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martes, 11 de mayo de 2010

PEPA KOSTIANOVSKY - ALDEA DE PENITENTES / YA ES MUERTO. NO SE PUEDE NOMÁS IR. VA A ANDAR MUCHO TODAVÍA POR ESTE VALLE, PENANDO CULPAS.


ALDEA DE PENITENTES
Autora: PEPA KOSTIANOVSKY
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
Editado con el apoyo del FONDEC y
Editorial Servilibro,
www.servilibro.com.py
Asunción-Paraguay, 2006

DISEÑO DE TAPA
"Homenaje a Livio Abramo y a los maestros que dieron luz a nuestra aldea"
GONZALO GARAY


I
Lívido y fastidiado, el General Hugo Elizardo Cuenca, maldecía en silencio la insurgencia de su flamante viuda. De riguroso luto e indiferente a cuanto insulto la acechaba, la mujer no daba treguas al manantial de lágrimas que recogía en pañuelitos de papel provistos por una criada, quien sostenía una bandeja de plata con sucesivas cajas de kleenex y una primorosa canastilla en la que la matrona los iba depositando.
Si María Clotilde Bogado de Cuenca hubiese podido escuchar al cadáver que escoltaba, se habría escandalizado:
- ¡Madre de Dios, Elizardo! ¿Cómo podés tener esos pensamientos, justamente a la hora de presentarte ante el Altísimo? Ya es bastante desgracia que no hayas podido confesarte, ni recibir la extremaunción. ¡Que la Virgen y el propio San Alberto, que siempre ha sido el que indujo la conducta y el recato en este hogar, sepan perdonar tus pecados!
Pero, por nada cambiaría las órdenes dispuestas a partir de esa madrugada en que la despertó el grito sollozante de Rosalía, cocinera y recurrente comadre, anunciándole que el General estaba muerto, sentado en la reposera de mimbre del corredor.
Confusa y somnolienta, Clota sólo atinaba a tocar el vacío de la cama, en el que ya ni quedaba el calor del cuerpo, para luego levantarse y, al salir a la galería, encontrar a su Elizardo despatarrado en el sillón.
Por un instante, alimentó la ilusión de que se tratara de una de las tantas veces que lo sorprendía allí mismo, dormido y acompasando con sus ronquidos el canto de los pájaros que habitaban los magníficos chivatos del patio. Pero la quietud y la temperatura eran irrebatibles: el General llevaba al menos una hora de muerto.
-Ya le llamé al doctor Recalde, está viniendo -informó Gervasio, el chofer, descalzo y vistiendo sólo unos pantalones que alcanzó a ponerse al oír los lamentos de los otros sirvientes y criadas.
- Vamos a llevarlo a la cama -ordenó Clota
- No hay que moverle, señora -sugirió Gervasio. La patrona fue terminante:
- Llévenle a la cama, antes de que se quede tan duro que ni se le pueda poner en el cajón.
En ese momento, Elizardo asumió que su poder estaba perdido para siempre. Mil veces había dicho que quería morir sentado en ese sillón, rodeado de la arboleda y arrullado por los trinos. Y ser velado allí mismo, sin permitir más acceso que el de los íntimos al corredor fúnebre.
El General sufría de claustrofobia, adquirida en los primeros años de milicia y las noches en el calabozo disciplinario. Lo aterraba la idea de sentirse encerrado en un féretro. Hasta hubiera preferido que lo cremaran. Pero sabía que Clota no admitiría semejante pecado. Había logrado la promesa de que lo mantendría en la reposera hasta último momento y -mediante un generoso par de cheques- lograría que el ataúd fuera depositado en la bóveda sin lacrarlo a fuego.
Clota no tuvo reparos en olvidar los compromisos póstumos. Se apresuró a cambiarle los pijamas de algodón por otros de poliéster, "símil Versace", traídos especialmente para la noche de sus bodas de oro que él rechazó por considerarlos aputarrados, a pesar de que ella lució camisón, deshabille y pantuflas en juego.
La llegada del médico no le dio tiempo a coordinar su atuendo, sólo alcanzó a ponerse la bata. El doctor Recalde advirtió el fino detalle, pero consideró que no era momento para elogiar la elegancia de la pareja.
Elizardo estaba tan obviamente muerto, que no le pareció necesaria una inspección rigurosa. Quizás, de otro modo, hubiera advertido que ese cadáver se había movido más de una vez.
La verdad -de la que nadie se enteraría- era que el General había muerto en su cama. Cuando se apercibió de ello, por algunos síntomas inequívocos como el sentirse despierto y sin deseos de orinar, eran las cuatro de la mañana. Los ronquidos de Clota daban certeza de su pesado sueño. Pensó que al abrir las puertas que daban al corredor llamaría la atención del sereno que cabeceaba con la mano sobre la pistola. Recordó que los fantasmas podían atravesar las paredes. Probó primero con un dedo, desilusionado constató que los cuerpos no gozaban de la levedad de los espíritus. Por lo que tuvo que abrir, como un vivo cualquiera. El guardia no se movió. Y él apuró el paso hasta el sillón. Satisfecho de haber torcido el destino a su gusto, permaneció plácido hasta que las criadas madrugadoras alertaron a Clota, quien no dudó en anular su glorioso esfuerzo.

Ni la pena, ni la preocupación por detalles y ritos impidieron que la viuda se tomara unos minutos para insultar al custodio y acusarlo de que su negligencia había sido la causa de aquella tragedia. Pero, luego, prefirió la versión de que el mismísimo San Alberto había premiado su devoción invitando a Elizardo a salir al corredor en plena noche, para morir como era su deseo.
Ordenó un ataúd de roble y diez manijas de plata. Titubeó entre el uniforme de gala y el frac que había usado en las bodas de sus hijos. Le quedaban grandes, con un zurcido en la espalda los podría ajustar a la senil magritud del finado.
Optó por la tenida militar, en la que prendió un puñado de condecoraciones -ninguna obtenida en el campo de batalla- pero no por eso menos vistosas. Los empleados de la funeraria colocaron una medalla en el trasero del pantalón, por si poco humillante fueran el maquillaje y la tintura en el bigote dispuestos por Clota.
- Miralo un poco, que lindo, parece que estuviera durmiendo- repetía, como si fuera normal echarse una siesta con semejante atuendo y en tan absurda postura.
La ira del difunto subía de tono, por la ignominia soportada bajo ese mismo techo donde, muñido de las circunstancias y en especial del irrefutable Catecismo de San Alberto, había ejercido autoridad a lo largo de media vida.

