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martes, 17 de agosto de 2010

VIRIATO DÍAZ-PÉREZ - DE ARTE (ENSAYOS) / Texto: MUSEOS. LA PROPOSICIÓN GODOY - EL PARAGUAY EN LAS BIBLIOTECAS ESPAÑOLAS.


DE ARTE
Obras de
VIRIATO DÍAZ-PÉREZ
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
© RODRIGO DÍAZ-PÉREZ
Presentación del autor por
MANUEL DOMÍNGUEZ y
JUAN E. O’LEARY
Luis Ripoll-Editor
Palma de Mallorca – España
1982 (204 páginas)

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PRESENTACIÓN DEL AUTOR
EL DOCTOR VIRIATO DÍAZ-PÉREZ
No viene al Paraguay a buscar dinero.
Es un esteta. Español moderno con ideas y sentimientos modernos. Amigo íntimo de Moraita, el historiador, amigo de Nackens el caballero sin tacha que prefiere la cárcel a la delación vil; compañero de los intelectuales jóvenes de su patria.
El mismo es muy joven y ha escrito mucho, redactado y dirigido revistas y diarios, traducido y comentado a Edgar Poe, el poeta de los refinados.
Ha estado en París y de allí, pasando por España, ha venido al Paraguay.
De París al Paraguay! Nos ha leído, nos ha conocido desde lejos, y ha simpatizado con nosotros. No encontrará ciertamente entre nosotros los esplendores de la Capital del Universo, pero encontrará hermanos, corazones que le estimen y comprendan.
Es otro Barret, otro extranjero notable. El nos trae el concurso de su inteligencia y su cultura. [MANUEL DOMÍNGUEZ]
“Alon”, 8 octubre 1906.

HERMOSOS ARTÍCULOS.
SIMPÁTICA PERSONALIDAD

Desde hace algunos días vienen publicándose en esta ciudad unos hermosos artículos del doctor Viriato Díaz Pérez.
Nuestra intelectualidad ha saboreado, deleitada, producciones, que revelan un corazón de artista y un cerebro bien organizado y mejor nutrido.
El doctor Díaz Pérez no nos era desconocido. Hace ya algunos años que su firma visitó nuestra mesa de redacción, al pié de notables trabajos, precisamente dedicados al Paraguay, del cual era cónsul general en Madrid. Aparte de estos trabajos de propaganda, habíamos leído otros muchos, de diversa índole, publicados en la prensa española. Y sobre todos estos datos, teníamos las honrosas referencias de amigos que le conocieron en su patria y que nos le pintaban como un perfecto caballero, vinculado estrechamente a lo más selecto de la intelectualidad madrileña.
Sus trabajos últimos no nos han tomado, pues, de sorpresa.
Pero nos han producido la más grata impresión, pues su aparición importa su resuelta incorporación a nuestra hoy pobrísima vida intelectual. ¡Y vaya si necesitamos de elementos de la talla del doctor Díaz-Pérez!
Nuestra enseñanza secundaria y superior, nuestro periodismo, nuestro ambiente social todo, están pidiendo a gritos, la presencia de estos pioneros del trabajo intelectual de estos obreros de la cultura, modestos y laboriosos.
Y el doctor Díaz Pérez es precisamente de los intelectuales que más urgentemente necesitamos.
No es sólo un hombre de letras, un artista, un erudito. No es tampoco un desconocido, de ignorados antecedentes, de esos que a menudo llegan por aquí, sin saberse si acaban de egresar de una universidad o de un presidio. Es un joven español ilustradísimo, doctor en filosofía y letras; pero es, además, un español nuevo, de ideas amplias, ultraliberales, librepensador, republicano. Y pertenece a una distinguida familia, vinculada a nuestra sociedad. Es hijo del distinguido literato y luchador, republicano español, don Nicolás Díaz Pérez y sobrino político del inolvidable maestro de la juventud paraguaya, doctor Cristóbal Campos.
Estamos, pues, de felicitaciones, con tan valioso contingente que se nos incorpora.
Ahora sólo falta que sepamos aprovechar sus servicios.
El gobierno debe incorporarlo al personal docente de nuestro claustro universitario y de nuestro Colegio Nacional. Debe dársele un puesto elevado en la enseñanza.
No cometamos la torpeza de desaprovechar tan valioso elemento.
Como tan ilustrado caballero tiene ancho campo de acción en cualquier parte, si no le solicitamos, es casi seguro que nos dejará, en busca de países más hospitalarios y más prácticos.
No hemos de terminar estas líneas sin ofrecer nuestras columnas al simpático escritor.*
[JUAN E. O'LEARY]
*. 9 octubre 1906. No poseemos el título del periódico en que J.E. O'Leary hizo esta presentación (R.D-P y FD-P).

MUSEOS. LA PROPOSICIÓN GODOY
CÓMO PODRÍA HACERSE UN «MUSEO HISTÓRICO NACIONAL»

Hasta hoy creí tratada definitivamente la cuestión «Museos y Bibliotecas» después de haber abusado del público llenando algunas columnas sobre el tema.
Pero una nota que leo en El Diario me, hace ver que se está en los comienzos. La nota es elocuente. Yo, que en mi condición de extranjero apenas si tengo derecho a hacerme oír, quisiera tener el prestigio o el arte necesario para hacer ver al público lo que las palabras de El Diario representan. Desde luego producen tristeza. Se sabe por ellas que un hombre desinteresado a quien su cultura y posición hizo dueño de innumerables maravillas de arte, de valiosas curiosidades históricas y de una biblioteca notable, ofrece todo ello a su país temeroso de que el tiempo o el azar menoscaben su tesoro y deseando que sea patrimonio y orgullo de sus compatriotas lo que antes perteneciera a él solamente. El hecho no necesita ditirambos. En otro país, un hombre así devendría popular. Pero aquí aparece lo triste del caso. Este generoso donador, que pudo labrar su definitivo bienestar, si en él cupiese la idea de permitir que manos extranjeras usufructuasen lo que a su parecer sólo a su patria pertenece, después de varias tentativas encuentra que su ofrecimiento resulta inútil. Circunstancias políticas imprevistas impidieron el cumplimiento de los trámites necesarios para la cesión. Y he aquí el caso singular de un hombre que espera que un momento de tranquilidad gubernamental permita al Estado aceptar una fortuna!
Ante tal fenómeno volvemos sobre nuestro tema de museos, sin ocultar nuestra opinión que es la de que el asunto es de real importancia puesto que algún día pudiera llegar a ser asunto de dignidad nacional. Urge aceptar esta y otra proposiciones porque urge que el país posea un museo histórico nacional. La idea podría realizarse inmediatamente y sin grandes dificultades.

