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miércoles, 24 de noviembre de 2010

HELIO VERA y RICARDO RAMÍREZ - VOCES DEL OLIMPO II (FRASES CÉLEBRES DE UN PAÍS APATUKADO) / EDICIONES AYELEN, 2007.



VOCES DEL OLIMPO II
FRASES CÉLEBRES DE UN PAÍS APATUKADO
 © 2.007, Helio Vera - Ricardo Ramírez.
EDICIONES AYELEN
Dirección editorial: Ricardo Ramírez productions.
Teléfono: (0981) 149-371.
ISBN: 978-99953-55-00-5
Tirada: 2000 ejemplares.
Diseño de Tapa: Paolo Fiorotto
Diagramación y armado: Paolo Fiorotto
Ilustraciones: Carlos Sosa (Caló) y Nicodemus Espinosa (Nico).
Reservados todos los derechos.
Hecho el depósito que marca la Ley N° 1328198
Impreso en la República del Paraguay- Printed in Paraguay.
Asunción, 24 de junio de 2007



Reírse de todos es propio de tontos, pero no reírse de nada, lo es de estúpidos.
Erasmo de Rotterdam


El contenido de este libro no podrá ser reproducido (específicamente fotocopiado), total ni parcialmente sin la autorización del editor quien, según los servicios secretos de seguridad, huyó del país agobiado por las innumerables cuentas, dejando a cargo de los recopiladores todas las deudas impagas y los compromisos judiciales. Quien osara fotocopiarlas, será condenado a escuchar diariamente los discursos de Nicanor Duarte Frutos o purgar una pena de mil años en Tacumbú. Este material pudo concebirse gracias a las libertades públicas existentes en este país y al derecho a morirse de hambre que tiene todo ciudadano paraguayo. Reservados todos los derechos de los autores.


INTRODUCCIÓN
El científico alemán Hans-Hilger Ropers, del prestigioso Instituto Max Planck de Genética Molecular de la ciudad de Berlín (Max Planck Institute for Molecular Genetics), descubrió, luego de intensos experimentos, la panacea que pondrá fin a nuestros tormentos: la píldora contra la estupidez humana.
Según el científico, esta diminuta pero eficaz pastillita, probada en ratones y moscas con resultados prometedores, será capaz de combatir la hiperactividad de ciertas neuronas, ayudará a estabilizar la memoria de corto plazo y a mejorar la concentración. Con ella se podrá eliminar definitivamente del planeta a ésta maligna plaga.
Como homenaje a este esfuerzo, los recopiladores se han consagrado a la ardua tarea de reunir los aforismos, alucinaciones, pensamientos y despropósitos de los más conspicuos personajes y hombres públicos de la vida nacional. Es verdad que hubo que armarse de la paciencia del mismísimo Buda para soportar las indigestiones, soponcios y sobresaltos que producen la lectura de estas expresiones del genio nacional.
Agradecemos la colaboración del señor Héctor Riveros y otros que aportaron sus contribuciones desde la clandestinidad. El resultado final ha sido VOCES DEL OLIMPO II - FRASES CÉLEBRES DE UN PAÍS APATUKADO, que los historiadores del próximo milenio podrán repasar para aproximarse a una época tormentosa de la historia paraguaya. El lector juzgará cuán eficazmente se ha cumplido con éste propósito.
Los editores

 
Periodista: -¿Qué opinas de los que creen que las rubias son tontas?
Modelo: -En primer lugar quiero aclarar que no soy rubia, sino teñida.
Liliana Álvarez, modelo conocida como "La Diablita". (Revista del diario Crónica, 23 de enero de 2005).

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Nunca digas de éste pozo no he de beber.
Liza Fernández, modelo, Miss Expo. (Diario Crónica, 20 de julio de 2005).

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Hay que escuchar las dos caras de la campana.
Miriam Alfonso, diputada Nacional. (Radio Primero de Marzo 780 am, marzo de 2000).

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Su rostro me suena conocido.
Una cronista. (Radio Santa Mónica FM).

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¡No se come con la boca llena, papá!
Rubén Rodríguez junior, animador y conductor de TV, durante el programa Sábado Disco. La frase es: No se habla con la boca llena. (Canal 4 Telefuturo, 6 de agosto de 2005).

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Su Majestad, Felipe de Bordón...
Nicanor Duarte Frutos, presidente de la República, durante su discurso de toma de posesión frente al Congreso Nacional, cuando saludó al príncipe de Asturias, Felipe de Borbón. (Radio Cardinal 730 am, 15 de agosto de 2003).

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Este es el país anunciado por Josué, es la patria prometida!
Nicanor Duarte Frutos, presidente de la República. (Diario Abc color, 16 de julio de 2005).

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Hacer política sin beneficios personales no es un buen negocio.
Enrique Riera Escudero, intendente de Asunción. (Radio Ñandutí 1020 am).

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Adelantaremos al Paraguay 50 años en solo 5!
Juan Carlos Wasmosy, político colorado. Una de sus promesas electorales en un acto político durante su campaña a la presidencia de la República. (Diario Abc color, enero de 1993).

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Diputado Magdaleno Silva: - Ahora Itaipú se está preocupando por los campesinos y no como dicen los diputados píchuchí capitalinos.
Periodista: - Que quiere decir pichuchi diputado?
Diputado Magdaleno Silva: - Sencillo mi estimado, pichuchi es mezcla de pituco y chusco.
(Durante un receso en la Cámara de Diputados, mayo de 2005).

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Aquí hay muchos estudiantes lindos.
Maximiliano Maxi Campana, farandulero, durante una visita a la Universidad Nacional de Asunción - Facultad de Filosofía, donde fue invitado por los alumnos del 3er año de periodismo, a participar de un taller de prensa escrita. (Comentario en ronda de amigos, 29 de agosto de 2005).

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El problema no es la pobreza, es la gente pobre.
Un avispado economista chaé. (Quinto poder, Radio Ñandutí 1020 am).

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Ainupa chupe porque ofalta chéve al respeto.
Traducción al castellano: Le golpeé porque me faltó al respeto. María del Rosario Ña Delo Riveros, dirigente colorada, quién durante una entrevista en el programa del periodista Sergio Araujo, en los estudios de radio Cáritas 680 am, golpeó al otro invitado, el dirigente colorado Luís Aníbal Schupp. Ocurrió durante el debate entre ambos en radio Cáritas. (Diario Abc color, 28 de octubre de 2005).

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Así como en Roma nació un Jesucristo, en Carapeguá nació un Ángel.
Ángel González, intendente de la ciudad de Carapeguá, durante un discurso político en la inauguración de obras sociales. (Comentario en ronda de amigos, noviembre de 2005).

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Está ordenado analfabéticamente.
Nelson Argaña, embajador en España, quién durante un programa de TV, presentó al conductor del programa una lista de paraguayos que trabajan en la madre patria y que durante su gestión fueron documentados. (Diario Abc color, columna ñe'e embeguépe, 4 de noviembre de 2005).

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La gente cree que el ser diplomático es saber solamente la importancia de cómo agarrar la copa para tomar champaña.
Nicanor Duarte Frutos, presidente de la República. (Radio Ñandutí 1020 am, 15 de noviembre de 2005).

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En el barrio, hasta los perros ya tienen anteojos.
Mercedes Taniguchi, dirigente colorada, candidata a presidenta de la Seccional colorada número 44, con respecto a la denuncia del uso discrecional del dinero de la binacional Itaipú a favor de su contrincante política. (Diario Abc color, 14 de diciembre de 2005).

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Desde mañana habrá gas gratis para todos.
Nicanor Duarte Frutos, presidente de la República. Hasta ahora estamos esperando la promesa del mandatario. (Diario Abc color, 12 de diciembre de 2005).

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Ella tiene el mismo ADN que yo ... porque le dijeron que también ella tiene la sangre de político.
Un senador colorado, durante una reunión política en la ciudad de Paraguari al referirse a su hija. (Comentario en ronda de amigos).

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Mañana será otro día y pasado también...
Enrique González Quintana, senador oviedista, durante un mensaje de fin de año emitido a los manifestantes en la plaza Bernardino Caballero de Asunción. (Radio Ñandutí 1020 am, 28 de diciembre de 2005).

