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domingo, 3 de julio de 2011

MARIO RUBÉN ÁLVAREZ - LAS VOCES DE LA MEMORIA. HISTORIAS DE CANCIONES POPULARES PARAGUAYAS - TOMO I / QUYQUYHÓ de ANTONIO ORTIZ MAYANS

 
LAS VOCES DE LA MEMORIA
HISTORIAS DE CANCIONES
POPULARES PARAGUAYAS
TOMO I

Autor y ©: MARIO RUBÉN ÁLVAREZ
Edición del autor y Julián Navarro Vera
Dibujo de tapa:
ENZO PERTILE
Diseño de tapa: Miguel Ángel Sosa
Asunción-Paraguay 2003
 

 MEMORIA VERTIDA AL PAPEL


Alguna vez la fuerza de la nostalgia y el amor al terruño de Sixto Cano, colectivero en Buenos Aires, oriundo de Quyquyhó, dieron lugar al nacimiento de una de las más bellas canciones dedicadas a un pueblo del Paraguay. Aquel hombre sencillo, de repetidos ritos cotidianos en el volante, es un caso poco dado en la historia de la creación de la música paraguaya: fue el autor moral de una obra que, materialmente, pertenece a dos grandes del arte de nuestra patria: Antonio Ortiz Mayans y Francisco "Nenín" Alvarenga.
Al escuchar, una y otra vez, QUYQUYHÓ siempre me intrigó la inclusión, en la última estrofa, de ese enigmático nombre en la composición. Quería conocer por qué figuraba allí aquel "hijo ausente que en su nostalgia ojahe’o".
Sixto Cano supo en vida que gracias a él su valle se hacía inmortal en una canción. Lo que ya nunca sabrá es que de la curiosidad que despertó su extraño protagonismo en esos versos nacidos de la osadía que le proporcionó el techaga'u, se originarían los relatos que ahora forman parte de LAS VOCES DE LA MEMORIA, HISTORIAS DE CANCIONES POPULARES PARAGUAYAS, Tomo I.
A fuer de sincero, ése no era el único misterio que, como oyente de la música paraguaya, pretendía develar. Quería, por ejemplo, saber por qué el poeta, músico y compositor ovetense Manuel Romero Villasanti habla en REMITA MÍA del "bondadoso destino" que había puesto ante sus ojos una mujer llegada de General Aquino. Deseaba saber la identidad de quien una tarde se hizo dueña del mundo en una polca. O por qué el poeta guaireño Gregorio Narváez Arce, en VILLARICA CHE CIUDAD, dice "akóinte che rasy/ che mandu’a nderehe" con una añoranza imposible de superar.
En tren de indagación, me preguntaba también cómo José Asunción Flores y Manuel Ortiz Guerrero habían lanzado al infinito las alas de PANAMBI VERA. Asimismo, me intrigaba el alma del teniente Godoy que más que a los fusileros que iban a cumplir su sentencia de muerte enfrentó a su propio destino. En el compuesto GODOY FUSILAMIENTO, de Juan Manuel Caballero, más conocido como "CABALLERO'I", hay dos episodios que siguen conmoviéndome. Uno es cuando el poeta le dice, casi como un disparo de desafío: "VALÓRKENA EHECHAUKA" y el condenado le responde: "EIMÉKENA CHE YPYETÉPE/ TEREHECHA KARIA'Y". El otro es cuando, ratificando aquellas palabras, él mismo ordena "¡fuego!" a los tiradores. Sólo por el hecho de haber ingresado al denso entramado de los sucesos que tuvieron como protagonista a aquel oficial, ya me siento suficientemente gratificado por haber emprendido la aventura de curiosear en la memoria popular.
A fines de julio de 1998 el azar me tendió la mano. El director del diario última Hora -del que entonces era colaborador-, Demetrio Rojas, pidió que en el Correo Semanal de los sábados se incluyeran historias de canciones populares. La iniciativa recibió el apoyo entusiasta de Bernardo Garcete Saldívar -quien vive en Dinamarca y estaba de paso por Asunción-, autor de un libro sobre la vida de Luis Alberto del Paraná. Fue así cómo, desde esa época, en forma ininterrumpida, la música paraguaya ganó un espacio semanal en la sección bautizada como MEMORIA VIVA. El perentorio reclamo de cubrir un espacio cada semana contribuyó a que mi disciplina personal se fuera amoldando a esa exigencia. Así, cada ocho días, la oralidad descabalga para convertirse en palabra impresa. Al convertirse ahora en libro, tomando aquella idea, adquiere el título de LAS VOCES DE LA MEMORIA, HISTORIAS DE CANCIONES POPULARES PARAGUAYAS, TOMO I. Las palabras son ahora el río sonoro a través del que circulan los recuerdos que, de otro modo, se hubieran perdido irremediablemente.
