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jueves, 22 de julio de 2010

JOSEFINA PLÁ - FOLLAJE DEL TIEMPO - Tapa: CARLOS COLOMBINO / Ediciones NAPA, Serie Poesía, Año 1 – Nº 2 – Julio 1981.


FOLLAJE DEL TIEMPO
Poesías de JOSEFINA PLÁ
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
Tapa: CARLOS COLOMBINO
Ediciones NAPA,
Serie Poesía,
Año 1 – Nº 2 – Julio 1981,
Asunción – Paraguay (51 páginas)

.
INTROITO
ELECCION
Piensas:
Vivir es elegir entre el sol y la sombra,
entre la flor y el muladar.
Escoger entre el rojo y el azul, entre el añil y el verde,
el dormir y el volar.

Dices:
Vivir es elegir entre sonrisa y mueca:
entrar en una iglesia o entrar en un burdel.

Crees:
Vivir es elegir entre el túnel del sexo
o acariciar el Kempis con dedos de ladrón
Vivir es, inclusive, elegir cada instante
entre vivir o no.

Y al cabo de cien años de elegir
entre hablar y callar,
entre manzana y uva,
entre Jesús y Barrabás,
entre pisar primero con el derecho o el izquierdo,
comprendes la verdad.

Vivir es elegirte tú mismo cada instante.
Elegir cada hora
el que pretendes ser.
Pero nunca podrás elegir con acierto
entre el hoy y el mañana,
porque no te es posible dejar de ser ayer.

VIVIR ES NO SABER
"Vivir es no saber dónde estarás mañana..."
Y morir es perderse para siempre
en un país pequeño
como tu propio cuerpo
Morir es ausentarse un poco cada día
a descubrir innumerables mundos
de los que fuiste prófugo
y visitar mil reinos donde viviste incógnito.

Hamacarse en los pétalos de una rosa ladrona
boyar entre los besos del agua fugitiva
o perderte en la seda de la bruma
más íntima de junio.
Morir es ignorar
en dónde es que podrás no estar mañana...

NO SONRIAS
No sonrías No tiendas la mano
No levantes los ojos
Pero habla
……… Habla sin cesar Habla siempre

Detrás de la cancela de tu voz oxidada
entran y salen los fantasmas
de las palabras verdaderas,
las palabras rehenes sin rescate posible

Habla siempre. Di más
Tal vez si hablaras un poco más un poco más aún, acaso
la palabra que buscas al fin salir podría
de su prisión, llenar el mundo
con su latido...

... Pero no.
Por sobre el raudal de las palabras
monotonamente, inútilmente repetidas
navega en su negro batel
con su disfraz de juglar viejo,
el eterno malentendido.

EN EL PAIS EN DONDE EL TIEMPO...
... En el país en donde el tiempo vuelve a casa
los domingos
yo tuve los ojos en la nuca
manos en todo el cuerpo,
brotes en vez de dedos, en los pies;
mis oídos oían sólo la música que les gustaba
y podía recitar mis poemas al revés.
Oh el país en el que el tiempo vuelve a casa como un niño
que ha olvidado un juguete en un rincón
y te abre como al descuido una ventana
por donde se ve el otro camino, allí por donde
cabalga tu otro corazón...!

... En el país en donde el tiempo vuelve a casa
yo te mandé una carta diciéndote que no.

I
FOLLAJE DEL TIEMPO
(1965 – 1979)

.
ESTAS LEJOS, ME DICEN
... Estás lejos me dicen Y debieras estarlo
ya que el tiempo es distancia para la piel marchita
y la distancia es tiempo para los pies cansados

Estás lejos me digo Y debieras estarlo
adonde tú llegaste despacio voy llegando

Estás cerca en las cosas que como tardos áloes
en los desiertos blancos de párpados adentro
alzan sus rígidas banderas de entrega y de obediencia

Si Estás cerca Saber es acercarse
………………………. Y comprender ser uno

Estás cerca Y ya tanto que como en esas horas ahora
ya vueltas al ovario de los sueños
en las que unidas nuestras manos no sabíamos
cuál mano era la tuya cuál mano era la mía
ya no sé si soy tú o si tú en m í y conmigo aposentas

como en el model ya definitivo
Aquel en donde todo lo que ya fue es de nuevo

EL PUENTE
Estoy de pie en el puente
…………………………. Bajo mis pies el río
oscuro y lento como el plomo
…………………………. ya se convierte en lápida
de su propio camino
Estoy de pie en el puente Veo las dos orillas
como el jinete con el pie en el estribo
ve las dos puntas de su ruta
las dos alas del tiempo
que le desangran el costado
Como el viajero cuya partida está dispuesta
aún se encuentra allí y está en su casa
pero él tampoco pertenece adonde está
…………………………. Ya sus pupilas
las dividen paisajes idénticos y opuestos por el vértice
…………………………. El uno
es la selva de piedra que estrangula la llama
El otro el gris diseño
que ha dejado a su paso en la ceniza
el mordisco del fuego

EL HOMBRE INVENTA
El hombre inventa la palabra para poder mentirse
inventa el odio para poder un día dormir
sobre la propia sangre
Y se inventa unas alas
para poder caer desde más alto

Casi inventa el amor Pero el amor se burla de su intento
inventando a los hombres que repiten su nombre
como susurra el árbol en las noches sin luna
o el agua en lo profundo de las grutas

El hombre inventa el sueño para escapar al miedo
y el sueño inventa hombres
que querrían ser que podrían ser que alguna
vez han de ser
…………….. Los hombres verdaderos
emparedados en el país nadir de nuestra vida
La muerte inventó al hombre para poder con él
mirarse cada día crecida en estatura

MANCHAS EN LA PARED
Abierta la cancela sobre el viejo vestíbulo harapiento
hoy entro en la morada que fue mía
que acaso ya no existe
pero está erguida en la memoria cara al cielo
del Sur alza su mole de cal envejecida
contra la roca oscura
igual que un caballero regresando a su vacío castillo
………………………. se apoya en su caballo fabuloso

Recorro los tardíos aposentos
en cuyo cielorraso hallaba moldes
la fantasía del niño abandonado
y su periplo de imposibles
Y recobran perfiles y color los zócalos hundidos donde el frío
de los años rezuma huero y soso su delirio nocturno
Ah el reencuentro
con el Ogro y el Gato que no están en los cuentos
la peligrosa selva la nube milagrosa el puente sin barandas del iris
el gran pez de Jonás el río de oro
y el perro abandonado más fiel que nunca lo fuera el nuestro
y el monstruo que cambia de rostro mientras lo estás mirando
Mundo donde yacieron los fetos de todos tus futuros
porque en el lodo estaba ya todo medido
moldeado rotulado
La esperanza es un fardo de harapos desechados
de galas que se hicieron viejas en los armarios sin usarlas
pero que durarán más que tú Ese cachorro
suave que aún te lame las manos
hace rato está muerto ha legado su gemido a una rama
Y el pájaro que cruza burlón frente a tu reja
es un nido vacío en el bosque de esqueletos
negros de tus inviernos

II
EL LIBRO DE LOS SUEÑOS
(1966 – 1979)
.
PAISAJE DE LOS SUEÑOS
Cómo te hiciste así paisaje de los sueños
paisaje químicamente puro
sin bestias y sin árboles ni flores
ni luz a la que una lámpara inasible dé sentido

Cómo o quién te hace así . Tu cielo opaco
curvado con alicaído
como perteneciendo a otro paisaje
que ya fue o será un día
Paisaje sólo para la vista hecho
no reconcilia tacto ni sonido ni sabor ni perfume
Por él podría caminar sin sentirlo
bajo mis pies Como si fuese un alma

...Paisaje de los sueños
paisaje pura arquitectura sin peso Tu horizonte
cristalizado recuerda un cardiograma
quizá el mismo que traza ese latido
que viaja con el sueño contigo
………………………........... (Tú sin él... )

BIOGRAFIA
Seguí el camino al que me echaron
dormí en la cama que me dieron
me lavé la cara en las lluvias
de las tormentas que vinieron
Comí un pan hecho con la harina
que mis propios huesos molieron
y bebí el agua de azul frío
del pozo vuelto que es el cielo

Siguiendo el croquis del tesoro
en el baúl del bucanero
llegué al jardín de la ceniza
para saber que soy correo
de algún secreto ya borrado
de no sé cuál caduco pliego
polvoso mensajero errado
sin otra opción que su regreso

CORAZON INDEFENSO
Tú sabes que en el sueño el corazón está desnudo
Desnudo e indefenso como en su rama la manzana
Puedes llegar a él cuando lo quieras
y hundir en él tu espada
o anudarle ese lazo de víboras que llevas
olvidándolo siempre en el bolsillo

En el sueño
el corazón abre sus puertas y ventanas
Pueden entrar en él tus huéspedes vampiros
que chuparán su sangre para que tú amanezcas
con más fresca sonrisa

Pero nunca lo olvides
En el sueño hay un lago sin fondo y sin murmullos
en donde cada tanto yo te castigo sollozando
lanzándome con tu hija -esperanza en los brazos
en ajeno suicidio

EL VIAJE
No sé donde tomé este tren
…………………. El coche está cerrado
y el único paisaje
es la sombra que corre con el tren
Me acompañan un viejo que lo ha olvidado todo
y un niño que no sabe dónde va ni con quién
Tan sólo sé que este tren tiene
una sola estación un solo andén
y cuando haya llegado sea ello donde fuere
no sé donde estaré

EL LADRON
Me roban De eso estoy segura
Me roban No sé quién es el malhechor
pero sé que en alguna parte en mi casa hay un portón
que no sé cómo ni porqué me olvido de cerrar cada noche
y por el que entra y sale cuando quiere el ladrón
Indefensa me siento Más pobre cada hora
como una sala de la que van llevándose
ayer un libro o un sillón
hoy un armario o un retrato
mañana un cuadro o un jarrón
Hoy se me llevan un amigo
un número de teléfono, un compromiso o una carta
Quizá mañana un poema aún no escrito una canción
(Una lámpara pende del techo todavía
Una constelación
de vidrio abandonada
¿Por cuánto tiempo quedará aún prendido
su cardo de neón...?)
Sé que una de estas noches
despertaré a la hora cero en punto
para encontrar la oscuridad sin remisión
(Quizá ni siquiera sea un ratero
soy yo que me vacío sin sentirlo como
el cántaro rajado
o la alberca a la cual han saltado el tapón...)

PAISAJE SIN SALIDA
A paisajes que nunca he conocido
los paisajes sin dueño de las fotografías
olvidadas
……….. llegué como se nace
sin saberlo
Nadie me trajo aquí y adónde voy ignoro
Pero mi pie camina seguro y necesario
No sé de qué huyo ni adonde
……………………… se encuentra mi refugio
Sólo el paisaje que ante mí nace a medida
que mi camino lo precisa
como la voz cuando precisa el grito
Se construye delante
de mí ya fácil ya enemigo
siempre el paisaje neutro
sin color ni rumor sin luz y sin hondura
como paisaje en polvo diseñado
Un paisaje que nace crece y muere como la hora
sin voz y sin mirada
pero capaz de devorarme
de enterrarme en vida
porque sé bien que este paisaje no tiene una salida
ni aún la puerta falsa que abriera un despertar

VIENTO DE NOCHE
Cualquier trozo de calle cualquier vieja azotea
cualquier cúpula de árbol
es trampolín de donde se descuelga
el enjambre invisible portando
su confidencia su canción
Cualquier esquina es apeadero
donde en tropel descienden los viajeros del viento
en pos de la isla mítica
del movimiento eterno
Atraviesan la noche
el agua azul del sueño
y aventan las estrellas como una mies hecha de sol
Cualquier portal es un punto de cita
cualquier banco de plaza cualquier viejo balcón
es la rotonda en donde se deshace
y se forma de nuevo sin cesar la comparsa
y se reanuda la peregrinación
Cualquier esquina es un andén
en donde se desnudan los viajeros del viento
y diseñan la ronda de una nueva canción
breve como la vieja mosca azul de los veranos
y que cambia sus claves con el salir del sol

INDICE
-. INTROITO : Elección / Vivir es no saber / Pelando la palabra / No sonrías / En el país en donde el tiempo / La oscuridad
-. FOLLAJE DEL TIEMPO (1965 - 1979) : Estás lejos, me dicen / El puente / El hombre inventa / Manchas en la pared
-. EL LIBRO DE LOS SUEÑOS (1966 - 1979) : Paisaje de los sueños / Telegrama / La carreta / Biografía / Corazón indefenso / Volver a verte / Volver a verte / El viaje / El ladrón / Desnuda / Lo más terrible / Llorar en sueños / La viandante / El ángel / El regreso / Te he enviado / Paisaje sin salida / Viento de noche
-. EL HIJO PRÓDIGO (1976).
.
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Poesía, Novela, Cuento, Ensayo, Teatro y mucho más.

jueves, 15 de julio de 2010

GUIDO RODRÍGUEZ ALCALÁ - LEVIATAN ET CETERA (POEMARIO) / EDICIONES NAPA - SERIE POESÍA - Nº 1 - JUNIO 1981.


LEVIATAN ET CETERA
Poesías GUIDO RODRÍGUEZ ALCALÁ
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
Tapa: JULIO GONZÁLEZ
Ediciones NAPA
Serie Poesía – Nº 1 – Junio 1981
Hecho el depósito que marca la Ley
Impreso en Paraguay
EDITORA LITOCOLOR
Mayo 1981
Asunción – Paraguay (pp. 64)

.
ADVERTENCIA DEL AUTOR
El presente libro es una colección de poesías escritas entre 1976 y 1979 - aproximadamente. La primera parte, LEVIATÁN, alude a la bestia bíblica que ha pasado a ser sinónimo de totalitarismo. La segunda, ET CÉTERA, tiene poca o nula unidad temática, pero quería publicarla. Gracias.

PARTE I
LEVIATAN
.
ARTE POETICA
El dios Apolo llegóseme y me dijo:

"-A ti, el más humilde de mis hijos
te ha cabido la gloria (la tarea)
de enumerar las miles de batallas
del hombre por la vida y su escenario;
pacientemente anota
el paso de la lluvia sobre el aire
el amor de las múltiples mujeres
las generaciones y los barcos
las amapolas rojas y las sangres.

A ti se te encomienda
la guía de teléfono divina
que registre los números oscuros
direcciones remotas y los nombres
de pueblos apagados y suburbios,
las bodas y las muertes sospechosas
en Paraguay, en Chile, en Argentina.

Escucha bien, vate alado,
poeta,
las tablas que te han dado
aquella máquina
para escribir más rápido,
tu corazón sangrando en el crepúsculo
tus lagos, tus mujeres solitarias,
hoy día tienen dueño
-se trate de Olivetti
del lago de Palermo
de Play Boy Magazine.

Definite chamigo, en las praderas
bordadas de asfodelos
en la noble colina del Parnaso
se tira a la derecha o a la izquierda.

LEVIATAN
Los ríos van al mar, pero del viento
se conoce muy poco;
nadie sabe si es heraldo de arcángeles
o escritura de un libro misterioso.
Nadie lo ha visto, pero el hombre sabio
apuesta por su símbolo.

Las tribus más feroces
siguen al Behemoth, encandiladas
por su frente de oro,
por sus ojos de piedra
de estúpido becerro.

"-Comedores de viento -nos han dicho-
de vuestro dios oscuro, ¿ qué se sabe ?
¿ Quién le ha visto los pies ?
Ante los cuernos duros
de nuestro dios se humillan las falanges
de Babilonia y Tiro
y caen sus murallas. El dios potente
de la Nueva Israel es con nosotros.
Suya es la gloria, suyos nuestros ojos
y aún tus ojos necios al mirarle
porque suyo es el culo de tu esposa
y aún tus diversiones semanales.
El nos entrega el mundo
sin requerir el corazón a cambio.
Nuestro señor banquero, fifty-fifty,
reparte las ganancias con nosotros.
Habrá sangre en su altar. Eso lo admito.
Mas homo homini lupus, es preciso
sobrevivir, darle empleo a la gente
en este mundo nuestro
el mejor entre todos los posibles.

Hijo mío, te lo dice este anciano,
no escuches sus palabras
ni sus ofrecimientos de trabajo.
No los sigas en sus orgías insensatas
en los burdeles de Babilonia o de Manhattan.
No ames a las mujeres rojas de Penthouse.
No te arrodilles ante falsos dioses
ni blasfemes con sus coroneles.

