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sábado, 30 de enero de 2010

GUSTAVO PRESIDENTE (II) por SANTIAGO TRÍAS COLL (Novela) / Prólogo: RICARDO CABALLERO AQUINO

GUSTAVO PRESIDENTE (II)
por
SANTIAGO TRÍAS COLL
© Santiago Trías Coll
(Enlace con datos biogáficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
Ñanduti Vive e Intercontinental Editora,
Asunción-Paraguay 1993 (193 páginas)
Diseño de tapa: Higinio Murdoch

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** En aquel espeluznante testimonio, se detallaba con peculiar realismo los efectos de una gigantesca masa de agua lanzada en una loca carrera que se extendía a lo largo de mil quinientos kilómetros desde la represa de Itaipú hasta su definitiva entrega en el Atlántico.
** Los cien metros de columna de agua liberada, tras las explosión de una carga nuclear equivalente a dos mil toneladas de trinitrotolueno que hizo saltar por los aires los contrafuertes de hormigón de la presa principal, producirían una descomunal ola de más de cincuenta metros que tardaría once minutos en alcanzar las ciudades de Foz de Yguazú, Puerto Presidente Bódeker y Presidente Franco. Las tres urbes quedarían virtualmente borradas del mapa, sucumbiendo trescientas mil almas que se perderían irremediablemente bajo los efectos devastadores de la onda de choque primaria. La virulencia de la ola frontal conservaría su terrorífico poder destructivo en el decurso de los trescientos kilómetros iniciales que transitaban en una configuración hidrográfica de cauce encañonado, aniquilando la totalidad de aldeas ribereñas. Las localidades de Encarnación y Posadas sufrirían las consecuencias de una terrible inundación, perdiéndose más vidas y ocasionando cuantiosísimos daños materiales. A partir de ese enclave, las aguas alcanzarían la zona donde se iniciaba el curso fluvial de planicie, produciéndose un desbordamiento masivo que anegaría millares de hectáreas de cultivo y otras tantas de uso pecuario. Las secuelas de la pavorosa riada que avanzaría imparablemente hasta su desembocadura en el Río de la Plata, irían dejando su sello de destrucción y muerte a lo largo y a lo ancho de su paso por territorio argentino.
** Cuando la imponente crecida arribara a Buenos Aires, donde gran parte de la ciudad había sido evacuada, Gustavo despertó súbitamente dejando escapar su grito.
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PROLOGO
** Lo que hubiera pasado si...
** Entre las preguntas más imbéciles con que se puede importunar a historiadores profesionales, descuella esa donde se le pide que lucubre algunas de las posibilidades si en lugar de ocurrir lo que aconteció, hubiera tenido lugar lo contrario.
** Más, cuando la misma especulación revolotea en la mente de un avezado narrador de ficción, el resultado puede ser un suceso literario y hasta parcialmente histórico.
** No fue otra cosa lo que aconteció con la celebrada primera parte de la novela de Santiago Trías Coll, GUSTAVO PRESIDENTE. El golpe de la Candelaria de 1989, en esa obra ficticia, fracasó y Gustavo Bódeker, el coronel Aeronáutico casado con María Eugenia, sucedió a su propio padre en la etapa de la Segunda Reconstrucción. Gustavo Presidente cometió por entonces un solo craso error. Creyó que un presidente del Paraguay tenía suficiente campo de maniobras en materia política y osó enfrentarse a las potencias internacionales. Le costó el exilio a Curitiba, previo levantamiento cuartelero, esta vez exitoso, del general de Caballería Andrés Gómez de Rodrigo, esposo de doña Nelli y padre de Dolli, Marta y Mirta.
** Es prescindible consultar el Oráculo de Delfos para descubrir en un rápido inventario quién es quién en la novela de Trías Coll. Está Luis María Lagraña, el coronel de Caballería Lino Salcedo y el general Mancete. Los medios de comunicación no están ausentes, Nicolás "Mino" Borini dirige la Red Independiente de Comunicación y, Humberto Manchín, no se despega del micrófono de su Radio AOPO`I.
** Nada permite concluir que Trías Coll se haya propuesto jugar precisamente a las escondidas con sus lectores. La imaginación del escritor más bien enfocó otros aspectos para recabar en lo que él denomina la "contrahistoria".
** Desafiando el cliché hollywoodense en el sentido de que segundas partes "nunca fueron buenas". Trías Coll nos regala ahora GUSTAVO PRESIDENTE II, con un amplio espectro de hechos reales y ficticios de la siempre ebulliente política paraguaya.
** Todos los ingredientes están ahí, elecciones que no eligen nada y donde los protagonistas saben de entrada que no guardan la menor intención de hacer de los comicios un ejercicio en suspenso o "fair play". Aparecen también los ubicuos golpes de Estado, que desde 1936 tienen como ejes a jefes militares insatisfechos con el acaecer político o descontentos con ciertos nombramientos oficiales.
** Y ¿cómo no?, está siempre presente en todos los planes, contra-planes, proyectos y abortos, S.E. el Sr. Embajador del Gran País del Norte. En este caso, el ex asesor presidencial Mr. Dunham. Tanta es la injerencia de Dunham y los suyos en la política paraguaya que, en cierto pasaje de la novela el general Lino Salcedo deja escapar esta muestra de exasperación: "Esos gringos deberían trasladar su oficina al Palacio de López, así todo resultaría más sencillo". Por lo que se sabe, casi cada presidente desde 1936 tuvo ese pensamiento, lo exteriorizara o no.
** No son pocos los que juran que toda la última "transición" no hubiera llegado a destino de no mediar esa injerencia. De modo que la obra de Trías Coll no está tan divorciada de la realidad.
** Lentamente, sin embargo, el relato se aleja de los avatares políticos paraguayos para ingresar francamente en el campo de la novela policial de suspenso. El relato se torna electrizante y el autor logra crear el ambiente necesario para hacer creíble la trama y posible el desenlace.
** Las descripciones son altamente profesionales, siguiendo el consejo de Hemingway en el sentido que el escritor debe conocer íntimamente eso que va a describir y debe ver los detalles que pasarían desapercibidos en mentes menos inquisidoras.
** El español del español Trías Coll es, esperadamente, crocante y se deja leer con toda soltura. La novela fácilmente atraerá lectores por el tema y, sobre todo, porque la trama no decae en momento alguno, con lo que una vez iniciada la lectura, cualquier interrupción será considerada como altamente inamistosa. - RICARDO CABALLERO AQUINO - Setiembre-1993

JULIO CORREA - PÉICHA ĞUARÃNTE, COSAS DE TÍTERES, ADELANTE y EL RÍO ES UN GRAN POETA / Fuente: POESÍAS DEL PARAGUAY. ARAMÍ GRUPO EMPRESARIAL


Autor: JULIO
CORREA
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
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PÉICHA ĞUARÃNTE
. Para la música de J. A. Flores
Angaipa vai che rembiapokue
Che ánga apytépe ojehaitypo.
Javorái pytã ko che rekove
Yvykua ñarõme ohóva oñehẽ
Ipiru hağua... Ipiru hağua...
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Ojepokahápe pe mba'embyasy
Ipyahẽsoro che rekovekuápe
Ha mamo ahahápe
Cheykére oguata
Chekutu kytĩ angavoraita.
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Pecherejánte, pecherejánte
Taipykúi ahávo che ko che rape
Che hína péicha ğuarãnte
Péichama amanóta che.
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COSAS DE TÍTERES
Hizo el titiritero como veinte fantoches.
Durante muchas noches,
frente al pobre establo,*
al Príncipe, a la Reina y al Arlequín y al Diablo,
hechos de la madera encontrada al azar,
la humilde y buena gente aplaudió sin cesar.
.
Dijeron en la aldea, de los títeres:
-Todos, buenos artistas son;
y el titiritero, también con esa idea,
sintió que le bailaba gozoso el corazón.
Fue a besar a sus títeres y se durmió tranquilo en una dulce calma,
amarrados los hilos de los fantoches a su alma.
.
Y despertó el titiritero de su sueño de paz
y oyó que le gritaban los títeres en coro:
Nosotros somos hombres, sí, señor,
y además el ser artista es un desdoro,
señor titiritero: pase Ud. buenas noches-
y rompiendo los hilos se fueron los fantoches.
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Desierto está el retablo.
El Príncipe, La Reina y el Arlequín y el Diablo,
el Rey con su corona, brillante de oro falso
y aquel Polichinela que con sus carantoñas hiciera reír tanto
se marcharon. Con el llanto clama el titiritero:
¡Es un cadalso este retablo mío!
.
Yo siento que te matan ¡ay! corazón, de frío, de un frío que te parte
en pedazos de lágrimas, en pedazos de muerte!
¡Oh, fantoches malditos, os robasteis la suerte!
de poder ser artistas, de poder hacer arte!
¡Oh, fantoches, fantoches, fantoches maldecidos,
perdeos en las noches de todos los anónimos, de todos los olvidos!
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Os hice de tarugos,
puse en vosotros todos mis afanes prolijos,
y fuisteis mis verdugos,
y hasta me abandonasteis...
¡lo mismo que unos hijos!
*. En: Poesías y Cuentos Completos dice retablo.
Creador del Teatro Guaraní. En: Revista Asunción (4). Bs. As., 1941.
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ADELANTE
(A Fa-Re).
Ha tiempo que descansas, hermano peregrino,
sentado en esa piedra al borde del camino,
sin oír que te dice, ¡anda, anda! el destino.
¿Es qué anclaste tu anhelo con la espiga de oro
que fue, flor y alas en tu canto sonoro,
o te detiene el peso de tu inmenso tesoro?
Levántate y desgrana toda tu primavera,
el surco está mullido, bello el sol reverbera,
y la vida con ansias de pubertad espera.
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Y si al ver tu simiente que ha caído en la roca
en un rictus amargo va a crisparse tu boca,
a la santa paciencia, serenamente invoca.
Y si hallas a tu paso la ansiosa caravana
que pugna jadeante por la conquista vana
del mendrugo de pan,
que ha de roer inquieta pensando en el mañana,
déjala tal victoria corresponde a su afán.
Publicado en: Cuerpo y Alma. Poesías. 1ª ed. Buenos Aires. Difusam, 1943.
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EL RÍO ES UN GRAN POETA
El río es un gran poeta
que va cantando su ensueño
de amor y de libertad
en la guitarra del viento.
El río es un gran poeta
que dice un poema inmenso
en el lenguaje de Dios.
No le culpéis de los muertos
que los bandidos le arrojan
desesperados de miedo,
por escapar al castigo
que llegará justiciero.
El río es un gran poeta
que dice su poema inmenso.
Él va cantando, cantando
y la magia de su estro
está gestando amorosa
el canto del hombre nuevo,
con el crujir de protesta
de todos los esqueletos
de las víctimas que el odio
cobarde le echó a su lecho.
El río es el gran poeta
que cantará el poema inmenso!
Publicado en: Cuerpo y Alma. Poesías. 1ª. ed. Buenos Aires. Difusam, 1943.
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Fuente: POESÍAS DEL PARAGUAY – ANTOLOGÍA DESDE SUS ORÍGENES. Realización y producción gráfica: ARAMÍ GRUPO EMPRESARIAL, Dirección de la obra: OSCAR DEL CARMEN QUEVEDO. Recopiladores y autores: RAÚL AMARAL, MARÍA BARRETO DE RAMÍREZ, AÍDA ORTÍZ DE CORONEL, ELA RAMONA SALAZAR S., RUDI TORGA / Tel. (595-21) 373.594 / arami@rieder.net.py – Asunción / Paraguay. 2005. 781 pp.).

viernes, 29 de enero de 2010

LA CATEDRAL SUMERGIDA. Autor: AUGUSTO CASOLA / Prólogo: FRANCISCO PÉREZ-MARICEVICH / Presentación: JOSÉ ANTONIO BILBAO / Versión digital

LA CATEDRAL SUMERGIDA
Autor:
AUGUSTO
CASOLA
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
Edición digital: Alicante :
Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2001
N. sobre edición original:
Edición digital basada en la de Asunción (Paraguay),
Ediciones La República, [1984].



