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martes, 7 de diciembre de 2010

JAVIER VIVEROS - DULCE Y DOLIENTE AYER - POEMAS DE AMOR Y OLVIDO / Es un libro de Jakembó Editores, Colección de Poesía Theis Moira / Volumen 9 - 2007.


DULCE Y DOLIENTE AYER
POEMAS DE AMOR Y OLVIDO
Poesías de
Ilustración de tapa: Wolfgang Krauch
Diseño: tercermundo
Compuesto en la tipografía
IM Fell Pica en 10/15 pts.
Es un libro de Jakembó Editores
Colección de Poesía Theis Moira / Volumen 9
Asunción – Paraguay
2007


POR TI
Sólo por ti yo cobraré existencia
y rasgaré los velos de este sueño,
dejaré de ser fláccida entelequia
cautiva tras las brumas de un espejo.
Sólo por ti quebrantaré las redes
que a la no-existencia me sujetan.
Saldré, me escaparé y seré de nuevo
tu amante fiel, tu rey y tu sirviente.

BELLEZA
Tu gran belleza es una batalla
ganada a sangre y fuego y para siempre
al caos del universo inmemorable.

Eres la realidad que me atormenta
la piedra angular de mis desvaríos
la cima de los montes más soberbios
la estrella que taladra las tinieblas.
Eres la luz del sol al mediodía
eres la aurora roja y vaporosa
eres la fría cúspide de un iceberg
eres quien sueña al ser que nos sueña.
Eres un pétalo de la rosa de los vientos
un crepúsculo solferino y solo
una brisa otoñal de lentos pasos
una fragancia somnolienta y pura.
Eres el mirar transparente del diamante
el despertar sombrío de un volcán
el tañido ancestral de una campana
el lamento infinible de algún ave.
Cristal luminoso, fruto encendido,
hoguera viva sobre el Polo Norte
prolífica semilla, vestal áurea,
la melodía azul de las cascadas.
Todo eso eres tú, alma palpitante,
estás omnipresencia, ser ubicuo,
te veo y te presiento a cada instante
pues a mi corazón tú das latidos.

OFICIO DE AMANTE
Te amo durante el día y por la noche.
Durante el sueño y la vigilia te amo.
Y sin embargo el radio del amor
que por ti siento es solo el universo.

IMPOSIBLE
Si la inmortal belleza que te aureola
no hubiese sido como es -tan alta-
quizá hubiera podido con mi pluma
abordar la misión de retratarte.

Pero es tan elevada tu hermosura
y tal limitación hay en el arte
que ni aun con toda la Literatura
podría aspirar siquiera a bosquejarte.

TRÁNSITO DE VENUS
Entre la soledad
-que era un fúlgido sol inconmovible-
y mi esmirriado corazón de tierra
se interpuso tu amor
y hurtó de mi alma la melancolía.

INUTILIDAD DE LAS PALABRAS
Montañas de papel he frecuentado
y mil plumas maté ya en el intento,
en más de cien lenguajes he tratado
de escribir todo esto que por ti siento.
Pero no puede en símbolos pintarse
el inmenso amor que en mi pecho labras,
ni en sílabas insulsas expresarse,
pues para ello no sirven las palabras.

ALGUIEN IMPERA EN MI ALMA
He oído hablar sobre el libre albedrío
y que cada ser forja su destino,
que nada está trazado y que uno es dueño
de sus actos y el rumbo de su vida.
¡Yo no quiero ser libre! Soy esclavo
cuyas cadenas crecen cada día;
de tu mansa hermosura soy vasallo
y por ti vivo en dulce monarquía.

LENGUAJE DE AMOR
Ni Góngora, Cervantes ni Quevedo
me hicieron adorar el castellano
como tú, amada, cuando a los oídos
me susurraste «yo también te amo».

DÍSTICO
Tan solo tu sonrisa contradice
la maldad de este mundo derrumbado.

NUESTRO AMOR
Nuestro amor no constituye una singularidad en el universo,
ni habrá de modificar el curso de la historia,
no lo celebrarán los poetas en sus versos,
ni empapará su nombre con la gloria.

