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lunes, 28 de junio de 2010

CARLOS R. CENTURIÓN - EL TEATRO DURANTE EL PERÍODO AUTONÓMICO / Fuente: HISTORIA DE LAS LETRAS PARAGUAYAS – TOMO III - ÉPOCA AUTONÓMICA


EL TEATRO DURANTE EL PERÍODO AUTONÓMICO
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del

.
Vida teatral siguió haciéndose en el Paraguay, dentro del precario medio ambiente, desde 1880. Diez años después de la terminación de la guerra contra la triple alianza, la Asunción era visitada por compañías extranjeras que llevaban a escena piezas foráneas. Así mantúvose este aspecto de la actividad literaria en nuestro país durante un lapso prolongado. No se recuerda a ningún autor paraguayo aparecido en aquel tiempo. No obstante, según noticias sujetas a confirmación, el poeta español VICTORINO ABENTE Y Lago escribió, antes de 1900, una comedia dramática que no pudo estrenarse, y cuyos originales se guardan en un archivo particular. Posteriormente, ALFREDO J, JACQUET compuso EL TRIUNFO DEL AMOR, drama en tres actos, en verso, y ARSENIO LÓPEZ DECOUD tradujo EL ABANICO DE LADY WINDEMERE, la celebrada comedia de Oscar Wilde. Puede agregarse a lo dicho la presentación de algunas revistas musicales.
No habremos de olvidar, sin embargo, que las representaciones teatrales realizadas en la Asunción, en el último cuarto del siglo XIX, contaban con la severa vigilancia de un crítico: OTTO POLLITZER. Era éste nacido en Trieste, en 1865. Llegó al Paraguay en 1889. Fue cofundador de El Cívico y de El Nacional y redactor, después, de La Prensa, de Buenos Aires. Falleció en esta ciudad, en 1913.
Y ha de sumarse a lo dicho que el poeta ALEJANDRO GUANES, en la primera década del siglo XX, escribió LA CÁMARA OSCURA, comedia dramática que no llegó a la escena.
Poco tiempo después, ELOY FARIÑA NUÑEZ dio a conocer, desde Buenos Aires, sus excelencias de autor teatral. Escribió dos dramas, EL SANTO y EL SOÑADOR; una comedia, LA CIUDAD SILENCIOSA, y una tragedia, ENTRE NARANJOS Y COCOTEROS. También compuso TUTTI FRATELLI, escenas contemporáneas, y dos bocetos, LA MESA DE PINO y CUANDO MORIMOS, ¿RESUCITAMOS?
En el año 1915, RAFAEL RODRÍGUEZ ROJAS publicó, en El Liberal, de la Asunción, Flor del Valle.
Y así llegamos a 1918. Este año señala, verdaderamente, la iniciación de la literatura teatral paraguaya. LEOPOLDO CENTURIÓN plantó el primer jalón lumínico. Llevó a escena EL HURACÁN, drama en dos actos. Este trabajo ha sido publicado en la revista Letras. Más tarde, presentó al público asunceno dos comedias: EL FINAL DE UN CUENTO y LA CENA DE LOS ROMÁNTICOS. Siguieron a Leopoldo Centurión otros autores noveles.
J. DEMETRIO MORÍNIGO ofreció una tragedia, en tres actos, LA VENGANZA DEL CORONEL, y SANTA FELISA, drama, también en tres actos. EUSEBIO A. LUGO llevó a las tablas LA CHALA, drama; CAMINO DE LA FUENTE, comedia; LA EPOPEYA DEL MARISCAL, drama; LAS RUINAS DEL ROSAL, comedia; EL HISPANO Y LA INDIA, diálogo; LA MUERTE DE LA QUIMERA, drama; y MARÍA DE MAGDALA, comedia.
PEDRO JUAN CABALLERO alzó al tinglado EL PASADO, EL IMÁN, EL VENCIDO, DE PURA CEPA y AMOR QUE REDIME, comedias; y LOS BUITRES, EL CASTIGO, CUESTIÓN DE HONOR y REIVINDICACIÓN, dramas. JOSÉ MARÍA DE NESTOSA escribió OVER-ALL ASUNCENO, piquete, y SE RIFA UN MARIDO, pieza cómica ligera.
LEOPOLDO RAMOS JIMÉNEZ hízose aplaudir con LA INQUISICIÓN DEL ORO y LA HERENCIA, dramas; y CARLOS FRUTOS acompañó al grupo con su drama intitulado PARA EL AMOR NO HAY BARRERAS.
FRANCISCO MARTÍN BARRIOS levantó el telón de LA CHISPA ROBADA y MARISCAL LÓPEZ, dramas ambos; y MANUEL ORTIZ GUERRERO publicó desde ZURUCUÁ, LA CONQUISTA, drama, y EL CRIMEN DE TINTA LILA, pieza en un acto.
Siguieron a los nombrados, ARTURO TAVAROZZI, con EL ABANDERADO DEL BATALLÓN 40 y HERNANDARIAS, dramas; LUIS RUFFINELLI, con SORPRENDIDOS y DESCONOCIDOS, drama, estrenado en 1924; JOSÉ ARTURO ALSINA, con LA MARCA DE FUEGO, drama; FACUNDO RECALDE, con EL JUGUETE ROTO y EL NO DE LOS NIÑOS; y el mismo Ruffinelli con VICTORIA, drama, también, ambos estrenados en 1926.
Dos años antes, MIGUEL PECCI dio a conocer MANOS BLANCAS; MARÍA DEL CARMEN, del mismo autor, fue estrenada en 1925; y LOS CONVIDADOS A UNA CENA, después. Es monólogo el primero, drama el segundo y comedia el tercero.
En el año 1927, tres fueron las obras paraguayas que aparecieron en las carteleras: EL DERECHO DE NACER, drama, de JOSÉ ARTURO ALSINA; MUJER, comedia dramática, de FACUNDO RECALDE, y VÍCTIMA PROPICIATORIA, de JOSEFINA PLÁ.
Otras obras de estos autores nombrados fueron también conocidas por el público, tales FLOR DE ESTERO y EVANGELISTA, dramas, de JOSÉ ARTURO ALSINA.
EUDORO ACOSTA FLORES, asimismo, ensayó sus primeras armas en el teatro. Fruto de esa labor es LA FUERZA DE LA RAZA, poema dramático.
La ausencia de compañías nacionales y extranjeras o la negativa de las últimas a estrenar obras de autores paraguayos, obligaron a éstos a un descanso que se prolongó hasta 1932.
El 15 de junio de ese año prodújose un acontecimiento histórico: la guerra del Chaco Boreal. Esta tragedia – rara paradoja – insufló insospechadas energías al teatro nacional.
"Este hecho de trascendencia omnilateral – escribe Josefina Plá – tiene literaria repercusión inmediata: se hace automáticamente punto de inspiración para música, poesía y teatro. (Más tarde vendrán la novela y la historia.) El teatro paraguayo entra en una nueva etapa: contacto directo con la realidad ambiental".
Abre esta nueva época una obra bilingüe: EPISODIOS CHAQUEÑOS, de ROQUE CENTURIÓN MIRANDA y JOSEFINA PLÁ.
Es en este período cuando, en Concepción, JUAN BERNARDO OTAÑO también escribió dos piezas de teatro: CHIFLADURAS DEL DÍA y LUCES DE BOHEMIA. Ambas son comedias.
JULIO CORREA apareció el 5 de enero de 1933. Plantóse con su obra el hito más visible del teatro guaraní. Antes que Correa, es justo señalarlo, habían iniciado este género vernáculo FRANCISCO MARTÍN BARRIOS y FÉLIX FERNÁNDEZ. Son los precursores. Constituyen la avanzada victoriosa.
Al año de iniciada la guerra del Chaco, estrenóse LA CONCIENCIA JURÍDICA DEL BARRIO, comedia de LUIS RUFFINELLI, y, antes, TUYÚ, drama en guaraní, de ROQUE CENTURIÓN MIRANDA.
JULIO CORREA dio también al público SANDÍA YBYGÜY, GUERRA AYÁ, TEREJHÓ YEBÝ FRENTE PE, PEICHA GUARÁNTE, PLEITO RIRÉ y otros.
Fueron estrenados por un elenco integrado por entusiastas aficionados, formado por el mismo Correa, y entre quienes dicho autor destacábase como personaje principal. En esto Correa se asemeja a Centurión Miranda, quien es también autor y actor central de sus obras.
JOSÉ ARTURO ALSINA llevó a las tablas, con éxito, su drama INTRUSO. Fue la última obra de esos años fecundos.
En 1939 inicióse un ensayo de teatro radial. JOSEFINA PLÁ y ROQUE CENTURIÓN MIRANDA fundaron Proal, diario etéreo. En la hora consagrada a esta difusión cultural, además de las obras ya citadas, se dieron CUANDO LA GUERRA, de LUIS RUFFINELLI; LA HERMANA IMPACIENTE, de JOSEFINA PLÁ; FUEGO EN LA CUMBRE y LA LLAMA FLOTA, de JOSÉ ARTURO ALSINA, y DESHEREDADOS, de JOSEFINA PLÁ y ROQUE CENTURIÓN MIRANDA.
Y nuevo silencio escénico. Los autores, en tanto, guardaban en sus carpetas numerosas obras inéditas, en espera de una oportunidad. "Un repertorio de cerca de cincuenta obras en ataraxia, dice JOSEFINA PLÁ en su BREVE RESEÑA DE LA LITERATURA TEATRAL PARAGUAYA, espera inútilmente, durante siete años – desde 1934 hasta 1941 – la iniciativa redentora. Con esas obras no sólo se intensifican nobles afanes, un caudal laborioso y sincero, vocaciones dignas de encauzamiento y de estímulo, sino que permanece desdeñado, relegado a plano de total desconsideración, el prestigio cultural paraguayo en uno de sus aspectos más representativos y nobles".
El Ateneo Paraguayo puso punto final a esa ataraxia. Creó el elenco que lleva su nombre, en 1941, y valido de él, alzó al palco escénico obras extranjeras y paraguayas. Entre éstas, lograron éxito la reposición de SORPRENDIDOS Y DESCONOCIDOS, de LUIS RUFFINELLI, y el estreno de SOBRE EN BLANCO, de JOSEFINA PLÁ y ROQUE CENTURIÓN MIRANDA, en 1943. En este año hizo su aparición JAIME BESTARD con su comedia ARÉVALO.
Debe citarse, además, a FEDERICO RIERA, RIGOBERTO FONTAO MEZA, BENIGNO VILLA, el padre JUAN B. CASSANELLO – autor de obras para teatro de carácter místico, patriótico e histórico –, y a ROSA MATILDE CENTURIÓN, quien cultivó un género especial: la comedia infantil.

RAFAEL RODRÍGUEZ ROJAS era oriundo de Concepción. Nació en el año 1889. Cursó estudios en su ciudad natal. Era un espíritu bohemio y sentimental. Se inició en las letras con versos de escaso valor. Más tarde se consagró al teatro. Escribió algunas comedias que se perdieron, inéditas. Sólo conocemos dos de ellas. La primera, publicada en El Liberal, de la Asunción, y titulada Flor del Valle, en tres actos; la segunda, también en tres actos, María Victoria, estrenada en Concepción. En pos de mejores horizontes, Rodríguez Rojas embarcóse un día con destino a Buenos Aires. No regresó. La gran ciudad agostó sus ilusiones y lo dejó morir, en una noche fría e inclemente, aterido y solo. Fue en 1918.

J. DEMETRIO MORÍNIGO es oriundo de Quyquyó. Nació en 1895 y cursó estudios en el Colegio Nacional de la Asunción, en cuyo instituto obtuvo diploma de bachiller, en 1919. Comenzó a escribir en El Colibrí, un periódico de estudiantes, en 1911. Posteriormente colaboró en Los Principios y El Liberal. Su seudónimo era Olimpio Sila.
En el año 1915 estrenó su primera obra teatral. Se intitulaba Martirios de una Madre o Venganza del Coronel. Era un drama histórico, en tres actos, que traducía con crudo realismo toda una época de la guerra contra la triple alianza. Cinco años después llevó a las tablas Sor Felisa. También es una pieza dramática, en tres actos, cuya acción se desarrolla en Venezuela y, luego, en Francia. La crítica elogió esta obra.
Tres piezas que esperan su turno para llegar a la escena tiene, además, J. Demetrio Morínigo: EL Castigo, drama en tres actos; Amor que redime, comedia en dos actos; y Flor del Arroyo, alta comedia en tres actos. Es autor también de una novela inédita intitulada Amor y Odio, y de numerosas composiciones musicales para guitarra, instrumento que pulsa con delicado arte.

EUSEBIO A. LUGO, oriundo de Emboscada, nació en 1890. Cursó estudios en el Colegio Nacional de la Asunción. Cultiva con preferencia el drama. Su primera obra de esta índole la tituló La Chala, en tres actos. Fue llevada a escena en 1917, en el Teatro Nacional.
También estrenó Camino de la Fuente y Las Ruinas del Rosal, comedias en un acto. La Muerte de la Quimera, drama en tres actos, fue publicado en El Liberal. La Epopeya del Mariscal, otra de sus obras, es un drama en tres actos. Debe agregarse a éstos El Hispano y la India, diálogo, y la comedia en un acto, María de Magdala.
Eusebio A. Lugo dedicóse, asimismo, al periodismo y a la política. Ocupó una banca en la Cámara de Diputados en 1935.

PEDRO JUAN CABALLERO nació en la Asunción, en 1900. Cursó estudios en la Escuela Normal, en el Colegio Nacional y en la Universidad de la capital paraguaya, donde obtuvo el grado de doctor en medicina y cirugía. Fue profesor de anatomía en la Facultad de Ciencias Médicas y en los colegios antes citados. Durante la guerra del Chaco sirvió en la sanidad militar en campaña. A las actividades políticas, a las que fue afecto desde muy joven, dedicó sus afanes con entusiasmo. Fue miembro del Partido Liberal. Ocupó sendas bancas en el Consejo Deliberante y en la Cámara de Diputados.
Pedro Juan Caballero inició sus actividades literarias siendo alumno del Colegio Nacional. Redactó en aquella época Luchas, juntamente con Miguel González Medina y Luis P. Frescura; La Semana, órgano de los alumnos del quinto curso de dicha institución, y la Revista del Centro Estudiantil. Escribía en verso y en prosa. Redactó El Liberal, en los tiempos en que, dirigido por Belisario Rivarola, colaboraban en ese diario Justo Pastor Benítez, Venancio B. Galeano y Luis Ruffinelli. Fue director de la Revista del Centro Estudiantes de Medicina y de Los Anales de la Facultad de Medicina. Pero donde se destaca su actuación, en las actividades literarias, es en el género teatral. Débese a Pedro Juan Caballero cinco piezas llevadas al escenario. Integró, además, la comisión directiva de la "Sociedad Paraguaya de Autores" – fundada en la Asunción el 6 de junio de 1925 –, cuando la presidía Eusebio A. Lugo, y eran también miembros de la misma Miguel Pecci, Francisco Martín Barrios y José María de Nestosa. Fue, asimismo, empresario, juntamente con el nombrado Lugo y J. Arturo Alsina, de la primera "Compañía de Dramas y Comedias", que actuó en el Teatro Granados, de la capital paraguaya.
Las obras de Pedro Juan Caballero poseen el mérito de su intenso realismo. Toma las escenas de la vida cotidiana y las transporta a las tablas con mucha sencillez y naturalidad. Espíritu observador y ágil, no se le escapa detalle que pueda contribuir a animar sus cuadros. El fondo de sus trabajos tiende siempre a moralizar. Fustiga con ironía – que algunas veces es quemante – los vicios y defectos sociales. Se vale de la conversación corriente, sin usar monólogos ni apartes, y en la trama combina con facilidad lo cómico con lo dramático, sin romper la armonía del conjunto.
La primera obra de Pedro Juan Caballero se intitula El Pasado, comedia en cuatro actos, estrenada en el Teatro Nacional de la Asunción, en 1917. Se plantea en él el problema del divorcio, tema entonces de apasionante actualidad. En el Parlamento se discutía, ese año, un proyecto de ley que tendía a implantarlo en el Paraguay. La crítica acogió con simpatía este primer trabajo de Caballero. El Imán, comedia en tres actos, estrenada en el mismo escenario, en 1918, fue la segunda pieza debida al nombrado autor. El argumento se desarrolla en el hogar de una familia modesta, de origen extranjero, que vive en la campaña. El honrado trabajo habíale dado fortuna. Los hijos, ya adolescentes, son la causa del traslado de la misma a la ciudad. El drama hogareño se desarrolla en este ambiente. La fastuosidad y el brillo conducen por malos caminos a los jóvenes. Ya al borde de la ruina, el padre resuelve volver al campo en donde la vida es sencilla y el trabajo se ofrece ennoblecedor y fecundo, y salva a la familia. El Vencido, comedia en tres actos, estrenada en 1923, es la historia de una familia victimada por el ambiente social en que actúa, pero salvada por uno de los hijos que, a pesar de todos los obstáculos que se le opusieron, dedicóse al estudio y se hizo médico. El Clínico, comedia en tres actos, llevada a las tablas en 1925, escenifica las incidencias del estudiante internado en los hospitales. Son cuadros de sainete, llenos de gracia, plenos de comicidad, en los que abundan las bromas a profesores y compañeros. Los Buitres, comedia, en tres actos, se desarrolla en un ambiente pueblerino. Son escenas reales de la vida campesina, en las que se fustiga a las malas autoridades y se exhibe la degradación de una niña que, sorda al amor de un hombre honrado, pero humilde, se lanza tras el brillo de un señorito afortunado, amor éste que acarrea penas y tragedia a la intimidad hogareña.
Pedro Juan Caballero falleció en la Asunción, en 1946.

JOSÉ MARÍA DE NESTOSA es español, madrileño. Llegó al Paraguay en el año 1913. Escribió en El Liberal y en El Diario, durante mucho tiempo, en versos, en una sección satírica, que se intitulaba Asunción al Día. Fue profesor en la Escuela Militar. Cultivó el teatro. Escribió, entre otros, Over-all asunceno, piquete en un acto, y Se rifa un marido, pieza cómica, también en un acto. Miembro fundador de la Sociedad Paraguaya de Autores, cuyas bases fueron echadas en la Asunción, en 1925, integró su primera junta directiva. José María de Nestosa también cultivó la crítica de teatro.

