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lunes, 8 de agosto de 2011

RENÉ DÁVALOS - BUSCAR LA REALIDAD (POEMARIO) / EDICIONES DIALOGO. CUADERNOS DEL COLIBRI Nº 8 - ASUNCIÓN, 1966



BUSCAR LA REALIDAD
Poesías de
CUADERNOS DEL COLIBRI Nº 8
EDICIONES DIALOGO
Director MIGUEL ÁNGEL FERNÁNDEZ
Grabado de tapa BRUNO ESE
Viñeta JOSEFINA PLA
Asunción – Paraguay
1966 (21 páginas)


JOVEN POETA

Estabas listo para morir:
el cielo como fruta madura negaba su dulzura
a tu ansiedad de pájaro desierto.
Parecías igual pero tenías
el corazón en llamas
alumbrando el sacrificio de tus misas trágicas
y tus ángeles gemían caídos de su imagen.

Muchas veces te vi pensando
en yo no sé qué extraños ruiseñores
que sólo en paraísos estremecen
los vientos con sus cánticos.
No te hablaba nunca entonces
porque sentía un eco sordo de terribles tambores
y una pregunta incierta surgía de la tierra.
Premonitoriamente a veces parecía
que te hubieras muerto ya,
que tu destino repentinamente
te hiciese olvidar todas las cosas huecas
y a una vida sin tiempo ni pecado te llevara.
En tí la muerte era el crepúsculo
que irremediablemente llega al fin del día,
pero yo no estaba triste por eso,
era hermoso pensar en tu dulce madurez de hombre
hecha verdad en tu infinito silencio,
pensar en tu radiante juventud que asida a sus destellos
subiera por sus ramas desbordando las flores
hasta que fuese imposible seguir imaginando sus destinos.

Ibas a morir sólo por tí y sin embargo
quererte sin que lo supieras
era sufrir tu plenitud en carne viva
puro dolor que entonces me salvaba.

Yo sabía que ibas a morir,
que verías el camino donde tu voz iba a hallar
inacabables resonancias
y tu alma iba a verse al fin
con sus blancos vestidos sin ausencias.

Ya las cosas serían de verdad entonces
y las palabras como frutas rotundas iban a ser
duras, compactas realidades en tus tallos.
¡Ah! yo temblaba pensando en los besos
que darías a rostros sin huida.
Si hoy supieras: qué triste es
qué difícil al escuchar tu risa
no comprender tu muerte.


LA AMADA

Como de labios sometidos al beso
una dulzura alcanza el corazón desde el pasado
aún sobre las cosas, al pensar en ella;
era un arroyo, sus cabellos encerraban la verdad que era
volando como pájaros inverosímiles
del alba o crepúsculo en su cuerpo.

Las horas con ella eran arenas de vida
movidas por sus manos sin que nunca formasen
ni desierto o montaña,
como viento tranquilo que agita las vegetaciones
sin dejarles recuerdo.

Siento que la amada escapa a la memoria:
era una estación en sí
sin año que la repitiera en quien la quiso
sin rosas previas ni rosales resignados o alegres
es decir la primera, como el tiempo,
o la muerte o simplemente una pasión que hoy no puede
recordarse.

Era vivir con ella o comenzar la muerte en ese instante
acariciar sus pechos serenos y sus muslos inconscientes
escuchar su música sonando sin querer recordarla
o cercenar la realidad abierta como el cielo
que no quiere otra cosa que la vida hecha luz
que la recorra y la viva alegremente.

Amanecerá a otros vientos, otras auroras saludarán primeras
sus miradas
y otras selvas guardarán sus cabellos florecidos.
Navegará por ríos rojos; corazones vivos, aún fuera del tiempo,
le rozarán las manos;
hombres sin raíces comprenderán sus círculos
y ella concéntrica se reirá feliz.

La amada tendrá su visión sin tierra
cruzando, inventando las distancias
y acaso alguna vez frente a los ojos
cerrados al estar con ella
la amada le pondrá límite al mundo
y será la realidad ella sola.


HISTORIA DEL HOMBRE

And the time of death is every moment
T. S. Eliot

En la playa devastada donde profundos tifones
si el ser es la luz, la claridad destrozan
y la arena inmemorial como cuerpo deshecho
amanece a la noche de un día sin mañana,
dibujó con amor sus pasos inseguros
el hombre que siguiendo una voz sin garganta,
desconociendo el mundo nacía hacia la nada.

El como un arpa,
como una cuerda en que dolientes notas tiemblan
sangra de sí para la atenta soledad del cielo impávido
una música trágica en que la muerte suena
cuando en el cielo oscuro, sobre la estrecha llama
ondas de nada gimen terribles perros.

Atenta en la noche la insólita cabeza escucha:
del tiempo al tiempo va la muerte cerrando las ventanas tristes,
su paso no suena porque no pisa el suelo
pero el oído maldito conoce su silencio.

La vida pasa, la esperanza como árbol de otoño
alfombra los pasos duros que caminan a la muerte,
llama como ángel cuya música dulce
acaricia con cabellos perfumados
o como tarde florecida, como espejo
donde trémulos cuerpos desconocen sus cenizas.

Vuelto a la playa el hombre, su corazón
no recuerda el camino entre las olas
que vuelva a la total seguridad del origen
y los cánticos alados que suenan en el alma
hablándole de un sol que nunca se detiene
duelen más que los ojos cuya mirada duele.
Ve su cuerpo volviendo a salir desde lo absurdo y en la playa
luz de luna hace fulgir los miembros esparcidos.


EL ANGEL PUEDE VER AL HOMBRE

Para él que mira con ojos de nubes
la muerte como lluvia que mojará la tierra
era una horrenda herida desgarrada en el pecho
y se sentía como aurora sin pájaros,
o río sin rumores,
encadenada sombra en que gime inútilmente
amargura del tiempo su corazón deshecho.
Todo parecía muerto en su cuerpo
pero la vida en los ojos
quería realidad además de las formas
y el corazón latía por una claridad de sangre que no acaba.

El sabía que un beso angélico en los labios
vale más que la noche, que las voces fugaces
como campanas de plata,
y la sangre impotente doliéndose en el mundo
sufría igual que un labio
demasiado pequeño para el ansia.

En la trémula tarde, recuerdo
su imagen queriendo volar hacia las alas
y unos ojos nocturnos en los que el sueño existe
como dardos o espadas para clavar la muerte.
Ni caricia de noche mecida por sus manos
ni música tañida en esas mismas cuerdas
alegraban su alma que existió como nube
a quien helados vientos designan el destino.
El clamaba:
"¡Ah los puertos ya casi accedidos
que como mar huyente dejan la arena seca!
¡Luz de aurora cuyos lucientes bordes
no sujetan el tiempo terrible que se va!"

Yo lo recuerdo: los ojos del hombre miraban a sus ángeles
y sus ángeles tendían las suplicantes manos hacia arriba.


PALABRA HUMANA

I
De sol a sol el hombro
se adelgaza de llevarte
y en la mano nos brota un signo trágico
para marcar las rosas blancas y los pechos.
La voz de un dios ambiguo no te llama
ni te obliga a dejarnos la pureza
de un cielo que sentimos o del alma
que al parecer - y a veces - nos alcanza.
Y es entonces que pensamos
que si no podemos olvidarte acaso seas
sangre nuestra muerta, que se muere
o en Dios palabra errada, absurdo
perpetuamente renaciendo
para parir nuestra sombra por la boca.

II
Este año angosto del hombre
oh qué duras estaciones tiene
por ejemplo sus días
de puñal clavado en la madera
esperando su filo
cortando el recuerdo de su cielo
en pedacitos tristes.

