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lunes, 16 de agosto de 2010

REVISTA DEL PEN CLUB DEL PARAGUAY IV ÉPOCA – Nº 18 / LA FUNCIÓN SOCIAL DE LA LITERATURA EN EL PARAGUAY / Mensaje de la Presidenta: LIC. EMI KASAMATSU


REVISTA DEL
PEN CLUB DEL PARAGUAY
IV ÉPOCA – Nº 18
A CENTRE OF INTERNATIONAL PEN
EDICIÓN ESPECIAL
LA FUNCIÓN SOCIAL DE LA LITERATURA
EN EL PARAGUAY
Arandurã Editorial,
e-mail:
arandura@telesurf.com.py
Internet:
www.arandura.pyglobal.com
Asunción – Paraguay
Julio 2010 (199 páginas).
.
Enlace recomendado:
PEN CLUB DEL PARAGUAY
(Enlace a datos generales y publicaciones
en la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )

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MENSAJE DE LA PRESIDENTA

De inicio, debo expresar que nuestra primera experiencia en la organización de un seminario internacional supero con creces nuestras expectativas por lo que, con intima satisfacción, publicamos las ponencias que, bajo el titulo de La Función Social de la Literatura en el Paraguay, se han presentado y discutido.
Esta reunión de ejercicio artístico-intelectual, realizada durante los días 30 y 31 de octubre de 2009, conto con el apoyo y la colaboración de la Municipalidad de Asunción y del Centro Paraguayo-Japonés, así como con los auspicios de las editoriales Arandurã, Don Bosco, Servilibro, Fausto Cultural y de la Cámara Paraguaya del Libro (CAPEL). Asimismo, contamos con los invalorables favores y presencias de la Universidad Nacional de Asunción, de la Facultad de Filosofía, de la Universidad del Norte, de la Sociedad de Escritores del Paraguay, de Escritoras Paraguayas Asociadas, del PEN American Center y de la Fundación Iberoamericana del PEN Internacional.
Un párrafo aparte de agradecimiento a la prensa escrita, léase los diarios ABC Color, Ultima Hora y La Nación, por la cobertura que han realizado. Nuestro especial reconocimiento al Comité Organizador y, finalmente, a los moderadores de los paneles: Olinda Massare, Victoria Figueredo, Lourdes Espínola, Efraín Enríquez Gamón, Alejandro Hernández y Lourdes Talavera, quienes, con toda solvencia, ejercieron sus responsabilidades.
La Ciudad de Asunción ha sido nombrada Capital Americana de la Cultura 2009, y en breve celebraremos el Bicentenario de la Independencia Nacional (2011), por lo que por tan memorables acontecimientos hemos creído oportuno que los escritores paraguayos desarrollen actos significativos, con la finalidad de analizar y ahondar en temas que hacen al propósito, así como exponer otros asuntos de interés colectivo dentro de una sana crítica.
Para este encuentro, hemos contado con la participación activa de prestigiosos escritores paraguayos y de extranjeros especialmente invitados a quienes, en un loable gusto, la intendenta municipal de Asunción, María Evangelista Troche de Gallegos, distinguió con un pergamino de "Ilustres Visitantes de la Ciudad de Asunción".
El PEN Club del Paraguay, como primera nucleación de escritores de nuestro país, fue fundado en el año 1943 por el prolífico periodista, escritor y político Arsenio López Decoud, quien junto a otras prominentes figuras intelectuales como Augusto Roa Bastos, Herib Campos Cervera, Juan E. O'Leary, Concepción Leyes de Chaves, entre otras, dieron sustento y andamiento a la sociedad, a la que, con el tiempo, se sumaron notables escritores e intelectuales. Actualmente, el PEN Club del Paraguay, filial del PEN Internacional, se enorgullece de contar entre sus miembros a destacados poetas, ensayistas y narradores del país, muchos de los cuales han sido merecedores de premios internacionales y nacionales como Augusto Roa Bastos, Hugo Rodríguez Alcalá, Rubén Bareiro Saguier, José Luis Appleyard, Mario Halley Mora y Jacobo Rauskin.
Desde el año 2000, el PEN Club del Paraguay publica anualmente dos revistas-libros, gracias a la iniciativa y denodado trabajo de los socios Luis María Martínez, Augusto Casola y William Baecker. Obvia decir que esta publicación se ha constituido en referente del movimiento literario nacional.
Para este Seminario, los panelistas presentaron trabajos que fueron luego discutidos por un público entusiasta que ofreció un espacio de integración y de esclarecimiento de algunas ideas. Se ha analizado, por ejemplo, con cierto detenimiento, cómo el lector extranjero observa la literatura paraguaya. En ese sentido, en opinión del Prof. Tracy Lewis, de la Universidad de Nueva York, en Oswego, y estudioso de la literatura paraguaya, opina que el poder teme al escritor creativo porque su voz influye en la sociedad; es decir, que esa voz, aunque narre una ficción, es válida y aliada del pueblo.
La escritora Lily Tuck, ganadora del Premio Literario más importante de los Estados Unidos de América, el "National Award 2004" por su obra Noticias del Paraguay, comenta que "el arte es una mentira al servicio de la verdad". Una mentira que debe tratar de transportar una verdad particular, la cual, si es válida, se hace universal, como sucede con la novela Yo, el Supremo de Roa Bastos.
El antropólogo y escritor boliviano Oscar Arze Quintanillas, compara los matices entre las poesías escritas en lenguas aborígenes de Sudamérica y destaca las afinidades con ascendencia mítica de tradición prehispánica con el trauma de la Conquista y la implantación de nuevas estructuras sociopolíticas. Sostiene Arze Quintanillas que los indígenas han logrado superarse y elevarse sobre ellos mismos. El Guaraní -dice- cultivo su lengua y la hizo rica, flexible, llena de dulzura y transparencia, y utiliza la transmisión oral de generación a generación. El poeta era el inspirador de la tribu, respetado como si fuera sacerdote o mago.
Por su parte Miguel Ángel Andrade, de México, expone sobre los poetas latinoamericanos y la consagración de la poesía en el habla de Rubén Darío, en la cual se pueden identificar los rasgos definitorios de la poesía en el Nuevo Mundo como dialogismo y denuncia social. Andrade piensa que en el Paraguay de los años treinta surge el talento renovador de Josefina Pla para ingresar en el modernismo latinoamericano. Considera, además, a Herib Campos Cervera como el creador de una nueva dimensión de la poesía paraguaya, con su voz triste, valiente y profunda.
En esta misma edición de la Revista incluimos a otro extranjero, estudioso de la literatura paraguaya: Bougema El Abkari, de la Universidad de Mohammedia, Marruecos.
En apretada síntesis, podemos apuntar que, a pesar de las dificultades que conlleva la organización de este tipo de encuentros, hemos logrado el acercamiento y difusión integral del arte de la palabra, trasponiendo los límites de las fronteras, dentro de la multiplicidad de culturas.
LIC. EMI KASAMATSU
Presidenta, PEN Club del Paraguay

INDICE GENERAL
LA FUNCIÓN SOCIAL DE LA LITERATURA EN EL PARAGUAY
PONENCIAS PRESENTADAS AL SEMINARIO


*. MENSAJE DE LA PRESIDENTA DEL PEN : LIC. EMI KASAMATSU

*. NELSON AGUILERA : EL REFLEJO DE LA CONCIENCIA COLECTIVA EN LA NARRATIVA HISTORICA PARAGUAYA

*. MIGUEL ANGEL ANDRADE : LA CENIZA REDIMIDA. PARAGUAY Y LA POESÍA LATINOAMERICANA DEL SIGLO XX

*. PRINCESA AQUINO AUGSTEN : CÓMO SE GESTA UNA FICCIÓN

*. OSCAR ARZE QUINTANILLAS : LITERATURAS DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS

*. MA. EUGENIA AYALA : GENERACION DE LOS 90

*. MARIBEL BARRETO : NUEVOS CAUCES DE LA NOVELA EN PARAGUAY

*. JUAN DE URRAZA : CIENCIA FICCIÓN Y "ALICIA Y LOS UNIVERSOS ALTERNATIVOS

*. BOUJEMÂA EL ABKARI : IMAGEN Y SIMBOLO DEL PADRE EN LA NARRATIVA PARAGUAYA

*. EFRAÍN ENRIQUEZ GAMÓN : LA AGONÍA DEL PÁJARO CAMPANA

*. RENÉE FERRER : CONSTANTES TEMÁTICAS DE LA NARRATIVA PARAGUAYA

*. VÍCTOR-JACINTO FLECHA : LA REALIDAD NACIONAL EN LA POESÍA DE RAMIRO DOMÍNGUEZ

*. TRACY K. LEWIS : LA PALABRA EN SU HÁBITAT: REFLEXIONES SOBRE LAS LETRAS EN PARAGUAY Y LOS ESTADOS UNIDOS

*. ENRIQUE MARINI PALMIERI : ECOS POÉTICOS: JOSEFINA PLA Y JORGE LUIS BORGES

*. LUIS MARIA MARTINEZ : POESÍA SOCIAL DEL PARAGUAY

*. MARGARITA PRIETO YEGROS : LITERATURA PARA NIÑOS

*. BEATRIZ RODRÍGUEZ ALCALÁ : EL MARISCAL DE AMÉRICA

*. GUIDO RODRÍGUEZ ALCALÁ : ACERCA DE LA NOVELA HISTÓRICA

*. LOURDES TALAVERA : REALISMO SOCIAL EN LA NOVELA CONTEMPORÁNEA PARAGUAYA (1990-2007)


PONENCIAS PRESENTADAS AL SEMINARIO:

LA CENIZA REDIMIDA.
PARAGUAY Y LA POESIA LATINOAMERICANA DEL SIGLO XX
MIGUEL ÁNGEL ANDRADE

Hace muchos años vine al Paraguay por un amigo y escritor: Alejandro Meneses. Este se me adelantó -física, y mortalmente- en este viaje. Se me adelantó cuando terminó su vida en julio de 2005, y también cuando hace algunas semanas llegó a Asunción con Víctor Jacinto Flecha. Por el, por un epígrafe en su novela Ángela y los ciegos, es que hoy puedo estar aquí con ustedes. Doy comienzo a mi encrucijada.
Afortunadamente ha fracasado la manía de los críticos por organizar y profetizar las piruetas de la poesía latinoamericana. No hay una encrucijada evidente de la poesía para el siglo XXI. Además de la denuncia social, además de la militancia y el compromiso, además del irremediable vaticinio, la poesía fecunda el alma, vuelve independiente al espíritu de algunos críticos. Caso contrario a la novela, la poesía no tiene respeto de sí misma y en un lance suicida puede modificar su estructura formal ante el asombro de iniciados. Lo inasible, la esencia, el momento crítico, lo poético, es lo que permanece.
La historia de la poesía latinoamericana y la criolla comienza en un lejano barroco con la figura solitaria de Sor Juana que, a pesar de su poderosa imaginación y retórica, seguía escribiendo a la sombra de los faros peninsulares: Quevedo y Góngora. La Colonia se sometió a las imitaciones; el Romanticismo llegó tarde al Nuevo Mundo y hubo que esperar el Modernismo para que la estafeta pasase por el lado americano. La resonancia del Modernismo causó asombro en Europa, el primer movimiento poético de América alcanzaba a la Península Ibérica con paso firme.
El poeta Rubén Darío se consagró como la voz inaugural y original de la poesía en Latinoamérica. Todavía hoy su reinado se extiende entre alusiones directas e indirectas de admiración y rechazo, pero nunca de indiferencia. El legado de Darío implica la musicalidad y la renovación retórica como elementos permanentes de la poesía en nuestro continente.
A pesar del menosprecio generalizado por las vanguardias latinoamericanas del siglo XX consideradas por algunos críticos como mera imitación de los movimientos artísticos europeos, bastó una chispa de arrojo para encender los espíritus vagabundos de los poetas. Los artistas vanguardistas latinoamericanos asumen el mismo nivel que el de los europeos. Sin embargo, el asombro por las maquinas, el automóvil, la locomotora y el cinematógrafo sólo logra hermanarlos efímeramente: la realidad latinoamericana no permite un entusiasmo festivo de la poesía en todas sus regiones. La poesía desciende de su pedestal modernista de lo universal para hablar con voz popular, con la voz de la vida cotidiana, voz de ciudades que dejaron de ser anónimas. En esa fraternidad podemos identificar dos rasgos que serían definitivos en la poesía latinoamericana posterior: el dialogismo y la denuncia social.
El poeta ya no es la figura sufriente que pena por las calles, viviendo de su ingenio. Ahora es agente de la libertad que se organiza y cuestiona el poder político y al económico de su entorno. Una de las conquistas de la vanguardia fue la internacionalización de los hábitos del poeta, su deseo de viajar y conocer: el poeta cosmopolita es un viajero, cazador de ritmos, un seductor de escándalos. Es la misma curiosidad incesante que lo impele a buscar nuevos enfoques para la poesía, nuevas formas del verso.
Como lo advirtió Octavio Paz, en el siglo XX la ciudad se convirtió en el tema fundamental de la poesía: una Babel de colores, ritmos y sentidos. El poeta citadino, consciente de su posición, aparece como un amante empedernido de la ciudad en una compleja relación de amor y odio, donde las muestras de su afecto se propagan en irregulares ondas: en cantos de celebración y homenaje, pero también en declaraciones de irremediable divorcio.
Así, la poesía contemporánea en Latinoamérica continua su tradición de ruptura. El bullicio colectivo ha cesado, ahora hay una marcada tendencia a ser individualistas. A la poesía actual se la decantó de todos los ismos: huye de la libertad colectiva, la libertad individual es más importante, sin embargo, en cada libertad alberga una visión de lo que ahora llamamos imaginario colectivo.
Me parece que la consigna de hallar en la poesía lo latinoamericano ha callado. Conscientes de poseer que se le da de una cultura rica y fecunda, los poetas contemporáneos -a diferencia de los ensayistas- evolucionan en sus preocupaciones y con su poesía dan motivos de que el lector se arraigue en su país, al continente arraigamiento con sus descripciones del paisaje americano. La poesía telúrica de Pablo Neruda y la densidad de la selva caribeña en la obra de Carlos Pellicer son algunos ejemplos de la importancia del espacio físico -tan diferente del europeo- donde habitan. Esta visión ya existe en la "Silva a la agricultura de la zona tórrida" del venezolano Andrés Bello, uno de los primeros antecedentes. Aunque la poesía contemporánea tiene una definida tendencia a la prosificación, utiliza una pluralidad de recursos estilísticos y predomina en ella la ironía y el desencanto. El tono dialógico comenzó a cobrar importancia en la década de los sesenta con el poeta chileno Nicanor Parra, creador de la antipoesía, movimiento iconoclasta que podemos identificar como posmoderno, ya que tiende a negar radicalmente la poesía llamada tradicional.
Ahora bien, si consideramos a la poesía como el arte más conciso y concentrado de la literatura, me parece que mucho se debe a su vínculo con la música. Su ritmo interior se despliega en la sonoridad de cada lengua y logra, con cada lectura, una breve pero profunda comunión entre autor y lector. Para el poeta y crítico francés Paul Valéry la tarea del poeta implica una conjugación de diferentes elementos y circunstancias: "La poesía no es un simple reflejo estilizado de la existencia, el azar y la música son elementos imperantes en su proceso y lectura". La técnica es también una exigencia tacita en la mayoría de los poetas latinoamericanos; el rigor, a veces disfrazado, implica un conocimiento de la tradición.
En el prólogo de Prístina y última piedra, antología de poesía hispanoamericana presente el poeta Eduardo Milán dice que la poesía actual bifurca y recae principalmente en dos manifestaciones: el juego del lenguaje y una vuelta al pasado poético; una búsqueda de la estabilidad. Ambas tendencias provienen de la vanguardia y se disipan en sus herederos. Dos también son las tendencias -quizá inconscientemente- más visitadas por los poetas de nuestra época: el neobarroco, que tiende al texto proliferante, a la ausencia de la identidad como consigna; y el neo romanticismo, pasional y enérgico, actualizado en las circunstancias de la ciudad moderna y la tecnologización del mundo.
También la pluralidad de temas es una constante permanente. Los problemas ontológicos y políticos, la geografía femenina, el erotismo desbordado, la migración, la casi ausencia de los signos tipográficos comunes para la significación, el desbordamiento de la ciudad, la voz de los marginados.
No obstante, detengámonos un momento para mirar al sur, entre el Chaco y el río Paraguay. Entre las cascadas de Yguazú y el río Paraná, podemos escuchar una voz que no por distante es débil ni menor. Si de algo nos sirve agrupar a los poetas paraguayos en promociones que comienzan en la década de 1930, comencemos con el inmenso talento renovador de Josefina Pla. De la mano de esta mujer, el siglo XX encontró un lazarillo novedoso y valiente para ingresar en la poesía moderna latinoamericana.
"He metido las manos hasta el hueco más hondo: / hasta el quicio más negro, más profundo, mas negro, mas ultimo de mis propias tinieblas" y halle un poema de Hérib Campos Cervera. La voz tersa por triste, valiente por rotunda de este poeta, inauguró desde su aliento interrumpido una nueva dimensión a la poesía del Paraguay.
Me parece significativo que uno de los mejores narradores de la lengua castellana fue poeta en sus primeras obras, la vocación inicial de Augusto Roa Bastos deja su rastro en toda su obra narrativa como un luminoso y supremo hijo de hombre.
Por sus versos podemos conocer el Paraguay triste y hondo, duro y bueno, con la sortija de patria sola que se puso Elvio Romero.
José Luis Appleyard nos dejó labio y palabra "para que los silencios congelen en la boca la maldición naciente y el temido desprecio".
Desde su altura ultima, desde su casa inmóvil, Carlos Villagra Marsal observa el lento desencadenar de criaturas y flores, el jubilo difícil que nos deleita y acicala desde su poesía.
El ascenso horizontal que Ramiro Domínguez inició con Zumos para alcanzar el tiempo de sus primeros poemas da testimonio de su preocupación por el hombre, por la forma primera, por el último rostro del hombre paraguayo.
Los poetas mencionados crearon también sus propios medios para darse a escuchar, sus propias páginas de entusiasmo colectivo para llegar hasta ojos anónimos, a lecturas silenciosas, a lectores secretos. Ateneo y Alcor, entre otras, fueron revistas que formaron y forjaron la crítica y la difusión de estos poetas.
¿Cómo leer la poesía de Paraguay sin que un rayo de sangre nos nuble los ojos? ¿Desde qué estero podemos escuchar como viene el sosegado paso del rio Paraná entre las palabras de sus poetas?
Probablemente la poesía aún tenga innumerables detractores desde aquella expulsión de los poetas de la República platónica ideal, quizá, en un futuro no muy lejano, los poemas no sean más que piezas arqueológicas en museos de la melancolía o una obsesión de nostálgicos empedernidos, contra todo pronóstico. Sin embargo, en la palabra permanecerá el don de convertir en oro las piedras del tedio y la resignación. El poeta francés Paul Valéry da cuenta de su experiencia como poeta y lector:
Si la poesía actúa verdaderamente en alguien, no es dividiéndolo en su naturaleza, comunicándole las ilusiones de una vida fingida y puramente mental. No le impone esa falsa realidad que exige la docilidad del alma, por ende, tampoco la abstención del cuerpo. La poesía debe extenderse a todo el ser; excitan su organizaci6n muscular mediante los ritmos, liberan o desencadenan sus facultades verbales cuyo juego total exalta, ordena en profundidad, pues apunta a provocar o a reproducir la unidad y la armonía de la persona viva, unidad extraordinaria, que se manifiesta cuando el hombre esta poseído por un intenso sentimiento que no deja a ninguna de sus fuerzas de lado.
A pesar del pesimismo, lo trivial, la mediatización enajenante y los enemigos de la imaginación, la poesía encontrara la salida en este falso laberinto en el que el Minotauro de la palabra no hallara su muerte, sino la cotidiana respuesta sin pregunta que a cada tanto nos ofrecen los poetas.
No hay herida que no arda ni pena que no sane a través de la savia inmensa de la palabra. ¿Qué escuchar en un país aquejado por dictaduras y guerras, por amenazas
y bloqueos, por secuestros y muertes, sino el puno luminoso y desbordado de su poesía? Creo que en esa orilla sin filo, en esa bala bondadosa que es la poesía, reside una de las más entrañables funciones sociales de la literatura.
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LITERATURAS DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS
OSCAR ARZE QUINTANILLAS
(ANTROPÓLOGO Y ESCRITOR BOLIVIANO)