II
Elizardo Cuenca había venido de Encarnación a los 16 años, para cumplir con el Servicio Militar. Era un chico "letrado" y de buen porte. La milicia lo entusiasmaba. Y su madre, que nunca le había revelado la identidad paterna, le solía decir "Ndé niko gringo ra’y. Tenés que ser obediente para aprovechar tu estudio y ayudarme a criarle a tus hermanos".
Así dispuesto, le fue fácil ganar la simpatía de cabos y sargentos, cuyas botas mantenía brillantes y cuyos calzoncillos lavaba con especial cuidado.
Faltaba poco para terminar el servicio la tardecita en que lo convocó uno de sus superiores, el Teniente Coronel Stroessner.
- Descanse nomás, Cuenca -hizo una pausa en su hablar parco y cansino-. Le hice llamar para saber sí no quiere seguir en la milicia.
- Positivo, mi Teniente. Ese también es el deseo de mi madrecita, pero nosotros somos gente humilde, por eso no me pudo mandar ya catando terminé mi primaria para entrar en el Acosta Ñu.
- Yyyy, bueno entonces. Prepárese y avísele a su madre. Vov a recomendarle especialmente.
- Gracias, mi Teniente. Mi mamá le va a mandar sus bendiciones.
- Serán bien recibidas. Puede retirarse.
El escueto procedimiento definió la carrera y la vida de Elizardo Cuenca quien fagocitó por decenios a la sombra de Alfredo Stroessner, guardándole lealtad pródigamente recompensada.

Era ya Teniente de Artillería, cuando en la boda de un colega conoció a la elegante Cloti Bogado, señorita educada por las monjas teresianas, de familia otrora muy acomodada, pero liberal.
Elizardo se acercó a pedir permiso para bailar. Como Cloti aun no había debutado, se conformó con sentarse a conversar. Las limitaciones de su charla -propias de un milico fueron salvadas por la vivacidad de la joven, que se extendió en gracias y sonrisas, prudentemente controladas por su madre. Al despedirse, Elizardo estaba enamorado. De uno y otro modo se las arregló para encontrarla a la salida del colegio y en las misas. El romance, aunque no oficializado, iba viento en popa.

Stroessner lo hizo llamar.
- Mire Cuenca, usted anda rondando a la hija de un liberal. Tenga cuidado.
- Sí, mi Coronel.
- Pueden pasar dos cosas. Una es que le hagan un desplante, porque ella es del chuchaje y usted es un campesino y es hijo natural.
- Permiso, mi Coronel. ¿Tengo que retirarme?
- Espere pues, mi hijo, no sea atolondrado. Le dije que pueden pasar dos cosas.
- Perdone, mi Coronel.
- Los liberales están de capa caída, son venidos a menos. Y si hasta ahora no le prohibieron que hable con usted por algo ha de ser. Lo más probable es que piensen que casándola con un militar, bien visto por la superioridad, puedan levantar cabeza. Tienen encima la desgracia de cuatro hijas mujeres para colocar. Menos mal que son lindas.
- Entonces, mi Coronel ¿tengo su venia?
- Le he dicho que no sea atolondrado. No va pues a correr el riesgo de que le salga el tiro por la culata, un soldado tiene que saber ser precavido, en todo.
- Sí, mi Coronel -respondió desconcertado: ¿cómo saber si sí o no?
- Usted quiere saber cómo va a saber.
- Positivo, mi Coronel.
- Hee. El amor es como la guerra. No se actúa sin consultar. ¡Gonzáaaaalez! -llamó a su chofer y le ordenó- Llévele al Teniente junto a Ña Berta Correa. Ella le va a decir lo que tiene que hacer.
Elizardo salió del despacho y subió al jeep que conducía González. Esperó unos minutos y se atrevió a investigar:
-¿Máa piko la Berta Correa?
- ¡Es posible! Ña Berta niko e la prebera má única que hay en el mundo. No falla. No se sabe luego ni cuanto año tiene, pero te mira nomá en tu ojo y ya sabe todo. Y si echa la baraja, ahí siqué le va a ver hasta la tatarabuela.
Una joven los recibió, como si los estuviera esperando.
- Pase nomás.
- Con permiso ¿Se le puede vera doña Berta Correa?
- Me está viendo. Tome asiento.
Se sorprendió, esperaba encontrar a una anciana, en un escenario de mayor opulencia. Por lo que le había contado González, no sólo el Presidente de la República requería sus consejos, hasta Perón la había hecho llamar dos o tres veces.
El caso de Cuenca era simple para Berta. Le vaticinó éxito en su inquietud amorosa, mucho dinero, hijos, viajes, una larga vida con sinsabores en los últimos años y una muerte plácida pero ultrajada. Esto no preocupó Elizardo, para quien la anuencia romántica, sumada a las riquezas prometidas, rebasaba ampliamente cualquier ambición.

III
Berta Correa nació en un impreciso paraje entre Ytororó y Cerro León, en los últimos meses de 1869. Su madre, rezagada de la caravana que acompañaba al Ejército de López, cortó el cordón umbilical con un cuchillito de plata, la envolvió en un deshilachado rebozo de seda y alcanzó a arrimar a la boca de la niòa su espléndido pezón. Después del eclipse, unas desconsoladas residentas la hallaron bebiendo la leche dula muerta.
No ha quedado constancia de cuál fue el hogar que recogió a Berta en esos primeros años de posguerra. Por cierto, no habrá sido un convento en el cual los dogmas y prejuicios habrían mutilado sus poderes.
Su huella se imprime en algunos relatos de principio del siglo XX, prediciendo la muerte precoz de Albino Jara y luego la de Eligio Ayala, así como la Victoria del Chaco. Sin embargo, sus primeros golpes de fortuna los tuvo en época de Estigarribia, quien le hizo entregar el título del terreno y la choza que ocupaba en Tembetary y ordenó le construyeran allí una decorosa casita "de material", Con fogón y escusado,
Ese apogeo fue efímero, duró hasta que tuvo el desatino de decirle a Rafael Franco que no gastara en retapizar el Sillón de López, pues no iba a sentarse allí por mucho tiempo.
El Presidente, con el beneplácito de su gabinete variopinto, decidió echar a Berta del entorno, en la que fuera una de las raras opiniones unánimes del equipo.

Berta Correa no sólo estaba dotada del poder de la videncia. Aún adolescente se enamoró de un mozo de legionaria prosapia. No se tienen certezas sobre los motivos de la presencia de Berta en aquella casa, si era la familia que la había acogido en su orfandad o si cumplía modestas labores domésticas.
La primera certeza fue la preñez de la muchacha y, en consecuencia, su expulsión del cobijo al que osara ofender con su lujuria. Y con el tiempo, la trágica convicción de que Berta sería por siempre joven, como el día en que asumió su circunstancia de mujer.
Protegida por algún techo de pobres -donde la caridad es lo único que nunca falta- Berta parió a su hija, la primera de una larga progenie de mujeres, de padres diversos, morenas y bellas, a las que no amamantaba por no legarles su carga infinita.