BENIGNO VILLA nació en Concepción, en 1902. Ha escrito versos de noble factura y cuentos de trama interesante. Su labor en el teatro se condensa en Fuerzas Opuestas, comedia en tres actos, estrenada en su ciudad natal; Guaviramí, cuadros campesinos, en tres actos, en castellano y en guaraní; Teatro de Aficionados, pieza cómica, en tres actos; Apayuái, cuadros campesinos, en guaraní; Anichevéne che vyro, cuatro cuadros de ambiente campesino; y Chifladuras del día, sainete en dos actos, escritos en colaboración con Juan Bernardo Otaño (h.).
Todas estas piezas fueron llevadas a la escena, por elencos improvisados, en la ciudad de Concepción.

CARLOS FRUTOS nació en Itauguá, en 1888. Cursó estudios en el Colegio Nacional y en la Facultad de Derecho de la Asunción, donde obtuvo el grado de doctor. Actuó desde su juventud, en la prensa y en la política. Era activo militante del Partido Liberal. Sus tendencias doctrinarias posteriores le inclinaron hacia el socialismo. Es uno de los precursores en las luchas obreras en el Paraguay. En el periodismo actuó en la redacción de La Tribuna. Escribió dos novelas breves: Náufragos de la Vida y Los Cuervos de Icaria.
Para el teatro compuso un drama: Para el amor no hay barreras, en 1918. Carlos Frutos falleció en la Asunción, en 1926.

FRANCISCO MARTÍN BARRIOS pertenecía a una familia de músicos, poetas y profesores. Son de su sangre Héctor y Virgilio Barrios, poeta y profesor, el primero; prosador, político y catedrático el segundo; y Agustín Barrios, mago de la guitarra. Nació, Francisco M. Barrios, en San Juan Bautista de las Misiones, en 1893. Cursó estudios en el Colegio Nacional de la Asunción. Cultivó la prosa y el verso. Acompañó a su hermano Agustín en su peregrinaje de arte a través de Europa y América. Durante muchos años vivió en el Brasil. Cultivó la lengua vernácula con apasionado cariño. Escribió versos de hondo lirismo, en guaraní y en castellano, y compuso dos dramas para el teatro: La Chispa robada y Mariscal López, llevados a la escena por compañías paraguayas de aficionados, en las que el mismo Barrios actuaba como director y principal personaje. Falleció en la Asunción, en 1938.

ARTURO TAVAROZZI es sacerdote. Nacido en la Asunción, en el año 1886, cursó estudios en Montevideo, donde se ordenó, en 1915. Comenzó a escribir siendo estudiante. En 1922 llevó a las tablas El Abanderado del Batallón 40, su mejor trabajo. Se trata de una pieza dramática, en tres actos, en la que se evoca la trágica época de la guerra que sostuvo el Paraguay contra la triple alianza, desde 1864 hasta 1870.

MIGUEL PECCI SAAVEDRA, asunceno, nació en 1890. Educóse en el Colegio Nacional y fue alumno de la Facultad de Derecho de su ciudad natal. Serio, con algunas canas indiscretas y enormes antiparras, era el mayor del grupo de jóvenes intelectuales iniciados en la carrera de las letras, en el año 1923, en el Paraguay. Ejercía la crítica y amaba el teatro. Tronchó sus estudios universitarios y se sumergió entre libros. Leía con pasión, con devoción sacerdotal. Anotaba frases y conceptos con asombrosa, prolijidad. Escribió para El Diario. Estimuló a los que fundaron y redactaron Juventud. Su casa fue local del Centro Raúl Battilana De Gásperi. Propulsor de la revista Alas, tenía en ella una página permanente. Escribió para el teatro Los convidados a una cena, comedia en un acto; María del Carmen, drama en tres actos, estrenada en el Teatro Nacional, en 1925, y en el que se esboza un problema psicológico y moral, planteado a un hogar recién formado; y Manos Blancas, monólogo, recitado en el Teatro Granados, en 1924.
El nombre de Miguel Pecci, en la vida literaria, era Arnoldo Miriel. En Buenos Aires ha publicado dos libros, elogiosamente comentados: Etópolis, en 1947 y Boceto Renacentista y Monna Lisa y Leonardo, en 1949.

Cuando LUIS RUFFINELLI, en 1924, asomóse al escenario teatral, ya no era un desconocido intelectual. Sus incursiones exitosas en el campo de la oratoria habíanle consagrado como a uno de los más brillantes jóvenes tribunos. De voz llena, armoniosa y resonante; de palabra fácil, lírica e inspirada; de ademanes medidos y elegantes, su presencia en las asambleas populares era saludada siempre con expresiones de acogedora simpatía. Desde las aulas del Colegio Nacional de Villarrica, su ciudad natal, hasta su ascensión a la presidencia del Centro Estudiantes de Derecho; desde la tribuna de la plaza pública hasta el pupitre del Tribunal de Jurados y la banca parlamentaria, se tendían los trofeos de sus incursiones a las cimas de la palabra hablada. También desde aquellos tiempos eran conocidos sus versos de hondo sabor lírico.
En la noche del 14 de octubre de 1924 estrenóse en el Teatro Granados, en la Asunción, Sorprendidos y Desconocidos, primera comedia debida a la sensibilidad artística de Luis Rufinelli. Fue puesta en escena por la Compañía de Roberto Rabelli. Se trataba de una obra de carácter moral y psicológico, cuyo tema central se desarrolla en la intimidad de la vida conyugal.
La crítica seria acogió la obra del entonces novel comediógrafo con expresiones elogiosas. No es un éxito ocasional, decía, sino un triunfo positivo. Casi dos años después, en la noche del 28 de setiembre de 1926, la compañía dirigida por el poeta Francisco Villaespesa llevó a las tablas, por primera vez, el drama en tres actos y en prosa, Victoria. Era la segunda obra de Ruffinelli.
El prestigio conquistado, ya entonces, por el autor, la calidad de la compañía encargada del estreno de Victoria y la jerarquía intelectual y artística de Francisco Villaespesa, quien en su carácter de director de aquélla acogió la obra del escritor paraguayo, fueron suficiente motivo para que el público llenase, anhelante, el amplio salón del Teatro Granados.
Victoria obtuvo el éxito esperado. A los aplausos de los espectadores debe sumarse el juicio sereno de la crítica. Aquel gran señor peruano que tanto quiso a los paraguayos – Carlos Rey de Castro – dirigió a Luis Ruffinelli una carta consagratoria. "Dueño de una técnica segura y amplia – le expresaba – vuelven a aparecer en Victoria las excelencias que se advierten en su trabajo Sorprendidos y Desconocidos, rapidez y justeza en la exposición, dialogación adecuada y breve, ausencia de monólogos prolongados y lirismos fatigadores, entradas y salidas oportunas, vis cómica bien empleada".
La compañía de Villaespesa llevó consigo Victoria y la presentó en escenarios extranjeros. Es el primer caso ocurrido con un trabajo de autor paraguayo.
La tercera obra de Luis Ruffinelli es una pieza satírica. Se intitula La conciencia jurídica del barrio. Fue escrita con motivo de las palabras pronunciadas por el entonces canciller, Justo Pastor Benítez, ante la VII Conferencia Panamericana, reunida en Montevideo, en el mes de diciembre de 1933. Se la estrenó en el Teatro Nacional, en la noche del 2 de agosto de 1934.
La última pieza llevada a las tablas por Ruffinelli se halla escrita en prosa y en guaraní. Su título, que traducido al castellano significa Cuando la guerra, es Guariniro.
Josefina Plá, crítica de teatro, ha escrito al respecto este comentario: "Por Guariniro tiene Luis Ruffinelli conquistado puesto principal en el repertorio escénico vernáculo. Guariniro, fue escrito en instantes en que el dilema – artificial dilema – de ¿teatro castellano o teatro guaraní? apasionaba a la opinión y hacía secretar tantas bilis como tinta a los mantenedores exclusivistas. Luis Ruffinelli en Guariniro, como Centurión Miranda en Tuyú, se propuso dar la prueba de que es posible escribir, en guaraní, una obra cuyos valores resistan, literariamente, la traslación al castellano. Propósito logrado en efecto".
Luis Ruffinelli nació, en 1889, en Villarrica. Cursó estudios en la misma ciudad y en el Colegio Nacional de la Asunción y fue alumno de la Facultad de Derecho. Actuó, en la vida política, en el grupo principista del liberalismo. Ocupó, entonces, una banca en la Cámara de Diputados. Posteriormente, durante la presidencia provisional del coronel Rafael Franco, fue director de El Diario, y se le designó ministro plenipotenciario del Paraguay ante el gobierno de Bolivia, cargo que no llegó a desempeñar a causa de los sucesos políticos del 13 de agosto de 1937.

JOSÉ ARTURO ALSINA comenzó a escribir siendo alumno del Colegio Nacional de la Asunción. Cultivó, en aquel tiempo, la prosa y el verso. Fue compañero de Miguel González Medina en los días iniciales de sus actividades intelectuales. Nació en Tucumán, en 1897. Aunque argentino, "el hecho de haber residido en el Paraguay desde sus primeros años y haber incorporado a su obra ambiente y problemas nacionales, le da derecho a nombre literario paraguayo". Obtuvo el grado de bachiller en el instituto de segunda enseñanza antes citado. La antigua Escuela de Farmacia le armó caballero para la lucha incruenta de todos los días. Huérfano de padre, se encontró frente a la vida con paupérrimos recursos para la lidia cotidiana. Pero poseía fe y amaba entrañablemente a su madre. Estas dos fuerzas le señalaban, imperativamente, el camino de la ascensión. Su juventud fue, así, una mezcla de angustias e idealismos. Cuando alguna vez vaciló en la cuesta de la montaña, la voz fraterna de dos caballeros devolvieron ánimo a su espíritu. Es justo recordarlos. Se llamaban Pedro Bruno Guggiari y Eladio Avila Ramírez. Y en ese perenne batallar por el pan y el ideal, en esa escuela en que se aprende a padecer y a comprender el padecimiento de los otros, en esa disciplina que obedece a leyes supra-humanas y eternas en que el hombre se columpia entre lo conocido y pasajero y lo misterioso y perdurable, José Arturo Alsina educó su espíritu en el amor nazareno. Compañero de Manuel Ortiz Guerrero y de todos los heridos en la carne y en el alma, es el refugio de los adoloridos, de los humildes y de los vencidos. Prototipo del hombre que da de sí, con hidalguía, lo que posee, su mundo anímico es amplio y diáfano y su vida toda parece un perenne amanecer. Los versos de Alsina tienen el encanto de las cosas raras. Son como el claro-obscuro de las catedrales. "A sus producciones de juventud la angustia metafísica y el leit motiv astral le dan ascendencia ideoemocional capdevilesca. La lectura de Ibsen, al promediar los veintiséis años, orienta sus actividades hacia el género teatral".
La Marca de Fuego, drama en tres actos, es el hito inicial. El estreno se realizó el 12 de mayo de 1926, por la Compañía Cómica-Dramática de Ramón Carbonell, en el Teatro Granados de la Asunción. Conquistó gran éxito de público y justiciera consagración para el autor. "La Marca de Fuego fue estrenada en un momento que pudiera llamarse climatérico de nuestro ambiente intelectual y literario: momento en que en una atmósfera políticamente amplia, florecían todos los entusiasmos de una generación juvenil generosa y bien dotada". Eran los días del gobierno liberal del presidente Eligio Ayala, en cuya época de paz, de orden sin imposiciones violentas y de trabajo fecundo, la generación intelectual de 1923, afanosa e idealista, lucía sus excelencias en la prensa, en la tribuna, en el teatro y en el libro. El argumento de la obra de Alsina se desarrolla, en el primer acto, en un hogar aristocrático, venido a menos a causa del vicio alcohólico del padre. Dos de las hijas hállanse de novias y el único hijo varón es el sostén de la familia. En el segundo acto, el episodio central es la pérdida de la casa-habitación, con la consiguiente vergüenza y pena de todos los que quedan sin techo. En el tercer acto, que ya se desarrolla en un local humilde, el drama toma caracteres trágicos. Expulsado el hijo por el padre, también aquél recurre al alcohol. Es La Marca de Fuego. En víspera del matrimonio de la única hija que mantiene su moral, pues la otra ha huido y se ha perdido en el lodazal, el padre pone fin a sus días, considerándose único culpable de todo el desplome familiar, y el hijo, ante tanta desgracia sufrida por su hogar, se vuelve loco repentinamente.
Dos meses después del estreno de La Marca de Fuego, Alsina llevó a las tablas Flor de Estero, comedia dramática en tres actos, estrenada por la "Compañía Argentina de Comedias, Gloria Ferrandiz", bajo la dirección de F. Defilippis Novoa, en el Teatro Granados. Fue el 12 de julio de 1926. Obra es ésta de conjunto, en la que se trata de exaltar el valor real del trabajador campesino y en la que se pinta una época cruenta de nuestra historia.
La tercera pieza teatral de Alsina es Evangelista, comedia dramática en tres actos también, como las anteriores. Fue estrenada por la Compañía Paraguaya de Dramas y Comedias, bajo la dirección de Antonio Suñé, y de un consejo artístico integrado por el mismo Alsina, Pedro Juan Caballero y Eusebio A. Lugo, el 30 de noviembre de 1926.
Antes de pasar adelante hemos de recordar que la nombrada compañía, cuya primera actriz fue Angélica Dora Taranto, tuvo, apenas unos meses de vida. En enero de 1927 rindió tributo a la indiferencia oficial y pública y se deshizo en silencio. Y, sin embargo, fue un conjunto armónico y de valor indudable.
El estreno de Evangelista fue aplaudido por la prensa. El lama es hondo. Se trata de una mujer que por salvar la vida del padre y evitar el suicidio de un hermano malvado, a pesar de la educación cristiana que le inculcara su ya difunta madre, acalla la voz moral de su conciencia y resuelve vender su cuerpo. El peruano Carlos Rey de Castro y el paraguayo Daniel Codas, elogiaron la obra de Alsina en sendos estudios críticos.
El Derecho de Nacer, en cuatro actos, es la cuarta comedia dramática de José Arturo Alsina que llega al tinglado. La estrenó la Compañía Española de Comedias Díaz-Perdiguero, en el Teatro Granados, el 5 de agosto de 1927. "Si La Marca de Fuego reveló en el autor aptitudes para la versión teatral, El Derecho de Nacer le caracterizó en otros aspectos: imaginativa generosidad, amor al detalle efectivista, en la forma; una positiva vocación de sociales redenciones, en el contenido".
Intruso es la última obra de Alsina que subió a las tablas. Fue el 14 de agosto de 1934. Se encargó del estreno la Compañía de Alta Comedia Karr-Prandi, en el Teatro Nacional. Es una comedia en tres actos. Josefina Plá, al comentarlo, dijo que Intruso, parco en la forma y sólido en su sencillez, es indudablemente, una de las obras de nuestro repertorio realizadas con más dignidad literaria.
En el año 1939 inicióse – ya lo dijimos – el primer ensayo serio de teatro radial. Proal, de Josefina Plá y Roque Centurión Miranda, divulgó numerosas obras. Entre ellas Fuego en la Cúpula y La Llama Flota, dos comedias dramáticas de José Arturo Alsina.

FACUNDO RECALDE, poeta lírico, periodista, autor teatral, es uno de los temperamentos más rebeldes, altivos y viriles que aparecieron en las letras paraguayas en la segunda década del siglo XX.
Nacido en la Asunción, en 1896, comenzó a trabajar para la prensa desde antes de cumplir los diez años de edad. Simultáneamente con sus andanzas de niño periodista – era empleado de El Cívico – concurría a instituciones de enseñanza, primaria. Fue, después, alumno del Colegio Nacional de la Asunción.
Marcelino Pérez Martínez citó a Facundo Recalde en sus Cartas Políticas y Cartas del Destierro, editadas en Corrientes, en 1909, entre los detenidos y arreados a mazmorras, después de los sucesos del 21 de setiembre de 1908.
Sus convicciones en materia histórica lleváronle de joven a enrolarse entre los defensores de la memoria, entonces muy vilipendiada, del mariscal Francisco Solano López. Y lo hizo con tanto estruendo, inducido por su temperamento juvenil y ardiente, que su familia toda, de profundo arraigo en la antigua sociedad paraguaya, muy numerosa y tradicionalmente enemiga de dictaduras, escandalizada de su actitud, opúsole tenaz resistencia.
Idealista sin ambiciones prácticas, abraza las causas humanistas y humanitarias con pasión vehemente. No acostumbra medir el poder ni la fuerza de sus adversarios, ni le interesan los peligros que ha de afrontar, ni le atemorizan las consecuencias de una posible derrota, ni tiene en cuenta los probables efectos de la victoria. Ataca o defiende cuando su conciencia le dice que así debe hacerlo. Y sigue su camino, huraño, hosco y hasta agresivo con amigos y enemigos, solo casi siempre, porque es de difícil comprensión y trato.
Comenzó a escribir en prosa y verso, cuando todavía era adolescente. En las páginas de El Liberal y El Diario dejó jirones de su vida, entre el tecleo sin misericordia de la máquina, el monótono tamborileo de las linotipias y la febril actividad de las rotoplanas. Durante muchos años fue el alma de El Diario.
De su prístina colección de versos son Ananké, Nupcial, Vengo otra vez a ti..., Pater Noster y otras poesías. La lírica paraguaya se vistió de fiesta cuando publicó Facundo Recalde sus primeros versos.
Virutas Celestes, editado en 1930, es el ramillete de sus poesías juveniles. En el primer viaje a las capitales del sur, recorridas con Luis Felipe Domínguez, la prensa de Buenos Aires acogió sus versos y se nutrió con su prosa original y movida.
De regreso a la Asunción, ensayó el teatro. Desde hacía poco tiempo había tomado este género literario inusitado vuelo entre los escritores paraguayos. En el año 1925, en la noche del 22 de agosto, la "Compañía Dramática Uruguaya." estrenó una obra teatral de Facundo Recalde. Se intitulaba El Juguete Roto, y era una comedia dramática en tres actos. La prensa la elogió. Más tarde fue puesta en escena El no de los niños, comedia en un acto. Después llevó a las tablas Mujer, también comedia dramática, en tres actos. Tiene, además, Facundo Recalde – el Fa-Ré de las letras – algunos cuentos, y ha comenzado a escribir novelas, según se afirma entre personas conocedoras de sus actividades literarias.
Desde 1927 no ha dado a luz nuevos trabajos para la escena. Lo que no ha abandonado es la actividad periodística, tarea principal en sus afanes intelectuales.
Desde las columnas de los diarios preparó la sublevación militar del 17 de febrero de 1936, que produjo el derrocamiento del gobierno liberal de Eusebio Ayala y llevó a la cárcel al Presidente de la Victoria y al vencedor del Chaco, mariscal José Félix Estigarribia. Así lo afirmó, en una alocución radiotelefónica, días después de aquel suceso político-militar, el jefe de las unidades levantadas en armas, coronel Federico W. Smith, al expresar que Facundo Recalde era el héroe civil del movimiento.
Durante el gobierno del coronel Rafael Franco, debido en gran parte a sus esfuerzos – paradojas del destino –, vióse obligado a tomar el camino del exilio. Tiempo antes, había fundado y dirigido Verde Olivo, diario que vivió unos meses.
De regreso al terruño, años después, indeclinable en su rebeldía perenne, apareció como vocero de los principios defendidos por las naciones aliadas en la guerra que estaba viviendo el mundo. Cotidianamente, desde el micrófono, levantaba su voz para informar a sus oyentes, a través del comentario hábil, ágil y acertado, al respecto de las ocurrencias del día en los frentes de batalla y en los trajines de las cancillerías. Y es justo reconocer que nunca como entonces ha rayado tan alto el talento del escritor ni fue más varonil, altiva y digna la actitud del hombre libre frente a la prepotencia morbosa de algunos posesos de nuevo cuño que intentaban dominar el mundo. En 1945 Facundo Recalde ha publicado El Paraguay en cifras, libro que ha despertado interés.