El amor que nos une es muy sencillo,
es corriente y tan simple como el agua,
no eclipsaría a una estrella con su brillo...
pero es puro, es real y eso nos basta.

FRAGMENTOS DE UNA ODA INCONCLUSA
Te vi en la plaza en esta tarde absurda
acomodada en un ajeno pecho
y nuestro ayer común llenó mis ojos.
Fingí no verte. Pasé indiferente.
Porque en mi corazón aún eres mía,
muy mía,
dolorosamente mía.

...y en el centro de mi alma
sobrevive tu nombre,
tus caricias perduran
y lo nuestro es eterno.

NOSTALGIA
Desde que separaste de mi alma
esa su otra mitad que era la tuya
madrugan los recuerdos y me traen
de manera obligada a la vigilia.
Me lleno aún del ayer en que era amado,
sobrevivo en el antes en que amaba.
El pasado vértebra mi presente
y es placebo en la pifia de mi vida.

PUNTO DE INFLEXIÓN
Si el dios sin rostro que hizo el universo
y dueño es de los días y el destino
me otorgara por tan solo un segundo
el poder de trocar un solo hecho
de los innumerables del pasado,
vacilación ni duda habitarían
mi pecho en el momento tan soñado.
No elegiría cambiar lo de Hiroshima
ni la crucifixión del Nazareno,
no impediría una sola guerra
ni las atrocidades de Treblinka.
En mi egoísmo obscuro empantanado
elegiría borrar aquel diálogo
que tú y yo sostuvimos esa noche
bajo la hipócrita luz de la luna.
Mas sé que simplemente es un deseo
y nunca darán curso a mi pedido.

Mi presente es rain. Nada ya importa.
Ya no soy el de ayer y tú te has ido.

ANFIBOLOGÍA DANTESCA
Tú fuiste mi Virgilio:
guiaste mi corazón por el infierno.

DISYUNTIVA VITAL
¿Rendirme ante la pena
o incubar la esperanza
de poder hallar a otra como tú
en el curso tan breve de una vida?

DESBORDAMIENTO
Ahíto de realidad pienso en la muerte
que es todavía una tierra prometida,
una esperanza blanda y un consuelo.

AUSENCIA
La realidad me duele y el presente
es una espina que me horada el alma.



Fuente:
URBANO, DEMASIADO URBANO.Cuentos de JAVIER VIVEROS© Javier Viveros, jviveros@gmail.com
© Arandurã Editorial
Tte. Fariña 884
Telefax (595 21) 214 295
e-mail:
arandura@tigo.com.py
 www.arandura.pyglobal.com
 Setiembre 2009
Arandurã Editorial,
Asunción – Paraguay -
 2009 (102 páginas).


martes, 24 de agosto de 2010

JAVIER VIVEROS - URBANO, DEMASIADO URBANO / Texto del cuento: BOVARISMO DEL ARTISTA CACHORRO


URBANO, DEMASIADO URBANO.
Cuentos de JAVIER VIVEROS
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
© Javier Viveros, jviveros@gmail.com
© Arandurã Editorial
Tte. Fariña 884
Telefax (595 21) 214 295
e-mail:
arandura@tigo.com.py
www.arandura.pyglobal.com
Setiembre 2009
Arandurã Editorial,
Asunción – Paraguay
2009 (102 páginas).
.

¿El campo?
¿Ese lugar donde los pollos se pasean crudos?
Max Jacob.

Para Milady Giménez, literatura y música toda ella.

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CUENTO :
BOVARISMO DEL ARTISTA CACHORRO
-Desde chico luego ya mostró sus inclinaciones extrañas.

-Sin embargo, a mí siempre me pareció normal el nene.

-Eso porque no es tu hijo y no vivís con él. La cosa habrá empezado cuando él tenía diez años y colgó por el alambre, entre las ropas, mi libro de Economía.

-Jejeje, sí. Me acuerdo de tu Samuelson puesto a secar. Un discípulo joven para Duchamp.

-Sí, ñembo Duchamp el nene. No me olvido de esa carta a los Reyes Magos en la que pedía un elefante, "para ser como Valle-Inclán". Después andaba asegurando que quería subir al tranvía con dos leones.

-Eso quería Gómez de la Serna. Creo que son poses nada más, simular excentricidad para llamar la atención.

