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lunes, 30 de agosto de 2010

RAMIRO DOMÍNGUEZ - DITRAMBOS PARA FLAUTA Y CORO (POEMARIO, 1964) - Comentarios: JOSEFINA PLÁ y MARIO CASARTELLI.


DITRAMBOS PARA FLAUTA Y CORO
(1964)
Poesías de
RAMIRO DOMÍNGUEZ
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
DITRAMBOS PARA FLAUTA Y CORO
(1964)

Hombre
de par en par hacia el deseo,
te miro volviendo desde ayer;
medio olvidado de ti. Buscando
el último nivel del desespero.

Como una ruina que llega desde abajo
corroyendo la raíz hasta subir al tallo,
has incubado con lenta economía
-como destilan las abejas,
como almacenan las hormigas-
la hora de caerte con la flor en la mano.

Déjame que desate la teoría
de tus innumerables nombres;
a ver si juntos desciframos
la cábala de tus temores.

Porque
no puede ser que aquel raudal de
sangre que te viene de lejos
tenga que derramarse y morir
en cuajarones
fétidos.

Ni que sepas morar
-perforador del tiempo-
en el despeñadero de los días.

Tendrá que ser después,
ha de ser más arriba.
En un lugar más quieto. Alguna voz
más limpia,

que nos llame a dejar este camino viejo
hasta encontrar la brújula
que traíamos adentro.

I. ALLEGRO SCHERZANDO
.
Titire, tu patulae recubens
sub tegmine fagi
VIRCILIO
.
1
Tiempo de Pan absorto en la pradera.
La tarde equinoccial. Sin grietas.
Época del pecado inverniz, con el primer
escalofrío religioso en las venas.

Dafnis y Cloe en el balcón
haciendo mutis. Extenuados
en su amor infecundo.

Atrás las tías
-conversando en bisel-
sin descuidar un segundo.

Caín y Abel en riña
por dejar su zapato en el pesebre.

Si quieres que juegue contigo a "la
torre en guardia", dame tus zapos de papel
por mis botones de hojalata.

Zoilo, el mendigo, fabricaba trebes
para el enhollinado vientre de las ollas
y había mantecados de yapa en los almacenes.

San Francisco de Asís -el pastor de canarios-
tenía su casa a la vuelta.
Edad de Oro en que la leche hervía
bajo vellones de nata.
La risa
se vendía por nada. Y el dinero valía menos
que un trompo de madera.

Entonces, Don Jehová vivía entre nosotros.
Tenía barba, y usaba un poncho
de lana blanca hasta las pantorrillas.
Los chicos le pedíamos la bendición
cuando salía a tomar mate al jardín
chupando su lustrosa bombilla.

2
Sobre el paisaje intacto
Adán -hombre desde la arcilla-
yergue su mole piramidal
bajo la elíptica de los astros.

En su costado, hasta las ingles,
lleva una herida sin restañar, que su
mujer lava con aguas de benjuí. Y
lleva crenchas de rabino, sin rasurar.

Con solemnidad de levita,
recorre el jardín que le tocó cultivar,
dando su nombre a cada cosa
sin consentir en que Eva lo corrija.

Distingue así la yerbabuena
de la zarzaparrilla.

Al corochiré
de la piririta.

Cuando se harta de bautizar,
suelta un pii-pu rotundo que lo entona,
hasta sonrojar.

Y lleva a su mujer a dormir
porque quedan muchos nombres
que mañana quiere repasar.

3
¿Has visto a David, el Rey,
tocando el arpa para Jonatás
que se escapa, las siestas, para
jugar con él?

Dicen que dice su madre que ha de reinar
y, aunque todavía no ha matado a Goliat,
tira a la honda contra pajaritos
sin errar un pie.

En el campo, seguro de que nadie lo ve,
engola la voz, y canta frases oscuras
-de las que oyó al viejo Samuel-
proclamándose capitán
y el ungido de Israel.

Luego, abriendo su morral
con queso y tortas de miel,
hace su merienda a boca de jarro
mascullando sus rezos sin dejar de tragar,
hasta dormirse en la escala de Jacob
sin decir Amén.

4
Me gusta el viejo Sócrates
en su aire de anticlerical empedernido.
Cuando escribe sonetos a la antigua usanza
para insultar, "a sílabas contadas",
a los que llama chupacirios.

Sé que miente
cuando adopta sus posturas de cínico
pero, a pesar de todo, lo quiero
con su maldad indefensa que hace reír
a los niños.

Vuelto a casa, sus rencillas
de jarro y olla con Jantipa,
tienen visos de Comedia Antigua.

Pero lo que más rebulle en ella
es aquel mentado diálogo
con la hetaira de Mantinea.

Así que todas las noches,
después de tratarlo de sátiro y corruptor,
se persigna, y beligerante,
pone su escapulario entre los dos.

Cuando después, muy de madrugada,
ella se levanta para la primera misa,
este mi viejo histrión saca sus cuartillas
y escribe -sonetos anticlericales-
volcando todo el tintero
de la vigilia.

5
Para hablar de Odiseo,
hay que tener el brasero prendido
y hacer corro junto al fuego.

Porque sus mañas andan en boca de todos
aunque nadie las conozca
por entero.

Por ejemplo,
cuentan que por Calipso tuvo a Penélope engañada
desertando diez años de su tálamo.

Pero un glosador
-apócrifo, a no dudarlo-
añade que, en sus años de espera,
Penélope bordaba sus castos propósitos
para el divino Odiseo.

Aunque un pretendiente por cada noche
volvía a desatarle las hebras.

6
Con infantil algarabía,
ante una luna veneciana Don Juan
se abotona la camisa escarlata
para gastar su adiós a la vecina.

Merodeador del alba, eclipsa
de soslayo sus ojos gatunos.

Luce en el pecho
un alfiler de esmeralda. Y en la mano
un desmesurado carbunclo.

Mientras se atusa los bigotes
sonríe, y hace gargarismos
con el "Fígarooo... fíiigaro".

Cuando sale,
un trajín de persianas le persigue
mientras los canes a su paso
inician una danza de rabos
oliscando sus calcetines.

Algún pillo,
le endilga desde lejos:
-No mires tanto al espejo,
donjuanillo.

7
Desnudo el vientre de porcelana y oro,
Buda extático, cruza las piernas en la esterilla
sobre los pliegues de su kimono.

Sus ojos de jade petrifican el tiempo
mientras la palma de su mano indica
un NO mayúsculo a sus deseos.

Sobre una hecatombe de cojines,
el Sakia viejo mira a Gautama
por entre las axilas de sus geishas de lava.

Los diminutos perros de Pekín
y una cacatúa de Ceilán
hacen la delicia del mandarín.

Entre flores de almendro y abanicos de sándalo,
bosteza el viejo su modorra y desgano.

El Sakia-Muni, sigue solo y lejano
con sus ojos oblicuos
y un NO rotundo en la mano.

8
Fría y esbelta como una cariátide
Artemis, baja hasta la feria del Cerámico
para mercar sus tiras de jamón
y cerdo ahumado.

La sigue un coro de efebos, y a su paso
cantan penas de amor. Hay un muchacho
rubio como un panal, que su osadía
le roba un beso hasta morder sus labios.

Quién la invita a danzar. Quién otro
le confiesa al oído sus deseos.
Ella les hace oreja de burro
y echa a correr, lanzando por los ojos
dardos de fuego.

En el mercado, vocifera y puja
regateando, mientras le asalta al pecho
la comezón de ver cuántos le siguen
el bulto en vano.

Entre marineros y esclavos asirios,
Afrodita alquila sus favores. Las manos
procuran alcanzar sus ancas de potra;
y entre risotadas y palabrotas,
las miradas de todos van hacia la otra.

9
Si apenas con tu vida,
hombre económico, has podido allegar
lo necesario para envilecerte,
tu dirás, que raro sortilegio
te llevó hacia el dinero, hasta olvidarte
de lo mucho que vale
lo que perdiste a cambio
por un bledo.

Agrimensor del tiempo. Abultado
señor de bufetes en nogal y cuero,
generoso al revés. Tramoyista
enredado en bambalinas de lienzo.

No tengo para ti
más que la mano tendida
hacia tu vuelta, por el abrupto corredor
de un desolado silencio.

II. ANDANTE, MAESTOSO
.
Pásai tèchnai brotoisin ex
Promethéos
ESQUILO
.
1
Y dijo Dios a Adán:
Tú serás mi hijo, y a tu lado estaré,
a condición de que no me preguntes por qué.

Conoció luego Adán a su mujer
y tuvo hijos e hijas,
pero más tenía deseos de saber.

Así que se apartó de todos
y se olvidó de dormir y comer.
Empezó a mudar de semblante;
ni parecía dispuesto a responder.

Harto de hartarse,
quería sentir hambre y sed.
Le parecía insoportable
tener que ser feliz sin comprender.

Casi, pues, sin preguntarse
vino a dar con el cómo y el por qué.
Siempre, para cada respuesta,
algo dejaba atrás sin resolver.

Bajó hasta profundas cavilaciones
ávido y siempre lejos de entender.
Registró las tinieblas
buscando una luz que le dejara ver.

No encontró nada.
Pero perdió lo que tuvo
sin saber.

2
Abel se hizo hacendado,
y puso su establecimiento
de Doña Juana hasta Rincón.

Caín plantó cañadulce
más allá del arroyo Tambor.
Abel multiplicaba su hacienda
con el favor de Dios.
Se compró una casa en la ciudad
y dio a sus hijos fortuna y profesión.

Caín, con cupos y créditos,
iba siempre de mal en peor.
Si escapaba a la sequía,
con la helada su cosecha
se quemaba por leña en el fogón.

Cuando volvía de la fábrica
tenía a su puerta el arrendador.

Un buen día
le trajo Abel sus abogados
con títulos y una orden de expulsión.

Caín venía del hospital
con un hijo muerto de larga tos.

No quiso entender de desahucios;
ni estaba para argumento
más largo que su facón.

A Abel se lo llevaron sangrando
en el carro de su heridor
Caín escapó hacia Perulero,
y lo anda buscando una comisión.

3
Por entonces, Saúl
tenía un demonio en el cuerpo,
y David lo sabía bien.

Saúl no se fiaba del mancebo
pero más temía David al Rey.

Sucedió que, estando el muchacho
tocando el arpa a ruego de aquél,
el espíritu malo de Saúl
hubo de herir al joven. Y el arma
hincó a su lado la pared.

De aquella vez, huyó David
al monte, y empezó a vivir sin ley.
Se echó a contrabandista,
traficando en caña y petit-grain.

Alguien que conocía su afición
lo llevó al Brasil. Y allá se hizo artista
ganando fama y dinero a granel.

Saúl murió con Jonatás
en la revolución, poco después.
David volvía con su arpa
y un séquito como de Rey.