Bucear en el universo de lo que casi exclusivamente guarda la memoria de los protagonistas tiene sus bemoles. Y sus trampas, que, a veces, son mortales. Los relatos de los autores vivos, de los ya desaparecidos que dejaron en boca de testigos calificados sus historias y los pocos impresos -libros, revistas, folletos-, fueron las fuentes que me permitieron aproximarme al nacimiento de polcas y guaranias. Los recogí andando al dorso de la vida, con los oídos alertas y con las preguntas siempre a punto de disparar.
Debido a que los recuerdos de los autores o de los testigos sufrieron la interferencia del tiempo o a que el pasado fue "acomodado" al presente de manera intencional, es imposible afirmar que lo que se cuenta aquí sea siempre la verdad. Es sí posible sostener que hay una total fidelidad y respeto a la manera en que se narraron los hechos, sin intervenir para nada en ellos.
Si este escribiente dijera que redactó solo estos textos que hoy adquieren la forma más perdurable de un libro, cometería un imperdonable pecado de soberbia. Los que aman la música paraguaya, en diversos momentos, proporcionaron a este autor datos completos o valiosas pistas que posibilitaron hallazgos felices. O lo estrellaron contra un muro de decepción. Sea como fuese, silenciosamente, son coautores de estas páginas. En numerosas ocasiones, tras una publicación, los lectores contribuyeron a precisar detalles, a corregir errores y a enriquecer los textos.
Una huella diminuta, una hoja suelta en el camino, un e-mail solidario, una visita o una llamada telefónica fueron, en no pocas ocasiones, vehículos valiosos para escribir la historia de una composición musical. En estos contactos personales fue posible constatar que a numerosas personas les mueve el afán de desentrañar los secretos de las creaciones y los creadores de la música paraguaya. Y que preguntas y respuestas eran compartidas por un segmento más vasto de lo que uno, escribiendo en soledad, puede imaginar.
Como la historia de una obra va estrechamente unida a la de su(s) creado(es), con frecuencia, el canal es propicio para hablar de la vida de los autores, ubicados en el tiempo y en el espacio. Sin llegara biografiar -porque lo principal es la composición que se aborda, hay referencias capitales que permiten ubicar en un contexto a los músicos y letristas. La tarea, por ello, es también didáctica, mirando la necesidad de que los jóvenes encuentren las raíces que les permitan incorporar a su identidad elementos esenciales de su cultura.
Estas pequeñas historias son como piezas del gran rompecabezas de la música paraguaya. Al unirlas se va construyendo una parte de esa realidad que continúa vigente en el alma de nuestro pueblo. Aquellos que digan que las canciones remiten a un Paraguay cada vez más distante y menos real, se equivocan: lo que mencionan forman parte del imaginario colectivo y de los sentimientos que, aunque en otros escenarios, siguen siendo componentes fundamentales de nuestro paraguayo reko.
Elegir las casi cincuenta historias -entre las casi 250 que llevo escritas-, no fue fácil. Finalmente prevalecieron la condición de clásicos de los temas y mis afectos. Los siguientes tomos permitirán poner todos los archivos editados en letras de molde.
Este libro que miró el alba con los ojos de las preguntas es hoy -con las respuestas encontradas-, un patrimonio de nuestra cultura popular. El olvido está derrotado porque ya no podrá convertir en cenizas lo que la memoria volcó en palabras escritas. - El autor



