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martes, 17 de agosto de 2010

VIRIATO DÍAZ-PÉREZ - DE ARTE (ENSAYOS) / Texto: MUSEOS. LA PROPOSICIÓN GODOY - EL PARAGUAY EN LAS BIBLIOTECAS ESPAÑOLAS.


DE ARTE
Obras de
VIRIATO DÍAZ-PÉREZ
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
© RODRIGO DÍAZ-PÉREZ
Presentación del autor por
MANUEL DOMÍNGUEZ y
JUAN E. O’LEARY
Luis Ripoll-Editor
Palma de Mallorca – España
1982 (204 páginas)

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PRESENTACIÓN DEL AUTOR
EL DOCTOR VIRIATO DÍAZ-PÉREZ
No viene al Paraguay a buscar dinero.
Es un esteta. Español moderno con ideas y sentimientos modernos. Amigo íntimo de Moraita, el historiador, amigo de Nackens el caballero sin tacha que prefiere la cárcel a la delación vil; compañero de los intelectuales jóvenes de su patria.
El mismo es muy joven y ha escrito mucho, redactado y dirigido revistas y diarios, traducido y comentado a Edgar Poe, el poeta de los refinados.
Ha estado en París y de allí, pasando por España, ha venido al Paraguay.
De París al Paraguay! Nos ha leído, nos ha conocido desde lejos, y ha simpatizado con nosotros. No encontrará ciertamente entre nosotros los esplendores de la Capital del Universo, pero encontrará hermanos, corazones que le estimen y comprendan.
Es otro Barret, otro extranjero notable. El nos trae el concurso de su inteligencia y su cultura. [MANUEL DOMÍNGUEZ]
“Alon”, 8 octubre 1906.

HERMOSOS ARTÍCULOS.
SIMPÁTICA PERSONALIDAD

Desde hace algunos días vienen publicándose en esta ciudad unos hermosos artículos del doctor Viriato Díaz Pérez.
Nuestra intelectualidad ha saboreado, deleitada, producciones, que revelan un corazón de artista y un cerebro bien organizado y mejor nutrido.
El doctor Díaz Pérez no nos era desconocido. Hace ya algunos años que su firma visitó nuestra mesa de redacción, al pié de notables trabajos, precisamente dedicados al Paraguay, del cual era cónsul general en Madrid. Aparte de estos trabajos de propaganda, habíamos leído otros muchos, de diversa índole, publicados en la prensa española. Y sobre todos estos datos, teníamos las honrosas referencias de amigos que le conocieron en su patria y que nos le pintaban como un perfecto caballero, vinculado estrechamente a lo más selecto de la intelectualidad madrileña.
Sus trabajos últimos no nos han tomado, pues, de sorpresa.
Pero nos han producido la más grata impresión, pues su aparición importa su resuelta incorporación a nuestra hoy pobrísima vida intelectual. ¡Y vaya si necesitamos de elementos de la talla del doctor Díaz-Pérez!
Nuestra enseñanza secundaria y superior, nuestro periodismo, nuestro ambiente social todo, están pidiendo a gritos, la presencia de estos pioneros del trabajo intelectual de estos obreros de la cultura, modestos y laboriosos.
Y el doctor Díaz Pérez es precisamente de los intelectuales que más urgentemente necesitamos.
No es sólo un hombre de letras, un artista, un erudito. No es tampoco un desconocido, de ignorados antecedentes, de esos que a menudo llegan por aquí, sin saberse si acaban de egresar de una universidad o de un presidio. Es un joven español ilustradísimo, doctor en filosofía y letras; pero es, además, un español nuevo, de ideas amplias, ultraliberales, librepensador, republicano. Y pertenece a una distinguida familia, vinculada a nuestra sociedad. Es hijo del distinguido literato y luchador, republicano español, don Nicolás Díaz Pérez y sobrino político del inolvidable maestro de la juventud paraguaya, doctor Cristóbal Campos.
Estamos, pues, de felicitaciones, con tan valioso contingente que se nos incorpora.
Ahora sólo falta que sepamos aprovechar sus servicios.
El gobierno debe incorporarlo al personal docente de nuestro claustro universitario y de nuestro Colegio Nacional. Debe dársele un puesto elevado en la enseñanza.
No cometamos la torpeza de desaprovechar tan valioso elemento.
Como tan ilustrado caballero tiene ancho campo de acción en cualquier parte, si no le solicitamos, es casi seguro que nos dejará, en busca de países más hospitalarios y más prácticos.
No hemos de terminar estas líneas sin ofrecer nuestras columnas al simpático escritor.*
[JUAN E. O'LEARY]
*. 9 octubre 1906. No poseemos el título del periódico en que J.E. O'Leary hizo esta presentación (R.D-P y FD-P).

MUSEOS. LA PROPOSICIÓN GODOY
CÓMO PODRÍA HACERSE UN «MUSEO HISTÓRICO NACIONAL»

Hasta hoy creí tratada definitivamente la cuestión «Museos y Bibliotecas» después de haber abusado del público llenando algunas columnas sobre el tema.
Pero una nota que leo en El Diario me, hace ver que se está en los comienzos. La nota es elocuente. Yo, que en mi condición de extranjero apenas si tengo derecho a hacerme oír, quisiera tener el prestigio o el arte necesario para hacer ver al público lo que las palabras de El Diario representan. Desde luego producen tristeza. Se sabe por ellas que un hombre desinteresado a quien su cultura y posición hizo dueño de innumerables maravillas de arte, de valiosas curiosidades históricas y de una biblioteca notable, ofrece todo ello a su país temeroso de que el tiempo o el azar menoscaben su tesoro y deseando que sea patrimonio y orgullo de sus compatriotas lo que antes perteneciera a él solamente. El hecho no necesita ditirambos. En otro país, un hombre así devendría popular. Pero aquí aparece lo triste del caso. Este generoso donador, que pudo labrar su definitivo bienestar, si en él cupiese la idea de permitir que manos extranjeras usufructuasen lo que a su parecer sólo a su patria pertenece, después de varias tentativas encuentra que su ofrecimiento resulta inútil. Circunstancias políticas imprevistas impidieron el cumplimiento de los trámites necesarios para la cesión. Y he aquí el caso singular de un hombre que espera que un momento de tranquilidad gubernamental permita al Estado aceptar una fortuna!
Ante tal fenómeno volvemos sobre nuestro tema de museos, sin ocultar nuestra opinión que es la de que el asunto es de real importancia puesto que algún día pudiera llegar a ser asunto de dignidad nacional. Urge aceptar esta y otra proposiciones porque urge que el país posea un museo histórico nacional. La idea podría realizarse inmediatamente y sin grandes dificultades.

Veamos cómo.
Aceptando en primer término el ofrecimiento del señor Godoy. Solamente con su donativo habría para organizar un verdadero museo. Y éste sería ya notabilísimo si además el señor Solano López quisiera contribuir a esta obra patriótica incorporando a ella las innumerables maravillas históricas que a su vez él solo posee.
De este modo brillante se iniciaría la obra. Y una vez iniciada, unos cuantos entusiastas la secundarían y amplificarían recurriendo a otros medios que aquí como en todas partes existen. Voy a señalar cuatro fuentes de ellos.
1ª. Las cesiones particulares.
2ª. Alguna excursión hecha a ciertos departamentos -ricos en recuerdos históricos- realizada desde luego por personas para quienes la cuestión honorarios no fuese cuestión.
3ª. El intercambio con otros museos.
4ª. La reunión oficial de todos los objetos que hoy existen dispersos en diferentes centros, por falta de local adecuado.
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Que las cesiones particulares darían un resultado admirable lo prueban los casos del señor Godoy y del señor Solano López. No creo además que se rían únicos. Muchas familias que conservan como resto de esplendor pasado ya, valiosos objetos de arte nacional, ya recuerdos históricos, desearían que estos pregonasen la gloria de sus antiguos en las galerías de un centro oficial. Cuando la cesión de tales objetos implicase manifiesto menoscabo de intereses se resolvería la adquisición retribuida.
Y he aquí que una vez más nos encontramos con la terrible cuestión dinero.
Yo no creo, sin embargo, que ningún gobierno realmente patriótico pusiera trabas a un proyecto culto, por los gastos que pudiese proporcionar. Creo también que nadie recurriría al conocido tópico de «las cosas urgentes».
Cierto es que en países como el Paraguay que vienen levantándose penosamente de un pasado infortunado, existen necesidades apremiantes a que acudir; pero desde el punto de vista de una verdadera moralidad gubernamental, también sería cierto que todo es urgente donde todo está por hacerse. En un estado de cosas semejante las prioridades serían cuestión de opinión. Un gobierno que mirase de modo elevado por los intereses de la patria no se preocuparía exclusivamente del llamado bienestar material. (Tema es éste que como el del espiritualismo en filosofía es y será siempre discutible). Ni el bienestar material es progreso ni el arte o la cultura son cosas ideales y descentradas del vivir físico de hombres y pueblos.
Recordemos el caso de Norte América, país el más práctico del orbe según el común sentir. Gasta hoy tal país, en cultura y arte más que ningún otro. Sus museos son espléndidos. Empléanse sumas fabulosas en conservar las casas en que vivieran los grandes hombres. ¡El pueblo materialista y práctico va haciéndose a fuerza de millones una tradición, una historia documental, y una atmósfera para incubar cultura y arte! Ya no ama exclusivamente al dólar. Su positivismo antiguo se deshace como una leyenda... Desde que Edgard Poe moría allí desconocido y Taine publicaba las ideas de Graindorge, -el inclito productor de petróleos- la conciencia yankee ha evolucionado tanto que hoy no tiene el alma europea muchos más matices que la suya. Las grandes esculturas, los cuadros de Alma Tadema, las bibliotecas y el arte vuelan hacia los palacios norteamericanos. Se diría que un rayo de dulce idealidad había allá descendido de un cielo premiador para recompensar tantos millones de vidas obscuras gastadas en el trabajo.
Saquemos la enseñanza de este ejemplo. No es lo que se hace por el arte y por la cultura, nueva amenización de la vida. Ni el arte es a modo de fruto bello incomible, toda vez que vemos a los mismos pueblos tachados de positivismo comprarle al extranjero ya que no pudieron o no supieron tenerle propio.
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Hablemos de excursiones.
El British Museum, orgullo de Inglaterra, se enriquece todos los años merced a la desidia de las demás naciones. Si el Paraguay no estuviese lejano de la Europa activa, hace ya mucho tiempo, no habría quedado una sola curiosidad histórica en el país. Aún no han llegado por acá esos comisionados que viajan por otros países, arrebatando el arte y los pedazos del pasado que los naturales no saben apreciar. No hay que temer aún por acá a esos enviados «que se llevan los objetos a Londres» pero sí a otro enemigo acaso peor, a la ignorancia. Esta va destruyendo lo que queda por los campos y ciudades del antiguo Paraguay poderoso.
Unas excursiones hechas con objeto de salvar de la desaparición o que aún puede ser salvado, serían del resultado productivos para el enriquecimiento de un Museo. Si un trabajo en este sentido es urgente lo probará un ejemplo: el de la llamada Losa de Yariguaá.
Es esta una famosa piedra (de cuya existencia se habla siempre por testimonio de tercero) citada por varios escritores. Situada según algunos no lejos de la cueva de Santo Tomás, relacionada con tradiciones guaraníes y grabada con caracteres «que nadie ha podido descifrar» aparecía como algo interesante y digno de estudio. Hoy no existe sino pedazos y acaso no existe de ningún modo, según opinión del inteligente viajero y notable mecánico paraguayo señor Sacarello con el cual nos hubimos de avistar antes de hacer cierta excursión.
La piedra se encontraba en terrenos de su propiedad.
Si hubiera habido un museo histórico nacional, la Losa de Yariguaá, hubiera sido conservada en él y hoy existiría.
Como este ejemplo podrían citarse otros que no se repetirían si algunos aficionados mediante varias excursiones, pudieran incorporar a un museo lo que encontrasen digno de figurar en él.
España, tan descuidada en otros tiempos, tiene hoy una Escuela Superior de Diplomática donde después de estudios que en nada tendrían que envidiar a los de cualquier doctorado, se confieren títulos de Archiveros, Bibliotecarios y Anticuarios y con ellos, puestos técnicos en los museos.
Una cosa similar acontece en Francia, Alemania e Italia.
Y ocurre preguntar: tanto gasto ocasionado a los estados europeos para elevar hasta carrera científica la de los antiguos conservadores ¿obedece simplemente a una monomanía, a un capricho artístico? Seguramente no. Una larga práctica ha demostrado a las naciones que el descuido o la apatía en la conservación de sus recuerdos es algo que cuesta caro. Historiadores extranjeros escriben después una historia falseada por falta de pruebas. Surgen leyendas absurdas. Comercian pueblos a costa de otros menos avisados o menos ricos. Urge pues a todo país que tenga historia propia, poseer un asilo donde encuentren amparo los comprobantes de ella.
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El intercambio con los demás museos. Sería este, un medio más de estrechar relaciones con otros países, de las cuales tan necesitado se halla el Paraguay. En Europa, los grandes museos tienen un a modo de Boletín -que a veces es revista importante- en el cual se da cuenta de los trabajos de orden interno. Forman estos boletines una red de intelectualidad. Escriben en ellos eruditos, arqueólogos e historiadores de todos los países, unidos por una especie de ideal común, por un intercambio de saber. Recibiría el museo aquí estas publicaciones y correspondería a ellas con una simple hoja mensual hasta tener Boletín. Mediante el intercambio el museo histórico obtendría objetos, regalos, donativos de todas partes. El Nacional de Madrid tiene objetos de inmenso valor advenidos de esta manera. Tal, el llamado «Tesoro de los indios Quimbayas» enviado por el Gobierno colombiano.
Con mucha más razón podría recibir de toda América valiosos donativos un museo paraguayo. Este podría corresponder fácilmente, enviando colecciones de curiosidades indias.
Tratándose de Europa, especialmente, tendría como garantía el Chaco, ese interesante depósito de cuya importancia en este sentido aún no se ha entrevisto la milésima parte.
Que el intercambio produciría resultados, lo demuestra el dato del Preparador del Museo de Historia Natural. Sabido es que dicho señor tiene entre otras habilidades la de preparar delicados adornos con insectos del país. Una donación de uno de estos caprichos de entomólogo, hecha al British Museum valió al Museo de Historia Natural asunceno, el magnífico ejemplar de Ursus que todos conocen.
En cuanto a lo de la reunión de objetos diseminados por carencia de local, ciertamente aportaría un contingente no despreciable para el engrandecimiento del museo.
Y a la vez sería cosa lógica. La investigación hecha recurriendo a la amabilidad particular, a la visita a tal escuela, a la requisa de tal lugar, más o menos apartado es en extremo penosa. Al que trabaja deben presentársele allanadas el mayor número posible de pequeñas dificultades.
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Teniendo presente, pues, todos los recursos con que podría contarse, no sería aventurado afirmar que si el Paraguay el día de mañana no cuenta con un museo del cual se hable en toda América, y en el que fijen sus miradas los investigadores de todos los países, será por pequeñeces lamentables o indignas de un pueblo que debe tercer su vista fija en el porvenir.
Si las cosas no son oportunas en lo que no se desean, la creación del Museo Histórico lo es hoy, puesto que hoy, más que nunca, se anhela.
No nos ocupemos de la masa indiferente. Hay proyectos que jamás penetran en ella. No todo puede pertenecer al mancomún mental. Ni aún a la pseudo mentalidad brillante y huera. Pero sondeemos las opiniones que deben sondearse. Veamos que piensan los doctor Báez, los Morenos, los Gondra, los Domínguez y aún los mismos extranjeros para quienes esto sea asunto. Y ellos dirán, por los que nada dicen.
Por esto escribimos; deseando que nuestro entusiasmo de extranjero sirva de estímulo a quienes, más que a nosotros, interesará lo que se haga. Y además porque en cualquier otro caso nada se pierde. Antes será infructuosa una semilla arrojada en el mejor vergel que una idea lanzada al viento.
Dr. VIRIATO DÍAZ PÉREZ
(San Lorenzo, XI 1906).