Hijo mío, mira a su dios estúpido,
mira al torpe becerro consagrado:
No puede ver, mas ojos no le faltan
no puede caminar, no puede amar
con su callado corazón metálico.
Somos hombres, fabricamos los dioses,
mas somos a su imagen.
Si amas al hombrecillo de oro
se secará tu sangre como el metal
se secará tu lengua
se secarán tus ojos
se secarán tus manos y tu vientre.

Ama al Dios verdadero sin retratos
ni templos ni moradas
porque El no tiene cara
y El es todas las caras. Y El no está.
Búscalo en el silencio.

A veces pasa un ángel
con su carro de fuego, pero el ángel
es apenas su huella
en el espejo cóncavo del viento.
Y el templo es sólo un punto en su escritura.
Y eres templo también,
tú eres el templo.

Vela, hijo mío,
acecha en el silencio
en la noche profunda de tu pecho
la palabra preciosa
que saciará tu impura sed de imágenes.

El llegará. La espera no es estéril.
Es el agua fecunda
con que la lluvia limpia los barbechos
antes de la cosecha.
En tu puro silencio, en tu blasfemia rota
se incuba un hondo canto
que romperá la valla de los siglos
y atravesará las constelaciones
y las comisarías de los hombres
para llegar, volando, de hombre a hombre.

Acepta tu penumbra, tu rabia y tu silencio.
Pasarán largos años, pero un día
podrá llegar el Hombre
su Profeta
su Nuncio prometido.
Sus palabras
serán corno una espada fulgurante
para quemar el aire
y desnudar el alma de las cosas.
Ese día quedarán revelados los pergaminos sabios
que guardan los ancianos de la tribu.

Pero (escúchame) el Hombre
no llevará señal sobre la frente
ni hablará con parábolas;
dirá las cosas simple, claramente,
hablará en las cafeterías y los circos.
El beodo, el colérico, el nigromante falso
no oirán sus palabras
entorpecidos por el vino rojo
de la vid, el rencor y de la magia.

Animará la música dormida
en las rosas oficiales
y en los pechos
de las muchachas vírgenes.
Se elevará su sol resplandeciente
-el de la vida-
más que el sol de Hiroshima.

La negra Ker, la Parca de Quevedo
recibirá patadas en el culo
y todos cantaremos al unísono:
- ¿ Dónde está, oh muerte, dónde, tu victoria ?

(Esto que yo te cuento, hijo querido,
pasó hace mucho tiempo).

Ya la vida me deja.
Es preciso iniciarte., ya eres hombre,
acércate y escucha
mi palabra final:
Ya no es secreto el Símbolo.
Tú puedes ser el Hombre.
Yo puedo ser Elías, San Juan o Juan González.

CEDULA DE IDENTIDAD
¿Por qué no biografía?
La mía, paraguaya,
algún temblor de esteros imantados
por la luna del trópico,
la noche tropical y las mujeres
más hondas que la noche;
por qué no guacamayos luminosos
rojas aves del sueño, caimanes fabulosos
la vacilante luz de los jazmines,
naranjas perfumadas por la noche;
el inventario
fascinante y folklórico
que nos atan al cuello
cada vez que queremos
hablar como nosotros.

Pero no, compañeros,
la luna es siempre la luna
el aire es aire
pero el hombre no es Hombre
algunas veces,
a veces, cuando olvida
su cara en un espejo.

Te agradezco, Abenámar,
tu cortesía aquesta
mas disiento.
Si vine a hablar de mí
frente a vosotros,
si he venido a explicarme
no haré ningún discurso
ni tronaré, patético,
en el podio.
Con toda cortesía
(todo orgullo)
me llevare la mano a los bolsillos
al corazón, al cuello
al calzoncillo
para hallar y enseñar
discretamente
esta raíz oscura e incompleta
que me crece por dentro.

HABLANDO CON LA MADRE PATRIA
Hablando claramente
podríamos decirte
por qué has quedado pálida
al leer las noticias del diario
frente a un hecho
que quizá no es lo básico.

Podríamos decirte en qué la luna
difiere de las lunas del teatro
de tus fiestas paganas u oficiales
o judeocristianas, o simplemente
obscenas e importadas.

¿Alguna vez pensaste para dónde
te han llevado tus pasos?
¿Vuelves a ti después de cada noche
y te miras, y adviertes el cansado
color de tus miradas y tus trajes
y el revuelo insolente de las luces
del carnaval ridículo en que bailas?

Desde lejos te alcanzo para verte
como una dama gorda y recatada
que ha perdido su tiempo en reuniones
y a veces (digo las más) se calla
o llora o va de compras, pero siempre está sola.

Mas déjame decirte que te quiero
con un amor convulso como el odio
con el amor del odio.
Que desde lejos vuelven tus contornos
hasta mí, con tu suma y tus fracciones
tu agonía ridícula, tu corazón en babia.

Pero, ¿cómo decirte lo que eres
si es la sangre un mensaje más intenso
que tu callado río innumerable
y somos sangre y sangre y agua y agua
y respiras conmigo, feto y madre?

A veces es preciso, sin embargo,
utilizar palabras como piedras
para llamar al alma;
te tiro mis palabras como el niño
las tira a la ventana
para dejarte algunas piedras blancas
sobre una piedra negra
o quizá solamente piedras negras.

Oh patria, nombre único
multitud de luceros y de sábanas
oh cáliz de las luces, puerta amarga.
Patria, maldad, mis pantalones largos
mi primera aventura, oh todos mis amigos...
... ¿Los puedes recordar?...
¿Verás a Pocho y Jorge como niños
o durmiendo, tirados en la calle
en un sueño de balas y gendarmes?
¿Pensarás en René? ¿Podrás ver a Juan Carlos
como a un muerto
a quien le van muy chicas cuatro tablas?

Déjame que te cuente. Un día despertamos
(nosotros, los muchachos, la perrada)
"ebrios de fiestas" si así te gusta, o
simplemente un poco empelotados.
Mi madre no me había acostumbrado
a ver la muerte. Un día despertamos
y allí estaba la tipa. No sabía
que se puede morir también de siesta.
Que a las tres o las cuatro de la tarde
llega la camioneta colorada y opama.
Y ves hermano
cómo todo se acaba y nuestras vidas
son ríos literarios
porque en verdad el río de la muerte
o el mar que es el morir es pura fábula
y un día se te acaba y eso es todo.
Y lo peor que nadie te recuerda
y que siguen los bailes
y ayer se fue tu hermano pero estamos
con elección de reina como nada...

Es por algo (te dije) madre patria
que a veces te quedás sobresaltada
cuando un pelo en la sopa, una pavada
(cuando un acto fallido, como dicen
los señores psicólogos)
de golpe te recuerda alguna cosa
que no sabés muy bien y estás tan pálida. . .

. . . Es por algo, te digo, alguna cosa
que conocemos todos. No es por nada.

PARTE II
ET CETERA

Cuando crece la sombra
cuando la tibia noche en torno a ti adelanta
tú floreces y vuelvo a tu mirada
vuelvo a tu boca terca, a tu temblor, tu celo,
vuelvo a tu luz y a tu piel insistente.

Llegas de pie, como una lenta música
como el vestido blanco de la lluvia,
llegas como vestida de estaciones
llegas trayéndome un cierto poniente
una luna perdida, alguna tarde
caída sobre el agua, una mañana,
llegas de golpe con las manos llenas.

Y entonces, ¿dónde estamos
cuando al día enemigo
sigue la noche lenta de los besos,
sigue tu amor, caliente como un templo
de plata incandescente,
la llama demorada de tus ojos,
el impaciente abrazo de los muslos
y tu piel y tus manos, tu cabello
como una noche fresca que me abraza
y somos en silencio, entre sollozos,
entre quietos relámpagos,
entre sueños que vuelven, entre sábanas?

Veré caer el sol como una dura piedra
del corazón amigo de la noche;
las casas serán casas
los árboles los árboles.
Y su luz implacable
ordenará las cosas.
las calles poluídas de automóviles
entregarán su carga de empleados
a cientos de oficinas. Renovarán las máquinas
su canto de sirenas invencibles.
Por todas las esquinas recorridas
me seguirá un ejército de nombres.

MIRANDO EL RIO PARAGUAY
Mis ojos no miraron
más que el poniente estático
de la tarde caída en la mirada
de una novia ya extraña.

Acaso como en sueños
no sabía que el río tiene historia
que en su esplendor, su ocaso, su agonía
bogaron carabelas y piraguas.

Sentí la tarde enorme poseída
de una sola presencia. Ahora vuelvo
a caminar por esa misma orilla
y veo que hasta el aire está poblado.

Discurre el corazón entre perfiles
de acero. Si ha perdido
su inconsistente encanto adolescente
decidme donde estoy. Decidme donde estuve
Discurre el río
con su ominoso cinturón de aceite.

CREPUSCULO
Momento de presencias
cuando crecen las sombras y las bestias
y el corazón, una campana oscura,
golpea desde adentro.

Una tarde que llega
con residuos
de mi forma de ser.

Recobro una mirada
la argentería frágil
de palabras y sueños.

Algo que vuelve acaso
como un barco
bogando por un río inexistente;
como un espejo roto
con el marco
cerrando el agujero
donde se ve la imagen
que niegan los espejos.

MUJERES DEL SUBURBIO
(Chacarita, Asunción)
1
Mujeres, carne oscura
carne tempranamente inaugurada
trabajarla sin término
por el limo del río poluído
por el hombre sin nombre
el hombre sin palabras
que llega pero pasa como el río
dejándote un remanso
de camalotes secos en el alma.
II
Mujeres, Severina
María, Juana, lgnacia, rostros duros
y manos destruidas:
¿Habéis oído acaso de la reina
de aquella Cleopatra
de piel gloriosa, clara
sedosa y delicada como el alba
donde halló trono el hombre
que cambió su corona por sus manos?
III
Rapunzel, lirio blanco
le tiende sus cabellos al amante
y Margarita sueña
y dona Sol pasea por el parque
donde la luna es plata
y el amor estandarte
¡Oh mujeres sutiles cinceladas
por artistas y amantes!
¡Mujeres con brillante y con esclava!
IV
Pero a vosotras, niñas
sin doncellez, mujeres sin amante
¿qué príncipe constante
o, más modestamente, que operario
constante os amaría?
Hay que tender la ropa
coser, lavar, zurcir, fregar el piso
(si hay piso) cada día
darle el pan, la cama y la alegría.
V
En la noche del río
sin ruiseñor ni perla ni jardines
sin duelo ni suspiros
el sueño llega torpe y sin sonido
cayendo como oscura.
piedra en el agua inmóvil.
¿Podéis pensar acaso en otro empeño
más real que el dormir
el corazón sin pena ni sentido?

ESPERA
Dije a mi corazón: No te apresures
si ves el agua muerta del invierno
que se pudre en las hojas,
si ves la nieve adentro y por afuera
señales sin sendero.

Aún tú puedes ver el mar Cantábrico
cuando latía el Can, la pedrería
sin número del cielo. Quedan puertas.
Y has besado muy poco. Todavía
no te viste en tus sueños.

Sabes lo que no sabes; tu saudade
que es proyecto y recuerdo.
Apaga ese tumulto de tus voces
como apagan los cirios en la iglesia
para sentir la oscuridad poblada.

Aprende a amar esa pequeña historia;
tus olvidos, tus sueños incompletos.
Mira que en tus sentinas quedan pasos
todavía sin dueño. Que te llaman
aunque no sepas quien, de más adentro.

HALLAZGO
Como se busca el oro en el escombro
del incendio, en las ruinas del palacio,
yo busco el resplandor de aquel espacio
en el recuerdo, el frío y el asombro.

Porque no estamos ya. Las soledades
que un día compartimos, la esperanza,
la claridad, la luz eso no alcanza.
Somos remotas, tercas realidades.

Amaste la alegría más sencilla
de lo real; la clara maravilla
de vernos y de ser y de abrazarnos.

También te amé pero seguí a mis sueños.
Ya te vas, ya despierto, ya soy dueño
de tu imagen final al separarnos.
Amplio resumen de autores y obras
de la Literatura Paraguaya.
Poesía, Novela, Cuento, Ensayo, Teatro y mucho más.

miércoles, 14 de julio de 2010

JOSÉ-LUIS APPLEYARD - TOMADO DE LA MANO (POEMARIO) / Poesías de POESIA 1945 – 1953 y de ENTONCES ERA SIEMPRE (1963)


TOMADO DE LA MANO
Poesías de
JOSÉ-LUIS APPLEYARD
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
Libro Paraguayo del mes.
Año 1 – Nº 9 – Junio 1981,
Ilustraciones: ADOLFO DÍAZ
Ediciones NAPA,
Asunción-Paraguay,
1981 – 142 páginas

.
TOMADO DE LA MANO
Confieso que este libro iba a tener una característica diferente a la que hoy tiene. En un principio la idea fue de que yo hiciera un recuento de un largo tramo de mi vida "tomado de la mano" de mis poemas. En realidad, lo hice, pero me dí cuenta que, por una parte, ese relato de mi desandar por un camino transitado durante años no tendría interés para nadie y, por la otra, ello daría lugar a confidencias, a intimidades a las que solo la poesía puede dar forma. Entonces resolví dar simplemente lo que he escrito en casi cuarenta años y que ello diga todo y nada más.
Sé que el propio autor es el peor juzgador de lo que escribe y por ello no estoy en condiciones de afirmar que cada uno de los poemas que en este libro aparece contenga ese poder de comunicación. Sólo el lector sabrá juzgar y aquilatar tal calidad.
Los versos que aparecen han sido escritos desde 1945 hasta 1981. No están todos sino una selección que he hecho de ellos. Muchos otros quedan a la espera de la luz, si es que esta alguna vez les llega.
En la primera parte "POESÍA" está mi obra de adolescencia y juventud. Parte fue escrita en Buenos Aires y parte ya de regreso, en Asunción. Fueron mis primeros pasos. Luego vienen los poemas reunidos en "ENTONCES ERA SIEMPRE", etapa en que ya la nostalgia de la infancia me invade. La tercera parte es la de "EL SAUCE PERMANECE Y TRES MOTIVOS". Y al respecto quiero acotar que el sauce que dio nombre al poema aún existe a las orillas del lago Ypacaraí, en las playas de Areguá. Ese árbol es para mí una suerte de retrato íntimo, una fotografía de un tiempo en que la juventud se iba trocando en lenta madurez.
Los otros poemas abarcan un lapso considerable. Algo más de quince años. Semana Santa y Navidad son la constante de algunos de ellos. En otros evoco mis viajes. Uno fue escrito en Nueva Orleans. Otros en Alemania. Y en casi todos, casi, digo, porque no quiero generalizar completamente, están mis tantos amores, si es que los tuve. Mi amor a las cosas, al tiempo, a las personas, a un animal, a mi soledad, en fin, el amor siempre, al que tal vez nunca haya podido conocer como se debe. Pero todos esos poemas son producto del amor, del amor que yo sentía cuando fueron escritos.
Y es así como, tomado de la mano de ellos me he visto a mi mismo en una larga trayectoria de años, de días y de horas que me dieron un poco de todo. En ese transitar apoyado en mis versos me he sentido triste y feliz. Me he sentido abrumado por la soledad y aún más abrumado por la compañía siempre pasajera. Me he visto niño en Areguá. Me he visto joven estudiante en Buenos Aires. Me he sentido de nuevo en la Academia Universitaria, esa hermosa experiencia que un grupo de amigos creara. Y también me he mirado a mí mismo, blancos ya los cabellos, cana la barba, así como soy hoy.
Los ojos de quienes me lean no verán lo mismo. Pero puede ser que reconstruyan no mi imagen, sino un camino a cuyos bordes está siempre la vida. Si tal se logra, los versos habrán cumplido su misión de dejar algo de mi voz en estas páginas. Si no, seguirán siendo hijos que me fueron naciendo en la mayoría de los casos con dolorosa angustia, hijos míos que quedan indefensos, solos e independientes de quien les dio la efímera o definitiva vida de un poema.
Quedan con el lector, desamparadamente solos, esos poemas. Que ellos digan, si es que la tienen, su verdad.
Asunción, junio de 1981
EL AUTOR


POESIA 1945 – 1953

RECUERDO
Tú, cabeza y corazón
hechos silencio
y la noche de un sábado gitano
que trenza cuerdas y las hace versos
en notas y recuerdos de un piano.