PRÓLOGO
* Augusto Casola (EL LABERINTO, 1972; 27 SILENCIOS 1975) afirma con este libro, LA CATEDRAL SUMERGIDA, una presencia creadora cada vez más definida. Creo que también cada vez más punzante. Su novela inicial anticipaba un diseño narrativo cuyos trazos fundamentales se ven ahora -como es frecuente esperar de un autor joven aunque no siempre lleguen a cumplirse los vaticinios- decididamente firmes. Estos trazos no se agotan en un repertorio funcional de instrumentos formales, en la utilería retórica que corre siempre el riesgo de quedarse o en la sola profusión o en la novedad sola. Implican, en lo esencial, una visión, un ámbito de existencia que resumen una totalidad. Esta visión y este ámbito son, en Casola, la cotidianidad, ese espacio vital múltiple y vario del acontecimiento que se nos enmascara, ocultándose, en una unidimensionalidad falsa, no por equivoca, sino por muda.
* El espacio de lo cotidiano es, pues, a mí modo de ver, el lugar en que Casola escoge, no que encuentra, sus significantes. Desde luego, lo cotidiano es el contexto en el que nos constituimos como hombres. Es también el lugar en el que la historia se pulveriza en sus determinantes. Nuestro ser hombres en medio de una historia que nos transcurre -somos su paso, su hueco, su polvareda- se desdobla, traduciéndose con erratas, en la objetividad de lo cotidiano.
* Casola asume precisamente esta objetividad -urgencias biológicas, imposiciones de la costumbre y otras humanidades o residuos- y la hace estallar por acumulación hiperbólica de sí misma. Es decir: como un globo lleno de aire que, al anularse como límite, se descubre sólo como portador -enmascarador- del vacío. De la inmensa, sí bien repetitiva, población de situaciones y formas (o de situaciones-forma) que constituyen esta objetividad, Casola se apropia de algunos signos: la vejez, por ejemplo, que se formaliza en objetos que remiten a un pasado devorador que erosiona el presente borrando las diferencias. O el sueño, la alucinación, la ebriedad o la locura que no ejercen en su contenido de mundo ninguna transmutación, sino que lo exageran, lo multiplican, revelando, por acumulación frenética, su perversidad, su nulidad o su absurdo.
* Un autor -que es un hombre con su hambre y con su don, con la peculiaridad de que su don viene de su hambre- es una conciencia dentro de una historia. Su tentación diabólica específica está en llegar a considerarse, de buena fe, conciencia de esa historia. Lo grato de Casola es que él parece estar ajeno a esta tentación que acosa, en especial, al escritor latinoamericano. Él está y se siente estar en una historia, una historia que le interpela y a la que juzga enjuiciándose a sí mismo. Esta historia es, en su base, la de un hombre de clase media asuncena y, en segundo lugar, la de una sociedad en su conjunto que sufre la crisis, pero que la sufre en el espacio -que es tiempo detenido- de una enajenación. Esa situación de duermevela, de irrealidad (por emposamiento de realidad insignificante), de totalidad malsana, de identidades por confusión, de no-lenguaje, en suma, constituye el significado de la cotidianidad capturada por la escritura de Casola.
* Esta lectura del texto implícito de LA CATEDRAL SUMERGIDA es, que duda cabe, cuestionable. Es por completo cierto que debe haber otras, situadas a diversos niveles semióticos. Una de esas otras lecturas, la única imprescindible para Ud. es la de Ud. mismo.
* Comience ahora esa estimulante aventura, esa enriquecedora tarea. No sería improbable que, al final, nos volviésemos a encontrar.
Julio, 1983 - FRANCISCO PÉREZ-MARICEVICH
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PRESENTACIÓN
* Presentar un libro es una faena grata al espíritu, aunque a veces entrañe un riesgo crítico cuando quien lo bautiza no es desmenuzador de textos ni analista profesional.
* Augusto Casola me ha elegido -él sabrá por qué razones- para que lo ponga ante Uds. en este día en que otro fruto de sus vigilias y reflexiones ve la luz después de un largo proceso de gestación.
* Casola no es un desconocido en el difícil ministerio de las letras, pues como poeta y fabulador tiene notorios antecedentes en libros publicados como «El Laberinto», su novela primigenia, que obtuvo el primer premio en un concurso de narrativa. No se quedó allí, varado, regodeándose con el beneficio de la distinción y la publicación de su obra, sino que fiel a una acendrada vocación persiste en la tarea emprendida.
* Ahora, en este acto, con sello editorial de La República, presenta su tomo de cuentos que titula «La Catedral Sumergida». En un cuento, con el mismo nombre, el autor teje una fantasía erótica, algo que parece un sueño irreal o una pesadilla sexual, en un templo sumergido, relacionándolo con el impresionismo de la célebre pieza musical de Debussy. Este cuento no condice con el impacto real, a veces desolado, de los otros, fundados en la vida, extraídos de hechos diarios, en que la compleja trama de una humanidad doliente se extiende sobre hombres y mujeres como inmensa telaraña que los aprisiona entre sus hilos sutiles, pero asfixiantes. Como dice el crítico Francisco Pérez Maricevich en el prólogo de esta primera edición