SOBRE BIBLIOTECAS Y MUSEOS
EL PARAGUAY EN LAS BIBLIOTECAS ESPAÑOLAS
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Para don JUAN SILVANO GODOY
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I
Por si hubiera alguien en mi país deseoso de conocer la historia paraguaya y por ahorrar trabajo a los estudiosos, publico estos apuntes que son un plan, un proyecto de estudio ha tiempo ideado y nunca concluido por diversas razones.
Pensaba yo haber reunido la producción antigua y moderna; nacional y extranjera que existe dispersa y olvidada en los archivos y bibliotecas españolas, sobre el Paraguay; y dar cuenta de ella. Dar cuenta por algo más que por una simple catalogación: por la crítica revisora de las obras. Hubiera podido ser este trabajo un a modo de enjeridión o prontuario del investigador sobre el Paraguay, en el que se encontrase registrado lo existente sobre el país, con indicaciones sobre el contenido y méritos de cada trabajo y el lugar donde hallarle. De este plan no quedaron sino apuntes fragmentarios que hoy quiero publicar, precedidos de algunas observaciones, por si aún pudieran ser útiles.
Un catálogo como el de que hablamos sería cosa necesaria. Merced a él, el investigador europeo sabría a que atenerse sobre uno de los países de historia más bella y mal conocida que existen; el investigador paraguayo encontraría su tarea menos áspera; y la historia verdadera, la buena, la que tiene toda la poesía de la verdad ganaría bastante, cosa esta, tan necesaria a mi parecer, como otras muchas de que se habla asidua y tenazmente por personas sensatas.
Porque un pueblo sin historia o con historia deficiente, es como un organismo sin alma. La historia es el pasado y éste, bueno o malo, es la vida, la evolución, y la experiencia: lo único en suma que justifica nuestro presente. Y cuando este pasado que es la historia, fue bueno y honroso y reanimante, calculad hasta que punto no sería obra patriótica la de hacer que un pueblo pudiera reconocerse en sus otros momentos, en los del pasado, entreviendo por encima de la prosa de lo actual, lo que fue, lo que debió ser, lo que pudo ser... Toda esta obra pudiera hacerse fácilmente. Toda su poesía yace bajo el polvo de los archivos.
Por gastado que sea un espíritu, ante una gran biblioteca o -tocando otro punto- visitando los museos célebres, recorriendo las galerías orientales del Louvre; o los salones madrileños de Goya y Velázquez; o ante los santos cárdenos del Greco, etc., enciérrase en sí mismo y vive ese recogimiento educador que sólo se produce frente al milagro humano del arte. Un cuarto de hora ante la Madame Recamier de David, o en la cámara de Las Meninas, o ante el dolor de El Pasmo o añorando el mundo oriental de la Dama de Elche o ante los frescos impresionantes de Humbert en el Pantheon, nos da el sentido de lo proporcional, nos enseñan a ser grandes y humildes a la vez... Del mismo modo, hojeando una primera edición del Quijote; o ante unos Essais, anotados por la mano aristocrática del mismo Montaigne; o frente a una millonada de libros donde no hay deseo humano que no se previera y analizara, se siente mayor respeto para con los hombres; y para con uno mismo.
No se ve al ver estas cosas nada inútil. Ni de nada inútil se habla al tratar de ellas.
Son en Europa las bibliotecas y los museos, dignos panteones del Sentimiento, de la Vida y del Esfuerzo universales. Todo ciudadano puede evocar a su voluntad este Sentimiento y este Esfuerzo si lo necesitare. Cualquiera, desde el batallar bulevardier, puede remontarse en media hora al silencio del Louvre o del Prado, donde calman su espíritu, las placideces del arte supremo. Esto es tan necesario para la vida como tener calles y luces y tranvías. Los pueblos grandes y jóvenes deben tender hacia un progreso integral. Con poder ir muy deprisa de una parte a otra o con tener luz por doquier y que no sea sino para ver la realidad y la grosería humanas, nada se adelanta. Ni aun el espectáculo emocionante de una espléndida naturaleza puede suplir a veces a la nostalgia de lo bello producido, de lo bueno estudiable.
Los que hayan vivido la vida, acaso no natural pero intensa, de Europa, aún dominados por el contacto con la Naturaleza de este continente paradisiaco, sentirán sin embargo un vacío: el del medio sugestionador del combatido Arte. La vida es algo más que el bienestar. A veces es ver lo no visto, leer lo no conocido. Esto no más, aportado acá, esta conquista realizada, y países como el Paraguay podrían devenir paraísos. La Argentina comprendiéndolo así, ha tiempo que trabaja en tal sentido, con laudable tesón. ¡Qué paso no daría el Paraguay haciendo lo propio! Dejemos a los intuitivos el placer de adivinarlo, en tanto indicamos simplemente que una labor de tal género sería decisiva. Hacer cultura y hacer arte puede ser hacer patria poderosa; no pocas veces el arte fue la paz.
Así pues, por difícil que fuere el trabajo en este sentido, por perdidas que pareciesen las energías en pro de él desplegadas, debería ensayarse. La biblioteca es cosa fácilmente agrandable. El archivo, merced a las copias, también. Los museos científicos, en países en los cuales la naturaleza suministre la primera materia, igualmente.
Hay además algo muy útil y sencillo: agrandar lo existente; coleccionar lo disperso. Para esto sería conveniente en extremo la revisión de los archivos españoles. Sería de un resultado utilísimo conocer lo que en España existe sobre el Paraguay. Unos datos en este sentido no darían perfecta idea de ello y sí sólo la inspección ocular.
Son los archivos españoles, no mejores que los de París o los del Vaticano y son sin embargo únicos por su importancia especialísima. Y lo mismo los museos. Aun existiendo el Louvre y el British Diluseum, la sala de numismática de Madrid es única en su género. Yo he visto el Louvre y es algo asombroso; pero en el arqueológico de Madrid hay cosas únicas. ¡Tantos pueblos pasaron por España! y tantos «celtas» y fenicios y romanos y godos y árabes pisotearon su suelo que aún hoy no hay día en el que el arado no descubra restos de las antiguas razas muertas. Esto hace fácil la tarea del coleccionador. Y así, hay otros ejemplos, que explicarían lo que antes decía acerca de nuestras bibliotecas.
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Los árabes dejaron en ellas, la clave de su antiguo saber y de no pequeña parte de su historia. Toledo fue la Sorbona de ciencia oriental -de la que aún pueden consultarse en El Escorial extraños tratados. El imperio español, tiránico si se quiere, fue innegablemente grande. Aportó al mundo las primicias de ignotos mares, de inmensos y desconocidos mundos. Y aquellos españoles, que, como dijo mi amigo Machado, «todo lo ganaron y todo lo perdieron» traían en sus arcas, no sólo el oro codiciado, sino también los mapas y los planos y las observaciones y la historia de los pueblos vencidos. Más tarde, el tiempo que todo lo transforma, se llevó el oro a Inglaterra, a Francia, a todas partes. Y sólo la historia quedó en nuestros archivos. En Simancas, en Sevilla, en Madrid, puede el mejicano, como el descendiente de los Incas o el asunceno saber de sus antepasados, de su vida primitiva, de sus arcaicas costumbres. Además, los jesuitas contribuyeron así mismo a que tales archivos fuesen importantes. Legajos numerosos traídos por ellos, duermen en las galerías archivales desde tiempos antiguos, en espera de la mano erudita que los busque. Aún el ignorante en la materia, como nosotros, ha visto allí en diferentes ocasiones manuscritos referentes al Paraguay. ¡Qué no hubiera encontrado la mirada inteligente de un doctor Domínguez y de otros!
Así pues, para que todo no se pierda, he aquí trabajos a realizar. Los archivos esperan. Ya os diré cuales.
Doctor VIRIATO DÍAZ PÉREZ
(Ex-cónsul general del Paraguay en Madrid)
San Lorenzo, setiembre 1906.

