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miércoles, 20 de abril de 2011

NELSON ROURA - NENÚFAR DEL SILENCIO (POESÍAS) - Edición, notas y hemerografía de MIGUEL ÁNGEL FERNÁNDEZ. Prólogo de JOSÉ NEISTEIN. Ediciones DIÁLOGO / Editorial EL AUGUR.



NENÚFAR DEL SILENCIO.
POESÍAS DE NELSON ROURA
Edición, notas y hemerografía de
Prólogo de JOSÉ NEISTEIN.
Ediciones DIÁLOGO / Editorial EL AUGUR.
Cuadernos de la Piririta Nº 16.
Asunción – Paraguay 1996 (149 páginas)


PRÓLOGO
NELSON ROURA O LA EXPLICACION DEL RUISEÑOR
Una tarde de verano, en 1968, conocí a NELSON ROURA en Asunción. Nos acercó un amigo común, JUAN CARLOS DA COSTA. Y luego, la pasión por la poesía nos uniría para siempre. El destino fue cruel con Nelson y Juan Carlos: el primero, poco después sería llevado por la terrible enfermedad que lo atormentó; el segundo, sería muerto a tiros, pocos años después por los representantes de un injusto orden, que él tanto quería cambiar. Ambos eran jóvenes. Muy jóvenes. Y su sacrificio me hace recordar los sacrificios exigidos por los dioses de la antigüedad, cuando los escogidos eran siempre los mejores, a fin de aplacar sus insondables exigencias, y de rescatar, con su muerte, la vida de la comunidad.
Pocos fueron mis encuentros con Nelson, pero fueron marcantes, inolvidables. El tema de las conversaciones era siempre la poesía, sus problemas, su técnica, su alcance. Un poco de teoría, un poco de práctica. El denominador común dispensaba minucias; ellas ya estaban sobreentendidas, y sólo las grandes líneas importaban. En esos pocos encuentros, Juan Carlos siempre estaba presente, y siempre contribuía a la intensidad del diálogo. En conversaciones aparte, y durante mucho tiempo, Juan Carlos y yo tejíamos los motivos esbozados en los coloquios con Nelson, profundizando en los problemas sugeridos. La magia, el pudor y el recato de Nelson impedían que eso fuese hecho en su presencia. Con la muerte de Nelson, ocurrida pocos meses después, y pasado el shock., Juan Carlos y yo, y enseguida con Miguel Ángel Fernández, comenzamos a pensar en la edición póstuma que hoy ve la luz, casi veinticinco años después. Primero era preciso reunir los papeles para poder seleccionar los poemas que serían incluidos, y después se imponía una forma.
Por aquel entonces, Nelson ya nos había legado un pequeño libro de poemas publicado en Asunción algunos años antes de su muerte, más los textos cuya selección es hoy impresa. Juan Carlos reunió los papeles que pudo encontrar y con la colaboración de Miguel Ángel hicimos la selección. No eran muchos y es posible que el propio Nelson hubiese descartado y destruido poemas y variantes a las cuales nunca ya tendremos acceso. En todo caso el legado de Nelson fue pequeño, y la selección recayó sobre los trabajos más significativos. Varios de ellos sobrevivieron apenas como fragmentos, y como fragmentos aparecen en este libro.
Después de eso, durante años, no leí los poemas de Nelson, y fue gracias al entusiasmo inquebrantable de Livio Abramo que este proyecto fue retomado hace algunos años. En el reencuentro con los textos, y con las nuevas perspectivas que sólo el tiempo y la distancia son capaces de dar, la poesía de Nelson ganó inmensamente. Su obra tiene una centella de genio y guarda todo el frescor de las pasiones de juventud, la certeza de las intuiciones fértiles y la expresión del artista nato. Su poesía conjuga el lirismo de la gran tradición romántica, la paradoja de las asociaciones surrealistas, el humor acre de la poesía satírica y la dimensión épica de la conciencia social y política. La vida breve de Nelson Roura, la intensidad de las emociones, la agudeza de su intelecto y la pureza de su postura lo aproximan a sus pares, los poetas románticos del siglo XIX, y, más recientemente, de Lautréamont, Rimbaudy García Lorca.
Con extraordinaria madurez para sus veinte aòos, Nelson Roura usó con gran propiedad el verso libre y la metáfora, la elipsis y la hipérbole. Su virtuosidad viene siempre acompañada de substancia, y sus asociaciones de imágenes verbales nos obligan a redescubrir, de verso en verso, el potencial inusitado, insospechado de la palabra y de su fuerza y plasticidad, como sólo a los poetas genuinos es dado revelar. Al mismo tiempo que expresa las realidades sensibles, también evoca las dimensiones cósmicas. La idea de lo perecible y la intuición de lo duradero se conjugan en su sortilegio.
Su libertad poética lo lleva a extraordinarias metamorfosis anímicas: el clavel es sigiloso, se refugia en los brazos del poeta y penetra en las profundidades de su alma. La espiga se hace fruto y declina el silencio, como si dispusiera del libre arbitrio. Y la flor no es solamente bella, es también pensativa. El silencio conventual es blanco y se materializa en forma de flor. Piedras perezosas se unen en arquitectura soñolienta. En la Alhambra, las aguas susurran amores. La propia Alhambra está hecha de alhambra. Las énfasis expresivas brotan a menudo en sus poemas. La belleza del cisne, símbolo de su amada, transpone las contingencias humanas a niveles ideales, donde la perfección es más viable. Y en el amor, como en Platón, el conocimiento se consustancia: "en ti y en ti, esposa preferida, enseñanza sin secretos... enseñanza sin misterios". El poeta, con todo, nunca pierde su distancia crítica, y permanece "infiel a la creencia". Su fantasía vuela y su intelecto observa: "sueño sin soñares".
Pero no sólo de contemplación vive el poeta. "La sombra está en la acción, en la acción del amor". Y aún más, en la acción política: "Acaba tu pena, sí, el maldito esclavista murió en tí!". Por lo demás, en la poesía de Roura, el amor es frecuentemente acción, y la acción amor. El mundo moderno es visto con mordaz ironía, pues "los nietos de Cristo juegan con portaviones sin esperar la verdad". "CALEIDOSCOPIO" es un poema que pasa revista a los absurdos y los desmanes en Corea, en Vietnam, en la China, en la Unión Soviética, en el Brasil y en el Paraguay, dándoles un tratamiento caricaturesco de teatro de fantoches, parodiando los acontecimientos históricos con melancólico, fino humor. En ese poema, Roura se aproxima a MAIAKOVSKI. "PRISIÓN DE LOS SUEÑOS" a su vez, recuerda las imprecaciones de los profetas del VIEJO TESTAMENTO y la exuberancia de las imágenes de la poesía árabe clásica. “NUMINISCENCIA" es una vigorosa exclamación de la conciencia histórica y de la conciencia filosófica, perplejidad ante la teleología, de los fines últimos, de la agitación constante que es la vida, tantas veces sin sentido: "oro sé y oro es, basta con decir plata sé y plata es".
La sensibilidad de Roura ante varios problemas de la filosofía se manifiesta de múltiples e inusitadas maneras, apuntando al meollo de las cuestiones con intelecto y pasión: "y clavo mi arpón en el vientre de todas las verdades". Roura usa la tautología y la redundancia para ampliar las dimensiones del misterium tremendum: "Aguamanil, aguamanil, muere entonces sólo una vez al pie de tu silencio silencioso". La imagen del concepto es elocuente, tangible. El tiempo, la dimensión que se nos escapa, angustia al poeta: "ay ontos, daimon de cara prismática, sálvame del momento". La reflexión sobre el infinito asume formas de intimidad palpable, y se materializa en un "espejo en que el infinito se arregla su cabellera", o es registrada como una sucesión de infinitos cada vez mayores, cada vez menos tangibles: "después del abismo, un nuevo abismo". La experiencia interior de la dimensión del tiempo es muchas veces proyectada de lo trascendental hacia la naturaleza, donde el poeta ve "tus rosas tempranas y claveles de mediodía". La finitud de la duración de la vida humana también encuentra su imagen en la dinámica del universo, donde "van los ríos a dar en la mar que es el morir". Y la indagación prosigue: "¿Vale el tiempo lo que este reloj llamado destino?" Responde el estoico entre dos fuegos: "Temía a la muerte? ¿o temía a la vida?... Acaba tu destino". La conciencia de la angustia existencial no lo abandona nunca: "Ay, alma, larga es tu condena". Gracias a la creación, el hombre sobrevive en su obra: "Gigante muerto, y un muerto que vive". En su fantástica cosmología, la tierra, el agua, el fuego y el aire, los cuatro elementos aristotélicos constituyentes del universo, aparecen con valores propios, simbólicos o transfigurados en dimensiones emocionales. Y el lenguaje expresa la conciencia de sí mismo: "Alcuino, enseña la gramática con majestad!" Y la experiencia política está siempre acompañada por la experiencia ética: "La violencia destruirá la máscara y pondrá en el corazón la máscara del dolor".
Pero el poeta se identifica más con el mundo sensible. Los colores están presentes en toda su obra, sea como recurso retórico y descriptivo, ;sea con alcance simbólico o psicológico. Y es constante el testimonio de su pasión sensual por la belleza de los materiales: "Nácar en tus dientes, y aljófar en tu rostro". Gran parte de sus metáforas se valen de los colores, de las flores, de los elementos de la naturaleza, y en varias instancias, su amor por la naturaleza, por los materiales y por la música los funde con raro acierto: "Y el gato de seda muere sin cantar".
La música ocupó un lugar importante en la vida y en la poesía de Nelson Roura, "en Bach educado por sonoras, solemnes catedrales..." "cuando su música hacía ya cenizas en la noche". Frecuentemente, la música es encarada como una forma abstracta de arquitectura, majestuosa como "el grave acorde de la blanca catedral", y por tanto usada de manera figurativa, pues la propia arquitectura se expresa, se afirma como música materializada. A veces ella simboliza las indefiniciones en "borrosos pentagramas de música incierta, inmortal" o bien sitúa las imperfecciones a través de su propia afirmación: "Tú eres imperfecta noche, en los días cantados". La naturaleza misma está impregnada de música. "ritmo de azahares... es mañana que ilusión hace canción" y, todavía, la música recibe tratamiento surreal en imágenes anímicas como "melancólico piano" y "giratorio violín".
El surrealismo también ocupa un lugar destacado en su poesía, menos como movimiento estético constituido que como recurso expresivo, presente en varios poemas significativos. Hay personajes que "cometen crímenes de terciopelo", ... "un revólver perfumado humea sobre la víctima". Hay también "fusilamientos a discreción", y el poeta se ve rodeado de "húmedos verdugos".
Pero es como poeta lírico que Nelson Roura alcanza su apogeo. El amó el amor y lo definió como superior enfoque, claridad y simplicidad: "el ancho mar separa el amor del deseo". Su lírica conoció tanto momentos de ternura y delicadeza como vuelos de inspiración mística: "Eres pura y preciosa como la ley de Dios". "Tú... hija de una flor sin simiente, flor tú misma de pétalos de aire". Sus pasiones vagan por el universo: "Aspiré el viento del vacío... Marineros de esas aguas cansadas. Vamos a Arabia, amiga mía, allí donde se tuestan los soles en la arena". Allá, "el silencio traza su órbita, en el corazón de tus ojos". Panteísticamente unido a la naturaleza, "el sol es pasto de mi loco mirar". De vuelta al nivel sensual, el poeta pide a su amada: "Cúbreme de besos y arréglame el cabello".
Dentro de la lírica del poeta hay un sentido de inquietud, sentido dialéctico de la existencia como combate a la inercia, al inconformismo, perenne en el hombre creador: "Y traigo en mis manos una paz que es la guerra". El paso meteórico de Nelson Roura por la vida trajo un rayo de luz a todos cuantos se aproximaron a él, y ciertamente traerá inspiración a cuantos lean y relean sus poemas. Hago mías sus palabras: "libre, fatuos fuegos, lleguen e iluminen!" Volando como un ruiseñor perplejo en el cosmos, "era su alma simple canción".
JOSÉ NEISTEIN
Washington/San Pablo Julio de 1989.


