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sábado, 14 de agosto de 2010

ANGEL IGNACIO GONZÁLEZ - FERRER (POESÍA) / Fuente: POESÍA SOCIAL DEL PARAGUAY. Compilador: LUIS MARÍA MARTÍNEZ.

FERRER
Poesía de
ANGEL IGNACIO GONZÁLEZ
(ENLACE A DATOS BIOGRÁFICOS Y OBRAS
EN LA GALERÍA DE LETRAS DEL
WWW.PORTALGUARANI.COM )


FERRER (*)
¡No ha muerto el redentor! El resucita,
y vivirá Ferrer eternamente,
pues es su sangre su mejor simiente,
que al mundo entero, al germinar agita.

Sigue cumpliendo su misión bendita
y alentará a la humanidad doliente
desde su tumba, convertida en fuente
de un desborde que el siglo necesita.

¡No ha muerto el redentor! El ha triunfado,
y de su fosa surge el movimiento
que hundirá a sus infames asesinos.

Y él vive en el espléndido legado
que os queda inmortal: su pensamiento,
que inundará de luz nuestros destinos.

*. FRANCISCO FERRER. Revolucionario español, fusilado en 1909. "Fresca estará en el lector la memoria del accidentalmente famoso Francisco Ferrer, el de la Escuela Moderna de Barcelona. Hombre nada profundo en sus ideas y que dejaba infinito que desear en la honradez de su vida privada, fue condenado por la ley que el 18 de octubre de 1909 fue presentada por el Sr. Maura.

ANGEL IGNACIO GONZÁLEZ : Nació en el paraje donde domina la mole del cerro Mbatoví, el 16 de abril de 1876; éste "havía corochiré de nuestras selvas", dice Carlos R. Centurión.
Falleció trágicamente por una bala homicida que lo hirió de muerte en San José de los Arroyos, pero ya en Asunción, el 14 de junio de 1929.
Fue poeta de sorprendente espontaneidad, de estro erótico, cantor de muchos de nuestros héroes, y poeta social, es decir, su primer representante.
Patrullero del porvenir, fue anticlerical y ateo, al robustecer sus conocimientos con una mayor información científica.
Gran colaborador de la "LINTERNA PARAGUAYA", vehículo impreso de los librepensadores del Paraguay.
Su obra merece ser rescatada del anonimato.
Fue además orador elocuente.
Sincero y modesto, que contradice la actitud envanecida y jactanciosa de algunos de sus colegas, González manifestaba lo siguiente:
"MIS VERSOS SON POBRES HOJARASCAS QUE APENAS LLEVAN EL PERFUME DE NUESTRAS VÍRGENES SELVAS".

.
Fuente:
Compilador: LUIS MARÍA MARTÍNEZ.
Criterio Ediciones – Intercontinental Editora.
Foto de tapa: Obra de ANDRÉS GUEVARA.
Asunción-Paraguay 2005 (738 páginas)
.
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martes, 30 de marzo de 2010

ÁNGEL IGNACIO GONZÁLEZ - "FATÍDICAS" y "A DIOS" / Fuente: EL TRINO SOTERRADO – TOMO I. Por LUIS MARÍA MARTÍNEZ


(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
.
Fatídicas
(1916. Meditación después de regicidios
y destronamientos)

Caen las testas,
las testas coronadas que, de arriba,
no ven el llanto que derrama el pueblo
ni oyen los gritos del dolor humano.

¡Oh!, se derrumban
las testas adornadas de diamantes
que brillan como lágrimas de esclavos
que fueran a incrustarse en las coronas.

¡Bah!, no lloremos
a aquellos que no lloran nuestras muertes
en los cruentos destrozos de las guerras
que su ambición voraz ha provocado;

que nunca lloran
nuestras muertes horribles en las minas,
bajo un montón de piedras y de tierra,
o en el fondo implacable de los mares;

que nunca lloran
ante el negro dolor de pobre madre
que lamenta la pérdida del hijo
que era su único apoyo en la existencia;

y que no lloran
con la infeliz esposa que desmaya
junto a la prole escuálida y desnuda
que sucumbe ya de hambre, ya de frío.

¡No, no lloremos
a aquellos que jamás se han conmovido
ante la adversidad que atroz abruma
al mundo de las masas proletarias!

¡Caigan los dioses
cubiertos de oro, seda y pedrería
que montados en hombros harapientos
recorren la extensión de sus Olimpos!