Sean mis primeras palabras para expresar mi agradecimiento a la Presidenta del PEN Club del Paraguay, Doña Emi Kasamatsu, por la amable invitación que me hiciera para participar en el Seminario sobre literatura paraguaya en el marco de Asunción, Capital Americana de la Cultura.
Y lo que es más, la gran satisfacción y alegría que me embarga al ver antiguos amigos del PEN Club tales como Efraín Enríquez Gamón, con quien tenemos una larga amistad desde México, donde el ejerció las funciones de Embajador de este país. Así mismo, me es grato encontrar antiguos amigos como Augusto Casola, William Baecker, Renée Ferrer, Delfina Acosta y otros con quienes pasé momentos gozosos en las tertulias literarias del Bar San Roque.
Por otra parte, no me es desconocido el papel que desempeñaron algunos miembros del PEN en las décadas del 60, 70 y 80, durante la dictadura stronista, cuyas composiciones, poemas y talleres crearon las condiciones propicias para acelerar la caída de ese régimen dictatorial. Me parece también digno reconocer que en dicha época un gran amigo, Carlos Villagra Marsal, coadyuvó a generar la más valiosa colección poética en la editorial Alcándara, llegando a completar los sesenta volúmenes, como nos relate en su historia de la literatura paraguaya el escritor Victorio V. Suarez.
Que esta breve introducción sirva de umbral para entrar en el tema que me sugirió Emi, el de la "Literatura de los Pueblos Indígenas". Tratare de desarrollar un par de ideas sobre la "Literaturas de Anahuac y del Incario como expresión de dos pueblos del sol", que fue escrita por mi dilecto amigo, gran filósofo e indigenista mexicano el Dr. Miguel León Portilla. Para terminar refiriéndome brevemente a la literatura guaraní.
Siguiendo a Miguel León Portilla manifestaremos que se habla con mucha frecuencia sobre la gran afinidad cultural histórica que tienen entre nuestros pueblos de Iberoamérica. Sin embargo, raro es que tal afirmación expresada a veces con exaltaciones retóricas implique tomar realmente conciencia de las semejanzas y diferencias en adecuadas formas de investigación. Poco lo hemos hecho los iberoamericanos acerca de los temas que más directamente atañen a las realidades culturales históricas y contemporáneas -del conjunto de nuestros antepasados. ¿Sera que pensamos que, partiendo del desconocimiento mutuo, será posible concebir algunas formas de acción conjunta para responder a los apremiantes problemas que compartimos? La serie de nuestras afinidades incluye, entre otras, a las siguientes: antecedentes indígenas, su herencia de cultura con parecidos y diferencias en las distintas regiones; el trauma de la Conquista y la implantación de nuevas estructuras sociopolíticas, económicas Y religiosas; las luchas por la independencia y sus variantes ideológicas, crisis frecuentes de los nuevas estados, distanciamiento y aun luchas entre países iberoamericanos; desigualdades económicas, concentración en pocas manos de los medios de producción; carencia de tecnología propia; corrupción pública; planificación deficiente y obstáculos a los cambios de estructura.
Para analizarlas, como es de conocimiento general, se han creado organismos regionales como la UNASUR, el Pacto de Río, MERCOSUR, la Comunidad Andina, la Comunidad Centroamericana. Lamentablemente no han dirigido la investigación a lo que significan las culturas indígenas, tema este de interés común para fundamentar el ser de Iberoamérica. Felizmente, en los últimos años parece ampliarse la conciencia sobre esta temática, siendo para ello -y así lo creemos- el conocimiento del pasado prehispánico de México, Centro América, los países del Mundo Andino de vital importancia.
El asunto central es el de la expresión a través de la palabra, del pensamiento de gentes de idiomas nahuad y quechua, lo que concibieron sobre su propia existencia, sociedad y destino, los ancestros mestizos que habitan desde el sur de los Estados Unidos, en México y Centro América y, por otra parte, en territorio de Ecuador, Perú, Bolivia, y zonas colindantes de Argentina, Chile y Colombia. Antigua palabra de connotaciones universales, es en sí un legado como el arte que ha sacado a luz la arqueología de las gentes del Anahuatl "la tierra en el anillo del agua", y del Tahuantinsuyo "el país de los cuatro rumbos" en el mundo andino.
Los textos de la tradición prehispánica en las dos lenguas que más difusión tuvieron incluyen temas de lo que fue y sigue siendo el alma del hombre indígena. A través de las antiguas palabras cabe hoy conocer sus concepciones acerca del universo, espacio y tiempo; los enjambres de símbolos. Todo ello es el camino para contemplar las realidades naturales, humanas y divinas; su concepto de educación y la forma de impartirla; mitos, relatos fantásticos, crónicas e historias, el sentido de su existencia como personas y como pueblos. '°

AFINIDADES Y DIFERENCIAS EN LAS LITERATURAS NAHUATL Y QUECHUA

Afines y a la vez distintas son las tradiciones prehispánicas, origen de las literaturas de nahuas y quechuas. Su afinidad se deriva de sus procesos culturales en gran parte paralelos en el tiempo, unos y otros aislados del viejo mundo, pero con contactos entre sí, aun cuando los contactos fueran indirectos y esporádicos, y con preocupaciones y logros a la postre parecidos.
Nahuas y quechuas hablaron idiomas distintos, vivieron en contextos geográficos también dispares, recordemos como muestra que, en tanto que en el área andina el hombre indígena domesticó varias especies de camélidos para obtener lana y fuerza de trabajo, en Mesoamérica lo único domesticable fue el perrillo, inseparable amigo del hombre en la tierra y según las antiguas creencias también mas allá de la muerte. En el área andina se trabajaron desde muy temprano los metales, cosa que no ocurrió en el México antiguo, sino hasta cerca del siglo X, d.C., y ello como resultado de la influencia procedente, en última instancia, de aquellos artífices de América del Sur. En cambio en México y Centro América se desarrollaron, desde el primer milenio a.C., las artes de medir con extraordinaria precisión los ciclos del tiempo y de preservar en grifos e inscripciones la memoria y la sabiduría del pasado para el presente y el porvenir.
En Mesoamérica se domesticaron y cultivaron la calabaza, el maíz, el frijol, el chile, el tomate, el cacao, el algodón...
En las tierras de Sudamérica hay paralelos y diferencias: los cultivos incluyen varios tubérculos, sobre todo la papa, la yuca o mandioca, distintas variedades de calabaza, la coca...
Coincidencias con Sudamérica y Mesoamérica fueron el maíz, el chile o ají, el frijol, el aguacate o palta, el algodón...
Sobre esas bases agrícolas iban a desarrollarse dos mundos de cultura que culminaron en dos grandes civilizaciones.

LA ETAPA CLÁSICA EN MESOAMÉRICA Y EN EL MUNDO ANDINO

En ambas regiones se desarrolla luego un periodo clásico o de gran florecimiento. Recordemos al menos los nombres de: Teotihuacan, en el altiplano, Monte Albán en Oaxaca, Tikal, Palenque, Chichén-Itzá en tierras mayas de México, Guatemala y Honduras.
Por lo que toca al que más tarde se llamará Tahuantinsuyo en el mundo andino, también hay asentamientos humanos donde la creatividad florece de modo notable:
Moche, en la costa norte, verdadera metrópoli de un pueblo dinámico y conquistador; Nazca, en la costa sur, celebres por su cerámica, su trabajo en metales y textiles. A la vez en el altiplano se inicia desde el siglo VI d.C. el esplendor de Tiahuanacu en las márgenes del Lago Titicaca, el más alto del mundo, a más de cuatro mil metros sobre el nivel del mar.

LOS MEXICAS (AZTECAS) Y LOS INCAS

Culminación de estas largas y paralelas secuencias históricas fueron las respectivas formaciones de dos poderosos estados que a su modo pueden llamarse "imperios", el Azteca y el Inca. En ambos casos, su florecimiento se desenvuelve entre los siglos XIV y XVI d.C. y concluye con la imprevisible presencia -conquista o invasión- de los hombres de Castilla. Y en ambos casos es así mismo entonces, cuando los tlamatinime, sabios nahuas y los amautas, también sabios quechuas en alto grado, contribuyen a recoger y preservar y enriquecer los legados de sus respectivos pasados con más de dos milenios de extraordinaria actividad creadora.
Sorprenderá a quien lea las leyendas sobre los orígenes de los mexicas y quechuas encontrar en ellas interesantes coincidencias. Conocidas son las crónicas de los mexicas que hablan de su salida de Aztlan -Chicomóztc, el "lugar de las garzas", el de "las siete cuevas"- y describen luego los principales sucesos de su peregrinación hasta llegar a la tierra que les tenia anunciada su dios, el islote de México-Tenochtitlan.
A su vez, los textos quechuas evocan como lugar de orígenes un sitio llamado Paccari Tampu (la Posada de la Aurora), allí existían varias cuevas y aperturas en varias cavernas. De ellas, como un amanecer, salieron los ancestros de los Incas, título de los supremos gobernantes. De la principal apertura o ventana, surgió Manco Capac, cabeza de la dinastía. Con el vinieron tres hermanos y tres hermanas. Por las aberturas de otras dos cuevas aparecieron todos los otros quechuas que formarían los más antiguos grupos emparentados entre sí, los primeros ayllus. Estos eran como clanes, de algún modo semejantes a los calpullis del ámbito nahua, así mismo, grupos de gentes emparentadas entre sí y núcleos básicos en la organización social prehispánica.
Al fin, tras peregrinar algún tiempo, llegaron al lugar predestinado: el Cuzco. En México, Tenochtitlan, la señal había sido el águila devorando una serpiente. En el Cuzco el Inca Manco Capac hubo de golpear la tierra en varios sitios con una vara de oro recibida del sol. Al fin encontró el lugar en donde el suelo se hundió al primer golpe, allí iba a fundarse la que llegaría a ser también una gran metrópoli.
Preocupación constante de quechuas y mexicas fue cumplir el culto de sus dioses, en particular de quien era su numen protector. Los mexicas, erigieron su adoratorio a Huitzilopochti identificado ya con el sol. Los quechuas se afanaron así mismo en la edificación de lo que culminaría con el paso de los años en su gran templo en honor de Inti, el sol.
Más de una centuria transcurrió desde las respectivas fundaciones del Cuzco y Tenochtitlan antes de que en la primera mitad del siglo XV quechuas y mexicas pudieron iniciar la época de su más grande esplendor. En el mundo mexica correspondió a Itzacoaltl (1426-1440), tras su victoria sobre los Tepanecas de Azcapotzalco emprender la transformación de su pueblo. En el ámbito andino fue Pachaeutic Inca Yupanqui (1438-1471), quien echó los cimientos, en alianza con otros grupos de idioma quechua de lo que llegaría a ser el gran imperio incaico.
La gran fuerza de expansión ejercida por las respectivas metrópolis -México Tenochtitlan y el Cuzco- hizo posible el florecimiento de dos formas de organización socioeconómica, política y religiosa que, aunque muy distinta entre sí, ostentan ciertos parecidos. Tanto en el Tahuantinsuyo de los Incas como en el Anahúac de los mexicas se consolidaron clases sociales bastante definidas por sus atributos y sobre todo por sus distintos modos de participación en los beneficios derivados de la producción.
Entre las muchas creaciones de estos dos pueblos extraordinarios destacan las producciones literarias. De hecho la mayor parte de las composiciones, cantares, leyendas e historias que han llegado hasta nosotros en quechua provienen del último periodo del que hemos estado hablando.