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En un expediente judicial, el abogado dice: Para fundamentar mi punto de vista, me veo obligado a formular algunos latinazgos.
El juez al dictar sentencia entre sus considerandos manifiesta:
Y como dice el abogado de la parte demandada, aquí se hace necesario aplicar unos cuantos latigazos.

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Y eso yo pensé desde el primer principio.
Un estudiante de Derecho de la Universidad Nacional de Asunción. Por lo visto en la facultad se enseña que hay segundos principios. (Comentario en ronda de amigos).

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Lino Oviedo no solamente salvará al Paraguay, sino salvará al mundo entero.
Un llamador radial, espacio Quinto poder. (Radio Ñandutí 1020 am).

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Hay que seguir el curso sinuoso de la historia.
Pedro P. Samaniego, jurista, miembro de la Corte Suprema de justicia en la década del 30.

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No le tengo miedo (a Duarte Frutos y su gente) y si hace falta nos tomaremos a tiros sin problemas.
Osvaldo Domínguez Didd, dirigente colorado y candidato a la presidencia de la Junta de Gobierno por el movimiento Unión Nacional Republicana, durante un acto político en el estadio Club Saudamérica, ciudad de Paraguari, (Diario última Hora, 30 de enero de 2006).

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Me conmueve que haya cambiado de posición por plata. Yo le digo a Hugo Delvalle que le ofrezco el doble de lo que le dieron y que venga de vuelta.
Blas N. Riquelme, senador colorado, durante un acto político, mencionó a un caudillo local, Hugo Delvalle, quién estaba trabajando por su lista y repentinamente se habría cambiado a las carpas oficialistas, luego de una reunión mantenida en Mburuvicha Róga con Nicanor -Duarte Frutos. (Diario Abc color, 4 de febrero de 2006).

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Estamos entre la espalda y la pared.
Un llamador radial. Espacio Quinto poder. (Radio Ñandutí 1020 am).

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Cuando no puedo perpetrar mis intereses partidarios...
Juan Darío Monges, ministro de Justicia y Trabajo. (Radio Cardinal 730 am).

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“El dinero de Itaipú, si se roba, se roba para el pueblo”
– Arístides Da Rosa, diputado colorado.

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Locutor: -Sí Palito (Rubín)…, para avisarte que en Pedro Juan Caballero, la visibilidad es invisible por eso no hay vuelos de ARPA
– Domiciano Pereira, locutor (Radio Ñanduti 1020 am).

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“Heriberto Galeano es un hombre de armas, es miembro de la FF.AA..
No podría ser un brazo desarmado; siempre tiene que estar armado”
– Domingo Laíno, senador (Diario La Nación, 16 de diciembre de 2005).

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“Exigiremos por la fuerza que se cumpla la ley”
– Osvaldo Domínguez Dibb, dirigente político y deportivo. (Diario Última Hora, 20 de enero de 2006).

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“El problema no es la pobreza, es la gente pobre”
– Un avispado economista chaé . (Quinto poder, Radio Ñandutí 1020 am).

lunes, 22 de marzo de 2010

HELIO VERA - EL PAÍS DE LA SOPA DURA (obra póstuma) / Lanzamiento: Jueves 25 de marzo, Sala Leopoldo Marechal de la Embajada Argentina.



EL PAÍS DE LA SOPA DURA
obra póstuma
de HELIO VERA
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
II parte del Tratado de
Paraguayología

LANZAMIENTO
Jueves 25 de marzo
Sala Leopoldo Marechal de la
Embajada Argentina (España y Perú),
a las 19.30 horas.


La editorial Servilibro presentará el ensayo de Helio Vera titulado “El país de la sopa dura. Tratado de paraguayología II”, que es nada menos que la continuación de su célebre “En busca del hueso pedido”, el libro paraguayo más vendido en nuestro país.
El acto de presentación se llevará a cabo el jueves 25 de marzo, fecha del segundo aniversario del fallecimiento de Helio, y tendrá lugar en la sala Leopoldo Marechal de la Embajada Argentina (España y Perú), a las 19.30 horas. La presentación estará a cargo de Pepa Kostianovsky.

Helio Vera tenía preparado este libro para su lanzamiento cuando le sorprendió el mal que finalmente acabó con él. El texto está absolutamente terminado. Sin lugar a dudas, “El país de la sopa dura” se convertirá en todo un acontecimiento literario atendiendo la gran capacidad del autor para analizar la idiosincrasia del paraguayo desde una visión que apela al humor pero que tiene una singular profundidad.
El diseño de la tapa es de Nicodemus Espinosa, quien había hecho la portada de la primera edición de “En busca del hueso perdido”.
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(caricatura de Helio,
realizada por Nico Espinosa hace algunos años)
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Helio y los mitos nacionales

El prólogo de esta obra de edición póstuma de Helio Vera está a cargo de Osvaldo González Real, quien anuncia que en el libro, el gran escritor se despacha contra las supersticiones políticas y las supercherías relacionadas con el “Homo Paraguayensis” y sus allegados.
La temática del autor es recurrente: los mitos de la “identidad nacional”, la problemática de la educación secundaria y universitaria, la administración de la justicia, la antropología indígena y otros temas que tienen que ver con el “País de la sopa dura”, es decir, el Paraguay eterno, señala González Real.
Por otra parte, González Real señala en su análisis de “El país de la sopa dura” que la visión aparentemente pesimista de Helio Vera no debe ser tomada muy en serio. El mismo se considera un optimista “sui-generis”, ya que no dedicaría un minuto de su tiempo –si fuera lo contrario– a denostar y denunciar las lacras que aquejan a nuestra sociedad.
Helio Vera trabajó mucho en este texto, que le llevó varios años completar. Él sabía que debía dar continuidad a “En busca del hueso perdido” no por una simple cuestión comercial (sin duda será otro best seller) sino por su propia necesidad de completar un círculo que él mismo había abierto magistralmente con su tratado de paraguayología, que es prácticamente un género de creación suya aunque anteriormente Saro Vera ya se haya ocupado del tema, pero sin las aristas particulares del genio de Helio Vera.
Servilibro invita a todos los amigos y compañeros de Helio a disfrutar de este encuentro como se disfrutaba siempre de los lanzamientos de sus libros estando él en vida.
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Visite la GALERÍA DE LETRAS
del PORTALGUARANI.COM
Amplio resumen de autores y obras
de la Literatura Paraguaya.
Poesía, Novela, Cuento, Ensayo, Teatro y mucho más.
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Enlace al
CATÁLOGO POR AUTORES
del portal LITERATURA PARAGUAYA
de la BIBLIOTECA VIRTAL MIGUEL DE CERVANTES en el
Amplio resumen de autores y obras
de las Artes Visuales en Paraguay.
Óleos, Acrílico, Técnica Mixta, Collage, Grabados
Xilopinturas, Instalaciones, Escultura, Audiovisuales,
Cerámica, Artesanías, Exposiciones
Libros y Artículos sobre la historia del Arte.

sábado, 13 de marzo de 2010

PANCHO ODDONE - SIETE CUENTOS INDECENTES - Prólogo: HELIO VERA / Edición digital: BIBLIOTECA VIRTUAL MIGUEL DE CERVANTES


SIETE CUENTOS INDECENTES
Autor: PANCHO ODDONE
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
Edición digital: Alicante :
Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2002
N. sobre edición original:
Edición digital basada en la de Asunción (Paraguay),
[Pombero], 1999.


