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martes, 30 de marzo de 2010

MARÍA DEL CARMEN PAIVA - DETENIMIENTOS / Edición digital: BIBLIOTECA VIRTUAL MIGUEL DE CERVANTES



DETENIMIENTOS
Autora:
MARÍA DEL CARMEN PAIVA
Edición digital: Alicante :
Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2002
N. sobre edición original:
Edición digital basada en la de [Asunción (Paraguay)],
Arandura, [1995].

Prólogo
** Para hablar de la escritura de María del Carmen Paiva desde la voz que canta en estos Detenimientos, que no son otra cosa que «pausas sonoras» del agitado cosmos en el que navega su lacerado corazón, tendríamos que hurgar con inevitable morosidad en el cúmulo de palabras que articulan los conjuntos de versos que erigen, al final, este libro, para encontrar los signos develadores de su pungencia creadora. Porque bien lo dice Jacques Maritain en su célebre ensayo Situación de la Poesía: «Las palabras de que se sirve el poeta no pueden ser despojadas de su papel de signos sin privar a la poesía de su ligazón esencial con la belleza trascendental». Pletórica de signos, de símbolos que cifran su latencia esencialmente femenina, los versos labrados por esta mujer de excepcional sensibilidad llevan; en su intrínseco aliento, un halo de ternura sedienta por recomponer, a imagen y semejanza de su deífico amor, los sueños trizados por las pesadumbres. Pero sólo va acumulando retazos de recuerdos que trazan angustiosamente los filosos perfiles de la nostalgia. Y en esta paciente, sufrida tarea, un antiguo dolor puede cruzar fugazmente entre sus latidos, hasta hacerla decir, resignada y expectante:

Este espacio liso
no va más que un leve trecho;
cansancio que llena el tiempo
y pasa.

Vendrá de nuevo
el destello de las hojas apunto de caer,
y la melancolía
seguramente
se irá
** Es indudable que María del Carmen Paiva tiene una voz singular, de resonancias casi místicas -como ya lo comprobamos en su primer libro El ángel escarlata-, como nacida desde el fondo del corazón, «la única fuente verdadera del arte», al decir del pintor y poeta alemán C. D. Friedrich. Y en puridad, cuando el poeta pasa del recogimiento poético, fuente de imágenes y formas, al ensueño místico, imágenes y formas se pierden, son bebidas por el silencio del alma como la lluvia por el mar. Este silencio se «palpa» en muchos poemas de estos Detenimientos, y hay veces -en la obligada relectura que nos imponemos para ubicar el temblor- en que ese silencio se nos aparece repentinamente, enmarcado en una inocultable tristeza, en una melancolía que nos envuelve de inmediato, que nos abraza hasta que sentimos, quedamente, la liturgia sacramental, catártica, renovadora, redentora del sollozo. Como ejemplo, leemos pausadamente los versos del poema «Aquella vez»:


En esta noche tranquila
en que huelgan reflejos rojizos
cuando solloza la leña,
me permito retornar
a la sensación del primer beso
bajo la escalera,
mientras lejos de nosotros
los astros presentían
este desierto que de ti me aleja.

** Por sobre los duros y limitantes cánones de las formas y de la métrica, María del Carmen Paiva despliega su voz con sonoridad y sencillez de lenguaje, ilustrándonos; de paso, sus preocupaciones vivenciales: el amor, la tristeza, el abandono, el deseo, la ternura, la piadosa emoción por la condición humana. Es este un libro para ser leído con «detenimiento», con morosa vivisección de sus versos, para encontrarnos en cada página con la pureza, con la emoción punzante y a la vez gratificadora de una lírica impar en la poesía paraguaya contemporánea escrita por mujeres. - Víctor Casartelli