IV
Ni siquiera la ignominia de su exposición cadavérica, maquillado como un "marica" y cargado de medallas hasta en el culo, recordaron al General la predicción de Berta Correa: "una muerte plácida pero ultrajada".
De otro modo no habría confiado en las promesas de Clota cuyo carácter mantenía a raya con los mandamientos de San Alberto y alguna que otra bofetada ocasional. La mujer era retobada y mandona. Elizardo tuvo que domesticarla y enseñarle a reservar su autoridad a los grados inferiores, ya se tratara de hijos en condición de dependencia, criados o reclutas derivados al servicio hogareño.
Por supuesto, en ausencia del supremo, ella no dudaba en invocar su nombre para repartir ordenes: "Mi esposo no permite... ", "El General quiere que...... " o "Tu padre ha dicho..." eran preámbulos corrientes en cualquier disparidad de voluntades. Clota era particularmente astuta, desde primer momento se ocupó de concretar el motivo matrimonial que presagiara Stroessner y confirmara Berta Correa. Embarcó a su familia en cuanto negociado cayera en manos de Cuenca, al que convenció sutilmente de las ventajas de las sociedades anónimas y los testaferros, reservándose sus tajadas.
Su problema era ajustar codicia y conciencia, tan sólidas como antagónicas. Hasta que encontró el espacio preciso: el Opus. Clota adhirió con entusiasmo a la Orden de Monseñor Escrivá, donde además de conciliar espiritualidad y materialismo, encontraba pretextos para escapadas cotidianas: misas, obras de caridad, catecismo y comisiones santas que alternaba con partidas de naipes y otras frivolidades.

V
El matrimonio Cuenca-Bogado tuvo el privilegio de acopiar una importante fortuna y fue "bendecido" con cuatro hijos, dos varones y dos hembritas, quienes sumaron un lazo con los Stroessner, que fueron padrinos tanto del primogénito Alfredo, como de María Eligia que vino a conformar el primer casalcito.
Elizardo fue compensado "alzando" a una de las niñas concebidas por la Segunda Dama, Ñata Legal, cuyo apellido contrastaba de modo pintoresco con su condición, ya que así como Eligia Mora podía preciarse de ser "la legal", Ñata se ufanaba por ser "con la que mora". Clota quedó al margen de tan codiciable trenza, pues su devoción no comulgaba con las impudicias de la poligamia. De cualquier modo, las fotos de la pequeña "adulterina" se incluían en la galería de retratos de parientes y ahijados, donde se mezclaban cachorros de acaudalado linaje con pichones de capataces, cocineras y peones.
Al principio, las semejanzas no eran perceptibles –Elizardo era alto y de cabello oscuro- pero con el tiempo, los kilos y las canas evidenciaron el parecido:
El primero en advertirlo fue uno de los nietos que apuntando con el dedito acusador exclamó:
- Lelo.
- No mi amor, ese no es tu Lelo, es el paíno de tu papi, el tío Alfredo.
- No. Alpedo no. Lelo ¡Lelo!
El silencio fue rotundo. Clota se apresuró a quebrarlo:
- A la mesa, la comida se enfría.
Nadie osó sugerir que, de hecho, las ensaladas de atún se sirven frías. El almuerzo transcurrió en "tangible" tensión. Apenas la familia se hubo disgregado, Clota entró como un temporal en el cuarto donde Elizardo simulaba estar dormido.
- Es tu hermano - dijo con tono acusatorio.
Elizardo siguió fingiendo un profundo sueño, lo que le valió un sacudón.
- No te hagas el idiota ¡Es tu hermano!
- ¿Quién piko ?
- ¿Quién va a ser? Stroessner.
- Vos estás loca.
- Yo no estoy loca. Es tu hermano, tiene tu mismo molde, tu misma cabeza, tu misma frente.

- ¿De dónde sacaste ese disparate? Porque un mitã’i de ocho meses confunde la foto......
- No tiene ocho meses, tiene dos años. Y además, son idénticos. No sé cómo no me di cuenta antes. Vos sabés que son hermanos.
- Yo no sé nada. Mi mamá siempre decía que yo era gringo ra’y...
- ¿Viste? ¿viste? Tenés que preguntarle.
- ¿A quién? ¿A Stroessner?
- A tu mamá. Vamos ahora mismo a verle.
- Pero si mi mamá tiene cien años, está totalmente ida, ni me reconoce. Y vos querés que le pregunte ahora quién era mi papá.
- ¿Cómo no te dijo nada cuando subió Stroessner?
- Ya había tenido su derrame -apuntó Elizardo, a estas alturas tan interesado como su mujer en el supuesto parentesco.
- ¿Nunca le preguntaste?
- Ni me importaba. Pero él debe haber sabido que yo era su hermano de padre. Por eso me apadrinó.
- No podemos quedarnos sin saber.
- Te prohíbo terminantemente que te metas. Si él no habló, es porque no quiere hablar. Y punto.
El caso quedó cerrado.

(…)


XXXIII
El cortejo llegó hasta el bosquecito cercano al camposanto-guaireño. Cuatro mujeres y un poeta anciano cumplían la última voluntad de Berta Correa al darle sepultura al pie del árbol, donde hacía mucho tiempo ella misma había enterrado a Constantina.
De regreso a Asunción, las preguntas de Carmen y Luz acosaban a Antonia y Catalina. Intentaban reunir las piezas de una historia de duelos inmensurables, amores desgraciados, traiciones, ultrajes y penitencias.
Cada uno aportaba lo que sabía y la trama se hacía más compleja y misteriosa. Los pocos datos sólo eran llaves de mil interrogantes sin respuestas. Berta se había llevado sus tremendos secretos.
Aquella vida de penas y despojos tuvo un final paradójico, plácido, pletórico, el Día de San Blás.
Berta Correa se había quedado escuchando radio con Antonia y Catalina. Cuando pidió la botella de caña, para brindar, las muchachas le recordaron la borrachera del festejo por el primer cabello blanco.
-Voy a tomar por toditas mis canas y toditas mis arrugas. Y después, por las de Neusa.
.
** Escuchó una y otra vez el comunicado del insurgente ALFREDO STROESSNER HABÍA SIDO DERROCADO DESPUÉS DE TREINTA Y CUATRO AÑOS DE DICTADURA; ESTABA PRESO EN LOS CUARTELES DE LA CABALLERÍA Y SERÍA EXPULSADO EL BRASIL.
** - Vamos a sentarnos “a la puerta de nuestra casa, para ver pasar su cadáver”
** - ¿Le van a matar? – preguntó Antonia.
** - Echá na tu baraja, mamá Berta, para saber – propuso Catalina.
** Berta Correa bebió el que sería su último trago, alzó la copa vacía y vio que el avión se alejaba.. Antes de cerrar los ojos para siempre, profetizó:
** - YA ES MUERTO. NO SE PUEDE NOMÁS IR. VA A ANDAR MUCHO TODAVÍA POR ESTE VALLE, PENANDO CULPAS. Y DESPUÉS RECIÉN, CUANDO EL DIABLO QUIERA LLEVARLE, SE VA A IR AL INFIERNO.
(Otoño del 2006)
.
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jueves, 4 de marzo de 2010

DESDE EL OTOÑO por PEPA KOSTIANOVSKY / Comentarios de NILA LÓPEZ y DELFINA ACOSTA.