II
Existen multitud de ellos: el Histórico Nacional, en Madrid; el Central de Alcalá de Henares, en dicha ciudad; el de Simancas; el Archivo general de Indias, en Sevilla; el de la corona de Aragón, el Histórico de Toledo y otros sin contar los universitarios.
Mas sólo interesan para la historia de América en general y del Paraguay especialmente por existir en ellos cartas de Indias y documentos relativos a la dominación española, los tres primeros. El de Madrid, el de Simancas y el de Sevilla.
El primero llamado Archivo Histórico Nacional, fundado en 1550, conserva unos 200.000 documentos antiguos, entre los cuales hay muchos sobre sud américa. Cuando la supresión del Ministerio de Ultramar, todas las cajas de documentos sobre las antiguas colonias españolas que en él se conservaban, ingresaron en este archivo. No he de encarecer con otros datos su importancia.
El de Simancas, enclavado en el antiguo castillo y prisión de Estado de este nombre, es realmente notable. Lo creó en 1540 el emperador Carlos V. Guarda tal tesoro de documentos célebres que es visita obligada de multitud de eruditos. Allí entre miles de curiosidades el viajero puede ver el testamento original de Isabel la Católica; las capitulaciones entre ésta y el último rey moro, Boabdil; autógrafos de Ignacio de Loyola; cartas de Fe-lipe II; de María Stuard al mismo, implorando su protección; cartas de Fray Luis, de Cervantes, de Quevedo; de América, del África... De todos nuestros pasados yerros se conservan allí comprobantes; y de nuestras pasadas epopeyas también. La importancia que tal archivo pudiera tener para nuestro tema, lo demuestra el hecho de que el doctor Garay, comisionado por su gobierno para hacer estudios en Simancas, hubo de traer de allí, cientos de copias de documentos relacionados con el Paraguay, sin agotar por esto la materia.
Existen, en efecto, en Simancas planos y mapas valiosos para estudiar la gran cuestión sudamericana de límites. Afortunadamente no ha mucho se inauguró una labor meritísima con la publicación del Catálogo de los mapas que se conservan en el Archivo General de Simancas: sección de «Límites de América», trabajo debido a don Julián Paz («Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos», Madrid, 1897-1900).
Y no es menos notable que el descrito, el Archivo de Indias. No peco de exagerado diciendo que es comparable a los mejores del mundo. Puede considerársele, en efecto, como un verdadero depósito mundial de documentos relativos a la dominación española en América. Fue protector de tal archivo nuestro viejo amigo don Gaspar Núñez de Arce que hizo trasladar a él, lo que había sobre la materia en diversos establecimientos similares.
Desde la época en que quedó constituido este archivo, Sevilla es un centro europeo de investigaciones sobre la historia de la América española. Nada tan justo como que a esta Sevilla de donde partieran andaluces y extremeños para sus aventuras trasatlánticas, y de la que tantas naves salieran para el nuevo mundo y tantas otras desembarcaran de él, se vaya hoy a estudiar un pasado en el que representó tan gran papel.
En este archivo de Sevilla existen planos de las antiguas ciudades sudamericanas. Allí está el Mapa de la entrada que hizo al Gran Chaco, el Gobernador de Tucumán, don Gerónimo Matoaros, en el año 1774, publicado en fototipia por la «Revista de Bibliotecas, Archivos y Museos» (año 1898).
Al hablar del Archivo de Indias, debe recomendarse el trabajo del señor Torres Lanzas (jefe del establecimiento) titulado: Relación de mapas, planos, etc., inéditos, del Virreinato de Buenos Aires (Bolivia, Paraguay, Argentina y Uruguay) existente en el Archivo General de Indias, de 1562 a 1805, publicado en la revista antes citada.

HABLEMOS AHORA DE BIBLIOTECAS.
No he de repetir lo que dije sobre el tema anterior. No son en España numerosas, ni surtidas, en comparación con las de los otros países, pero son interesantes y progresan. Para quien desee datos concretos sobre ellas recomendamos una de las mejores obras que existen sobre el particular, limitándonos a la simple recomendación por motivos fáciles de comprender, tratándose de Las Bibliotecas de España de N. Díaz Pérez. (1) Desde su publicación mucho se ha reformado y progresado. Había, en efecto, en Madrid en 1830, 600.000 volúmenes en tanto había 1.600.000 en París. Poco después de 1885, Madrid tenía ya 1.617.761 entre impresos y manuscritos, más de un millón de folletos y dos millones de documentos sin catalogar. Hoy la cifra se ha elevado enormemente aunque por falta de datos concretos no podemos precisar la exacta proporción. Remito nuevamente a la obra citada.
Las bibliotecas que más importancia tienen para el investigador americano son:
Primera: la llamada Museo-Biblioteca de Ultramar, en Madrid. Forma ésta, parte de un importante museo colonial donde se coleccionan objetos, productos, libros, folletos y manuscritos referentes a las antiguas posesiones coloniales españolas. Es algo más que una ampliación del Museo Arqueológico Nacional. Es un museo de etnografía, historia y «naturaleza» oceánica y americana. Consta de siete grandes salones en los cuales lujosas vitrinas atestadas de reflejos infinitos de arte americano y oceánico dan una idea de las inmensas tierras que España poseyó. Predomina el elemento oceánico por haberse hecho el museo con los restos de la exposición filipina. Se abrió dicho Museo-Biblioteca en 1888 (bajo lo protección de mi inolvidable maestro don Víctor Balaguer, entonces ministro de Ultramar) y en él se coleccionó cuanto se pudo encontrar sobre América y Oceanía. Lo más notable del establecimiento es la sección de manuscritos, sobre la que llamo especialmente la atención pues entre ellos los hay sobre el Paraguay de indiscutible mérito, y según parece inéditos algunos. El extracto bibliográfico que hacemos al final nos evita más palabras.
Segunda: La Biblioteca Nacional de Madrid. Data de los tiempos de Felipe V y es la más completa y lujosa de España. Tiene colecciones inmensas de manuscritos, grandes colecciones de láminas, planos y retratos antiguos y catálogos fáciles de revisión. Hay en ella salas curiosísimas como la cíe «raros e incunables» y la de «ediciones del Quijote». Es esta sala, algo que el espíritu culto que habla español visita con respeto inevitable, sintiendo que se difuminan bastante en él las ideas de patria geográfica.
Tercera: Biblioteca de la Unión Ibero Americana. No cito ésta por no ser numerosa ni selecta. Es antes al contrario una biblioteca modestísima que sin embargo no debe dejar de visitar ningún americano que pase por Madrid. Hablo de ella por consagrar algunas palabras a dicha Unión.
Es esta un elegante centro de carácter oficial, dotado de amplios salones y cómoda biblioteca, en el cual se agita lo más selecto de la buena sociedad americana y «americanista» residente en Madrid. Órgano suyo es la revista del mismo nombre que ya es algo conocida en América y alma de todo en ella el señor Pando y Valle, alentador decidido y animoso de la juventud hispano-americana que trabaja. Su revista que hoy no es sino embrionaria -y ya es algo que revela grandeza- ha publicado en el movimiento intelectual del Paraguay frases interesantes para el mismo.
Pocas son las obras que sobre el Paraguay existen en su biblioteca, y no por creerlas importantes las cito sino por seguir el plan trazado de mencionar las obras que sobre el país he encontrado en España.
Otras muchas bibliotecas madrileñas -algunas importantes- deberían ser descritas a continuación. Las universitarias, la del Congreso, la de Palacio, Ateneo y algunas particulares. Así mismo algunas provinciales notables -Escorial, etc.- y no pocas religiosas. Pero sólo la revisión grosso modo de las más curiosas de entre las 1.500 que calculo existen en España sería un trabajo inmenso. El leer solamente los catálogos de cinco millones de obras que son las que constituyen el fondo de lectura pública en España, hubiera requerido bastante más tiempo del que he poseído, y más voluntad también.
He aquí por qué estos apuntes no son sino el fracaso de un estudio como ya dijimos. Apenas si ha quedado ya de él un pequeño plan, que como tal presento. Viajes y circunstancias imprevistas impidieron que fuera otra cosa, aunque es de esperar que lo llegue a ser algún día en que otros continúen anudando el hilo de este humilde comenzar.
(1) Las Bibliotecas en España en sus relaciones con la educación popular y la Instrucción pública; por Nicolás Díaz Pérez (Archivero-bibliotecario de la Económica Matritense, del Casino de la Prensa, etc., Madrid 1885).
Dr. VIRIATO DÍAZ-PÉREZ
(Ex-cónsul general del Paraguay en Madrid)
San Lorenzo, octubre 1906.

ÍNDICE
Dedicatoria
Presentación del autor: El doctor Viriato Díaz-Pérez
Hermosos artículos
Museos. La proposición Godoy
Sobre bibliotecas y museos
Más sobre museos .
Lo que se verá en el museo
Inauguración de la Academia de Bellas Artes
Visita del obispo F. M. Bristol al Museo de Bellas Artes
El artista Rafael Montesinos
En el Museo Godoi
El pasado que vuelve
Después de la exposición de Bellas Artes
Pintores y escultores uruguayos y paraguayos
Un artista paraguayo
Desaparición de J. A. Samudio
Miguel Acevedo
La caricatura y el lápiz de Acevedo
Homenaje al caricaturista Acevedo
Un estudio sobre pintura y escultura en el Paraguay
Mr. Emilio Chauvelot y su cuadro “2 de julio”
Primer Salón de Primavera
La exposición de Wolf Bandurek
El arte de Magda de Pamphilis
El Dr. Belisario Roldán en el Museo Godoi
Notas no escritas por VD-P pero relacionadas con el tema de este volumen: Biblioteca Americana y Museo de Bellas Artes / La propuesta Godoi / Museos y bibliotecas / Museos y bibliotecas / Visita de Blasco Ibáñez al museo Godoi / Notas de VD-P / Apéndice.
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Visite la GALERÍA DE LETRAS
Amplio resumen de autores y obras
de la Literatura Paraguaya.
Poesía, Novela, Cuento, Ensayo, Teatro y mucho más.

viernes, 16 de julio de 2010

ALEJANDRO GUANES - DE PASO POR LA VIDA (POEMARIO) / EXORDIO de


DE PASO
POR LA VIDA
Poesías de ALEJANDRO GUANES
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
COLECCIÓN POESÍA, 13
© De esta edición:
1997, Editorial El Lector
www.ellector.com.py
Tapa: ROBERTO GOIRIZ
Composición y Armado: GrafiTex
Tirada: 1.000 ejemplares
Hecho el depósito que marca la Ley 94
Impreso en el Paraguay
Asunción-Paraguay 1997 (pp. 124)
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EXORDIO
ALEJANDRO GUANES Y EL SINCRETISMO MODERNISTA.