Veamos cómo.
Aceptando en primer término el ofrecimiento del señor Godoy. Solamente con su donativo habría para organizar un verdadero museo. Y éste sería ya notabilísimo si además el señor Solano López quisiera contribuir a esta obra patriótica incorporando a ella las innumerables maravillas históricas que a su vez él solo posee.
De este modo brillante se iniciaría la obra. Y una vez iniciada, unos cuantos entusiastas la secundarían y amplificarían recurriendo a otros medios que aquí como en todas partes existen. Voy a señalar cuatro fuentes de ellos.
1ª. Las cesiones particulares.
2ª. Alguna excursión hecha a ciertos departamentos -ricos en recuerdos históricos- realizada desde luego por personas para quienes la cuestión honorarios no fuese cuestión.
3ª. El intercambio con otros museos.
4ª. La reunión oficial de todos los objetos que hoy existen dispersos en diferentes centros, por falta de local adecuado.
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Que las cesiones particulares darían un resultado admirable lo prueban los casos del señor Godoy y del señor Solano López. No creo además que se rían únicos. Muchas familias que conservan como resto de esplendor pasado ya, valiosos objetos de arte nacional, ya recuerdos históricos, desearían que estos pregonasen la gloria de sus antiguos en las galerías de un centro oficial. Cuando la cesión de tales objetos implicase manifiesto menoscabo de intereses se resolvería la adquisición retribuida.
Y he aquí que una vez más nos encontramos con la terrible cuestión dinero.
Yo no creo, sin embargo, que ningún gobierno realmente patriótico pusiera trabas a un proyecto culto, por los gastos que pudiese proporcionar. Creo también que nadie recurriría al conocido tópico de «las cosas urgentes».
Cierto es que en países como el Paraguay que vienen levantándose penosamente de un pasado infortunado, existen necesidades apremiantes a que acudir; pero desde el punto de vista de una verdadera moralidad gubernamental, también sería cierto que todo es urgente donde todo está por hacerse. En un estado de cosas semejante las prioridades serían cuestión de opinión. Un gobierno que mirase de modo elevado por los intereses de la patria no se preocuparía exclusivamente del llamado bienestar material. (Tema es éste que como el del espiritualismo en filosofía es y será siempre discutible). Ni el bienestar material es progreso ni el arte o la cultura son cosas ideales y descentradas del vivir físico de hombres y pueblos.
Recordemos el caso de Norte América, país el más práctico del orbe según el común sentir. Gasta hoy tal país, en cultura y arte más que ningún otro. Sus museos son espléndidos. Empléanse sumas fabulosas en conservar las casas en que vivieran los grandes hombres. ¡El pueblo materialista y práctico va haciéndose a fuerza de millones una tradición, una historia documental, y una atmósfera para incubar cultura y arte! Ya no ama exclusivamente al dólar. Su positivismo antiguo se deshace como una leyenda... Desde que Edgard Poe moría allí desconocido y Taine publicaba las ideas de Graindorge, -el inclito productor de petróleos- la conciencia yankee ha evolucionado tanto que hoy no tiene el alma europea muchos más matices que la suya. Las grandes esculturas, los cuadros de Alma Tadema, las bibliotecas y el arte vuelan hacia los palacios norteamericanos. Se diría que un rayo de dulce idealidad había allá descendido de un cielo premiador para recompensar tantos millones de vidas obscuras gastadas en el trabajo.
Saquemos la enseñanza de este ejemplo. No es lo que se hace por el arte y por la cultura, nueva amenización de la vida. Ni el arte es a modo de fruto bello incomible, toda vez que vemos a los mismos pueblos tachados de positivismo comprarle al extranjero ya que no pudieron o no supieron tenerle propio.
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Hablemos de excursiones.
El British Museum, orgullo de Inglaterra, se enriquece todos los años merced a la desidia de las demás naciones. Si el Paraguay no estuviese lejano de la Europa activa, hace ya mucho tiempo, no habría quedado una sola curiosidad histórica en el país. Aún no han llegado por acá esos comisionados que viajan por otros países, arrebatando el arte y los pedazos del pasado que los naturales no saben apreciar. No hay que temer aún por acá a esos enviados «que se llevan los objetos a Londres» pero sí a otro enemigo acaso peor, a la ignorancia. Esta va destruyendo lo que queda por los campos y ciudades del antiguo Paraguay poderoso.
Unas excursiones hechas con objeto de salvar de la desaparición o que aún puede ser salvado, serían del resultado productivos para el enriquecimiento de un Museo. Si un trabajo en este sentido es urgente lo probará un ejemplo: el de la llamada Losa de Yariguaá.
Es esta una famosa piedra (de cuya existencia se habla siempre por testimonio de tercero) citada por varios escritores. Situada según algunos no lejos de la cueva de Santo Tomás, relacionada con tradiciones guaraníes y grabada con caracteres «que nadie ha podido descifrar» aparecía como algo interesante y digno de estudio. Hoy no existe sino pedazos y acaso no existe de ningún modo, según opinión del inteligente viajero y notable mecánico paraguayo señor Sacarello con el cual nos hubimos de avistar antes de hacer cierta excursión.
La piedra se encontraba en terrenos de su propiedad.
Si hubiera habido un museo histórico nacional, la Losa de Yariguaá, hubiera sido conservada en él y hoy existiría.
Como este ejemplo podrían citarse otros que no se repetirían si algunos aficionados mediante varias excursiones, pudieran incorporar a un museo lo que encontrasen digno de figurar en él.
España, tan descuidada en otros tiempos, tiene hoy una Escuela Superior de Diplomática donde después de estudios que en nada tendrían que envidiar a los de cualquier doctorado, se confieren títulos de Archiveros, Bibliotecarios y Anticuarios y con ellos, puestos técnicos en los museos.
Una cosa similar acontece en Francia, Alemania e Italia.
Y ocurre preguntar: tanto gasto ocasionado a los estados europeos para elevar hasta carrera científica la de los antiguos conservadores ¿obedece simplemente a una monomanía, a un capricho artístico? Seguramente no. Una larga práctica ha demostrado a las naciones que el descuido o la apatía en la conservación de sus recuerdos es algo que cuesta caro. Historiadores extranjeros escriben después una historia falseada por falta de pruebas. Surgen leyendas absurdas. Comercian pueblos a costa de otros menos avisados o menos ricos. Urge pues a todo país que tenga historia propia, poseer un asilo donde encuentren amparo los comprobantes de ella.
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El intercambio con los demás museos. Sería este, un medio más de estrechar relaciones con otros países, de las cuales tan necesitado se halla el Paraguay. En Europa, los grandes museos tienen un a modo de Boletín -que a veces es revista importante- en el cual se da cuenta de los trabajos de orden interno. Forman estos boletines una red de intelectualidad. Escriben en ellos eruditos, arqueólogos e historiadores de todos los países, unidos por una especie de ideal común, por un intercambio de saber. Recibiría el museo aquí estas publicaciones y correspondería a ellas con una simple hoja mensual hasta tener Boletín. Mediante el intercambio el museo histórico obtendría objetos, regalos, donativos de todas partes. El Nacional de Madrid tiene objetos de inmenso valor advenidos de esta manera. Tal, el llamado «Tesoro de los indios Quimbayas» enviado por el Gobierno colombiano.
Con mucha más razón podría recibir de toda América valiosos donativos un museo paraguayo. Este podría corresponder fácilmente, enviando colecciones de curiosidades indias.
Tratándose de Europa, especialmente, tendría como garantía el Chaco, ese interesante depósito de cuya importancia en este sentido aún no se ha entrevisto la milésima parte.
Que el intercambio produciría resultados, lo demuestra el dato del Preparador del Museo de Historia Natural. Sabido es que dicho señor tiene entre otras habilidades la de preparar delicados adornos con insectos del país. Una donación de uno de estos caprichos de entomólogo, hecha al British Museum valió al Museo de Historia Natural asunceno, el magnífico ejemplar de Ursus que todos conocen.
En cuanto a lo de la reunión de objetos diseminados por carencia de local, ciertamente aportaría un contingente no despreciable para el engrandecimiento del museo.
Y a la vez sería cosa lógica. La investigación hecha recurriendo a la amabilidad particular, a la visita a tal escuela, a la requisa de tal lugar, más o menos apartado es en extremo penosa. Al que trabaja deben presentársele allanadas el mayor número posible de pequeñas dificultades.
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Teniendo presente, pues, todos los recursos con que podría contarse, no sería aventurado afirmar que si el Paraguay el día de mañana no cuenta con un museo del cual se hable en toda América, y en el que fijen sus miradas los investigadores de todos los países, será por pequeñeces lamentables o indignas de un pueblo que debe tercer su vista fija en el porvenir.
Si las cosas no son oportunas en lo que no se desean, la creación del Museo Histórico lo es hoy, puesto que hoy, más que nunca, se anhela.
No nos ocupemos de la masa indiferente. Hay proyectos que jamás penetran en ella. No todo puede pertenecer al mancomún mental. Ni aún a la pseudo mentalidad brillante y huera. Pero sondeemos las opiniones que deben sondearse. Veamos que piensan los doctor Báez, los Morenos, los Gondra, los Domínguez y aún los mismos extranjeros para quienes esto sea asunto. Y ellos dirán, por los que nada dicen.
Por esto escribimos; deseando que nuestro entusiasmo de extranjero sirva de estímulo a quienes, más que a nosotros, interesará lo que se haga. Y además porque en cualquier otro caso nada se pierde. Antes será infructuosa una semilla arrojada en el mejor vergel que una idea lanzada al viento.
Dr. VIRIATO DÍAZ PÉREZ
(San Lorenzo, XI 1906).