-Sí, quizá. Pero a mí no me era fácil lidiar con esas cosas. Los libros de literatura le volvían loco.

-Eso ya le pasó a Alonso Quijano y un poco también a la heroína de Flaubert.

-Claro, pero él era muy nene todavía. ¿Te acordás de ese crítico literario que trabajaba en el Ministerio?

-Sí, sí. Claro.

-Bueno, ese tipo me llamó un día. Me dijo que fuera a retirar a mi hijo. Cuando fui, el nene estaba allí con los ojos enrojecidos. El crítico me dijo había ido a desafiarlo a duelo de espadas.

-No puede ser.

-Sí, le pregunté de dónde sacó esa locura y me dijo que de la novela LOS DETECTIVES SALVAJES de Bolaño.

-¿Qué edad tenía entonces?

-Cuando lo del duelo de espadas... tendría sus quince.

-Bueno, tan nene no era.
-No. Pero él nunca practicó esgrima.

-Ah, ya. Eso le daba pocas posibilidades de éxito ante el crítico de aguda lengua.

Sí, escaso lápiz y afilada lengua. En la habitación del nene se encuentran cosas extrañas de todo tipo. Ayer, mientras él no estaba, entré y encontré copias del Código Napoleónico y una guía telefónica de Varsovia.

-Stendhal y La Noche del Oráculo, de Auster.

-Todo eso, a la larga, era inofensivo. Pero esto sí ya resulta peligroso, cruza largamente los límites de la cordura. Ya no sé qué hacer con él. ¿A quién se le puede ocurrir pegarle unas sonoras bofetadas al cadáver del senador yparacariense en pleno velorio?

-Eso lo sacó de aquella pregunta clásica de Louis de Aragón: ¿ya has abofeteado a un muerto? Aunque el ex senador se lo merecía.

-Sí, en eso estamos de acuerdo. Plenamente. Vaya que se lo merecía.
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ÍNDICE
*. EL COBARDE DE LA LÍNEA 31 / TEJU'I / CUANDO UN HIJO EN UN ARREBATO / DE LARGA DISTANCIA / BOOKCROSSERS / LA CHIRIPA / CINTURÓN COHETE / BOVARISMO DEL ARTISTA CACHORRO / MISTERIO JFK / ASUNCIÓN ERA UNA FIESTA.
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Enlace recomendado:
Sobre URBANO, libro de cuentos de JAVIER VIVEROS.
.
Visite la GALERÍA DE LETRAS
del PORTALGUARANI.COM
Amplio resumen de autores y obras
de la Literatura Paraguaya.
Poesía, Novela, Cuento, Ensayo, Teatro y mucho más.

JAVIER VIVEROS - EL COBARDE DE LA LÍNEA 31 (CUENTO) / Fuente: URBANO, DEMASIADO URBANO (2009)


EL COBARDE DE LA LÍNEA 31
Cuento de JAVIER VIVEROS
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
.
EL COBARDE DE LA LÍNEA 31
Sobre la Avenida Mariscal López, el ómnibus de la Línea 31 avanza seguro de su condición de bestia dominante entre la manada de acelerados automóviles. Alguien hace la señal de parada en una esquina (la calle perpendicular es Venezuela o quizá Pitiantuta). El vehículo suspende su marcha y acoge al pasajero. Es Nelson, quien ahora abona el pasaje y ocupa uno de los asientos disponibles. Hay una discusión en ese ómnibus habitado por dos mujeres (la inspectora de boletos y la otra con el celular pegado al oído derecho), un hombre con el quepis al revés, un policía, el chofer y ahora Nelson.

A pesar de la miríada de asientos disponibles, el policía está parado al fondo. El uniformado es pequeño pero también flaco y está escuchando con atención las palabras que intercambian el chofer, el hombre del quepis al revés y la inspectora de boletos (que es la primera en su género en ejercer ese oficio en Paraguay). La batalla verbal, aparentemente, lleva algún tiempo de iniciada. Se percibe tensión en el ambiente, una tensión in crescendo bosquejada por el rugido ascendente del motor en marcha del ómnibus.

