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viernes, 26 de marzo de 2010

GUIDO RODRÍGUEZ ALCALÁ - LA POESÍA Y LA NOVELA EN EL PARAGUAY EN LOS ÚLTIMOS AÑOS (1960-1980) / Edición digital: BIBLIOTECA VIRTUAL CERVANTES.


LA POESÍA Y LA NOVELA EN EL
PARAGUAY EN LOS ÚLTIMOS AÑOS
(1960-1980)

(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS en

** Un balance de la literatura paraguaya en los últimos veinte años (1960-1980), indica que ésta no alcanzó el nivel de la de otros países latinoamericanos. Sin embargo, lo sorprendente no es que no se produzca mucho en el país, sino que se produzca. En efecto, el Paraguay es pobre, y su aislamiento geográfico se ve agravado por el de un sistema político oscurantista. Le falta esa atmósfera de diálogo indispensable para el desarrollo de una actividad intelectual vigorosa y sostenida. Los numerosos -y a veces heroicos- esfuerzos personales se ven por lo general frustrados; los grupos y las publicaciones literarias tienen corta vida. Falta esa interacción profunda entre los escritores y su público que es necesaria para un crecimiento de la literatura en calidad y cantidad. Además dichos grupos literarios o movimientos, o como quiera llamárselos, carecen de un programa bien definido -como lo tenía el surrealismo francés, para dar un ejemplo-. Paradójicamente, los últimos cinco años han presenciado un aumento de la producción poética -como veremos más adelante.
** Hechas las debidas salvedades trataremos de caracterizar el desarrollo de la literatura paraguaya de los últimos veinte años de la siguiente manera: en poesía, distinguimos tres grupos: la promoción del sesenta, los de Criterio, los del taller de poesía Manuel Ortiz Guerrero. (Hay además poetas que no pueden ser incluidos en ninguno de estos grupos). En novela, nos referiremos a Jesús Ruiz Nestosa, Augusto Casola y Lincoln Silva. (Dicho sea de paso, el desarrollo de la narrativa ha sido muy inferior al de la poesía en número de publicaciones). Debemos disculparnos por no hablar del ensayo ni del teatro; ello se debe a la falta de material suficiente y al hecho de estar urgidos por apremios editoriales. Nuestro silencio pretende evitar juicios apresurados y omisiones injustas. De cualquier manera, aclaramos que esta breve reseña de la literatura paraguaya más reciente no pretende tener un carácter exclusivo; sus deficiencias serán debidamente consideradas en una segunda edición. Por lo pronto que salga, que colabore en algo al conocimiento de nuestra literatura.
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POESÍA

(I) LA PROMOCIÓN DEL SESENTA. La década se inicia con la aparición de un grupo de poetas asuncenos al que se ha llamado promoción del sesenta, integrado por Roque Vallejos, Miguel Ángel Fernández, Esteban Cabañas y Francisco Pérez Maricevich. Los une la amistad, ciertas ideas comunes y el hecho de haberse iniciado bajo la dirección de Josefina Pla, cuya importante y olvidada tarea cultural es revindicada por ellos.
** En cuanto a las ideas comunes, puede señalarse una cierta adhesión al existencialismo y la conciencia de los problemas políticos del país. Los poetas del grupo comparten un temple propio del existencialismo de fines del cincuenta: desorientación ante un mundo extraño, angustia ante la desintegración del individuo en gestos y formas de la vida impropia. Pero además, son conscientes de la grave situación política del país y desean ser solidarios por eso tratan de que su poesía pueda servir de alguna manera a la solución de problemas concretos, sin caer por eso en el panfleto. Preconizan una poesía que siendo políticamente comprometida, no olvide ciertos problemas básicos del individuo. Lo cual los lleva a rechazar todo lo que pueda sonar a «retórica»; mediante la simplificación formal pretenden comunicar lo esencial. Sus lecturas favoritas son los existencialistas franceses (Camus y Sartre), los surrealistas, Freud y, ocasionalmente, el tomismo (Maricevich).
** Roque Vallejos (1943) es el más joven del grupo. Comenzó pronto, con la publicación de Pulso de Sombra (1961) y Los arcángeles ebrios (1964), colecciones de poesías donde predomina la obsesión de la muerte y la exquisita sensibilidad de Gabriela Mistral. Desde la aparición de su último poemario, Poemas del apocalipsis (1969), Vallejos no publica poesía. También es crítico literario: escribió La Literatura Paraguaya (1971) y una Antología crítica de la Poesía paraguaya contemporánea (1968). Últimamente se ha dedicado a distintas actividades: el periodismo, un empleo en el manicomio (es médico), la propaganda política. Su último libro, Stroessner caudillo de América (1974) es una apología del presidente del Paraguay. Esto significa un cambio radical en la posición política de Vallejos -que comenzó como dirigente de izquierda-. El hecho ha producido reacciones contradictorias, impidiendo una apreciación objetiva de los primeros libros de Vallejos.
** Miguel Ángel Fernández (1938) es egresado de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Católica de Asunción, profesor de Literatura, crítico de arte y periodista. Dirige la editorial Diálogo que ha venido realizando una importante labor por casi veinte años. Su primer libro, Oscuros días (1960), manifiesta el desconcierto del autor ante una realidad en la cual todo ha sido privado de significado. Lo hace mediante una gran economía verbal, que alcanza un sorprendente valor estético. Aunque esta poesía sea expresión de una postura individual, mejor dicho, de una reacción individual, apunta hacia lo político. En el yo del poeta se ve la presencia del nosotros en todo momento. Una actitud similar la encontramos en A destiempo (1966), donde hay, además, una reflexión sobre la escritura de la poesía. La preceptiva literaria de Fernández (tal como la expresa A destiempo) puede ser definida como un «horror a la literatura», a la vacuidad formal, a la palabra que no sea expresión de una experiencia concreta y auténtica. Posteriormente, Fernández evoluciona hacia un lenguaje aún más directo y una alusión más clara a circunstancias políticas, especialmente en un volumen titulado El fuego (1970), centrado en el problema de la represión.
** Esteban Cabañas (1937) nació en Concepción, pero muy pronto se trasladó a Asunción, para seguir estudios de Arquitectura y dedicarse a las artes plásticas. (Esteban Cabañas es en realidad un seudónimo con el que el conocido artista Carlos Colombino firma su creación poética). Comparando sus dos volúmenes de poesía, Los monstruos vanos (1964) y El tiempo, ese círculo (1979), puede observarse una evolución parecida a la de Miguel Ángel Fernández: un desplazamiento del acento de lo individual a lo político, a la expresión directa. Los monstruos vanos manifiesta el desconcierto de Cabañas ante un mundo carente de significado mediante un uso de imágenes surrealistas y un verso de gran musicalidad. El tiempo, ese círculo, es una recopilación de dos grupos de poesías: el primero «Círculos», continúa en la línea de Los monstruos vanos; el segundo, «Situaciones» es de tema político, directamente. La poesía comprometida de Cabañas nunca desciende al nivel de la invectiva. Es un sentido testimonio de la solidaridad del autor con los que sufren, un oportuno recordar lo atroz de ciertas cosas que se han incorporado a la vida cotidiana y han pasado a ser generalmente aceptadas. De allí el título de este grupo de poesías, que indica la presencia del poeta en todas aquellas situaciones donde algo valioso está siendo destruido.
** Francisco Pérez Maricevich (1937) comenzó a escribir bajo la dirección del padre César Alonso (poeta y promotor del grupo poético anterior) que influyó mucho en él. Fue director del círculo de poesía Asedio y trabaja actualmente como funcionario de la Biblioteca. De los poetas de la promoción Maricevich es el único católico; su poesía tiene un color emotivo sombrío de tipo existencialista y una estructura racional de base tomista. En ella, la visión desgarrada del mundo se ve equilibrada por pensamientos optimistas. Maricevich es, dentro del grupo, el que tiene más contacto con la tradición literaria española; escribe sonetos y composiciones de forma tradicional -lo que no significa decir que su poesía sea tradicional-. Hay en ella una gran carga emotiva refrenada por una contención que se podría llamar clásica. Lamentablemente, la producción del autor ha sido reducida; desde la aparición de Paso de hombre (1963) no ha vuelto a publicar ningún volumen de poesía.
** Contemporáneos de los mencionados, son otros poetas que no pueden ser incluidos en la promoción del sesenta: Osvaldo González Real (1942) y J. A. Rauskin (1941), ambos profesores de Inglés interiorizados de la tradición literaria anglosajona -algo raro en el Paraguay, donde predomina la influencia francesa y española-. Se nota en estos poetas la influencia de los metafísicos ingleses, de Pound y Eliot. Lamentablemente, González Real no ha reunido su producción en volumen. Rauskin ha publicado Odas (1964), Linceo (1965) y Casa perdida (1972). En éstos el autor trata exitosamente de crear un mundo mítico dentro de la tradición de Pound. Mauricio Schvartzman (1939), sociólogo y profesor de Metodología de la investigación social de la Universidad Católica de Asunción, todavía no ha reunido su copiosa producción poética en un volumen. (Ha publicado, sin embargo, extensamente en revistas paraguayas y extranjeras). Su obra tiene un carácter lírico y político a la vez; cuando aborda temas políticos, no lo hace con el tono épico de Elvio Romero sino con un acento mesurado y cordial. Luis María Martínez (1933) escribe también poesía lírica y política; en ésta puede verse a veces un espíritu y un ritmo propios del romance popular español y de Miguel Hernández. Ha publicado varios volúmenes, de los que citaremos Armadura fluvial (1961) y Ráfagas de Tierra (1962). Ovidio Benítez Pereira (1933) es, además de poeta, autor de teatro; su poesía es difícil, densa y cuidadosamente elaborada. En ella puede verse una permanente presencia de lo religioso. Raquel Cháves es una excelente poetisa lírica que ha publicado sólo una parte reducida de su producción. Juan Andrés Cardozo (1942) se inicia en 1967 con De pie frente al dolor, donde predomina la inquietud ante cuestiones filosóficas. Egidio Bernardier trata de llegar a la mayoría mediante una simplificación formal.
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(II) EL GRUPO DE CRITERIO. A mediados del sesenta aparece un grupo de jóvenes que publica la revista Criterio (1966-1971): Juan Félix y Basilio Bogado, José Carlos Rodríguez, Adolfo Ferreiro, Juan M. Marcos, Emilio Pérez Chaves, René Dávalos, Nelson Roura, Juan Carlos Da Costa, Luis A. Boh. Apareciendo con gran impulso, a los quince años de la iniciación de Criterio puede verse la dispersión del grupo. Razones de fuerza mayor la determinaron: Nelson Roura, René Dávalos y Juan Carlos Da Costa mueren trágicamente antes de los veinticinco años. Juan F. Bogado y su hermano Basilio se ven obligados a dejar el país por razones políticas; la mayoría de los participantes del grupo han sido víctima de la represión.
** En cuanto a la caracterización del grupo, recordemos que en el Paraguay los grupos literarios tienen mucho de eclecticismo. Sin embargo se puede decir que si en los poetas de la promoción del sesenta predomina la influencia existencialista, los de Criterio están marcados por lo que se ha llamado el «espíritu del sesenta», el de los movimientos contestatarios estudiantiles que aparecieron en la década, cuya expresión más conocida es posiblemente la de mayo del 68 en París. Aunque las condiciones hayan sido muy distintas en los países donde dichos movimientos contestatarios tuvieron lugar, puede hablarse del carácter internacional y de la unidad de la contestación -sin desconocer por ello las diferencias particulares-. En América Latina se plantean ciertas reivindicaciones específicas: libertad política, desarrollo económico, cierto tipo de extensión universitaria. Los estudiantes toman conciencia de la unidad del subcontinente, viajando desde México a la Argentina. Se lee a Marcuse, André Breton, pero también a Pablo Freire, Celso Furtado. A pesar de su mediterraneidad secular, el Paraguay se integra al movimiento continental. La comunicación se ve favorecida por el aflojamiento de la censura a mediados del sesenta. Sin embargo, la represión política recrudece en la década del setenta, a escala continental. Esto destruye, entre otras cosas, la posibilidad de crear una tradición poética continuada en el Paraguay -como en otros países.
** Juan Carlos Da Costa (1944-1976), crítico literario y ensayista, aventajaba en conocimientos a los de su grupo, por lo que se constituyó en guía en cuestiones de teoría literaria; no fue poeta pero influyó decisivamente en los poetas de Criterio, haciéndoles conocer nombres e ideas originales. Da Costa, sin embargo, tenía inquietudes que iban más allá de lo literario. Negándose a ser un intelectual de laboratorio, participó activamente en política, como consecuencia de lo cual fue encarcelado y deportado, teniendo que establecerse en Chile por cierto tiempo. Luego regresó al Paraguay, sólo para ser asesinado en circunstancias no suficientemente aclaradas.
** René Dávalos (1945-1969), crítico literario y periodista, estaba a punto de terminar sus estudios de Medicina cuando murió en un accidente automovilístico. Con la aparición de Buscar la realidad (1966), su único volumen de poemas, René Dávalos surge como el poeta más promisorio del grupo. A pesar de su brevedad, la obra tiene una gran unidad, expresión de la coherente actitud del poeta, decidido a buscar lúcidamente todo aquello que tenga significado: la amistad, el amor, el límite de lo humano. Aunque la influencia de Vicente Aleixandre aparezca a veces en la obra de Dávalos, el mundo de éste es más humano que el del español. El mundo poético de Dávalos no es el escenario de la lucha de fuerzas ciegas -como en Aleixandre-, sino la exaltación de situaciones personalizadas. El amor no aparece en Buscar la realidad como una caída en el poder de fuerzas suprapersonales, sino como el resultado de una libre elección. Es necesario señalar que el volumen contiene algo bastante poco frecuente en la poesía paraguaya: la relación del amor vivido, no del soñado. Porque Dávalos es un realista en el mejor sentido de la palabra; no se pierde en la descripción de lo anecdótico ni se evade a mundos fantásticos. Su capacidad para comprender el valor de la experiencia concreta es lo que da autenticidad a su poesía, lo que nos hace ver que con su muerte se perdió la posibilidad de un gran poeta.
** Nelson Roura (1945-1969), estudiante de Derecho, murió a causa de una enfermedad incurable. Aun perteneciendo al grupo cordialmente, Nelson se retrajo, publicó sólo una parte de sus poesías (Poemas, 1965) y dejó una importante obra inédita. Lo característico de la creación de Roura es la instauración de un mundo de ensueño, sustentado por imágenes brillantes y originales. Aunque la influencia surrealista sea evidente, no se trata de un surrealismo ortodoxo, porque va acompañado de una consciente y profunda carga afectiva. Como René Dávalos, Roura llevaba la potencialidad de un gran poeta.
** Adolfo Ferreiro (1948), dirigente estudiantil, periodista, escritor en verso y en prosa, publicó La huella desde abajo (1966), que constituye su único volumen de poesía. Lo que es una lástima, porque Ferreiro tiene un talento que debería ser explotado adecuadamente.