MARÍA JOSEFINA PLÁ GUERRA GALVANY es oriunda de las Canarias. Unida en matrimonio con el ceramista paraguayo Andrés Campos Cervera, más conocido por su seudónimo, Julián de la Herrería, llegó por primera vez a la Asunción en el año 1925. Llevada por sus anhelos de superación artística, retornó la pareja a tierras añoradas y lejanas. La España romancesca, la llamaba. Así fue como ambos cruzaron nuevamente el anchuroso océano, y buscando el ambiente propicio ambularon, bohemios, por calles y plazas de Madrid. Mientras, la fiebre de la creación agitaba sus vidas y era la habitación de los esposos un taller en el que uno incubaba plásticas bellezas y la otra rimaba las melodías de su canción. Pero la muerte llegó, inesperadamente, y se llevó a Julián de la Herrería. En la soledad, Josefina Plá recordó al Paraguay. Y regresó por el andado camino, en busca de la Asunción. La prensa nacional le ofreció sus páginas, mejor dicho, su pluma conquistó las columnas de aquélla. El Diario, El Liberal, El País, contaron con su colaboración fecunda, chispeante, plena de interés.
Han pasado los años. Josefina Plá se hizo paraguaya por derecho ganado en el trabajo diario. Inclinada sobre las cuartillas, en el afán cotidiano, sabe plasmar en ellas el vivir paraguayo, con criterio, con alma paraguaya. Abnegada y valiente, talentosa y culta, ganóse un lugar prominente en los círculos intelectuales de la Asunción. Facundo Recalde decía de Josefina Plá que "es hermana y digna hermana de Juana de Ibarbourou".
En 1934 publicó un tomo de poesías: El precio de los sueños. La crítica dijo entonces que la poetisa tenía el derecho de ocupar "un lugar de primera fila en la editorial lírica de la lengua española". El A.B.C. de Madrid expresó que Josefina Plá cantaba el amor en todas sus formas y de una manera reveladora del dominio perfecto del verso.
Además de sus cualidades de poetisa y periodista, la nombrada escritora cultiva el teatro. Y éste es, sin lugar a dudas, el aspecto más interesante de su personalidad intelectual. En el año 1927 dio a publicidad su primera obra, Víctima propiciatoria. Se trata de una alta comedia dramática, cuya tesis implícita consiste en que un error equivale a una desviación de la ruta vital, no sólo para cada individuo sino para otras personas. La vuelta a la vía verdadera sólo se consigue mediante sacrificio, y éste tiene que realizarlo alguien. El dolor es la única compensación posible del dolor, pero a condición de que sea aceptado insistentemente, en forma equivalente de amor.
Posteriormente escribió La hermana impaciente, drama en tres actos, propalado desde Proal, primer diario radial paraguayo, en 1939.
El argumento consiste en lo siguiente: La protagonista lleva dentro de sí una enorme ansiedad de amor que no logra satisfacer, a pesar del cariño que siente por el marido. Muere éste, y Ana – que así se llamaba aquella – busca otro hombre con quien pueda cristalizar su anhelo. Pero no llega al fin deseado. Cree comprender que necesita un hijo. Mas, tampoco éste llena su ansiedad. Entonces, desamparada, en el paroxismo de su desesperación silenciosa, busca la calma en los brazos de la muerte.
En colaboración con Roque Centurión Miranda escribió Episodios chaqueños. Es una pieza en cuatro cuadros, bilingüe, en castellano y en guaraní. Llevada a escena, el 29 de noviembre de 1932, por el elenco "Chaco", de Centurión Miranda, fue aplaudida y elogiada por la crítica. Constituye, en esencia, rasgos de la lucha en el frente de la guerra, en forma de revista.
También en colaboración con el citado Centurión Miranda escribió Desheredado, comedia dramática en tres actos, en prosa, dada a conocer por Proal, radioteatralizada, y llevada a escena en Pilar, el 14 de junio de 1942, por un elenco improvisado; La hora de Caín, drama en tres actos, propalado por radio en audiciones de "La Voz Cultural di la Nación", en junio y julio de 1941; María Inmaculada, comedia dramática en tres actos y un entreacto comentado, que obtuvo mención honorífica en el concurso de obras teatrales organizado por el Ateneo Paraguayo, en 1942; Aquí no ha pasado nada, de los mismos autores, drama en tres actos, ganó el Premio Ministerio de Instrucción Pública, en el recordado concurso. La obra continúa inédita.
Un sobre en blanco o Paréntesis, intitúlase otro trabajo en colaboración de ambos autores. Es un drama, en tres actos, que conquistó el premio Ateneo Paraguayo, en 1942, y fue estrenado el mismo año por el elenco de la institución.
El argumento es éste: Una muchacha nacida para el amor noble y grande, se ve, por imperativo de varias circunstancias, obligada a aceptar una situación indelicada. La pena y la natural repugnancia que le causa esta desgracia, le impelen al suicidio. Pero la herida que se hace no la mata. Llevada a un sanatorio, encuentra allí al hombre de sus amores. Cree revivir; empero, el trato despectivo del varón le llena de desengaño, lo que produce su deceso.
También en colaboración con Centurión Miranda ha escrito La huella y Pater familias, comedias, ambas en tres actos, que permanecen inéditas.
Y, finalmente, siempre en colaboración con el precitado Centurión Miranda, produjo Porasy, libreto de ópera guaraní, en cuatro actos, con un prólogo y un epílogo y música del compositor checoeslovaco Otakar Platil.
Josefina Plá ha dirigido, en el periodismo, Soldado Mboby-ájhá, revista del combatiente paraguayo del Chaco, editada en 1933 por los talleres de El Liberal; Proal, primer diario de cultura radial paraguayo, en colaboración con Roque Centurión Miranda, por Z. P. 6, Radio Livieres de la Asunción, en 1933; Pregón, diario de la mañana, 1938-1939; La Democracia, sección literaria, 1938. Tiene, además, publicados varios cuentos: El abuelo, en El Orden, 1928; Los jazmines del convento, prosa rimada, en el mismo diario, 1929; ¡Qué buena es mi Lilí!, en El Liberal, 1938; La risa, en Guarán, 1939. Ha pronunciado, asimismo, numerosas conferencias sobre temas diversos: El amor y la mujer en la obra de Enrique Ibsen, 1939; Gloria y pena de artista, 1941; La guitarra, caminera de la pasión hispánica, 1941; El recitado como auxiliar pedagógico, el mismo año.
Debe sumarse a todo esto un gran número de artículos aparecidos en diarios y revistas del Paraguay y del extranjero, así como numerosas poesías recientes, editas e inéditas.

ROQUE CENTURION MIRANDA es de Carapeguá. Nació en el año 1900. Cursó estudios en el Colegio Nacional de la Asunción. En 1926 estuvo en Francia y España para perfeccionarse en el arte teatral al qué le llamaba su vocación. Es uno de los verdaderos creadores del teatro paraguayo. Abnegado y batallador, su vida es una dación perenne al ideal en que descansa su fe jesucristiana.
Comenzó trabajando como actor. Afanóse después en la formación de elencos teatrales. Representando las figuras de los protagonistas, llevó a escena obras extranjeras y algunas paraguayas. En 1926 escribió Cupido sudando, comedia en tres actos. Fue su primera obra. La estrenó su elenco, mereciendo palabras de aplauso y estímulo. Más tarde, en 1932, en colaboración con Josefina Plá, escribió Episodios chaqueños, del que ya hemos hablado. Y después Tuyú, en guaraní, drama en tres actos, considerado por la crítica como la piedra angular del teatro vernáculo, y llevada a escena, con éxito, en 1933. Tuyú fue vertido al castellano por Juan José Pérez Camino. El drama trasunta la sordidez y el egoísmo de la retaguardia, mientras en las trincheras chaqueñas se derramaba la sangre juvenil sin regateos.
Alternando las funciones de actor y autor llegó, así, a 1942, año en que, en colaboración con Josefina Plá, escribió las obras citadas y comentadas con antelación, que le ganaron no solamente los premios instituidos para el concurso del Ateneo Paraguayo, sino la posición prestigiosa conquistada por imperio del talento y la voluntad.
Roque Centurión Miranda tiene, además, inéditas, La vida comienza mañana, en colaboración, comedia en tres actos, en prosa, y Ñandutí, revista en seis cuadros, en castellano, con música de José Asunción Flores.

JULIO CORREA es el artista del pueblo. Poeta, autor y actor teatral, débesele, por encima de todo otro mérito, la formación definitiva del teatro guaraní. Nacido en la Asunción, en 1890, en un hogar acaudalado y de elevada posición social, lleva en sus venas la sangre de un valiente polaco, muerto sobre las trincheras de Curupayty, en defensa del Paraguay: el coronel Leopoldo Luis Myskowsky, su abuelo materno.
Huérfano desde la adolescencia y perdida la fortuna familiar, Julio Correa vióse obligado a conquistar posiciones en la vida como el guerrero en el combate. Estudiante y empleado, alternaba ambas actividades con algunas andanzas de bohemia, propias de la edad de los ensueños y de los líricos cantos a la amada inefable. Inspector municipal, escribía versos al dorso de los recibos burocráticos, como al acaso, obligado por la inspiración que rumoreaba en su espíritu.
Pero es mejor escuchar a un compañero de Julio Correa en el relato de su biografía de escritor. Es Herib Campos Cervera quien nos habla: "Julio Correa es un hombre cuyas facciones parecen hechas como al apuro y a cuchilladas: irregular, disimétrico y hasta feo. Unos ojos vivaces y llenos de dulzura le alumbran la cara como un relámpago de bondad que en la escena se transfigura hasta provocar lágrimas o rugidos en el público.
"En 1931, era todavía un plácido poeta lugareño que alternaba tímidamente su labor burocrática con la tarea improductiva de escribir versos. A veces el que escribe esta semblanza suya, lo encontraba atiborrando de octosílabos el dorso de sus papeletas de multas: él, inspector de pesas y medidas, no podía a veces, hacer cumplir las ordenanzas, porque el contraventor se negaba a reconocer como válidas las boletas con reversos literarios de Julio Correa.
"Un día le llamó a cumplir su destino el autor que vivía en él. Y nació Sandia Ybîguî. Salió con su obra a buscar a sus amigos: dio con Facundo Recalde, el mayor poeta civil que dio nuestra literatura – después de Ortiz Guerrero – y lo arrastró a un rincón de su casa para leérsela. Recalde la halló magnífica y quiso obligarle a que la representara inmediatamente. Pero Julio, que sufría un atroz complejo de timidez, huyó a Luque. Allí tuvo que ir a buscarlo Recalde y, materialmente, arrastrarlo hasta cierta comisión de damas, que aprobó la representación con fines de beneficencia. La historia deberá conservar los nombres de esas señoras que, por amor a Cristo, hicieron – sin querer – un gran servicio al teatro guaraní. El gran empujón estaba dado. Correa, vencida su timidez, se lanzó ardorosamente a la tarea de representar su obra. Su primer elenco fue ya reclutado entre gente del pueblo: en lo sucesivo, no explotó otra cantera que ésa para formar actores. Obreros, campesinos, hombres de la tierra y del esfuerzo, pusieron su hombro en la tarea y el milagro se produjo. Las primeras representaciones obtuvieron éxitos de tal magnitud que Julio Correa terminó por comprender que se hallaba en presencia de su camino de Damasco. A partir de ese momento, el áspero luchador que hay en él, vence al artista tímido y se echa sobre la espalda el gran fardo: la creación del teatro guaraní. Su fiebre creadora, da vida en apretada sucesión a Guerra Ayá, Terejhó yei frente-pé, Peicha guarante, Ña-e mbaerá i, Pleito riré, Yuacjhúgui reí, Po’á nda ya yocoi, y, finalmente, Yby yara, inédita aún, y otras dos en castellano. Total, once obras en menos de siete años; un esfuerzo que nadie hasta hoy ha realizado en el Paraguay.
"Naturalmente todas estas obras fueron estrenándose a medida que se fueron haciendo. De allí la batalla en dos frentes que tuvo que sostener – y aún sigue sosteniendo – Correa. ¿De qué podría servir que se escribiera dramas y comedias si la tragedia estaba en la falta de elemento humano que llevara los fantoches a la escena?
"Correa no se amilanó ante la magnitud de tal dificultad. Se transformó él mismo en la cabeza del grupo escénico y salió a recorrer los campos y suburbios en busca de artistas para su teatro.
"Y los encontró: él afirma que no tuvo dificultades de ninguna especie; que en el campo y en la ciudad había, preparados, magníficos artistas. La primera colaboración – la más valiosa por el fervor y compañerismo que puso en su trabajo – fue la que le ofreció su propia esposa, Georgina Correa, y luego su sobrino Enrique Correa.
"Aparece más tarde una damita joven de paraguaya belleza y sugestivo talento: Mirna Veneroso.
"Surge en escena el arte increíblemente exacto y realista del joven actor Ernesto Báez. Hay detalles conmovedores en la historia de la formación de los primeros elencos de aficionados. Un día se presentó ante Julio Correa un hombre de físico avejentado, un campesino curtido por todos los vientos y castigado por el estigma solar. Ha dejado el arado y la tierra y el vicio y el hogar, acudiendo al llamado irresistible de una vocación que se le pasea por la sangre.
"Quiere ser actor; representar los ásperos dramas de celos, despojos y luchas que escribe Julio Correa, tal vez porque lo ha vivido con la fiera intensidad de un hijo de la tierra. Se presenta un día ante el asombro de Correa y parca pero resueltamente dice en guaraní: "Me llamo Gustavo Alvizo y quiero ser artista de su conjunto".
"Y se queda para siempre. De tarde en tarde, regresa a fecundar con su esfuerzo el terrón de tierra que cultiva, pero vuelve siempre, con una fidelidad perruna, cada vez más hondamente metido en la vida de sus personajes. Un día estábamos observando un ensayo cuando vimos llegar un albañil.
"Dejó sus tachos en la puerta y se acercó al ruedo. Se llamaba Luis Martínez y tenía aún sucias de cal las manos y la azul blusa proletaria. No pidió mayores explicaciones: se incorporó al grupo, tomó su papel, lo leyó pausadamente, y al cabo de media hora "se mandaba la parte" con la soltura de un veterano.
"Al día siguiente volvió a la misma hora y repitió la hazaña. Resultó luego un actor de excepcionales condiciones que hasta ahora alterna la cuchara con la escena.
"Apareció el gran actor cómico Ramón Amarilla, cuya sola presencia en el escenario desataba tempestades de risas que llegaban hasta el hipo, y a su lado comenzaron a brillar en el Hollywood guaraní Zulema Cazal y Pastora Coronel. Y para completar la lista, otro capricho del destino: la apuntadora. Correa que no pudo conseguir un apuntador, en cambio, conquistó una apuntadora inteligente el día en que Brígida Pérez se metió en la casilla de traspunte para apuntalar la flaca memoria de los actores, a fuerza de pequeños empujones de palabras.
"Un día, un soldado que observaba y escuchaba con toda curiosidad desde una platea próxima las palabras y gestos de la apuntadora metida en su casilla, provocó un estallido universal de carcajadas al decir – en voz alta – a otros soldados que lo acompañaban: "Pe cuñá pea la i valéva: jhaé jheíva nte nicó jehí umi otro cuéra. (Esa mujer es la que vale; lo que ella dice es lo que repiten los otros).
"Hoy Julio Correa es un clásico de nuestro teatro: ha abierto la brecha valerosamente. Otros comienzan a seguir sus huellas, aunque "ninguno calza mayor coturno que el suyo". Centurión Miranda, inteligente y abnegado escritor y fino actor dramático, ha dado Tuyú; Luis Ruffinelli, Guariniro. Otros jóvenes comienzan a despuntar su talento en ensayos endebles, pero llenos de promesas. Aún Correa sigue siendo el gran creador de imágenes de nuestro medio social y de nuestros problemas: dramas de la miseria; de la tierra; de la sangre y de los celos. Ásperas tragedias que cada día vive nuestro pueblo, mientras busca, dando manotones en la sombra, el camino de la libertad. Nuestro pueblo interpreta así a Correa: como espejo de sus esperanzas más indeclinables; como un intérprete de sus dolores más hondos y de sus alegrías más profundas: de otro modo no se explica la especie de idolatría que inspira su figura cuando está en la escena, en medio de sus otros engendros.
"Porque Correa no se ha conformado con crear personajes; también los encarna gozando o muriendo las embriagueces y las caídas morales de sus entes humanísimos. La estampa transfigurada de Julio, toma todos los matices que tiene la pasión, todos los furores del odio, todas las bondades de la compasión; su voz tiembla o impreca, ruge o llora, ajustándose a la exacta medida del sentimiento que se viste con el ropaje del arte para sobrevivir.
"Cuando Correa y su gente trabaja se nota que el contacto emocional es permanente, que hay una comunicación viviente – tal como lo quería Tolstoy que fuera todo arte humanamente social – entre el público que mira y oye y los actores que trabajan. Por momentos la multitud ruge y apoya o desaprueba, en voz alta, lo que se dice en la escena, Visiblemente se advierte que no es una intromisión impertinente del espectador sino un irresistible deseo de dar más fuerza a la acción representada; una fuerza elemental que irrumpe – ciega y sorda –, subrayando enérgicamente las expresiones que nombran sus deseos, esperanzas u odios. A medida que el drama desarrolla su acción, va desapareciendo todo ese límite convencional que separa al espectador del espectáculo, volviéndose todo el conjunto de una integración organizada de elementos humanos que viven un problema.
"Es tal vez este fenómeno, análogo al proceso de compenetración inefable que se producía entre las masas religiosas de la Edad Media cuando asistían a un acto de fe y terminaban colaborando en el espectáculo en algunas de las escenas más tumultuosas. Es plenamente lo que se llama un teatro de masas.
"Para un observador atento a las reacciones del público llega un momento en que resulta imposible seguir a Correa, porque es absorbido enérgicamente por la singular actuación de un personaje de mil cabezas que no figura en la obra: el público. Relataré algunas anécdotas que ilustran estas observaciones.
"Terminada la, guerra, los ex combatientes regresaron del Chaco y durante unas semanas estuvieron metidos en los cuarteles, en espera del desfile de la victoria. Comenzó a cundir entre ellos un espíritu de áspera impaciencia. Los campesinos querían volver a su gleba cuanto antes y los demás querían gozar de los derechos de la victoria, por lo menos en forma de un largo asueto.
"En esa coyuntura hubo alguien que vio en Correa al hombre necesario. Fue el coronel Félix Cabrera, uno de los eficientes, abnegados y modestos obreros de la victoria. Su profundo conocimiento de la psicología nacional le hizo comprender que Correa era la solución del problema. Lo llamó, le entregó dos camiones militares y lo introdujo en los cuarteles. Los soldados – su mejor más entusiasta público – rodearon su tosco tablado y bajo la tienda hecha con ponchos y mantas, Correa emocionaba a su auditorio noche a noche. Los soldados hasta intervenían en la representación: cuando había que detener a algún asesino en el tablado, saltaban sobre él ocho o diez soldados y lo reducían a la impotencia en un santiamén.
"Un día el camión comenzó a marchar por los caminos de Dios: se iba hacia el pueblo campesino a darle su pan espiritual. Y al terminar sus representaciones, al romper la marcha hacia más lejos, los campesinos rodeaban a Correa preguntándole si "era cierto lo que habían visto en su teatro", porque si es así – decían – es necesario ir a castigar a esos canallas que hacen tanto daño a los pobres". Dentro de su simplismo, nuestra gente comprende y vive a Correa, porque Correa los comprende a ellos y vive sus vidas y sus problemas. Ese es el secreto de su arte perdurable.
"Correa ha terminado por imponerse: es querido por su público, respetado por los intelectuales de la joven generación, que han visto en él al auténtico "pioneer" de un vasto movimiento de creación teatral. Ha dado al idioma el uso a que estaba destinado, haciendo de él, el vehículo de una noble realización de arte. Se le admira por su tenacidad sin ejemplo; tenacidad que lo ha llevado a despreciar los obstáculos y a vencerlos en cualquier forma, a veces con ingenio peregrino. Un día, el viento volteó la especie de carpa que le servía de escenario. Correa dio una vuelta por el pueblo y encontró un horno quemador de ladrillos, abandonado por sus dueños. Trasladó allí su "troupe" y ofreció su espectáculo metido dentro del horno. Su público, que lo sigue a todas partes, quedó al fresco, soportando estoicamente las inclemencias del tiempo. Otra vez se quedó sin el telón de boca. Correa colocó una lámpara en la entrada del escenario, y cuando terminó el espectáculo, apagó la luz, notificando así a su público que la fiesta había terminado.
"Otra vez necesitó una escopeta y un cuchillo. Se corrió la voz por el pueblo y al cabo de media hora tenía delante de su tienda un arsenal terrorífico: sesenta escopetas y cerca de cien cuchillos.
"Él mismo ha pintado sus telones, fabricado sus pelucas con fibras de coco, mientras su mujer ha vestido a su elenco, ha dado educación artística a más de cincuenta jóvenes, que se han largado a trabajar por su cuenta, empujados por el signo de la vocación. Sin embargo, la ingratitud de sus "pollos", le ha producido más desazón que las dificultades de público o escena. Un día, su elenco se reunió, discutió con él algunas cuestiones económicas y decidió marcharse. Correa peleó cuanto pudo con ellos pero al final, se vio superado. No dijo nada, entró en un café y escribió unos versos, Cosas de títeres, y regresó con ellos a vengarse de sus verdugos. Los reunió para despedirlos diciéndoles: "Como no puedo darles más dinero y la gloria la tienen más que yo, les diré mi adiós con este pequeño poema que he escrito para vosotros". Pausadamente, con su voz dulce de hombre bueno, lo leyó. Cuando terminó, los ojos de todos sus artistas estaban rojos de lágrimas. Y nadie se marchó.
"Ése es Julio Correa".
Las últimas obras teatrales de Correa son Caraí Eulogio, estrenada en el Teatro Municipal, en 1944, y Honorio Causa, llevada a escena en el mismo coliseo en 1945.
Julio Correa ha publicado un tomo de versos, Cuerpo y alma. La crítica lo ha recibido bien. Se ha revelado en él un poeta lírico de estro delicado. Cuando pulsa el sentimiento generoso y noble es que su canto llega, en su sinceridad, a estremecer a lector, y obliga, muchas veces, a meditar. También Julio Correa ha cultivado el cuento. Entre los trabajos de esta índole sobresale Nicolasita del Espíritu Santo.