Se distancia el ángel escarlata
a todos los que amé desde el principio

Más tarde

Después de todo lo pasado;
del desgarro inicial,
de las alteraciones demasiado tristes;
y de la abnegación visible
que me reconcilió con lo opuesto al olvido;
luego de esa batalla donde ardieron mis
. entrañas
hasta quedar esculpidas como
imagen de mi fatiga
en el exuberante cielo
de aquellos días;
más adelante
de las declinaciones en el anochecer
y de las propuestas que surgían
para aceptar lo que aún no puedo,
vino la aurora brillante,
con un vago contenido
de oficios desnudos;
con innumerables admiraciones
por el resto del mundo y de las cosas
que también merecían mi atención,
aunque sólo fuese como un desmayo
en la mágica esfera
y, soñolienta, aspirase un poco de frescura.

Tristeza

Es suficiente.
Desaparece ya
aquella palabra accidentada
que suele trazarse en las despedidas
y que traes desde quién sabe cuándo;
o tal vez
ella se arrimó
un día,
e iniciarse el vicio de acunarla.

El tiempo gasta las cosas,
y aunque continúes debajo de esos apartados
. astros
y de sol, con sus desbordadas alas de
. azufre,
sigues viviendo a pesar de todo esto
. y lo que ya ocurrió.
Mereces el nombre que te pone la vida
con su impulso imprevisto y desconocido.

Mediodía, ensueños

Oigo rumor de flores:
surgen del baldío, cerca del naranjal.
Exhalan humos dorados de puro sol.
Adormecen la ceniza de la siesta
y cubren mi lecho caluroso.

Voces que fluyen
de un río secreto.

Flores de sangre antigua,
de esqueletos dormidos,
de fugas precipitadas
y otras locuras efímeras.

Me doy vuelta y se me enredan las sábanas;
un indefinido fastidio me altera.
Voy a donde los lirios
y el pozo lleno de hierbas,
a mitigar el cansancio de los labios,
para no adormecerme en este perdido vigor.

Ceremonias

Aroma de lumbre y paja
recorre los pasadizos
que me pertenecen,
donde me albergo yo misma.
Se evaporan lentamente,
en el tiempo de los astros,
en una fugaz ceremonia de asombros.

Dos esmeraldas de fuego
me queman los ojos,
porque el adiós me pintó de verde las pupilas
desde que nací hasta el final, de los siglos.

Los metales del cielo
observan las aguas y el desierto.

Tal vez florezca una estrella.

Entreacto

Desde esta vulnerada espera
por las minucias, cotidianas
y más aún
desde el entusiasmo de ver
cómo serán los brotes del día
. siguiente
Me conmueven
la figuración de la lluvia en
. la noche precaria
y esta nueva alianza conmigo
y el mundo
a pesar de que la vieja tristeza
suscita todavía vahídos imprecisos.

Pero toda la vida es aguardar
digo allá dentro
mientras se elabora el oficio escogido
tramándolo con los sueños
que se hacen.

Posible

Exhalan mis arterias
un pálpito de predilecciones;
colocan su melodía violácea
sobre tus párpados pintados de enigma.

Quién sabe si están tallando como yo,
desde su desvelo,
algún pedernal donde reflejar
aquel sueño tan esmerado
que alguna vez trató de ser.

Persistencia
No retrocedo.
Esta noche, por ejemplo,
después de tanto rociar mi capilla
. de sombras,
resisto en la tenaz decisión de no mudar
lo que llevo voluntariamente en mis pupilas
fuego lacrado que me recuerda
una historia quizás siempre vivida.

Reserva

En el silencio existe
una voz que se muda
desde la inadvertida custodia
del ángel
hasta el profético callar voluntario.
Y durante este tránsito,
relampaguea
la palidez do la palabra
que, ausente, admite evocaciones y advertencias.

Antes

La humareda huidiza de la tarde
disimula tantas cosas;
también los soplos
acudiendo con cierta melancolía
y a la vez con un festivo temblor,
me sorprenden todavía,
como si ya fuese mañana.