 
ÍNDICE DE CANCIONES

PRÓLOGO - EL AUTOR

·QUYQUYHÓ

LETRA: ANTONIO ORTIZ MAYANS / MÚSICA: FRANCISCO ALVARENGA.

· GUAVIRA POTY

LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ / MÚSICA: MAURICIO CARDOZO OCAMPO

· NDE RESA KUARAHY’ÃME

LETRA: TEODORO S. MONGELÓS / MÚSICA: JULIÁN ALARCÓN

· MBURIKAO

LETRA: VÍCTOR MONTÓRFANO / MÚSICA: JOSÉ ASUNCIÓN FLORES

· CHE JAZMÍN

LETRA: TEODORO S. MONGELÓS / MÚSICA: EPIFANIO MÉNDEZ FLEITAS

· RUEGO Y CAMINO

LETRA Y MÚSICA: AGUSTÍN BARBOZA
· ÑEMITỹ
LETRA: CARLOS FEDERICO ABENTE / MÚSICA: JOSÉ ASUNCIÓN FLORES

· SERENATA CHU'I

LETRA Y MÚSICA: NICANOR FRUTOS / FRANCISCO JARA

· CHE MBO'EHARÉPE

LETRA: TEODORO S. MONGELÓS / MÚSICA: EPIFANIO MÉNDEZ FLEITAS

· CHE PYKASUMI

LETRA: CECILIO VALIENTE / MÚSICA: ELADIO MARTÍNEZ / JOSÉ ASUNCIÓN FLORES

· PANAMBI VERA

LETRA: MANUEL ORTIZ GUERRERO / MÚSICA: JOSÉ ASUNCIÓN FLORES

· VILLARRICA CHE CIUDAD

LETRA: GREGORIO NARVÁEZ ARCE / MÚSICA: ANDRÉS CUENCA SALDÍVAR

· CHE LA REINA

LETRA: EMILIANO R. FERNÁNDEZ / MÚSICA: FÉLIX PÉREZ CARDOZO

· MI PATRIA SOÑADA

LETRA: CARLOS MIGUEL JIMÉNEZ / MÚSICA: AGUSTÍN BARBOZA

· FLORIPAMI

LETRA: FERNANDO RIVAROLA

· AL PIE DE TU REJA

LETRA: FERNANDO RIVAROLA / MÚSICA: TAKEMI NDE POHÉI

· TAHACHI REMIMBYASY

LETRA: MANUEL ACHÓN LÓPEZ / MÚSICA: DIOSNEL CHASE

· CHE SYMI PÕRÃ

LETRA Y MÚSICA: MAURICIO CARDOZO OCAMPO

· DESCANSA EN PAZ

LETRA Y MÚSICA: ALBERTO DE LUQUE

· REINITA MÍA
LETRA: MANUEL ROMERO VILLASANTI

· SAN SI JUAN NO QUE SÍ

LETRA Y MÚSICA: MANECO GALEANO

· VY’APAVẽ NENDIVE

LETRA: RUDY TORGA / MÚSICA: CÉSAR CATALDO

· GODOY FUSILAMIENTO

LETRA Y MÚSICA: JUAN MANUEL CABALLERO

· REIKUAA NGA’U RA’E

LETRA: LORENZO MEDINA / MÚSICA: JOSÉ ASUNCIÓN FLORES

· AHAKUETÉVO ASCRIVÍTA

LETRA: SATURNINO RAMÍREZ GRANCE / MÚSICA: NÉSTOR DAMIÁN GIRETT

· PUEBLO DE SAN COSME

LETRA Y MÚSICA: LORENZO ALVAREZ

· SERENATA CARMENCITA-PE

LETRA: LUIS FLEITAS / MÚSICA: JUAN PABLO BERNAL (RAMÓN VARGAS COLMÁN)

· JASY MOROTĨ

LETRA: DARÍO GÓMEZ SERRATO / MÚSICA: HERMINIO GIMÉNEZ

· VIVOS, EN EL VIENTO

LETRA: JOSÉ ANTONIO GALEANO / MÚSICA: JORGE GARBETT

· OGA’I CHE VY’AHAGUE

LETRA Y MÚSICA: JOSÉ D. MORÍNIGO
· JUEGO DE NIÑOS
LETRA: JORGE LOBITO MARTÍNEZ

· ÑANE ARAMBOHA

LETRA: FÉLIX FERNÁNDEZ / MÚSICA: EMILIO BOBADILLA CÁCERES / AGUSTÍN BARBOZA

· SAN PEDRO DEL NORTE

LETRA Y MÚSICA: JOSÉ MAGNO SOLER

· MI RETORNO

LETRA Y MÚSICA: CARLOS SOSA

· MATEO GAMARRA

LETRA Y MÚSICA: ANÓNIMAS / RECOPILADOR: ELADIO MARTÍNEZ

· CANCIÓN PARA VILLA HAYES

LETRA Y MÚSICA: JAKSON MANOSLAVA

· EL ARPA Y LA DANZA DE MI TIERRA

FUENTE: OSCAR SAFUÁN  Y LUIS BORDÓN

· MBORAYHU HA TAPERE

LETRA: TITO CABRERA GIMÉNEZ  / MÚSICA: ANDRÉS CUENCA SALDÍVAR

· IKATUVA'ERÃPA

LETRA: CARLOS FEDERICO ABENTE / MÚSICA: ALEJO BENÍTEZ Y ADOLFO ARREGUI

· JEIKO PÕRÃVE REKÁVO

LETRA Y MÚSICA: ADRÍAN BARRETO 

· TUKU KARU

LETRA Y MÚSICA: MÁXIMO TORALES

· NE RENDÁPE AJU

LETRA:MANUEL ORTIZ GUERRERO / MÚSICA: JOSÉ ASUNCIÓN FLORES

· KO’ẽMBYJU
LETRA: CELSO AVALOS OCAMPOS/ MÚSICA: OSMAR ESPÍNOLA

· BELENCITA-PE GUARÃ

LETRA: CHACHO ALCARAZ / MÚSICA: VÍCTOR CÁCERES


************************************

QUYQUYHÓ
EL PODER DE LA NOSTALGIA
Letra:
ANTONIO ORTIZ MAYANS
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del