JAIME BESTARD es un artista del pincel. Nacido en la Asunción, en 1892, cursó estudios en el Colegio Nacional de su ciudad natal. En París se afanó en perfeccionarse en el arte pictórico. De regreso al Paraguay, dedicóse a su especialidad, silenciosa y apasionadamente. Cuenta con triunfos justicieros. En el Gimnasio Paraguayo y, después, en el Ateneo Paraguayo, enseñó dibujo y pintura. Vive de su arte y para su arte.
En abril de 1942 prodújose una inesperada revelación. Jaime Bestard estrenó una pieza de teatro, una comedia, en tres actos, Arévalo, que le valió el aplauso de la crítica y un sonado éxito de público. El estreno se realizó en el Teatro Municipal. Estuvo a cargo de la Compañía de Comedias del Ateneo Paraguayo, dirigida entonces por Fernando Oca del Valle. El argumento es, en síntesis, el siguiente: "En el primer y tercer acto las acciones se desarrollan en el frente de guerra, en el curso de la contienda chaqueña. El segundo acto tiene por escenario la capital.
"La comedia gira en torno a uno de sus personajes centinelas, capitán de administración, quien vive un intenso drama íntimo, en el que la infidelidad de su cónyuge provoca las torturas espirituales propias del clásico "triángulo".
"Arévalo, ordenanza del capitán, impuesto de la situación, ayuda en lo posible a su jefe, en el cometido de aclarar, poniéndole en clara evidencia, la traición conyugal; mas su ingenuidad y su torpeza provocan en su superior constantes accesos de ira, que dan motivo a situaciones de gran hilaridad.
"Las alternativas del segundo acto, tienen lugar, como ya dijimos, en Asunción, en el domicilio del capitán. El drama personal de éste culmina cuando, ausente de su hogar por haber ido a un pueblo del interior de la República, Arévalo, el ordenanza, hiere mortalmente, a golpes de bastón, al teniente Ríos, autor del adulterio, que en el caso personifica la deslealtad del amigo felón.
"Al día siguiente, en retorno de la campaña, el capitán recibe de su comandante una comunicación en la que le indica que su amigo el teniente Ríos ha sido gravemente herido en circunstancias que se desconocen, y que los facultativos aconsejan su traslado a Buenos Aires. De paso, le ordena buscar un ordenanza de su confianza para acompañar al herido a la capital argentina. El capitán elige a Arévalo, quien realiza el viaje en compañía del teniente Ríos.
"Tercer acto. Ha muerto el teniente Ríos, y Arévalo regresa de Buenos Aires. El ingenuo y modesto campesino, impresionado por la metrópoli argentina, retorna completamente transformado, ya que hasta en la entonación de su voz obsérvase ese dejo cantarino y las características que son propias de los hermanos del Plata.
"Es así que, al presentar a su superior el informe de su actuación, Arévalo provoca una vez más, el enojo de éste, cascarrabias por temperamento. Pero el enojo es aparente; el capitán ha descubierto la acción llevada a cabo por su subalterno en defensa de su honor ultrajado, y siguiendo los impulsos de su corazón, se sincera con él. Escenas de honda emotividad sucédense a continuación, hasta que el ordenanza Arévalo obtiene una merecida licencia, y retorna a su pueblo natal".
Arévalo fue traducido al guaraní por Julio Correa, y llevado a las tablas por su elenco vernáculo, con el mismo éxito obtenido por la versión castellana.
Posteriormente, en 1944, Jaime Bestard puso en escena otra comedia, intitulada Los gorriones de la loma. La estrenó la misma compañía, del Ateneo Paraguayo, en la noche del 3 de mayo, en el Teatro Municipal. La crítica ha vertido a su respecto elogiosos comentarios.
En esta obra se plantea la antigua cuestión entre el espiritualismo y el materialismo.

JUAN B. CASSANELLO es sacerdote. Profesa en la Orden de los Salesianos. Nació en la Asunción en el año 1902. Cursó estudios en Montevideo. Cultiva el verso, la prosa, la oratoria y el teatro.
Como poeta, ha escrito desde su juventud. El género que cultiva, con especialidad, es el épico. Entre sus principales trabajos citaremos Paso a los vencedores, Roca inconmovible, A la muerte del mariscal Estigarribia, Cerro Corá, Sólo, A mi madre muerta, etc.
Tiene numerosísimas composiciones en prosa que fueron dadas a publicidad en diarios y revistas del Paraguay, principalmente en El Mensajero de María Auxiliadora. Su prosa es sencilla, sin rebuscamientos ni giros difíciles.
La cátedra sagrada cuenta con su palabra fácil, resonante y evocativa. En los días de la guerra del Chaco, su verbo rayó a gran altura cuando se inspiraba en belígeros sucesos pretéritos. Animaba a las huestes que partían a la guerra en holocausto de los ideales de derecho, de justicia y de paz y en defensa del patrimonio y de la existencia misma de la Nación. El teatro le debe al padre Cassanello varios dramas y comedias: El ocaso de un héroe, Salaskin, Loco, El medallón, Rosas blancas, dramas, llevados a escenas, en diversas épocas, en la Asunción, y Comisario interino, comedia, presentada también en la capital paraguaya.

ROSA MATILDE CENTURIÓN nació en la Asunción, en el año 1910. Cursó estudios primarios, y, luego, dedicóse a cultivar su espíritu en la soledad de su hogar. Era una autodidacta. Comenzó a escribir crónicas y cuentos breves, publicados en diarios y revistas asuncenas, con el seudónimo de Steila. Fundó un periódico, La Mansión, dirigido y redactado a mano por la misma, en el que, en verso y en prosa, cultivaba la sátira y el epigrama. Escribió también varias comedias infantiles, llevadas a las tablas, en la escuela de Villamorra, por el elenco de alumnos del establecimiento. Rosa Matilde Centurión falleció en la Asunción, en el año 1939.

Deben ser también citados, entre los cultores del género teatral, RIGOBERTO FONTAO MEZA, NÉSTOR ROMERO VALDOVINOS, ERNESTO BÁEZ y AUGUSTO DUARTE.
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Fuente:
HISTORIA DE LAS LETRAS PARAGUAYAS – TOMO III.
Por CARLOS R. CENTURIÓN.
ÉPOCA AUTONÓMICA.
EDITORIAL AYACUCHO S.R.L..
BUENOS AIRES-ARGENTINA (1951), 500 pp.
Versión digital en:
BIBLIOTECA VIRTUAL DEL PARAGUAY (BVP)
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GALERÍA DE LETRAS
Amplio resumen de autores y obras
de la Literatura Paraguaya.
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viernes, 25 de junio de 2010

RUDI TORGA - REFLEXIONES EN TORNO AL TEATRO PARAGUAYO. / Fuente: TEATRO PARAGUAYO DE AYER Y DE HOY - TOMO I (A-G) de TERESA MÉNDEZ-FAITH