SOBRE BIBLIOTECAS Y MUSEOS
EL PARAGUAY EN LAS BIBLIOTECAS ESPAÑOLAS
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Para don JUAN SILVANO GODOY
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I
Por si hubiera alguien en mi país deseoso de conocer la historia paraguaya y por ahorrar trabajo a los estudiosos, publico estos apuntes que son un plan, un proyecto de estudio ha tiempo ideado y nunca concluido por diversas razones.
Pensaba yo haber reunido la producción antigua y moderna; nacional y extranjera que existe dispersa y olvidada en los archivos y bibliotecas españolas, sobre el Paraguay; y dar cuenta de ella. Dar cuenta por algo más que por una simple catalogación: por la crítica revisora de las obras. Hubiera podido ser este trabajo un a modo de enjeridión o prontuario del investigador sobre el Paraguay, en el que se encontrase registrado lo existente sobre el país, con indicaciones sobre el contenido y méritos de cada trabajo y el lugar donde hallarle. De este plan no quedaron sino apuntes fragmentarios que hoy quiero publicar, precedidos de algunas observaciones, por si aún pudieran ser útiles.
Un catálogo como el de que hablamos sería cosa necesaria. Merced a él, el investigador europeo sabría a que atenerse sobre uno de los países de historia más bella y mal conocida que existen; el investigador paraguayo encontraría su tarea menos áspera; y la historia verdadera, la buena, la que tiene toda la poesía de la verdad ganaría bastante, cosa esta, tan necesaria a mi parecer, como otras muchas de que se habla asidua y tenazmente por personas sensatas.
Porque un pueblo sin historia o con historia deficiente, es como un organismo sin alma. La historia es el pasado y éste, bueno o malo, es la vida, la evolución, y la experiencia: lo único en suma que justifica nuestro presente. Y cuando este pasado que es la historia, fue bueno y honroso y reanimante, calculad hasta que punto no sería obra patriótica la de hacer que un pueblo pudiera reconocerse en sus otros momentos, en los del pasado, entreviendo por encima de la prosa de lo actual, lo que fue, lo que debió ser, lo que pudo ser... Toda esta obra pudiera hacerse fácilmente. Toda su poesía yace bajo el polvo de los archivos.
Por gastado que sea un espíritu, ante una gran biblioteca o -tocando otro punto- visitando los museos célebres, recorriendo las galerías orientales del Louvre; o los salones madrileños de Goya y Velázquez; o ante los santos cárdenos del Greco, etc., enciérrase en sí mismo y vive ese recogimiento educador que sólo se produce frente al milagro humano del arte. Un cuarto de hora ante la Madame Recamier de David, o en la cámara de Las Meninas, o ante el dolor de El Pasmo o añorando el mundo oriental de la Dama de Elche o ante los frescos impresionantes de Humbert en el Pantheon, nos da el sentido de lo proporcional, nos enseñan a ser grandes y humildes a la vez... Del mismo modo, hojeando una primera edición del Quijote; o ante unos Essais, anotados por la mano aristocrática del mismo Montaigne; o frente a una millonada de libros donde no hay deseo humano que no se previera y analizara, se siente mayor respeto para con los hombres; y para con uno mismo.
No se ve al ver estas cosas nada inútil. Ni de nada inútil se habla al tratar de ellas.
Son en Europa las bibliotecas y los museos, dignos panteones del Sentimiento, de la Vida y del Esfuerzo universales. Todo ciudadano puede evocar a su voluntad este Sentimiento y este Esfuerzo si lo necesitare. Cualquiera, desde el batallar bulevardier, puede remontarse en media hora al silencio del Louvre o del Prado, donde calman su espíritu, las placideces del arte supremo. Esto es tan necesario para la vida como tener calles y luces y tranvías. Los pueblos grandes y jóvenes deben tender hacia un progreso integral. Con poder ir muy deprisa de una parte a otra o con tener luz por doquier y que no sea sino para ver la realidad y la grosería humanas, nada se adelanta. Ni aun el espectáculo emocionante de una espléndida naturaleza puede suplir a veces a la nostalgia de lo bello producido, de lo bueno estudiable.
Los que hayan vivido la vida, acaso no natural pero intensa, de Europa, aún dominados por el contacto con la Naturaleza de este continente paradisiaco, sentirán sin embargo un vacío: el del medio sugestionador del combatido Arte. La vida es algo más que el bienestar. A veces es ver lo no visto, leer lo no conocido. Esto no más, aportado acá, esta conquista realizada, y países como el Paraguay podrían devenir paraísos. La Argentina comprendiéndolo así, ha tiempo que trabaja en tal sentido, con laudable tesón. ¡Qué paso no daría el Paraguay haciendo lo propio! Dejemos a los intuitivos el placer de adivinarlo, en tanto indicamos simplemente que una labor de tal género sería decisiva. Hacer cultura y hacer arte puede ser hacer patria poderosa; no pocas veces el arte fue la paz.
Así pues, por difícil que fuere el trabajo en este sentido, por perdidas que pareciesen las energías en pro de él desplegadas, debería ensayarse. La biblioteca es cosa fácilmente agrandable. El archivo, merced a las copias, también. Los museos científicos, en países en los cuales la naturaleza suministre la primera materia, igualmente.
Hay además algo muy útil y sencillo: agrandar lo existente; coleccionar lo disperso. Para esto sería conveniente en extremo la revisión de los archivos españoles. Sería de un resultado utilísimo conocer lo que en España existe sobre el Paraguay. Unos datos en este sentido no darían perfecta idea de ello y sí sólo la inspección ocular.
Son los archivos españoles, no mejores que los de París o los del Vaticano y son sin embargo únicos por su importancia especialísima. Y lo mismo los museos. Aun existiendo el Louvre y el British Diluseum, la sala de numismática de Madrid es única en su género. Yo he visto el Louvre y es algo asombroso; pero en el arqueológico de Madrid hay cosas únicas. ¡Tantos pueblos pasaron por España! y tantos «celtas» y fenicios y romanos y godos y árabes pisotearon su suelo que aún hoy no hay día en el que el arado no descubra restos de las antiguas razas muertas. Esto hace fácil la tarea del coleccionador. Y así, hay otros ejemplos, que explicarían lo que antes decía acerca de nuestras bibliotecas.
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Los árabes dejaron en ellas, la clave de su antiguo saber y de no pequeña parte de su historia. Toledo fue la Sorbona de ciencia oriental -de la que aún pueden consultarse en El Escorial extraños tratados. El imperio español, tiránico si se quiere, fue innegablemente grande. Aportó al mundo las primicias de ignotos mares, de inmensos y desconocidos mundos. Y aquellos españoles, que, como dijo mi amigo Machado, «todo lo ganaron y todo lo perdieron» traían en sus arcas, no sólo el oro codiciado, sino también los mapas y los planos y las observaciones y la historia de los pueblos vencidos. Más tarde, el tiempo que todo lo transforma, se llevó el oro a Inglaterra, a Francia, a todas partes. Y sólo la historia quedó en nuestros archivos. En Simancas, en Sevilla, en Madrid, puede el mejicano, como el descendiente de los Incas o el asunceno saber de sus antepasados, de su vida primitiva, de sus arcaicas costumbres. Además, los jesuitas contribuyeron así mismo a que tales archivos fuesen importantes. Legajos numerosos traídos por ellos, duermen en las galerías archivales desde tiempos antiguos, en espera de la mano erudita que los busque. Aún el ignorante en la materia, como nosotros, ha visto allí en diferentes ocasiones manuscritos referentes al Paraguay. ¡Qué no hubiera encontrado la mirada inteligente de un doctor Domínguez y de otros!
Así pues, para que todo no se pierda, he aquí trabajos a realizar. Los archivos esperan. Ya os diré cuales.
Doctor VIRIATO DÍAZ PÉREZ
(Ex-cónsul general del Paraguay en Madrid)
San Lorenzo, setiembre 1906.

