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martes, 16 de noviembre de 2010

BERNARDO NERI FARINA - EL TERROR EN LOS TIEMPOS DE STROESSNER / Fuente: EL PARAGUAY BAJO EL STRONISMO (1954-1989) - BERNARDO NERI FARINA / ALFREDO BOCCIA PAZ.



EL TERROR EN LOS TIEMPOS DE STROESSNER



EL TERROR EN LOS TIEMPOS DE STROESSNER
El Informe Final dado a conocer por la Comisión de Verdad y justicia (CVJ), organismo que hizo una profunda investigación cuantitativa y cualitativa de la violación de los derechos humanos en tiempos de Stroessner (incluso después), señala que se estima en 20.090 las víctimas totales directas de dichas violaciones durante la dictadura.
El referido informe hace incluso un desglose de esa suma de víctimas directas y determina que: 19.862 personas fueron detenidas en forma arbitraria o ilegal; 18.772 fueron torturadas; 59 ejecutadas extrajudicialmente (asesinadas); 336 desaparecidas y 3.470 exiliadas.
La Comisión informa asimismo que una persona pudo sufrir más de una violación "y se debe tener en cuenta en estas cifras existe un enorme subregistro de exilio y de otras formas de violencia, como las violaciones de derechos contra mujeres y niñas y la violación sexual".
A las víctimas directas hay que sumar las indirectas Para calcular la cantidad de víctimas indirectas la CVJ multiplicó el número de cada víctima directa de detención por cinco. El número de cinco representa el promedio de familiares o personas allegadas que sufrieron algún perjuicio por causa de alguna de estas violaciones de derechos humanos.
La CVJ estima que los familiares afectados que son víctimas indirectas fueron 107.987 personas.
Si se suman las víctimas directas con sus familiares o allegados, el número de personas a quienes directa e indirectamente les fueron violados sus derechos humanos ascendería a 128.076, una de cada 124 personas que vivían en el Paraguay.
"Estos cálculos excluyen otras violaciones de derechos humanos, como por ejemplo derechos civiles, como el derecho al libre ejercicio de la profesión que fue negado a muchos periodistas, políticos, profesionales, docentes, religiosos, sindicalistas que sufrieron persecución que tuvo una enorme extensión durante todo el tiempo de la dictadura. Tampoco se incluyen derechos políticos, ni económicos, sociales, culturales, colectivos o de los pueblos indígenas", dice además el informe de la CVJ.


SECTORES MÁS PERSEGUIDOS
De acuerdo con los registros de la CVJ, el 85,9% de las víctimas fueron hombres y el 14,1% fueron mujeres. Aproximadamente por cada diez personas, 9 eran hombres y una mujer. El 89,2% eran mayores de edad al momento de ocurrir los hechos y el 10,8%, menores de edad. Aproximadamente por cada diez personas, 9 eran adultos y una era niño, niña o adolescente.
La base de datos de la CVJ durante el periodo de estudio 1954-1989 muestra que, por el número total de violaciones, los sectores más golpeados fueron las personas vinculadas a las Ligas Agrarias y movimiento campesino, 24%; al Partido Liberal, 19,29%, y al Partido Colorado 14,21%. "En términos proporcionales el Partido Comunista, al ser más pequeño, fue el que tuvo más violaciones, lo cual muestra un patrón de actuación más masivo en este caso", según la Comisión.


LA TORTURA
La CVJ registró, de acuerdo con su informe, denuncias sobre tortura en 2.691 testimonios "que constituyen el 93% de los recibidos o compilados". En este porcentaje -explica el documento- sobre el total de las 20.090 víctimas directas calculadas, se estimó que al menos 18.772 personas fueron torturadas por la dictadura. Esto representó el 0.75% de la población, una persona por cada 133 habitantes fue torturada.
Afirma además la CVJ que prácticamente ningún detenido se salvó de la tortura. De las víctimas registradas por la CVJ, el 86% (17.277 personas) fueron objeto al menos de una forma de tortura física y 83% (16.675 personas) fueron objeto al menos de una forma de tortura psicológica.
Otro dato significativo del informe presentado por el organismo investigador de las violaciones a los derechos humanos, es el que se refiere a que si bien la frecuencia de las detenciones tuvo sus momentos álgidos en algunos periodos de la dictadura, las oscilaciones entre los periodos de mayor y menor tortura son muy pequeñas. La mayor proporción de personas detenidas torturadas se dieron en los años 1956 (94,1%), 1965 (96,3%), 1968 (90,3%), 1970 (93,7%), 1971 (91,8%), 1974 (91,6%), 1976 (92%), 1980 (94,4%), 1981 (96,2%), 1986 (95,2%), 1988 (90,6%) y 1989 (90,9%).
Llama la atención lo de este último año (1989), puesto que el régimen stronista cayó el 3 de febrero. Significaría que durante el primer año de la transición democrática se torturó casi en la misma proporción que en los tiempos de la dictadura.
En otro punto, la CVJ afirma que los torturados han señalado los nombres de 690 victimarios que directa o indirectamente participaban en esas violaciones, "por lo que los mismos eran conocidos o fueron identificados por las víctimas en muchas ocasiones".


DESAPARICIONES FORZADAS DE PERSONAS Y EJECUCIONES EXTRAJUDICIALES
La CVJ identificó a 423 personas que fueron víctimas de violación contra el derecho a la vida. De estas, 336 sufrieron desaparición forzada; 59, ejecuciones extrajudiciales y 28 casos considerados sin convicción para su tipificación.
Los años en que hubo una mayor cantidad de personas desaparecidas -dice la CVJ- fueron los que corresponden a los casos de resistencia armada a la dictadura de Stroessner llevada adelante por el Movimiento “14 de Mayo” y por el Frente Unido de Liberación Nacional (FULNA, 1960), y aquellos que equivalen a los casos que se encuadran dentro del Operativo Cóndor y represión a las Ligas Agrarias, OPM y otros movimientos (1976 a 1978). 1976 fue el año de mayor cantidad de casos de ejecuciones extrajudiciales.


EXILIO
"El exilio fue una violación de derechos humanos que en Paraguay se perpetuó alcanzando a generaciones posteriores que no tenían ningún tipo de vínculo con la supuesta causa primera que lo generó. Miles de paraguayos nacieron y/o crecieron desde muy niños fuera de su país", de acuerdo con el informe del organismo creado oficialmente para el análisis de las causas y las consecuencias del terror en la dictadura. Explica el informe que la modalidad que adoptó el exilio (hostigamiento físico y psicológico progresivo previo, que incluyó en algunos casos, períodos de detenciones más o menos prolongados y apropiación de los bienes de la familia y posterior adjudicación a partidarios del régimen) generó muchos casos de empobrecimiento repentino de las familias, que debieron recomenzar sus vidas en el país de acogida, sin patrimonio alguno y, en muchos casos, sin las más mínimas pertenencias personales. Se sumó a esto el estado de incertidumbre y la esperanza del pronto retorno al Paraguay, que implicó para los exiliados décadas de ilegalidad y/o economía informal en un sistema de subsistencia inmediatista, que se resistía a hacer un proyecto de vida fuera del país, lo que contribuyó aún más a la precarización material, laboral y económica en la mayoría de los exiliados paraguayos y sus familias.
La base de datos de la CVJ estima que el régimen stronista produjo como mínimo el exilio por persecución política de 20.818 ciudadanos paraguayos (3.470 exiliados directos más 17.348 indirectos), muchos de ellos jóvenes y niños porque en su familia algunos de sus miembros se vieron obligados a exiliarse. "Esta cantidad basada en los testimonios recibidos por la CVJ debe ser mayor porque se refiere exclusivamente a exilio político", añade el documento final emanado de las investigaciones.


LAS VÍCTIMAS MUJERES
El estudio de la CVJ demuestra que la mujer fue sujeto permanente de violaciones de los derechos humanos durante la dictadura. Además de la violencia ejercida hacia ellas, refieren la pérdida de familiares y el impacto psicológico de amenazas y persecuciones.
Un dato llamativo que especifica el informe es que el 37 por ciento de las víctimas mujeres era de las Ligas Agrarias Campesinas, organizaciones que fueron duramente perseguidas en los años 70 por el régimen stronista.
De acuerdo con las investigaciones y los testimonios directos, las mujeres sufrieron de manera directa detenciones arbitrarias, privaciones ilegales de la libertad, torturas y otros tratos o penas crueles, inhumanas y degradantes. Aunque los análisis cuantitativos señalen que las mujeres relatan menos episodios de torturas que los hombres, sí denuncian muchos casos de violencia sexual.
Del total de víctimas de desapariciones forzadas, que suman de 337 casos, el 11 por ciento (37 casos) corresponde a víctimas mujeres. Sobre un total de 58 casos de ejecuciones extrajudiciales, el 10 por ciento (6 personas) representa a víctimas de sexo femenino.


VIOLENCIA SEXUAL
Del total de mujeres entrevistadas por la Comisión de Verdad y Justicia, un 9 por ciento manifestó haber sufrido violación sexual. Sin embargo, miembros de la organización investigadora señalaron que al respecto existe un gran subregistro, motivado sobre todo por la vergüenza, la culpa o el estigma que acompañan a la violencia sexual.
Hay que tener en cuenta asimismo que varios victimarios (o directamente violadores) siguen viviendo en la misma comunidad que sus víctimas, lo que crea en éstas algún tipo de miedo.
Las niñas también fueron víctimas de esta violencia sexual, especialmente en operativos militares y policiales en las comunidades campesinas, según se desprende de las investigaciones.
La CVJ recogió casos de violación y abuso sexual de menores por parte de miembros de fuerzas militares, policiales y civiles, especialmente de niñas entre 12 y 15 años, que fueron las denuncias más numerosas entre las recibidas.


ATAQUES A COMUNIDADES
Durante la década de los setenta las comunidades campesinas fueron duramente reprimidas, en particular las vinculadas a las Ligas Agrarias Cristianas. Hubo comunidades que fueron prácticamente arrasadas, como el caso ocurrido en San Isidro de Jejuí (San Pedro) en febrero de 1975, y otras fueron gravemente afectadas, como las comunidades de Costa Rosado (Caaguazú), Acaray (Alto Paraná), Simbrón (Paraguarí), Sangre de Drago (Misiones) y Pueblo de Dios (Caaguazú).
La CVJ reveló con sus investigaciones muchos casos de ataques que durante mucho tiempo fueron desconocidos por la ciudadanía, como el referido a la comunidad llamada Costa Rosado, ocurrido en marzo de 1980.
También ocurrieron algunos casos de ataques colectivos a líderes y miembros del movimiento campesino, como el caso conocido de la Pascua Dolorosa, que afectó a varios departamentos del país en 1976, y hechos hasta insólitos, como la represión a campesinos supuestamente simpatizantes del FULNA en Cordillera en 1965, donde se les obligó a jurar ante un sacerdote que renunciaban al comunismo y que se adherían al catolicismo.
Esto ocurrió en setiembre del referido año y se desarrolló simultáneamente en cuatro localidades de Cordillera. En sendas ceremonias, diferentes grupos de los capturados se vieron forzados a renunciar "a Satanás, a sus pompas y al comunismo". Esto, ante un sacerdote y toda la ciudadanía obligada, a su vez, a participar del acto.
El terror durante el stronismo tuvo dos etapas bien definidas. La primera fue desde el inicio del régimen, en 1954, y va hasta 1966, cuando cayeron en desgracia los miembros del equipo represor liderado por el ministro del Interior Edgar L. Ynsfrán. Dicho equipo, originalmente, estaba completado con el jefe de Policía, Ramón Duarte Vera, y el jefe de Investigaciones, Erasmo Candia.
Éste último había sido defenestrado de su cargo en 1961 y posteriormente reemplazado por Alberto Planás.
Ynsfrán es considerado el cerebro de la sistematización del aparato represivo stronista en sus primeros tiempos. Hombre de notable cultura y de arraigada estirpe colorada (fue sobrino nieto de Bernardino Caballero), escaló a posiciones de poder muy encumbradas. Fue el propulsor de la fundación de Puerto Presidente Stroessner, el 3 de febrero de 1957, en la coronación de la llamada Marcha al Este durante el gobierno stronista. Ese pequeño enclave rodeado de la casi impenetrable selva del Alto Paraná, llegaría a ser lo que es hoy, la agitada y económicamente preponderante Ciudad del Este.
Fue también hombre clave para lograr la participación de un sector del liberalismo en las elecciones de 1963 con miras a darle una pincelada de democracia al régimen imperante y dejar más o menos tranquilo al gobierno norteamericano que venía presionando a Stroessner con el fin de que éste abriera el juego democrático en el Paraguay.
La ascendencia que fue ganando y sus demostraciones de inteligencia le jugaron en contra a Ynsfrán. Stroessner, quien no permitía que nadie asomara desde su sombra, lo sacó del camino cuando se dio cuenta de que podría ser un serio rival político para él.
Desde que se vio obligado a irse de su cargo de ministro del Interior, Edgar L. Ynsfrán, otrora poderoso y temido referente del stronismo, pasó a vivir en un ostracismo interno, forzado a mantenerse alejado de actividades políticas. Vivió casi en silencio hasta que cayó Stroessner. Entonces volvió a tener cierto protagonismo en el Partido Colorado. Murió luego sin que nadie le pidiera cuentas de los muchos atropellos a los derechos humanos que cometió.