«lo cotidiano es el contexto en el que nos constituíamos como hombres. Es también el lugar en el que la historia se pulveriza en sus determinantes. Nuestro ser hombres en medio de una historia que nos transcurre -somos su paso, su hueco, su Polvareda- se desdobla, traduciéndose con erratas, en la objetividad de lo cotidiano».
* Los cuentos de Casola agregan a nuestra escasa narrativa, un hito más. Pero cabe considerar que el autor no se fija en mitos ni trata de hacer un realismo mágico en el que las irrealidades son primordiales y las realidades, secundarias. En las páginas de este libro no hay juegos de palabras ni una morosa delectación en describir paisajes ni hacer literatura barroca. Es más, podría decir con honrada sinceridad, que Casola huye, como de un fantasma, de todo barroquismo. Su pintura, su escritura, se ciñe al hecho directo, en forma tal que quien lo lee se siente sorprendido por esa descarnada actitud de marginar lo poético, que sería arrequive, para clamar, por medio de la prosa, en lo dolorosamente prosaico que es el vivir en un mundo caótico, triste y tan duramente inhumano por ser, valga el término, demasiado humano en una dimensión opuesta a todo romanticismo. No todo lo que escribe Casola en sus 20 cuentos ocurre en la ciudad, devoradora de vidas. También hay escenarios campesinos, con personales atados a la tierra, dependientes de ella, Situados en un entorno que al menos tiene aristas coloridas y no grises.
* En suma, nuestro autor, ingeniero de profesión, mensura tipos y psicologías diversas, para ofrecernos una muestra, planificada, de las vicisitudes del hombre.
* Casola, es miembro del Pen Cub del Paraguay y la entidad, a través del que estas deshilvanadas reflexiones hace, se siente honrada en presentar este libro de un conspicuo socio.
JOSÉ ANTONIO BILBAO - 5-Abril-1984 - Presidente del P.E.N. Club del Paraguay
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LA MADRUGADA DEL DÍA SIGUIENTE
La luna tempranera de las tres de la tarde, moneda incompleta, cuarto creciente, especie de mancha transparente, extemporánea sobre el cielo brillante y azul, soplo de viento que agita el verdín y el calor, enmarcan la hora en la cual Luciano inicia la cochura del chipá, que alienta en un humo oloroso y blanco, volviendo constantemente la cabeza hacia el sendero polvoriento, esperando, como hace todas las tardes de luna tempranera.
-¿No llegó todavía?
-Ya te dije que no puede, que no va a venir más, contesta su mujer, mientras acomoda en el canasto, la primera hornada de la tarde.
-Yo sé que va a venir -insiste Luciano y aspira el sahumerio que brota del horno de adobe y arcilla colorada- ¡Vos qué sabés! Te digo que va a venir nomás, porque ayer soñé una cosa rara y seguro que es buen anuncio.
La luna premonitoria sigue desvaída en el cielo intenso de la tarde cuando Luciano saca la segunda hornada, tan apetitosa, que apenas puede resistir el impulso de meter uno de los panecillos en la boca. Lo detiene la mirada dura de su mujer.
-Hoy vendimos mucho -comenta ella-. El segundo canasto ya se acabó.
Luciano se rasca el cuello, torturado por los mbarigüí: -¡Cómo pican estos bichos! -exclama- Me parece que va a llover un día de éstos.
La mujer carga el aromático manjar en el canasto grande que trajo la chica. El bolsillo delantero del delantal abulta en billetes apelotonados y su cuerpo, ancho y ondulante, se mueve con lento vaivén de las nalgas, al caminar.
Volviéndose hacia el hombre que sigue dándose palmadas dice: -No te hagas ilusiones. Hace tres meses que sigue éste calor y no hay esperanza de que cambie. Mirá nomás cómo está el cielo... Esos bichos te pican de puro hambrientos.
Luciano ceba el tereré en la guampa ornamentada con sus iniciales.
-A mí me parece que no pasa otra semana sin lluvia. Hay muchas nubes: el sudor resbala sobre las mejillas del hombre y marca, en su rostro, una larga cicatriz rosada que se abre paso entre la polvareda que forma una segunda epidermis sobre su piel, antes de gotear en la camisa transpirada.- Te estaba contando pues ese sueño raro que tuve -le dice a su mujer sorbiendo la infusión. Yo no aparecía, pero había un perro blanco, muerto, que se caía de espaldas en un precipicio.
-Yo no entiendo de sueños -la mujer coloca el canasto sobre la cabeza de la chica y siente como le crujen los huesos raquíticos-. Esta es la última tirada -dice-. A ver si vendés pronto porque después quiero que levantes la ropa, antes que sea de noche.
Luciano deja la guampa a un lado y queda mirando el camino que sigue la muchacha. El apteraó, aplastado sobre su cabeza, se confunde con los cabellos desgreñados: -Va a venir por ahí- señala con el mentón-. Vos no me creés pero yo sé lo que te digo. Ese sueño que tuve...
-¿Porqué no te levantás y hacés algo? -responde Gumersinda con voz agria-. No sé lo que te pasa por ahora. Vos sabés bien que no puede ser -se dirige al rancho balanceando las nalgas inmensas-. Luciano, dejate de soñar y vení a tomar cocido o qué, ¿querés? No sé lo que vas a conseguir repitiendo siempre la misma cantinela.
El hombre levanta la vista hacia el cielo y vuelve a bajarla hasta sus pies descalzos.
-A la pucha que no me dejas en paz...
-Si te dejo, vas a estar todo el día haraganeando en esa silleta y hay un montón de cosas que hacer. Mirá nomás cómo está la casa. Hace años que nadie le pinta y el catre ese donde duerme la ñorsa va a caerse un día de éstos. Tiene todos los tornillos flojos y vos, lo único que querés, es estar ahí, sin hacer nada.
-Le estoy esperando, nomás -responde Luciano sin abandonar la mirada soñadora.
Quedaron muy lejos, en el horizonte de los recuerdos, los días en que Luciano iba a los bailes pueblerinos, persiguiendo muchachas y trabándose en discusiones por asunto de naipes o polleras. Al juntarse con Gumersinda, dejó todo eso para trabajar en su capuera y en la producción casi industrial del chipá, que logró alcanzar renombre hasta en la capital. En esa época, Luciano era incansable.
Construyó el rancho y, cuando Gumersinda descubrió su estado de gravidez, el hombre duplicó la actividad de los hornos, contratando gente que lo ayudara a fabricar y a vender el producto, llegando a enviar cien tiradas por día, que distribuían las camionetas, provistas de altoparlantes, anunciadores del sabor.
María Isabel conocía a su padre por el olor a tabaco, mezclado con el aroma del chipá recién hecho y por las interminables frases cariñosas pronunciadas con voz gruesa, en la dulce entonación de su idioma ancestral. A los tres meses reían juntos, a los seis, ella gateaba entre las piernas de Luciano y las montañas de chipá, acumuladas en el patio y de las cuales, María Isabel, probaba algunos trocitos que derretía entre sus encías sin dientes. Por momentos, Luciano dejaba de amasar, introducir y sacar del horno los panecillos y se dedicaba a jugar, diciendo cuantas ternuras pasaban por su cabeza, a las que María Isabel respondía con largas carcajadas sin dientes, de puro contento, sin entender nada.
El día de su primer cumpleaños, la casa estaba completa, con olor a pintura fresca hasta en el patio, donde los árboles lucían un aspecto alegre después del blanqueo de sus troncos. El pueblo, unas treinta familias, fue invitado a festejar el acontecimiento, y desde las ocho de la mañana, el rancho reluciente, se convirtió en el centro del desfile multicolor de matronas engalanadas y señores que, al influjo de los aperitivos, convertían sus bocas en torbellino de risas o se dedicaban a relatar anécdotas gloriosas de los años de guerra, mientras sus mujeres atendían a los niños, el asado, los chorizos, las morcillas, yendo de aquí para allá y sirviendo las bebidas que corrían en abundancia. Para la ocasión, Luciano hizo traer ciento cincuenta docenas de globos en la variedad más increíble que pudo imaginar y, durante una semana, la chiquilinada se pasó inflándolos hasta sentir los pulmones empequeñecidos, la boca seca y las rodillas temblorosas, pero al llegar el gran día, colgaban del techo, en las ventanas, de los árboles, en cada rincón de la casa, hasta la carreta y los cuernos de los bueyes se adornaron con globos inmensos.
Después del chocolate (que Gumersinda preparó en una olla gigante de cincuenta litros) y las chipitas con cada una de las letras del nombre de su hija, Luciano y los demás invitados varones, se sentaron a truquear hasta la noche. Se encendieron los faroles a querosén y a los sones de la orquesta, contratada en la capital, bailaron los jóvenes, que no iban a desperdiciar esa oportunidad que quizás no volvería a repetirse.
Cerca de las tres de la mañana, la nena despertó sobresaltada, con sus ojos negrísimos atravesando la oscuridad que no comprendía. Bajó de la cuna, cruzó el pastizal entre las parejas que bailaban, se acercó a Luciano que no la vio y siguió caminando, hacia el bosque, atraída por los miles de ruidos, apenas audibles, de los animales nocturnos y el crujir de la hojarasca, pisada por sus pies helados. Se internó en la maraña de yuyos y ramazonas fantasmales, en pos del llamado que la despertó del sueño. Cruzó el arroyo, dejó marcas de unos dedos pequeñitos en la arena blanca de la orilla y se perdió en la oscuridad indecisa de la madrugada del día siguiente a su primer cumpleaños.
Se dieron cuenta cuando la mamá fue a ver si la nena estaba mojada para cambiarle los pañales. Nadie supo decir nada ni la vio. Luciano y cuantos hombres podían estarse en pie, iniciaron la búsqueda desesperada de la niña que se internó en la selva, sin importarle los globos, ni la música, ni la torta de tres pisos, ni su futuro en el rancho junto a sus padres, ni nada sino el insistente requerimiento del bosque que la impulsó a mezclarse con la maleza, dejando impreso sus dedos redondos, en la arena del venero como prueba de esa extraña nostalgia.
Nueve días después, rendidos por la fatiga y Luciano presa de una angustia desconsolada, volvieron a la casa que aún tenía algunos globos, desinflados y tristes, colgados de las ramas dormidas de los árboles.
-Ha de volver -exclamó sentándose en la hamaca- una criatura así no puede irse tan lejos. A lo mejor se quedó dormida dentro de algún tronco, en el bosque, pero seguro que va a volver...
Gumersinda limpió la casa, quitó los residuos de la fiesta, salpicó con agua de balde el piso de ladrillos y salió al patio, respirando a pleno pulmón, mientras de sus ojos caían lágrimas silenciosas y en la boca, le daban vueltas y vueltas las palabras que necesitaba decir a gritos, sin hallar el cauce por donde dejarlas escapar.
-Va a volver uno de estos días -le contestó Luciano cuando ella quiso saber, después de siete meses de la desaparición si debía guardar luto por la hija-. Se viste negro por los muertos y María Isabel no está muerta, así que déjate de preguntar macanas.
Gumersinda encendió esa noche tres velas a San Judas Tadeo y rezó un rosario porque fuesen ciertas las alucinaciones de su marido. Desde aquel día en que fueron a buscar a su hija sin hallarla, le seguían persiguiendo las lágrimas y dándole vueltas en la boca las palabras que no podía pronunciar.