II
Existen multitud de ellos: el Histórico Nacional, en Madrid; el Central de Alcalá de Henares, en dicha ciudad; el de Simancas; el Archivo general de Indias, en Sevilla; el de la corona de Aragón, el Histórico de Toledo y otros sin contar los universitarios.
Mas sólo interesan para la historia de América en general y del Paraguay especialmente por existir en ellos cartas de Indias y documentos relativos a la dominación española, los tres primeros. El de Madrid, el de Simancas y el de Sevilla.
El primero llamado Archivo Histórico Nacional, fundado en 1550, conserva unos 200.000 documentos antiguos, entre los cuales hay muchos sobre sud américa. Cuando la supresión del Ministerio de Ultramar, todas las cajas de documentos sobre las antiguas colonias españolas que en él se conservaban, ingresaron en este archivo. No he de encarecer con otros datos su importancia.
El de Simancas, enclavado en el antiguo castillo y prisión de Estado de este nombre, es realmente notable. Lo creó en 1540 el emperador Carlos V. Guarda tal tesoro de documentos célebres que es visita obligada de multitud de eruditos. Allí entre miles de curiosidades el viajero puede ver el testamento original de Isabel la Católica; las capitulaciones entre ésta y el último rey moro, Boabdil; autógrafos de Ignacio de Loyola; cartas de Fe-lipe II; de María Stuard al mismo, implorando su protección; cartas de Fray Luis, de Cervantes, de Quevedo; de América, del África... De todos nuestros pasados yerros se conservan allí comprobantes; y de nuestras pasadas epopeyas también. La importancia que tal archivo pudiera tener para nuestro tema, lo demuestra el hecho de que el doctor Garay, comisionado por su gobierno para hacer estudios en Simancas, hubo de traer de allí, cientos de copias de documentos relacionados con el Paraguay, sin agotar por esto la materia.
Existen, en efecto, en Simancas planos y mapas valiosos para estudiar la gran cuestión sudamericana de límites. Afortunadamente no ha mucho se inauguró una labor meritísima con la publicación del Catálogo de los mapas que se conservan en el Archivo General de Simancas: sección de «Límites de América», trabajo debido a don Julián Paz («Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos», Madrid, 1897-1900).
Y no es menos notable que el descrito, el Archivo de Indias. No peco de exagerado diciendo que es comparable a los mejores del mundo. Puede considerársele, en efecto, como un verdadero depósito mundial de documentos relativos a la dominación española en América. Fue protector de tal archivo nuestro viejo amigo don Gaspar Núñez de Arce que hizo trasladar a él, lo que había sobre la materia en diversos establecimientos similares.
Desde la época en que quedó constituido este archivo, Sevilla es un centro europeo de investigaciones sobre la historia de la América española. Nada tan justo como que a esta Sevilla de donde partieran andaluces y extremeños para sus aventuras trasatlánticas, y de la que tantas naves salieran para el nuevo mundo y tantas otras desembarcaran de él, se vaya hoy a estudiar un pasado en el que representó tan gran papel.
En este archivo de Sevilla existen planos de las antiguas ciudades sudamericanas. Allí está el Mapa de la entrada que hizo al Gran Chaco, el Gobernador de Tucumán, don Gerónimo Matoaros, en el año 1774, publicado en fototipia por la «Revista de Bibliotecas, Archivos y Museos» (año 1898).
Al hablar del Archivo de Indias, debe recomendarse el trabajo del señor Torres Lanzas (jefe del establecimiento) titulado: Relación de mapas, planos, etc., inéditos, del Virreinato de Buenos Aires (Bolivia, Paraguay, Argentina y Uruguay) existente en el Archivo General de Indias, de 1562 a 1805, publicado en la revista antes citada.

HABLEMOS AHORA DE BIBLIOTECAS.
No he de repetir lo que dije sobre el tema anterior. No son en España numerosas, ni surtidas, en comparación con las de los otros países, pero son interesantes y progresan. Para quien desee datos concretos sobre ellas recomendamos una de las mejores obras que existen sobre el particular, limitándonos a la simple recomendación por motivos fáciles de comprender, tratándose de Las Bibliotecas de España de N. Díaz Pérez. (1) Desde su publicación mucho se ha reformado y progresado. Había, en efecto, en Madrid en 1830, 600.000 volúmenes en tanto había 1.600.000 en París. Poco después de 1885, Madrid tenía ya 1.617.761 entre impresos y manuscritos, más de un millón de folletos y dos millones de documentos sin catalogar. Hoy la cifra se ha elevado enormemente aunque por falta de datos concretos no podemos precisar la exacta proporción. Remito nuevamente a la obra citada.
Las bibliotecas que más importancia tienen para el investigador americano son:
Primera: la llamada Museo-Biblioteca de Ultramar, en Madrid. Forma ésta, parte de un importante museo colonial donde se coleccionan objetos, productos, libros, folletos y manuscritos referentes a las antiguas posesiones coloniales españolas. Es algo más que una ampliación del Museo Arqueológico Nacional. Es un museo de etnografía, historia y «naturaleza» oceánica y americana. Consta de siete grandes salones en los cuales lujosas vitrinas atestadas de reflejos infinitos de arte americano y oceánico dan una idea de las inmensas tierras que España poseyó. Predomina el elemento oceánico por haberse hecho el museo con los restos de la exposición filipina. Se abrió dicho Museo-Biblioteca en 1888 (bajo lo protección de mi inolvidable maestro don Víctor Balaguer, entonces ministro de Ultramar) y en él se coleccionó cuanto se pudo encontrar sobre América y Oceanía. Lo más notable del establecimiento es la sección de manuscritos, sobre la que llamo especialmente la atención pues entre ellos los hay sobre el Paraguay de indiscutible mérito, y según parece inéditos algunos. El extracto bibliográfico que hacemos al final nos evita más palabras.
Segunda: La Biblioteca Nacional de Madrid. Data de los tiempos de Felipe V y es la más completa y lujosa de España. Tiene colecciones inmensas de manuscritos, grandes colecciones de láminas, planos y retratos antiguos y catálogos fáciles de revisión. Hay en ella salas curiosísimas como la cíe «raros e incunables» y la de «ediciones del Quijote». Es esta sala, algo que el espíritu culto que habla español visita con respeto inevitable, sintiendo que se difuminan bastante en él las ideas de patria geográfica.
Tercera: Biblioteca de la Unión Ibero Americana. No cito ésta por no ser numerosa ni selecta. Es antes al contrario una biblioteca modestísima que sin embargo no debe dejar de visitar ningún americano que pase por Madrid. Hablo de ella por consagrar algunas palabras a dicha Unión.
Es esta un elegante centro de carácter oficial, dotado de amplios salones y cómoda biblioteca, en el cual se agita lo más selecto de la buena sociedad americana y «americanista» residente en Madrid. Órgano suyo es la revista del mismo nombre que ya es algo conocida en América y alma de todo en ella el señor Pando y Valle, alentador decidido y animoso de la juventud hispano-americana que trabaja. Su revista que hoy no es sino embrionaria -y ya es algo que revela grandeza- ha publicado en el movimiento intelectual del Paraguay frases interesantes para el mismo.
Pocas son las obras que sobre el Paraguay existen en su biblioteca, y no por creerlas importantes las cito sino por seguir el plan trazado de mencionar las obras que sobre el país he encontrado en España.
Otras muchas bibliotecas madrileñas -algunas importantes- deberían ser descritas a continuación. Las universitarias, la del Congreso, la de Palacio, Ateneo y algunas particulares. Así mismo algunas provinciales notables -Escorial, etc.- y no pocas religiosas. Pero sólo la revisión grosso modo de las más curiosas de entre las 1.500 que calculo existen en España sería un trabajo inmenso. El leer solamente los catálogos de cinco millones de obras que son las que constituyen el fondo de lectura pública en España, hubiera requerido bastante más tiempo del que he poseído, y más voluntad también.
He aquí por qué estos apuntes no son sino el fracaso de un estudio como ya dijimos. Apenas si ha quedado ya de él un pequeño plan, que como tal presento. Viajes y circunstancias imprevistas impidieron que fuera otra cosa, aunque es de esperar que lo llegue a ser algún día en que otros continúen anudando el hilo de este humilde comenzar.
(1) Las Bibliotecas en España en sus relaciones con la educación popular y la Instrucción pública; por Nicolás Díaz Pérez (Archivero-bibliotecario de la Económica Matritense, del Casino de la Prensa, etc., Madrid 1885).
Dr. VIRIATO DÍAZ-PÉREZ
(Ex-cónsul general del Paraguay en Madrid)
San Lorenzo, octubre 1906.