LAS LITERATURAS EN NAHUA Y QUECHUA

No debemos ir más allá en las comparaciones de lo que realmente puede fundamentarse en los testimonios que se conservan, los de la arqueología, y de las crónicas de tradición indígena y en ocasiones también del observado por algunos españoles del siglo XV. En lo que toca a nuestro asunto principal el de las "antiguas palabras" de nahuas y quechuas procederemos de igual forma, es decir que mantendremos la mirada abierta a semejanzas y diferencias.
En este punto importa tener presente un hecho del que pueden derivarse importantes diferencias en la preservación de las expresiones de uno y otro ámbito culturales. Mientras que en Mesoamérica hubo varias formas de escritura jeroglífica, principalmente la de Monte Albán, la - maya, la zapoteco-mixteca y la de los pueblos nahuas. En el mundo Andino, se conocen tan sólo los célebres quipus con nudos de diverso color y tamaño diferenciales colocados a distintas alturas sobre un cordón que se ata a su vez junto con una serie de ellos a otro que sirve de eje, constituye claramente un momento definido de su recordatorio de una contabilidad, conforme aseguran algunos investigadores. Algunos otros autores opinan que además algunos quipus se hacían para recordar motivos ideológicos, libertarios, legislativos, cantares y otros relatos.
En tanto los nahuas se servían de sus amoxtli, códices y de sus inscripciones en piedra y en otros materiales para hacer un registro esquemático de lo que deseaban retener en su recuerdo, los quechuas se valían de sus quipus. En los dos casos existía una forma tradicional oral, no meramente espontanea a ocasional, sino sistematizada con gran rigor en sus respectivas escuelas. Ello explica cómo, al ocurrir la conquista mucho se perdió -códices y quipus fueron objetos de persecución y destrucción-, al menos gracias a esta tradición sistematizada, bastante pudo ser rescatado. En tal rescate participaron sabios nahuas y quechuas que sobrevivieron a la conquista, y algunos frailes movidos unas veces por interés religioso, pero también a la postre guiados por un sentido humanista.
La importancia de los quipus era tan grande que existían los llamados quipucamayos que no solamente interpretaban los quipus, sino que tenían el papel de secretarios en diferentes niveles.

AMAUTAS Y ARAWIKOS

Además de los quipucamayos o escribanos, los cronistas con relación al imperio Inca nos hablan de otros dos personajes, los amautas y los arawikos.
El Inca Garcilaso de la Vega dice a propósito de los primeros "no les faltó habilidad a los amautas, que eran filósofos que componían comedias y tragedias que en días de fiestas solemnes se representaban ante reyes y señores en la corte. Los cuales no eran viles, sino incas y gente noble, hijos de curacas y los mismos curacas y capitanes de campo, porque los autos de las tragedias se representaban al propio cuyos argumentos siempre eran de hechos militares, de triunfos y victorias de las hazañas y grandezas de los reyes pasados y de otros heroicos varones.
Los arawikos, por su parte eran, en términos generales poetas, creadores: creadores de la lírica, la canción de tono amatorio popular y otras formas líricas. Y más en concreto, aun, los autores de los arawis.

LOS GÉNEROS LITERARIOS DE LAS OBRAS QUE HAN LLEGADO HASTA NOSOTROS

Cosa natural fue que quienes recogieron, transcribieron a partir del siglo XVI muchas de las composiciones indígenas, tanto en México como en el Área Andina las describieran de ordinario en función de categorías literarias de origen europeo. Así nos encontramos con designaciones como estas: "himnos sacros", "poesías épicas", "lírica", "elegías", "discursos admonitorios", "teatro", "crónicas o análisis históricos"...
Muy recientemente cuando para situar en su debido género, las obras que conocemos se ha inquirido en la antigua documentación en busca de los vocablos de las propias lenguas indígenas con las que en la época prehispánica se hacía referencia a los distintos géneros de producción. Así, en los casos de la literatura nahuac y quechua puede hablarse de sus varios géneros de composición atendiendo a su forma y contenido, valiéndonos para ello de las correspondientes terminologías indígenas.
En esta tarea de precisar los géneros sobre la base de conceptos y vocablos nahua y quechuas, realizaron una labor pionera respectivamente los maestros Ángel María Garibay y el boliviano Jesús Lara.
En el caso de la literatura nahua, el estudio de un gran número de sus composiciones nos lleva a distinguir dos géneros de producción literaria. De un lado están los cuicatl, vocablo que se ha traducido como canto, himno o poema. De otro, se hallan los tlatolli, término que significa palabra o palabras, discursos, relación. Si se quisiera establecer con todas las limitaciones del caso una comparación con las producciones literarias en lenguas europeas, diríamos que los cuicatl corresponderían a las creaciones poéticas con ritmo y casi siempre para ser cantadas, mientras que los tlatolli podrían equipararse a la prosa.
Así mismo, en lo que toca a la literatura quechua puede establecerse una primera forma de deslinde, como lo señala Jesús Lara. Existe un vocablo que de manera genérica denota las producciones cuya expresión va acompañada de un ritmo: el arawi, por razón de su propia etimología, durante mucho tiempo era el nombre con que se conocía todo verso, toda canción. Tenía su origen en el verbo arawiy, que significa versificar. Arawij o arawikuj, eran dos formas sustantivas con que se designaba al versificador, al poeta. Con el transcribir del tiempo y conforme vino evolucionando la poesía se circunscribió el significado de la palabra arawi a una manera peculiar de poesía amorosa
De hecho, como lo indica el mismo Lara, el termino arawi fue objeto de precisiones por medio de adjetivos que se le anteponían. Así, jarai arawi significó el canto o composición del amor triste, sankay arawi era en cambio canto de expiación, kusi arawi de alegría.
Si adoptamos ahora un enfoque comparativo para valorar los dos principales géneros existentes en la literatura nahua y quechua llegaremos a la conclusión de que cuicatl y arawi (producciones con ritmo para ser cantadas) guardan algunas semejanzas, a pesar de las diferencias. En lo que se refiere a los tlatolli en su aceptación de palabra, nos encontramos con las composiciones que en quechua se sitúan en el campo de los simi, también "palabra" solo que los quechuas describen de ordinario tal genero de producciones con una doble adjetivación Jawa, ser por encima de y rikuy, cosa muy de ver, es decir las palabras de cosas muy de ver que están por encima de lo común.
Pasemos a examinar las expresiones dotadas de ritmo ricas en metáforas y otros símbolos. Comencemos por los cuicatl de los nahuas:
Los teo-cuicatl, "cantos divinos", es decir composiciones en honor de los dioses, especies de himnos sagrados como la colección de 20 incluida en códice matritense o las que aparecen en otras fuentes, entre ellas la historia tolteca-chichimeca y el manuscrito de cantares mexicanos de la Biblioteca Nacional de México.
Los yao-cuicatl, "cantos de guerra" concebido para exaltar las hazañas de los grandes guerreros. Los xochicuicatl, "cantos de flores" en los que se evoca lo que hay de bueno en la tierra, el amor, la belleza de los bosques y las flores.
Los icno-cuicatl, "cantos de privación" o de reflexión profunda, meditación y búsqueda de maneras filosóficas. Son estas composiciones el mejor testimonio del desarrollo intelectual alcanzado por los nahuas. Sus autores fueron cuicapicque, forjadores de cantos o tlamatinime equivalente a sabio. Varias composiciones se encuentran en la Biblioteca Nacional de México y de la Universidad de Texas, en Austin.
En lo que toca a los quechuas, se conservan también varios autores conocidos, entre ellos Sinchi Roca, el segundo de los incas y del célebre Pachacutic Inca Yupanqui.
Entre los quechuas existían como ya vimos los arawi, genero que recibía tal designación para denotar su carácter rítmico, frases y oraciones a modo de versos que se entonaban en múltiples circunstancias. Con el paso del tiempo el vocablo arawi se aplicó de modo particular a los cantos de amor en sus distintas variedades.
Los huayños son como lo anota Jesús Lara "la expresión lírica mas completa del quechua". Entre ellos participaban bailando al son de la música quienes se entregaban por un momento a cuánto hay de hermoso en la naturaleza, el amor y la comprensión. Los aranway eran composiciones de tono jocoso. Lara nos dice que eran recitados en las faenas de la cosecha entre los soldados en campaña o entre los súbditos que se ocupaban en las obras publicas.
En lo que toca a representaciones escenificables y a lo que hemos descrito como "universo de la fiesta", además de lo manifestado acerca de los araway, debemos recordar la existencia de obras como Ollantay, verdadero drama en que la pasión del personaje central Ollanta da origen a enfrentamientos con el inca Pachacutic Yupanqui, al no conseguir le conceda este a su hija en matrimonio. Aunque mucho se ha discutido sobre el origen prehispánico de esta obra, los más distinguidos quechuistas se inclinan por ver en ella una producción netamente indígena.
Nuestra intención, como dijimos al principio, era tratar de abrir la conciencia doble, legado de antiguas palabras portadoras todas ellas del pensamiento, sabiduría y
belleza de los pueblos cuyas creaciones son parte de la raíz más honda en el ser de la América nuestra.

LITERATURA GUARANI

Egon Chaden, especialista brasileño en cultura guaraní, manifestaba que esta es "la vivencia mística con la divinidad".
Herbeth Baldus, etnólogo de la Universidad de San Pablo, al describir una danza ritual de los indios Tapirapé, afirma que en ella los participantes "se elevan sobre sí mismos: se elevan sobre la realidad cotidiana y se sumergen en otra. Dancé con ellas -agrega Baldus-, y sentí que la facultad de analizar se me disolvió en una sensación de bienestar".
Sin lugar a dudas, León Cadogan es quien mejor supo analizar la cultura guaraní. En su autobiografía manifiesta que, como fruto de más de cuarenta años y habiendo mantenido relaciones amistosas con los Mbyá, fue confidente de muchos de sus secretos y no titubeó en afirmar que, si los degenerados sobrevivientes de la raza guaraní han logrado conservar sus condiciones de seres humanos -en ciertos aspectos mejor dotados que nosotros- a pesar de la inhumana discriminación de que vienen siendo objeto desde hace más de cuatro siglos, ello se debe exclusivamente al hecho de que mediante la oración han logrado elevarse sobre sí mismos, sobre la realidad cotidiana y sumergirse en una realidad superior. Posiblemente, así sea debido a que los descubrimientos de colegas de Cadogan, confirmados y ampliados por sus propias investigaciones, y a que por norma él dedicaba diariamente un esfuerzo por elevarse sobre sí mismo.
En el amplio campo de la literatura guaraní, me voy a permitir transmitir lo que escribió Natalicio González, uno de los intelectuales más lucidos del Paraguay y de América, en su libro Ideología Guaraní, publicado por el Instituto Indigenista Interamericano, con sede en México, en 1958.
Dice don Natalicio que: "existieron entre los guaraníes dos sistemas de escrituras, pero su conocimiento y dominio eran atributos de unos pocos. Es probable que la gran masa haya asociado la idea de la magia al manejo de los signos misteriosos que transmitían a los iniciados un mundo, distante en el tiempo y en el espacio, con las transformaciones y los acontecimientos que bullen en su seno. Existió en el cerro de Yarigua-á, en el camino de Paraguarí a Misiones, y subsisten en las cordilleras, no lejos de Caacupé, lo mismo que en varios lugares del Brasil, caracteres ideográficos de procedencia guaranítica que nadie se ha preocupado de descifrar hasta la fecha. Para
las comunicaciones a larga distancia, las antiguas tribus usaron una especie de Quipus asociando una idea determinada a un objeto generalmente diminuto".
Y añade que: "El idioma de los guaraníes es aglutinante y en gran parte de origen onomatopéyico; es de estrictez matemática sin carecer de vuelo poético. Se trata de un instrumento de expresión que obliga al pensamiento a discurrir en riguroso orden lógico. La característica de su genio es la síntesis y la claridad; no admite, sino como un alarde lingüístico, las divagaciones indecisas y brumosas. Cada palabra es una palabra comprimida al extremo, a manera de un paisaje reflejado en una gota de rocío; es una densa condensación de vocablos lograda a través de sincopes, aféresis y apócopes. Por eso el que pretenda traducir literalmente una palabra guaraní tiene que recurrir a una frase, Yvytu, viento, al pasar al castellano se convierte en aliento de la tierra; pörá, hermosa, en semejante a la flor; tesa'y'i, pupila, en semilla de los ojos. "hermosa metáfora", comenta Manuel Gondra, al crear la cual, los guaraníes "no hacían otra cosa que trazar una imagen, tan expresiva como la que alguien ha pintado, al llamar a los ojos ventanas del alma. Sólo que el simbolismo de aquellos tiempos del guaraní obedecía a la necesidad de expresar ideas que carecían de signo y el del castellano de nuestro tiempo, al que en literatura general se da el nombre de lenguaje trópico, se propone principalmente embellecer la expresión. Por eso dijo el orador latino que con los tropos había sucedido lo que con el vestido, que sí debió su origen a las necesidades corporales del hombre, llegó a ser después obra de lujo y de arte, cuando este, no contento con la utilidad, buscó también en el agrado que produce la contemplación de los ojos bellos".
Termina diciendo que: "El indio cultivó con gran esmero su lengua amada y la hizo singularmente rica, flexible, llena de dulzura para traducir la emoción amorosa, cáustica para sátira, precisa y transparente en la argumentación. Es explicable esta afición al buen decir. La oratoria era uno de los recursos de que se valía el guerrero para conquistar la jefatura del ejército en las asambleas que precedían a toda acción bélica. Aun en los combates, a semejanza de los héroes o médicos, el mburuvichá, alternaba con los actos de audacia con melodiosas arengas. Los ancianos, a su vez, transmitían de generación a generación las grandes tradiciones de su raza y esta función de cronista oral la cumplían usando todos los recursos del idioma.