“Y olvida el silencio
Que respira en el silencio”

I
HIMNOS Y CANCIONES

HIMNO
EL CORAZÓN y la piedra,
el amor y la cadena.
¡Oh si pudieras, amor,
cantar himnos triunfales!
El himno triunfal
Con óseos elementos
y nácares extraños, mezclando
todo lo absoluto, quisiera hacer
de la cárdena roca
brotar óleo
y mirra, depurada mirra.
¡Me dueles, amor!
Y tú, bajel sangrante,
va, va, por las olas desnudado, va!
¿Oh, mar de los suplicios,
sangras?
¡No sangres más!
Con óseas cuchillas, desangran
desangran el corazón.
¡Un clavel tatuado,
en tu rodilla derecha,
también sangra, sangra!
¡Cuánto esperé, cuánto!
El malecón estrecho
respiraba el agua
amarga; y las grietas llenas
siempre, de lágrimas.
¡Porque más allá de todo entendimiento
y cerca del crepúsculo, cerca,
un himno triunfal
he de levantar!
Verde y de seda, turbio y tranquilo,
el vientre de las ovejas,
inundado por las hierbas, verde
y tranquilo...
¡No será su canto
el que los degollados
cantaban a voz en cuello!
Cercaré los espinos
con rosas; y exprimiré las serpientes
diente por diente; y ojo por ojo
caminará la belleza con sus pasos de gacela
y sus delicados cuernos de azabache.
Ya no habrá paz.
¡Todo será guerra!
Y este himno triunfal
estallará en cada corazón
como ola sanguinaria.
¡Cómo dueles, amor!
El viento, corsario de mis penas,
me acerca el murmullo salvaje, imaginario
de las olas en la playa.
Y clavo mi arpón
en el vientre de todas las verdades.
Y lloro por ti, mi dulce
amor.

AMOR Y FUEGO
LA VIOLENCIA destruirá la máscara y pondrá
en el corazón la máscara de dolor.
La gota del dolor,
La violencia, oh madre, más madre
que la amante noche,
nebulosa luz
de oculto santuario, ramo
de oraciones rojas y de flores
a cualquier precio
vendidas.
Tras las cortinas rojas,
la violencia:
su pelo rojo, con el rayo
de sol brillante y opaco
ante el mudo resplandor.
Cien soles, soles,
y cien lunas
debajo de la tierra.
Flamígeros, Etna, Vulcano, tempestuosos,
tempestuosos, me decís:
aquí estamos... Y con gran dolor,
de luz dolor,
tu presencia sentimos, subyugante,
submarina, nacida subterránea,
tu presencia,
en el cálido guijarro y en el
temblor de una tierra estremecida.
¿Fruto de un parto rojo?
¿Tu presencia,
rara, incandescente, quieta y rugiente,
salada y murmurante, nos oprime el corazón?
¿Y afinas, violencia, un violín negro, de reflejos
claros y lavas cuchillos de sangre
en tu blanco dolor?
¿Preparas la tragedia, oh violencia,
Clitemnestra universal?
Gimo y me escuchas,
la rama de laurel se agita,
la rama de laurel se agita,
la llama asciende, muere, cantar, amar,..
Sólo yo, quedo yo solo,
y el universal silencio,
inmóvil ante la
tumba, se agita y
muere, también muere,
por debajo del aire helado.
¡Espiga, hazte
fruto, declina el silencio!
Ama el canto.
Violencia, canta tú también.
Canta, flor, canta, flor y en tu lugar
la tarde verá un lirio,
volará quieto, como el día.


II
MARES, DESVANECÉOS

TRISTE
GONDOLERO, la fortuna en perlas
del amor crece al borde
de la laguna al borde,
crece y van los ríos
a dar en la mar que es el morir,
como si fuera viento tu canto,
viento tu canto,
el río tu canto, viento.

OH LIBERTAD venida ya
de la profundidad del mar
a morar en la laguna.
Triste despedida a los que navegan,
mirar en el espejo veneciano del mar
tu rostro, marina, contemplar
el paisaje tremelante de barcas,
sus velas tan blancas.
Oh mercaderos de la noche plácida
no robéis la plata del cordero
y el oro de los mares
y ónix de las tumbas.
Sed fieles a la brisa,
oh barcas, oh remeros de ojos de vidrio,
oh barqueros del sol de fuego,
llevad vuestro canto a la playa
donde moran las aves
y entonces buscad la libertad
en los suspiros.
¡Oh viento, oh rosas de la libertad!
Oh viento, oh oro,
sed como ensueños en el fuego,
de haber sublimes llamas.
Libres fatuos fuegos
transitan entre el mar y la aldea
bajo la lluvia de marzo
viviendo en dulce calma,
¡Lleguen e iluminen!

NACENS
ASPIRÉ EL VIENTO del vacío
y rugió ese viento al margen
de tu amor: ay, caléndulas de plata,
como cantáis vacío y grisaduras rotas
al borde de ese amor desesperado,
al borde de esa luz.

Marineros de esas aguas cansadas,
blancos perros viejos,
mares, desvanecéos
como si heridas celestiales
cantaran navajas relucientes, achicorias,
achicorias, alhelíes,
todo un mar desnudo

y una condenación ataviada de rata de proa,
en un festival,
fiesta de disfraces,
nunca igual, verde, alta,
hija de una venganza deslumbradoramente
manifiesta a Dios.

Ricos, pobres, volvedme a mi mundo!,
gritas, tú,
hay libertad! Champaña de plata
para la libertad!

Cascabeles, sonad despacio,
música perfumada
para mi amor.
Como ancla vieja cantando
y herrumbrada
en medio del coro
de tritones, pólipos y medusas,
trinicorontes, najas blancas
y cupidos azules.
Singing in the sea.

Oh mercenaria de pelo castaño,
arrodíllate frente al horizonte
y ofréndale
el mirto puro de tus oraciones
tranquilamente pacidas por
una oveja amarilla, ignorante del mar.

Marina ella también?

Como tú misma, esbelta doncella,
doncella de San Marino,
marina vieja...
Vamos a Arabia, amiga mía,
allí donde se tuestan
los soles
en la arena.

III
FLOR PENSATIVA

FLOR
EL LOTO PÁLIDO de tus mejillas humilla
a la rosa blanca amor amor.
La bella tarde cruel
besa al lirio del poniente
y se obscurece tu mirada.
Me quemo y me quemo,
pero en tu altar no comienza
la flor pensativa.

CLAVEL
CLAVEL de ti,
tus rosas, agreste campo en que el
pequeño
saurio corría,
agreste campo;
aleluya de la mañana
y
gracias
a la tarde.
Tus rosas tempranas y claveles de mediodía.


IV
SEÑORA, MI CISNE

AMOR
AMOR, TUS PALMERAS blancas,
blancas son como la arena,
cuando canta el cisne.

De rosas era la Alhambra, señora
y aguas había
que susurraban amores.

Aguas que flores blancas llevaban,
flores en su seno
de cristal.

Ay, amores rendidos al estío,
como prímulas primorosas
del coro alado.

Zarcillos de mi amor, tintinead.
Yo te veo abajo, nieve,
sobre la estepa, flor pensativa.

De nieve era la Alhambra, señora,
y a un lado, los montes azules,
reclinados en su silencio
contra un cielo de plata.

Ay, de alhambra era la Alhambra,
señora, mi cisne.

CANTO PARA MI AMOR
I
ERES PURA y preciosa
como la sonrisa de un ave,
como un trino bordado en oro,
como la risa improvisada
de las fuentes,
de los arroyos,
de los ángeles,
eres pura y preciosa
como la ley de Dios,
la que dice:
"Ven, amada gacela,
a este bosque de amapolas
sangrientas, de rubíes y perlas
transnochando bajo el sol".

My lady,
cristiana paloma,
heredera del reino
blanco: yo te doy
el reino rojo,
acéptalo, purísima
cristiana mía de ojos de altar perfumado,
con ese incienso floral,
que la tarde, vil,
atesora.
Acéptalo y no derrames más
lágrimas en gotas:
tensión,
entre el oro y la plata,
caverna convexa
que no esconde
más que amor.
Tu vida es un poema secreto,
my lady,
tu vida es un secreto
poema,
mi luna, mi sol.
Y tu cabellera esconde
trigales preciosos
bajo ese negro mirar.

Adónde vas, asnillo,
llevando sobre tu dorso
a mi amor,
ese precioso poema
que dejó su canción
para seguir la ruta del sol.
Oh navegante, detén a los astros
y oye a las sirenas cantar:
lascivas son, ebrias son
y te aman en su son.
Son, son, son, son
canta para mi amor.
Sonda de las aguas,
que es la luz de las estrellas,
canta también para mi amor.

II
Mi amor de algodón,
quiero cantarte
como el viento te canta en el pelo:
Aleluyas, quiero cantarte,
aleluyas,
paloma de ojos grandes.
En el heno de mi voz, acuéstate,
el agua de tu boca quiero beber.
Dulce pequeña mía,
menta y ambrosía,
ya, ven.
Deja el aire impuro
Deja tu amor
invernal. Acuéstate
en el dulce viento
en la morada que es presencia
de amor.

V
CRÍMENES DE TERCIOPELO

ANACREÓNTICA
MENSAJEROS DE las tumbas,
venid!
y encontrad la sangre
y la flor en el hondo pozo.