Y su mirada de otoño
circunscrita en sí misma
volviendo sin salir
a estarse, habitarse otra vez
dolerse en su desastre
oh sí volver a sí mismo
a mí mismo
vacío como el cielo de una tarde
ávido, estúpido, anhelante
a mí, misterio sin misterio
camino y fin de mi camino

III
¡Qué paso detenido el hombre
que sombra dolorosa
en días como umbrales
de una casa enorme
a la que nunca entramos!
¡Qué larga esta espera
en la que vamos yendo:
las cosas como hechas de pedazos de sueño
el alma como círculo que no logra alcanzarse!

Y el dolor de Aquél que nos espera
detrás de las ventanas
que tercamente devuelve las renuncias
y nos sigue gritando su promesa en la sangre.

¡Todo tan fácil detrás de las murallas
todo tan puro más allá
y nosotros callados, crepusculares
con las llaves perdidas en la oscuridad del día!


LA AMADA

Quise tañerte como una campana
de torre o monte altísimo donde subir fuera un esfuerzo
penoso y dulce y trajese una alegría en cada instante
aunque sangrasen las manos y hubiera que romper los pétalos.

Siempre fuiste de metal o de roca,
aún transparentes tus cristales, yo no pude nunca transpasarlos,
eran obstáculos tus manos a la mirada que quería entrarte
y la sangre bullendo en tu remota vena
no turgía la piel donde la luz del sol se acaba quemándola.
Siempre al pensarte tus formas resistían a la libre
evocación de las cosas sin límites
que imaginado quería hacer de tí.
Había pensamientos o mentiras duras como piedras
que el corazón tocaba
bajo tus pechos subiendo a la vida imposible en esa forma,
y latía sin sangre el perfil de tu vientre acariciado.

Entre los bordes del mundo sin embargo
cosas pequeñas desmentían las máscaras,
la luz del sol brillando como gema
en la pequeña creación de una corola
o el alma desvestida, que se asoma a los ojos límpida,
muda como un relámpago y ansiosa como un beso.

¡Amada! Nunca fuiste antes mi amada,
nunca tan hermosa, tan pura
tan de verdad y leve como el tiempo
como desnuda riéndote sobre las castas sábanas
sin negarte a la vida, sin temerla,
mujer al fin en que los duros huesos se rodean de carne
sonrosada.
¿No sientes como si te hubieras muerto y hubieras renacido
ya dispuesta al amor que te impregna la carne,
sin temer ya que el alma se postergue o se olvide?

Tocándote desnuda, tu pálida piel encierra
la realidad amada.
Y más allá de tus pies, tus piernas, tu cabello
puedo besar tu alma, ya no soledad remota
que aparece súbita en los ojos, sino mirada que tienes
viva, soñando en la realidad que te enamora.


TODO AL ENCONTRARTE

Un rio azul venía entre tus pechos
hasta la sed ansiosa que esperaba.
Luna negra tu cabello, estaba en las estrellas
y en mis manos.

Algunos en el mar como buques naufragados
o aplastados otros por los árboles súbitos
que caían de mis manos como semillas felices
se herrumbraban para siempre los escudos derrotados.
Eras el mundo yacente allí en silencio.
Como lluvia mi tiempo te mojaba la cara
y mi deseo ardía en tus espaldas como fuego.

Éramos iguales ¡oh muchacha! ¡el amor nos unía!
desde lejanos días venían nuestras manos
a descubrir la caricia
mientras pasaban las tardes como islas, como peces
y nos iba conociendo, parte tuya, la aurora.
¡Ah! pero callabas, dejabas correr en tí
sin verlas mis preguntas
y tu intacta realidad, tu luz
no eran cosa tangible
para la mano que al tocarte
traería tu inasible esencia a nuestro mundo.

Como si recién salida del mar vinieras
la fresca realidad temblaba todavía en tu piel
y un agua deleitable y querida, en gotitas fulgía
en las puntas de tus dedos frente a la luz del sol. 

A pesar de amarme ¡ah de amarme!
florecían nuevos trigos misteriosos
en las riberas de tus lejanos s rios
y yo que los veía surgir de tí como palabras
al besarte la boca pidiéndote sus nombres
desgranaba tus respuestas como uvas de silencio.


AL HERMANO

Juntos nacimos de una misma suerte caída en el camino,
desde tempranos días las mismas madrugadas
quemaron nuestros ojos
y una sangre igual entre las venas mudas
puso la misma vida, junto a la misma muerte.
Nuestros rostros iguales batidos por tormentas
frente a la misma angustia parecían espejos.
Mas de repente, hermano, cuando quiero exclamarte:
¡sé que me escuchas, tu corazón me basta!
busco tu nombre, la más alta nostalgia,
y él es una sombra silenciosa y trágica.
Torno entonces hacia adentro la mirada
para buscar en mí las señas de tu alma
ordeno con afán las palabras, las letras
porque no quiero abatirme en esta soledad
donde las sombras hablan y yo no puedo hablarles.
Trato de ver tu indescifrable nombre,
aquel -mío también- con el que puedo hablarte
y los ojos rebotan sobre la piel tendida
como abismo.
¡Hermano, la realidad destella
y preciso tu voz para tocarla!
¡Hermano, qué espantoso este querer contarte
la angustiante realidad, la plena luz
si eres el que nunca escuchará mi voz
ni llorará mi muerte!


miércoles, 20 de abril de 2011

NELSON ROURA - NENÚFAR DEL SILENCIO (POESÍAS) - Edición, notas y hemerografía de MIGUEL ÁNGEL FERNÁNDEZ. Prólogo de JOSÉ NEISTEIN. Ediciones DIÁLOGO / Editorial EL AUGUR.



NENÚFAR DEL SILENCIO.
POESÍAS DE NELSON ROURA
Edición, notas y hemerografía de
Prólogo de JOSÉ NEISTEIN.
Ediciones DIÁLOGO / Editorial EL AUGUR.
Cuadernos de la Piririta Nº 16.
Asunción – Paraguay 1996 (149 páginas)