Prólogo
** Pancho Oddone ha sido afortunado en la elección del título de esta nueva incursión en el género de la narrativa: «Siete cuentos indecentes». Es que ellos son, intrínsecamente, eso: indecentes. Y esto que digo es una constatación y no una denuncia escandalizada. Es que el libro contiene historias cuyos protagonistas se rigen por reglas opuestas a las que recitan gravemente -aunque no las cumplan- los buenos burgueses, esos sujetos aburridos y grisáceos que se atiborran con las revistas que se ocupan de los personajes de moda, mientras urden planes para seducir a la mucama (o al chofer según el caso) del vecino, y la mejor manera de engancharse con alguna de las mil y una formas de vivir a costa del Estado.
** Ignoro si el título revela algunos sórdidos subsuelos de la atormentada psiquis del autor. No estoy seguro de ello. Toda afirmación al respecto sólo podría navegar en las aguas profundas de la conjetura, donde la adivinanza substituye a la comprobación y la intuición al raciocinio. Por eso debemos tomar con prevención al primer malvado que diga que la atenta lectura de los cuentos ofrece suculentas revelaciones a los devotos de la secta de Freud y de Jung; y que un congreso de miembros de esta fauna barullenta haría una fiesta con el análisis de algunos de los textos aquí presentados. Esta misma precaución tendrá que adoptarse ante aquel que trate de adivinar en el texto matices autobiográficos, dotados de un maquillaje superficial que apenas consigue apaciguar esas persistentes sospechas.
** Pero dejemos de lado estas hipótesis alocadas y retornemos a lo más obvio: los siete cuentos reunidos en este libro. Lo indecente es el signo que preside a los protagonistas y a los desenlaces. Aquí tenemos al adúltero contumaz que, después de disfrutar las mieles del amor ilegal, recibe su merecido con la milenaria Ley del Talión; al pícaro que vive un romance veraniego con la hija de un amigo y que, como era de esperar, después de embriagarse con la aventura, despierta a la dura realidad; la dulce adolescente que parece víctima de un complot para ser presentada como una asesina y que termina revelando oscuros aspectos de su verdadera personalidad; el marido que padece sus cuernos con la resignación enfermiza de un masoquista hasta que, acicateado por el alcohol, realiza un gesto tan heroico como inútil; la mujer que cree haber encontrado el amor de su vida -un mestizo bello y ardiente-, con quien realizará sus más alocadas fantasías hasta que, cuando éste resuelve dejarla reacciona con un coraje inesperado; el encuentro clandestino entre el patrón y la secretaria, en un coqueto departamento bonaerense, episodio que también concluye con un castigo sórdido y ejemplar, que pareciera dispuesto por el destino; las extrañas circunstancias por las que debe pasar un fugitivo de la represión política argentina, en su afán de poner tierra de por medio.
** La mentira, la cobardía, la humillación, la inconsecuencia y la traición campean a lo largo del libro que, a la postre, se convierte en un catálogo de diversos aspectos de la condición humana. La lectura deja, por esa suficiente razón, un sabor excitante y perturbador. Los cuentos están excelentemente escritos, dentro de un estilo que ignora los tediosos recursos del realismo mágico, la épica latinoamericana o las exploraciones del subconsciente.
** Sin descuidar la belleza del lenguaje, el autor nos propone un género que aplica a la crónica los métodos de la ficción. Quedará siempre la duda acerca de la verdadera naturaleza de los cuentos: cuadros de la vida real organizados con los recursos de la literatura o fabulaciones que aprovechan con éxito ciertos retazos de la cotidianeidad. El género ofrece enormes posibilidades a los escritores que se hallan de vuelta de las pompas y de las glorias del post-boom, y Pancho Oddone ha sabido internarse, con éxito, en este sugerente terreno, con la seguridad de un avezado explorador. La decencia, de seguro, no le hubiera sido de mucha ayuda para ello.
Helio Vera. .
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Una pregunta infantil

