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sábado, 31 de julio de 2010

MANUEL GONDRA - MANUEL GONDRA. MENSAJES Y ESCRITOS - Prólogo: JORGE BÁEZ ROA / Texto: BLAS GARAY Y LA HISTORIA DEL PARAGUAY


MANUEL GONDRA
MENSAJES Y ESCRITOS
Obras de MANUEL GONDRA
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
Prólogo: JORGE BÁEZ ROA
COLECCIÓN LITERARIA, 36
© De esta edición:
1996, Editorial El Lector
Tel. (595 - 21) 498 - 384
Fax: (595 - 21) 498-385 (Asunción)
Tapa: LUIS ALBERTO BOH
Composición y Armado: MANUEL JOSÉ FLECHA
Tirada: 1.000 ejemplares
Asunción – Paraguay
1996 (214 páginas)


PRÓLOGO
Manuel Gondra constituye toda una categoría de vida y pensamiento en la historia de nuestro pueblo. Desde temprana edad demostró una decidida vocación por las letras y la historia. Su saber sustentado en copiosas lecturas bien asimiladas y prestamente recordadas le llevaron a ejercer un agudo y penetrante espíritu crítico en disciplinas diversas como la Literatura, la Historia y el Derecho.
Tal como lo consigna Carlos R. Centurión en su "Historia de la Cultura Paraguaya", Gondra nació en la solariega vivienda de los Pereira en Ypané en el año 1871. Las primeras letras aprendió bajo el alero campesino de una humilde escuela de Villeta. Prosiguió sus estudios en Asunción. En el Colegio Nacional tuvo su pieza de internado. Integró el grupo de bachilleres egresados de esa institución en 1883.
A poco de terminar sus estudios de bachillerato ejerció la docencia. Fue profesor de Gramática, Geografía y Literatura en el Colegio Nacional. Ya por aquellos años esplenden cualidades que revelan una precoz madurez en sus ideas y módulos de vida. Al señorío, al decoro que preceden sus clases se unen su dicción pulcra, su exposición atildada.
Dispuesto a realizar sus estudios universitarios, ingresa en la Facultad de Derecho, pero a poco da un abrupto fin a ese empeño. "Extraño destino el de este hombre- nos dice Arturo Bray-, que sin quererlo ni buscarlo, llegó a ser el verdadero maestro de la juventud de su tiempo. Maestro de ideas y de conceptos, que no de meros conocimientos didácticos, su cátedra adquirió pronto la jerarquía de un altar de la palabra, palabra castiza, fluida y seductora". (Hombres y Épocas del Paraguay).
El caso es que, tan pronto como hubo conquistado notoriedad intelectual, Gondra irrumpe en el campo de la política. Sus múltiples saberes, su acendrada ética, su estampa de gran señor terminan por convertirlo en una de las figuras más importantes de la vida política paraguaya.
"Su prestancia de gran señor -nos lo recuerda Bray en su libro citado más arriba-, con estampa de rancio y altivo hidalgo español, dan a su persona un realce de distinción y nobleza, que hacen de él, un gentilhombre de dorada espuela... Hombre esencialmente bueno, de sus labios no brota jamás el vocablo áspero o la expresión mordaz ni para el más enconado adversario".
En el quehacer político, ausculta anhelos e inquietudes de hombres que conforman los diversos sectores de la vida paraguaya, así desde el más humilde al más encumbrado.
Sin embargo, Gondra no llega a afirmarse en la movediza arena de nuestra política ya que no acepta nada que pueda menoscabar sus principios éticos. Manuel Gondra fue llevado por el voto de sus conciudadanos en dos ocasiones a la Presidencia de la República y, una y otra vez hubo de resignar el mando a poco de ejercido.
Al paso del tiempo y acallado ya el estruendo suscitado por las pasiones que condicionaron una época de nuestra vida nacional, vemos erguirse el recuerdo de su personalidad austera con los atributos que confieren la dignidad del pensamiento unida a una ética ciudadana que no conoció atardeceres.
Bien podríamos citar aquí el siempre perspicaz juicio de Raúl Amaral cuando nos recuerda que: "Agotadas las agitaciones de épocas, puede afirmarse que en nuestros días prevalece la figura de un Gondra depurado de las adversidades de antaño y en más propicia cercanía a esa consideración intelectual que obtuviera de sus compañeros, los novecentistas, de los que asimismo supo ser guía en los afanes culturales de la última década del siglo anterior y comienzos del actual".
"Perdura de este modo, el otro Gondra, el esteta, el crítico de la norma literaria y el defensor, y practicante, del estilo adecuado y preciso, ausente de camafeos y arabescos, pero por eso mismo castizo, de severa elocuencia". ("Escritos Paraguayos".) Al esteta, al crítico de la norma literaria es, precisamente a quien apreciamos en estas páginas en que se agavillan escritos y discursos que le dieron notoriedad dentro y fuera del país. Pero también es justo recordar que Gondra fue hombre de Derecho y, que como tal, brilló alto su talento en la V Conferencia Panamericana realizada en Santiago de Chile en 1923, en la que propuso la creación de un instrumento jurídico destinado a impedir los peligros de la guerra en nuestro continente y que conocemos con el nombre de "Convención Gondra". Demás está decir que esta justa del Derecho contribuyó aún más a enaltecer su nombre y prestigio de intelectual al punto que muchos lo consideraran "la mentalidad más equilibrada del Plata".
Entre los escritos y discursos reunidos en este volumen sobresalen su crítica a Rubén Darío, su discurso de bienvenida al Dr. Báez cuando representara a nuestro país en la Conferencia Panamericana realizada en México en 1901, su discurso a Alberdi cuando la inauguración de su monumento en Buenos Aires, así como su oración fúnebre en el acto de exequias del Dr. Blas Garay, que conforman piezas literarias de subido valor.
Rubén Darío que lo conoció y trató á Gondra cuando este era ministro plenipotenciario en Río de Janeiro en los años de 1905 a 1908 no pudo menos que apreciar su densa cultura en sus conversaciones y en la lectura de sus escritos. Su estudio crítico a Darío que tuvo como destinatario a Francisco Luis Bareiro, residente en Valparaíso (Chile) tiene fecha 9 de noviembre de 1896, cuando Gondra contaba 25 años. En el aludido escrito, niega originalidad al vate nicaragüense y, a partir de esta tesis hace un despliegue de erudición en que sus juicios aparecen apuntalados por autores de renombre y que parecieran impulsarlo a un tiempo, a hacer pulcros distingos en lo que a estilo y corrientes literarias conciernen.
En un pasaje de este escrito Gondra afirma: "Los modernistas de América, él inclusive (se refiere a Darío) no han aportado nada nuevo, ni al acervo de la estética universal, ni al de la técnica literaria castellana".
El caso es que Gondra no reparó acaso suficientemente en aquello que constituye auténtica calidad poética en la obra de Darío. Y que sí, vieron y sintieron -como muchas veces ocurre en arte-, no precisamente eruditos en la materia, sino hombres con verdadero instinto y sentido poético, condiciones que incluyen, claro está, conocimientos del hecho estético como condiciones decisivas para la captación y el goce de la belleza dondequiera se la encuentre.
Ya en nuestros días, aunque con antecedentes ilustres, el juicio formulado por Ernesto Giménez Caballero sintetiza la calidad de la obra de Darío: "Aquel Darío que expresó una absoluta afirmación de la vida en todas sus dimensiones heroicas y líricas. Darío que vio en Grecia y Roma, en el Renacimiento, en los ilustrados franceses del siglo XVIII y en la América intacta y pura, los ideales creadores. Revoluciona la métrica y la adapta para esa vasta empresa con versos mayores, solemnes y cesáreos y de una grandiosidad orquestal llegando a renovar el hexámetro clásico, tras afirmar que en la lengua española existen sílabas largas y breves, como en la poesía antigua y no sólo ritmo acentual como en la Edad Media".
Más aquí o más allá de sus conclusiones, la crítica de Gondra constituye una admirable pieza de erudición, de análisis y crítica literaria.
Su discurso de homenaje a Alberdi en el acto de inauguración de la estatua del ilustre tucumano en Buenos Aires (1910) y que pronunciara en representación del Instituto Paraguayo, de la Municipalidad y prensa de Asunción es otra pieza de notable belleza formal y no menos riqueza en cuanto a calidades de ideas.
En un párrafo del discurso leemos: "La crítica, la verdadera crítica, no ha señalado aún el lugar definitivo que ocupa en la historia del pensamiento argentino, pero, no sé si es aventurado decir que ese lugar será el del pensamiento más sagaz y el del escritor político más sugestivo de Sud América. No tuvo Alberdi la caudalosa erudición del General Mitre, ni la imaginación desordenada pero genial de Sarmiento, ni la inmensa doctrina jurídica de Vélez, ni la cultura clásica y el decir castizo de Gutiérrez, ni la admirable ductilidad del talento de Vicente Fidel López, pero tuvo, y en grado eminente, la visión honda, clara y serena de las cosas de América, y por eso supo más que otro alguno, dejar en sus libros programas de gobierno para los estadistas de las embrionarias repúblicas del continente".
En otro pasaje del discurso expresa: "El Paraguay lo ama porque él fue su defensor abnegado en todos los momentos, en aquellos días en que el destino desató entre estos pueblos esa larga guerra, la más cruenta de América, en cuyas olas de sangre se creyó que se hubiese ahogado un pueblo. Lo ama, porque su defensa fue desinteresada, que el publicista que la hacía no ignoraba que en ella iba la suerte de su vida pública. Lo ama, porque cuando los contrastes comenzaron para sus armas, comenzó también a vacilar la fe de los que sostenían su causa, algunos de los cuales como Andrade, hubo día en que olvidaron que el Paraguay existiese, y, entre tanto, Alberdi, sólo Alberdi hacía sonar sus gritos de protesta y su voz de defensa, mientras las armas de esforzados combatientes y de gloriosos caídos iban trazando sobre el suelo estremecido de la patria, esa inmensa diagonal de sangre y de heroísmo, que arranca en las arenas de Itapirú, y halla término en las soledades de Cerro Corá".
En lo que se refiere a sus juicios históricos, se ha dicho de Gondra que era el "hombre de las transacciones conciliatorias y de las equidistancias sin riesgos", afirmación sólo sustentable en un ambiente como el nuestro, proclive siempre a la unilateralidad de opiniones y el consiguiente maniqueísmo sectario. Parafraseándole al propio Gondra podríamos decir de él que, tuvo siempre la visión honda, clara y serena de la realidad de nuestro pueblo. No escapó a su concepto que los hechos históricos por su misma complejidad, resultante de circunstancias, personas y factores que en él intervienen, requieren comentarios plurales. Y esto, por no existir una única ley que los explique. El principio de causalidad a que tan afectos eran los positivistas de finales del pasado siglo, no siempre resulta adecuado para dilucidar, comprender y explicar el hecho histórico.
Algunos escritos polémicos de carácter histórico que aparecen en este volumen, han perdido en su mayor parte vigencia aunque resultan reveladores de las ideas y valores que resonaron en el espíritu del joven Gondra.
El 89 de marzo de 1927 fallecía en la ciudad de Asunción Dn. Manuel Gondra. Conforme a su deseo de ser sepultado en medio de la campiña en que viera la luz primera, sus restos fueron inhumados en su pueblo natal. En esa lejanía, a campo abierto, que como prolongación de esa soledad a que tan afecto era y en la que sólo lo acompañaban sus seres queridos y sus amados libros, descansa el ilustre paraguayo.
JORGE BÁEZ ROA.
Asunción, 23 de abril de 1996.