DESDE EL OTOÑO
Por
PEPA KOSTIANOVSKY
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
Tapa e ilustraciones: GONZALO GARAY
Editorial Servilibro,
Asunción-Paraguay
2005 (2ª edición) 175 páginas
**/**

1
-¿Qué quiere decir adoptiva? ¿Por qué Lili me lo pregunta a mí? Yo soy más chica, soy nueva en el barrio. ¿Qué le digo? Si le contesto que no sé, le va a preguntar a otra nena. Y se lo va a contar.
** Mamá me dijo que no tenía que decirlo. Mamá me lo había advertido: "Tu compañerita Lili es adoptada, sus papás no son en realidad sus papás. ¿Viste que son muy viejos? Su mamá murió cuando ella era muy chiquita. Ellos la trajeron y son como si fueran sus papás. Eso se llama adoptar. Pero ella no tiene que enterarse, porque se va a poner muy triste. Si alguien te lo cuenta, vos no le hagas caso -insistió Mamá-. Ni, mucho menos, se lo digas".
** Yo sólo tenía cinco años,
** Habíamos vuelto del exilio. Después de quedarnos unas semanas en lo de mi abuela paterna, alquilamos una casa, en la calle 25 de mayo.
** Era linda. Tenía balcones. Un cuarto para mis padres y otro que compartía con mi hermano. Una sala, un hall y un comedor de diario, además del baño y la cocina que daban a un patio de baldosas rojas, con canteros alrededor y plantas de hojas de colores. Crotos, que a mi mamá le encantaban, porque en Buenos Aires no se veían. Y otra que parecía no tener hojas, sólo ramitas blandas que soltaban un zumo blanco.
** Miguela dijo que se llamaba "esqueleto". Y que esa leche quemaba las verrugas. Mi mamá me la puso en una que tenía en la mano. Y era cierto, en unos días la verruga se borró. Entonces se animó a usarla en otra, que apareció en la frente de mi hermano. Y también funcionó la magia.
** En la cocina había fogones, para encender carbón. Pero no los usábamos.
** Papá había comprado una cocina a kerosén y una heladera: International Harvester.

** En la primavera del 50 se daba una suerte de calma política.
** Mi abuela llevaba adelante la Casa de Remates. Y mis tíos, Mario y Rogelio, por entonces veinteañeros, se amañaban para ejercer el oficio de martilleros aprendido de Papá, el hermano mayor.
** Nosotros estábamos en Buenos Aires. Papá había tenido que escaparse, en febrero del 47, porque los pynandí (*) venían a buscarlo. Saltó una muralla y se escondió en la casa vecina. Hasta que lo rescataron José Antonio e Hipólito, con el Jeep de un cuñado que era militar.
** Lo asilaron en la Embajada Argentina. Y unas semanas después consiguieron cruzarlo a Clorinda.
** Mientras tanto, las hordas entraron en la casa. Rompieron papeles y libros.
** Mamá decidió seguirlo, con Adolfo que iba a cumplir cinco años. Y su embarazo de cuatro meses.
** En Buenos Aires era difícil conseguir trabajo. Para ellos no era una novedad. No era el primer exilio. De hecho, se habían casado en Clorinda y habían vivido un par de años en Formosa.
** Para mediados de julio, en que nací yo, Papá había logrado entrar en "Democracia", que era el diario de Evita.
** Mamá estuvo cuatro días en trabajo de parto, en la maternidad Sardá. Yo llegué a las seis de la mañana de un helado 18 de julio. Papá ya había salido para el trabajo. Se enteró de que era una nena a la noche, cuando volvió. No había cunas libres y me habían puesto en una viej a pileta de lavar. Dijo que era "una negrita fea".
** Cuando la funcionaria del hospital les recordó que había que inscribirme, ni siquiera tenían elegido el nombre. Debía ser en memoria de su padre, José. Era demasiado chiquita para llamarme Josefa. Me pusieron Josefina. Y desde el primer momento fui Pepita.
** Las cartas de la abuela Olga eran alentadoras. Los "muchachos" se las arreglaban para mantener el público. El ambiente político estaba más tranquilo.
** Papá decidió intentarla vuelta. Debe haber sido por agosto o septiembre del 50.
** Le fue bien, pudo entrar y a poco de su llegada se presentaron dos remates grandes. Le mandó dinero a Mamá para que viniéramos de inmediato. Pero ella quiso esperar un mes más, a que Adolfo terminara el año escolar. Y en diciembre embarcamos, en el buque "Ciudad de Asunción".