REFLEXIONES EN TORNO AL
TEATRO PARAGUAYO DE AYER Y DE HOY

Comentario:
RUDI TORGA
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del

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I. LA TEATRALIZACIÓN PRIMIGENIA PRE-HISPÁNICA: EL ARTE DE HACER FLUIR EL SER EN LA DANZA RITUAL GUAHU
** Se insiste en marginar la contribución del tetã (país) guaraní en la formación de la nación paraguaya. Se utiliza hasta nuestros días el punto de vista unilateral, al considerar que la nación paraguaya es exclusivamente obra de los conquistadores españoles. En todo caso, se valoriza la civilización que impusieron en nuestra tierra y se niega la contribución de los nativos, ignorando su previa existencia colectiva casi continental y negando la contribución de su saber que posibilitó a los invasores su acción colonizadora.
** En este sentido, no se puede explicar ni interpretar con equidad la cultura paraguaya sin una nueva lectura de la historia. En el tema específico del arte, se constata el mismo desafío: no se puede comprender su inserción en la universalidad, sin verificar su proceso en el contexto de la formación de la nacionalidad. En relación al teatro paraguayo, surge el mismo imperativo: si la cultura que reconocemos nuestra deviene exclusivamente como reflejo de lo ajeno o interviene en ella lo propio, sería una pregunta imprescindible para explorar desde sus raíces la evolución que llegó a tener desde su origen hasta hoy.
** Para no entrar en complejidades que no vienen al caso, la primera constatación que tenemos es el tema del idioma. Al mismo tiempo, el idioma nos remite nuevamente a la cultura. Y simultáneamente, a su vez, la cultura nos remite a la historia.
** Si enfocamos la formación de la cultura desde el punto de vista etnocentrista europeo, como se viene haciendo (con algunas excepciones), nuestro análisis se limitaría al universo de la cultura impuesta en nuestra tierra desde la conquista hasta el momento histórico que nos toca vivir. Pero, si decidimos incluir en nuestro análisis la cultura que heredamos -mediante el idioma de nuestros antepasados- durante el curso de la historia, desde una perspectiva ya nacional, descubrimos en las raíces la dimensión mestiza, bilingüe, fusionándose lo nativo en la forma extranjera y fusionándose la forma extranjera en lo nativo. Siguiendo esta última dirección en relación al origen del teatro paraguayo, señalaría que en el tetó guaraní pee-hispánico ya existía (y hasta hoy existe en las comunidades de aborígenes en proceso de dispersión y agonía) una teatralización que no tiene mucha diferencia con el origen del teatro griego, o inclusive con el del teatro español.
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JEROSY: JEROKY
** Esta teatralización se realiza en las danzas rituales que practican los aborígenes en la selva. Tiene como objetivo reconstruir la armonía de los seres en la comunidad. En su transcurrir, la vida terrenal hace incurrir en el proceso de la convivencia, en un impulso que genera rupturas en la relación cotidiana entre los seres, y deviene en el olvido o en la profanación del bien comunitario. El ñe’ẽ, la palabra, vehículo de comunión entre seres, se desvaloriza (Hoy decimos "se trivializa"...) al transgredir las normas del teko porã (vivir y convivir como verdadero ser humano) y actúa en contravención al arakuaáve (el saber que dejó como enseñanza Ñande Rupavẽ, El Ser Supremo, Absoluto, Inmortal). Conduce a los transgresores al teko vai o al teko'y (pérdida del dominio sobre su naturaleza humana o regresión al no ser nadie o nada). En la comunidad, la primera instancia en que se trata estas transgresiones es el diálogo (ñomongeta). Este diálogo se realiza en el aty (reunión). En la reunión se reflexiona en forma horizontal y participativa. No se cuestiona a la persona que incurrió en la transgresión del teko (ser), sino se sustantiva una recapitulación sobre el Ñande Reko (Nuestro Ser). Se considera que existe una interdependencia entre los seres humanos y todo acto individual que pone en riesgo la vida propia o la ajena; uno tiene el compromiso de reorientar su vida: respetando el ser, el quehacer y la finalidad que tiene la vida en común sobre la tierra, para ser dignos herederos de la voluntad y el amor del Ser Supremo (Ñande Rupavẽ). Si en la instancia del diálogo (ñomongeta) no se reconstruye la armonía de los seres en la comunidad (tekoha), se pasa a la instancia del jerosy (danza ritual).
** En la danza ritual se solicita el auxilio del Ser Supremo (Ñande Rupavẽ). Se remite la reflexión del ámbito terrenal al ámbito sagrado, donde el chaman actúa de intermediario entre el Ser Supremo y su pueblo, iniciando la danza donde va desgranando, en el transcurrir del ñembo'e (rezo), la narración sobre el origen de su vida y su misión en la tierra, como seres que vinieron a honrar a la divinidad, consagrándose a conservar la vida en armonía con todos los seres vivientes y todo lo creado en la naturaleza, al ritmo universal, eterno e infinito del cosmos. Los seres humanos son chispas de la creación y se deben a ella. Deben ser fieles a su latido y en la tierra ese latido no debe interferir con la armonía cósmica. Por eso, danzar es hacer fluir el ser entre los seres en la comunidad humana, porque sin armonía no existe meta para ingresar en el corazón divino que dio su sabiduría para que cada uno, y entre todos, exploren en su ser el camino del amor, la igual dignidad y la unidad de la familia humana.
** Las danzas rituales de los aborígenes son una teatralización religiosa donde se explicita mediante simbolismos: la tragedia y la comedia humana en busca de la perfección de la nación guaraní. El fuego, el mbaraka (la guitarra), el jeguaka (adornos), el canto, la ubicación de los participantes, el kaguĩ (la chicha), son elementos que integran la ritualidad escenificada. Se toman de las manos y forman una cadena circular donde van danzando al mismo tiempo que cantan, las mujeres tocan el takua (instrumento aborigen utilizado en danzas rituales) porque así todos juntos, al repetir su unidad original, desnudan los nudos de la desunión de sus seres hasta recuperar la armonía entre todos y con el Ser Supremo. Esas danzas rituales todavía se practican. El teatro paraguayo más históricamente propio se origina en estas danzas. Requiere de nosotros una investigación comparada entre el teatro universal y esta teatralización, para completar nuestra memoria escénica nacional.
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II. CONQUISTA ESPIRITUAL: CON EL ARTE
** La conquista territorial fue al mismo tiempo espiritual. Tenía que ser así. Siempre se admira la conservación del idioma guaraní como idioma del pueblo paraguayo. Contribuyeron muchos factores que deseo puntualizar, sin ánimo de generar polémica. Pero sí es preciso señalar cuanto sigue: el primer aspecto que influye es la íntima relación que existe entre el Guaraní y el Tupí. Más allá de la leyenda que se conoce sobre la desmembración de ambos idiomas, convendría puntualizar que son casi gemelos. Asimismo, si bien se nacionalizaron con el correr del tiempo, sus raíces descubren un saber similar en cuanto a sus respectivas naturalezas para nombrar el universo humano, en su doble vertiente material y espiritual. La influencia del idioma guaraní se extendió a toda América. Cuando sobreviene la conquista española, así como la selva resultaba impenetrable sin ayuda de los aborígenes guaraníes, también resultaba impenetrable acceder al conocimiento de los territorios y los pueblos nativos sin dominar el guaraní. Los mismos conquistadores se vieron obligados a conocer el idioma para avanzar en sus proyectos de llegar a las minas de plata y oro. Pero este conocer el idioma para un objetivo tan estrecho, como la búsqueda del tesoro material, no resolvía el problema del dominio sobre los aborígenes guaraníes. La cultura del tener que obsesivamente impulsaba a los españoles a explorar las tierras, fue revelando a los ava (indígena) guaraní un aspecto totalmente antagónico a su cultura del ser. Para ellos: ser es ser libre, es ser considerado igual, es ser valorado con reciprocidad, es ser respetado en el nivel jerárquico; ser es ser hospitalario, sin perder autonomía; ser es ser capaz de entrar en el intercambio del servicio, sin ninguna subalternidad en ninguna de las etapas de convivencia.
** Domingo Martínez de Irala no podía regresar y, en razón de su débil posición para imponerse por la razón de la fuerza, recurrió a la fuerza de la razón para sobrevivir. Usó la estrategia de la negociación de su poder, aceptando una concesión de mutuo apoyo con los mburuvicha (jefe) guaraní. Al correr el tiempo, no fue suficiente. La rebelión de los mburuvicha fue extendiéndose. Los sucesores vieron que necesitaban encontrar una salida para continuar la conquista territorial. Fue cuando surgió la idea de la conquista espiritual. Esa misión se les cedió a los Franciscanos y a los Jesuitas. Ambas congregaciones se establecieron para la pacificación de las almas. Se establecieron los pueblos de aborígenes para recibir la evangelización. Los Jesuitas fueron más allá: además de la evangelización, crearon una colonización que se extendía a la producción sin intervención de los españoles ajenos a la congregación. Defendieron a los indígenas que fueron presionados por los bandeirantes del Estado de San Pablo y por los españoles encomenderos de la Madre de Ciudades: Asunción.
** Los Franciscanos a su vez se mimetizaron entre los aborígenes para encauzar su evangelización dentro de la filosofía de la encomienda española. Los sacerdotes jesuitas eran previamente formados no sólo en la doctrina cristiana. Aprendían el idioma general de los ava guaraní en la vasta región del territorio que hoy abarca los países del Mercosur. Asimismo, eran instruidos en las diferentes áreas del saber: construcción, veterinaria, agricultura, educación, arte. En teología resultaba difícil la evangelización, porque los ava guaraní eran exigentes exponentes de la creencia guaraní. Discutían de igual a igual. Los líderes religiosos nativos dejaban ver la contradicción en la teología cristiana que explicitaban francamente y ante esta dificultad, los jesuitas recurrieron al arte. Trajeron instrumentos musicales, obras teatrales del género religioso que en Europa fueron utilizados en la Edad Media. Introdujeron primero a los niños en oficios varios como fabricación de imágenes, construcción de altares. Una vez conquistados los niños, fueron conquistadas las voluntades de los jóvenes y las mujeres. Finalmente, fueron incorporados los adultos. Pronto florecieron espectaculares procesiones en fiestas patronales para recibir a los superiores que visitaban las misiones jesuíticas. En poco más de 150 años consiguieron desarrollar más de 33 pueblos que aceptaban la evangelización, porque si bien dicha práctica constituía rechazo de su cultura propia, encontraron en la cultura religiosa recibida el reconocimiento a su espiritualidad original que ahora era suplantada por la religión cristiana. Los franciscanos también consiguieron gire los asentamientos aborígenes se transformaran en pueblos donde fueron practicando habilidades que posibilitaron conservar sus conocimientos propios y enriquecerlos con los recibidos de los misioneros de Francisco de Asís.
** Entre las múltiples adquisiciones que llegaron a tener los aborígenes en oficios y artes, se puede citar el teatro. Mediante el teatro se catequizaba a los neófitos, escenificando historias extraídas de la Sagrada Escritura y de la Vida de los Santos Patronos de los pueblos. Los temas en que más insistían en las escenificaciones se referían a la antropofagia, la poligamia, la costumbre de vivir desnudos y el rechazo a lo que los sacerdotes llamaban hechicerías. También se representaban: La Celebración de Corpus Christi, Auto de Adán y Eva, La Pasión de Cristo, entre otros temas. En nuestro país, hasta hoy no se han rescatado las obras representadas en las misiones jesuíticas, excepto fragmentariamente. En Brasil, se conservan obras de José de Anchieta (1534-1597), uno de los más importantes autores del teatro jesuítico (1607-1767).
** En el teatro jesuítico se usaban idiomas como el guaraní, el castellano y hasta el portugués (este último idioma cuando se aludía a los bandeirantes). En las presentaciones se movilizaban muchos intérpretes: niños, niñas, jóvenes, adultos, especialmente hombres. Las decoraciones y los vestuarios eran de mucho despliegue y colorido. Se intercalaban, además, música, canciones y poemas. Los géneros predominantes eran el auto sacramental y el llamado "misterio", dramas de contenido religioso y lo alegórico.
** En el teatro jesuítico tuvo mucha preponderancia el purahéi ñembo'e (rezo cantado), origen de los cantos estacioneros, y a la vez origen del purahéi asy (canción triste), que serán las matrices de las canciones del yerbal y de los obrajeros; a la vez vuelven a servir de fundamento al purrahéi jahe’o (canción lamento) de nuestros días: el lamento de los peones. Del teatro jesuítico y franciscano a su vez llegan las fiestas patronales y las expresiones teatrales gire en nuestro tiempo van perdiendo vigencia: La Pasión de Cristo y los Pesebres Navideños, como también la fabricación de los Instrumentos musicales más populares -el arpa, la guitarra y el violín- y de otros como tambores, flautas y órganos, ya sin fabricación. De los instrumentos indígenas, hasta hace pocos años atrás, se conservaba la utilización del gualambáu. También es importante señalar que la "velada", jerarquizada y llevada a nivel de gran espectáculo popular por José L. Melgarejo, tuvo su origen en las parodias que los aborígenes hacían en sus comunidades de los espectáculos jesuíticos, desde su libre y genuina capacidad de naturalizar las costumbres impuestas por los evangelizadores.
** En cuanto al teatro colonial, nada importante dejó como herencia. El predominio de lo religioso como centro de la manifestación cultural limitaba el surgimiento del arte escénico, tanto el de procedencia extranjera como el de origen nativo. Es poco lo que se enseñaba fuera de los conocimientos elementa-les como leer v sumar. También se limitaba la circulación de los libros, funda-mentalmente el Catecismo y la Sagrada Escritura.
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III. INDEPENDENCIA: BÚSQUEDA DE LA EXPRESIÓN ARTÍSTICA NACIONAL
** La Independencia Nacional fue por eso un cambio: del poder español por el poder paraguayo. En 1811 nace la República del Paraguay. Se establece una verdadera revolución. Además de los próceres que protagonizaron la emancipación: Fulgencio Yegros. Pedro Juan Caballero, Vicente Ignacio Iturbe, Mauricio José Troche, Fernando de la Mora, pronto emerge el ideólogo que desde el principio fue encauzando el proceso de la liberación nacional, no sólo del poder español, sino también de la ambición de la República Argentina, entonces interesada en integrar al Paraguay a sus Provincias.
** El doctor José Gaspar Rodríguez de Francia fue enérgico en su gestión gubernativa para defender la soberanía territorial, la libre navegación de los ríos y la no intervención en los asuntos internos de la nación, como asimismo, el derecho a legitimar su libertad, y al del pueblo paraguayo con plena autonomía de la República del Paraguay, para autogobernarse sin inmiscuirse en asuntos de otros países. Durante su gobierno, desde 1814 hasta 1840, impuso una política de no negociación sobre asuntos de autonomía para establecer relaciones, si no era en igualdad de condiciones en todos los órdenes: economía, política, derecho, religión, educación, idiomas, tenencia de tierra, cultura y fuerzas armadas. Alentó la moralización de la vida nacional, impugnando las injusticias con los débiles y carenciados. Fomentó la honradez y el trabajo, como obligación y responsabilidad. Promovió la recuperación de la tierra no explotada por los latifundistas y la nacionalizó, otorgándola a los campesinos y a los indígenas. Fiscalizó la importación y la exportación. Prohibió el contrabando. Implementó la educación primaria, creó la fuerza armada con sujeción al poder civil, nacionalizó la iglesia, liquidó la prostitución y la mendicidad. No aceptaba regalos en su cumpleaños y en función de gobierno sus parientes no tenían más privilegios que los que tenía cualquier ciudadano. Riguroso consigo mismo, la independencia de la patria se garantizaba en primer lugar. Nadie podía atentar contra ese deber y ese principio. La población aumenta de 100.000 habitantes a 400.000, cuando muere el Ser Supremo.
** La administración del Estado Paraguayo se documentó hasta en los mínimos detalles. No se registra atención a la promoción teatral pero sí preocupación por la música. La artesanía y los oficios en general fueron valorados.
** Le sucede en el gobierno de la República del Paraguay Carlos Antonio López, después de dos años de inestabilidad. Este asume la Presidencia en 1842 y se mantiene en el cargo hasta fallecer en 1862. Continúa la política que estableciera su antecesor y profundiza la transformación del país, cimentando la industrialización y creando una Constitución Nacional, que fija rumbos a la consolidación del Estado Paraguayo. Fomenta la educación superior y moderniza con la tecnología la infraestructura para cimentar el progreso: compra máquinas y contrata de Europa técnicos en fundición de hierro, instalación del ferrocarril, telégrafo, construcción de edificios; adquiere barcos para navegar en océanos. Envía a Europa becados a los jóvenes para estudiar, incorpora la imprenta donde él mismo escribe el periódico, donde divulga su pensamiento. En este contexto no se le escapa el teatro. No sólo impulsa su promoción en condiciones de apoyo irrestricto para su divulgación, también se preocupa por su institucionalización, solicitando planos para construir una sala que tiene como referencia la Scala de Milán.
** Le sucede en la Presidencia de la República Francisco Solano López, desde 1862 hasta 1870. Este continúa la política de sus antecesores, con el mismo ímpetu. Intensifica la autogestión del desarrollo nacional y la soberanía irrestricta de la nación en su derecho a elegir el sistema de gobierno: no al capital extranjero y sí al comercio internacional equitativo de acuerdo a la ley de la oferta y la demanda. Esta posición le ocasiona la Declaración de la Guerra de la Triple Alianza, tragedia que culmina en Cerro Corá el 1° de marzo de 1870.
** La destrucción no es solamente la ocasionada en los campos de batalla. Todo lo que se puede robar se roba, todo lo que se puede destruir se destruye, todo lo que se puede exterminar se extermina: hasta niños y niñas. Se desmembra el territorio entre Argentina y Brasil. El Paraguay de Gaspar Rodríguez de Francia, de Carlos Antonio y Francisco Solano López queda reducido a la ruina.
** El lúgubre canto del urutaú reemplaza al canto del guyrá campana en las selvas guaraníes. Los sobrevivientes son despreciados por los legionarios que se instalaron en el Palacio de López para regir la nación sobre las reglas de juego del capital privado y no de los intereses patrióticos que por más de 50 años fueron defendidos por los tres gobiernos de la Independencia Paraguaya.
** En la Guerra de la Triple Alianza murieron casi todos los músicos y los intelectuales que fueron surgiendo en las últimas décadas. Quedaron diseminados por el extenso territorio de la patria, sobrevivientes que volvieron a transmitir los aires nacionales, las danzas tradicionales, las poesías, las artesanías, las muchas creaciones de todo orden que en la gloriosa época de paz fueron dando gestación al arte nacional.
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IV. ALBORES DE UN NUEVO SIGLO: RECONSTRUCCIÓN DEL PAÍS ENTRE LO AJENO Y LO PROPIO