Soldados de la batalla
que la árida tierra
mezcló con tubérculos,
marchad ante vuestros
generales, trapo, sangre y barro.

VI
RAMAS DE ZAFIR

DIVINO DOLOR
BOGAN DOS NUBES blancas
como gemelos borregos alados,
En ellos, estás tú.
Tú, tú ligera y amada,
hija de una flor sin simiente,
flor tú misma
de pétalos de aire.

DESASIDO, NÁUFRAGO, navegante sin rumbo,
transeúnte de camino laberíntico,
tu sola luz mis pasos guía.
Eres puerto y eres faro,
hoguera y llama,
donde la ciega mariposa quema sus alas.

DULCE LOCURA ROJA
MI ALMA atormentada
por los coros infernales
ve alejarse al ave,
ve alejarse al ave,
de las mañanas el ave,
cantadora ve alejarse.

ESBOZO MATINAL
ES ESTA la mañana!
un ropaje descolorido que se
apodera
del mundo; y danza sobre el filo
de un sable, entre
el fuego y la nada,
entre la dormida lágrima
y una sonrisa.

VII
ÁNFORA DE LA SOLEDAD

TRANSCURRE EL TIEMPO lentamente
y las horas, los minutos,
claveles son
de tu mano, hermana mía,
de tu boca
esmeralda,
de tus ojos abiertos
a la verdad lunar,
oh hermana, sin ensueños,
las horas tú me las das,
perlas en ofrenda,
y con ellas mi libro cubro,
línea por línea,
siguiendo el orden divino
de tu manto,
estremecido ligeramente
en el aire de la vida, en el vendaval
de la vida, en el bálsamo
de la vida, hermana mía.

SER
CUANDO uno cae,
cuando uno boga
hacia el silencio de Dios,
si el canto empieza,
si el amor ilumina,
si tú vives en mí,
triste deletea,
si tú, roja flor, eres de pétalos
y yo soy...
y yo soy; crátera, absórbeme ya.

PALABRAS
Un lenguaje
no advertido para cantar
a mis rojos hermanos del abismo,
pobres de Asís.
Heresiarca, Heresiarca,
teñido en verde,
me abrasa
un lenguaje hecho,
implacable, riguroso,
cruel y lógico,
como un coro de laúdes.
Estrellas fijas: oh ruinas
de un inmenso imperio!
Qué velos teje la luna
para ocultar su acedía!
De fuego corroído
y de olivos en ramos coronado,
llagas ungidas.
Con óleo que fluido en la piel
al calor estalla.

IMAGEN
ACECHÉ EN LA LLANURA un pato gigante
que devoraba con prisa locas ranas,
mascarones rojos y alfanjes ebrios.
Aceché el momento en que el indio
gritaba: "acá, sí, acá, las caléndulas giran"
gira tu amor ensangrentado
y bellas diademas le cubren el rostro,
naranjas y pomelos barritan el lenguaje obscuro.
Ay, ontos, daimon, de cara prismática,
sálvame del momento.

LOCA OFRENDA
TODO GIRA en torno a mí,
torbellino ahuecado.
Te amo y tú lo sabes!
y el silencio traza su órbita
en el corazón de tus ojos.
El silencio, pantera
al acecho de la gacela,
imprudente en su pequeña cabeza,
hermosa y divinamente traicionera,
bebiendo del agua salada,
sabiendo sin saber que de agua alba
mis lágrimas son.
¡Mis lágrimas, canto maldito!
El silencio es gacela
hermosa de pequeña cabeza.
Y en la órbita de sus ojos
saladas perlas..
¡Ay, beberlas! Saciar
el maldito silencio
y apurar el tósigo infame.
Gotas de sangre a mis nervios arranca!
Alba del renacer: una sangre vendí
por un blanco mirar.
Gané? Perdí?
Mágico despertar, a la puerta me llama
y dice: el rocío es temprano
y nuestras ansias
entre las hierbas
son el fruto.


VIII
CANÍBAL AFICIONADO


CALEIDOSCOPIO
EL SOL, cebado
por las ratas amarillentas de perfume,
ya podridos de ilusión,
gasta,
los espúreos centavos,
que guarda en el bolsillo
derecho del corazón.
El sol baja a Asunción
a tomar tereré,
y el patrón de la cervecería
le indica que debe meterse
en la botella.
Por qué?
Ya verá.
Explosión en el corazón.
Más abajo,
los cadáveres desnudos hasta el cuello
riendo sin motivo:
"Son ralea",
explica el duque y manda
detener el fusilamiento.
“¡Comenzad"!
Las perlas ruedan sobre
la nieve, montaña
abajo,
ay! casi aplastan a una
niña y las moscas se reúnen para
observar el curioso
fenómeno violeta.
Dios sacude
con sus carcajadas la nieve,
y la muerte trajina,
vieja por el hambre
con el dolor bajo el brazo,
maldiciendo haber nacido,
y chupando una pastilla para la tos.
Un mujik revienta pulgas
con el extremo de un látigo
sostenido por el terrateniente del Koljoch.
Los militares del Paraguay
se pasean por las plazas
primaverales
llevando cuadernos bajo el brazo
como si fueran a la escuela.
Bum! Bum!
-llegó la navidad.
Todos, vamos, en fila,
a cantar en portugués
tiempos de amor.
Beethoven se abraza
a una columna queriendo
explicar la luz.
¡Lluvia, canta!
Mao Tse Tung
se limpia con el pañuelo amarillo
la sangre que le ha producido
el choque.
En Siberia está mi amor!
es la nieve
jugando con el sol;
y una rosa en sus
cabellos blancos.
Floración
de nieves sumarias
junto al sol.
En Paraguay celebran
el curso del río
y el discurso.
¡Mariscal del Campo,
mastica las hierbas
y no pisotees las
florecillas!

PRISIÓN DE LOS SUEÑOS
LA LÁGRIMA está tuerta
y un corazón herido
lo sabe, lo sabe: cantad, cantad,
apetitosos gansos, rociad, apetitosos gansos
con vuestra sangre
la bandeja de plata.
Es hora de que las axilas del mar
nuevamente se inunden
con las olas: proponédlo al parlamento
llamado amor
y que el lord mayor en persona
escupa sobre el yate
maldiciéndolo.
Insanas horas,
coged vuestra esencia, más allá
de vosotras mismas.,
Pavos, patos, en fila,
al estofado.
Las lechugas:
al horno!
Los colibríes,
desplumádlos!
La sangre no la bebáis,
malos cocineros!
Dejad que hierva
bajo el sol.
Romped todas las vallas
y escapáos, caballos marrones,
y vosotros, dichosos macarrones,
dejáos comer por ese gordo señor
de hondas pupilas;
y vos, señor y perro
de vos mismo,
alteza
alae
alae
descended al hondo pozo
donde revientan vuestros hermanos,
carroña y lepra
de sus ojos sombríos.
PRISIÓN DE LOS SUEÑOS,
carroña llameante,
aluviar latir de una sangre
incógnita.
¡Morid de una vez, palomas mías!
¡Barro colorado,
extasíate en el azul,
como si tu noche fuera
una piedra!
Arrójala en la nieve
del abismo
y tu nariz anaranjada
tórnase amarilla
por amor al pasto lívido
de tus pelos.
¿Y esa sonrisa en tu rostro?
¿Es incienso tu sonrisa?
¿Ovejas blancas son tus dientes?
¿Ovejas negras las olas de tu cabello?
¿Caballos van a la mar?
Negros, blancos y rojos
por el profeta conducidos.
En sus lomos llevan gatos,
incógnitos herederos
del príncipe azul.
Maderas terciadas
torcidas, pulmonosas,
agitadas corolas flacas.
¡Rey sin reino, come!

NUMINESCENCIA
AHORA EL ROJO color
tiene canciones azules,
saladas y dulces
canciones azules de piedra.
pero, señores, la luna
me ilumina
y el sol es pasto
de mi loco mirar.
Avancen, ya, lentamente,
dulces guerras
de mi amor;
los sueños cobijan, pardos,
ensueños naranjas,
y la tripulación dignamente ha
zozobrado,
y la ilusión
esconde el casco bajo algas,
Rosáceos dedos de la aurora,
oculten a los asnos
recamados de oro
y naveguen rítmicamente
hacia el sol.
Ya oíste, majadera de pelos curvos, ritmos,
¡ven!
Esa camisa sangrienta
no explica tus males,
alma desvencijada,
carroña pura.
En una encrucijada
a diez mató.
¿Vale el tiempo lo que este
reloj llamado destino?
Relojero de mis penas,
condúceme en tu barca,
hacia esa ensenada,
sincronismo de mi alma y la suya.
Y ustedes, dejen a Keats
que explique al
ruiseñor.
Retretes de plata,
latas sin destino,
canta tu flácido
corazón; y esconde tu garganta impura
bajo el brazo
del aguacero final.
Ya cantaste, deja de hablar:
tu lengua es
la blasfemia, sacrílego don:
y ríen las palabras porque ríe
tu gaznate, prostituta rosácea,
deja de hablar,
Las cotorras, ahora,
se van al norte.
Mi camastro huele a serrín.
Dejen, miserables, que el perro
orine en paz, levantando
la pata velluda
contra las blancas paredes
del dulce manicomio.
La grasa te han lavado
como si fueras maniquí
y yo he quedado
tendido frente al pozo de
negros dientes;
¡ay, noche de mi luna y de mi duelo,
déjame morir!
Ninguna de mi sangre, manantial y rubí
de mi sangre,
mírame a los ojos,
déjame morir!
Astillas de acero
del vientre de dios,
plata infinita de sus ojos,
oro de la mañana,
¡ reuníos!
¡ reuníos!
en la plaza frente al palacio
hemos de matar al
rey. No lo queremos
vivo, no.
Condúzcanlo a la divina
realidad. Ajustícienlo.
Carniceros en fila ¡matad!
deshojad el oro de su
carne y usádlo como alfanjé
para separar
su cabeza de sus hombros: ¡hombres,
sed prestos!
Ya el rey muerto ha:
su sangre es custodiada
por 20 guardianes
de dientes de tiburón;
y 20 jardineros lloran
sobre los árboles pálidos
su amor, y la luna
parece custodiarlos.
Para relatar una historia
necesidad no hay
de mentar el tema;
basta con decir:
oro sé
y oro es,
basta con decir
plata sé
y plata es.

IX
ACCIÓN Y PASIÓN

AQUÍ
DISIMULA EL SUSPIRO con un canto
y contempla, en la distancia
el éxtasis en el vientre
de las nubes.

ACCIÓN
ACUÉSTATE CONMIGO esta noche, gitana,
acariciaré tus cuernos claros,
candelera de tílicas almas,
albúmina y prédica
astrolabio nocturno, canción sin cadenas.