** José Carlos Rodríguez (1948), es egresado de la Facultad de Psicología de la Universidad Católica de Asunción e investigador social. En Poemas de la hermana (1967) aborda el tema del amor a la mujer entendido como comunión afectiva. Hay en este volumen una concepción casi mística del amor como clave de unión entre los seres humanos y la naturaleza, expresada con delicadeza y preferencia por el medio tono que recuerdan la poesía sentimental de Juan Ramón Jiménez.
** Emilio Pérez Chaves (1950), licenciado en Letras, es además crítico literario, periodista, profesor y miembro del PEN CLUB del Paraguay. En El fénix del recuerdo (1977) nos ofrece una poesía sugestiva y oscura; mediante el uso de imágenes y de símbolos personales, trata de comunicar una visión del mundo donde predomina lo misterioso y lo irracional; un mundo que recuerda al de Vicente Aleixandre. No solamente en la coloración de su poesía, sino también en la forma, Emilio Pérez manifiesta su parentesco con Aleixandre, lo que sin embargo no le impide ser original.
** Juan M. Marcos (1948) es también licenciado en Letras, crítico literario, periodista, profesor y miembro del PEN CLUB del Paraguay. En 1970 obtuvo un premio por su libro Poemas; el mismo está constituido por un grupo de composiciones de carácter sentimental y político. Aunque predomine el verso libre, hay una cuidadosa depuración de la forma, que se destaca por su musicalidad.
** Contemporáneos de Criterio, pero sin formar parte del grupo son los siguientes: Aurelio González (1943), licenciado en Letras, crítico literario y periodista, viene realizando una importante tarea de difusión cultural como director de la revista Hoy, editada a pesar de enormes problemas materiales. Entre sus poemarios se debe mencionar Pureza (1970) y Dejar de ser en él (1973), manifestación de una tentativa de comunicación con los demás, buscada principalmente a través del amor hacia la mujer, experiencia total. Mediante un lenguaje sencillo, González Canale es capaz de establecer una comunicación con el lector.
** Pedro Gamarra Doldán (1948), abogado y periodista, fue director de la revista cultural Época y ganador de un certamen poético universitario. Su poesía se caracteriza por la expresión lógica, directa, que a veces resulta algo árida. William Baecker, miembro del PEN CLUB del Paraguay, publicó En una lejanía (1972) y En este memorial (1975), expresión de un erotismo ingenuo y sofisticado al mismo tiempo. Carlos Hempel es uno de los más talentosos poetas jóvenes. Su rasgo más interesante lo constituye la conciencia de la importancia de la poesía como revelación, su responsabilidad, el rechazo de las soluciones formales fáciles. Como René Dávalos, Hempel «busca la realidad» y da testimonio de sus descubrimientos en una poesía sincera. Jorge Aguadé, licenciado en Letras, crítico de arte y periodista, publica en 1975 Poemas, volumen donde predomina un surrealismo muy especial, unido al tema político. Como en el caso de otros poetas paraguayos, Aguadé es capaz de percibir de qué manera lo político se inserta en los niveles profundos de la conciencia humana. Su poesía es testimonio de angustia y de esperanza en un mundo más humano.
** La presencia femenina en la literatura paraguaya se ha afirmado considerablemente con la aparición de excelentes poesías escritas por mujeres. Debemos mencionar a Miriam Gianni (1948), María Eugenia Garay (1950), Alicia Campos Cervera (1950) y Nila López (1954).
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(III) EL TALLER DE POESÍA MANUEL ORTIZ GUERRERO. Luego de un empeoramiento de la situación política paraguaya durante la década del setenta, que tuvo como consecuencia una diáspora cultural, vemos aparecer a fines de la misma un grupo de poetas de veinte años que constituyen su «cuartel general» en el taller de poesía Manuel Ortiz Guerrero, creado bajo el patrocinio de la Embajada española en el Paraguay, que dicho de paso, viene realizando una labor cultural considerable.

** Los miembros del taller son: Moncho Azuaga, Mario Casartelli, Vicente Durá, Victorio Suárez, Sabino Giménez Ortega, Mario Rubén Álvarez, Pedro Céspedes, Gladys Casaccia, Osmar Sostoa, Jorge Gómez Rodas, Juan Valdez, Amanda Pedrozo, Lito Pessolani, Lisandro Cardozo, Enrique Denis, Ramón Silva, Miguel Ángel Meza y Marcos González.

** En 1979 publican una antología de lo creado en el taller, bajo el título de Y ahora la palabra, que tiene una sorprendente unidad. Lo que permite decir que los del taller constituyen como grupo un equipo homogéneo en cantidad y calidad, con potencialidades que no se habían visto en el país en los últimos años. Si continúan trabajando unidos, aportarán muchísimo a la poesía paraguaya, que debe superar definitivamente su desventaja de haberse iniciado tarde -como lo muestra el ensayo de don Viriato.
** Para terminar la reseña, citemos los nombres de autores que han publicado últimamente: Juan Pastoriza, Miguel Á. Caballero Figún, Marco Antonio Elizeche, Alfredo Rojas León, Mariel Travella, Jorge Canese, Augusto Casola, Martín Burt y Blas de Añazco.