PRÓLOGO
NELSON ROURA O LA EXPLICACION DEL RUISEÑOR
Una tarde de verano, en 1968, conocí a NELSON ROURA en Asunción. Nos acercó un amigo común, JUAN CARLOS DA COSTA. Y luego, la pasión por la poesía nos uniría para siempre. El destino fue cruel con Nelson y Juan Carlos: el primero, poco después sería llevado por la terrible enfermedad que lo atormentó; el segundo, sería muerto a tiros, pocos años después por los representantes de un injusto orden, que él tanto quería cambiar. Ambos eran jóvenes. Muy jóvenes. Y su sacrificio me hace recordar los sacrificios exigidos por los dioses de la antigüedad, cuando los escogidos eran siempre los mejores, a fin de aplacar sus insondables exigencias, y de rescatar, con su muerte, la vida de la comunidad.
Pocos fueron mis encuentros con Nelson, pero fueron marcantes, inolvidables. El tema de las conversaciones era siempre la poesía, sus problemas, su técnica, su alcance. Un poco de teoría, un poco de práctica. El denominador común dispensaba minucias; ellas ya estaban sobreentendidas, y sólo las grandes líneas importaban. En esos pocos encuentros, Juan Carlos siempre estaba presente, y siempre contribuía a la intensidad del diálogo. En conversaciones aparte, y durante mucho tiempo, Juan Carlos y yo tejíamos los motivos esbozados en los coloquios con Nelson, profundizando en los problemas sugeridos. La magia, el pudor y el recato de Nelson impedían que eso fuese hecho en su presencia. Con la muerte de Nelson, ocurrida pocos meses después, y pasado el shock., Juan Carlos y yo, y enseguida con Miguel Ángel Fernández, comenzamos a pensar en la edición póstuma que hoy ve la luz, casi veinticinco años después. Primero era preciso reunir los papeles para poder seleccionar los poemas que serían incluidos, y después se imponía una forma.
Por aquel entonces, Nelson ya nos había legado un pequeño libro de poemas publicado en Asunción algunos años antes de su muerte, más los textos cuya selección es hoy impresa. Juan Carlos reunió los papeles que pudo encontrar y con la colaboración de Miguel Ángel hicimos la selección. No eran muchos y es posible que el propio Nelson hubiese descartado y destruido poemas y variantes a las cuales nunca ya tendremos acceso. En todo caso el legado de Nelson fue pequeño, y la selección recayó sobre los trabajos más significativos. Varios de ellos sobrevivieron apenas como fragmentos, y como fragmentos aparecen en este libro.
Después de eso, durante años, no leí los poemas de Nelson, y fue gracias al entusiasmo inquebrantable de Livio Abramo que este proyecto fue retomado hace algunos años. En el reencuentro con los textos, y con las nuevas perspectivas que sólo el tiempo y la distancia son capaces de dar, la poesía de Nelson ganó inmensamente. Su obra tiene una centella de genio y guarda todo el frescor de las pasiones de juventud, la certeza de las intuiciones fértiles y la expresión del artista nato. Su poesía conjuga el lirismo de la gran tradición romántica, la paradoja de las asociaciones surrealistas, el humor acre de la poesía satírica y la dimensión épica de la conciencia social y política. La vida breve de Nelson Roura, la intensidad de las emociones, la agudeza de su intelecto y la pureza de su postura lo aproximan a sus pares, los poetas románticos del siglo XIX, y, más recientemente, de Lautréamont, Rimbaudy García Lorca.
Con extraordinaria madurez para sus veinte aòos, Nelson Roura usó con gran propiedad el verso libre y la metáfora, la elipsis y la hipérbole. Su virtuosidad viene siempre acompañada de substancia, y sus asociaciones de imágenes verbales nos obligan a redescubrir, de verso en verso, el potencial inusitado, insospechado de la palabra y de su fuerza y plasticidad, como sólo a los poetas genuinos es dado revelar. Al mismo tiempo que expresa las realidades sensibles, también evoca las dimensiones cósmicas. La idea de lo perecible y la intuición de lo duradero se conjugan en su sortilegio.
Su libertad poética lo lleva a extraordinarias metamorfosis anímicas: el clavel es sigiloso, se refugia en los brazos del poeta y penetra en las profundidades de su alma. La espiga se hace fruto y declina el silencio, como si dispusiera del libre arbitrio. Y la flor no es solamente bella, es también pensativa. El silencio conventual es blanco y se materializa en forma de flor. Piedras perezosas se unen en arquitectura soñolienta. En la Alhambra, las aguas susurran amores. La propia Alhambra está hecha de alhambra. Las énfasis expresivas brotan a menudo en sus poemas. La belleza del cisne, símbolo de su amada, transpone las contingencias humanas a niveles ideales, donde la perfección es más viable. Y en el amor, como en Platón, el conocimiento se consustancia: "en ti y en ti, esposa preferida, enseñanza sin secretos... enseñanza sin misterios". El poeta, con todo, nunca pierde su distancia crítica, y permanece "infiel a la creencia". Su fantasía vuela y su intelecto observa: "sueño sin soñares".
Pero no sólo de contemplación vive el poeta. "La sombra está en la acción, en la acción del amor". Y aún más, en la acción política: "Acaba tu pena, sí, el maldito esclavista murió en tí!". Por lo demás, en la poesía de Roura, el amor es frecuentemente acción, y la acción amor. El mundo moderno es visto con mordaz ironía, pues "los nietos de Cristo juegan con portaviones sin esperar la verdad". "CALEIDOSCOPIO" es un poema que pasa revista a los absurdos y los desmanes en Corea, en Vietnam, en la China, en la Unión Soviética, en el Brasil y en el Paraguay, dándoles un tratamiento caricaturesco de teatro de fantoches, parodiando los acontecimientos históricos con melancólico, fino humor. En ese poema, Roura se aproxima a MAIAKOVSKI. "PRISIÓN DE LOS SUEÑOS" a su vez, recuerda las imprecaciones de los profetas del VIEJO TESTAMENTO y la exuberancia de las imágenes de la poesía árabe clásica. “NUMINISCENCIA" es una vigorosa exclamación de la conciencia histórica y de la conciencia filosófica, perplejidad ante la teleología, de los fines últimos, de la agitación constante que es la vida, tantas veces sin sentido: "oro sé y oro es, basta con decir plata sé y plata es".
La sensibilidad de Roura ante varios problemas de la filosofía se manifiesta de múltiples e inusitadas maneras, apuntando al meollo de las cuestiones con intelecto y pasión: "y clavo mi arpón en el vientre de todas las verdades". Roura usa la tautología y la redundancia para ampliar las dimensiones del misterium tremendum: "Aguamanil, aguamanil, muere entonces sólo una vez al pie de tu silencio silencioso". La imagen del concepto es elocuente, tangible. El tiempo, la dimensión que se nos escapa, angustia al poeta: "ay ontos, daimon de cara prismática, sálvame del momento". La reflexión sobre el infinito asume formas de intimidad palpable, y se materializa en un "espejo en que el infinito se arregla su cabellera", o es registrada como una sucesión de infinitos cada vez mayores, cada vez menos tangibles: "después del abismo, un nuevo abismo". La experiencia interior de la dimensión del tiempo es muchas veces proyectada de lo trascendental hacia la naturaleza, donde el poeta ve "tus rosas tempranas y claveles de mediodía". La finitud de la duración de la vida humana también encuentra su imagen en la dinámica del universo, donde "van los ríos a dar en la mar que es el morir". Y la indagación prosigue: "¿Vale el tiempo lo que este reloj llamado destino?" Responde el estoico entre dos fuegos: "Temía a la muerte? ¿o temía a la vida?... Acaba tu destino". La conciencia de la angustia existencial no lo abandona nunca: "Ay, alma, larga es tu condena". Gracias a la creación, el hombre sobrevive en su obra: "Gigante muerto, y un muerto que vive". En su fantástica cosmología, la tierra, el agua, el fuego y el aire, los cuatro elementos aristotélicos constituyentes del universo, aparecen con valores propios, simbólicos o transfigurados en dimensiones emocionales. Y el lenguaje expresa la conciencia de sí mismo: "Alcuino, enseña la gramática con majestad!" Y la experiencia política está siempre acompañada por la experiencia ética: "La violencia destruirá la máscara y pondrá en el corazón la máscara del dolor".
Pero el poeta se identifica más con el mundo sensible. Los colores están presentes en toda su obra, sea como recurso retórico y descriptivo, ;sea con alcance simbólico o psicológico. Y es constante el testimonio de su pasión sensual por la belleza de los materiales: "Nácar en tus dientes, y aljófar en tu rostro". Gran parte de sus metáforas se valen de los colores, de las flores, de los elementos de la naturaleza, y en varias instancias, su amor por la naturaleza, por los materiales y por la música los funde con raro acierto: "Y el gato de seda muere sin cantar".
La música ocupó un lugar importante en la vida y en la poesía de Nelson Roura, "en Bach educado por sonoras, solemnes catedrales..." "cuando su música hacía ya cenizas en la noche". Frecuentemente, la música es encarada como una forma abstracta de arquitectura, majestuosa como "el grave acorde de la blanca catedral", y por tanto usada de manera figurativa, pues la propia arquitectura se expresa, se afirma como música materializada. A veces ella simboliza las indefiniciones en "borrosos pentagramas de música incierta, inmortal" o bien sitúa las imperfecciones a través de su propia afirmación: "Tú eres imperfecta noche, en los días cantados". La naturaleza misma está impregnada de música. "ritmo de azahares... es mañana que ilusión hace canción" y, todavía, la música recibe tratamiento surreal en imágenes anímicas como "melancólico piano" y "giratorio violín".
El surrealismo también ocupa un lugar destacado en su poesía, menos como movimiento estético constituido que como recurso expresivo, presente en varios poemas significativos. Hay personajes que "cometen crímenes de terciopelo", ... "un revólver perfumado humea sobre la víctima". Hay también "fusilamientos a discreción", y el poeta se ve rodeado de "húmedos verdugos".
Pero es como poeta lírico que Nelson Roura alcanza su apogeo. El amó el amor y lo definió como superior enfoque, claridad y simplicidad: "el ancho mar separa el amor del deseo". Su lírica conoció tanto momentos de ternura y delicadeza como vuelos de inspiración mística: "Eres pura y preciosa como la ley de Dios". "Tú... hija de una flor sin simiente, flor tú misma de pétalos de aire". Sus pasiones vagan por el universo: "Aspiré el viento del vacío... Marineros de esas aguas cansadas. Vamos a Arabia, amiga mía, allí donde se tuestan los soles en la arena". Allá, "el silencio traza su órbita, en el corazón de tus ojos". Panteísticamente unido a la naturaleza, "el sol es pasto de mi loco mirar". De vuelta al nivel sensual, el poeta pide a su amada: "Cúbreme de besos y arréglame el cabello".
Dentro de la lírica del poeta hay un sentido de inquietud, sentido dialéctico de la existencia como combate a la inercia, al inconformismo, perenne en el hombre creador: "Y traigo en mis manos una paz que es la guerra". El paso meteórico de Nelson Roura por la vida trajo un rayo de luz a todos cuantos se aproximaron a él, y ciertamente traerá inspiración a cuantos lean y relean sus poemas. Hago mías sus palabras: "libre, fatuos fuegos, lleguen e iluminen!" Volando como un ruiseñor perplejo en el cosmos, "era su alma simple canción".
JOSÉ NEISTEIN
Washington/San Pablo Julio de 1989.