Por lo que se puede deducir, el chofer entregó un boleto previamente utilizado al hombre del quepis y cuando la inspectora realizó la verificación se dio cuenta del hecho y se lo reclamó al pasajero, y éste al chofer, en la típica reacción en cadena que suele armarse cuando de la adjudicación de una culpa se trata. El hombre del quepis al revés pagó el precio normal por el boleto y el chofer le dio uno previamente utilizado sin que el primero cayera en la cuenta de ello.

Es muy poco usual que un inspector le reclame algo al chofer, suelen estar ligados -cuando no por la amistad- por alguna suerte de regla no escrita de "cada uno a lo suyo". La inspectora habla ya muy poco y son ahora el chofer y el hombre del quepis quienes se conversan a través de un espejo apenas polvoriento.

El hombre del quepis al revés, ofendidísimo porque recibió un boleto ya usado antes por otro pasajero, grita al chofer que es un corrupto, un ladrón y un sinvergüenza. La discusión sube varios tonos. La mujer del celular ha cortado la llamada o la han cortado del otro lado de la línea; lo cierto es que ya no habla y sólo observa la discusión y asiente levemente las palabras del hombre que lleva el quepis volteado. Nelson está sentado un par de asientos detrás del chofer y no vuelve la cabeza para mirar al que grita a sus espaldas. La perorata proética sigue desarrollándose detrás de su cuello, el chofer contesta con algunas salvajadas no carentes de ingenio. Y el vaso se derrama.

El hombre del quepis salta de su asiento y va directamente a encarar al chofer. Le grita en la cara que es un corrupto y que es un ladrón. La situación se pone más densa, la tensión se hace ya casi palpable. En cualquier momento llegan a las manos. El hombre del quepis es grande, de corpulentos brazos. El chofer sigue conduciendo y responde de vez en cuando, hilvana algunas frases sin mirar al rostro de quien lo llama deshonesto. Y allí se hace presente el policía, el pequeño guardián de la ley se acerca al epicentro de la discusión y, en un español dubitante, pide al hombre del quepis que se calme. Debido a su ubicación, Nelson puede ver perfectamente la escena. También la mujer del celular, que está sentada a dos asientos de distancia pero al otro lado del pasillo.

Súbitamente, en medio del fragor de las palabras, el policía recibe un empujón y el chofer un puñetazo. La mujer del celular grita que se detengan. El policía sujeta al hombre del quepis por detrás y trata de inmovilizarlo. Con la cachiporra en la mano izquierda empieza a pegarle en las pantorrillas. La inspectora es una estatua, Nelson, una montaña de hielo.
.
-Pegame. A ver lo que podés hacer -grita el hombre del quepis al policía-. Si quiero aquí mismo te mato -agrega.

Como la cosa empeoraba, el chofer se sale de su ruta habitual e informa a los "señores pasajeros" que buscará la comisaría más cercana. Sin oírlo quizá, el hombre del quepis se libera del policía con un empujón fortísimo. Victoria momentánea en la batalla desigual. Mientras el policía se reincorpora, el hombre del quepis se dirige a los pasajeros y les enrostra su cobardía.

-Callados allí, sin protestar. No son humanos, ¡son animales!

La inspectora se levanta y dice una palabra que no tiene absolutamente nada que ver con el tema en cuestión. El hombre del quepis se acerca ahora a Nelson y a escasos centímetros de su cara lo llama cobarde.

-Vos sos un cobarde, ella es cobarde. Todos aquí son unos animales que aguantan ser pisoteados diariamente.

El hombre del quepis sigue cerca del asiento de Nelson y continúa hablando. El policía se acerca por detrás e intenta nuevamente asirlo. El hombre del quepis se resiste, el policía está por perder control de la masa de músculos que se mueve con rabia entre sus brazos. El policía mira a Nelson y le hace una seña para que lo ayude. La seña se hace sonora:

-Agarrale, chera'a.