LA TÉCNICA
Uno de los departamentos policiales más tenebrosos de la dictadura fue la Dirección Nacional de Asuntos Técnicos, conocido comúnmente como La Técnica. Allí sentaba sus reales el doctor Antonio Campos Alum, uno de los personajes más curiosos y temidos del régimen stronista aunque siempre él se cuidó de cultivar un perfil bajo. Casi no aparecía en público; muy poca gente lo conocía.
Campos Alum, ex secretario general del Ministerio del Interior y único director de la Técnica durante toda la existencia de este centro de detención y torturas, era una persona culta, discreta, amable, que fue preparado en los Estados Unidos, en el año 1957, para cumplir el cometido que cumplió.
La Dirección fue organizada por un experto norteamericano, el coronel Robert Thierry. Ahí se desplegaba lo que se daba en llamar "un trabajo de laboratorio" para monitorear movimientos opositores y al mismo tiempo funcionaba como un antro de torturas, quizá el más temido de ellos, más tétrico aún que el propio Departamento de Investigaciones de la Policía de la Capital, donde durante el régimen el terror tuvo nombres sucesivos como los de Erasmo Candia, Alberto Planás y Pastor Coronel, a más de los tantos torturadores que allí operaron.
Precisamente el hecho del bajo perfil de su director hizo que la terrorífica Técnica no fuera tocada siquiera con la caída del régimen stronista. Campos Alum siguió operando sin que nadie le molestara hasta el 22 de diciembre de 1992, poco después del descubrimiento del Archivo del Terror. En ese archivo estaban las pruebas incontestables de que muchos de los opositores desaparecidos habían estado previamente en La Técnica.
Doña Carmen Casco de Lara Castro, la inolvidable Coca, titular de la Comisión Nacional de Derechos Humanos y por entonces senadora de la Nación, fue quien alzó su voz para que la Dirección Nacional de Asuntos Técnicos, uno de los principales focos de tortura en la era stronista, se cerrara definitivamente.


LA PRENSA DURANTE EL STRONISMO
En el inicio de su Gobierno, Stroessner se encontró con una prensa que parecía no iba a crearle problemas, que no estaba muy interesada en hurgar en honduras ni en molestar al régimen. De hecho, durante el gobierno de Higinio Morínigo la actividad periodística había sufrido una tenaz censura, práctica proveniente ya del gobierno de José Félix Estigarribia, que había promulgado del decreto ley 1776 del 10 de junio de 1940 "por el cual se reglamenta la publicación de las opiniones y la expresión del pensamiento por medio de la imprenta".
En aquel tiempo no existía una prensa realmente profesional que estuviera al servicio de la opinión pública.
Stroessner, al principio, no tenía problemas con el periodismo paraguayo sino esencialmente con el periodismo argentino y con el uruguayo, que lo atacaban sin tregua, azuzados por los exiliados enemigos del régimen que imperaba en el Paraguay.
En 1954 en el Paraguay había tres diarios: La Tribuna, El País y La Unión, antecedente éste último de lo que después sería Patria, vocero de la junta de gobierno del Partido Colorado; además de una hoja parroquial llamada Comunidad.
En 1959 apareció El Independiente, diario dirigido por el doctor Víctor J. Simón. Fue un intento de hacer un periodismo que honrara el nombre del periódico. No lo logró porque fue cerrado pronto y su director terminó confinado.
En 1961 Manuel Bernardes sacó el diario La Mañana, que tampoco duró mucho. El Gobierno no estuvo de acuerdo con su línea de pensamiento y comenzó a negarle divisas para la importación de papel. Tuvo que cerrar a poco de su apertura. Otro diario de vida fugaz en aquel tiempo fue El Día, creado por Isaac Kostianovsky. Un sospechoso incendio acabó con sus talleres luego de que el periódico publicara una serie de notas en las cuales se describía la miseria en que se desenvolvía por entonces el Hospital de Clínicas.
En 1967 aparecería ABC Color, que se impuso al público con la novedad de su formato tabloide y los colores. Se fue consolidando rápidamente para desplazar en el liderazgo del mercado a la vieja La Tribuna, que gozaba hasta ese momento de absoluta preeminencia pero que sucumbió ante la pujanza de ABC.
En los años 60 proliferaron los semanarios, principalmente los de tinte político. En esos años se había consolidado el periódico católico Comunidad, que terminó clausurado por el Gobierno el 24 de octubre de 1969, bajo la acusación de editar materiales subversivos en un momento de fuerte enfrentamiento entre la Iglesia y el régimen, especialmente tras los sucesos de junio de ese año debido a las protestas estudiantiles por la venida al Paraguay del gobernador de Nueva York, Nelson Rockefeller, enviado del presidente Richard Nixon.
Durante la negociación del Tratado de Itaipú, a comienzos de los años 70, la prensa comenzó a mostrar un cariz crítico ante el Gobierno. Con el transcurrir de esa década, y dado el crecimiento económico del país, los periódicos también lograron mayor estabilidad financiera y comenzaron a hacer un tipo de periodismo independiente de los designios gubernamentales. Eso chocó con la intolerancia del régimen hacia las críticas a su gestión.
El 18 de junio de 1979, por resolución número 435 del Ministerio del Interior, firmada por Sabino Augusto Montanaro, el gobierno stronista suspendió por un mes la circulación de los diarios última Hora y La Tribuna, porque ambos supuestamente desarrollaban "una crítica parcial e interesada contra disposiciones gubernamentales y funcionarios del Estado".
Ya en aquel tiempo, ABC Color sufría también constantes ataques del Gobierno y sus periodistas eran perseguidos y encarcelados. El diario sería cerrado por tiempo indefinido el 22 de marzo de 1984 y solo volvería a aparecer al público cinco años después, tras la caída de Stroessner.
El régimen tenía sus voceros, el diario Patria y el programa radial La Voz del Coloradismo, que se dedicaban a hostigar a periodistas, periódicos y espacios radiales críticos.
Radio Ñandutí y su director propietario, Humberto Rubín, fueron ferozmente perseguidos. En la noche del 29 de abril de 1986, la emisora fue atacada por una turba de civiles colorados que al son de la polca partidaria apedrearon el edificio y rompieron vidrios, aunque ningún funcionario fue herido. El 3 de mayo siguiente, la planta transmisora de la radio fue destrozada y los asaltantes robaron valiosos equipos.
Las interferencias técnicas a sus emisiones, desde el ente estatal Antelco, se hicieron insoportables hasta el punto que Rubín se vio obligado a cerrar la radio y sus transmisiones, el 14 de enero de 1987.
La única voz crítica que quedó fue la de Radio Cáritas, la emisora de los franciscanos. El 1º de julio de 1986, su director, el sacerdote español Javier Arancón, fue expulsado del país. Es decir, ya no se le permitió la entrada al Paraguay cuando retornaba de un viaje a Buenos Aires. El ministro Montanaro justificó la medida diciendo que "las programaciones de Radio Cáritas han sido una campaña, una prédica disociante y perjudicial para las relaciones entre el Estado y la Iglesia". Ni el anuncio de la visita del Papa al Paraguay paró los hostigamientos a la radio. Los mismos se acentuaron tras dicha visita. El Gobierno, por ejemplo, impidió la realización de los tradicionales debates que se llevaban a cabo en su salón auditorio. El 22 de diciembre de 1988 ordenó la rebaja de la potencia de la antena de la radio de 10 a 1 kilovatio. Sin embargo, Radio Cáritas siguió en su postura.
Tal vez como una venganza del destino, fue la única radio que transmitió en directo el golpe que se desató en la noche del 2 de febrero de 1989 y que culminó con la caída del régimen de Stroessner.
Dicha caída determinó, a su vez, la vigencia plena de la libertad de prensa y de la libertad de expresión.
A pesar de la clausura de medios, el apresamiento de periodistas, el Estado de Sitio perenne, las leyes liberticidas 294 y 209, la prohibición de que circularan en el Paraguay periódicos extranjeros críticos, el secuestro de libros, Stroessner, como todos los dictadores, perdió su guerra particular contra la prensa.


EL PAPEL DE LA IGLESIA
En los primeros tiempos de Stroessner, la Iglesia estaba, a efectos administrativos, prácticamente sometida al Estado. Había una relación muy estrecha entre ambos por circunstancias de la época.
Además, la Iglesia en su conjunto era ritualista y no ejercía, institucionalmente, una postura crítica ante la situación política del país. Las voces críticas que salían de su seno provenían de elementos individuales, como el caso del padre Ramón Talavera, a inicios de la gestión de Stroessner.
En los años 60 algo cambió en el interior de la Iglesia como institución universal. El Papa Juan XXIII desató una revolución con el Concilio Vaticano 11 (que culminó con su sucesor, Pablo VI). El llamado Papa Bueno agiornó a la Iglesia. La puso al día con las circunstancias nuevas del mundo.
En su encíclica PACEM IN TERRIS habló de la paz entre los pueblos en un momento en que la humanidad temía la guerra nuclear. Además, revolucionó los conceptos teológicos vigentes entonces, al proclamar la libertad de conciencia que sus antecesores señalaban como un absurdo teológicamente. Decía Juan XXIII que los seres humanos debían "adorar a Dios en armonía con los justos dictados de su propia conciencia, profesar su religión privadamente o en público". Esto era totalmente revolucionario en la Iglesia.
La Iglesia paraguaya no se sintió ajena a los grandes cambios que emergieron en el Vaticano y en el mundo en la década de los 60. Por el contrario, se acomodó rápidamente a ellos. Empezó a acercarse más a la realidad de la gente y a buscar mayor protagonismo fuera de los templos y de la evangelización meramente espiritual. Con esa actitud, en 1960 nació la Universidad Católica, trascendente en la formación de una élite intelectual que ayudó a desarrollar el sentido crítico en la sociedad.
En 1963 los obispos paraguayos emitieron una carta pastoral histórica: "EL PROBLEMA SOCIAL PARAGUAYO", sorprendente para su tiempo. Fue un documento lúcido que, por ejemplo, exigía una reforma agraria seria para superar las estructuras socioeconómicas primitivas que impedían el crecimiento del país. El influjo de prelados que habían participado directamente en las deliberaciones del Vaticano II, como Ramón Bogarín Argaña, Aníbal Maricevich e Ismael Rolón, fue fundamental.
Poco antes de la Constituyente de 1967, los obispos paraguayos iniciaron las críticas al excesivo poder que se otorgaba al Ejecutivo en el proyecto de Constitución. Igualmente se analizó el sistema de Patronato mediante el cual la Iglesia estaba atada económicamente al Estado. En 1969 se agudizaron los problemas de la Iglesia con el régimen stronista que no veía con buenos ojos esa intromisión eclesial en asuntos políticos. El 22 de octubre de 1969 fue detenido el padre Francisco de Paula Oliva y expulsado del país, lo que motivó un acto de repudio de los estudiantes de la Universidad Católica que a su vez despertó una recia respuesta policial.
La Iglesia contraatacó y excomulgó al ministro del Interior, Sabino Augusto Montanaro, y al jefe de Policía, Alcibíades Brítez Borges, y suspendió todos los oficios religiosos que debían celebrarse el domingo siguiente. Una especie de huelga religiosa.
Otra decisión inusitada de la Iglesia en su protesta contra Stroessner fue la de suspender, en diciembre de 1969, la tradicional procesión del 8 de diciembre en Caacupé, a la que el Presidente solía asistir con todo su gabinete.