ÍNDICE
Dedicatoria
Presentación del autor: El doctor Viriato Díaz-Pérez
Hermosos artículos
Museos. La proposición Godoy
Sobre bibliotecas y museos
Más sobre museos .
Lo que se verá en el museo
Inauguración de la Academia de Bellas Artes
Visita del obispo F. M. Bristol al Museo de Bellas Artes
El artista Rafael Montesinos
En el Museo Godoi
El pasado que vuelve
Después de la exposición de Bellas Artes
Pintores y escultores uruguayos y paraguayos
Un artista paraguayo
Desaparición de J. A. Samudio
Miguel Acevedo
La caricatura y el lápiz de Acevedo
Homenaje al caricaturista Acevedo
Un estudio sobre pintura y escultura en el Paraguay
Mr. Emilio Chauvelot y su cuadro “2 de julio”
Primer Salón de Primavera
La exposición de Wolf Bandurek
El arte de Magda de Pamphilis
El Dr. Belisario Roldán en el Museo Godoi
Notas no escritas por VD-P pero relacionadas con el tema de este volumen: Biblioteca Americana y Museo de Bellas Artes / La propuesta Godoi / Museos y bibliotecas / Museos y bibliotecas / Visita de Blasco Ibáñez al museo Godoi / Notas de VD-P / Apéndice.
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Visite la GALERÍA DE LETRAS
Amplio resumen de autores y obras
de la Literatura Paraguaya.
Poesía, Novela, Cuento, Ensayo, Teatro y mucho más.

lunes, 9 de agosto de 2010

VIRIATO DÍAZ-PÉREZ - TABLA ONOMÁSTICA : “MOVIMIENTO INTELECTUAL Y LITERATURA EN EL PARAGUAY” / Fuente: LITERATURA DEL PARAGUAY, VOLUMEN II.


“MOVIMIENTO INTELECTUAL Y
LITERATURA EN EL PARAGUAY”
TABLA ONOMÁSTICA
LITERATURA DEL PARAGUAY:
DE LOS DÍAS COLONIALES A 1939
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
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TABLA ONOMÁSTICA
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MOVIMIENTO INTELECTUAL EN EL PARAGUAY
AUDIBERT, Alejandro (1859-1920)
BÁEZ, Cecilio (1862-1941)
BAREIRO, Francisco L. (1878-1929)
BENÍTEZ, Manuel (1870-1939)
BERTONI, Moisés (1857-1929)
BOGGIANI, Guido (1861-1901)
BRUGADA (h), Ricardo (1880-1920)
CAMPOS CERVERA, Herib (padre) (1879-1921)
DOMÍNGUEZ, Manuel (1868-1935)
FLEYTAS (?) (1)
GONDRA, Manuel (1871-1927)
LÓPEZ DECOUD, Arsenio (1867-1945)
MORENO, Fulgencio R. (1872-1933)
OLASCOAGA, Ramón de (1865-?)
O'LEARY, Juan E. (1879-1969)
PANE, IGNACIO A. (1880-1920)
RIVAROLA, Belisario (1876-1956)
ZUBIZARRETA, Ramón (1840-1902).
.
(1) No identificado. (N. del E.)
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LITERATURA EN EL PARAGUAY
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ABENTE, Victorino (1842-1934)
ALSINA, Arturo (1897)
APONTE, Adolfo (1873-1949)
ARGAÑA, Luis A. (1897-1957)
ARTAZA, Policarpo (1895-1975)
BÁEZ, Cecilio (1862-1941)56
BÁEZ, Jorge (1897-1959)
BAREIRO, Francisco L. (1878-1929)57
BATTILANA DE GÁSPERI, Eladio (1908)
BATTILANA DE GÁSPERI, Raúl (1904-1924)
BAZÁN, Juan F. (1900)
BENÍTES, Gregorio (1834-1909)
BENÍTEZ, Justo Pastor (1895-1963)
BERGES, José (?-1868)
BLOMBERG, Héctor Pedro (1889-1955)
BORDENAVE, Enrique (1889-1940)
CAMPAYA, Manuel (1902-1949)
CAMPOS CERVERA, Herib (1905-1953)
CAÑETE, Pedro Vicente (1754-1816)
CARDOZO, Efraím (1906-1973)
CARDOZO, Ramón I. (1876-1949)
CARDÚS HUERTA, Gualberto (1878-1949)
CENTURIÓN, Carlos R. (1902-1969)
CENTURIÓN, Juan Crisóstomo (1840-1903)
COLMÁN, Narciso R. (1880-1954)
CORREA, Julio (1892-1953)
CHAMORRO, Delfín (1863-1931)
CHASE SOSA, Luis (1912)
CHAVES, Julio César (1906)
DAHLQUIST, Juan R. (1884-1956)
DÁVALOS, Serafina (1883-1957)
DECOUD, Diógenes (1857-1920)
DECOUD, Héctor F. (1855-1930)
DECOUD, José Segundo (1848-1909)
DECOUD, Juan José (1847-1871)
DE GÁSPERI, Luis (1890-1976)
DE VITIS, Michael A. (1890-...)
DÍAZ DE GUZMÁN, Rui (1560-1629)
DOMÍNGUEZ, Manuel (1868-1935)58
ESCLADA, Juan Pedro (1787-1869)
FARIÑA NÚÑEZ, Eloy (1885-1929)
FREIRE ESTEVES, Gomes (1886-1970)
GARCÍA, Federico (1892-1923)
GARAY, Blas (1873-1899)
GELLY, Juan Andrés (1792-1856)
GODOI, Juan Silvano (1846-1926)
GONDRA, Manuel (1871-1927)59
GÓMEZ BUENO DE ACUÑA, Dora
GÓMEZ SÁNCHEZ, Enriqueta (?-1953)
GÓMEZ SERRATO, Darío (1903)
GONZÁLEZ, Natalicio (1897-1966)
GONZÁLEZ, Teodosio (1871-1932)
GUANES, Alejandro (1872-1925)
JIMÉNEZ ESPINOSA, Daniel (1878-1950)
JOVER PERALTA, Anselmo (1895-1970)
LACONICH, Marco Antonio (1902)
LAMAS, Vicente (1900)
LAMAS DE RODRÍGUEZ ALCALÁ, Teresa (1887-1976)
LEYES DE CHAVES, María Concepción
LÓPEZ, Carlos Antonio (1790-1862)
LÓPEZ, Venancio V. (1862-1927)
LÓPEZ DECOUD, Arsenio (1867-1945)60
LUGO, Eusebio A(veiro) (1890-1953)
MACÍAS, Silvio A. (1889-1947)
MAÍZ, Fidel (1828-1920)
MALLORQUÍN, Juan León (1880-1947)
MARÍN IGLESIAS, Alejandro (1907)
MARRERO MARENGO, Ricardo (1879-1919)
«MIRIEL, Arnoldo» (v. Pecci Saavedra, Miguel)
MOLAS, José D. (1901)
MOLAS, Mariano A. (1780-1844)
MOLINAS ROLÓN, Guillermo (1892-1945)61
MORENO, Fulgencio R. (1872-1933)62
O'LEARY, Juan E. (1879-1969)63
ORTIZ, José Concepción (1900-1972)
ORTIZ GUERRERO, (Manuel) (1897-1933)
ORTIZ MÉNDEZ, Francisco (1901-1974)
PAIVA, Félix (1877-1965)
PANE, Ignacio A. (1880-1920)64
PARODI, Enrique D. (1857-1917)
PECCI SAAVEDRA, Miguel (1890-1963)
PEÑA, Manuel Pedro de (1811-1867)
PÉREZ (ACOSTA), Juan Francisco (1873-1968)
PÉREZ MARTÍNEZ, Marcelino (1881-1912)
PRIETO, Justo (1897)
RAMÍREZ, Juan Vicente (1887-1977)
RAMOS GIMÉNEZ, Leopoldo (1891)
REBAUDI, Arturo (1859-1926)
REBAUDI, Ovidio (1860-1931)
RECALDE, Facundo (1896-1969)
RIQUELME, Manuel (1885-1961)
RODRÍGUEZ-ALCALÁ, Hugo (1917)
RODRÍGUEZ-ALCALÁ, José (1883-1959)
ROJAS, Alberto (1906-1934)
RUFFINELLI, Luis (1889-1973)
SALAZAR y ESPINOSA, Juan (1508-1560)
SAMANIEGO, Pedro P. (1892-1942)
SÁNCHEZ QUELL, Hipólito (1907)
SAPENA PASTOR, Josefina
SAPENA PASTOR, Raúl (1907)
SOLANO LÓPEZ, Enrique (1858-1917)
SOSA, Enrique A. (1906)
STEFANICH, Juan (1889-1976)
TALAVERA, Natalicio (1839-1867)
TALAVERA DE FRACCHIA, Ida
VALDOVINOS, Arnaldo (1908)
VARGAS PEÑA, Ángel (1904)
VERGAS PEÑA, Benjamín (1910)
VELÁZQUEZ, Roberto A. (1886-1961)
VILLAREJO, José S. (1907)
VILLAMAYOR, Julián (1905-1974)
YNSFRÁN, Pablo Max (1894-1972)
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56 al 64 : Figuran en Movimiento intelectual en el Paraguay. (N. del E.)
.