Volvieron a preparar chipá, el negocio anduvo bien y Luciano no recordó más a su hija hasta tres años después, el día de su cumpleaños.
-Hoy cumple cuatro -le dijo a su mujer.
-Cuatro ¿qué?
-María Isabel -respondió Luciano muy serio tenemos que preparar la fiesta.
-Pero si no está.
-Ya sé, pero ha de venir.
-No viene más, Luciano, te digo que no viene más.
El hombre no le dirigió la palabra en todo el día, pese a los esfuerzos de la mujer, que procuraba reconciliarse con el marido, uniendo a él su dolor común.
Gumersinda sentía que las viejas palabras iban a brotar, mezcladas con el aire refulgente del campo verde, fresco, oloroso. Salir, aunque Luciano se negara obstinado a reconocer esa realidad, acaso superior a su capacidad de resistencia.
La hora de los mosquitos y el chillido de los grillos tomó a Luciano sentado en la silleta del patio, frente a los hornos sin humo, en melancólico trasluz de rojo fuego, que extendía los brazos, desgarrando el vientre de la selva. Estaba quieto, formando parte del crepúsculo que huía entre el alboroto desafinado de pájaros invisibles y los cambiantes matices de una naturaleza triste, con la camisa desabotonada, flotando en la brisa. Así lo vio su mujer, al acercarse con un tazón de chocolate que había pedido y le escuchó decir, en voz baja, las palabras que abrieron ante ella todo el universo de su desolación, las que durante años anduvieron revolcándose bajo el paladar de Gumersinda.
-Mi hijita..., mi pobre hijita -al tiempo que de sus ojos, fijos en alguna lejanía interior, caían dos lágrimas impregnadas de los reflejos del recuerdo, provenientes de la línea perdida del arroyo, donde quedaron las formas de unos dedos pequeñísimos.
Estiró otra silleta y se sentó a su lado, en la penumbra, bebieron juntos el chocolate, dejando pasar las horas, hasta que la oscuridad fue completa y sólo una espesa vía láctea de luciérnagas inquietas, emitía destellos intermitentes al reflejar, sobre la superficie del campo, el brillo de las estrellas.
Al volver la chica con el canasto vacío, Gumersinda la esperaba en el mecedor de mimbre, que se deshacía en chirridos, al arrastrar su cuerpo de matrona, para delante y hacia atrás, en una sucesión inacabable de vaivenes.
-Aquí te dejo la plata, la señora -dijo.
-Bueno, andá a bañarte ahora antes que haga más fresco.
Luciano se acercó a su mujer sentándose en el otro sillón.
-¿Qué estás pensando? -preguntó.
-Nada ¿y vos?
-Nada.
Permanecieron sin hablar, escuchando a la muchacha sacar el agua del pozo, el ruido de la roldana, su deslizarse de pies descalzos sobre la arena del patio, cómo vaciaba el contenido del cubo en la palangana grande, el chapoteo del líquido, alzado con las manos para mojar el cuerpo teñido de luna.
Casi podían oír cómo tiritaba al frío contacto y el deslizarse de la toalla sobre su piel. Se puso los zapatos, el vestido color ciclamen y fue a sentarse frente al portón. Recién entonces, la pareja de ancianos, se percató del largo silencio que los había envuelto en una tenue capa de armiño impalpable. Luciano encendió un cigarro, aspiró el humo de tabaco fuerte, secado al sol, recorrió con la vista las paredes del rancho vacío, cada hendidura, cada recova desconchada y, sin poder soportar por más tiempo el hábito que pesaba sobre sus años de esperar inútilmente el sueño de la juventud, dijo, dejando gotear las palabras:
-No vino, otra vez..., mañana puede ser.
-Puede ser, Luciano, puede ser -contestó su mujer y permanecieron silenciosos, mirando la noche, con los ojos tristes y desolados, que en aquella madrugada, se opacaron para siempre.
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Whisky & ice
Le digo «Delcy» y ella me mira con sus ojos, negros y sin emoción, fijos en los míos, acostumbrados como están a mirar sin ver, con la opacidad que se les habrá contagiado del tiempo que lleva trabajando en esa whiskería -últimamente, si uno analiza bien, se da cuenta que las denominaciones de las cosas, los lugares, las personas y las actividades que se desarrollan o ellas desarrollan, han sido rebautizadas, con nombres más sofisticados y eufemísticos, a los que estábamos acostumbrados en mi juventud.
Así, a los advenedizos se los llama consecuentes, a los ursos, financistas. A los ladrones, estafadores, coimeros y otras alimañas afines, se les confiere la cualidad de portentos comerciales. A los chiquilines petulantes y mal educados se les dice conflictuados, a las casas de cita, moteles y a los quilombos, whiskería. Podría seguir mencionando nuevas designaciones de las viejas costumbres, usos y sitios, si no fuera porque me resulta fastidioso dar la impresión de ser un cínico de ingenio, lo que no soy, o al menos, ingenioso, aclaro, antes de recibir el comentario de algún avisado observador de los que hay por ahí. Solamente a las reas se les sigue llamando putas, sin retaceos.
Le llamo «Delcy» y me mira entre los destellos de las luces estroboscópicas, música beat y jóvenes in. Yo solía decir antes música moderna, nuevaoleros, etcétera, pero se quedaba sin entenderme, por eso, cuando dije «Delcy», no me asombró que me observara de tan lejos, con sus pupilas estáticas en el pestañeo de las luces, sin dar importancia a lo que oía, ni a la música beat del casetero, que desliza sus melodías entre los dedos de las parejas que bordean la pista donde nadie baila, absortas en las caricias preliminares, matizadas con las risas agudas de las mujeres.
Las piezas tienen luz roja, filtrada por los agujeros de los ojos y bocas de las máscaras de isopor que les sirve de pantalla y son toda la iluminación, cuando uno entra a los tropezones con la silla o la cama hecha por décima vez y me dice: -Tenés que pagarme antes
-No -respondo- mejor cuando terminemos.
-El patrón quiere que se cobre adelantado.
-Así no quiero. Te voy a dar después.
La música sigue sonando y llega algo diluida hasta nosotros. Ya no digo «Delcy». La acaricio y desprendo el bretel de su corpiño. Ella ríe, con esa risa opaca y afectada, de tanto andar en la penumbra.
-¡Si ya me conocés! -exclamo haciéndome el molesto- No sé porqué me pedís que te pague antes.
-El otro día me jodieron
-Aha...
Me acuesto después de haber puesto mis ropas sobre el respaldo de la silla. Su piel desnuda adquiere la coloración púrpura que vomitan las máscaras. En el salón siguen las risas, las conversaciones en voz baja y los dedos que investigan entre las minifaldas, que exhiben muslos y bragas, teñidas de historias nostálgicas.
Digo «Delcy» pero no me escucha. Canturrea la melodía que atraviesa las rendijas de la puerta cerrada tras la cual, está otra habitación con su pareja, la latita de cerveza medio tibia sobre la mesita de noche, su ropa a un costado sobre la silla, la mediabombacha y las botas blancas, bajo la cama.
Cierro los ojos sin decir nada pues ya no es Delcy, sino una masa sudorosa de carne marchita unida a la mía, que desprende, al transpirar, su olor a jabón y perfume baratos, y me contagia esa languidez de su mirada sin vida, oscura, inerme a causa de los reflejos rojos que brotan de dos esquinas de la habitación. Hacemos el amor con rabia -lo digo así para no resultar chocante- como si cada acción, cada movimiento, buscara separarnos, con una intensidad en la que nada tienen que ver las emociones y tratando de lograr lo antes posible ese placer obtuso y alucinado, proveniente de ésta masturbación de a dos, en la cual, el último gemido está cuajado del sabor amargo aposentado en nuestra angustiosa soledad, más vasta y desolada tras esa cópula lasciva, que culmina en la caricatura grotesca de un orgasmo sin ternura, condicionado a los reflejos involuntarios de mi cesión.
No digo más nada. Enciendo dos cigarrillos y dejo uno entre sus labios. Vuelvo a dar una mirada accidental a las máscaras, que siguen brillando con su risa fija y repulsiva, al humo que sale de nosotros y se expande en el ambiente, como extoplasma de nuestros cuerpos y a la palma de mis manos, en las cuales, olfateo su aroma peculiar, antes de repetir «Delcy», en un susurro final que permanece colgado de las sombras.
Ella no habla. Mejor. Prefiero que siga así, de ser posible desde que la saludo hasta la hora de despedirme. Puede ser que un día me anime a decirle:
-Apagá la luz esa, por favor, no quiero verte -pero tengo miedo a que me mal interprete y se enoje conmigo. Pero me doy cuenta que comienza a ponerse inquieta. Va a hablar. Ya se levanta. Tiene las botas puestas. Saco del bolsillo un billete arrugado que le alcanzo sin abrir la boca. Yo sigo tendido para verla vestirse con prisa. Arregla sus cabellos largos.
-Vamos pues afuera -exclama, sin más preámbulos.
-Ya enseguida.
Es poco más de las once y empiezan a llegar otros hombres que, al encontrar pareja, forman extrañas figuras chinescas en la semioscuridad de luces estreboscópicas -digo bien, ahora. En un rincón veo a Delcy tomada del brazo de un tipo corpulento, cuya grasitud excede su cintura y cuelga siguiendo la circunferencia del vientre, por encima de los límites del pantalón. Yo tomo otra cerveza, sentado en uno de los divanes y la veo dirigirse hacia el cuarto que acabamos de abandonar. El gordo ríe y la abraza, como si quisiera aplastarla, Delcy, ríe.
-No, gracias, salí recién, nomás. Estoy tomando una cerveza nomás.
Parece frustrada cuando vuelve a la pista, con el gordo detrás suyo, serio y jadeante, observando a su alrededor, como si temiera encontrarse con algún conocido, tal vez, y enseguida escapa hacia la calle.
¿Todavía no te fuiste?
-No. Estoy haciendo tiempo.
-¿Querés entrar otra vez?
-No.
-Dame un cigarrillo, entonces.
Va al encuentro de un nuevo cliente. Tiene buena planta y me alegro por Delcy -echa humo por los agujeros de la nariz y sonríe entre sus labios pálidos, los ojos negros, negros, clavan la vista atónita en los chisporroteos de las luces giratorias, las luces negras, las luces estroboscópicas o como quieran llamarlas mientras continúa la música, las risas y los ajustes de precio entre Delcy y un caballero muy elegante de traje y corbata floreada que fuma cigarro, mientras otro tipo se divierte introduciéndole la mano por debajo de la minifalda y canturrea, haciéndose el desentendido.
- ¡No pues! -dice Delcy y se vuelve a medias. El caballero la sigue al cuarto mientras el cargoso repite su juego con otra de las chicas.
Yo salgo dando paso a cinco muchachos barullentos que ahora llegan, con olor a alcohol y despedida de soltero. Salgo y voy, por las calles que me alejan de Delcy, que debe estar con el elegante, encamados, la corbata sobre la silla, su pollera sobre la silla, sus olores mezclados, impregnándolo todo y las botas blancas, bajo la cama.
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Enlace al ÍNDICE del libro La catedral sumergida en la GALERÍA DE LETRAS del PORTALGUARANI.COM
  • Prólogo / Presentación / La madrugada del día siguiente / Whisky & ice / La hija chica / La herencia / Pedazo de sol / La catedral sumergida / Crónica para el álbum familiar / Nombre y apellido / Retrato / La placa / El padre del Luisón / Participación / La espiral / El comprador de sueños / La pieza vacía / Su único fantasma / El escritor y su arte / Con música funcional / La estampilla / Tacuaral