GARAY Y LA HISTORIA DEL PARAGUAY
UNA OBRA DEL DR. BLAS GARAY
Obsequio amistoso del autor, llegó a mis manos, a fines de Enero último, el "COMPENDIO ELEMENTAL DE HISTORIA DEL PARAGUAY" del doctor don BLÁS GARAY. Apenas lo recibí lo leí con el interés que siempre me inspiran todas las producciones que contribuyen a fomentar la naciente literatura paraguaya, interés avivado en este caso por una triple circunstancia: por tratarse de la primera Historia General del país debida a un escritor nacional, por ser éste un joven de gran talento, estudiosísimo, y que se distingue entre los que manejan la pluma por el feliz esmero que pone en la corrección del lenguaje, y finalmente, por hallarse informados los pasajes más importantes del libro de cierto espíritu polémico, que, removiendo cuestiones históricas debatidas pero no resueltas antes de ahora, y sosteniendo ciertas tesis que, si no carecen de propugnadores, tienen también sus adversarios declarados, hacen aparecer a su autor como uno de esos caballerescos mantenedores de los torneos medioevales que, lanzado el reto, esperan con arrogante altivez se presente el paladín que acepte la contienda.
Sin la preparación necesaria para hacer un estudio crítico de la obra del doctor Garay, deseé, sin embargo desde el primer momento, manifestar públicamente la impresión que su lectura me había producido, no porque creyese que ella pueda tener importancia alguna, sino porque pensaba que no es la esquivez la atmósfera más propicia para el desarrollo de la cultura intelectual, pues nada estimula más a un escritor como el saber que sus libros son leídos, comentados y discutidos apasionadamente.
El más ilustre de los humanistas españoles contemporáneos, hablando con mal disimulada amargura de la indiferencia con que en su patria se mira a los que se dedican a las "tareas de erudición o de ciencia", y del silencio que se hace alrededor de ellos, da algunos consejos muy hermosos a quienes tengan "la fortaleza de ánimo necesaria para resignarse a ese perpetuo monólogo".
Procuremos que aquí no acontezca lo que motiva la queja embozada del sabio español; hablemos favorable o desfavorable, pero sinceramente, de las obras que aparezcan; discutámoslas para que, haciendo ruido en torno de ellas, se ensanche, siquiera sea por ministerio de la curiosidad, el círculo de sus lectores, y acaso así no se correrá el peligro de que ningún cultor de las letras paraguayas, careciendo de energía de espíritu, las abandone no queriendo resignarse a ese eterno soliloquio de que habla Menéndez y Pelayo.
Estas reflexiones me incitaban, como dije, a dar publicidad a mis opiniones acerca del "Compendio de la Historia del Paraguay". Si no lo hice hasta estos momentos, fué sólo porque cierto espíritu de respeto intelectual y de cortesía literaria, diré así, me aconsejaba esperar sonaran voces más autorizadas que la mía, ilustrando el juicio público, acerca del trabajo histórico del Dr. Garay, a lo que se unían también circunstancias de otra índole que me cohibían a adelantarme a otros en esa tarea.
Más hoy, desaparecidas éstas, y conocido ya el dictamen de distinguidos profesores de historia, entrego a la estampa estas líneas que, a falta de todo otro mérito, tendrán siquiera el de la sinceridad que las dicta y el del puro anhelo por hallar la verdad en que están inspiradas.
Ahora bien, como en el curso de ellas hallarán los lectores (si es que alguno merecen tenerlo) una breve interrupción, que ellos considerarán, sin duda, como uno de los tantos defectos que, sin necesidad de mucha perspicacia, se habrán de ver en este trabajo, quiero hacer previamente una advertencia, por tratarse en todo caso de un defecto voluntario, es decir, nacido de un propósito deliberado.
El libro del Dr. Garay se halla dividido en dos partes: la primera comprende la época del coloniaje, esto es, desde la conquista hasta 1811; la segunda abarca desde aquel año hasta 1870. A ambas precede una introducción sobre la "Población precolonial" del Paraguay. Estas impresiones seguirán igual reparto. Ocuparéme primeramente de "La Colonia" y luego de "La Independencia", según llama el autor a las dos secciones de su obra.
Más, como con posterioridad al "Compendio" ha publicado el doctor Garay una hermosa monografía sobre la "Revolución de la Independencia", en la que amplía los tres capítulos de aquél a ella relativos, y como quiero dedicar a dicho libro un estudio más serio, por tratarse en él de rectificar opiniones de que participo y que he hecho públicas desde 1891, dejaré para después, por no repetirme enfadosamente, el examen de las teorías que en él se mantienen acerca de la emancipación paraguaya.
Esto será causa de la laguna o, mejor dicho, del salto que notarán los lectores, pues, terminado lo referente al coloniaje, proseguiré desde el año 1813, ocupándome principalmente de la conspiración del año 19 y de algunos puntos tocantes a los gobiernos de ambos López.
De la Revolución, repito, trataré después, sosteniendo la tesis contraria a la sustentada por el doctor Garay, es decir, que el doctor Francia no es el autor de la nacionalidad paraguaya, ni el iniciador de su independencia; que los verdaderos próceres de la misma son Yegros, Caballero e Iturbe en el orden militar, y en el orden político don Mariano A. Molas; que aquellos nunca fueron porteñitas, sino acendrados patriotas, alguno de ellos verdaderamente inmaculado, y que las palabras de los que hoy día pretenden vindicar a Francia son verdaderos ecos de ultratumba, pues sus acusaciones a los héroes del año 11 no tienen otra base histórica que las imposturas del tirano, trasmitidas a la posteridad por la pluma de los escritores suizos Rengger y Longchamp, de cuya obra trataremos también, analizando el valor que ella pueda tener para ser seguida, ciegamente en muchos de sus pasajes, por los que dan pábulo a la leyenda del "Francia emancipador y padre de la nacionalidad paraguaya".
Al establecer estas proposiciones debo declarar sinceramente que, persiguiendo la verdad histórica y nada más que la verdad, estoy dispuesto a rectificarlas, cuando se produzcan pruebas que me obliguen a ello, pues, nunca he pensado que la historia deba escribirse con pie forzado, como esas composiciones en que los poetas fáciles se afanan en lucir su ingenio.

INDICE
PRÓLOGO - JORGE BÁEZ ROA
GARAY Y LA HISTORIA DEL PARAGUAY (Una obra del Dr. Blas Garay)

INTRODUCCION - LA COLONIA
I - Las omisiones y el método en la Historia
II - Los errores materiales en la Historia
III - Los nombres geográficos
IV - El idioma guaraní y su capacidad expresiva
V - El guaraní y las ideas abstractas
VI - Naturaleza y estructura del idioma guaraní
VII - Historiadores y cronistas

LA INDEPENDENCIA - PERIODO CONSTITUCIONAL
I - Una afirmación de Garay
II - La instrucción bajo el primer López
III- El Catecismo de San Alberto
IV - La instrucción y los sistemas políticos
V - Grado de difusión de la enseñanza primaria y superior
VI - El sistema de enseñanza

LA REVOLUCIÓN DE LA INDEPENDENCIA Y EL DICTADOR FRANCIA
I- Objeto de estas consideraciones
II - El folleto de D. José S. Decoud
III - El artículo del Sr. Audibert
IV - El artículo del Sr. Domínguez

SCHMIDL Y DOMINGUEZ
I - Schmid1 como fuente histórica
II - Una carta sobre el mismo
III - Los datos de Schmidl
IV- ¿En qué fecha salió Mendoza de España? .
V - Problemas de cronología
VI - Un paréntesis epistolar
VII - Otro paréntesis epistolar
VIII - Palabras finales

ALBERDI
DISCURSO DE BIENVENIDA AL DR. CECILIO BAEZ
EN TORNO A RUBEN DARIO
AYALA
MOLAS, BORBON Y OTROS TEMAS
BLAS GARAY
LA AMERICA LATINA EN LA GUERRA MUNDIAL
LA CUESTION DEL PILCOMAYO
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MERCEDES YANÉ - EN TU SUEÑO (GUARANIA). Música: FLORENTÍN GIMÉNEZ / Fuente: FLORENTÍN GIMÉNEZ - CANCIONERO – TOMO I.


EN TU SUEÑO
(GUARANIA)
Letra: MERCEDES YANÉ
Música: FLORENTÍN GIMÉNEZ
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
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EN TU SUEÑO
(GUARANIA)

si un día pudiera junto a ti llegar, y en tu sueño estar
para con mis manos y mis caricias, darte mi amor
y al besarme dentro de tu soñar, entregarte al fin
en un beso el alma, con mil ternuras y el corazón.

II

Quisiera saber si ya tiene un nombre tu sueño alado
si es alguien que amas, alguien que adoras, te hace feliz
y le ruego a Dios me otorgue el milagro,
de que en tu sueño viva yo en ti
y así descubras como yo quiero lograr tu amor.

I (bis)

Cuando tu dormitas, sonríes feliz con dulce candor
quisiera saber si en su pensamiento quien estará
¿Será un gran amor? ¿Será una ilusión? o tal vez será
alguien que en tu sueño ya se adueño de tu corazón.
.
Fuente:
202 COMPOSICIONES ESCOGIDAS
DE SU VASTA CREACIÓN DE MÚSICA POPULAR,
CON LETRAS DE DESTACADOS AUTORES.
Composiciones y obras de FLORENTÍN GIMÉNEZ
Impreso en el Centro de Publicaciones
de la Universidad Católica
“Nuestra Señora de la Asunción”,
Noviembre de 1993, Asunción – Paraguay.
.
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RUDI TORGA - ÑASAINDY JAVENTE (GUARANIA). Música: FLORENTÍN GIMÉNEZ / Fuente: FLORENTÍN GIMÉNEZ - CANCIONERO – TOMO I.

ÑASAINDY JAVENTE
(GUARANIA)
Letra: RUDI TORGA
Música: FLORENTÍN GIMÉNEZ
(Enlace a datos biográficos y obras
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ÑASAINDY JAVENTE
(GUARANIA)

I-

Ñasaindy porã
ne akã raguere
oñembosarai.
Nde ykére che
ndorojhechapái.
Nde yuru jhe’ê
che ruguy omombáy.
Jhendy che rete.

Ere uperõ nde:
yvága jha yvýpe
che nemba’e.
Yasy rovake
che ndeve ame’ê
ko che recove.
Jha jhi’ã ko’yte
Yayuayjhuve.

II-

Ñasaindy yaverō kuñataî
ipoty yera ñane cunu’û
Upeguive che recovemi
ñasaindy ojhayjhu.

Ñasaindy yaverõ pe nde yuru
re’ênguemire che mandu’a.
ko’yte che ñasaîndy jave
rojhechaga’u.

I (bis)

Pe ne cunu’û
rata oicove
akói che pypé.
Ipypucuve
ko’êre jha’ê
Oimevapa nde
reromandu’a
Yajhasa vaekue.