** Anita nos guió por Berlín. Era la encargada de relaciones públicas de la empresa con la cual intentaba negociar un contrato para mi compañía. Su comportamiento era pulcro, eficiente, preciso. Representaba la juventud alemana nacida después de la guerra, protagonista del crecimiento incesante de una gran nación.
** Exhibía, con recato, unas piernas largas y perfectas, un pecho alto y firme que pretendía asomarse por el discreto escote de su vestido y el pelo enmarañado y salvaje, sobre un rostro limpio de monja, como las que pintaba Hans Memling.
** Alicia, mi mujer, no se dejó engañar, aceptó con buena educación y desconfianza sus gentilezas, observó recelosa las ligeras liberalidades de humor que intercambiaba conmigo, y no tuvo ninguna duda que se estaba tramando una infamia, cuando le informé que su vuelo a Roma partía esa misma tarde. Agregué que no tenía más alternativa que postergar el mío hasta el fin de semana, a pedido del presidente de la empresa anfitriona.
**Volvimos al Hotel Kempinski como tres esfinges silenciosas, dispuestos nosotros a continuar el juego hasta el fin, y Alicia proyectando algún recurso heroico que pudiera desbaratarlo. El silencio implicaba una inequívoca comunicación subliminal, destinada a patentizar transparencia afectuosa, a la vez que complicidad culpable. Así suele ser la vida.
** Yo amaba a Alicia. Le había pedido que participara del viaje, sólo que no pude prever la presencia de Anita, ni los ominosos sucesos de los cuales fui finalmente víctima.
** Preparó su equipaje en silencio, me miró a veces con un relámpago de reproche en sus ojos negros, circunstancia que ignoré mientras fingía revisar papeles de la compañía. Letras y números aparecían como un remolino de confusas fantasías incomprensibles. Me sentí culpable, más exactamente, un hijo de puta, pero tuve el valor de continuar hasta el fin.
** Anita condujo el auto hasta el aeropuerto comentando banalidades que a nadie le interesaban. Quedó a una discreta distancia, después de una insincera y efusiva despedida y yo acompañé a Alicia hasta la sala de abordaje. Mientras la conducía solícito del brazo, me confió dulcemente que jamás me perdonaría.
** Esperamos que el avión partiera, atormentados por una tensión insoportable. Anita condujo el auto con imprudencia hasta el centro de la ciudad, trepamos impacientes en el ascensor del hotel hasta el piso noveno, abrimos la puerta del departamento con manos temblorosas, nos atropellamos al entrar mientras nos quitábamos la ropa y con un grito de walkiria, heroína de la leyenda de los nibelungos saltó sobre mí, me estrujó, golpeó y violó enloquecida de pasión, violencia despiadada y ensañamiento inmisericorde. Me sentí morir. Pensé en Alicia e imaginé que su venganza había comenzado.
** La noche fue el marco misterioso del acoso constante y tormentoso de la muchacha, que parecía decidida a terminar con mis ingenuas trivialidades de macho indomable. Una cruel mentira. Hizo lo que quiso y lo hizo bien, anuló mis iniciativas, desarrolló su propio proyecto erótico y recorrió mi cuerpo con precisión artesana, absorbiendo sin descanso cualquier expresión de vida, que pudiera proclamar mi mentida independencia de obrero del sexo. Fui dominado, expoliado, destruido y castigado. Si hubiera tenido algún coraje me habría refugiado en el baño, fuera de su alcance. No pude, no quise o no tuve la suficiente valentía como para aceptar mi cobardía. La noche se confundió con el frío azul del amanecer, que iniciaba la imperiosa rutina de un nuevo día. Mi fatiga era una historia incorporada definitivamente a la experiencia imperdonable de la derrota. Anita cumplía su misión con una helada pasión profesional y el resultado fue devastador.
** Los negocios se complicaron y debí viajar a Hamburgo. La compañía insistió en que la encargada de relaciones públicas me acompañara como traductora y secretaria. En los proyectos de la compañía parecía estar incluido el exterminio de un salvaje de las pampas chatas, por obra de una descendiente de Odín.
** Comprendí que Alemania hubiera decidido batirse contra una importante parte del mundo. En el espíritu indomable de Anita adiviné la eficiencia y la voluntad de un gran pueblo, finalmente derrotado por la proletaria mediocridad de la producción masiva y el primitivo salvajismo ruso.
Desde Hamburgo traté de comunicarme con Alicia en Roma. Era lunes, habían transcurrido cinco días desde su partida y en el Hotel Excelsior el recepcionista me dijo que no se hospedaba nadie con ese nombre. Me pidieron un segundo apellido y sus datos de soltera. Yo sabía que era contrario al orden y la costumbre que hubiera dado sus apellidos de soltera. El resultado fue previsiblemente negativo. Alicia no estaba donde debía estar. Había desaparecido. Curioso y sorprendente.
** Las reuniones de negocios ocupaban menos del diez por ciento del tiempo útil. El resto del día y durante la noche Anita se alzaba como una diosa terrible y demoníaca al pie de la cama, contemplaba con serenidad y objetivos alarmantes el campo de batalla, en el cual un sudamericano extraviado sucumbiría sin remedio.
** Propuse aprovechar el tiempo libre para recorrer la ciudad y sus alrededores. Pedí al conserje del Hotel Atlantic un mapa de la región y organicé una rutina turístico-cultural, con el objeto de poner distancia entre la intimidad del hotel y mi persona, sometida invariablemente a vejámenes indescriptibles cuyos detalles omito por mero prejuicio conservador.
** La falta de información sobre Alicia ensombreció aun más mi caótica situación personal. Llegué a pensar que una extraña confabulación había cambiado el rumbo de mi viaje, porque si bien participé de la maniobra destinada a pasar algunos días con Anita, jamás imaginé que sería precipitado a una maratón erótica, que terminó sustituyendo el sencillo objetivo comercial, que me había llevado a Europa.
** No supe cómo cambiar el curso de los acontecimientos. Carezco de la personalidad suficiente como para imponerme al acoso de una mujer como Anita, seguramente como consecuencia de una formación indulgente con las inclinaciones primarias de la gente en general, y de las mías en particular. Esta conducta, derivada de mi incapacidad para rechazar las hipótesis del placer, generó vendavales incontrolables en mi vida privada, y me aproximó finalmente a un epílogo dramático.
** La cosa llegó a su clímax en Travemunde, localidad de veraneo sobre el Mar del Norte. Anita me desvistió en una playa solitaria, azotada por vientos helados. No tuve ninguna posibilidad de pedir auxilio, terminé con pulmonía en un hospital bellísimo y aséptico, y con enormes marcas moradas el pecho, el estómago y el cuello, que recordaban las fotografías del domador del Circo de Moscú, destrozado por sus leones. No parecían consecuencia del frenesí amoroso de una muchacha con rostro de ángel.
** Insistí en mis llamados a Roma. Esta vez al consulado y a un amigo del Ministerio de Relaciones Exteriores de Italia. Prometieron hacer una investigación para localizar a mi mujer. Alicia era mi verdadero gran amor. Quizá un poco fría y circunspecta, con una ternura medida, casi tímida, incapaz de desbordes ni violencias. Instalado dolorosamente en la cama del hospital viví una regresión culpable. La pulmonía y las grotescas condecoraciones, ganadas sin gloria ni esfuerzo, constituían la expresión tumefacta de una sanción justa, por el desvarío desleal con el cual había atropellado los finos sentimientos de mi mujer.
** Durante los días en que permanecí internado, Anita montó guardia junto a la puerta de la habitación. En el pasillo. Aprecié su solidaridad cómplice, pero le rogué al médico que no la dejara entrar. Inmovilizado por los tubos de oxígeno estaba indefenso y desconfiaba de su prudencia. Llamaron del consulado en Roma. Habían localizado a mi mujer. Una información ambigua. No mencionaron ningún hotel a pesar de mi insistencia, estaba bien y no debía preocuparme. Pobre Alicia, no quería preocuparla a ella, mi pulmonía podía provocarle una crisis de consecuencias imprevisibles. Jamás volvería a actuar locamente.
** Una semana más tarde fui dado de alta. Anita me condujo en silencio hasta Hamburgo. Llegamos al hotel y me acompañó hasta la habitación. No entró. Sentí un alivio injusto. Una especie de condena cobarde.
** Al día siguiente llegué a Roma. Tomé un taxi hasta el consulado. El cónsul fue amable y extrañamente circunspecto, dijo que Alicia estaba instalada en una casa de la calle Andrea Dona. Tomé un taxi y le di la dirección.
** -Bello posto -comentó el chofer.
** No sabía lo que diría a mi mujer. No había previsto ninguna historia extraordinaria, para justificar los moretones, todavía de un color azulado tendiendo a rosa pálido. Soy un canalla, pensé, tal vez debía decirle la verdad. Pero la verdad generalmente implica una locura de lamentables consecuencias. Alicia me amaba. Me propuse dedicar los próximos meses a la reconstrucción de nuestra relación. Sería una tarea de buenos modales, un poco de ternura y mucho amor.
** El taxi se detuvo ante una puerta enorme de madera labrada.
** -¿Esta es la dirección?
** -Eco, signore.
Toqué un timbre que sobresalía de la boca de un león de bronce, con ojos que me parecieron cargados de humor. Abrió la puerta un empleado, vestido con un mandil a rayas grises y negras.
Pregunté por mi mujer. Me hizo repetir el nombre, mientras me observaba de arriba a abajo con mirada innoble, sutilmente burlona. Me habían dicho que los italianos no tenían respeto por nada. Apenas por el Papa. El mucamo me cerró la puerta en la cara con una sorprendente firmeza, después de decirme que esperara.
** Pagué el taxi que arrancó rápidamente y desapareció. Me sentía intrigado y desconcertado. No conocíamos a nadie en Roma. El mucamo volvió y me indicó que entrara. El jardín y la casa se correspondían con la belleza imponente de la puerta. Alicia estaba sentada en una amplia reposera tapizada a rayas amarillas y blancas que hacía juego con otras, dispersas por el jardín. Estuve por avanzar rápidamente para abrazarla pero una sensación inquietante me detuvo. Un señor de pelo entrecano ocupaba otra reposera cercana y me sonreía con simpatía.
** -Alicia -dije- no entiendo nada.
** -Es fácil de entender. Voy a aclararte todo rápidamente. Me abandonaste por esa puta y vine a Roma. Conocí a Carlo Cavallerosi. Vivo con él.
** Sentí que me precipitaban por la Garganta del Diablo en las Cataratas del Yguazú. Quedé atontado. Imaginé que era una broma. Algo en sus ojos me indicó que no se trataba de una broma. Se miraban con ternura. Yo había quedado al margen de la historia. No podía ser. Me estaba castigando. Lo tenía merecido, pero los castigos tienen un límite. Aparentemente vivía en ese palacio y con ese tipo. La mosquita muerta. Fría y sin pasiones. ¿Tan rápido? ¿Por qué no? ¿Nunca había conocido a Alicia? Pero me amaba y yo también a ella. Era un disparate, una estupidez. Una locura.
** Entonces fue cuando el pequeño perro lanudo se me acercó y me orinó en el zapato. Lo miré con rabia. Al perro y a Alicia.
** -¿Por qué me hiciste esto? -dije.
** Ambos miraron al perro. Nunca llegaron a saber a quién había hecho la pregunta.
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«Las cosas no terminan así»