Enlace al ÍNDICE de la versión digital del poemario Detenimientos en la BIBLIOTECA VIRTUAL MIGUEL DE CERVANTES
  • Prólogo
  • Se distancia el ángel escarlata : Más tarde / Tristeza / Mediodía, ensueños / Ceremonias / Entreacto / Posible / Persistencia / Reserva / Antes / Sujeta / Resuello / Ficción / Desvelo / Evocaciones, destellos / En el reflejo de ayer / En el océano / Resonancias / Entre llamas / Aproximación / Cuando iniciamos / Algo más / Los que ya se fueron / Signos sueltos / Comenzando a tallar / Un fragmento de cristal / Sometida a la inalcanzable transparencia / Aquella vez / Florilegio / Aparición / Cañal de la luna / Encuentro / Me aproximo / Seguimiento / Se deslizaron los años / Demora / El sueño de la camelia / Trazos callados / Esta tarde / Es así / Hace tiempo / La luna roja abandona agosto / Entretanto / Traspaso / Ajena / Entretenimiento / Mi primer hombre / Tardanza / Cosas por decir / Interrupción / En la seca de agosto / Me dispongo a consentir / Juego / Declaración.

miércoles, 24 de febrero de 2010

EL ÁNGEL ESCARLATA Y OTROS POEMAS. Autora: MARÍA DEL CARMEN PAIVA - Prólogo: CARLOS VILLAGRA MARSAL / Edición digital: Biblioteca Miguel de Cervantes.

EL ÁNGEL ESCARLATA Y OTROS POEMAS
Por MARÍA DEL CARMEN PAIVA
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
Prólogo de
CARLOS VILLAGRA MARSAL
Arandurã Editorial, Asunción Paraguay 1995
Edición digital: Alicante :
Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2002
**/**
AL BORDE DE LA POESÍA DE MARÍA DEL CARMEN PAIVA
** La poesía es una de las escasas categorías verbales que se explican por sí mismas, de manera que en rigor un poemario no habrá de requerir prolegómenos ni glosario. Según creo, fue Paul Éluard quien reflexionó que el poema es un puente entre dos misterios: el del autor y el del lector; sería peligrosamente inútil, entonces, entregar andadores a este último para que recruce aquel arco de símbolos tendido entre sus riberas personales y las del poeta. Ello sin embargo, es oportuno ocasionalmente presentar comentarios laterales acerca de un libro de versos, en particular cuando éste empieza y a un tiempo rubrica una larga devoción. Tal la circunstancia de María del Carmen Paiva.
** Es de sobra conocido que en literatura no existen inclinaciones tardías; ahora bien, dentro de la sociedad latinoamericana en general, y por supuesto en la nuestra, podría registrarse un número significativo de vocaciones postergadas, sobre todo femeninas, como ya lo indicó perspicazmente una escritora compatriota, también víctima previa de la frustración aludida. Para muchas mujeres de la región, en suma, no es sólo una metáfora el polvoriento silencio del arpa becqueriana, ni tan enigmático el sentido del poema de Mallarmé «Quand l’ombre menaça de la fàtale loi».
** La creación literaria es comunicación o no es nada. Así, El ángel escarlata... desgarra una antigua mudez indeseada aunque fervorosa, y se incorpora a la lírica del Paraguay con llanto de recién nacido: vivo material de primeriza en efecto, con las contracciones, con el pujo, con los derramamientos, e incluso con la enérgica salud de algunas pariciones iniciales.
** Victorias doloridas de una límpida catarsis, los poemas de El ángel escarlata no remontan su vuelo incendiado desde un soberbio empíreo posible, sino partiendo de las propias cumbres o abismos entrañables de la autora; a mi entender, los textos de María del Carmen trajinan anchos entornos de clarividencia y fuegos fatuos, de mudanzas y congoja, de poblamiento y soledad, con un trasfondo cárdeno de exaltación individual («¿Quién que es, no es romántico?») y un subsuelo impregnado del reflujo onírico, a veces acumulado y brusco, otras parco y coloquial.
** Y termino acá este breve embarcadero de palabras, cuya única función debiera ser la de que el avisado lector se embarque con pie enjuto a navegar por la poesía de María del Carmen Paiva.
CARLOS VILLAGRA MARSAL. Última altura, marzo de 1995
**/**
EL ÁNGEL ESCARLATA Y OTROS POEMAS
.
RETENIDA
a Mercedes Sosa Ugarte de Jiménez Gaona