Fuente:
EL PARAGUAY BAJO EL STRONISMO (1954-1989)
COLECCIÓN : LA GRAN HISTORIA DEL PARAGUAY, Nº 13
© Editorial El Lector
Director Editorial: Pablo León Burián
Coordinador Editorial: Bernardo Neri Farina
Director de la Colección: Herib Caballero Campos
Diseño de portada: Celeste Prieto
Diseño Gráfico: Joel Lezcano.
Corrección: Nidia Campos
Portada: Fotografía de Alfredo Stroessner.
Colección Bernardo Neri Farina.
Fotografías: Colección del Instituto y Museo Militar de Asunción
Hecho el depósito que marca la Ley 1328/98
ISBN: 978-99953-1-085-1
El Lector I: 25 de Mayo y Antequera. Tel. 491 966
El Lector II: San Martín c/ Austria. Tel. 610 639 - 614 258/9
Esta edición consta de 15 mil ejemplares
Asunción – Paraguay (2010 – 140 páginas).


lunes, 8 de marzo de 2010

LOS PECADORES DEL VATICANO. CUENTOS POLÍTICOS. Autor: BERNARDO NERI FARINA - Prólogo: FRANCISCO PÉREZ-MARICEVICH / Texto: LOS PECADORES DEL VATICANO


LOS PECADORES DEL VATICANO
CUENTOS POLÍTICOS
Autor:
BERNARDO NERI FARINA
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
Prólogo:
FRANCISCO PÉREZ-MARICEVICH
Director Editorial: Pablo León Burian
Colección “Narradores Paraguayos”
Tapa: Marcos Condoretty
Ilustración de tapa:
Cuadro del pintor italiano Pompeo Batoni
Editorial El Lector,
Asunción-Paraguay,
2006 (143 páginas)
.
PRÓLOGO
** Una repetida observación es la que afirma que detrás de todo periodista hay un escritor solapado. Hay muchos casos de esto y nombres ilustres pueden saltar a la menor provocación: así, por ejemplo, en la tradición británica G. K. Chesterton y, en Hispanoamérica, el inmediato Gabriel García Márquez o Mario Benedetti... Hay muchos más, pues los periodistas-escritores o viceversa forman legión, como los diablos.
En nuestro país, el fenómeno se ha dado (y se da) con intensidad que no tiene visos de disminuir o apaciguarse. Entre la cátedra y las incursiones burocráticas, el escritor se ha visto obligado a disimularse (o travestirse, como dijo un agudo francés) en el cronista fatigosamente asalariado que busca arrebatar al tiempo algo de reposo, para emplearlo en la construcción de mundos imaginarios.
** Gran parte de los narradores paraguayos han sido (y siguen siéndolo) periodistas. Las páginas de los periódicos siempre fueron hospitalarios para los escritores. Y esto en tal medida que hubo quien se sintió inclinado a calificar a la literatura paraguaya, con ironía casi volteriana, como episódica o semanal (como los suplementos). Ciertamente, estos últimos (junto con los concursos y premios que, por suerte, ahora menudean) han prestado un señalado servicio para que nuestra literatura tuviera un canal de difusión algo más prometedor que los escasos cientos de ejemplares que iban a ocupar por años los anaqueles de las librerías.
** BERNARDO NERI FARINA es uno de estos periodistas que, una vez las circunstancias le fueron favorables, liberó al narrador que llevaba escondido. Como el personaje de Cortázar fue sacando sus conejitos y en esta tarea ha mostrado cualidades evidentemente buenas para la creación narrativa. Estas cualidades ya fueron ostensibles en su notable EL ÚLTIMO SUPREMO (2003, varias ediciones), un apasionante reportaje sobre la persona y el tiempo de Alfredo Stroessner. La prosa clara, ágil, rápida de Farina muestra allí sus poderes capaces de evocar con vigor escenarios, sucesos, perfiles, atmósfera moral, obsecuencias y corruptelas propios de ese mundo cerrado sobre sí mismo, autista y excluyente.
** Un clima moral semejante, invadido de pasiones al mismo tiempo bestiales y refinadas, ocupa las páginas de este libro, LOS PECADORES DEL VATICANO. En él se contienen cuentos construidos con destreza y desarrollados con intensidad. Situados en espacios sociales urbanos ocupados por personas que hacen de la actividad política su proyecto de vida, se describen episodios que repercutieron en la realidad histórica de manera crucial. La ficción en estas narraciones cumple el papel de animar los fríos hechos reales llenándolos de un aura trágica.
** Figuras históricas como Roberto L. Petit, Edgar L. Ynsfrán, Alfredo Stroessner y otros, están en el centro de las narraciones de este libro descritos con vivacidad, realismo y justeza. Es de admirar el tino con que el autor retrata con breves trazos a estos personajes complejos, cuya inmediatez temporal arriesgaría dañar -como dañó en otros intentos- la imagen fijada en el texto.
** Los cuentos de BERNARDO NERI FARINA están construidos con fluidez siguiendo un discurso temporal ceñido que se resuelve en una conclusión imprevista, tal como es de esperar del cuento bien hecho. Los ambientes y escenarios en los que las anécdotas se sitúan, están presentados y descritos adecuadamente, de modo que con la acción que desarrolla el protagonista se confunden para crear una unidad de sentido y significación bien explícitos. Se trata en estos cuentos de recrear la vida tal como se la vivía en los tiempos de Stroessner, con su violencia, su rigor irracional, su corrupción.
** Muy bien escritos, los cuentos que componen este libro son una contribución valiosa a la narrativa paraguaya. En muchos casos son excelentes ejemplos de la manera como la experiencia histórica colectiva puede integrarse con provecho a la textura imaginativa. Cobijados por el realismo bien entendido y mejor tratado, los cuentos de LOS PECADORES DEL VATICANO ya tienen un lugar muy propio en el proceso de nuestra narrativa crítica más valiosa.
FRANCISCO PÉREZ-MARICEVICH - Noviembre del 2006
.
SEMBLANZA DEL AUTOR
** Conozco a Bernardo Neri Farina desde que éramos pequeños y correteábamos por las calles arenosas del asuncenísimo barrio San Antonio, allá en Sajonia.
** Él nació el 21 de agosto de 1951, durante el gobierno todavía de facto de Federico Chaves. Formábamos parte de lo que se llamaría "la clase media de la pobreza". Éramos pobres pero no tanto. Es así que hicimos la secundaria en el Colegio Monseñor Lasagna, donde aprendimos con grandes maestros (Félix de la Fuente, Carlos Heyn, Alejo Ovelar, Adolfo Moleón, Zacarías Ortiz, Juan Livieres Argaña, Mazzarino, Villagra y otros tantos). A. comienzos de los años 60 estudiamos dactilografía en Columbia (lo que nos valió que los amigotes del barrio dudaran seriamente de nuestra virilidad) y luego aprendimos inglés en el CCPA cuando nuestros compinches de correrías apenas farfullaban el castellano.
** Luego de rebotar por dos años consecutivos en la Facultad de Medicina, fuimos a parar, ambos, a la de Filosofía de la UNA, donde estudiamos periodismo invitados por dos eminencias: Oscar Paciello y Víctor Simón. Antes, Bernardo se había metido a cantante de rock y le fue bastante bien. Actuaba en televisión y era ídolo. Cantó con grupos famosos como La Fórmula Quinta, Los Bravos, Chicago.
** No llegó a ser licenciado en Periodismo (menos mal) porque se peleó con un profesor (no voy a revelar su nombre) y se fue cuando sólo le faltaban tres materias para recibirse. ¡Qué bruto! ¿no? Pero aunque no terminó la carrera, fue el único de la promoción que llegó a ser un periodista en serio.
** En 1976, Rubén Céspedes lo llevó a practicar en ABC Color. Estuvo durante tres meses (sin sueldo, claro) e hizo notas importantes. No se quedó porque le exigieron exclusividad laboral (él entonces todavía cantaba con su grupo y con la música ganaba mucho más de lo que ganaría como periodista).
** Al año siguiente, Oscar Paciello le invitó a formar parte del plantel del diario HOY, que se estaba por abrir (y no le hizo problemas para que siguiera cantando profesionalmente). Lo que aprendió en ABC Color le sirvió de mucho y en el diario de Humberto Domínguez Dibb hizo carrera, aunque tuvo un interregno de dos años cuando pasó a La Tribuna por un sueldo entonces fabuloso. En 1982 retornó a HOY y escalando año tras año, llegó a ser director del diario, hasta que en 1992 lo echaron. El grupo Wasmosy había comprado el diario y él no comulgaba con la visión y el estilo de esa gente (o esa gente no comulgaba con el estilo y la visión de Bernardo). Fue despedido muy caballerescamente, tanto, que luego Wasmosy, ya presidente de la República, le contrató para algunos trabajos en el Poder Ejecutivo.
** Siguiendo en el periodismo pasó por varios medios. Cuando le echaron de HOY, Humberto Rubín y Alberto Peralta le dieron refugio en el semanario Tiempo 14. Después dirigió el semanario La Opinión, de otro amigo entrañable, Reinaldo Domínguez Dibb. Fundó, con Chiqui Ávalos, la revista Zeta,-a la que le puso el nombre. Después la propietaria, su amiga del alma Zuni Castiñeira, le despidió porque no estaba de acuerdo con su manera de pensar (¡otra vez!). Pero ese despido hizo posible que se conservara la amistad, aunque Zuni ya no le invita a su fiesta de cumpleaños.
** Una gran experiencia para Bernardo, según me comentó, fue su trabajo durante once años como guionista de los programas periodísticos de Bruno Masi quien, según él, es el mejor realizador de la televisión paraguaya. "Es tan bueno que hoy no está en ningún canal", me dijo.
** La última experiencia periodística fallida de Bernardo fue como director de Radio Chaco Boreal. Fallida porque las vicisitudes técnicas y económicas impidieron que alcanzara proyección el buen periodismo que se hacía en esa emisora.
** Aunque ya no lo ejerza activamente, él ama el oficio, como diría García Márquez. Viajó por todo el mundo (aclara que le falta conocer un solo continente: Oceanía); vivió durante un mes con Juan Pablo II viajando en su propio vuelo, cuando el entonces pontífice vino al Paraguay. Gracias a su trabajo de escriba compartió con reyes, presidentes, artistas, científicos e incluso con lumpenes (¿se dirá así?) de toda clase.
** Bernardo siempre escribió bien, me consta. Es así que en el 2003, de la mano de otro amigo formidable, Pablo León Burián, director general de El Lector, publicó su best seller EL ÚLTIMO SUPREMO LA CRÓNICA DE ALFREDO STROESSNER, que ese año le valió la distinción de Revelación cultural. Antes había escrito otros libros por encargo (fue autor de varios best sellers firmados por otros).
** Y bueno, aquí está con su primer libro de cuentos, su primera incursión en la narrativa pura: LOS PECADORES DEL VATICANO, un cuentiario político que lleva el nombre del relato que ganó el segundo premio del concurso del Club Centenario en el 2006.
** Tengo muchas discrepancias con Bernardo, pero sin dudas es un tipo que puede aportar lo suyo a la literatura paraguaya. Ojalá lo haga, ahora que está decidido a recuperar el tiempo perdido y a dedicarse a narrar en forma de ficción.
** De todos estos cuentos (más bien relatos) incluidos en el libro, les pido que presten atención a aquellos que conjugan la historia real con la fantasía (aunque así son casi todos), especialmente la crónica de la muerte de Roberto L. Petit, en PETIT, y LA MUERTE SE LLAMA ROGELIO, un texto que tiene mucho asiento en un hecho real.
** Le deseo éxitos a mi alter ego Bernardo: periodista de raza y oficio; escritor por vocación y laburante en cualquier cosa, por necesidad.
EL OTRO (según Borges)