Cuando supo de los muertos,
lloró por ellos. Aunque más lloró por él.
Algo le previno que el espíritu
malo habría de dañarlo
-como a Saúl- a tiempo de vencer,

4
Sócrates fue víctima
de la superstición.

Se lo acusó de impío y amoral
porque nunca pagó diezmo
a la casta sacerdotal.

Hubiera querido salvarse,
pero no le dieron lugar.
Le ofrecían escapada
sólo a costa de su dignidad.

Por lo que se fingió blasfemo
para acortar el fallo
del Tribunal.

Ellos se persignaron
con santo miedo, condenándolo
por unanimidad.

Después -sólo después-
hubo llanto y tumulto en la ciudad.

Nunca se pudo saber
quién tomó para sí
la culpa de condenar.

Escribieron epitafios
solemnes. Y se erigió un monumento colosal.

El pueblo le atribuye milagros
viniendo hasta su sepulcro
en peregrinación a suplicar.

Una mujer de Mantinea suele bajar
con flores, cuando ya todos se han
retirado a descansar.

Jantipa llora, sin comprender.
Los muchachos comprenden, sin llorar.

5
Telémaco, por tanto,
entre Orestes y Hamlet, vacilaba
del propósito al fracaso.

Su madurez precoz, apresurada
con largas noches de frustración y llanto,
le ponía los nervios tensos y desapacible el ánimo.

Lejos de su madre, lejos de los pretendientes,
sólo aguardaba el retorno deseado.

Absorto en su pesar,
absorto en la llanura del mar,
se dormía con los ojos abiertos
y un juramento en los labios.

Tanto esperó, que se olvidó de Ulises,
se olvidó de su madre,
de su nombre,
del tiempo avizorado.

Después,
cuando le anunciaron que su padre volvía,
él se acostó a dormir
-aturdido y extraño-

6
A los cincuenta, Don Juan
es apenas un gallo sin plumas
más pronto a ser burlado
que burlar.

Las damas de caridad
le ceban tisanas en ayunas
para su achaque lumbar.

Su camisa carmesí
cuelga hace tiempo en el armario
con otros aparejos
de enamorar.

Sobre su antiguo esplendor,
se ha vuelto supersticioso y tacaño
guardando sus mendrugos encima
del aparador.

Para la misa de las diez
sale a tomar sol a la esquina
con el paraguas,
por si le acierta a llover.

Las chicas de la Normal
dejan billetes en el cancel
de su zaguán.

Sus misivas, son embustes
de amor que se remiten
"al pelón de Don Juan".

7
Buda, como una pagoda
azul disparada hacia el cielo,
fue liberando más y más
su alma de todo apego.

Se hizo extraño a los suyos
que por temor, lo envolvían
en cortinas de incienso.

Aún vivo, fue tenido por dios
sin conocerlo.

Los artífices
vendían su figura en coral
o palo de cedro.

Su nombre se perdió en el mito
quedando el Sakia-Muni
de carne y hueso
como un hermano segundón
sin gloria ni derecho.

Los contrabandistas del opio
lo mercaron en Londres y Nueva York
en anticuarios y casas de juego.

Ahora lo vemos en el tocador
de una mujer,
o en las Cancillerías
-con pasaporte extranjero-

8
Pero Diana envejeció también.
Como una fruta que madura intacta
fue secando su pulpa, hasta quedar
el carozo y la cáscara.

Los castos senos de la virgen fueron
sorbidos por el ansia.
Sus ojos se quemaron de tanto
asomarse a la ventana.

En el Cerámico,
cuece sus chuletas con ajo
y albahaca.

El acre olor despierta el apetito
de los que pasan.
Pero al verla, los mancebos huyen
como ante la Parca.

Sólo acuden dos beodos
obscenos, para humillarla.

-En un enjambre de nietos,
Venus abuela, pasa
como una matrona airosa
de todos alabada.

Tiene una sonrisa de desdén
para Artemisa.

Desde su altiva soledad,
la envidia Diana.

III. ADAGIO
.
Alors Tubalcaín, père des forgerons
construisit un village...
La Conscience
VÍCTOR HUGO
.
1
El viejo Adán, por tanto duelo
pidió el cordón de San Francisco
sirviendo de sacristán en un convento

Su mujer es lavandera en el pueblo
para poder ir a la cárcel
por Caín, llevándole algún bastimento

De tarde en tarde
suele salir don Jehová por el jardín
para acordarse de los chicos:

"...Si quieres que juegue contigo a la
torre en guardia..."

Ahora tiene una mucama gringa
que le ceba el mate
de mala gana

Cuántas veces quiso mandar por Caín,
perdonándole de corazón
toda su falta

Los abogados le dijeron
que sería cosa de poca plata

Pero su sordera lo aparta de todos
lastimándose
con quejas amargas.

2
Salmo de David. Para los hijos de los hombres
Salmo triste.
Para entonar en los atrios del Templo
sin el efod. Con el salterio
de cordaje simple.

-Cuando David, huyendo de Absalón
oyó a Semei decirle
improperios amargos-

Señor, yo también tuve
deseos y esperanzas humildes.
Tenía en casa de mi padre
el último lugar
entre los de mi estirpe.
No tenía más que un arpa. Y en el
bolsillo, mi honda de cazar perdices.

Tú pusiste en mis manos a Goliat
más un millón de guaraníes.

Pronto fui el Rey de mi pueblo,
porque pagaba todos los festines.
Me sentí dueño de vidas y haciendas.
Me apropié de lo ajeno
robando la mujer de quien venía a servirme.

Tú estabas en todo eso. Y aguardabas
la usura de lo que me diste.
Pero no imaginé que pudieras
quitarme concediendo,
ni que también al mal
impusieras un límite.

3
Penélope
con ritual parsimonia
dispone el baño para Ulises.

El esposo la mira. Y parece que quisiera
asumir un gesto.

Sus ojos lo traicionan confundiéndola
con Nausicaas o Circes.

(Si pensará
que trabajo me cuesta conocerla,
venido desde mis múltiples recuerdos).

Ella también lo mira
sin reconocer.
Se superponen, sin quererlo,
los rostros de sus furtivos pretendientes
ante los familiares rasgos
de Odiseo.

(Si sabrá que para mí el amor
es cantinela para las rondas infantiles).

Después,
las manos juntas,
se invitan hacia el tálamo.
Para soñar que no ha pasado el tiempo.

4
Víctima de una pasión senil,
Don Juan en el asilo de ancianos
vuelca su devoción en Artemisa.

Ella teje para su amante
una bufanda ridícula.
El ha perdido los dientes
y prueba sólo caldo de gallina.

Los dos, ateridos de miedo,
buscan la forma
de improvisar una familia.

Nadie los ve.
Pero ellos procuran ocultar
una ilusión que no termina.

5
-. Mensaje de don Jeováh:
Aquí estoy solo y triste.

-. Mensaje de Adán:
Estoy solo y triste.

-. Mensaje de Caín:
Estoy solo y triste.

-. Mensaje de David:
Estoy solo y triste.

-. Mensaje de Jantipa:
Estoy sola y triste.

-. Mensaje de Telémaco:
Estoy solo y triste.

-. Mensaje de Buda:
Estoy solo y triste.

-. Mensaje de Don Juan
y Artemisa:
Ambos seguimos solos. E irremediablemente tristes.

IV ALLEGRO ASSAI
.
¿Et quis est meus proximus?
LUCAS X, 20
.
1
No podíamos creer
lo que escuchábamos:
Al fin, hemos sabido
que corre otra versión
del mismo canto.

En ella, Don Jeováh
sigue dichoso en su jardín
con los muchachos.

En sus enormes latifundios
hizo lugar para la prole
de Caín.

Había empeñado sus arreos
y bombillas de plata
por conseguir a su gente
arados y rastras.

Los hijos de Abel,
han promulgado una ley
agraria.

San Francisco de Asís
-el pastor de canarios-
organiza una cooperativa
de productores de granja.

2
Cuanto ganó con su arpa,
David lo aplicó a los estudios
de Salomón.

El niño se destacó en la escuela,
trayendo a su casa el mote
de doctor.

Los vecinos vienen a escucharle
los domingos,
cuando él explica religión.

Puso un criadero de gallinas
y ha desviado un arroyo
para plantar arroz.

En la Junta Municipal
aprobaron su proyecto
de abrir un camino vecinal.

Le han ofrecido la alcaldía,
pero él está a gusto
en su lugar.

3
Muy antes de envejecer
Diana, hizo voto de castidad.
Para poder servir mejor
a los demás.

Ahora recorre la comarca
con cruz y sayal,
interesada en que todos
puedan tener techo y pan.

Le trajeron donaciones y ofrendas
que, con mano santa,
ella sabrá multiplicar.

Contra el sentido de la fábula,
los hijos de la estéril
son muchos más numerosos
que los de la Venus
del lugar.

4
Don Juan, optó por reconocer
a sus hijos naturales.

Eran tantos,
que hubieron de pedirle
una pensión graciable.

Cuando los tiene alrededor,
acaso le cueste recordar
a sus respectivas madres.

Pero no hay duda
de que son de Don Juan,
por alguna seña
y por el aire.

En vista de no caber
todos en casa de su padre,
se ha tomado por domicilio
común, el valle.


COMENTARIO SOBRE “DITIRAMBOS PARA FLAUTA Y CORO” (1964).
Por MARIO CASARTELLI

Aunque el fonema ditirambo -sobrenombre de Baco- implica cierto estado de arrebato expresivo, aquí todos sus trazos denotan lo contrario: la imaginación y el sentimiento regidos por una lúcida inteligencia. Este libro, de enlace musical, consta de un introito más cuatro movimientos. Es, a mi juicio, una obra cardinal en toda esfera. Aquí el poeta proyecta renovadas y plurales perspectivas de interpretación. Los tiempos se trasponen y entremezclan con seres reales e imaginarios, carnales y espectros, que se mueven entre la ironía y la piedad, la risa y la tristeza, la sátira y el drama. Miserias y riquezas, toda una gama de contradicciones que eslabonan la mítica originaria de este singular contra-punto poético.

INTROITO:
El espacio físico donde todo se desarrolla es reducido. Pero ad-quiere dimensión universal desde el primer poema-introito: el hombre volviendo desde ayer.../buscando el último nivel del desespero, en ese afán de encontrar una respuesta para la condición humana que se niega a aceptar ser simplemente un raudal de sangre que viene de lejos sin otro destino que derramarse y morir en cuajarones fétidos. No acepta morar nada más que en el despeñadero de los días. En ese punto el hombre se encuentra con sus cábalas y temores que lo están corroyendo. Pero él se niega a darse por vencido, y por eso la visión no resulta, finalmente, pesimista. El hombre aún está dispuesto a descifrar el por qué de las cosas. Curiosamente, en este poema -sólo en este- la ironía está ausente. Mas la piedad persiste.