Buenos Aires. Un día cualquiera de un tiempo cualquiera. Década del 50' quizás. Del 60' tal vez. Pudo haber sido antes también. El tráfico afiebraba la urbe ya nerviosa de la mañana. Cumpliendo con su rutina, Sixto Cano, natural de Quyquyhó, -Departamento de Paraguarí-, artificial de esa ciudad inmensa, conducía un colectivo. De pronto, en una de las paradas bonaerenses, subió un hombre de mediana edad, pulcro, de saco y corbata, con un portafolios en la mano. Le pasó el dinero del pasaje al chofer como quien cumplía un rito diario.
-Ehejánte maestro. Ndéko nderepagái (No maestro. Ud. no paga)-, fue la respuesta que el gesto del recién subido recibió.
-E’a, nde piko chekuaa (Ud. me conoce?)-, atinó a preguntarle el intelectual asunceno al que la intolerancia política había desterrado.
-Mba’égui piko ndoroikuaa mo’âi. Nde hína el famoso poeta Antonio Ortiz Mayans (Cómo no lo voy a conocer. Ud. es famoso)-.
El escritor ya no dudó: ese compatriota lo ubicaba por lo visto. Apenas quedó libre un lugar, se sentó. Desfilaban los semáforos. Cabalgaban los edificios. Pronto llegó a destino.
-Aguejytama che ra’y. Muchas gracias. Acá está mi tarjeta y mi dirección. Andá un día a visitarme (Voy a bajar, mi hijo)-.
-Cómo no maestro; iré un feriado a verlo-.
El domingo no terminaba de levantarse aún. Eran como las diez de la mañana. Sixto Cano, chofer de colectivo, con su asado, su mandioca y sus dos botellas de vino tinto, tocó el timbre en la dirección del autor de uno de los más completos diccionarios bilingües, cuya primera edición data de 1951, en Buenos Aires. El maestro Ortiz Mayans le abrió la puerta. Recordó en el acto al conductor (fue le había conocido y reconocido.
-Eike katu. Esta es mi casa y tu casa también (Pase, por favor)-, le dijo.
La casa del poeta era limpia, ordenada. Su familia vivía con él. La pobreza no habitaba allí. El había llevado su "avío" porque reconstruyó en su cabeza el estereotipo del artista viviendo en una buhardilla, solo, con sus libros, desamparado, casi muerto de hambre. Sus ojos constataron que allí, sin lujos, había un buen pasar. Medio avergonzado, bajó en una esquina lo que trajo.
-Tañongatúna ndéve la nde bulto (Permítame guardarle su bulto)-, se ofreció el anfitrión.
-Kóa ko aru ndéve hína (Esto le traje)-, se liberó al fin. Mientras la parrilla, sin apuros, vestía su traje candente de fuego y chisporroteos, con la carne que empezaba a llenar con su aroma todo el recinto, los dos exiliados -económico uno, político el otro-, dieron rienda suelta al techaga’u que les carcomía. Recordaron lo que la memoria, con la distancia, no había podido convertir en cenizas.
Después de haber comido y bebido, con los recuerdos a flor de labios todavía, ya en la mitad de la tarde, Sixto se calló de pronto. Y como a los dos minutos reaccionó.
-Ajeruresemíngo ndéve peteî favor, maestro (Quiero pedirle un favor, maestro)-.
-Cómo no, mi hijo; ikatútama guive, no hay problema (Si puedo, cómo no)-.
-Chéngo maestro Quyquyhogua ha ndorojopyvaimo’âirô niko aipota rescrivimi chéve peteî poesía la che puéblope guarâ. Techaga’u ko che jukátama (Soy de Quyquyhó. Si no le voy a poner en aprietos, me gustaría que Ud. me escribiese una letra para mi pueblo. La nostalgia me está por matar)-.
-E’a. Ni un náko nda’iro mo’âi chéve. Ñandyry katu hese (Cómo no. No va a ser difícil. Pongamos manos a la obra)-.
Antonio Ortiz Mayans le pidió algunos datos de su pueblo, ya provisto de lápiz y papel. Le solicitó algunas señas de identidad de su valle añorado. Desde la memoria, renacieron allí Loma Chica, Ciudad Nueva, los arroyos Tupâsy Paso y Escuelero, las infaltables serenatas.
A la media hora, el poema estuvo listo. En castellano y en guarani, como él quería. Sixto Cano, feliz de la vida, escuchó los versos. Las lágrimas le quemaron la cara y el espíritu. Gozoso, tomó la copia, se despidió y se fue.
Cuando iba a cruzar la primera calle, para volver a su casa, releyendo su precioso texto, se dio cuenta de dos detalles: él no figuraba por ningún lado y no sabía quién le iba a poner música a tan espléndida obra. Regresó. Tocó otra vez el timbre. Le expresó al maestro sus inquietudes. El las solucionó de un tiro: le agregó una estrofa, incluyendo en ella el nombre del que hizo el pedido y le escribió una esquela nada menos que a FRANCISCO ALVARENGA rogándole que le pusiera una melodía a sus versos. Así nació la polca QUYQUYHÓ.
La versión cantada es una y la que incluye el Gran Diccionario Castellano- Guarani, Guarani-Castellano (1) del poeta es otra (Las dos acompañan este texto). Aquélla tiene nueve estrofas compuestas cada una por cuatro versos. La otra, en cambio, hecha bajo la supervisión del autor, tiene diez. Las grabaciones omiten el fragmento donde se menciona el barrio Chacarita, de Quyquyhó, obviamente. Otro detalle es que la última estrofa ya no menciona explícitamente a Sixto Cano.
(1) ORTIZ MAYANS, ANTONIO. Gran Diccionario Castellano-Guarani, Guarani-Castellano. Eudepa, Asunción, 1990.
Fuente: Diosnel Ortiz, periodista y locutor. El Dr. Carlos Federico Abente corroboró la existencia de Sixto Cano, ya que lo atendió hasta su muerte.