En su profundo y belicoso estudio sobre Rodó y el modernismo, Juan Santiago Dávalos transcribe un interesante texto de Federico de Onís en el cual éste advierte que en América el problema de las escuelas literarias discurre al revés de Europa, puesto que en el Nuevo Mundo «no se niegan éstas unas a otras, sino que se incluyen».
Agregando: «Los modernistas hispanoamericanos son al mismo tiempo clásicos, románticos, parnasianos, simbolistas, realistas y naturalistas. Muchos mezclan en su obra, en mayor o en menor proporción todas o varias de estas escuelas, con algunas de ellas como predominantes... No es por tanto la escuela, sino la diversidad de escuelas lo que caracteriza al Modernismo Hispanoamericano». (1)
Este exordio es muy importante para captar la compleja personalidad literaria de Alejandro Guanes cuyo sobretono romántico no lo abandona ni siquiera cuando accede al polimorfismo propio del modernismo.
El maestro Raúl Amaral hace la acotación sobre las primeras influencias que gravitaron en Guanes: «...ha tenido en sus comienzos una evidente influencia pos-romántica, con aproximaciones becquerianas, si bien lecturas francesas -la de Musset, entre ellas-le fueron propicias. (Ignacio A.) Pane, en 1.902 lo adscribe a una corriente hispanista, en la que señala la cercanía de Selgas y de Trueba, aparte de la americana de Juan de Dios Peza. La traducción de «Lo que desean las lágrimas» de Catulle Mendés, indica que esos nombres -si es que algo determinaron en él- no fueron más que pasajeros».(2)
No se puede dejar de subrayar la presencia espiritual de E. A. Poe y M. Maeterlinck con quienes coincidió metafísica y psicológicamente.(3)
«Guanes fue un poeta modernista -dice Hugo Rodríguez Alcalá- y hay que estudiarlo dentro de la estética en que desarrolló su arte. Conviene pues averiguar si como poeta modernista ha sido él simple zaguero o un poeta realmente creador que conforme al ideal estético contemporáneo, se esforzó en llegar a la perfección formal conforme a un desiderátum del modernismo».(4)
Alejandro Guanes en nuestro país, ha sido aceptado a libro cerrado desde que publicó su poema: «Las leyendas» (1.909), a tal punto que cuando aparece la Antología Poética de José Rodríguez
Alcalá, éste al presentarlo dice simplemente: «Es el poeta». Repetía la denotación y connotación con que lo había consagrado Manuel Domínguez.
Para demostrarla finta de crítica especializada trascribiremos el juicio de algunos escritores ya por entonces de nombradía y volcados hacia la modernidad cultural empero ayunos de teoría literaria. Justo Pastor Benítez expresa: «Su poesía -la de Guanes- era de ultra tiempo, porque no se afilió a las modas, y múltiple, sin ser irregular, manejaba con fina habilidad de artífice todas las combinaciones de la métrica castellana».(5)
Sinforiano Buzó Gómez -quien era literato- dice lacónicamente: «Es la armonía la nota saliente de su poesía, a la que se agrega la emoción cuando evoca leyendas que guardan derruidos caserones o se sume en las reconditeces del alma».(6)
Y Natalicio González que gustaba historiar la poesía paraguaya anotó lo siguiente: «Sus versos, suaves y transparentes como un rayo de luz, llevaban su propia claridad solar, el estremecimiento del más allá. En sus estrofas se repite el milagro de las siestas paraguayas. Del cegante resplandor de esta hora de luz suma, y de su silencio que la propia noche no conoce, emana una sensación de medroso misterio, como si un dios invisible y temible estuviese presente»(7). Todo lo anterior es un galimatías literario.
Walter Wey -que era un comentador antes que un crítico- es uno de los primeros en filiar a Alejandro Guanes dentro del modernismo. No podría asegurar qué entendía el estudioso brasileño -hombre de buena fe- por modernismo puesto que resulta un tanto antitético proferir que Guanes era de tal escuela o movimiento y «saberlo poco favorecido por la imaginación». Wey -como no puede ser de otra forma- reconoce su profundidad pero acota que le faltaba el don de comunicar «con encanto y gracia su mensaje»(8). Esto es lo que en ciencia se llama «contradictio in adjecto». El Padre César Alonso -tan eximio crítico muchas veces- no «sintonizó» la poesía de Guanes. No le cayó bien su misticismo exótico, lo que parece comprensible dado que para un ferviente católico el saber teosófico es marginal y adjetivo. Lo encuentra además frío y cansador. Si el P. Alonso quiere significar que Guanes es monotonal, razón no le falta.
En su excelente texto para secundaria: «Curso de literaturas hispánicas» Tomo II, el P. Alonso y Juan Manuel Marcos ubican a Guanes entre los «románticos tardíos de postguerra»(9).
Josefina Plá incluye a Guanes entre quienes aportaron rasgos a la configuración del modernismo en el Paraguay junto a Francisco Luis Bareiro, Martín Goycoechea Menéndez, Rafael Barrett, nombres de la primera época.
Dice Josefina Plá: «En el exterior sedimenta experiencias culturales Alejandro Guanes (1972-1925) poeta confidencial de aliento misticista en DE PASO POR LA VIDA (1.936) (10). Alude Josefina a distintos movimientos que llegan del exterior que no son percibidos en su esencia, aclarando que: «sólo se capta de ello lo externo, los complejos formales aislados, que al faltarles el definido impulso interior quedan en la mera resonancia... verbal».(11)
Hace poco tiempo tocamos con Josefina Plá el tema de Guanes y el modernismo. Me expresó lo significativo que fue en él su deseo de perfección formal, la musicalidad de sus versos y la renovación rítmica que aportó. Coincidió con Hugo Rodríguez Alcalá en que la aparición de «Las Leyendas» debió causar un frisson nouveau (estremecimiento nuevo) en los lectores paraguayos.
Manuel Domínguez también resaltó la musicalidad de los poemas de Guanes registrando un dato crítico cierto: «No escribió, que sepamos, un solo verso altisonante, de esos que suplen la emoción ausente con el tono declamatorio».(12)
Teresa Méndez-Faith -crítica ecuánime- dice que Guanes fue: «iniciador de la poesía postromántica y modernista.... integra la generación del 900 cuyos miembros son los verdaderos iniciadores de la cultura paraguaya moderna». (13)
En Alejandro Guanes se da lo que Anderson Imbert considera sustancial en el modernismo, esto es, «una portentosa renovación rítmica. Ritmos de la lengua y, además, de la sensibilidad y el pensamiento. Cultivaron refinamientos nerviosos, sinestesias y morbideces, crisis morales, filosofías antiburguesas y paradojas políticas».(14)
Al referirse a los afanes de renovación formal de nuestro poeta, señaló H. Rodríguez Alcalá la diversidad métrica, estrófica y rimas interiores, que pudo lograr. «Inevitablemente, dice, comencemos con «Las Leyendas»: Versos de 16 sílabas combinadas en estrofas de 8 versos cada una, esto es, en octavas aunque no «reales». Los versos de 16 sílabas terminan en palabras graves, sin excepción, al paso que los de 8 en palabras agudas, sin excepción».(15)
Probó también Guanes el dodecasílabo, descompuesto en hemistiquios de 7 y 5 sílabas.
Sería ocioso hacer los recuentos rítmicos, estróficos y tonales ya realizados por el Dr. Rodríguez Alcalá, dado que su valiosa obra está aún en circulación.
Es más novedoso internarnos en algunos aspectos de la ideología modernista que 1 fluyeron en Guanes: cierto decadentismo, esteticismo, ocultismo, esoterismo, misticismo y espiritismo. Evidentemente, nuestro poeta, abrevó en la doctrina secreta de H. Blavatsky. Guanes en el poema a A. Kardec denuncia el «exicial materialismo». El término exicial (del latín = exitium: destrucción) significa: mortal, mortífero. Era un profundo espiritualista -que no confiaba en la ciencia factual natural. Así lo revela su poema: «Ciencia Ignara». Allí se encuentran versos broncos como: «yo abomino de esa ciencia, de sus dogmas me rebelo. ^Yo sé más! Hay algo en mí / que no acaba con la muerte / que no alcanza el escalpelo / que no corta el bisturí/.
Guanes amaba las palabras incomunes: exicial, dolmen (galicismo), precitos, etc.
Rodríguez Alcalá reprocha a Guanes su magra gravitación sociopolítica como poeta e intelectual de primera línea. Según la óptica de Juan Santiago Dávalos ello hubiera sido imposible en una estética donde lo accesorio, el adorno -que venía del Art Nouveau- era lo esencial: «En fin, acota Dávalos, ¿del espíritu de aquel mundo, no participaba acaso plenamente Rodó? -se refiere a Rodó como uno de los símbolos del modernismo-. Era el mundo de una mansa burguesía, del progresismo de la política romántica y el positivismo liberal. En él, aquella buena gente podía vagar libremente a un idealismo infinito, suspirar cursi-románticamente en ultranzas pseudoplanónicas, era el tiempo del plastrón y la perla, del bigote a lo Kaiser, del corset y las faldas barredoras, antisexy, con un ideal de femineidad que hacía estribar su encanto en su total encubrimiento ...».(16)
En contraposición a lo que piensa Dávalos Noe Jitrik en su abstruso estudio sobre el modernismo afirma: «En virtud de una Revolución Poética se trasgrede lo prohibido, o sea el acceso a la universalidad, cambio que sólo es pensable desde la poética, no, de ninguna manera todavía, del sistema social en su conjunto».(17)
Guanes no fue un común denominador del modernismo hispanoamericano tal vez por su distancia del sensualismo, de un hedonismo expreso y por su SINCRETISMO en materia doctrinaria que se nutrió del cristianismo, del espiritualismo, del espiritismo y del teosofismo. En la medida en que crezca su difusión internacional irá ganando en jerarquía estética.
ROQUE VALLEJOS - Asunción, mayo de 1997

NOTAS
(1) DÁVALOS, Juan-Santiago Rodó, pp. 5, Edic. Universitarias, Criterio, As., 1.968.
(2) AMARAL, Raúl: Escritos paraguayos, pp. 161, Edit. Mediterráneo, As., 1.984.
(3) CENTURIÓN, Carlos R.: Historia de las letras paraguayas, pp. 174 y passim, Bs. Aires, 1.948.
(4) RODRÍGUEZ-ALCALÁ, Hugo: Poetas y prosistas paraguayos, pp. 50, Intercontinental Editores, As. 1.988.
(5) BENÍTEZ, Justo Pastor: El solar guaraní, pp. 118, Edit. Nizza, B s. As. 1.959.
(6) BUZÓ GÓMEZ, Sinforiano: Índice de la poesía paraguaya, pp. 60, Edit. Nizza, Bs. As. 1.959.
(7) GONZÁLEZ, Natalicio: Los poetas del Paraguay, Rev. Guarania, pp. 21, Año V Enero-Febrero N° 2, 1.948.
(8) WEIS, Walter, La poesía paraguaya, Historia de una incógnita, pp. 51, Edit. Montevideo, 1.951.
(9) ALONSO DE LA HERAS, César: Ortiz Guerrero, Antología, pp. 131, Edit. El Lector, As. 1.996.
(10) PLÁ, Josefina: Obras Completas, Tomos, pp. 214, Edit. RP e Intercontinental, As. (S/f).
(11) Ibídem.
(12) DOMÍNGUEZ, Manuel: De paso por la vida, pp. 4, Edit. Imprenta Nacional, As., 1.936.
(13) MÉNDEZ-FAITH, Teresa: Breve Dicc. de la literatura paraguaya, pp. 81, Edit El Lector, As. 1.994.
(14) ANDERSON IMBERT, Enrique: Historia de la L. Hispano-americana, Tomo 1, pp. 398, F.C.E., México, 1.986.
(15) RODRÍGUEZ-ALCALÁ, Hugo: Ibídem.
(16) DÁVALOS, Juan-Santiago: Ídem: 7.
(17) JITRIK, Noel: Las contradicciones del Modernismo, pp. 126, El Colegio de México. México, 1.978.