** Jorge Canese publicó Más Poesía (ediciones CRITERIO, 1977), que revela una vena lírica y preocupación social.
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Novela

** Han aparecido muchos menos narradores que poetas en el país en los últimos veinte años. Salvo error, los únicos nombres que podemos citar en la novela son los de Jesús Ruiz Nestosa, Lincoln Silva y Augusto Casola, a los que nos referimos seguidamente.
** Jesús Ruiz Nestosa (1943) es crítico de arte, periodista y narrador. Ha publicado una serie de historias cuyo género oscila entre los de la crónica periodística y el cuento, aparecidos en diversos periódicos de Asunción durante varios años. En 1973 aparece su primera novela, Las musarañas. Se trata de la crónica del ascenso y caída de una familia arrivista, que se beneficia gracias al sistema político paraguayo actual y declina inesperadamente. El personaje central es una mujer -cuyo nombre no se nos da, como que tampoco se nos da otro nombre-, que viene del campo, se casa con un campesino ambicioso que llega a ocupar un importante cargo público, se hace rico y asciende de posición social. Ello obliga a la familia a vivir en forma aun más convencional de la que tenían en el campo: la señora trata de adquirir un barniz de cultura y se agota en compromisos sociales; el marido toma una secretaria que es también amante; la hija es preparada para comportarse como una niña bien. El hijo (a quien la familia trata de educar convencionalmente) se rebela, escribe poesía y vive con una muchacha sin casarse. Esto último es el dolor de cabeza de los padres, que tratan de hacer olvidar su origen social humilde mediante el rígido (y exagerado) cumplimiento de las leyes sociales. Sin embargo, llega un problema aún mayor con el escándalo provocado por las maniobras fraudulentas del marido, que pierde fortuna y posición social y debe mudarse a una casa humilde en el campo, donde la mujer monologa obsesivamente.
** Es a través de este monólogo que nos enteramos de toda la historia. Aunque la novela no tiene ni un punto ni una coma, ni una mayúscula, se la puede leer fácilmente. Esta forma es adecuada para expresar el estado de confusión mental de la protagonista. Las primeras líneas de la novela son iguales a las últimas, de esta manera se indica que el flujo de las representaciones mentales de ésta no tienen un carácter discursivo y lógico, que se trata de un estado obsesivo. La -182- mujer busca recuperar lo perdido pero no hace ningún esfuerzo para ello; aún más, sabe que todo esfuerzo es inútil porque el ascenso o caída de la familia dependía y depende de factores ajenos: el favor de los poderosos. En este sentido la conciencia del personaje es como un microcosmos que refleja todo un sistema, y el mérito del autor consiste en haber presentado esta conciencia y el sistema que la hace posible.
** Lincoln Silva (1941) inicia su carrera literaria escribiendo poesía, la que abandonará después por la narrativa. Por razones políticas debe abandonar el Paraguay y radicarse en Buenos Aires, donde vive actualmente. Su primera novela, Rebelión después es una denuncia del sistema político paraguayo en términos a veces demasiado directos. La segunda, General general (1975) demuestra mayor dominio de la técnica novelística siendo una sátira política. El personaje central es un izquierdista iluso que en su afán obsesivo de cambiar en forma radical la situación política del Paraguay, y con fe ciega en su misión providencial, pierde contacto con la realidad, organiza una rebelión que fracasa y muere en la cámara de tortura. Se puede ubicar la novela dentro de la línea del realismo mágico -debido a la serie de acontecimientos sobrenaturales que nos presenta-. Digamos además que ésta tiene algo poco común en la literatura paraguaya: el sentido del humor, que a veces llega a ser excesivamente cruel. Lamentablemente, la relación entre los elementos humorísticos y los trágicos no siempre está bien lograda: a veces pasa de lo primero a lo segundo sin ninguna transición. Por otra parte, la relación entre los diversos planos de la narración no siempre es afortunada. Queremos decir la inserción de lo mágico en lo real -propia del realismo mágico-; falta además un hilo conductor que pueda integrar completamente dichos planos. Resumiendo digamos que a pesar de contener elementos muy válidos, el conjunto de la obra adolece del defecto de no haber sido trabajada con la debida detención.
** Augusto Casola (1944) es poeta y narrador. En 1972 obtiene un premio por la novela El laberinto. Ésta es la historia de una joven, Susana, que trata de realizarse humanamente en medio del ambiente convencionalista de la sociedad paraguaya de nuestros días pero fracasa. En realidad, no se trata de un problema individual sino de un caso típico -en la intención de la obra-. Ésta, en efecto, pretende darnos una idea de las dificultades de la juventud paraguaya que busca su camino en un ambiente donde las posibilidades de triunfar (en el verdadero sentido de la palabra) son mínimas. Susana trata de vivir su propia vida, pero todo conspira contra ella: la educación, la familia, las amistades, el amante. Sola en un mundo que le es ajeno sin tener siquiera una clara idea de los objetivos por los cuales lucha, la muchacha termina por aceptar la imposición de los demás: un matrimonio convencional, lo que no la satisface y la envuelve aún más en un laberinto.
** Casola desarrolla su obra mediante una técnica que se puede llamar cinematográfica: mediante distintas escenas o tomas, presenta la evolución de los problemas de la protagonista. La secuencia de estas tomas no es la del tiempo lineal -pasado, presente, futuro-, sino un continuo tránsito del presente al pasado y al futuro -tratamiento del tiempo frecuente en la novela contemporánea-. En las tomas a veces aparece la voz del narrador omnisciente; a veces la de la protagonista, que habla en primera persona y reflexiona sobre sus problemas o evoca sentimientos y anécdotas en formas similares a las del monólogo interior y el flujo de conciencia. El autor llega a ser muy preciso para describir situaciones peculiares de Asunción, y el estilo tiene a veces gran intensidad poética; el diálogo, sin embargo, no está bien logrado, oscilando entre los extremos del academicismo y la excesiva simplificación.
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Conclusión
** La situación política, social y económica no ha favorecido el desarrollo fecundo de la literatura en el Paraguay, en lo que va de 1960 a 1980. Debido a la incertidumbre política, la carencia de estímulos y la insuficiencia de medios, el bajo nivel educacional y económico de una gran mayoría, la producción literaria ha sido deficiente, si se la compara con la de otros países latinoamericanos; no ya con la de los más grandes (México, Brasil), sino con la de los pequeños como Costa Rica. A pesar de todo, los poetas se han ingeniado para sobrevivir, y observamos un interesante surgimiento de poetas talentosos últimamente. La novela ha producido mucho menos.
** Es imposible hacer predicciones, pero es lógico suponer que un mejoramiento de la situación política, social y económica, proporcionará la base sin la cual no puede haber una literatura nacional sólida. Al decir esto no pretendemos desconocer los logros individuales -algunos considerables-. Queremos decir esto: una literatura nacional sólida es más que tal o cual escritor que trabaja aisladamente, más que un reducido número de selectos lectores. Es comunicación entre los escritores y un público numeroso. Es la creación de un repertorio de temas, la comprensión de la importancia de la actividad literaria, el establecimiento de una atmósfera propicia a la creación, la conciencia y la transmisión de una tradición.
**/**
Fuente
(De los días coloniales a 1939)
VIRIATO DÍAZ-PÉREZ
prólogo por
RUBÉN BAREIRO SAGUIER ;
anotaciones RAÚL AMARAL
Edición digital: Alicante :
Contiene:
Evolución intermedia (1940-1950) / Josefina Pla.
Testimonio-Teatro-Ensayo-Agregados /
Rodrigo Díaz-Pérez.
La poesía y la novela en el Paraguay /
Guido Rodríguez-Alcalá.
N. sobre edición original:
Edición digital basada en la de Palma de Mallorca,
Luis Ripoll, 1980.

lunes, 8 de marzo de 2010

SINFORIANO BUZÓ GÓMEZ - ÍNDICE DE LA POESÍA PARAGUAYA / Reseña de autores: PRIMER PERIODO (1860-1910), SEGUNDO PERÍODO (1911-1932) y TERCER PERÍODO

"ÍNDICE DE LA POESÍA PARAGUAYA"
Por
SINFORIANO BUZÓ GÓMEZ
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
Editorial Indoamericana
Segunda edición
Asunción-Buenos Aires 1952 -335 páginas
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PRIMER PERIODO
(1860-1910)