Tú, hecha en mí,
sin otra forma
que la real, de tu cabeza helena.

El sábado se pierde entre las calles
con un sabor de plata y luna llena.

BUSCAR TU NOMBRE
.
No, no se muere el verano
está naciendo ahora apenas.
R. M.

.
Buscar tu nombre y deshojar sus letras
mientras nace la forma del verano.
Triste materia de mi oficio triste
hacer tu nombre y deshacerlo en vano.

Diciembre brinda largos días de ausencia.
Mi verso, en forma de pilar truncado,
absorbe el viento que del Sur espera
el eco, roto ya, de tan ansiado.

El silencio del campo es como muerte
que turba el canto azul de la cigarra
y el Puñal del Marino por las noches
con frialdad estelar en mí desgarra
la esperanza y el sueño.

……….. Qué me resta
-dolor de ser a veces tan humano-
sino beber el agua de tu nombre
mientras nace la forma del verano.

AYUDAME, DETENME
I
Tener y no tener un amplio campo
de cielo donde sueñan las palomas.
Ser del aire, del viento y de la tarde
a pesar de la noche que nos nombra.
II
Tú no sabrás que entre las manos fluye
todo el recuerdo de tu forma ansiada
y es la mano el dibujo y es el lápiz
en dualidad de gestos y miradas.
III
Y esa mano, en la tarde que dibuja
sobre el cielo un delirio de palomas,
conocerá tu forma en cada nube
y sabrá de tu luz en cada sombra.

ENVIO
Recto sendero, nube de la tarde
en el rubor de la inocencia pura,
ayúdame, deténme, dame el gozo
de ser tu sombra cuando hubiere luna,
de ser pedazo de tu sombra, a veces,
de ser punto final de tu mirada,
de ser el cielo en que tus alas abras,
paloma de la tarde, nacarada...

DECISIÓN
Todo envuelto en el mutismo transparente
de los silencios que no tienen alma,
los gestos, las miradas y el vacío
enorme, ilimitado, de la nada.

Pompa que el viento levantó y deshizo
al contacto del sol toda esperanza
ha quedado aguardando en el camino
el regresar soñado de otras ansias.

Y en esta larga espera se trasmuta
mi más caro ideal, mi sueño mismo,
por obra de los falsos intocables
en una mezcla burda de egoísmo.

Y ya no resta nada en mis alforjas
que pueda avergonzarme.

De los galgos
los espumosos, fétidos ladridos
como a Quijote anuncian que cabalgo,
que cabalgo hacia el sol, hacia el lejano
y ya visible sueño, sin premura,
con la sonrisa presta y el orgullo
de mantener, feliz, las manos puras.

HASTA EL ÚLTIMO PETALO
Hoy que deshoja julio
hasta el último pétalo de la flor de un lapacho
tengo que volverme hacia los extinguidos caminos de la nada.

Sed de comenzar a contar con los dedos
el número de todos los días que me faltan,
hambre de devorarlos uno a uno
por conocer que existe al fin de la jornada.

No es excesivo empeño el que me lleva
a romper las paredes
y a buscar en las calles
lo que no encuentro en ninguna de las tardes
que se duermen en las aguas del río.
No es excesivo empeño y sin embargo
me hastían los naranjos
y el movimiento eterno de las nubes.
Me repugna hondamente
la indiferencia de los que van sin ansias
a entumecer las piernas en el barro.

Y yo, y nosotros todos
los que quisimos responder con algo
al llamar de lo poco que se salva
de este creciente mar de salivazos,
¿seguiremos creyendo
que la noche del sábado
es el único premio
que tienen los seis días de trabajo?

Por saberlo, tengo sed de los días que me faltan
para ese día que espero
en el que las calles tendrán otro destino
que el de hacer deambular estultos caminantes.
Por saberlo, tengo más fe en nosotros
y en lo poco de bueno que hemos querido hacer.
Tengo esperanza de que entre todo este conjunto
de piedras sin sentido
encontraremos, entonces y por fin,
la serena dureza del diamante.

ENTONCES ERA SIEMPRE (1963)
.
EL TIEMPO
Ya es ayer, pero entonces era siempre
un trasegar de horarios inmutables
desde la noche al sol.
………………. Cada semana
era distinta e igual a la siguiente.
El niño desdeñaba el calendario
y su patrón reloj era el cansancio.
Edad sin equinoccios, sólo el tiempo
de ser feliz y entonces ignorarlo.

LA ESCUELA
Cuando importó la escuela sus cuadernos
y la casa se abrió a los guardapolvos
la tinta se hizo azul y los canteros
clavaron en los libros sus abrojos.

Zapatos carcomidos de recreos
y virutas con gris de borradores.
Colón, Juan de Solís y los charrúas,
Salazar y el fortín hecho de adobes.

Por cima de los árboles, el cielo;
¡tan lejana la calle!
………………. La libreta
midiendo mercurial el incipiente
calor de nuestra vida y nuestra ciencia.

Y la casa se abría cada tarde
v llenaba de luz sus corredores
para abrazar al niño amenazado
por infiernos de tiza y pizarrones.

LAS PALABRAS
A veces hay palabras que se mueren
y no las resucita el diccionario;
palabras simples, claras, que acrecieron
el verbo de la infancia en nuestros labios.
En balde las buscamos para darles
una vida que ha muerto con los años.

Dulces palabras nuestras exiliadas,
solo sonido ya desamparado,
que por un tiempo fueron los mojones
de nuestro personal vocabulario.
Es inútil buscarlas, ya se han muerto
bajo el peso brutal del diccionario.

OCHENTA AÑOS
.
Para María E. Appleyard, tía y madrina
.
Porque se viene el tiempo del silencio
y entonces es difícil compartirlo.
Se viene el tiempo solo, que no espera
con paciencia de plaza en las esquinas
y todo tiene un sorbo de tristeza
como si el mar lejano y gota a gota
fuese vertiendo en parte su amargura
y nuestra voz se nos volviese sombra.

Entonces recordamos,
y del largo viaje vuelve el trompo,
la campanilla rota, los jardines,
un tren perdido entre juguetes viejos
y una carta con voz que suena a abrazo.
Una carta que tiene la amarilla
concreción de las cosas que aún existen
oculta tras los bordes de la infancia.
Una carta y un sol, una sonrisa
que se ha estado volviendo a la distancia
más amable y alegre y prometiente.
Una sonrisa que nos vuelve tristes.

Tú eras una ciudad y desde allá
con plenitud trazabas tus mensajes
que amontonaban flores y pasados.
Eras Hada madrina y yo, tu ahijado.
No importa cuándo fue. No importa el tiempo
ni los rincones donde a veces
lloraba yo tu ausencia y deseaba
que el corazón viajase con los trenes.
No importa cuándo fue porque hoy es siempre
y como siempre estás
y yo lo estoy sabiendo
y sé que lejos siempre y sin embargo
muy junto a mí y de frente estás mirando.

No puedo recordar, pero en mis manos
hay nostalgias del tiempo en que sorbía
como lágrimas rotas los momentos
cuando, siendo yo solo, presentía
que tú estabas detrás de esa distancia mirándome
y entonces un nombre me llenaba
la boca, el corazón y la sonrisa
y sin decir. el nombre ya sabía
que era más que tu nombre, que es María.

Primera Comunión, primeros sueños
en nácares, rosarios, moños, trajes,
inciensos y tú, ausente, al lado mío
en esa comunión de mi rocío.
¿Pero es que puede hacerse una reseña
con la frialdad penosa de las cifras
de momentos que encuentran un perenne
recuerdo que se asocia a todo el cúmulo
de tu amistad cercana y siempre ausente?

Todo ya está demás. Todo se pierde
como las cosas niñas que de pronto,
y sin saberlo, son adolescentes.
Todo se pierde porque las mudanzas
que embisten nuestras vidas no consienten
que llevemos ayeres en los hombres
y los dejamos ir con los juguetes.
Pero de todo ello tú estás siempre
con ochenta pedazos de alegría
que repartes, pletórica de hijos,
a todos cuantos corno yo, sin serlo,
muy en secreto y para tí lo fuimos.

Muy en secreto y para tí lo fuimos
y por eso -recuerdo- cenicientos
a veces desdoblamos la cabeza
frente ante ese viento blando de tu ira
que amparado en cariño nos llegaba
en la correccional confitería.
Muy en secreto. Sí. Porque sabíamos
que en fondo del yo, casi en el sueño,
hay una voz que por decirte madre
enmudece en las lágrimas se empeño.

Porque se viene el tiempo y es el tuyo
de tus ochenta y frescas primaveras
y porque estás ausente y como siempre
siento tu voz cercana que me guía,
ya sin decirlo casi, porque sabes
que me cuesta decir lo que yo quiero,
te digo simplemente en estas cosas
lo que un abrazo calla y salva un beso,
lo que guarda tu nombre porque tiene
sabor de madre en tanto que es María.

LA LAGARTIJA MUERTA
(ELEGÍA)
Habéis visto una lagartija muerta
cuya cola, dulcemente separada del cuerpo,
aún roba al movimiento sus imágenes curvas
y deja granos tibios de arena
como si fuera la rubricada forma de una muerte
que acechan desde sus viejas cavernas laboriosas
las trajinantes, ágiles hormigas?

¿Habéis visto a ese pequeño saurio
de vientre mármol,
mármol que en la siesta
marcaba con su toque
la penosa argamasa uniente de ladrillos?

Ese pequeño saurio inofensivo,
dragoncillo de las inquietas curvas de la siesta,
jugando con la arena
su vieja vocación de cocodrilo antiguo
-oh maldito Esaú hastiado de lentejas-;
la lagartija joven,
Jacob de los reptiles
en constante erupción de su talento,
a quien la vida misma,
la austera madre tierra,
la comadrona práctica,
le ha dado
la armónica inquietud de los jardines;
esa pobre y sincera lagartija,
esa ondulante sombra de verano
cuyo amor contemplaban,
impávidos y estérilmente tristes,
los sabios culantrillos,
oliendo a verde siempre,
en el discreto y oscuro country club de sus canteros;
esa lagartijilla
ha muerto asesinada
y ese lagarticidio
no encontrará una columna en los espacios
de las cloacales letras vespertinas,
no tendrá una nodriza
que llore acerbamente
sobre sus cuatro patas transitantes,
sus cuatro patas con temblor de manos,
de lirios tristes,
de jazmines cálidos,
sus cuatro patas manos cuyas huellas
son taquigráficos símbolos de hastío
en la barrida arena de los patios.

¿Habéis visto, decidme, ese cadáver
cuando la tarde presta, anochecida,
un velo de prudencia a nuestros pasos
y andamos recorriéndolo todo,
buscando alguna cosa
-los fósforos, la risa o el diario-?
¿Le habéis visto
ya rígido, sereno,
azulmente cadáver,
sin estola ni cruz, ni plañideras?

¿Habéis visto esa muerte
en la opaca mudez de sus pupilas?
¿Habéis visto esa muerte que se ceba
estéril en la dulce,
en la perfecta y pura anatomía
de este reptil amante de las siestas,
del sol,
del movimiento y la armonía?

¿Habéis visto, decidme, tanta muerte
saciándose maligna
en la intocada,
adolescente y pura lagartija?

COLOFON
Todo puede volver,
pero este amargo corazón de patios,
esta víscera ardiente que revuelca
su agónica vivencia entre la sangre,
que late, sueña, duele y se desvela,
este pedazo viejo de mi carne
adherida a un pasado,
apretujada a él como en un beso,
hacinante de ayeres,
adustamente mía,
esta víscera trágica y absurda
que se está yendo siempre
y que se aferra,
este pedazo de mi vida en siempre
necesita y no puede
regresar.

Huyen las tardes,
laten los veranos,
los perros muerden el osario cárdeno
de la desesperación de los crepúsculos.
Las viejas cuentas de gastados brillos
amparan la mudez de los rosarios,
la tarde, el tiempo, el sol, la lluvia, el viento,
las palabras amargas,
los ojos que miraban y se han ido
y dentro de mí mismo,
crepitante,
este reloj de carne que se muere,
que sigue yendo siempre,
que sigue trajinando,
este pedazo de mi vida en siempre
necesita y no puede
regresar.
.
COMO REGRESA EL CÍRCULO
.
COMO REGRESA EL CÍRCULO
Estar en mí para decir las cosas
y decirlas así, con las palabras,
con los vocablos simples con que nombro
un tiempo, un alma, un corazón o un sueño.

Volver dentro de mí todo el marasmo
de la crucial gestión que como hombre
realizo sin saber sobre la tierra.

Ya acallado el contorno,
aquietada la grieta,
enmudecido el eco,
tornarme en espiral hacia ese centro
de soledad que ansío.

Volver a mi retorno
no con voces de oscuras, de lejanas,
perdidas ansiedades,
sino, sencillamente,
como regresa el círculo
hacia el punto primero
haciéndose infinito.
.
QUE POCO ENTIENDO LAS COSAS
Qué poco entiendo las cosas.
Los años no han logrado fijar en mi memoria
la experiencia
y siempre me sorprendo que existen unos ojos
que me miran de pronto tan cerca de mí mismo.
Me sorprende el oscuro poder de su mirada
que guarda ingenuidades de infancias manifiesta:
y tiene, sin embargo, una profunda noche
nacida de secretas experiencias.
Como un viejo alquimista
yo quiero interpretarla trasmutando sus sueños,
quiero hacer con sus ojos
que me miran de cerca
una forma de olvido que me lleve a su centro.
Y así, cuando sus manos son lenguaje sin cifras,
cuando son la suave expresión de algo mío,
comprendo que no entiendo de las cosas,
y quedan en el aire sus reflejos,
mirándome, sin tiempo,
y hablándome de mí, de sí, de todo.
.
INDICE
TOMADO DE LA MANO
POESIA - 1945-1953 : Recuerdo / Ida / Paisaje / Poema de la tarde niña / Fue conmigo / Ayer te fuiste ya / En la clara corriente / Oscuridad / Voy como canto de sonar antiguo / Buscar tu nombre / Ayúdame, detenme / Tú del Sur / Para Manuel Ortiz Guerrero / Soneto a la memoria de un artista muerto / La estrella de la tarde / Amor en pleno campo / Decisión / Hasta el último pétalo / Lapacho / Díptico de Narciso / Ausencia
ENTONCES ERA SIEMPRE - 1963 : El tiempo / Infancia / La casa / El grillo / Setiembre / La escuela / Las palabras / Vacaciones / Atrio / Las hormigas / Flor de coco / Ochenta años / Este diciembre / La lagartija muerta / Los raudales / Yo / Colofón
EL SAUCE PERMANECE Y TRES MOTIVOS - 1965 : Cárcel de paralelos / Mujeres que hacen cántaros / Viento norte / ¡Oh, conocer! / Buscar el pan / Tiempo de Navidad / Hombre y lluvia / Hay un sitio / Tríptico - Vida / Muerte / Sauce / Tres motivos: I. Tu realidad - II. Los silencios - III. De pronto
COMO REGRESA EL CIRCULO : Cómo regresa el círculo / Qué poco entiendo las cosas / Como un sueño, en los ojos / Las cuatro palabras / Si la furia de Dios / Compañero de siempre / El hombre / Del hombre y de su cáncer / Uno y otro / Miedo al gris / El ciclo está cerrado / Hoy conviene callar / La estática inquietud / Una fiebre me busca / Primavera, setiembre / Me estaba acostumbrando a ser feliz / Los ángeles no vuelan en otoño/ Se está haciendo muy tarde / Todo es ajeno, hoy / Otros días / No estar en él / Verano y llanto / Deseo / Porque es música el tiempo / Verano
CUANDO LLEGA TU AUSENCIA : Cuando llega tu ausencia / Tu soledad, la mía / Señor, hasta mi infierno / Domingo de regreso / Señor, llega tu tiempo / Por esa astilla azul
MI VOZ, PARA LOS MIOS : A. Magui, mi perra / En el no conocer / Para Ruy Díaz de Guzmán / Oscuro afecto / Para mi sobrina Patricia / La corza / Una voz para Granadina / Capiatá / Brevísima elegía / Para Jacobita / A Hérib Campos Cervera / Estoy en tí, ciudad
JUGLAR DE LO PEQUEÑO : Juglar de lo pequeño / Soneto / Ponerle cascabeles a la muerte / El tiempo, mis amigos / Yo no puedo decirte esta noche / Liras de un sauce y un lago.
.
Amplio resumen de autores y obras
de la Literatura Paraguaya.
Poesía, Novela, Cuento, Ensayo, Teatro y mucho más.

sábado, 27 de marzo de 2010

ALCIBIADES GONZÁLEZ DELVALLE - FUNCIÓN PATRONAL: NOVELA - Comentario: JUAN BAUTISTA RIVAROLO MATTO /Ed. digital:BIBLIOTECA VIRTUAL MIGUEL DE CERVANTES


Edición digital:
Alicante : Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2001
N. sobre edición original:
Edición digital a partir de la de Paraguay,
Ediciones NAPA, 1980.