PRÓLOGO
Decíamos de Alejandro Guanes, con ocasión de su sentida muerte, que desapareció cuando todavía podía producir, con la pureza del gusto ático, las flores más bellas de su ingenio.
Háse dicho que la verdadera poesía es siempre, un pensamiento musical, y así, musical, era cada pensamiento de nuestro lírico. Sus estrofas resultaban intensamente plañideras cuando le daba por imitar las lúgubres armonías del autor de EL CUERVO. Tradujo ULALUME, título del celebrado poema, nombre de la belleza a quien Poe lloró con melancolía indefinible, en su tétrica mansión -una senda de cipreses- a la luz de las estrellas. La versión que corría era la de Carlos Arturo Torres, bardo colombiano, y comienza de este modo:

Los cielos cenicientos y sombríos,
crespas las hojas lívidas y mustias,
Y era una noche del doliente Octubre
Del tiempo inmemorial entre las brumas.
Era en las tristes márgenes del Auber,
El lago tenebroso de aguas mudas,
Ante los bosques tétricos del Weir,
La región espectral de la pavura.

Y dice Soto Hall que "nadie ha conseguido ni conseguirá disputarle a Torres el éxito en esta versión". Soto Hall no tenía noticia de esta bella traducción de Guanes, infinitamente más melodiosa que la de Torres:

Era un lóbrego paisaje: cielos tristes, cenicientos,
Y hojas secas y crispadas por el soplo de los vientos;
Una noche del Otoño, destemplada y solitaria,
De un Otoño inmemorial;
Una noche cineraria, de fantasmas y de insomnios,
Sobre un sórdido aguazal,
Cuyas tétricas riberas, frecuentadas por demonios,
Cruza un hálito glacial.

Y al símil, toda la composición. En cada estrofa, en cada ritmo, nuestro poeta vence al colombiano y trasunta los sollozos de la noche moribunda sobre el sepulcro de ULALUME, la llorada!
Pero las notas propias de Guanes no serán las de Poe. Como nuestras selvas rumorosas, en la penumbra lejana, desleía sus tristezas en cadencias suaves, en sonidos de su alma. No escribió, que sepamos, un solo verso altisonante, de esos que suplen la emoción ausente con el tono declamatorio. En casi todas sus composiciones se siente "la frescura del rocío matinal". En LAS LEYENDAS oímos las salmodias del viento que va jugando.

Con el tul de la llovizna, con las ramas que deshoja,
Con la estola de una cruz.

Y allí habla del hogar que ya no existe:

Caserón de viejos tiempos...
Viejo techo ennegrecido, ¡qué de amores y alegrías,
Y tristezas vió pasar!

Ritmos que evocan todas las cosas que el tiempo anonadó en su fuga... La poesía consiste en hacer pensar en todo, en el Paraíso perdido, en la beatitud soñada.
Y a Guanes le inquietaba el enigma de este mundo incomprensible. Cantó a Allan Cardec, como a un revelador del reino invisible; estudió astrología, quebrantó su mente con la 4a. dimensión del libro de Noircarme, y acabó, como Amado Nervo, por descansar en ideas teosóficas y en la filosofía consoladora de Maeterlinck, indecisa, pero promisora de esperanzas infinitas. Sentenciado por una enfermedad del corazón, semejante al marqués de Bradomin, sonreía a la muerte como se sonríe a una mujer. Su libro favorito, en los últimos meses, era LA INTELIGENCIA DE LAS FLORES, donde admiraba las perspectivas inesperadas y fugaces, al par que el pincel maravilloso. En el fondo, nuestro poeta era un místico armonioso, un sensitivo trascendente, y por serlo, supo intuir en el gran misterio claridades que el materialista no sospecha porque como la flor nocturna de cierto Cactus de los Trópicos, muriendo antes de la aurora, ignora los encantos de la luz, en su destino maldito.
Adiós, Alejandro! -escribíamos. Los que te conocieron no olvidarán la bondad de tu corazón ni tu perfil simpático, y tus versos, dodónico poeta, vivirán siempre en la memoria de los que saben de la belleza suave, inmarcesible.
MANUEL DOMÍNGUEZ - Asunción, enero de 1926.


LA HORA DE LAS LÁGRIMAS
... Su claro azul el cielo torna sombrío,
temblorosas las flores pliegan el broche,
sus lágrimas primeras vierte el rocío…
Del perfumado seno del bosque umbrío,
tenebrosa y silente nace la noche.
.
... El tordo soñoliento cesó su canto,
allegóse al alero la golondrina;
van enlutando al mundo las sombras tanto
y es tan siniestro y tétrico su inmenso manto,
que su tristeza al alma se contamina.
.
... Al beso de la brisa sollozadora,
rutilan las tremantes líquidas perlas
que al caer, taciturnas, la noche llora.
¡Lágrimas! ¡Cuántas ruedan en esta hora!
¿Quién es el que no tiene porqué verterlas?
.
¡SALVE, PATRIA!
... ¡Salve, gentil, encantadora tierra,
salve, Patria querida,
más dulce al corazón y más amada
cuanto más abatida!
.
... ¿Por qué agotados he de ver tus senos,
marchitos tus pezones,
fuentes de vida rozagantes hechos
a amamantar leones?
.
... Sol de trópico enciende tu horizonte
y pinta tus palmares
y viste de crespón multicoloro
tus bosques seculares;
.
... sol de trópico besa fulgurante
tus llanos, tus alcores,
y estallan a su beso tus entrañas
en explosión de flores;
.
... sol de trópico besa tis vergeles
y a sus tibios raudales,
son amor los perfumes de las flores:
y los besos, panales.
.
... ¿Por qué agotados he de ver tus senos,
marchitos tus pezones,
fuentes de vida rozagantes hechos
a amamantar leones?
.
... ¿Por qué he de ver una encendida lágrima
temblar en tus entrañas,
si no hay oculto un cáncer en tu pecho
que muerde tus entrañas?
.
... Es que tu tierra primorosa y fértil,
que tu tierra opulenta,
harta está de la sangre de tus hijos
y del sudor sedienta!
.
... ¡Ah, si me fuera dado de tu frente
disipar las angustias,
en un beso libar todas tus lágrimas
de tus mejillas mustias…!
.
... Yo veré convertido en paraíso
tu jardín hoy agreste,
y veré recamada de guirnaldas
la fimbria de tu veste.
.
... Yo veré levantarse majestuosa
tu frente hoy abatida,
y tu querido pecho desbordarse
en explosión de vida.
.
... Han de besar mis labios cariñosos
tu planta triunfadora
en la senda florida del progreso
¡no hay noche sin aurora!
.
... Hoy, sólo rompe en mi garganta el grito:
¡Salve, Patria querida,
más dulce al corazón y más amada
cuanto más abatida!
.
TU ALMA
“Si es la pupila un espejo
en que el alma se retrata,
los que tienen ojos negros
han de tener negra el alma”.
.
Dijo un poeta y deduzco,
si tal argucia no engaña,
qué pues tus ojos son pardos,
no ha de ser azul tu alma.
.
No quiero decir con esto
que tengas el alma parda;
semejante conjetura
peca por aventurada.
.
Quieran las musas que el bueno
del vate se equivocara:
¡ojalá tus ojos pardos
encubran un alma cándida!
.
Un alma como celaje
flotante de la mañana;
un alma como una aurora,
mitad fuego, mitad nácar!
.
Y pues es muy diferente
la que tus ojos retratan,
no debo buscarla en ellos:
¡esos pícaros engañan!
.
Asómala, pues, hermosa,
hasta tus labios de grana
y déjame delirante
ver en un beso tu alma

RECUERDOS
.
A mi esposa
.
Diez y ocho años há que en tu seno de Anadyomena,
rosa encendida, cáliz de aromas, búcaro ardiente,
de amor y dicha bebí anhelante la copa llena;
por vez primera me harté de mieles adolescente.

Fue una mañana fresca y hermosa de primavera,
coloreados los horizontes de rojas franjas,
de verde obscuro todas las frondas de la pradera,
de oro las pomas almibaradas de las naranjas;

de la alborada multicolores vívidos lampos
anunciadores alborozados de una esperanza,
en tus ventanas, tras de los montes, sobre los campos,
en las planicies de las Misiones en lontananza...

Triste y cansado llegué a tu puerta... Tú me abrevaste
en la alma fuente de tu cariño... ¡Lumbre encendida
fundió la esencia de nuestras almas, y en el engaste
Dios puso el sello de su fecundo soplo de vida!

Cunas y tumbas marcan la huella de nuestro paso,
como jalones blancos y negros. En nuestra senda
flores y espinas... Ya de venturas mágico vaso,
ya de olores los más precitos la copa horrenda.

Y ora el aplauso de la lisonja nos adulara,
ya nos hiriera la maldicencia con su murmullo,
indiferentes a la Fortuna, la diosa ignara,
la frente limpia, como patena, fue nuestro orgullo.

Una guirnalda de albos azahares rodó... Mis manos,
al detenerla, se lastimaron, en sangre tintas
la recogieron: y los azahares frescos, lozanos,
se convirtieron en mil claveles de rojas pintas.

Con los primeros hilos de plata sobre las frentes,
y más que nunca latiendo juntos los corazones,
son tus miradas mis luminarias más relucientes,
y por ti vibra la arpa dulcísima de mis canciones.

Y en nuestro cielo, limpio de nubes, con lumbre plena,
culmina el astro de la esperanza resplandeciente,
que estaba en orto cuando en tu seno de Anadyomena,
por vez primera me harté de mieles adolescente.

GLOSA DE LAS SIETE PALABRAS
I
Pater, dimitte ills: non enim
sciunt quid faciunt.

Señor a cuyas plantas se despierta
la serpiente de fuego;
Maestro de sapiencia, abre mis ojos,
¡dame el conocimiento!

No lo quiero por mí, concupiscente,
ni de egoísmo enfermo:
por seguir tu sendero estrecho y áspero
para amarte lo quiero.
II
Amen dico tibi: hodie meum eris in paras.

Tiéndeme tu brazo diestro,
brazo avenado en el crimen,
que perdonan y redimen
las palabras del Maestro;
arda como Tú en el estro
de Bondad, que te salvó,
mi alma que el crimen manchó
y que se lava en su llanto,
¡oh Dimas, único Santo
que el Cristo canonizó!
III
Mulier, ecce filius tuus.

Por mí lo dijo, ¡oh Padre! Por el pobre
huérfano triste que a tus plantas llora
en la nostalgia de su excelsa patria:
Por mí lo dijo.

No fue por Juan, el que te viera en Patmos
del Sol vestida y a tus pies la Luna
y la diadema aurisolar ceñida
de doce estrellas.

Fue por el nauta que en lejanos mares,
por procelosa tempestad batido,
perdido el rumbo, torna a ti los ojos,
¡Maris Stella!

Por el mortal de ensangrentada planta
que los caminos de la vida huella,
ínclita hija de David soñada,
puerta del cielo!
IV
Elí! Elí! Lanmajha sa bactani.

Si la duda sólo labra
corazón que a ella se dé,
pecho cobarde en su fe
que la esperanza no abra,
no pudo ser tu palabra:
"¿Por qué me desamparaste?"
sino en notorio contraste
con la exégesis del sabio,
debió de exclamar tu labio:
"¡cuánto me glorificaste!".

Si de tu cruz me alejé
y tras el placer precito
sigue el sendero maldito
de la perdición de mi pie;
si en él se extingue mi fe
y corro desatentado
en pos del cielo soñado
de una dicha fementida,
diré al exhalar mi vida:
¿por qué me has desamparado?

Mas si en ardiente piedad,
respira mi pecho infausto
y es mi dolor holocausto
que extingue mi iniquidad;
se expande mi aliento helado,
y mi espíritu exaltado,
Señor, al Padre confío
clamaré entonces: "Dios mío,
Cuánto me has glorificado!"
V
Sitio.

Como roja siempreviva
se abre tu boca, Señor,
sedienta de nuestro amor:
"de ti, ¡fuente de agua viva!"
Mi sed es sed rediviva
de mi inaplacable aspereza:
abrévame con largueza,
que tengo sed de Verdad
y tengo sed de Bondad
e inmensa sed de Belleza.

Por tu sed enardecida,
por aquella sed cruel,
mira a mi alma dolorida,
que está clavada en la vida
bebiendo vinagre y hiel.
VI
Consumatum est.