I. ALLEGRO SCHERZANDO:
En el primer movimiento, el ámbito bucólico está dado por los nombres que al inicio representan a las gentes que lo habitan: Pan, Dafnis y Cloe. Pradera, campo, paisaje, todo aún intacto: Edad de Oro. Tiempo de inocencia. Los niños, Caín y Abel, riñen jugando frente al pesebre (trasposición de tiempo); David, que escapa las siestas para jugar con Jonatás, tira la honda contra pajaritos sin haber aún matado a Goliat. El antiguo Zoilo, el mendigo (el paradójicamente futuro sofista), fabrica trebes (palabra rescatada del habla popular campestre que, según Ramiro, menta a las tres patas de la holla de hierro) para limpiar el hollín de las ollas (después fregará el polvo dudoso de Homero, cuando apócrifamente difunda los amoríos secretos de Odiseo). Son estos, en fin, los delineamientos psicológicos que dan pie al universo poético de Ramiro Domínguez: Greco-latinos, paganos-cristianos, todos recorriendo el ámbito paraguayo, en época inverniz, con el primer escalofrío religioso en las venas.
Aquí el rasgo principal -ya está dicho- es la ironía. Todo se sustenta en una suerte de poesía narrativa. Narrativa, pero no explicativa. Y ello aguza el contraste entre lo real y lo imaginario: Sócrates, cuando no está en rencillas de jarro y olla con su esposa Jantipa, camina con aire anticlerical y escribe sonetos para insultar, "a sílabas contadas", a aquellos que él supone chupacirios.
Don Juan pasea su esplendor provocando la mofa alegre de algún pillo. En tanto, el Buda, estático, proclama con la palma de su mano un NO mayúsculo a sus deseos. Y se queda solo y lejano, como el Oriente.
La vida en ese pueblo es virginal. Todo está por hacerse: Eva escucha extasiada cuando Adán principia a dar nombre a las cosas. Entonces la risa se vende por nada. Y el dinero vale menos que un trompo de madera. Artemisa baja al mercado encendiendo en vano el deseo en unos cuantos efebos. Y Afrodita se entrega, resuelta, a quienes entre risotadas y palabrotas montan sus ancas de potra.
De pronto, el primer movimiento termina bruscamente con un texto llamativo -sumamente llamativo- en el que el poeta adopta una postura muy distinta a la suya ante los demás poemas que le preceden y suceden en todo el libro. Es el noveno, en cuya estrofa final su actitud es patética. No hay piedad ni ironía, sino silencio rotundo para un hombre envilecido por la sed de dinero: No tengo para ti/ más que la mano tendida/hacia tu vuelta, por el abrupto corredor/ de un desolado silencio. ¿Rechazo? Este gesto nos remonta a un cruel pasaje del Infierno, en el que Dante obra de manera similar ante un condenado.

II. ANDANTE MAESTOSO
Pasamos al segundo movimiento, en donde el plácido esplendor idílico adquiere movimiento y, paradójicamente, comienza a apagarse. Aparece Dios advirtiendo a Adán: Tú serás mi hijo,/y a tu lado estaré,/ a condición de que no me preguntes por qué. Este se casa con Eva y tienen hijos. Pero, desquiciado de sus relaciones comunes, le asaltan deseos de saber. No acepta ser feliz sin comprender. Y escarba en vano la tiniebla sin respuesta.
Sus hijos se dividen. Y la urdimbre social que empieza a destruir vínculos naturales refleja teorías rusonianas. Abel se hace hacendado con la complicidad de Dios, mientras el pobre Caín se ahoga entre créditos y deudas; y se le quema la cosecha y le acosan arrendadores. Abel le aparece entonces con abogados y una orden de expulsión. Pero Caín, que viene del hospital con un hijo muerto de larga tos, ya no soporta humillaciones, y hiere a su impío hermano y huye buscado por una comisión.
Todo se dramatiza. Saúl también hiere a David. Y este huye a vivir sin ley. Un día vuelve al pueblo y se entera de la muerte de aquel y otros amigos de ayer. Y llora en su desesperada soledad.
El pueblo acusa a Sócrates de impío y amoral/porque nunca pagó diezmo/a la casta sacerdotal. Pero Sócrates blasfema ante tal indignidad. Y todos le condenan, aunque después arrastran a escondidas el peso de la culpabilidad. Y en su memoria erigen monumentos y le atribuyen milagros. Sólo su amada Jantipa llora, sin comprender./ Mientras los muchachos comprenden sin llorar.
Todo conlleva densas reminiscencias literarias. Telémaco, mezcla de Hamlet y Orestes, espera el regreso de su padre, Ulises, para derrotar entre ambos a los oportunistas pretendientes del trono y de su madre. Pero, cansado de tanta espera, abjura, sin querer, de sus propósitos. Y, cuando al fin llega el padre, el hijo se acuesta, turbado, a dormir. La vida se degrada. Don Juan se vuelve viejo. Diana envejece también, y sólo borrachos se acercan a humillarla: se cumple, una vez más, el sabio vaticinio de Ronsard. Buda no es más que una efigie con la que mercaderes del opio comercian más allá de lejanísimas fronteras. Y la amustiada Diana mira con envidia a Venus, que cruza con su tropel de nietos, tiene una sonrisa de desdén para la doncellez ya inatractiva de Artemisa.

III. ADAGIO
Son los remolinos de la caducidad que nos conducen al tercer movimiento. Aquí los protagonistas meditan en torno a las cosas que perdieron y vuelcan sus miradas hacia los primeros tiempos andados. Eva se vuelve lavandera y va a visitar a su hijo Caín a la cárcel. Don Jehová piensa en las veces que quiso perdonar de corazón a Caín y no lo hizo. David entona nostalgias de su niñez y se arrepiente de posteriores actos. Y sólo entonces se percata de que el Señor siguió todos y cada uno de sus pasos.
Penélope y Ulises cohabitan con gris tristeza el tálamo ya inapetente. La vida no fue lo que uno quiso. Lo mismo ocurre con el ya anciano Don Juan y la ya rugosa Artemisa, que juntos tratan de revivir ansias lejanas. Pero, al final, se saben todos desolados, y repiten la letanía de que se sienten solos. E irremediablemente tristes.

IV ALLEGRO ASSAI
El poeta reserva una sorpresa en el cuarto movimiento. Es otra versión del mismo canto. Los protagonistas siguen dichosos en el jardín, sin enfrentamientos ni afrenta alguna. Don Jehová se pasea con Caín y su prole, con los hijos de Abel en ley agraria, y con San Francisco de Assis y su cooperativa de granjas. David nunca tuvo necesidad de huir y su aplicación lo convierte en mentor benefactor de la vecindad. Le ofrecen la alcaldía, pero él rechaza porque está feliz en su humilde lugar. Diana es casta, pero sólo para no desviar su fraternal servicio de repartir siempre pan para todos los demás. De este modo, todos pasan a ser sus hijos con mayor propiedad que la pródiga Venus del lugar. Y Don Juan reconoce a todos sus hijos naturales que, por no caber en casa, toman por domicilio común el valle. Es decir, son ellos que también somos nosotros.
.
Fuente:
Edición, estudio introductorio,
y notas de MARIO CASARTELLI.
Editorial El Lector,
Colección Poesía Nº 11,
Asunción – Paraguay
Abril 1996 (234 páginas).
Amplio resumen de autores y obras
de la Literatura Paraguaya.
Poesía, Novela, Cuento, Ensayo, Teatro y mucho más.

sábado, 28 de agosto de 2010

RAMIRO DOMÍNGUEZ - ZUMOS (POEMARIO, 1962) - Comentarios: JOSEFINA PLÁ y MARIO CASARTELLI.

ZUMOS
Poesías de
RAMIRO DOMÍNGUEZ
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
Grabados de LOTTE SCHULZ
Ediciones ALCOR
Asunción – Paraguay
1962

.

A mi madre
que me enseño a rezar.

A mi padre
que me enseño a leer.

Al Rdo. César Alonso mi preceptor,
que me enseño a decir.


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“TODA POSÍA - dijo un poeta entrañablemente nuestro- debe servir”. Quizá este postulado haya contribuido a desorientar alguna joven vocación. Porque no es fácil siempre discernir entre servicio y servidumbre, y toda servidumbre desmerece la poesía cuanto al mismo poeta.
Sin embargo, servir es el signo de la auténtica poesía. No es poesía aquella que esencialmente no sirve. Pero para servir a los hombres, la poesía ha de empezar sirviendo al poeta. Este no libera las almas de los demás sino en la medida en que alcanza a liberar la propia.
No siempre pues poesía de combate, pero siempre poesía de clamor. Poesía en que el poeta levante al hombre soterrado y sin voz hasta el brocal del grito. Hacia este norte de esencia y finalidad se encamina la poesía paraguaya de hoy. El presente poemario inaugura una ruta personal hacia ese vértice de signo y designio.
Una lírica no es inevitablemente una filosofía; pero es imprescindiblemente una fe. Y por tanto un mensaje. El de Ramiro Domínguez asciende desde lo profundo del ser descuajado de su ámbito. El poeta se inicia dando voz a la angustia indiferenciada que nos envuelve y anega como marea espesa y silenciosa. Ensaya acento solidario a la medida de esos hombres sin canto. Pero pronto vivencias milenarias compartidas irrumpen con su carga urgente desde el subsuelo del ser, y brotan los poemas del exilio, que es como decir los poemas del regreso.
Este regreso, auténtico en su gravitación, no es sólo el literal de un hombre a su centro nativo: Es también el de todo un pueblo al ámbito de su configuración en el tiempo y en el espíritu. Y hasta el de la humanidad hacia una conciliación con olvidados ritmos telúricos (Tal vez si hubiese que definir la poesía de hoy diríamos que es poesía de destierro. El hombre de la hora es un expulsado, un ser en éxodo, para el cual el planeta mismo se hace poco a poco materia desmesurada de extrañamiento)
Un lenguaje agrio, sorpresivo, plástico, construyendo un clima bronco en que no falta la ráfaga breve de una ancestral ternura; lenguaje con color y violencia de paisaje recién descubierto, pero organizado con patente sabiduría de laberinto, da cauce en ecos versiculares a este mensaje situado en el filo del tiempo,
JOSEFINA PLÁ
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ÍNDICE
INTRODUCCIÓN
POESÍA :
*. ZUMOS : La rendición del labriego / Llanto por el labriego rendido / Setiembre es pronto / El niño de las alojeras
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*. Enlace: CAÑA AMARGA / EL CREDO PARA EL OFICIO DE TINIEBLAS. Fuente: Fuente: El trino soterrado. Paraguay : aproximación al itinerario de su poesía social. Tomo I - Autor: LUIS MARÍA MARTÍNEZ - Edición digital: Alicante : Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2002 N. sobre edición original: Edición digital basada en la de Asunción (Paraguay), Ediciones Intento, [1985].
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*. POEMAS DEL EXILIO
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POESÍAS
LA RENDICIÓN DEL LABRIEGO

Es urgente que llegue el fracaso
para estallar en luz el cauce de mis venas.
Ya el abismo ha dicho al abismo: Sea.
Subieron las aguas y se abrió la compuerta.