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Fuente:
LITERATURA DEL PARAGUAY. VOLUMEN II .
(DE LOS DÍAS COLONIALES A 1939)
Autor:
VIRIATO DÍAZ-PÉREZ
prólogo por RUBÉN BAREIRO SAGUIER ;
anotaciones
RAÚL AMARAL
Edición digital: Alicante :
Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2003
N. sobre edición original:
Edición digital basada en la de
Palma de Mallorca, Luis Ripoll, 1980.
.
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de la Literatura Paraguaya.
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VIRIATO DÍAZ-PÉREZ - LITERATURA DEL PARAGUAY: DE LOS DÍAS COLONIALES A 1939 - Anotaciones: RAÚL AMARAL / Fuente: LITERATURA DEL PARAGUAY, VOLUMEN II.



LITERATURA DEL PARAGUAY:
DE LOS DÍAS COLONIALES A 1939 *
Ensayo de
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
.
*FUENTE ORIGINAL: VIRIATO DÍAZ-PÉREZ, «Literatura del Paraguay», en: Historia Universal de la Literatura, compilada por Santiago Prampolini (1.ª edición). Buenos Aires, UTEHA Argentina, 1941, t. XII, pp. 295-309. (N. del E.)
(Asunción-Buenos Aires, 1941)
.
[I. Evolución cultural]
Escritores paraguayos como Ignacio A. Pane, amantes de las glorias patrias, reconocieron en más de una ocasión que fue tardía la evolución cultural del Paraguay. Su historia extraordinaria podría explicar el hecho, aunque éste no haya de ser admitido, según veremos, en la forma categórica y simplista que suele enunciarse.
Van siendo conocidos -y admirados- los diversos capítulos de esta historia que ha engendrado una de las bibliografías más copiosas del Río de la Plata. Centenares de volúmenes integran, por ejemplo, su material informativo referente a los estupendos momentos iniciales de la génesis paraguaya, en que desde la rudimentaria Asunción partían sus hijos a la conquista de los remotos Eldorados, creando ciudades.

Aunque mediatizada la ciudad por su geografía da, empero, el primer Gobernador criollo del Continente en el gran Hernandarias de Saavedra. Adentrada en sus selvas, es asiento del primer Obispado del Río de la Plata, en 1548, con el Obispo Juan de Barrios. Después de despoblada Buenos Aires, elevada por Irala a la categoría de ciudad, es en Asunción donde celebra sesión el primer Cabildo rioplatense.
De cultura restringida, en su aislamiento mediterráneo, produce a Rui Díaz de Guzmán, el primer historiador rioplatense. No tiene Universidad, pero sus hijos la fundan allende fronteras como Hernando Trejo de Sanabria, en la Córdoba americana. Parecía estar llamada a lograr la ingencia de urbe populosa y congestiva como otras capitales similares, y resulta destinada a ser madre de pueblos, de grandes ciudades, y, así, desde 1553 a 1595, en treinta años de vitalidad, el solar asunceño engendra treinta y tres ciudades, desbravando para siempre las selvas de América, donde gana el nombre de Provincia Gigante porque abarca desde el Amazonas a Magallanes y desde la línea de Tordesillas hasta las gobernaciones del Oeste...
La época de las célebres misiones jesuíticas dotó asimismo de ingente bloque bibliográfico a la investigación europea y americana. Nueva aportación produjo la figura singular del dictador Francia, estudiada por Carlyle. Toda una literatura, la Guerra de la Triple Alianza y la dictadura de los López.

[1. Prosa de la Colonia]
Es un hecho cierto que el paraguayo Rui Díaz de Guzmán es autor de La Argentina, primera historia del Río de la Plata, escrita en 1616. Un pasado accidentado, trágico, repitámoslo, dificulta, interrumpe, los promisores impulsos iniciales de cultura.
Sólo así, tras largo intervalo, encontraremos a Pedro Vicente Cañete (1749), que vuelve a dar nombre cultural a su patria. Doctorado en Santiago de Chile, aparece como personalidad intelectual brillante por sus monografías doctrinales, jurídicas e históricas aparecidas algunas en 1789. «De agitarse en otra época y otro medio -dijo de él el ilustre Mitre- hubiera pasado a la historia en calidad de prócer americano».
El luengo intervalo apenas se interrumpe sino por el hecho -que citamos como histórico y singular- de la aparición de las «Impresiones Jesuíticas», guaraníticas, primer ensayo de la imprenta en el Río de la Plata, que -sabido es- se produce en las Misiones paraguayas, donde en plena selva se funden tipos, se dibujan láminas, se traducen obras y son impresas, en extraordinarias prensas recordatorias de los días de Gutenberg, fechándose en 1705 ediciones de clásicos en el Paraguay, como la del tratado del padre Nieremberg sobre La Diferencia entre lo Temporal y lo Eterno.