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Enlace al CATÁLOGO POR AUTORES
del portal LITERATURA PARAGUAYA
de la BIBLIOTECA VIRTAL MIGUEL DE CERVANTES

en el www.portalguarani.com

REFLEXIONES Y ACTUALIZACIONES DEL MUNDO COLONIAL EN LA LITERATURA PARAGUAYA ACTUAL. Autor: JOSÉ VICENTE PEIRÓ BARCO



REFLEXIONES Y ACTUALIZACIONES
DEL MUNDO COLONIAL
EN LA LITERATURA PARAGUAYA ACTUAL
Autor:
JOSÉ VICENTE
PEIRÓ BARCO

(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE OBRAS del
www.portalguarani.com )
Edición digital: Alicante :
Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2005
Nota general:
Edición original en el catálogo de la
Biblioteca de la Universidad de Alicante
N. sobre edición original:
Otra ed.: América sin nombre.
Boletín de la Unidad de Investigación
de la Universidad de Alicante:
Recuperaciones del mundo precolombino y colonial
en el siglo XX hispanoamericano,
núm. 5-6 (diciembre 2004), pp. 171-180.
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* No es necesario insistir en el auge de la literatura histórica en el ámbito latinoamericano desde la segunda mitad del siglo XX, sobre todo en su narrativa, estudiada suficientemente por Fernando Aínsa y Seymour Menton. Los trabajos críticos de estos autores y de otros como Celia Fernández Prieto o Kurt Spang han fijado sus características y creado una tipología adaptada al ámbito hispánico. En cambio, la crítica ha prestado menos atención a la poesía y el teatro históricos de este mismo período, y ello a pesar del notable cultivo del drama que presenta las mismas influencias contextuales que propiciaron el auge de la narrativa y de la evolución paralela y concomitante de todos los géneros históricos en aspectos como la desmitificación de los grandes héroes históricos, la impugnación de la historia «heredada», la metaliterariedad o metateatralidad en el caso del drama, el empleo del anacronismo, el cuestionamiento de las mixtificaciones y mitologías históricas, la mezcla de ficción y documentalismo, el fragmentarismo secuencial, la disolución temporal, el uso del humor y la presentación humanizada de personajes históricos relevantes.
* La situación es semejante en la literatura paraguaya, aun siendo más exigua su producción que la de sus países vecinos. En el país guaraní, el boom de la nueva narrativa histórica se asentó desde bien entrados los años noventa, con los antecedentes inmediatos de Yo el Supremo de Roa Bastos (1974), Diagonal de sangre (1986) de Juan Bautista Rivarola Matto y Caballero de Guido Rodríguez Alcalá (1986), y eclipsó, al menos en el ámbito crítico, al teatro y a la poesía del mismo género. La lírica histórica no ha presentado la misma riqueza cuantitativa y cualitativa que la novela, pero la escena sí que ha ofrecido varias obras que tratan de impugnar también la historia heredada. Haya sido como haya sido, es patente el auge de la ficción histórica en las letras paraguayas en todos los géneros literarios, aun con distinta intensidad, y su contribución a la expansión de su narrativa, junto a otras vertientes como el relato femenino.
* Entre las características de la literatura histórica paraguaya surgida a partir de 1990 se encuentra la recuperación del mundo colonial. Siempre se ha hablado de las crónicas históricas noveladas de Isidoro Calzada, Álvar Núñez Marangatú (1970) -sobre la conquista-, e Itapúa, la roca que emerge (1970) -sobre el santo paraguayo Roque González de Santacruz-, pero las obras de este autor no son de ficción expresamente, sino biografías aderezadas con cierto aire novelesco; ante todo biografías por antonomasia. Sí que puede considerarse narración de ficción histórica la parte de Yasih rendih (1960) de Antonio E. González, escrita en los años treinta, donde se revisa la primera expedición española colonial al Paraguay, tratando de reproducir el lenguaje de la época y el primer encuentro entre los indígenas guaraníes y los españoles y sus combates consiguientes. Y, por supuesto, el cuento «La mano en la tierra» (1963) de Josefina Pla, aproximación al conflicto entre los mundos indígena y conquistador, donde se subraya el trauma que supuso para los nativos la llegada de los españoles.
* En el resto de la historia de la literatura paraguaya, hasta donde llega nuestro conocimiento y el reconocimiento de las obras escritas y publicadas, dado que posiblemente haya creaciones escritas inéditas que no conocemos aún por las deficiencias editoriales del país hasta los años ochenta del siglo XX, resulta difícil encontrar momentos de la literatura anterior a los noventa donde se encadene la publicación de varias creaciones localizadas en épocas anteriores a la independencia del país. Los argumentos de las obras históricas de ficción anteriores a la aparición de Vigilia del Almirante en 1992 -la novela que representa el punto de partida de la revisión del mundo colonial en la literatura paraguaya actual-, se ubican en el mundo posterior a la independencia preferentemente, y sobre todo en momentos «polémicos» del siglo XIX, como la dictadura de Francia (Yo el Supremo de Augusto Roa Bastos) y la presidencia de Francisco Solano López, con la guerra de la Triple Alianza y sus consecuencias (Diagonal de sangre de Rivarola Matto, Caballero y Caballero rey de Guido Rodríguez Alcalá). Estos períodos habían sido -y continúan siéndolo, como demuestran la publicación de Pancha (2000) de Maybell Lebrón y El dedo trémulo (2002) de Esteban Cabañas- objeto de discusión nacional, por lo que la ficción permitía esclarecer sus aspectos más oscuros, y apuntalar teorías que, procediendo ya de documentos reales, ya de la especulación, podrían crear problemas a los autores que las expusieran en manuales históricos o ensayos. La literatura se convertía, así, en un medio «hábil» de refutación del pasado oficializado, para revelar a los grandes mitos de la historia nacional como seres humanos de carne y hueso, con virtudes y, también, defectos.
* El declive de Stroessner desde mediados de los ochenta favoreció esta reinterpretación histórica: se rebatía el fervor incondicional hacia personajes como el mariscal López y Bernardino Caballero, propiedad del autoritarismo, por que con ello temblaba la raíz ideológica de la dictadura. A partir de ese momento la historia inició un proceso de humanización, a pesar de que pervivía la censura mutua de los intelectuales que mostraban sus preferencias por una u otra características del personaje, casi siempre con motivaciones políticas en el fondo... y en la superficie. La narración histórica, por tanto, era un arma crítica contra la tiranía y el poder, y, por ello, el interés se dirigió a períodos autoritarios, y polémicos, del pasado como el de Francia o el de Solano López, al ser referencias implícitas de la dictadura presente.
* La celebración del V Centenario del Descubrimiento de América supuso el rescate de la figura de Colón con la novela Vigilia del Almirante de Augusto Roa Bastos, y en el teatro con La Divina Comedia de Colón de Gloria Muñoz, en el mismo año. Es en ese momento cuando comienza la aparición de la atracción por el mundo precolonial en la literatura del país guaraní. Aunque el protagonista de ambas creaciones no sea paraguayo, ni su historia perteneciente estrictamente al ámbito del Río de la Plata, su irrupción en las letras y en la escena del país despertó el interés por la «prehistoria» nacional; la anterior a su nacimiento en 1811. No debemos confundir este interés por la historia colonial con la atracción por el indigenismo, como reivindicación social o de la identidad nacional, que se advierte en obras como la citada Yasih rendih.
* La atracción por la historia colonial saltará de este momento inicial de búsqueda y justificación de la peculiaridad paraguaya, hasta la indagación en pasajes oscuros de ese mismo período y en las motivaciones reales de los personajes, en el último lustro del siglo XX. A partir de los noventa, no se rastrea en el pasado únicamente para buscar las raíces de la paraguayidad, de la misma existencia del país, sino para penetrar en sus protagonistas y «redescubrir a los descubridores» y a los forjadores del Paraguay. La diferencia fundamental en cuanto al tratamiento de los sucesos estriba en la individualización de la historia: en la descripción de las particularidades de cada protagonista, frente a la ubicuidad colectiva nacional de las obras históricas anteriores. Se ha producido, por tanto, un tránsito de lo público a lo privado en el modo de focalización y en los argumentos de las obras. Por ello, en este ambiente, y una vez humanizados personajes intocables como López y Caballero, el interés se amplía con los protagonistas de la historia colonial del país y hasta el mismo Colón, convertido en referente del inicio de este período.
* Para poder demostrar nuestra afirmación de la vigencia de la recuperación del pasado colonial dentro de la evolución de la literatura histórica paraguaya publicada en el tránsito del siglo XX al XXI, y establecer la reflexión sobre el mundo colonial como una de sus características, repasemos sus obras en poesía, narrativa y teatro.
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Narrativa
* Vigilia del Almirante (1992) de Augusto Roa Bastos es una de las nuevas novelas históricas que abrieron la puerta al interés por el análisis del período colonial en la escritura de ficción en Paraguay. De hecho, es la gran aproximación novelística paraguaya al tema del descubrimiento de América. Siguiendo el procedimiento cervantino del manuscrito encontrado, Roa «contrabiografía» la figura de Cristóbal Colón con un tono memorialístico que reproduce, en una modalidad próxima a la oralidad, las variaciones recurrentes sobre el mismo tema de su última novelística: el exilio, la literatura, la mujer, el mito del eterno retorno... A pesar del carácter acusatorio hacia Colón, a quien se le anota la culpabilidad de los males de América, la novela establece la dialéctica entre su individualidad y la Historia, de la que trata de escapar por considerar injusta la imagen suya que ofrece.
* Considerando el antecedente de «La mano en la tierra» de Josefina Pla, Gilberto Ramírez Santacruz escribe en 1988 el cuento titulado «El grito de Triana», publicado en 1995 en su obra Relatorios; una nueva aproximación desmitificadora a la figura de Cristóbal Colón, donde el autor cuestiona la verdad oficial y la historia genealógica del personaje, sugiriendo las distintas interpretaciones de un acontecimiento. Una de ellas consiste en la posibilidad de que Colón hubiese estado en el continente americano antes de su primer viaje.
* El último lustro del siglo XX comienza con la publicación de Donde ladrón no llega (1996) de Luis Hernáez, una excelente narración ambientada en la época de la expulsión de los jesuitas -primer acercamiento literario al tema-, en 1767, que indica un nuevo punto de partida, al editarse la obra en Asunción, hacia la novela histórica de tema nacional colonial basado en nuevos planteamientos estilísticos propios de la nueva novela histórica contemporánea. Hernáez reconstruye por medio de una acción morosa, con intención objetiva y un narrador testigo distanciado de los hechos -al decir de Mar Langa Pizarro- la vida cotidiana de la reducción de Trinidad, con el enfrentamiento entre las culturas jesuítica y guaraní, entre lo europeo y lo autóctono, y unos personajes bien trazados, exentos de folclorismo, que cuestionan las tesis de Bartolomé de las Casas, y exponen sus dudas sobre el trato dado a los indígenas. Desde ese instante, no cesará la creación de narrativa histórica ambientada en época colonial. En 1997 se publica De lo dulce y lo turbio de Esteban Cabañas, novela situada en el Paraguay del momento de la conquista colonial, concretamente en el universo que rodea a las conspiraciones de los conquistadores. Parte del monólogo de Domingo Martínez de Irala, que deja paso a un narrador omnisciente del que nacen distintas voces, como la del poeta actual Jacobo Rauskin. La novela cuenta, además, con una adecuada documentación intertextual (las anotaciones de viaje de Ulrico Schmidl y las cartas de Isabel de Guevara), ejercicios metatextuales (la transformación del poema de Camoes) y la influencia estilística de la narración histórica de Roa Bastos. Por sus técnicas empleadas, su estructura y su cuestionamiento de la epistemología de la Historia, De lo dulce y lo turbio es una novela plenamente adscrita a la «Nueva narrativa histórica», definida por Aínsa y Menton.
* Renée Ferrer retoma el asunto de la repoblación del norte del país, del núcleo de Concepción, tratado en su tesis doctoral, en su novela Vagos sin tierra (1999), para mostrar el sufrimiento de los protagonistas, sobre todo de la mujer, ya por los motivos intrínsecos históricos, ya por la actuación del poder político. El lirismo de la novela no esconde el compenetrado análisis de las circunstancias intrahistóricas de los personajes, y el cuadro de peripecias de seres medios motivadas por la actuación de los regímenes políticos y los rigores de la tierra. Ferrer narra el fluir de los acontecimientos que atañen a seres del pueblo. Su crítica es social y feminista, ya que su blanco es el universo familiar donde la mujer es víctima del poder omnímodo del hombre; microuniverso, el familiar, que representa en realidad al macrouniverso de toda la sociedad. La narración se estructura desde la polivalencia de registros, el lenguaje poético, de resonancias lorquianas, y un ritmo sugerido por la interioridad del pensamiento de los personajes.
* El español residente en Paraguay, Félix Álvarez, ha aprovechado la riqueza de argumentos que proporcionan las crónicas escritas y orales del país para recrearlas extensamente en dos novelas de tema paraguayo: Mburuvicha (1999) y El Oriental (2002). En ellas, Álvarez ha partido de su afán documentalista para reconstruir aspectos del pasado de las biografías de los protagonistas, al modo de la novela histórica realista, aunque en ocasiones introduzca una prosa sugestiva. El autor rescata del olvido las vidas de algunos personajes célebres pero no situados en los ámbitos protagónicos de la historia del país, y las reconstruye para darles su justa dimensión humana. A pesar de la presencia dominante del tono realista, el autor emplea recursos estilísticos audaces y no rehúye del empleo de técnicas narrativas propias del nuevo relato histórico. El lenguaje de sus personajes se aproxima al castellano del siglo XVI en el caso de Mburuvicha, dado que el autor concibe a la expresión como fundamental para lograr la fidelidad histórica, uno de sus objetivos. Ello, sumado al conocimiento de fuentes y de situaciones y épocas, nos rinde cuenta de la erudición del autor.
* En ocasiones, la novela histórica se ha mezclado con el fantástico. El mejor ejemplo es Ayer no ha terminado todavía (2001) de Ester de Izaguirre, que, sin ser una obra ilustrativa de nuestro tema, merece cierta atención por su tratamiento del pasado y el presente argentino. Frente a la narración de acontecimientos se sitúa de forma contrapuntística el componente sobrenatural y metafísico, en la mejor línea del fantástico rioplatense. De hecho, la autora ha situado generalmente sus cuentos, incluidos en Último domicilio conocido, en este subgénero, puesto que ella ha vivido y aún reside habitualmente en Buenos Aires. La novela ofrece las aventuras de una mujer argentina del siglo XX, que retrocede a un pasado lejano, con el delfín heredero al trono de Francia en el marco de la revolución francesa de 1789. La contraposición entre el pensamiento de la protagonista y el del personaje, más bien el resto de personajes, es lo más interesante de una obra que se sitúa en la tradición del viaje de la mujer al pasado para denunciar la desigualdad femenina, abierta con Orlando de Virginia Wolf y continuada en creaciones hispanoamericanas como Duerme (1995) de la autora mexicana Carmen Boullosa. Aunque, a diferencia de estas creaciones, el viaje al pasado es psicológico y no físico, al ser motivado por la contemplación de la imagen pictórica del delfín francés. En el caso de la obra de Ester de Izaguirre, la frase del título, «ayer no ha terminado todavía», responde a la necesidad de continuación de la lucha de la mujer por la igualdad, sobre todo de pensamiento. Pero también a la concepción de la propia novela, ya que la acción está situada en el siglo XVIII, y realmente las ideas de la protagonista colisionan con la mentalidad de la época, además de que el punto de vista narrativo se sitúa en nuestra actualidad. De ahí que el contrapuntismo de la obra no sea exclusivamente formal o estilístico, sino también ideológico al figurar manifestado en la oposición de las mentalidades de la protagonista y los personajes del pasado.
* Gino Canese ha retomado las leyendas guaraníes para recrear en Jasy y Kuarahy (2002) el genocidio cometido sobre los indígenas por los conquistadores españoles y algunas tribus aliadas a ellos, aunque sin abandonar completamente algunos tópicos maniqueístas. La leyenda histórica de ambos protagonistas está reconstruida con fidelidad y respeto a la historia, aunque manteniendo la tesis indigenista, y realzando lo afectivo y sentimental y el sentido de la lucha contra el poder del conquistador, sobre la distancia en la presentación de los acontecimientos, lo que empuja la obra hacia la tesis social que toma partido en algunos capítulos.
* En 2002, Guido Rodríguez Alcalá lleva más allá la historia paraguaya para situarla debidamente en su entorno regional, en la época inmediatamente anterior a la independencia en su novela Velasco, y examinar los procesos políticos que condujeron a ella, así como especular con fundamentos documentales sobre lo sucedido. En cierto sentido, Rodríguez Alcalá abandona su temática histórica habitual, fundamentada en el replanteamiento de las figuras de la historia paraguaya mitificadas por la dictadura, para ensanchar su perspectiva a la conexión internacional de la independencia paraguaya. Además de reconstruir los acontecimientos que marcaron la convivencia del gobernador Velasco en el Paraguay con el núcleo que gestó la emancipación, en ella, la conclusión fundamental que extraemos es que la política paraguaya, contra lo que se suele pensar dentro del país, ha estado sujeta al devenir de los sucesos de los países vecinos, por lo que la incidencia de las relaciones exteriores en la política nacional ha sido mayor de lo que se suele pensar, y no solo en las perspectivas políticas que culpan al exterior o al imperialismo inglés de los desastres bélicos. Ello, en el fondo, rebate la interpretación aislacionista de la historiografía oficial. Velasco es una de las más insuperables reconstrucciones diáfanas de una época, el momento de la independencia, donde abundan numerosas lagunas.
* Como se observa, la narrativa contesta a los lugares comunes del tratamiento habitual de la época colonial, para obligar a revisitar el período, preguntarse por las reacciones humanas y reivindicar un nuevo punto de vista que se aproxime a lo que realmente pudo ocurrir desde la reinterpretación que permite la ficción.
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Teatro
* El teatro histórico paraguayo de los últimos años no ha presentado tantas obras sobre el mundo colonial como la narrativa, aunque sí algunos acercamientos notables. Fundamentalmente, han sido tres las creaciones de autores paraguayos estrenadas que han penetrado en aquel universo: La Divina Comedia de Colón (1992) de Gloria Muñoz, La tierra sin mal (1998) de Augusto Roa Bastos y Antequera o la revolución de los Comuneros (2000) de Efraín Enríquez Gamón.
* Sin embargo, existe un precedente fundamental en el teatro histórico paraguayo contemporáneo: Encrucijada del Espíritu Santo de José María Rivarola Matto, obra de 1972. Se trata del primer acercamiento dramático al mundo de las misiones jesuíticas. El protagonista es José, un sacerdote joven que aparece envejecido al final de la acción, lo que da idea de las continuas y extensas elipsis del argumento. El autor declara, al exponer la acción de la obra, que es una gran síntesis desarrollada en los siglos XVII y XVIII, en las misiones jesuíticas, «aunque prescinde de dar precisión al transcurso del tiempo». El discurso narrativo es lineal y abarca desde la evangelización de los indios hasta la expulsión de la orden en 1767, y su consecuencia principal: el retorno de los indígenas a la selva como elección propia ante la rapiña de los mamelucos paulistas o bandeirantes y el abandono a su suerte del gobierno colonial español, sujeto a las presiones criollas, que veían como enemigo el proyecto jesuítico, dado que las encomiendas se veían desprovistas de mano de obra indígena.
* Encrucijada del Espíritu Santo, a pesar de algunos altibajos narrativos, sobre todo cuando se producen disquisiciones y parlamentos históricos, penetra en el ejemplo para ofrecer una visión general del problema histórico de las misiones y la expulsión de los jesuitas. La obra es en realidad un flash-back. Comienza con la salida a telón caído de un pregonero que describe de forma resumida la historia. El final de su parlamento culmina con sus palabras «he aquí una respuesta, según el drama», lo que demuestra que la representación trata de responder a las preguntas que surgen del posible interés histórico del espectador. Sin pretender hacer historia, el autor infiere un carácter aleccionador a la obra. Otros aspectos que la caracterizan es el conceder carácter plenamente humano a los sacerdotes, acentuado por la caída de José motivada por la atracción amorosa y sexual hacia la india que bautiza como María, y el enfrentar poder espiritual y poder político, hecho subrayado en el cuadro tercero del segundo acto, con la conversación entre el gobernador y los padres jesuitas, sin que estos consigan el propósito de que las autoridades coloniales defiendan a los indios, dado que las zonas donde se establecieron los jesuitas carecían de minas de metales preciosos. Ello, sumado a aspectos como la ambición por enriquecerse de los mamelucos portugueses, demuestra la concepción materialista de la historia paraguaya desplegada por Rivarola Matto.
* Gloria Muñoz ha fundamentado su producción dramática en la adaptación de relatos y novelas de otros autores, como Yo el Supremo (1986) de Augusto Roa Bastos o La prohibición de la niña Francia (1994), inspirada en el cuento «El Romance de la Niña Francia» de Concepción Leyes de Chaves. La Divina Comedia de Colón es una apuesta de espectacular puesta en escena con abundancia de personajes, que repasa la aventura de Cristóbal Colón desde que acude a la corte castellana de Isabel la Católica para explicar su proyecto de viaje a las Indias, hasta su muerte. Muñoz penetra en la psicología del personaje, para indagar en la transformación de un plebeyo en Almirante, Virrey y Gobernador de los territorios que halló. Los personajes, salvo el de la reina, giran a su alrededor para apoyar la significación de sus actos.
* A pesar del carácter embaucador del protagonista y de algunos detalles, como su justificación por la rebelión de sus tripulantes, e incluso del título que finalmente le concedió la autora a la publicación, Almirante de sueños y vigilia, la obra no se inspira ni presenta concomitancias con la novela Vigilia del Almirante de Augusto Roa Bastos. La creación dramática es lineal, frente al fragmentarismo de la narración de Roa. También difiere la disposición escénica sugerida en las acotaciones. Este Colón teatral roza las características del de Alejo Carpentier en El arpa y la sombra: dentro de su poder histórico, se acerca a la figura de un hombre de carne y hueso que sufre un proceso de endiosamiento, pero no por simple subsistencia, sino por afán de gloria, mientras el texto escénico lo desmitifica. Así, pues, el Colón de Gloria Muñoz es un embaucador, un pícaro en todo orden de quien se apodera la vanidad al sentirse poderoso y celebridad histórica. En este sentido, el final de la obra nos lo presenta como el hijo de Dios, al exclamar como Jesucristo:

¡Mando a mi hijo don Diego o a quien me heredase que no piense ni acepte una sola mengua a todos lo honores, privilegios, bienes y hacienda que me correspondan en las Indias! ¡Que de no ser así, caiga mi maldición eterna sobre él! (Con inusitada fuerza y determinación. El esfuerzo termina con él. Se desploma violentamente. Los ángeles tiran de él con energía y lo obligan a incorporarse.) ¡Negros ángeles de la vigilia, por qué me han abandonado!
(p. 58)

* El resto de personajes posee los mismos defectos éticos que el protagonista. Se rebelan contra Colón, además de por hambre y necesidad de ganar el sustento con su trabajo, por avaricia y por envidia. Colón sobresale porque es astuto y por la fortuna de tener a la reina de su parte sin razón aparente. Esta, presentada como un personaje ditirámbico, le permite cumplir con sus anhelos. Isabel aparece en tronos que se acercan más a la extravagancia que al buen gusto estético (uno de ellos irrumpe en escena al girar el confesionario de la escena anterior) o que se abren paso mientras se aparta el mar, sobre bandejas doradas con los cortesanos dispuestos como en un banquete, y en una caja-nicho cerrada. Los siete ángeles negros, deformes y crueles, pobladores de la mayor parte de escenas, son símbolo de la perversidad y de la sombra de los personajes. Son vigilantes del más allá que sostienen a los hombres, hecho que subraya la complicidad ambiciosa de la reina y Colón como metafísica.
* Esta barroca y aparatosa escenografía provoca el distanciamiento del espectador y un efecto antiilusionista desconocido en el teatro paraguayo de ese momento; siempre habituado al ilusionismo, a que el espectador se identifique con el conflicto. Muñoz huye del realismo y ofrece en sus acotaciones indicaciones que permiten una mayor disposición imaginativa por parte del director de escena. De ahí la importancia de esta propuesta, al conjugarse entre el argumento comprensible y la escenografía compleja y alejada de mimetismos referenciales.
* Roa Bastos estrenó La tierra sin mal en 1998, drama en cinco actos ambientado en las reducciones jesuíticas del Paraguay, y situado en 1768, en el momento siguiente al decreto de expulsión de la Compañía de Jesús de los territorios americanos. La obra es un flash-back: al principio aparece un anciano sacerdote entre las ruinas de las misiones de Trinidad, en la penumbra del atardecer (Roa emplea la luz teatral como símbolo -aquí como expresión del ocaso de una época- y no solo como elemento de ambientación supeditado al texto), entre los cantos tristes del urutaú, ave que simboliza el dolor. Si exceptuamos su aparatosidad, el vestuario es acorde con la época, aunque, como el lenguaje empleado, presenta algunos elementos anacrónicos, incluso contemporáneos. La acción acaece en un día y se vive desde el presente como una retrospección que favorece la reflexión histórica. Es un rastreo en una de las causas originales de los problemas actuales del Paraguay. Los elementos escénicos acompañan el extenso monólogo inicial del padre Asperger para reforzar el contenido de sus palabras: la visión de la expulsión desde dos siglos después. Los indígenas, entre los que existía una parte que desconfiaba de los jesuitas, se ven de nuevo en las selvas: el sacrificio de los sacerdotes había sido infructuoso, lo que delata la simpatía del autor hacia la labor de la orden en Paraguay.
* En la propuesta de reflexión sobre los acontecimientos históricos, la conclusión de Roa intensifica la idea de que los jesuitas son víctimas cercadas en el centro de dos polos, el indígena y el europeo, repletos de incomprensión. Por ello, La tierra sin mal es una obra de tesis, dialéctica, y su texto se sujeta al didactismo expositivo realista. Roa se decanta por la argumentación en los diálogos y la escasez de acción. Al final, recurre de nuevo al simbolismo del comienzo y nos muestra el desmoronamiento del Padre Asperger, hasta su evanescencia y caída en una total oscuridad de la que irrumpe una explosión de luz sobre las ruinas jesuíticas. A diferencia de Encrucijada del Espíritu Santo de José María Rivarola Matto, obra veintiséis años anterior, La tierra sin mal cuida los procedimientos paratextuales y ofrece mayores elementos simbólicos. Aun existiendo diferencias entre ambas, la tesis de ambas creaciones es bastante semejante, al subrayarse el carácter económico de la expulsión de los jesuitas en la región, dado que contravenían los intereses de las clases patricias.
* Antequera o la revolución de los Comuneros (2000) de Efraín Enríquez Gamón se halla en las antípodas de este nuevo teatro paraguayo. Es profundamente historicista y predomina este elemento sobre el dramático. Como se aprecia por el título, la obra penetra en héroes de la historia colonial paraguaya, Antequera y los Comuneros, y en el siglo XVIII del país, para afirmar que no son frutos accidentales de ella, sino símbolos de todo un pueblo y de su lucha contra el poder. Enríquez Gamón los valora como paraguayos por excelencia: abandona, por tanto, el replanteamiento de la Historia, para acomodarla a su necesidad de sobrevalorar a los héroes de las luchas contra el poder, sin indagar suficientemente en las posibles causas económicas de la revolución, porque le interesa subrayar sus aspectos éticos e igualitaristas.
* Aunque no corresponda al género teatral, hemos de mencionar que en 1997 se publicó el guión cinematográfico Paracuaria de Luis María Ferrer Agüero, ambicioso proyecto ubicado en la revolución de los Comuneros también, cuyo mensaje histórico es comparable al de la obra de Enríquez Gamón, aun cuando el autor sí que establece preguntas y reflexiona sobre los acontecimientos, subrayando los matices políticos en ocasiones. El argumento presenta a un director de cine paraguayo exiliado, que regresa a su país en la transición política a la democracia iniciada en 1989, y rueda una película sobre la revolución comunera, con las reducciones jesuíticas como telón de fondo. Mientras prepara el rodaje, asiste a los principales acontecimientos de la transición y a partir de ellos se interroga sobre el pasado colonial, extendiéndolo a Buenos Aires y a Lima, el porvenir de Paraguay y el sentido de su película. De esta manera, se plantea la relación entre el pasado colonial y el presente como una lucha del pueblo cuya llama no se detiene y revive en la defensa de la democracia y de la justicia social, así como una reflexión sobre el sentido de la creación artística.
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La poesía
* La poesía histórica colonial de esta época tiene su representante en Hugo Rodríguez Alcalá. Sus romances históricos han dado fruto a Romancero tierra adentro (1999) y Romances de la conquista (2000). Con ambas obras, el autor recupera el romance como forma narrativa en verso que permite la exposición de los argumentos históricos o legendarios, en consonancia con las tradiciones clásica y popular de la literatura hispánica.
* Romancero tierra adentro se ocupa del mundo de episodios relevantes de la historia paraguaya como las sublevaciones contra el poder: la rebelión contra Irala, la revolución de los Comuneros, el encarcelamiento de Fulgencio Yegros por el dictador Francia, el episodio del Itapirú durante el gobierno de Carlos Antonio López (en él se destaca la rebeldía contra el colonialismo), el golpe de Albino Jara en 1908, y el episodio de José Gill; todos ellos sucesos turbulentos de violencia y heroísmo.
* El primer capítulo, dedicado a la elección de Martínez de Irala, señala la permanente intervención omnisciente del narrador en toda la obra, para dirigir los pensamientos del lector. En los capítulos siguientes, revisa las sublevaciones contra Irala y su régimen «yernocrático» (como indica el autor). Conocedor el autor de la historia de la literatura española, el humor de inspiración popular aparece en bastantes estrofas:

En Asunción, una aldea
no mucho antes fundada,
-toda una revolución,
la primera en serie larga
depuso a aquel Alvar Núñez
(De haber sido ésta de Toro
nunca aquello le pasara).