** «Esta gringa me tiene podrido». La cara morena, se le amorataba de rabia. Después de una larga carrera de Don Juan exitoso la tipa vino a complicarle la vida. El jefe intentó prevenirlo, pero no quiso creerle. Siempre había salido bien de los compromisos. El problema era que esto ni siquiera parecía un compromiso. Era peor, pero no podía definirlo.
** El jefe le dijo: «Eligio, esa rubia le va a dar problemas. Tiene ojos de loca». Eligio se rió, porque los ojos de Eileen, eran azules como los del jefe. Eso fue al principio. Después el jefe no habló más del tema.
** Como siempre, los problemas vienen del silencio. Cuando ya no se puede hablar o cuando uno está dispuesto a hablar y antes de empezar sabe que será inútil. Hablar entonces no es conversar. Tampoco discutir. Apenas una forma de odiarse. Porque la gente no quiere admitir que las cosas terminan. La gente. En realidad, a Eligio no le importaba la gente. Sólo las mujeres.
La gringa vino a complicarle la vida. Al principio fue una condecoración que lució con orgullo. A los cuarenta años recién cumplidos, coronel de aviación, rico y con la confianza del jefe, tenía el mundo en las manos. También era guapo y macho. Así decían las mujeres. Las que se habían acostado con él y las otras, que de alguna manera pensaban hacerlo o fantaseaban con la idea.
** Terminó de afeitarse. Se miró en el espejo del baño y aprobó el resultado. Eileen lo observaba desde la cama. Ajena a las reflexiones de Eligio, adivinaba que todo se moría.
** Era una hermosa mujer. Apenas había superado la barrera de los treinta. ¿Por qué una barrera? Porque a los treinta las mujeres cambian. Como después de los cuarenta. Sobre el mundo y la vida de las mujeres después de los cincuenta Eligio no sabía nada. Nunca había accedido a esa nebulosa impenetrable. Las mujeres a los cincuenta llevan mucha carga de tristeza, dolor, soledad y obligaciones. Eligio pensaba que habían pasado la etapa de considerarse mujeres. Por lo menos, él no las miraba como tales. Las mujeres eran otra cosa. En todo caso, debían ser otra cosa. Objetos para el placer, para el orgullo, para la afirmación de poder. Para el sexo.
** La gringa había sido un triunfo. Se la presentaron en la embajada. Estaba de paso. Sólo una turista. Después decidió quedarse. Llevaban ocho meses juntos. ¿Ocho meses? No, mucho más. Parecía toda una vida. Le había destruido la existencia. Ella no lo criticaba. Opinaba sobre todo y sobre todos. Machistas, decía. ¿Y qué? Le replicaba Eligio, los de tu país deben ser putos. Apelaba a la brutalidad para salir del paso. Para salvarse y no zozobrar, porque se ahogaba. La mujer quería hacerlo pensar y a él no le importaba pensar. Solamente hacer el amor. Como al principio.
** Fue una linda locura. La noche de la fiesta la invitó a volar a la estancia. Una aventura para la gringa sentirse en la negra oscuridad del cielo del Chaco, mientras la pequeña luz verde de la cabina le permitía, apenas, descifrar el perfil de Eligio. Un mestizo hermoso. Un centauro audaz y provocativo que penetró con su mirada, hasta el punto más vergonzoso e inconfesable de su sensibilidad. La desvistió lentamente, con los ojos negros y terribles, entre más de doscientas personas, el ruido, los olores y el calor. Eileen descubrió que el calor excitaba los sentidos en lugar de embotarlos. No podía ser de otra manera, porque el resultado fue ese vuelo a mil metros de altura en una frágil avioneta, tomada de la mano del hombre que acababa de conocer. Una locura. Suavemente le acarició la mano. Se multiplicaban los minutos y el deseo.
** Si hubiera podido, le hubiera hecho el amor en la cabina de la avioneta, mientras volaban rodeados de una oscuridad impenetrable. No hablaron. El ruido monótono del motor parecía el ronroneo indefinido de un gato, con expectativas inescrutables. Eileen inventó la sorprendente figura, porque desde niña le gustaba identificarse con los gatos. El ronroneo tenía una cualidad erótica.
** Eligio no hablaba. Concentraba la vista en misteriosas imágenes invisibles, cuya aparición debía ser consecuencia del cumplimiento de las órdenes que había impartido por radio.
** Algunas luces, como perlas incandescentes, brillaron sobre el horizonte. Una sonrisa distendió la cara de Eligio. Llegamos, dijo. Se volvió apenas y la miró. Todavía no podía creer que la gringa le hubiera hecho caso. Le propuso el viaje a la estancia como si le propusiera un viaje a la luna. Una fantasía de fin de fiesta. Pero la gringa aceptó y por primera vez Eligio pensó que se había enredado con una mujer diferente.
** Tres semanas más tarde descubrió, sorprendido, que esa mujer podía lograr cualquier cosa. No porque fuera una gran amante, aunque lo era. Tampoco porque fuera inteligente. Sabía enfrentarse a esa condición. Su extraña energía provenía de una cualidad indefinible, difícil de expresar y casi insoportable.
** Un sometimiento primitivo, antiguo y poderoso, le recorría la mente, la columna vertebral y le producía una inquietante laxitud en los brazos y las piernas. Como si fuera un niño, manejado con cariño y a la vez con firmeza por una mujer desconcertantemente irreal. Madre, niñera, gobernanta, amante, hija.
** «Gringa de mierda -dijo Eligio- me quiere dominar».
Cuando llegó a esa conclusión Eileen ya lo dominaba. Las primeras semanas fueron de pasión. Eligio la llevaba a la cama y Eileen fingía escapar. Eligio la perseguía, supuestamente enloquecido por el deseo. La diversión, excitante, implicaba un rito erótico terrible y deseable, por innecesario. El juego terminaba con una posesión violenta, angustiosa, desesperante, en cualquier habitación de la casa, en la cocina o en el sótano.
** Eileen imponía las condiciones. Eligio las aceptaba desconcertado y las vivía con una extraña inquietud. Se sentía incapaz de rechazar el juego.
** Advirtió que no podía manejar la relación. La gringa gritaba, lloraba, gozaba y gemía. Ni siquiera se divertía. Eileen se quedó en la estancia. Eligio viajaba a la capital por su trabajo y porque quería alejarse de la mujer. Viajaba solo, conduciendo su avioneta o con Maciel, el piloto.
En Asunción, la vida adquiría una sensación de sólida realidad. Se reunía con sus antiguas amantes, comía con ellas, se divertía, hacía el amor y fingía que la gringa no existía. Pensaba que todo había sido una fantasía y que nadie lo esperaba en la estancia. Pero no era una fantasía y la impaciencia por volver le resultaba insoportable.
** Eileen trazó un límite imaginario a su alrededor y definió su mundo privado. En el centro, como motivo, condición, principio y fin de todas las cosas, instaló a Eligio. Él no lo sabía.
** Si hubiera escuchado una descripción de ese Eligio que Eileen había ubicado en el centro de su mundo, no lo hubiera reconocido. Eileen estableció un abismo imaginario, pero vívidamente real, entre el pasado y el futuro. El desorden inevitable ocurrió por ignorar que Eligio concebía solamente el presente. No el pasado, y mucho menos el futuro.
** Imaginar el futuro le resultaba una carga intolerable. Como vivir la misma vida dos veces.
** De manera que Eileen, sin razón ni justificativo, comenzó a vivir hacia el centro de su mundo. Por su parte Eligio luchó por preservar una vida libre en la periferia, lo cual le permitía fantasear con la hipótesis de la fuga.
** No se decidía a llevarla a Asunción y decirle que todo había terminado. Era imposible. ¿Por qué imposible? Se hacía esta pregunta cuando viajaba a la ciudad. Tenía la respuesta cuando volvía a la estancia y era envuelto por su piel blanca, casi traslúcida, y los ojos azules, que parecían penetrar asombrados las historias baratas de la semana, con sus buenas, saludables e intrascendentes antiguas amantes. Se sentía humillado y vejado, en su amenazada independencia de macho montaraz.
** Eileen nunca preguntó qué hacía en la ciudad. Tal vez no le interesaba, lo cual agregaba una cualidad despectiva al desinterés por las actividades de su amante, cuando no estaba a su lado.
** La relación entre la gringa y el mestizo se convirtió en interdependencia neurótica. Eligio era feliz con ella, pero no la soportaba.
** Eileen llegó a convencerse de que nunca se iría de la estancia. Eligio satisfacía las fantasías que había perseguido inútilmente en sus aventuras sentimentales. Era su hombre. La expresión contenía una poderosa carga posesiva, más allá de la anécdota erótica.
** No importaba la realidad del amado, sin duda diferente a la imagen elaborada por la fantasía. Cuando Eligio se iba, para asumir sus responsabilidades en la ciudad, no se sentía abandonada. El hombre continuaba a su lado. Un fantasma vivo, poderoso e inmaterial, que existía solamente para su satisfacción.
** El tiempo también transcurrió para Eileen. Sólo que las expectativas, las frustraciones y el deseo, se orientaron en sentido inverso al de su amante.
** Se propuso demostrarle que la vida era una sola. Lo que ocurría ahora y ocurriría en el futuro, formaba parte de la historia escrita en el misterio de un tiempo remoto, sin que ellos hubieran tenido participación consciente, ni voluntad alerta para cambiar las decisiones.
** Una noche los peones escucharon rumores en el desierto y el capataz dijo que los subversivos estaban cerca. Eligio ordenó que los hombres se armaran y transmitió por radio la información al Comando en Jefe. Se paseaba por la galería escrutando inútilmente la oscuridad, buscando algún indicio que delatara la presencia del enemigo.
** La gringa se dedicó a preparar una buena comida. Cuando estuvo lista lo buscó.
** Eligio se sentó en el comedor, irritado por la fría indiferencia de la mujer, ante la hipótesis de circunstancias terribles. «Vivís en la luna» dijo, y golpeó el revólver sobre la mesa con gesto dramático. La mujer disimuló una sonrisa. «No va a pasar nada, no llegarán. No está previsto». Eligio se negó a considerar qué era lo que podía estar o no previsto y por quién.
** La noche transcurrió en un silencio tenso, apenas alterado por el lejano ladrido de perros salvajes. Al amanecer llegó un jeep del ejército con un teniente y dos soldados. La marcha de los subversivos había sido detenida a cincuenta kilómetros de la estancia. El teniente dijo: «Eran pocos y se desbandaron. Los buscan, pero seguramente ya cruzaron el río».
** La gringa miraba el horizonte. Eligio se sintió vencido. En el atardecer de ese día, resolvió terminar su relación con la mujer.
** «Esto no puede continuar» -dijo desde la cama, mientras ella se desvestía. Eileen lo miró. Vaciló un momento, terminó de desvestirse y se acostó a su lado. Eligio se volvió hacia el otro lado evitando su contacto. «Las cosas no terminan así» -dijo la mujer.
** Al día siguiente Eligio le dijo que preparara sus cosas, porque volvían a la ciudad. Impartió algunas instrucciones a su capataz y llamó a Maciel. «Vamos a Asunción».
** Eileen no hizo ningún comentario. No protestó, ni trató de cambiar la decisión. Sabía que el destino se preocupaba por definir los hechos profundos o intrascendentes de la vida.
** La avioneta carreteó pesadamente en la pista de pasto y se elevó sobre el desierto bajo un sol de fuego. Eligio conducía, Maciel a su lado, se revolvió inquieto en el asiento, acosado por una premonición, desde que se dio cuenta de lo que ocurría. Eileen acumulaba un pesado silencio, en el asiento posterior.
** -«Me voy a librar de vos, gringa. Yo soy hombre para vivir solo». -La voz se mezclaba con vibraciones mecánicas y alboroto de bielas. El viento silbaba por las ventanillas de la avioneta.
** Eileen dijo, suavemente: «Las cosas no terminan así. El destino. ¿Sabés, Eligio?»
** Entonces fue cuando el hombre sintió el frío cañón del revólver en la nuca. Recordó el 38, olvidado sobre la mesa del comedor. El disparo le rompió el cuello y la cabeza cayó hacia adelante. El cuerpo de Eligio se aplastó sobre los controles y el avión entró en picada.
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Enlace a la versión digital del libro Siete cuentos indecentes en Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