Apenas sostengo esta soledad.
Más que soledad es una ausencia
inmolada frente a los trigales
que alguna vez doraron mi reposo.
.
Allá arriba brillan las esferas
sobre mis estatuas ensimismadas.
Debajo del agua
se mecen los lienzos que debieron ataviarlas.
.
Este dolor que no desea partir
rehúsa rasgar sus vestiduras.
.
Huelo a menta y a monte refrescante,
ráfagas que vienen desde lejos.
Que no se lleve el viento mi sortija.
Tomo la espada para defenderla
mientras mis ojos
van dejando sus huellas húmedas en el espacio.
Ya casi no retengo esta carencia,
simulando como un viejo violoncelo
una canción antigua y rayada de cuna.
.
Fraguan acostumbrarme a un sentir de catacumba,
pero este fulgor que me arde dentro
parte como un cometa
con su escondido tesoro
a la legión de las estrellas,
y allá corre puro
y permanece.
.
CERCA DEL TAJAMAR
a Maybell Lebron de Netto

Descendimos por la cuesta, hasta la orilla del tajamar,
la tarde, yo y el otoño,
deslumbrados con el arcoiris del crepúsculo.
Los caballos semidorados
se bañaban en el agua parda, casi triste,
era la hora de las lágrimas
allá en el monte.
Con las crines danzando al viento,
salpicadas de hojarasca y olvido.
.
PREFERENCIAS
a la memoria de mi padre

Mis repasos predilectos:
la abundancia de las hojas desparramadas
al final del otoño,
las cintas tratando de sujetarme los cabellos,
que se fugaban con el viento
ocasionando desórdenes.
.
Las flores violáceas
que se marchitaban en el fondo del jardín
dando paso a un invierno acurrucado
atrás de las ventanas;
los ojos cerrados
para escuchar cuentos tibios
cuando se aproximaba la penumbra.
.
La libertad que advertía
al mirar la quietud de la noche,
extensa sobre los techos de la casa;
la fatiga de los sueños inquietos
con el agua que emanaba de esos miedos.
. Las frutas descascaradas,
jugos en mis manos,
y el adiós que no existía.
.
SOBREVUELO
Que se me incendien las alas.
No quiero volar sobre este anochecer doliente.
Que desaparezcan todos los que dicen amarme;
lejos de mí,
donde mi asedio no pueda comprometerlos.
La vida me está dando muerte.
Déjenme sola y dura,
en un espacio de leve asteroide.
.
FOTOGRAFÍA DE LOS BISABUELOS
a la memoria de Silvia Heisecke de Paiva