* El papel del romance como expositor de hechos queda definido desde el primer momento. Los acontecimientos que revisa Rodríguez Alcalá no pertenecen solamente al ámbito de la historia paraguaya colonial, sino también a otros acaecidos en la corte española en la época colonial. De esa manera ofrece una visión global del pasado, sin negar el hispanismo del Paraguay y su parentesco con esta tradición, como él defiende. El autor contempla a sus personajes como seres humanos, aunque con una forma distanciada que le proporciona la perspectiva temporal, y para ello no duda incluso en narrar sus aventuras amorosas, realzando siempre su heroísmo y su disposición al sacrificio por su pueblo. Su revisión del pasado colonial se aleja de la subjetividad, a pesar de los numerosos comentarios y las intervenciones constantes del narrador, porque pretende exponer la evolución de los acontecimientos ante todo, sin que predomine la opinión frente a la sucesión del relato.
* En Romances de la conquista, Hugo Rodríguez Alcalá retoma las técnicas de composición del Romancero tierra adentro y penetra en los episodios de la conquista colonial española de la región. Revive la llegada a las tierras guaraníes de Alejo García y su encuentro con los indígenas, la expedición de 1558 hacia el norte, la segunda fundación de Buenos Aires por Juan de Garay, la deposición del gobernador Felipe de Cáceres, la razón de la descripción de Asunción como «paraíso de Mahoma», la concesión del escudo de Asunción por Carlos V, la labor del padre jesuita Ruiz de Montoya, la carta de Isabel de Guevara al Emperador denunciando el comportamiento de Irala, las relaciones del gobernador Céspedes con los bandeirantes paulistas, Melgarejo y la fundación de Villarrica, la gestación de la ciudad de Asunción y la historia de Juan de Salazar, en la que se entremezcla el relato de mitos guaraníes, y otras narraciones que infieren un carácter épico a la conquista.
* Formalmente, los versos rescatan el comentario lateral, a un lado del texto poético, del contenido de un grupo de estrofas. De esa forma, el autor «completa» su deuda con el pasado literario, al mismo tiempo que facilita la lectura de la obra, ya que busca un público popular. Además de repasar la historia, abandona en ocasiones el tono épico y recurre al humor y a recursos dramáticos. Así, el narrador asegura que Mahoma se quedó corto en Paraguay, porque mientras el Corán admite hasta siete mujeres, en aquella Asunción había algún hombre que tenía setenta.
* En suma, Hugo Rodríguez Alcalá indaga con estas obras en la intrahistoria paraguaya, retomando su devoción unamuniana, para buscar las raíces de la contemporaneidad y que sus versos se constituyan en objeto de reflexión histórica.
* Resumiendo este trabajo, desde mediados de la década de los noventa del siglo pasado, la literatura paraguaya indaga en el pasado colonial para rescatar sus aspectos más desconocidos, o simplemente rememorarlo y actualizarlo a nuevos puntos de vista más acordes con una visión humanizada y distanciada, utilizando formas desinhibidas de los discursos prestablecidos, y penetrando en cualquier género, tanto la narración como el drama, el romance o el registro periodístico. Sin abandonar la línea crítica con el pasado paraguayo posterior a la independencia, firmemente enraizada con la vertiente recreadora carente de respeto furibundo hacia los próceres de la historia del país, el mundo colonial ha sido uno de los universos más atractivos para los escritores paraguayos, sobre todo el de episodios como la expulsión de los jesuitas en 1767, la revuelta de los Comuneros en Asunción y las historias variadas de personajes más o menos reconocibles pero cuya reconstrucción no se había realizado aún literariamente, como Jasy y Kuarahy, Velasco, Mburuvicha y Domingo Martínez de Irala. Es un rescate que continúa en marcha, según los proyectos que nos han confesado algunos autores, y que pretende reivindicar la ficción como medio de conocimiento del pasado, dado que la historia paraguaya, devorada por la política, no ha satisfecho las necesidades mínimas para su comprensión racional y sin pasiones sentimentales o ideológicas.
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Bibliografía
Obras analizadas
Álvarez, Félix, Mburuvicha, Asunción, Arandurá, 1999.
—— El Oriental, Asunción, Arandurá, 2002.
Cabañas, Esteban, De lo dulce y lo turbio, Asunción, Club Centenario, 1997.
Canese, Gino, Jasy y Kuarahy, Asunción, QR, 2002.
Enríquez Gamón, Efraín, Tetralogía paraguaya. Historia y literatura en cuatro tiempos, México, Archipiélago AC, 2000.
Ferrer Agüero, Luis María, Paracuaria (Filmando «La Revolución Comunera»), Asunción, Corregidor, 1997.
Ferrer, Renée, Vagos sin tierra, Asunción, Expo-Libro - RP Ediciones, 1999.
Hernáez, Luis, Donde ladrón no llega, Asunción, El Lector, 1996.
Izaguirre, Ester de, Ayer no ha terminado todavía, Asunción / Buenos Aires, Colihue-Mimbipa, 2001.
Muñoz, Gloria, Almirante de sueños y vigilia, en Núñez, Agustín edit., Tragedia de la cárcel pública y otras piezas. Asunción, Arandurá, 2000, págs. 9-58. También en Méndez-Faith, Teresa, Teatro paraguayo de ayer y de hoy, Asunción, Intercontinental, 2001, págs. 754-793.
Ramírez Santacruz, Gilberto, Relatorios, Asunción, Intercontinental, 1995.
Rivarola Matto, José María, Encrucijada del Espíritu Santo, Escuela Técnica Salesiana, 1973.
Roa Bastos, Augusto, Vigilia del Almirante, Madrid, Alfaguara, 1992.
—— La tierra sin mal, Asunción, El Lector, 1999. También en Méndez-Faith, Teresa, 2001, págs. 1030-1081.
Rodríguez Alcalá, Guido: Velasco, Asunción, Servilibro, 2002.
Rodríguez Alcalá, Hugo: Romancero tierra adentro, Asunción, Alber, 1999.
—— Romances de la conquista, Asunción, Ingrapar, 2000.
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Obra crítica
Aínsa, Fernando. 1991, «La Nueva Narrativa Histórica Hispanoamericana», Les Cahiers de Criar, Actes du Colloque de Rouen, Centre de Recherches d'études Ibériques et Ibéro-americaines, Université de Rouen, n.º 11, págs. 13-22.
Fernández Prieto, Celia, Historia y novela: poética de la novela histórica, Pamplona, EUNSA, 1998.
Langa Pizarro, M. Mar, Guido Rodríguez Alcalá en el contexto de la narrativa histórica paraguaya, Universidad de Alicante, tesis doctoral, 2001. También en Biblioteca Virtual «Miguel de Cervantes» (www.cervantesvirtual.com ).
Menton, Seymour, La nueva novela histórica de la América Latina, 1979-1992, México, FCE, 1993.
Peiró, José Vicente, edit., «Introducción» a Carlos Villagra Marsal, Mancuello y la perdiz, Madrid, Cátedra (Letras Hispánicas), 1996, págs. 9-97.
—— «La novela paraguaya en vísperas del nuevo siglo», comunicación presentada en el XXXIII del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana, Universidad de Salamanca, 2000 (actas en prensa).
—— Literatura y sociedad. La narrativa paraguaya actual, Madrid, UNED (Tesis doctoral), 2001. También en Biblioteca Virtual «Miguel de Cervantes» (www.cervantesvirtual.com ).
—— «Novela histórica paraguaya: ¿moda o necesidad?», Asunción, La Nación, 2-9-16 y 23 de marzo de 2003.
—— «Introducción al ensayo paraguayo» en Raúl Amaral, Breviario aregüeño de Gabriel Casaccia, Asunción, Servilibro, 2003.
—— «El teatro histórico paraguayo del siglo XX (1960-2000)», Alemania, Vervuert, (en prensa).
Romera Castillo, José y Gutiérrez Carbajo, Francisco, edits., Teatro histórico (1975-1998): textos y representaciones, Madrid, Visor, 1999.
—— Poesía histórica y (auto)biográfica (1975-1999), Madrid, Visor, 2000.
Spang, Kurt, Arellano, Ignacio y Mata Induráin, Carlos, edit., La novela histórica. Teoría y comentarios, Pamplona, EUNSA, 1995.
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Enlace al CATÁLOGO POR AUTORES
del portal LITERATURA PARAGUAYA
de la BIBLIOTECA VIRTAL MIGUEL DE CERVANTES

MARCELINO PÉREZ MARTÍNEZ - LA TEJEDORA DE ÑANDUTI y LA KYGUA VERA / Fuente: POESÍAS DEL PARAGUAY. ARAMÍ GRUPO EMPRESARIAL

MARCELINO
PÉREZ MARTÍNEZ
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE OBRAS del
www.portalguarani.com )
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LA TEJEDORA DE ÑANDUTI
Graciosa, esbelta, pura y sencilla
Con aleteos de mainumby
Al brazo lleva su canastilla
La tejedora de ñanduti.
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Flores del cielo su boca imita
Su talle es fino como el piri
Quién la resiste, si es tan bonita,
Y hace tejidos de ñanduti?
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Ayer te dije: qué hermosa eres.
Oh paraguaya, muero por ti.
Juntos haremos, si tú me quieres,
Muchos tejidos de ñanduti.
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Gracias, mil gracias, pues soy dichoso
En las riberas de Takuati.
Donde es amada como una diosa
La tejedora de ñanduti.
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Mi novio cuida sus lindas cabras
Siembra mandioca, planta maní.
Más primorosas son sus palabras
Que mis tejidos de ñanduti.
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En su canoa ríe lleva al lado
Me da fragante piri poty
Si lo supieras, lo tengo atado,
Con suaves lazos de ñanduti.
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Quién es más noble, quién es más rico
Que mi adorado. ¡Feliz de mi!
Y coqueteaba con su abanico
lleno de estrellas de ñanduti.
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Cogió sonriendo su canastilla
Y con gracia pura del mainumby
Siguió su ruta, tierna y sencilla,
La tejedora de ñanduti.
** La poesía La tejedora de ñanduti es un ejemplo de la convivencia entre los idiomas castellano y guarani, en la poemática paraguaya. En este caso, el léxico guaraní está únicamente al final de los versos agudos. Este recurso no es premeditado. Al escribir la poesía, ya viene así. Tiene música de Agustín Barrios.
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LA KYGUA VERA
Sobre su espalda dos trenzas sueltas
cual negras sierpes jugando están:
son las cadenas, lazos traidores,
de la graciosa Kygua vera.
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Brilla el engarce de su peineta
como un violado mburukuja,
cual media luna bajo los rizos
de la hechicera Kygua vera.
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Con los zarcillos de tres pendientes
finos corales brillan al par.
¡Nadie es tan rica con esas joyas
como la hermosa Kygua vera!
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Cual palomitas que hacen su nido
bajo la blanca typói jegua,
se ven los pechos, frescos botones,
de la graciosa Kygua vera.
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Cuando preludian agrestes cantos
Con los rasgueos del mbaraka,
¡Con qué donaire se balancea
la seductora Kygua vera!
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Mirar de fuego, risa andaluza,
vibra en sus labios voz de guarán;
es planta indiana, flor española,
la primorosa Kygua vera.
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Con su mantilla sobre los hombros
como una esbelta reina oriental,
pasa triunfante, con gallardía,
la donairosa Kygua vera.
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Gala nativa, flor de los valles,
mágico encanto de esta heredad:
nadie resiste las seducciones
de la hechicera Kygua vera.
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Y es para el culto sacerdotisa,
para los goces, flor tropical;
rima plegarias con las caricias
la bondadosa Kygua vera.
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Diosa bendita de los hogares
fiel heroína, patria vestal;
es bella imagen de nuestra tierra
la cariñosa Kygua vera.
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Fuente: POESÍAS DEL PARAGUAY – ANTOLOGÍA DESDE SUS ORÍGENES. Realización y producción gráfica: ARAMÍ GRUPO EMPRESARIAL, Dirección de la obra: OSCAR DEL CARMEN QUEVEDO. Recopiladores y autores: RAÚL AMARAL, MARÍA BARRETO DE RAMÍREZ, AÍDA ORTÍZ DE CORONEL, ELA RAMONA SALAZAR S., RUDI TORGA / Tel. (595-21) 373.594 / arami@rieder.net.py – Asunción / Paraguay. 2005. 781 pp.).