** Durante la reconstrucción del país, que recorre todo el resto del siglo XIX y prosigue su marcha al siglo XX, vuelve a repetirse la difícil lucha entre lo propio y lo ajeno, para no decir entre el arte extranjero y el arte nacional. Seguirá un proceso lento, el surgimiento del arte paraguayo, con fisonomía propia. Primero se requerirá la fundación del Colegio Nacional de la Capital y después la fundación de la Universidad Nacional. Con estas instituciones, desde la mano de brillantes educadores y precoces intelectuales que van interviniendo en la vida pública y privada, germinan las preocupaciones por la creación artística. Ya en la primera década del siglo, jóvenes que acceden a la instrucción secundaria y universitaria asumen protagonismo en la búsqueda de la expresión artística nacional, muchas veces en las horas que hurtan a sus militancias en la lucha por encauzar la vida nacional en otras esferas como la política, la economía, la medicina, la ingeniería, el derecho, la docencia o simplemente en subsanar sus necesidades de sobrevivencia.
** El tema prioritario es la investigación histórica: se debate sobre la formación de la nacionalidad, se investiga el pasado, se levanta polémica sobre el sentido que se dio a la Revolución de Mayo, surgen detractores y defensores de los próceres, reivindicadores y también impugnadores de la tragedia de la Triple Alianza. Con todo, entre las luces y las sombras del devenir histórico, el arte va cosechando incuestionables talentos que escuchan el latido de su pueblo y su patria con oídos y sensibilidad excepcionales.
** Algunos tienen la formación adquirida mediante estudios y muchos son autodidactas. Así emerge una sostenida generación de artistas que van dejando a su paso obras que identifican al pueblo paraguayo en sus dos idiomas: el castellano y el guaraní, a nivel culto y a nivel popular, a veces fusionándose, a veces distanciándose, a veces explorando las corrientes artísticas del exterior y otras veces explorando las venas soterradas del alma colectiva nacional.
** Para situar al teatro en su plasmación como género artístico nacional, resulta imprescindible recorrer todas las disciplinas que fueron encontrando su cauce en la cultura paraguaya.
** En el primer decenio del siglo XX, el teatro nacional recibía espectáculos de ópera, zarzuelas, teatro de procedencia extranjera. Al mismo tiempo, se enseñaba música, dibujo y canto, especialmente, en instituciones privadas: en el Instituto Paraguayo, y también en la Banda de Música de la Policía de la Capital. En los colegios y facultades se publicaban revistas que daban difusión a las creaciones literarias. Se realizaban tertulias donde concurrían los artistas a exponer sus cualidades. A nivel popular, en los barrios, se organizaban fiestas de carácter familiar o conmemorativas del santo patrono o patrona, con banda y conjuntos nativos, danzas como galoperas, santa fe o directamente tradicionales como mamá che mosé, guãiguĩ pysapẽ o el pericón.
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RAÍCES BILINGÜES DEL TEATRO NACIONAL
** Esta diversidad de manifestaciones artísticas fueron estimulando a los creadores, en ambos idiomas y diferentes esferas de la cultura, a sentir la necesidad de promover el arte teatral.
** Tenemos que señalar que entre las primeras manifestaciones artísticas que adquieren preeminencia está la música: AGUSTÍN BARRIOS en la guitarra, JOSÉ ASUNCIÓN FLORES en la Banda de Músicos de la Policía, pulsaron el alma nacional, con severa formación musical. Detrás de ellos, llega de su tierra natal: FÉLIX PÉREZ CARDOZO. Y muchos otros, como HERMINIO GIMÉNEZ, SAMUEL AGUAYO, AGUSTÍN BARBOZA, REMBERTO GIMÉNEZ, FÉLIX FERNÁNDEZ, NARCISO R. COLMÁN. Y sigue. Es un jardín de melodías y cantares. Con la música despega la poesía en los dos idiomas: ALEJANDRO GUANES, MANUEL ORTIZ GUERRERO, EMILIANO R. FERNÁNDEZ, DARÍO GÓMEZ SERRATO, ELOY FARIÑA NÚÑEZ. No se hace esperar el dibujante popular: JUAN SORAZÁBAL. También está la cerámica, con sus temas tropicales y folklóricos, con JULIÁN DE LA HERRERÍA; y el arte visual, con HOLDENJARA, PABLO ALBORNO e IGNACIO NÚÑEZ SOLER.
** Era así preciso que naciera el teatro. Escriben EUSEBIO AVEIRO LUGO, LUIS RUFFINELLI, ARTURO ALSINA. MANUEL ORTIZ GUERRERO, PEDRO JUAN CABALLERO. LEOPOLDO RAMOS GIMÉNEZ. RIGOBERTO FONTAO MEZA, FRANCISCO MARTÍN BARRIOS Y FÉLIX FERNÁNDEZ. Son los precursores, entre otros, que cederán a la falta de apoyo. Esto sucede en los años finales de la segunda década y en la tercera década del siglo XX.
** La Guerra con Bolivia produce la recuperación de la memoria sobre la Guerra de la Triple Alianza. Se reivindica la causa de la patria en la defensa territorial nuevamente amenazada. Vuelve en el campo de batalla a reconocerse que primero está la nación. Y la nación se defiende con liberales y colorados, con sindicalistas y militares, con labriegos y estudiantes, con sacerdotes e intelectuales. Cumplida la misión en el escenario bélico, retornan los diferentes protagonistas a sus hogares, decididos a defender la paz y también a cambiar el rumbo de la vida nacional. Paz con justicia es la consigna, libertad con igualdad en el derecho a la vida y al bienestar.
** Con ese nuevo ideal se imponen el deber de luchar: los músicos, los poetas, los intérpretes, los intelectuales. Es el momento para llevar al escenario, además de la música, el canto, la danza y el teatro. Y en esta movilización artística surgen nuevos protagonistas para liderar el surgimiento final del teatro paraguayo. Son ellos: JOSÉ L. MELGAREJO, con la velada, JULIO CORREA, con las comedias y los dramas que agudizan la denuncia, la crítica y el verbo revolucionario en el resplandeciente idioma guaraní, ROQUE CENTURIÓN MIRANDA, en quien se da la triple vocación del actor, el director y el autor, y quien se adelanta a promover la formación del actor, para dignificar definitivamente el arte escénico, porque en él «se oficia la misa del arte». Interviene JOSEFINA PLÁ con una lucidez que no se daba todavía en su género. Distribuye su tiempo en la creación de obras, la crítica, la docencia y la investigación del teatro en el Paraguay. Resulta imprescindible citar su obra -CUATRO SIGLOS DE TEATRO EN EL PARAGUAY- porque es fundamental su lectura para tener una visión histórica del arte escénico, desde los orígenes de la llegada de los españoles a nuestra tierra en el siglo XVI, hasta la primera mitad del siglo del XX.
** Con los precursores y con los fundadores del teatro paraguayo se abre el camino para transitar otros autores que consolidarán la dramaturgia de nuestro país: AUGUSTO ROA BASTOS, EZEQUIEL GONZÁLEZ ALSINA, JAIME BESTARD, NÉSTOR ROMERO VALDOVINOS, JOSÉ MARÍA RIVAROLA MATTO, MILCIADES JIMÉNEZ, NARCISO R. COLMÁN, MANUEL FRUTOS PARRE, JUAN CARLOS MORENO GONZÁLEZ (zarzuela paraguaya), ROGELIO SILVERO, BENIGNO VILLA, ERNESTO BÁEZ, CARLOS GARCETE, MARIO HALLEY MORA, ALCIBIADES GONZÁLEZ DELVALLE, OVIDIO BENÍTEZ PEREIRA, JUAN BAUTISLA RIVAROLA MATTO, RAMIRO DOMÍNGUEZ, HÉRIB CAMPOS CERVERA, REINALDO MARTÍ, DEMETRIO ORTIZ, ANTONIO ESCOBAR CANTERO, RENÉ FERRER DE ARRÉLLAGA, MONCHO AZUAGA. GLORIA MUÑOZ, EFRAÍN ENRÍQUEZ GAMÓN, LUCY MENDONÇA DE SPINZI, PEPA KOSTIANOVSKY, LUIS HERNÁEZ, SARA KARLIK y los relativamente recién llegados AGUSTÍN NÚÑEZ, EDDA DE LOS RÍOS, MARIO SANTANDER, HÉCTOR MICÓ Y RODOLFO DAMI (h).
** Los autores conocidos fueron conocidos con la contribución de los directores y la compañía que optaron por la escenificación de obras nacionales. Los más importantes: RIGOBERTO FONTAO MEZA, FRANCISCO MARTÍN BARRIOS, FÉLIX FERNÁNDEZ, JOSÉ L. MELGAREJO, JULIO CORREA, ROQUE CENTURIÓN MIRANDA, JACINTO HERRERA, FERNANDO OCA DEL VALLE, MERCEDES JANÉ, WASHINGTON RAMÍREZ. ERNESTO BÁEZ. CARLOS GÓMEZ, MARIO PRONO, ERENIA LÓPEZ. TERESA GONZÁLEZ MEYER, RAQUEL ROJAS, ROQUE SÁNCHEZ, RAFAEL ROJAS DORIA, DOMINGO REGALADO PÉREZ, NERY MARTÍN. Muchos ya fallecieron, transitando por escenarios nunca construidos para la labor escénica, excepto el Teatro Municipal.
** El teatro paraguayo se fue forjando en el crisol de los dos idiomas, el castellano y el guaraní, abarcando todos los géneros: LA COMEDIA, LA FARSA, LA ZARZUELA, EL DRAMA y LA TRAGEDIA. Se ha insistido en que no se escriben obras teatrales en nuestro país para justificar intereses creados ante quienes interrogan por el teatro nacional. Yo explicaría más bien que entre muchos directores existe preferencia por las obras extranjeras, en razón de que nuestro teatro carece de una fuerte tradición que le posibilite la producción de obras en cantidad y en calidad como sucede en países donde se ha consolidado la institucionalización de la labor escénica. Por otra parte, sí tenemos que señalar con énfasis que no se ha dado apoyo a sus obras con publicaciones y con presentaciones. Deja como resultado que muchas obras, y en particular al morir sus autores, fueron quedando en el olvido y hasta muchas obras fueron destruidas o conservadas por sus mismos familiares, como creación que carece de valor comercial. A estas realidades hay que sumar la inexistencia de una institucionalización efectiva del teatro paraguayo. Y cuando digo institucionalización estoy refiriéndome a la ausencia de un presupuesto estatal o privado, salas teatrales, compañías estables financiadas, registro y publicación de obras. Las editoriales que alguna vez publican obras teatrales, generalmente no cubren el pago de los derechos de autor. También ni se ha actualizado la enseñanza teatral, como para generar actores, directores, críticos y autores respaldados por una formación en todos los niveles de la dramaturgia. Se mantiene el arte escénico al margen de todas las demás disciplinas artísticas. Existen conservatorio de música y ballet folklórico, contemporáneo y clásico, orquesta sinfónica de cámara filarmónica, como asimismo las artes visuales tienen sus espacios y sus protecciones para sus específicas divulgaciones. La marginación del teatro no se explica ni se justifica. Sin embargo, existe -y se puede constatar- una diversidad de obras no estrenadas o estrenadas después de haber sido escritas, muchos años después. También se puede constatar que en las condiciones en que se desenvuelve la actividad escénica, se escribieron obras de inobjetable estructura, riguroso lenguaje, con un contenido vigente y nivel estético excelente.
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V. TEATRO PARAGUAYO DE AYER Y DE HOY
** En la presente selección de nuestro teatro, apropiadamente titulada Teatro Paraguayo de Ayer y de Hoy, la investigadora Teresa Méndez-Faith rescata autores y obras que ofrecerán una visión muy integral de nuestro arte escénico.
** Siguiendo el orden alfabético que eligió para presentar a los autores -y que caracteriza a todos sus volúmenes antológicos anteriores- la selección se inicia con JOSÉ ARTURO ALSINA, quien está representado en este libro con dos obras: INTRUSO y LA SOMBRA DE LA ESTATUA. Aparentemente son dos obras muy diferentes: la primera es una obra realista en el mejor estilo del teatro que se sumerge en la decadencia de una sociedad dominante que desde su principio legionario no puede evitar el estallido de la crisis de valores en la que se desenvuelve el clima familiar y social de la oligarquía; en la segunda obra, se interioriza el tema y se desdobla en un conflicto del ser, donde la situación de la realidad humana proyecta su ambigüedad en la valoración de la vida en el mundo. JOSÉ ARTURO ALSINA dimensiona sus obras desde una tesis ideológica y la desgrana desde un acontecer histórico donde el lenguaje adquiere a veces temperatura filosófica y a veces temperatura poética, con un nivel estético, lírico y melódico al mismo tiempo. El eje de su dramaturgia es el problema ético en la vida individual familiar y social. Por eso, las situaciones humanas más reales se metaforizan en una atmósfera irreal o supraneal. Los personajes adquieren su fisonomía espiritual y su fisonomía material, en una dialéctica que se expresa entre la cruda realidad y la abstracta armonía teórica. Ninguna pasión espiritual puede concretarse sin una correspondiente acción material. ALSINA es el primer dramaturgo nacional que explora las vetas del teatro universal, para asegurar una crítica y una poética escénica humanista y humanizados. Escribió en castellano, pero fue un apasionado exponente de la cultura guaraní, en época en que a este idioma le proscribían de los círculos literarios.
** INTRUSO fue escrita y estrenada el 14 de agosto de 1934, en el TEATRO NACIONAL (hoy Teatro Municipal) por la Compañía de Comedia Karr-Prandi. Fue publicada en la Revista de la Municipalidad de Asunción en 1934. LA SOMBRA DE LA ESTATUA fue leída el 22 de noviembre de 1974 en el Auditorio de Radio Cáritas, por el Ateneo Paraguayo, bajo la Dirección de MARIO PRONO y MARÍA ELENA SACHERO. Tanto INTRUSO como LA SOMBRA DE LA ESTATUA son obras que forjaron la huella al mejor Teatro Paraguayo que sacrificadamente iba remontando la desconcertante historia nacional.
** De las numerosas obras que ya llegó a escribir MONCHO AZUAGA, sin duda la que mejor identifica su opción por las familias excluidas del desarrollo capitalista en nuestro país es LOS NIÑOS DE LA CALLE. Las familias expulsadas de sus valles hacia los bañados del Gran Asunción pertenecen a la Organización de las Familias Sin Techo. Son casi más de 300.000 habitantes. Durante todo el siglo XX, los sucesivos gobiernos se enfrentaron al drama de la lucha por la tierra y ninguno de los diferentes partidos que ocuparon el Palacio de López resolvieron esta crisis. ¿Por qué? Porque se ha mantenido el principio de los legionarios, donde primero se asegura el interés privado de los dueños de la tierra que monopolizan en grandes latifundios. En consecuencia, los hijos de la tierra que nacen en los hogares campesinos ya no tienen dónde habitar. Este no tener la tierra produce la migración de los campesinos a las ciudades. En las ciudades tampoco son integrados a la población habitual de la capital. Resumiendo: se puede decir que los niños de la calle tienen su origen en el temible drama de la falta de tierra para asentar a las familias que emigran de sus valles porque no tienen tierra. Son familias cuyos hijos se crían en la calle, donde la violencia de todos los poderes se descarga en forma irracional y a veces tiene la mueca misericordiosa de la caridad dominical. Se trata de una obra donde la estética del teatro burgués da paso a la estética del teatro que crea su propio lenguaje entre los códigos del idioma, ya sin estructuras gramaticales y sentimientos vaciados de paradigmas, como el bien y el mal, o pensamientos que apenas logran brotar como tímidas semillas de esperanzas. LOS NIÑOS LE LA CALLE saca el teatro de las cómodas salas para convertir en escenario la propia venda del dolor y el hedor de una sociedad desenfrenada e indiferente.
** OVIDIO BENÍTEZ PEREIRA, con la obra EL LOCO, escribe una verdadera denuncia contra la teología que se limita a construir "templos de piedra, oro y alabastro”, en vez de construir “templos de carne y espíritu”. En un autor que con sinceridad estética y honradez intelectual intentó sacar el teatro nacional de sus “comedias de costumbres" y sus "dramas de alcobas" que todavía en las salas se ofrecen en nombre del teatro profesional. Como en la fábula de Esopo, los directores de teatro prefirieron decir que no había obras, para no arriesgarse a estrenar la obra de este autor que fabulaba la realidad nacional desde un análisis con perspectiva diferente a las convencionales y conservadoras que dominaban el teatro tanto popular como universal.
** Precisamente EL LOCO tiene un desarrollo lineal donde todo sucede en un clima de realismo, con la particularidad del lenguaje que oscila entre el significado natural y simbólico que mantiene la interpretación de los acontecimientos en un doble juego entre lo sagrado y lo cotidiano. TEATRO ESTUDIO LIBRE estrenó del autor: MORITURI (1976), PUENTES SOBRE EL BARRANCO (1986) y EL LOCO (1977). Con el Taller de TEATRO DE YPACARAÍ DEL FESTIVAL DE LAGO, llegó a estrenar ¿DÓNDE ESTÁ? (1984) y con el CENTRO PARAGUAYO DE TEATRO (CEPATE) estrenó JESUCRISTO DE TODOS LOS DÍAS (1986).
** EL LOCO fue escrito en castellano. Estrenamos la obra tal como fue escrita. En la reunión de evaluación, después de algunas funciones, los integrantes señalaron que algo no funcionaba bien para que la comunicación fuera plena. Se resolvió traducir al guaraní. Y se volvió a ensayar con un nuevo enfoque en su lenguaje: el loco se expresaba en guaraní, mientras que el cura lo hacía en castellano; el sacristán se expresaba en guaraní con el loco y en castellano con el cura. Volvimos a presentar la obra y la mantuvimos en repertorio durante 4 años. Con EL LOCO se escribió una de las creaciones más perfectas en el género del teatro breve.
** HÉRIB CAMPOS CERVERA escribió JUAN HACHERO ocho meses antes de morir, exactamente del 5 al 9 de diciembre de 1952, en Buenos Aires. Se intentó escenificarla en el exilio ese mismo año. Con esa finalidad, llegaron a formar un elenco con JACINTO HERRERA, FRANCISCO MARÍN, NELLY PRONO, ANÍBAL RIVEROS y CÉSAR DE BRIX. Desgraciadamente no prosperó la escenificación. Recién la pudimos estrenar con el TEATRO ESTUDIO LIBRE, en 1996, en la Sala MOLIÉRE DE LA ALIANZA FRANCESA, con el auspicio del Elenco Municipal de Teatro de la Ciudad de Asunción (EMTCA).
