de 1959

Un Lector Hace su Propia Hipótesis Sobre Cómo Habría Hallado la Muerte el Locutor Bernardo Aranda.

Esta mañana recibimos de un lector una interesante nota formulando su propia hipótesis sobre lo que se ha dado en llamar "Caso Aranda". Por considerar de interés las apreciaciones que en ella se formulan, la publicamos sin entrar a discutir su fondo ni sumarse nada enfáticamente, hasta tanto no quede aclarado el misterio que rodea la muerte del infortunado locutor de radio. Dice la nota: "Asunción, septiembre 17 de 1959. Señor director de EL PAIS. De mi consideración. He leído detenidamente el artículo publicado hoy en el diario de su digna dirección sobre el crimen del locutor Aranda y me apresuro en afirmar que hallo perfectamente factible la hipótesis que los redactores de la Sección Policiales formulan.
Sin embargo, quiero expresar mi punto de vista sobre el particular y al mismo tiempo hacer una serie de especulaciones que, acaso, a la policía se le pasó por alto y podría servir de elemento esclarecedor llegado el momento. Numerosas y variadas son las versiones que circulan sobre este crimen y tomando algunos datos callejeros, las informaciones de los funcionarios policiales descartan definitivamente la posibilidad de un suicidio. No recuerdo, señor director, haber leído ni escuchado que ningún suicida se haya quitado la vida con fuego ni que exista ser humano capaz de soportar voluntariamente ese suplicio hasta que se le extinga la vida. Ni un enajenado mental se quitaría la vida en tal forma. Queda, pues, descartada la posibilidad de un suicidio.
Ahora bien. Al parecer, la vida del joven ha tenido muchos altibajos y en los últimos años el círculo de sus amistades incluía a personas de dudosa moral. Se habla de una logia de amorales (léase invertidos) que, según las versiones callejeras y las afirmaciones de un diario, constituye una organización peli-grosa para aquellos que pretenden desvincularse de la misma. No debe, entonces, descartarse la posibilidad de que el joven locutor haya sido víctima de esta organización. También se rumorea que tenía relaciones con mujeres comprometidas y otras desengañadas por supuestas promesas matrimoniales. Cualquiera fueran los motivos del crimen, supongo que el o los crimina-les meditaron serenamente los pormenores de su asesinato. Es aquí que no concuerdo con las deducciones de los redactores de la Sección Policiales porque, como se afirma en el artículo de hoy, el o los criminales hizo o hicieron gala de una extraordinaria sangre fría para cometer el hecho y desaparecer sin dejar huellas comprometedoras. Por eso soy de la opinión que Aranda fue acechado. El o los asesinos esperaron a su víctima dentro de la habitación. Pudieron haberlo desmayado de un golpe o amordazado simplemente y para ahogar cualquier grito de la víctima pusieron el tocadiscos a todo volumen. Una vez reducido Aranda lo habría acostado en su propia cama, extrajeron el combustible de su moto y le prendieron fuego. Comprobada su muerte se retiraron por donde habían ingresado, presumiblemente, por la abertura desprovista que dicen que existe en la habitación de la víctima. Producida la alarma, el o los asesinos se encontraban lejos de allí.
Creo, señor director, que esta hipótesis debe ser la más acertada a la verdad y, consecuentemente, el o los asesinos se encontrarían en círculos muy allegados a la propia víctima.
Repito que encuentro muy factible la hipótesis que su diario formula, pero haciendo una comparación encuentro que en la pista de EL PAÍS dos puntos son pocos probables: 1°) que la amante espere hasta altas horas de la noche y 2°) que en caso de haber sido sorprendido, el asesino haya demostrado tan extraordinaria serenidad, tanta sangre fría y presencia de ánimo para cumplir con todas esas operaciones sin dejar un solo detalle comprometedor. En cambio, partiendo de la conjetura de que el crimen fue meditado, se puede explicar fácilmente muchos detalles.
Finalmente, quiero pedirle, señor director, que se inicie una campaña tenaz contra los amorales obrando con toda energía para extirpar este mal que aqueja a la sociedad. Lo reclama el pueblo paraguayo cuyo timbre de orgullo ha sido siempre el de sus valores morales y ser, por sobre todas las cosas, hombres de verdad y buenos padres de familia. Porque hoy, por culpa de estos amorales, la familia paraguaya está en peligro.

Lo saludo con mi consideración más distinguida.
Amadeo CARVALLO Z.