Las hallé en la tibieza de un mueble
con el pudor que tienen las cosas largamente guardadas;
dos imágenes pequeñas
tramadas para un medallón.
Rostros deshabitados
en su callado encierro,
testigos de alientos dormidos para nunca más.
Ella con una especie de encanto,
él indescifrable.
Huelen a canela o a cualquier flor
de esas que se guardan en los cajones.
Inclusive detenidos como están
me contagiaron su segura conmoción descolorida.
.
ANTE EL ÚLTIMO ESPLENDOR
Raya el amor en este atardecer de sombras,
se cobija bajo el velo de tus ojos
como una mariposa a punto de extinguirse.
Un relámpago aparece
en el horizonte de la memoria.
Regresas y te vas,
y yo aquí
en este espacio,
solitaria
como un ángel guardián
de lo que fue.
.
HABITANTES
Tantas cosas
se desvanecieron con el tiempo,
como por ejemplo la ondulada cabellera
de mi hermana, la muerta,
su imaginada sonrisa inoportuna
persiguiéndome en las rajaduras del mediodía;
los sustos nocturnos
que me hacían doblar el cuerpo
en una quietud desmedida,
hasta que llegaba el canto del gallo.
El desconcierto de mi soledad
y aquella tradición de lloros
bajo la almohada,
cubriendo la vergüenza del miedo
y del desconsuelo.
Pasaron los días:
ya no están, es cierto,
pero residen en mis ojos,
les pertenecen a mis actos.
.
ÍNDICE Y ENLACES EN LA
El ángel escarlata y otros poemas : Al borde de la poesía de María del Carmen Paiva // El ángel escarlata y otros poemas // Retenida // Cerca del tajamar // Preferencias // Sobrevuelo // Fotografía de los bisabuelos // Ante el último esplendor // Habitantes // Magia a orillas del Negla // Homenaje // Ser // Un silencio en el atardecer // Abuela desvelada // Mis planetas // Padre // Alamo Carolina // Semblantes // Rostros de última altura // Desprendimiento // Adentro // Encallada // Dices // Quebrantos // Canción // Sin fin // Recogimiento de la torcaza // Despedida // Florecimiento // Este espacio // Soplos tristes // Equivalencia // Brevedad // Hace veinte años, en el huerto // Desprendimiento // Un dibujo en el ocaso // Sueño en el atardecer // Sacramento // Llanquihue // Por un momento // Vigilia // El ángel escarlata // Éxtasis // Reflejos // Extensión // Desasimiento
.
ÍNDICE ALFABÉTICO: Al diluir // Anoche intenté resucitar // Apareciste en el atardecer // Apenas sostengo esta soledad. // Cómo explicar esta tristeza // Descendimos por la cuesta, hasta la orilla del tajamar, // El llanto, // El tiempo sucede // En mis entrañas abiertas // Es invierno. // Esos rostros // Es penoso olvidar // Está como dormido // Estás alejándote del celaje // Fantasmas naranjados // Grandes dragones blancos // Hoy, sólo un instante, // ¿Por qué no un dorado cielo // La cuestión es // La noche va rodando // Las hallé en la tibieza de un mueble // La veo elevarse // Lo vi en el barranco, // Me excedo esta madrugada. // Me pueblan tus palabras; // Mis repasos predilectos: // No miren mi dolor // Partieron con el pudor alegre // Por qué tantas soledades // Que se me incendien las alas. // Quisiera volar como la lluvia, // Rasgan el cielo olas de diamantes // Raya el amor en este atardecer de sombras, // Si naciera de nuevo // Si pudiera devolverte // Soy una silenciosa sentencia // Tantas cosas // Tarde es ya, la noche: // Toda la tarde estuve sentada en una piedra de la // Transitaba apacible con el viento, // Transitan sobre las cumbres
.
Enlace al CATÁLOGO POR AUTORES
del portal LITERATURA PARAGUAYA
de la BIBLIOTECA VIRTAL MIGUEL DE CERVANTES en el
www.portalguarani.com

lunes, 15 de febrero de 2010

COMPARECENCIAS. Autora: MARÍA DEL CARMEN PAIVA - Prólogo: OSVALDO GONZÁLEZ REAL / Edición digital: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.



COMPARECENCIAS
Autora: MARÍA DEL CARMEN
PAIVA
(Enlace a datos biográficos y obras
de la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
Edición digital: Alicante :

Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2002
N. sobre edición original:
Edición digital basada en la de Asunción (Paraguay),

Editorial Arandura, 1997.


A los sencillos
A los auténticos
A los honestos
.