** Lógicamente, yo no tengo recuerdos de ese tiempo. Pero sé que Mamá compró en Gath & Chaves un juego de copas y dos pretenciosas arañas de luces. Por supuesto, de modesto vidrio "símil cristal".
** Colgó las arañas en la sala y en su cuarto. En la casa de la calle 25 de Mayo 563, casi Brasil. El juego de comedor vino de un remate, pero el dormitorio era nuevo, hecho de trébol por don León Rubín. Y tenía un tocador con un enorme espejo de luna.
** En la sala, al principio sólo había una mesa, ocho sillas y un aparador cuya parte superior era un cristalero. En el fondo, otro espejo multiplicaba suntuosamente el juego de copas, que tenía jarra y un botellón de diseño espantoso, parecía un avestruz. Nicolás Latourrete se lo compró a Mamá treinta años después, en un remate. Él dice que porque los colecciona. Yo creo que de puro loco.
** El juego de living vino más tarde. El tapizado, con flores rojas, me parecía lo más lujoso del mundo. Mamá colocó el sofá grande en forma de hipotenusa. Habrá sacado la idea de alguna película.
** También había un "combinado", en el que escuchábamos por las noches los programas de radio de Buenos Aires, tangos y concursos de preguntas y respuestas. Y discos de zarzuelas. Hasta hoy sé de memoria "La verbena de la Paloma", canciones y parlamentos. Cuando quieran, se la canto.
** Y un día, Papá trajo un piano. Mamá, siendo joven, se había recibido de profesora, pero era un desastre. Sólo sabía un tango, "Rodríguez Peña". Y lo hacía trizas. Yo me volví loca.
** Tenía primas y amiguitas que estudiaban danzas clásicas. Era mi sueño. Siempre ensayaba pasos que veía en las películas. Pero Mamá era inconmovible. No estaba dispuesta a gastar dinero en los trajes y zapatillas que requerían los festivales.
** Con el piano no tenía ese pretexto. Por lo demás, algún uso había que darle, ya estaba en la casa. Y la vencí. Consiguió una profesora a cuadra y media. Tenía que cruzar la calle Brasil y dar la vuelta en Mariscal Estigarribia.
** Podía ir sola. De hecho, ya iba sola a la escuela. El tiempo se ocupó de corroborar una y otra vez que no tenía talento musical, pese a mis ruegos y a mi persistencia. Seguí intentando aprender a tocar el piano con distintas maestras, hasta que fui adolescente y-me resigné. Nunca pude pasar de las escalas.
** Lili era mi compañerita de las clases de piano. Vivía en mitad del trayecto y volvíamos juntas. Lógicamente nos hicimos amigas.
** Cuando mi madre se enteró, por otras señoras del barrio, que Lili era adoptada -condición que por entonces era absurdamente vergonzante y ocultada- se preocupó porque yo no fuera a meter la pata. Suponiendo que alguien podía decírmelo y yo, en mi inocencia, repetirlo, me explicó la situación, pero no me dio las herramientas para enfrentarla.
** Sabía que no debía decirlo, pero no qué hacer ante el malicioso interrogatorio de otra nena, mucho más grande, que también aspiraba a ser concertista.
-Lili, ¿es cierto que sos hija adoptiva?
-No sé -respondió ella, insegura.
** Recorrimos en silencio casi todo el camino de vuelta. Yo creía que estaba salvada. Unos pasos antes de llegar a la puerta de su casa, hizo la temida pregunta.
-¿Qué quiere decir adoptiva?
-Me parece que es "hija única". Porque vos no tenés hermanos.
** No sé si alguna vez le revelaron el tremendo secreto. Pero fue la primera responsabilidad que me tocó asumir en la vida. Y mi primer encuentro con la angustia.
(*) Pynandí. descalzo. Era el nombre que se autoadjudicaba el ala más fascista del Partido Colorado.
.
DESDE EL OTOÑO - EPÍLOGO
Confieso al que a esta página ha llegado
que en algún tiempo yo también creía
que ser feliz exige compañía.
Concepto muy común y equivocado.
.
Como bien imagina, quien escribe
ha protagonizado bajonazos
que como “mala yerba” sobrevive.
Y puede amanecer quien vio el ocaso.
.
Y si el bajón se pone recurrente,
nada mejor que alguna buena ayuda.
Que cuando un analista es eficiente,
se aclaran, oh sorpresa, muchas dudas.
.
Retomo, entonces, estas correcciones
que más de algún lector quizás reclama.
Esta viuda disfruta condiciones
de dueña de su tiempo y de su cama.
.
No vengo aquí a negar, por cierto pasa,
que la asalta algún brío, de repente.
Mas se da el lujo de ser exigente
y elegir lo mejor que encuentra en plaza.
.
Que no faltan por cierto las ofertas
y siempre hay disponible un voluntario
que cumplido el servicio y el horario,
sepa saber por dónde está la puerta.
.
Líbreme Dios (el mío o el de todos)
de algún pelmazo que instalarse intente
a hacerme compañía permanente
y a inmiscuirse en mis usos y en mis modos.
.
Duermo, como, escribo, leo y me baño
cuando me da la gana. Y es mi nieto
junto con mi trabajo, ya hace años,
el único pautaje que respeto.
.
Por lo demás, soy libre. Y salgo y entro.
Ajenas frustraciones ya no cargo.
Amo mi soledad y mis encuentros,
mi armonía, mis ansias, mi letargo.
.
Lluvia, sol, trueno, luna amanecida,
mi partida de naipes y mi gente
querida ¿un poco loca? ¿diferente?
No quiero concederlos. Son mi vida.
( Pepa Kostianovsky - 8 de abril del 2005)
**/**
INGENIO Y PROFUNDIDAD
.
** La voz sonora y decidida de Pepa Kostianovsky entra apresurada al escenario de la narrativa actual de esta zona del mundo, para ser leída ahora desde una intimidad fuerte y espontánea. Es su tiempo, la suma de libros y experiencias que necesitaba para configurar imágenes y símbolos de una época y unos modos de convivencia.
** Recuento, memoria encendida, mucho más: esta voluntad que hace a la autora describir y analizar su comunidad desde la radio, el periódico y la televisión, se ensancha ahora con visos de perdurabilidad, porque acepta su destino artístico. El juego libre que plantea no se reduce al conocimiento de una historia que cuenta con las sugerencias del relato "en primera persona". Hay más, y no creo que sea accidental.
** Campea aquí el puro testimonio, que se mueve airosamente desde el interior hacia afuera, y viceversa, convocando a varios géneros de la comunicación. Hay aquí algo del más novedoso guión cinematográfico, hay una competencia para el regodeo pícaro con la tragedia humana, en un incesante diálogo con la conciencia. Hay aquí discernimiento, que roza a veces con algunos métodos de la observación científica. Hay análisis afectuoso de los comportamientos de sus mayores. Hay vaivenes caprichosos de regreso ¿al futuro?, como un pronóstico suave, un coqueteo con las palabras, acertijos, un almacén de cuentos sobre su propia personalidad o la de una supuesta protagonista que quizás se piensa a sí misma con el ojo sensible de quien ya está acostumbrada a la faena de recordar los pasos de esta generación del Río de la Plata, la suya.
** ¡Y qué oficio! Pepa es clara y sencilla. Es opinión colectiva que cuesta mucho ser una escritora o una libre pensadora en situaciones represivas. Quizás sea todo lo contra rio. Tal vez la mediocridad rampante, la ausencia de inter-locución adecuada, la resignación plural, no la hayan contagiado o... hayan logrado que se adjudicara una libertad natural que impacta desde la limpia trayectoria del relato, como si ella lo hubiera bosquejado arquitectónicamente: aquí la sociedad, su abrigo, su miseria y su esplendor, aquí yo con los otros, aquí ellos conmigo, aquí sola.
** Con esta predisposición para el entendimiento que la caracteriza, Pepa Kostianovsky se pasea en vuelo rasante por un período de su vida, desde que era muy pequeña hasta no se sabe exactamente cuándo, porque no siempre ordena los tiempos cronológicos y a la vez tiene, como ya apunté, un reflejo de anticipación sobre los hechos que comenta. ¿Comenta? En realidad lo que ella hace es "destriparlas anécdotas verdaderas para convertirlas en amplios frescos sociales, literarios: caben así en sus textos distintos tipos de miradas sobre episodios que nos conmueven a quienes compartimos esta historia como sus contemporáneos.
** Heredera de la escritura rápida y filosa de Isaac Kostianovsky, su hija escribe con el "gancho" de la charla de café. Pero no nos engañemos por la aparente facilidad: las reflexiones –a veces encubiertas por el aluvión informativo- navegan en las aguas de la antropología y la filosofía, a las que se suma el rico bagaje de la autora como profesional del Derecho (aunque no ejerza) y periodista, ocupaciones que fueron modelando su prosa.
** Sin otros parámetros que los que le sugieren su entusiasmo, su lucidez y su instinto lúdico, Pepa muestra muy despierta la atmósfera en la que se va haciendo a sí misma. Los sustantivos se tornan exiguos a medida que avanza en sus retratos, aplicando una síntesis sobre otra, con espectaculares cierres de cada capítulo. No se puede dejar de reír de la forma en que ella se ríe de las cosas que le van sucediendo. Este humor asociado a su énfasis en los detalles, por más nimios que parezcan, hace que ella sea algo más que testigo rebelde de unos hechos que convierte en extraordinarios.
** Da gusto leer este libro. La autora sabe ser muy dura y muy tierna al mismo tiempo. Y tiene clase. Esa clase que tanta falta le hace a la construcción de un estilo. Suele ser fatigoso aunar ingenio y profundidad. Pepa lo ha logrado. (30 de junio 2005)
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"DESDE EL OTOÑO" DE PEPA KOSTIANOVSKY
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** Apenas uno entra en la autobiografía (así lo entiendo yo) de la autora, nos entra también la avidez por seguir, si es posible ininterrumpidamente, el hilo de la lectura. Es que Pepa Kostianovsky usa el lenguaje como un eficaz recurso no solamente para sacarse de adentro tantas cosas vividas, sino para atraer la atención del lector, que sigue, puntillosamente, su historia de niña, de mujer, de ser humano, al fin.
** Todos los que escribimos con perseverancia tenemos en común un fermento literario que, pasado el tiempo, da buenas, delicadas flores. "DESDE EL OTOÑO" comienza por la niñez de Josefina, o Pepita, o Pepa, leyendo y releyendo libros de autores universales, observando con picardía el submundo de la infancia y poniendo un denuedo casi heroico por aprender a ejecutar piezas musicales en un piano. Como la vida de Pepa Kostianovsky está relacionada con su sangre judía, el periodismo osado y la militancia política, ya puede entrever, por lo menos el lector que conoce la maestría de la pluma de la autora, los distintos, alegres y accidentados caminos que le tocó recorrer.
** Su literatura tiene vuelo. El libro está escrito con oficio y tiene toda la sangre apiñada de una mujer que quiero hablarnos de su vida y las vidas de sus amigos, sus novios, sus esposos, su pasado familiar. Pepa rompió el embrujo do las autobiografías, pues escribió, con el espíritu osado que lo caracteriza, una historia libre de adornos, donde al pan se le llama pan y al vino, vino.
** Busco al azar una página: "Mi drama era conseguir permiso para bailar en las fiestas grandes. Las de quince. A las que a veces era invitada por la hermana mayor de alguna compañera o una amiga de los cursos superiores. Tuve que esperar casi dos años. En tercer curso, cumplían quince años todas mis compañeras. Y ahí ya fue imposible negar-me la venia. Hasta logré reemplazar los zoquetes por medias de nylon. Con los tacos no hubo caso. Pero, a fin de año, no sólo fui invitada a la Fiesta de Colación de los del Sexto y a la despedida, que les ofrecían los de Quinto, sino que me dejaron ir. Y no `planché' una sola pieza".
** Ese decir las cosas como quien habla con una persona, ese desenfado con que ella -munida de su pluma- arremete contra la fiebre barroca que aún sigue siendo punto de partida literario de quienes cultivan la narración, esas maravillosas anécdotas, que las tomamos por nuestras, a veces, pues quién no vivió y sufrió durante la dictadura del General Stroessner.
** Quisiera añadir un dato, no profesional, ni mucho menos técnico, por supuesto: cuando empecé a leer "DESDE EL OTOÑO", tumbada sobre la cama, caí en las redes de la magia de su relato. Y es que la muy astuta Pepa Kostianovsky escribe para darse el gusto de atrapar a su desconocido lector y para cumplir cabalmente con la literatura. (ABC, 11-IX-2005)
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OTROS COMENTARIOS DEL LIBRO:
· “Desde el otoño”, de Pepa Kostianovsky, o El Placer de la Nostalgia - Por Helio Vera (ABC, 3-IX-2005);
· “Desde el otoño”: Un delicioso paseo de Pepa por su memoria - Por Chiqui Ávalos (Zeta, octubre 2005).
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martes, 2 de febrero de 2010