Ojhasa ro’y
ojhasa ko’ê
Yvytu irari
Ara aipapá
aipota oyevy
mborayjhu mimbi.
Che ára yvoty
nde recovemi


.
Fuente:
202 COMPOSICIONES ESCOGIDAS
DE SU VASTA CREACIÓN DE MÚSICA POPULAR,
CON LETRAS DE DESTACADOS AUTORES.
Composiciones y obras de FLORENTÍN GIMÉNEZ
Impreso en el Centro de Publicaciones
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“Nuestra Señora de la Asunción”,
Noviembre de 1993, Asunción – Paraguay.
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FLORENTÍN GIMÉNEZ - MORENITA CAMPESINA (CANCIÓN). Música: FLORENTÍN GIMÉNEZ / Fuente: FLORENTÍN GIMÉNEZ - CANCIONERO – TOMO I.


MORENITA CAMPESINA
(CANCIÓN)
Letra y música:
FLORENTÍN GIMÉNEZ
(Enlace a datos biográficos y obras
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MORENITA CAMPESINA
(CANCIÓN)

Morenita campesina
de belleza sin igual
que en tu trenza de azabache
se motiva esta canción.

Esas sonoras caricias
de un agreste jardín
trayendo de la floresta
mil perfumes de pasión

II

Tu vienes de la campiña
donde florece el jazmín,
de los arroyos brumosos
con sus cascadas al sol.

Eres agreste mensaje
de los montes y los prados
y canciones de mi tierra
con gorgeos del zorzal.

Tu eres cual lucero
en la noche solitaria.
morena de ojos profundos
cuántas veces te soñé.

Tu eres cual alborada,
que obsequia al naranjal
amaneceres alegres
del labrador guaraní.

II

Tu eres canción del agro
en las cuerdas trasnochadas
y ritmos de los cantares
de un soñador gentil.

Tú tienes de la historia
fulgor de un nuevo crisol,
para cantarle a la patria
en serenata sin fin.

Final…

para cantarle a la patria
en serenata sin fin.
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Fuente:
202 COMPOSICIONES ESCOGIDAS
DE SU VASTA CREACIÓN DE MÚSICA POPULAR,
CON LETRAS DE DESTACADOS AUTORES.
Composiciones y obras de FLORENTÍN GIMÉNEZ
Impreso en el Centro de Publicaciones
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“Nuestra Señora de la Asunción”,
Noviembre de 1993, Asunción – Paraguay.
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FLORENTÍN GIMÉNEZ - POR UNA ALBORADA (GUARANIA). Música: FLORENTÍN GIMÉNEZ / Fuente: FLORENTÍN GIMÉNEZ - CANCIONERO – TOMO I.

POR UNA ALBORADA
(GUARANIA)
Letra y música: FLORENTÍN GIMÉNEZ
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
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POR UNA ALBORADA
(GUARANIA)
Sonoros destellos de la rebeldía
exclama cual trueno ya por estallar,
antiguos rencores fundidos en sangre,
cansados revientan cada amanecer.

Por una alborada que quedó dormida,
en noche inmolada, canto nocturnal.
Brotarán de nuevo desde la hondura
floración de antorchas de la redención.

II

Fulgura en el alba demorado sueño
fundido en la llama de la libertad.
Brillarán de nuevo, junto a las estrellas
encendido fuegos de canto autoral.

Ya libre de escarnios se aleja la noche,
la simiente nueva se expande en el sol.
La tierra esperanza, crisol de alboradas
se plasma en el hombre cual canto triunfal.


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Fuente:
202 COMPOSICIONES ESCOGIDAS
DE SU VASTA CREACIÓN DE MÚSICA POPULAR,
CON LETRAS DE DESTACADOS AUTORES.
Composiciones y obras de FLORENTÍN GIMÉNEZ
Impreso en el Centro de Publicaciones
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“Nuestra Señora de la Asunción”,
Noviembre de 1993, Asunción – Paraguay.
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LUIS SZARÁN - SOCIEDADES MUSICALES / Fuente: DICCIONARIO DE LA MÚSICA PARAGUAYA


SOCIEDADES MUSICALES
Autor: LUIS SZARÁN
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
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SOCIEDADES MUSICALES
La formación de entidades de apoyo a las actividades musicales, sea en el campo de la organización de presentaciones artísticas, de carácter gremial o para la enseñanza, tuvo su inicio en las últimas décadas del siglo XIX.
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En 1881 se fundó la SOCIEDAD FILARMÓNICA LA LIRA, integrada por jóvenes amantes de la música.
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En 1887 comenzó sus actividades el CIRCOLO CORALE FILODRAMMATICO ITALIANO, bajo el auspicio de la comunidad de italianos. La entidad contaba con un coro y una banda, estables que realizaban presentaciones públicas.
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En 1888 se creó la SOCIEDAD CORAL ESPAÑOLA.
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En 1895 se creó el INSTITUTO PARAGUAYO, centro que aglutinó a escritores, poetas, intelectuales y músicos de la talla de Juan Francisco Pérez Acosta, Nicolino Pellegrini, José Chiriani, Leopoldo R. Elizeche y otros. Hacia 1896 contaba con una Biblioteca con 1200 volúmenes y editaba una Revista. De su Departamento de Música surgieron figuras como: Agustín Barrios Mangoré, Fernando Centurión, Remberto Giménez y otros.
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En 1902 activó la SOCIEDAD LÍRICO-DRAMÁTICA.
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En 1889 se fundó la SOCIEDAD DEL CUARTETO, con los objetivos de incentivar la formación de una escuela instrumental, formar una orquesta completa, organizar conciertos, crear un archivo de música y contratar maestros. Los principales propulsores de dicha sociedad fueron: Emilio Aceval, Baudilio Alió, Silvio Andreuzzi, Guido Boggiani, Bernardino Caballero, Juan B. Gaona, Federico Scarpa, Juan C. Centurión y otros.
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A partir de 1908 desarrolló actividades la SOCIEDAD CORAL ESLAVA.
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El maestro Nicolino Pellegrini, principal animador del ambiente musical de comienzos del siglo XX, fundó en 1910 la SOCIEDAD FILARMÓNICA ASUNCENA.
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En 1913 inició sus actividades el GIMNASIO PARAGUAYO, que bajo la dirección de Fernando Centurión contaba con un Cuarteto de Cuerdas (el Cuarteto Haydn) y una orquesta sinfónica. En sus aulas se formaron destacados músicos.
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En 1915 desarrolló actividades AMIGOS DEL ARTE.
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En 1916 se organizó la SOCIEDAD ORQUESTAL, también liderada por Fernando Centurión.
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El director de orquesta Victor Ocampos impulsó en 1916 la SOCIEDAD MUSICAL DE SOCORROS MUTUOS, entidad que aglutinaba principalmente a los músicos de orquestas de baile.
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En 1917 se creó SANGESRUNDE, una sociedad coral impulsada por la colectividad alemana.
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En el año 1934 se produjo la fusión del INSTITUTO PARAGUAYO y el GIMNASIO PARAGUAYO dando origen al actual ATENEO PARAGUAYO, entidad que contó con una Academia de Música, durante las décadas del 40 al 60, organizaba ciclos de conciertos y editó una revista, hoy desaparecida.
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En Buenos Aires, Argentina en 1936, Mauricio Cardozo Ocampo, Félix Pérez Cardozo, José Asunción Flores, Agustín Barbosa, Francisco Alvarenga, Emilio Bigi y otros destacados músicos, poetas e intelectuales del Paraguay, radicados en Argentina, formaron la AGRUPACIÓN FOLKLÓRICA GUARANÍ. Entre sus objetivos se enunciaba «recoger, estudiar, mantener, difundir, crear y practicar todas y cuantas manifestaciones del arte y de la cultura que dieron fisonomía a la raza guaraní».
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La ASOCIACIÓN DE MÚSICOS DEL PARAGUAY se creó en 1938 llegando a contar en la década del 1940 con una orquesta folklórica y en el 50 con una orquesta sinfónica.
En 1947 inició sus actividades la SOCIEDAD AMIGOS DEL ARTE, que continúa hasta el presente.
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En 1951 se aprobaron los estatutos de AUTORES PARAGUAYOS ASOCIADOS (APA), entidad que nuclea a creadores de música y otras artes. Durante la década del 50 contaba con una revista y actualmente mantiene una Escuela de Música. En 1963 se fundó el Centro de Guitarra Clásica del Paraguay.
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En 1973 inició sus actividades el SINDICATO DE MÚSICOS DEL PARAGUAY entidad que reunió a músicos de orquestas modernas de baile.
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En 1975 se fundó la ASOCIACIÓN DE INTÉRPRETES DEL FOLKLORE Y ASOCIADOS IFAP, que desarrolló intensas actividades durante una década.
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En 1978 se creó el CENTRO LÍRICO DEL PARAGUAY, entidad que tuvo a su cargo la organización de puestas líricas de óperas y operetas, en Asunción, por más de dos décadas.
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En los últimos años se fundaron la SOCIEDAD FILARMÓNICA DE ASUNCIÓN (1986), el CÍRCULO DE CANTANTES LÍRICOS DEL PARAGUAY (1987), el GRUPO DE APOYO A PHILOMÚSICA DE ASUNCIÓN (1988), la FEDERACIÓN DE COROS DEL PARAGUAY (1988) y el GRUPO PARAGUAY ÑEÉ (desde 1985 participando de giras internacionales) y las fundaciones SVETLANA EVREINOFF, y AGUSTÍN BARBOZA.
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Fuente:
por LUIS SZARAN.
Edición de la Jesuitenmission Nürnberg,
Alemania 2007. 507 páginas.
Edición digital: www.luisszaran.org.
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de la Literatura Paraguaya.
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PABLO V. ALMIRÓN - MI ROMÁNTICA ASUNCIÓN (POLCA). Música: FLORENTÍN GIMÉNEZ / Fuente: FLORENTÍN GIMÉNEZ - CANCIONERO – TOMO I.


MI ROMÁNTICA ASUNCIÓN
(POLCA)
Letra: PABLO V. ALMIRÓN
Música: FLORENTÍN GIMÉNEZ
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
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MI ROMÁNTICA ASUNCIÓN
(POLCA)

Va doblándose la noche en un pliegue de silencio,
la ciudad se va durmiendo en su sueño de quietud;
Por doquiera solo vagan soñadores trasnochados
Por las calles van cruzando con serena lentitud.



En la quieta madrugada, sobre húmedas veredas,
Nos obsequia el jazminero su fragancia sin igual,
Bajo túnicas de estrellas con la luna palpitante,
Que realzan la belleza de un azul cielo invernal.

1ª (bis)

De lejana serenata llegan voces al oído.
la mejor pieza inspirada de una obra musical;
Y revientan los naranjos azahares oloroso,
perfumado así la brisa de un verano nocturnal.

2ª (bis)

Al trinar las avecillas anunciando la mañana
La ciudad busca su ritmo y comienza a despertar;
yo, a ella, cual bohemio, nombro meta de mis sueños;
la ciudad siempre añorada capital del Paraguay.
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Fuente:
202 COMPOSICIONES ESCOGIDAS
DE SU VASTA CREACIÓN DE MÚSICA POPULAR,
CON LETRAS DE DESTACADOS AUTORES.
Composiciones y obras de FLORENTÍN GIMÉNEZ
Impreso en el Centro de Publicaciones
de la Universidad Católica
“Nuestra Señora de la Asunción”,
Noviembre de 1993, Asunción – Paraguay.
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MANUEL FRUTOS PANE - CANTO A CARACAS (GUARANIA). Música: FLORENTÍN GIMÉNEZ / Fuente: FLORENTÍN GIMÉNEZ - CANCIONERO – TOMO I.