COMENTARIO

** «Este año tendremos una función distinta» vaticina el sastre, en los primeros párrafos de la novela, al ver pasar a Mary, una prostituta a quien ha conocido en la capital y que viene al pueblo con intenciones de ejercer su profesión.
** La novela nos cuenta lo ocurrido, a partir de ese momento, en un pueblo de campaña en la semana que precede a la función del santo patrono. No se distrae en la descripción de las escenas pintorescas que suelen amenizar las funciones patronales. En rigor, el pueblo nos parece un poco raro, imposible, y así tiene que ser, porque no existe. O, mejor dicho, sólo existe en la novela. Es una caricatura, una metáfora, que sugiere una realidad más amplia, más profunda, más compleja.
** El relato gira en torno a un viejo conflicto que divide a los habitantes en bandos antagónicos y que alcanza su desenlace, al menos provisorio, un día antes de la ceremonia principal.
** Se enfrentan dos corrientes de opinión agrupadas en torno a dos equipos de fútbol: el Sport Fariña y el Porvenir, el primero dirigido por ña Pastorita Gamarra y el segundo bajo la presidencia de Tío Ra. La rivalidad no se reduce a la emulación deportiva, sino que abarca todos los capítulos de la vida del pueblo. A través de las tribulaciones de una pintoresca galería de personajes, se van descubriendo las causas del antagonismo, que no son tan mezquinas e insignificantes como aparecen a primera vista.
** En el curso del relato se interpolan algunos episodios que parecieran no tener nada que ver con el argumento principal, como son, entre otros la historia del loco al que no le entran balas y la del payesero que no podía morir. Sin embargo, son como indagaciones, como incursiones en las profundidades, que nos dan indicios del sentido de la obra. El loco lanza una tremenda acusación y aterradoras amenazas dirigidas al fondo de la conciencia de sus interlocutores. El payesero insinúa, a través de su propio drama, que el pueblo sigue vivo solamente por un capricho de la muerte, que se hace la distraída.
** Sin embargo, el pueblo que nos describe la novela no está muerto. Los motivos que le dan vida y dinamismo parecen insignificantes. Un partido de fútbol, la llegada de Mary, las indiscreciones del compuestero la absurda muerte de Rigó, el privilegio de vestir a San Lorenzo para la fiesta patronal, los globos de Tío Ra, lo mantienen en constante agitación. El Tío Ra ha reemplazado el espejo de su peluquería por un pizarrón, en que denuncia los abusos de las autoridades, movidas a su vez por los tejemanejes de ña Pastorita. Los argumentos y el lenguaje que se esgrimen en las disputas tienen un trasfondo satírico directo, que los hacen trascender la anécdota. En cuanto a Tío Ra, empecinado en enviar globos a otros mundos, consigue elevarse por encima de todas las limitaciones, miserias y derrotas, con un acto que tiene la sugerencia del símbolo.
** Función patronal está muy cerca de la corriente popular de nuestra literatura, pero ya fuera de su cauce. El lenguaje está lejos de ser pulido, literario, pero se adapta a su objeto. No emplea los giros del castellano popular, sino el idioma de los diarios, de las radios, de los discursos políticos y de circunstancia, lleno de frases hechas, enumeraciones, repeticiones y hasta vulgaridades. Con este desafinado instrumento el autor consigue crear un clima de irrealidad, que induce a pensar que el pueblito en cuestión, donde se desarrolla la novela, y cuyo nombre no aparece en ningún lado, extiende sus límites hasta abarcar el Paraguay entero.
** La novela deslumbra por su originalidad. Y tiene encanto, cualidad preciosa y poco frecuente en la literatura. El autor, dramaturgo y periodista, se lanza a la narrativa con total desparpajo, llevándose todo por delante. Su estilo descuidado, atropellado, avanza a empellones a través de hechos y más hechos sin dar respiro al lector, quien pronto advierte que esta acumulación caótica obedece a una segura intuición que acaba por dar al relato su sentido completo. Como toda buena novela. «Función patronal» es una frase que comienza en la primera línea y se cierra en la última. Nada falta, nada sobra. Todo está dicho, y dicho de una manera ruda, directa, que puede hacer perder los estribos al menos pedante de los profesores de preceptiva literaria. Pareciera que el autor no quiere o no puede detenerse en tales fruslerías. En el fondo es un compuestero que echa mano a todo lo que tiene a su alcance con tal de que convenga a su historia o le sirva para completar un verso. La novela está cargada de humor y de vigor; de valiente testimonio y de intrépida denuncia. De Alcibíades González Delvalle puede decirse lo que Onetti dice de Roberto Arlt: no es un literato, es simplemente un escritor.
** Función patronal es un valioso documento de nuestra realidad vital y de la proyección de la misma en la literatura paraguaya, a la que creemos en camino de convertirse en una de las más ricas y originales de América. Como ya ocurrió con la generación del 900, es una palanca poderosa para la resurrección moral de nuestro pueblo.
JUAN BAUTISTA RIVAROLA MATTO
**/**

FUNCIÓN PATRONAL


** Envuelto en el viento norte de agosto, que llenaba de arenilla las casas y los árboles y de mal humor a las personas, una semana antes de la función patronal llegó al pueblo el parque de diversiones. Su presencia era el anuncio inapelable de la proximidad de las fiestas. Mientras los hombres bajaban a pulso los esqueletos de la calesita, de las casillas y de los entretenimientos, las mujeres hacían hervir la comida en el suelo rodeadas de sus hijos pequeños, que lloraban de memoria. A las pocas horas, un costado de la plaza quedó cubierto de toldos con paredes y techos de pirí, retazos de carpas y de coloridas telas. Pronto estarían llenos de baratijas, frituras y bebidas. Los primeros visitantes del parque fueron los perros, que se pusieron a disputar ruidosamente los residuos de comidas esparcidos en el suelo. Los altoparlantes funcionaron enseguida con descoloridas polkas, mientras una voz arrugada invitaba al pueblo a pasar un sano esparcimiento.
** En el patio de su casa, a la sombra de un mangal, Cándido Ramírez, el sastre, se disponía a merendar. Al sentarse, los altoparlantes le dieron la evidencia de la llegada puntual de la función patronal. Esto le puso irritable y le quitó el hambre que estaba echando raíces en su estómago. Ocupado en otros asuntos, todavía no había cortado las telas para los trajes que se había comprometido a confeccionar.
** -Te venía diciendo que te pasará lo del año pasado -le gruñó la mujer.
** ¡Carajo! fue la respuesta del sastre, quien se perdió en una pieza pequeña y húmeda que le servía de taller. Mientras miraba la pila de telas, recordó que el año anterior, por incumplimiento de un pedido, estuvo una semana preso, cuando la orden inicial era sólo de dos días. Pero hubo complicaciones. Al Jefe de Correos, sobrino de ña Pastorita, se le partió en dos el saco que le había prestado su hermano menor, porque el suyo no terminó de confeccionarse. El accidente ocurrió durante el baile oficial, al inicio de un tango. En el instante preciso en que comenzaba a ostentar su habilidad, encaramado a una maestra recién llegada al pueblo, sintió a sus espaldas un crujido que hizo eco en todo su cuerpo y por varios años habría de quedar clavado en sus pensamientos. En el pueblo se murmuraba que la detención del sastre se prolongó no tanto por su informalidad ni por el episodio del saco prestado, sino porque la obligada deserción del jefe de correos fue utilizada por el secretario municipal para disfrutar de los encantos de la maestra.
** Hostigado por la premura del tiempo y por la humedad, el sastre rodó una silla, recostándola por la pared. Con las piernas cruzadas hizo la promesa de no levantarse hasta dar la última puntada al último traje.
** El Pa'í Ramón ordenó el toque de campana para dar comienzo a la novena. Fue cuando el sastre dejó su labor para mirar sorprendido a una mujer que apareció en la esquina.
** -María -le gritó a su esposa-, este año tendremos una función patronal distinta.
** -¿Por qué? -dijo la mujer, mientras pelaba mandioca en la cocina.
** -¿Te acordás de Mary? Ésa que fue inquilina de tu hermano en Asunción.
** -¿Qué tiene?
** -Está aquí.
** De la cocina llegó un ruido, como de algo pesado que se caía.
** El sastre siguió mirando a la mujer, que caminaba por la calle principal con la indiferencia concebida para que se la viese toda entera, toda chusca, toda ella, con su vestido de percal y una sonrisa que se acomodó seguramente al término de varios ensayos delante del espejo. Cuando llegó al final de la calle con sus pasos cortos, rítmicos, estimulantes, se detuvo el instante exacto para que el pueblo se preguntara dónde iría. Con la misma indolencia aprendida, retornó por la calle principal en medio de dos hileras de ojos aturdidos, de caras asombradas, adheridas a las puertas y ventanas entreabiertas. Un zumbido de preguntas se escapaba de las casas. ¿Quién era ella? ¿La esposa o quién sabe qué del dueño del parque de diversiones? Nunca había llegado al pueblo una mujer con tanto desenfado, con tantos colores en la cara, en las cejas, en los ojos, en las uñas. Las mujeres se santiguaban a su paso con un sonoro ¡Jesús!, y a los hombres le estallaban por los ojos la admiración y el pasmo por ese arco iris, árbol de navidad, pavo real con falda y tacos altos. Por fin dobló una esquina. Fue en ese momento que se escucharon las primeras campanadas de la novena.
** Al término del rezo le esperaba otra sorpresa al pueblo. La muchacha recién venida estaba ya alojada en una casa de dos piezas y corredor, ubicada al costado de la iglesia, propiedad del presidente de la Junta Municipal.


Atención pido señores
un momento de atención
la historia de un triste caso
escuchen los contaré.

** Y Nicanor Paredes, el compuestero, cantaba rodeado de varios hombres, entre quienes corría un vaso de caña, nunca vacío. Todos estaban roncos de hablar y de reírse; tenían la voz falsamente grave y quebradiza; los ojos, de un rojo intenso, se extraviaban buscando nada. Los casos que contaba el compuestero mantenían despiertos y vivaces a sus oyentes, quienes regalaban interminablemente tragos al músico.
** Después de saborear lo que dijo sería el último trago, el compuestero se limpió la boca con la palma de la mano en el pantalón. Enseguida arrancó la música, con débiles aplausos de sus oyentes -cada vez menos porque se iban cayendo. Contó el caso de dos hermanas a quienes el tiempo las había hecho idénticas. Andaban siempre juntas, tanto que si una sola de ellas caminaba por el pueblo, la gente decía: allí vienen o allí van. Todos los domingos, en misa de cinco, la una tocaba el armonio y la otra cantaba. La casa que habitaban tenía un enorme patio con algunos árboles frutales. En el centro del patio, sobre la calle, estaban las dos piezas. En una de ellas sobresalía un enorme nicho que guardaba la imagen de un santo, alumbrado todas las noches por dos velas de sebo. Esta misma pieza les servía de dormitorio. La otra estaba demás. En un tiempo fue recibidor. La última visita había sido la de un cadete, que estuvo sentado un instante en un sillón prestado. Fue en los tiempos en que todavía era posible distinguir una hermana de la otra. El cadete había llegado por la menor y más hermosa de ellas.
** Al hacer una pausa, el compuestero fue convidado con un trago de caña. En el suelo había cuatro hombres durmiendo plácidamente con las piernas y los brazos extendidos. Uno de ellos estaba acostado sobre sus orines, con la cara sonriente. Aún dormido, parecía compartir la alegría sin motivo de quienes estaban despiertos.
** Al compuestero ya no le salía la voz sino que estaba dándosele vueltas en la garganta. El cadete fue recibido por la madre y la hermana de la novia, rodeado del tenso silencio de los familiares y amigos de los dueños de casa. Las dos mujeres estaban frías y pálidas y el cadete amable, suelto, cordial. Dio su nombre con voz dulce y presencia decidida. Como ya se habló de qué calor está haciendo y no tardará en llover y qué lindo había sido el pueblo, el visitante interrumpió la charla porque deseó saber dónde está ella, por qué no viene aquí. Mire, joven, mi hermana está indispuesta. Perdónela pero sería mejor que regresara usted. Hoy no será posible verla. Y el cadete se puso de pie. Fue cuando la madre tuvo un ataque y quedó con los ojos duros. El visitante no deseó más explicaciones y montó su alazán, que lo llevó para siempre. En la pieza estaba la novia llorando sin lágrimas en brazos de una amiga. Su nuevo y único vestido mostraba en la falda un enorme círculo negro. Mientras se maquillaba, una de las velas se había caído quemándole la ropa. Pero no fue accidente. Su hermana lo había hecho adrede para no quedarse sola, para tener compañía en la devota tarea de vestir al santo patrono cada año, en punto.
** Terminado el rezo, el parque de diversiones se desbordó de gente. Al cabo de un año, el pueblo salió de nuevo a retozar; era como si saliese el sol después de un año de tiempo gris. La gente, con su ropa nueva y las diversiones del parque, tenía la sensación de llevar el espíritu envuelto en cintas de color. De pronto se vació la calesita y las mesas de lotería quedaron desiertas. El compuestero silenció su guitarra al quedarse solo. Mary, envuelta en pantalones rojos, la cabellera al viento, con la mirada a punto de caerse de languidez, la sonrisa que parecía haberse traído en la valija, y luego aplicada en la oscuridad sin haberla planchado, como sus pantalones, hizo su aparición. Dio una vuelta. Media vuelta. Un cuarto de vuelta. No se fijaba en nadie. Parecía no existir sino ella sola aquí en la tierra como en el cielo. No veía a la gente que, con los ojos, enormes, se abría a sus pasos. No sintió el tumulto de los perros que se mordían por algo. No escuchó el piropo que alguien le obsequió, ni puso atención a la risa que estalló por una frase dedicada a la parte más saliente de su anatomía. Estuvo ajena a los gritos de una revendedora que fue saqueada durante su embeleso. No percibió que alguien la llamó puta cuando desparramó por el suelo chipas y butifarras, al pisar un canasto. No vio una zanja que estaba por ahí y no sintió cuando rodó por el suelo, donde quedó inhumada debajo de una infinidad de risas y miradas.
** -Te dije que tendríamos un año distinto -dijo el sastre a su mujer mientras abotonaba un pantalón.
** -Esa mujer tiene más gente que San Lorenzo -le contestó su esposa desde la cocina, donde quemaba azúcar para el cocido.
** -Lo que pasa es que en este pueblo nadie vio una puta -sentenció el sastre yendo a la cocina.