** En el Paraguay, entre las obras escritas en lengua castellana, JUAN HACHERO tiene una calidad literaria que se impone con una coherencia cuyo antecedente únicamente se puede apreciar en las obras de ARTURO ALSINA. También sitúa a esta obra en un nivel de excelencia la estructura dramática donde el tiempo de la acción escénica integra la lectura de la historia social, política, económica y cultural de nuestro país, desde el universo de la vida obrajera en el Alto Paraguay.
** Los protagonistas son símbolos de modelos de explotación humana, establecida por la Empresa Extranjera en complicidad con nuestros poderes políticos y religiosos, para extraer la riqueza natural de nuestra tierra, en este caso el quebracho, con mano de obra de la población mestiza y aborigen, a quienes absolutamente se les niega todo derecho a organizarse como obreros y a reclamar sus derechos garantizados por la Constitución Nacional. En la obra se pulsa toda la veta del teatro revolucionario de JULIO CORREA y se incorpora la música como un coral griego con los sones de la guarania creada por JOSÉ ASUNCIÓN FLORES. En cuanto a representatividad del teatro paraguayo moderno, considero que la obra está a la altura del Teatro de Vanguardia Universal, tanto por la veracidad y crítica históricas, como también por su densa irradiación estética insobornable. Su lectura debería considerarse texto obligatorio en la Facultad de Filosofía, en la Carrera de Letras y Medios Modernos de Comunicación.
** En JUAN HACHERO. HÉRIB CAMPOS CERVERA expone, con fría lucidez, la tragedia de la vida humana y social de la mujer y del hombre paraguayos de las áreas rurales, donde la desigualdad y la injusticia predominan impunemente bajo las reglas del juego que impone la Empresa Extranjera y los gobiernos legionarios que sólo defienden sus beneficios adquiridos con el abuso del poder y la iniquidad.
** Levemente, como una fugaz brisa de verano, se advierte el esfuerzo de una generación generosa y solidaria que llegó a entregarse a la búsqueda de cambio con la Revolución de Rafael Franco. Sin embargo, apenas se extiende a los lugares de trabajo el sueño colectivo donde todo se incendia y se convierte en una inexorable tragedia.
** La comedia en tres actos AQUÍ NO HA PASADO NADA, de ROQUE CENTURIÓN MIRANDA y JOSEFINA PLÁ, escrita en 1942, marca la culminación de dos décadas de tenaz insistencia por encauzar el teatro paraguayo, que arranca más o menos por el año 1922. con EL CRIMEN DE TINTALILA de MANUEL ORTIZ GUERRERO, LA CHISPA ROBADA de FRANCISCO MARTÍN BARRIOS, LA EPOPEYA DEL MARISCAL de EUSEBIO AVEIRO LUGO, LA INQUISICIÓN DEL ORO de LEOPOLDO RAMOS GIMÉNEZ (en 1922), GUAVIRAMÍ de BENIGNO VILLA (en 1926), JUGUETE ROTO de FACUNDO RECALDE (en 1925), SORPRENDIDOS Y DESCONOCIDOS de LUIS A. RUFFINELLI (en 1924), LA MARCA DE HIERRO de ARTURO ALSINA (en 1926), MBORAYLHU HA TESAY de FRANCISCO MARTÍN BARRIOS (en 1922) y MHORAYHU PAHA de FÉLIX FERNÁNDEZ (en 1928).
** Todas estas obras (y otras que no se mencionan) forjan, en trozos primiciales, la fisonomía del teatro nacional en guaraní y en castellano, con motivos populares y temas vinculados a las vivencias ciudadanas de la sociedad tradicional y convencional. En esta etapa de construcción de su identidad, el arte escénico, nacional explora fondo y forma, experimenta el lenguaje en los dos idiomas, define perfiles de héroes y antihéroes en el curso de las acciones escénicas.
** La etapa siguiente define la Guerra con Bolivia (1932-1935). Aparecen JULIO CORREA, JOSÉ L. MELGAREJO y ROQUE CENTURIÓN MIRANDA. En general se ha considerado coyuntural el éxito de JULIO CORREA, por inspirarse sus primeras obras en la Guerra del Chaco. Sin embargo, resulta importante destacar que el suceso de la guerra ha rescatado el heroísmo paraguayo que tan radicalmente fuera cuestionado por los legionarios que se adueñaron del escenario político y económico nacional, después de la Guerra de la Triple Alianza (1870). La defensa del territorio devolvió el sentimiento patriótico, impugnándose en consecuencia los enfrentamientos ocasionados por los intereses sectarios de los partidos tradicionales. Seriamente, en toda la nación se aspira a una alternativa política que inaugure cambios en la sociedad.
** En efecto, el teatro se hace eco de esta inquietud colectiva general. Así las obras logran completar la fisonomía del teatro paraguayo. Precisamente ROQUE CENTURIÓN MIRANDA, con la co-autoría de JOSEFINA PLÁ, escribió: DESHEREDADOS y EPISODIOS CHAQUEÑOS (1932); y JULIO CORREA: SANDIA YVYGUY, GUERRA AJA, TEREHO JEY FRÉNTEPE (1933). Prosigue su creación escénica ROQUE CENTURIÓN MIRANDA. Esta vez su otra se titula: TUJU (1933). LUIS RUFFINELLI escribe CONCIENCIA JURÍDICA DEL BARRIO (1934) y entrega su GUARAÑIRO (COSAS DE LA GUERRA Y DEL AMOR) en 1935, "quizás la pieza mejor construida del teatro vernáculo", según JOSEFINA PLÁ.
** Al regresar la paz, los dramaturgos orientan sus obras a captar los temas humanos y sociales, con el propósito de incorporar el Teatro Nacional en la vertiente del teatro contemporáneo e incorporar el teatro contemporáneo como referencia del teatro en su evolución literaria y escénica. Contribuye a este objetivo la formación de la Compañía Teatral del Ateneo Paraguayo, con FERNANDO OCA DEL VALLE en la dirección de obras escritas en castellano, y JULIO CORREA en la dirección de obras escritas en guaraní. Este importante paso se daba en 1941.
** En 1942, el Ateneo Paraguayo organiza un Concurso Teatral, donde obtiene el Primer Premio AQUÍ NO HA PASADO NADA, de ROQUE CENTURIÓN MIRANDA y JOSEFINA PLÁ. La obra tiene como eje fundamental el conflicto de paternidad responsable, un tema que en 1942 todavía no preocupaba a la sociedad que se desenvolvía en la doble moral de practicar la decencia ocultando las miserias morales y erradicando toda toma de conciencia sobre situaciones de esa naturaleza. Esta pieza fue publicada por la Imprenta Nacional en 1945 y estrenada once años después, en 1956.
** En cuanto a SANDÍA YVYGUY de JULIO CORREA, hay que señalar, en primer lugar, que se trata de una obra breve, concebida y escrita con la misma perfección con la que fueron escritas las obras de la tragedia griega. Fue estrenada en 1933 por su autor, que también fue el actor principal de sus propias creaciones escénicas. Con el TEATRO POPULAR DE VANGUARDIA (TPV) la volvimos a escenificar en 1964 y con el Taller de TEATRO DEL SEMINARIO METROPOLITANO en 1982. KARU POKÃ, también de JULIO CORREA, con versión castellana realizada por su propio autor, es la creación escénica más trágica que se llegó a escribir sobre la lucha por la tierra. Cada día que pasa tiene más vigencia. Fue escrita en 1941, estrenada por la COMPAÑÍA DE COMEDIAS DEL ATENEO PARAGUAYO en 1942 (en el Teatro Municipal) y dirigida por el propio autor, donde también se desempeñaba como actor. ARTURO ALSINA dice: "Su obra en sus dos fases, la del dramaturgo y la del poeta, es el fruto original del desesperado amor a su tierra, de una apasionada defensa de su pueblo, un pueblo agobiado por el peso de una angustia secular. En su diálogo late entrañablemente la poesía, la verdad profunda de la tierra". NÉSTOR ROMERO VALDOVINOS, por otra parte, escribe sobre JULIO CORREA: "Dolíale su pueblo, su tierra, su Patria. Pretender circunscribir la vigencia de su teatro a un momento histórico sería negarle su médula de perennidad, en suma, su universalidad". Con BARRANCA ABAJO de FLORENCIO SÁNCHEZ, KARU POKÃ es probablemente la obra teatral paraguaya más profundamente paraguaya y más entrañablemente latinoamericana. Desgraciadamente, de este autor se ha asimilado de manera insuficiente su enorme legado sobre lo visceralmente paraguayo en el arte escénico. No obstante, citaría a tres autores que bebieron en su magisterio: HÉRIB CAMPOS CERVERA, con JUAN HACHERO; JOSÉ MARÍA RIVAROLA MATTO, con EL FIN DE CHIPÍ GONZÁLEZ; y NÉSTOR ROMERO VALDOVINOS, con MBOKAJA HAEÑO. En este sentido, la obra KARU POKÃ, en su versión original guaraní, durante muchos años continuará resonando como una obra de denuncia contra los latifundistas y las autoridades que abusan del poder en las áreas rurales.
** FÉLIX DE GUARANIA tiene la versatilidad de la diversificación en las disciplinas literarias. Con su empecinado oficio de poeta, se consustancia con la traducción literaria del castellano al guaraní, como así también con la investigación de la cultura guaraní. La última exploración que hace es en el área del teatro popular que se traduce en varias obras, donde recuperan sus voces los olvidados protagonistas de las luchas campesinas. TECHAGA'U REI OPÁMA (TERMINARON LAS AÑORANZAS) es una de ellas.
** En su comedia Y AHORA... ¿QUÉ? EDDA DE LOS RÍOS escruta el género de la comedia para interpelar las instancias convencionales de nuestra sociedad en su estéril marcha por la historia. En el proceso de cambio que va registrando el teatro nacional, el tema se vacía en la trivialidad que de pronto se vuelve dramática, al desnudar la vida que se va gastando en el vacío de la soledad en la familia y en la sociedad.
** CANTATA HEROICA A PEDRO JUAN CAVALLERO, de RAMIRO DOMÍNGUEZ, es una obra rigurosamente histórica y admirablemente poética. El TEATRO ESTUDIO LIBRE la estrenó en 1972 en Misión de Amistad, y diez años después, en 1982, también fue llevada a escena por el elenco de la Municipalidad de Villarrica, en el Teatro Municipal de la Capital del Guairá.
** Recuerdo, con respecto a dicha pieza, que una noche recibí la visita del Dr. RAMIRO DOMÍNGUEZ en el Centro Cultural Paraguayo-Americano. Entonces yo dirigía el TEATRO POPULAR DE VANGUARDIA (TPV). Me entregó el libreto de la obra. Después de leerla, volví a releerla con mis compañeros del elenco, con la idea de estrenarla. Uno de los integrantes objetaba la explícita intención cuestionadora a la dictadura del Dr. Gaspar Rodríguez de Francia. Le expliqué al autor el criterio encontrado que se produjo en el elenco. Para mi sorpresa, el Dr. RAMIRO DOMÍNGUEZ me explicó que no hacía falta que el elenco estuviera de acuerdo con su tesis. Lo importante era precisamente esa discusión que tenía que hacerse sobre la dictadura. Le volví a plantear a mi compañero de elenco, con alegría, la feliz conversación con el autor de la obra. Finalmente decidimos estrenarla. Pero cuando comenzábamos a dar los primeros pasos, el compañero volvió a oponerse. Así quedó sin efecto la escenificación en el Teatro Popular de Vanguardia. CANTANTA HEROICA A PEDRO JUAN CAVALLERO inaugura el teatro poético crítico en la dramaturgia nacional. Siempre me pregunto cuánto le habremos decepcionado al autor que desde entonces no ha reincidido en la creación de otra obra teatral. En su homenaje explico este hecho para que en el futuro no se sacrifique más a los autores por no compartir su interpretación de la realidad nacional o su opción estética.
** LA AGONÍA DEL HÉROE (FRANCISCO SOLANO LÓPEZ, O EL VALOR MORAL), de EFRAÍN ENRÍQUEZ GAMÓN, fue escrita en la Comisaría de Luque, donde el autor fue preso político. La estrenamos en 1975 en Misión de Amistad. Integra actualmente su TETRALOGÍA PARAGUAYA juntamente con las siguientes obras: ANTEQUERA O LA REVOLUCIÓN DE LOS COMUNEROS; FRANCIA, UN HOMBRE INTERMINABLE; y LA GUERRA INCONCLUSA. Se trata de un rescate del patriotismo del Mariscal Francisco Solano López. Al respecto dice el autor: "Nuestro héroe no es un fruto accidental de la Historia, en razón de que ciertos acontecimientos le hicieron sobresalir para ser la figura principal del drama". López es un símbolo del pueblo. Encarna el caudal moral de toda una nación. Ha jurado en Villa del Pilar, en 1846: "Juro que esta sagrada enseña de la Patria jamás caerá de mis manos". En efecto, entre las obras históricas conocidas sobre la Guerra de la Triple Alianza, ésta es la que con más rigor histórico y más justicia a la verdad que defendió el mariscal, se plasma en el lenguaje escénico, con una indiscutible melodía poética que sostiene las sucesivas escenas que tienen como etapa final Ceno Corá.
** EL BURDEL de RENÉE FERRER, prolífica poeta y narradora que recientemente ha empezado a incursionar también en el teatro, es una pieza breve que forma parte de SOBRE EL LÍO... Y OTRAS HISTORIAS: EJERCICIOS PARA ACTORES (1998), conjunto de veinte obras cortas elaboradas en el taller de dramaturgia dictado por Rémi De Vos en marzo-abril de 1998 y estrenadas, casi todas, entre junio y agosto de ese mismo año.
** Aunque estrenada en Francia en 1963, LA CAJA DE FÓSFOROS, de CARLOS GARCETE, fue escrita cuando su autor estaba interviniendo en el movimiento del TEATRO INDEPENDIENTE ARGENTINO. Ya había iniciado su experiencia teatral en el Ateneo Paraguayo. Por su perseverante identificación con las luchas políticas de los pueblos latinoamericanos, su "caja de fósforos" se convierte en caja de resonancia de la rebelión que fue, o está en marcha, o sucederá en un día venidero.
** De BOLÍ obra de EZEQUIEL GONZÁLEZ ALSINA, escribe JOSEFINA PLÁ que "será por largo tiempo citado como una cota válida en el deslinde de áreas, en esa búsqueda de expresión auténtica que el teatro nacional efectúa desde hace años, sin comprender, sino pocas veces, que en la intención y no en la forma, reside lo posible de una literatura actual". BOLÍ fue estrenada por la COMPAÑÍA DE BÁEZ, REISOFER-GÓMEZ, en el Teatro Municipal, a fines de los años 50 o principios de los 60. Una vez más resulta un acto de justicia señalar que entre las obras escritas sobre la Guerra del Chaco, ésta llegó a la excelencia estética y a la ejemplaridad, en su hondura, para iluminar los secretos latidos de la condición humana. BOLÍ pertenece a la nómina de las obras que permanecerán como señeras en el proceso histórico del teatro paraguayo.
** PROCESADOS DEL 70 de ALCIBIADES GONZÁLEZ DELVALLE integra una trilogía escénica que hasta la fecha es la única contribución dramática concentrada en el drama humano de la Guerra contra la Triple Alianza. Las otras obras son: ELISA y SAN FERNANDO. El propósito del autor es, según sus propias palabras: "Dar una dimensión humana a los héroes, a quienes la historia oficial ha deformando siempre". Los protagonistas son hombres y mujeres del pueblo, que entregados a la defensa de la independencia y la soberanía de la tierra invadida, enfrentan con incalculable renunciamiento de su ser a los enemigos de la patria. Con esta trilogía dramática, ALCIBIADES GONZÁLEZ DELVALLE cuestiona el patriotismo retórico donde a los héroes se los convierten en legitimadores autoritarios, vaciando el proceso histórico verdadero con una reproducción que desnaturaliza el contenido y despierta fanatismos fetichizadores hacia líderes mesiánicos. En este sentido, tenemos que hablar de nuestra historia patria que ha sufrido una manipulación que todavía no se ha reencauzado. El teatro es una expresión artística ideal para explorar las vetas más fidedignas de nuestro pasado. No se trata de huir del pasado ni de condenar o marmorizar el legado histórico. Necesitamos criticar, desde el latido humano y social, en el escenario de los acontecimientos, las verdaderas causas de nuestras glorias y de nuestros infortunios.
** El teatro histórico es un excelente pretexto para interrogar el destino de los habitantes de nuestra nación, con una perspectiva crítica. Se han creado muchas interpretaciones interesadas sobre nuestra historia y, para construir el futuro, necesitamos recuperar la verdad sobre nuestra herencia cultural e histórica.
** ALCIBIADES GONZÁLEZ DELVALLE abrió ese camino, desde el teatro. Y el teatro paraguayo se ha enriquecido notablemente con su valiente creatividad y su reflexión histórica renovadora. PROCESADOS DEL 70 se estrenó en la Fonoplatea de radio Cháritas, con un elenco dirigido por Mario Prono, en 1968.
** LA MUJER EN EL TELÉFONO (monólogo), LA COMEDIA DE LA VIDA (teatro breve) y UN ROSTRO PARA ANA son tres obras que apenas llegan a dimensionar la producción dramatúrgica de MARIO HALLEY MORA. En total sus textos para el teatro suman más de 60 títulos, entre teatro para niños (PALABRAS MÁGICAS), teatro breve (EL PEQUEÑO TINGLADO y TEATRO BREVE), comedias, zarzuelas, dramas y algunas que pulsan las estremecidas notas de la tragedia, como en el caso de LA COMEDIA DE LA VIDA que integra esta muestra de su diversificada creación.
** LA MUJER EN EL TELÉFONO nos acerca al género del monólogo. En el texto se desarrolla esa guerra donde la lucha del género se manifiesta desde la perspectiva de la mujer alienada por cubrir un ocio que especialmente las nuevas ricas concentran excesivamente en la relación amorosa. MARIO HALLEY MORA es el que, desde la segunda mitad del siglo XX, más ha desenmascarado a esas familias paraguayas tradicionales y conservadoras que fueron empujadas a ingresar a la moderna sociedad de consumo, que con la filosofía del tener se traduce en un proceso de desnacionalización desde las esferas del poder económico, político, militar, religioso y universitario.
** No se ideologizó para interpretar la realidad nacional, fue más sutil y hasta más agudo, al enfocar la vida de sus personajes desde la instancia de la cultura sedimentada en el teko paraguayo, con sus luces y sus sombras, sus mezquindades y sus johechakuaa (reconocimientos) inmemoriales. En las tres obras que se rescatan en Teatro Paraguayo de Ayer y de Hoy se puede constatar que a MARIO HALLEY MORA fundamentalmente le interesa el ser humano que emerge en el escenario de la vida, con su vivencia desnuda, palpitante, en situación límite. No escribe para tener reconocimiento en el exterior, opta por establecer una relación íntima y hasta intimista, a veces escéptica y siempre afectuosa, con las vicisitudes, con los hombres y las mujeres de su pueblo, un pueblo que desde los centros mundiales del poder está sufriendo la desvalorización de su personalidad nacional, por un cosmopolitismo depredatorio y uniformador. El teatro de MARIO HALLEY MORA está, a la vez, profundamente consustanciado con sus cuentos y sus novelas. Después de GABRIEL CASACCIA, es el autor que con más sentido crítico penetró en el alma siempre en expiación de la vida paraguaya de la segunda mitad del siglo XX. Por eso, nos sentimos identificados con los miembros del jurado que le han distinguido con el Premio Nacional de Literatura 2001.
** LA CHISPA AZUL de LUIS HERNÁEZ debe considerarse entre las obras nuevas que decorosamente remontan el arte escénico nacional. La crisis de salas de teatro, la crisis de elencos en actividad permanente, la crisis de la formación actoral, la crisis de apoyo para las artes escénicas de parte del estado y de la municipalidad, como así también de otras instituciones como las universidades nacionales y privadas son factores que, sumados a otros que omito, impiden el surgimiento de nuevos autores y llevan al estancamiento de quienes distinguen al teatro con su creatividad. Desearíamos que LUIS HERNÁEZ siga activo en la fabulación para el arte teatral. La Sociedad de Escritores del Paraguay que preside se honra con su contribución al teatro paraguayo.