Ven y mira, si puedes,
la pradera anegada y la siembra perdida.
Hasta allá y hasta allá
donde alcanzas a ver y más, fue un día
germinal esperanza estremecida
-cuenca de mi sudor y mis alegrías-.

He removido los surcos con mis manos enormes:
ya no queda ni rastro.
Hasta allá y hasta allá
donde alcanzas a ver, derramaron mis manos
el grano de mi develo y mis fatigas

-Hermano. Ya no puedo
mirar lo que fue gloria de tu ánimo,
mar de tus dilatadas aventuras,
el afán de tus amaneceres,
tu amiga vesperal.
La cuna
que meció tu esperanza almenada de espigas.

Ven y déjalo.
De mis trojes repletas
tendrás el grano para la nueva siembra.
Mi pan será tu pan, y será mía tu pena.
-Ya no.
Vuelve, y déjame aquí.

El suelo aguarda el grano que está dentro de mí.
Se irán las aguas, y bajaré a dormir
en medio de los surcos.

Me acostaré y me estiraré.

Hasta allá y hasta allá
donde alcanzas a ver, y más, se esparcirán
las semillas de sangre que me punzan las venas.

Y cuando el sol madure las espigas
vendrás a recoger con los vecinos
mi cosecha más crecida.
Y te harás un pan con lo que sobre de la trilla
para las noches largas de tus desiertos días.

LLANTO POR EL LABRIEGO RENDIDO
Que no se diga, si ha muerto, que se mató de miedo.
-Yo le vi, y le conozco:
tenía, acaso, demasiada fuerza para seguir viviendo.

Golpeaba el suelo al caminar
como corcel piafante.

Sobre el fornido cuello, la nerviosa cabeza
parecía un enjambre.

Por el pecho y los hombros
le bajaba un torrente de músculos y sangre.

Pero traía en las manos
una avidez de espigas que lo dejó delirante.

-Porque no supo esperar
hasta la nueva cosecha del año entrante-.

No se mató de miedo:
tenía, acaso, demasiada fuerza para seguir viviendo.

Sólo que se le anegó su suelo.
Y no creía en la virtud
de los granos nuevos.

Por eso se vino una tarde
con una sarta de flores en el sombrero
y se preparó una guirnalda
de viejo viñatero
para tenderse en el campo hasta mojarle el sereno.

Y no se diga, si ha muerto, que se mató de miedo:
Yo le cerré los ojos,
y parecía esperar al lucero del alba
para empezar de nuevo.


SETIEMBRE ES PRONTO
Nunca setiembre para mí.
Yo soy de Tauro, y en abril
el aire huele mejor.
Aquí donde la tierra nos entrega al sol
como la yesca
y la sangre se amelaza de sudar
hasta ponerse negra,
el bochorno nos aprieta y hace crujir
en su viejo trapiche de madera.
Y el viento norte siempre igual
en verano y primavera.

Luego la sed, reptando en los maizales
alborota la siesta,
hasta que el rocío de la noche se haga pronto pavesas.

El sueño -qué queda para el sueño-
no más que un lerdo desmoronarse con los
ojos abiertos
y el sabor acre a yerba mordiendo la
garganta.

Pronto despierta el mosto sus alcahueterías
y sube a la cabeza, como una quemazón de
mediodía.
La voz se enreda en canto. El canto enhebra
un sueño y en el sueño, la sangre se encandila:

-Pero, quítenme de enfrente esa presencia de salivas
ése que me está mirando con ojos de policía.
Que yo no sé cómo ni dónde me conoció
para embadurnarme su sonrisa.

Y que yo sé que no me pide nada
más que este acero que se me encabrita
para arrancarle una constelación por los ijares.

-No quería, madre,
morirme tan temprano, sin que repicasen.
Pero ya viste que no tiene cuenta
trepar hasta los sobrados de la tarde.
Porque no supe que el mosto
se lo bebe en abril, cuando refresca el aire
ni que setiembre sabe a limón para los sementales.
Y que puntea de cruces los caminos
todos los sábados de tarde.

EL NIÑO DE LAS ALOJERAS
Ya no vale la pena.
Díganles que no vuelvan.
Que esta noche me desocupen la iglesia
y que me dejen sólo la ventana entreabierta.

Ya no quiero hacer todos los años
con el maíz y la naranja
para que me preparen el patíbulo
también todas las Pascuas.

-En Villa Rica el Niño Cristaldo
y el Niño de Praga.
Frente por frente,
el Crucificado de Semana Santa.

La mayordoma quiere un pesebre
con pacurí y granadas.

-La caña de Castilla
para el Calvario:
el pesebre sólo ha de ser de ramas.

No hay flor de coco. Traigan un ramo
de resedá.
Si faltan velas,
del Crucificado me las darán.

Y avisen al venir la banda
que el Niño está acá.

No sea que la de enfrenta
saque su Santo en Navidad.

Noche de alojas y de campanas,
qué campanero repicará.
Al Niño Cristaldo
me lo han puesto desnudo sobre el altar.

-Si he de nacer en Villa Rica,
que me dispongan un pañal.

Noche sin noche.
Luna como de día
-el melón y la sandía-

No tenemos nieve ni tenemos pinos
pero, si tienes calor,
te dejaron mosto en el cantarillo.

-Y no me vengan esta noche
con caña de Castilla:
para el Calvario, queda tiempo todavía.

-Que abran todas las puertas,
y díganles que vuelvan.
Hoy naceré en la plaza
con el maíz y la naranja.

Para morir en Villa Rica
volveré a ser Niño Cristaldo
y después, Niño de Praga.
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Enlace a

COMENTARIO DEL POEMARIO ZUMOS (1962)

Por MARIO CASARTELLI
Hay poetas que logran percatarse de cuándo acaba una etapa y comienza otra en su crecimiento poético. Ramiro Domínguez es un ejemplo: cada fase de su obra es una renovada tentativa de expresión; cada libro, irrepetible. Esto lo demuestra a partir de este volumen. Aunque, también mantendrá ciertas características definitorias de su acento.
En los seis poemas de la primera sección del libro, el poeta entronca su voz con la voz de los desheredados hombres del campo. Ya el título es sugestivo: LA RENDICIÓN DEL LABRIEGO. Las manos rústicas y enormes en vano se esfuerzan ante la tierra que niega sus frutos. Y la queja del labriego es sobrecogedora: Ven y mira, si puedes,/ la pradera anegada y la siembra perdida.
Pero en el aspecto formal del texto hay dejos clasicistas que conspiran contra la consistencia del poema. En esta pieza, escrita en castellano, aún no se percibe la reflexión de Ramiro en torno al bilingüismo. Intuyo que si las mismas palabras del campesino se trasladasen al guaraní el poema adquiriría un sabor a fruto originario. Sugiero al lector intentar la prueba.
Algo similar ocurre con el siguiente poema, LLANTO POR EL LABRIEGO RENDIDO, en donde hay ecos que hacen pensar en las modulaciones vanguardistas de, pongamos por caso, Hérib Campos Cervera. En los textos restantes, irrumpe, por fin, la voz ya definida con que el poeta nos llevará a través de una poesía rotundamente suya.
La sucesión de imágenes del poema CAÑA AMARGA sintetiza esa sobrecogedora atmósfera que envuelve a un pueblo en total desamparo, con colgajos de poncho podrido por salamancas de barro. Allí donde la lluvia no es para el cañero sino cruz de vidrio sobre el pértigo de su desesperanza, una delicada ternura atenúa la tristeza de esos carros que pasan, llevando a gentes que no tienen luz, y andan; que no tienen fuego, y cantan. Hombres que siguen andando y desandando por un valle en tinieblas, alentando en la desnuda y mínima tierra una plegaria todavía de esperanza.
En la segunda sección, que se titula POEMAS DEL EXILIO, los trece cantos que la componen se abren y se cierran como en círculos concéntricos. Son el regreso del hombre, exiliado en su propia tierra, "hacia una conciliación con olvidados ritmos telúricos" -al decir de Josefina Plá, en su prólogo a la primera edición del libro-. La Tierra, osario abierto./ Nido de los viejos y pobres deseos.
Variadas métricas puntean entre ley y libertad, desenvolviendo una lírica de densos NEOLOGISMOS: Aquí está tu Babel MULTILOCUENTE/ la epifanía del sexo/ la incontable teoría de hortelanos del opio/ los embalsamadores de la risa/ los FILANTROPÓFAGOS/ los HETEROJUSTOS y los ORTORRÉPROBOS.
Invectiva y controversia dramática. Rasgos comunes de este espacio del libro, donde el poeta agradece la opulencia natural de la Tierra denominándola, como todos, Madre Naturaleza. Mas, sabedor también de su avaricia enfermiza, de su negación a brindar zumos, la llama al mismo tiempo -aunque le pese- almácigo de larvas ciegas/ germinando semillas de muerte.
Son inflexiones roncas, dolorosas, pero no pesimistas. Esa conciencia trágica de la vida no es propia del hombre del campo. Si no cae maná del cielo es porque emerge del suelo. Surge como premio a la labranza del riego, no del ruego.
Pero el poeta, inmerso en ese drama, con su impaciente avidez de hallar un bálsamo, alza la vista esperando descubrir en la llegada de la lluvia el símbolo de un heraldo divino. Así, con giros versiculares que evidencian tonos bíblicos, el poeta prefigura, en cierto modo, su siguiente libro: SALMOS A DESHORA.

Fuente: POESÍA COMPLETA. Poesías de RAMIRO DOMÍNGUEZ. Edición, estudio introductorio, y notas de MARIO CASARTELLI. Editorial El Lector, www.ellector.com.py . Colección Poesía Nº 11, Asunción – Paraguay. Abril 1996 (234 páginas).
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viernes, 27 de agosto de 2010

RAMIRO DOMÍNGUEZ - POESÍA COMPLETA - Edición, estudio introductorio, y notas de MARIO CASARTELLI. / Editorial El Lector, 1996.