NO QUIERO YO QUE SE ENOJE (LA LUJURIA). Autora: PEPA KOSTIANOVSKY / Fuente: PECADOS CAPITALES - SIETE CUENTOS. COLECCIÓN NARRADORES PARAGUAYOS


PEPA KOSTIANOVSKY
(Enlace a datos biográficos y obras
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NO QUIERO YO QUE SE ENOJE
(LA LUJURIA)
** No quiero yo que se enoje mi mamá. Ella siempre arrima por mí la culpa. Y ahora ni Agüela ya no me defiende. Antes le decía para que no remate su nervio por la criatura.
** Desde que yo me siento luego nosotro ya andábamo por la calle.
** Agüela vino de la campaña para trabajar en casa de familia, porque hacia su valle no hay escuela y su patrona le iba mandar. Le mandó luego sigue, me parece. Ella dice que ya se olvidó nomá, por eso quiere que se le lea el diario que compra cuando sale esos crimen, o sea choque, desgracia kuera. A vete también presta de su amigo que son diariero, pero así le apuran todo para llevar otra ve y masiado le hace renegar. Nosotro nos reimo por ella y nos manda a la puta.
** Agüela nos mostró la casa donde ella vino. Un día te dice que se hallaba y otro sique te dice que no daba gusto, que trabajaba como burra y que tenía hambre y que la señora se va a ir en el infierno porque cuando le pilló que estaba embarazada, le dijo que era puerca y le alzó en el micro para mandarle otra ve junto a su gente. Ella no se quiso ir porque su mamá le iba a pegar. Se bajó y se quedó ya por la calle. Dice que cuando eso por la puerta de la casa se ponía cartelito "senecesita ", pero nadie no le quería tomar porque ella era boba y contaba que se le echó porque se desgració. Y anduvo por el Mercado 4. Allí niko no falta el "agüentiempo ". Y las mercadera le llevaron en la Cruz Roja y le juntaron pañal y ropita. Masiado ella le agradece y se recuerda por ello que le ayudaron para tenerle a mi mamá.
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** Despue sique hacía changa por el mercado, pero le quiso a un tipo que le jodió y le metió de puta hacia el puerto.
** Cuando se emborracha lo que da gusto iterei,
** Porque ahí nos cuenta que se le puso todo nombre nuevo, Kity ndaje. Hasta ahora se le dice Ña Kity, y ella es Cripina. Y mi mamá es Lorenza, y se le decía Kitita y ya se le quedó. Agüela se halló porque en el kilombo estaban entre mucha que tenían hijo, y se ayudaban para cuidarle a la criaturada. Y la vieja le quería, porque era mitakuñai y venía por ella mucho cliente. Pero el tipo le sacaba todo su plata, entonces ella se quiso dejar de él, y él le hizo desastre, le cortó con botella rota. Le llevaron en el hospital, y el policía le dijo a la vieja que ella lo que iba a tener problema si se le mataba, porque era menor de eda.
** La vieja le tuvo otra ve pena y le mandó junto a, una su pariente, Ña Angela, que tenía su kilombo en el Barrio River Plate. Pero era meno la clientela, y había sido la vacuna que se le puso en el primeroausilio le cortó su leche. Apena, apena le alcanzaba así para comprar el lechenido.
** Y después sique mi mamá Kitita ya tuvo cinco año, entonce le llevaba en el semáforo para vender limón. Cuando eso dice que había más poco mitai por la calle y la gente le compraban. Había día mi mamá ganaba má con el limón que Agüela con su puterío.
** Despue sigue ya se juntaron entre las puta, y la que no tenían cliente de noche hacían empanada y fritaban tempranito y se turnaban para venir a vender en la ruta, y traerle más a una nena y dos nenes que limpiaban vidrio, mientra las otra se quedaban a dormir y lavar la sábana.
** Así anduvieron bien un tiempo. Pero, dice luego Agüela "a los pobre, la desgracia le quiere masiado" ¡Y vino por ello! Un militar borracho se enojó porque Ña Angela no le quiso má dar fiado y le metió enterito la bala por su cuerpo ¡Y le mató un poco! Se les llevó preso a todita las pupila. Por suerte sigue enseguida se le largó otra ve. Pero ahí la dueña de la casa no quiso más alquilar para kilombo. Y se quedaron por la calle.
** Hei Agüela "Dios niko tapreta pero no tagorca", porque el Comisario Merne se gustaba de Zully y les metió en otra casita hacia Tembetary. Masiado se hallaron porque le siguieron completo su clientela. Allí dice que pusieron cantina y un coscrito era el mozo.
** Y despee sique Merne cayó en desgracia, ya no sé má por qué era. Se le mandó en el Chaco, castigado.
** Y ello sique se fueron otra vez a putear por la calle. Para má, mi mamá Kitita ya tenía 12 año y había sido se embarazó uta poco de lino de eso recluta-mi que solía venir para sacar el agua del aljibe y barrer la hoja del mango.
** Agüela dice que ella no pilló nomá enseguida, si no le iba mandar echar. O sea yo era la que se iba echar y por lo visto tenía nomá luego que nacer y nací. El 25 de diciembre ¿Sabé donde? En esa Ecalinata de la Encarnación. El paí me bautizó Nativida, o sea Nati. No le llevaron en el hospital, porque estaban entre todita puta fichada masiado vece, y tenían miedo que se le mandara preso, porque mi mamá era muy mitakuñai..
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** Agüela decía ante por mí que traje la suerte, porque hubo revolución y se le echó al presidente. Y ahí vino otra vez del Chaco don Merne. Y le buscó a Zully hasta que le encontró y nos llevó todito de vuelta en Tembetary, en otra casa más linda, con baño moderno.
** El ahí ya se quedó con Ña Zully , porque dice que su señora se fue con otro mientra él estaba en el confinamiento. Hicieron kilombo caté, don Merne le mandó a todita a hacerse permanente y tinte.
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Ña Zully se hizo de "madama" y Taní y Lucila según don Merne ya estaban masiado gastada y les mandó en la cocina. Agüela tenía su cliente fijo, por eso nomá se quedó todavía. Se le trajo a unas cuanta nuevas. Y Mamá siqué dice que los hombre se peleaban todo por ella.