MÚSICA Y POESÍA GUARANÍES

Pero es principalmente el poeta, quien alcanza entre los guaraníes una categoría de ser excepcional. Es casi un sacerdote o un mago: el inspirado de la tribu. Aun en medio de las guerras, los odios de los bandos se aplacan a su paso para dejarle discurrir libremente a través de los campos rivales. "Los poetas -escribe a mediados del siglo XVI Gabriel Soares-, gozan entre los Tupinambás de tal estima, que se introducen entre sus enemigos, sin sufrir la menor ofensa". Singular privilegio, que hace pensar en la existencia de aedas errantes que recogen en sus cantos las tradiciones milenarias de la raza, como en la Helade Prehistórica.
Simultáneamente, de la misma caótica matriz de un mundo que arrancaba de la noche como una aurora, nacieron entre los guaraníes la poesía, la música y la danza. Lery nos ha conservado un trozo de música guaraní, que oyó ejecutar a los indios de la costa brasilera, hacia 1556, y en los tiempos modernos el sabio Martius también recogió melodías guaraníes entre tribus que permanecían puras y alejadas del contacto de los blancos, "los tupinambás -dice por su parte Gabriel Soares- se precian de grandes músicos y, a su modo cantan agradablemente, pues tienen buenas voces; pero todos cantan a un tono, y los músicos improvisan coplas con sus correspondientes replicas que acaban con el consonante de aquellas. Uno solo dice la cantiga, y los otros responden con el estribillo, cantando y bailando simultáneamente en ruedo. Uno tiene el tamboril, en que duplica los golpes; otros traen el mbaraca que es una calabaza con unas piedrecitas dentro, con cabo, por donde lo empuñaban a veces, andan cantando entre ellos un par de mozas, entre las que hay también grandes músicos, y por eso muy estimadas".
No solo poetas, sino también poetisas tuvieron los guaraníes y ambos cultivaban con brillo el arte de la improvisación.
En Bolivia, un hecho destacable dentro de los guaraní-chiriguanos fue en América el reducto autóctono más importante que había logrado frenar cuatro siglos de constante presión para ser conquistados y civilizados por quienes codiciaban su territorio. Conjuntamente los mapuches de Chile son los grandes testimonios indígenas de la resistencia anticolonial.
Lamentablemente correspondió al ejército del flamante Estado de Bolivia dar un fin brutal a esta heroica y desesperada resistencia. En Kurujuky las flechas y palos de miles de defensores no pudieron ante las armas del ejército. Eso fue el 28 de enero de 1892.
Un discípulo de Cadogan, el padre jesuita Batolomeu Meliá, es la persona que ha investigado mas sobre la cultura guaraní, en su libro "Ñande Reko: nuestro modo de ser".
Finalizamos manifestando que en el aspecto literario los guaraníes de Bolivia forman parte de esa gran matriz cultural que ha tenido como su punto nodal de extensión al Paraguay.
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IMAGEN Y SÍMBOLO DEL PADRE
EN LA NARRATIVA PARAGUAYA
BOUJEMÂA EL ABKARI
Universidad Hassan II, Mohammedia (Marruecos)

IMAGEN Y SÍMBOLO DEL PADRE EN LA NARRATIVA PARAGUAYA *
*El tema de: "La Figure du père dans la littérature" en la Facultad de Letras de Mohammedia. 2007.

La figura del padre se ha convertido en un tema central para muchos narradores en lengua española durante estos últimos años (La figura del padre en la literatura española e hispanoamericana ha suscitado un gran interés, particularmente en Francia; basta recordar algunos estudios de los profesores Amadeo López, Sadi Lakhdari, María A. Semilla Durán, entre otros, para darse cuenta de la importancia de este personaje literario. Cf. López, Amadeo (Ed.), L'image parentale dares la littérature de langue espagnole, Paris, Publication du Centre de Recherches Ibériques et Ibéro-américaines, Université de Paris X-Nanterre, 2 tomes, 2000 et 2001.). El padre como personaje literario cobra una trascendental importancia en la narrativa paraguaya, debido a que es multifacético, plural y polémico. De hecho, la figura del padre puede ser tratada desde varias perspectivas: la familiar, con su papel céntrico y decisivo en varios niveles, la sociológica, en que el padre podría encarnar el pasado histórico, o sea, el origen identitario, y la sicológica, poniendo de relieve la complicación humana que encierra, muchas veces, la relación entre padre-hijo e hijo-padre y, evidentemente, los complejos resultados de ella.
En esta ponencia, intentare analizar algunas de estas dimensiones que frecuentemente se superponen, se entrecruzan y se compenetran en varios textos de la narrativa paraguaya contemporánea, particularmente en los de Gabriel Casaccia y Augusto Roa Bastos.
Los primeros capítulos de Hijo de hombre, novela de Roa Bastos, presentan a los principales personajes y lo que atrae la atención del lector es, seguramente, el encuentro y el casamiento de Casiano y Natividad después de huir de las autoridades gubernamentales, a raíz del fracaso del levantamiento agrario de 1912 en Sapukai -su pueblo natal- en el que toma parte Casiano. Su fuga les conduce a Tururú-Pukú, pueblo yerbatero perdido en el corazón de la selva. Con la decisión de ir a trabajar en un yerbal y el nacimiento de su hijo, a quien llaman Cristóbal como su abuelo paterno, se funda la familia de los Jara.
Al principio de su llegada a Tururú-Pukú, Casiano Jara soporta las inhumanas condiciones de trabajo en el yerbal porque necesita mantener a su familia. Sin embargo, no admite que su hijo nazca y viva en ese espacio carcelario y cruel. Así que decide con Natí escaparse para salvar a su hijo de la explotación y la miseria, sabiendo de antemano que es una empresa casi imposible, porque, según la leyenda, nadie pudo hacerlo, debido a la crueldad de los salvajes capataces del yerbal. En este caso, Casiano se revela como padre caracterizado por un gran espíritu de responsabilidad y sacrificio para salvar a los suyos y pensar en ofrecerles una vida digna y mejor.
De esta manera, la imagen del padre, representada por Casiano Jara, cobra una dimensión simbólica al escapar heroicamente del yerbal y al arrastrar sobrehumanamente el vagón -que sirvió para que se abortara brutal y bárbaramente la "revolución" de Sapukai- hasta la selva, en los bordes del pueblo. Allí, el ex "cabecilla de la rebelión en las solerías de Costa Dulce" y el partidario de la sublevación agraria, decide vivir con su familia para nunca olvidar la tragedia sapuqueña, de los mensús, de los obreros de los yerbales, de este modo iniciar a su hijo defender la justicia y la cause de su grupo social desfavorecido. En efecto, Cristóbal Jara crece y madura en el vagón-hogar paterno.
En medio de la miseria y la violencia, el peón-padre se arma solo de voluntad. La férrea voluntad de los mensús de los obreros, de los yerbales, la encarnan Casiano Jara -y, más tarde, su hijo Cristóbal- con gran brío. Casiano Jara llega a vencer -en sí, primero- el temor a la muerte y, luego, los riesgos de la selva, las armas, los caballos y los perros de los capangas que los vigilaban, de hecho, reafirma la gran capacidad del peón por soportar las adversidades, el fervor patriótico, el gran apego a la familia y a los valores guaraníes ancestrales como la solidaridad, el amor al prójimo, el sacrificio... Jara es un padre tradicional en la coyuntura rural en la que vive, y "vivió para su familia y murió en la dignidad". Casiano Jara es modélico no solo para su hijo, sino también para su pueblo. La relación padre-hijo, dentro de los lazos de la familia, es sólida y bien fundada, asentada en el amor, la confianza, la admiración y el respeto mutuo.
Años más tarde, Cristóbal Jara participará en otra sublevación que se preparara en el mismo pueblo. De hecho, la historia parece repetirse: "Tierra y libertad" se convierte en grito y consigna de la lucha fratricida del pueblo de Sapukai. Cristóbal reanuda con los ideales de sus padres y el ciclo de protesta y rebeldía. Los sapukeños lo apodan "Kirito" (deformación de Cristo), lo que es muy elocuente. El narrador lo presenta como "un muchacho de veinte años. O de cien”, o sea, Cristóbal no parece tener edad, porque es una especie de puente que asegura la unión entre las generaciones de luchadores y combatientes incansables como su padre.
Si en la sociedad rural el padre es el determinante en una familia campesina, sin embargo, para muchos jóvenes rurales, este personaje no parece tan necesario, está muy desvalorizado. Su olvido en oposición a la madre. La ausencia del padre con sus distintas consecuencias está ampliamente representada, como se percibe claramente por los novelistas paraguayos, como aparece, por ejemplo, en La babosa y La llaga de Casaccia y que alcanza dimensiones míticas en Yo el Supremo de Roa Bastos.
En dichas narraciones, la mayoría de los jóvenes personajes oriundos del campo y que viven en la ciudad, particularmente en Asunción, evitan hablar de sus padres o intentan olvidarlos completamente. Entre los más representativos, podemos citar a Miguel Vera, protagonista de Hijo de hombre y, sobre todo, a Ramón Fleitas, uno de los principales personajes rurales de La babosa. Para ellos, el padre les recuerda el origen socio-geográfico indeseable, que remite a un perdido pueblo de donde quieren escapar definitivamente mediante los estudios o la carrera militar o el trabajo en cualquier sitio urbano. Estos jóvenes pretenden que la ausencia del padre en vida, no les causa grandes perturbaciones psicológicas, por el contrario, lejos del territorio paterno-el pueblo natal-, se creen "otros", plenamente "realizados" y decididos a ascender socialmente. Sin embargo, su naturaleza rural inherente perturba frecuentemente su presenta integración ciudadana, de hecho, la falta de referencia paterna en su vida deja un gran vacío, lo que los sumerge en una enfermiza aculturación.
La llaga, en cambio, presenta un caso verdaderamente patológico cuya causa es la ausencia del padre. Después del suicidio de Francisco Cantero, Atilio, el hijo adolescente de dieciocho años, cambia totalmente su comportamiento con su madre, Constancia. La desaparición del padre condena a Atilio a la soledad absoluta, ya que no comprende el porqué del suicidio de su padre:
-¿No será que papá se mato porque se sentía solo, aislado? (...) Yo también suelo sentirme solo, aislado, y eso me angustia como si viese el vacio bajo los pies.
Atilio pierde a su padre, lo que lo conduce a sentirse solo y aislado, huérfano y desamparado. Su madre lo decepciona mucho, no le conforta en nada, porque no aporta explicaciones convincentes a las preguntas relativas al suicidio de su padre y no le ayuda a independizarse económicamente, a pesar de tener un buen proyecto para eso. El se lo reprocha explícitamente:
Me tratas como a un chico. Me haces pasar por enfermo delante de Rosalía para explicar nuestra estadía aquí… No quieres que me libere de tu tutela. Le pones trabas e inconvenientes a este negocio de la ladrillería porque temes que me independice de vos y pueda pacer mi voluntad.
El negocio que se propone realizar Atilio favorece evidentemente la maduración autónoma del adolescente, por la presencia de su madre, solicita la contribución económica o, por lo menos, necesita que ella le devuelva lo que le toca de la herencia del padre. El raro comportamiento de su madre lo empuja a acusarla directamente de ser el responsable del suicidio, sobre todo, al descubrir que ella tiene una relación intima con Gilberto Torres, pintor y amigo de la familia. Atilio la interpela de esta manera:
-¿No te sentís en nada responsable de la muerte de papá? ¿No has dudado nunca de ti misma? Responsable..., aunque sea una parte pequeñísima.
Al principio, Atilio no está seguro de que el suicidio de su padre se debe a que este comprendió que su mujer lo traicionaba, y que por eso prefirió quitarse la vida. Atilio presiente que su madre le disimula la verdad:
Atilio levanto la frente y miro larga y profundamente a su madre. Algo le ocultaba. No era posible que dos cuerpos que han dormido durante años todas las noches juntos, y cuyas carnes y sudores se han mezclado, al darse la muerte uno de ellos el que queda no siente en los labios, en la punta de los dedos, en la piel, el secreto de la muerte del otro.
Atilio aspira a desempeñar un papel activo en el curso de su vida, quisiera que su madre lo considerara adulto, un hombre. Además el joven reivindica el derecho de reemplazar a su padre y de asumir su responsabilidad en el seno de la familia:
Yo quiero intervenir en los asuntos de mama. Ahora que soy más grande -y pronuncio esta palabra un tanto cohibido- tomare el lugar de mi padre."
En efecto, el hijo desea apropiarse de los atributos paternos, creyendo que eso le permite alzarse a la altura del padre bajo la mirada admirativa de la madre, esta rechaza su proyecto temiendo perder su libertad. Así, Constancia le margina en las decisiones relativas a los bienes de la familia y a su vida personal. Atilio se siente paulatinamente abandonado y su integración familiar se hace cada vez más problemática. Ese rechazo se confirma, sobre todo, cuando descubre que su madre le miente y le engaña -"lo traiciona"- como lo hizo con su padre. Entonces, el hijo se identifica con el padre, ambos son víctimas de Constancia. De ahí, al destino del hijo se enmarca el del padre. Atilio reflexiona diciendo:
Pero entonces a mi padre le sucedió lo mismo que me está pasando a mí. Se repite en mí ahora punto por punto el mismo drama que lo llevo a matarse y que también me llevara a mí si no dejo de pensar.
Para apaciguar la inquietud de su hijo, Constancia intenta proponerle o, mejor dicho, imponerle a Gilberto, un sustituto del padre desaparecido. Vano esfuerzo, el joven no encuentra ningún punto común entre su padre y el amante de su madre. Atilio les rechaza a ambos, lo que fragiliza todavía más la complicada personalidad del adolescente incomprendido, solitario y triste.
La tensa relación que mantiene con su madre aumenta sus interrogantes y preocupaciones. Entonces, la "viuda de Cantero" adopta una estrategia maquiavélica para avasallar y debilitar al vulnerable joven adolescente: trata de seducir a su propio hijo excitando sus sentimientos sexuales. Atilio resiste difícilmente a la tentación incestuosa, lo que compromete profundamente su frágil psicología de "niño" sin padre frente a una madre coqueta y caprichosa que no admite su envejecimiento. Así, ella cree demostrar que sigue siendo todavía una mujer deseable.
Frente a esta situación adversa, Atilio se ata casi frenéticamente a la imagen de su padre, intentado suavizar la angustiosa crisis edipiana. El joven evoca siempre los momentos felices pasados a su lado. Las pocas cosas que le quedan de su padre -sobre todo el revólver- lo torturan y, al mismo tiempo, avivan en él un fuerte deseo de encontrar una explicación a su muerte.
Al final de la novela, rechazado por la madre, sin padre, frustrado y decepcionado, Atilio se venga de ella y de su amante revelando a la policía el proyecto revolucionario que preparan el coronel Matías Balbuena y su cómplice Gilberto Torres. El militar logra escaparse, pero el oportunista pintor es detenido y luego exiliado a los amantes a Argentina. Los hechos consiguen separarlos definitivamente. Sin embargo, la madre pierde todo el dinero que dejó Francisco Cantero a su familia y que ella viene negando a su hijo.
Inestable, decaído, incapaz de descubrir las razones de la muerte del padre "vengado" y de sobrepasar sus propios complejos, Atilio cede a la idea que le obsesiona profundamente:
-Hay instantes (...) que creo que si me pegase un tiro en ese mismo instante, como en un relámpago, se me revelaría ese secreto que busco.
Sin ningún punto concreto de apoyo estabilizador, Atilio fracasa en su penosa y desesperada búsqueda del "secreto". La ausencia del padre significa, además de la orfandad, la perdida de referencias y del equilibrio psicológico. Ello conduce irremediablemente a la desesperación absoluta y, por lo tanto, al suicidio siguiendo el modelo de su padre. Sus destinos están así intrínsecamente unidos en la frustración y en el fracaso.
El protagonista de Yo el Supremo de Roa Bastos presenta otro caso todavía más complejo. Se trata de un dictador, personaje característico de la novela hispanoamericana contemporánea, en particular. En general, muchos novelistas prefieren presentar a este personaje con rasgos definitorios generales, inspirados de distintos dictadores del continente con el objetivo de darle una dimensión connotativa y simbólica.
En cambio, en su esencia, el dictador de Roa Bastos corresponde a un personaje histórico concreto: José Gaspar Rodríguez de Francia, producto de unas circunstancias socio-históricas y políticas, el movimiento de la independencia del país. De hecho, Yo el Supremo se apoya en muchos acontecimientos históricos que el novelista paraguayo desentraña e invierte en la novela con gran maestría.
A lo largo de la narración, no aparecen frecuentes referencias a sus padres ni a su genealogía. Incluso, el Dictador intenta disimular sus orígenes y su relación con su familia. Sin embargo, en las pocas veces en que sus detractores aluden a sus padres biológicos lo califican de "hijo de inmigrante" o "de extranjero, debido a que el origen del padre parece confuso. Algunas versiones que se leen presentaron al niño José Gaspar como fruto del matrimonio de doña María Josefa Fabiana Velasco, dama patricia, con el "advenedizo y plebeyo portugués José Engracia, o Graciano, o García Rodrigues", nacido el 6 de enero de 1756 o diez años más tarde, es decir en 1766. Al contrario, otras versiones, afirman que José Engracia tuvo al niño con su "barragana o concubina" que, al parecer, lo acompañaba al venir al Paraguay, "entre el grupo de portugueses-brasileros contratados por el gobernador Jaime Sanjust a solicitud de los jesuitas, en 1750, para trabajar en los campos de tabaco. Y aun, otras versiones precisan que el padre del futuro dictador era oriundo del "distrito de Mariana en el Virreynato del Janeiro", según la confesión del propio carioca ante el gobernador Lázaro de Ribera. Por otra parte, el Dr. Francia reitera casi obsesivamente que su padre era francés, mientras que algunos de sus partidarios afirman que era español de las "Sierras de Francia, región enclavada entre Salamanca, Cáceres y Portugal. Así, pues, el dictador es hijo de extranjero y de dos madres, una patricia y otra plebeya como parece haber sido el padre. Lo cierto es que don José Engracia vivió más de 60 años en Paraguay y pudo medrar socialmente ejerciendo varios oficios: peón, comerciante, militar y, por fin, "regidor administrador de Temporalidades en los pueblos de Indios". A pesar de ello, "nadie sabe quién es ni de dónde ha venido". Así, el dictador presenta a su padre como extranjero con mucha confusión, ya que no se sabe exactamente si es brasileño, portugués, francés o español y, sobre todo, no se explica cómo pudo contraer matrimonio con una mujer Patricia, siendo plebeyo.
A lo largo de la narración, el dictador -ya viejo- recuerda muy pocos sucesos de su niñez. La relación padre-hijo, no fue siempre positiva ni agradable debido en gran parte, precisamente, a la ambigua genealogía del padre. La mala convivencia de ambos se revela a través de los viajes "iniciáticos" que emprendió el hijo en compañía de su padre. La presencia del hijo a bordo del barco del padre, justifica por la enfermedad de la madre que perdió el habla. Al referirse a su madre, el niño la califica de "muda", de mujer "sin voz humana". Incapaz de comunicarse directamente con él. La desprecia profundamente, no solo la deshumaniza a causa de su enfermedad, sino también la condena por su supuesta infidelidad y vileza, ya que, insinúa que tuvo una relación con otro hombre, el coronel Espínola y Peña "de quien también se murmuraba que era mi verdadero padre".
Aunque el padre del dictador ha sido calificado varias veces como extranjero aventurero, en el se evidencia su preocupación por la educación y el porvenir del hijo, lo cual subraya el compromiso paterno para con su familia y el deseo de una vida mejor para su niño. Este deja constancia de ello. Aunque con cierto escepticismo:
Mi supuesto padre ha decidido enviarme a la Universidad de Córdoba. Quiere que me haga cura.
La Universidad de Córdoba es la más antigua de Argentina y una de las primeras del continente. Allí, estudiaron los hijos de los notables patricios y de ricos mestizos y se formaron las elites de los futuros dirigentes de las jóvenes naciones del Río de la Plata. Pero el niño parece no creer mucho en el amor de su padre, no valoriza su decisión, interpretándola más bien como un motivo para abandonarlo y liberarse de su "fastidiosa presencia" que el producto de la voluntad firme para proporcionarle una buena educación.
En el fondo, el niño nunca tuvo confianza en sus padres; los propósitos relativos a los suyos se desprende casi siempre un rechazo implícito a sus padres. Se refiere a sus padres en estos términos:
"el que dice ser mi padre" (...) "mi presunto padre" (...) "la dama patricia que pasa por ser su esposa, que pasa ser mi madre”.
El futuro dictador parece tener una curiosa inclinación a ser ingrato, rebelde y condenatorio de sus padres. En efecto, el adolescente ingresa a dicha Universidad y pasa largos años en su seno estudiando teología; se gradúa de doctor, ejerce el cargo de Clérigo y, luego, el de abogado en Córdoba, hasta que un día se entera de los abusos que cometen los miembros de su familia en Yaguarón, el pueblo indio que administra su padre. Uno de los narradores de la novela alude en estas palabras a la sorprendente reacción y curioso comportamiento adoptados por el Dr. Francia:
Cambia radicalmente. Así, mientras los oprimidos naturales abandonan su ancestral heredad, el ex Clérigo en Ordenes Menores de Córdoba, se lanza de la noche a la mañana a los excesos de un desenfrenado libertinaje.
Se convierte en loco adorador de Venus. Busca amoríos fáciles, aventuras sin pena, mujeres alegres. Las noches las consagra a juergas interminables. Recorre en grupo los arrabales de la ciudad dando serenatas, interviniendo en bailes orilleros.
Frente a los abusos y a la injusticia cometida por su padre y sus hermanos contra los indias, la actitud del rechazo de la familia del Dr. Francia-niño se incrementa y madura en el. De ahí, surge la mala conciencia de la indignación moral que pretende experimentar el futuro dictador. El cambio en los modos de vida y conducta del Dr. Francia lo justifica como una especie de reacción contra la irresponsabilidad de su padre en ejercer el poder y de caer en la depravación absoluta.
En una nota a cargo del Compilador -uno de los narradores de la novela que suele incursionarse en la conciencia del Supremo Dictador para elucidar los motivos de los "actos supremos"-justifica, precisamente, el cambio radical en el comportamiento del ex Clérigo en estas palabras:
¿Hacer tanto sacrificio por el decoro de un nombre, blanco de terribles ataques, cuando allá en Yaguarón su padre y sus hermanos Pedro y Juan Ignacio enlodaban no solo el nombre sino la tradición de toda la familia en bacanales con indias y mulatas?
De este modo, se subraya que, a pesar del desamor, desconfianza y rechazo que caracterizan la postura del hijo para con su(s) padre(s), en el fondo, él trata siempre de honrar el dudoso nombre de la familia y obrar su favor". Sin embargo, la permanente tensión implícita existente entre padre a hijo les aleja uno del otro durante muchos años y les conduce a la inevitable ruptura definitiva.
Empujado por el sentimiento y el deber paternos, don Engracia, viejo y agonizando, quiere ver a su hijo y reconciliarse con él antes de morir, pero el Dr. Francia no respeta la última voluntad de su padre, al contrario, se opone a toda normalización de la relación y rechaza categóricamente sus reiteradas imploraciones y suplicas. Incluso, se comporta con el sin ninguna piedad, rechazándolo rotundamente, como se ve en ese pasaje:
Ya le he dicho que no me liga a ese hombre vivo o muerto ningún parentesco (...) díganle que se vaya al diablo."
Muchos años más tarde, el Dr. Francia se confirmara como un gran hombre de Estado; sin embargo, la cuestión de sus orígenes seguirá vigente en sus preocupaciones existenciales. El ejercicio del poder político durante largo tiempo lo ira convirtiendo en otro. En uno de sus muchos delirios, se vislumbra la dimensión que toma para él dicha cuestión de sus orígenes:
¡Señor... el padre de S. Md. lo manda llamar!... Déjese de tales zonceras, contramaestre. En primer lugar, no tengo padre. En segundo, si se trata del que usted llama mi padre, ¿no lo están velando allá arriba? Sí, Señor; don Engracia acaba de morir. Pues bien, yo acabo de nacer.
Precisamente, a partir de ese momento, la narración cuenta el segundo nacimiento del Dictador Supremo. Para afirmar su soberanía absoluta -al darse cuenta de que se está desviando de su primer proyecto socio-económico y político que pretende obrar a favor del pueblo y de la nación-, el Supremo insiste incansablemente en que no fue concebido por ningunos padres humanos y mucho menos por una mujer. Esas fantasías corresponden, efectivamente, a que nunca se pudo aclarar completamente su origen. El Supremo pretende sustituir la idea de una procreación sexual -idea que evoca la dependencia existencial- por la fantasía de su autocreación. De este modo, la dualidad original hombre-mujer se halla reemplazada por la unidad de una conciencia muy particular y netamente masculina. De hecho, el Supremo elimina totalmente la huella del otro sexo -el femenino- dentro de sí. La idea de auto-engendramiento constituye una de las mayores obsesiones del Supremo, se reitera en sus escritos en el llamado "Cuaderno de bitácora" y "La voz tutorial". A través de sus meditaciones y pensamiento, el Supremo llega a la conclusión siguiente: no fue UNO que nació de Dos, al contrario, fue DOS que de UNO. El Supremo no fue concebido sexualmente sino nació gracias a la fuerza de su pensamiento. En realidad, la idea del desdoblamiento estructura casi toda la obra. El Supremo se hizo doble de sí mismo, lo que explica en parte el título de la novela (Yo+EL = Supremo). De este modo, el Dictador absoluto entra en un proceso esquizofrénico evidente: "Yo he nacido de mí y Yo solo me he hecho Doble".
Todas estas pretensiones del Dictador abren las puertas a la cuestión del origen mítico. El DICTADOR nace como héroe mítico, origen desconocido y en circunstancias misteriosas. El SUPREMO DICTADOR no reconoce a sus padres naturales, ya que los héroes míticos no necesitan ascendencia ni genealogía alguna, porque son fruto de sus propias obras. Este es el objetivo al que quiere llegar el Supremo.
Hay que recordar que el Doctor Francia fue elegido democráticamente por el pueblo paraguayo, primero, Dictador y, luego, Dictador Perpetuo. Así, Francia es el único, quizás, dictador latinoamericano en el sentido de la legislación romana. El Dr. Francia no fue un militar; al contrario, se opuso violentamente a todas las ambiciones desmedidas de poder y grandeza de los militares. Fue un político y un intelectual que pudo llevar a su país a la autodeterminación y a la autonomía total en unas circunstancias muy adversas. Es el fundador político de la nación y del Estado paraguayos. En el seno de la sociedad encarna la figura del Gran Padre de la Nación. El propio Roa Bastos pone de relieve la importancia histórica de este personaje:
Esta figura histórica de Gaspar Rodríguez de Francia, unida y confundida con su figura mítica, forma un personaje que domina inescrutable y severo el trasfondo de la sensibilidad de la Nación paraguaya que tiene en él su prócer fundacional."
Evidentemente, como todo hombre político que permaneció mucho tiempo en el ejercicio del poder (26 años), Francia cayó en el Poder Absoluto, en el despotismo totalitario. Con el tiempo, el Supremo consideró poder como el ejercicio natural, único e indivisible; así define a su identidad y función:
El Supremo es aquel que lo es por naturaleza. Nunca nos recuerda a otros salvo a la imagen del Estado, de la Nación, del pueblo de la Patria."
El Supremo se identifica con la Nación y todo lo que simboliza; su poder es una emanación del pueblo -y no de orden divino-. De esta manera, el Supremo legaliza y legitima su poder absoluto:
El Supremo Dictador no tiene viejos amigos. Sólo tiene nuevos enemigos. Su sangre no es agua de ciénaga ni reconoce descendencia dinástica. Esta (sic) no existe sino como voluntad soberana del pueblo, fuente del Poder Absoluto, del absolutamente poder.
El paternalismo ideológico del dictador lo lleva a considerar el poder como practica indivisible, no puede descansar en delegados. Por eso, los intermediarios entre él y el pueblo, entre el padre y el hijo, son innecesarios, porque lo debilitan, lo aflojan". Así, el Supremo monopoliza paulatinamente la autoridad suprema, va acumulando los poderes y, como lo señala él mismo, "el Poder Absoluto está hecho de pequeños poderes", de hecho, el Karaí-guasú llega a extender su poder e imponer una verdadera tiranía en el país.
A modo de conclusión, se puede afirmar que en esta breve aproximación al tema, el padre se revela como una figura clave en muchos textos narrativos paraguayos contemporáneos. La compleja relación paterna actúa, tanto en la narrativa de Casaccia como en la de Roa Bastos, como un verdadero motor dramático y desencadenante de la acción. Su simbología contribuye a enriquecer visiblemente la dimensión ficticia de las obras estudiadas y de muchas otras.
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LOURDES TALAVERA - REALISMO SOCIAL EN LA NOVELA CONTEMPORÁNEA PARAGUAYA (1990 - 2007) / Fuente: REVISTA DEL PEN CLUB DEL PARAGUAY. IV ÉPOCA – Nº 18.