“Y olvida el silencio
Que respira en el silencio”

I
HIMNOS Y CANCIONES

HIMNO
EL CORAZÓN y la piedra,
el amor y la cadena.
¡Oh si pudieras, amor,
cantar himnos triunfales!
El himno triunfal
Con óseos elementos
y nácares extraños, mezclando
todo lo absoluto, quisiera hacer
de la cárdena roca
brotar óleo
y mirra, depurada mirra.
¡Me dueles, amor!
Y tú, bajel sangrante,
va, va, por las olas desnudado, va!
¿Oh, mar de los suplicios,
sangras?
¡No sangres más!
Con óseas cuchillas, desangran
desangran el corazón.
¡Un clavel tatuado,
en tu rodilla derecha,
también sangra, sangra!
¡Cuánto esperé, cuánto!
El malecón estrecho
respiraba el agua
amarga; y las grietas llenas
siempre, de lágrimas.
¡Porque más allá de todo entendimiento
y cerca del crepúsculo, cerca,
un himno triunfal
he de levantar!
Verde y de seda, turbio y tranquilo,
el vientre de las ovejas,
inundado por las hierbas, verde
y tranquilo...
¡No será su canto
el que los degollados
cantaban a voz en cuello!
Cercaré los espinos
con rosas; y exprimiré las serpientes
diente por diente; y ojo por ojo
caminará la belleza con sus pasos de gacela
y sus delicados cuernos de azabache.
Ya no habrá paz.
¡Todo será guerra!
Y este himno triunfal
estallará en cada corazón
como ola sanguinaria.
¡Cómo dueles, amor!
El viento, corsario de mis penas,
me acerca el murmullo salvaje, imaginario
de las olas en la playa.
Y clavo mi arpón
en el vientre de todas las verdades.
Y lloro por ti, mi dulce
amor.

AMOR Y FUEGO
LA VIOLENCIA destruirá la máscara y pondrá
en el corazón la máscara de dolor.
La gota del dolor,
La violencia, oh madre, más madre
que la amante noche,
nebulosa luz
de oculto santuario, ramo
de oraciones rojas y de flores
a cualquier precio
vendidas.
Tras las cortinas rojas,
la violencia:
su pelo rojo, con el rayo
de sol brillante y opaco
ante el mudo resplandor.
Cien soles, soles,
y cien lunas
debajo de la tierra.
Flamígeros, Etna, Vulcano, tempestuosos,
tempestuosos, me decís:
aquí estamos... Y con gran dolor,
de luz dolor,
tu presencia sentimos, subyugante,
submarina, nacida subterránea,
tu presencia,
en el cálido guijarro y en el
temblor de una tierra estremecida.
¿Fruto de un parto rojo?
¿Tu presencia,
rara, incandescente, quieta y rugiente,
salada y murmurante, nos oprime el corazón?
¿Y afinas, violencia, un violín negro, de reflejos
claros y lavas cuchillos de sangre
en tu blanco dolor?
¿Preparas la tragedia, oh violencia,
Clitemnestra universal?
Gimo y me escuchas,
la rama de laurel se agita,
la rama de laurel se agita,
la llama asciende, muere, cantar, amar,..
Sólo yo, quedo yo solo,
y el universal silencio,
inmóvil ante la
tumba, se agita y
muere, también muere,
por debajo del aire helado.
¡Espiga, hazte
fruto, declina el silencio!
Ama el canto.
Violencia, canta tú también.
Canta, flor, canta, flor y en tu lugar
la tarde verá un lirio,
volará quieto, como el día.


II
MARES, DESVANECÉOS

TRISTE
GONDOLERO, la fortuna en perlas
del amor crece al borde
de la laguna al borde,
crece y van los ríos
a dar en la mar que es el morir,
como si fuera viento tu canto,
viento tu canto,
el río tu canto, viento.

OH LIBERTAD venida ya
de la profundidad del mar
a morar en la laguna.
Triste despedida a los que navegan,
mirar en el espejo veneciano del mar
tu rostro, marina, contemplar
el paisaje tremelante de barcas,
sus velas tan blancas.
Oh mercaderos de la noche plácida
no robéis la plata del cordero
y el oro de los mares
y ónix de las tumbas.
Sed fieles a la brisa,
oh barcas, oh remeros de ojos de vidrio,
oh barqueros del sol de fuego,
llevad vuestro canto a la playa
donde moran las aves
y entonces buscad la libertad
en los suspiros.
¡Oh viento, oh rosas de la libertad!
Oh viento, oh oro,
sed como ensueños en el fuego,
de haber sublimes llamas.
Libres fatuos fuegos
transitan entre el mar y la aldea
bajo la lluvia de marzo
viviendo en dulce calma,
¡Lleguen e iluminen!

NACENS
ASPIRÉ EL VIENTO del vacío
y rugió ese viento al margen
de tu amor: ay, caléndulas de plata,
como cantáis vacío y grisaduras rotas
al borde de ese amor desesperado,
al borde de esa luz.