QUYQUYHÓ

De ti muy lejos siempre te añoro
y te recuerdo che Quyquyhó
porque en tu seno desde pequeño
la alegría no me faltó.

Con los amigos de ese pueblito
inolvidable heta aguata
por los caminos tan pintorescos
donde dichoso yma avy’a.

Hoy, pueblo mío, mucho te busco
ha ndaikatúvai che resarái.
en todas partes creo encontrarte
ha mamovénte ndorotopái.

Cuánto yo busco, cuánto te añoro
hoy que estoy solo ha mombyry
tu Loma Chica, tu Ciudad Nueva
barrios de encanto y de tory

Busco tu arroyo Tupâsy Paso
hesakâitéva osyry jave
tu Cerro Alto ichorromíva
opurahéiva pe amo yvate.

También recuerdo del Escuelero
que por el campo osyry mbegue
ese arroyito que costeando
va acariciando rojos tape.

Tus serenatas dulces y tristes
ante la reina del mborayhu
hoy que estoy lejos de todo aquello
como un extraño ahechaga’u.

Y tus mujeres buenas y bellas
y siempre frescas cual amambái
tan hacendosas y tan humildes
péicha iporâva ko ndahetái.

Este homenaje que Sixto Cano
dedica al pueblo de Quyquyhó
es el saludo del hijo ausente
que en su nostalgia ojahe’o.
Letra: ANTONIO ORTIZ MAYANS
Música: FRANCISCO ALVARENGA


QUYQUYHÓ (*)
De ti muy lejos siempre te añoro
y te recuerdo che Quyquyhó
porque en tu seno desde pequeño
la alegría no me faltó.

Con los amigos de ese pueblito
inolvidable heta aguata
por los caminos tan pintorescos
donde dichoso yma avy’a.

Hoy, pueblo mío, mucho te busco
ha ndehegui ndacheresarái
en todas partes creo encontrarte
ha mamovénte ndorotopái.

¡Cuánto yo busco, cuánto te añoro
hoy que estoy solo ha mombyry
tu Loma Chica, tu Ciudad Nueva
barrios de encanto y de tory!

Tu Chacarita, barrio florido,
che mandu’a ramo che hese
mi sentimiento se vuelve trino
como si fuese un korochire.

Busco tu arroyo Tupâsy Paso
hesakãitéva osyry jave
ku Cerro Alto ichorromíva
opurahéiva amo yvate.

También recuerdo del Escuelero
que por el camino osyry mbegue,
ese arroyito que costeando
va acariciando rojos tape.

Tus serenatas dulces y tiernas
ante la reina del mborayhu
hoy que estoy lejos de todo aquello
cuánto yo extraño, ahechaga’u.

Y tus mujeres buenas y bellas
y siempre frescas cual amambái,
tan hacendosas y tan humildes
péicha ipôrâva ko ndahetái.

Este homenaje que un campesino
dedica al pueblo de Quyquyhó
es el saludo del hijo ausente
que de su valle no se olvidó.
Letra: ANTONIO ORTIZ MAYANS
(*) Versión consignada en el Gran diccionario castellano-guarani, guarani-castellano, del autor de la letra.
.
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sábado, 24 de abril de 2010

LORENZO ALVAREZ - PUEBLO DE SAN COSME (FLOR A ORILLAS DEL PARANÁ) / Fuente: LAS VOCES DE LA MEMORIA - TOMO I Autor y ©: MARIO RUBÉN ÁLVAREZ


PUEBLO DE SAN COSME
FLOR A ORILLAS DEL PARANÁ
Letra de LORENZO ALVAREZ
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )

.
Aquella lancha del itinerante Pa’i Ricardo iba alejándose del pueblo de San Cosme y Damián -departamento de Itapúa-, en esa mañana que para LORENZO ALVAREZ iba a ser inolvidable. El violinista adolescente había nacido el 10 de agosto de 1926 y a los 13 años partía en busca de su destino. El río Paraná y las manos en alto de su abuela Póxedes Florentín y sus hermanos Antero y Matilde, en la orilla cada vez más lejana y borrosa, le conmovieron hasta las lágrimas. Encarnación era el rumbo de la proa.
Los hermanos Molinas, propietarios de una orquesta, eran los que habían movido los hilos de ese viaje. Habían venido al pueblo para la fiesta patronal, un 27 de setiembre. Allí, en una cantina, conocieron a ese niño que hacía maravillas con un violín fabricado por el mismo de manera rudimentaria. El amor a ese instrumento le había nacido cuando escuchó que LORENZO CARAJALLO, por entonces recién venido de Posadas, le sacaba unas melodías cautivantes. Libé -Heriberto-, Molinas se apersonó en la casa de la abuela del chico, cuya madre había muerto cuando él apenas tenía 3 meses.
-Ko ne memby niko ombopu pôrâite pe violín. Eme’êna chéve taguaraha Encarnación-pe tambostudia ha tombopu ore ndive (Su nieto ejecuta muy bien el violín. Deme y yo le haré estudiar en Encarnación. Tocará con nosotros)-, le propuso.
La abuela se negó rotundamente a darle el permiso. No cabía en su cabeza lo que le proponía aquel desconocido. Sin embargo, ante la insistencia de quienes le hablaban a favor de las posibilidades que se le abrirían a Lorencito, cedió.
En la capital del Itapúa, el joven músico progresó rápidamente. Su corta edad y su talento para el violín le granjearon la admiración de aquella comunidad. Al poco tiempo, aprendió los secretos del piano y se mudó a la orquesta de FILISBERTO ZARZA. Con él se quedó hasta que viajó a Asunción para cumplir con el servicio militar. Algunos años después de concluirlo, volvió a Encarnación. Su maestro, Filisberto Zarza, lo encontró un día y le advirtió:
-Ápe repytárô nde ka’úta, reñemokuñáta, nde ra’ýta ha reñehundíta. Ipôrâve reho jey Paraguaýpe (Si te quedas aqui vas a ser borracho, vas a tener mujer e hijos y vas a echarte a perder. Es mejor entonces que regreses a Asunción)-.
Lorenzo le escuchó y volvió. Estudió violín con ALFREDO KAMPRAD. Tocó en la orquesta del maestro Leonardo Alarcón. Formó parte de la orquesta de FLORENTÍN GIMÉNEZ y tuvo luego la suya. Integró la ORQUESTA SINFÓNICA DE LA CIUDAD DE ASUNCIÓN, OSCA, y fue director de la BANDA DE LA ARMADA NACIONAL.
San Cosme -se lo conoce más con este nombre simplificado- jamás se borró de su memoria. En 1968 sintió que debía dedicarle el fruto de su inspiración. Ya tenía, antes, compuestas varias obras. «Era una noche de luna llena. Pensé allí que debía escribir una obra para mi pueblo, de origen jesuítico. Estaba solo, con mi esposa. Recurrí a mis recuerdos. Me vino a la mente aquel día en que partí. Y todo lo que era aquel lugar sobre el Paraná. Escribí primero la letra y luego la música», rememora el músico que, deseoso de ampliar el horizonte de sus conocimientos, en 1977, se licenció en periodismo en la Universidad Nacional de Asunción.
Fuente: Lorenzo Álvarez.

PUEBLO DE SAN COSME
Pueblo de San Cosme, mi pueblo querido,
vives escondido y también olvidado.
Enjoyan tu suelo selvas, sol y nidos,
jesuíticas obras, arroyos y prados.

Tu suelo aromado nutrióme de vida
y agrandó en mi pecho al gran Paraguay.
Y así una mañana dejé el rancho mío
buscando la luz.

Pueblo de San Cosme que estás en la orilla
del gran Paraná, siempre te recuerdo.
Eres en mi cantar el sagrado altar.
Pueblo de San Cosme, en mi corazón
eres tú la flor, por eso al cantarte
mi alma se anida de amor y de fe.

Tu viejo colegio, pueblo de San Cosme,
nos dio luminaria para ser varón.
Mas quiso el destino de ti separarme
y hoy lejos estoy.
Letra y música: Lorenzo Alvarez
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HISTORIAS DE CANCIONES
POPULARES PARAGUAYAS
Edición del autor y Julián Navarro Vera
Dibujo de tapa: ENZO PERTILE
Diseño de tapa: Miguel Ángel Sosa
Asunción-Paraguay 2003
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viernes, 23 de abril de 2010

FERNANDO RIVAROLA - FLORIPAMI (AMOR A PRIMERA VISTA) / Fuente: LAS VOCES DE LA MEMORIA - TOMO I Autor y ©: MARIO RUBÉN ÁLVAREZ


FLORIPAMI
AMOR A PRIMERA VISTA
FERNANDO RIVAROLA
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )

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FERNANDO RIVAROLA (nacido en Quyquyhó el 30 de mayo de 1898 y fallecido en Asunción el 28 de junio de 1985), volvía, como conscripto, a su tierra en octubre de 1918. Después de no poco ejercicio de paciencia, había conseguido el permiso que tanto había deseado obtener. Por eso, aplacando ese techaga’u que le acosaba en Asunción, disfrutaba cada minuto de su libertad en la crecida primavera de su pueblo.
-Mba’éicha piko héra pe kuñataî ipôrâitéva-, le preguntó Fernando a un amigo cuando, sorpresivamente, sus ojos se incrustaron en los de aquella encantadora mujer que él no conocía.
-Ha péa ko hína Florinda Velázquez-, le respondió.
Desde entonces, el corazón de aquel soldado con permiso solo latió a nombre de aquella joven que, por entonces, pasaba sus vacaciones en aquel lugar. El fervor del muchacho aumentó mucho más luego del primer intercambio de palabras y la amistad que, de manera natural, nacía entre ellos. LUTY -como la llamó, quién sabe por qué extraña razón, porque el apodo real de la joven era CHUCHÚ-, cautivó al joven poeta con su sonrisa de apacible ko’êmbota.
El romance pudo no haber llegado más alla del beso. "Tuvo que Haber sido más bien su musa inspiradora", conjetura GILBERTO RIVAROLA, hijo de Fernando, al hablar acerca de esta obra de su padre. Lo cierto es que el 13 de octubre de 1918, Fernando Rivarola se despedía con unos versos de FLORINDA. KO’ÊMBOTA es el título original de su poema.
Al regresar a la capital, uno de los diarios de la época lo da a conocer. El que luego sería un periodista de fuste, escribiendo en varios órganos de prensa durante muchos años, encuentra un espacio para hacer pública la historia que se había cruzado en su camino.
Cuando la obra sale del dominio de su autor -divulgación mediante-, éste no sabe lo que puede ocurrir con el fruto de su inspiración. Podrá morir acaso sin pena pero también ajeno a la gloria. Una vida efímera le puede bendecir antes del silencio perpetuo. A veces, sus alas se robustecen y su destino es permanecer en la memoria de la gente. Esto último fue lo que ocurrió con Ko’êmbota.
Los músicos populares, para poder cantarla, le pusieron una melodía sin letra que era del gusto popular. MAURICIO CARDOZO OCAMPO le atribuye a ELOY MARTÍN PÉREZ. Un tal PEDRO PÉREZ (Choperú), de Acahay, también pudo haber sido su autor, según consigna LUIS SZARÁN en su Diccionario de la música paraguaya.
MANUEL GIMÉNEZ, músico, tío de HERMINIO GIMÉNEZ, le dijo una vez a FERNANDO RIVAROLA -según rememora éste-, que la melodía era muy antigua y que a comienzos del siglo XX él ya incluía en el repertorio de su orquesta, en Coronel Oviedo.
En cuanto a la letra, pronto los intérpretes le agregaron FLORIPAMI -guaranizando de esta manera FLORINDA-, en los versos donde la melodía reclama la adición de una palabra. Y con ese nombre se conoce hoy la composición. SAMUEL AGUAYO "contribuyó" modificando el texto en algunos pasajes, siendo el segundo en grabarla, en 1928, en Buenos Aires. El primero fue el dúo GIMÉNEZ-PUCHETA, en 1927.
Fuente: Gilberto Rivarola, hijo de Fernando Rivarola.

KO’ÊMBOTA (FLORIPAMI)
.
(Cantiña para vihuela)
.
Es tu rosada, fresca sonrisa,
un apacible ko’êmbota (Floripami)
y son tus labios y tus mejillas
un rozagante clavel pytá (Floripami).

Tu faz sedeña, Florinda mía,
es misterioso, triste jasy;
tus negros ojos hipnotizantes
tienen fulgores de kuarahy.

Yo te amo tanto, bien de mi vida,
mi inolvidable tupâsymi (Floripami).
Ven a mis brazos, sé compasiva,
que ya no puedo vivir sin ti (Floripami).

Sin ti la vida todo es tristeza...
ejo ko’ápe che consolá.
Me estoy muriendo, ven cariñosa,
chénte ko Luty ndéve guarâ.

Siempre te busco en vano empeño (*)
en esas horas del ka’aru (Floripami)
cuando mimoso te modulaba
la cantinela del rohayhu (Floripami).

Adiós Florinda, lejana mía,
pálida amada, triste yvoty.
Ay ya no puedo, bien de mi vida,
porque osyryma che resay.

Recuerda niña del pobre ausente
de este bohemio nde rayhuha (Floripami)
que te ha dejado, todo lloroso
en un temprano ko’êmbota.
(*) Esta estrofa no suele cantarse.
Letra: Fernando Rivarola
.
Fuente: LAS VOCES DE LA MEMORIA - TOMO I
HISTORIAS DE CANCIONES
POPULARES PARAGUAYAS
Autor y ©:
MARIO RUBÉN ÁLVAREZ
Edición del autor y Julián Navarro Vera
Dibujo de tapa:
ENZO PERTILE
Diseño de tapa: Miguel Ángel Sosa
Asunción-Paraguay 2003
.
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AGUSTÍN BARBOZA - "RUEGO Y CAMINO" UNA ORACIÓN QUEMADA POR EL TECHAGA’U / Fuente: LAS VOCES DE LA MEMORIA - TOMO I Autor y ©: MARIO RUBÉN ÁLVAREZ