Y Nelson, que se sabe cobarde como un avestruz, desvía la mirada. Aquí no pasa nada. La mujer del celular pide a Nelson, a viva voz, que haga algo, que sea hombre. Pero Nelson, que siempre quiso huir de las peleas, no está en ese ómnibus. Nelson contempla el paisaje que se desplaza a través de la ventanilla, impertérrito, mientras el forcejeo prosigue su alborotado curso. Un hombre acosado por un acto de cobardía es más complejo y más interesante que un hombre meramente animoso. La mujer del celular parece no estar de acuerdo con la frase porque levantándose del asiento, furiosa, grita a Nelson que intervenga, que se mueva, que ayude al policía. Nelson la contempla de reojo y parece reconocerla de algún lugar.

Vueltos una masa de brazos y piernas entreverados como en un cuadro de Picasso, el policía y el hombre del quepis se mueven hacia el fondo del ómnibus; el entrechocar de fuerzas continúa sin resolución. En una esquina, el chofer se ve obligado a detener la marcha, por orden del semáforo rojo. La ocasión es aprovechada por uno de los pasajeros para abandonar apresuradamente el vehículo por la puerta delantera. Cuando Nelson salta del ómnibus ve que el hombre del quepis, ya fuera de sí, patea una de las ventanas y riega los cristales por el suelo. Desde la vereda, Nelson contempla los vidrios desparramados y presencia luego cuando el ómnibus emprende su marcha con su carga demencial.

No es que Nelson fuera una mala persona (al menos no más que el promedio). Era cobarde nomás, así como algunos son rubios o nacen de mal genio. Él era cobarde, había aceptado ya ese hecho y había aprendido a vivir con ello. De ser cierta aquella afirmación de un inglés de que un cobarde muere mil veces antes de alcanzar la muerte definitiva, Nelson era ya un marmóreo monumento a la Reencarnación. En la escuela huía de las peleas; prefería no contestar los insultos. Los nambíro los pasaba por alto, por temor a tener que cruzar los puños con otro, por miedo a que su anatomía terminara dañada como resultado de una confrontación física.

Al día siguiente Nelson puede ver otra vez a la mujer del celular, la que le había gritado dentro del ómnibus. La ve en la televisión y entiende por qué ese rostro se le había antojado conocido. La mujer del celular -embellecida ahora por la magia fraudulenta del maquillaje- es una de las presentadoras del noticiero y está hablando de la explosión de una garrafa en el Mercado Cuatro. Nelson busca el control remoto para cambiar de canal y detiene su búsqueda cuando oye la siguiente noticia, la que lo deja frío. El viaje en ómnibus del día anterior había terminado mal. Verdaderamente mal. El hombre del quepis había sacado un revólver, de tres balazos había dado muerte al chofer y había también herido al policía en el muslo izquierdo. Se veía en cámara al hombre del quepis, esposado, golpeado y ya sin su quepis. Estaba preso, pero la odisea rutera se había coronado de modo trágico.

-Por lo del problema de tu auto vos estuviste en ese ómnibus, compañera -dice el otro presentador del noticiero.

Y la mujer del celular afirma con la cabeza y empieza a narrar el episodio en todos sus detalles, una profusión de detalles de quien estuvo allí, un lujo de detalles superable tan sólo por la imaginación. Todo lo narra con lentitud y en el relato están el chofer y la inspectora, están el policía y el hombre del quepis. Y también está él, también está Nelson. En el diálogo posterior entre los presentadores del noticiero se usan las palabras "cobarde" y "gallina", y aparecen también las frases "omisión de auxilio" y "negligencia criminal". La presentadora del noticiario, la mujer del celular, dice entonces que conoce al sujeto cobarde, que lo había visto en el programa de entretenimientos del canal, que ya solicitó la cinta a la gente de Archivo y que en la edición nocturna tendría novedades.

Y una vez apagado el televisor, Nelson teme. Y teme con razón. Porque al subir al ómnibus al siguiente día ve un papel con su fotografía pegado a las paredes del vehículo. El título dice "El cobarde de la Línea 31" y se narra abajo, en letras más pequeñas, la historia de su omisión de auxilio y se maltrata su hombría. Y el papel dice que está prohibido que suba, pero el chofer no lo reconoce porque es invierno y Nelson lleva bufanda y gasta gorra. Y entonces Nelson paga el pasaje y recibe una boleta temblorosa. Y se va para el fondo y a la cuarta o quinta cuadra de viaje toca el timbre y baja. Y piensa. Y se siente asediado. Y toma otro ómnibus, Línea 56, y también está allí el papel con su fotografía. El cobarde de la Línea 31. Y la historia en letras pequeñas. Omisión de auxilio. Poco hombre.