REALISMO SOCIAL EN LA NOVELA
CONTEMPORÁNEA PARAGUAYA (1990 - 2007)
PONENCIA DE
LOURDES TALAVERA
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REALISMO SOCIAL EN LA NOVELA
CONTEMPORÁNEA PARAGUAYA (1990 - 2007)
Los primeros intentos de análisis social de la realidad paraguaya, más allá del contexto ideológico de la dictadura, la realizan autores extranjeros a partir de los años 60. En ese tiempo, también, RAMIRO DOMÍNGUEZ publica una investigación suya: "EL VALLE Y LA LOMA" (1966) que aporta características culturales y sociales paraguayas anteriores a la construcción de la represa hidroeléctrica de Itaipú.

En los años 70, los departamentos de Caaguazú, San Pedro, Amambay, Canindeyú y Alto Paraná se adscriben a la explotación de la yerba mate y la madera. Se inicia un proceso de depredación ecológica y humana, con la destribalización y desmantelamiento de los grupos humanos de la Región Oriental del país. El modelo económico agrícola-ganadero de la economía vigente se convierte en otro: agro ganadero-exportador.

El proceso de abordaje social de la realidad del país se traduce en la novela "LA BABOSA" de Gabriel Casaccia y "FOLLAJE EN LOS OJOS" de JOSÉ MARÍA RIVAROLA MATTO. "HIJO DE HOMBRE" de AUGUSTO ROA BASTOS y "EL PECHO Y LA ESPALDA" de JORGE RITTER, exponen la vida del campo y el drama social del campesino paraguayo. La problemática de la tierra y los campesinos aparecen en la narrativa paraguaya acompañando a la resistencia ante la opresión de una nefasta dictadura. La temática social en la novela paraguaya, va tornándose específica, y en la década de los 90 se vuelve de "frontera" con algunas características regionales como en el caso de "TIERRA DE NADIE. NINGUÉM" de AUGUSTO CASOLA.

Así, también, RENÉE FERRER con "VAGOS SIN TIERRA"; ANDRÉS COLMAN GUTIÉRREZ, "EL ÚLTIMO VUELO DEL PÁJARO CAMPANA" y MARIBEL BARRETO, "CÓDIGO ARAPÓNGA", son ejemplos que ilustran la evolución de dichos temas en el contexto histórico, político y social predominantes en el país.

EL SUMO DE LA TIERRA PROMETIDA

A finales del siglo XVIII, la población de los territorios avanzaba hacia el norte de la Región Oriental del Paraguay. Los oficiales militares se servían de los soldados y de los campesinos para realizar esta acción colonizadora. "VAGOS SIN TIERRA", novela de RENÉE FERRER, es una narración que se inicia en la época de la colonia y llega a la de la independencia y se relaciona con la figura del dictador Francia. Algunos ejes sociales que aparecen en la trama de la narración son: la identidad y el mestizaje, la subordinación de las mujeres, y el abuso sexual. La denuncia social ante la expansión demográfica con vistas a la ocupación y población de nuevas tierras y el sostenimiento de la misma en los hombros de los campesinos más pobres, se hace evidente en el transcurso de la obra.