LA ORGANIZACIÓN DE AMORALES
Uno de los detenidos, miembro de la vasta organización de amorales, habría hecho una declaración escrita sobre sus actividades, confesión que, por otra parte, habría servido para conocer importantes detalles de la organización de viciosos, invertidos y desviados sexuales, que se dedicaban, entre otras cosas, a captar a jóvenes por medio de regalos y dinero o a cambio de promesas de convertirlos en codiciados artistas de la radio y el teatro.


MODO EN QUE ACTÚAN
De acuerdo siempre a las informaciones que poseemos el declarante habría confesado la forma en que los miembros de la organización atrapan a sus víctimas diciendo que tienen preferencia por los jóvenes a quienes halagan en sus gustos y caprichos. Para el efecto, el depravado estudia su carácter, debilidad, ambiciones, etc., y una vez que ganó su confianza lo incorpora a la organización haciendo que todas las actividades de la víctima estén regidas por el vicioso. En esta forma a la víctima le resulta difícil "liberarse" de su protector, pues es amenazado de muerte haciéndole ver que la fuerza de la organización es superior a las que pueden concurrir en auxilio de la víctima. De esta forma queda encerrado en un círculo sin salida, solo puede escapar a través de la muerte.
El depravado somete a su víctima a una constante tortura moral de manera de tenerlo siempre aferrado a sus vicios. Cuando la víctima intenta rebelarse por la repugnancia ante tanta inmoralidad, es tratado con brutalidad, pues el "enamorado" se convierte en un verdadero monstruo que no abandona a su víctima por dos razones: 1°) por evitar a ser descubierto y 2°) por no perder a la persona sobre el que siente una atracción realmente poderosa.
Muchas veces la víctima, en su desesperación, opta por uno de estos caminos: huir del país, matar a su protector o, en los casos más raros, suicidarse. Aquí es cuando el depravado pone todo su arte de seducción y persuasión para que su amado no lo deje; le promete dinero o le hace costosos regalos, según: ropas, motos, relojes. Como generalmente la víctima es de recursos eco-nómicos modestos pero, como todo joven, ambicioso, el depravado se ve obligado a satisfacer las necesidades económicas de la víctima proporcionándole algunas satisfacciones con los queda nuevamente atrapado.
En la mencionada carta el declarante habría confesado igual-mente las vinculaciones que mantienen los viciosos en la organización general de invertidos amorales ocasionando, en muchas oportunidades, violentas disputas entre los miembros de la logia al pretender apoderarse de un protegido.

BERNARDO ARANDA: VÍCTIMA DE AMORALES
Según todos los indicios, el infortunado locutor de radio se habría encontrado en esta situación desagradable del que quiso escaparse en numerosas ocasiones con resultados negativos. El más formal y definitivo intento de liberación le habría llevado a la muerte. Dentro de unos días, tal vez horas, se daría a conocer el nombre del asesino. El país todo desborda de ansiedad por conocer la tremenda noticia que, sin lugar a dudas, sorprenderá a la ciudadanía. Más adelante, confirmaremos un serio e insistente rumor: todas las pistas -dicen, no nos constan- señalan al señor Juan Bernabé Apocada como el autor intelectual del crimen, cuyo móvil sería el pasional
Los Padres Deben Encarar con Energía el Problema de los Amorales
El caso de los amorales, o invertidos, sigue siendo tema de palpitante interés y su apasionado debate cobra inusitada intensidad ya que el desprecio hacia los mismos, es algo que que-da fijado en la mente y en la conciencia de los hombres y las mujeres.
Hasta ahora no nos habíamos ocupado seriamente de estos repulsivos viciosos. Los sujetos de la organización se mofan de la ley riéndose, para más, de las personas que condenan al aberrante círculo, al decir que pueden hacer lo que se les da la gana con el cuerpo, con la moral, etc. Es una célula, por así decirlo, compuesta en gran parte por gente de muy buena posición económica, algunos personajes de campanillas, entre quienes también se encuentran artistas: actores, actrices, pintores, arquitectos, etc.
La sociedad, junto con la prensa, debe afrontar conjuntamente el problema con suficiente interés y fuerza para hacer que los hombres de esta logia aparezca en la escena pública, y así el mismo pueblo conozca a los culpables de la depravación y corrupción de menores. Tiene que haber una dosis de fuerza moral capaz de sobrellevar los peligros del momento y destruir y liquidar a los círculos viciosos como éste, cuyos integrantes son delincuentes según el grado del hecho.
Los padres de familia, formados por hombres de bien, ahora que estamos en el trance de ejercer con más cuidado el control que merecen los hijos. Las promesas, el lujo regalado y otras prebendas, son cantos de sirenas que atraen y fascina a los que no quieren trabajar. Los degenerados se aprovechan de los incautos y lo someten a sus caprichos y vicios sexuales. Estos amorales, que se esconden en las sombras detrás de rostros respetables, viven, se mueven entre nosotros y hasta son maestros de nuestros hijos. Hasta hoy vivían escondidos en los roperos, en los placares, pero ahora están saliendo a la luz gracias -es un modo de decir- a la muerte de Bernardo Aranda.