Nelson vuelve a su casa, enciende el televisor y ve que es ya una celebridad, una celebridad negativa. Su fotografía la sacaron de una cámara oculta en la que había participado. En la calle Palma, una hermosa señorita preguntaba una dirección a los transeúntes y mientras recibía la respuesta se ponía a gritar como una desequilibrada y se filmaba en primer plano la desesperación trabajando el rostro del que recibió la pregunta. Las escenas luego se pasaban en un programa de humor, en el canal donde la mujer del celular presentaba las noticias. Nelson, que caminaba distraído, había manejado la situación de un modo bastante gracioso; en realidad primeramente se asustó, pero después pareció intuir algo y empezó a imitar los aspavientos de la señorita de una manera tan caricaturesca que la otra se puso a reír. Tuvo sus minutos de fama con ese episodio. Fue el ídolo del barrio durante un tiempo. Y de allí lo había reconocido la mujer del celular. Y con seguridad ella elaboró el papel con su fotografía e hizo distribuir las copias, organizó a las líneas de transporte para darle un castigo moral a Nelson.

Mala cosa esta de tener en contra a los medios de comunicación. El país está habitado de zombis que se nutren diariamente con los rayos catódicos del monitor de televisión. Y Nelson desespera. No podré conseguir trabajo, piensa. En la calle le llaman cobarde. Una piedra rompe la ventana de su casa con el mensaje "Covarde de mierda, te vamos a matar". El barrio, antes pacífico, se vuelve un sitio hostil para él. No podía salir a la calle porque recibía todo linaje de insultos. Pedía el servicio de delivery para su almuerzo, el repartidor traía el sandwich de lomito y al reconocerlo, luego de haber entregado el pedido y cobrado, lo ofendía sin miramientos.

Entonces Nelson decide venderlo todo y marcharse a España, donde tiene familiares. Madrid o Barcelona, poco importaba ya. El objetivo era irse del país, abandonarlo todo y recomenzar. El otro continente le daría la bienvenida. Y así lo hizo. Nelson todo lo vendió, se compró un pasaje y voló a España. Quedaría allí por unos años, hasta que la poca memoria del pueblo paraguayo realizara su trabajo y pudiera hacer nuevamente tabula rasa.
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Tras soportar las inacabables horas de un vuelo transoceánico, Nelson llegó al aeropuerto de Barajas un 31 de marzo. Y le fue peor, pues nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar y no de vida y costumbres.
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Dakar, julio de 2008.
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Fuente:
URBANO, DEMASIADO URBANO.
Cuentos de JAVIER VIVEROS

© Arandurã Editorial

Setiembre 2009
Arandurã Editorial,
Asunción – Paraguay
2009 (102 páginas).
.
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del PORTALGUARANI.COM
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de la Literatura Paraguaya.
Poesía, Novela, Cuento, Ensayo, Teatro y mucho más.

domingo, 21 de marzo de 2010

JOSÉ VICENTE PEIRÓ BARCO - ¿DEMASIADO URBANO? NO: URBANO Y UNIVERSAL. Sobre URBANO, libro de cuentos de JAVIER VIVEROS / SUPLEMENTO CULTURAL de ABC

¿DEMASIADO URBANO?
NO: URBANO Y UNIVERSAL
Sobre URBANO, libro de cuentos
de JAVIER VIVEROS
Por JOSÉ VICENTE
PEIRÓ BARCO
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )


Hubo una época en que a los treinta y dos años uno dejaba de ser joven. ¿Qué se le diría hoy a Mario Vargas Llosa cuando publicó La ciudad y los perros con apenas veintiséis años? Uno está acostumbrado a escuchar y leer que llegó a ser un escritor maduro con la edad de treinta y dos al dar a luz a Conversación en la catedral. Pero estamos hablando de la década de los setenta; de esa donde se luchaba por un ideal igualitarista, con una juventud inconformista.