El sueño de la "tierra prometida" para estos vagos, colonizadores migrantes, está lleno de entresijos que pasan desde la nostalgia por la vida anterior abandonada para aventurarse a lo desconocido como a los problemas para acceder a la tierra propia, titulada. Dichos obstáculos son similares a los de nuestro tiempo en cuanto a la posesión legal de la tierra, con título de propiedad y la política agraria vigente. Las penurias de los más desfavorecidos se retratan de manera cruda, y dan una sensación desolada al lector acerca de la satisfacción de las necesidades básicas de este grupo que busca alcanzar como meta la posesión de una parcela de tierra, para asentarse en un lugar y construir una comunidad con identidad propia.

VISTA DE PÁJARO

La novela de MARIBEL BARRETO "CÓDIGO ARAPONGA" y la de ANDRÉS COLMAN GUTIÉRREZ "EL ÚLTIMO VUELO DEL PÁJARO CAMPANA" reflejan la vida de la frontera del Paraguay con Brasil, de una manera bien particular y en dimensiones temporales diferentes. Ambas manifiestan signos familiares que provienen de la historia y del mito. Araponga en portugués significa pájaro campana, y se trata de una especie aviaria en riesgo de extinción.

Según ROLAND BARTHES, la vista de pájaro constituye el advenimiento de una percepción nueva que tiene el nombre de: desciframiento. Mirar desde la altura, con vista de pájaro, es tener la oportunidad de ver un mundo decodificado y no solamente perceptible. De esta manera, la frontera entre Paraguay y Brasil se convierte bajo la mirada del pájaro campana o Araponga en objeto inteligible sin perder por eso su materialidad. Se ofrece como un espacio funcional que separa, armoniza y ella está dispuesta para la inteligencia e imaginación. El lector de ambas novelas se impregna de una mirada nueva donde el panorama le muestra imágenes que el debe descifrar, a la vez que intenta reconocer lugares e identificar las señales del mito del desarrollo económico.

Entonces, la mente tiene que ponerse a soñar la mutación del paisaje (las selvas son reemplazadas por los campos cultivados de soja y trigo); el asombro que surge del espacio (la invasión del territorio paraguayo por los brasileros sin resistencia de defensa paraguaya alguna); del misterio del tiempo sumergido en la interacción cultural que despoja de identidad propia a las personas que pueblan esa zona. La expansión colonizadora en la zona fronteriza con el Brasil y construcción de la represa hidroeléctrica de Itaipú, una vez que la vista de pájaro las ha tocado con el halito de la historia y el tiempo, muestran la miserabilidad humana de los personajes que están influenciados por este hecho. La corrupción, el contrabando, la deforestación continua y la degradación ecológica son consecuencias del modo de vida imperante.

La aparición de nuevos estratos sociales donde los más privilegiados pertenecen al entorno del poder de los jerarcas de turno, los ingenieros, técnicos especializados de la represa, mientras que los más desfavorecidos sostienen la base de la nueva organización piramidal de esa sociedad emergente, se revelan de manera contundente a través de la literatura y se concluye que dichos desfavorecidos devienen en nuevos vagos que buscan concretar "el sueño de la tierra prometida" como un bienestar económico y social.

MARIBEL BARRETO muestra, en su narración, el paisaje crudo y real de las condiciones de vida de los campesinos sin tierra que reivindican su parcela, acampados en precarios campamentos con ranchos de hule, a la vera de la ruta a Hernandarias, a finales de la década de los años 70. Los senderos son recorridos por mujeres embarazadas que llevan en sus brazos a un niño desnutrido mientras otros con vientres abultados por la parasitosis intestinal las acompañan. "CÓDIGO ARAPONGA" confronta al lector con la familia anuclear, las madres como jefas de familia, el sometimiento de las mujeres a su condición biológica, el machismo y la paternidad irresponsable.

Asimismo, "EL ÚLTIMO VUELO DEL PÁJARO CAMPANA" de ANDRÉS COLMAN GUTIÉRREZ, brinda un retrato de la realidad política, social y cultural en el periodo de la transición democrática en el Paraguay. La temática de la depredación de selvas, bosques y la interacción cultural como consecuencia del avasallamiento de los ritos, costumbres y tradiciones de las etnias indígenas por la cultura dominante son evidentes. En esta obra aparece el problema de la tenencia de tierra de los indígenas como una manifestación absoluta y eterna de la injusticia social. Los dueños ancestrales de los bosques y las selvas son despojados de ellos por el colonizador.

Remarca que en Latinoamérica y el Paraguay, se vive entre lo primitivo y remoto a través de dialectos en un mundo rabelesiano, con chamanes y trances mágicos, y el robot, nuevo señor, que viene al encuentro con la bandera de las ciencias electrónicas; el idioma de los siglos; la lengua cifrada en la televisión, las antenas parabólicas y la publicidad.

El realismo social en la narrativa contemporánea abarca aspectos que van desde la problemática de la tierra a aquellos relacionados a la degradación de principios y valores socio - políticos - económico- culturales y ambientales. Esta evolución temática enriquece la producción literaria paraguaya actual.
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Fuente:
IV ÉPOCA – Nº 18
A CENTRE OF INTERNATIONAL PEN
EDICIÓN ESPECIAL
LA FUNCIÓN SOCIAL DE LA LITERATURA
EN EL PARAGUAY
Arandurã Editorial,
Asunción – Paraguay
Julio 2010 (199 páginas).
Amplio resumen de autores y obras
de la Literatura Paraguaya.
Poesía, Novela, Cuento, Ensayo, Teatro y mucho más.

GUIDO RODRÍGUEZ ALCALÁ - ACERCA DE LA NOVELA HISTÓRICA / Fuente: REVISTA DEL PEN CLUB DEL PARAGUAY. IV ÉPOCA – Nº 18.


ACERCA DE LA NOVELA HISTÓRICA
PONENCIA DE
GUIDO RODRÍGUEZ ALCALÁ
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ACERCA DE LA NOVELA HISTÓRICA
Una novela histórica se propone expresar el espíritu de una época. Como ejemplo puede valer IVANHOE, la conocida obra del maestro del género WALTER SCOTT. En las primeras páginas del libro, Scott nos presenta un perro rengo y dos hombres que llevan collares de metal al cuello. El perro renguea porque le han mutilado las patas intencionalmente, para que no pueda cazar en el coto vedado de los señores. Los hombres son dos siervos, y por eso llevan los collares, donde consta quiénes son sus amos. Con estas tres figuras, Scott nos lleva al mundo de la Inglaterra feudal, con todas sus desigualdades y arbitrariedades.

¿Por qué el género creado o desarrollado por Scott tiene hoy tanta vigencia? Porque responde a una necesidad del momento actual. Curiosamente, en este mundo global, mediatizado, informatizado, la abundancia de información se convierte en exceso de información. Los árboles nos impiden ver el bosque. Abrumados por una inmensidad de datos, tratamos de distinguir lo accesorio de lo principal, con el propósito de comprender el momento en que nos toca vivir. Buscamos la historia, que es reflexión sobre lo acontecido; en esa búsqueda, la narrativa histórica nos ayuda a despojarnos de ideas preconcebidas; a ver lo que se nos había escapado; a comprender que el mundo actual no es el único posible, ni necesariamente el mejor.

Tengo el honor de compartir esta mesa redonda con LILY TUCK. Está demás decir que, sin habernos conocido, ambos escribimos sobre una figure histórica. ELISA ALICIA LYNCH, sobre la cual existen opiniones encontradas. ¡Ángel o demonio? Yo decidí evitar esos extremos al comenzar a escribir mi novela EL PELUQUERO FRANCÉS. Me atrevo a decir que la señora Tuck escribió Noticias del Paraguay con el mismo propósito en mente. Pero naturalmente no debo comentar su libro sino el mío.

Y bien, al escribirlo, trate de ponerme en el lugar de una joven de veinte años, Elisa, llegada al Paraguay en 1855. ¿Cómo vio ella Asunción? No pudo dejar de sentir el contraste entre la ciudad-aldea y la cosmopolita París, donde había vivido su adolescencia y primera juventud, después de haber abandonado su nativa Irlanda. Salvando las diferencias, esas dos capitales tenían algo en común: la reforma urbana. Bajo la dirección de su prefecto Haussmann, París experimentaba entonces la remodelación que la convertiría en modelo de varios urbanistas americanos. Asunción se europeizaba, una transformación permitida por la política de apertura de Carlos Antonio López y también por la caída del caudillo bonaerense Juan Manuel de Rosas. Bajo la tutela de López, el Paraguay recibía ingenieros, médicos, arquitectos, músicos y modistos extranjeros. Aquella modernización relativa debía parecer insuficiente a la distinguida Elisa Lynch, convertida en figura pública por su relación con el entonces general Francisco Solano López, el primogénito y sucesor de don Carlos, que por entonces desagradaba al padre, hombre de ideas tradicionalistas.

Otro espectador del escenario asunceno tiene la novela, y es el peluquero francés JULES BERNY, un personaje de ficción, aunque no inverosímil. Por aquellos años había dos peluqueros franceses en Asunción: un señor CASTAIGN, que publicaba anuncios en el Eco del Paraguay, y Jules Henry, registrado en el Archivo Nacional. HENRY, según dice HÉCTOR FRANCISCO DECOUD en su ELISA ALICIA LYNCH DE QUATREFAGES, era amigo de madame Lynch. Estos datos, elaborados por la ficción, se plasmaron en el personaje Jules Berny, parisino chocado por el ambiente provinciano de Asunción.

FRANCISCA GARMENDIA es un personaje histórico del que se sabe poco, exceptuando su muerte a lanzadas en 1869. Una de las anécdotas sobre la trágica vida de Francisca, ya marginada socialmente en 1855 por haber rechazado las proposiciones del general López, es que tuvo un novio francés. Me he permitido suponer que el novio francés fue Berny, quien trató de huir con ella a Buenos Aires, para salvarla del ostracismo y de persecuciones que pudieran anticiparse. El proyecto de fuga, que hubiera acarreado la vendetta del general López, contaba empero con el apoyo de Elisa Lynch, entonces una joven no carente de sentimientos generosos y además deseosa de desembarazarse de una potencial rival en las cambiantes preferencias del general. La fuga no se lleva a cabo y Francisca, años más tarde, engrosara la lista de las personas ejecutadas sumariamente por el mariscal Francisco Solano López.

¿Cómo se vivía en el Paraguay de mediados del siglo XIX? ¿Que podía pensar, que podía sentir, que podía hacer una persona de la época? Estas son preguntas que he tratado de contestar a través de la ficción. Son respuestas personales y tentativas, por razones comprensibles, como la insuficiencia de la documentación existente. Esa insuficiencia no es casual: largas décadas de dictadura han tenido como consecuencia la escritura de una historia apoyada en la destrucción de los documentos que pudieran desmentirla. A la destrucción de la evidencia debe agregarse el insuficiente desarrollo de la investigación. La falta de historia rigurosa, curiosamente, se ve acompañada por una peculiar mitología histórica, presente en la vida cotidiana y tan patente que no necesito explicarla. Con todo, el conocimiento del pasado nos interesa y, a más de la satisfacción que pudiera darnos, nos ayudará a comprender el presente.

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Fuente:
IV ÉPOCA – Nº 18
A CENTRE OF INTERNATIONAL PEN
EDICIÓN ESPECIAL
LA FUNCIÓN SOCIAL DE LA LITERATURA
EN EL PARAGUAY
Arandurã Editorial,
Asunción – Paraguay
Julio 2010 (199 páginas).
Amplio resumen de autores y obras
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BEATRIZ RODRÍGUEZ ALCALÁ - EL MARISCAL DE AMÉRICA / Fuente: REVISTA DEL PEN CLUB DEL PARAGUAY. IV ÉPOCA – Nº 18.