¡Ay de los hartos
que se ríen en pleno Siglo Veinte
de nuestras hambres y miserias tantas,
del lento agonizar de los sufren!

¡Ay, de los grandes
que, de la altura de su cruel grandeza,
escupen a los pueblos doloridos
que gimen aplastados por los tronos!

¡Ay de esos seres
que danzan entre joyas y perfumes,
en tanto que otros seres se revuelcan
en la vil fetidez de sus andrajos!

Cambian los tiempos,
del hondo abatimiento de las razas
surge la sangre alentadora y noble
que aplastará las viejas tiranías.

¡Qué cambios estos!
Los perros que lamían mansamente
las zurradoras manos de sus amos,
poco a poco, en leones se transforman...

A Dios

A Jesús crucificado

Predicaste a los hombres: «Sed hermanos,
y amad el bien, la paz y la justicia»,
pero los hombres con atroz codicia,
se matan y destruyen, inhumanos.

Oprimen a los pueblos los tiranos,
de la virtud se mofa la impudicia...
¿Por qué, Jesús, la redención propicia
nunca brotó de tus preceptos sanos?

Si no fuiste inventado para hundirnos
en torpe fanatismo, si eres lazo
de amor y de bondad que vino a unirnos,

si eres Dios y no has muerto, en ese caso,
apresúrate Cristo a redimirnos,
pues ya por veinte siglos tu fracaso!

A Dios

Busco el principio de esa causa inmensa
que a la inmensa creación principio ha dado,
sin poder disipar la niebla densa
con que se envuelve en eternal pasado.

Cada vez que mi mente vagabunda
se encamina a la luz de su criterio
o intenta penetrar en la profunda
lobreguez de las sombras del misterio,

siempre encuentra la hipótesis segura
de que la nada no produce nada,
según leyes que rigen la natura
y la tendencia a nuestro alcance dada.

Cada vez que pensando hago una pausa
entre mil conjeturas que me exigen
a creer que un efecto no hay sin causa
ni una causa tampoco sin origen,

se presenta el problema sencillísimo,
que es el medio de hallar el fin buscado,
los que dicen de un modo trilladísimo
que todo lo que existe fue creado.

Pero no, no es sencillo en cierto modo:
Dios existe, y según yo he concebido,
si fue creado lo que existe todo
quedamos en que Dios creado ha sido.

Pues si la nada no produce nada,
da la nada, ese Dios, no habrá brotado,
y es cosa por demás desatinada
pensar que sin principio haya empezado.

Si es posible que un ser haya existido
sin haber comenzado en su carrera,
también naturaleza habrá podido
continuar sin que creada fuera.

De atributos sublimes rodeado
nos presenta el gran Dios la fe incierta,
la razón de mirarle de ese lado,
contempla su maldad bien descubierta.

Es poderoso y sabio, omnipotente,
y anda en luchas con furias infernales
y no ha podido hacer sencillamente
libre el mundo de penas y de males.

Del hombre, a la maldad, no pone vallas,
jamás a la injusticia ha puesto freno,
no muestra su poder a los canallas
que pisotean el derecho ajeno.

Es bueno y justo y amoroso y tierno,
según dice el fanático creyente,
pero tiene la hoguera del infierno
para arder su criatura eternamente.

Su justicia y bondad nunca ha mostrado,
pues siempre vemos en la vida inestable
sumido en la miseria al hombre honrado
y elevado y feliz el más culpable.

Él permite al avaro, al ambicioso
que dominen y exploten este mundo
y no alivia al mendigo que rotoso
y hambriento vaga gemebundo.

Mientras unos de bienes rodeados,
de riqueza, poderes y venturas
y en lujosos palacios abrigados
saborean su cáliz de dulzuras,

otros hay sin hallar jamás clemencia,
su vivir es llorar penas impías
y arrastrar una mísera existencia
sin un rincón donde acabar sus días.

Él tolera que triunfe el vil malvado
que aniquilar a los virtuosos llega
y no impide que muera el hijo amado
de la devota madre que le ruega.

Ni al débil niño el padecer le evita,
mata esperanzas de color de rosa,
la vida aunque es amada nos la quita
y la muerte nos manda aunque es odiosa.

La fe no tiene fundamento estable
para hacernos creer lo que no vemos,
no siendo Dios a nuestro alcance dable,
tanto derecho de dudar tenemos.

Si es Dios quien rige el universo eterno
como el autor devoto lo ha creado,
ni una hoja se mueve, creerlo quiero,
sin que Dios previamente haya ordenado.