Hoy en día parece que hay que esperar a los cincuenta años para dejar de ser joven y entonces obtener la declaración de “autor consagrado”. A veces ni eso: a los sesenta. Ni con varias novelas se deja de ser escritor novel en ocasiones. Temo que, si esta tendencia prosigue, dentro de veinte años se escriban ensayos sobre nuevos autores jóvenes residentes en geriátricos. Este afán por verlo todo joven realmente llevó a considerar al escritor chileno Roberto Bolaño como estandarte de la joven narrativa latinoamericana… ¡¡¡CUANDO FALLECIÓ A LOS CINCUENTA AÑOS!!! ¿Entonces Borges?
Debatir sobre esta problemática ocuparía bastantes páginas. Sin embargo, su enunciación ilustra un escenario: el de los autores menores de cuarenta años. Todos jóvenes aunque tengan veinte hijos y hayan sufrido úlceras e infartos. También se puede divertir el lector cuando alguno de ellos logra una buena obra a los cuarenta y cinco, y la reseña de prensa expresa: “es un escritor que ha logrado, por fin, una obra llena de madurez”. ¿Hasta cuándo seguiremos aniquilando esa bonita etapa humana así llamada?
En Paraguay también hay escritores jóvenes maduros. Hay uno de treinta y tres años de edad, la misma que tenía Vargas Llosa cuando publicó Conversación en la catedral. Es Javier Viveros, una realidad de la literatura paraguaya que empieza a dar frutos literarios sólidos. El último es un libro de cuentos titulado Urbano, demasiado urbano, publicado a finales de 2009. El título juega con el título del ensayo de Nietzsche, Humano, demasiado humano, que hizo girar su estilo hacia el aforismo y hacia el pensamiento agudo, aunque a veces contradictorio. Viveros asocia “humano” y “urbano”: el espacio por él conocido y vivido y la condición psicológica del hombre contemporáneo. Ese espacio es la Asunción repleta de hombres y mujeres deambulando por sus aceras mientras pasan los días inalterables entre el asfalto y las redes de la información electrónica. Y está muy bien la cita inicial de Max Jacob: “¿El campo? ¿Ese lugar donde los pollos se pasean crudos? Ampliamente significativa del sentido de la obra y de la reivindicación de la condición literaria del autor al alejarse del exotismo rural.
Y es que Viveros podría encajar perfectamente, como ya lo hizo José Pérez Reyes, en ese conjunto de autores hispanoamericanos reivindicadores de una realidad más ajustada a la actualidad. Se emparenta con aquel mensaje dinamitador del boom lanzado por los chilenos Sergio Gómez y Alberto Fuguet en su antología titulada McOndo, que tanto dio que hablar, donde se despreciaba el realismo mágico por dar una imagen exótica y subdesarrollada del continente, cuando los jóvenes creadores no habían visto una vicuña o unos zopilotes en su vida, jamás, sino barras de bares nocturnos, shoppings, canales de televisión mundiales, como el Discovery Channel (ahí está el relato de Viveros, “Cuando un hijo en un arrebato”), automóviles, luces y publicidad, entre calles largas, asfaltadas y semáforos. ¿Cómo va a contar Viveros aventuras macondianas? ¿Cómo va a hablarnos de jaguares y de arañas gigantes? Como escritor realista, que no renuncia a la fantasía, su universo se puebla de detalles urbanos, hasta el punto de que sus relatos podrían bien localizarse en otras ciudades de cualquier país.
El libro reúne diez cuentos. “El cobarde de la línea 31” destaca por su crítica hacia los medios de comunicación actuales por su afán sensacionalista, su cosificación del ser humano y la mixtificación de sus noticias. Salpicado de detalles sociales, como el hecho de que la inspectora de boletos sea la primera en desempeñar ese oficio en Paraguay, reivindicación subyacente de la necesidad de avanzar en la integración entre hombres y mujeres en el país, Viveros nos enseña el sitio ocupado por el individualismo extremo. La cobardía del protagonista es la consecuencia de ello, y la consecuencia de la consecuencia es la emigración. ¿Metáfora del país y, por ende, de la sociedad contemporánea? Pues aunque no se detecte a simple vista, y posiblemente el autor no haya sido consciente de ello –o sí, lo desconozco, porque en ningún momento he hablado sobre su obra con él­-, el discurso camina hacia la denuncia de la pérdida de identidad y de la sensibilidad humana en el mundo actual. El protagonista Nelson se convierte en un prototipo de ello: en un ser como tantos otros que acaba desplazado de su hábitat. Es por ello que Viveros esté estableciendo la contradicción entre nomadismo y sedentarismo en la sociedad.