ÍNDICE
Prólogo
Semblanza del autor
** Los pecadores del Vaticano / La fiera / Petit / Un espíritu superior / Una noche en la embajada / Confesiones en el deliródromo / Hay que entender el asunto / La muerte se llama Rogelio / Guía de trabajo

LOS PECADORES DEL VATICANO
(Segundo premio en el Concurso del
Club Centenario 2006)

A Ramiro Domínguez
1
** Era un burdel por demás ordinario, corno todos los de la zona aledaña al puerto de Asunción. Pero tenía una gracia especial para los muchachos de los alrededores, muchos de los cuales oficiaron el entrañable rito del debut en uno de sus cuartuchos de paredes granujientas, llenos de una humedad espesa que sofocaba de calor en verano y pasmaba de frío en invierno.
** La compañía femenina ofertada ahí era bastante surtida. Variada en disposiciones de ánimo, en inventarios lascivos, en escabrosidades múltiples, en atributos estridentes y en extravagancias inconfesables.
** Vulgar desde donde se lo mirara, aquel modesto quilombo ostentaba el sonoro nombre de El Vaticano. No era un título "oficial" que le diera la madama a su negocio al bautizarlo, sino, por el contrario, una designación generada de forma espontánea en la clientela para sacarle su carácter anónimo y poder identificarlo cuando se programaran las salidas nocturnas de las pandillas barriales.
** Cuando alguien pidió se sugiriera un nombre, un ser también anónimo propuso la pontificia designación sustentando su iniciativa en el emplazamiento geográfico del prostíbulo.
** Está al lado de Roma, dijo simplemente. En realidad se ubicaba detrás del cine Roma, en la calle Coronel Martínez casi Colón. Y ahí quedó. Así quedó. Nadie se atrevió a buscarle una alternativa a ese patronímico que, si bien a algunos les pareció blasfemo, a todos les resultó divertido.
** El nombre se volvió por sí mismo una atracción y convirtió al macilento bolichito genital en un referente ineludible en el conglomerado de mancebías extendido por varias cuadras a lo largo de General Díaz, Oliva, Estrella, Hernandarias, hasta el puerto.
** Bulliciosos jovencitos libres de control y adustas señores de paso rápido y mirada avergonzarla en brisca de una puerta por donde introducirse con disimulo, conformaban la geografía humana demandante en aquel distrito rojo una vez vaciado el sol.
** Enfrente, jovencitas de experiencia ligera, maduras de belleza imprecisa, matronas de nalgas abombadas y gibosas, flacuchas carcomidas por la tisis, gordas salidas de una pintura de Botero, petisas de escote inmenso y lungas huérfanas de curvas, ofrecían un placer fulminante de perpetración efectiva en sus transitadas carnes. A precio módico.
** Precoces peregrinos licenciosos, los jovenzuelos de la periferia cercana apuraban luna a luna la aventura de rodar por los callejones de ese mercado libertino. Algunos, solo para recrear la vista en su decadente entorno, sentir el vaho excitante de sus tugurios, arrimarse al efluvio sugestivo de un aliento femenino y tocar como al descuido alguna pulpa de hembra puesta al alcance de la mano.
** Otros, más afortunados para sus ansias, iban prestos, billete en ristre, a encontrarse con el acontecimiento espléndido de una entrada jubilosa. Les urgía producir la explosión de su virilidad emergente en alguna de aquellas cavidades acogedoras y generosas.
** Alrededor de El Vaticano giraba una leyenda: "el mejor lugar para comenzar a ser hombre". Quizá por eso a alguien se le ocurrió colgar de una de sus paredes aquel cartelito que rezaba "Siempre hay una primera vez", frase escrita en primorosos caracteres góticos sobre un rombo de loza.
A más de su inauguración masculina, muchos adquirieron ahí su precoz escozor venéreo y su primer enjambre de ladillas transferidas de pubis a pubis.
2
** Noche de sábado. Arístides Montiel, alias Burro, con sus 16 años recién estrenados se preparaba para salir con sus amigos. La idea era ir a caminar por el centro y mirar. Según sus cálculos, los de la barra disponían de escasos billetes que alcanzarían apenas para comprar algunas botellas de Naranjín, un tubo de pastillas Frescale y unos cigarrillos Chesterfield sueltos.
** Chicos pobres del suburbio de Varadero, no necesitaban mucho para ser felices: estar juntos, reírse de sí mismos y de los demás; cine de barrio y fútbol dominguero. En las tardes de verano retozaban en el río frente a la playa del Cuerpo de Defensa Fluvial de la Marina hasta que el crepúsculo adormeciera al calor. Tiritando, se sacudían entonces la arena y las gotas de agua adheridas a la piel y huían del cefirillo exhalado, como un aliento áspero, por la boca de la bahía.
** Algunas noches, luego de sustraer reiteradamente los vueltos de las compras hechas en el almacén de ña Polí y de sumar las famélicas propinas recibidas por estibar el contrabando de las clorinderas, hacían una bolsa común y visitaban alguno de los lupanares cercanos. En la puerta arenaban un sorteo. El premio para el agraciado era una entrada con la chica señalada por el gusto de la mayoría, pagada con la plata disponible. De esa manera, los amigos de Burro, uno por uno sucesivamente, lograron su primer polvo genuino, sin participación manual.
** En casi todos aquellos locales de luz escarlata simpatizaban con esos mocosos divertidos. Algunas damiselas, en jornadas de pocos clientes y con el guiño del encargado, les concedían una rápida revolcada tras un benigno descuento tarifario.
** Incluso no faltaban pupilas más descocadas y atrevidas que, animadas por un atracón de cerveza, aceptaban entrar a la habitación con todos los pilluelos a la vez. Uno para hacer y los demás para mirar. En esas ocasiones, un pacto tácito obligaba a los mirones a observar calladamente, como espectadores de un culto solemne, el operativo lúbrico del amigo y la favorecedora de turno.
** Tampoco había comentarios estrepitosos a la salida sobre lo pasado adentro. Para ellos, ir a uno de esos antros era casi una actividad lúdica, inocente, cándida. Un juego de adolescentes enmarcado en reglas simples y sin rescoldos indecorosos.
** En el corrillo de Arístides había personajes de los más variados caracteres. Ramón era el más callado. Le gustaba el azúcar en seco, y uno de los muchachos - tal vez Toribio- asoció eso con una presunta apetencia incontenible de las cucarachas por esa sustancia. A ninguno le importó corroborar científicamente la cosa, pero a Ramón le quedó el mareante: Taravé.
** El más bullanguero era Nelson Gusano, flaco y alargado. Generalmente le llamaban en guaraní: Ysó. Lo hacían porque era la lengua habitualmente manejada por él. El castellano que trataba de hablar era casi un invento suyo. No lograba asimilar el idioma de la ciudad pese a que hacía unos seis años había venido de una inencontrable compañía de Caaguazú.
** El más simpático del grupo, sin lugar a dudas, Toribio. Siempre andaba con los hombros encogidos como si tuviera frío aunque hiciera 40 grados de calor. Tenía cara de chimpancé y el apelativo -creado por Nelson- le cayó justo: Ka'i ro'y. Conque vos sos el famoso Mono friolento, le dijo la maestra al recibirlo una mañana cuando con sus 10 años de edad por fin se animó a ir al primer grado de la escuela Pancha, como llamaban al centro educativo primario Gaspar Rodríguez de Francia.
** Toribio se encargaba generalmente de endilgarles motes a quienes viera pasar, fueran amigos o no. A aquel chico esmirriado que caminaba cojeando porque tenía una pierna más corta que la otra, le puso Citroën, recordando a la marca de automóviles en su versión 2 CV, modelo rústico que se bamboleaba preocupantemente al andar sobre el sinuoso empedrado asunceno.
** En una muestra de sorprendente erudición autodidacta, le endosó a su primo Inocencio el apodo de O'Leary, apellido del historiador panegirista del Mariscal López. Cuando se le preguntó por qué, simplemente respondió:
-Es demasiado bola; el pescado que él pesca es siempre el más grande, la chica que le mira es la más linda, su club es el más campeón, su jugador es el más crack, su perro es el más valé, su hermano le ganó en moquete a Kid Pascualito. Es muy bola.
** El grupo lo completaban los mellizos Tito y Toti, Carlitos Maceta (por petiso y redondo), Leocadio (a quien comúnmente llamaban Locario) y Panta, lógicamente apócope de Pantaleón.
** Pero el líder era Arístides, a quien también Toribio le había cargado eso de Burro, por el descomunal volumen de su miembro viril. Al principio le quiso llamar Termo ("es nio demasiado grande, chera'a"), pero optó por lo del animal pues le pareció más simple.
** No tenía ningún empacho en admirar públicamente el tremendo pito de su amigo y se quedaba mirándolo con envidia cuando jugaban opoí pukuvéa. Se ponían todos en estricta alineación y se masturbaban frenéticamente para ver luego quién eyaculaba más lejos. Era un juego para ellos divertido y lo repetían dos o tres veces por competencia hasta quedar exhaustos. ¡Ya no me sale ni siquiera agüita! gritaba Panta en momentos dados, cuando no podía más, viendo a los otros también pálidos de fatiga extrema y convulsionados por el esfuerzo.
3
** Aquella noche de sábado Arístides y sus amigos dieron varias vueltas a Palma y Estrella, y cuando el aburrimiento les iba ganando, Ramón Taravé se paró de repente frente al grupo, los miró a todos con un aire cobrador y una sonrisa tirando a socarrona. Lucía un porte de bribonzuelo travieso extraño en él. Sacudió su timidez habitual y como escupiendo un pollo que se le había atragantado, soltó la propuesta mágica.
-Los perros, vamos al Vaticano.
-¿Quéeee? - gritaron los demás al unísono.
-Hoy es sábado, hay mucha gente y si vamos sin plata nos van a sacar a patadas -dijo Maceta.
-Para ir a mirar al pedo nomás... mejor fumamos nuestro último charuto y nos vamos a dormir -cruzó Toti, con la aprobación de su hermano Tito, demostrada con acompasados y mudos cabezazos.
-No podemos ir sin plata, y menos un sábado - pontificó Arístides, dando por finiquitado el tema con su talante de jefe.
-No, los perros. Yo tengo un 300. Mi viejo me dio ayer para pagar la cuota del colegio y no pagué. Vamos a gastar y el lunes le digo a lecajá que se me cayó. Yo sé que él tiene más plata porque sacó la quiniela acertando tres cifras a la cabeza -plantó Ramón.
** Sorpresa. A todos se les encendieron los ojos. Pero de pronto Locario recordó que en El Vaticano, la casa más barata de la zona, las chicas cobraban 500 guaraníes los sábados y ese día no había descuento.
** Ahí apareció el castellano tarzánico de Nelson Ysó para dar una posible solución.
-Vamo la once por ahí. Poca gente ya y podemo ligar decuento.
** Todos aprobaron la idea. Faltaba poco más de una hora para las once de la noche y esperarían para probar suerte. Mientras, podrían ir adelantando el sorteo para ver quién sería el agraciado con el polvo sabatino.
** Intervino Arístides para proponer con sentido de orden: la plata es sólo de Taravé y él debe entrar si conseguimos la rebaja. El capitalista, en cambio, insistió en hacer el sorteo porque todos eran amigos. Sin embargo, la moción de Arístides prevaleció.
4
** Romualda Brítez era conocida corno Rumy en el ámbito prostibulario. Iba por los 35 años de edad y ya ni se acordaba (o no se quería acordar) cuándo ni cómo se había iniciado en el oficio. Era algo que le venía de familia. Tenía cinco hijos de padres diferentes, desconocidos todos. Los vástagos estaban al cuidado de la abuela allá en el bajo.
** Ella debía recaudar jadeante, noche a noche, cliente a cliente, los fondos para la ración diaria. Si no había entrada, no había plata. Y no había puchero.
** Rumy exhibía su condición sin ningún remilgo. No conoció el pudor convencional de las mujeres normales, pues desde muy pequeña se vio rodeada de la exposición rumbosa del sexo en sus más lujuriosas variantes.
** Todas sus ascendientes y parientes mujeres habían ejercido la actividad, a tiempo completo u ocasionalmente. Algunas de ellas llevaban de vez en vez el trabajo a casa y despachaban sus servicios en la misma pieza donde dormían los niños. O a veces en el patio, sobre un catre de tramas desplegado bajo un umbroso mango, a la vista de quien quisiera ver cuando la oscuridad no era tan oscura.
** Para Rumy, desnudarse frente a un tipo y acostarse con él, tenía la misma equivalencia práctica que el proceder rutinario de una vendedora de ropa al probarle un vestido pret a porter a una potencial compradora.
** No adquirió el sentido de la vergüenza ni siquiera con las reconvenciones de las monjitas del Hogar de Ancianos de Capiatá, donde estuvo presa durante un mes porque se negó a ser apretada gratis por dos policías que la pescaron sola en la calle.
** Le quisieron imponer el temor al pecado y al infierno. Pero jamás llegó a entender eso y siguió abriendo las piernas laboriosamente para recibir las urgencias de los menganos que se regodeaban sobre su humanidad. Era su trabajo. Para ella el sexo tenía un sentido puntillosamente mercantil.
** Y para más estaban sus hijos, que a Rumy se le figuraban duendes emboscados entre los vapores lentos de aquel recinto, desde cuya relente salían a festejar cada éxtasis varonil sobre su madre. Eso significaba para ellos otra victoria contra el hambre.
** Satisfacer tantas bocas se estaba tornando harto difícil y le exigía entrar cada vez más, desnudarse cada vez más, tomar posición cada vez más y tratar de apagar rápidamente el brío de su eventual pasajero, para volver a comenzar con otro y con otro y con otro.