Hoy debo arreglar el jardín con podaderas
de sílice y porcelana,
y el paisaje azul se limpiará la boca
con servilleta amarilla.

Crótalo, la rana bebe en el estanque
y la reina se queja
de dispepsia crónica.
Los perros se orinan en las iglesias,
en las esquinas, donde el negro cura
confiesa, cabizbajo.

La guerra de las rosas va por parte más mala:
dardos, miradas de amor,
a los ojos se arrojan.
York y Lancaster se unen.

Amor de los amores,
fragancia sempiterna de licores
de tu alacena, viuda parisiense.
Arrójame tu bendición.

Una rupia vale tu destino,
mujer de tres ochavos.

Flor cadenciosa,
baña en el muelle tu cuerpo
de almendras.
Y el golfo de Omán será tu refugio,
perla de ostra despedida,
sin fragores de almíbares todavía.

Infierno sin cerrojos, fuego despedazado,
horno al par de la mar.

SOBRE LA CUERDA
ESTOY EBRIO DE champaña degollada
por aceitunas verdemar,
al pie de una colina lustrosa
en Grecia blanca de oraciones malas.

Oh vuelves, cantor, cantor,
a modular el son,
en mi alma vuelves
a modular el son.

Ríes, grácil, esbelta, ¿Darisia?
¿Apoyas tu mano lábil
sobre un piano exquisito
para hacer espirales de humo con tu voz?

Las velas pensativas murmuran canciones
arrepentidas
y sobre un trébol floreciente
un boj ceniciento
solloza
como guitarra esplendorosa...

Y al barquillo le cruzan latigazos en el rostro.
Bermejas, heridas bermejas, apacentad
el recuerdo
y saquen las campanas de su vientre
su aire lánguido.

Veo el vientre de las musas desde acá.
es seco y flácido, como uva
secada al sol...
Es armonioso el tardío
eco de los valles conducidos
hacia el poniente
por un sol cándido.

Y traigo en mis manos una paz que es la guerra.
Y alguien escribe:
"paciente oveja, sé pastor".

SAFARIS EN LOS CAMINOS polvorientos
de la noche, trae el viento
el lúgubre quejido de la espera.
Ay doliente prado
de flores resucitadas.
Otoñal paz
del ave alada,
como quiebra el sauce la canción lánguida
del clemente estío.
Oh basta, cancelad
el sueño
hasta el rojo sombrío
en tu pasión vespertina.
Inaugurad el cántaro
sombrío
y quebrad el ansia.
Dan ánforas
las muchachas
bellas al agua rompiente,
ánforas curvas hechas
para el canto,
vestidas de algodón
las muchachas
del viejo puerto.

PASIÓN
YO ASPIRÉ EL AROMA de las lilas desiertas
y se cuajaron de pasión las arenas
de un lívido desierto,
Cuathemoc, tañía el arpa, tras blanca esperanza.
Era mi corazón un ave de cristales encendidos.

Y tú me preguntabas, preguntabas acerca del destino.
Huyeron las novias del pasado hacia un mar sin costas.
de arenas espléndidas a inquirir al ave de los vientos
acerca de una paloma muerta.

Rex, rex, pax in cella tua,
como si la abeja destilara sólo espuma
y las espinas coronaran la calva sien.

Collares de dientes de tiburón,
amados, a la sombra de una esperanza,
te regalaré
en bandejas de sargazos.

Al son ríspido de tus dientes ásperos y sonoros,
bailará el can can
y mudará tu piel en ordalías lechosas

Los talismanes apenas existían para tu vida sincera,
leños y rajas se amontonaban en el patio,
oliendo a una humedad de bosque muerto.
Acuoso y bermejo, para libaciones nocturnas.

Integración y desintegración
volarán de aquí y de allá
en tus senos y al compás
de la flor de tu vientre...

Pero ¡ay!, un encendido fanal
te mostrará las piernas blancas, desnudas.

X
MUERTE Y VIDA

TEMÍA A LA MUERTE? O temía a la vida?
No puede decirse.
Aceptaba su destino.
y amaba también las frutas maduras:
era su alma simple canción.

KALIMA
¿POR QUÉ será
que en la vida
gitanos se pasean en mi alma
y lavan su lírico sudor
con lágrimas,
mortaja transparente de la carne?
Cúbreme de besos
y arréglame el cabello.

EN MI TIERRA, la copla vagabunda,
lejos de la libertad,
cuando soñar a la proporción
iguala,
níveas ánforas, tornasol viviente,
la porcelana azulenca,
la proclama azulenca,
insinúa
la antigua laca viviente,
cristal y flores y figura,
la estatua sueña inmortal;
oh yeso azulmarino,
oh forma despojada
de iridiscencias, inmaterial.
Cuántas esculturas bajo el atrio
-la lluvia
predican del sol su blancura
y lejos ya de la copla
una delirante demiúrgica
figura,
la que cuanta noche predica.
Dos varas, dos motivos,
y azul.
siempre lejos del mar,
la cornamusa gris
y la velada canción, sus ojos
tornan a bruma.
¡Oh sones ya anunciados,
por ellos velan los serafines
del río;
seráfico, seráfico coro!
siempre la vigilia en las horas, siempre el
limpio canto
de las huestes, oh armonía fulgente.
Al mar los sones más hermosos,
entre esculturas piadosas
de cal marina,
bate el viento su sueño
de dragón,
su luz grandiosa,
su blancura piadosa,
sus aves de radiosas plumas
trémolo, espanto, ¡oh color!
oh pavor, lejos del mar,
oh libertad, polemarca,
estudio la ligereza
de las blancas estatuas, semidormidas,
bajo el sol de yeso.
Blancura infinitamente más hermosa,
más que la luz matinal,
es relieve de oración en brumas
y es una especia de cisne solar.
Oh horas siempre ansiadas,
ancianas siempre,
balancéanse sirenas
en lo hondo del mar,
en la profunda paz,
y a ti te toca esta flauta,
discípulo de Pan,
un aire siempre piadoso
ven y aleja la bruma de este barco
y ultima su tristeza
con olímpica guadaña blanca,
los sones siempre obscuros,
dones sin materia, de voz pánida,
lúcidos y de vaga forma,
reposan, se sumergen,
tristes motivos, musicales ayes.

Tres historias en la época.
Cuando el amor se canta,
cuando la salvaje canción
de la guerra, y lo demás...
Al vislumbrar el acero
con mis ojos ciegos,
al oír el cazador disparo
con mis oídos sordos,
huye en blanco corcel
cantando canción esquiva
y canción de fiesta.
Tres cuentos narrados
en esa época, cuando,
"libérame de las promesas"
el criminal decía.
hurté monedas y vidas,
tres cuentos jocosos y trágicos
"Yo relataré el primero"
En esta región de pinos,
en navidad.
la noche más hermosa
para los pobres, los niños
y los ángeles
en una choza de negra madera
clavó el horrible loco la daga
en el enfermizo pecho
de la princesa enamorada.
Tres cuentos, jocosos y obscuros...
Canción total para el olvidado
y para el cura,
un insecto es una sombra obscura,
un ave es una sombra clara,
las alas baten el huracán
y extraños son a esta casa
los que no son bienvenidos:
"el camino del mar,
el camino de la sierra
(el camino de la verdad),
qué belleza nocturna!,
Con hacha corté el puente
y el asedio con la inmunda peste
horrible fue.
"Las cosas que te pertenecen
son esta lámpara, este esclavo
y esta brújula,
estas te liberarán de la vida;
no te miento
y he aquí me testamento
y el testamento de tu muerto padre
"Edifica una mansión obscura
y una mansión celeste
entre las ruinas nocturnas,
cabalga con el viento,
el hijo de mirada mía, luchando tenaz contra la
maldición, y lo demás...
edifica esa casa
en la ciudad de los pobres".



COLOFÓN
NELSON ROURA Y LA GENERACIÓN DEL 60
En la década del 60 aparece una nueva generación poética en la literatura paraguaya. Algunos de los integrantes del primer grupo -en el que se encuentran nombres como los de FRANCISCO PÉREZ MARICEVICH, ESTEBAN CABAÑAS, MIGUEL ÁNGEL FERNÁNDEZ, OVIDIO BENÍTEZ PEREIRA, ROQUE VALLEJOS, a los que hay que agregar el de un poeta un poco mayor, LUIS MARÍA MARTÍNEZ- editan sus primeros títulos al iniciarse el decenio o un poco después y se nuclean en revistas y sellos editoriales como DIALOGO y ASEDIO, cuyos títulos irán apareciendo irregularmente durante toda esa década e incluso mucho después.
En 1964 surgen nuevos nombres, un poco más jóvenes, que tienen como centro aglutinante, en un primer momento la revista y ediciones PÉNDULO y, un par de años después, la revista CRITERIO. En la primera, JUAN CARLOS DA COSTA, NELSON ROURA y CARLOS PODESTÁ son las figuras más visibles. En la segunda, RENÉ DÁVALOS, ADOLFO FERREIRO, GUIDO RODRÍGUEZ ALCALÁ, BASILIO BOGADO, JOSÉ CARLOS RODRÍGUEZ. Todos ellos venían a constituir el segundo grupo de la generación.
No es ahora ocasión para examinar los matices que separan a estos grupos en el orden estético e ideológico. Resulta importante, en cambio, señalarlas coincidencias de sus posturas personales y generacionales.
La década del 60 ve emerger en toda Hispanoamérica, y también en el Paraguay, una nueva sensibilidad vital y correlativamente, en la práctica poética, se construye un sistema expresivo que se aleja ostensiblemente de los rasgos estéticos de las generaciones anteriores, sobre todo respecto a la precedente, la del 50, a la zaga ésta, en líneas generales, de las tendencias dominantes en la del 40.
A pesar del abuso que toda generalización suele implicar, quizá deba indicarse como denominador común de la nueva poesía la tendencia a configurar los universos significativos del poema a partir de un concepto formal menos preocupado por la imaginería verbal y más atento a la eficacia comunicativa y la fuerza de la expresión, aun en los casos de mayor complejidad en el orden de los contenidos.
Por lo demás, la poesía de los años 60 se halla impregnada de preocupaciones políticas y sociales radicales, además del stimmung existencial propio de la época. La idea del "hombre nuevo" como correlato necesario de todo proyecto revolucionario está presente en la mayoría de ellos e informa sus producciones, aun cuando aparentemente éstas se den como hechos puramente estéticos. Es, a mi entender, el caso de Nelson Roura, poeta de sensibilidad refinada pero dispuesto, cuando la ocasión lo requería, a asumir los riesgos del compromiso ético y político en la literatura.
Roura fue uno de los puntales de la revista PÉNDULO y con su primo JUAN CARLOS DA COSTA conformó lo que podríamos llamar el ala izquierda del grupo aglutinado por esa publicación. Cuando un sector del mismo optó por la complacencia o la complicidad con la dictadura stronista, comprometiendo la orientación de la revista, ellos se alejaron. Cuando se funda la revista CRITERIO, ésta sí definidamente marcada por el pensamiento de izquierda, Da Costa y Roura se integran a ella inmediatamente, cosa que sucede también con algunos de los miembros del primer grupo generacional antes mencionado. De esta manera, los diversos sectores de la generación del 60 se reagrupan naturalmente según los polos ideológicos y estéticos de la época: por un lado los poetas de tendencias radicales en los diversos órdenes, y por el otro, los indiferentes y los complacientes (cuando no directamente cómplices con el stablishment).
En aquella década de luchas, desgarramientos y también deserciones, la generación del 60 sufrió dos bajas absurdas. En un mismo año (1969) fallecen RENÉ DÁVALOS, en un accidente, y NELSON ROURA, víctima de una extraña enfermedad-que tal vez fuera simplemente una angustia mortal.
Siete años después, JUAN CARLOS DA COSTA, primo de Nelson, al frente de un movimiento guerrillero urbano, cae en un enfrentamiento con la policía stronista.
El destino de los integrantes de aquella generación revolucionaria ha sido diverso. No es el momento de hacer el recuento de sus avatares o el escrutinio de sus producciones, pero al final de este volumen de rescate de la poesía inédita de Roura, quiero dejar constancia y hacer un acto de reafirmación de los valores sustentados entonces y todavía hoy vivos en el corazón de muchos de los que sobrevivimos: la poesía, la libertad y la igualdad solidarias siguen apuntalando nuestros actos y nuestras palabras.
MIGUEL ÁNGEL FERNÁNDEZ