Con otro autobús se inicia el cuento “Teju’i”. La historia del albañil que da título al libro motiva una pintura del papel del deporte en el ocio moderno. Es curioso que Viveros sea capaz de utilizar neologismos del mundo informático como googlear, o expresiones extranjeras internacionalizadas como a full, con el habitual guaraní. Es como si el guaraní se autoreivindicara como elemento propio de la sociedad paraguaya contemporánea, y no como signo exótico del mundo ruralizado, y diferenciador nacional. Un elemento normalizado de comunicación. Ya no estamos aquí ante una lengua indígena, sino ante una palabra que no tiene por qué escapar a lo estrictamente urbano.
“Cuando un hijo en un arrebato” deja una frase que pudiera parecer pedante, pero en realidad es sorprendente: “La noche asuncena como una fábula griega o una aporía eleática”. Pero reflexionen sobre su sentido cuando finalicen la lectura del cuento. La sublimación de lo nocturno se somete al juicio del lector, al que el narrador llamará “juez imparcial” analizador de los acontecimientos hasta su dictamen. El argumento viene refrendado incluso por observaciones metaliterarias sobre el estilo (“El adjetivo si no da vida, mata”).
Muy bien trazado es el relato sobre la amenaza de bomba recibida por Tadeo, “De larga distancia”. En realidad es un microrrelato que reserva para las tres últimas líneas su sentido. Como también es otro microrrelato “Bovarismo del artista cachorro”, sucesión aforística de ideas; relato arriesgado y exigente para el lector. Muy interesante es “Bookcrossers”, inspirada en un tema de moda. El ejercicio de esta actividad en Paraguay, es un pretexto para el despliegue de diálogos fluidos e intensos que en realidad esconden un relato del subgénero negro. O ese mundo de hospitales de “Cinturón cohete” que acaba en un escenario futbolístico en el derbi Cerro Porteño-Olimpia.
Aun así, queda espacio –espacio asunceno, por supuesto- para el relato intrahistórico. Ahí están las vivencias del joyero Ramírez el día del atentado contra el general nicaragüense Anastasio Somoza. Pero curiosamente, mientras otros libros de cuentos van perdiendo fuerza a medida que avanzan, Urbano, demasiado urbano guarda las dos grandes sorpresas como colofón: “Misterio JFK” y “Asunción era una fiesta”. El primero, finalista del Premio de Cuentos Juan Rulfo 2009, está localizado en Estados Unidos, “nación repleta de asociaciones creadas por millonarios excéntricos”, como dice el narrador, sorprendiendo así al lector con afirmaciones alejadas de tópicos vertidos sobre el país, como su imperialismo. Las peripecias del protagonista como asistente a un congreso literario en el aeropuerto de Nueva York, hasta lo kafkiano, es un claro afán de denuncia de la soledad del individuo y su despersonalización entre la informe masa. Y el segundo, un gran relato inspirado en el tema de los “peligros de la red”, expresa en un esquema incluso la estructura de la narración. El misterioso caso de las fotografías y vídeos publicados en Internet es un misterio que atrapa al lector, sorprendido además por los recursos innovadores (si no innovadores completamente, sí vanguardistas).
Un buen libro, muy recomendable, que es un retrato de la despersonalización de la sociedad urbana actual, provisto de fantasía y realismo a la vez. Viveros, aunque pueda mejorar algunas líneas donde no sería necesario un ejercicio intelectual gratuito (“Seguí esperando, pero Godot no asomaba”), ha conseguido una obra a destacar en el panorama de las letras paraguayas actuales. Sin duda, su línea, sus argumentos y su estilo demuestran que ya no es preciso reivindicar la necesidad de una actualización temática y formal de la narrativa paraguaya. Afortunadamente. Y que así prosiga gracias a Viveros.
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