** Una solución en cierta forma para ella fue conocer a ese suboficial de policía contratado destinado a la comisaría octava, detrás del Hospital de Clínicas. Milner Ortiz. Se enteraría luego que el tal Ortiz tenía fama de salvaje y padecía, según sus propios camaradas, de una severa adicción a torturar a los presos que caían en la sede policial. Así fueran políticos, rateros o simples borrachos. Disponía de carta blanca para ello. Se decía incluso, en voz baja, que había liquidado a más de uno en inclementes sesiones de ablandamiento. Eso le importó muy poco a Rumy. Los policías son así, pensó.
** Ortiz vio a Rumy en El Vaticano. Desde la primera vez que entró con ella, dejó de ir a otros burdeles y concentró sus visitas en aquel rústico quilombo y en Rumy estrictamente. En un rapto de sensibilidad casi inexplicable, el rudo suboficial de temible reputación se entusiasmó con aquella morena que le gustaba sin que supiera concientemente por qué.
** Pese al apego del uniformado, la relación entre ambos siguió siendo de profesional a cliente. Él pagaba la tarifa habitual en cada entrada y su único privilegio era estar un tiempo más que el estipulado para los otros usuarios. Su condición de policía evitaba que la madama y el encargado molestaran a la pareja por permanecer adentro más de lo corriente. Ortiz venía una o dos veces por semana.
** Tiempo después, para demostrar de manera práctica su interés, el policía averiguó la dirección de la mamá de Rumy y comenzó a enviarle semanalmente a la casa una caja con víveres, lo que despertó la reverencia de la "suegra" hacia ese "yerno" tan caritativo.
** A Rumy, Milner Ortiz no le producía ninguna emoción particular, pero vio con alivio que le aligerara la carga de dar de comer a sus hijos y a su madre. A más de abonar el importe justo por cada apareamiento. Al igual que otros. En el fondo, no le desagradaba como amante, pues, aunque muy esporádicamente, le produjo algunas de sus espaciadas culminaciones, en un alarde de pericia secreta.
** Una siguiente regalía exigida por el suboficial a Rumy, a cambio de la caja, fue que no entrara con otro pasadas las 11 de la noche, pues alrededor de esa hora, fuere el día que fuere, él aparecería y no quería encontrarla trabajando. Rumy no se opuso a esa exigencia. Ella tenía sus amigos que venían temprano y a aquella hora ya estaba cansada y sin ganas de recibir a nadie que no fuera Ortiz.
5
** Milner Ortiz. Hijo de ramera y de un falo de paso. Carne de calle hostil. Ratero por hambre. Piel de carona. Tambor de mazazos. Aura de pendencias. Desafectado de afectos. Sin más cobijo que una comisaría inhóspita. Preso repetido. Mutante de recluso a conscripto en una seccional policial. De conscripto a agente por no hallar otro destino. Violencia recóndita. Golpe fácil. Atormentador implacable. Verdugo diestro. Emisario frecuente de la muerte.
** Milner Ortiz. Moreno por fuera, oscuro por dentro. Suboficial temido. Investigador certero. Esa tarde de sábado le fueron a buscar con la patrulla para un trabajo fuerte. Debían cazar a Risso, el agitador comunista de Sajonia. Rebelde irredento, éste había vuelto a las andadas conspirando contra el Gobierno luego de lograr su milagrosa libertad un año atrás.
** La cacería fracasó. El rastreo minucioso reveló que Risso ya estaba en Clorinda. Una pena para Ortiz. Le habían prometido una velada feroz para elite mantuviera espoleados sus sentidos.
** De vuelta a casa. Pero antes, un breve paso por Coronel Martínez y Colón. Estaban por dar las once y Rumy debería aguardarlo por más sábado que fuera. No habría entrada. Sólo una miradita y hasta la próxima.
** Rumy. Qué sentimiento extraño para Ortiz, quien siempre aborreció a las putas. Que golpeó a más de una. Ortiz, que cuando oía reír a una ramera sentía retumbar en su cerebro la carcajada destemplada de su madre sometida al vaivén copulativo de un borrachín en la cama de al lado, en aquella choza carcomida por la miseria y la sordidez.
** Rumy. Para Ortiz, tal vez un reencuentro inconsciente con su madre idealizada. Un involuntario incesto tratando de recapturar la memoria extraviada de su progenitora a la que buscó amar con desesperación en medio del odio a su circunstancia. Tantos reflejos de ternura ignorada, disueltos en el desprecio enraizado.
6
** Aquel sábado fue distinto. Rumy había estado con dos clientes. El último logró encenderla como pocos lo conseguían y además la regó por dentro con copiosas dosis de cerveza que le mantuvieron los ánimos palpitantes hasta después. Aunque profesional rayana en lo gélido, los estímulos certeros instalaban en su cuerpo aquella ansiedad que Rumy reconocía como una visita infrecuente y esquiva que, cuando llegaba por fin - anunciándose con un cosquilleo progresivo, chispeante, intenso-, exigía imperiosa el acto ancestral, único e impostergable. En su consumación, esa visitante incitaba a Rumy a complacerse con quien fuera, con un ímpetu que ella liberaba en esos momentos a sabiendas de que la llevaría, puntual, a la cima donde le aguardaba la recompensa incomparable, dorada de euforia. Era el codiciado viaje hacia la felicidad propia, intransferible. La dicha tan suya que la despegaba del mundo sombrío del quilombo, de la humedad pestilente del cubil, de la glotonería insaciable de sus hijos, de las angustias, de los miedos, de las entradas a pesar del hastío, de la voracidad despiadada de esa vida. Era el estremecimiento primitivo pero siempre lozano, eterno en su ciclo efímero, que la convertía en un ser radiante, con identidad privada. Ella para ella misma. El ejercicio laboral se le tornaba entonces un alborozo contagiarte del que hacía partícipe, entre espasmos cimbrados, clamores rotundos y convulsiones tenaces, al casual y oportuno compañero premiado con tomarla en aquel estado de gracia indescriptible.
** Ortiz nunca venía los sábados. Tal vez fuera casado y las noches sabatinas las destinaba a su familia. Así que estaba dispuesta a romper la "regla de las 11 de la noche" y aceptar a cualquier tipo que quisiera entrar con ella. Estaba con ganas de regalarse y regalar una acabada centelleante.
** Rumy, junto con otras compañeras ociosas, holgaba a horcajadas en una silla en la vereda cuando vio venir a esos muchachitos a los que conocía pues había iniciado a varios de ellos.
** Arístides se dirigió directamente a ella pues la conocía mejor que a las demás. Entró a negociar sin ningún preámbulo. Concisamente. Le expuso el capital de que disponían y señaló a Taravé como quien disfrutaría de la celebración.
** Con sus ojos perceptiblemente vidriosos debido a la cerveza y a la excitación latente, la mujer fijó su mirada en Arístides. Con toda la voluptuosidad que le cabía en su contextura opípara. Lentamente fue bajando la mano hasta aferrar con vehemencia, en un arrebato enérgico, el armatoste hombruno que estaba a su alcance.
-Con vos lo que yo quiero entrar, Burro. Tu aparato es lo que yo necesito esta noche -le susurró recordando cómo se había estremecido cierta vez al sentir aquel prodigio de la naturaleza dentro de ella.
** Mucho le costó a Arístides convencerla de que ya estaba acordado que fuera Ramón Taravé quien entraría. En su grupo se manejaban códigos estrictos. La palabra se cumplía. Más aún su palabra, la del líder.
** La negociación estuvo a punto de romperse ante la insistencia de Rumy en poseer la voluminosa propiedad íntima del cabecilla. Al final, ambos llegaron a un acuerdo basado en la promesa de que la semana siguiente vendría él expresamente para estar con ella.
** Entró Ramón y el resto se quedó esperando afuera. Pasaba gente que salía de la última función del Cine Roma. Pese a su aparente indiferencia, cada uno imaginaba calladamente lo que estaría pasando entre Ramón y Rumy dentro del cuchitril.
** El amigo Taravé, tan introvertido y sosegado él, se solazaría primero con aquellas redondeces todavía enhiestas que Rumy, como al desgaire, dejaba apenas cubiertas para turbación de la clientela. Luego exploraría la asequible fuente de delicias de esa experta curtida en la virtud de complacer, según su humor, a quien buscara la hospitalidad de sus profundidades.
** Todos ellos conocían los rasgos íntimos de aquella mujer cobriza que hubiera sido espléndida si no estuviera así de estropeada de tanto sofocar jergones, trillada por frenéticos garañones humanos.
** De pronto, la camioneta colorada frenó ante El Vaticano y la frenada sacó a Arístides y sus amigos del ensimismamiento. Caperucita Roja, murmuró apenas Locario. Del interior del vehículo bajó un policía uniformado que entró raudamente al local y se dirigió por el pasillo hacia el pequeño bar del fondo. Habló un instante con el encargado.
** Los muchachos seguían casi con indiferencia la escena. No se preocuparon pues los policías nunca molestaban a los concurrentes a un burdel a no ser que se armara una trifulca en su interior.
** Pero repentinamente vieron con sobresalto que el agente dio media vuelta, empuñó su pistola y arremetió contra la puerta de la pieza donde estaban Rumy y Ramón. El suboficial Milner Ortiz irrumpió iracundo en el habitáculo, saltó sobre el camastro y desprendió a Ramón de Rumy, sobre la cual aquel pulsaba su inminente éxtasis.
** De un manotazo, el agente lanzó al piso a Taravé, quien cayó aturdido sangrando por la nariz. Ortiz vociferaba.
-Puta de mierda. Te avisé que jamás entres con nadie después de las 11. Y usté, mita'i tekaká, siga a la comisaría. Cómo se atreve a estar con mi chica a esta hora.
** Los gritos del agente alertaron a sus cuatro colegas que esperaban en la camioneta. Bajaron atropelladamente arma en mano y de un solo movimiento rodearon al suboficial que arrastraba a un jovencito desnudo y flaco.
** Ortíz abrió de un estirón las puertas traseras del móvil y lanzó en su interior el cuerpo esmirriado e indefenso de Ramón. Arístides y sus compañeros fueron obligados a empellones por los cuatro policías restantes a ingresar al burdel y a no mirar lo que acontecía. Angustiados, temblaban sin atinar a entender qué había sucedido.
** Luego de que un último policía subiera, Caperucita Roja se escabulló atropellando la noche.
** Tras calmarse del llanto histérico que la acometió, y todavía envuelta apenas en una sábana manchada de efluvios seminales antiguos y de lamparones nuevos de sangre aún tibia, Rumy relató a los compañeros de Ramón quién era aquel tipo y por qué suponía que actuó así. Aunque la mujer tampoco podía explicarse cabalmente tanta ferocidad en la reacción de un hombre ante una prostituta obrando como tal.
** Los chicos de Varadero no sabían qué hacer. Se, fueron caminando, y se atrevieron a pasar por la esquina de la comisaría. Frente a ella vieron la Caperucita. En la puerta, un conscripto se aferraba a un fusil que parecía quedarle grotescamente grande.
7
** Sentados en la vereda del Hospital de Clínicas, los jovenzuelos vieron brotar el primer hilo de luz natural del domingo. Arístides decidió ir a la casa de Ramón para avisarle a su padre de lo acontecido. No le daría detalles al punto. Sólo le diría que unos policías confundieron a Taravé con otra persona y lo trajeron detenido. Con la intercesión del presidente de la seccional 20, se podría solucionar pronto el problema.
Apenas terminó de hablar con Arístides, don Eugenio fue a la comisaría. Supuso que su hijo Ramón habría cometido alguna travesura y que se lo entregarían sin mayor burocracia al identificarse él como su padre.
** El comisario no estaba. Era mañana de domingo. Le atendió el oficial de guardia. Un tipo muy joven que esgrimió ante don Eugenio la escasísima amabilidad que él creía debía demostrar al saberse un personaje poderoso en el momento. Buscó en el cuaderno de novedades. Ramón Aníbal Cardozo. No. Aquí no hay nadie con ese nombre. Pero, oficial... No moleste más. Número, acompañe a este sujeto hasta la puerta. Buenos días.
Don Eugenio volvió a la siesta a la sede policial. Nada. A la tarde se hizo acompañar por el presidente de la seccional. Nada. El lunes a la mañana, el comisario le recomendó, con fastidio, que averiguara en la Central. Nada. Pidió incluso ayuda a autoridades políticas. Nada. Clamó, suplicó, lloró. Nada.
** Apremió con preguntas a Arístides, quien le narró en definitivas el hecho verdadero: le apresó Ortiz, un suboficial celoso, novio de Rumy, una puta del Vaticano. Con esa información nueva para él, el hombre insistió ante la Octava. A mi hijo le trajeron aquí desde El Vaticano.
** El comisario pegó un manotazo en el escritorio. No insista más o le vamos a meter preso. La policía no puede perder el tiempo buscando a vagos como su hijo. Si andaba por los quilombos, seguramente se habrá escapado con una banda.
** Ramón no volvería a aparecer jamás.
8
** Noche de sábado. Alumbrado parco en la esquina de Río de la Plata y Lisboa. Burro, Ka'i ro'y, Ysó, Maceta, Panta, Tito, Toti y Locario. Silencio copioso. Arístides seguía atormentado pensando que si él hubiera aceptado entrar con Rumy, Ramón no habría desaparecido.
** Desesperado por romper el mutismo e incapaz de seguir conteniendo su verborrea y su bulla, Nelson Ysó lanzó la pregunta en su atrabiliario castellano.
-Nde, Burro, no-no vanio ir ina pio en el Vaticano.
-Jamás.
-¿Y si nos llama el Papa? -soltó Toribio.
** La risa opulenta fluyó de las gargantas. Una risa completa pero corta. La ahogó de inmediato la memoria caudalosa del ausente.
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miércoles, 27 de enero de 2010