Marineros de esas aguas cansadas,
blancos perros viejos,
mares, desvanecéos
como si heridas celestiales
cantaran navajas relucientes, achicorias,
achicorias, alhelíes,
todo un mar desnudo

y una condenación ataviada de rata de proa,
en un festival,
fiesta de disfraces,
nunca igual, verde, alta,
hija de una venganza deslumbradoramente
manifiesta a Dios.

Ricos, pobres, volvedme a mi mundo!,
gritas, tú,
hay libertad! Champaña de plata
para la libertad!

Cascabeles, sonad despacio,
música perfumada
para mi amor.
Como ancla vieja cantando
y herrumbrada
en medio del coro
de tritones, pólipos y medusas,
trinicorontes, najas blancas
y cupidos azules.
Singing in the sea.

Oh mercenaria de pelo castaño,
arrodíllate frente al horizonte
y ofréndale
el mirto puro de tus oraciones
tranquilamente pacidas por
una oveja amarilla, ignorante del mar.

Marina ella también?

Como tú misma, esbelta doncella,
doncella de San Marino,
marina vieja...
Vamos a Arabia, amiga mía,
allí donde se tuestan
los soles
en la arena.

III
FLOR PENSATIVA

FLOR
EL LOTO PÁLIDO de tus mejillas humilla
a la rosa blanca amor amor.
La bella tarde cruel
besa al lirio del poniente
y se obscurece tu mirada.
Me quemo y me quemo,
pero en tu altar no comienza
la flor pensativa.

CLAVEL
CLAVEL de ti,
tus rosas, agreste campo en que el
pequeño
saurio corría,
agreste campo;
aleluya de la mañana
y
gracias
a la tarde.
Tus rosas tempranas y claveles de mediodía.


IV
SEÑORA, MI CISNE

AMOR
AMOR, TUS PALMERAS blancas,
blancas son como la arena,
cuando canta el cisne.

De rosas era la Alhambra, señora
y aguas había
que susurraban amores.

Aguas que flores blancas llevaban,
flores en su seno
de cristal.

Ay, amores rendidos al estío,
como prímulas primorosas
del coro alado.

Zarcillos de mi amor, tintinead.
Yo te veo abajo, nieve,
sobre la estepa, flor pensativa.

De nieve era la Alhambra, señora,
y a un lado, los montes azules,
reclinados en su silencio
contra un cielo de plata.

Ay, de alhambra era la Alhambra,
señora, mi cisne.

CANTO PARA MI AMOR
I
ERES PURA y preciosa
como la sonrisa de un ave,
como un trino bordado en oro,
como la risa improvisada
de las fuentes,
de los arroyos,
de los ángeles,
eres pura y preciosa
como la ley de Dios,
la que dice:
"Ven, amada gacela,
a este bosque de amapolas
sangrientas, de rubíes y perlas
transnochando bajo el sol".

My lady,
cristiana paloma,
heredera del reino
blanco: yo te doy
el reino rojo,
acéptalo, purísima
cristiana mía de ojos de altar perfumado,
con ese incienso floral,
que la tarde, vil,
atesora.
Acéptalo y no derrames más
lágrimas en gotas:
tensión,
entre el oro y la plata,
caverna convexa
que no esconde
más que amor.
Tu vida es un poema secreto,
my lady,
tu vida es un secreto
poema,
mi luna, mi sol.
Y tu cabellera esconde
trigales preciosos
bajo ese negro mirar.

Adónde vas, asnillo,
llevando sobre tu dorso
a mi amor,
ese precioso poema
que dejó su canción
para seguir la ruta del sol.
Oh navegante, detén a los astros
y oye a las sirenas cantar:
lascivas son, ebrias son
y te aman en su son.
Son, son, son, son
canta para mi amor.
Sonda de las aguas,
que es la luz de las estrellas,
canta también para mi amor.

II
Mi amor de algodón,
quiero cantarte
como el viento te canta en el pelo:
Aleluyas, quiero cantarte,
aleluyas,
paloma de ojos grandes.
En el heno de mi voz, acuéstate,
el agua de tu boca quiero beber.
Dulce pequeña mía,
menta y ambrosía,
ya, ven.
Deja el aire impuro
Deja tu amor
invernal. Acuéstate
en el dulce viento
en la morada que es presencia
de amor.

V
CRÍMENES DE TERCIOPELO

ANACREÓNTICA
MENSAJEROS DE las tumbas,
venid!
y encontrad la sangre
y la flor en el hondo pozo.

Soldados de la batalla
que la árida tierra
mezcló con tubérculos,
marchad ante vuestros
generales, trapo, sangre y barro.

VI
RAMAS DE ZAFIR

DIVINO DOLOR
BOGAN DOS NUBES blancas
como gemelos borregos alados,
En ellos, estás tú.
Tú, tú ligera y amada,
hija de una flor sin simiente,
flor tú misma
de pétalos de aire.

DESASIDO, NÁUFRAGO, navegante sin rumbo,
transeúnte de camino laberíntico,
tu sola luz mis pasos guía.
Eres puerto y eres faro,
hoguera y llama,
donde la ciega mariposa quema sus alas.

DULCE LOCURA ROJA
MI ALMA atormentada
por los coros infernales
ve alejarse al ave,
ve alejarse al ave,
de las mañanas el ave,
cantadora ve alejarse.

ESBOZO MATINAL
ES ESTA la mañana!
un ropaje descolorido que se
apodera
del mundo; y danza sobre el filo
de un sable, entre
el fuego y la nada,
entre la dormida lágrima
y una sonrisa.

VII
ÁNFORA DE LA SOLEDAD

TRANSCURRE EL TIEMPO lentamente
y las horas, los minutos,
claveles son
de tu mano, hermana mía,
de tu boca
esmeralda,
de tus ojos abiertos
a la verdad lunar,
oh hermana, sin ensueños,
las horas tú me las das,
perlas en ofrenda,
y con ellas mi libro cubro,
línea por línea,
siguiendo el orden divino
de tu manto,
estremecido ligeramente
en el aire de la vida, en el vendaval
de la vida, en el bálsamo
de la vida, hermana mía.

SER
CUANDO uno cae,
cuando uno boga
hacia el silencio de Dios,
si el canto empieza,
si el amor ilumina,
si tú vives en mí,
triste deletea,
si tú, roja flor, eres de pétalos
y yo soy...
y yo soy; crátera, absórbeme ya.

PALABRAS
Un lenguaje
no advertido para cantar
a mis rojos hermanos del abismo,
pobres de Asís.
Heresiarca, Heresiarca,
teñido en verde,
me abrasa
un lenguaje hecho,
implacable, riguroso,
cruel y lógico,
como un coro de laúdes.
Estrellas fijas: oh ruinas
de un inmenso imperio!
Qué velos teje la luna
para ocultar su acedía!
De fuego corroído
y de olivos en ramos coronado,
llagas ungidas.
Con óleo que fluido en la piel
al calor estalla.

IMAGEN
ACECHÉ EN LA LLANURA un pato gigante
que devoraba con prisa locas ranas,
mascarones rojos y alfanjes ebrios.
Aceché el momento en que el indio
gritaba: "acá, sí, acá, las caléndulas giran"
gira tu amor ensangrentado
y bellas diademas le cubren el rostro,
naranjas y pomelos barritan el lenguaje obscuro.
Ay, ontos, daimon, de cara prismática,
sálvame del momento.