** Con NO HAY REFUGIO PARA TODOS, SARA KARLIK ofrece al teatro su exquisita sensibilidad para introducirnos en el complejo universo de la vida contemporánea. Si bien no está radicada en nuestro país, su inquietud se desliza por el tobogán de los conflictos humanos para crear un teatro que interroga el destino humano en un tiempo adverso a la coherencia de la unidad del ser en la diversidad del nosotros.
** De su ininterrumpida labor en el periodismo, PEPA KOSTIANOVSKY rescató monólogos y diálogos para llevar al escenario dramas de la vida, en su doble transcurrir en el aquí y el ahora de nuestra sociedad, como lo ejemplifican LA TAZA AZUL y CRIMEN IMPERFECTO, las dos obras aquí incluidas. La creatividad escénica en nuestra capital no tiene continuidad y oscila entre el teatro vocacional y el teatro profesional. PEPA KOSTIANOSVKY tiene ese fuego creativo para fabular escenificaciones. Tal vez si la realidad teatral hubiera sido otra, más propicia al oficio de la dramaturgia, contaríamos actualmente con más obras de su autoría.
** En ANÓNIMOS, LUCY MENDONÇA DE SPINZI deja su testimonio de cómo la vida que se desgrana en recuerdos o promesas, puede escapar al círculo de una histeria que siempre está regresando porque nunca aprendió a inaugurar nuevos amaneceres.
** NO HAY AGUA, QUEBRANTO (AÑORANZAS DE LUNÁTICOS) y LLEGÓ LA HORA, de HÉCTOR MICÓ, son obras que surgen de situaciones que concentran otras en las que están contenidas historias más complejas de la realidad histórica nacional. Es el caso de QUEBRANTO y también de LLEGÓ LA HORA. Exploran la historia actual del país, sin dejarse entrampar por el lenguaje tri-falista del teatro político ni las gárgaras patrioteras de los discursos serviles que se practican en las esferas oficiales del poder fáctico. Encaminan un hecho teatral que se desconecta de lo convencional y tradicional, para inaugurar una acción escénica que hace de lo breve, pretexto para llegar a lo esencial.
** ALMIRANTE DE SUEÑOS y VIGILIA (presentada como LA DIVINA COMEDIA DE COLÓN) de GLORIA MUÑOZ es, ciertamente, una obra escrita con motivo del V Centenario del "Descubrimiento de América". En obras como ésta siempre se nos plantea el problema del punto de vista a utilizar para interpretar la historia: el de los colonizadores o el de los colonizados. Por otra parte, resulta fundamental hacer el eterno retorno a nuestras raíces históricas, cualquiera sea la adhesión o el rechazo que tengamos hacia quienes hicieron la historia que hemos heredado. En este caso quiero referirme especialmente a la autora de la obra que se incluye en esta selección de Teatro Paraguayo de Ayer y de Hoy. GLORIA MUÑOZ viene del Movimiento TEATRAL INDEPENDIENTE de nuestro país (1960-1990) que supo trajinar el espacio histórico que se caracterizaba por su retardatoria ideología autoritaria, sin tolerancia para ninguna expresión divergente a la oficial, vertical y unilateral, que siempre y hasta donde pudo, llegó a ser. Su iniciación como actriz fue cediendo al impulso lúdico de la creación de obras. Su versación en la historia le familiarizó con episodios históricos nacionales que con mucho oficio traduce en una dramaturgia con fulgores poéticas. Así los conflictos humanos y el nivel estético se fusionan en un resultado que mucho afirma la evolución del teatro paraguayo contemporáneo. GLORIA MUÑOZ con ALMIRANTE DE SUEÑOS y VIGILIA abre el teatro nacional hacia una proyección que se vierte como un caleidoscopio, en múltiples signos y señales, como una imagen histórica o una historia hecha imagen en el presente.
** Con ARROZ CON LECHE, SUEÑOS, ANGELES y DELFINA, y desde un criterio casi intimista, AGUSTÍN NÚÑEZ forja sus dramas donde se enredan conflictos humanos que se sitúan en las esferas familiares o ámbitos sociales en que la relación hombre-mujer se martilla en acciones en las que las domesticidades se para volver a su centro, con serenidad y hasta con nobleza. El director de teatro, en su rol de autor teatral, tiene un seguro pulso para estructurar sus comedias dramáticas y/o sus dramas intimistas. Posee una estupenda conciencia para percibir con espíritu crítico las perversas desviaciones de la condición humana en su estar en el mundo. Su opción por los temas urbanos le permite desarrollar un teatro más consustanciado con las detonaciones psicológicas de los personajes. Aún así, no deja de impregnar el clima de las acciones de sus obras una atmósfera de la vieja sociedad nacional que, al entrar en el ritmo de la vida contemporánea, se tensiona y transforma en un drama sin motivo y sin final. AGUSTÍN NÚÑEZ también viene del MOVIMIENTO DE TEATRO INDEPENDIENTE que mucho ha luchado para nutrir el arte escénico paraguayo con las propuestas conceptuales, técnicas y estéticas del teatro contemporáneo universal.
** Una obra fundamentalmente poética, en el significado más exacto del término, es EL CRIMEN DE TINTALILA de MANUEL ORTIZ GUERRERO. Su tema recoge el ideal romántico de que la belleza es siempre el fruto de una experiencia llevada a una situación límite. En la circunstancia de esta obra, tiene una especial significación la situación anticlerical que contribuye a acentuar la tensión de la tragedia. MANUEL ORTIZ GUERRERO no llegó a ver estrenada su obra que recién fue realizada por el ELENCO MUNICIPAL DE LA CIUDAD DE VILLARRICA en 1986. Inaugura el género teatral poético. En este sentido, resulta un acto de justicia señalar cómo el autor guaireño no fue ajeno a la formación de la dramaturgia nacional, más allá de los resultados que llegó a tener en el momento histórico en que fue creada la obra. Así como fue un empecinado rimador de "estrofas de oro" para poner los cimientos de la poesía paraguaya en castellano y en guaraní y fue un precursor en el saludo al creador de la guarania, entregando sus primeras contribuciones para enjoyar con sus poesías las músicas de JOSÉ ASUNCIÓN FLORES, también fue un fino fabulador de obras teatrales con ARTURO ALSINA, JULIO CORREA, ROQUE CENTURIÓN MIRANDA, LUIS RUFFINELLI y FÉLIX FERNÁNDEZ, entre otros. Con EL CRIMEN DE TINTALILA se establecieron las fisonomías iniciales y esenciales del TEATRO PARAGUAYO DE AYER Y DE HOY.
** HISTORIA DE UN NÚMERO y HERMANO FRANCISCO: EL REVOLUCIONARIO DEL AMOR, ambas de JOSEFINA PLÁ, son dos obras que tienen análisis diferentes: En HISTORIA DE UN NÚMERO se exploran las consecuencias negativas que producen el crecimiento industrial y capitalista. Crudamente se evidencia, al transcurrir la obra, cómo el personaje ha perdido su identidad humana para transformarse en una simple cifra estadística en el proceso de la producción y la ganancia. El teatro expresionista de la sociedad industrial, que se desarrollara después de la primera y antes de la segunda Guerra Mundial, genera toda una corriente teatral donde se debate el problema de la deshumanización, especialmente de los trabajadores. Doña JOSEFINA PLÁ, insistentemente buscaba insertar el teatro paraguayo en las corrientes escénicas de vanguardia de la primera mitad del siglo XX. La segunda obra -HERMANO FRANCISCO: EL REVOLUCIONARIO DEL AMOR- fue escrita a pedido de la Congregación Franciscana, con motivo del 800° aniversario del tránsito a la inmortalidad del "POVERELLO DE ASSISI". Pertenece al género del teatro religioso, donde se profundiza en la vida y la fe de este extraordinario discípulo de Jesús. Se trata de un texto teatral, rico en posibilidades, para rescatar con su escenificación las propuestas escénicas de los Misterios Medievales.
** JOSEFINA PLÁ fue una mujer que desde su llegada a Paraguay tuvo activa participación en todos los movimientos culturales y artísticos donde se manifestaban inquietudes para actualizar el provinciano y atrasado parnaso paraguayo, como decían antes. Fue una valiente mujer intelectual que supo apropiarse de los nuevos conceptos y revoluciones estéticas contemporáneas. No tuvo miedo de pensar y escribir lo que pensaba, sin desviarse de la misión de la palabra: la verdad desnuda, radical, libre, ofrendándose en el amor. La obra HERMANO FRANCISCO fue un hermoso pretexto para dar sus testimonio a la sociedad para-guaya, mediante el ejemplo liberador del evangelio de Francisco de Asís.
** Con EL FIN DE CHIPÍ GONZÁLEZ de JOSÉ MARÍA RIVAROLA MATTO, obra escrita en un castellano paraguayo, donde el pensamiento reflexivo crítico se fusiona con la poesía del decir melodioso, salta al escenario el drama de la vida comunitaria rural que absolutamente no conoce la vigencia de la libertad y el , respeto a los derechos humanos. Este es un drama bien tramado y alcanzó la excelencia estética por la veracidad de la vida de los personajes. En esta obra se dimensiona la riqueza de la cultura campesina que la clase económica y la clase política de nuestro país no han llegado todavía a reconocer en su verdadera transcendencia, en el proceso histórico-cultural paraguayo. JOSÉ MARÍA RIVAROLA MATTO no llegó a escribir muchas obras teatrales, pero las que dejó en herencia al arte escénico nacional van a tener perdurabilidad, porque fueron concebidas con rigor conceptual y fina sensibilidad. Con el TEATRO ESTUDIO LIBRE estrenamos su obra LA ENCRUCIJADA DEL ESPÍRITU SANTO en 1973.
** Con respecto a LA TIERRA SIN MAL de AUGUSTO ROA BASTOS, hay que señalar que ya con anterioridad, otras obras y otros autores se ocuparon del tema de las misiones jesuíticas en el Paraguay (1609-1678). Tal es el caso de ASÍ EN LA TIERRA COMO EN EL CIELO de FRITZ HOCHWALDER, y LA ENCRUCIJADA DEL ESPÍRITU SANTO de JOSÉ MARÍA RIVAROLA MATTO, para dar dos ejemplos significativos. En el caso de LA TIERRA SIN MAL, el autor señala que la escenificación de la obra "debe dar la sensación de que el drama sucede en un solo día, en el mismo lugar, a mediados de agosto de 1768". AUGUSTO ROA BASTOS ya había realizado la versión teatral de su YO EL SUPREMO. En la presente obra rescata para el arte escénico paraguayo la historia de los "falsos hechiceros de hábitos negros" al decir de Ñesu, uno de los personajes de la obra. Sin duda, tiene una incuestionable importancia la mirada hacia atrás de muestro presente histórico, para volver a explicar nuestras virtudes y nuestras miserias humanas, como individuos y como sociedad.
** Durante el siglo XX nuestro pueblo ha vivido sugestionado por el heroísmo pretérito, mientras se imponía como práctica de la convivencia ciudadana el régimen dictatorial inflexible y radical. Ahora no está muy bien aclarado el presente que oscila entre la subversión de todos los valores y el despunte de algunas intenciones de cambios morales y estructurales de la sociedad nacional. Por eso, la puesta al día de la utopía de la tierra sin mal de los aborígenes guaraníes resulta una iniciativa que merece toda nuestra admiración. Ciertamente, atribuir la realización de esas utopías a las misiones jesuíticas resulta excesivamente revolucionaria. Tal vez no fue así, o tal vez sí... Pero como es imposible o casi imposible llegar a conocer, con suficiente rigor científico, los acontecimientos históricos del pasado, nos resulta difícil estar seguros de nuestras ideas.
** En todo caso, la TIERRA SIN MAL (yvymarae’y) rechaza toda idea de sometimiento a otros seres que no pertenecen a la misma cultura, a la misma tierra, que no tienen el mismo origen, no se expresan en el mismo idioma y no creen en el mismo Ser Supremo (Ñanderupavẽ). Decía el Cacique Lambaré: "mba'éicha oúta pytagua kuéra omboaparypy tetã guaraníme, oikuaa'ỹre iñe’ẽ ha imba'embyasy..." (Cómo van a venir los extranjeros a esclavizar nuestra tierra guaraní, sin conocer su lengua y sus sentimientos...). En este sentido, los jesuitas aprendieron el guaraní pero rechazaron las concepciones religiosas de los guaraníes, como lo hacen hasta hoy las diferentes sectas religiosas que se introducen en las comunidades indígenas. Yvymarae'y significa tierra sin opresión política, económica, cultural y educativa. Para entrar en la tierra sin mal se educa al ser humano a humanizarse, no en el sentido de la cultura universal, sino de la guaraní. En la cultura guaraní humanizarse significa ser libre, ser noble, no ser subalterno ni dependiente. Significa ser autosuficiente, igual en dignidad entre todos los seres humanos, reconociendo que todos los seres vivientes están en mutua interdependencia. El latido cósmico mantiene en sintonía el latido de cada ser, porque así vivimos en armonía con nuestros antepasados que nos dieron en herencia la responsabilidad de ser dignos descendientes del Ser Supremo, mediante el lenguaje humano (ayvu). Los objetivos de los jesuitas no fueron los que desde el origen de los tiempos pensaron los aborígenes guaraníes. La tierra sin mal, como utopía, quedó intacta. Los guaraníes nunca se creyeron inferiores como seres humanos a los españoles. Sencillamente, defendían su cultura que privilegiaba el "ser" y no el "tener" que tanto obsesionaba a los españoles durante la conquista y la colonia. En LA TIERRA SIN MAL, AUGUSTO ROA BASTOS nos presenta, con su admirable lucidez y armonioso decir, un tema apasionante de nuestro proceso histórico nacional.
** RAQUEL ROJAS, promotora cultural, directora y autora teatral, también proviene del movimiento teatral independiente. Ya con muchos años de trajinar por la cultura de la resistencia y/o la resistencia en la cultura, con su obra VIVIR EN PAZ, ella nos sitúa en la vida, en su plural inquietud, en medio del ruido de la calle. La pareja que está en el vehículo viajando despierta en nosotros, lectores o espectadores, una serie de preguntas: ¿dónde va...?, ¿de dónde viene...?, ¿para qué tanta urgencia...?, ¿llegará a destino...? Se trata de una propuesta que nos llena de esa perpleja incertidumbre de la vida actual, sin dejarnos la posibilidad de superar nuestros miedos instintivos a los "policías", al decir de la autora.
** NÉSTOR ROMERO VALDOVINOS es un autor teatral que no llegó a ser valorado en vida. Y recién cuando se publique toda su obra será valorado, a través del tiempo, en la literatura paraguaya. En 1976, con el elenco TEATRO ESTUDIO LIBRE, estrenamos su obra en guaraní MHOKAJA HA'EÑO (COCOTERO SOLITARIO). En esa circunstancia llegué a compartir con él toda su generosidad, para valorar a la sacrificada mujer y al sufrido hombre paraguayos. Tenía esa sensibilidad poética y projimista que permanentemente ponía en práctica con los lustrabotas y los canillitas. Profundo conocedor de nuestro pueblo, no contaba con los medios económicos para escribir todas las obras que tenía en la imaginación, al igual que la mayoría de nuestros autores. Para comprender en toda su dimensión sus textos teatrales, mucho ayuda el conocimiento de su "perfil humano", como decía él. El oficio que honró, y al cual entregó su vida con insobornable ética, fue el periodismo.
** Entre otras cosas, amaba entrañablemente a los perros, a los niños y a las mujeres campesinas. Por eso, la madre del monólogo LAS TRES MONEDAS expresa, en su compleja vivencia (donde lo profético se esfuma en la inexorabilidad de la predestinación), la aguda penetración que tenía para concentrar la historia de nuestro pueblo con su sueño en vigilia y su infortunio sin ocaso. Indistintamente, este autor usaba el guaraní o el castellano para escribir sus obras teatrales. En el caso de este monólogo en particular, fluye el sonido del guaraní en ese español que tiene la suavidad del agua del manantial. NÉSTOR ROMERO VALDOVINOS siempre fue un perfecto escritor bilingüe. Y, después de JULIO CORREA, es el autor que ha llevado a la universalidad el teatro nacional.
** LUIS RUFFINELLI, autor de LA CONCIENCIA JURÍDICA DEL BARRIO, tiene una intervención relevante en la etapa fundacional del teatro paraguayo, con ARTURO ALSINA, JAIME BESTARD, ROQUE CENTURIÓN MIRANDA, EUSEBIO AVEIRO LUGO y FÉLIX FERNÁNDEZ, entre otros. Lamentamos que no se hayan publicado sus obras completas hasta hoy. Tenemos que señalar, una vez más, que la mezquindad casi vitalicia de las instituciones estatales, municipales y universitarias hacia la expresión escénica, ha influido para que el arte teatral no prosperara al ritmo requerido, tanto en su vertiente literaria como en su vertiente interpretativa. Con todo, los autores regresan desde sus injustificadas postergaciones, como sucede en este caso.
** En LA CONCIENCIA JURÍDICA DEL BARRIO, LUIS RUFFINELLI recurre a una novedosa argumentación para tratar la cuestión de límites, que estaba sacudiendo la vida nacional, con la hermana nación boliviana, en 1935. Se trata de una comedia ágil, con personajes que en su diversidad tienen opiniones encontradas que provocan sus enfrentamientos. El desenlace deja su moraleja. Con esta obra, el autor supo contribuir al fortalecimiento de la conciencia escénica paraguaya de su tiempo.
** Como en el caso de HÉCTOR MICÓ, MARIO SANTANDER forma parte de una nueva generación de autores que empezaron a escribir y a estrenar sus obras, generalmente breves, en la década de los años 90. Con LILÍ, A LA UNA y A MANO, este joven escritor suma sus preocupaciones temáticas -que reflejan y captan los nuevos y/o más recientes conflictos de la sociedad paraguaya actual- a las de los demás autores de su generación. Sus obras enfocan, a menudo de forma directa, las inquietudes de la vida cotidiana que acumula desconcertantes problemas que, a su vez, desdoblan a ciudadanos y ciudadanas en fragmentadas personalidades, rebotando entre lo que pudo ser o aquello que hubiera sido si variaran las condiciones y se dieran otras posibilidades en la sociedad. Tanto LILÍ como A LA UNA y A MANO son ejemplos representativos y relevantes de la tendencia de estos autores por tematizar dichos conflictos y preocupaciones.
** Con relación a GUAVIRAMÍ de BENIGNO VILLA, antes que nada debo decir, al terminar el recorrido por TEATRO PARAGUAYO DE AYER Y DE HOY, que esta obra simboliza el carácter bilingüe del arte escénico nacional. Aquí el autor, como muchos otros que integran esta muestra de obras paraguayas, escribe en castellano, pero sin embargo, no porque se exprese en este idioma dejará de fluir en la vivencia de los personajes, el sentimiento horizontal y comunitario del idioma guaraní. BENIGNO VILLA es un escritor que mucho tenía de ese paraguayo tradicional profundamente consustanciado con la vena más raigal de nuestra cultura. Escribió su teatro, modelando sus personajes con la verdad y la pasión de la encendida tierra guaraní. Llegó a escribir muchas comedias y muchos dramas que aún esperan su merecida escenificación.

Fuente: TEATRO PARAGUAYO DE AYER Y DE HOY - TOMO I (A-G). Autora: TERESA MÉNDEZ-FAITH. Intercontinental Editora, Asunción-Paraguay – 612 páginas.
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