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jueves, 11 de febrero de 2010

LA HONDITA IMPACIENTE. Autor: HELIO VERA / AULEMOS CLARAMENT. ENTENDÉA, ¿QUIÉN DA MÁS? HAGAN JUEGO, SEÑORES, GUÍA PARA PARLAMENTARIOS PORNOGRÁFICOS

LA HONDITA IMPACIENTE
Autor:
HELIO VERA
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
Colección:
Imaginación y Memorias del Paraguay (9)
Edición especial de Servilibro,
© De la Introducción:
Alfredo Boccia Paz,
Asunción-Paraguay, 2007. 118 pp.


ÍNDICE
Propósito
Rubén Bareiro Saguier - Carlos Villagra Marsal
Introducción - Alfredo Boccia Paz
* Aulemos clarament. Entendéa
* Cave ne cadas
* Chembo problema nde celular
* ¿Cómo detectar a un estúpido?
* El milagro de la síntesis
* Parábola del mono y la banana
* Fábula de la víbora sentimental y del león hervívoro
* Hendy kavaju resa
* El buen decir en la política
* La república de los baduinos
* En los dominios del "ýva para"
* Estamos mejorando
* Privatización ¿de qué?
* ¿Quién da más? Hagan juego, señores
* Guía para parlamentarios pornográficos
* Isaac Newton en el Senado
* Quién nos protege de la fauna
* La selección de los jueces
* Un tiburón vegetariano
* El "ogro filantrópico" se va a votar
* ¿Quién me cuenta un chiste de "Cachique"?
* ¿Ladrones de libros?
* ¿Quién dijo que la vida es aburrida?
* Lugo y la renovación del lenguaje político
* Los perejiles de oro
* La coalición del rebuzno
* Sollozos en el Parlamento
* ¿Vacuna contra el dengue en el Paraguay?
* Esta obra ya la vimos
* Un concierto estupendo
* La orquesta suena cada vez mejor
* De vereda a vereda
* Bribón, sí. Estúpido, jamás
* Las mezquindades de una bancada
* Entre Lomborio y Max Weber
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INTRODUCCIÓN
** Si Helio Vera hubiera sido profesor de sociología o antropología sería hoy, con seguridad, el más respetado conocedor e intérprete de la manera de ser del paraguayo. Felizmente para sus lectores -y fiel a su eterna desconfianza en el saber proveniente de los solemnemente umbríos ámbitos académicos-, Helio eligió un tono ameno y accesible para comunicarse con el lector común. Lo que no le quita un ápice de profundidad y sabiduría a sus reflexiones.
** El autor de los comentarios agrupados en este tomo es abogado, periodista y escritor. Pero, además, es guaireño, lo que no ayuda a simplificar las cosas. Su obra, en general, escudriña las rendijas e intersticios del alma de la raza paraguaya. Sin la intención de interpelar a Manuel Domínguez sobre la existencia o no de conceptos tan dudosos como el de "raza" y su supuesta "alma", nos referimos al corpus de conocimientos y estudios que explican los peculiares códigos de convivencia, interrelación y expresión que comparten los paraguayos. Para describir la paraguayidad, Helio Vera apela a sabrosos subterfugios de estilo -y a la esporádica colaboración de un desopilante y enigmático asesor, llamado Chivé Mendieta- en forma de cuentos, relatos y comentarios.
** Es allí, en la narrativa breve donde Helio se mueve con comodidad. Su primer libro -"ANGOLA Y OTROS CUENTOS" (1984)- ya nos revela a un certero intérprete del modo de pensar y decir popular. En ese libro -y en su profusa bibliografía posterior- los personajes recreados por este verdadero psicólogo del Paraguay profundo hablan y actúan de un modo que siempre nos es conocido, aunque lo creyéramos olvidado, aunque pensáramos que era una percepción únicamente nuestra. Describir usanzas, tradiciones orales y atavismos conductuales no obliga a que el autor sea etiquetado como escritor costumbrista. Lejos de eso, Helio Vera penetra en la memoria popular no solo para rescatar su imaginería y sus santones, sino para interpelar al presente y darle algún significado a muchas de las aparentemente inexplicables cosas que nos pasan hoy.
Nada es nuevo, parece decirnos el autor en sus textos. Solo el ropaje de la coyuntura y la voz de los protagonistas son novedosos. El resto, es el transitar cansino y repetitivo sobre los mismos senderos ya pisados por generaciones pasadas con los mismos previsibles resultados. Como tampoco es nuevo el olímpico desconocimiento de las experiencias pasadas que precede a cada periódico descubrimiento de la rueda que emprenden los políticos compatriotas.
** Es en su tratado de paraguayología, titulado "EN BUSCA DEL HUESO PERDIDO" (1990), donde Helio Vera se adentra con mayor vigor en su aproximación a la identidad cultural de los paraguayos. Se trata de uno de los libros con mayor número de ediciones y traducciones de la historia editorial del país. La clave de su éxito no radica solo en la agudeza de la vivisección del ser nacional, sino en su estilo mordaz y divertido, lo que convierte su lectura en una aventura deliciosa. Es el mismo estilo que el lector encontrará en los textos que integran este tomo.
** Son crónicas de actualidad, de sucesos recientes ocurridos en el marco de esta anárquica democracia que hemos sabido construir luego de décadas de autoritarismo. Este hábil mitómano difícil de descubrir, este iconoclasta impenitente que es Helio Vera, encuentra en las acartonadas y fingidas efigies de la transición paraguaya un blanco precioso para sus agudas observaciones. Así, armado de una antorcha desaprensivamente manejada, Helio Vera recorre los pasillos del museo de cera de los prototipos de nuestra política, derritiendo muchos de los argumentos, mitos y paradigmas que jalonaron nuestra transición hacia la miseria.
** Tamaña empresa -la de embestir contra los emblemas de la modernidad paraguaya-requiere escudos protectores. El autor - guaireño, al fin- los encontró en dos ardides estilísticos: el de la ironía y el de contar con la complicidad del lector. Sobre lo primero hay poco que decir. Nadie discute que Helio Vera es un maestro en el arte de la mordacidad, del humor fino, apenas sugerido, a veces divertidamente cínico, pero siempre profundo y letal. Sobre la segunda característica, habría que extenderse más. Se trata de la poco común habilidad de crear como lo escribió en algún prólogo, Osvaldo González Real- una relación íntima entre el yo del narrador y el tú del lector. Quien caiga en la mal-sana tentación de pasar al segundo párrafo de un texto de Helio Vera, deja de ser lector para convertirse en un cómplice de su relato. Antes de que pueda darse cuenta, el autor lo tendrá agarrado del cuello y lo obligará a llegar hasta el final.
** Allí, será tarde. Podrá estar o no de acuerdo con lo que opine el señor Vera, pero se ha sometido a sus designios. Lo bueno es que sus opiniones rara vez son predecibles. Cualquiera sea el tema que abarque, uno no sabe qué arista, qué posición, qué simpatía o antipatía, motivarán sus líneas. Lo único adivinable, antes de comenzar a leer uno de sus comentarios es que allí habrá algo de talento e inteligencia.
** Con los pies afirmados en una vasta cultura y una visión desenfadada del mundo, Helio Vera explora con destreza las fábulas e historias de las frustraciones de generaciones anteriores para explicar las claves de la confusión actual.
** Eso no lo convierte en un escritor pesimista, para nada. Es un humor que parece resignado, fatalista, pero, que en el fondo, es libertario, ofrece claves para encontrar salidas y enseña a reír nos de nosotros mismos -una característica poco usual en los genes paraguayos, digámoslo, de paso-.