RUEGO Y CAMINO
UNA ORACIÓN QUEMADA POR EL TECHAGA’U
Autor:
AGUSTÍN BARBOZA
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
.
La añoranza al terruño es una de las constantes de la música paraguaya. El techaga’u encuentra sus motivos cuando lejos de la patria su fuego quema. Y hace lo mismo cuando desde su interior se busca ese vy’aha paradisíaco que es el valle encantado y ensalzado desde la distancia.
AGUSTÍN BARBOZA (nacido el 5 de mayo de 1913 y fallecido en Asunción el 18 de diciembre de 1998), escribió RUEGO Y CAMINO muy lejos de su tierra. Esta obra tiene una historia que se entrecruza con otras historias del intérprete. Hacia finales de la década del `40 triunfaba en el Brasil. Su voz le abría puertas. Un buen día, su amigo, GUMERCINDO AYALA AQUINO, desde Méjico, le escribe una carta. Le invita a formar parte de su conjunto llamado GUAIREÑOS. Juntos iban a ganar no solo fama y dinero, sino que iban a recorrer Estados Unidos de América y Canadá, según le prometía su ilusionado amigo.
Barboza, como estaba bien, ascendiendo en un medio no fácil, se hace el ñembotavy. Ayala Aquino insiste en el ofrecimiento y hasta le manda un pasaje por vía aérea. No puede seguir negándose. Y se larga para Méjico. En el trayecto, en la isla de Trinidad, se encuentra con JUAN ARVIZU, el célebre cantor mejicano, a quien él ya conocía. Le da una carta de presentación para CANTINFLAS, muy amigo suyo.
Llega a la capital mejicana. Gumercindo lo aguarda, junto a los demás integrantes de su conjunto: LUIS OSMER MEZA -al que se conocería universalmente años más tarde con el seudónimo de LUIS ALBERTO DEL PARANÁ-, HUMBERTO BARÚA y DIGNO GARCÍA. Pronto empiezan a cosechar aplausos y dinero, mientras un empresario les gestiona la visa de trabajo en los Estados Unidos.
El tiempo transcurre y el proyecto no se concreta. Meza, García y Barúa regresan entonces al sur. Los que se quedan, continúan con la música paraguaya por territorio mejicano. Pronto llega junto a ellos EMILIO BIGI, para sumarse al grupo. Y como no pueden continuar al norte, deciden hacer una gira por Cuba, Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Panamá.
"Nuestras reservas económicas se agotaron", cuenta Barboza en su libro RUEGO Y CAMINO (1). Ayala Aquino, su esposa Paty y Emilio Bigi, con el dinero de la última actuación, viajan a Cartagena de Indias, Colombia, en barco. Agustín no les acompaña porque ya no había plata para solventar su pasaje. Se quedó con la promesa de que tan pronto como pudieran le permitirían reunirse con ellos.
Barboza, sin un céntimo, se queda en Panamá. Al principio la vida le trata a puros golpes. Después, gracias a algunos contactos locales, su situación mejora. Conoce, por uno de esos guiños del destino, a ALCIBIADES AROSEMENA, influyente político panameño que, llegaría a ser Presidente de la República, tras el Golpe de Estado contra Arnulfo Arias.
Estamos en 1950. Inmerso en la incertidumbre, solo, triste, un día el artista se sienta en uno de los escalones próximos a la estatua ele Vasco Núñez de Balboa. "De pronto me invadió una gran nostalgia y me entraron unas ganas irrefrenables de volver al Paraguay", relata Barboza.
Y allí mismo, acompañándose con la guitarra que tenía consigo, ruega en canto por su pronto retorno. Inspirado, a vuelapluma, escribe los versos que ya iban vistiéndose de melodía a medida que brotan. "Era un homenaje a la ciudad de Asunción, y a través de ella, tal vez, para una mujer que supiera comprender que, como Ortiz Guerrero, los músicos también amamos a nuestra ciudad como si fuera nuestra novia", testimonia el autor. JOHNNY BAKER -pianista panameño mulato que CARLOS ELETA ALMARÁN, dueño de Radio Continental, donde Barboza actuaba, le había presentado-, le hizo los arreglos para el estreno. Lo anunciaba como aire local, pero Agustín aclaraba una y otra vez que era una guarania, ritmo propio de su país.
Esa composición le dio suerte. Los vientos y los dioses le fueron favorables. Hasta participó del golpe que llevaría a su amigo Arosemena al poder. Hizo la marcha 10 de mayo, en 1951, para los alzados. Triunfante el movimiento al que apoyó, tenía todo a su favor. Él, sin embargo, paraguayo al fin, apostó por el retorno, sin más vueltas. Ganó dinero para pagar puntillosamente sus cuentas atrasadas y bajó a Colombia, donde esperaba encontrar a sus amigos. Era el principio del regreso al Paraguay.
(1) Barboza, Agustín: Ruego y camino. Fundación “Agustín Barboza”, Asunción, 1996.

RUEGO Y CAMINO
Por el camino de la esperanza va mi alegría
por el camino de la esperanza se va mi amor
para decirte que siempre vives
en mi memoria
como una hermosa, fresca y lozana
divina flor.

Mi pensamiento
te nombra en dulce melancolía
y tu sonrisa brilla en mi sombra
como una luz.
Y en mi añoranza de caminante y de lejanía
con fe sagrada ruego en silencio
junto a la cruz.
Ruego del alma que solo implora
que no me olvides
porque en mi vida noble y humilde
solo estás tú.
Por el camino de la esperanza va mi alegría,
por el camino de la esperanza se va mi amor.
Letra y música: AGUSTÍN BARBOZA
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POPULARES PARAGUAYAS
Edición del autor y Julián Navarro Vera
Dibujo de tapa: ENZO PERTILE
Diseño de tapa: Miguel Ángel Sosa
Asunción-Paraguay 2003
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