UNA NOCHE EN LA EMBAJADA (LA GULA). Autor: BERNARDO NERI FARINA / Fuente: PECADOS CAPITALES. SIETE CUENTOS. COLECCIÓN NARRADORES PARAGUAYOS

(Enlace a datos biográficos y obras
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UNA NOCHE EN LA EMBAJADA (LA GULA)
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** El ministro llegó de pésimo talante, parapetado tras un par de anteojos oscuros. El tufo a alcohol que despedía denunciaba una resaca atroz. Sin siquiera responder al buenosdíusseñorministro de su secretaria, ordenó un café bien cargado y un dígale a Ramírez que venga inmediatamente.
** Casi al instante llegó el consejero político y hombre de confianza, seguido por el mozo con la bandeja. El ministro ni le dio tiempo a éste de colocar la taza en la mesa. La agarró él mismo de la bandeja y de un solo y largo sorbo liquidó su contenido. Con una seña nada gentil, indicó al camarero que se fuera y esperó unos segundos hasta que el ambiente estuviera despejado.
** -Siéntese, Ramírez, y cuénteme qué pasó anoche. -Estuvimos en la recepción de la Embajada, señor ministro.
** -Eso ya sé, no se haga el idiota. Dígame qué pasó.
** -Y... a usted se le fue un poco la mano en el trago y se dieron algunas situaciones que, en realidad, no fueron gran cosa. A la hora en que usted se descompuso ya había poca gente y, la verdad, todos estaban bien apintonados. Había etiqueta negra para bañarse.
** -Yo pienso, pienso y no logro acordarme de nada. ¿Usted se acuerda? Porque parece que también le dio duro al chiriqui. Se le nota.
** -Tomé un poco, pero después regulé porque no quería perderle de vista a usted, señor ministro.
** Debía cuidarlo... Su imagen ¿vio?
** -Muy bien, Ramírez, le agradezco. Pero cuénteme. -Cuando la fiesta estaba declinando ya, usted primero les ordenó a los mozos que trajeran ele vuelta las bandejas que habían llevado a la cocina y que siguiera la ronda de tragos, cosa que les cayó muy bien a los rezagados, pero me temo que no les gustó mucho a los anfitriones.
** -¡Eso nomás era!
** -Hmmm, en realidad, señor ministro... Después usted se quiso levantar a la esposa del embajador. La llevó discretamente a un rincón, le dio su tarjeta personal y le pidió que le llamara la tarde siguiente "para pasar un buen rato juntos".
** -Hijole. ¿Y qué dijo la embajadora?
** -Aparentó estar muy divertida. Pareció que no le tomó en serio, que lo vio como una broma.
** -¿Y?
** -Usted siguió insistiendo y la señora se molestó. Le dijo tajantemente que ella era la esposa de un representante diplomático. Y que la Embajada podría presentar una formal protesta ante el Gobierno si usted continuaba con esa inconducta.
** -Se puso brava, eh. ¿Y yo qué le dije?
** -Alzó la voz amenazándola con que si no accedía a su invitación usted le haría llegar al embajador la información de que ella se entendía con el diputado Orellana, y que tenía un informe completo sobre dónde, cuándo y cómo se encontraban. La dama puso cara de susto, y decidí intervenir para evitar la posibilidad de un escándalo. Me acerqué a usted y le dije que el embajador quería hablarle. Después volví hasta la señora para aclararle que no se preocupara, que la cosa no iba a pasar a mayores. Ella me preguntó en ese momento cómo sabía usted lo de Orellana.
** -Porque ese es mi trabajo, Ramírez. Yo debo preservar la tranquilidad del país, saber todo lo que ocurre dentro de sus fronteras y para eso hago vigilar estrictamente a los embajadores y hasta a sus esposas, no sea que los gringos estén ayudando a la oposición, por ejemplo. Uno nunca sabe respecto a esos tipos y hay que tener cuidado. Ellos mismos nos metieron esa doctrina de la seguridad, qué sé yo, y es bueno que prueben un poco su propia medicina. Todo seguimiento, apolíticos, diplomáticos, artistas, periodistas, curas, monjas o lo que sea, lo hacemos simplemente para resguardar nuestra democracia y la paz constructiva que vive la república. No nos interesan las cuestiones íntimas. Si por ahí los muchachos pillan algunas correrías húmedas; que una embajadora cornamenta la cabeza de su embajador, o si un embajador tiene un menú extra fuera de su residencia, eso simplemente entra a formar parte de un anexo en el dossier correspondiente para su oportuno uso si necesario fuere. Como en este caso específico, por decir.
** -A propósito, el diputado Orellana ya se enteró del asunto y está muy enojado. Él participó en la recepción y la embajadora le bocinó inmediatamente el tema. No le quiso hablar a usted anoche pero me vino a la carga a mí.
** -Llámele por teléfono y dígale que no se preocupe, que la cosa no es con él. La vigilancia era sobre las sospechosas salidas vespertinas de la señora embajadora. Que les hayamos pillado a los dos fue pura casualidad. Pero sigamos con lo de anoche, Ramírez. Qué más pasó.
** -Usted quiso ir al baño y se equivocó de puerta. Entró en la biblioteca y se meó sobre la colección de obras clásicas de la literatura francesa del embajador. Madame Bovary, Eugenia Grandet, La dama de las camelias, Naná... quedaron chorreando.
** -¿Me meé en todas esas seòoras?
** -No, señor ministro. En los libros. Esos nombres son títulos de libros.
** -Qué puerqueza. ¿Alguien me vio?
** -No había invitados ahí, pero un funcionario de la embajada se dio cuenta de lo que usted hizo y llamó a la gente de servicio. Vino una empleada doméstica de la residencia para secar todo.
** -Todo arreglado, entonces.
** -Me temo que no, señor. Usted le ordenó a la empleada que le metiera el pájaro en la bragueta.
** -Ndiiii. ¿Y cómo reaccionó la guaina, Ramírez?
** ¿Eh? ¿Agarró mi pájaro?
** -No, señor ministro. Se asustó mucho y salió corriendo.
** -Y al final, ¿quién me metió el pájaro, Ramírez? -... yo, señor ministro.
** -Es usted un tipo leal y servicial, Ramírez. En cualquier momento le voy a hacer nombrar delegado de gobierno en un departamento importante. Para que se arme, Ramírez, y deje de ser el consejero pobre de este ministro. Nde rico ta, Ramírez.
** -Gracias, señor ministro.
** -Después de eso me habré calmado un poco más, ¿verdad?
** -No precisamente, señor ministro.
** -La gran puta. Tomé tanto que no me acuerdo de nada. Dígame qué más hice.
** -¿Vio que había un cuarteto de cuerdas tocando música clásica en uno de los rincones del salón? Dos muchachos y dos chicas. Bueno, usted se acercó y le pidió a una de las señoritas que tocaran la polca número uno. Ella sonrió nada más y el grupo siguió ejecutando la sonata, tocata, camerata o como se llame lo que se oía. Usted esperaba que luego de esa pieza complacieran su pedido. Pero ellos tocaban y tocaban y el tema no terminaba nunca. Usted se sulfuró por eso. Le miró fijamente a la misma señorita a la que le habló antes y le mostró el dedo índice para arriba, como se hace cuando se pide nuestra polca partidaria a los músicos. Tampoco le hicieron caso. Usted entonces rugió a todo pulmón ¡van a tocar la polca del partido, o se van a ir todos presos! Los músicos se asustaron y uno de los violinistas arremetió súbitamente con la número uno. Sus compañeros, temblando, le siguieron y usted se puso muy contento al escuchar por fin la polca. Aplaudió, zapateó y pegó tres o cuatro gritos tipo arriero en cancha de carrera.
** -Por lo menos complacieron mi pedido.
** -Sí, pero usted exigió seguidamente la polca dedicada a nuestro Líder. El embajador pareció disgustarse por eso. Con toda diplomacia le tomó de un brazo y le invitó a una sala para enseñarle su colección de pistolas y revólveres que exhibía ahí.
** -Ahá.
** -Usted admiró mucho las armas de fuego en exposición, pero de repente peló su 9 milímetros y le desafió al embajador a un concurso de tiro al blanco.
** -¡Hiii tila'y!
** -Sin esperar más usted salió al jardín de la residencia y expeditivamente apagó dos de los faroles con otros tantos certeros balazos. El embajador, para bajar los decibeles, le declaró ipso fácto ganador del concurso.
** -No podía ser menos pues. Una actitud caballeresca de parte del señor embajador.
** -De pura alegría, usted vació su cargador con tiros al aire que atrajeron al jardín a la concurrencia que permanecía en el salón. Emocionado, agradeció la decisión de declararle ganador del concurso; se abrazó al diplomático y le dijo casi con lágrimas en los ojos que él era un buen perdedor, una persona honesta y un digno representante de su país, y que usted le ayudaría en todo lo posible para estrechar aún más los fructíferos lazos de hermandad que existen entre nuestras dos grandes naciones.
** -Háihuepete.
** -Ya que todos estaban en el jardín, decidieron quedarse ahí nomás a continuar con una ronda más de tragos. Los mozos no daban abasto.
** -No armé más quilombos, ¿no?
** -Estaba todo calmo hasta que usted divisó en un grupo de gente a ese periodista tan contrera, González Ocampo. El alto de bigote. El Jeque, creo que le dicen.
** -Ya sé. Ese que se pasa hablando mal del Gobierno. Ya le metimos preso varias veces y no escarmienta. ¿Qué pasó con el tipo ahí?