NOTA BIO-BIBLIO-HEMEROGRÁFICA
NELSON ROLANDO ROURA DA COSTA, hijo de Roberto Roura y de Celia Da Costa de Roura, nació en Asunción el 15 de abril de 1945 y murió en la misma ciudad el 29 de junio de 1969.
Cursó sus estudios primarios en el Colegio de San José y los secundarios en el Colegio Nacional de la Capital y en el Colegio Carlos Antonio López. Posteriormente hizo estudios en la Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional de Asunción.
Fue uno de los directores de la revista PÉNDULO y de la audición radial TRIBUNA DEL PENSAMIENTO Y LA CULTURA. Posteriormente integró el equipo de colaboradores de la revista CRITERIO.
En vida publicó un solo volumen de poesía, dejando numerosos poemas póstumos que, después de su muerte, fueron recopilados por su primo Juan Carlos Da Costa.

BIBLIOGRAFÍA
POEMAS, Asunción, Ediciones Péndulo, 74 pp., 1965.

HEMEROGRAFÍA
Exceptuando algunas publicaciones en diarios de Asunción, la mayor parte de la producción literaria de Nelson Roura se halla recogida en las revistas PÉNDULO y CRITERIO.

PÉNDULO (1964-1965)
Nelson Roura codirige los números 3 y 4 de PÉNDULO con CARLOS PODESTÁ, y el número 5 con JUAN CARLOS DA COSTA. Roura y Da Costa se alejan de la revista a partir del número 6, que ya aparece bajo la dirección de CARLOS PODESTÁ, secundado por VÍCTOR R. CASARTELLI como Vicedirector y JUAN MANUEL PRIETO como Coordinador de Redacción.
N°- 1, mayo 1964: "Los ahorcados" (poesía), p.14, y "La aldea" (cuento), pp. 18-19.
N°- 2, junio-julio 1964: "Rapsodia de los ojos" (poesía), p. 14.
Nº- 3, agosto-setiembre 1964: "El arte religioso de D. H. Lawrence" (ensayo), pp. 11-12.
Nº- 4, enero-febrero-marzo 1965: "Canción del sol sin edad ni muerte" (poesía), p. 17.

CRITERIO
Nelson Roura aparece como colaborador de CRITERIO desde el primer número y como colaborador permanente desde el segundo hasta el sexto número, marzo de 1969, que es el último de la primera época de la revista. Sin embargo, después del N°- 2 no vuelven a salir en ella textos suyos.
N°- 1, octubre 1965: "Sangre vietnamesa" (poesía), p. 14, "Guido Rodríguez Alcalá: Apacible fuego" (nota bibliográfica), p. 20.
N°- 2, diciembre 1965: "I. En torno a la poesía social" (artículo), pp. 23-24.

lunes, 23 de agosto de 2010

JOSEFINA PLÁ - VOCES FEMENINAS EN LA POESÍA PARAGUAYA / INTRODUCCIÓN A LA POESÍA FEMENINA EN EL PARAGUAY. DE LA COLONIA A LA GENERACIÓN DEL 80.


VOCES FEMENINAS
EN LA POESÍA PARAGUAYA
Edición de
JOSEFINA PLÁ
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
Colección Poesía, 7
© Josefina Plá
Alcándara Editora
Edición al cuidado de C.V. M.; J.M.G.S. y M.A.F.
Diseño gráfico: Miguel Ángel Fernández
Viñeta: Carlos Colombino
Tiraje de 750 ejemplares
Inscripción solicitada a la Agencia Española del ISBN
Hecho el depósito que establece la Ley 94
Se acabó de imprimir el 28 de setiembre de 1982
en los talleres gráficos de
Editora Litocolor Asunción, Paraguay
.
LIMINAR
¿Una antología paraguaya femenina con veintiuna poetisas?...
.
Unos, exigentes y con toda la razón, dirán que son muchas. Otros, más patriarcales o demagogos, dirán que son pocas. El antólogo puede compartir uno u otro criterio. Pero no puede seguir ambos. Fatalidad de la humana condición. Sin embargo, aquí, ha buscado el modo de conciliar, -en lo posible los extremos. Y no como concesión. Simplemente, porque pensó que la solución la daba la misma estructura impuesta a la antología por su carácter primigenio. Esta primera antología de la poesía femenina paraguaya no podía ser aún la rigurosa antología, que aún debe esperar un tiempo. Tenía que ser primariamente una presentación histórica. Por eso creyó necesario acompañarla de la INTRODUCCIÓN que la precede. Creo sin embargo que no están de más unas breves palabras para los que no tuvieren la paciencia de soportar esa INTRODUCCIÓN.
.
“Poesía es fundación del hombre por la palabra...”
.
Una definición que habrá que repetir mientras no aparezca otra que la supere.
El valor de la palabra, más allá del uso cotidiano, queda así establecido. Función de la palabra a este nivel, es equivalente de valor trascendente. Y para dar a la palabra ese valor, es preciso se manifieste, en el individuo, el valor inseparable de todo acto material o espiritual.
Así estas dos acepciones del vocablo se unen para configurar el ámbito preciso en el cual la palabra asume función fundadora -y ya es sugestiva la raíz, de sonido común-. Para alcanzar la plenitud de esa función, debe la poesía reunir ambas acepciones: índice de valor, debe realizarse -puestos ya en este plano- en valores.
No siempre sin embargo se produce esta conjunción en equilibrio que asegura el resplandor poético. A veces el acto fundacional queda en mero acto de valor. Desafió a la circunstancia. No alcanza la referida plenitud en valores significativos.
Esta situación, característica por su dimensión en épocas dadas, en ciertos momentos o etapas culturales, no perdona a ninguna literatura, a ninguna poética. Y puede plantear al que con ella se enfrenta en plan de análisis, severos dilemas. Porque es norma universal -que obliga más al antólogo que estas consideraciones, y mucho más que sus opciones particulares- que el interés antológico, o sea el selectivo, deba siempre merecer la mayor atención.
El valor incluso en el acto mismo, valor retador de obstáculos de índole diversa, puede ser suficiente para asignar a una obra lugar en un recuento histórico. Recordar estos actos de valor, al margen de la trascendencia fundadora de humanidad, es acto de justicia, sobre todo en una reseña que asuma perfiles iniciales. Cuando por vez primera se trata de buscar el sentido de algo que se impone, más que como hecho individual, como hito en el proceso de una continuidad y un crecimiento.
En otros términos, esta antología, aunque sirviendo a cierto criterio selectivo, trata de dar a la vez una idea del origen, continuidad y crecimiento de esta lírica femenina postergada.
Toca a otros autores, a los cuales esta antología puede servir, tanto de cabeza de turco como de punto de partida para hacer "mejor justicia" de acuerdo a la teoría proverbial de las escobas nuevas, continuar a su vez el camino de acuerdo a una mayor o menor, más o menos avisada y oportuna, exigencia selectiva. Con la presente selección sólo pretendemos dar un principio, no fácil, para su ya demorada clarificación.

INTRODUCCIÓN A LA POESÍA FEMENINA EN EL PARAGUAY (1)
(1) Parte de los conceptos aquí desarrollados corresponden a dos trabajos anteriores nuestros, publicados: el primero, por el CENTRO DE ESTUDIOS ANTROPOLÓGICOS PARAGUAYOS en 1975; el segundo, en la Revista ACCIÓN, número 26. De ellos se da detalle en la sección bibliográfica.

¿UNA LITERATURA FEMENINA?
La obra de pluma femenina puede encararse -y decirlo no es decir nada nuevo- desde ángulos distintos. El histórico y cronológico, el crítico, el antológico -éste presupone el anterior, pero no es su obligatoria consecuencia. De todos estos aspectos existe ya una copiosa bibliografía, en lo que a la literatura mundial respecta. No así en la nuestra, donde, si no estamos mal informados, ésta sería la primera y tentativa antología poética, y de cualquier otro género, de producción femenina. En cuanto a estudios o ensayos de aproximación crítica, sólo se ha publicado, que sepamos, también, y hasta ahora, algún breve ensayo.
Al iniciar esta aproximación a la poética femenina nacional habría que comenzar quizá preguntándonos: ¿Por qué se habla tan a menudo de una literatura femenina, y, en este caso particular, de una poesía femenina?
Desde luego, existe un volumen literario universal considerable compuesto por obra de pluma de mujer. En este plano, se puede hablar de una literatura femenina en un sentido semejante al que informa la expresión literatura francesa, o española, o italiana (aunque es evidente que a estos rótulos se adhieren connotaciones históricas, culturales, etc., bien definidas).
Tenemos sin embargo el barrunto -ampliamente compartido- de que con las palabras literatura femenina se tiende a menudo a designar un contenido casi podría decirse exclusivo y excluyente. A ver en ella algo aparte de la masculina, acotado por no sabemos qué sutiles meridianos. En ocasiones, el término se matiza con semitonos peyorativos, insinuando la asignación de valores diferentes, cuyo saldo, en el cotejo con los valores masculinos, pudiera muy bien resultar inferior.
La verdad es, sin embargo, que dentro de la literatura, considerada ésta en conjunto como hecho humano y estético, no podemos admitir estas diferenciaciones o cuasicalificaciones. No hay, esencialmente, una literatura femenina y otra masculina: una poesía de mujer y otra varonil. Existe una verdad humana integral a cuya realidad dinámica apunta la literatura de uno y otro sexo. Claro que cada una de ellas por su cauce privativo, aquel que le telemetran los matices propios de sensibilidad y las especificidades de las vivencias respectivas.
Una literatura femenina no se definiría, pues, tal como tenderían a insinuarlo aquellas diferenciaciones, como una distinta básicamente de la masculina; o que se opone a ella, o que trata de imitarla: ni siquiera como un simple añadido o apéndice de la misma. Es una parte de la literatura como hecho total, cuantitativa y cualitativamente. Algo así como "el otro hemisferio humano". Algo que completa, enriquece, y, por encima de todo, integra el diseño estético y humano de esa manifestación suma del espíritu en busca de su propia claridad.
Para el objetivo de esta INTRODUCCION -que ampara el de la Antología a la cual quiere servir de zócalo- literatura femenina es, lisa y sencillamente, el conjunto de hechos literarios de autoría de mujer. Pero esta definición, aparentemente obvia, implica la necesidad de establecer -de acuerdo a lo expresado acerca del valor complementario de esta literatura- si en esa literatura se dan, y en virtud de qué se dan o no, en su caso, esos valores complementarios, enriquecedores, clarificadores, imprescindibles para que ella pueda integrarse con la masculina dentro de una dinámica de la cultura.