PRÓLOGO
* Como su título lo indica, estos poemas hacen comparecer a personas, amores perdidos, recuerdos y olvidos recuperados, a través de un coloquio personal que pretende preservar en la memoria momentos epifánicos, destellos de luz, en el crepúsculo de la vida.
* En libros anteriores, María del Carmen ya había mostrado su inclinación «proustiana» a la reminiscencia, a la «búsqueda del tiempo perdido», en versos que evocaban su infancia, su familia, sus seres queridos. En esas obras, una visión otoñal -como en daguerrotipos de fotografías desteñidas- nos retrotraía a escenas de antaño, a paisajes oníricos, a épocas felices de la niñez.
* Su gran capacidad introspectiva, su inmensa melancolía, contribuyen al logro de una poesía llena de sobreentendidos, de velos, de brumas, que ocultan la nostalgia por un amor perdido, por un tiempo irrecuperable -aunque la palabra lo reviva y lo traiga al presente fugaz.
* La autora de Comparecencias no se resigna ante la ausencia y la aniquilación de estas memorias felices. A través de estas estrofas -impregnadas de perfumes y melodías secretas- ella acomete la inmensa tarea de reconstruir las ruinas de un pasado familiar asolado por la desidia del tiempo, corroído por el implacable aliento de la muerte. Los seres amados se han ido, paulatinamente, dejando -como una herida- el hueco de su ausencia. Esta, sólo podrá ser llenada por el verbo creador de la escritora, que va cubriendo los vacíos, soñándolos, de nuevo, en este libro lleno de nostalgia y ternura.
* Como muy acertadamente señala Renée Ferrer en una de sus reseñas, estamos ante una «Poesía de indagación en las incógnitas del ser, de enfrentamiento con la propia soledad y el autoconocimiento, de asunción de la libertad creadora y existencial...». En efecto, María del Carmen bucea en las profundidades de la conciencia y saca a luz, de manera sutil y discreta, las extrañas floraciones del inconsciente.
* La autora asume, con romántica pasión, la deslumbrante experiencia del amor, con todo lo que éste trae aparejado: celos, tristeza, abandono, éxtasis. Con rara agudeza sicológica ausculta el corazón de la mujer y realiza una disección implacable. Los personajes que evoca la autora están como detenidos a orillas del río del tiempo como estatuas calcinadas por la fiebre del deseo postergado. Despiertan de su letargo gracias al lenguaje -casi coloquial- de este poemario que enaltece las letras femeninas del Paraguay.
OSVALDO GONZÁLEZ REAL
.
LA VIDA
Antes
de esa urdimbre
resbaladiza, invisible,
ya te amaba;
de continuo,
en este extraño edén
donde te acaricio,
cómplice de tus cristales,
de tus lirios
y tus consecuencias.
Gratificada,
me envuelvo
con el lazo mojado y transparente
de la poesía.
Tus lágrimas
no me entristecen
cuando lloras por mí
(es mi homenaje).
Después de todo
lo que me has hecho sufrir,
a pesar de tu honor,
no queda otra decisión
que ser feliz.
Tú eres así.
Qué tanto afán.
.
SOLEMNIDAD DEL ESPEJO
Improbable deshacerse
de aquellos hechos continuos
comprometidos, sin embargo,
al amparo de algún coraje.

Son parte
de aquellas extremas soledades,
cuando las lágrimas
se pulverizaban
antes del consentimiento.

La hermana de los astros,
con sus despeñadas plegarias
sobre el abismo del sol
y el ritual de la tristeza, irremediable.

Las huellas del amor
bajo los puentes.