ASUNCIÓN, miércoles 30 de Septiembre de 1959
¿Podría Quedar en la Impunidad el Crimen de Aranda que Constituye un Desafío a la Sociedad?
Tal vez esta sola pregunta valga por todo lo que pudiéramos decir en este artículo.
Hay preguntas que al solo formularla ya llevan en sí mismas las únicas respuestas posibles.
En plena capital de la República se constata un crimen cuyos contornos configuran la existencia de una desviación mental lindante con la locura, pero que entraña al mismo tiempo la prueba de una refinada perversidad.
Un hombre es quemado vivo, o en estado de inconsciencia, o después de muerto, no se sabe por qué procedimiento. El quemado así yace en la cama. Se supone que el combustible empleado es nafta. Aparece, cerca de la víctima, una moto con su tanque vacío. Todo esto sucede en la misma habitación que ocupaba el locutor Aranda, casi contigua al escenario en que se distinguiera hasta hace pocas horas antes de su muerte.
Había convivido en un ambiente de amorales. Inclusive los familiares que hoy lo lloran, soltando de golpe toda la carga del rencor que se le está pudriendo en el alma, dicen: "Salió de nuestro hogar limpio de mancha, con todos los atributos de un joven Va dispuesto a las nobles jornadas de la vida, conforme a la educación que recibiera de sus padres, y ELLOS LO CORROMPIERON!"
¡ELLOS LO CORROMPIERON!" Voz que hoy se repite como un toque de prevención en los hogares, y que predispone a los padres en celar aún más en el cuidado de la moral de sus hijos, ya que existe una amenaza cierta sobre ellos en el seno de la mis-ma sociedad, que se presenta alegre y cándida sin que nadie pueda sospechar los peligros que esa misma sociedad ofrece en el florecer de la vida.
Y esta es la hora en que la colectividad ya manifiesta su inquietud tremenda ante la imposibilidad de la revelación de un crimen que, si llegara a quedar impune, equivaldría tanto como a dejar el camino abierto a cuantos sean capaces de repetir las tareas monstruosas de la insania o de la perversidad.
No obstante esa inquietud, nosotros confiamos, como confían todas las conciencias honradas que obedecen en su íntimo a los imperativos de la justicia, en que las autoridades harán honor a sus funciones, como depositarias que son de la fe del pueblo, cuyos intereses morales y materiales están a cargo de su custodia. A ese empeño de las autoridades, debe acompañarse, con el mismo interés que hasta hoy se manifiestan en la sociedad asuncena, en todo tiempo hasta que llegue la hora de la revelación total, que llegará, fatalmente, ya que no existen motivos valederos para considerar que la impunidad ha de cantar victoria sobre la derrota de la justicia, ante un crimen semejante.


¿QUIÉNES SON LOS AMORALES?
No están en los hogares humildes de nuestro pueblo los vesánicos conculcadores de nuestras costumbres virtuosas, los factores morales negativos que atentan contra las viriles tradiciones paraguayas, sino en los antros en que se ocultan para meditar la bajeza de sus maniobras, extender sus redes a base de dinero y de incitaciones que obran sobre la mente de los niños y de los jóvenes.
Nuestro pueblo no posee la pasta propicia para someterse a la saña de los invertidos, pero la edad tiene su época en que los espíritus incautos carecen de la capacidad de análisis y son fáciles víctimas de los depravados que ya pululan en las sombras de nuestra sociedad, listos para hacer caer en el pecado a nuestros jóvenes; pecados que ya estaban escritos en los capítulos de la Biblia, desde los tiempos de Santo Tomás, y cuyos adeptos provocaron la ira de los cielos sobre Sodoma y Gomorra.
¿Quiénes son los amorales? ¿Dónde están? La opinión pública los conoce, y muchas veces los señala con el dedo. Muchos son artistas, abogados, arquitectos, hombres de campanillas.
Ante esta realidad cabe pedir a los hombres y a las mujeres, a los padres, a los educadores y a todas las personas de alguna responsabilidad ante la sociedad, que se disponga a una obra de bien social, a una empresa de dignidad colectiva enfrentando a la amoralidad hasta reducirla en un mal que debe desaparecer por la voluntad de quienes tienen limpio el cuerpo, la mente y el corazón de las lacras que hoy ostentan los carentes de la salud moral.
Esta debe ser la consigna en toda hora, hasta que los dedos de la sociedad puedan señalarlos y ubicarlos como merecen en el plano de la conciencia humana. Tenemos que limpiar la ciudad de las alimañas del sexo desviado, de los depravados, de los amorales, de los invertidos, que acechan a nuestros jóvenes en cada esquina de Asunción. Es hora ya de que pongamos al descubierto la cara de estos tipos que se la dan de "señores" y no son más que un grupo de anormales, de enfermos que deben ser tratados corno tales, cuando no como asesinos.