Hoy en la tierra, el odio y los dolores
como cizañas cubren los caminos,
la dicha y el amor, como las flores,
florecer y secarse es su destino.

¿O hay leyes inmutables por delante
como lo prueban tantos testimonios?
Entonces la natura es la triunfante
que puede más que Dios y los demonios.

Y el pobre Dios de naturales leyes
esclavo es como el hombre, se me antoja,
esclavo con pontífices y reyes,
esclavo como yo y como las hojas.

Ese Dios, su justicia y providencia,
¿dónde están en aquellas ocasiones
en que caen la virtud y la inocencia
en las garras de vicios y de ambiciones?

¿Dónde está Dios cuando los grandes pillos
impelen a los pueblos a la muerte
y ocultos en palacios y castillos
esperan explotar sangrienta suerte?

¿Dónde está cuando, con o sin presagio,
a los fieles destruyen como a infieles
terremotos, centellas y naufragios
y guerras y epidemias más crueles?

¿Dónde estaba en la época sombría
en que la guerra, el potro y los azotes,
el santo oficio funcionar hacía
por manos de sus mismos sacerdotes?

¿Y dónde está con sus milagros de antes
hoy que la ciencia a eliminarle tiende,
o cómo, con sus iras fulminantes,
la función de mi pluma no suspende?

Que él está en todas partes es un cuento
pues dentro de mi ser noto su ausencia;
no está para regir mi pensamiento
y así hacerme creer en su existencia.

La fe no tiene en la razón su apoyo
para hacerme creer lo que no he visto
y, como que es el raciocinio escollo,
en mi derecho de dudar persisto.

Engañarme podrá mi pensamiento.
De no engañarse, ¿quién está seguro?
Nadie puede aclarar con fundamento
la obscura esencia de ese Dios obscuro.

Y se atreven algunos a explicarnos,
cual si fuera la cosa más sencilla,
y en su nombre no cesa de explotarnos
la insaciable eclesiástica cuadrilla.

Yo no quiero un señor desconocido
en cuyo nombre se me explote y robe,
pues tal vez ese Dios sea fingido
y tan absurdo como el muerto Jove.

En tanto que el fanático creyente
dice al ignoto Dios: «Señor, te adoro»,
yo, a mis solas, repito amargamente:
«¡Dios ingrato, invisible, yo te ignoro!»
.
Fuente: EL TRINO SOTERRADO – TOMO I - PARAGUAY: APROXIMACIÓN AL ITINERARIO DE SU POESÍA SOCIAL. Por LUIS MARÍA MARTÍNEZ - Ediciones INTENTO, Asunción-Paraguay 1985 (427 páginas). Diseño de tapa: FERNANDO GRILLÓN -Versión digital: BIBLIOTECA VIRTUAL MIGUEL DE CERVANTES.
.
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viernes, 19 de febrero de 2010

ANGEL I. GONZÁLEZ - A LA LUNA y FATÍDICAS / Fuente: Sinforiano Buzó Gómez. ÍNDICE DE LA POESÍA PARAGUAYA.

Autor: ANGEL I.
GONZÁLEZ

(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )


A LA LUNA
Luna apacible y serena,
de estrellas mil rodeada,
dulce es la luz plateada
de tu lánguido fulgor.
Tu faz mansa, grata y triste,
que inspira paz y consuelo,
es acaso de ese cielo
una mirada de amor.

¡Ah!, ¡cuántas veces, vagando
por los solitarios valles,
vertiendo al viento mis ayes,
extasiado te admiré,
y viéndote tan callada,
pura, noble y silenciosa,
tan benigna y misteriosa
un consuelo en ti encontré!

Cuando con luz opalina,
desde la cumbre del monte,
blanqueas el horizonte
y toda la inmensidad,
me imagino que sonríes,
que suavemente me miras
y que, al mirarme, suspiras
con cariñosa bondad.

Cuando muda y vagarosa
vas subiendo por el cielo,
disipando el blanco velo
de nubecilla sutil,
con insistencia te sigo
con mi vista y pensamiento,
y gozo un vago contento,
una terneza infantil.

¡Ah!, cuántas veces, oh, Luna,
en los tiempos de mi infancia,
te miraba a la distancia
desde el dintel de mi hogar,
y pensaba, en mi inocencia,
que trepando al alto monte
o escalando el horizonte,
se te podría alcanzar!

¡Y tu disco diamantino,
anhelaba con frecuencia
(¡oh, sueños de la inocencia!),
desde esas cumbres asir,
y traerte a mi cabaña
para tus rayos sutiles,
en los juegos infantiles,
sobre mi frente lucir!