** Helio Vera es un nacionalista moderno. Conoce tanto como Juan E. O'Leary el perfil de nuestros héroes santificados en el altar del heroísmo y tiene tanta conciencia de las debilidades de nuestro carácter colectivo, como la tenía Cecilio Báez. No cae sin embargo, ni en la apología ni en la negación de las potencialidades de los paraguayos. En todo caso, lo que lo fastidia -y con razón- es el irracional desconocimiento de lo que fuimos, hicimos y pensamos antes. Y que, con entusiasmo digno de mejores causas, cada cierto tiempo, intentemos descubrir la rueda.
** Esta selección de más de medio centenar de comentarios de Helio Vera, todos referidos a la realidad reciente, son textos independientes en los que se diseña su visión sobre uno de los periodos más insólitos e interesantes de la historia independiente del Paraguay. Nunca antes tuvimos un lapso tan prolongado de libertades públicas irrestrictas. Lo que construimos en ese tiempo no nos puede dejar muy contentos. Pero tampoco es poca cosa.
** En ese estrecho espacio de expectativas entre lo que éramos y lo que podríamos ser, transitan estos textos. Felizmente, encontrará allí un humor más fresco que el que lo espera en la calle dura y cotidiana. Helio Vera dijo alguna vez que no pretendía descubrir el alma paraguaya. Puede ser, pero está claro que nadie puede acercarse a su conocimiento sin leer a Helio Vera.
ALFREDO BOCCIA PAZ
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AULEMOS CLARAMENT. ENTENDÉA
** La comunicación entre los paraguayos soporta la agresión de poderosos adversarios empeñados en convertirnos en unos primates balbuceantes que, para hacerse entender, deben apoyar el lenguaje con un vasto repertorio de señas, morisquetas y gruñidos.
** Por un lado, los profesores de guaraní nos arrojan una lluvia de neologismos inventados, que tienen la virtud de hacernos olvidar nuestra lengua, la verdadera, la genuina, la que resistió a siglos de proscripción de trabas y de menosprecio. Pero que tal vez no sobreviva a la ofensiva de los docentes, empeñados en imponer un idioma inventado.
** Al español le va peor. Un primer frente de batalla ha surgido con la difusión masiva de los teléfonos celulares. A ellos se debe el nacimiento de una nueva forma de escribir, de muy difícil empleo. Comprender un mensaje de texto es una hazaña digna de un experto en jeroglíficos, de un traductor de sánscrito o de un adivino gitano. En efecto, la nueva lengua ha incorporado una serie de alarmantes novedades a la comunicación: la eliminación de la diferencia entre la "z", la "s" y la "c"; la substitución de la "ll" por la "y" griega, y la unificación de los sonidos "k" "ca", "co", "cu" y "q", en esta última. Además, como en la taquigrafía, se ha suprimido una gran parte de las vocales, sin olvidar que las comas y los acentos han ido a parar al gran basural de Cateura.
** De esta manera, un diálogo mediante mensajes de texto puede realizarse en los siguientes términos:
** Sujeto A: "Por q pio lo q no m yamast. T estuv esperand".
** Sujeto B: "Yo tb t esper. No ce lo q t pasa. No entendes loo lo q t digo".
** Sujeto A: "Es q yovia fuert. Y no m queria mojar too".
** Sujeto B: "No c t va a mojar pue el fono si m avisas. No t via a creer loo".
** Sujeto A: "Diculpame na. La pxma t yamo con + tiemp par q no t vaya de bald 1 pxma vez".
** Está naciendo una nueva lengua ante nuestras narices. Y también una nueva manera de hablar. Ya hace una década que ha desaparecido la antigua "elle" del habla popular, para ser substituida por la "ye". Gracias a ello, "pollo" se escribe "poyo", y "lluvia" es ahora "yovia". Hay resultados todavía más pintorescos: el queso de "rallar" se ha transmutado en "queso de rayar"; es decir, en un queso con rayas, una especie de cebra de los quesos, o tal vez un queso vestido con traje de presidiario.
** Ante estas embestidas poderosas, que vienen envueltas en el aura resplandeciente de la tecnología, parece difícil reaccionar. Esta manera de hablar y de escribir se está volviendo general, y toda una generación va creciendo con este estilo tan nuevo como desastroso. No sé cuánta será la capacidad de resistencia del idioma ante estos cañonazos. Lo único que sé es que, ante este bombardeo, es casi irrelevante el candoroso intento de las feministas de exigir el uso de palabras tan espantosas como "jóvena" como femenino de "joven"; "sera" como femenino de "ser"; "cadeta", como femenino de cadete y otros aportes igualmente pavorosos.
** Se trata, como es fácil notar, de una lamentable desnaturalización de una causa tan noble y justa como lo es la afirmación de la dignidad de la mujer en condiciones de igualdad de derechos y responsabilidades con el hombre. La lucha por la igualdad no pasa por destrozar el idioma sino por destrozar los prejuicios, las desigualdades y las discriminaciones.
** De todos modos, lo del feminismo es un pecado menor. Al fin de cuentas, la lengua la hacen los pueblos, no los laboratorios. Solo que, en este caso, es precisamente el pueblo el que está siendo llevado a adoptar una especie de dialecto incomprensible, seudotecnológico, que se está extendiendo como una peste. Y no parece que nadie tenga la fuerza o el coraje para producir un antídoto capaz de detener la oleada.
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¿QUIÉN DA MÁS? HAGAN JUEGO, SEÑORES
** La pintoresca política paraguaya ha logrado modificar los arcaicos principios de la lógica democrática: la razón ya no la tiene el que tiene más votos, sino el que grita más. Basta con enarbolar unos cartelitos, poner cara de enojado, instalarse en una plaza y vociferar a diestra y siniestra para meterse a Aristóteles en el bolsillo.
** La tecnología ha logrado reforzar esta metodología, incorporando megáfonos de gran potencia, capaces de aturdir a todo prójimo que pase a cien metros de distancia. Los gritos son acompañados de todo un repertorio de amenazas dirigidas a sembrar el temor a quienes dirigen un Estado débil, desconcertado y tambaleante: amenazas de paros, de huelgas de hambre, de "tractorazos", de cierres de rutas.
** Algunos políticos se benefician de este barullo. Y con el cuento de que "están con el pueblo", pasan como próceres gracias al viejo truco de ofrecer lo que no están en condiciones de dar. O porque no existe, porque no hay en la cantidad suficiente o porque lo que se pide ya tiene dueño con mejor derecho. Pero el truco funciona, por lo menos en el corto plazo.
** Los políticos han resuelto el problema. Si viene una multitud exigiendo un aumento salarial, la respuesta inmediata será: aumento no; duplicación sí. Si pide la tierra del propietario Tal, se le agregará un paquete con las de todos los vecinos que están más allá. Si se pide un subsidio para cien, se ofrecerá uno para mil. Total, si la plata no hay, siempre habrá un culpable: el imperialismo norteamericano, las Fuerzas Armadas, el ALCA, la asociación de amigos del "mbói jagua", el Mercosur, los criadores del Oso Panda, el capitalismo salvaje.