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** En rigor, la poesía paraguaya se inicia con Natalicio Talavera, que comienza a escribir en los últimos años del gobierno de don Carlos Antonio López, y llega a ser el bardo nacional por excelencia en los días de la guerra de la Triple Alianza, cuando sus versos se recitaban en los campamentos o nuestros padres marchaban al combate entonando las marciales estrofas de su "Himno Patrio". Talavera perteneció a la generación que asomó a la vida pública más o menos por 1860, en momentos en que el Paraguay afirmaba su poderío e iniciaba una era de esplendor. Cultores del verso contemporáneos de Talavera fueron el deán Bogado, el Dr. Tristán Roca (oriundo de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia) y Juan Crisóstomo Centurión, y una pléyade de modestos trovadores que componían toscas rimas principalmente en guaraní, y de cuyos nombres no queda memoria casi. La labor anónima de aquellos trovadores -coplas, décimas, cielitos, glosas, compuestos...- en gran parte de un valor circunstancial pero de rico sabor como toda creación popular, constituye el romancero de la guerra grande, que alguna vez ha de compilarse.
** Entre 1871 y 1890, es decir, en el curso de las dos décadas siguientes a la terminación de la guerra que dejó en ruinas la otrora floreciente república, surgen los primeros poetas del segundo período constitucional, que salvo excepción- frecuentan el campo de la-musas por corto tiempo. Cantan a la patria, lloran sus desgracias, el timbre de sus versos lleva el acento de melancolía y de dolor de la generación nacida entre los escombros de la tragedia. Enrique D. Parodi, Venancio V. López, Adriano Matheu Aguiar, Manuel María Viera, pertenecen a esta época. De éstos, Parodi y Aguiar, que residieron desde muy jóvenes en el exterior, cultivaron otros géneros poéticos, además de la poesía patriótica, y fueron amenos prosistas. Por entonces, se vinculan a la vida paraguaya varios vates extranjeros cuya producción forma parte de nuestra literatura: Victorino Abente, que amó a nuestra tierra con amor de hijo, y que cantó las bellezas de nuestro suelo y las glorias de nuestra historia; Próspero Pereira Gamba, autor de poemas inspirados en episodios de la trágica muerte del presidente Gill; y Cristóbal Campos, naturalista español que publicó una composición poética jocosa sobre algunos personajes públicos.
** Después de 1890 y hasta 1910 -tercera época de este periodo- desfilan, en orden cronológico, Delfín Chamorro, José Cándido Diana, Fulgencio R. Moreno, Liberato Rojas, Juan Francisco Pérez Acosta, Alejandro Guanes, Juan Pablo Casabianca, Ignacio A. Pane, Juan E. O'Leary, Francisco L. Bareiro, Ricardo Marrero Marengo, Daniel Giménez Espinosa, Héctor L. Barrios, M. Pérez Martínez, Ángel I. González, Gomes Freire Esteves, Toranzos Bardell, Arturo D. Lavigne (autor del poema "Loca", 1902, y del libro de versos "Trinos Matinales", 1904), Juan R. Dahlquist, Luis y Víctor Abente Haedo (enmudecidos, después de los primeros balbuceos), Cecilio Báez, Manuel Gamarra, Hérib Campos Cervera, Eladio Velázquez (también pronto arrincono la lira), Roberto A. Velázquez (publicó poemas simbolistas bajo el seudónimo de Daniel Aubert), Juan B. Tournedou (sacerdote francés que cantó a los niños mártires de Rubio-Ñu), Honorio Alfonso Díaz (poeta en guaraní que, escribió canciones jocosas, como "Nde jha cho"), Félix Cabrera (coronel del ejército nacional como el anterior, autor de composiciones en guaraní).
** Entre todos ellos se destacan: Chamorro, Guanes, Pane y O'Leary. Pérez Martínez es el precursor de la poesía lírica en lengua guaraní; su "Rojhechagaú" -el más delicado madrigal de la poética aborigen-queda como una joya en su género. Pane, que escribió en sus últimos años en guaraní, es el primer sonetista en el idioma gentilicio; él y Pérez Martínez son los más castizos de nuestros vates guaranios. Poetas románticos los de esta época -excepción de Chamorro (clásico), de Bareiro (modernista) y de algunos otros en cuca producción ya hay manifestaciones de las nuevas corrientes literarias- se inspiran en la libertad, el amor, la patria y sus glorias. Los versos de estos portaliras -pocos reunieron su cosecha en el libro- se hallan diseminados en la prensa diaria; en "LA ILUSTRACIÓN PARAGUAYA" (1891-94), que dirigió Hermógenes Romero; en la "REVISTA DEL INSTITUTO PARAGUAYO" (1896-1907), la publicación histórico literaria más importante aparecida hasta hoy en el país; en "LA PLUMA JOVEN" (1900) ; en "ALÓN" (primera época: 1903-1904); en "TRIBUNA" (1905).
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SEGUNDO PERÍODO
(1911-1932)
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** Inicia este período Eloy Fariña Núñez, guaraní de alma helénica, recia personalidad intelectual cuya aparición en el campo de las letras patrias significó todo un acontecimiento. En tanto, la poesía guaraní se afirma y gana carta de ciudadanía con Narciso R. Colmán (Rosicrán), el más laborioso de los bardos guaranios, verdadero patriarca de nuestra literatura aborigen, que se da a conocer como poeta Guardo ya ha traspuesto los lindes de la juventud. Tras Colmán, surge una falange de versistas en lengua autóctona.
** La mayoría de los iniciados por los años de 1911 a 1918 -siempre dentro de la primera época de este período-, se agrupa en compañía de distinguidos prosistas, como Leopoldo Centurión y Roque Capece Faraone, y de aquel caricaturista de talento que fue Acevedo, para fundar la revista "Crónica", que es expresión de un momento interesante de la vida literaria nacional. Y mientras en la capital radica ya el mencionado grupo -en el que oficia de máximo pontífice de la lírica Guillermo Molinas Rolón, el simbolista de caudalosa inspiración, que es precursor, en algunos aspectos, de la poesía nativista-, en la ciudad guaireña suenan y aprisionan quimeras Manuel Ortiz Guerrero -una de las potencias de nuestro parnaso cuya voz pareciera modular todas las notas de la gama de armonías de su nativa selva-, Leopoldo Ramos Jiménez, Facundo Recalde, J. Natalicio González, Francisco y Luis Ruffinelli, Carlos Regis Caroni, Aníbal Codas, Eduardo Alarcón, compitiendo por esos años, Asunción y Villarrica en el culto de la poesía. Y en este torneo de la gaya ciencia, termina imponiéndose Asunción, por mandato de lo social y de lo económico, concentrando en su seno a casi todos los participantes. "Letras" y "Fígaro", publicaciones que siguieron a la ya citada "Crónica" y, más tarde, la "Revista del Gimnasio Paraguayo", "Pórtico" y algunas estudiantiles, recogieron también la prosa o el verso de los escritores jóvenes. Los poetas de este lapso se caracterizan, en general, por sus ideales puramente estéticos. Producen bajo la influencia de Rubén Darío, Herrera y Reissig, Nájera o los maestros de la moderna lírica francesa. Escapan a esta caracterización, Fariña Núñez, poeta de cultura clásica que sabe administrar los aportes del modernismo y que, aunque se inspira en diversas fuentes, conserva su originalidad nutriéndose con la savia de lo genuinamente nacional, y Ramos Jiménez, cuando menos en sus primeros tiempos, en que disuena con sus contemporáneos al hacerse intérprete de las ansias de justicia de las clases oprimidas. Con el correr de los años, libres de influencias, algunos hay que terminan por identificarse con las cosas y anhelos de su medio y de su pueblo. El tema de su inspiración lo hallan en motivos locales, o que aun siendo diferentes los abordan infundiendo a su producción el sabor del terruño.
** Después hace su irrupción otro grupo -segunda época de este período- allá por 1921 ó 1922. La revista "Juventud", su tribuna, fué dirigida, primero, por dos de los integrantes de aquél, prematuramente desaparecidos, Heriberto Fernández y Raúl Battilana De Gásperi, luego por José Concepción Ortiz y Juan Sorazábal (Chuchín), artistas ambos -del verso el uno, del lápiz el otro-, y finalmente por Manuel Barrios Battilana y Adolfo Irala Ferreira, pero sostenida económicamente siempre por un Mecenas cuyo nombre -Gaspar Trinidad- es de justicia mencionar aquí, y que tuvo el mismo eficaz papel que en "Crónica" cumpliera Arturo Campos. Simultáneamente a la publicación de "Juventud" fue la aparición de "Alas", revista literaria de la misma importancia que aquélla, pero de corta vida. Los poetas de este lapso no se diferencian fundamentalmente de los del anterior. Como la mayoría de aquéllos carecen de ideales sociales y políticos, a pesar de vivir en tiempos de profundas convulsiones colectivas, no encuentran motivos de inspiración en la realidad social de la patria y pocos los hallan en la ubérrima naturaleza campesina. Los que siguen, comienzan a escribir entre 1924 y 1928 y se dan o conocer desde fugaces hojas estudiantiles. Por lo general, estos poetas están contagiados por las inquietudes populares, no son extraños a las ideas e ideales de su tiempo y se identifican con los anhelos de renovación que ya comienzan a agitar a las multitudes paraguayas. Así, muchas veces su poesía es civil o social. Claro, esto no es obstáculo para que canten a la mujer amada trovas semirrománticas en versos musicales o produzcan poemas de hondo subjetivismo.
** Un rasgo interesante de este período lo constituye el conjunto de poetisas que aportan una nota de espiritualidad y delicadeza a nuestra lírica. Son las continuadoras de la labor de doña Ercilia López de Blomberg, la primera mujer que en el Paraguay compuso o tradujo versos, y de las que años después prosiguieron a aquélla y que quedaron a medio andar en el camino.
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TERCER PERÍODO
LOS NUEVOS