** -Usted le ordenó al embajador que lo echara de la residencia. Pero el dueño de casa le respondió que eso quedaría muy mal ante los invitados. Usted clamó más fuerte: ¡échelo, carajo! González Ocampo escuchó eso, captó que se refería a él, y como estaba medio apintonado también, a su vez le desafió a usted: ejuna che mosë nde, nde vyro. Venga a echarme usted si se anima, repitió en castellano. Corajudo el tipo. Pero sus colegas, entre los que reconocí a Chiche Avalos, Elvio Vera, Roberto Peralta, Juan Rómulo Gaona, Cristian Pilssen y Bernardo Farías, le rodearon enseguida y ahí nomás le arrastraron hasta la salida. Se escabulleron para que el asunto, no tuviera consecuencias.
** -Esos periodistas mbóre. Seudo comunistoides. Maricones.
** -Y hablando de periodistas, aprovechó el momento para acercarse a usted ese cronista tan trepador. Ese blanco medio gordo al que le pasamos un sobrecito mensual aquí en el ministerio. Quiso congraciarse hablando mal de González Ocampo, pero usted le mandó al diablo. ¡Desaparezca de mi vista! le bramó, y el tipo rajó espantado.
** -Algunas veces hay que reaccionar así, Ramírez, para preservar el principio de autoridad. La gente pues no se ubica y cree que se puede acercar nomás y hablarle de cualquier zoncera a un alto funcionario del Superior Gobierno. No es así el asunto. Hay que respetar la investidura. La autoridad es sagrada. Nosotros representamos al Estado, al país, al pueblo. Fuimos investidos de prerrogativas legales bien estipuladas que nos elevan a la categoría de personalidades ilustres. Debemos guardar las distancias. Pero está bien, Ramírez. Después de eso me supongo que nos fuimos a dormir, ¿verdad?
** -Cuando íbamos a despedirnos, al embajador se le ocurrió preguntarle por la situación de esos tres opositores detenidos a los que los contreras califican de presos políticos. Esos que están en Investigaciones.
** -Ahí está, Ramírez. ¿Vio lo que le dije? Estos gringos se meten en nuestros asuntos internos como si a ellos les debiera interesar. Qué les importa a quién apresamos. Lo que pasa es que ellos están confabulados con la oposición irregular. Yo no entiendo cómo, si se proclaman demócratas, respaldan a estos castrocomunistas que quieren dividir a la familia paraguaya y tomar el poder contra la voluntad popular que apoya totalmente al Superior Gobierno. Es un atentado contra nuestra soberanía nacional que no vamos a permitir. No, señor. No recuerdo qué le respondí, pero le habré puesto en su lugar a ese embajadorcito.
** -Su primera respuesta fue muy comedida. Le aclaró que el caso estaba en poder de la justicia y que eran los jueces quienes debían resolver la cuestión.
** -Eso en verdad. Así mismo es.
** -Pero el embajador siguió insistiendo y dijo que conocía la situación de los poderes en el Paraguay. Que sabía que, de hecho, el Presidente de la República tiene potestad sobre la justicia. Preguntó sobre la posibilidad de que el Ejecutivo levante la incomunicación que pesa sobre los detenidos. Usted le volvió a afirmar que era una cuestión netamente legal y que el Presidente no tenía nada que ver.
** -Claro pues. Nosotros actuamos con la Constitución en la mano y respetamos la ley a rajatabla.
** -Sin embargo, el embajador, que tomó coraje con un buen sorbo de whisky, volvió a arremeter: temo, señor ministro, que los detenidos estén siendo sometidos a violaciones en sus derechos humanos, que estén sufriendo apremios físicos, le dijo.
** -Le aseguraría que le respondí que aquí esas cosas no existen, que son infundios de la oposición y del comunismo apátrida y ateo.
** -Exactamente, señor ministro.
** -Yo me conozco, Ramírez, yo me conozco. A mí no me van a venir a joder estos gringos aliados con el comunismo internacional.
** -Clarinete, señor ministro. Y su respuesta a otra interrogante del embajador fue decisiva para que la recepción se acabara abruptamente y todos nos fuéramos. Cuándo van a institucionalizar de una vez por todas este país, preguntó envalentonado.
** -A la flauta. ¿Y qué le respondí? Espero que mi respuesta haya sido contundente.
** -¡Váyase a la puta! Esa fue su respuesta, señor ministro.
** -Me gustó eso. Bien contundente. Demostrando coherencia, firmeza, lealtad al Líder y a la patria. Muy bien. Espero que esto llegue a oídos del Señor Presidente. Ese embajador cachafaz y cornudo se habrá quedado callado. ¿No es así, Ramírez?
** -El embajador no pudo hablar porque de pronto a usted el estómago le entró en erupción y el festival de pastas, el pavo trufado, los cubitos de lomo, el solomillo de cerdo, los trocitos de salmón ahumado, el paté francés, los dados de pato a la pimienta verde, los quesos surtidos, el caviar de Astrakán, los canapés de palmito, el pollo al curry, los emparedados a la americana, el jamón serrano, las albondiguitas picantes, los huevitos de codorniz, los choricitos al vino y el whisky escocés que ingirió, fueron a parar, bien revueltos, en el pecho del embajador. Yo le tomé a usted del brazo y le puse la palma de mi mano en la frente para que evacuara de una vez todo lo que le molestaba. De ahí le ayudé a llegar a su automóvil y me despedí. Usted quiso volver a entrar a la residencia porque dijo que sentía hambre, pero ya no pudo hacerlo: apenas salimos, el propio embajador cerró el portón.
** -Y bueno, las vomitadas son cosas que ocurren. Oikóante voi Lcmi mba'e unía. ¿Pero la pasamos bien, Ramírez?
** -Espléndido, señor ministro. Me consta que usted se divirtió un kilo.
** -Lástima nomás haber desperdiciado todas esas exquisiteces. Pero, en fin, ya habrá ocasión de reponerlas.
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Fuente: PECADOS CAPITALES. SIETE CUENTOS. COLECCIÓN NARRADORES PARAGUAYOS © de los cuentos, de los respectivos autores © de esta edición Editorial El Lector
Director Editorial Pablo León Burián. Tapa: Marcos Condoretty. Ilustración de tapa "Los 7 pecados capitales", de Jerome Bosch (El Bosco) (1450 - 1516), pintor medieval holandés, precursor del surrealismo cuatro siglos antes de que esta corriente apareciera.. Ilustraciones interiores: Ricardo Migliorisi. Asunción-Paraguay. 2006 (117 pp.)
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INDICE
Introducción
LA AVARICIA - Takate'y - Ramiro Domínguez
LA GULA - Una noche en la Embajada - Bernardo Neri Farina
LA ENVIDIA - Mazorca - Renée Ferrer
LA PEREZA - Correr tras el viento – Alcibiades González Delvalle
LA LUJURIA - No quiero yo que se enoje - Pepa Kostianovsky
LA SOBERBIA - Informe sobre Antenor - Francisco Pérez-Maricevich
LA IRA - Miranda Catorce - Helio Vera
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INTRODUCCIÓN
SIETE ESCRITORES PARA SIETE PECADOS
Los pecados capitales fueron "seleccionados" por Santo Tomás (I-II:84:4): soberbia (orgullo), avaricia, gula, lujuria, pereza, envidia, ira. San Buenaventura enumeró los mismos. La cantidad concreta de siete fue establecida por San Gregorio el Grande y mantenida por la mayoría de los teólogos de la Edad Media. Escritores anteriores, como San Cipriano y Columbanus, hablaban de ocho pecados capitales.
** El término "capital" no se refiere a la magnitud del pecado sino a que da origen a muchos otros pecados. De acuerdo con Santo Tomás (II-II:153:4), "un vicio capital es aquel que tiene un fin excesivamente deseable de manera tal que en su deseo, un hombre comete muchos pecados todos los cuales se dice son originados en aquel vicio como su fuente principal".
** A cada uno de los pecados capitales se contrapone una virtud. Así, ante la soberbia tenemos la humildad; ante la avaricia, la generosidad; ante la lujuria, la castidad; ante la ira, la paciencia; ante la gula, la moderación; ante la envidia, la caridad, y ante la pereza, la diligencia.
** En este libro editado por El Lector, se reúnen siete escritores para escribir cada cual un cuento sobre un pecado capital específico. El volumen no es un tratado teológico ni filosófico. Es literatura pura, y desde ella se abre una visión de la realidad del Paraguay pasando por aquellos vicios estipulados por Santo Tomás como cabezas de otras tantas faltas, mortales y veniales.
** En estricto orden alfabético de sus respectivos apellidos, Ramiro Domínguez (la avaricia), Bernardo Neri Farina (la gula), Renée Ferrer (la envidia), Alcibiades González Delvalle (la pereza), Pepa Kostianovsky (la lujuria), Francisco Pérez-Maricevich (la soberbia) y Helio Vera (la ira), establecen una relación ficcionada (y no tanto) entre aquellos pecados que obsesionaban a los cristianos medievales (quienes no dudaban en cometer-los frecuentemente) y el escenario de nuestra historia y nuestro presente en el Paraguay, un país donde pecados o virtudes son tales según el cristal con que se mire, o la conveniencia coyuntural de individuos o colectividades políticas, intelectuales, gremiales, empresariales, sociales, barriales, deportivas, etcétera, etcétera, etcétera.
** Los siete pecados capitales dieron origen, en este caso, a siete cuentos congregados en este libro que asocia a narradores paraguayos poseedores de la virtud (¿o el pecado?) de escribir muy bien. Que lo disfruten. - EL EDITOR