LITERATURA = LIBERACIÓN
Al margen de toda definición que de la literatura en general y de la poesía en particular pudiera hacerse como hecho histórico, social, estético, etc., la literatura es esencialmente liberación por la palabra. Liberar, en este caso, es abrir las puertas al hombre profundo.
Desde este punto de vista la literatura ha sido siempre liberación para el varón. Si para esa liberación ha tropezado alguna vez -o muchas veces- con obstáculos, ellos no han dimanado nunca del hecho de ser varón. Al contrario. Ello le ha autorizado para intentar, no sólo la liberación propia, sino también la femenina. Tan cierto es ello, que si de la literatura universal eliminamos las obras en las cuales la mujer aparece compartiendo con el hombre el misterio de la jungla, de la vida o del más allá, no quedaría nada. En el arte -en la literatura por tanto- el hombre ha intentado liberarse; y ha intentado también liberar a la mujer.
Pero si en el intento de liberarse a sí mismo no ha pasado nunca -ni aún en las más inmortales obras- de una aproximación a la magnitud del misterio, en lo que se refiere a la liberación de la mujer, pocas veces ha sido afortunado. Porque ha tendido a creer que la mujer que liberaba era la auténtica mujer. Pero no ha sido sino la que él creía era, o la que, por consenso generalizado también, se entendía debía ser. Nunca del todo la verdadera, ni aún en las más lúcidas aproximaciones.
Ahora bien, si la literatura es en principio liberación para el varón, ¿por qué no habría de serlo para la mujer?... Tal vez, al dar, con judicial conciencia, forma a la mujer en su obra, el hombre pensó que ya no era preciso que la mujer intentase otros retratos. Pero lo cierto es también que desmintiendo tan optimista aunque implícita conclusión, la mujer lleva largo tiempo tratando de liberarse ella por su cuenta a través del arte. Mediante el material más a mano: la palabra. La historia de la literatura lleva los rastros de estas tentativas de liberación del espíritu femenino. Ello no se viene sin embargo realizando sin dificultades. Grandes dificultades que naturalmente tienen su reflejo inmediato en la obra.

LA LITERATURA, EJERCICIO DE UN PODER
La liberación a través de la literatura representa, como hecho volitivo, el ejercicio de un poder. Para la mujer como para el hombre, ese poder funciona en dos fases. Poder de manifestar, expresando, es decir, poder de integrar una idea en forma. Poder de comunicar, es decir, de suscitar en otros la identidad de esa forma.
El ejercicio del poder de realizarse en arte, o sea expresarse a través de símbolos -la palabra en este caso- es el privilegio, o mejor, el cumplimiento de una posibilidad individual, única, intrínseca; algo que se inaugura y opera desde la intimidad del ser. Como el ejercicio o cumplimiento de la posibilidad de engendrar, de dar vida, supone la aparición de un tercero: de alguien distinto al creador, pero a la vez idéntico y también inevitablemente equivalente: una imagen del ser individual, única en sí misma e irreemplazable en cuanto lo representa en coordenadas espacio-temporales irrepetibles.
Esta unicidad tiene un nombre: por cierto muy traído y llevado, pero difícil de sustituir: autenticidad. Querámoslo o no, habremos de recaer en esta palabra una y otra vez.
El ejercicio del poder de realizarse da por resultado, pues, la liberación del hombre representativo, es decir, del escritor o del artista. Pero esta liberación exige, como previa y paradójica condición, que el artista o el escritor se sientan libres. Paradójica, decimos, porque no pueden liberarse sino los libres. Lo asentó el Evangelio: "Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres...".
Ahora bien, la mujer no es, no ha sido nunca, a lo largo de la historia, en cuanto ésta fragua en literatura, enteramente libre.
Y no lo ha sido, y sigue sin serlo en infinitos casos, aunque desee serlo; ante todo porque no se atreve a enfrentarse consigo misma, es decir, con su propia verdad. Ser libre es fundamentalmente eso: encarar la propia verdad. La literatura de pluma femenina ha sido siempre testimonio de esta situación.

LA POESÍA, CAUCE PRINCIPAL DE LA EXPRESIÓN FEMENINA
Para realizar su liberación -es decir, en sus intentos precarios para realizarla- la mujer ha elegido preferentemente, desde el principio, la poesía. Sería interesante investigar si en esta preferencia (cuyo ejercicio, por otra parte, implica, dada la circunstancia universal al respecto, unánime tolerancia por parte de la cultura masculina, atenta siempre a frenar la manifestación femenina) no interviene la circunstancia de haber participado la mujer, en la mayoría de las culturas, de algunas por lo menos de las ceremonias cúlticas. (La poesía en efecto es la manifestación más próxima al surtidor originario del rito, y aún en los pueblos más primitivos la mujer ha tenido en algún momento un lugar en los cantos de la tribu). Esta explicación valdría también para la actitud tolerante masculina al respecto.
También podríamos buscar, y tal vez hallaríamos, una razón para esta preferencia, hasta tiempos muy cercanos, de la mujer por la poesía, en el hecho de constituir ésta la etapa inicial en el desarrollo de la literatura en general. Esto es una realidad inclusive para el hombre, el privilegiado creador de mitos. En la literatura femenina esa etapa se prolongaría simplemente por la imposibilidad -para la mujer- de asumir riesgos en géneros literarios más audaces y que exigen enfrentamiento pleno con la mentada secreta verdad propia.
Notamos, ahora, que, al menos en los hechos literarios a mano, el tema de la poesía femenina ha sido siempre el amor. Y también para ello existió y existe aún una potísima razón.
El amor ha sido una de las pocas cosas en las cuales se ha hecho sentir menos la presión que gravitó durante siglos y siglos sobre la personalidad femenina. A la mujer se la ha permitido amar. Dentro de ciertos límites, claro. Amar hasta la languidez, o la locura, o el sacrificio, o el suicidio. Pero no hasta la libertad de amar. Así la mujer ha hecho durante siglos poesía amorosa, aunque no en continuidad y tampoco con gran éxito en la infinita mayoría de los casos, a pesar de tener el camino aparentemente expedito.
¿Cuál sería la razón?...
Es conocido el cuento de la receta de Ricardo Palma para hacer versos. Basta fabricar unas cuantas líneas iguales colocadas unas debajo de las otras, "poniendo consonantes en las puntas".
El problema, para Palma, y también para el poeta, consiste en saber qué se pone en medio. Palma dice "talento". Nosotros decimos simplemente: poesía. Aquello que hace, de una serie de versos, ese latido del espíritu que es el poema.
Al comenzar hemos dicho que poesía es liberación. Y a menudo hemos insistido en que si en ella no alcanza su autor a liberar algo, su poema en nada le sirvió; el poema será humana y estéticamente inútil, porque en el individuo consciente, todo acto está destinado a servir. Y si no sirvió al autor -porque lo que manifiesta, de acuerdo siempre a lo anotado, no es verdadero, o es simplemente reiterativo- no puede tampoco servir a los demás: servir al Hombre: porque en arte toda repetición es estéril.
Preguntémonos, pues, si la poesía, medio principal, hasta ahora, para la manifestación, en la mujer; la poesía que la mujer ha escrito y sigue escribiendo en el mundo entero, y no sólo en el Paraguay, da su medida secreta, la medida fiel de esa oculta dimensión espiritual. Ya que esto es lo que entendemos por servir al poeta y como condición ineludible para que sirva a los demás: ¿ha servido, o sirve, esa poesía a la mujer autora y a través de ella, no sólo a las demás mujeres, sino a todos los demás?... Porque la poesía femenina, si la aceptamos como manifestación proindivisa del ser humano, debe servir también a los hombres, de la misma manera que la poesía masculina ha servido y sigue sirviendo a la mujer.
Contestando a la pregunta en términos generales, diríamos que no la ha servido durante siglos, salvo en algún rarísimo caso. Su función se ha limitado a entretenimiento secreto y consolador unas veces; otras veces explícito y hasta vanidoso; pero con raras excepciones, estéticamente inoperante. Verdad que esas excepciones, a partir de hace siglo y pico, se van haciendo cada vez más numerosas, hasta constituir hecho cuanti y cualificativo considerable; y es motivo de orgullo destacar que en este hecho han asumido papel muy importante, en el ámbito del idioma, las poetisas hispanoamericanas, con un repertorio liberador que en cada país hace acto de presencia con sus características propias, y al cual el Paraguay es uno de los más tardíos, si no el más tardío, en ofrecer su aporte.
Tal vez sea oportuno insistir todavía un tanto sobre las posibles razones de esa no coincidencia del hecho manifestación con la liberación, por tanto, en el servicio; y como consecuencia, en la valoración humana y estética de esa poesía. Con la inteligencia de que, cuanto al respecto se diga sobre la poesía en general, sólo aspira a clarificar conceptos específicamente aplicables a la poesía femenina local.