POESÍA COMPLETA
Poesías de
RAMIRO DOMÍNGUEZ
(Enlace de datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
Edición, estudio introductorio,
y notas de MARIO CASARTELLI.
Editorial El Lector,
www.ellector.com.py
Colección Poesía Nº 11,
Tapa: LUIS ALBERTO BOH.
Asunción – Paraguay
Abril 1996 (234 páginas)

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ÍNTRODUCCIÓN
CONSIDERACIONES PREVIAS


LA CRÍTICA
En literatura, como en las demás expresiones artísticas, la crítica ofrece un amplio espectro de caminos para acercarse a una obra. Para ello, hay métodos y métodos: los que rechazan la biografía y los que se abrazan a ella; los que presentan y constatan sin emitir juicio de valor alguno, y los que practican a priori tales juicios. Pero toda fórmula es válida. Porque ninguna invalida a otra. Afinidades o rechazos se entrecruzan. Se ponen de acuerdo o no. Y, tarde o temprano, se complementan. Lo importante -lo único que importa- es llegar a esa obra literaria.
Por mi parte, antes que la biografía de un escritor prefiero su obra. Y parto de ella para después remitirme o no al autor. No desdeño datos biográficos. Es más, los creo necesarios, pero no imprescindibles. ¿Qué sabemos realmente de Homero, de Shakespeare y de Li-Tai-Pó? Sombras: sus historias personales se perdieron para siempre. Sin embargo, seguimos disfrutando de sus creaciones.
La lectura de LA ENEIDA, por ejemplo, puede (o no) deslumbrar al lector. Y tal deslumbramiento generar curiosidad hacia quien la escribió, es decir, hacia la vida de Publio Virgilio Marón. Sin embargo, con su biografía o sin ella, persiste el asombro: sobrevive la obra.
La crítica que abunda en nuestro medio -con previsibles excepciones- todavía procede a la inversa: saber primeramente quién es el autor para elogiar su obra o denostarla. O a lo Pilatos: hablar sin decir nada. Entre estas, no falta la crítica predispuesta a halagar disimulando (o ignorando) yerros. Aunque hay casos relativamente justificables: Mario Benedetti aplaudió una obra de Augusto Roa Bastos mencionando haber hallado en ella, entre tantas virtudes, algunos defectos; pero tan ínfimos decía- que se le caían y no quería agacharse a recogerlos. Otros proceden a la inversa: niegan logros y cualquier desliz es pasto para sus mordiscos. Traigo al punto una frase de Eugenio Montale: "Justo, pero demasiado fácil. Deplorar un hecho no es explicarlo". Igualmente adujo Borges que alabar o burlarse de ciertas operaciones es fácil, y por eso prefería "procurar entenderlas".
La crítica que se excusa en tales o cuales obras para destilar intereses muy -demasiado- personales es consecuencia de aquello que señalaba Odiseo Elytis: "...es más severo el esfuerzo exigido para llegar a configurar dentro de uno mismo al ángel, que el demandado por dejar en libertad a toda suerte de demonios".
Persisten las críticas ociosas, aquellas que bracean apenas la superficie de los textos o se quedan en la orilla. Entre ellas están también las entrenadas nadadoras, que recorren de extremo a extremo sus piruetas, pero, sin haber buceado a fondo, regresan al punto de partida con las escasas perlas o chácharas que el trayecto les permite recoger.
No olvidemos la crítica pendular: Lo que sus postulantes ven virtud en uno, defecto ven en otro y viceversa. Lo que ven plasticidad verbal en uno, en otros ven sólo juegos de retórica; lo que califican de sonoras musicalidades en uno, en otro juzgan mero virtuosismo. Y así olvidan que tanto el elogio como el vituperio infundados son una falta de respeto hacia la obra, hacia el autor, hacia el lector y, en consecuencia, hacia sí mismos. Pero hay obras que siguen de pie, con crítica o sin ella, y otras que se apagan, también sin crítica o con ella.

ACLARACIÓN
Tildar de completa a una obra poética en marcha es un contrasentido. Porque muy pronto puede resultar incompleta si el poeta aún está vivo y en condiciones de ofrecer más frutos. Pero, habida cuenta de lo ya publicado por Ramiro Domínguez, cuyas coordenadas de comunicación se direccionan en una suerte de sagas históricas, y en donde cada poema eslabona una cadena continua, existe ya una trama definida que es prácticamente imposible parcelar sin mutilar.
Los poemas, como toda obra artística, no requieren más palabras que las que integran su propio universo. Y esta introducción sólo trata de tender un puente al lector, y conducirlo (si quiere) hasta ellos, para que, llegado a sus puertas, penetre y recorra sus ámbitos con algunos referentes brindados por alguien que los frecuentó durante años.

I
EXPLORACIÓN Y HALLAZGO
Cuando otros poetas de su generación definían sus ya maduras pulsaciones, Ramiro Domínguez -que también provenía de un intenso adiestramiento en la disciplina poética- se convirtió en el gran insatisfecho. Sentó a la Belleza en sus rodillas y no la encontró amarga, como la halló Rimbaud, sino vacía. A veces la vaciedad es signo de amargura. Mas la Belleza puede, aunque deshabitada, seguir siendo hermosa. Ya Góngora enseñó la validez de esta fórmula. Pero Ramiro buscaba otras fuentes: no el mero ornamento verbal, sino su fundamento carnal. ¿Conciencia de la realidad de la ilusión? ¿O ilusión de la realidad de la conciencia? Palabras. Pero palabras de la conciencia y viceversa. Conciencia ante el lenguaje de las palabras, es decir, conciencia ante los otros y uno mismo: comunicación.
La belleza poética pasa a ser responsabilidad del escritor y del lector. Y, a partir de ese momento, el poeta ya no aspira sino a la comunión. El poeta se descubre porque descubre el lenguaje de su comunidad. Y esa comunidad, tarde o temprano, se redescubre en su lenguaje. Y ante ese lenguaje, Ramiro Domínguez pregunta lo que todo poeta se pregunta alguna vez: ¿Qué se hizo?¿Qué se hace? ¿Qué falta por hacer?
Hay quienes, llegados a esta instancia, se manifiestan conformes y persisten girando -como los anillos de Saturno- en torno a una esfera poética, sin cambiar de itinerario. Algunos amagan salirse de la órbita establecida y se quedan en el mero gesto. Otros, sin embargo, se desprenden con audacia de ese circuito y parten en busca de otros derroteros. Son los exploradores, los descubridores de otra constelación.
Ramiro es de estos últimos. Con la salvedad de que, al pisar nuevos espacios, cada avance es el impulso de un por qué y un para qué. Y sus hallazgos y la aplicación de los mismos los va integrando gradual mente a su ser. Él parte de una posición cardinal: la palabra no debe ser producto de un azar sino de una necesidad. Y el significante de esa necesidad varía según cada poeta. Es un acto de fe, como todos los actos de la humanidad. Y la fe del hombre-poeta-Ramiro Domínguez se traduce en misión.
También tal misión es transmutable para cada poeta. Y la misión que Ramiro se impone es la de rescatar los caracteres de su pueblo, con un tejido verbal vivo, en el que continente y contenido conforman un cuerpo indisoluble, y en donde el presente es punto de encuentro con el pasado y el porvenir.

II
CONCIENCIA HISTÓRICA

Cierta vez, a Robert Graves le preguntaron si su poesía pertenecía al modernismo o no. Y él contestó: Escribo como un poeta, no como un período. En este sentido, la poesía de Ramiro Domínguez no persigue ningún ismo . En sus ejercicios juveniles hay rastros de una y otra escuela. Pero eran, ya lo dije, ejercicios.
Los períodos le interesan como vías de acceso a sus antecesores, a sus contemporáneos y a sus sucesores. Le basta y no le basta el presente porque asume su carácter fluyente: olas que él fue, olas que él será y, en medio de todo, las olas que él es.
No el aislado tiempo cíclico que postuló la Antigüedad en idea del eterno retorno, no el indesviable tiempo sucesivo devocionado por los judeo-cristianos, como tampoco el exclusivo mañana promocionado por los propagandistas de la modernidad, sino todos los tiempos a la vez, es decir el ahora, nutrido de un antes y nutriendo un después: conciencia histórica. Entiendo / que así está bien, volcándonos despacio / hacia anteayer. / Para que vengan los muchachos / a contarnos lo que se pudo hacer.
La mirada bifronte de Ramiro Domínguez no copia el espacio de su tiempo como un aislado paisajista, sino lo interpreta de acuerdo con esta visión -intuición- poética: se sabe parte de una totalidad circundante. Consecuencia de efectos y de causas: espejo y reflejo. Él es él en virtud de los otros. Un yo afirmado en otredades. Y los otros son todos y cada uno de sus contemporáneos: el alto y el bajo; el culto y el inculto; el niño y el anciano. Existe la urbe, pero también el campo; existe el centro, pero también el barrio; existen los mitos universales, pero también el folklore. Y todo se corresponde. De allí su recurrencia a referentes literarios o culturales, que son también experiencias ganadas por él, igual que otras vivencias propias de su condición humana.
Un tiempo y un espacio definen una realidad. Pero la realidad es cambiante porque la sociedad se transforma. Ocurre en forma brusca o gradual. Y el poeta, receptor de tales hechos, atiende los vaivenes de su entorno. Ramiro observa. Y el panorama ante sus ojos es el de una sociedad que no reflexiona sobre las palabras que ella misma utiliza. El hablar, el lenguaje de los hombres es distinto -demasiado- al de la escritura. Y esa literatura, entonces, no es puente sino abismo. Y él quiere hallar un nexo.