CANTO A CARACAS
(GUARANIA)
Letra: JUAN MANUEL FRUTOS PANE
Música: FLORENTÍN GIMÉNEZ
(Enlace a datos biográficos y obras
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CANTO A CARACAS
(GUARANIA)

Caracas, mujer que sueña,
varón de cuchillos hondos,
gestas que preanuncian albas
con perfil de redención.

Caracas, trigal de historia
en la lámina del tiempo,
de Bolívar trascendencia
y de América blasón.



Caracas, orgullo de los valles
del antiguo Naiguatá,
que custodia con sus cantos
desde el Avila el turpial.

Caracas, en tu día te saluda,
Asunción del Paraguay.
Caracas, en tu día te saluda,
Asunción del Paraguay.

1ª (bis)

Caracas, en mi arpa antigua
yo te traigo el homenaje
de tu hermana comunera,
Asunción del Paraguay.

Que expresa sus alegrías,
con su ritmo de guaranias
para darte desde lejos
este abrazo fraternal.

2ª (bis)

Coro final:
Asunción del Paraguay
Caracas, orgullo de los valles.
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Fuente:
202 COMPOSICIONES ESCOGIDAS
DE SU VASTA CREACIÓN DE MÚSICA POPULAR,
CON LETRAS DE DESTACADOS AUTORES.
Composiciones y obras de FLORENTÍN GIMÉNEZ
Impreso en el Centro de Publicaciones
de la Universidad Católica
“Nuestra Señora de la Asunción”,
Noviembre de 1993, Asunción – Paraguay.
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ANTONIO ORTIZ MAYANS - CALLECITA DE MI INFANCIA (POLCA). Música: FLORENTÍN GIMÉNEZ / Fuente: FLORENTÍN GIMÉNEZ - CANCIONERO – TOMO I.


CALLECITA DE MI INFANCIA
(POLCA)
Letra: ANTONIO ORTIZ MAYANS
Música: FLORENTÍN GIMÉNEZ
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )

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CALLECITA DE MI INFANCIA
(POLCA)

Callecita de mi infancia donde tantas travesuras
he gestado cuando niño con muchachos de mi edad.
alternando así los juegos con la bromas y diabluras
no sentíamos los tumbos de ninguna adversidad.

Cuantas veces te he dejado y otras tantas te he añorado
he sentido en la nostalgia de tu aroma de jazmín.
Vieja calle de mi infancia donde ayer tanto he jugado
sin pensar que todo un día se evapora y tiene fin.

II

Y pulgada tras pulgada fuiste mía cada día
cada casa, cada esquina fueron parte de mi ser.
Porque oyeron mis palabras y sintieron mi alegría
ara canto de inocencia y era nuncio de placer.

I

De Asunción eres la calle florecida de ternura,
cuantas veces por tu cuestas perseguía una inquietud
si frecuente recibía por respuesta a la amargura
la ahuyentaba con un canto de optimismo y juventud.

Callecita inolvidable, tú me viste paso a paso
ir del brazo de mis sueños a engarzar una ilusión
en las tardes estivales cuando el sol se iba al ocaso
y las lindas vecinitas se asomaban al balcón.

II

Mis sandalias de viandantes muchas calles han hollado,
pero nunca tu recuerdo se van lejos de mi ser;
callecita de mi infancia, cuantas lagrimas ha enjugado
al partir yo de tu lado en un triste atardecer.

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Fuente:
202 COMPOSICIONES ESCOGIDAS
DE SU VASTA CREACIÓN DE MÚSICA POPULAR,
CON LETRAS DE DESTACADOS AUTORES.
Composiciones y obras de FLORENTÍN GIMÉNEZ
Impreso en el Centro de Publicaciones
de la Universidad Católica
“Nuestra Señora de la Asunción”,
Noviembre de 1993, Asunción – Paraguay.
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viernes, 30 de julio de 2010

SUSANA GERTOPÁN - BARRIO PALESTINA (NOVELA) - Prólogo: OSVALDO GONZÁLEZ REAL / Edición digital: BIBLIOTECA VIRTUAL MIGUEL DE CERVANTES


BARRIO PALESTINA (NOVELA)
Edición digital: Alicante :
N. sobre edición original:
Edición digital basada en la de Asunción (Paraguay),
Arandura Editorial, 1998.
Segunda edición:
Editorial Servilibro,
Asunción-Paraguay, 2005
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Para Claudia, Fernando y Eduardo mis hijos.
A la memoria de mis abuelos,
inmigrantes que también vivieron en barrio Palestina,
y de quienes recibí gran parte de este legado cultural.
Tenía la mente llena de poesía y de novela,
estaba preparado para la conmoción interna
que los escritores llaman «amor».
Isaac Bashevis Singer
.
PRÓLOGO
** La novela Barrio Palestina, especie de Ghetto asunceño, recrea un submundo, una judería muy peculiar. El trasplante de los habitantes de Vilna, Varsovia y otras ciudades polacas a esta tierra tropical y folclórica (en el sentido paraguayo del término) produjo una situación de convivencia humana llena de dramatismo y nostalgia.
** La autora, protagonista de las peripecias que describe y testigo de estas historias domésticas, está perfectamente capacitada para hablarnos de sus experiencias y vivencias, como de primera mano. Esta obra es, pues, fundamentalmente de índole testimonial y, de allí, el valor que tiene como obra literaria y como saga de las numerosas familias judías que vinieron a nuestra patria buscando la salvación. El famoso Barrio Palestina, así bautizado por sus inquilinos, con mucho acierto, era un microcosmos de aquellos villorrios de Europa Central, como Galitzia y otros sitios, alejados de los centros hegemónicos del continente.
** Puedo escribir sobre Barrio Palestina con conocimiento de causa, pues viví gran parte de mi existencia (hasta los 20 años) en esa zona, en calles aledañas: Paraguarí, Fulgencio R. Moreno, México. Asistí a la famosa Escuela «República de México», del barrio (conocido como de turcos y judíos) donde tuve como compañeros de banco a los Karlik, los Morgenstern, los Paluch, los Fridman, y otros no menos famosos. Vivíamos en completo compañerismo y tranquilidad. No sospechaba yo, en aquella época de mi infancia y adolescencia, las tragedias y problemas que aquejaban a estas desarraigadas familias, llegadas a estas tierras con traumas de toda especie. Me encontraba, en realidad, con gente ya asentada, ya recuperada de los pogroms y las persecuciones. El antisemitismo no existía, y solamente había la prohibición de no enamorarse de un «goi» y mantener cierto decoro religioso, cierta ortodoxia frente a los extraños. Conocía también, al grupo que se había instalado antes y que incluía a los Schwartzman, los Blinder, los Schifenbauer, etc. En fin, tengo recuerdos muy vívidos de la gente del barrio en cuestión, y creo que hasta me enamoré de algunas de mis vecinas. Eran jóvenes exóticas con un ligero toque oriental, lo que las volvía muy atrayentes.
** Pero, volvamos al libro que nos toca comentar. La novelista en ciernes, Susana Gertopan, a quien conozco muy bien, ya que en un tiempo fue mi alumna, tiene una especial facilidad para la narrativa. En efecto, en esta novela corta, describe la sicología de los personajes de una manera acabada y recrea maravillosamente la atmósfera que rodea a los mismos aquí -en su nueva patria- y la de Polonia, de donde vinieron. Personajes como Féiguele, el rabino Elías, Moishele, los padres y las demás familias judías del conventillo, están descritos con gran simpatía y sencillez a la manera de precursores de este tipo de obra, como Aleichem, Singer y otros. Un lenguaje llano -no rebuscado- es el elegido para ambientar a los personajes. El estilo es, por lo tanto, directo -sin barroquismos de ninguna clase-. El conflicto entre los componentes de esta familia típicamente judía (con la «idi-she mame», el sionismo, el hassidismo, etc.) está presentado de manera, por momentos, trágica. La relación entre padres e hijos y de parejas está descrita con lucidez y espíritu crítico. La autora no se detiene ante ningún tabú. Presenta, inclusive, las dudas religiosas que padece el personaje principal ante la ortodoxia y su angustia existencial ante la persecución de su pueblo y los horrores del holocausto. En sentido estricto esta novela es un «Bildungsroman», porque describe la evolución caracterológica de un joven ante las circunstancias de la vida. Se plantea, además, el tema del sionismo, que produce rompimientos y roces ideológicos dentro de la familia. Al final, el héroe de esta historia opta por el deber patriótico que implica el viaje a Palestina, a luchar como sionista. La figura y la influencia de Teodoro Herzl, es aquí notoria, en términos de conflicto generacional.
** Para terminar, debemos subrayar que Susana Gertopan ya es conocida en los medios literarios locales -como miembro del Taller Cuento Breve-, y como escritora de poemas desde hace tiempo. Por lo tanto, esta notable novela no viene sino a corroborar su vocación de escritora y su actitud testimonial ante sucesos y experiencias de importancia vital dentro de su historia personal, y la de muchos otros judíos en el exilio. - Osvaldo González Real