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** Con posterioridad al año del comienzo de la guerra con Bolivia (1932), se inaugura otro período en la poética nacional, que se distingue por la incorporación a nuestro medio de los movimientos llamados de vanguardia de la lírica contemporánea. En comparación con otros países, ellos llegan con retraso al Paraguay, cuando ya declinan allí donde tuvieron nacimiento. Es que faltaban las condiciones sociales y políticas adecuadas. Sólo los acontecimientos que han venido trabajando a la sociedad paraguaya, desde antes de 1932, y la contienda chaqueña, han creado el clima propicio a la sensibilidad que tiene su expresión en la nueva poesía.
** Es el iniciador de la renovación Hérib Campos Cervera, quien coloca -al decir de Walter Weys- la literatura paraguaya en el ritmo universal. A él puede aplicársele la gráfica frase de Rachilde: "él abrió las ventanas", con que la escritora francesa refirióse a Verlaine en el movimiento de innovación de la poesía de su tiempo. Por tanto, por el nombre del autor de "Ceniza redimida" ha de comenzarse el estudio de nuestra poética en su tercer período. También ha de citarse el de Josefina Plá, la mayor poetisa aparecida hasta hoy en el parnaso paraguayo, aparte de su labor de creación, por sus trabajos de interpretación y divulgación de los nuevos cánones literarios.
** Nueva técnica del verso (aunque -salvo excepción- sin aceptar completamente las innovaciones), nuevos y más variados motivos, mayor profundidad y lirismo, cultivo del poema de sugestión, influencia de lo popular, acentuada importancia de lo social (predominante ya en la última época del período anterior) y atenuación de lo descriptivo, señalan los matices de la cosecha de nuestros poetas en esta época. Hay, sin duda, los que siguen, o vuelven, a la técnica tradicional y, respondiendo a su tempejamento, cantan a la manera romántica o producen poemas modernistas o con reminiscencias clásicas.
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ÍNDICE
Dos palabras
Orígenes de la poesía paraguaya
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Primer período (1860-1910)
· DE MARÍA TALAVERA. - A mi madre - Reflexiones de un centinela en la víspera del combate - Himno patrio
· JUAN JOSÉ DECOUD. – Lamento
· PRÓSPERO PEREIRA GAMBA. - El espectro
· ENRIQUE D. PARODI. - El medallón - Patria - Fraternidad y unión (fragmentos)
· ADRIANO M. AGUIAR. - Recuerdo a. la patria - Nocturno – Loetitia in umbra
· VENANCIO V. LÓPEZ. -Al Paraguay
· DELFÍN CHAMORRO. - Todo está perdido - La esperanza - Adiós a Yvyty
· LIBERATO ROJAS. -Hojas dispersas
· JOSÉ CÁNDIDO DIANA. - A Villa Concepción
· FULGENCIO R. MORENO. -Yvá - Al Cerro Yariguaá
· ALEJANDRO GUANES. - Las leyendas - La guitarra - Glosa de las siete palabras - Allan Kardec
· HÉCTOR L. BARRIOS. - Mariposa de alas negras
· IGNACIO ALBERTO PANE. - El pombero - La mujer paraguaya - "Si vis pacem, para bellum" - Yvapurú - Tesá jhu mocói me
· JUAN E. O'LEARY. - ¡Salvaje! - Natalicio Talavera - ¡ Muerta!
· FRANCISCO LUIS BAREIRO. – Espuma
· HÉRIB CAMPOS CERVERA. - Salmos de amor
· DANIEL JIMÉNEZ ESPINOSA. - Sombra - La mujer de la Residenta
· JUAN R. DAHLQUIST. – El Santa Fe
· RICARDO MARRERO MARENGO. -La serenata - Curupayty – Humaitá
· MARCELINO PÉREZ MARTÍNEZ. - Rojhechaga'ú - Kyguá-verá – Queja
· GOMES FREIRE ESTEVES - Fugaz - Elogio de María de Médicis
· ÁNGEL I. GONZÁLEZ. - A la luna – Fatídicas
· FORTUNATO TORANZOS BARDELL. - La barcarola – Azul
· MANUEL GAMARRA.- La muerte del naranjo
· Dos poetas hispanoparaguayos: VICTORINO ABENTE. -Salto Guairá / RAFAEL BARRETT. – Decadencia
· Un poeta galo en el Paraguay: JUAN PABLO CASABLANCA. - Los frutos de oro
· CECILIO BÁEZ. - Ocara poty
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Segundo período (1911-1932)
· ELOY FARIÑA NÚÑEZ. - Autobiografía - Cantos dóricos: Ante las ruinas de Humaitá - Canto Secular (fragmentos) - Al general Díaz - Melopeas jónicas: Pata de gallo - Ojos glaucos – Vuelo de flamencos - La serpiente - Máter dolorosa
· NARCISO RAMÓN COLMÁN (Rosicrán).-Angaipá ypycué
· LEOPOLDO A. BENÍTEZ. – Ihtororó
· DOROTEO MELGAREJO – Empalado
· FERMIN DOMÍNGUEZ. - Al Paraguay (fragmentos)
· ADRIANO IRALA. - ¿Recuerdas? - Soneto
· NÉSTOR EDUARDO RIVERO. - Cómo pesa esta pluma - Rimas cristalinas
· PEDRO PÉREZ. -Tus lunares
· PABLO MAX YNSFRÁN.-La parábola de la selva - El año muerto - A un hombre
· GUILLERMO MOLINAS ROLON. - Mi lira - En la fiesta de la raza
· SERVILIANA GUANES M. DE BRUGADA - Sor Anita Simón Miltos - La madre pobre
· LEOPOLDO RAMOS GIMÉNEZ. - El boyero - Cuando pasan las banderas del dolor universal - Junto al alma del mar – Canto a las palmeras de Río de Janeiro
· MANUEL ORTIZ GUERRERO. - Suma de bienes - Schúbert en tu piano - Ricordo - El gaucho – Chamorro - Panambí verá
· FRANCISCO MARTÍN BARRIOS. - Las Siete Cabrillas
· FACUNDO RECALDE. - Ananké - Vanamente - El expatriado de la Nochebuena
· ENRIQUETA GOMEZ SÁNCHEZ DE JIMÉNEZ ESPINOSA. - Mi dedal - Ofrenda mística (A Santa Teresa de Jesús)
· ANASTASIO ROLÓN MEDINA. - Abramos la ventana
· J. NATALICIO GONZÁLEZ. - Credo - La estrella bañista - Era cual rosa toda rosada
· LYDIA KALLSEN DE TORRES. - Canción de cuna
· JOSÉ ARTURO ALSINA. - Dame amada la mano
· FERNANDO RIVAROLA. - Final de otoño - Desde que te fuiste
· CARLOS A. JARA. - ¡Adiós a la vida!
· JORGE BÁEZ. – Salomé
· FRANCISCO ORTIZ MÉNDEZ. - Pluvial - Mi hija - Connubio glorial
· ANÍBAL CODAS. - A una virgen morena
Otros nombres
· MARINO A. MOLAS. – La calavera
· JOSÉ CONCEPCIÓN ORTIZ. -Campo - Amor de caminante - Vai-vén. - A Raúl Battilana - Sidérca - Querencia - A una aldeana - Delirio lírico
· RAMÓN RIQUELME NOGUERA. -El dolor de tu suspiro
· VICENTE LAMAS (h.). - Asunción - Blasón - Canción del miliciano guaraní - Momento - El tropero - La carreta
· EMILIO PRATS GILL. - A una mujer primaveral - Doncellica pastora - Amor mar
· HERIBERTO FERNÁNDEZ. - Visiones de églogas (La vaca - El maíz - Campo - La palmera - Añoranzas) - Voces de ensueño (Canción de los humildes - Arias grises - Motivos de mar) – Los sonetos a la hermana
· RAÚL BATTILANA DE GÁSPERI. - Mística - ¿ ?
· PEDRO HERRERO CÉSPEDES. – El monje
· MARÍA JOSEFINA PLÁ GUERRA GALVANY.- Trópico - En el paisaje nuevo – Soy
· LUIS RESQUÍN HUERTA. - Bajo la tarde glauca - Canción de juventud
· IDA TALAVERA DE FRAGGHI.A, - Éxtasis – Nubes
· JOSÉ LUIS NICORA. -Acordes geórgicas
· DORA GÓMEZ BUENO DE ACUÑA. -Balada de la flor de caña - Quimera de carne - Panteísmo - Sólo mío – Fusión
· NÉSTAR ROSA MAZÓ DE PÉREZ. - Te aguardaba un oasis de mi desierto - Balada del árbol
· VICENTE CABRERA CARDÚS, - Letargia
· BASILIANO CABALLERO IRALA. - Héroes anónimos
· NATHALIE BRUEL PÉRÉS. - Le paradis perdu! – Rêves
· JULIÁN VILLAMAYOR. - Camino real
· JULIO CORREA. - Arroyo Jaén - El río es un gran poeta – Romance del viejo amor - Aguafuerte - Patria - Romance de sangre y lágrimas - Bandera del 23 - No cantéis más, poetas... - Romance del niño asesinado - Parto
· ELADIO BATTILANA DE GÁSPERI. - Camino de campo adentro
· HIPÓLITO SÁNCHEZ QUELL. - Elogio de la calle Saccarello
· ANTONIO ORTIZ MAYANS. - Obrerita - Palabras para mi tierra infortunada
· ARÍSTIDES DÍAZ PEÑA. - La canción del arada
· ARNALDO VALDOVINOS. - El mutilado del agro
· MARIANO CELSO PEDROSO. - Curusú rapé
· SERVILIANO SOLÍS. – Tarde de otoño
· PEDRO P. DOMÍNGUEZ. - Palo santo
Vates guaranios:
· DARÍO GÓMEZ SERRATO. – Porandúimí
· FÉLIX FERNÁNDEZ. - Che trompo
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Tercer período - Los nuevos
· HÉRIB CAMPOS CERVERA. - Bajo la noche álgida - Romance de la gaviota ciega - 23 de Octubre - Responso - Regresarán un día (fragmentos) - Manduá rory - La noche de los toldos
· MANUEL VERÓN DE ASTRADA. - En un álbum - Mi pueblo
· RENEÉ CHECA. - Ma terre guaraní
· OSCAR ESCULIES. – Serenata
· CARLOS MIGUEL JIMÉNEZ. – ¡Viva la galopera!
· ALBA LUZ BENÍTEZ CAPURRO (Alba Luz).- Mariposas
· HUGO RODRÍGUEZ ALCALÁ. - Alba del domingo en Miami
· OPTACIANO FRANCO VERA.-De paso por el agro
· AUGUSTO ROA BASTOS. -El poncho del arriero - Canción de Nochebuena en la cárcel - Deprecación al minuto iluminado
· ALFREDO ANDRÉS JACQUET. - Tres poemas breves
· JUAN SILVANO DÍAZ PÉREZ. –Envío
· NÉSTOR ROMERO VALDOVINOS. - Ycuá rapere
· LEOPOLDO CÉSPEDES. – Poeta
· JESÚS AMADO RECALDE (Papotín).-Luna llena – Infortunio
· EZEQUIEL GONZÁLEZ ALSINA (Gastón Chevalier París).- Palabras que decirte – Camino
· OSCAR FERREIRO.- Luna reja - Materia apasionada
· ELVIO ROMERO. - La muerte del indio
· JOSÉ ANTONIO BILBAO. – El claro arrobo
· LOLA GÓMEZ FIGUEREDO. - Laguna azul - Recuerdos del mar
· AZUCENA ZELAYA. - Evasión - Para unas trenzas rubias
· ELSA WIEZELL. - Elegía del poema último
· ALFREDO MARIANO GARCÍA. – Galope
· RODRIGO DÍAZ PÉREZ. - Poema del minuto discreto
· JOSÉ-LUIS APPLEYARD URDAPILLETA. - Hasta el último pétalo - Tú, del Sur
· JOSÉ RICARDO MAZO UGARRIZA. - Motivos griegos
· RUBÉN BAREIRO SAGUIER. -Angustia de veinte años
· JOSÉ MARÍA GÓMEZ SANJURJO. - Este volver
· MARÍA LUISA ARTECONA. - La cuadrilla del hachero
· RAMIRO DOMÍNGUEZ. -Canción de las manos que emigran
· GRACIELA FERNÁNDEZ ESTIGARRIBIA. -La victoire
· SANTIAGO DIMAS ARANDA. – Juventud
Palabras guaranías empleadas en el texto español de esta obra

jueves, 4 de marzo de 2010

PANORAMAS GENERICOS DE LA LITERATURA PARAGUAYA Por TERESA MÉNDEZ-FAITH / Fuente: ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA PARAGUAYA


PANORAMAS GENERICOS DE LA
LITERATURA PARAGUAYA
Fuente:
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
Editorial El Lector, Asunción-Paraguay 2004