[2. Las letras en la República]
De los sombríos días del dictador Francia se salva la figura de otro estudioso interesante: Mariano Antonio de Molas (1787-1844), autor de la interesante Descripción Histórica de la Provincia del Paraguay, obra de mérito excepcional.
Aparece más tarde el escritor Juan Andrés Gelly, autor del curioso volumen El Paraguay; lo que fue, lo que es y lo que será. Gelly actuó como diplomático en Europa y en el Plata. Fue uno de los redactores de El Paraguayo Independiente. Poseía cultura. En Francia mereció la amistad de Thiers.
En los días de los López, aunque don Carlos Antonio laboró incansablemente en pro de la cultura de la nación, y él mismo redacta publicaciones de mérito y crea la prensa nacional, los trágicos acontecimientos de la Guerra de la Triple Alianza impidieron recoger los frutos del noble esfuerzo realizado.
Son escritores de la época Natalicio Talavera; el patricio Manuel Pedro de Peña, que conoció largos años las prisiones y dejó unas célebres Cartas contra la tiranía de López, su pariente; Juan Crisóstomo Centurión, historiador de la Guerra, autor de Memorias o sea Reminiscencias Históricas (Buenos Aires); Gregorio Benítes, Berges, Escalada, el padre Maíz y otros.

[3. Romanticismo - Novecentismo]
Después de la Guerra, iniciado el período constitucional, surge en el ambiente patrio la pléyade cultural contemporánea de estudiosos, escritores e investigadores, que estructura intelectual y espiritualmente el Paraguay moderno.
Figura en ella José Segundo Decoud (1848-1909), miembro de la Convención que dictó la Constitución Nacional. Escritor jurídico, educador y literato, tradujo la obra de Alden: La Ciencia del Gobierno (Asunción, 1877); publicó importantes ensayos (La Educación, Recuerdos Históricos, etc.), y es autor del primer ensayo sobre la literatura patria: La literatura en el Paraguay (Asunción, 1889).
Su coetáneo Juan Silvano Godoi es una figura legendaria en la historia de la cultura nacional. No de otro modo lo evocan críticos como Silvano Mosqueira y Justo P. Benítez. Fue uno de los redactores de la Constitución, periodista y diplomático; pero, ante todo, literato, historiador y amante de la belleza; era la labor cultural el eje de su vida. Entre numerosos trabajos dejó: Monografías históricas (Buenos Aires, 1893), Últimas operaciones de Guerra del General Díaz (Buenos Aires, 1897), Mi misión a Río de Janeiro (Buenos Aires, 1897), El Barón de Río Branco (Asunción, 1912), El asalto a los Acorazados (Asunción, 1919), etc.
Educado en el Colegio Argentino de Santa Fe, exilado veinte años en Buenos Aires, viajero en Europa y conocedor de sus obras de arte, gastó una fortuna en formar notable pinacoteca y una selecta biblioteca americana de 20.000 volúmenes, que aportó a su patria. «Era un hombre del Renacimiento, violento, señorial y generoso», dice Pastor Benítez. «Era un esteta», dijo el doctor Domínguez.
El doctor Cecilio Báez es otra de las grandes personalidades intelectuales patrias. «Ningún hombre ha ejercido -se ha dicho- tanta influencia como él en la formación de la cultura nacional». Como investigador reivindicó la figura de Irala y atacó la tiranía de Solano López, aunque después procuró justificar el despotismo de Francia. Maestro de la juventud, aún hoy en la ancianidad sigue siendo un expositor de ideas.
Toda una enciclopedia es su producción cultural, en la que figuran: Cuadros históricos del Paraguay (Asunción, 1907), Ensayo sobre el Dictador Francia y la dictadura en Sud América (Asunción, 1910), La tiranía en el Paraguay (Asunción, 1903), Introducción a la Sociología (Asunción, 1903), Política Americana (Asunción, 1925), The Paraguayan Chaco (New York, 1904), Historia Colonial del Paraguay (Asunción, 1926), etc.
Manuel Gondra, humanista de extraordinaria cultura y de erudición excepcional, fue el literato preclaro -18- cuyos trabajos -contados- perduran inatacables ante los cambios de tiempos y escuelas. Se le señala como el maestro ilustre que supervive a su época. Su obra sobrepasó las fronteras: Leopoldo Alas le menciona; Salvador Rueda afirmó que su ensayo sobre Darío era el más profundo que conocía; Paul Groussac respetó la fuerte personalidad del crítico.
Su monografía En torno a Rubén Darío (Asunción, 1899. Instituto Paraguayo) -por el cual el gran poeta le denominaba «mi ilustre demoledor del Paraguay»- le presentó al mundo intelectual hispanoamericano como un maestro de la crítica. Escribió célebres discursos, tal el dedicado a la memoria de Alberdi. Su análisis del antiguo Catecismo de San Alberto, preceptuario político y moral reaccionario del tiempo de Carlos Antonio López, es recordado como un modelo en su género; así como sus estudios sobre temas guaraníticos e históricos.
Aunque ejerció poderosa influencia en su patria, escribió poco. «El ansia de perfección detenían su pluma; la política terminó por esterilizar su porvenir literario... Su influencia espiritual -resumimos- provino de la cátedra. Sus discípulos vieron en él un orientador de conciencia».
El historiador Blas Garay, aunque desaparecido en su juventud, dejó en pos de sí obra fecunda. Literato e investigador, visitó los archivos españoles y rioplatenses editando una valiosa Colección de documentos relativos a la historia de América y particularmente del Paraguay. Escribió un notable tratado de Historia del Paraguay, un ensayo sobre La Independencia del Paraguay (Madrid, 1907) y otro sobre El Comunismo de las Misiones de la Compañía de Jesús en el Paraguay. Sus obras son modelo de casticismo, y, dejando aparte algunos aspectos polémicos de ellas, producciones de un gran literato. «Blas Garay -se ha dicho- señala con Rui Díaz de Guzmán en el Coloniaje, y Mariano Antonio Molas en el siglo XIX, las tres etapas de la literatura histórica en el Paraguay».
Fulgencio R. Moreno pertenece asimismo al grupo de los consagrados. Escribió Estudio sobre la Independencia del Paraguay (Asunción, 1911), La Ciudad de Asunción (Buenos Aires, 1926), Paraguay-Bolivia, I-II-III Parte, producciones, las tres, fundamentales. Conoció profundamente los acontecimientos que precedieron y subsiguieron a la Independencia. Clásica es su obra sobre los orígenes de Asunción, y sus volúmenes referentes a los límites con Bolivia fueron oficialmente patrocinados por el Estado.
Visitó las bibliotecas de Buenos Aires, Río y Santiago de Chile. Como Garay y, en general, los escritores de su generación, fue escritor galante y castizo. Poeta, en su juventud, amaba con espíritu ecléctico los clásicos antiguos y los grandes maestros contemporáneos.
Fue el doctor Manuel Domínguez, no otro maestro de la juventud, sino acaso durante largos años el guía más popular de ella. Erudito que impresionó la atención del historiador español Morayta; filósofo de la historia, pensador y crítico, dejó huellas profundas en el pensamiento patrio. Su labor fue reconocida como concienzuda, minuciosa y originalísima en el extranjero.
Disciplinado en el estudio de Renan y Sant-Beuve, de Taine y Macaulay, amante del aticismo de Valera y de los clásicos, dejó páginas literarias admirables, como las iniciales de La Sierra de la Plata (Asunción, 1904), dignas de la más exigente antología. Escribió El Alma de la Raza (Asunción, 1918), Cartas sobre Menéndez y Pelayo (Asunción, 1902), La Constitución del Paraguay (Asunción, 1909) y numerosos opúsculos sobre los antecedentes coloniales en la cuestión del Chaco, a la que dedicó largos años de estudio, siendo tema capital de sus investigaciones.
Domínguez fue intérprete de la historia antes que historiógrafo, él incursionó en las penumbras del coloniaje «con método que ha merecido el elogio de las autoridades en la materia». Develó las leyendas de «Eldorado», de la «Tierra de los Césares», y conoció como nadie los momentos iniciales de la vida argonáutica de los buscadores de la «Sierra de la Plata».
De tendencia filosófica espiritualista, fue «precursor de las nuevas corrientes que traducen la inquietud de la nueva generación frente al problema del destino en el universo». Talento múltiple, cultivó el derecho, la filosofía, las ciencias naturales, la historia y, con éxito, la filología guaraní.
Arsenio López Decoud, de la familia de los López mandatarios de la Nación, es crítico distinguido y esteta. Conocedor de las literaturas europeas, ha escrito estudios minuciosos e interesantes, tal el consagrado a Oscar Wilde (Asunción, 1915), y otros sobre Remy de Gourmont, Baudelaire, Musset y Verlaine. Contribuyó también con trabajos históricos y geográficos a la obra de la cultura nacional.