**/**

Vivíamos en un barrio en las afueras de Varsovia. Las calles eran de piedra, angostas y muy ruidosas; a mí y a otros niños nos gustaba jugar en la vereda, hacíamos mucho barullo al igual que los vendedores ambulantes que ofrecían a gritos toda clase de mercancías.
En el vecindario, la mayoría éramos judíos a excepción de unas pocas familias. Nuestra casa estaba a mitad de la cuadra, al lado de la panadería; en la misma estaba la lavandería, a pocos metros el mercado; detrás, el puesto de frutas y al final de la calle, la pescadería. La nuestra, era una casa pequeña. Tenía dos cuartos: en uno dormían mis padres, y el otro compartíamos mi hermano Féiguele y yo. También estaba el cuarto de baño, la salita, la cocina con una enorme estufa y «el altillo». El altillo lo alquilaba Motke, el librero, él lo utilizaba como depósito para guardar los libros viejos.
Todos en el barrio hablábamos en yiddish y en polaco.
La vida transcurría tranquila, a no ser por algún tumulto en la calle, producido por la llegada de un nuevo vecino.
Pero ese invierno todo cambió, fue el más largo y crudo que recuerdo. Un paisaje pálido de árboles desnudos y raídos enlutaba la ciudad. También las calles cambiaron, se volvieron peligrosas, la nieve acumulada obstaculizaba el tránsito de autos, tranvías y de carros. La nueva ola de frío y el miedo impedían que saliéramos de nuestras casas.
Ese miércoles a la noche hizo más frío que nunca, una nevada persistente desfallecía sobre la ciudad, se celebraba la quinta noche de Jánuca, la fiesta de las luminarias. En el candelabro de nueve brazos, cinco lamparitas de aceite de oliva, encendidas una al lado de la otra, a la misma altura, iluminaban con luz clara las ventanas de cada hogar judío. Mientras yo observaba distraído la calle y las ventanas de los vecinos, golpes insistentes a la puerta de nuestra casa interrumpieron la calma.
Golpeaban la puerta una y otra vez.
-¡Móishele, Móishele! Ve a ver quién viene -dijo mi madre. Fui corriendo a la puerta, y cuando la abrí me encontré con el rabino Elías.
-¡Rabino Elías! ¿Qué hace usted acá hoy? -pregunté.
En ese momento olvidé que era miércoles, el día en que el rabino nos visitaba. Tenía destinado un día de la semana para cada barrio. Él se preocupaba por la situación de todos sus feligreses: de que a nadie nos falte comida, medicamentos, carbón, kerosén. Y para aquellos que no sufrían de hambre o de frío, pero sí padecían de tristeza o soledad; a ellos les llevaba palabras de aliento, y lecturas de parábolas santas.
Los viernes y los sábados los dedicaba a Dios.
Su memoria era admirable, tenía la capacidad de recordar y citar capítulos enteros de la Mishná y además era un gran estudioso de la Torá.
De estatura baja y figura pequeña, llevaba la barba larga y delgada, tenía los ojos profundos; llenos de sabiduría, que reflejaban bondad y fe. Yo siempre envidiaba esa fe. Una fe inquebrantable con la que yo, siendo aún muy joven, ya no me llevaba bien. Fue en ese tiempo cuando nacieron mis dudas.
El rabino llegó con su hijo, que tenía un gran parecido físico con el padre, el niño iba tan abrigado que solamente quedaban al descubierto los aladares debajo de la gorra de terciopelo negro.
-¡Mi Dios! -dijo mi madre sorprendida cuando los vio-. ¡Rabino Elías! ¿Qué hace caminando por la calle en una noche como ésta, de tanto frío y acompañado del niño?
Su barba estaba blanca y congelada, su rostro traía la dureza y el frío de la calle.
El rabino se sacudió la nieve del abrigo, después se lo sacó así como el sombrero de piel.
Mi madre tomó al niño de la mano y lo llevó a la cocina, junto a la estufa; el padre lo siguió, caminó unos pasos y una vez frente al fuego se sacó los guantes y acercó las manos frías, al calor.
-¡Sí que hace frío! Reitze, ya mis años no me ayudan, estoy viejo y el frío carcome mis huesos. ¿Tienes algo caliente para compartir con este pobre hombre?
Mi madre corrió a preparar una taza de té para el rabino.
-Hoy no quiero té, Reitze; prefiero otra bebida, algo más fuerte.
-¿Qué le parece una copita de licor de anís?
-¡Eso está mejor!
Mi madre trajo dos copitas servidas y un trozo de gelatina de pata, y para el niño una taza de leche tibia rociada con azúcar y canela, y algunos bizcochos.
El rabino Elías saboreó la comida, luego de hacer las bendiciones, bebió el licor y dijo:
-Nadie prepara esta comida como tú, mi querida Reitze, tienes el verdadero gusto judío, que Dios conserve siempre tus manos limpias y sanas, y les den fuerza para seguir cocinando muchos años más.
El rabino siguió hablando; pero ahora el tono de su voz cambió. Se tornó ronca aunque sus ojos mantenían la misma frescura.
-Mis palabras traen preocupación, siéntense -nos dijo a mi madre y a mí-, y tú Féiguele, ven, acércate también, es muy importante lo que tengo que contarles. Las noticias que nos llegan de Alemania no son buenas, todo lo contrario, que Dios nos libre, pero se habla mucho de Hitler y de sus intenciones de llegar al gobierno. Además los alemanes se están preparando para una guerra, no se sabe cuándo; pueden faltar años, pero seguro que cuando eso suceda, nos va a alcanzar. Es mi obligación avisar que los tiempos cambian, el cielo se está oscureciendo ante los ojos de los judíos. Todos conocemos al pueblo polaco, su gente es tan antisemita como otros, aunque no todos lo son, ése es un consuelo, siempre se encuentra gente buena, pero más que nunca corremos riesgos; algunos conocidos míos creen que nada malo va a suceder, que todo va a pasar. ¡Ojalá sea así! Solamente Dios lo puede saber.
Después de escuchar estas palabras el rostro de mi madre cambió por completo.
-Por favor rabino, no me asuste, ni tampoco asuste a los niños -suplicó mi madre.
-Nada de eso, pero recuerda lo que sucedió en Egipto cuando «El ángel de la muerte» iba de casa en casa para terminar con los primogénitos. Dios marcó las casas de los israelitas. En cada una se sacrificó un cordero, que fue comido, y con cuya sangre se salpicó el umbral como señal del acuerdo. Cada israelita se convertiría en un sacerdote en el santuario de su hogar, dedicado al servicio de Dios. No hay que esperar que Dios venga de nuevo en nuestra ayuda, debemos estar prevenidos.
Quedamos en silencio, todos miramos a los ojos del rabino, él los mantuvo bajos, luego levantó la mirada y continuó diciendo:
-Bueno Reitze, a pesar de estar a gusto en tu casa, ya tengo que marcharme, aún me quedan muchas otras que visitar, y la noche ya cayó. Recuerda que Rabí Shimón afirma que hay tres coronas: la corona de la Torá, la corona del sacerdocio y la corona real; pero que la corona de una buena reputación es superior a todas ellas.
Féiguele y yo nos acercamos a despedir a los visitantes. El rabino puso sus manos sobre nuestras cabezas, y nos bendijo:
-Recuerda Móishele de ponerte regularmente las filacterias, cumple con tu compromiso; quienes dejan de usarla, figuran entre aquellos transgresores de Israel, que pecan con sus cuerpos porque se niegan a subyugarlos a la adoración del Todopoderoso. Bueno, ahora sí ya es momento de marcharnos, buenas noches Reitze, y que siempre nos encontremos en fiestas.
-¡Buenas noches, rabino Elías, que vaya usted con salud!
El rabino dio un beso en la frente a Féiguele. Acomodó las manos dentro de los guantes, lo tomó del brazo a su hijo y ambos se perdieron por las calles oscuras de la ciudad.
Después de despedir al rabino, mi madre continuó en la cocina preparando la comida para la cena, Féiguele la ayudaba en los quehaceres, no sólo esa noche, él siempre se encontraba cerca de ella. Yo, en cambio, preferí la lectura, pero la preocupación que trajo el rabino Elías no me permitió concentrarme. ¿Qué pasaría con nosotros si venía la guerra? ¿Adónde iríamos? Esas dudas me dominaron por mucho tiempo. Sentí miedo, mucho miedo. Caminé hasta la cocina, mi madre estaba cantando mientras revolvía plácida la sopa de remolacha. A mi madre le gustaba cantar. ¡Siempre cantaba!
-¡Mamá! -grité.
-¿Qué quieres, Móishele?
-¡Tengo miedo! Las noticias que trajo el rabino Elías me dejaron preocupado.
-¡No tengas miedo, nada malo puede pasar!
Aunque las palabras de mi madre sonaban tranquilizadoras, el miedo y la ansiedad persistían. Para distraerme tomé la armónica, regalo del abuelo en el último purim y me senté junto al candelabro, cerca de la ventana, sobre un baúl viejo, de esos que guardan recuerdos. Y mientras tocaba me distraje mirando la calle. A lo lejos vi la figura de mi padre, iluminada bajo el farol. Caminaba con pasos cortos y lentos, llevaba los brazos cruzados detrás de la espalda, la cabeza gacha, el ala del sombrero le cubría casi todo el rostro.
Me pregunté: ¿De dónde vendría? Nunca tomaba ese camino cuando regresaba de la fábrica.
A unos minutos de haberlo visto, mi padre entró. Detrás de él una ráfaga de viento heló el salón. Besó la palma de la mano, la misma con la que rozó la metzuzá. Sacudió las botas y se quitó el abrigo salpicado de nieve, también la bufanda y el sombrero, y los acomodó en el perchero. Como de costumbre me acerqué a él para saludarlo, pero con un gesto brusco me apartó. A pesar de ello yo insistí. De nuevo se frustró el saludo.
¿Qué le pasaba? Parecía otra persona, no lo reconocía en esa actitud. Mi padre siempre llegaba a casa contento, con la sonrisa en los labios. Ahora era un hombre distinto al de siempre.
-¡Móishele, llama a tu madre y a Féiguele! ¡Tenemos que hablar seriamente antes de la cena!
Después de dar esa orden se lavó las manos y se sentó a la mesa. Él y yo fuimos los primeros en ocupar nuestros asientos, luego vino mi hermano y por último apareció mi madre trayendo los platos servidos, humeantes.
-Hazme el favor Reitze, siéntate y escucha -dijo mi padre tomándola del brazo.
La casa parecía otra, sentí como si de pronto todos fuéramos extraños. Durante la cena, era común el intercambio de opiniones, generalmente las frases se entrelazaban con entusiasmo, confundiéndose las voces, pero esa noche, todos permanecíamos sumidos en un silencio incómodo.
Mi padre apartó su plato sin haber probado la sopa, nos recorrió con la mirada y dijo:
-Tenemos que marcharnos, la guerra se acerca, se habla mucho de Hitler y de sus intenciones, pretende mantener vivos sólo a los que tienen sangre aria, en especial sangre alemana, para preservar el honor alemán. La persecución a los judíos ya empezó aquí en Polonia. También son perseguidos los marxistas y los comunistas, aunque ellos pueden negar sus creencias para salvarse; nosotros no, somos siempre el chivo expiatorio. Ya en las paredes aparecen pintados dichos como «Alemania, despierta, Judea, muere».
El rostro de mi madre se puso pálido, contraído por la ira. Mi padre tomó un sorbo de agua y continuó hablando.
-La fábrica se cerró y cada vez es más difícil para un judío encontrar trabajo, es prácticamente imposible. Esto no ocurre solamente en Varsovia, toda Polonia está igual y hay otros lugares donde es peor. Este es el momento de irnos, aunque es muy difícil conseguir los documentos.
-¿Irnos? ¿Adónde? -pregunté, asustado.
Féiguele se puso más pálido que de costumbre. Mi madre dejó la mesa corriendo, como si huyera de las palabras que terminaba de escuchar. Yo quedé en la silla, duro, como de piedra. No comí; tampoco podía mover las piernas, ni los brazos, aunque lo intentaba, era inútil, ellos no me obedecían. Distraído y como ajeno a lo que estaba sucediendo, detuve la mirada en unas papas teñidas de rojo, sumergidas en la sopa, ya tibia.
-¿Irnos? -pregunté de nuevo. Jamás me imaginé vivir lejos de este barrio. Me sentía identificado con todo lo que me rodeaba e interesado en lo que sucedía. Aquí nací, aquí en una pequeña sinagoga fui llamado por primera vez a leer la Torá en el día de mi bar mitzva, aprendí a leer y a escribir en la pequeña escuela cruzando la plaza, visitaba a mis amigos, leía a autores que en ese momento satisfacían mis expectativas de curiosidad, tenía a mi abuelo, y disfrutaba los momentos que compartía con él, también estaban los tíos, las primas y sobre todo extrañaría a mi guarida. ¿Quién sería yo lejos de todo esto? Temí el desamparo.
La voz de mi madre interrumpió mis pensamientos.
-¡Móishele! -desvié los ojos de la sopa y la miré.
-¡Levántate, hijo, y ve a buscar el postre! Los higos están limpios y frescos, también trae los panqueques de queso. Éste era mi postre preferido, cuando mi madre los preparaba yo era capaz de comerme la fuente entera, pero en ese momento ni la idea de comer los panqueques me entusiasmaba.
-¿Todos tenemos que ir? -pregunté a mi padre.
Me miró, yo hice lo mismo, de pronto sus ojos claros se obscurecieron y con voz triste me contestó:
-Escucha bien Moishe, no es sólo cuestión de trabajo, ni de comida, además de todo eso es seguridad. ¿Entiendes esa palabra? ¡Seguridad! -elevó la voz, y casi gritando continuó diciendo:
-¡Sobrevivencia! Nos van a matar como a hormigas y no somos conscientes de ello. Los alemanes no van a parar hasta ver al último judío aplastado bajo sus botas.
Se levantó y enojado volvió después de unos minutos con el periódico en las manos.
-A ti, Móishele, que te gusta tanto leer -sus palabras sonaban a reproche-, lee esto, te aseguro que es más interesante que esas historietas que lees todo el día y que no hacen otra cosa que robarte la vista; lee esto que te va a servir para contestarte a ti mismo.
Tomé el periódico y leí los titulares: «Se proyecta construir campos de concentración para judíos». Más abajo leí que Himler en un discurso dijo: «Cuando en los cuchillos salpica sangre judía, todo va doblemente bien».
Tragué saliva, sentí que algo en el estómago se me revolvía, y un sabor amargo me subió hasta la boca.
Mi padre siguió hablando a gritos, su rostro se veía acalorado, entonces mi madre se acercó con la intención de calmarlo.
-¡Dovid, no grites, todo el vecindario te va a escuchar!
Inmediatamente mi madre empezó a sollozar, en ese momento yo sentía lo mismo que ella, las mismas ganas de echarme a llorar; luego ella se alejó, dejándonos de nuevo solos a mi padre y a mí, pero por pocos minutos, él se levantó y la siguió, corrió la cortina de tela desteñida que separaba la cocina del salón, se acercó a ella y le dijo:
-Reitze, tranquilízate, no te angusties, mejor vamos a descansar, nos va a hacer bien dormir. Mañana será otro día, y con la luz del sol pensaremos mejor, no te preocupes, ahora todos estamos cansados, muy cansados. Vamos, Reitze.
Mientras ellos iban al dormitorio pensé que fueron pocas las veces que los oí discutir. Me preocupó que en adelante eso también cambiara.
Esa noche, cada uno, en silencio y sin darnos las buenas noches, fuimos a la cama. Siempre antes de dormir me detenía y miraba el cielo. Esa era una noche extraña, oscura, yerta, huérfana de luna. Prefería ese momento del día, cuando los demás dormían, yo disfrutaba de la calma, esa calma que me permitía intimar con mis pensamientos. Subí al altillo, a mi guarida. Era una pieza oscura, repleta de libros apilonados del piso al techo. ¡Adoraba ese lugar! Olía a pergamino, a viejo, a quietud. Me pasaba largas horas entretenido en silencio. Tomé el libro que fui a buscar y de nuevo bajé.
Entré al dormitorio, pero Féiguele aún estaba despierto, entonces guardé el libro debajo del colchón para que él no lo notara, esperé unos minutos, y por fin mi hermano quedó dormido. Encendí la lámpara de kerosén y me dispuse a leer. El texto era de la biblia y se llamaba: «Los deberes del corazón» escrito en hebreo, el rabino Elías me lo había prestado con la intención de que practicara ese idioma.
-¡Lee mucho en hebreo! -decía- para no olvidarlo, y estudia la Torá. Como dice Hilel y Shamai: si estudias mucho la Torá no te vanaglories, pues para ello fuiste creado.
Leyendo me había quedado dormido, pero de pronto un ruido me despertó, cuando abrí los ojos, no sabía dónde estaba, ni qué hora era; tenía la ropa puesta y el libro abierto sobre el pecho. Asustado me senté al borde de la cama, bajé los pies al suelo, entonces por fin reconocí el lugar. Mi corazón latía como si fuera a salirse del pecho. La luz de la lámpara iluminaba el rostro de Féiguele. Lo miré, se parecía mucho al de mi madre, tosía y gemía, pensé que tal vez sufría de una pesadilla, me acerqué a él, y noté que no era solamente un mal sueño. Féiguele parecía enfermo, se veía mal, le toqué la frente. Tenía fiebre. Lo arropé y fui corriendo a buscar a mi madre. Ella y mi padre no dormían, seguían discutiendo.
-¡Mamá, mamá, ven pronto, Féiguele parece sentirse mal! Mis padres corrieron junto a él.
Féiguele yacía pálido, sudoroso, respiraba con dificultad y el pecho le chillaba.
Mi padre se vistió deprisa y salió corriendo a buscar al médico.
Mi hermano era un niño diferente al resto, no le gustaba jugar con otros de su edad, nunca salía a la calle solo, siempre iba acompañado de mi madre o de mí. Era tímido y miedoso. Se enfermaba de cualquier peste que aparecía, tenía la salud debilitada. Era bajo de estatura, delgado, su rostro carecía de color, anchas sombras cercaban sus ojos claros. Mi madre se dedicaba todo el tiempo posible a cuidarlo, más de lo que habitualmente cualquier madre cuidaría a un hijo. Entre él y yo no existía mucho parecido; ni físicamente ni en otros aspectos, teníamos diferentes gustos, a mí me gustaba salir a la calle a jugar con otros niños, él prefería quedarse en la casa a ayudar a mi madre, siempre se encontraba cerca de ella. Muchas veces sentí celos de él, deseaba padecer alguna enfermedad para llamar también la atención de nuestra madre. Igual que Féiguele. En realidad mi hermano era su preferido.
Después de un buen rato mi padre volvió acompañado del doctor Roynsky, siempre él acudía con una sonrisa cuando se le necesitaba, era un buen hombre, además de ser buen médico.
-¡Buenas noches, Reitze! Vamos a ver qué le sucede a Féiguele, seguro es sólo un resfriado, con este frío es lo más común. Ahora, dígame: ¿A quién se le ocurre enfermarse en una noche como ésta? -rió el doctor-. ¡Sólo a Féiguele! Se acercó y puso el estetoscopio sobre el pecho del enfermo, después auscultó los pulmones. Le tomó el pulso y se quedó un buen rato sentado en la cama junto a él.
Nosotros observábamos atentos la expresión del médico mientras esperábamos ansiosos el diagnóstico.
-¿Qué te pasa, hijo? -preguntó a Féiguele- ¿Te duele algo? Y éste con un gesto de cabeza, negó.
El doctor Roynsky salió de la pieza, mis padres y yo lo seguimos:
-¿Qué enfermedad tiene Féiguele, doctor? -pregunté.
-Es un simple ataque de asma. Nada serio, pero hay que cuidarlo mucho, tiene que hacer reposo y comer liviano.
El doctor dejó algunas indicaciones y unos medicamentos, se despidió, subió al carro y se alejó.
Ese fue el principio de sucesivos y cada vez más frecuentes ataques. Féiguele nunca sanó.
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LIONEL ENRIQUE LARA - SERENATA BOHEMIA (GUARANIA). Música: FLORENTÍN GIMÉNEZ / Fuente: FLORENTÍN GIMÉNEZ - CANCIONERO – TOMO I.