¡Venciste, Galileo! Dejaste consumada
en un suplicio horrendo tu obra de avatar,
al nublarse en tus ojos la luz de tu mirada,
sumióse el mundo en denso capuz de obscuridad.
¡Venciste, Nazareno!... Es pan de nueva Pascua
Tu cuerpo, rosa mística, pendiente de la cruz.
Al besarte las plantas, queme mi labio el ascua
con que inundaste al águila de Patmos en tu luz.
Venció el Hijo del Hombre... María Magdalena,
los pies besa al Rabino, transida de dolor,
los pies besa al Maestro que una tarde serena
borró con su Palabra tu pecado de amor...
VII
Pater, in manus tuas commendo spiritum meum.

Del ocaso,
del turíbulo gigante
del ocaso, que arde en púrpura
con las preces de la tarde,
con las preces de los mudos elementos,
se alza al Padre
la oblación del holocausto más sublime de los siglos,
la oblación inapreciable
de tu vida,
la oblación inapreciable de tu sangre.

Rásgase el velo del templo,
los sepulcros se entreabren,
y las piedras con las piedras se entrechocan, y los muertos
se levantan de las tumbas...
Como un eco,
en mi boca amoratada y retorcida por las ansias de la muerte,
vibre tu frase, Maestro:
Padre mío: en tus manos
mi espíritu encomiendo.

EL DOMINGO DE PASCUA
A LA MUERTE
(PARÁFRASIS)

Buena amiga, no me asusta
tu obscuridad ni tu nombre,
sé que a tu seno va el hombre
dulce reposo a gustar.
Tu nombre asusta al cobarde
que a la dicha en culto erige;
quien por el deber se rige
llega tranquilo a tu faz.

Negra, horrísona tormenta
el lomo del mar enarca,
y es de ella presa mi barca
desde el puerto que dejó;
a ti va, isla de reposo,
"que en medio el mar de la vida
al marinero convida
con su brisa sin rumor".

Voy a ti, sauce sombrío
el de ramaje doliente,
a abatir la triste frente
que arrugara el padecer;
tras la noche en que me abrigues
lucirá un alba de grana;
tiene la tumba un "mañana";
la cuna tuvo un "ayer".

Blanca virgen misteriosa
de los últimos amores,
novia que en el lecho de flores
ofreces eterno amor,
apresta el tálamo blando
para el amante rendido,
para el esposo oprimido
por la garra del dolor.

Busqué en la ciencia del hombre
la verdad clara y desnuda,
y sólo afanosa duda
halló en ella mi ansiedad;
calme mi sed de agua viva
que esconde tu negro arcano:
obra para mí tu mano
la puerta a la eternidad.

Corro a tu dulce reclamo,
tierna madre cariñosa,
la cabeza pesarosa
en tu regazo hundiré:
el "nephente" que me brindas
es una copa sin heces;
el reposo que me ofreces
no es el sueño del "no ser".

Será para mí viaje
de dicha y encantos lleno,
con el semblante sereno
y tranquilo el corazón,
dejar la arena en que el hombre
en torpe lucha se agita
y a la mentira maldita
fastuoso altar erigió.

Cierre tu piadosa mano
mis tristes ojos al sueño:
sediento de tu beleño,
oigo extasiado tu voz:
contraerán suave sonrisa
mis labios descoloridos,
cuando apagues los latidos
de mi herido corazón.

PRIMAVERA
.
(Versos de la adolescencia del poeta, con
los cuales se inició, obteniendo el primer
premio en un certamen colegial en Buenos Aires).

.
Ensayo, Patria mía, lejos de tu almo cielo,
notas de un pobre canto que tiembla en mi laúd;
el canto melancólico que en hondo desconsuelo
me arranca la nostalgia, mientras tu augusto suelo
despliega de sus galas la nueva juventud.

El dulce paraíso, el que nacer me viera,
se pinta en mi memoria con todo su esplendor;
la aurora de mi vida, mi alegre primavera,
tus bosques encantados, la plácida ribera
en que se miran límpidos, sus formas, su color.

Acaso en esa orilla, tras las graciosas brumas
que el manto de la aurora desprende de su tul,
navega el mismo cisne, níveo bajel de plumas
que yo feliz miraba trazar en sus espumas
la temblorosa estela que copia el cielo azul.

Y al asomar la noche, la triste noche calma,
el soplo de la brisa se impregnará tal vez
del mismo dulce aliento con que embriagaba mi alma
del perfumado aliento que bebe en la alta palma
en la mansión tranquila, feliz de mi niñez.

Gimen en esa brisa la nota, que al poeta
inspiran apacibles los cantos del amor;
florece en su hondo beso la tímida violeta,
y al agitar las ramas su errante ala inquieta,
susupiran los boscajes concierto arrobador.

¡Oh Patria! Cuando pase la nieve de mi invierno,
cuando mis huesos cubra la losa sepulcral,
tus primaveras viertan sobre mi sueño eterno
sus perfumadas flores y con su arrullo tierno
entónenme tus brisas perpetuo funeral.

EN LA PRIMERA PÁGINA DEL
ÁLBUM DE MI HIJA MERCEDES

Lo que el lago al limpio cielo
que se mira en su reflejo,
lo que el soplo fugitivo
de la brisa es a la flor,
será este Álbum en tu vida,
reluciente, fiel espejo,
blando beso que se empape
de tu esencia en su tremor.

Hoy tu vida es un oriente
recamado de celajes
que aún no dora un sol
que oculta con su sombra el porvenir,
y si flor, es un capullo
que la brisa en los boscajes
aún no puede su perfume
misterioso difundir.

¡Alborada! Tiñe el rayo
precursor de la mañana
los celajes del oriente
convivido fulgor;
¡Primavera! En blando beso
roce el aura alegre, ufana,
con sus alas el capullo
primoroso de la flor.

Nunca surquen ese cielo,
nunca manchen su tersura,
ni el relámpago sangriento
ni el brumoso vendaval;
no marchite la flor bella
que entreabre el aura pura
ni el calor del sol de estío
ni la ráfaga otoñal.

Despertad, dulces alondras:
esplendente nace el día
y de trinos y gorjeos
los espacios inundad;
el pentagrama acaricia
palpitante la Amanía:
¡arpas mágicas, sonad!

ÍNDICE
EXORDIO – ROQUE VALLEJOS
PRÓLOGO – MANUEL DOMÍNGUEZ
POESÍAS:
** Las Leyendas / La Hora de las Lágrimas / ¡Salve, Patria! / Allan Cardec / Recuerdos / Glosa de las Siete Palabras / El Domingo de Pascua / A la muerte / A Hiram Cusmanich / Alborada / La Guitarra / Tu alma / En Horas de Angustia / Lo que Desean las Lágrimas (Traducción del francés) / Ulalume (Traducción del inglés) / El Museo / Ciencia Ignara / ¡Despierta! / Primavera / En la Primera Página / Epitalamio / La Ola / En el Álbum de un Turista / Ojos de Rubia / Pájaro Extraño / A mi Cristo / Ocaso y Aurora (Monólogo) / Los Frutos de Oro (Traducción del francés) / Las Palmeras (Traducción del francés) / El Almuerzo / La Serenata del Río / De Olavo Bilac (Traducción del portugués) / In Extremis (Traducción del portugués) / Canción (Traducción del portugués) / Nocturno (Traducción del Portugués) / No Conozco el Amor (Traducción del Portugués) / A Isabel la Católica / La consagración Oficial.
Amplio resumen de autores y obras
de la Literatura Paraguaya.
Poesía, Novela, Cuento, Ensayo, Teatro y mucho más.

lunes, 15 de febrero de 2010

EL ALMA DE LA RAZA. Autor: MANUEL DOMÍNGUEZ / MANUEL DOMÍNGUEZ por RAFAEL BARRETT y Prólogo de JUAN E. O´LEARY

EL ALMA DE LA RAZA
Autor:
MANUEL DOMÍNGUEZ
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
Prólogo:
JUAN E. O´LEARY
Foto de tapa: del libro: “Postales de la Asunción
De Antaño” de Jorge Rubiani (Nov. 2002)
Editorial Servilibro,
Asunción-Paraguay,
2009 (279 páginas)