** Para este tipo de política primaria y cerril la estrategia de crecimiento pasa por encontrar al malo de la película. Alguien que tenga la culpa de todo: del aumento del costo de la vida, de la fiebre aviar, de los eclipses, de la creciente del río Paraguay, del dengue, del huracán Katrina, del deshielo de los glaciares.
** Como sabemos, se trata de demagogia elemental, pueril y montaraz. Algunos le dan un nombre más elegante: populismo. Pero el populismo es un fenómeno más complejo que esta versión kachiái, al uso paraguayo, que consiste en saludar con sombrero ajeno.
** De esa manera, todo el Estado, exprimido como una naranja, pasa a servir a los propósitos de estos próceres de la transición. Los partidos tradicionales, desesperados ante tanta generosidad con sombrero ajeno, caen en la trampa y también se ponen a repartir, a troche y moche, todo lo que se les pide. La competencia es feroz. Se trata de definir quién da más y más pronto.
** De paso, también se arrojan zoquetes a los amigos: salarios, viajes, viáticos; y, a veces, hasta un premio a algún amigo del alma que se viene de Europa con una rodilla de cristal, como premio a supuestas hazañas científicas. Claro que, en este último caso, cuando se descubrió que no existía la tal rodilla de cristal ni el tal premio internacional, el amigo del alma pasó inmediatamente a ser un "simple conocido".
** El vicio se ha vuelto general. Los ejemplos que citamos tienen la única misión de ilustrar sobre la situación general. Lo grave es que esta manía distributiva ha borrado todo debate sobre la formulación del mejor proyecto de país. Esto, que quitaba el sueño a los políticos de otros tiempos, ya no le interesa a nadie. La competencia entre distintos modelos de país, como ocurría hace algunas décadas, fue substituida por una desaforada pugna por definir quién es más rápido en dar lo que se pide. Que los recursos no existan, es un problema menor. ¿A quién le importa?
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GUÍA PARA PARLAMENTARIOS PORNOGRÁFICOS
** En el siglo XVIII, un noble italiano, el marqués de BECCARIA, escribió "DE LOS DELITOS Y DE LAS PENAS", un librito en el que expuso, de manera más o menos ordenada, las ideas que circulaban en su tiempo sobre el Derecho Penal, alentadas por ese brillante movimiento intelectual conocido como ILUMINISMO.
** Recuerdo que en mi época de estudiante en la Facultad de Derecho, el profesor Encina Marín mencionaba frecuentemente a Beccaria como el punto de partida de esta disciplina. Me parecía entonces muy extraño que un escritor que había muerto hacía más de dos siglos fuese presentado como un prócer del Derecho Penal. Pero cuando lo leí, hace ya muchos años, quedé deslumbrado por lo anticipatorio de sus ideas. Ellas, también hay que decirlo, no fueron revolucionarias ni originales, pero sí presentadas con un estilo atrayente y polémico.
** Desde entonces, no dejo de releer a Beccaria. Esta lectura es un hábito que recomiendo a los miembros del Poder Legislativo quienes, cada vez que incursionan en materia penal, cometen un nuevo despropósito, con el que confirman la prevención de Goehte: «NO HAY NADA MÁS PELIGROSO QUE LA IGNORANCIA EN ACCIÓN». Por eso, no sería mala idea distribuir gratuitamente ejemplares del libro "DE LOS DELITOS Y DE LAS PENAS" entre los legisladores, por lo menos para inspirarles algo de prudencia y aminorar su temeridad.
** Una de las propuestas de Beccaria, convertida en principio general del Derecho Penal en cualquier parte del mundo civilizado, es la proporcionalidad. Se trata de algo "claro como una lámpara, simple como un anillo", como dijera el poeta. Hasta el punto de que se vuelve muy aburrido argumentar sobre este concepto, como lo sería demostrar que la cara de un ladrillo tiene forma rectangular. Proporcionalidad es la relación que debe existir entre la infracción penal y la respuesta del Estado; es decir, la pena. La mayor gravedad de la infracción trae aparejada mayor pena. Para eso, las infracciones se agrupan en graves y menos graves (crímenes y delitos, en nuestra terminología). Quien dispara y lesiona a un prójimo con un honditazo no puede tener la misma pena que quien lo pulveriza con una bazuka. Es argelmente sencillo, ¿no?
** Pero he aquí que nuestro Parlamento ha creado un nuevo sistema de Derecho Penal, de manera tan pintoresca que sugiero su publicación "urbi et orbe", para solaz de la comunidad jurídica internacional. Uno de sus ejemplos es la ley que reprime el secuestro, que merece un comentario aparte. O la de marcas, que pretende convertir la falsificación de un calzoncillos de origen norteamericano en un delito más grave que matarle a la madre.
** Me ocuparé hoy sólo de la Ley 2861/06 "Que reprime el comercio y la difusión comercial o no comercial de material pornográfico, utilizando la imagen u otra representación de menores e incapaces". En ella encontraremos todos los elementos que ilustran patéticamente el olvido del Principio de Legalidad y la burla del Principio de Proporcionalidad.
** Veamos. El homicidio simple tiene una pena de 5 a 15 años. En cambio, el art. 1° de la ley contra la pornografía pena con cinco a diez años de cárcel al que "por cualquier medio produjese o reprodujese un material conteniendo la imagen de una persona menor de 18 años en acciones eróticas o actos sexuales que busquen excitar el apetito sexual, así como la exhibición de sus partes genitales con fines pornográficos".
** Con otras palabras, esto se le aplica a usted, amigo lector, si fotografía a una pareja chapando («acción erótica») en una esquina nocturna, con el sujeto extraviando su mano derecho en algún sitio oculto de la anatomía femenina. O si envía copia de la foto a su compadre, agregando un ejemplar de un periódico que muestra a una adolescente exhibiendo su retaguardia en Villa Florida, en un día de verano y cervezas. Cuidado. Tendrá cinco años de tiempo, como mínimo, para tallar guampas para los amigos en Tacumbú.
** El art. 6° dice que si usted "adquiriese o por cualquier otro título poseyese" alguna imagen de las enunciadas en el art. 1°, tendrá seis meses a cuatro años de cárcel. Es decir, tendrá la misma pena si compró el mismo periódico en la calle o si cometió la torpeza de guardarlo en su casa, a escondidas de su esposa, a la que suponernos muy gruñona e intolerante.
** Igual pena se aplica al que asista a un espectáculo de esa clase. Pero hay una forma de salvar el cuello. Por ejemplo, si a usted le invitaron a ver un concierto de la banda Peteke-Peteke y se encuentra con el strip-tease de una adolescente. Obvio, usted no sabía lo que iba a ocurrir. Ojo, nada de quedarse a disfrutar. Deberá huir inmediatamente, no sin antes santiguarse piadosamente, y con los ojos vendados para no ver la candente escena. Y hay más. No es suficiente poner tierra de por medio sino que, además, debe hacer de "pyragüé" y denunciar el hecho a la autoridad. Porque el artículo 6° así lo exige: huir y denunciar el hecho.
** En fin, amigo lector, así nos va. El pobre Beccaria se estará revolviendo en su tumba. Y, junto con él, igualmente aterrados, los próceres del Iluminismo, desde Kant hasta Montesquieu, quienes sentaron muchas de las bases del derecho penal contemporáneo. No puedo decir "paz en sus tumbas" porque, gracias al Parlamento paraguayo, ella ha sido irremediablemente destruida.