LA LITERATURA, SIGNO DE "NO FEMINIDAD"...
Lo primero que se dijo siempre de la mujer que expresaba su pensamiento en términos personales, es decir, no consagrados por la costumbre y el prejuicio social, y sobre todo si lo publicaba, era: "Es poco femenina". Tras esta calificación de increíble efecto psicológico inhibitorio durante largas épocas, aunque hoy se nos aparezca ya un poco ingenua, y a la cual debemos sin duda innumerables frustraciones del ansia femenina de expresión, se enmascara un cómodo sofisma. Poco femenina, se entiende, de acuerdo a una feminidad cuyos cánones estableció una sociedad de patrones dictados por el hombre. Ese concepto de la feminidad estatuía: la mujer no debía mostrarse diferente; no podía singularizarse. Singularizarse, equivalía a deteriorar el pudor y con él el derecho al respeto masculino y a una sutil gama de confiabilidades.
El efecto psicológico de este preconcepto, repetimos, fue siempre increíblemente eficaz. La mujer ha venido, como regla, temiendo expresarse, manifestarse, rebasando ese patrón. Decirse, tal cual se sentía, era para ella lanzar su propia candidatura al descrédito, a la marginación, inclusive. Una marginación cuya primera consecuencia era acrecer hasta el máximo las dificultades para encontrar marido: y ello, en épocas en que para la mujer, no con-seguir compañero sacramental, constituía algo así como la muerte civil...
(En nuestro medio, este preconcepto, configurado en consenso general, era todavía lo suficientemente intenso hace unos años, como para traer consigo, en un caso que a su hora fue comentado -década de los sesenta- el estrangulamiento de una voz juvenil, bien dotada al parecer, pero inaugurada con una dosis de sinceridad que ese criterio aún generalizado dio por excesiva).

FALTA DE ORIGINALIDAD EN LA POESÍA FEMENINA
Es curioso que durante mucho tiempo los críticos -del sexo masculino todos, por supuesto- hayan subrayado la ausencia de valores originales en la poesía femenina, explicándola unánime mente como simple resultado de una también indudable inferioridad intelectual y creativa de la mujer.
Esa inferioridad de la obra femenina es un hecho -lo repetimos una vez más- desde el punto de vista cuantitativo al menos, ya que en más de una época se pudiera citar mujeres que sobresalieron en tal o cual aspecto de las artes o las letras. (Sólo ahora empezamos a darnos cuenta del heroísmo que cada caso supuso en su momento).
Viejo es el dicho de que el poeta "nace", no se "hace". Y verdadero, aunque no tomado al pie de la letra en su totalidad. Aunque la primera parte sigue teniendo validez -pese a las novísimas teorías sobre la inteligencia ecuménica, según las cuales todos naceríamos con la misma cuota de fósforo- la segunda parte ya no es posible admitirla sin reservas. El poeta nace, pero luego "se hace": lo hace la vida, con sus peripecias y ocasiones experienciales; porque sólo por éstas crece. Una vida separada de las posibilidades de comunicación, con sus contradicciones, quiebras, desengaños, obstáculos, luchas, al margen de las vivencias, más fácilmente hace un Gaspar Hauser que un Segismundo.
Y ya sabemos que a la mujer se le cerraron secularmente los caminos para ese crecimiento. Obligada a vivir cercenada de sus oportunidades a experiencia, mutilada de una serie de posibilidades para el ejercicio de sus potencias, obligada a crear en base a vivencias dentro de un área dada y limitada además dentro de ésta en su manifestación a los moldes dados por el hombre, es lógico que la mujer renunciase sistemáticamente a su verdadera fisonomía colocándose en su lugar la que el hombre había creado para ella, para encajársela a modo de un "pret à porter" de sensibilidad y fantasía. (El reproche que más de un sociólogo ha hecho a la mujer, de no haber creado nada, de haber imitado al hombre en sus creaciones, deja de ser una alegre constancia para convertirse en un verdadero sarcasmo... y en el mejor argumento en contra de ese juicio).
Esa inferioridad creadora de la mujer es un tópico sobre el cual ni valdría la pena ya hoy hablar, si no fuera que nuestro tema lo trae inevitablemente a rastras, entretejido con la circunstancia en que se ha desarrollado la literatura femenina local; y hemos de referirnos a él, forzosamente.
Con esta privación de otras vivencias humanas que no fuesen las de antemano fijadas por el statu-quo social, y que se erige en un condicionamiento general de la expresión femenina, se relacionan otros factores particulares a los que se hará luego referencia al hablar de la poesía erótica.

LA AUTENTICIDAD, EQUIVALENCIA SIGNIFICATIVA
Se desconoció, pues, sistemáticamente, que para aportar algo al arte, a la literatura en este caso, como hecho humano y estético (siempre ateniéndonos a la definición de la literatura como hecho liberador) la mujer lógicamente debía dar en ella aquello que es, no lo que se quiere que sea o lo que se dice que es; así estas afirmaciones tengan vigencia multimilenaria.
A través del arte, el Hombre se construye; es decir, va compulsando sus límites espirituales, sus dimensiones íntimas: se va definiendo, no sólo como existencia, sino también como esencia, y con ello, entrañablemente, como posibilidad. Ahora bien: tal como ha venido dándose a conocer individual o masivamente en nuestras sociedades, la mujer es un ser por construir. Su definición, de acuerdo a los términos expresados, está por hacer.
La mujer no alcanzó nunca a dar en su obra una visión propia de las cosas, de la vida, menos aún una visión de sí misma, porque no podía hacerlo. No podía poner sobre el tapete un es quema propio, porque se le confiscaban, psicológicamente, los materiales para fraguarlo.
No llegaba a extraer ese esquema de sí misma porque no se atrevía, simplemente, a enfrentarse con la otra que es, y de la cual la psicológica deformación a través de los siglos ha hecho un adversario, un enemigo. Se teme a sí misma hasta la total inhibición. Ese temor, el hombre lo ha ido cristalizando en ella a través de las pautas de conducta y de comportamiento impuestos hasta configurar un verdadero tatuaje psíquico (algunos han llegado a hablar de un "lavado de cerebro"...).
Y esa situación se prolonga en cierta medida, y en ciertos ambientes, hasta hoy.
(Por lo demás, una prueba amarga de la presión que sobre la mente femenina ha ejercido lo que Barret llamó algo así como el zapato chino aplicado al pensamiento, lo tenemos en un hecho, entre tantos, innegable: la maternidad, ese misterio máximo y sacramento de la carne y el alma femeninas, esa experiencia vitalmente única en la mujer, no ha producido más de media docena de poemas que valgan la pena...).
La manumisión es vocación larga, espinosa, atormentadora. "En la mujer, predominan los patrones de sentimiento" dice Erich Fromm. Y como este mismo ha hecho notar, los patrones de sentimiento oponen dificultades a los patrones de pensamiento para su remoción. Precisamente porque en la mujer han estado siempre ambos unidos.

RECONSTRUYENDO A LA MUJER
Construir a la mujer (mejor podría decirse reconstruir) es lo que procura, desde hace siglo y medio, en su fase masiva, la literatura femenina en el mundo. Es una elaboración confesional lenta, cuyo avance se ha visto más de una vez frenado por la recidiva eventual de los tabúes e inhibiciones mencionados y otros de raíz diversa pero cuya acción negativa continúa siendo eficaz.
Esta construcción, o sea la definición lo más libre y por tanto exacta posible del ente femenino a través de su literatura, se llama, lo mismo que en la masculina, autenticidad: transparencia dinámica del Yo con sus limitaciones, aspiraciones y tensiones. En su camino hacia esa autenticidad en la mujer como sujeto creativo potencial; en el proceso hacia su construcción en la literatura en general, y en la poesía en particular, la poesía de pluma femenina ha pasado a través de las épocas, por varias etapas, que consideramos oportuno establecer o clarificar, buscando la elucidación crítica del problema particular de la poesía en nuestro país. Advirtiendo que en la que establecemos progresión de la poesía en general las primeras etapas, en épocas lejanas, se dan apenas insinuadas; o no han dejado huella concreta.