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ENSAYO: SIGLO XX
** Paraguay cuenta con una rica e influyente producción ensayística a lo largo de todo el siglo XX, especialmente significativa hasta mediados de la década del 50 cuando la narrativa, y en particular la concebida y publicada en el exilio, empieza a incorporar a la ficción ciertos núcleos temáticos provenientes de la historia paraguaya, pasada o presente, hasta entonces de dominio casi exclusivo del ensayo histórico, político, biográfico, filosófico y/o sociológico. Como en otros países de Latinoamérica, el contexto histórico-político-cultural de las primeras cuatro décadas del siglo pasado explican parcialmente el hecho de que el ensayo fuera el género literario predominante de esos años y que incluso después continuara siendo uno de los géneros más fecundos de la literatura paraguaya. En el caso específico del Paraguay, dichas coordenadas contextuales incluyen, desde fines del siglo XIX hasta fines de la década de 1980: dos guerras internacionales (la Guerra de la Triple Alianza o Guerra del 70, contra Uruguay, Brasil y Argentina, 1864-1870, y la Guerra del Chaco contra Bolivia, 1932-1935), una guerra civil (la Revolución de 1947) y los casi 35 años de la dictadura del general Alfredo Stroessner (1955-1989).
** En general, se considera que la literatura paraguaya se inicia a principios del siglo XX con las obras de un grupo de intelectuales que aparecen en el escenario cultural alrededor de 1900. Estos escritores, nacidos casi todos durante, poco antes o poco después de la Guerra del 70, en su mayoría prolíficos ensayistas y poetas, integran la llamada "generación del 900" o "promoción de 1900" y a través de su quehacer literario se proponen –como sus coetáneos españoles, los integrantes de la "generación del 98"– ayudar en la reconstrucción espiritual del país, por un lado reafirmando los valores nacionales y por otro reinterpretando y reivindicando ciertos aspectos del pasado histórico paraguayo. Entre los miembros más representativos de este grupo están: Cecilio Báez, Manuel Do-mínguez, Eloy Fariña Núñez, Blas Garay, Manuel Gondra, Alejandro Guanes, Fulgencio R. Moreno y Juan E. O’Leary. Todos son periodistas; todos, excepto Manuel Domínguez, son poetas; y todos, excepto Alejandro Guanes, se dedican, en mayor o menor grado, al ensayo histórico y a la historiografía nacional.
** Alrededor de 1915 surge otro grupo de destacados ensayistas que continúan el trabajo de investigación y reinterpre-tación histórica de la promoción de 1900, entre los que sobresalen especialmente Justo Pastor Benítez, Arturo Bray, Natalicio González y Pablo Max Ynsfrán. A partir de la década del 30 (en que se desarrolla la guerra con Bolivia) aparecen las obras de dos historiadores de renombre: Julio César Chaves, autor de una de las biografías más conocidas del dictador Francia, y Efraím Cardozo, profundo conocedor de la Guerra del Chaco y uno de los firmantes del Tratado de Paz entre Paraguay y Bolivia (1938).
** Durante la segunda mitad del siglo XX surgen varios ensayos críticos, filosóficos, sociológicos e histórico-políticos de importancia para penetrar y ahondar en la realidad nacional, entre los que hay que destacar las obras de Juan Andrés Cardozo, Osvaldo Chaves, Efraín Enríquez Gamón, Adriano Irala Burgos, Epifanio Méndez Fleitas, Hipólito Sánchez Quell, Alfredo Seiferheld, Mauricio Schvartzman y Helio Vera. Entre los historiadores de la cultura y críticos literarios más fecundos de este siglo figuran: Raúl Amaral, Rubén Bareiro Sa-guier, Carlos R. Centurión, Francisco Pérez Maricevich, Jose-fina Plá, Guido Rodríguez Alcalá y Hugo Rodríguez-Alcalá, para mencionar sólo a los de más larga y amplia labor crítica y ensayística.
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NARRATIVA ACTUAL
** En términos generales, la narrativa ha sido el género menos prolífico de la literatura paraguaya y el más afectado por el contexto histórico-político nacional. Hasta mediados del siglo XX predomina el ensayo histórico y en la escasa producción narrativa del período tienden a prevalecer, como en el ensayo, las corrientes romántico-nacionalistas de exaltación del pasado y de afirmación de los valores espirituales del pueblo paraguayo, heroico sobreviviente de la catástrofe de la Guerra Grande (o Guerra de la Triple Alianza: 1864-1870). Dentro de esa línea tradicionalista, iniciada por el argentino Martín de Goycoechea Menéndez –glorificador de la Guerra Grande y mitificador de la literatura nacional– habría que mencionar las obras histórico-costumbristas de Natalicio González, Teresa Lamas de Rodríguez Alcalá, Concepción Leyes de Chaves y Carlos Zubizarreta.
** Entre 1932 y 1935 el Paraguay sufre otra guerra internacional (Guerra del Chaco, contra Bolivia) que tiene, no obstante, consecuencias positivas en el plano literario al promover una toma de conciencia de la realidad nacional y la incorporación de temas significativos (la guerra, los problemas del agro y de los yerbales, la persecución política, el exilio, etc.) en la narrativa posterior. Ejemplifican dicha renovación temática: Cruces de quebracho (1934) de Arnaldo Valdovinos, Ocho hombres (1934) de José Santiago Villarejo, ambas inspiradas en la guerra del Chaco, y especialmente El guajhú (1938) de Gabriel Casaccia, colección de cuentos donde su autor da el golpe definitivo a la visión literaria idealizada y romántica, totalmente falsa del campesino paraguayo. Sin embargo, la narrativa paraguaya recién empieza a adquirir distinción y atención internacional en la década del 50, con la aparición en Buenos Aires de tres obras –La Babosa (novela, 1952) de Gabriel Casaccia, Follaje en los ojos (novela, 1952) de José María Rivarola Matto y El trueno entre las hojas (1953), la primera colección de cuentos de Augusto Roa Bastos– que rompen con las tendencias narcisistas y mitificadoras prevalecientes y reincorporan a la ficción el realismo crítico inaugurado por Rafael Barrett a principios de siglo pero prácticamente ausente en la narrativa publicada hasta entonces dentro del país.
** Las coordenadas histórico-políticas de los últimos cincuenta años dificultan, y también explican, la producción narrativa paraguaya. En ese lapso el país ha pasado por una sangrienta guerra civil (Revolución de 1947) y ha soportado una de las dictaduras más largas de la historia americana (la del general Stroessner, 1955-1989). No debe sorprender entonces que las obras actualmente más conocidas hayan sido concebidas y publicadas en el exilio. En efecto, lejos de la represión y censura vigentes en su país, los escritores exiliados pueden expresarse libremente y desarrollar sin trabas una narrativa artísticamente elaborada, a tono con el momento histórico presente y de contenido socio-político significativo. De ahí que sea en las obras de esos expatriados –Rubén Bareiro Saguier, Gabriel Casaccia, Rodrigo Díaz-Pérez, Augusto Roa Bastos, Lincoln Silva...– donde se van a encontrar tanto el planteamiento más directo como el reflejo más fiel de la problemática nacional de las últimas cuatro décadas. Gabriel Casaccia, iniciador de la narrativa paraguaya contemporánea, recupera de manera crítica varias décadas de descomposición moral y corrupción política en tres novelas: La Babosa (1952), La llaga (1963) y Los herederos (1975), y dedica Los exiliados (1966) a tocar el tema del exilio político, prácticamente inexplorado en la narrativa intrafronteras. Augusto Roa Bastos, Premio Cervantes 1989 y uno de los escritores hispanoamericanos más destacados, examina el presente y el pasado nacionales a lo largo de coordenadas histórico-políticas en Hijo de hombre (1960) –novela del dolor paraguayo y uno de los textos más importantes de la na-rrativa hispanoamericana contemporánea– y en Yo el Supremo (1974), su segunda y más famosa novela, narrada desde la ubicua perspectiva del doctor José Gaspar Rodríguez de Francia, primer dictador paraguayo y una de las figuras más controversiales de la historia nacional.
** La dictadura, tema de difícil incorporación en la narrativa interna, está implícita o explícita en el miedo que atormenta a tantos personajes de las obras del exilio. Y se hace directa en su realidad de cárceles, torturas y persecuciones en varios cuentos de Rubén Bareiro Saguier –incluidos en Ojo por diente (1973) y en El séptimo pétalo del viento (1984)– y de Rodrigo Díaz-Pérez –contenidos en Entrevista (1978), en Hace tiempo... mañana (1989) y en Los días amazónicos (1995)– como también en las dos novelas de Lincoln Silva: Rebelión después (1970) y General General (1975). Productos del destierro son también dos obras inspiradas en la problemática nacional: El collar sobre el río (cuentos) de Carlos Garcete y El invierno de Gunter (novela) de Juan Manuel Marcos, ambas publicadas en 1987.
** En cuanto a la producción narrativa interna posterior a 1960, es importante señalar la gravitación negativa de la represión dictatorial y de las censuras y autocensuras vigentes hasta fines de la década del ochenta que explican, en gran parte, la escasez numérica de obras publicadas dentro del país hasta el presente. Como bien lo indica Guido Rodríguez Alcalá, dadas las circunstancias del contexto político-cultural paraguayo, ´lo sorprendente no es que no se produzca mucho en el país, sino que se produzcaª (en ´La poesía y la novela en el Paraguay en los últimos años [1960-1980]ª, ensayo incluido en Viriato Díaz-Pérez, Literatura del Paraguay, Vol. II, 1980). Aunque la acti-vidad narrativa durante este período es relativamente escasa y las obras publicadas no han adquirido el reconocimiento internacional de la producción del exilio, el corpus narrativo interno cuenta, no obstante, con varios títulos y autores de mérito que han recibido distinciones y premios nacionales importantes.
** Entre 1960 y principios de la década del ochenta aparecen relatos que van de la crónica costumbrista a la crítica explícita de diversos aspectos del contexto histórico-político y socio-cultural recreado en la ficción de esos años. Entre las obras representativas de este período se deben destacar: Imágenes sin tierra (1965) de José-Luis Appleyard; El laberinto (1972) de Augusto Casola; Crónicas de una familia (1966) y Andresa Escobar (1975) de Ana Iris Chaves de Ferreiro; La quema de Judas (1965) de Mario Halley Mora; La mano en la tierra (1963) y El espejo y el canasto (1981) de Josefina Plá; El pecho y la espalda (1962) y La tierra ardía (1974) de Jorge Ritter; Las musarañas (1973) y El contador de cuentos (1980) de Jesús Ruiz Nestosa; Mancuello y la perdiz (1965) de Carlos Villagra Marsal y Los grillos de la duda (1966) de Carlos Zubizarreta.