SERENATA BOHEMIA
(GUARANIA)
Letra: LIONEL ENRIQUE LARA
Música: FLORENTÍN GIMÉNEZ
(Enlace a datos biográficos y obras
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SERENATA BOHEMIA
(GUARANIA)

Buscando el tibio encanto de tu querer
un canto y en el mi alma te vengo a dar
Pedazo de la quimera que destrozada
quedara en el engaño de falsos amores.

Alivio que no hallara en mi camino
mi alma hoy adivina en tu querer
Porque hay algo de cielo, de dicha infinita
en la sonrisa que tienes tú para mi.



Si tú me cantaras
en cada lucero
ese canto tierno
que tanto buscara yo
brotaran de nuevo
mis mil ilusiones

Y habrán en mi vida
caricias eternas
y nuevos encanto
juntito a tu amor.
.
Fuente:
202 COMPOSICIONES ESCOGIDAS
DE SU VASTA CREACIÓN DE MÚSICA POPULAR,
CON LETRAS DE DESTACADOS AUTORES.
Composiciones y obras de FLORENTÍN GIMÉNEZ
Impreso en el Centro de Publicaciones
de la Universidad Católica
“Nuestra Señora de la Asunción”,
Noviembre de 1993, Asunción – Paraguay.
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del PORTALGUARANI.COM
Amplio resumen de autores y obras
de la Literatura Paraguaya.
Poesía, Novela, Cuento, Ensayo, Teatro y mucho más.

ROSSANA MARTÍNEZ FLECHA - ARTESANO DE MI SILENCIO, AHOGADA EN PALABRAS, MI SILENCIO BLANCO, DESNUDANDO EL SILENCIO / Fuente: misilencioblanco.blogspot


MI SILENCIO BLANCO
Poemas de
ROSSANA MARTÍNEZ FLECHA
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
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ARTESANO DE MI SILENCIO
Como un experto tallas cada faceta,
cada ángulo,
buscando sin cansancio el máximo fulgor,
el brillo máximo.
.
Son tus palabras dulce sierra,
transformando disonancias en melodías
y susurros en poesías.
.
AHOGADA EN PALABRAS
Empapada de palabras:
me hundí en un mar de silencios.
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MI SILENCIO BLANCO
El color blanco:
es el resultado de la suma de todos los colores.
.
Mi silencio:
es el resultado de la suma de todos mis gritos.
.
DESNUDANDO EL SILENCIO
Hoy quiero vestirme de tus palabras:
.
Sentir su textura sobre mi piel.
Llevaré tus versos por vestido.
Tus "te quiero" por bragas.
.
Usaré tus "no puedo" de bretel,
para que caigan tus miedos
sin temor al después.
.
Calzaré mis pies con tus "quizás",
guiándote en los pasos
que te traigan hasta acá.
.
Hoy quiero cubrirme de tus palabras,
engalanarme con tus versos.
.
Cubrirme de vos.
.
Y ataviada de poesía
desnudar el silencio de mi alma
que a gritos te llama.
.
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Fuente:
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CARLOS F. ABENTE - MIS CANCIONES (GUARANIA). Música: FLORENTÍN GIMÉNEZ / Fuente: FLORENTÍN GIMÉNEZ - CANCIONERO – TOMO I.

MIS CANCIONES
(GUARANIA)
Letra: CARLOS FEDERICO ABENTE
Música: FLORENTÍN GIMÉNEZ
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )

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MIS CANCIONES
(GUARANIA)

Mis canciones tienen gusto, a la tierra colorada
tierra roja de tristeza, de silencio y soledad
tierra ardiente de quebrantos por sus hijos dispersados
que llevaron a otras tierra el sabor de su verdad.



Mis canciones tiene gusto, de guarania entristecida
porque sabe que su tierra está sembrada de dolor
donde quedan las leyendas, su amargura anochecida
que florece en verdes ramas de lapacho, y guayacán.



Mis canciones tienen gusto, a la sal de lagrimones
que carecen de sentido, pero anima al corazón
y es por eso, que los hijos de la tierra colorada
se dispersan por el mundo canturreando su verdad.