** -¡Este castigo nos faltaba! -se lamentó Julia Aldana, al saber la presencia y ocupación de Mary-, ¿Qué hacen las autoridades?
** -Tenemos que mandarla de vuelta -dijo Tío Ra, mientras repasaba su invento-. Esa mujer se aliará con las autoridades y luego este pueblo se llenará de putas. Y para peor, se las explotará en beneficio de otros.
** -¿Qué te parece? -le dijo a su esposa Julián, el violinista, mirando pasar a Mary.
** -Que no te hagas ilusiones -le replicó la mujer, con desconocida aspereza.
** -¡El fin del mundo está cerca! -anunció ña Luisa ciega, prima de Tío Ra.
** -¿Nombre?
** -Nicanor Paredes.
** -¿Profesión?
** -Compuestero -contestó seguro mientras veía pasar a un preso con la cabeza pelada.
** -¿Qué es eso?
** -Contar con la guitarra un sucedido.
** -¡O una calumnia! La calumnia es un delito muy grave, mi amigo.
** -Sí, comisario. Pero a veces llaman calumnia a la verdad que duele. En este caso...
** Y se calló. Le distrajo el preso de la cabeza pelada. Estaba caído en el suelo después de no se sabe cuantas flexiones. Para obligarle a ponerse de pie, el sargento le derramó un jarro de agua.
** -¡Viva el partido liberal! -gritó el preso con todas sus fuerzas.
** -Compuestero... -dijo vagamente el comisario mientras golpeaba la mesa con el lápiz. Por la ventana de gruesos barrotes entraba la música del altoparlante instalado en la iglesia-. La calumnia es un delito muy grave, mi amigo -repitió el custodio de la tranquilidad y el orden.
** -Yo no tengo intención de calumniar, señor comisario. En este caso le puse música a una historia que me contaron.
** -¡A una historia inventada! ¡A un cuento para manchar la honra de una pobre mujer! La señorita Aldana es una señora de bien. En los pocos meses que estoy aquí no la he visto sino andar por la iglesia cuidando a los santos. Y si alguna vez tuvo un novio cadete, y el cadete le hizo lo que le hizo, no solamente es una cuestión privada sino un drama al que se debe poner lágrimas y no música.
** En esto el compuestero vio que el sargento vaciaba otro jarro de agua en la cara del detenido. Éste se levantó de un salto y gritó a todo pulmón, «¡Viva el partido colorado!». Se puso de nuevo a hacer flexiones

** -¿Quién le contó a usted esa calumnia? -dijo el comisario haciendo rayas en la mesa-, la señorita Julia Aldana me daba lástima mientras hacía la denuncia. Estoy de acuerdo con ella en que solamente alguien con mucho odio podía así jugar con su honra. ¿Cómo se llama ese alguien?
** -No recuerdo -contestó el compuestero-. Es que no me viene... tengo su nombre aquí, en la punta de la lengua.
** -Escupa.
** Y el compuestero escupió. En el piso de tierra, entre la saliva, apareció un nombre bordeado de arenillas. El comisario leyó «Pastorita Gamarra».
** -Y ¡ajá! -dijo el policía mientras borraba apresuradamente el nombre con la bota-. Esto es otra cosa. Me hubiera dicho, pues.
** -Estaba procurando...
** Calló la música del altoparlante y una voz chillona anunció el gran partido que sostendrán esta tarde los tradicionales rivales el Sport Fariña y Porvenir será un partido sen-sa-cio-nal cada verdadero deportista está obligado a alentar al equipo de sus amores esta tarde en la cancha del Sport recordamos también que pasado mañana será la gran presentación del mago Lin-Chu en las cómodas y amplias instalaciones del Sport con entradas populares recordamos también...
** Llegó una ráfaga de viento norte y sacó la voz del despacho del comisario. Éste dijo:
** -Bueno, váyase.
** -Gracias, señor comisario.
** Al salir, el compuestero escuchó una voz cansada que decía «¡Viva el partido febrerista!».
** La función patronal estaba en sus inicios. Junto con el novenario comenzó también a actuar el parque de diversiones. Nicanor Paredes, el compuestero, sería uno de los atractivos de la fiesta con sus relatos contados e inspirados en la vida real señoras y señores escuchen un retazo de la vida en la voz inconfundible de nuestro artista que este parque de diversiones ofrece en homenaje a este pueblo hospitalario y a su santo patrono para que nos derrame su bendición y reine siempre la paz en todos los hogares.
** -¡Amén! -dijo el coro de fieles cuando el Pa'í Ramón terminó el rosario. Se santiguaron y cada uno salió de la iglesia con una cara más bien seria. Más bien triste. Más bien horrorizada. El Pa'í Ramón tenía mucha habilidad para pintar el infierno en donde se irán ustedes a parar si continúan pecando. ¿Es que no pueden vivir en hermandad? ¿No pueden dejar el alcohol, la baraja, la mujer del prójimo? Mentira que Jesús haya bajado de la Cruz. Allí está. Cada día, cada minuto le estamos clavando por ese santo madero con nuestra conducta pecadora.
** Terminado el rezo, los altoparlantes del parque de diversiones comenzaron de nuevo a funcionar. Invitaban al pueblo en general a pasar un momento de sana expansión en compañía de los suyos y demás familiares a la vez de tener la posibilidad de ganar fabulosos premios si se divierte con nuestra lotería familiar.
** De la iglesia la gente salía para quedarse en el parque y admirar los desteñidos colores de la carpa de la calesita, sus caballos de madera, sus lánguidas vueltas. Suelta de tres, treinta y tres; solito el cinco; sesenta y dos; solito, pero solito el uno; el ochenta, ocho cero...
** -Pam... pam... pam...
** -Cuarenta y cinco; cuatro...
** -Chissss... altooo... ¡priiiiinnnn!
** -Golpeada la bolilla ochenta. No demarquen sus colecciones. Treinta y tres, sí; el cinco, sí; sesenta y dos no; es SETENTA y dos, siete y dos. Continúa la jugada.
** -¡Aña rakó!
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martes, 23 de marzo de 2010

JESÚS RUIZ NESTOSA - EL CONTADOR DE CUENTOS / Edición digital: BIBLIOTECA VIRTUAL MIGUEL DE CERVANTES.


EL CONTADOR DE CUENTOS
Autor: JESÚS RUIZ NESTOSA
Edición digital: Alicante :
Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2003
N. sobre edición original:
Otra ed.: Paraguay, Napa, 1980.


Palabras del Autor


** Me piden que escriba algo a manera de introducción -o mejor, de justificación- de mi trabajo literario. Y no es por un falso pudor -creo que nunca lo tuve, ni verdadero ni falso- que se me hace pendiente arriba el trabajo. Me resulta difícil por la misma razón que en ciertas ocasiones nos cuesta reconocer algunos rincones de nuestra personalidad, sicoanálisis de por medio.
** Ese primer rincón está formado por los años que vagué a través de hojas y hojas inútiles de papel, sin poder desentrañar los caminos que conducen a los verdaderos problemas que conforman el fenómeno literario. Por diferentes circunstancias me sentí alejado de las promociones literarias, y nunca supe en cuál de ellas debo insertarme, si bien esto carece de toda importancia. Si en algo me hubiera podido ayudar, hubiera sido en mostrarme el paisaje humano a través del cual debía transitar.
** Ya bastante tarde, y después de tantas fallidas búsquedas, comencé a atisbar el rumbo en la significativa amistad con René Dávalos y Adolfo Ferreiro con quienes pronto pude discutir -atraído por la mágica lucidez de ambos- muchos problemas relacionados con este oficio. Y fue al lado de ellos que comencé a vislumbrar el camino verdadero. Debo admitir que a través de esa amistad -tan dolorosamente interrumpida en el primer caso- se me abrieron las puertas de los verdaderos problemas que se le plantean a todo escritor.
** Más tarde vinieron los cursos de estructuralismo con Rubén Bareiro Saguier y Augusto Roa Bastos, los que terminaron por darme una base teórica que la considero imprescindible para todo lo que hice después. Porque si bien es cierto que tengo muy poca capacidad para teorizar, en todo mi trabajo -me sucede lo mismo en la fotografía- necesito de un planteamiento teórico previo para encarar la acción.
** Mi primer paso consistió en dejar de lado aquellas ingenuas ideas sobre el «compromiso con la realidad», el «carácter denunciante» de la literatura, el «documento social» de la época, etcétera. Y me tracé mi primer compromiso: con la literatura misma.
** La obra literaria, antes que nada, tiene que explicarse por sí misma; sus valores deben surgir de ella misma y alcanzar un nivel a través del uso adecuado de sus elementos naturales. Si más tarde se convierte en «documento social» o en «testigo insobornable» de una época, es por simple agregado.
**Creo firmemente en la «obra literaria tautológica», tomando aquí el término no en su acepción de «repetición inútil de un mismo pensamiento en distintos términos», que no lo es, sino como afirma Todorov: «El texto literario participa de la tautología: se significa a sí mismo». En muchas ocasiones, el mal de nuestra literatura posiblemente sea éste: queremos comprometernos, hasta llegar a niveles poco menos que indefendibles (y con frecuencia los sobrepasamos) con la «realidad». Olvidamos que muchas veces los caminos de la no-realidad, de la no-racionalidad, explican mejor y con mayor profundidad los mecanismos del mundo tangible que nos rodea.
** Mi deseo es que el lector de mis cuentos se olvide de ese mundo. Quiero que se pierda en el laberinto de situaciones que le expongo, porque toda obra literaria encierra un universo propio, con mecánica propia, y la posibilidad de visitarlo, vivirlo y habitarlo, es la que ha hecho que no desapareciera nunca y se remueve a cada paso renovador que da el hombre.
** Es fácil notar que en este volumen hay dos tipos de relatos: aquellos en que utilizo el lenguaje periodístico (aparentemente periodístico) que pido prestado al oficio que llevo años realizando. Y el otro es aquel que elige el camino del discurso interior, el del monólogo del personaje principal, roto de tanto en tanto por la línea de pensamiento de otros personajes. Pero esto último sólo de manera muy circunstancial. Tanto dentro de un tipo como de otro, mi preocupación es siempre la misma: crear un universo donde todo trascurra de acuerdo a sus propias reglas, sus propias leyes, sin importarme si tienen algo que ver o no con aquellas que nos dicta esa otra, la que equivocadamente pensamos que es la única y verdadera realidad.
** Incurro en una serie larguísima de trasgresiones y muchas veces lamento que mis prejuicios estéticos, fruto de una larga y encallecedora educación, pongan tantos frenos a mis sentimientos más anárquicos.
** Incurro, por ejemplo, en una dislocación del tiempo y del espacio. Pero no es simplemente una trasposición de escenas y lugares, como si estuviera mezclando las cartas de la baraja para que caigan de acuerdo al azar, sino, por el contrario, responde a un plan previamente estructurado con rigurosidad. Muchas veces, ciertas situaciones no se pueden dar sin que hayan ocurrido antes otras y, sin embargo, si re-estructuramos cronológicamente el relato (cosa que, por otro lado, no se puede hacer), se comprobará que tales hechos ocurren en sentido inverso.
** En todos mis cuentos faltan datos. Y no porque me los guarde para crear un sentimiento de suspenso, sino porque yo mismo los ignoro, pues no puedo saber más de lo que sabe cada uno de mis personajes. Si supiera más, no sería un «contador de cuentos», sino un Dios Todopoderoso, omnipresente, infalible. En lugar de ello, prefiero ser un cómplice de esos personajes y «vivir» con ellos sus mismas vicisitudes.
** Y esto es lo que propongo al lector: que olvide sus conceptos lógicos y razonables, porque debe entrar en un universo donde las reglas son diferentes y ellas juegan de acuerdo a su propia mecánica. ¿Por qué será que aceptamos de manera tan fácil y damos por cierta la existencia de platos voladores y visitas extraterrestres, que escapan a toda explicación lógica y, sin embargo, nos negamos a aceptar el gran juego que nos propone el arte de entrar en un universo cuya realidad está dada por su propio soporte? ¿No hay, acaso, verdad más grande que ésta? Porque, ¿qué otra realidad tiene la literatura que la que le otorga el soporte de la palabra?
** Ésta es mi propuesta y también ésta es mi meta. Por eso tales declaraciones, porque aquí expongo lo que deseo conseguir. Y enseguida lo que he conseguido. Lamento la debilidad y la impotencia de no poder sacudirme la pesada tradición de prejuicios estéticos. Y es cuando anhelo poder alcanzar la simbiosis perfecta de aquellos anárquicos literatos de principio de siglo y el mitológico Pan, para así cometer todos los excesos imaginables. Ello ofrece un estrecho margen de error: si se acierta el camino, hemos hecho un aporte. Si lo equivocamos, no habremos dejado nada que pueda entorpecer lo que deben construir los que necesariamente vengan. Pues encuentro en esta actitud la última expresión de libertad verdadera y creativa de que dispone el hombre. - Asunción, agosto, 1980 - Jesús Ruiz Nestosa

EL CONTADOR DE CUENTOS

A Rosa Ortiz y Roberto Cuevas durmiendo al lado del arroyo.