** Y un día vino llegando un poco Calisto, y había sido era mi papá. Don Merne le quiso echar a patada y Agüela también, pero mi mamá lloró, lloró, lloró, y le dejaron para cantinero. Todo el día hacía problema porque era haragán y borracho. Don Merne le tenía que controlar otra ve en la cantina. A vece sique le echaba de ahí y no se podía ir en la pieza porque mi mamá estaba con su cliente. Entonces se iba en el cuarto de la criaturada. Había vece de tan borracho se caía luego encima de nosotro. Si no, sacaba su asunto para que se le toque. Agüela le pilló una vez cuando me sacó mi bombacha y me hizo sentar sobre su pito. Y ahí siqué casi le mató. Le jugó con un cuchillo por su pecho. Yo ya tenía seis año, me recuerdo bien cuando ella le gritaba:
** -Te viá cortar tu bola y le viá dar para que coma el chancho. Inútil, infelí, puerco.
** -Aña rako, vieja de mierda. Qué lo que tanto, mejor ya que aprenda, lo mismo va ser puta como vo y tu hija.
** Don Merne no le perdonó. Le hizo pegar bien por su tayra kuera y despues le mandó preso. No supimo nunca más de él.
** Agüela me llevaba en su pieza cuando no tenía cliente, porque mi mamá no me hacía má caso y lloraba todo el día. Ña Zully se enojó y le dijo que le iba a echar en la calle. Y ahí medio se mejoró otra ve. Pero tomaba la cerveza y la caña por todito su plata.
** Entonce le dijo a Agüela para salir otra vez en la calle, o sea para salir yo en el semáforo. Y se pelearon grande, porque Agüela no quería y mi mamá le dijo que se iba a ir nomá conmigo. Empezamo a irno en el semáforo de San Martín y le llevamos a Luchi, el hijo de Briyi, que era bebé todavía . O sea que un dia nos ibamo con mi mamá y otro día con Briyi. Ella se quedaban por ahí y yo le alzaba al mitai y pedía para su leche.
** Saliamo tempranito, escondido de Don Merne y de Ña Zully.
** Así anduvimo mucho tiempo. Mamá se enredaba con eso tipo que anda de balde para que le den cigarrillo y cerveza. Pero le jodían todo y ella era otra ve la que compraba y le daba a ello. A vece, cuando veníamo ya estaba todito borracha y Agüela le tenía que meter en la canilla y acostarle.
** Cuando la desgracia va pasar, pasa nomás luego. Esa ve llovía y hacía frío, ya era de noche porque mamá se fue con su amigo y no vino más. Nosotro estabamo descalzo y Luchí ni pantalón no tenía. Se pegaba anga por mi. Una señora bajó su vidrio y me dio un mil. Me preguntó si con quién pa estábamo. Me hice nomá yo de la boba. Había sido era la jueza y hace rato estaba pescando por nosotro.
** Los policia nos alzaron en la camioneta. Y justito llegó mi mamá y le gritó toda cosa, pero lo mismo nos llevaron. Agüela se fue para traerme, pero la jueza no quiso que me fuera en el kilombo. Y me metió en el Hogar de Niña.
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** Esa ve a mi mamá le largaron pronto. Pero don Merne no le quiso recibir más. Y se fue ella en la Chacarita con su amigo.
** Despue de un año por ahí, vino a hablar para llevarme. Le dijo a la jueza que ya se dejó de puta y que hacía tortilla para vender y firmó por un papel donde decía que me iba mandar en la escuela. Cuando salimo me dijo:
** -Ya sos masiado grande. No te van a dar más de balde la plata. Mañana te vas a ir junto a tu agüela para que te enseñe a hacer la empanada o qué.
** Me fui sola yo, porque ella no quería que don Merne le vea. Me hizo subir en el micro y me mandó. Me dijo que no vaya macanear y quedarme o qué por ahí. Y vine otra vez pronto porque Ña Zully no quería luego que se le traiga problema.
** Tres año vivimo en la Chacarita, con Milciade y mi mamá. A vece él traía plata y le llevaba a farrear y ella estaba contenta, se reía todo de balde. Otro día sique él no aparecía una semana y ella lloraba. Otro día se emborrachaba y no se levantaba más de la cama.
** Yo tempranito ya hacía todo mi empanada y salía a vender. Y Mamá sique cuando oscurecía se iba hacia la Plaza Uruguaya a buscar cliente. A vece les traía en la casilla. Cuando le escuchaba que venía, yo ya me bajaba y me acostaba en el piso. Pero si Milciade estaba, se iban en otro lado. Y después ella traía milanesa y caña.
** Yo no le contaba lo que él me hacía porque sabía bien que se iba enojar conmigo. Pero ella nos pilló y nos pegó con escoba. Milciade le garroteó grande, le rompió todo su boca y le echó su diente. No vino más un mes por ahí.
** Y mi mamá lloraba todo el día. No salía más ni a trabajar. Y no me hablaba, ni cuando le traía la caña. Por suerte, vino sique otra vez él y se arreglaron. Milciade tenía plata y compró una tele. Yo digo que por envidia lo que le habrán denunciado.
** Mamá se fue hacia la Seccional y Milciades me mandó comprar la cerveza. Después yo ya dormí y él estaba viendo tele. Y entraron los policía con la jueza. Montón de droga estaba en la fiambrera, había sido
** Me llevaron otra ve en el Hogar. Enseguida nos escapamo con mi amiga y nos fuimo hacia la Terminal. Ahí se van mucho los viejo a buscar la mitakuñai, sin falta se consigue cliente.
** Mi mamá está en el Buen Pastor, pronto dice que ya va salir. Pero Milciade se peleó con otros preso en Tacumbú. ¡Y le mataron!
** Agüela dice que mi mamá está como esas loca. Se rabia porque por mi culpa se fue la jueza en la casilla. Llora anga porque le traigo desgracia y siempre le hago perder su hombre.
** Yo estoy juntando la plata para que ella mande poner su diente y hacer permanente para que esté linda. Así, yo digo que ha de encontrar otro que le quiera. Y ya no se ha de enojar más conmigo.
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Fuente: PECADOS CAPITALES - SIETE CUENTOS. COLECCIÓN NARRADORES PARAGUAYOS © de los cuentos, de los respectivos autores © de esta edición Editorial El Lector. Director Editorial Pablo León Burián. Tapa: Marcos Condoretty, Ilustración de tapa "Los 7 pecados capitales", de Jerome Bosch (El Bosco) (1450 - 1516), pintor medieval holandés, precursor del surrealismo cuatro siglos antes de que esta corriente apareciera.
Ilustraciones interiores: Ricardo Migliorisi, Asunción-Paraguay. 2006 (117 pp.)
INDICE
Introducción
LA AVARICIA - Takate'y - Ramiro Domínguez
LA GULA - Una noche en la Embajada - Bernardo Neri Farina
LA ENVIDIA - Mazorca - Renée Ferrer
LA PEREZA - Correr tras el viento – Alcibiades González Delvalle
LA LUJURIA - No quiero yo que se enoje - Pepa Kostianovsky
LA SOBERBIA - Informe sobre Antenor - Francisco Pérez-Maricevich
LA IRA - Miranda Catorce - Helio Vera