III
MATERIA PRIMA
LO POPULAR

Ramiro Domínguez -como ya lo intentaron otros escritores - procura mediar entre un lenguaje y otro. Si para aquellos poetas la tarea no fue fácil, para Ramiro es doblemente ardua: una comunidad bilingüe que oscila entre dos lenguas provenientes de culturas harto disímiles; por una parte, un castellano desarrollado literariamente a través de siglos y, por otra parte, un guaraní ágrafo, transmitido de generación en generación por exclusiva vía oral (Existen obras escritas en guaraní, pero no de larga data. Y la transmisión de su expresividad aun hoy es eminentemente oral.)
Sobre su apertura poética hacia ese fenómeno lingüístico dual, el propio poeta me entrega una clave: su ejemplo crucial fue el andaluz García Lorca. Recuerda el impacto que le produjo la lectura de esos versos zigzagueantes entre lo popular y lo culto. Y aunque el mismo efecto se produjo en Oscar Ferreiro, poeta de la promoción del 40, lo de Ramiro va por otras vías. Ferreiro traza su libro, El Gallo de la Alquería, al modo de los compuestos populares paraguayos, y sus romances octosilábicos llevan el sello indiscutiblemente lorquiano. En cambio, en Ramiro Domínguez, tal marca es irreconocible. Así como el Whitman de Neruda no es el Whitman de Borges, el Lorca de Ferreiro no es el Lorca de Ramiro.
Acaso en sus obras LAS CUATRO FASES DEL LUISÓN (1966) y LOS CASOS DE PERURIMÁ (1968) pudieran ser rastreables señales remotas del poeta español. Pero en estos libros resalta un humorismo ajeno a Lorca. Y la aparente similitud -si es que existe- tal vez reside sólo en el discurso narrativo y en la versificación que el andaluz esbozó, basado en el romancero antiguo castellano. Sin embargo, hay quienes niegan en Lorca tanto acierto en dicha experiencia (1). Pero lo que importa aquí es la creencia en tal procedimiento y su consecuencia en la poesía de Ramiro Domínguez. No obstante, creo que con Lorca o sin Lorca, Ramiro hubiese llegado a lo mismo: No me buscarías si no me hubieses encontrado, recordó alguna vez Cernuda, citando a Pascal.
Ramiro escribió un homenaje a Federico García Lorca, titulado FANTASÍA CORAL (1966), que -como su nombre lo indica- propone una lectura coral. Allí es evidente el acento lorquiano, pero la exigencia del tema no da cabida a otra interpretación.
Lo concreto es que Ramiro Domínguez, que también tiene un pequeño poemario escrito totalmente en guaraní, MBÓI JAGUA (1973), y es, por tanto, conocedor de las irradiaciones de nuestro bilingüismo, medita sobre las operaciones de ese cruce de lenguas. La suma de ellas -que no es la presencia simultánea de ambos léxicos que denominamos jopara, con el cual Emiliano R. Fernández legó versos memorables- arroja un resultado complejísimo: el castellano popular paraguayo, materia prima de nuestro poeta (2). Y, a despecho de quienes aventuran que el influjo del guaraní es pernicioso para el castellano que hablamos, Ramiro demuestra lo contrario: lo enriquece (3).
(1). Luis Cernuda sostiene que "El Romancero Gitano desarrolla la tendencia dramática de Lorca, pero ahora lo dramático se combina con lo narrativo. Sin embargo, la acción dramática que es tema de esos romances no está narrada enteramente, acaso porque Lorca huyó de caer en la poesía narrativa, que entre nosotros, a diferencia de lo que ocurre en la poesía de lengua inglesa, no goza de crédito alguno". Luis Cernuda-Prosa completa, pág. 447. BARRAL EDITORES S.A. Barcelona, 1975.
(2). Salvando las distancias, existe cierto paralelismo entre lo acontecido con nuestra lengua y la de los poetas neogriegos como Seferis, Elytis, Ritsos. La Grecia Neohelénica es muy distinta a la Antigua. Desde el medioevo soportó continuas invasiones y ocupaciones extranjeras que produjeron un marasmo intrincado de lenguas y dialectos. De la suma de estos, y de la lucha sostenida por ciertos escritores a partir de la Independencia del estado griego, en 1821, emergió la lengua demótica o popular que rescata el hablar contemporáneo de ese pueblo y es aplicado por los poetas mencionados.
(3). "La escritura de nuestros mejores escritores parece una transgresión del castellano. Tal vez lo sea, pero en esta transgresión el lenguaje se realiza, se consuma: En este sentido, los hispanoamericanos hemos cambiado el castellano y, al cambiarlo, le hemos sido fieles. La peor infidelidad es el casticismo". Octavio Paz.In/mediaciones. Pág. 45. EDITORIAL SEIX BARRAL S.A.. 1979.

LO CULTO
Hablé de cultura literaria. Y si el término cultura, que procede de la palabra cultivar, es -aparte de su connotación agrícola y bacteriológica- el fruto de cultivar los conocimientos humanos y de afinarse por medio del ejercicio las facultades intelectuales del hombre, como propone el Diccionario de la Lengua Española, entonces, convengamos en que Ramiro es un poeta culto. Pero ser culto designa también el cultivo del conocimiento de lo popular. Y esto presupone, a la vez, un grado superior de cultura regional o urbana: un nivel de vulgaridad más depurado, según dicen que dijo Juan Ramón Jiménez (Jahue Gil de Biedma. El pie de la letra. Pág. 319. EDITORIAL CRÍTICA. Barcelona, 1980). Y, como Ramiro cultiva ambos tópicos, su esfuerzo es, insisto, mayor. Porque, al conjugar su cultura literaria con su conocimiento -reconocimiento- de su cultura regional, se formula la clase de poesía que le corresponde hacer y los problemas formales que ella plantearía.
El uso genuino de conocimientos adquiridos y el justificado empleo de los mismos indican la continuidad y el cambio de una tradición. Esa tradición se deposita en nosotros, se sedimenta, y de ella surgen frutos nutricios que nos hacen crecer. Porque ese conocimiento cultural también es parte integral de la vida, y en vez de limitarnos nos amplía el horizonte: vida y lecturas se funden y fundan un solo ser.
Las referencias históricas y los mitos tienen, entre otras finalidades, la de sintetizar ideas y prescindir de circunloquios. Ramiro los utiliza y menciona, por ejemplo, a Don Jeováh, Caín, Abel, San Francisco de Asís y otros. Y los confronta con nuestro presente para develar hechos similares o distintos al de aquellos hombres y mujeres que por una u otra razón se han convertido en símbolos o arquetipos de la humanidad. Tales personajes distantes se transforman en imágenes para una metáfora que proyecta plena actualidad:
...Don Jeováh/ sigue dichoso en su jardín/ con los muchachos.// En sus enormes latifundios/ hizo lugar para la prole/ de Caín.// Había empeñado sus arreos/ y bombillas de plata/ por conseguir a su gente/ arados y rastras.// Los hijos de Abel,/ han promulgado una ley/ agraria. // San Francisco de Asís// -el pastor de canarios- /organiza una cooperativa /de productores de granja.
Es evidente que los enormes latifundios, las bombillas de plata, el arado y las rastras provienen de una comunidad agraria, y que la cooperativa de granjas es una mueca de sonrisa de Ramiro ante un esquema social vigente en nuestro medio. Los personajes, aunque antiguos, sintetizan rasgos psicológicos de hombres que podríamos llegar a ser nosotros. Es uno de los tantos poemas que Ramiro resuelve a través de la ironía.

IV
LA IRONÍA
CRÍTICA, HUMOR Y PIEDAD
Su ironía es un cuchillo que corta la unión de dos realidades aparentemente inseparables. Tal escisión suscita la duda y desnuda el tema examinado. Penélope no es la esposa que castamente espera durante diez años el retorno del marido al tálamo conyugal. Tampoco el telar es pretexto para evitar el acoso de tantos pretendientes. En verdad, se pone de acuerdo con cada uno de sus furtivos amantes para que en cada encuentro secreto ellos volvieran a destejer lo ya tejido, de modo a poder prolongar el placer de la espera. Análogo es el caso de Ulises. Este vuelve a "su" Penélope. Y en el encuentro sólo piensa en sus amoríos pasados con Circe, Calipso y Nausícaa. Penélope confunde el rostro de "su" Ulises con los de sus amantes. Y ambos se toman de la mano y se invitan, resignados, al lecho, para soñar que no ha pasado el tiempo. Aquí Ramiro no juzga, presenta con desenfado los hechos: desmitifica mitos. O, en términos cristianos, desacraliza. Y aquí arribamos a un paréntesis que, a mi juicio, es zona de tensión en la poética de Ramiro Domínguez: Lo cristiano y lo pagano.
Su formación cristiana (colegio y preceptor religiosos) marca improntas en su espíritu. Pero sus apetencias intelectuales le conducen también a lo pagano (Literatura grecolatina, filosofía). Y como la realidad le presenta situaciones que oscilan entre el dogma y la razón, se produce el conflicto entre ambos. El poeta recoge de esas dos instancias la única verdad indiscutible que poseen: la verdad poética. Y no deja todo en manos de la fe ni tampoco en el albedrío de la razón. Opta por ese puente imaginario que se llama ironía. Así, sus palabras no corresponden a las de un creyente ni a las de un ateo, sino a las de un hombre aún capaz de integrar diversas pautas culturales en su ser (1). Y de ese encuentro de cultos emerge su posición humanista. En este aspecto, hay cierto paralelismo con el poeta alejandrino Constantino Cavafis, quien no se desprendió jamás de culturas que aparentan ser antagónicas, y realizó especulaciones análogas en relación al pasado y el presente. Pero con la clara diferencia de que la ironía trágico-burlesca de Cavafis se remonta al pasado para buscar reflejos de su presente y Ramiro trae ese pasado y lo instala aquí para desgranarlo en función a su ironía crítico-piadosa. La tragedia suele aparecer, pero cargada de piedad hacia quienes la sufren.
(1). En su libro Notas para una definición de la cultura, T.S Eliot escribe lo siguiente: "El pensamiento y la práctica de la religión, la filosofía y el arte, todos tienden a convertirse en zonas aisladas cultivadas por grupos sin comunicación alguna entre sí. La sensibilidad artística se ve empobrecida por su divorcio de la sensibilidad religiosa; la religiosa, por su separación de la artística; y el vestigio de las numeras queda a unos pocos sobrevivientes de una clase que se extingue, la cual, con una sensibilidad no preparada ni por la religión ni por el arte, y con cerebros faltos de material para la conversación ingeniosa, no tendrá contexto en su vida para dar valor a su comportamiento. La desintegración en los niveles superiores es un problema, no sólo para el grupo que está visiblemente afectado, sino para todos en general”. Pág. 36. EMECÉ EDITORES, Bs. As. Argentina, 1982.


ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA
La mirada del poeta encuentra un pueblo hambriento y lacerado. Y, ante la indiferencia gravitante, inclina su plegaria hacia la tierra: .. tierra desnuda y mínima,/ aún espero de ti. En otro libro el poeta eleva su reclamo al cielo: Abre tu cielo profundo/ y alto, como nuestra voz.// Baja tu cielo fecundo/ sobre el mar de nuestra confusión. Aturdimiento y confusión es lo que queda cuando sobran preguntas y faltan respuestas. Entonces, deja de mirar el azul lejano y baja la vista hacia su alrededor. El hombre se devuelve al hombre. Y la ciega certidumbre de la fe es consumida por la llama de la incertidumbre. Pero esa incertidumbre crece y se convierte en esperanza de una oportunidad más fraterna entre los hombres. Y a ellos se dirige: Déjame que desate la teoría/ de tus innumerables nombres; /a ver si juntos desciframos/ la cábala de tus temo-res. Ese acto solidario, de reconciliación consigo mismo y con sus semejantes, es la promesa de una voz más limpia,/ que nos llame a dejar este camino viejo/ hasta encontrar la brújula/ que traíamos adentro. Y esa brújula desvía el rumbo y se aleja de aquella instancia que sólo impone aceptar el destino irreversible del creyente o la resignada entrega al nihilismo ateo.
Son tres recorridos, pero a la inversa del andar medieval de Dante Alighieri, que desciende al Infierno para pasar al Purgatorio y de allí subir al Paraíso, Ramiro escarba el suelo, indaga al cielo y, finalmente, posa su mirada en esa corporal medianía entre lo celeste y lo terrestre: el hombre. Aquí en el hombre como en el cielo y aquí en el hombre como en el suelo, pareciera rezar. No halló respuesta en el suelo, no halló respuesta en el cielo, y regresó a su raíz: su pueblo. Dos libros suyos, ZUMOS y SALMOS A DESHORA, acompañan la travesía de esa brújula poética que por fin recala en un puerto más concreto: DITIRAMBOS PARA FLAUTA Y CORO, volumen que sella a plenitud su ironía. A partir de allí, el poeta bucea en la etopeya colectiva de su pueblo. Y emerge con su libro LAS CUATRO FASES DEL LUISÓN.
Su ironía es crítica sutil. Pues carece del veneno de la burla. Hay, sí, cuestionamiento. Pero no juzga. Incluso, se apiada de esos seres a quienes desnuda en sus propias contradicciones. Los muestra tal cual son. Y para esa demostración recurre a otra vertiente: el humor. Este humor se establece en su libro posterior: LOS CASOS DE PERURIMÁ. Por eso, más allá de toda fe cristiana o pagana, el concepto que define a Ramiro se resume en una sola palabra: humanista.