** Durante las últimas dos décadas del siglo XX han aparecido algunas obras que exploran en profundidad ciertas llagas dolorosas de la realidad paraguaya y en donde la crítica a menudo se vuelve denuncia condenatoria del régimen dictatorial represivo y asfixiante de más de tres décadas. Entre éstas hay que mencionar en particular: Celda 12 (1991) de Moncho Azuaga; La Seca y otros cuentos (1986), Los nudos del silencio (1988), Por el ojo de la cerradura (cuentos, 1993) y Desde el encendido corazón del monte (cuentos ecológicos, 1994) de Renée Ferrer; Diagonal de sangre (1986) y La isla sin mar (1987) de Juan Bautista Rivarola Matto; Sin testigos de Roberto Thompson Molinas y En busca del hueso perdido: Tratado de paraguayología (1990) de Helio Vera, prácticamente todas premiadas o finalistas en concursos nacionales de narrativa.
** En cuanto a la producción narrativa más reciente, en los años 90 y principios de este nuevo siglo empiezan a publicar los integrantes de la llamada "generación del 90", autores jóvenes (casi todos nacidos después de 1970) y en su mayoría poetas, pero algunos también cuentistas y/o novelistas. Tal es el caso de José Manuel Pérez, autor de Ladrillos del Tiempo (cuentos, 2002); de Juan de Urraza que ha publicado La sociedad de las mentes (novela, 2001) y Verdades antiguas, verdades futuras escritas en un presente incierto (cuentos, 2003); de Mabel Pedrozo que ya tiene en su haber (como autora única) tres libros de cuentos: Debajo de la cama (2000), Noche multiplicada (2001) y Juego de sábanas (2003); de Claudia Gon-zález que también tiene tres colecciones de cuentos: Cuentos breves del olvido (2002), Jugando con mamá (2004) y Elegía a Luciana y otros cuentos (2004); de Domingo Aguilera, autor de El Rubio (novela, 2004); y de Nelson Aguilera que en narrativa ha dado a luz: Cuentos para mujeres (2002), Héroes y antihéroes (cuentos, 2004) y En el nombre de los niños de la calle (novela, 2004). También de reciente aparición son algunas obras de autores no tan jóvenes aunque ya establecidos –cuatro novelas de Félix Alvarez Sáenz: Mburuvichá (1999), Madre Sacramento (2000), Crónica de blasfemos (2001) y El oriental (2002); El dedo trémulo (2002) de Esteban Cabañas; Ese interior reino de la nada (novela, 2003) de Luis Hernáez; Cuentos indecentes (1999) y La aventura (2004) de Pancho Oddone; Velasco (2002) de Guido Rodríguez Alcalá; y La paciencia de Celestino Leiva y otros cuentos (2004) de Helio Vera– y otras de escritores tampoco muy jóvenes pero que han empezado a publicar en los últimos 6-7 años: entre ellas, El Goto (novela, 1998) y Porpix termina (novela, 2002) de José Eduardo Alcazar; Concierto de cuentos (1998) de César González Páez; y María Magdalena María (cuentos, 1997) y Encaje secreto (novela, 2002) de Lita Pérez Cáceres.
** Un aspecto interesante y significativo de la producción narrativa (y también poética) de los últimos 20-25 años es la aparición de un alto porcentaje de voces femeninas en el panorama literario actual. Más que en ningún período anterior, dichas voces se manifiestan con gran fuerza y continuidad, y sus obras reflejan, temática y estructuralmente, preocupaciones y estilos diversos, a tono con la narrativa latinoamericana del último cuarto de siglo. Además de las obras de Renée Ferrer, ya antes mencionadas, hay que incluir en este grupo varias otras más, entre ellas: Golpe de luz (novela, 1983) y Ora pro nobis (cuentos, 1993) de Neida Bonnet de Mendonça; La niña que perdí en el circo (novela, 1987), Esta zanja está ocupada (novela, 1994) y La posta del placer (novela, 1999) de Raquel Saguier; La oscuridad de afuera (cuentos, 1987), El lado absurdo de la razón (novela, 2002) y El arca de Babel (cuentos, 2002) de Sara Karlik; Madre, hija y espíritu santo (novela, 1998) de Nila López; y Tierra mansa y otros cuentos (1987) de Lucy Mendonça de Spinzi.
** La lista continúa y a los nombres ya dados habría que agregar, además, los de tres cuentistas pertenecientes al Taller Cuento Breve (dirigido hasta recientemente por Hugo Ro-dríguez-Alcalá) que se dieron a conocer en 1992 con la publicación de sus respectivas obras: Luisa Moreno Sartorio que dio a luz Ecos de monte y de arena, un libro de cuentos ecológicos, Maybell Lebrón, autora de Memoria sin tiempo, y Dirma Pardo Carugati que publicó La víspera y el día, obra cuyo estilo directo, según Hugo Rodríguez Alcalá, "potencia el dramatismo de sus invenciones" (en el prólogo al libro). Otras integrantes del Taller Cuento Breve que han publicado libros más recientemente son: María Irma Betzel, autora de Savia Bruta (novela, 1998); María Luisa Bosio, que dio a luz Lo que deja la vida (cuentos, 1999); y Susana Gertopán, que hasta la fecha ya tiene tres novelas publicadas: Barrio Palestina (1998), El nombre prestado (2000) y El retorno de Eva (2003). También de cosecha femenina y publicados a partir del 2000 son: Camille (novela, 2000) de Adriana Cardus; La otra orilla y otros cuentos (2001) y El país de las aguas (cuentos, 2002) de María Isabel Barreto de Ramírez; Entre la guerra y el olvido (novela, 2001) de Margot Ayala de Michelagnoli; y Sobredosis de cuentos (2000), t-quiero.com (cuentos, 2001), Cuentos sin mordaza (2003) y Ese extraño equilibrio de lo opuesto (relatos eróticos, 2004) de Lucía Scosceria.
** En realidad, y teniendo en cuenta la situación de la narrativa paraguaya durante la primera mitad del siglo XX, llama la atención la gran productividad narrativa actual pero al mismo tiempo ello es también consecuencia lógica de que las coordenadas histórico-políticas que condicionaron dicha producción por tanto tiempo, e impidieron o limitaron la producción cuen-tística y novelística hasta 1989, hayan finalmente desaparecido y existe hoy libertad y más oportunidades para la tarea crea-tiva de los escritores y escritoras del país. Es muy positivo que en el último cuarto de siglo el Paraguay haya dado muestras de tanta energía y productividad creativa ya que esto es augurio de un sólido corpus narrativo para este nuevo siglo y milenio...
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POESIA ACTUAL
** Aunque el Paraguay de las últimas décadas del siglo XX no ha sido suelo propicio para la creación artística en general, la poesía siempre ha sido el género literario más prolífico de las letras paraguayas. Si por "poesía actual" entendemos la producida a partir de la década del 60 (i.e., 1960-presente), entonces el entorno temporal de lo aquí incluido como "poesía paraguaya actual" abarca casi treinta años de gobierno dictatorial (dictadura de Stroessner, 1955-1989) y bastante menos, quince años, de transición democrática (1989-presente). La situación política, económica y cultural resultante, así como también las censuras y autocensuras vigentes durante dicha dictadura, han afectado significativamente, tanto en cantidad como en calidad, la producción poética interna. Los arrestos arbitrarios, la persecución ideológica y la represión política imperantes llevaron al exilio a casi un millón de paraguayos (más o menos un tercio de la población) y, entre ellos, a muchos escritores y artistas. "Debido a estos motivos", explica Giuseppe Bellini, "la literatura del Paraguay se construyó más con las aportaciones de los exiliados que con las de los escritores que vivieron en la patria" (en su Historia de la literatura hispanoamericana, 1985).
** En efecto, los dos poetas paraguayos de mayor renombre internacional, Hérib Campos Cervera (1905-1953) y Elvio Romero (1926-2004), han escrito prácticamente toda su obra en el exilio, ambos en Buenos Aires. Considerado el poeta más importante de la promoción de 1940, Campos Cervera es también uno de los tres escritores de dicho grupo (con Josefina Plá y Augusto Roa Bastos) que mayor influencia han tenido en la literatura paraguaya contemporánea. Testigos todos –y participantes algunos– de una dolorosa guerra internacional (Guerra del Chaco, contra Bolivia, 1932-35), los integrantes del grupo del 40 comparten un mismo afán de renovación literaria a lo largo de una década difícil que desemboca en la sangrienta Revolución de 1947. El contexto vivencial de la época los obliga a tomar conciencia de la realidad nacional y la obra de estos poetas refleja una nueva conciencia crítica. Además de los cuatro ya indicados, hay que mencionar también a Oscar Ferreiro y a Hugo Rodríguez-Alcalá. Surge, con ellos, una poesía introspectiva, buceadora de lo íntimo, enraizada en el ser humano, con sus ideales, sus sueños, sus preocupaciones y sus dudas.
** A menudo la introspección poética descubre el sufrimiento colectivo, la angustia del destierro, se vuelve solidaria y surge una poesía testimonial representativa de los valores humanos, como sucede en la obra de Campos Cervera y más adelante en la de tantos otros poetas por él influenciados. Entre estos últimos, cabe incluir en primer lugar los poemarios de Elvio Romero –Destierro y atardecer (1975) y El poeta y sus encrucijadas (1991), para dar sólo un par de ejemplos–, el poeta más conocido a nivel internacional y cuya obra es una especie de diario poético y doloroso testimonio de protesta política que capta y denuncia décadas de sufrimiento del pueblo paraguayo. En la misma línea de protesta y crítica social se ubican las obras de algunos otros escritores exiliados –como las de Rodrigo Díaz-Pérez y Rubén Bareiro Saguier, cuya Biografía de ausente (1964) es una doliente evocación poética de su patria desde el exilio– y las de varios ("exiliados de dentro", según expresión acuñada por Roa Bastos) que han permanecido en el país. Tal es el caso de obras como Paloma blanca, paloma negra (1982) de Jorge Canese, Guarania del desvelado (1979) de Carlos Villagra Marsal, Desde abajo es el viento (1970) de Luis María Martínez y las del centenar de poetas por éste incluidos en los dos volúmenes de El trino soterrado (1985-1986) que desde dentro del país y en plena dictadura osaron levantar la voz publicando sus poemas cuando el uso de la palabra podía costarles la cárcel, el destierro y hasta la vida.