INTRODUCCIÓN
SIETE ESCRITORES PARA SIETE PECADOS

Los pecados capitales fueron "seleccionados" por Santo Tomás (I-II:84:4): soberbia (orgullo), avaricia, gula, lujuria, pereza, envidia, ira. San Buenaventura enumeró los mismos. La cantidad concreta de siete fue establecida por San Gregorio el Grande y mantenida por la mayoría de los teólogos de la Edad Media. Escritores anteriores, como San Cipriano y Columbanus, hablaban de ocho pecados capitales.
** El término "capital" no se refiere a la magnitud del pecado sino a que da origen a muchos otros pecados. De acuerdo con Santo Tomás (II-II:153:4), "un vicio capital es aquel que tiene un fin excesivamente deseable de manera tal que en su deseo, un hombre comete muchos pecados todos los cuales se dice son originados en aquel vicio como su fuente principal".
** A cada uno de los pecados capitales se contrapone una virtud. Así, ante la soberbia tenemos la humildad; ante la avaricia, la generosidad; ante la lujuria, la castidad; ante la ira, la paciencia; ante la gula, la moderación; ante la envidia, la caridad, y ante la pereza, la diligencia.
** En este libro editado por El Lector, se reúnen siete escritores para escribir cada cual un cuento sobre un pecado capital específico. El volumen no es un tratado teológico ni filosófico. Es literatura pura, y desde ella se abre una visión de la realidad del Paraguay pasando por aquellos vicios estipulados por Santo Tomás como cabezas de otras tantas faltas, mortales y veniales.
** En estricto orden alfabético de sus respectivos apellidos, Ramiro Domínguez (la avaricia), Bernardo Neri Farina (la gula), Renée Ferrer (la envidia), Alcibiades González Delvalle (la pereza), Pepa Kostianovsky (la lujuria), Francisco Pérez-Maricevich (la soberbia) y Helio Vera (la ira), establecen una relación ficcionada (y no tanto) entre aquellos pecados que obsesionaban a los cristianos medievales (quienes no dudaban en cometer-los frecuentemente) y el escenario de nuestra historia y nuestro presente en el Paraguay, un país donde pecados o virtudes son tales según el cristal con que se mire, o la conveniencia coyuntural de individuos o colectividades políticas, intelectuales, gremiales, empresariales, sociales, barriales, deportivas, etcétera, etcétera, etcétera.
** Los siete pecados capitales dieron origen, en este caso, a siete cuentos congregados en este libro que asocia a narradores paraguayos poseedores de la virtud (¿o el pecado?) de escribir muy bien. Que lo disfruten. - EL EDITOR