** Cierre la puerta, carajo, chiquilín endiablado y le arroja una leña a medio encender retirada ahora del fuego que se estrella contra la pared y salto procurando eludir los tirones que se esparcen por todas partes y algunas chispas alcanzan a quemarme el brazo. Emilio se queda quieto, las espaldas pegadas a la pared, saque las manos de la puerta, saque le digo que esta vez no voy a errar y la mano izquierda de Emilio lentamente comienza a abandonar la puerta que no logró abrir.
** Cada vez que se enoja me trata de usted, pero nunca lo hizo con tanta violencia, con gestos pesados cruza la habitación, sin querer resignarse a pasar de nuevo la noche aquí encerrado, sabiendo que el pueblo y la gente están allí afuera y no poder imaginarme qué pasa, sin poder asomar la cara más allá del patio a través de las tablitas de la celosía o de alguna otra rendija, así desde hace semanas, vigilado siempre para que no pueda escaparme, encerrado entre estas paredes, no se pueden abrir las ventanas, no se pueden abrir las puertas, todo está trancado. Y a pesar del calor hay un poco de fuego prendido, se ven en la oscuridad pequeños puntos rojos, intensamente luminosos que aparecen por entre las cenizas, en el fondo de la chimenea.
** Agustina con un hurgón atiza el fuego, coloca dos ladrillos en forma vertical a los lados y sopla con la boca hasta que surge una llamita y las leñas se encienden. De nuera va a hervir agua en la olla grande de hierro, el agua para tomar, estoy cansado del mismo gusto, a hierro, a ceniza, a leña y humo.
** Cállese, cállese chiquilín endiablado y Emilio se queda tenso, esperando que su madre le arroje algo, cualquiera de los objetos que suele tirarle cada vez que reacciona con tanto enojo. Pero esta vez no le tira nada, pone la olla sobre los ladrillos que hay parados de canto entre las cenizas, un poco por encima del fuego, llena de agua que habrá de hervir, luego la dejará enfriar antes de poder tomarla. Siempre el agua hervida. ¿Hasta cuándo? Además yo no soy ningún chiquilín endiablado, sino tu hijo. Y soy también un hombre, tengo ya diecisiete años.
** A pesar de la hora, Isidro aún no ha regresado. No sé qué hora es, pero es tarde, pues ya me desperté dos veces y me dormí otras tantas y él aún no viene. Debe tener mucho trabajo. ¿Aún de noche? ¿Pero qué clase de trabajo tiene? Suba a su habitación, duérmase y no vuelva a hacer preguntas estúpidas.
** Emilio cruza la sala, sus gestos son pesados, su andar es lento y antes de salir ve proyectada su sombra sobre la pared a causa del fuego donde ya burbujea el agua. Luego sube la escalera, lentamente, porque es el momento preciso en que puede suceder algo, tal vez se abran puertas y ventanas dejando entrar gente que viene a buscarme o bien que no haya nadie en la planta baja dejándome en libertad para salir y entrar cuando pueda y del modo que quiera.
** Su habitación también tiene las ventanas cerradas y hay el olor rancio de los espacios cerrados y este silencio y esta soledad de hace tantos días, obligado a enfrentármela en todo momento, sin saber razones, todo queda a cargo de mi imaginación.
** Cierra la puerta y no enciende la luz. Hace mucho calor para ello. Se sienta en la cama sabiendo que no va a acostumbrarse nunca a la oscuridad, tantas noches he probado hacer lo mismo y me quedo tendido en la cama con los ojos abiertos, perdido en la oscuridad, con tal desorientación que debo encender la luz o cerrar los ojos y procurar dormir. Se descalza buscando que los zapatos no hagan ruido al caer; se quita la camisa y los pantalones, se tiende en la cama sin retirar el cobertor. Todo está caliente y como si este encierro y este aire envejeciera las cosas con sólo tocarlas, hasta mi cuerpo, perdido en esta oscuridad y en este silencio. Ningún ruido llega hasta aquí.
** Se contiene el aliento en este gesto de atención donde todos callan y aparentemente no se escucha ningún ruido hasta que las trompetas inician su parte, todas al mismo tiempo mientras el bombo y los platillos marcan con rigor y sin matices los golpes del tres por cuatro.
** Después de los primeros compases del vals del segundo acto de «El lago de los cisnes», la gente que había esperado tan ansiosamente el inicio de la nueva interpretación, ladea un tanto la cabeza siguiendo el hilo de la melodía y reanuda su paseo por los senderos de la plaza.
** La música va subiendo de volumen y las parejas que caminan con pasos lentos apenas hablan, los ancianos y las personas mayores están parados cerca de la rotonda en la que toca la banda o bien sentados en bancos. El contador de cuentos aprovecha este súbito interés por la música para desenrollar sus láminas, alisarlas con las manos, amarillentas, manchadas por el moho o la grasa, las hojas han sido ya tan manoseadas que se adaptan a cualquier posición, tantas veces han sido llevadas y traídas, envueltas, enrolladas, colgadas de un gancho para que todos quienes escuchan la historia las vean mejor, tantas veces ha contado este cuento, desde que tengo cinco años me acuerdo que todos los años es lo mismo, Emilio se vuelve con un gesto y se aleja de la banda que a sus espaldas mantiene sin variantes los golpes del bombo y los platillos marcando el ritmo del vals que suena duro, escuchalo, un, dos, tres, un, dos, tres, por la trasposición de los instrumentos de cuerdas a instrumentos de viento, también como el contador de cuentos, desde entonces recuerdo las dos cosas.
** Miguela roza con un ademán imperceptible una mano de Emilio quien con un gesto de desagrado la evita, se mete las manos en los bolsillos, se alejan del centro de la plaza, están casi en una esquina a donde nadie llega, quince días llevás este mismo humor hasta me parece que estás tan maniático como el astrólogo con sus gatos, hubieras hecho con todos los pájaros una sombrilla que volara sobre tu cabeza protegiéndote del sol, aunque ahora la gente busca huir de la sombra para gozar de la mañana pues resulta agradable pasearse al sol que a esta hora se encuentra tibio, pero apenas entre volverá el frío intenso, sin embargo hasta donde llegan Emilio y Miguela no hay casi nadie.
** Qué astrólogo ni qué mierda, ni qué manías. Desaparecieron como por un tubo misterioso pues en quince días no vi ninguno, no apareció ninguno en ninguna parte. Yo los cuidé, los alimenté, los limpié. De pronto nada, la puerta abierta, el candado roto, la jaula vacía, pero por qué, si no hacía mal a nadie, ni molestaba a nadie, ni competía con nadie. Y me venís a comparar con el astrólogo. Eso es suficiente. Vuelven sobre sus pasos, hacia la rotonda donde se encuentra la banda. Están ya muy cerca cuando quien toca la tuba da unos pasos saliéndose de la formación, su sonido se ha distorsionado tanto que todos los demás callan sin atinar a socorrer al compañero cuando a éste, sin soltar su instrumento, se le doblan las rodillas y cae de frente produciendo un ruido metálico cascado. Está muerto.
** El padre de Emilio se acerca corriendo, el médico, que venga el médico, se abre paso entre la gente que ha formado ya un círculo alrededor, lo examina, levanta la cabeza hacia el director diciéndole está muerto, pide que lleven el cuerpo a la comisaría que está aquí cerca, atrás le siguen sus compañeros formados ya como cuando van en los desfiles tocando una música de tono lúgubre que Emilio no logra ubicar.
** En toda la plaza se forman pequeños corros donde se hacen comentarios en voz baja, Emilio los va mirando hasta que su vista se encuentra con la del contador de cuentos, se turba ligeramente por lo imprevisto del hecho, sorprendidos cada uno de los dos en sus pensamientos, el hombre se apresura a señalar la primera lámina que está frente a sus ojos y la describe.
** Entrando al dormitorio lo primero que se ve es la gran ventana y al abrirse da sobre el lado del lago. Desde allí se ve un patio cubierto de césped con una ligera pendiente que termina en una hilera de eucaliptos altos, delgados, y en seguida la franja de arena, la playa que se ensancha o angosta de acuerdo al nivel de las aguas del lago.
** A la izquierda de la puerta, la pared está cubierta por un ropero que va de lado a lado y del suelo hasta el techo, de puertas anchas de madera negra lustrada. Al fondo, abajo de la ventana está la cama cubierta con una manta blanca de algodón y en la que un hilo más grueso traza de manera casi imperceptible tres grandes rombos que la cruzan longitudinalmente. Encima y contra la pared se han colocado numerosos almohadones de color.
** A la derecha hay una mesa con una silla donde Emilio suele estudiar y prepara sus lecciones e inmediatamente al lado, entre la mesa y la cama un mueble bajo con un tocadiscos en cuya parte inferior, colocados verticalmente en perfecto orden, hay una gran cantidad de discos.
** En el centro hay una alfombra azul que ocupa casi todo el espacio libre. Y en las paredes (lámina tres) distribuidas con visible intencionalidad, fotos de distintos tamaños, en blanco y negro, de detalles del lago: un día apacible, el sol llenando el cielo, una rama negra quebrada rompe la simetría vertical y rítmica del pirisal, una ola en día de tormenta, la marca que dejó el agua en el viejo atracadero de piedra, la huella de la ola en la arena. Y en el espacio que hay entre la puerta y el ropero, en un rincón poco visible, hay una litografía antigua que compró en una casa de antigüedades de Asunción y a la que le colocó un marco de madera negra. Representa un pájaro en el centro y en las esquinas, detalles del mismo, como si fuera un estudio científico, con flechas y anotaciones en un idioma que nunca pudo determinar su origen (lámina cuatro).
** Eso es todo.
** En la lámina cinco, sin embargo, se puede ver a nuestro personaje dentro de la gran jaula en la que cría los pájaros negros cuyos huevos recibió de regalo de un anciano que visitó el pueblo.
** La jaula está construida en el patio de la casa según lo indica el croquis (lámina seis). Está a unos veinte metros y se llega a ella saliendo por la cocina, en el lado opuesto a la entrada principal y defendida, por la construcción de la casa, del viento frío y fuerte que suele venir del sur durante todo el invierno.
** La jaula es alta, mucho más alta que una persona, de modo que Emilio puede entrar perfectamente parado, y está rodeada de una fina malla de alambre extendida sobre seis postes de madera que forman un hexágono y la parte superior culmina en un techo, también hexagonal, de pendiente pronunciada, de chapas de zinc. La jaula fue construida abajo de los árboles, de modo que el sol de la siesta en el verano no haga sufrir a los animalitos.
** Adentro de la jaula -señala el hombre con una varilla de madera lustrada, larga y puntiaguda- Emilio es fácilmente visible porque va vestido de colores claros; pues le gusta vestir de blanco. Personalmente atiende a sus pájaros, cambiándoles el agua dos veces por día y limpiando los recipientes en que suele poner el grano, barriendo el piso de la jaula todas las mañanas para que no queden allí los excrementos ni los restos de comida que cayeron al suelo.
** Para cada pájaro, que son dieciocho en total, hay un nido hecho de paja colocado adentro de una caja de madera, sostenidas las dieciocho a una altura prudencial de modo que los pájaros estén fuera del alcance de cualquier animal nocturno que pueda acercarse al lago a tomar agua y se sienta atraído por su carne tierna.
** Emilio habla con cada uno de los pájaros que en orden y sin mostrar ningún temor, se posan en su mano, en su brazo y a veces en el hombro, les dice algunas palabras cariñosas, con un dedo les acaricia la cabeza, les rasca el cuello, los pájaros sufren un temblor de placer, un espasmo que les sacude todas las plumas y vuelven al nido o se posan en los pequeños columpios que fueron construidos allí, colgados del techo y su movimiento de vaivén les divierte.
** Los pájaros (lámina siete) son negros, ligeramente más grandes que un gorrión, su plumaje es fino y desde la cabeza caen hacia los costados, como una cresta, delgados hilos rojos que se confunden con las plumas negras, dándoles efectos de destellos. El pico es afilado y largo, los ojos redondos y verdes y la cola termina en plumas parecidas a las de la cabeza, pero son más largas, anchas y rojas.
** Las patas son cortas y abajo del plumón, también negro, esconden un espolón grueso, muy afilado que, al descubierto, les da a estos pájaros un aspecto amenazante, pero cubiertos, son aves de una candorosa inocencia. El hombre hace un alto en su relato para tragar saliva. Emilio levanta la cabeza y mira a su alrededor con un movimiento muy lento, volviéndola sobre el eje vertical de su cuello; y esto le da una visión aproximada de cuanto la rodea. Camina con pasos no muy largos, manteniendo un ritmo acorde con su gesto y ese aire de tranquilidad que le brota desde adentro. Al menos así lo siente.
** Lleva las manos cruzadas atrás, a la altura de las nalgas y a veces juega con los dedos entrelazándolos. Va vestido con su traje blanco, la camisa blanca de tela hilada a mano y una corbata ancha, de seda, dibujada en dos tonos de grises.
** En el centro mismo de la plaza, adonde confluyen todos los senderos, hay un gran círculo de ladrillos rojos, oscurecidos por el moho fino y negruzco que crece a la sombra de los grandes árboles. Allí, como todos los domingos, está la banda de música y toca sin descansar.
** Emilio siente que la música le causa un especial placer y considera las entradas a destiempo de algunos instrumentos, la desafinación de cobres y bronces y la falta de precisión de ritmo en algunos pasajes, como aquellas cualidades que le dan precisamente encanto a sus ejecuciones.
** La misa terminó hace poco más de una hora y la plaza comienza a llenarse de gente. Emilio camina por los senderos abiertos entre el césped, cubiertos todos ellos por pequeños cantos rodados rojos que crujen, se mueven, se hunden cuando son pisados, y saluda con un movimiento de cabeza al encontrar gente conocida. Se detiene, hace bromas, escucha, hace comentarios, señala las dos nuevas composiciones que la banda sumó a su repertorio y ríe con ganas con los amigos.
** Con este paso, este mismo ritmo, la alcanza a Miguela que se sobresalta ante su aparición tan sorpresiva, él le sonríe, se cruza adelante de ella, le da dos besos en las mejillas, cómo estás, por qué tardaste tanto y caminan siempre con el mismo aire perdido, tal vez no sea conveniente que nos vean juntos con tanta frecuencia porque tengo miedo que la gente comience a murmurar, y Emilio, no seas tonta, todos saben que somos amigos desde criaturas y nunca dimos oportunidad a nadie para que nos critiquen, tan correctos nos hemos mostrado siempre. Ni siquiera te tomo de la mano.
** Me da miedo lo que estamos haciendo Emilio, me da miedo. La banda comienza a tocar el «Intermezzo» de «Cavalleria Rusticana» y los más viejos se acercan para escuchar mejor, porque merece la pena, escucharlo y dejate de pensar en tonterías, no seas miedosa. Tengo miedo de tener ojeras y que la gente me vea. Fijate lo que es esto, como si retrocediéramos en el tiempo, éste es el verdadero momento del pueblo, la plaza llena de gente, paseando después de la misa del domingo, la banda tocando en la plaza a la sombra de -46- los árboles, aún faltan dos meses para que vengan los turistas y veraneantes a destruir la rutina, el paseo de los viejos, el encuentro de los noviazgos ya oficializados, el astrólogo sentado en un banco con sus libros y sus ochenta y seis gatos, pero no atiende consultas por ser domingo, el contador de cuentos con sus antiguas aguafuertes que ilustran las historias que cuenta a los niños que no las interpretan y a los mayores que no se entretienen. Éste es el verdadero tiempo, sentilo, pero sin cerrar los ojos porque hay que percibir la música abajo de los árboles, los senderos cubiertos de grava roja. La gente que camina con parsimonia, intercambiando saludos, cruzando sonrisas, acercándose a la banda cada vez que ésta se enfrenta con una composición musical con reminiscencias antiguas, sin percibir esos pequeños detalles, esos grandes errores que para Emilio constituyen su especial atractivo. Miguela se sienta en la punta del banco, absorta en el contador de cuentos que está parado al lado de sus láminas colgadas de un clavo que él mismo, hace tiempo, colocó en un árbol.
Esta lámina es de la primera muerte que data del mes de julio, en pleno invierno. Es miércoles por la mañana muy temprano y el pueblo está inmovilizado bajo la niebla que sube del lago y a pesar de ser las siete, aún no se ha despejado.