La visión
reposa por igual.
.
AÑOS PEQUEÑOS
Pequeño semblante pasajero. Seis años. Multitud de sol entre las briznas enmarañadas. Hoy los labios rojos, y el andar con las muñecas esperando, ornada con el vestido de mamá, el de novia (porque no había otro) y el sombrerito rosa con tul de tía Delia. Las flores aplastadas al costado en la cabeza, frente al interminable paraíso familiar.
.
CONDENA INJUSTA
No te inquietes, son cosas que suceden cuando niña: confiscada, a consecuencia de la amiga bruja de mamá, porque no consentiste que te peinara con esos estirones, a desgano.
Me gusta tu carita alterada. No aflojes, allí arrodillada frente al santo que te compadece. ¿Por qué tienes que pedir perdón? Sólo el deseo de jugar entre los árboles del patio, y con los primos, al otro lado de la verja. Soportas, mientras tus lágrimas permanecen guardadas.
.
LA NIÑA
Atuendo de estrellas para los rulos, detrás del temblor del invierno, anhelando trasladarse más allá de la ventana, en una noche llena de bujías distantes.
En la mano crispada: una manzana, parecida a la luna de agosto, quieta y grana.
Fragancia de sábanas recién planchadas; el disgusto de la sopa; al otro lado, el viento y el instante de nunca más.
Heroína humillada por el tío que había malmirado, de broma no más.
.
ANTES DE QUEDARME DORMIDA
Noche despejada.
Blando el cuerpo
y el alma distraída.

La santa sobre la tabla
implorando por mi impaciencia,
y el reloj de antes,
con señales de mis muertos.

Las telarañas
a un lado,
como mis deseos.
Nos acompañamos
mirando el techo
con el tedio de siempre,
sin alternativas,
revelando aparecidos.

La ventana está abierta,
por lo menos
para salvar el abandono
y para mirar el mismo cielo
de ángeles encubiertos.
.
EN EL BAR
Las manos
en las maracas,
dulces,
como los ojos.
Afuera, la oscuridad del mar
ensortija tiburones y estrellas,
copiando el ritmo
que sacude
las semillas pintadas
que cuelgan,
las calabazas de suerte,
los mangos fríos
en las losas blancas.
En su corazón,
la inocencia de las flores.

Qué lindo y ronco
cantas, Maybé,
esta noche en el bar,
en La Habana.
.
EN EL HOSPITAL
Una mujer se muere,
se muere en desventaja
porque es pobre,
sosteniendo el martirio
en los párpados de sombra,
empujando la pena
hasta donde más penetre.

Las plegarias de las internas,
que no miran,
se le aposentan como flores
para adornarle la dignidad.

Sostengo que ello es ruin,
porque este dolor huele a soledad,
a abandono,
a nada.

Los esqueletos de los árboles
más allá de la ventana,
abierta,
para que se escape el alma.

Nadie tuvo tiempo de abrazarla.
.
SACHIKO
1
Una mujer de Shikoku
se posa en una flor,
en la flor se detiene una mariposa.
La mariposa sorbe y vuela.
2
La mariposa que vuela
5
se muere en el río.
El río guarda el secreto.
3
Sachiko me mira.
Yo creo estar en un bosque con ella
a orillas del agua, bebiendo té.
4
El viento concluye
y se lleva a la mujer de Shikoku.
Yo me quedo
con el colibrí que revolotea
y con los lirios pálidos
en la tarde sin sol.
.
CERCA DEL RÍO SEMIDA
El viento trae lágrimas
del Semida,
humedeciendo el follaje de los arces
que arrojan sedas rojizas.

Una mujer triste
descansa sobre una roca.
Allí se reúnen las hojas caídas.

Algo se detiene en su regazo;
lo abraza,
lo deja ir.

Es tiempo de la penumbra.

El viento se escucha.
No se escucha el paso triste de la mujer.
.
MIS PERSONAJES
Déjalos en las páginas escogidas.
Ya les otorgaste cortesía,
y las más veces, amor.

Anda por las hierbabuenas
y por aguas consoladoras,
donde las luciérnagas
no significan soledad,
y las diamelas se renuevan
como corderos de luna
en el patio de tu casa.

Que ellos se queden
en el refugio del tiempo,
intocables,
en su cofre gastado
con olor a malva vieja
y moño azul.
A lo mejor
un día vienen a buscarte.
.
LIBRE
Más allá de mí,
ando como si estuviera
ya viva, después de la vida.
Desde el hondo corazón
hasta el alba más pura.
.
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Poesía, Novela, Cuento, Ensayo, Teatro y mucho más.
.
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