Oh, Luna clara y hermosa,
deja que beba en tu lumbre
esa extinta dulcedumbre
de otro tiempo que pasó..!
¡Hay algo en tu luz serena,
parecido a la alborada
de una dicha disipada,
de una dicha que murió!

Hoy busco en marchito cáliz
de juventud azarosa
la dulzura candorosa
de aquella feliz edad.
Pero..., ¡ya nada me queda...!
¡Tan sólo un recuerdo loco
que se pierde, poco a poco,
del alma en la soledad!

En mis horas de desvelo,
cuento en ti como una amiga
que solícita prodiga
ternura a mi corazón;
pues cada vez que te miro,
mientras el mundo dormita,
en mi pecho resucita
alguna muerta ilusión.

Mientras tú sigues viajando
en la calma soporosa
de la noche silenciosa,
en soñoliento marchar,
por las hebras de tus rayos
yo te elevo mis querellas,
siendo tú y esas estrellas
testigos de mi pesar.
Y tú parece que escuchas
la imperceptible plegaria
de mi alma solitaria,
anegada en su sufrir;
por eso, en noche calmosa,
para ti, Luna, despido
el eco triste nacido
de un silencioso gemir.

¡Cuántas veces, Luna bella,
la dulcísima mirada
de una mujer adorada
a tu lumbre contemplé,
y una frente nacarina,
como tú serena y pura,
cuya cándida ternura
sólo en ti, Luna, encontré!

Y hoy parece que sonríes
al posar sobre mi frente
tu mirada, dulcemente,
con melancólica faz,
y al evocarme el recuerdo
de ya perdida fortuna,
tú me consuelas, oh, Luna,
con tu sonrisa de paz.

En la soledad del bosque,
donde los robles reposan
y los follajes sollozan
con misterioso rumor,
mientras tú cruzas el cielo,
en un dulce desvarío
yo bebo en cada rocío
efluvios de tu fulgor.

¡Y cuando allá en Occidente,
con aspecto sanguinoso
te apagas en nebuloso
y amarillento arrebol,
una lágrima yo quiero
derramar entre las flores,
que, del día en los vapores,
la beba la luz del sol!

¡Cuánto me place el mirarte,
cuando duerme todo el mundo
en un silencio profundo,
desde un rincón de mi hogar!
¡Cuánto me es grato... ! Sigamos
en la continua carrera:
¡tú serás mi compañera
en las noches de pesar!

Y cuando el cuerpo en la tumba
en lúgubre cautiverio,
repose en un cementerio
blanqueado con tu luz,
en melancólico cuadro,
sobre la musgosa alfombra,
tú dibujarás la sombra
de mi abandonada cruz.
Paraguarí, 1903.

FATÍDICAS
(Meditación después de regicidios y destronamientos.)
Caen las testas,
las testas coronadas que, de arriba,
no ven el llanto que derrama el pueblo
ni oyen los gritos del dolor humano.
¡Oh!, se derrumban
las testas adornadas de diamantes
que brillan como lágrimas de esclavos
que fueran a incrustarse en las coronas.
¡Bah! no lloremos
a aquéllos que no lloran nuestras muertes
en los cruentos destrozos de las guerras
que su ambición voraz ha provocado;
que nunca lloran
nuestras muertes horribles en las minas,
bajo un montón de piedras y de tierra,
o en el fondo implacable de los mares;
que nunca lloran
ante el negro dolor de pobre madre
que lamenta la pérdida del hijo
que era su único apoyo en la existencia;
y que no lloran
con la infeliz esposa que desmaya
junto a la prole escuálida y desnuda
que sucumbe, ya de hambre, ya de frío.
No; no lloremos
a aquellos que jamás se han conmovido
ante la adversidad que atroz abruma
al mundo de las masas proletarias!
¡Caigan los dioses
cubiertos de oro, seda y pedrería
que montados en hombros harapientos
recorren la extensión de sus Olimpos!
¡Ay de los hartos
que se ríen en pleno Siglo Veinte
de nuestras hambres y miserias tantas,
del lento agonizar de los que sufren!
¡Ay de los grandes
que, de la altura de su cruel grandeza,
escupen a los pueblos doloridos
que gimen aplastados por los tronos!
¡Ay de esos seres
que danzan entre joyas y perfumes,
en tanto que otros seres se revuelcan
en la vil fetidez de sus andrajos!
Cambian los tiempos:
del hondo abatimiento de las razas
surge la sangre alentadora y noble
que aplastará las viejas tiranías.
¡Qué cambios éstos!
Los perros que lamían mansamente
las zurradoras manos de sus amos,
poco a poco, en leones se transforman ... !
1916.