V
TRANSPOSICIÓN DE TIEMPOS: TRASLACIÓN

Hijos de Oriente y Occidente, arrastramos sus vestigios. Los grandes mitos antiguos sobreviven porque siguen latiendo en nosotros. Nuestros pasos son un palimpsesto: pasos ya dados por otros. Los tiempos se cruzan, y las cronologías se superponen. ¿Cómo trazar estas escenas? Ramiro se eleva por encima de los sucesos, para observar con mayor objetividad los hechos. Pero realiza tal elevación solamente después de haber participado -convivido- con los seres de esa tierra contemplada (1). Rompe el carácter lineal de su relatorio poético. Y nos trae a Saúl y a David, por ejemplo, a estos rumbos. De un conflicto entre ambos, David huye, monte arriba, al Brasil. Y se echa a contrabandista de caña y petit-grain. Eva oye a Adán nombrar a las cosas: yerbabuena, zarza-parrilla, corochiré, piririta y, al final, su soberbio pii-pu rotundo que reverbera en todo el valle.
Los espacios temporales del antes, el ahora y el después se yuxtaponen simultáneamente. El segundo decenio del siglo XX fue pródigo en este recurso de comparación constante entre lo contemporáneo y lo pasado. Ejemplos hallamos en T.S. Eliot, con su famosa Tierra Baldía; en Allen Tate, con su Eneas en Washington; en Ezra Pound, con sus Cantares, entre otros. No constituye, por supuesto, novedad alguna. Pero es uno de los rasgos distintivos de la obra de Ramiro Domínguez. Además, lo que importa es la eficacia alcanzada con ello. Y su originalidad reside en la autenticidad con que indaga, extrae e inserta lo originario.

(1). Al respecto, es significativo su tratado de la Sociología paraguaya, El Valle y la loma, en donde, igual que en su poesía, está presente la analogía con respecto al pasado. Del cuadro antropométrico de un agricultor procesado, en 1958, por homicidio, en Acahay, Ramiro deduce lo siguiente: "Es fácil percatarse de la marcada proyección edípica del caso, con la peculiaridad del desplazamiento del complejo en la figura del "suegro", viejo tema de mitología desde el cuadro bíblico de Jacob en casa de Labán, Teseo, Ariadna y el Minotauro (de similitud asombrosa con el caso), hasta las mocedades de Rodrigo y múltiples figuras en la literatura romántica. Su condición personal de analfabeto y paranoide contribuyó a hacerlo más permeable al mito del "luisón", por donde halló coyuntura para liberar su erotismo reprimido (típico motivo freudiano) trocando su situación de villano por la del héroe. Pág. 65. De otro caso similar extraigo un párrafo: "...ilustra situaciones extremas a las que puede llegar el "Edipo" en un grupo "valle", produciéndose en este caso una reversión del paradigma clínico propuesto por Freud en el par Electra-Agamenón, como réplica femenina de Edipo-Yocasta". Pág. 67. Ediciones EL LECTOR.


VI
RITMO SINCOPADO, MELODÍAS ABRUPTAS

Hay oídos sensibles a determinados ecos y esquemas rítmicos, pero irreceptivos a otros que no se ajustan a sus acostumbrados temples auditivos. Estos sólo conciben como buena música la continua fluidez melódica y la iterativa sucesión de un ritmo. Y no captan fácilmente las síncopas que ofician de alteración o contrapunto. O si las captan no las sienten. Y no las sienten porque no las comprenden. Tales alteraciones son la constante en Ramiro Domínguez.

Las palabras son las múltiples cuerdas de ese instrumento que se llama lenguaje. Y el pulsador tensa esas cuerdas según sus impulsos. Y les arranca deliberados sonidos o notas que, en combinación simultánea, se convierten en acordes. Y éstos acordes, enlazados sucesivamente, conforman lo que entendemos por armonización. Ramiro hace suyas algunas posibilidades que ofrece el melos-logos, es decir la musicalidad a través de las palabras.
Si bien el término musical armonía se refiere a sonidos simultáneos de tonos diferentes, de imposible aplicación en la práctica poética, existen correlativos aproximables a ese principio. Garcilaso de la Vega es un ejemplo de ello con sus rimas asonantadas internas, semiocultas en mitad de cada verso (1). Estas actúan como una suerte de bajo o contrabajo que conducen al oído al tono directriz de cada acorde en una pieza musical.
Ezra Pound, en su libro El Arte de la Poesía esbozó, alguna vez, una teoría poético-musical, de la que muchos poetas se hicieron eco con más ruido que nueces. En cambio, en la poesía de Ramiro Domínguez-quien no sé si leyó o no esas propuestas de Pound- está dada a partir de una previa reflexión y práctica de ciertos principios similares.
No música lírica a la manera de la vanidad italiana, de la complacencia sonora y teatral, como lo dijo Rafael Barret (2), sino una basada en la más justa aprehensión melódica y rítmica del universo. Y su justificación son las estrofas que se distribuyen no dentro de un esquema tradicional meto-métrico, sino en síncopas abruptas. ¿Por qué adoptaría Ramiro tales asperidades? Porque el castellano que hablamos es abrupto. Y sus pausas, prolongaciones e interjecciones expresivas, están determinadas por la reverberación de la lengua guaraní (3). Esas rusticidades reflejan la atmósfera de un pueblo que sobrelleva sus propias características. No son las grandes metrópolis como San Pablo, París o Nueva York, sino una pequeña comunidad, un punto minúsculo en el planeta que las parcelaciones fronterizas denominan Paraguay y, más específicamente, Villarrica.
La rima -ya nos recordó Eliot- no es esencial, pero tampoco superflua (4). Y Ramiro se sirve de ellas porque su estética eufónica así lo exige. Él no las enlaza en intervalos convencionales, como tampoco las distribuye entre sílabas estrictamente medidas. Dependen, generalmente, de las largas o breves frases que encierran un concepto. Y mantienen un sonido específico hasta que el poeta las quiebra bruscamente para seguir con otras notas, retomando las primeras hacia el final. Estas asimetrías no guardan uniformidad silábica. Son combinaciones diversas que huyen de una sola marcación rítmica. Y esta variedad de esquemas formales no constituye alarde de destreza -como supersticionan algunos-, sino un encauzar en molde adecuado cada idea.
Veamos este poema segundo de DITIRAMBOS PARA FLAUTA Y CORO con su combinación asimétrica de asonantadas rimas llanas y agudas:
.
Sobre el paisaje intacto
Adán -hombre de arcilla-
yergue su mole piramidal
bajo la elíptica de los astros.

En su costado, hasta las ingles,
lleva una herida sin restañar, que su
mujer lava con aguas de benjuí. Y
lleva crenchas de rabino, sin rasurar.

Con solemnidad de levita,
recorre el jardín que le tocó cultivar,
dando su nombre a cada cosa
sin consentir en que Eva lo corrija.

Distingue así la yerbabuena
de la zarzaparrilla.

Al corochiré
de la piririta.

Cuando se harta de bautizar,
suelta un pii-pu rotundo que lo entona,
hasta sonrojar.

Y lleva a su mujer a dormir
porque quedan muchos nombres
que mañana quiere repasar.

(1).
Si desta tierra no he perdido el tino,
por aquí el corzo vino que ha traído,
después que fue herido, atrás el viento.
¿Qué recio movimiento en la corrida
lleva, de tal herida lastimado?
En el siniestro lado soterrada
la flecha enherbolada va mostrando,
las plumas blanqueando solas fuera.
(Garcilaso de la Vega. Égloga segunda)
(2). EL DOLOR PARAGUAYO. Artículo: De paso. Obras completas, tomo I. pág.50. RP EDICIONES e INSTITUTO DE COOPERACIÓN IBEROAMERICANA. Asunción-Paraguay. 1988.
(3). Luego de haber escrito esto, llega a mis manos un texto sobre Ramiro de León Cadogan, y constato una coincidencia entre su opinión y la mía: "A veces, la rudeza con que se expresa recuerda la de Dobrizhoffer cuando el jesuita alemán habla del mestizaje hispanoguaraní. Y así como Dobrizhoffer amaba a sus indios, Ramiro ama a su pueblo, porque le comprende, y le acepta, tal como es". EDICIONES DIÁLOGO. Cuadernos del Colibrí N° 12. Prólogo a LOS CASOS DE PERURIMÁ. Asunción, 1969.
(4). FUNCIÓN DE LA POESÍA Y FUNCIÓN DE LA CRÍTICA. Ensayo: Apología de la Condesa de Pembroke. Pág. 53. EDITORIAL SEIX BARRAL, Barcelona, 1968. Trad. Jaime Gil de Biedma.

VII
SENTIDO DE PROPORCIÓN, VISIÓN DE CONJUNTO
Con una sencillez paradojalmente compleja, basada en una disposición armónica de elementos simples, el poeta logra que cada poema dé la sensación de un detalle único. Sin embargo, un poema conduce a otro y este a otro en una suerte de engarces sucesivos.
No la parquedad, no la concisión, no el despojamiento ni el culto a la ornamentación. ¿Mesura o desmesura? Precisión. Pero una precisión no limitada a adjetivaciones o sintaxis de versos o frases lacónicas, sino a un despliegue más flexible y justo: precisión en virtud de la proporción. Vale decir, precisión concebida dentro de un todo. No se permite poemas que pudieran resaltar solamente por algunos versos irreprochablemente construidos o por pasajes aislados. Ramiro escoge la sinergia, lo comunitario, lo conjunto, como se procede en los arreglos orquestales. Varios instrumentos en función de algo único: la música, es decir, el arte.
La parquedad implica riesgos. La ampulosidad también. Y no es cuestión de limitarse a la una o la otra. Porque hay ideas poéticas que por exceso de reticencia no llegan a encarnar en palabras. Y estas se quedan vacilantes, en un querer decir algo que no alcanzan y se convierten apenas en el borrador de un poema: falta de arrojo.
También la ampulosidad se expone a lo mismo. Incurre en prescindibles digresiones, oculta con nubarrones de palabrerío a las palabras sustanciales y, entonces, todo se reduce a una simple pirueta: ciega osadía,