** La mujer que reparte la leche en un pequeño triciclo a motor, acaba de dejar la ración acostumbrada frente a la casa de Emilio, que está en las afueras del pueblo. A ella se llega por el camino principal y luego se toma un camino de arena, bordeado de árboles, muy tranquilo y silencioso hasta que al final del mismo, cuando ya se ve el lago, se abre la puerta que conduce a la casa.
** Después de entregar la leche, regresa al pueblo. Va muy despacio a causa de la niebla y enciende dos o tres veces el faro para iluminar el camino, pero le resulta inútil. Hasta tiene la sensación de que en ese sector, alrededor del haz de luz, la niebla se espesa. Sale al camino principal y ya regresa, cuando siente un repentino malestar. Detiene el vehículo, desciende y se aleja unos pasos. El césped está mojado, siente que sus zapatos se humedecen, nada más que por un momento, pues en seguida se le doblan las rodillas, cae al suelo y muere.
** Gente que pasa por allí circunstancialmente, cuando la neblina se ha despejado ya y el sol apenas calienta, encuentra el cuerpo tirado y corre hasta la casa de Emilio, golpea, pregunta por el médico, viene el hombre con su maletín negro, pero toda velocidad es inútil porque cuando llegan al lugar la mujer que reparte la leche hace por lo menos una hora que ha muerto.
** El médico carga el cuerpo en su automóvil y lo lleva a la comisaría donde lo tiende sobre una mesa en una habitación y lo revisa detenidamente (lámina treinta y cuatro). No comprendo, no comprendo, mientras le mira los ojos, busca en el cuerpo una señal exterior que explique esta muerte repentina sin encontrar nada. No comprendo, pueden ser tantas las causas y no tengo aquí elementos. Por las dudas, será mejor que se tire la leche que llevaba, que nadie la tome y se ponga en observación a las vacas del tambo donde ella trabajaba.
** Toda la mañana analizando el cuerpo, y hasta la leche y las vacas sin encontrar nada. Papá tiene un arte especial para meterse en complicaciones. Y si todo esto no se puede explicar, la segunda muerte, la tercera muerte, todas las otras muertes, que vengan médicos de otra parte y nos eviten este problema, nos dejen de lado tantas conjeturas que corren por el pueblo.
** Emilio está tirado en el suelo, sobre la alfombra azul, de cara al piso, se sostiene la cabeza en alto apoyando la barbilla en una mano y el codo en el suelo. Con la otra mano recorre los discos, leyendo sus títulos escritos en el lomo con letra muy pequeña. A veces se detiene en alguno, hace un gesto de quitarlo, pero luego sigue hasta el final y comienza de nuevo.
** Hace ya un largo rato que busca un disco sin poder acertar cuál es el que quiere escuchar. Así, después del tercer intento se tira de espaldas sobre la alfombra y se queda mirando el techo donde las vigas negras, cruzadas por viguetas también negras y de madera, forman rectángulos blancos que Emilio se entretiene en contar.
** Por las ventanas cerradas penetra la luz de afuera, y en el dormitorio hay una claridad muy gris, lo que parece aumentar la soledad y el silencio. Sobre todo el calor y el olor a encierro, como si el aire se pudriera entre estas paredes, porque no puede salir, encerrados estamos el aire y yo desde hace tantas semanas.
** Emilio entonces se incorpora, va al ropero, abre una de sus puertas y el espejo colocado por la parte de adentro le devuelve su imagen, allí parado, está en calzoncillos, su cuerpo largo, delgado, parece no pertenecerme, como si fuera un extraño, no sólo el aire y las cosas se van gastando, sino hasta yo mismo, pronto me voy a descascarar como esas casas abandonadas que hay cerca de la iglesia por la calle que baja al lago y que siempre me parecieron tan fantasmales.
** Busca entre su ropa hasta que encuentra un pantalón corto, color celeste, se lo pone y abre con cuidado la puerta de su dormitorio, hemos aceptado todos el silencio, el encierro sin preguntarnos ni decir nada. Y las escaleras que van al piso inferior las baja con gestos elásticos de modo que sus pies descalzos no rompen el silencio de la casa en la que sólo se escucha el leve chisporroteo del fuego que hay encendido siempre en la chimenea, a pesar del calor, y el agua que hierve en la olla negra de hierro. De afuera no llega ningún ruido.
** En la sala hay la misma luz que en su dormitorio y hasta casi el mismo olor, si no fuera por el perfume penetrante que tiene la leña que se quema en la chimenea. Los sillones (lámina cuarenta y cuatro) están tapados por fundas blancas y la alfombra fue enrollada y colocada contra una pared. Y sobre una mesa baja, hay un montón de revistas ajadas de tanto haber sido hojeadas, manoseadas en un montón de horas de aburrimiento que ahora no quiero calcularlas porque seguro que serán muchas más de las que me imagino y muchas menos de las que pienso haber pasado aquí.
** Al abrir la puerta de la cocina, su madre que está aquí se sobresalta y emite un pequeño quejido, pero inmediatamente se enfrasca de nuevo en su trabajo, lo siento, no quise asustarte, sólo vine a tomar agua y saca de la heladera el agua que sabe fue hervida y se le adelanta su gusto insípido, le falta algo, algún componente, daría cualquier cosa por tomar aunque sea agua contaminada que tenga gusto a algo y ya sé que no debo quejarme, que las cosas deben ser así, que no debo protestar, pero este encierro, me produce un cansancio desesperante.
** Emilio deja el vaso en la pileta de lavar los platos y le mira de reojo a su madre que sigue ocupada en mezclar huevos, harina, sal y un chorrito de aceite, de nuevo está llorando, ya no me quejo, ya no digo nada, lo siento tanto y me vuelvo a mi dormitorio, sale cerrando la puerta a sus espaldas con mucho cuidado y regresa a su habitación.
** El ropero sigue abierto y frente al espejo vuelve a quedarse en calzoncillos mientras se mira y trata de reconocerse pues el color que le dio el sol se le está yendo, de nuevo su piel se está poniendo blanca, sólo falta que también se me caiga la piel, como las casas en ruinas, lo decía y para qué me sirve si nadie me ve, si no puedo darme a nadie, qué estará haciendo Miguela, no puedo imaginarme en este sitio su presencia.
** Cierra la puerta quitándose de adelante su propia imagen y vuelve a tirarse en la alfombra, frente a los discos cuyos lomos recorre de nuevo, buscando algo que me dé la sensación de estar vivo, nada que huela a muerto, ni que sea viejo ni antiguo.
** En este momento se puede gritar, o cantar, o decir cualquier cosa sin que se pida silencio. Podemos escuchar todos los discos que queremos, sin que se nos obligue a bajar el volumen. No importa que hagamos ruido o no, si total no hay una sola persona en la casa, le toma de la mano y la lleva escaleras arriba, subí, subí sin miedo, que no pueden vernos, ya te dije que no hay nadie en la casa ni tampoco puede llegar alguien en este momento. Estamos bien seguros.
** Emilio repite estas palabras por decir algo ya que Miguela le sigue sin poner resistencia, aun cuando al llegar los dos al piso superior se detienen por un instante, en silencio, y miran hacia el piso inferior con un gesto de alerta, dispuestos a escuchar el más pequeño ruido que les haga desistir de sus propósitos. Sin embargo, no hay ningún otro que aquellos propios del domingo por la mañana.
** Nadie, te dije que no hay nadie, mientras entran al dormitorio, porque todos a esta hora van a misa y están en la iglesia, y una vez adentro, después de cerrar la puerta, Emilio se inclina sobre ella y la besa en una mejilla, cerca de la oreja y después en el cuello.
** Emilio, su voz, aunque no es fina suena en el límite de la fragilidad, Emilio, a punto de quebrarse por la emoción, el llanto o la turbación, estamos haciendo una locura, en tu propio dormitorio, a la mañana, mientras entra la luz del día, un domingo. Todos se van a dar cuenta, van a encontrarnos, ¿y qué explicación daremos?
** Sin escucharla, Emilio se quita la corbata, se abre el cuello de la camisa y deja el saco sobre la mesa en donde hay un libro abierto, dos lápices y una hoja de papel en la que se han garabateado dibujos, muchos de ellos sin sentido y algunos trazados al azar (lámina dieciocho). Se puede ensuciar allí tu saco blanco, no te preocupes más, no te preocupes tanto por todas las cosas, y si se ensucia paciencia, se lava, y si se rompe, paciencia, se tira, y si se dan cuenta, paciencia, qué le vamos a hacer, después de todo no van a matarnos.
** Miguela se acerca a la ventana y cierra las celosías porque hay mucha claridad y quiero que la habitación esté a oscuras pero como se filtra una luz tenue, amarilla por los espacios que dejan entre sí las innumerables tablillas también quiere cerrar las cortinas. Entonces la habitación quedará totalmente a oscuras y voy a perderme y quiero verte, no tengas vergüenza de mí, Miguela, ¿acaso no estoy yo también desnudo? y no me oculto, mírame porque tiene que gustarte como a mí me gusta verte.
** Se acuestan en la alfombra, se besan, se acarician en la luz amarillenta de la habitación, tenemos que apurarnos, Emilio, tenemos que apurarnos, ¿por qué?, vamos despacio, tenemos tiempo, en este momento recién debe estar comenzando la misa y el sermón del cura es siempre muy largo. Hasta vamos a tener tiempo de hacer el amor dos veces. Dos veces, dos veces Emilio, ahora ya no me importa, y si nos descubren, paciencia.
** Emilio le apoya una mano en el hombro a Miguela que se sobresalta, le mira extrañada, preguntándole qué pasa, vamos a dar otra vuelta, quiero seguir caminando, nada más que un momento, ¿acaso no estás cansada de escuchar todos los años la misma historia, cientos de veces?, es nada más que un momento, el contador de cuentos no aparta los ojos de ellos molesto por el cuchicheo ya que hasta cambia de tono de voz y se vuelve dramático para narrar la tercera muerte que no fue sino un mes más tarde, ya en pleno agosto, una de esas siestas desagradables, de mucha humedad y con sol. Es un día de invierno caluroso, la ropa se pega al cuerpo y parece sucia a pesar de que no se suda.
** Se dan todas las características de cuando está a punto de llover y cambiar el tiempo, así como cuando se espera una gran tormenta. Pero ello no sucede. Hace cuatro días que las condiciones se dan con regularidad y la gente se pone fácilmente de mal humor.
** Un trabajador va de la carpintería a una casa donde debe reparar una ventana que se ha desvencijado. Es una casa de gente que vive en Asunción y sólo la utiliza los fines de semana o bien en el verano. Es viernes, en una mano lleva un valijín de madera barnizada, y atravesándolo longitudinalmente sobresale la hoja de un serrucho como suele suceder con las cajas a medio aserrar de los magos.
** Al pasar por la panadería compra un bollo y lo va comiendo por el camino que pasa cerca del lago cuando siente su primer síntoma de malestar. Da otro bocado de mala gana y pensando que es la comida, arroja muy lejos de sí el pedazo que le queda en la mano. Busca entonces la sombra de un árbol por si es el sol, pero antes de llegar cae al suelo y muere (lámina cuarenta).
** A lo lejos lo ve un botero que está limpiando una embarcación y su primer pensamiento es que el hombre está borracho. Piensa no acudir, pero al ver que no se mueve, se acerca, y al notar que está muerto no quiere tocarlo y da gritos a gente que pasa a lo lejos, diciéndole que dé parte a la comisaría que el carpintero está muerto.
** Al llegar a este punto el contador de cuentos hace un alto para medir el grado de tensión que hay en el silencio guardado por el auditorio. En el fondo la banda ejecuta una composición con largos silencios y sigue en cierta manera el interés de su relato. Busca entonces la siguiente lámina y evidentemente hay una confusión ya que tiene ante sí la que describe a Emilio abriendo una puerta y le da de lleno el viento frío que viene del lago. Luego corre por el césped donde brillan las gotas de rocío que el sol, aún muy débil, no ha logrado hacer desaparecer (lámina veintiséis).
** Lo último que escucha que su madre le grita es que llegará tarde a misa, como todos los domingos, no te preocupes, yo los alcanzo después en la iglesia, no voy a llegar tarde, sino justo en punto, tal vez así se tranquiliza y me deja libre, no te entretengas demasiado con esos pájaros inmundos, sí, sí, no se preocupen por mí. No se preocupen, claro que voy a ir a la iglesia pero a buscarla a Miguela y traerla a mi dormitorio, sin que nadie se dé cuenta, sin que nadie lo sepa, sin que nadie se imagine que estoy repartiendo mi vida entre ella, mis pájaros, mis discos y mis fotografías.
** Emilio lleva una caja de cartón con las semillas que comen los pájaros y que le dejó el hombre que le regaló los huevos y al cual conoció en el hotel del pueblo. Además un plato con pequeños trozos de carne molida y sosteniéndola bajo el brazo la escoba para hacer la limpieza que lleva a cabo rigurosamente todos los días.
** Da vuelta a la casa por la parte de atrás, llega hasta la jaula y encuentra la puerta abierta, no puede ser, nadie puede haberla abierto, sólo yo que tengo la llave del candado, no puede ser, yo tengo la llave, los pájaros son míos, yo los crié, yo los alimenté, no pueden haberse ido. Emilio entra a la jaula, deja las cosas en el suelo y mira hacia arriba. En lo alto hay un solo pájaro que gira la cabeza, nerviosamente, hacia un lado y otro, uno solo se ha quedado, y el resto tiene que estar por aquí cerca, porque son míos, nadie puede haber abierto la puerta y el pájaro que está en lo alto de la jaula agita las alas, pasa por encima de su cabeza, tan cerca que Emilio cree sentir el batir de las alas, y escapa por la puerta. Emilio lo sigue, porque debe ir adonde están todos los otros, adónde vas, imbécil, adónde vas, que nadie te va a cuidar mejor que yo, pero el pájaro está ya lejos y vuela por encima del lago en dirección del pueblo.
** Emilio se queda mirándolo absorto, tanto que las últimas palabras no las ha captado, sino como un ruido lejano sin significado y se vuelve a Miguela peguntándole qué dijo y ella le hace una señal con la mano pidiéndole que guarde silencio. La toma entonces de un brazo haciéndola salir del grupo y cruzan la plaza dirigiéndose hacia el hotel, estaba ya cansado de estar allí, perdiendo el tiempo, no nos hubiéramos apurado tanto en casa, hubiéramos podido aprovechar mucho mejor la mañana, cruzan la reja, el patio y van a la heladería, yo quiero de chocolate, no seas insaciable, estuviste anoche en casa, y esta mañana, fuimos a la tuya, ¿no te vas a dar por satisfecho nunca?
** Así, vuelven caminando lentamente a la plaza, ya sin hablar, Miguela quiere seguir escuchando la historia, pero si ya la sabemos de memoria, siempre es la misma cosa, no, no es cierto, pues continuamente está cambiando los detalles y eso lo hace más interesante.
** Llegan cuando el hombre coloca la lámina cuarenta y nueve que describe uno de los últimos intentos que realiza Emilio para escapar de la casa. En la anterior se ve cómo baja por las escaleras sin hacer ruido, aprovecha que la madre está ocupada en avivar el fuego de la chimenea donde habrá de colocar de nuevo la olla de hierro en la que continuamente hierve el agua.
** En esta ilustración se ve ya la fuga frustrada. Emilio parado al lado de la puerta está recostado contra la pared, una mano apoyada en ella, la izquierda aún sobre la tranca, no tuvo tiempo de retirarla.
** Su madre, parada en medio de la habitación, el pie izquierdo al frente, el otro atrás, le arroja con fuerzas una leña encendida que se estrella un poco por encima y a la izquierda de Emilio, entre él y la puerta, mientras saltan a los lados tizones encendidos.
** El cuerpo de la mujer que está alrededor de los cuarenta años, y aún mantiene su flexibilidad lo tiene pronunciadamente echado hacia adelante, la pierna izquierda flexionada por la rodilla, conserva todavía el brazo derecho rígido lanzado hacia Emilio a pesar de haber arrojado ya la leña. Lleva el pelo muy corto peinado sobre la nuca y, aunque siempre mostró un aire severo, adusto, ahora se la nota envejecida y doblegada por el largo encierro en el que ella debe afrontar todas las tareas de la casa y se siente mortificada al presentir que está envuelta en la historia.
** La cara de Emilio trasluce el susto que le causa el verse sorprendido en su intento de fuga y sobre todo al comprender que su madre le arroja la leña encendida que comienza a desintegrarse encima de su cabeza.
** Entre los detalles de la lámina saltan a la vista el grueso pasador de hierro que tranca la puerta por el lado de adentro, el polvo fino y oscuro que se ha depositado sobre todas las cosas y que el abatimiento de los habitantes de la casa no permite limpiar, además del envejecimiento que hay en la forma de vestir de los personajes (lámina cincuenta).
** El contador de cuentos comprime cada vez más sus silencios a medida que crece la tensión de la historia y en él corro que le rodea ya no se escuchan cuchicheos y la gente no cambia de posición con tanta frecuencia. Los niños están sentados en el suelo, los mayores en los bancos cercanos y otros permanecen de pie los ojos fijos en las láminas, sin tener en cuenta a quienes pasean por los senderos de la playa y los integrantes de la banda, que siguen llevando crespón negro en sus instrumentos en recuerdo del compañero muerto, aun cuando ya tienen un integrante nuevo que toca la tuba, están pendientes del director, batuta en alto, a punto de darles la orden para comenzar una nueva ejecución.
** El segundo movimiento del Concierto para Orquesta de Bela Bartok se inicia con unos pocos compases a cargo de un instrumento de percusión. Luego van apareciendo en pares y en forma consecutiva los fagotes, los oboes, los clarinetes, las flautas y por fin las trompetas con sordinas. Al fondo se escucha primero el golpe del bombo y luego, siempre en segundo plano, los instrumentos de cuerdas, pero sin restar nunca primacía a los de viento, cuando de pronto, como si el director dejara caer flácidamente los brazos a los costados, el sonido languidece gradualmente, decae y el tocadiscos se detiene.
** Emilio mira a su alrededor, el aparato está apagado, prueba el interruptor una, dos veces, se ha cortado la corriente eléctrica. En la oscuridad va a tientas hasta la puerta, la abre y se dirige hacia la escalera, ¿qué pasó, quién apagó la luz? Abajo está su madre que ha encendido ya una vela, pienso que fue ella, tan cansada está de mis discos, hoy me gritó tres veces que pusiera más despacio la música, y si no escucho música voy a terminar volviéndome sordo en este encierro, en este silencio.
** Se cortó la luz, no sé si debe ser nada más que en casa o en todo el pueblo, aunque acabo de revisar los fusibles y todos están bien, tenemos que esperar Agustina y mientras tanto arreglarnos como podamos, Isidro se dirige a Emilio que sigue parado en lo alto de la escalera, con su pantalón celeste corto, sería bueno que te vistieras para bajar a cenar, no quiere decir que por observar estas medidas de seguridad, por si es una epidemia, te vuelvas un salvaje.
Sí, papá, voy a vestirme, en la voz de Emilio hay una aceptación fatalista, sin embargo no lo hace, baja las escaleras, pues vestirse significa buscar una ropa adecuada y todo está oscuro, como la ropa que se lava y se seca en la sala, en la cocina, se la tiende en cualquier lado y esta reclusión, la falta de sol y aire, le han dado un color triste, a veces gris, a veces amarillento, al tiempo que todo se ha impregnado de este olor a encierro que hay por todas partes, no quiero vestirme así, no vale la pena.