FUEGOS Y ARTIFICIOS. Autor: GILBERTO RAMÍREZ SANTACRUZ / Fuente: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.



FUEGOS Y ARTIFICIOS
Autor: GILBERTO RAMÍREZ SANTACRUZ
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
Edición digital: Alicante :
Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2003
N. sobre edición original:
Edición digital basada en la de Asunción (Paraguay),
Intento, 1988.
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«Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden,
maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse».
GABRIEL CELAYA

«Subiré al cielo,
le pondré gatillo a la luna
y desde arriba fusilaré al mundo,
suavemente,
para que esto cambie de una vez».
RAÚL GONZÁLEZ TUÑÓN

«Un día, los intelectuales apolíticos
de mi país, serán interrogados
por el hombre sencillo de nuestro pueblo.
Se les preguntará, sobre lo que hicieron
cuando la patria se apagaba
lentamente, como una hoguera dulce,
pequeña y dulce».
OTTO RENÉ CASTILLO

Fuegos I
Fuegos

El fuego que es la sangre de la luz,
el humo que es la huella de la esperanza,
la ceniza que es la prueba de la nada,
obrarán para que las tinieblas den paso:
al liberado mundo de amor y libertad.
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Es necesario quemar el pasado de espinas represoras,
es necesario convertir esta maraña en chacra cultivable,
es necesario soñar con los ojos abiertos el futuro;
luego es necesario pensar calculando su llegada;
después será necesario gritar y cantar y luchar para que todo ocurra.
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Pero nada será posible sin el fuego devastador,
que fulminará todo cuanto entorpezca la primavera anunciada,
que calcinará cualquier hierba mala del sembradío,
que chamuscará al espantapájaros que no cumple su labor
y abrasará al pueblo con su voracidad liberadora.
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Sin embargo, el incendio se alimentará de nuestros huesos,
nuestros brazos atizarán sus leños hasta el amanecer,
nuestra sangre nutrirá de combustible a la vorágine de brasas,
nuestras guitarras serán alcanzadas por la lengua de llamas
y nuestro canto se tornará verde como un rozado en pleno brote.
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El fuego que es la sangre de la luz,
el humo que es la huella de la esperanza,
la ceniza que es la prueba de la nada,
obrarán para que las tinieblas den paso:
al liberado mundo de amor y libertad.
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Arte poemática

Ya vendrán otros poetas y otros cantores
cuando la muerte vuelva a ser natural, no negocio
a revivir la lira y la musa;
porque hoy la poesía se arma ante las bombas
como las flores con sus aguijones ante el machete
y los antipoemas contra el hambre organizado.
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Lo mejor que hoy tienen las flores, son sus espinas;
los poemas, sus poetas con sangre de Tirteo;
la imaginación, sus duendes anunciadores del sol;
la noche, su prudencia de silencio fecundo;
la lucha, sus combatientes milagreros del futuro;
la paz, sus hacedores de guerreros pacíficos
y el pan, sus necesitados creyentes en el trigo.
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No se preocupen, poetas del ensueño,
las flores comprenden mejor que nosotros;
las estrellas no quieren que sus ojos se cierren;
los sueños están en vertiginosa extinción;
las pesadillas se multiplican noche a noche;
el miedo cabalga sobre la esperanza;
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«el ángel de la inspiración perdió las alas,
en un atentado terrorista», consigna el titular de un diario
y los perros como nunca están ladrando a la luna.
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Es poco lo que puede la poesía,
todo se hace también sin ella:
el gallo ni el gorrión determinan el amanecer,
pero sin ellos el alba es un pájaro sin vuelo.
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Es poco lo que puede la poesía,
aun sin ella la vida es posible:
la cigarra no provoca el verano
ni el dolor es causante del parto,
pero sin ellos nunca maduraron las sandías
y ninguna revolución ha plasmado su sueño.
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Patria mía I
a Carlos Villagra Marsal
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¿Qué habrás hecho, Patria mía,
que te tienen tan olvidada?
¿Qué habrás dicho a los represores
que no te han perdonado?
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¿Qué habrás hecho, Patria mía,
que no figuras en ninguna crónica?
¿Qué habrás dicho a los invasores
que te borraron de la memoria?
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¿Qué habrás hecho, Patria mía,
que no estás en ninguna estadística?
¿Qué habrás dicho con tus ejemplos
que aún te temen los victimarios?
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¿Qué habrán hecho de ti, Patria mía,
que estás irreconocible como pueblo de acero?
¿Qué les habrás dicho, Patria mía,
que aún resuena tu palabra en Latinoamérica?
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¿Qué se habrán creído, Patria mía,
que te sepultaron en la historia?
¿Qué habrán pensado al herirte, Patria mía,
que tu pueblo no resurgirá para cicatrizarte?
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¿Qué les habrás enseñado, Patria mía,
que no quieren que repitas tu hazaña?
¿Qué habrán querido hacerte, Patria mía,
que sólo prolongaron tu definitiva victoria?
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Patria mía II
al Terceto Ñamandú
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Por donde y a donde voy hablo de vos,
como si fueras un hermano o un viejo amigo escolar.
Comento tu historia y tus innarrables combates,
como si fueras un superhéroe mitológico o de televisión.
Recito tus versos y nombro a tus artistas que murieron de pie,
como si fueran estatuas de carne venciendo a los siglos.
Entono tu canto y menciono a tus cantores combatientes,
como si fueran una bandada de gorriones armados.
Utilizo tu idioma y hablo de tu pueblo desangrado por la libertad,
como si fuera una paloma blanca teñida de dolor.
Empuño tu esperanza y arguyo la urgencia de tu sonrisa,
como si te hubieran robado el rostro y tu boca de maíz.
Por donde y a donde voy hablo de vos,
pero nada se sabe y ya nadie te conoce como El Paraguay...
Sin embargo, no me canso nunca de hablar mil veces de vos.
Tal vez, por miedo a olvidarte yo también un día cualquiera.
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Artificios II
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«Nosotros condenamos
La poesía de pequeño dios
La poesía de vaca sagrada
La poesía de toro furioso.
Contra la poesía de las nubes
Nosotros oponemos
La poesía de la tierra firme.
(...)
Escriban lo que quieran
En el estilo que les parezca mejor
Ha pasado demasiada sangre bajo los puentes
Para seguir creyendo -creo yo-
Que sólo se puede seguir un camino:
En poesía se permite todo».
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NICANOR PARRA
«me dije:
hoy he perdido el día no hice nada
después supe que ese día había hecho un hijo»
«las mujeres que no cogen hijo mío
odian a las que cogen
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precisamente tu deber de hombre
es apaciguar ese odio».
FRANZ MORENO (César Fernández Moreno)
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«Ñande kuéra Paraguay jaheká vyro re'í».
Gustavo Corvalán (1889)
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Artificios
La lámpara quema las pestañas del idiota inútil,
que traza a oscuras una imagen no figurativa.
Cuando apenas pudo refugiarse en su impotencia,
vino el desgano y devoró toda factibilidad.
Pero luego insiste con los adjetivos famélicos
y el virus de la pus literaria conformó una sílaba.
Se fue el encanto nocturno como un cohete negro
y yo me quedé en la nada luminosa y quimérica.
Por suerte la poesía estaba lejos de mi pluma,
cargada con ácido sulfúrico y tinta reventada.
El pretendido poema llegó a destino embarrado,
pero su punto aparte utilicé como punto de apoyo:
para romper con la insostenible solemnidad,
para levantar mi canto impertinente,
para construir un mundo poéticamente ameno,
para acabar con la sangre derramada inútilmente,
para dibujar una poesía necesaria e imprescindible
y para que arte y oficio sean los brazos del hombre.
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El arte de escribir
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El comandante Cabezas se reía de los que sufren al escribir
y dijo que él escribió su libro estando con una mujer
y tuvo un resultado tan feliz que se confunde con su orgasmo.
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García Márquez habla de transpiraciones interminables
y un siglo de soledad para parir tantos monstruos divinos
y se hizo pequeño dios para crear el Universo de Macondo.
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Flaubert cuando modelaba la cintura de su Madame Bovary
se desveló durante cuatro noches buscando un adjetivo,
o tal vez haciendo de amante o repitiendo: «yo soy la Bovary».
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Se puede decir que Hemingway escribía para irse de cuerpo,
ya que la mayoría de sus libros los escribió sobre el water,
escribía y corregía plácidamente sobre el límpido inodoro.
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Balzac que fue el escritor más proficuo de todos los tiempos,
escribía religiosamente comiendo varios baldes de cerezas frescas
y tomando habitualmente varios litros de su infaltable café.
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Verlaine fue un hombre incapaz de garabatear una sola palabra;
se volvía un hombre inútil si no bebía su imprescindible Pernod:
digno de Ovidio que dijo: «no perdurarán los poemas escritos por bebedores de agua».
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Victor Hugo escribía siempre de pie en un escritorio especial
y alternaba entre página y página una esposa y una amante;
y cubría su cabeza con una toalla y sus pies en una palangana.
Faulkner escribía con una mano y con la otra sostenía una copa.
Pedro Salinas escribía colgándole los numerosos hijos
y corregía entre bulliciosos y chillidos de sus inquietas proles.
Neruda escribía sentado frente al mar y con birome de tinta verde.
Lorca y Gide no querían que se escriba en estado de inspiración.
Emiliano escribía por encargue y tan sólo por un cuarto de caña.
El comandante Cabezas dijo que escribía estando con una mujer
y yo escribo durante el tiempo que tarda en llegar la mujer;
pero una vez que llega ya hago otras cosas más importantes que la literatura.
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Enlace al ÍNDICE del libro Fuegos y artificios en la GALERÍA DE LETRAS del PORTALGUARANI.COM
  • Fuegos I / Fuegos / Arte poemática / Patria mía I / Patria mía II / Encuentro en Asunción / El canto necesario / Poemas de amor trasnochado / Dos canciones para un solo amor / Composición de lugar I / Composición de lugar II / Certezas / El canto en la calle / Cuando el pueblo... / El arte por el arte / Inutilidades / Bienvenido a la esperanza / Purahei jahe'o
  • Artificios II / Artificios / El arte de escribir / Contracanto / Nostalgia práctica / Observatorio / Preguntas tontas a una mujer / Mi compadre y la «S» / Los sin patria / Fe de nacimiento / Apellidos al por mayor / Reflexiones de un sepulturero / Solicitud de amor / A contraluz / Paronomasia / Carta simple I / Carta simple II / Carta simple III / Las paredes hablan
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