ANGEL I. GONZÁLEZ
** (m. en 1929) Periodista combativo y rebelde. Poeta bilingüe. Escribió versos patrióticos y cultivó la poesía amatoria. Algunos de sus poemas son de carácter social. "En su poema «Dios», al trasuntar el más crudo materialismo, poetiza la concepción nihilista del universo".
.
Fuente: Sinforiano Buzó Gómez. ÍNDICE DE LA POESÍA PARAGUAYA, Editorial Indoamericana. Argentina, Asunción, 1952.
.
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miércoles, 17 de febrero de 2010

ÁNGEL IGNACIO GONZÁLEZ - CREPUSCULAR / Fuente: POESÍAS DEL PARAGUAY – ANTOLOGÍA DESDE SUS ORÍGENES. ARAMÍ GRUPO EMPRESARIAL)

Autor: ÁNGEL IGNACIO
GONZÁLEZ

(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
.
CREPUSCULAR
Como un águila de fuego cuyo vuelo ya se agota
Y desciende lentamente y tras del Chaco se posa,
El sol allá, hacia su ocaso, con majestad melancólica,
Desciende lento y se oculta, tras la extensa obscura zona;
Y deja en el horizonte, su huella de oro y de rosa
Que, como una inmensa estela, refleja sobre las olas.
En las aguas titilantes culebrean chispas rojas
Como víboras de fuego que se pelean furiosas.

Ya van cesando en los muelles las tareas a estas horas,
Y cae sobre la playa una tristeza grandiosa.
Los grandes buques anclados que en la bahía reposan
Parecen monstruos que piensan en otras radas ignotas.
Aquí se ven balancearse las amarradas canoas,
Como crustáceos enormes agarrados a las rocas.
Allá avanza una barquilla como náufraga langosta
Que, para alcanzar la margen, se esfuerza y se empuja ansiosa.

Y más allá, semejando jirones de velas rotas,
Al aire, enjambres de patos se enrollan y desenrollan.
Un hombre solo y humilde que está pescando en la costa
Se destaca como un guinche que a largos ratos funciona.
Chocando, riendo y llorando, suben y bajan las olas
Como continuos meneos de sirenas voluptuosas.
Y entre tanto el sol se oculta con majestad melancólica,
Como un águila cansada que tras del Chaco se posa.

Mientras el día agoniza, cesa el viento que soplaba
Y en lentas fugas se alejan unas tras otras sus ráfagas.
La luz tenue del crepúsculo cada vez se hace más pálida,
Y las sombras nocturnales morosas y graves bajan.
Las nubecillas que ha poco eran áureas y rosadas
Van tornando blanquizcas, y después grises y vagas.

Misteriosos y sombríos, en el río se retratan
Los árboles y juncales que coronan las barrancas.
Algunos de ellos parece que sus ramas inclinaran
Para escuchar las querellas del murmurio de las aguas.
Los trasuntos de los tallos entre las ondas se traban
Como acuáticas serpientes que hacen eses y se enlazan.
Allá en la opuesta ribera la alta chimenea se alza
Como un gigante cautivo que no duerme de nostalgia.

La palidez del crepúsculo en lívidas tintas cambia:
El día muere y la noche lo cubre con su mortaja.
Sobre el río, suavemente, solemne silencio avanza,
Y se esfuman a lo lejos los bosques y las montañas.
Un aura fragante y leve hasta aquí llega muy blanda
Como un suspiro que el Chaco en su tristeza exhalara.
Van calmándose las olas y hacia la orilla resbalan
Como buscando el regazo del arenal de la playa.
.
Fuente: POESÍAS DEL PARAGUAY – ANTOLOGÍA DESDE SUS ORÍGENES. Realización y producción gráfica: ARAMÍ GRUPO EMPRESARIAL, Dirección de la obra: OSCAR DEL CARMEN QUEVEDO. Recopiladores y autores: RAÚL AMARAL, MARÍA BARRETO DE RAMÍREZ, AÍDA ORTÍZ DE CORONEL, ELA RAMONA SALAZAR S., RUDI TORGA / Tel. (595-21) 373.594 / arami@rieder.net.py – Asunción / Paraguay. 2005. 781 pp.).
.
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