EL MARISCAL DE AMÉRICA
PONENCIA DE
BEATRIZ RODRÍGUEZ ALCALÁ
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EL MARISCAL DE AMÉRICA
"MARISCAL JOSÉ FÉLIX ESTIGARRIBIA"
Se dan circunstancias en el devenir de los pueblos que, vistas de cerca, parecieran adversas e incluso funestas. No obstante, habrá de ser la Historia la que dicte, con la justiciera perspectiva del tiempo, el fallo definitivo.
Nos atreveríamos a ratificar lo que ya expresamos una vez, que tal sería el caso del motín inspirado por el inquieto coronel Albino Jara, el 2 de Julio de 1908. Cuartelazo alocado este, que troncharía la gestión del presidente Ferreira, quien realizaba esfuerzos por arrancar a nuestro país de la sima en que lo sumergiera la guerra. Pero, ¿como una expresión de irresponsable insubordinación, en época tan difícil, con todas las secuelas que genero, podríamos considerarla, posteriormente, positiva?
Para entenderlo, hagamos un poco de historia: Eran tiempos aquellos en que gravitaba poderosamente, en el escenario nacional, la brillante juventud de posguerra, denominada luego "generación del 900".
El Destino, cual si quisiera compensar a nuestro país de tanta desdicha e infortunio, se mostró pródigo en dones intelectuales y morales: Cecilio Báez, el mentor del grupo, es, a los 30 años, por su cultura excepcional, todo un maestro; Manuel Domínguez, a los 28 años, es catedrático, parlamentario y periodista consumado, paladín de nuestros derechos en el conflicto chaqueño; Fulgencio R. Moreno, el gran historiador de Asunción y abogado del Chaco, "cuya musa era una cedula real y su oficio doctor en limites", según palabras de Justo Pastor Benítez; Juan E. O'Leary pone su inteligencia privilegiada y su vigorosa y apasionada pluma al servicio de un pueblo abatido y desmoralizado, que pugna por reencontrarse; Manuel Gondra, cuya cultura humanística era tan vasta que sus contemporáneos lo comparaban con Menéndez y Pelayo; Ignacio A. Pane, sociólogo y poeta; Eligio y Eusebio Ayala, que años más tarde habrían de consagrarse como consumados estadistas; Francisco Pérez Acosta, Eugenio A. Garay y otros.
Plumas brillantes todas, republicanas unas, liberales otras, que polemizaban acremente desde las páginas de los periódicos, fustigando o defendiendo al gobierno, según fuera el grupo a que pertenecieran.
Toda esta proficua labor periodística, altamente positiva, como lo son siempre los enfrentamientos ideológicos que ayudan a esclarecer verdades, sumada a las obligadas tertulias de café o del Centro Español, cenáculo entonces de la intelectualidad de la época, inquietaban a los jóvenes militares, muchos de ellos de escasa formación cultural y cívica, incitándoles a actuar, directamente, en política.
Tal sería, entre otros, el caso de Albino Jara, que ya en 1904 participaba en el golpe liberal del general Ferreira, que iba a destituir al presidente Escurra. Cuartelazo este que permitirá al partido triunfante la permanencia, por 32 años consecutivos, en el poder.
Pero a Jara, impulsivo y ambicioso, no le satisface ser uno más del grupo, quiere papeles protagónicos y, para ello, da el golpe del 2 de julio de 1908, al que seguirán otros golpes y contragolpes en 1909, 1911, 1912, que sumirán al país en la anarquía. Muerto Jara, la convulsionada política local gozara de diez años de relativa tregua. Pero Albino Jara, en este ensayo, solo nos interesa como instrumento -¿casual?- del Destino que, ¡al fin!, depararía al país el Hombre capaz de vindicar derechos, recuperar territorios, impunemente usurpados, y transformarnos de pueblo vencido y humillado, ¡en pueblo victorioso y triunfante!
Veinte años tenía el agrónomo José Félix Estigarribia aquel 2 de julio de 1908; veinte años pletóricos de ilusiones e idealismo, pero aún inciertos, inseguros del camino a seguir, pese al diploma que lo acreditaba como el mejor egresado de la Escuela de Agricultura de Trinidad. Como muchos otros jóvenes de su edad, imbuidos de la fuerte campaña antigubernista, se asocia al golpe, creyendo canalizar acertadamente su amor a la Patria, ese sentimiento desinteresado, profundo, que vemos agudizarse en el con el correr de los años, hasta transformarse en obsesión por el problema Chaco.
La suerte está definitivamente echada y Estigarribia va al encuentro de su destino: trocara las tareas rurales por la espada; será soldado, el Soldado que angustiosa, impostergablemente, necesitaría años más tarde el país. Poco después del triunfo jarista de 1908, Estigarribia es subteniente en comisión, pero Jara, que no acepta las directivas del presidente Gondra, el cual insta a los militares a permanecer en los cuarteles, vuelve a levantarse contra el poder constituido, el 17 de enero de 1911, provocando la renuncia de Gondra y se constituye en dictador.
La reacción popular no se hace esperar y muchos de los jóvenes que habían apoyado el golpe de 1908 se resisten a aceptar la dictadura jarista y se enrolan en las filas de un movimiento que intenta restaurar la legalidad. Pero la revolución es vencida y su jefe, Adolfo Riquelme, antiguo camarada de Jara, es asesinado, tras la acción de Estero Bonete.
En este mismo combate, Estigarribia, oficial de las fuerzas presidenciales, es herido en un brazo, el 17 de marzo de 1911, y se ve forzado a recluirse por meses en el Hospital Militar.
El triunfo del coronel Albino Jara no dura mucho; cuatro meses después, la fuerza de la opinión pública, de la que el estudiantado fue factor determinante, vuelve a enfrentarlo y el dictador, pese a su coraje y temeridad, es derrotado, muriendo en Paraguarí a consecuencias de las heridas sufridas en combate, el 15 de mayo de 1912.
En agosto del mismo año, Estigarribia es enviado por el gobierno de Liberato Rojas a estudiar a Chile. Amable manera de sacar del medio a un oficial tildado de jarista. Pero lo que los hombres de gobierno ignoraban era que la dura experiencia vivida lo había signado definitivamente, impulsándolo a hacer un juramento íntimo, al que habrá de ser fiel hasta la muerte: el de no sublevarse jamás y ser siempre leal al poder establecido.
Paso a paso, ya desde su lejana juventud, los acontecimientos lo conducen, templando su espíritu, hasta adquirir la suma de virtudes que habrán de hacer de él el jefe único, indiscutido e indiscutible, que nos conducirá a la Victoria.
En Chile vive experiencias altamente positivas, revistando en las filas del Regimiento "Buin", 1° de Infantería, y adquiere, en la disciplina de un ejército moderno, los conocimientos básicos que ampliara luego en Europa, en las filas de uno de los mejores ejércitos del mundo.
Impresiona vivamente leer, en sus libretas de apuntes de aquellos años de Chile, sus comentarios y acotaciones, hechos diariamente tras asistir a clase, lo que nos da una idea clara de la responsabilidad con que se afanaba en sus estudios.
En 1913 regresa al país y es destinado a la Zona Militar con asiento en Concepción, salvándose de la exclusión que sufren los oficiales jaristas, merced a la intercesión de su jefe, el entonces coronel Schenoni, quien ya advierte en él cualidades poco comunes.
Allí conoce a la que habrá de ser la devota y fiel compañera de su vida, doña Julia Miranda Cueto, de ilustre prosapia, con la que contrae matrimonio el 23 de setiembre de 1916, cuando sólo era un modesto Teniente 1° de Infantería.
Un año más tarde, Estigarribia es ascendido a Capitán; sirve primero en la Segunda Zona de Paraguarí y luego en la Secretaria del Ministerio de Guerra. Posteriormente, en febrero de 1922, será destinado a Villa Hayes en calidad de Comandante del Batallón de Zapadores. Desde aquí comenzara a ascender, verticalmente, la estrella del futuro Conductor del Chaco hasta alcanzar alturas que asombraran a América y al mundo. Entretanto, nuestra política interna sigue sufriendo altibajos de mayor o menor importancia, hasta que el 21 de octubre de 1921 otro golpe de Estado provoca, por segunda vez, la renuncia del presidente Gondra.
Las dos fracciones del liberalismo, que a la sazón constituían la mayoría parlamentaria, tratan de superar la crisis sobre la base de la presidencia del Dr. Eusebio Ayala. Solución transitoria, ya que la violencia volvería a estallar en breve, pero que permite aquilatar las dotes del futuro vencedor del Chaco.
Con el fin de pacificar el país, el Poder Ejecutivo decreta la disolución del Batallón de Guardia cárceles, foco constante de subversión. El encargado de cumplir la orden será el capitán Estigarribia; pero este no se ajusta, estrictamente, a las instrucciones recibidas; por el contrario, se adelanta a la hora prefijada por sus superiores, presentándose, sorpresivamente, a las dos de la madrugada, lo que le permite licenciar a los somnolientos oficiales y desarmar a la tropa, sin disparar un solo tiro.
Esta actitud de responsable independencia del joven capitán coincide perfectamente con la que, muchos años más tarde, el General triunfante del Chaco consignara en sus memorias: "En julio de 1932, estando yo en mi Puesto de Comando, en Casanillo, llegaba a Puerto Casado procedente de Asunción, el jefe de Estado Mayor, con el fin de conferenciar conmigo, pero yo no tenía tiempo que perder y le hice decir que regresara a Asunción, apresurarse la movilización y me mandase un mapa del Chaco. Mi respuesta era, aparentemente, un acto de desobediencia, pero siempre he creído que el subordinado debe proceder de acuerdo con las circunstancias, aunque para ello deba alejarse de la línea de conducta impuesta por el superior jerárquico".
En mayo de 1922, el capitán Estigarribia, integrando las fuerzas legales, al mando del 2º Destacamento, actuara brillantemente en la defensa de nuestra Capital, asediada por el levantamiento militar del coronel Chirife. Posteriormente, su actuación culminara en Carmen del Paraná, donde con 120 hombres, tras atravesar varias leguas de picadas, atacara por la espalda a las fuerzas rebeldes, muy superiores en número y elementos, derrotándolas definitivamente en noviembre de 1922 en Caí Puente, lo que le valdrá el primero de los múltiples ascensos conquistados en combate.
Esta acción habrá de ser siempre de suma importancia para los estudiosos de la técnica operativa de Estigarribia, ya que en ella, por primera vez, este pone en práctica la táctica envolvente del "corralito", que tan espectaculares triunfos le valdrán en el Chaco.
Pacificado el país, el ya mayor Estigarribia es nombrado Director de la Escuela Militar y en 1924 viajara a Europa para perfeccionar sus estudios.
En esos años, decisivos para su carrera militar, ya su obsesión era el Chaco. Lapso en que se empeño a fondo en aquello para lo que se creía llamado y que habrá de merecerle, años más tarde, el justiciero título de Mariscal de América.
Sus días le resultan cortos para aprender todo lo que desea saber; contrata profesores particulares y lee y estudia sin cesar. Asiduo de la Biblioteca Nacional de París, en ella leyó todo lo referente al Paraguay y tomó anotaciones para las carpetas del Estado Mayor. Siempre sostuvo la tesis de que la misión de nuestro Ejército era superior a su mera faz institucional: "Nuestro Ejército -decía- tiene una misión doblemente histórica: salvar el Chaco y reconstruir la Patria".
Entre San Martín y Bolívar, sus preferencias fueron para el primero, por su modestia y mesura. Brillante alumno de la Escuela Superior de Guerra de Francia, egresara de ella con las máximas calificaciones y obtendrá su brevet de Oficial de Estado Mayor. Previamente, habrá servido en el Regimiento de Infantería N° 26, en Nancy, en carácter de Oficial Comandante, y en el Regimiento de Artillería N° 8, en la misma guarnición.
A la generosidad de su esposa, que no dudó en sacrificar dos parcelas de su pequeño campo de Concepción para ayudar a solventar los gastos de la familia en Francia, debe en gran parte Estigarribia el haberse entregado de lleno a sus estudios sin preocupaciones de otra índole. Desde Francia escribía al después coronel Carlos J. Fernández, en respuesta a una carta en la que este le pedía colaboraciones para la Revista Militar de nuestro país: "Yo lamento, de veras, no poder hacer las cosas en la misma forma que los compañeros de Chile; yo debo ocuparme de cosas más elevadas, dada la responsabilidad que se me avecina; debo cuidar ante todo mi preparación especial, de tal manera que este habilitado para desenvolverme ampliamente, con capacidad profesional; cuando regrese al país. Yo voy a prepararme, lo estoy haciendo, en las altas técnicas, lo que no es posible hacer en nuestro país, y prometo que nadie, en igualdad de condiciones, hará más que yo en Europa".
Al futuro Presidente de la Victoria, a la sazón Ministro Plenipotenciario en Washington, le escribía con tristeza, desde Nancy: "Al incorporarme a la vida militar de los oficiales franceses, he notado el vacío inmenso de lo que entre nosotros constituye la alta dirección militar; veo aquí cosas básicas, indispensables por tanto, que jamás se habían insinuado en nuestro país. Los encargados de hacerlo, me refiero a los jefes militares, nunca ni habían hablado de ellas, lo que me conduce a amargas reflexiones; por mi parte, confío poder capacitarme suficientemente a fin de llevar a nuestro Ejercito muchas prácticas útiles y conocimientos necesarios. Lo importante es prepararse para una acción eficaz, cuando la oportunidad llegue". Y luego de varias consideraciones más, altamente significativas, termina: "Estas indiscreciones me las permito con usted, porque mi confianza en su persona no tiene límites y porque espero de su acción futura muchos bienes para nuestro país".
Cuando Estigarribia escribía estas líneas era solo un modesto Mayor de Infantería y nuestro país contaba con prestigiosos generales. ¡Qué secreta intuición, que intima revelación le permitían profetizar de tal manera?
De entre las múltiples y ricas experiencias vividas durante aquellos años de estudios y aprendizaje, unas maniobras realizadas en Marruecos, al mando del mariscal Lyautey, en las que tiene la fortuna de participar, lo enfrentan al desierto, un desierto similar al que tendría que vencer en algunas zonas del Chaco, ajustando a sus condiciones su táctica operativa.
Al despedirlo, en vísperas de regresar al Paraguay, su profesor de Filosofía Militar, mariscal Foch, le augura un alto destino; paradójicamente, vaticinios similares habían hecho muchos anos atrás don Manuel Gondra, erudito y ecuánime, y Albino Jara, irresponsable y arbitrario.
En 1927 se encuentra de nuevo en Paraguay y, a poco de llegar, será ascendido a Teniente Coronel y desempeñará sucesivamente los cargos de Sub-Jefe y Jefe de Estado Mayor, y ejercerá la cátedra de Táctica en la Escuela Militar.
Ya tenemos a nuestro futuro Conductor gravitando firmemente en el ámbito castrense, en aquellos años en que el problema Chaco va acuciando más y más la conciencia nacional.
Mientras los pacificistas soñaban con soluciones jurídicas, Eligio Ayala, que no se engañaba respecto a las intenciones bolivianas, calladamente había enviado emisarios a Europa para adquirir elementos bélicos, cuidando de no endeudar la exigua economía nacional.
En 1928 la política internacional americana parece tomar conciencia del problema Chaco. Noticias alarmantes llegan a nuestra Cancillería; Fulgencio R. Moreno, ministro en Río, informa que el general Montes le había dicho en forma categórica: "El puerto sobre el río o la guerra".
En Washington, la Comisión de Neutrales, integrada por representantes de Estados Unidos de Norteamérica, México, Colombia, Uruguay y Cuba, se aboca al estudio de un pacto de no agresión, mientras en Ginebra la Liga de las Naciones propugnará a la no violencia.
Son pocos en América los que creen en la inminencia de la guerra; solo Bolivia, bajo la firme inspiración de Salamanca, sabe adónde va. Su moderno y bien dotado ejercito lo hace subestimar al nuestro, cuyo parque de guerra había sido seriamente dañado cuando la guerra civil de 1922 a 1923.
Un día, el ya ex Presidente boliviano habría de decir amargamente, refiriéndose a los jefes militares de su país: "Les hemos dado todo lo que han pedido; lo único que no pudimos darles es el talento para conducir una guerra".
Para no alertar a Bolivia, nuestros preparativos bélicos se hacen dentro del mayor secreto, lo que impide informar a la opinion pública que se encrespa violentamente ante la penetración cada vez más agresiva de Bolivia en nuestro territorio.
El incidente de "Vanguardia", en diciembre de 1928, con su secuela de humillaciones para nuestro país que por imposición externa se vio forzado a reconstruir los ranchos bolivianos, caldeara aún más los ánimos.
En 1931 el descontento es tan grande, que ya se habla francamente de revolución. En Campo Grande, el regimiento del entonces mayor Rafael Franco constituye una constante amenaza para el gobierno constitucional del Dr. José P. Guggiari, el cual, por razones de seguridad, dispondrá su traslado al Chaco.
Consciente de la gravedad de la situación, el teniente coronel Estigarribia se ofrece al Ministro de Guerra para solucionar el espinoso asunto, quizá porque en su fuero íntimo dudase de que otro pudiera hacerlo por medios pacíficos.
Con autorización de sus superiores se dirige a Campo Grande y, con la cortesía y firmeza que serían las constantes en su ejercicio del mando, da las órdenes pertinentes, dejando satisfactoriamente resuelta la peligrosa situación. Pero, pese a su corrección, disciplina y contracción al trabajo, Estigarribia no es el favorito de sus jefes, debido a que sus conocimientos tácticos rebasan de los de aquellos que se niegan a respetar sus criterios.
Durante una maniobra en Campo Grande, Estigarribia critica severamente la exposición táctica de un joven capitán, y el general Schenoni, Ministro de Guerra, lo desautoriza.
Herido en su dignidad, Estigarribia pide venia y se retira, lo que le valdrá la remoción de su cargo de Jefe de Estado Mayor.
Este incidente doloroso estuvo a punto de hacerle cambiar de rumbo, pero su destino está marcado; su vocación es demasiado fuerte para dejarse acobardar por la incomprensión; su conciencia sobre el problema Chaco, exacerbadamente aguda y responsable, para dimitir, cuando ya consideraba inminente el desenlace de las sinuosas negociaciones de límites.
En junio de 1931, le ofrecen el comando de la 1º División de Infantería, con asiento en Puerto Casado, quizás con intenciones de alejar a un jefe cuyos criterios, excesivamente firmes, molestan.
Estigarribia, que no ha dejado un solo día de estudiar nuestras posibilidades en caso de guerra, tras meditarlo, acepta. Lo que para muchos significa el ostracismo, para él es la primera etapa de su misión.
Al asumir el mando de la gran unidad, el 18 de junio de 1931, lanza una proclama digna de análisis, por ser una autentica proclama de guerra, cuando muchos, la gran mayoría, todavía se hallaban sumidos en el peligroso nirvana del pacificismo: "Al asumir la grande, honrosa misión de comandar la D.I., además del alto cargo que ejerzo -poco antes había sido nombrado Inspector General del Ejercito- en momentos en que nuevas amenazas se ciernen sobre la patria, hago un llamamiento a todos los comandos a redoblar actividad y energías para la mejor preparación de la victoria.
"Cuento con la lealtad y la ya proverbial abnegación y espíritu de sacrificio de los señores jefes y oficiales, así como del personal de clases y soldados, para la realización de la magna obra". Y, como si exhortara a despertar a las autoridades, concluye diciendo: "Con el profundo convencimiento de que el gobierno nacional y el pueblo integro nos acompañan, con plena fe en nuestro patriotismo, llevaremos nuestros esfuerzos a sus límites extremos, sin desfallecimiento de ninguna clase y lograremos nuestra gran finalidad".
Es ya el jefe que sabe lo que debe hacer y asume, con serenidad y firmeza, responsabilidades. Su plan operativo lo ira elaborando luego, sobre el terreno, tras recorrer concienzudamente cinco veces el Chaco, lo que le ratificara en su tesis de defenderlo atacando al enemigo, y no esperándolo en la costa del río, como tercamente sostendrían luego los altos mandos.
Entre tanto, Bolivia continúa su persistente penetración en el Chaco; la toma de Masamaklay y nuestro fallido intento de recuperarlo son el detonante de la reacción popular que desemboca en el tristemente célebre 23 de octubre, con la matanza de un grupo de estudiantes que va al Palacio en actitud vindicatoria.
El país está al borde del caos y de la anarquía; de no ser por la lealtad del Ejército y la Armada, una nueva guerra civil hubiese dividido la República, en momentos en que Bolivia ultimaba los preparativos para arrebatarnos lo que nos restaba del Chaco.
El 15 de junio de 1932 volverá Bolivia a la agresión, apoderándose de un lugar estratégico: nuestra reserva de agua de la laguna Pitiantuta; la guerra es ya una realidad. Estigarribia pronto se hallara en vísperas de su primera gran batalla: Boquerón, la más sangrienta de la epopeya, para nosotros.
No nos referiremos en detalle a nuestros múltiples triunfos chaqueños, por ser ellos demasiado conocidos de todos. Tan solo deseamos destacar la actitud de Estigarribia en los momentos cruciales de la guerra, en los que se agiganta su talla de Conductor: en Boquerón, prácticamente al inicio de su misión, ya su fe en la victoria y en el elemento humano que comanda se manifiesta inquebrantable: Al escuchar la opinión de uno de sus jefes que, tras numerosos días de encarnizada lucha, aconseja el repliegue por falta de agua, responde firme, serenamente: "De lo que se deduce que el problema es la falta de agua; a solucionarlo pues y, entre tanto, sigamos combatiendo". En la primera batalla de Nanawa, cuando ante la tenacidad de los ataques enemigos comienzan a escasear las municiones y parecería el repliegue la única opción, ordena seguir resistiendo, mientras se organiza el abastecimiento por aire al fortín; ante el implacable asedio a Herrera, su fe en la defensa del mayor Antola permanece imperturbable; en Campo Vía, maniobra que ya lo revela como un estratega consumado, asume personalmente el mando para la culminación de la misma, con los magníficos resultados que se conocen; ante la terrible ofensiva del coronel Toro, que pretende retomar Camacho tras envolver en tres sucesivos cercos a dos de nuestras divisiones, Estigarribia no se arredra y ordena la acción de El Carmen, que parecía irrealizable, después del revés de Strongest.
En esa acción brillante, que por sí sola constituiría un inamovible pedestal de la figura del Conductor, la intuición de Estigarribia, su ilimitada confianza en los comandos y en la tropa, le hacen jugar su última carta, comprometiendo en ella su 8º División, angustiosamente reclamada desde meses atrás por su Unidad madre, el 2º Cuerpo.
Y como si esa gran victoria fuera poco, días después ordena la toma de los pozos de Yrendagüé, exigiendo a su 8a División un esfuerzo que sobrepasaba los límites de lo puramente humano, con el consabido aniquilamiento, en Picuiba, del Cuerpo de Caballería del coronel Toro. En tan tremendas circunstancias, el jefe se mostró siempre sereno, sin altibajos, infundiendo confianza a los suyos. Ubicaba su puesto de comando avanzado en los puntos precisos, lo que le permitía seguir el desarrollo de los acontecimientos y actuar de acuerdo con las situaciones creadas por el oscilar de los combates. Inspeccionaba personalmente las unidades comprometidas en las acciones y su sola presencia bastaba para fortalecer los ánimos y ratificar la fe en la victoria. Sus órdenes y concepciones tácticas eran producto de exhaustivas meditaciones, pero siempre tenían ese toque de audacia que hicieron posible las victorias de El Carmen, Yrendagüé e Ingavi. Fue la antítesis del déspota o del autócrata; en tres años de guerra no firmó una sola orden de fusilamiento y siempre trató con respeto y consideración a sus subordinados, por humildes que fuesen. Pero sabía ser severo, cuando creía que podía menoscabarse su autoridad.
Escuchaba las opiniones de sus colaboradores en lo referente a planes operativos, dejando siempre margen a las iniciativas particulares, pero no cedía un ápice en sus criterios cuando creía estar en lo cierto. En los años que duró la guerra no abandonó un solo día el Chaco, ni tuvo una decima de fiebre, en una geografía inhóspita que ponía a dura prueba las mas recias constituciones físicas.
Su armonía interior se traslucía en su cuerpo sano y vigoroso al que imponía una dieta sobria y equilibrada. En su mesa de Comanchaco estaba prohibido hablar de la guerra y de todo aquello que pudiera resultar desagradable. No era afecto a las bebidas alcohólicas y, parco en el comer, su cena se reducía a un vaso, de leche.
Las largas caminatas que diariamente realizaba ayudaban a mantener su excelente estado de salud. No resulta raro, pues, que sus colaboradores inmediatos recuerden con profundo respeto, afecto y admiración no solo al estratega, sino al hombre. Y lo que más gratifica a quienes, en su condición de paraguayos conscientes de lo que el país le debe, veneran su recuerdo, es la noble rectificación de juicio que han hecho, con la equidad que dan los años, aquellos que un día, acerbamente, le enfrentaron.
Nada más significativo que las palabras del coronel Smith, jefe ejecutivo del golpe de febrero, y de otros implicados, al más tarde general Pampliega, años después del doloroso suceso: "¡Pero estábamos todos locos, Amancio! ¡Mira que destituir a nuestro jefe que nos guió a una victoria que nadie en América, ni nosotros mismos, esperábamos!". O los juicios laudatorios de otros ilustres jefes, activistas de febrero, en mi libro "Testimonios Veteranos".
Pero si Estigarribia fue grande en las victorias, fue aun más grande en los fracasos, en los pocos que tuvimos. Cuando tras el revés de Strongest -el más serio de la guerra-el capitán Isidoro Jara le da el informe, responde serenamente: "Capitán Jara, agradezco y felicito a su escuadrilla. Transmita mi profundo reconocimiento a toda la tripulación que participó en la acción. El capitán Joel Estigarribia hizo lo imposible y pasa como, el mimado de la historia de esta batalla". Ni una palabra, ni un gesto que denote frustración o enojo. El mismo admirable equilibrio, la misma reposada ecuanimidad de siempre.
En medio de la tremenda, alucinante responsabilidad que pesa sobre él, al jefe supremo le resta tiempo para escribir largas, afectuosas cartas a la hija lejana. A fines de julio del 33, le dice entre otras cosas: "Querida hijita: Acabo de recibir con gran satisfacción tu primer trabajo en plata, que me enviaste de obsequio. Estoy sumamente contento del adelanto en tus aprendizajes. Tu obsequio es de un gusto exquisito; lo usare siempre, para tener junto a mí este recuerdo tuyo, que te lo agradezco de todo corazón". Es el mismo padre afectuoso que, desde la cárcel, sin ningún rencor para nadie, le dirá: "Gracielita: estaba preocupado porque no mejorabas de salud, pero ahora estoy tranquilo, porque me dices que sigues mejor y que mamacita se encuentra bien. Las naranjas son muy lindas, muchas gracias". O el marido amante que, Ministro en Washington, en mayo de 1938, escribe a la esposa que no se resigna a las penurias económicas que este sufre: "Julieta de mi corazón: Tu no debes llorar mas, tú has hecho ya demasiado y, además, debemos armamos de coraje, de ese coraje que nunca nos faltó para seguir luchando indefinidamente; nuestro destino es ese; Dios lo ha dispuesto así".
"No debes pedir nada a nadie; todos saben lo que nos pasa, pero se desentienden por tratarse de nosotros. Y así seguirá siendo. Si me permiten ir, yo arreglare todo de modo de poder cumplir mi resolución de no mezclarme en política interna y retirarme, oportunamente, a la vida privada, a un lugar lejano del extranjero. Yo ya no podre vivir tranquilamente en mi país, antes de que transcurran muchos años.
"He adelgazado algo, pero estoy perfectamente de salud. No te preocupes de mi situación, de todos modos esto no va a durar; si no me permiten ir en junio, iré lo mismo, definitivamente, a fin de año. Además, con Pablito hemos encontrado la forma de manejarnos con el dinero que tenemos y que consiste en ir, escondidamente, a comer a un restaurante de última clase. Pero no creas que comemos mal; la comida es excelente, la baratura viene de que cada uno se sirve a sí mismo... Por otro lado, estamos aquí en verano y los diplomáticos ya no hacen fiestas, empiezan a salir al campo y no volverán hasta agosto, lo que hasta esa fecha nos permitirá soportar esta vida; después será absolutamente imposible.
"Ponte alegre; tomemos la vida así. Pienso dedicarte mis Memorias, a ti que me acompañaste y sufriste conmigo, y a nuestra hijita que salvo mi archivo del saqueo que hicieron a nuestra casa...".
Más tarde, en vísperas de uno de sus viajes al Paraguay, le dirá: "Julieta querida: pensaba llevarles, a ti y a nuestra hijita, algún regalo, pero veo que sólo podre llevarles unos pares de medias de nylon...".
Los hechos demostraran después que Estigarribia no pudo cumplir su íntimo deseo de retirarse en paz y mantenerse ajeno a la política; en Asunción amaga de nuevo la anarquía; se cree que el único capaz de conjurarla será el glorioso jefe del Chaco, y Estigarribia, que nunca eludía responsabilidades, por mucho que le pesasen, acepta la Presidencia de la República sin trepidar, con la misma entereza y serenidad con que, el 21 de julio de 1938, asumió la responsabilidad de la firma del tan controvertido Tratado de Paz, Amistad y Límites con Bolivia.
Porque, ¿quién era el más indicado para hacerlo?, ¿quien, como el que fue su Comandante en Jefe, podría conocer las posibilidades de nuestro Ejercito, agotado tras tres años de titánica lucha, profundamente escindido en sus cuadros de jefes y oficiales que, de reiniciarse las hostilidades, se vería forzado a combatir fuera de su hábitat; desafiando los ignotos misterios de la montaña, a cientos de kilómetros de sus bases? Si sumamos a estas circunstancias adversas el hecho de que nuestro país había devuelto a Bolivia 16.825 soldados prisioneros y 349 oficiales y además había vendido a un agente extranjero parte de nuestro material de guerra, se nos hace fácil comprender la suprema renuncia que, ante la intransigencia boliviana, hace el jefe a territorio tan duramente reconquistado, en su afán de dar por terminado el secular litigio con Bolivia y lograr para el país unas fronteras definitivas que asegurasen la paz, esa paz fervientemente deseada por todos.
Dramática encrucijada la suya, en la que el firmar podría significarle la incomprensión e incluso el odio de muchos, de aquellos que no entienden razones, porque solo se dejan llevar por las pasiones políticas, y el no firmar podría acarrear de nuevo la guerra.
Estigarribia no duda y firma, quizá sabiendo en su fuero íntimo que, al hacerlo, se sacrificaba a sí mismo, por la conveniencia del país. Afronta la disyuntiva lacerante, porque tiene conciencia de ser el único con títulos suficientes para hacerlo, el único a quien, apaciguadas las pasiones, nunca se podrá enjuiciar. Porque nadie, de conciencia sana, podrá jamás dudar del patriotismo de quien se esforzó al máximo para conducirnos a la victoria; nadie, de conciencia recta, podrá cuestionar jamás la buena fe y el desinterés de quien vivió y murió desposeído de bienes materiales, pese a haber recuperado para el país la cuarta parte de su territorio; pese a haber sido la figura decisiva, el hombre clave, en momentos en que se definía el ser o no ser del Paraguay.
A cuatro décadas de su muerte, la ciudadanía aun no ha rendido a su Mariscal victorioso el tributo que le debe; urge, impostergablemente, como un deber de justicia y para no quedar ante el mundo como ingratos, que el gobierno y el pueblo todo, unidos en un mismo amor, en una misma gratitud, plasmen en la inmutabilidad del bronce o en la nobleza del mármol la imagen gigante de quien se dio íntegro al país, sin exigir nunca nada.