MANUEL DOMÍNGUEZ
. Amable y fuerte a un tiempo, su estilo, tallado en cortos períodos, facetas de diamante, cada uno de los cuales encierra un hecho o tina idea, hace reaparecer en el conjunto la unidad luminosa del elemento. El positivismo a base evolucionista estaba designado para reducir a este espíritu ordenado y elegante, que tiene el buen gusto de preferir un métodoa una metafísica. Los reglamentos democráticos debían satisfacer a este amante de la libertad pacífica y provisoria. Sibarita del pensamiento, lo estima en lo que a él personalmente le atañe. Aprueba la audacia de la frase o del libro, mejor que la de los estómagos hambrientos. No es hombre de acción, porque adora la acción en semilla de los filósofos tímidos que preparan revoluciones convenientemente póstumas. Muy francés de talento y de aficiones, algo le distingue de Voltaire aprendido de memoria, de Renán a quien venera; de France que le encanta; la ironía exótica nacida bajo este clima natural y político. Los ojos negros, no del todo transparentes, inquietan cuando ríen. El cabello encrespado arroja sobre la frente pálida el misterio de su sombrío oleaje. ¿Pasión? Quizá, pero pasión noble. Es imposible dejar de admirar su genio vigoroso y su erudición honda y hábil, y es también imposible dejar de amar su buen corazón, abierto siempre al amigo como un refugio hospitalario. - RAFAEL BARRETT
.
PRÓLOGO
** De la palabra intelectual se ha abusado tanto como de la palabra escritor. ¿Qué es un intelectual y qué es un escritor? Seguramente que el primer calificativo no ha de aplicarse a todo aquel que, en cualquier forma, ejer cita su inteligencia. Y es de suponer que el segundo calificativo no ha de corresponder a todos los que escriben, a la turba de grafómanos que llena el mundo. Abrigo la creencia de que el neologismo intelectual ha respondido a la necesidad de designar a los hombres que viven la vida de la idea, a los escogidos, capaces de pensar, a los que poseen una cultura que les eleva por encima de la dorada mediocridad. Y, en este sentido, el autor de este libro, incluido por Francisco García Calderón (el Rodó peruano) en el número de los profesores de idealismo, es, sin duda, uno de los auténticos intelectuales americanos, vale decir, uno de los auténticos pensadores de lengua castellana. En efecto, el doctor Manuel Domínguez, no solamente es un erudito que lo mismo enseña Zoología que Derecho Constitucional, es, además, un hombre de poderoso talento, capaz de ordenar sus ideas para formar su mundo interior, aprovechando todos sus conocimientos para organizar su arquitectura mental, pero poniendo en ella el sello de su personalidad.
** Su saber es vasto y profundo. Vasto, porque abraza las ciencias naturales, las matemáticas, la historia, la filosofía, la literatura... Profundo, porque todo cuanto sabe lo sabe como un maestro, no como un mero aficio nado. A sus clases de historia natural han asistido doctores en medicina, ávidos de aprender. Sus estudios jurídicos son únicos en el Paraguay y harían ruido en cualquier foro del mundo. Como historiador del Coloniaje y de los primeros pasos de la Conquista, es autoridad reconocida en todo el Río de la Plata, como filósofo ha tratado de hacer luz en los grandes misterios de la vida, procurando llegar a la verdad por su propio sendero.
** Pero su saber es también ordenado, armónico, unificado. Su talento está por encima de todo, estableciendo una síntesis superior. Por eso no se le escapa el detalle ni se deslumbra ante el conjunto de las cosas, sin ser nunca un comunero ni caer en el mal gusto de las afirmaciones absolutas. Ve la realidad, la domina, interpretando claramente las visiones que ella proyecta en nuestra alma. En una palabra: ha digerido su inmensa lectura, fortificando con ella su pensamiento, pero pensando con su cabeza, sobre todo, pensando, que es lo más difícil y lo menos frecuente entre los que se dicen intelectuales.
** ¿Es también un escritor? No titubeamos en decir que lo es, y de los más originales. Pero debemos decir aquí lo que entendemos por un escritor. Porque escribir, casi todos escribimos. Pero saber escribir y hasta escribir correctamente, elegantemente si se quiere, no es ser escritor. Este debe tener personalidad, debe escanciar su vino en su propia copa. No confundimos la forma personal con el amaneramiento o con la extravagancia, manifestaciones detestables del mal gusto. Queremos que el estilo sea el hombre, como reza la vieja fórmula. Los que no son capaces de rechazar ajenas influencias o no pueden encontrar una forma suya inconfundible, que sea como el molde natural de sus ideas, no saldrán nunca de la turba anónima de los que escriben sin llegar a ser escritores. Nada importa que el estilo sea incorrecto, duro, huoloro o desordenado, con tal que pertenezca al escritor. Este lo será a pesar de sus defectos o por sus mismos defectos. ¿Cómo negar que Unamuno es hoy uno de los grandes escritores de España? Incorrecto, duro, descuidado en grado sumo, expresa sus ideas con notoria originalidad, con un vigor extraordinario. Escribe con la valentía con que piensa. Sarmiento, en su estilo, como en todo, era un bárbaro. Pero ese Facundo Quiroga de la literatura argentina ha dado a nuestra lengua páginas de un colorido asombroso y de tina fuerza insuperable. Alberdi, en cambio, todo pensamiento, no tenía estilo, si no es esto una paradoja. Su forma, incolora, pero transparente, aprisionaba su pensamiento sin disfrazarlo con las flores postizas de la retórica. Su pluma corría bajo el acicate de sus ideas, sin detenerse a pensar en las exigencias gramaticales o en las imposiciones de la ortografía, cosas que él ignoraba por completo, considerándolas una mera preocupación de los tontos y de los desocupados. ¡Y qué escritor fue Alberdi! Pensad en sus Cartas Quillotanas y en algunas de las preñadas páginas de sus Bases. Su estilo es, dice Groussac, como un blanco velo sobre una blanca desnudez....
** Sería fácil multiplicar los ejemplos. Pero basta con los apuntados para aclarar nuestro concepto del verdadero escritor.
** Y es así como el doctor Domínguez es también un notable escritor, cuyo estilo trasunta fielmente su personalidad intelectual. Discípulo de Pelletán y de Lamartine en su primera juventud, enamorado de Valera más tarde, fue buscando su derrotero, siguiendo las huellas de los grandes maestros franceses, desde Renán, Saint Víctor y Anatole France, hasta Voltaire y Pascal, cuyas sublimes síntesis verbales le sedujeron. Pero había en su cabeza demasiada materia prima con que forjar sus propias alas para seguir así ensayando alas prestadas, al querer remontar el vuelo de su pensamiento. Dejó a un lado a los maestros de su primera iniciación en el arte y afirmando en su mano la pluma indígena, todavía cargada de la savia virgen de su selva paraguaya, escribió como Dios le dio a entender, surgiendo, recién entonces, el escritor que aquí proclamamos. Escritor desde este momento, escritor personal, con rasgos típicos, es hoy uno de nuestros literatos más singulares, cuya obra espera la difusión necesaria para imponer su nombre fuera de nuestras fronteras entre los más celebrados escritores americanos. Su estilo cortado en veces, en veces grandilocuente, pero siempre ligero, móvil, lleno de brillo y de energía, sigue el curso de su pensamiento, también rápido y brillante, que solo cuaja en fórmulas breves y precisas, siguiendo la línea recta, conducido por una lógica de hierro. Se ve en él la influencia de las matemáticas. Cierta álgebra preside su elocución. Condensa sus tesis en verdaderos teoremas, que va desarrollando a escape, para llegar a una demostración indestructible. Así en todo. No importa que escriba irla página poética o un alegato jurídico: el procedimiento es el mismo. Su estilo no varía, como no varía la nattualeza íntima de sus ideas. Escribe como piensa y piensa siempre a su manera.
** En este libro encontrará el lector la prueba de todo cuanto afirmamos. En cada una de las monografías aquí reunidas reconocerá al intelectual de verdad y al escritor de buena ley que admiramos en el doctor Manuel Domínguez. Páginas hay en esta obra que contienen materiales para muchos libros. Así el estudio sobre las causas del heroísmo paraguayo, podría llenar varios volúmenes, con solo desarrollar cada uno de los capítulos de que se compone. Síntesis admirable, da en esencia el resultado de largos estudios y nos hace ver en miniatura el maravilloso panorama de un mundo desaparecido. Todo él no es sino la demostración continuada de rola tesis, en la que nada falta, ni siquiera una amarga elocuencia en el decir, que da al conjunto la belleza triste de una elegía, como cuadra a ese canto en prosa masculina al dolor de la raza y a su inmerecido vencimiento. Allí está el intelectual, allí está el escritor. Muchas de las cosas que afirma, otros afirmaron antes. Quizás Alberdi se adelantó a dar esa misma fórmula del heroísmo paraguayo. Pero imposible negar que aprovecha con supremo arte su erudición, sin diluir su pensamiento, guardando siempre la medida y viendo las cosas con sus ojos. Hay allí originalidad. No se trata de alguna de esas glosas desabridas, en la que las citas repetidas disfrazan la ignorancia, tratando de ocultar la aridez mental. Esas páginas vibran. Pasa por ellas el soplo de un espíritu que sufre, que razona, que protesta... que vive; hay allí más que palabras, palpita allí un corazón! Y páginas así, vividas, sentidas y pensadas, no brotan sino de la pluma de un gran escritor.
** ¿Y la Sierra del Plata? El más grande historiador español de nuestro tiempo, Morayta, escribió su elogio, lleno de admiración. Y quien quiera que lea ese trabajo no podrá menos que rendir pleito homenaje al talento de su autor. Esa sí que es una síntesis histórica. No puede decirse más en menos palabras. Es el mayor partido que se haya podido sacar de la lengua castellana. No conocemos en América un ensayo de crítica semejante. Da, indudablemente, la talla intelectual del doctor Domínguez.
** Y notables así son los demás trabajos aquí publicados. Escritos todos ellos al correr de la pluma, en medio de las ingratas luchas de una vida accidentada y no siempre tranquila, tienen, no obstante, un tono de superioridad que, en el peor de los casos, los salva de la vulgaridad.
** Podría señalar muchos rasgos interesantes para acabar de bosquejar la silueta del autor. Pero, para no privar por más tiempo al lector del deleite de leerle, voy a terminar recordando una de sus virtudes de patriota y no de sus méritos de intelectual.
** El doctor Domínguez es todo paraguayo, desde los pies a la cabeza. Paraguayo por entero, pudo escribir este libro, aprisionando en sus páginas el alma de la raza. Como nuestros gloriosos antepasados, es un faná tico de la patria. Ama su tradición y se enorgullece de ella. No puede consentir en las miserias que le atribuyen sus enemigos, ni perdona las claudicaciones de sus hijos descastados. ¡En su patriotismo hay también una lógica de hierro!
Y es un maestro, un verdadero maestro, el único que ha conocido la juventud paraguaya. Imposible tener un dominio mayor del arte de enseñar. No importa la ciencia que explique, sus disertaciones tienen el mismo encanto. Hasta las disciplinas más áridas, como la clasificación zoológica, se impregnan de cierta poesía al pasar por sus labios. En sus clases se aprende sin libros. Y lo que se le ha escuchado una vez no se olvida nunca...
** En otro tiempo y en otro ambiente sus discípulos se hubiesen agrupado en apretada fila en torno suyo, formando tila muralla de corazones, para defenderlo de las miserias del mundo y embriagarse en la música de sus ideas vibrando en la armonía de sus palabras. Pero estamos muy lejos del jardín de Academus y hace rato que las abejas del Himeto no ponen su miel en la lengua de los mortales. La grita de las pasiones ahoga el canto de las musas, y los maestros van por el arroyo, mezclados a la turba irreverente, con la túnica salpicada de barro.
** El doctor Domínguez es un hijo del siglo. Y como tal marcha, con su pesado bagaje de sueños, y de ideas, tropezando con las piedras del camino, hoy aclamado, mañana desconocido, pagando tributo a sus propias flaquezas y soportando el rigor de su tiempo.
** Entre tanto, aquí quedan estas páginas, que vivirán más que él y mucho más que los errores que haya podido cometer y que los odios que hayan amargado su existencia. – JUAN E. O´LEARY. Caacupé, diciembre de 1917
.
ÍNDICE
Manuel Domínguez (Rafael Barrett)
Prólogo
Causas del heroísmo paraguayo
Heroísmo y tiranía
Constitución de 1844
Asesinato de Osorio
Las Amazonas y El Dorado
La Nación
Navegación libre
Instrucción primaria
El asalto del Fuerte de Corpus Christi
El señor Paul Groussac y el desamparo del Fuerte de Corpus Christi
Elelin o "La Tierra de los Césares"
La fundación de la Asunción
El primer problema de los orígenes
La Sierra de la Plata (Primeros pasos de la Conquista)
Prólogo
Una carta del historiador Morayta
I. El Dragón
II. La Cólquide Americana Punto de mira de la conquista por el Oriente
III. En busca del Vellocino. -Alejo García
IV. En busca del Vellocino. - Gaboto
V. En busca del Vellocino. –Ayolas
VI. En busca del Vellocino. – Irala
VII. Los dos dramas. - Los argonautas del Occidente y del Oriente
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HEROISMO Y TIRANÍA
El folleto precedente dio motivo a
una carta del general José Ignacio Garmendia,
publicada en La Nación, de Buenos Aires,
y entonces el doctor Domínguez contestó
en Los Sucesos, de Asunción, lo que sigue:

Señor General don José Ignacio Garmendia
Buenos Aires
Mí distinguido General:
Nadie niega que el Paraguay demostró sublime energía en la guerra ni es posible negar que el patético heroísmo ha de tener su explicación o causa.
Los lopistas encuentran esa causa en López, y lo curioso es que los antilopistas, a vuelta de rugir maldiciones contra el tirano, acaban también, sin sospecharlo, por convertir a López en el único héroe de esa Ilíada.
Esta opinión yo no refrendo, no quiero refrendarla. Creo que el Paraguay fue heroico a pesar de los tiranos; de ningún modo por magnética virtud de los tiranos. Creo que lo fue por razones étnicas, físicas, morales, que nada tienen que ver con López, tiranos ni terrores. Ángel o demonio, con mi explicación, López, con alguna injusticia, quedaba a un lado, y el terreno en que me puse parecía facilitar una conciliación, ya que el héroe de la guerra era el pueblo mismo, no era solamente López. He tenido la gracia de no ser comprendido aquí y veo, para mayor desgracia, que tam-poco usted me comprende bien.
En efecto, usted en amable carta que me dirige desde La Nación de esa capital, encuentra "el origen de la electricidad que dio vida al valor y constancia del soldado paraguayo" en "el terror "que infundía López, "en la disciplina feroz" que impuso a un "pueblo acostumbrado a la obediencia pasiva" por jesuitas, españoles y tiranos. Y en el libro de usted, CAMPAÑA CONTRA CORRIENTES Y DE RÍO GRANDE, usted dice también que "López era el fuego sagrado que animaba" a "aquél ejercito de niños, adultos, viejos e inválidos". ¡Lopismo puro! La avasalladora voluntad de un tirano férreo, empuja y arrastra a un puñado de infelices hasta las cumbres del heroísmo. Usted hace de López un Mitrídates ensangrentado, pero soberbio y estupendo, glorioso a su manera, el único héroe de la defensa ¡el poeta de la guerra!
Pero, si no me equivoco, el folleto mío -CAUSAS DEL HEROÍSMO PARAGUAYO- que usted comenta con gentileza que agradezco, está la refutación de su carta, y en esta creencia recopilo y cifro su contenido en estas líneas que confío a la circulación de Los Sucesos. Añado muy poco, casi nada, y sigo la línea recta brevísima.
.
El terror no puede tener la virtud de convertir a los cobardes en leones. El heroísmo es el esfuerzo eminente, excelso y supremo. El miedo abate, el terror deprime. Voltaire, el fino, lo está diciendo: no se tiene bra vura por temor. El chino teme a su divino emperador más de lo que el paraguayo temía a López, y el comino no es valiente. El terror, a lo más, sirve a veces, por momentos, para matar la anarquía o aplastar al enemigo interior.
Ya sé que la disciplina férrea es condición necesaria de todo ejército, pero no es condición suficiente del ejército ideal. Hay lo que cabalmente se disciplina, la fuerza mecánica interior y la voluntad más o menos fuerte, la energía muscular y cerebral, el motor oculto de la máquina humana. Un ejército de cafres bien disciplinados no ha de tener la iniciativa, la resistencia, el empuje, de un ejército alemán o francés también disciplinados. De dos caballos, el árabe y el lapón, disciplinados de igual modo para el hipódromo, vencerá en velocidad y en resistencia el árabe, por llevar en sí mayor capacidad nativa enterrada en sus huesos, músculos y nervios. Presupuesta la disciplina, hay ejércitos más o menos inteligentes en la guerra, más o menos resistentes a sus fatigas y penurias. Hay en cada variedad de hombres diferente capital guerrero. En fin, en los ejercicios sublimes de la guerra, juega papel muy principal la arquitectura orgánica que se llama raza, y veamos la
RAZA QUE HABITABA Y HABITA EL PARAGUAY. En textos de geografía que corren en el extranjero, en libros y discursos, se dice y repite que la población del Paraguay es guaraní. "RAZA INDIANA DE TERRIBLE BRAVURA" nos llama usted en uno de sus libros. Valera creía que el pueblo paraguayo es guaraní. Goicochea Menéndez intituló GUARANÍES el folleto donde creyendo celebrar el valor de nuestro pueblo, recama el valor del indio infeliz, le adorna con encajes, le embellece con su rauda fantasía. Y en el Paraguay no existe ese fantasma. Este pueblo es blanco, casi netamente blanco. Con Azara que tenía un censo a la vista, pruebo en mi folleto que en el Paraguay había desde el coloniaje cinco blancos por un hombre de color, indio o negro, y en las otras colonias, según Du Graty, había 25 hombres de color por uno blanco. Lo cual significa para quien sabe el capital muscular y cerebral superior que supone el blanco, que la energía étnica del Paraguay era de 5 / 1, frente a la debilidad de sus vecinos cuya expresión era de 1 / 25. Es el fundamento matemático de la categórica afirmación de Thompson cuando dice que al empezar la guerra el Paraguay era "físicamente superior a sus vecinos". El argumento es contundente, decisivo, a favor del Paraguay y con ser tan decisivo y contundente, usted calla el argumento sin oponer otro cálculo, otro censo y otro aserto, al censo del coloniaje, al aserto de Thompson, a los cálculos de Azara y Du Graty.
Pero hay blancos y blancos, y ¿cómo eran los blancos del Paraguay?
Azara afirma con sostenida afirmación, que el paraguayo era más inteligente que sus vecinos, Azara y Demersay que era de talla superior, Demersay y Du Graty que era menos sanguinario y más hospitalario que los mismos. ¡Más blancos, más altos, mas inteligentes, más hospitalarios y menos sanguinarios que los otros! La cuestión no es conmigo, General. Es con Azara, Demersay, Thompson, Du Graty.
Era también más sufrido que sus vecinos, condición tan a propósito para la guerra. "Los naturales de esta provincia del Paraguay son reputados por más constantes en el trabajo que otros ningunos y denominados por eso los gallegos de la América", decía Pinedo al Rey en 1777. Andrés Gelly, antes de la guerra, Mastermann en la guerra, notaron lo propio, en informes y en historias, y un sabio vivo, el doctor Bertoni, dice también que "el paraguayo en los yerbales ofrece diariamente un esfuerzo muscular sin ejemplo en América", y un médico argentino, el doctor Wilde, dice lo que dijeron los demás. Resistencia mayor que la de sus vecinos para soportar trabajos, fatigas y dolores- por culpa de Wilde, Bertoni, Mastermann, Pinedo. Es la virtud que ha de resplandecer en el héroe de la guerra, fibra metálica que no ha de romper la fatiga inenarrable y ha de sostenerle en los combates de siete días librados sin comer y sin dormir, cosa que no se lee ni en Ilíadas, ni en historias, ni en novelas; aliento de Encélado que no quebrantó ni la derrota ni el hambre ni el martirio. Quedamos en que el Paraguay aventajaba a los aliados en inteligencia natural, en talla y en su pasmosa resistencia.
Y porque las cualidades y calidades de una raza o pueblo se explican en gran parte por el medio ambiente, de paso, para no romper el equilibro, tomé en cuenta las causas que se dicen físicas, cielo, luz, aire, agua, suelo y alimento; clima, en una palabra. "Estudiar una comarca es estudiar una nación". Y pongo de resalto que el heredero de los godos en el Paraguay fue sano y fuerte porque se desarrolló en un admirable medio ambiente.
Pero solo hasta cierto punto "el valor y la cobardía son fenómenos físicos". Con permiso de Moleschott; no todo es física y química en el hombre. La raza más noble y más esbelta en el país más bello y más sano del mundo, puede degenerar, afeminarse. Las ventajas combinadas del medio y de la raza son o pueden ser anuladas por la educación, la costumbre, el hábito. Interrogo a la historia del coloniaje y la conquista, y la historia me responde que
ERA GUERRERA LA EDUCACIÓN EN EL PARAGUAY. -Vivir era batallar para el único país americano que desde la conquista hasta la independencia conoció el servicio militar obligatorio. A los datos que doy en el folleto, sumo el testimonio invalorable de Antequera: "Todos los paraguayos son soldados y hasta las mujeres del Paraguay son nobles Amazonas".(1) Y o los muertos no gobiernan a los vivos - fracasa la ley de herencia - o los descendientes de aquellos soldados y aquellas nobles amazonas, han de nacer con un natural bélico, con estrategia ingénita. Después de la independencia "siguió viviendo con el fusil al hombro" (2). El pueblo compuesto de mayor número de blancos, el más hospitalario y el menos sanguinario, es también el más aguerrido de América. Pero con todas esas ventajas, todavía sería poco menos que salvaje si no supiera leer y escribir.
INSTRUCCIÓN PRIMARIA.- "Desde 1860 no había soldado paraguayo que no supiera leer; la Europa misma no ofrece ejemplo semejante", decía un ilustre compatriota de usted, Alberdi, y yo he probado con Azara en la mano que desde el coloniaje había en el Paraguay más escuelas primarias que en el Río de la Plata (3). No necesito decir que aquella instrucción primaria no era ideal, pero tal como fue, era preferible no tenerla.
Pero al país en que casi todos los habitantes sabían leer, el más aguErrido y todo lo demás, le faltaría lo esencial si no tuviera un intenso amor a su independencia. El pueblo a quien no enciende este fuego divino es una masa inerte. Y el Paraguay sentía
IDOLATRÍA POR SU INDEPENDENCIA. -La sintió desde temprano. Creía que su independencia peligraba, antes y después de Rosas, razón más para amarla con delirio. Usted cree que ese fanatismo por la independencia fue cosa que en el pueblo inculcaron los tiranos, y no es así. Es el patriotismo según los tiempos y el medio, resultado de la geografía y de la historia. Fue el Paraguay nación antes que ninguna otra colonia, unidad étnica, con sello propio Cerro Porteño es anterior a los tiranos. El patriotismo y el orgullo nacional crecieron con el aislamiento, que a su vez dice relación con la perpetua amenaza de la invasión extranjera. Nación con frenética pasión por su independencia en que no había habitante sin hogar, tal era el Paraguay al empezar la guerra.
Y tenemos, en resumen, las principales causas étnicas, físicas, morales, que hicieron fuerte al Paraguay.
Usted cree que el jesuita nos acostumbró a la obediencia pasiva, error vulgar que deriva de confundir el Paraguay con las Misiones. El jesuita dominó sobre el indio puro y sin mezcla al sur del Tebicuary, indio que por no haberse cruzado con el español tornó a sus bosques cuando la expulsión de la orden. El colono mestizo en su origen, blanco en seguida, formó el pueblo paraguayo y ese colono, lejos de dejarse dominar por el jesuita, le odiaba cordialmente. Decretó su expulsión dos o tres veces antes que Europa pensara en hacerlo. Cuestión económica encendió el odio del encomendero al jesuita: en perjuicio de los conquistadores y sus descendientes, el jesuita se había apoderado de los mejores campos y yerbales del Paraguay.
Usted entiende que bajo el coloniaje el Paraguay se hacía notar por su obediencia pasiva. ¡Leyenda! ¡Leyenda! General. Lozano comparaba el Paraguay con un mar alborotado, Pinedo le tenía por infiel y rebelde. Fue la única colonia que registró en sus anales una Revolución de los Comuneros.
¿Y los tiranos? Mataron el civismo, pero sin matar las excelsas cualidades del guerrero sin igual del coloniaje.
Parece también creer usted que el ejército paraguayo resistió a la alianza mediante "sus inaccesibles posiciones". Yo ignoraba que el Paraguay fuese un país montañoso, enriscado, inaccesible. Pero sé de todos modos que el hombre vale más que las montañas y los riscos. "Hombres y no murallas defienden las naciones"; hermosa leyenda de las medallas distribuidas a los soldados que entraron en Pekín. Y, en todo caso, sería irrisoria la ventaja del terreno para quien en canoas, cañones lisos y fusiles de chispa, tenía que hacer frente al enemigo que venía con encorazados, cañones rayados y fusiles de retrocarga.
Transemos, dice usted con generoso arranque. Transemos y abracémonos, mi General, digo yo. Paraguayos y argentinos son hermanos en la historia y en la raza, y siempre lo serán. Pero conviene desterrar la creencia de que en el miedo que López infundía y en la naturaleza del terreno, estaba el secreto de nuestra resistencia.
De otro modo, López seguirá siendo el único héroe de la defensa. El doctor Zeballos es menos lopista y más certero cuando dice que sin López "en el suelo paraguayo no hubieran faltado profetas que retemplando en los espíritus el varonil vigor, hubieran proclamado la guerra desde Curupayty al Río Blanco y desde la Asunción a las Altas Cordilleras".
La explicación de usted es en cierto modo peligrosa, es lopismo puro, con la gracia de que se enuncia en son de antilopismo, conviene a los tiranos, mira la apariencia de las cosas, es la de Washburn, una preocupación vulgar. La mía es sana y liberal, no conviene a los tiranos, penetra en las entrañas de la historia, busca y encuentra o cree encontrar el alma de la raza, que ciertamente encarnó en López su voluntad indomable, su orgullo irreductible.
Usted proclama un error psicológico con decirnos que el miedo al tirano hizo valiente al paraguayo, ¡el miedo al tirano realizando el más hermoso milagro del más hermoso heroísmo! Yo entiendo que el raudal del heroísmo brota de fuente más pura que el miedo cobarde a los tiranos. Usted en fin, cubre la cabeza trágica de López con un nimbo de gloria que yo sin desconocer lo que también se debe a aquel héroe de la defensa, doy, principalmente, a mi patria, a mi historia y a mi raza.
Siempre de usted S.S.
MANUEL DOMÍNGUEZ. Asunción, marzo 2 de 1907
(1) Cartas al Obispo Palos.
(2) Centurión: Memorias.
(3) Las Escuelas en el Paraguay.
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