LOCA OFRENDA
TODO GIRA en torno a mí,
torbellino ahuecado.
Te amo y tú lo sabes!
y el silencio traza su órbita
en el corazón de tus ojos.
El silencio, pantera
al acecho de la gacela,
imprudente en su pequeña cabeza,
hermosa y divinamente traicionera,
bebiendo del agua salada,
sabiendo sin saber que de agua alba
mis lágrimas son.
¡Mis lágrimas, canto maldito!
El silencio es gacela
hermosa de pequeña cabeza.
Y en la órbita de sus ojos
saladas perlas..
¡Ay, beberlas! Saciar
el maldito silencio
y apurar el tósigo infame.
Gotas de sangre a mis nervios arranca!
Alba del renacer: una sangre vendí
por un blanco mirar.
Gané? Perdí?
Mágico despertar, a la puerta me llama
y dice: el rocío es temprano
y nuestras ansias
entre las hierbas
son el fruto.


VIII
CANÍBAL AFICIONADO


CALEIDOSCOPIO
EL SOL, cebado
por las ratas amarillentas de perfume,
ya podridos de ilusión,
gasta,
los espúreos centavos,
que guarda en el bolsillo
derecho del corazón.
El sol baja a Asunción
a tomar tereré,
y el patrón de la cervecería
le indica que debe meterse
en la botella.
Por qué?
Ya verá.
Explosión en el corazón.
Más abajo,
los cadáveres desnudos hasta el cuello
riendo sin motivo:
"Son ralea",
explica el duque y manda
detener el fusilamiento.
“¡Comenzad"!
Las perlas ruedan sobre
la nieve, montaña
abajo,
ay! casi aplastan a una
niña y las moscas se reúnen para
observar el curioso
fenómeno violeta.
Dios sacude
con sus carcajadas la nieve,
y la muerte trajina,
vieja por el hambre
con el dolor bajo el brazo,
maldiciendo haber nacido,
y chupando una pastilla para la tos.
Un mujik revienta pulgas
con el extremo de un látigo
sostenido por el terrateniente del Koljoch.
Los militares del Paraguay
se pasean por las plazas
primaverales
llevando cuadernos bajo el brazo
como si fueran a la escuela.
Bum! Bum!
-llegó la navidad.
Todos, vamos, en fila,
a cantar en portugués
tiempos de amor.
Beethoven se abraza
a una columna queriendo
explicar la luz.
¡Lluvia, canta!
Mao Tse Tung
se limpia con el pañuelo amarillo
la sangre que le ha producido
el choque.
En Siberia está mi amor!
es la nieve
jugando con el sol;
y una rosa en sus
cabellos blancos.
Floración
de nieves sumarias
junto al sol.
En Paraguay celebran
el curso del río
y el discurso.
¡Mariscal del Campo,
mastica las hierbas
y no pisotees las
florecillas!

PRISIÓN DE LOS SUEÑOS
LA LÁGRIMA está tuerta
y un corazón herido
lo sabe, lo sabe: cantad, cantad,
apetitosos gansos, rociad, apetitosos gansos
con vuestra sangre
la bandeja de plata.
Es hora de que las axilas del mar
nuevamente se inunden
con las olas: proponédlo al parlamento
llamado amor
y que el lord mayor en persona
escupa sobre el yate
maldiciéndolo.
Insanas horas,
coged vuestra esencia, más allá
de vosotras mismas.,
Pavos, patos, en fila,
al estofado.
Las lechugas:
al horno!
Los colibríes,
desplumádlos!
La sangre no la bebáis,
malos cocineros!
Dejad que hierva
bajo el sol.
Romped todas las vallas
y escapáos, caballos marrones,
y vosotros, dichosos macarrones,
dejáos comer por ese gordo señor
de hondas pupilas;
y vos, señor y perro
de vos mismo,
alteza
alae
alae
descended al hondo pozo
donde revientan vuestros hermanos,
carroña y lepra
de sus ojos sombríos.
PRISIÓN DE LOS SUEÑOS,
carroña llameante,
aluviar latir de una sangre
incógnita.
¡Morid de una vez, palomas mías!
¡Barro colorado,
extasíate en el azul,
como si tu noche fuera
una piedra!
Arrójala en la nieve
del abismo
y tu nariz anaranjada
tórnase amarilla
por amor al pasto lívido
de tus pelos.
¿Y esa sonrisa en tu rostro?
¿Es incienso tu sonrisa?
¿Ovejas blancas son tus dientes?
¿Ovejas negras las olas de tu cabello?
¿Caballos van a la mar?
Negros, blancos y rojos
por el profeta conducidos.
En sus lomos llevan gatos,
incógnitos herederos
del príncipe azul.
Maderas terciadas
torcidas, pulmonosas,
agitadas corolas flacas.
¡Rey sin reino, come!

NUMINESCENCIA
AHORA EL ROJO color
tiene canciones azules,
saladas y dulces
canciones azules de piedra.
pero, señores, la luna
me ilumina
y el sol es pasto
de mi loco mirar.
Avancen, ya, lentamente,
dulces guerras
de mi amor;
los sueños cobijan, pardos,
ensueños naranjas,
y la tripulación dignamente ha
zozobrado,
y la ilusión
esconde el casco bajo algas,
Rosáceos dedos de la aurora,
oculten a los asnos
recamados de oro
y naveguen rítmicamente
hacia el sol.
Ya oíste, majadera de pelos curvos, ritmos,
¡ven!
Esa camisa sangrienta
no explica tus males,
alma desvencijada,
carroña pura.
En una encrucijada
a diez mató.
¿Vale el tiempo lo que este
reloj llamado destino?
Relojero de mis penas,
condúceme en tu barca,
hacia esa ensenada,
sincronismo de mi alma y la suya.
Y ustedes, dejen a Keats
que explique al
ruiseñor.
Retretes de plata,
latas sin destino,
canta tu flácido
corazón; y esconde tu garganta impura
bajo el brazo
del aguacero final.
Ya cantaste, deja de hablar:
tu lengua es
la blasfemia, sacrílego don:
y ríen las palabras porque ríe
tu gaznate, prostituta rosácea,
deja de hablar,
Las cotorras, ahora,
se van al norte.
Mi camastro huele a serrín.
Dejen, miserables, que el perro
orine en paz, levantando
la pata velluda
contra las blancas paredes
del dulce manicomio.
La grasa te han lavado
como si fueras maniquí
y yo he quedado
tendido frente al pozo de
negros dientes;
¡ay, noche de mi luna y de mi duelo,
déjame morir!
Ninguna de mi sangre, manantial y rubí
de mi sangre,
mírame a los ojos,
déjame morir!
Astillas de acero
del vientre de dios,
plata infinita de sus ojos,
oro de la mañana,
¡ reuníos!
¡ reuníos!
en la plaza frente al palacio
hemos de matar al
rey. No lo queremos
vivo, no.
Condúzcanlo a la divina
realidad. Ajustícienlo.
Carniceros en fila ¡matad!
deshojad el oro de su
carne y usádlo como alfanjé
para separar
su cabeza de sus hombros: ¡hombres,
sed prestos!
Ya el rey muerto ha:
su sangre es custodiada
por 20 guardianes
de dientes de tiburón;
y 20 jardineros lloran
sobre los árboles pálidos
su amor, y la luna
parece custodiarlos.
Para relatar una historia
necesidad no hay
de mentar el tema;
basta con decir:
oro sé
y oro es,
basta con decir
plata sé
y plata es.

IX
ACCIÓN Y PASIÓN

AQUÍ
DISIMULA EL SUSPIRO con un canto
y contempla, en la distancia
el éxtasis en el vientre
de las nubes.

ACCIÓN
ACUÉSTATE CONMIGO esta noche, gitana,
acariciaré tus cuernos claros,
candelera de tílicas almas,
albúmina y prédica
astrolabio nocturno, canción sin cadenas.

Hoy debo arreglar el jardín con podaderas
de sílice y porcelana,
y el paisaje azul se limpiará la boca
con servilleta amarilla.