BIBLIOGRAFÍA

1. Archivo particular del Mariscal José Félix Estigarribia.
2. Archivo particular del Dr. Carlos Pastore.
3. Testimonios de veteranos. Afirmaciones del general (Raimundo Rolón), de la autora de este trabajo.
4. Afirmaciones del coronel Carlos J. Fernández en Testimonios de veteranos.
5. Afirmaciones del general Amancio Pampliega en la misma obra.
6. Estigarribia, el Soldado del Chaco, Justo Pastor Benítez.
7. Estigarribia, el gran desconocido, Graciela E. de Fernández.
8. La defensa del Chaco, Ángel F. Ríos.
9. La epopeya del Chaco, memorias de la Guerra del Chaco, del Mariscal José Félix Estigarribia.

FUENTES

Archivo particular del Mariscal José Félix Estigarribia.
Archivo particular de Carlos A. Pastore.

BIBLIOGRAFÍA SELECTA

- Justo Pastor BENITEZ, Estigarribia: soldado del Chaco, Buenos Aires-Asunción, Librería y Editorial Niza, 1958 (2da. Edic.), 140 pág.
- Graciela FERNANDEZ DE ESTIGARRIBIA, Estigarribia, el gran desconocido, Ed. Carlos Schauman, Asunción. "Ediciones del Cincuentenario de la Guerra del Chaco", 1983 (2a Edic.), 157 pág.
- José Félix ESTIGARRIBIA, La Epopeya del Chaco, Memorias de la Guerra del Chaco. Redacción y anotación de Pablo Max Insfrán, Asunción: Imprenta Nacional 1972, 375 pág.
- Ángel R, RIOS, La Defensa del Chaco: verdades y mentiras de una victoria, presentación de José Fernández Talavera, Asunción. Archivo del Liberalismo, 1989, 450 pág.
- Beatriz RODRIGUEZ-ALCALA, Testimonios veteranos: evocando la Guerra del Chaco, Testimonios del Coronel Carlos J. Fernández; del Gral. Amancio Pampliega; del Gral. Raimundo Rolón. Asunción. Comuneros, 1977, 608 pág.
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Fuente:
IV ÉPOCA – Nº 18
A CENTRE OF INTERNATIONAL PEN
EDICIÓN ESPECIAL
LA FUNCIÓN SOCIAL DE LA LITERATURA
EN EL PARAGUAY
Arandurã Editorial,
Asunción – Paraguay
Julio 2010 (199 páginas).
Amplio resumen de autores y obras
de la Literatura Paraguaya.
Poesía, Novela, Cuento, Ensayo, Teatro y mucho más.