EL CINISMO ANTE LA LEY
Los amorales se manifiestan con un cinismo extraordinario ante la Ley. Son capaces de burlarse de todas las preocupaciones morales de la sociedad, por el solo hecho de que su delito no existe como tal, o con esa calificación, en el Código Penal.
"Nosotros seguimos una vocación que es tan antigua como la propia humanidad, y en este siglo de consagración de todos los derechos humanos, bregamos porque se nos tolere y entienda que somos diferentes, pero con los mismos derechos que cualquier otra persona. Tenemos otros gustos e inclinaciones sexuales distintos, sin incomodar a los otros que no quieran hacer lo mismo que nosotros".
Aunque el lector se asombre, que a algún amoral se le haya ocurrido llegar hasta nosotros a través de un anónimo, para afirmar, que “los moralistas” de EL PAÍS están errados, porque en esta materia no existe moral colectiva, sino moral individual, y nosotros somos individualistas por principios filosóficos. Si ustedes persisten en el error perderán tiempo y nosotros no perderemos nada."
Francamente, no hubiéramos publicado párrafo alguno de esta carta, pero somos democráticos y mostramos la otra campana. Lo hacemos también para arrancar de ella los motivos por los cuales continuaremos nuestra campaña de saneamiento moral, seguros de que así nos lo reclamen todos los hombres que aman y mantienen en su vida los atributos del honor viril.
Efectivamente existen lagunas en nuestro Código Penal, de la que se vanaglorian los amorales. Pero no por ocultos que parezcan esta clase de delincuentes, pueden escaparse al espíritu de la Ley que no puede admitir, no ya actos solamente, sino la sola idea que conduzca a desnaturalizar el destino de la especie humana. La Ley prevé la amoralidad como una actividad contraria a las buenas costumbres, y cuando la policía descubre un hecho repugnante, del que después le resulta difícil la presentación de una prueba, no por ese hecho ha dejado de existir como para que no merezca una más formal condena.

SOLICITARON LA LIBERTAD POR LA VÍA EXTRAORDINARIA DE HABEAS CORPUS
De acuerdo a un informativo de la secretaría de prensa del Poder Judicial, las personas nombradas a continuación, han solicitado la libertad por la vía extraordinaria de Habeas Corpus: Derlis Villagra, Jorge Ramón Guzmán, Domingo Melgarejo; Pedro Brítez; Ramón Domingo Román; Ignacio Burgos; Modesto Recalde; Felipe Salinas; Juan Carlos Rivas; Dionisio Medina Molinas; Bernardino Gómez; Oscar Manuel López; Osvaldo Frutos;: Pedro Pablo Silvero; Daniel Britez Benítez; Arnaldo Ramírez; Miguel Ortiz; Carlos A. Bedoya (h): Cirilo Álvarez; Hilario Rafael Gómez; Miguel A. González; Domingo Torres; Alfonso Denis Portillo; Delfín Eulogio Peña; Pedro A. Melgarejo Molinas; Raúl LLerandi; Gerardo López; Dorotea Olmedo de Cantero; José Vázquez; Felicia Chavez; Octaviano Varela González; Cristóbal Ortiz; Miguel Ángel González; Félix Abatte Yódice; Gerardo Antonio Bogado; Milciades Casabianca; Ramón Calderón; José Ocampos; Juan Bernabé Apodaca; Amado Zacarías; Lidia Álvarez; Cecilia Ramona Espínola; Julián Rojas; Justo Aníbal Garcete; Dámaso Ocampos; Isidro Ocampos y Marciano Martínez.
Eran la 1.15 de la madrugada cuando Bernardo Aranda llegó a su casa en su moto Harley Davinson, importada, con espejitos y cintitas de colores que formaban la bandera paraguaya. La dejó en el corredor, en el lugar de costumbre, y después fue a la radio, que quedaba pared de por medio, a buscar un disco. Dio la casualidad que yo estaba de guardia y le entregué el long play Al compás del reloj de Bill Halley y sus Cometas. Se despidió amablemente de mí y volvió a su casa. Al rato sentí que el viento traía los furiosos compases de un rock and roll. “Bernardo está loco -me dije, poner la música a todo lo que da a esta hora. Enseguida se le van a quejar los vecinos". No entendía cómo Lidia Alvarez, la dueña de casa, lo aguantaba. Seguramente por su simpatía y cordialidad y lo bondadoso que era. A lo mejor por los regalos que le hacía.
Alrededor de las dos de la madrugada, cuarenta y cinco minutos después de acostarse Aranda, Lidia Alvarez, que vivía en el fondo, escuchó una explosión y salió a ver qué pasaba. Golpeó la puerta y lo llamó varias veces a Bernardo.