Crótalo, la rana bebe en el estanque
y la reina se queja
de dispepsia crónica.
Los perros se orinan en las iglesias,
en las esquinas, donde el negro cura
confiesa, cabizbajo.

La guerra de las rosas va por parte más mala:
dardos, miradas de amor,
a los ojos se arrojan.
York y Lancaster se unen.

Amor de los amores,
fragancia sempiterna de licores
de tu alacena, viuda parisiense.
Arrójame tu bendición.

Una rupia vale tu destino,
mujer de tres ochavos.

Flor cadenciosa,
baña en el muelle tu cuerpo
de almendras.
Y el golfo de Omán será tu refugio,
perla de ostra despedida,
sin fragores de almíbares todavía.

Infierno sin cerrojos, fuego despedazado,
horno al par de la mar.

SOBRE LA CUERDA
ESTOY EBRIO DE champaña degollada
por aceitunas verdemar,
al pie de una colina lustrosa
en Grecia blanca de oraciones malas.

Oh vuelves, cantor, cantor,
a modular el son,
en mi alma vuelves
a modular el son.

Ríes, grácil, esbelta, ¿Darisia?
¿Apoyas tu mano lábil
sobre un piano exquisito
para hacer espirales de humo con tu voz?

Las velas pensativas murmuran canciones
arrepentidas
y sobre un trébol floreciente
un boj ceniciento
solloza
como guitarra esplendorosa...

Y al barquillo le cruzan latigazos en el rostro.
Bermejas, heridas bermejas, apacentad
el recuerdo
y saquen las campanas de su vientre
su aire lánguido.

Veo el vientre de las musas desde acá.
es seco y flácido, como uva
secada al sol...
Es armonioso el tardío
eco de los valles conducidos
hacia el poniente
por un sol cándido.

Y traigo en mis manos una paz que es la guerra.
Y alguien escribe:
"paciente oveja, sé pastor".

SAFARIS EN LOS CAMINOS polvorientos
de la noche, trae el viento
el lúgubre quejido de la espera.
Ay doliente prado
de flores resucitadas.
Otoñal paz
del ave alada,
como quiebra el sauce la canción lánguida
del clemente estío.
Oh basta, cancelad
el sueño
hasta el rojo sombrío
en tu pasión vespertina.
Inaugurad el cántaro
sombrío
y quebrad el ansia.
Dan ánforas
las muchachas
bellas al agua rompiente,
ánforas curvas hechas
para el canto,
vestidas de algodón
las muchachas
del viejo puerto.

PASIÓN
YO ASPIRÉ EL AROMA de las lilas desiertas
y se cuajaron de pasión las arenas
de un lívido desierto,
Cuathemoc, tañía el arpa, tras blanca esperanza.
Era mi corazón un ave de cristales encendidos.

Y tú me preguntabas, preguntabas acerca del destino.
Huyeron las novias del pasado hacia un mar sin costas.
de arenas espléndidas a inquirir al ave de los vientos
acerca de una paloma muerta.

Rex, rex, pax in cella tua,
como si la abeja destilara sólo espuma
y las espinas coronaran la calva sien.

Collares de dientes de tiburón,
amados, a la sombra de una esperanza,
te regalaré
en bandejas de sargazos.

Al son ríspido de tus dientes ásperos y sonoros,
bailará el can can
y mudará tu piel en ordalías lechosas

Los talismanes apenas existían para tu vida sincera,
leños y rajas se amontonaban en el patio,
oliendo a una humedad de bosque muerto.
Acuoso y bermejo, para libaciones nocturnas.

Integración y desintegración
volarán de aquí y de allá
en tus senos y al compás
de la flor de tu vientre...

Pero ¡ay!, un encendido fanal
te mostrará las piernas blancas, desnudas.

X
MUERTE Y VIDA

TEMÍA A LA MUERTE? O temía a la vida?
No puede decirse.
Aceptaba su destino.
y amaba también las frutas maduras:
era su alma simple canción.

KALIMA
¿POR QUÉ será
que en la vida
gitanos se pasean en mi alma
y lavan su lírico sudor
con lágrimas,
mortaja transparente de la carne?
Cúbreme de besos
y arréglame el cabello.

EN MI TIERRA, la copla vagabunda,
lejos de la libertad,
cuando soñar a la proporción
iguala,
níveas ánforas, tornasol viviente,
la porcelana azulenca,
la proclama azulenca,
insinúa
la antigua laca viviente,
cristal y flores y figura,
la estatua sueña inmortal;
oh yeso azulmarino,
oh forma despojada
de iridiscencias, inmaterial.
Cuántas esculturas bajo el atrio
-la lluvia
predican del sol su blancura
y lejos ya de la copla
una delirante demiúrgica
figura,
la que cuanta noche predica.
Dos varas, dos motivos,
y azul.
siempre lejos del mar,
la cornamusa gris
y la velada canción, sus ojos
tornan a bruma.
¡Oh sones ya anunciados,
por ellos velan los serafines
del río;
seráfico, seráfico coro!
siempre la vigilia en las horas, siempre el
limpio canto
de las huestes, oh armonía fulgente.
Al mar los sones más hermosos,
entre esculturas piadosas
de cal marina,
bate el viento su sueño
de dragón,
su luz grandiosa,
su blancura piadosa,
sus aves de radiosas plumas
trémolo, espanto, ¡oh color!
oh pavor, lejos del mar,
oh libertad, polemarca,
estudio la ligereza
de las blancas estatuas, semidormidas,
bajo el sol de yeso.
Blancura infinitamente más hermosa,
más que la luz matinal,
es relieve de oración en brumas
y es una especia de cisne solar.
Oh horas siempre ansiadas,
ancianas siempre,
balancéanse sirenas
en lo hondo del mar,
en la profunda paz,
y a ti te toca esta flauta,
discípulo de Pan,
un aire siempre piadoso
ven y aleja la bruma de este barco
y ultima su tristeza
con olímpica guadaña blanca,
los sones siempre obscuros,
dones sin materia, de voz pánida,
lúcidos y de vaga forma,
reposan, se sumergen,
tristes motivos, musicales ayes.

Tres historias en la época.
Cuando el amor se canta,
cuando la salvaje canción
de la guerra, y lo demás...
Al vislumbrar el acero
con mis ojos ciegos,
al oír el cazador disparo
con mis oídos sordos,
huye en blanco corcel
cantando canción esquiva
y canción de fiesta.
Tres cuentos narrados
en esa época, cuando,
"libérame de las promesas"
el criminal decía.
hurté monedas y vidas,
tres cuentos jocosos y trágicos
"Yo relataré el primero"
En esta región de pinos,
en navidad.
la noche más hermosa
para los pobres, los niños
y los ángeles
en una choza de negra madera
clavó el horrible loco la daga
en el enfermizo pecho
de la princesa enamorada.
Tres cuentos, jocosos y obscuros...
Canción total para el olvidado
y para el cura,
un insecto es una sombra obscura,
un ave es una sombra clara,
las alas baten el huracán
y extraños son a esta casa
los que no son bienvenidos:
"el camino del mar,
el camino de la sierra
(el camino de la verdad),
qué belleza nocturna!,
Con hacha corté el puente
y el asedio con la inmunda peste
horrible fue.
"Las cosas que te pertenecen
son esta lámpara, este esclavo
y esta brújula,
estas te liberarán de la vida;
no te miento
y he aquí me testamento
y el testamento de tu muerto padre
"Edifica una mansión obscura
y una mansión celeste
entre las ruinas nocturnas,
cabalga con el viento,
el hijo de mirada mía, luchando tenaz contra la
maldición, y lo demás...
edifica esa casa
en la ciudad de los pobres".