** En la década del 50 surge un grupo de poetas que aunque reconocen como maestros y líderes de la renovación poética a los de la promoción del 40, se ven privados de la influencia directa de varios de ellos (entre los que están Roa Bastos, Elvio Romero y Campos Cervera, el poeta más importante del grupo) a quienes la guerra civil de 1947 los había obligado a optar por el exilio. La mayoría de los miembros de la promoción poética del 50 –integrada, entre otros, por José-Luis Appleyard, María Luisa Artecona de Thompson, Rubén Bareiro Saguier, Rodrigo Díaz-Pérez, Ramiro Domínguez, Gustavo Gatti, José María Gómez Sanjurjo, Luis María Martínez, Ricardo Mazó, Carlos Villagra Marsal, Elsa Wiezell y Gonzalo Zubizarreta-Ugarte– cultivan también otros géneros, en particular la narrativa, y han colaborado en Alcor, una de las revistas más importante de las últimas décadas, fundada en 1955 por Rubén Bareiro Saguier y Julio César Troche. Dichos poetas fueron testigos de la violencia y el odio generados durante la sangrienta guerra civil y en sus obras, de orientación intimista y tono melancólico, predominan los temas relacionados con el amor y la muerte, la evocación de la niñez y el tiempo pasado, la angustia existencial y la nostalgia del paraíso perdido.
** De 1960 a esta parte se perfilan varios grupos que, en mayor o menor grado, han sido fuertemente marcados por la dictadura, realidad del contexto político y cultural que les ha tocado vivir. Los integrantes de la llamada promoción del 60 (Esteban Cabañas, Miguel Angel Fernández, Francisco Pérez Maricevich y Roque Vallejos, entre otros), iniciada bajo la dirección de Josefina Plá, nacen entre 1937 y 1943, y preconizan, en general, una poesía política y socialmente significativa. Sus obras, como las de otros poetas coetáneos aunque no incluidos en la promoción del 60 (entre ellos: Ovidio Benítez Pereira, Juan Andrés Cardozo, Gladys Carmagnola, Raquel Chaves, Osvaldo González Real, Jacobo Rauskin, Mauricio Schvartzman y Rudi Torga), reflejan una aguda conciencia de los problemas político-económicos del país expresados en versos claros, simples, esenciales, y rechazan el lenguaje meramente retórico y hueco, sin relevancia humana o social. A fines de esa misma década, y dentro del marco temporal de los movimientos estudiantiles contestatarios del 68, aparece un grupo de poetas conocido como el "Grupo de Criterio" por aglutinarse en torno a la Revista Criterio (1966-1971) por ellos publicada. La mayoría de los miembros de este grupo –integrado por José Carlos Rodríguez, Adolfo Ferreiro, Juan Manuel Marcos, Emilio Pérez Chaves, René Dávalos, Nelson Roura y otros– nacen entre 1943 y 1950, son estudiantes uni-versitarios, escriben una poesía política de reivindicación social, de comunicación y amor hacia los demás, y prácticamente todos son víctimas de la represión dictatorial que causa la dispersión casi total del grupo. Agregan sus voces a las del Grupo de Criterio una serie de poetas del mismo entorno ge-neracional –Jorge Aguadé, Alicia Campos Cervera, Jorge Canese, Víctor Casartelli, Augusto Casola, Renée Ferrer, Víctor-Jacinto Flecha, Pedro Gamarra Doldán, María Eugenia Garay, Miriam Gianni, Aurelio González Canale, Guido Rodríguez Alcalá y algunos otros– que sin integrar dicho grupo, testimonian no obstante, a través de sus versos, la angustia y la esperanza de una época oscura y trágica del Paraguay contemporáneo.
** La represión política recrudece a lo largo de los años 70 y a fines de la década aparecen las primeras obras de un grupo de poetas que comparten la triste suerte de haber nacido y crecido en las décadas del 50 y 60, en plena dictadura, y también la alegría de haber presenciado el fin de dicho régimen dictatorial y el restablecimiento democrático en su patria en 1989. Estos jóvenes poetas integran la promoción del 80 y la mayoría forma parte del "Taller de Poesía Manuel Ortiz Guerrero", creado bajo el patrocinio de la Embajada de España en Paraguay. Participan en dicho taller, entre muchos más, Mario Rubén Alvarez, Moncho Azuaga, Susy Delgado, Lisandro Cardozo, Mario Casartelli, Sabino Giménez Ortega, Jorge Gómez Rodas, Miguelángel Meza, Amanda Pedrozo, Ramón Silva y Victorio Suárez, para dar sólo los nombres de aquellos cuyas obras integran dos de los volúmenes colectivos publicados por miembros del taller: ...Y ahora la palabra (1979) y Poesía taller (1982).
** Un fenómeno interesante de la producción poética (y también narrativa) de los últimos 20-25 años es la proliferación de voces femeninas en el panorama literario actual. Más que en ningún período anterior, se multiplican los versos de mujeres poetas, relativamente jóvenes, como Delfina Acosta, Susy Delgado, María Eugenia Garay, Lourdes Espínola, Nila López y Amanda Pedrozo, entre otras, para buscar y reclamar el lugar que saben les corresponde en el cenáculo del "Olimpo" poético al que hasta hace relativamente poco era muy difícil ingresar sin "invitación especial" o "padrinazgo" masculino.
** En cuanto a la producción poética más reciente, en los últimos años empiezan a publicar los integrantes de la llamada "generación del 90", autores jóvenes (casi todos nacidos después de 1970) y en su mayoría poetas, aunque algunos también narradores. Varios ya han publicado uno o dos libros, entre ellos: Domingo Aguilera, María Eugenia Ayala Cantero, Esteban D. Cella, Alex Díaz de Vivar, Juan Carlos Escruc Sanabria, Erich Fischer, Iván González, Rossana Martínez Flecha, Delia Picaguá Bordón y Alberto Manuel Sisa Da Costa. Y algunos, como Mónica Laneri y Nelson Aguilera, han dado a luz, hasta la fecha, tres poemarios cada uno. También de reciente aparición son algunas obras poéticas de autores ya establecidos, aunque pertenecientes a generaciones anteriores: Tiempo (2002) de Augusto Casola, Los dioses del diluvio (2001) de Jorge Gómez Rodas, Antología Poética (2003) de Luis María Martínez, Poemas para Yula (2002) de Susana Riquelme de Bisso y El hombre de la nube (2004) de Elsa Wiezell, para dar sólo algunos títulos representativos de los publicados en lo que va del nuevo siglo y milenio.
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TEATRO: SIGLO XX
** Durante la primera mitad del siglo XX, la historia del teatro paraguayo no cuenta con muchos nombres que hayan trascendido las fronteras nacionales, con la posible excepción de Josefina Plá quien, además de ser autora y co-autora (con Roque Centurión Miranda) de varias obras teatrales, está entre los críticos que más han estudiado el teatro paraguayo. Como en otros países de Latinoamérica, razones de orden histórico-político y económico-social explican parcialmente el hecho de que el teatro haya sido, y continúe siendo, el género menos fecundo de la literatura paraguaya. En el caso específico del Paraguay, la inestabilidad política de las primeras décadas, unida a una guerra internacional (i.e., la Guerra del Chaco contra Bolivia, 1932-1935), una terrible guerra civil (i.e., la Revolución de 1947) y una de las dos dictaduras más largas que registra la historia del continente americano hasta la fecha (i.e., la del general Alfredo Stroessner, 1955-1989; la otra es la de Fidel Castro, 1959-presente), tienen un impacto negativo directo tanto en la cantidad como en la calidad de la producción teatral de este siglo.
** Sin embargo, a lo largo de las dos décadas que preceden a la Guerra del Chaco surge un interés teatral antes inexistente y numerosos autores estrenan dramas y comedias de carácter predominantemente popular, entre ellos: Eusebio A. Lugo, Pedro Juan Caballero, Facundo Recalde y José Arturo Alsina, el más célebre del grupo. No obstante haber nacido en la Argentina, Alsina vivió en el Paraguay desde muy joven y su obra dramática es netamente nacional aunque algunas de sus piezas reflejan influencias del teatro europeo: e.g., de Ibsen en El derecho de nacer y de Pirandello en La ciudad soñada.
** De enorme significación cultural para un país bilingüe como el Paraguay es la producción teatral de Julio Correa, autor de gran mérito e iniciador, en la década del 30, del teatro en guaraní en obras inspiradas en el contexto histórico-político de esos años, y en particular en la Guerra del Chaco. Otros representantes del teatro en guaraní de esa época son Francisco Barrios, Roque Centurión Miranda y Luis Ruffinelli.
** Durante la segunda mitad del siglo XX y hasta el presente, entre los autores de obras más representadas, tanto dentro como fuera del país, se destacan en particular: Ernesto Báez, Mario Halley Mora, el más prolífico de este período y autor de varias piezas en "yopará" (vocablo guaraní que significa "mezclado", i.e., español y guaraní), Alcibiades González Delvalle, tal vez el dramaturgo más polémico y controversial de los años ochenta, Ovidio Benítez Pereira, José María Rivarola Matto y Julio César Troche.
** Además de los dramaturgos ya mencionados, entre los nombres que también ocupan un lugar significativo dentro del teatro paraguayo contemporáneo deben figurar, entre otros: los autores y críticos José Luis Appleyard, Ramiro Domínguez y Ezequiel González Alsina; el gran poeta Hérib Campos Cervera, autor de Juan Hachero (1952), escrita ocho meses antes de su muerte; el escritor Efraín Enríquez Gamón; el actor, autor y ensayista Manuel E. B. Argüello; el poeta, narrador y dramaturgo Moncho Azuaga; el novelista y ensayista Félix Alvarez Sáenz; los autores y directores teatrales José Luis Ardissone y Agustín Núñez; y la dramaturga y guionista teatral Gloria Muñoz quien, con Agustín Núñez, ambos llevaran a escena en 1991 (bajo la dirección de éste y la adaptación teatral de aquélla) una versión teatral de Yo el Supremo (1974), la novela más conocida de Augusto Roa Bastos.
** En cuanto a la producción más reciente, en los últimos catorce años (1990-2004) llegan al escenario numerosas piezas, en su mayoría breves –de temas y estilos diversos, experimentales, iconoclastas– de autores jóvenes como Héctor Micó y Mario Santander Mareco, para dar dos ejemplos, y también de autores no tan jóvenes pero que en estos años empiezan a incursionar en la escritura dramática, como es el caso, entre otros, del mismo Agustín Núñez ya antes mencionado, de la escritora Renée Ferrer, del novelista y ensayista Luis Hernáez y de Augusto Roa Bastos, el escritor más conocido de las letras paraguayas.
** De interés particular es la aparición, en las últimas décadas, de un número significativo de autoras en la dramaturgia nacional ya que tradicionalmente la gran mayoría de piezas teatrales, con la casi única excepción de las obras de Josefina Plá, son de autoría masculina. Con la producción dramática de Edda de los Ríos, Pepa Kostianovsky y Raquel Rojas; la de las narradoras Lucy Mendonça de Spinzi y Sara Karlik; y la de Gloria Muñoz y Renée Ferrer ya antes citadas, el teatro paraguayo se enriquece temática y estructuralmente, al reflejar sus obras preocupaciones y estilos variados, y al incorporar motivos y temas relacionados con la realidad femenina actual, a tono con la dramaturgia latinoamericana contemporánea.
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