Mis canciones tienen gusto, de la tierra colorada
que tiñeran con su sangre los caciques de Guarán
donde acaso se copiaron el calor de la alborada
como cálido homenaje a la raza guaraní.

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Fuente:
202 COMPOSICIONES ESCOGIDAS
DE SU VASTA CREACIÓN DE MÚSICA POPULAR,
CON LETRAS DE DESTACADOS AUTORES.
Composiciones y obras de FLORENTÍN GIMÉNEZ
Impreso en el Centro de Publicaciones
de la Universidad Católica
“Nuestra Señora de la Asunción”,
Noviembre de 1993, Asunción – Paraguay.
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ARMANDO ALMADA ROCHE - LA REVOLUCIÓN DE 1947 (HISTORIA CON LUCIDEZ DE PESADILLA) / Fuente: PARAGUAYO BUSCA TRABAJO EN BUENOS AIRES (NOVELA)


LA REVOLUCIÓN DE 1947
(HISTORIA CON LUCIDEZ DE PESADILLA)
Relato de ARMANDO ALMADA ROCHE
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )

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LA REVOLUCIÓN DE 1947
(HISTORIA CON LUCIDEZ DE PESADILLA)
Los farallones echaban arriba sus fauces como tratando de morder al cielo, y el promontorio extendía su lomo para que la sobara Dios con su mirada. Encima de las rojizas barrancas se veía el caserío, desparramado sin ton ni son. Pareciera pujar constantemente para no desbarrancarse sobre el río en un espectáculo increíble. Ahí viví mi bautismo de fuego. Han pasado muchos años, yo era muy chico entonces, no debía tener más de cinco años, y sin embargo me acuerdo como si fuera hoy. Mi madre estaba entregada a su tarea de servir la comida. El recuerdo es preciso, mi padre dijo:
-¿Oís, vieja?
Levantó hacia él su rostro consternado pero en sus ojos había el fuego de una esperanza trágica. Con las manos juntas interrogó:
-Parecen tiros, ...¿verdad?
-He' he...
Y papá repitió en voz baja y monótona, como si el alma estuviese ausente:
-Escucha... Se están tiroteando...
Ella escuchó, miró hacia el varadero, y articuló con voz temblorosa:
-No ha de ser nada malo.
Un estruendo ahogó sus palabras. Mamá me tapó con su cuerpo y se endureció y cerró los ojos y tembló con el remezón. Y oí de nuevo su voz: suave, afligida, desasida, impersonal.
-No tengas miedo, mi hijo. Yo estoy contigo-dijo.
-¡Cuidado! -gritó papá, poniendo a cubierto a mi hermana bajo la mesa.
No tuvo tiempo de asustarse de haberlo dicho, pues se sucedieron dos explosiones y la casa crujió salvajemente, como si fuera a derrumbarse. Lo invadió un terral que pareció concentrarse todo en sus narices. Comenzó a estornudar, en accesos crecientes, potentes, acelerados, desesperados, que lo hacían torcerse en el suelo. Su pecho iba a estallar por falta de aire y se lo golpeó con ambas manos mientras estornudaba y, a la vez, entreveía como en sueños, por las rendijas de la ventana, que, en efecto, estaba oscureciendo. Con las sienes estiradas hasta rasgarse, pensó que esto sí era el fin, moriría asfixiado, a estornudos, una manera estúpida pero preferible a los machetes de los pynandí. Un segundo después su cabeza reposaba sobre el regazo protector de mamá.
Pero súbitamente lo devolvieron al presente, a la brutalidad, a la guerra. El trueno de la explosión que arrancó el techo de nuestra casa puso de pronto, encima suyo, el cielo, la noche, nubes, las estrellas. Volaban astillas, ladrillos, tejas rotas, alambres retorcidos, y papá sentía impactos de guijarros, granos de tierra, piedras, en mil lugares de su cuerpo, cara, manos. Pero ni él ni mamá ni Rosa ni yo fuimos arrollados por el derrumbe. Estábamos de pie, apretados, abrazados. Fuimos reconociendo los estragos de la explosión. Además del techo, había caído la pared del frente y, salvo el rincón que ocupábamos, la casa era un montón de escombros. Vimos por la tapia caída otros escombros, humo, siluetas que corrían.
Al rato salimos a la calle. Mamá no temía sentir en tal desamparo los apremios del parto. A medida que avanzábamos arreciaba el tiroteo y hallábamos gente que corría exclamando:
-¡Empezó la revolución!
La fuerza aérea y la marina se habían plegado a la revolución y el ejército del norte iba creciendo y afirmándose en sus posiciones. Corría la voz de que Juan Domingo Perón estaba ayudando activamente al dictador Higinio Morínigo. Le envió de urgencia motores nuevos para los aviones que habían sido saboteados, armamento moderno y municiones a granel, por último lanchas patrulleras artilladas; en fin, todo lo que hacía falta a las fuerzas gubernistas bastante desmoralizadas ante el creciente poder del alzamiento revolucionario. Los militares institucionalistas, los partidos políticos con sus respectivas bases populares, excepto el colorado, y la gran masa de campesinos que acudió a la patriada, se batían con denuedo en torno a la guarnición de Concepción que había sido el núcleo inicial de la rebelión contra la dictadura moriniguista.
Un altavoz gritó: "Al pueblo de la República: Ante el estado de rebelión provocado por la oficialidad militar de Concepción -en criminal complicidad del Partido Comunista y la Concentración Revolucionaria Febrerista-, toda la población honesta y trabajadora amante de la paz y de la convivencia respetuosa bajo el imperio de la ley, se halla en el deber imperioso de cooperar con el Gobierno y con las fuerzas del orden para ahogar el criminal movimiento."
Un estrépito de camiones cargados de armas automáticas se extendía sobre la ciudad, tenso en la noche de invierno. Desde varios días antes los hombres del Ejército Revolucionario se encontraba con los agentes de cambios de comandos en las Unidades, y se planeaba la forma de montar un nuevo ataque sobre las posiciones de las fuerzas de Morínigo. Ahora Asunción estaba ocupada.
-¡El coronel Rafael Franco está en Asunción!- gritó un tipo que corría hacia el centro, seguido de otros dos. Éstos tenían fusiles.
La metralla llovía en el patio de las casas y las calles. Las balas perdidas silbaban su canto ciego de pájaros sobre nuestras cabezas, venidos de quién sabe dónde. El tableteo de las ráfagas de ametralladoras, sus escupitajos incandescentes, y nosotros acorralados por el pánico que nos suspendía el aliento. De eso me acuerdo muy bien.

La noche enlutó a Ytápytapunta. Mi madre rezaba ante una Virgen de un rancho, por aquel entonces era muy devota de Dios y de La Pura y Limpia Concepción, y mi padre se dejó caer en el suelo, derrotado por el cansancio.
-¡Alto! ...¿Quién vive? ...¿Quién vive?-repitió la voz más fuerte, haciendo ya correr el cerrojo de su fusil. Repiqueteó tres dispa-ros y se oyó:
-¡Ah!
Y una voz de mujer pregonó:
-¡Socorro ... !
Mi padre se levantó sobresaltado, creyendo que disparaban contra nosotros. Después escapamos, tensos, sigilosos como sombras, a través de yuyales, barrancos y zanjones. Allá, en la distancia, ladró un perro; mucho más allá de la cima. De más allá de la ribera venía el ladrido penoso.
Desde arriba podíamos divisar el espejo tembloroso del río, los tanques de la Shell and Company y de Esso Standard oil, la gigantesca mole de Molinos Harineros del Paraguay, el banco de arena San Miguel. La ciudad titilante como tatuada de luciérnagas. Y cómo refulgían, allí abajo, al pie del precipicio, los fanales de los barcos mecidos en las copas de los mástiles, que flotaban como estrellas en el agua.
Unas voces se acercaban. Nos escondimos en una zanja, entre los yuyos. Muy cerca pasaron varios hombres armados hasta los dientes. Iban descalzos. Eran los famosos y sanguinarios pynandí. Lloré, mi madre sofocó con la palma de su mano mi llanto, me abrazó y contuvo las lágrimas y los latidos de su corazón.
-Si nos descubren estamos perdidos -susurró mi padre, y se estremeció.
-¡Se van...! -musitó ella, desencajada-. Tratemos de cruzar la frontera... Al otro lado estaremos a salvo...
-Vamos... -farfulló papá; más tarde, con voz neutra, sólo como recordando para sí alguna cosa, dijo:-Vivimos de revolución en revolución. En este país hambriento, maldito y dolorido, la rebeldía es un fuego que no se apaga. Estamos condenados a morir o matar. No tenemos nada... salvo la fe y la esperanza.
Dejamos el refugio, tragados por la oscuridad, y nos internamos por un camino. Papá iba adelante con Rosa, calladita, aupada en sus recios brazos; mamá me llevaba acaballado sobre su barriga que amenazaba reventar y ya no sentía, se le había puesto como de madera. Caminamos toda la noche a marcha forzada. Cada vez que madre caía, papá la ayudaba a levantarse, le infundía fuerzas, la empujaba sin descanso en esa marcha enloquecida y desesperada, que se abría paso entre piedras y espinas, por un sendero que parecía de hormigas de tan angosto. Ni una gota de aire, sólo el eco de nuestro ruido entre las ramas rotas. Desvanecidos a fuerza de ir a tientas, calculando nuestros pasos, aguantando hasta la respiración.