sábado, 23 de enero de 2010

EL CUARTO BALAZO Autor: BERNARDO NERI FARINA / Tercera Mención Concurso de Cuentos "ELENA AMMATUNA" 2009

EL CUARTO BALAZO
Seudónimo: TESTANOVA
Tercera Mención Concurso de Cuentos
"ELENA AMMATUNA" 2009
Autor:
BERNARDO NERI FARINA
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
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** Tengo más años que un siglo. Algunas veces pienso que la muerte se olvidó de mí y me dejó viviendo en esta inercia sedosa, en esta extrema vejez en la que el tiempo es una lenta marcha hacia ninguna parte.
** Mi pasado es cada vez más constante en mi exagerado presente. Vivir en la senectud es caminar en círculos sin acercarse mucho a ese horizonte vago que es el futuro. Me es difícil avanzar. Entonces, retrocedo a mi infancia, allá por el mil novecientos, desde donde observo a este siglo XXI en el que la gente se comunica más, se entiende menos y se queja de la inseguridad.
** Desde esta centuria bisoña oteo el camino que hollé en tantas décadas. Ser desmesuradamente viejo me permite ver la vida desde dos perspectivas.
** Mi mente se introduce en laberintos inacabables. Oigo sonidos familiares, conversaciones sordinadas, risas, llantos. Truenos, cañonazos, el letal recado de las armas automáticas. Todo parece tan real. La crueldad de los barrotes, el alarido en el suplicio, las voces de mando, las órdenes fatales. El tren que pita al irse. El estrépito. El grito. El silencio atronador que sucede al horror.
** Nací en una Asunción pasmada de pobreza a finales del siglo XIX. Una ciudad terrosa, de olores rancios que venían de lejos, de taperas erectas en el yuyal.
** Asunción andaba al compás cadencioso de los bueyes famélicos. Era un transitar impreciso, como el de quien tantea el terreno para no pisar en falso. Vacilante, como el de quien tuviera inyectada en sus talones la pereza interminable de la derrota. Asunción, la aldea derrotada en aquella Guerra Grande cuyos ecos no cesaban.
** Las calles eran sendas de soledad intermitente. Trochas hostiles para los pies sólo cubiertos con la cruda piel de la plantilla, blindaje de costra callosa ante el filo de las piedras y el espoleo de las espinas.
** Esas calles sostenían el elástico andar de las mujeres, cuyos cuerpos menudos se esfumaban en sus enaguas de reflejos deslucidos. Con sus rebozos negros sobre el pelo enmarañado, contenido y continente eran un todo indiviso. Mujeres. Hijas bastardas ellas. Bastardas de guerra, procreadoras de bastardos de paz.
** Pero la paz tampoco germinaba entre esos sobrevivientes atizados por una violencia que latigaba a la mansedumbre. La calma sufría la permanente irrupción de rudezas viriles. De estallidos de hombres que veían en el conflicto la razón de su entidad y el corolario irremediable de su ocio. A la guerra con los enemigos del exterior sucedieron las guerras internas que instalaron la miseria material y moral. Y expandieron el luto como banderas desplegadas al galope de los caballos ante la descarga fatídica de la fusilería.
** Yo fui hijo bastardo. No conocí a mi padre. Ni me hizo falta. Mi madre me dio el cobijo que yo necesitaba. Me alimentó y me abrigó en aquella casa de paredes francesas cuya tripa de picanillas asomaba entre las úlceras expuestas del adobe. Era su única posesión. Mi abuela la había ocupado a su regreso del peregrinar de las Residentas. Y nadie le reclamó nada después.
** Era una construcción rústica pero sólida. Unos horcones macizos sostenían el techo de paja sabiamente entramada. Jamás goteó dentro en las tormentas. Nuestro rancho servía de refugio a los vecinos cuando la tempestad se abatía con una furia que hacía trepidar de miedo. En esos momentos, mi madre echaba trocitos de palma sagrada y reseca sobre el brasero y entre el humo picante rezaba el Bendito y alabado, lanzando potentes clamores al espacio. Las vecinas guarecidas la secundaban en su vociferante oración.
** Los más pequeños, acurrucados en los catres, nos tapábamos los oídos cuando el destello vivaz del cielo anunciaba el inmediato detonar del trueno. El susto y la curiosidad nos mantenían atentos. Yo vigilaba las reacciones de mis vecinitos. No les permitía ni llorar por temor ni reírse por lo que fuere. Todos debíamos permanecer callados. Así lo quería yo sin saber siquiera por qué.
** No logro recordar cómo me separé de mamá. Ni su muerte, ni cuándo me fui de aquella casa en la que mi niñez se vistió con la felicidad posible. Es raro.
** Entre brumas se me viene la imagen del capitán Odón Samudio, seguidor del coronel Chirife en la revolución del 22, quien me enroló en las filas levantiscas.
** Y estremecido por el tableteo de una ametralladora, vuelvo a sentir el dolor caliente de aquel balazo en Ka'i Puente, hasta donde habíamos llegado tras ser derrotados en Asunción. Y la fiebre. Y el delirio en la agonía. Y aquel enfermero oriundo de la asuncena loma San Jerónimo que me decía que viviría; que si me reponía mi existencia sería muy larga.
** Me recuperé ya con la revolución perdida. Con nuestro jefe, el coronel Adolfo Chirife, muerto en Ytakyry de una enfermedad que le afectó los pulmones.
** Con el gobierno constitucional de Eligio Ayala vino un tiempo de calma. Trabajé como asistente de un acopiador de frutos del país con quien aprendí el arte del regateo. Junté un capital y yo también me hice acopiador y exportador.
** Durante la guerra del Chaco me asignaron a la Comisión de Comercio que trabajaba con la Junta de Aprovisionamiento. En el 36, con la revolución de Smith que puso en la presidencia al coronel Rafael Franco, caí en desgracia. Me acusaron de liberal y confiscaron mis bienes. Sobreviví apenas con un almacén en Loma Cachinga, donde recalaban bohemios y conspiradores. Mi instinto de comerciante hizo que luego del contragolpe de agosto del 37, ya sin el acoso del Gobierno, volviera a acumular algún dinero.
** Ya cuarentón me casé con Gregoria, hija de Eugenio Narváez, el español que atendía un almacén muy bien surtido frente al puerto.
** El 7 de marzo del 47 volví a ver la mueca de la muerte. A las 10 de la mañana estaba yo para renovar mis documentos en Identificaciones de la Policía, cuando civiles armados irrumpieron baleando. Dos oficiales cayeron. Vi rodar a un anciano azotado por una ráfaga. Otro civil, Giménez Gamón, con quien me hallaba conversando, murió en el instante en que una bayoneta le traspasó el pecho. Ahí padecí de nuevo la punzada ardiente de un balazo. Desperté no sé cuántos días después en el Hospital Militar. Gregoria me contó luego que el médico que me operó le dijo que yo resistiría a la herida. Su marido podrá vivir todo lo que quiera, fue lo que escuchó mi esposa.
** En el 47 no tuve problemas porque varios caudillos pynandí eran de mi barrio; clientes a quienes fiaba mortadela, galleta y caña.
** En tiempos de Stroessner fui apresado y torturado. Me acusaron de epifanista por haber conversado alguna vez con Epifanio Méndez Fleitas. Me liberaron gracias a unos amigos colorados acreedores de antiguos favores de mi parte.
** Para rehacerme financieramente me dediqué al contrabando desde Clorinda a donde viajaba diariamente en una canoa bamboleante. Varias veces sufrimos mis compañeros y yo el acoso de los gendarmes argentinos. En mi último viaje, advertí otra vez el ardor de un proyectil. Un gendarme me había enfocado en su mira. No falló. Sentí que se me astillaban los huesos del hombro. Don Pedrina, el canoero, amplificó sus músculos y su bote atravesó ágil los sinuosos penachos del agua rumbo a Varadero. En el Hospital de Clínicas me devolvieron a la vida.
** Historias. La inseguridad entre mil albures. Tantas vicisitudes se me agolpan en la mente.
** De nuevo me llegan voces nítidas. Inmóvil, tal como gasto el tiempo aquí en mi cuarto mirando sin ver a través de la ventana, oigo llantos, gritos, disparos, alaridos. Todo me parece tan real. La puerta. El estrépito. Aquellos hombres que irrumpen.
** -Qué hacemos con este viejo.
** -Sacudile un tiro.
** El comisario Flores miró a su alrededor con espanto. Los asaltantes habían actuado con una ferocidad descomunal. Mataron a la empleada doméstica, a la dueña de casa, a otra mujer que estaba de visita y al abuelo. Un anciano al que el oficial reconoció como quien había aparecido días atrás en un artículo periodístico que le dedicaron por sus 105 años de edad. "Pareciera que la muerte se olvidó de mí", recordó Flores que declaró el viejo tras narrar que cruzó el centenario pese a que en tres ocasiones otros tantos balazos le pusieron al borde de la frontera final. Ahora, el cuarto balazo había sido letal.
** El oficial abrió su agenda y, vislumbrando que la tragedia originaría una nueva andanada de quejas de la gente por la inseguridad reinante en los últimos tiempos, escribió, previo a consignar los datos, la fecha de la masacre: 2 de setiembre del 2003.
Fuente: PREMIO “ELENA AMMATUNA” DE CUENTO CORTO 2009 (3ª EDICIÓN). De esta edición © Lazos de Cultura Elena Ammatuna © Arandurã Editorial. Asunción-Paraguay, 2009