VIII
LA CUESTIÓN GENERACIONAL

En torno a la llamada generación poética del 50, entre los cuales se encuentran Ramiro Domínguez (1930), José-Luis Appleyard (1927), Ricardo Mazó (1927-1987), José María Gómez Sanjurjo (1930-1988) y otros, hay quienes cuestionan tal denominación. Algunos sostienen que debieran ser llamados de la promoción del 47. Y hay razones estimables. Ese año fundaron la Academia Universitaria, que congregaría también a jóvenes estudiantes de otros círculos, y de cuya confluencia emergerían relevantes personalidades de nuestra intelectualidad. Si bien es cierto que sus trabajos vieron la luz cuando terminaba la lucha civil de aquel año, la verdadera irrupción, es decir, el reconocimiento público, se dio recién a principios del 50, cuando, guiados por el maestrazgo del sacerdote argentino-español, César Alonso de las Heras, estos cuatro poetas publican el tomo colectivo POESÍA, en 1953. Por eso y por funcionalidad referencial, opto por agruparlos dentro del apelativo de los 50. Y tal procedimiento no pretende sino facilitar pautas exegéticamente útiles para la Historia de la Poesía del Paraguay.
Se sabe que los miembros del 40 tuvieron el mérito de alcanzar la poesía de "vanguardia" que por el mundo corría, saliéndose así de un conocido letargo. Los del 50, sucesores de aquellos, no desaprovecha ron las circunstancias que les fueron favorables. Y pronto alcanzaron notorio nivel; sobre todo en el esmerado manejo del idioma y de las formas (versos silábicos, rimas, sonetos, estrofas, pies quebrados, como también versos amétricos). ¿Y cuáles fueron aquellas circunstancias favorables? Un mismo tiempo, un mismo espacio, las mismas lecturas, las mismas lecciones y un mismo preceptor: un compartido orbe literario.
En aquel entonces, en los recintos del Colegio San José, el padre Alonso de las Heras daba a conocer a estos noveles escritores textos de poetas contemporáneos, como Federico García Lorca, Rafael Alberti, Luis Cernuda, sin olvidar a los antiguos, pero siempre vigentes, Homero, Virgilio, San Juan de la Cruz, Fray Luis de León, Garcilaso de la Vega y otros insoslayables de la literatura universal. Tales lecturas dejaban en aquellos espíritus semillas que después germinarían. Hasta hoy, ninguno como ellos, ni antes ni después, y específicamente Appleyard y Ramiro, sobre todo este último, leyó y aplicó con tanto provecho a los griegos y latinos antiguos, como así lo demuestran sus escritos. Al respecto, me referiré más adelante.
Hasta 1946, otros jóvenes poetas, Carlos Villagra Marsal (1932), y Rubén Bareiro Saguier (1930), Rodrigo Díaz-Pérez (1924) iniciaban también, en otros ámbitos, su crecimiento literario. En el 47, ya lo dijimos, estos se reúnen con los otros y conforman la Academia Universitaria.

CONVERGENCIAS Y DIVERGENCIAS
El círculo de los primeros cuatro poetas mencionados tuvo tangencias comunes, zonas de convergencia como también de previsibles divergencias. En el libro inicial mencionado, los primeras ejercicios son impecables y en ellos ya asomaban las cualidades que después distinguirían a sus escritos: justeza de tono, equilibrio y adiestrado conocimiento del arte poética. Virtuosismo raramente precoz en nuestra poesía actual. De alguna manera, ya estaban definidas las voces que cada uno de ellos mantendría, salvo Ramiro Domínguez, que acusaba menos rasgos personales -ecos evidentes de poetas modernistas-para después girar bruscamente hacia otros registros. No obstante, sigue asombrando la perfección formal de aquellas composiciones juveniles.
Ya madurados sus acentos, Mazó y Appleyard se acercan en ciertas combinaciones de la métrica tradicional (endecasílabos, eneasílabos, heptasílabos, pentasílabos y, en ocasiones, octosílabos), pero se apartan el uno del otro en temas. Sanjurjo y Ramiro Domínguez coinciden en desechar el escandido clásico; se tornan amétricos, versiculares y, si bien se reflejan en la utilización de rimas asonantadas, se distancian en tonos y registros (1). En este punto, sin embargo, Sanjurjo y Mazó se reencuentran. No así Appleyard y Ramiro, que apuestan por modulaciones distintas, en las que ambos portan acentos bíblicos y se tocan en la recurrencia a mitos universales. A ellos también acude Mazó, aunque con menos frecuencia. Pero mientras Appleyard asume su fe religiosa judeo-cristiana, la actitud de Ramiro oscila entre el cristianismo y el helenismo. Y en esto se asemejan con Mazó (2), aunque este último es casi un converso total al paganismo. En cambio, en Sanjurjo ambas señales están casi ausentes. Por otra parte, cuando Mazó, Appleyard y Sanjurjo parecieran obrar por impulsos hedonistas en el arte de escribir poesía, Ramiro aparece como un poeta que no escribe sino a partir de una previa reflexión sobre el tema a ser desarrollado.
(1). Ramiro Domínguez me contó que siempre visitaba a José-María Gómez Sanjurjo. Y que este solía recriminarle algo así: "Mirá, Ramiro, basta ya con esos tus poemas de corte popular!".
(2). Alguna vez, en una de nuestras tantas fugaces conversaciones de bar , Ricardo Mazó me señaló ciertos aspectos que, desde su punto de vista, caracterizaban a los poetas de su generación. Habló de Appleyard, de Sanjurjo, de él mismo; y cuando se refirió a Ramiro Domínguez lo hizo calificando su poesía como "intrincada a veces, pero muy suya". Confieso que ese día no me atreví a profundizar el tema, porque la madrugada ya mellaba en nuestros ánimos, y nos sentíamos cansados. Recién ahora me lamento tardíamente de ello. Debí exigirme exigirle que me aclarara sus apreciaciones en torno a aquel concepto emitido por él.

IX
DESPLEGAR DEL POETA
Al decir que en aquel libro adolescente (1) Ramiro Domínguez acusaba una voz algo impersonal, me refiero al predominio esteticista. No así al trasfondo que ya preanunciaba ese afán de levar el ancla/ soltar las lonas , como en su poema MARINA, el único compuesto en hexasílabos. Después imperan las estrofas sáficas en cinco poemas. Y en ellos, como en HURACÁN, también anhela insertar en la tenue urdimbre de las hojas los húmedos celajes de su espíritu. Es sugestiva su pregunta de dónde viene el viento y qué va persiguiendo. Lo mismo que en Gárgola, cuando quiere hacer su voz del eco de los siglos. En esos primerizos intentos sella los rasgos bifrontes que configurarían su lírica futura. Más definitorio es su poema EN VOZ NUEVA. Con renovantes -no renovadas-combinaciones métricas, invoca al urutaú, instándolo a cesar su queja enfática : Urutaú, poeta de mi tierra:/ acude a las remotas/ selvas del Paraná, donde la sierra/ su ahínco mueva/ sobre los árboles que, por la herida de sus venas rotas,/ te den la mina de una savia nueva. En este poema presenta, por primera vez, elementos comunes a nuestro ámbito: el jazmín, el mosto, las morenas uvas del lagar, el arpa, el ñandutí, el dulce verso guaraní, y las crestas del Yvyturusu. Es su avizorante regreso a las raíces. Por último, señalo el texto titulado ESTUDIO REVOLUCIONARIO, cuya voz de protesta preanuncia a su siguiente libro: Zumos.

(1). Los poemas, que figuran en el ya mencionado libro, POESÍA , publicado en 1953, no son incluidos aquí porque la editorial proyecta reeditarlos tal cual aparecieron en aquel volumen que aglutinó a los cuatro poetas: Ramiro Domínguez, José María Gómez Sanjurjo, Ricardo Mazó y José-Luis Appleyard.


*. ZUMOS (1962) ,
*. SALMOS A DESHORA (1963) ,
*. DITIRAMBOS PARA FLAUTA Y CORO (1964) ,
*. LAS CUATRO FASES DEL LUISÓN (1966) ,
*. LOS "CASOS" DE PERURIMÁ (1968) ,
*. MBÓI-JAGUA (1973) ,
*. POEMAS SUELTOS ,
*. DESLUMBRES

X
FINAL

Cuando muchos altavoces se apagaron, surgió, sotto voce, asordinada y serena, la voz de Ramiro Domínguez. Sus reflexiones -y meditaciones- son un ejemplar contrapunto a las modulaciones repetitivas y entusiastas de otros poetas. Sin rasgar vestiduras periféricas, su poesía camina en permanente vigilia hacia el centro de las encrucijadas de su tiempo y su espacio. Y de allí surge su obra profundamente social.
¿Pretendió Ramiro ser un poeta original o novedoso? No se dejó seducir por el canturreo de las sirenas etiquetarias. Cruzó frente a ellas. Pero no precisó que lo amarrasen como a Ulises a ningún mástil. Las oyó -las escuchó- sin temor, porque 61 sí se supo cauto, y por eso patrón de su rumbo. Y sonrió. Y siguió avanzando.
Busca en cielo y en tierra la raíz de su pueblo, escribí en torno a él en un poema. Su búsqueda, entre lo real e imaginario, siempre se ha deslizado en función a ese hombre viviente, de carne y hueso. Su poesía excava la tierra buscando materias nutricias para el cuerpo hambriento de su pueblo. Desde su estirpe religiosa, sondea al cielo reclamando pan para el espíritu. Y, ante el desamparo, se apoya en la esperanza de hallar el paraíso aquí en la tierra. Aquí el infierno y aquí el paraíso: la Tierra Sin Mal del Ava Ñe'e. No busca realizarse en la muerte porque sólo una vida justa otorga justa muerte.
Hay quienes sentencian que el mundo está bien hecho, y otros que afirman lo contrario. La poesía de Ramiro Domínguez nos enseña que el mundo no está bien ni mal hecho, sino que está para ser mejorado.
MARIO CASARTELLI
Asunción, abril, 1996

ÍNDICE
INTRODUCCIÓN

POESÍA :
*. ZUMOS : La rendición del labriego / Llanto por el labriego rendido / Setiembre es pronto / El niño de las alojeras / Caña amarga / El credo para el oficio de tinieblas.
*. POEMAS DEL EXILIO
*. SALMO A DESHORA
*. DITIRAMBOS PARA FLAUTA Y CORO : I. Alegro scherzando / II. Andante, maestoso / III. Adagio / IV Alegro assai
*. LAS CUATRO FASES DEL LUISÓN : I. Novilunio / II. Creciente / III. Plenilunio / IV Menguante.
*. LOS CASOS DE "PERURIMÁ"
*. MBOI-JAGUA
*. OTROS POEMAS : Poema / Beethoven Paraguay año 70 / Oda a mi perro / Presente koyguá / Ante la muerte de León Cadogan / Abril.
*. FANTASÍA CORAL : Prólogo.
*. DESLUMBRES : I. Adviento / II. Arrullos / III. Caminos / IV Testamento.
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