COLOFÓN
NELSON ROURA Y LA GENERACIÓN DEL 60
En la década del 60 aparece una nueva generación poética en la literatura paraguaya. Algunos de los integrantes del primer grupo -en el que se encuentran nombres como los de FRANCISCO PÉREZ MARICEVICH, ESTEBAN CABAÑAS, MIGUEL ÁNGEL FERNÁNDEZ, OVIDIO BENÍTEZ PEREIRA, ROQUE VALLEJOS, a los que hay que agregar el de un poeta un poco mayor, LUIS MARÍA MARTÍNEZ- editan sus primeros títulos al iniciarse el decenio o un poco después y se nuclean en revistas y sellos editoriales como DIALOGO y ASEDIO, cuyos títulos irán apareciendo irregularmente durante toda esa década e incluso mucho después.
En 1964 surgen nuevos nombres, un poco más jóvenes, que tienen como centro aglutinante, en un primer momento la revista y ediciones PÉNDULO y, un par de años después, la revista CRITERIO. En la primera, JUAN CARLOS DA COSTA, NELSON ROURA y CARLOS PODESTÁ son las figuras más visibles. En la segunda, RENÉ DÁVALOS, ADOLFO FERREIRO, GUIDO RODRÍGUEZ ALCALÁ, BASILIO BOGADO, JOSÉ CARLOS RODRÍGUEZ. Todos ellos venían a constituir el segundo grupo de la generación.
No es ahora ocasión para examinar los matices que separan a estos grupos en el orden estético e ideológico. Resulta importante, en cambio, señalarlas coincidencias de sus posturas personales y generacionales.
La década del 60 ve emerger en toda Hispanoamérica, y también en el Paraguay, una nueva sensibilidad vital y correlativamente, en la práctica poética, se construye un sistema expresivo que se aleja ostensiblemente de los rasgos estéticos de las generaciones anteriores, sobre todo respecto a la precedente, la del 50, a la zaga ésta, en líneas generales, de las tendencias dominantes en la del 40.
A pesar del abuso que toda generalización suele implicar, quizá deba indicarse como denominador común de la nueva poesía la tendencia a configurar los universos significativos del poema a partir de un concepto formal menos preocupado por la imaginería verbal y más atento a la eficacia comunicativa y la fuerza de la expresión, aun en los casos de mayor complejidad en el orden de los contenidos.
Por lo demás, la poesía de los años 60 se halla impregnada de preocupaciones políticas y sociales radicales, además del stimmung existencial propio de la época. La idea del "hombre nuevo" como correlato necesario de todo proyecto revolucionario está presente en la mayoría de ellos e informa sus producciones, aun cuando aparentemente éstas se den como hechos puramente estéticos. Es, a mi entender, el caso de Nelson Roura, poeta de sensibilidad refinada pero dispuesto, cuando la ocasión lo requería, a asumir los riesgos del compromiso ético y político en la literatura.
Roura fue uno de los puntales de la revista PÉNDULO y con su primo JUAN CARLOS DA COSTA conformó lo que podríamos llamar el ala izquierda del grupo aglutinado por esa publicación. Cuando un sector del mismo optó por la complacencia o la complicidad con la dictadura stronista, comprometiendo la orientación de la revista, ellos se alejaron. Cuando se funda la revista CRITERIO, ésta sí definidamente marcada por el pensamiento de izquierda, Da Costa y Roura se integran a ella inmediatamente, cosa que sucede también con algunos de los miembros del primer grupo generacional antes mencionado. De esta manera, los diversos sectores de la generación del 60 se reagrupan naturalmente según los polos ideológicos y estéticos de la época: por un lado los poetas de tendencias radicales en los diversos órdenes, y por el otro, los indiferentes y los complacientes (cuando no directamente cómplices con el stablishment).
En aquella década de luchas, desgarramientos y también deserciones, la generación del 60 sufrió dos bajas absurdas. En un mismo año (1969) fallecen RENÉ DÁVALOS, en un accidente, y NELSON ROURA, víctima de una extraña enfermedad-que tal vez fuera simplemente una angustia mortal.
Siete años después, JUAN CARLOS DA COSTA, primo de Nelson, al frente de un movimiento guerrillero urbano, cae en un enfrentamiento con la policía stronista.
El destino de los integrantes de aquella generación revolucionaria ha sido diverso. No es el momento de hacer el recuento de sus avatares o el escrutinio de sus producciones, pero al final de este volumen de rescate de la poesía inédita de Roura, quiero dejar constancia y hacer un acto de reafirmación de los valores sustentados entonces y todavía hoy vivos en el corazón de muchos de los que sobrevivimos: la poesía, la libertad y la igualdad solidarias siguen apuntalando nuestros actos y nuestras palabras.
MIGUEL ÁNGEL FERNÁNDEZ


NOTA BIO-BIBLIO-HEMEROGRÁFICA
NELSON ROLANDO ROURA DA COSTA, hijo de Roberto Roura y de Celia Da Costa de Roura, nació en Asunción el 15 de abril de 1945 y murió en la misma ciudad el 29 de junio de 1969.
Cursó sus estudios primarios en el Colegio de San José y los secundarios en el Colegio Nacional de la Capital y en el Colegio Carlos Antonio López. Posteriormente hizo estudios en la Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional de Asunción.
Fue uno de los directores de la revista PÉNDULO y de la audición radial TRIBUNA DEL PENSAMIENTO Y LA CULTURA. Posteriormente integró el equipo de colaboradores de la revista CRITERIO.
En vida publicó un solo volumen de poesía, dejando numerosos poemas póstumos que, después de su muerte, fueron recopilados por su primo Juan Carlos Da Costa.

BIBLIOGRAFÍA
POEMAS, Asunción, Ediciones Péndulo, 74 pp., 1965.

HEMEROGRAFÍA
Exceptuando algunas publicaciones en diarios de Asunción, la mayor parte de la producción literaria de Nelson Roura se halla recogida en las revistas PÉNDULO y CRITERIO.

PÉNDULO (1964-1965)
Nelson Roura codirige los números 3 y 4 de PÉNDULO con CARLOS PODESTÁ, y el número 5 con JUAN CARLOS DA COSTA. Roura y Da Costa se alejan de la revista a partir del número 6, que ya aparece bajo la dirección de CARLOS PODESTÁ, secundado por VÍCTOR R. CASARTELLI como Vicedirector y JUAN MANUEL PRIETO como Coordinador de Redacción.
N°- 1, mayo 1964: "Los ahorcados" (poesía), p.14, y "La aldea" (cuento), pp. 18-19.
N°- 2, junio-julio 1964: "Rapsodia de los ojos" (poesía), p. 14.
Nº- 3, agosto-setiembre 1964: "El arte religioso de D. H. Lawrence" (ensayo), pp. 11-12.
Nº- 4, enero-febrero-marzo 1965: "Canción del sol sin edad ni muerte" (poesía), p. 17.

CRITERIO
Nelson Roura aparece como colaborador de CRITERIO desde el primer número y como colaborador permanente desde el segundo hasta el sexto número, marzo de 1969, que es el último de la primera época de la revista. Sin embargo, después del N°- 2 no vuelven a salir en ella textos suyos.
N°- 1, octubre 1965: "Sangre vietnamesa" (poesía), p. 14, "Guido Rodríguez Alcalá: Apacible fuego" (nota bibliográfica), p. 20.
N°- 2, diciembre 1965: "I. En torno a la poesía social" (artículo), pp. 23-24.