Al final de la tarde el presidente Higinio Morínigo había perdido el contacto con los lugares más críticos y trataba de evaluar a puerta cerrada con militares y ministros el estado de la nación. La visita de algunos dirigentes opositores que no estaban con los rebeldes lo tomó de sorpresa poco antes de la diez de la noche, y no quería recibirlos al mismo tiempo sino de dos en dos, pero ellos decidieron que en ese caso no entraría ninguno. El presidente cedió, pero los visitantes lo asimilaron de todos modos como un motivo de desaliento.
Lo encontraron sentado a la cabecera de una larga mesa de juntas, con un traje intachable y sin el menor signo de ansiedad. Lo único que delataba una cierta tensión era el modo de fumar, continuo y ávido, y a veces apagando un cigarrillo a la mitad para encender otro. Uno de los visitantes me contó años después cuánto lo había impresionado el resplandor de los incendios en la cabeza engominada del presidente impasible. El rescoldo de los escombros bajo el cielo ardiente se divisaba por los grandes ventanales de la oficina presidencial hasta los confines del mundo.
Lo que se sabe de aquella audiencia se lo debemos a lo poco que contaron los mismos protagonistas, a las raras infidencias de algunos y a las muchas fantasías de otros, y a la reconstrucción de aquellos días aciagos armados a pedazos por historiadores de distintos colores políticos.
Dicen que Morínigo no desperdició la ocasión para demostrar su talante verdadero (lo cierto es que tenía sangre y silencio de indio), que pocos le conocían hasta entonces. Dijo que para él y su familia lo más cómodo sería retirarse del poder y vivir en el exterior con su fortuna personal y sin preocupaciones políticas, pero le inquietaba lo que podía significar para el país que un presidente elegido saliera huyendo de su investidura. La guerra civil tenía que ser sofocada. Y ante una nueva insistencia de sus interlocutores de dejar el poder, se permitió recordar su obligación de defender la Constitución y las leyes, que no sólo había contraído con su patria sino también con su conciencia y con Dios. Fue entonces cuando dicen que dijo la frase histórica que al parecer no dijo nunca, pero quedó como suya por siempre jamás: "Para lograr la paz y la democracia paraguaya vale más un presidente muerto que un presidente fugitivo".
*** .
La pelea había sido dura y larga. Se combatió en el campo abierto y en las calles y en las casas del pueblo. Se habían montado hombres sobre los árboles, dentro de los cuartos, en las casas incendiadas. Las fuerzas revolucionarias habían huido dispersas y a todo lo largo de las calles flotaban banderas rojas y gritos de "¡Viva Morínigo!."
Por todas partes se veían cadáveres sin dueño abandonados entre escombros humeantes, y parecían más solos, más desamparados los vivos, moviéndose fatigados y como sin acomodo. De pronto, el mundo se había vuelto otro en Asunción.
¿Qué habían logrado? Todo había sido engaños y esperanzas fallidas. Los que debieron moverse no se habían movido. Los que se movieron lo hicieron sin base suficiente.
El país estaba en descomposición y ellos venían a salvarlo. Iban a restaurar la genuina libertad. "Vamos a acabar con la farsa y la mentira."
Con la pérdida de la revolución se abrió un periodo alucinante para el Paraguay. Miles de hombres y mujeres eran conducidos como rebaños a las cárceles, a los centros de torturas o sacrificados masivamente en las huidas. Se mataba, fría, sistemáticamente. No era el acaloramiento de las pasiones desatadas. Era un genocidio frío y calculado. Los hogares se estremecían de terror cuando una mano, aunque fuera una mano amiga, golpeaba sus puertas. El Paraguay vivía sobre un terror generalizado.
*** .
La cacería callejera había amainado, y en el silencio tremendo sólo se oían los tiros dispersos de incontables francotiradores apostados por el centro, y el estruendo de las tropas que poco a poco iban exterminando todo rastro de resistencia armada o desarmada para dominar la ciudad que tenían un tufo de pólvora
y cuerpos podridos. Impresionada por el paisaje de la muerte, mi madre expresó en un solo suspiro el sentimiento de todos:
-¡Dios mío, esto es una pesadilla!
Nos escondimos en una casa abandonada y nos derrumbamos en el suelo. Los boletines oficiales de las emisoras ocupadas por el gobierno pintaban un panorama de tranquilidad paulatina. Ya no había discursos, pero no se podía distinguir con precisión entre las emisoras oficiales y las que seguían en poder de la rebelión, y aun a estas mismas era imposible distinguirlas de la avalancha incontenible del correo de los orejas. Se dijo que todas las embajadas estaban desbordadas por los refugiados, y que el escritor y poeta Augusto Roa Bastos permanecía asilado en la del Brasil.
Entre tantas noticias encontradas se anunció que Elvio Romero, conocido poeta, había sido lapidado por comunista y el cadáver colgado en una plaza de Concepción, foco principal del alzamiento armado. Pero la idea de que el gobierno controlaba la situación había empezado a perfilarse tan pronto como el ejército recuperó las emisoras de radio que estaban en poder de los rebeldes. En vez de las proclamas de guerra, las noticias pretendían entonces tranquilizar al país con el consuelo de que el gobierno era dueño de la situación, mientras la alta jerarquía política negociaba con el presidente de la República por la mitad del poder.
Mis padres, mi hermana Rosa y yo salimos a la calle después de tres días de encierro. Fue una visión terrorífica. La ciudad estaba llena de escombros, nublada y turbia por la lluvia constante que había moderado los incendios pero había retrasado la recuperación. Muchas calles estaban cerradas por los nidos de francotiradores en las azoteas del centro, y había que hacer rodeos sin sentido por órdenes de patrullas armadas como para una guerra mundial. El tufo de muerte en la calle era insoportable. Los camiones del ejército no habían alcanzado a recoger los promontorios de cuerpos en las aceras y los soldados tenían que enfrentarse a los grupos desesperados por identificar a los suyos. En las ruinas de lo que era el centro comercial la pestilencia era irrespirable hasta el punto de que muchas familias tenían que renunciar a la búsqueda. En una de las grandes pirámides de cadáveres se destacaba uno descalzo y sin pantalones pero con un saco nuevo. Tres días después, todavía las cenizas exhalaban la pestilencia de los cuerpos sin dueño, podridos en los escombros o apilados en las veredas.
*** .
Habíamos llegado hasta Puerto Elsa y estábamos refugiados en la casa de unos tíos. En plena madrugada empezaron a golpear escandalosamente la puerta, mientras clamaban con suerte de bramido:
-¡Abran, abran, abran!
Alarmadas por el estruendo mis tías y mi madre se sobresaltaron, pero sin atreverse a acercarse a la entrada. Al fin, a culatazos y patadas, un grupo de las fuerzas gubernistas hundieron la puerta.
En la casa se tambaleó la lámpara murciélago. Mi madre, temblando, me cubrió con su cuerpo para protegerme. Mis tías, al verlos, se abrazaron y fueron a esconderse al más apartado rincón y se quedaron clavadas por el estupor.
-¿Dónde están los hombres...?
El dueño de aquel vozarrón estaba allí, codo a codo de mi madre, era un tal Zacarías Giménez. Miró a todas partes con ojos desorbitados. A la danzante luz de una linterna, su poncho rojo parecía flamear en torno a él y su sombra resultaba gigantesca. Con la camisa desprendida y sucia, el cabello revuelto, la cara sudorosa y descompuesta y el brillo del fusil en la mano, su facha produjo pánico. Y volviéndose hacia sus capangas ordenó, como azogado:
-¡Revisen todo, rápido! ¡Vamos!
Unos empezaron a buscar en el ropero y la cocina, en el excusado. Otros por el patio, por la chacra.
Zacarías Giménez, lanzándole su fétido aliento al rostro de mi madre, se desgaznató:
-¿Dónde está tu marido?...Si está metido en algún agujero, decíle que salga...
Tía Graciana y tía Casimira, paralizada, casi no se atrevían a mirar aquella enorme figura de la que manaba la voz bronca.
Como no obtuvo respuesta, dijo:
-Te salva tu barriga ... por ahora.
Y dirigiéndose a las hermanas de mi padre, añadió escupiendo las palabras.
-Ustedes saben... ¿Dónde están?...
Ellas tardaron en recuperar el habla.
-No sabemos...-respondieron al unísono, muertas de susto.
Revoleó los ojos inyectados en sangre, a uno y otro lado, con incontenible furia, buscando descubrir algo.
-Ustedes saben-prosiguió-. Cuenten py...
-Ya le dijimos, señor, no sabemos nada -dijo tía Graciana.
-Ustedes van a pagar el pato entonces...-amenazó, y una mueca nerviosa recorrió su rostro como un latigazo.
-Créanos señor, por Dios, no sabemos nada- dijo a su vez tía Casimira.
-Se acabó mi paciencia. Basta de mentiras -chilló, y mandó:-Muchachos..., ¡hagan lo que quieran con ellas!.
Y los hombres se dispersaron como sabandijas tras las dos mujeres.
-¡Socorro...! -imploraron.
Tía Graciana, que había corrido con un palo en la mano, fue la primera en caer con la ropa desgarrada, de arriba abajo, por un tirón. Arrebatadas entre gritos y empellones se revolcaban en el suelo. Riendo y peleando trepaban sobre ellas, como perros alzados, dando vivas a la patria y a su partido.
-¡Pipu' uuu!! ¡Ahora van a saber lo que es bueno!-sentenció Zacarías Giménez, riéndose, y descargó en el aire su máuser. -Por su madre le pido, señor- le rogó mi madre, suplicante-. Que dejen a esas pobres mujeres, usted tendrá una hija señor, nomás por ella se lo ruego -volvió a implorarle, pero él le dio una bofetada tirándole al piso, y allí quedó llorando, tirada en el suelo ...Esa escena, que no olvidé nunca, fue más cruel y más insufrible que todos los martirios.
-Por Dios, señor- rogó de nuevo ella.
- Aquí no hay más Dios que yo-dijo él.
-¡Lindo, mi jefe! - exclamó admirado un capanga-. Para que aprenda a respetar.
En aquel momento, tío Tomás, pálido de rabia y pavura, saliendo del pozo donde estaba escondido, enfrentó a los hombres gritando de odio. Zacarías Giménez, apuntó el fusil y disparó contra él.
Cuando los que tomaban parte en la terrible faena comenzada se repusieron de la sorpresa y vieron a tío Tomás sangrando por el hombro, sacaron sus cuchillos y comenzaron a apuñalearle. Las hojas de acero centelleaban bajo la luna.
-¡Mátenlo!- ululó Zacarías.
Con un esfuerzo sobrehumano, tío logró evadirse de ellos y entonces empezó una cacería espantosa por el patio de la casa y la chacra. Había conseguido agarrar un machete y procuraba defenderse en tanto escapaba, pero de todas partes salían hombres que parecían perros persiguiendo algún animal.
-¡Mátenlo! -repitió Zacarías Giménez.
Tío Tomás maldecía, imploraba misericordia, dejando un reguero de sangre por donde pasaba. Revoleando el machete tropezaba y caía. De repente su paso se fue haciendo más lento hasta que ya no pudo más y se derrumbó ahogando su última queja sobre el alambrado, quedando enganchado de los brazos, de cara a los que lo rodeaban ávidamente. Un hombre levantó el machete para cortarle la cabeza, cuando Zacarías Giménez jijeó:
-¡¡Alto!! ¡No lo toquen!
El hombre pareció no oír y enarboló de nuevo el arma.
-¡Alto, he dicho! -bramó.
El grito lo dejó inmóvil, como petrificado, con el machete en suspenso, la hoja quieta relampagueaba en el aire. Todos se quedaron sorprendidos. Zacarías Giménez, se adelantó, sacó un cuchillo y de un solo y preciso tajo, certera y limpiamente, lo degolló. Tío Tomás dio un brinco y su cabeza rodó con los ojos abiertos. No mostró Zacarías ni placer ni pesadumbre al matarlo, si-no tan sólo esa terrible y sosegada frialdad de quienes cumplen con su deber y se complacen en la eficacia. Limpió luego la hoja sangrienta en la ropa, se volvió hacia sus hombres y vociferó con bramido de fiera:
-¡Vamos, muchachos! ¡Busquen hacia el río, seguro procurará pasar la frontera -aullaba las órdenes-. Ustó, Aparicio, vamos
...listos, pues...
Y los capangas se pusieron de súbito en movimiento. En eso, mi madre lanzó un grito largo y filoso. De entre sus piernas surgió un bulto oscuro e informe; ella lo sujetó con ambas manos y tiró hacia fuera. Ahí estaba, ahora bien visible: un niño, diminuto y ensangrentado, viscoso y recubierto de grasa en medio de un charco de sangre... A lo lejos se escuchaban tableteos de ametralladoras. Afuera, el amanecer iba apagando nuevamente la noche...).
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Fuente:
PARAGUAYO BUSCA TRABAJO EN BUENOS AIRES
Novela de
ARMANDO ALMADA ROCHE
Diseño de tapa: Graciela Galizia
© Arandurã Editorial
Teléfono: (595 21) 214 295
www.arandura.pyglobal.com
Asunción-Paraguay,
2010 (203 páginas).
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