¡Bernardo, hijo-le gritó-, qué pasa!

Bernardo Aranda no contestó.
Entonces ella se fue corriendo hasta la radio a avisarle a Juan Bernabé, ya que era su protector y patrón, quien se levantó rápido y al pasar por el estudio me pidio que lo acompañara. Juan, Lidia y yo llegamos a la carrera hasta la casa de Aranda, y encontramos la puerta cerrada y vimos que salía humo por los agujeros. Juan empujó con fuerza la puerta golpeándola con el hombro varias veces, y logró abrirla. Un golpe de fuego salió a recibirnos y casi nos tiró al suelo. Entonces vimos un espectáculo monstruoso. Las paredes, el ropero, los cuadros, el tocadiscos, el ventilador, la cama y el cuerpo de Bernardo Aranda se hallaban totalmente en llamas. El estaba en cuclillas y con un brazo levantado y la boca abierta, en actitud de escapar, pero petrificado. El resplandor del fuego mostraba el reloj y la gruesa pulsera de oro que tenía en la muñeca.


 

EL AMOR TIENE CARA DE MUJER


Había sido el sábado más cálido de Itacurubí de la Cordillera y tal vez de todo el. Paraguay en décadas, y no era necesario sentirlo para saberlo. "Todo el mundo está loco por el calor", me dijo la servicial señora dueña de casa, empapada de sudor dentro de su vestido de saraza. "Espero que esté cómodo en su catre", dijo. Yo formaba parte de la compañía de teatro de Ricardo Turia, y estábamos de gira con "El Pombero", pieza que representábamos por todos los pueblos de la campaña, y que en Asunción se trasmitía en capítulos y como radionovela por Radio Cháritas. Eran parte del elenco Lilian Colmán, Graciela Pastor, Doris Alder, Dorita Rudis (que juntó sus apellidos Ruíz Díaz y lo convirtió en Rudis), Domingo Civils, Ramón Patiño, Washington Ramírez y yo éramos una especie de juglares que íbamos de ribera en ribera llevando nuestro caliente mensaje de poesía.
Ahora me parece una vivencia irreal aquella noche de quién sabe cuándo. Después de la función, nos alojaron en una gran casa solariega. A Ricardo Turia le dieron una habitación, igual que a las mujeres. El resto de los hombres dormimos en el patio, en catres, protegidos por mosquiteros. El calor no nos dejaba dormir, pero a la madrugada cambió el viento y un rocío fresco trajo un poco de alivio y pudimos conciliar el sueño.
En el silencio y la oscuridad totales, de pronto, escuché una especie de voz, o susurro, débil, y que algo viscoso me corría por las mejillas. De buenas a primera me encontré abrazado por un cuerpo extraño, peludo y sudoroso, que me conminaba, susurrando veloz y de modo casi inaudible, a que le diera un beso en la boca. Entonces, en medio de aquel incomprensible encuentro, paralizado de susto, intentaba defenderme de la bestia u hombre, que arremetía contra mí entre dulce y feroz al mismo tiempo. Quise gritar pero una mano de hierro me tapó la boca. En mi desesperación pateaba y manoteaba queriendo deshacerme de las tenazas de los brazos que me ceñían como para matarme. Me sentí perdido. Ya empezaba a faltarme la respiración. En eso la voz de mi atacante, jadeó:
-¡No grites, por favor! Nuestros compañeros pueden despertarse...
-Quiero ser tu mujer- rogó la voz bien impostada de estilo teatral de uno de los hombres del elenco.






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