** Cierro los ojos y se forman ante mí dos bóvedas negras, de oscuridad, donde viajan enormes manchas rojas, se alejan, se acercan, a veces estallan y se derraman sobre mis ojos, no quiero abrirlos, me duelen, tengo miedo que se hayan quemado bajo este sol del mediodía. Miguela, estoy ardiendo, dejame entrar bajo la sábana de tu cama.
** Miguela no está, estoy solo, inmovilizado en medio del lago, sin fuerzas para bajar de nuevo del bote, zambullirme en el agua, colgarme de la borda y aprovechar esa pequeña, diminuta sombra que se forma entre la canoa y el agua.
** Con una mano entonces, se moja la cabeza, la cara, mantiene un rato largo la palma cargada de agua adelante de los ojos, hasta sentir que el calor de los párpados y la presión alivian, luego se moja el cuerpo, pero sin tocárselo directamente pues el sol le ha quemado y toda la piel le duele.
Emilio está semidesnudo tirado en el fondo de la embarcación, dormido por el cansancio o en estado de semi inconciencia por la insolación, el bote permanece inmóvil en la quietud total de la superficie del lago.
** Después de escapar de su casa, Emilio tomó un bote y, desafiando el viento y la tormenta de la noche, procuró cruzar el lago, la única vía segura de escape que tenía (lámina sesenta y dos).
** Durante muchas horas luchó por ganar la otra orilla teniendo en su contra no sólo el viento, sino también el oleaje, haciéndosele pesado ir en contra de estos dos elementos, además de soportar la persistente lluvia (lámina sesenta y tres).
** En esta lucha pierde los remos (lámina sesenta y cuatro) y se queda a merced del oleaje sin poder dirigir la embarcación que es arrastrada hasta el centro del lago. Allí le sorprende el día (lámina sesenta y cinco) cuando la tormenta cesa, sale el sol y sobreviene una calma absoluta.
Toda la mañana permanece aquí, zambulléndose de tanto en tanto, hasta que la fatiga es más fuerte que él y se abandona a su suerte. Además, ningún pescador ha salido al lago, nadie lo navega, en el pueblo todos están muy ocupados enterrando a sus muertos (lámina sesenta y seis) o sumidos en el dolor (lámina sesenta y siete).
** El sol comienza a secar sobre su cuerpo el agua con que buscó refrescarse hace un momento, fue peor, no debo repetirlo, escapé de aquello y tendré que morir aquí achicharrado. Sé que el lago tiene una pequeña corriente que se dirige hacia el oeste, por lo tanto navego, muy lentamente, es cierto, pero tengo que moverme, espero poder llegar a algún lado seguro antes que termine conmigo el sol, antes que me quede ciego definitivamente.
** Se incorpora y mira por encima de la borda, nada más que un círculo brillante, como un pequeño horizonte a su alrededor, una línea de luz más allá de la cual no se sabe si se prolonga el lago, si está la playa o el pueblo, nada más, me arden los ojos, tan secos los tengo que ojalá pudiera tener algunas lágrimas.
** Se deja caer de nuevo, de cara al fondo del bote, siento que me adormezco, no, no es sueño, me alejo, simplemente me alejo, qué hermoso es ir perdiendo el sentido de las cosas, las sensaciones de mi cuerpo, hasta de lo que me sostiene. Ahora me voy, que nadie me detenga, estoy tan lejos. Un suave golpe le despierta pero no desea abrir los ojos, ahora hinchados bajo los párpados, siente su redondez, el dolor que le causa lo secos que están. Pero un aire fresco le llama la atención, quiere decir que ya no estoy al sol y abre los ojos lentamente.
** Encima de su cabeza ve la copa de un sauce llorón y el cielo está tan azul como se pone después de un rato que entró el sol. Recorre con la vista, lentamente, las ramas del árbol, entonces quiere decir que la corriente me llevó hasta la otra orilla. Es cuando ve que en una rama hay dos pájaros negros observándole, volvieron, no podían dejarme, piensa, no puede hablar tan dolorido se siente.
** Los pájaros permanecen inmóviles (lámina sesenta y ocho) Emilio se duerme, mientras tanto cuídenme, hasta que me ponga bien, pues todo está destruido y debemos comenzar de nuevo en cualquier otro lugar.
** Miguela está con los ojos muy abiertos fijos en la lámina que ejerce sobre ella un fuerte poder de atracción, tanto que no percibe que el hombre se ha callado y le pide que se retire un poco más atrás ya que está tapando a los chicos sentados en el suelo. Entonces Emilio se inclina sobre su hombro y le habla al oído.
** Abrime, abrime por favor un minuto nada más, la boca pegada a la ranura central, habla en voz baja esperando que Miguela pueda oírle desde adentro, después que la despertó golpeando el cristal con una piedrita que recogió en la calle mientras venía.
** Miguela, del otro lado, le mira haciéndole señas de que está loco y le pregunta qué quiere o eso es lo que le da a entender moviendo los labios de manera muy pronunciada y por fin abre la ventana sintiendo que entra una ráfaga de aire frío.
** Dejame entrar nada más que un rato que quiero hablar contigo, justo a esta hora, no sé para qué viniste ni qué pretendés, estás loco, me da miedo lo que estás haciendo, sin embargo me deja entrar o por lo menos no se opone cuando me trepo a la ventana, paso primero la pierna derecha, luego la izquierda y entro.
** Afuera hace mucho frío, Emilio cierra la ventana, por eso te pido que me dejes entrar aquí un rato, no voy a hacerte nada, no tengas miedo, no voy a hablar fuerte de modo que nadie se despierte, nadie sabe que estoy aquí, nadie va a saberlo nunca, te pido que me perdones todo lo que estoy haciendo.
** Emilio se sienta a los pies de la cama, Miguela hace lo mismo, pero en el sitio en que estaba acostada, recoge las piernas sobre el pecho y se cubre con la manta mientras le mira a Emilio que ahora se encuentra indeciso, perdió todo el ánimo de hace un momento cuando golpeó la ventana y por fin la empujó y entró sin que ella le dijera nada.
** Son más de las doce y hace rato que nadie transita por las calles, no sólo por la hora sino también a causa del frío y la llovizna que comenzó a caer al mediodía, sin embargo vos viniste, hasta aquí, desde tu casa, caminando, no, en bicicleta, está allí afuera, nadie se dio cuenta, estuve hasta ahora sin poder dormir, dando vueltas en la cama, estás loco, estás loco. ¿Y si papá se despierta?
** Emilio se reanima entonces, se vuelve hacia ella poniendo una pierna doblada por la rodilla sobre la cama y están cerca, su mano sobre el pie de Miguela que lo siente abajo de la manta, donde debe estar tibio, abrigado, como todo el resto de tu cuerpo, dejame entrar abajo de la manta y estar contigo en la cama porque tengo frío.
** Miguela no contesta y le mira fijamente a Emilio que está frente a ella, muy cerca, tiene el gesto suavizado a causa de la luz que se filtra a través de los visillos de encaje filet donde han bordado ramos de flores en un florero. El pelo largo, lacio, con iridiscencias rojizas le cae sobre los hombros, los ojos claros tienen un aire de tristeza. La mano de Miguela sale de entre las sábanas y busca la mano de Emilio, está muy fría, tiembla ligeramente, no digas nada, no me preguntes tampoco porque no sé cómo me siento en este momento, estás confundida, porque ¿qué te decidió venir así esta noche, si sólo somos amigos?, amigos de toda la vida, nos llevamos siempre muy bien, ¿no te parece razón suficiente para venir y pedirte que me dejes estar contigo abajo de la manta? Miguela, yo también estoy temblando.
** Entonces Miguela le pasa la mano sobre el pelo, ordenándoselo a los lados y luego se inclina hacia adelante y roza con sus labios la boca de Emilio. Él, como si esperara esta señal, se desnuda sin dejar traslucir su nerviosismo y se queda parado al lado de la cama, un instante, hasta que Miguela le abre la manta y le indica que entre. Le ayuda entonces a deshacerse del camisón y siente bajo sus manos su cuerpo tibio y lo aproxima al suyo, mientras la besa, la acaricia, lentamente, no tengas miedo, no te preocupes Miguela, no ahora que tenés que ayudarme, por favor, es la primera vez, vos siempre supiste más cosas que yo, pero ahora vamos a tener que descubrir juntos todos los secretos.
** Aparece entonces una lámina que, equivocadamente fue traspuesta, está dividida en cuatro cuadros y describe la huida de Emilio de su casa, pasada ya la medianoche. La anterior a ésta describía cómo después de acostarse no logró conciliar el sueño, y las horas que pasó en su cama dando vueltas sin poder dormir.
** Hacia la media noche, abre la ventana cuidadosamente, como se ve en el primer cuadro. Toda la tarde hubo tormenta y ahora queda soplando un viento sur muy frío mientras cae la llovizna en forma continuada. En la ilustración se ve que Emilio ha abierto la ventana y con trozos de madera crea pequeñas trancas para mantener las distintas hojas abiertas de modo que el viento no las golpee y despierte a sus padres que no sospechan su actitud.
** En la segunda lámina, Emilio sale por la ventana. Está colgado del alféizar, las piernas ligeramente abiertas por causa del esfuerzo y mira hacia abajo midiendo la distancia que debe saltar. Contrariamente a su costumbre, ahora viste de oscuro para no ser visto en la noche y pasar mejor desapercibido aun cuando no piensa ser descubierto a causa del mal tiempo que hay esta noche.
** En la tercera lámina Emilio acaba de saltar, está aún en la posición que cayó, el cuerpo encogido sobre las rodillas y con cuyo movimiento amortiguó el golpe y el ruido. Con un pie ha roto uno de los malvones que su madre colecciona en el jardín pero Emilio aún no lo advierte, los brazos ligeramente separados del cuerpo, como las alas de un ave a punto de volar, acompaña así todo su gesto.
** En la cuarta y última lámina aparece Emilio alejándose de la casa, corre ligeramente agazapado buscando así empequeñecer su volumen de modo que su cuerpo, aún vestido de oscuro y muy difícil de distinguir en la noche sin claridad alguna, pase desapercibido, por si alguien, algún curioso, alguna persona inoportuna, pudiera verle. Al fondo aparece la casa, una de las pocas ilustraciones que la muestran por el lado de afuera y donde se ven las dos plantas, el muro alto que termina en una imitación de almenas y las dos torres en que culmina por un lado la casa y que contiene en su centro la puerta principal de entrada. Emilio es esa mancha negra, acurrucada, que aparece entre los dos eucaliptos y al fondo, el lago con olas muy encrespadas a causa del viento y la tormenta.
** El primer ruido es como un trueno prolongado, que se extiende por un momento en la noche, pero que en vez de producirse en el cielo, se estrella a lo largo de la casa. Emilio se levanta de la cama de un salto ante la sorpresa del ruido, abre la puerta de su dormitorio y baja las escaleras dando saltos.
** ¿Qué pasa? ¿qué es ese ruido?, sus padres están parados mirando hacia el lado de donde vino el ruido, los cuerpos tensos en su gesto de atención y de espera cuando se produce el segundo, aunque ya no tan firme y homogéneo como el primero, sino en forma más desordenada. Emilio, quedate tranquilo, parece que están apedreando la casa, Emilio también se detiene y oye las piedras estrellarse contra las paredes, las puertas cerradas que crujen, las celosías que protegen los vidrios, ninguno se rompe.
** Voy a traer la escopeta, Emilio sube de nuevo dos escalones cuando su padre le detiene, no traigas nada, y menos armas de fuego, no sabemos quiénes están allí afuera, ni qué quieren ni por qué lo hacen. Van a matarnos, Isidro, quedate tranquila mamá, ya se van a ir, total no pueden entrar, antes tendrían que romper todos los pasadores de hierro que trancan puertas y ventanas.
** Agustina, quedate tranquila, y la mujer se sienta en un sillón, oculta la cara entre una mano y el respaldo para llorar primero en silencio y luego se vuelve más nervioso su llanto hasta que siente la mano de su marido apoyándose en su cabeza, pidiéndole calma, tranquilidad Agustina, no corremos ningún peligro, y para demostrártelo voy a salir a hablar con ellos. Isidro, no salgas, le detiene tomándole de un brazo, el hombre se vuelve hacia ella, la calma, la tranquilidad debemos mantenerla, otra cosa no podemos hacer.
** ¿Qué busca esa gente?, ¿por qué nos acosa?, ¿qué culpa tenemos de todo lo que sucedió?, Emilio lentamente comienza a regresar a su dormitorio una vez que los ruidos de las piedras empiezan a disminuir y luego cesan por completo. Afuera se ha hecho de nuevo el silencio. Nada, nada tenemos que ver, el único error debe ser que yo como médico, no puedo explicar las causas de sus muertes y por lo tanto no puedo curarles, cómo explicarles que nosotros no tenemos la culpa ni de que se mueran ni de que sea imposible salvarles.
** Es cuando el pueblo llega a la casa, decidido a matar los pájaros negros de Emilio después de atribuirle a estos animalitos una relación con la muerte de los pobladores que nadie puede explicar (lámina sesenta y uno).
** En láminas anteriores se ven las tres noches consecutivas que el pueblo se acercó a la casa para apedrearla, después de haberla dejado sin luz ni agua.
** Al cuarto día, ya no se detienen los pobladores frente al edificio y llevando faroles buscan forzar puertas y ventanas, pero ante su sorpresa descubren que la casa está abierta (lámina cincuenta y nueve) y su interior está totalmente abandonado (lámina sesenta).
** Se dirigen entonces a la jaula y éste es el momento que describe la lámina sesenta y uno. Es un grupo grande, difícil de contar las cabezas porque el dibujo se vuelve difuso a los costados ya que el ilustrador quiso además describir el efecto causado por la luz de los faroles, el deslumbramiento que hay en el centro y la oscuridad que va aumentando hacia los bordes. Hay hombres y algunas mujeres, no todos llevan faroles, pero sí los necesarios para iluminar la escena. Algunos van armados de palos y dos o tres llevan escopetas. Están en este momento parados todos frente a la gran jaula hexagonal, la puerta abierta y adentro no hay ningún pájaro, algunos de los columpios están rotos y en los nidos construidos con paja adentro de cajitas de madera hay desorden y se nota que el lugar hace tiempo fue abandonado.
** El piso de la jaula está sucio, hay hojas secas, tierra y papeles manchados de barro que arrastró el viento. Y un detalle curioso, entre la basura se ven dos sapos sorprendidos por la llegada de tanta gente y la repentina claridad. La puerta está totalmente abierta y abajo se ve que a su alrededor ha crecido el césped y alguno que otro arbusto se ha enredado en la malla del alambre, señal de que la jaula está abierta desde hace ya algún tiempo.
** Los ojos grandes, brillantes, desorbitados de los sapos le atraen poderosamente la atención y Emilio se queda mirándolos fijamente, mientras a su alrededor la gente ha comenzado a dejar billetes en una caja de madera, sucia, con la pintura descascarada, pero él no cae en la cuenta, hasta que el contador de cuentos comienza a liar sus láminas. Primero las plancha con las manos, busca que todos los bordes estén iguales, pero no se preocupa en ponerlas en el orden correcto, por eso cada vez que escucho sus cuentos me parecen diferentes porque algunas escenas cambian de sitio y entonces creo que tienen significados distintos. Emilio no le responde, son ya los últimos, saca un billete y lo pone en la caja de madera mientras el contador de cuentos hace un rollo con sus láminas y las ata con una cinta de seda cuyo color va del negro al azul sin olvidar el verde oscuro.
** La toma entonces a Miguela por un hombro y caminan hacia el hotel, es mucho dinero el que le das a ese hombre, Emilio está muy distraído, después de todo vive de esto, caminan lentamente, apenas saludan y aunque es cerca del mediodía sopla una brisa moderada y fresca, la gente hace ya planes para el almuerzo, podrías venir a comer en casa, tengo miedo que hayamos dejado algo en desorden en tu dormitorio y se den cuenta que estuvimos allí esta mañana.
** Entran al hotel donde los mozos están poniendo ya las mesas, hay ruido de platos y cubiertos, mejor te venís vos a la mía, porque después de la comida se van todos a jugar a las cartas y nosotros vamos a poder dormir la siesta. Piden dos helados, se sientan en una mesa, estás extraño, Emilio no le dice nada y mira el lago que se ve a través de los árboles y las hojas de las agaves que rompen la monotonía del césped del jardín. ¿Me escuchaste? Emilio vuelve sorpresivamente la cabeza, arrancado de sus pensamientos para ver que en la mesa de al lado, un hombre anciano acaba, de abrir una caja. Es de metal niquelado y tiene un dibujo encima, en relieve de las ramas y hojas de una enredadera, trazando complicados diseños. Adentro está forrada de terciopelo azul y posee numerosas divisiones. En cada una de ellas hay un objeto, Emilio se incorpora para verlos más de cerca. El anciano le mira y desliza la caja sobre la mesa para que vea mejor su interior, fantástico, son perlas con dibujos encima, nunca las había visto. El anciano retira uno de esos objetos, lo pone en la palma de la mano, son huevos blancos con manchas negras, grises, marrones y violáceas, son huevos de un pájaro hermoso y tengo que regalarlos ya porque se cumple el tiempo y pronto comenzarán a romperse. Emilio no puede ocultar la fascinación que le causa todo aquello, no puedo aceptarlo como regalo, por más que lo quiera, es muy valioso. Hasta que el anciano cierra la tapa, la asegura con una pequeña llave que se la entrega a Emilio, luego la caja, acéptela por favor, pues esta misma tarde debo tomar mi avión, ya he viajado mucho con esta caja y es hora que cambie de dueño. Emilio toma la caja con una mano, la otra la pasa por encima del hombro de Miguela y el anciano se queda mirándoles mientras salen del hotel, van hablando, esta siesta me voy a quedar en casa, si querés podés venir a almorzar conmigo, todavía no sé lo que se puede hacer, eso lo decidiremos un poco más tarde, etcétera.
Asunción, octubre, 1974
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