ETAPAS EN LA MANIFESTACIÓN FEMENINA
Estas etapas se caracterizarían así:
a) La imagen de la realidad femenina impuesta, sugerida, inyectada, se corresponde exactamente con la que de sí misma tiene la mujer; la mujer que se quiere que sea se ha identificado de tal modo con la que ella cree ser, que ambas configuran una sola.
Es el caso de la mujer conformada (en rigor, sería la mujer deformada) en la cual cualquier reacción permanece larvada, latente, subconsciente. La mujer ha aceptado la imagen que de ella da el hombre, sin protesta. Está como sellada por él. La mujer no sólo no es libre, sino que no sabe que no lo es: por tanto, no se hace en ella consciente, ni la posibilidad, ni siquiera el deseo de esa libertad.
En esta situación, cualquier conato disconforme que -improbable cosa- en su intimidad pueda insinuarse, es catalogado ipso facto por la mujer misma como una anomalía, una anormalidad, que la inquieta, la aterroriza. La siente como un pecado, y se apresura a exorcizarla.
Pero dado que en lo psicológico, como en lo físico, nada se pierde, todo se transforma, ese deseo, esa inquietud, sepultados o latentes, adoptan, como equivalencia, justificación o compensación, las formas de la melancolía, la imprecisa nostalgia, los machacones ensueños de crepúsculos tristes, ausencias sin sujeto y esperanzas sin objeto.
Así, sublimada unas veces hasta la total anulación en su misión materna o conyugal (los casos más frecuentes y también los más patéticos) reprimida vagamente otras (los casos de abierta o encubierta neurosis) la mujer muere "sin haber nacido".
Sin embargo, en personalidades dotadas a la vez que de una intensa sensibilidad, de un fuerte voltaje volitivo, esa necesidad de manifestación persiste, incoercible. Entonces la mujer se manifiesta, pero lo hace con los rasgos de la feminidad prefabricada por el hombre y a éste plausible.
Esta poesía constituye a modo de un eco de la masculina: repite, con una intensificación de la tesitura sentimental, y la lógica anulación de esterotipias, los rasgos que el hombre ha considerado más aptos y convenientes en la mujer para su propia gratificación. Esos rasgos constituyen el ya aludido decálogo de la feminidad consagrado colectivamente. Podríamos llamarla también poesía-coro, ya que sigue, repitiéndolos nota por nota, cambiando sólo el sujeto gramatical, los estribillos establecidos y reiterados hasta la náusea, sobre lo que la mujer es y debe ser. Esta poesía-coro, que podemos llamar también poesía-eco, y en ocasiones poesía-máscara, utiliza pues en principio los mismos temas que la masculina; reitera hasta la saciedad la imagen que de la mujer ha venido trazando una vez y otra vez el hombre. Si se trata de amor, esa poesía repite sin fatigarse la silueta de la mujer amante hasta la muerte de un solo hombre: incapaz de pensar en la fisiología del sexo; vendados los ojos para los más íntimos y peculiares fenómenos y reacciones, que no existen o si existen son nefanda cosa. Abandonada, sigue esperando al hombre -marido o amante- fugitivo, toda la vida; cultiva el recuerdo del prometido o del esposo por malvado que éste haya sido, porque "la mujer está hecha para perdonar". Jura guardar toda la vida la primera flor que él la regaló... En suma, un primer amor feliz o infeliz -real o supuesto- la anestesia eficazmente contra toda solicitación ulterior de los sentidos y el alma; porque la mujer está hecha para amar sólo a un hombre en su vida. "Et sic de coetera"...
Por supuesto, esta poesía nada significa dentro de la dinámica de la cultura, aunque su valor testimonial sea insustituible. Es un documento que revela el estado de psicológica servidumbre de la mujer; ésta adapta sus actitudes mentales al modelo creado por el hombre.
Por supuesto, también, se dan dentro de ella grados, o matices en lo testimonial. A cierto nivel o en determinadas circunstancias, esta poesía ofrece variaciones que la aproximan a la calificación de poesía-máscara. Porque la progresión se realiza por pasos frecuentemente de difícil discriminación en su grado o significación.
Esta poesía adopta a veces formas curiosas, siempre explicables psicoanalíticamente, desde luego; pero que en realidad son sólo a manera de una superposición de ecos, ya que los premoldes siguen siendo masculinos. Por ejemplo, la poesía dedicada a la belleza de las amigas, hermanas, etc., a las nupcias de éstas, los amores de una compañera, etc. Un ejemplo insuperable lo dio localmente y hace más de cincuenta años una joven poetisa no nativa, que en un verdadero "travesti" mental, escribía versos de amor como si fuese hombre y no mujer...
La poesía eventualmente escrita por estas mujeres sigue, como se ha dicho ya, esquemas típicos masculinos o que llevan su impronta limitativa; la poetisa canta a la guerra como Tirteo; canta a la primavera en pájaros, corolas, arroyos, pero no en humanos sexuados. Canta besos que no tuvo, y en los cuales, por supuesto, está ausente toda sexualidad: todo es etéreo, sutil; éxtasis y ensueños, los violines son inconsútiles; sutiles las auras, las sonrisas y los pensamientos. Es una poesía de espiritismo metafórico.
b) La realidad íntima choca ya con el esquema impuesto: la mujer es consciente de un desfase -o mejor, sinclinal-, entre lo que se le impone como molde de lo femenino y lo que ella sien te, en íntimo reclamo, como su propia verdad. Hace su aparición la disconformidad, ya consciente y hasta reflexiva -en grados diversos- porque esa conciencia no presupone el automático vencimiento, que sólo se da en forma parcial, de la estructura represiva.
La mujer, a menudo, desea crear, decir algo auténtico; pero al tratar de concretar su idea, incapaz de superar temores o pre-juicios, no lo hace con su propia voz: ésta se alebra, se disfraza; busca tópicos o temas que pueden diferir o no de los masculinos pero tratan siempre de no violar la peligrosa frontera donde empieza el territorio de la "singularización".
La mujer, en trance de manifestarse, y constantemente inhibida para la revelación directa, ensaya cauces vicariantes en los cuales la presión no opere o se le haga más tolerable. Busca, en resumen, formas colaterales que configuran en cierto modo una poesía de evasión. Sin embargo, como en esta fase existen, como en la anterior, sus grados, esta poesía puede ascender hasta peldaños bastante próximos a la etapa siguiente, a través de formas simbólicas.
Por estos canales, aunque la expresión integral sigue estando ausente (exceptuamos la poesía mística, que pertenece a otros meridianos del espíritu) discurre mucho de esta poesía femenina.
En suma: la disconformidad, la angustia inclusive, no consiguen calar del todo la costra convencional. En cierto modo esta poesía en que señalamos la evasión, podría llamarse reveladora, porque puede ser comparada a un negativo fotográfico; en ella el análisis permite descubrir el positivo de la rebeldía ya consciente, pero aherrojada.
c) La realidad críticamente encarada, suscitadora del esquema propio; la experiencia vital, chocan ya de frente con el esquema impuesto. Este se sitúa pues en posición abiertamente polémica con aquélla. La realidad, creando, en el choque, un nuevo diseño de sí misma en la mujer, impone en el proceso su sello directamente testimonial. A este nivel, la mujer no solamente sabe ya en forma inesquivable que no es libre: sabe también ya que debe serlo, que necesita serlo; y que sólo puede serlo en la medida en que se manifieste tal como siente que es.
Esta es la fase significativa: le damos este nombre porque es aquella en la cual la mujer establece su identidad espiritual con sus propios signos: y por esto, puede significar algo en los procesos de la cultura.
La manifestación literaria femenina, como latido intrínseco, empieza pues a manifestarse a cierto nivel en el estrato o fase b); pero sólo adquiere plenitud y por tanto pertenece de hecho al estrato c). Lógicamente, y de acuerdo a lo hasta ahora expuesto, si originalidad es primariamente autenticidad (y ésta puede ser de grado, también de acuerdo a lo dicho), ésta depende de la medida en la cual la mujer se sienta libre.
Al nivel a) la mujer no siente rebeldía ni disconformidad: es la servidora convicta de los patrones masculinos. Si en ella surgen discrepancias, éstas no llegan a hacerse conscientes; o si llegan a hacerlo en vaga forma, son reprimidas como algo pecaminoso.
Al nivel b) la mujer tiene una conciencia de ese desfase que puede llegar hasta la actitud reflexiva: puede alcanzar hasta la certeza de la legitimidad de esa rebeldía: pero no hasta romper "la cadena que la tiene prisionera".
Al nivel c) esa inquietud se hace rebeldía consciente y convicta: necesidad incoercible de manifestación. En épocas pasadas, constituyó rara excepción, hecho extraordinario. Actualmente es hecho masivo,

LA POESÍA FEMENINA PARAGUAYA: SUS ETAPAS
Una vez establecidas estas premisas, que consideramos básicamente necesarias para organizar esta tentativa presentación crítica de la producción lírica femenina en nuestro país, podemos entrar en la materia propia de esta INTRODUCCION, o sea la exposición lo más inteligible posible del proceso en sus manifestaciones locales.
Proceso que podría parecer nada complejo si nos atenemos a lo escaso de sus manifestaciones hasta fecha bastante cercana: pero que se torna espinoso precisamente a causa de la ausencia de testimonios concretos lo bastante eficaces en volumen; y un tanto difusos además en sus rasgos.
Por de pronto, si en nuestra lírica de pluma masculina (considerablemente más copiosa y como conjunto más rica en valores) es problema serio discriminar vertientes o escuelas y se hace inclusive ardua la cuestión de las generaciones, cuando se trata de literatura femenina esa nomenclatura resulta materialmente imposible. Sólo podrían señalarse influencias individuales en tal cual obra femenina. Esas dificultades son hecho particularmente exacto en lo que se refiere a la poesía anterior a 1970.
Las etapas mismas señaladas en la evolución en general y en particular en la evolución de la literatura de pluma femenina, se hacen aquí difíciles de deslindar en ciertas épocas, a causa de la prolongación de esas etapas, cabalgando las unas sobre las otras siguientes. Sin embargo, trataremos de establecer, en lo posible, un orden.

1.- LA POESÍA FEMENINA EN LA COLONIA Y HASTA LA INDEPENDENCIA
1.1.- APARICIÓN LOCAL DE LA POESÍA-CORO

2.- LA OBRA DE LAS PRECURSORAS (1920-1940) ,

3.- LA DÉCADA 1940-1950, DÉCADA TRANSICIONAL
3.1.- LA POESÍA ERÓTICA FEMENINA: SU SIGNIFICADO
3.2.- 1950 Y LAS NUEVAS POETISAS ,

4.- LA NUEVA DÉCADA: LA POESÍA FEMENINA DE 1960 A 1970 ,
.
5.- LA DÉCADA DEL 70 AL 80 Y HASTA HOY.



BIBLIOGRAFÍA
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-. VIOLA, Alfredo - Reseña del desarrollo cultural del Paraguay. Ed. Comuneros. Asunción, 1979.
-. WEY, Walter - Poesía Paraguaya, Historia de una Incógnita. Ediciones Alfar. Montevideo, 1951.

ÍNDICE GENERAL
LIMINAR, / INTRODUCCION, /ANTOLOGÍA, /ADVERTENCIA,

-. GOMEZ SANCHEZ, ENRIQUETA ,
-. CHECA, RENÉE ,
-. GARCIA KINEN, ALCIRA VEIA DE ,
-. ACUÑA, DORA GÓMEZ BUENO DE ,
-. FRACCHIA, IDA TALAVERA DE ,
-. IZAGUIRRE, ESTER DE ,
-. THOMPSON, MARÍA LUISA ARTECONA DE ,
-. WIEZELL, ELSA ,
-. NAPOUT, LILIAN STRATA DE ,
-. MEDINA, GLADYS CARMAGNOLA DE ,
-. CHAVES, RAQUEL ,
-. ARRELLAGA, RENÉE FERRER DE ,
-. BEDOYA, NILSA CASARIEGO DE ,
-. GIANNI, MIRIAM ,
-. CAMPOS CERVERA, ALICIA ,
-. LOURDESPINOLA (LOURDES ESPÍNOLA DE CARLISLE) ,
-. PEREIRA OLMEDO, ELINA ,

LAS VOCES RECIENTES

-. GARAY, MARIA EUGENIA ,
-. LOPEZ, NILA ,
-. CASACCIA, GLADYS ,
-. PEDROZO, AMANDA ,
LOS ENLACES DE CADA AUTOR LO GUIARÁN A SUS ESPACIOS EN LA GALERÍA DE LETRAS DEL www.portalguarani.com

BIBLIOGRAFÍA,
ÍNDICE ANTOLÓGICO,
ÍNDICE ALFABÉTICO

ADVERTENCIA
Como se da a entender en el texto de la Introducción, esta Antología se ha organizado sobre la base de poetisas éditas, es decir, cuyos poemas han sido en alguna época reunidos en volumen; (a veces bastante reducido, pero que pueden constituir puntos válidos de referencia a los cuales remitir a quienes deseen compro-bar o ampliar datos o selección aquí ofrecidos).
Este criterio se quiebra sin embargo en algún caso en el cual la poetisa no tiene títulos editados pero ofrece en su obra rasgos que ameritan su inclusión. Tal el caso de algunas voces recientes.
No se ha dado cabida a datos del curriculum que se refieran a distinciones locales ni a bibliografía, que no se ofrezcan bajo la forma de libro o folleto. Tampoco a las Antologías que no llevan firma autoral reconocida, ni a las de prensa diaria propia o del exterior; aunque se ha tenido éstas en cuenta, cuando existen, para la formación de criterios.
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Amplio resumen de autores y obras
de la Literatura Paraguaya.
Poesía, Novela, Cuento, Ensayo, Teatro y mucho más.