[4. Otros nombres de época]
El escritor Héctor F. Decoud especializose en los estudios referentes a la actuación de Solano López y a los acontecimientos trágicos de la Tiranía y de la Guerra, escribiendo en forma condenatoria para López. Publicó documentados volúmenes sobre Una década de la vida nacional: 1869-1880 (Asunción, 1925), La Masacre de Concepción (Buenos Aires, 1928), Dos páginas de sangre (Asunción, 1925), La Revolución del Comandante Molas (Buenos Aires, 1930), etc. En el mismo sentido, el doctor Arturo Rebaudi publicó diversos volúmenes de crítica histórica: Guerra del Paraguay (Buenos Aires, 1920), La Declaración de Guerra (Buenos Aires, 1924), etc.
Finalmente, distinguiéronse en distintas investigaciones de carácter histórico y crítico: Juan F. Pérez, dilucidador de diversos temas de erudición sobre el pasado; Alejandro Audibert y el doctor Mallorquín, que estudiaron los límites de la antigua Provincia del Paraguay; Gregorio Benítes, con sus importantes Anales Diplomáticos (Asunción, 1906); Enrique Solano López -hijo del mariscal López- bibliógrafo meritísimo y bibliófilo; Diógenes Decoud, autor de la notable obra La Atlántida (París, 1885), evocación de la América con un interesante capítulo consagrado al Paraguay, que suscitó críticas y motivó un opúsculo del doctor Domínguez1; Gomes Freire Esteves, autor del ensayo El Paraguay Constitucional (Asunción, 1920).
Laborioso difundidor de la cultura literaria e histórica es el literato Silvano Mosqueira, biógrafo meritísimo, autor de ensayos y semblanzas sobre personalidades patricias y hechos memorables, cronista de bellas y generosas evocaciones, y uno de los grandes propulsores y animadores en el mundo intelectual paraguayo. Escritor idealista y patriota, ha publicado: Semblanzas Paraguayas (Asunción, 1908), Ensayos (Asunción, 1902), Nuevas Semblanzas (Asunción, 1937), Juan Silvano Godoi (Asunción, 1935) y numerosos volúmenes, monografías y opúsculos.
Con espíritu de luchador, el escritor Natalicio González goza de renombre entre los modernos. Su nota es el nacionalismo en la labor histórica -reivindicando la personalidad de López- y el amor a lo vernacular en la obra literaria. Tiene publicado El Paraguay eterno (Asunción, 1935), Solano López y otros ensayos (París, 1926), Baladas Guaraníes (París, 1925), etc.

[5. Los profesores]
Entre los escritores consagrados a la enseñanza figura el profesor Ramón I. Cardozo, redactor de obras pedagógicas, que se ha distinguido en los últimos tiempos con el aporte de una documentada investigación histórica sobre la región de El Guairá.
El doctor Manuel Riquelme, pensador y pedagogo conocido en el extranjero, donde ha dictado cátedras de psicología, es autor entre numerosos y serios trabajos, de tres libros modernos de educación: Esfuerzo, Aspiración y Solidaridad, que han merecido el elogio de la crítica, así como su tratado de Psicología, de texto en la Argentina. Pero su obra capital es Filosofía y Educación (Asunción, 1934), donde analiza las doctrinas de Husserl, Vidari y Krieck en sus relaciones con la educación, obra de pensador y de maestro. Débese a él la creación de la Facultad Libre de Humanidades.
Hase distinguido también el profesor Juan Vicente Ramírez, como sociólogo y crítico, y como autor de una Introducción al estudio de la Filosofía (Asunción).
Representante de las letras paraguayas del presente, del humanismo y la cultura clásica, es el doctor Adolfo Aponte. Como Gondra, parco en el producir, sus trabajos alcanzan, cual los del maestro, singular perfección. Es autor de críticas sobre el purismo en el idioma y de estudios históricos, entre ellos el notable opúsculo Un libro del señor Godoi (Asunción, 1926).

[6. El grupo de 1925]
Efraím Cardozo, joven y ya consagrado escritor, ha merecido ser considerado continuador de la gloriosa tradición de Garay y Moreno. Son notables sus contribuciones: El Chaco en el régimen de las Intendencias, La creación de Bolivia (Asunción, 1930), Aspectos de la cuestión del Chaco, El Chaco y los Virreyes, La Audiencia de Charcas y otros trabajos notables. Conocedor de los archivos asunceños y rioplatenses, de extensa cultura bibliográfica, sus tesis tienen el valor de las producciones científicas.
Justo Pastor Benítez, periodista brillante, diplomático e historiador, es escritor cuyo renombre ha traspasado las fronteras, contribuyendo poderosamente con ágiles e interesantes divulgaciones a hacer conocer en el Río de la Plata los hombres, la historia y las cosas del Paraguay. Sus ensayos: La vida solitaria del Dictador Francia, La Constitución del 70, Sobre el liberalismo paraguayo, Algunos aspectos de la literatura paraguaya (Río de Janeiro, 1935) y Bajo el signo de Marte, son obras del literato en las que impera un noble hálito de modernidad y libertad.
A esta generación del Paraguay moderno, henchida de nobles ideales y de inquietudes del áspero presente, pertenece el sociólogo, pensador y crítico Justo Prieto. Sus obras, conocidas en la Argentina, el Uruguay y el Brasil, son las de un estudioso adueñado del talento de la exposición, y en ocasiones las de un maestro. Tal le revelan sus Ideas para la concepción de la juventud universitaria (Buenos Aires, 1937) y su Síntesis sociológica (Buenos Aires, 1937), notable tratado de gran valor crítico, expositivo y pedagógico.
Alejandro Marín Iglesias es uno de los más jóvenes escritores paraguayos, no obstante lo cual alcanzó justa nombradía por sus diversos trabajos, especialmente por sus Cartas a la juventud paraguaya (Buenos Aires, 1937), en las cuales habla un espíritu advertido, aleccionado, que en la postguerra y en la lucha adquirió tempranamente el tono sereno de la experiencia.
H. Sánchez Quell, joven profesor, es otro representante del Paraguay de hoy. Aparte de diversos estudios de literatura y de crítica, ha producido la interesante y documentada Política internacional del Paraguay; de 1811 a 1870 (Asunción, 1935), obra fundamental en su género.
Carlos R. Centurión pertenece asimismo a la joven generación. Destácase en ella por sus estudios literarios, expositivos y críticos, y ensayos como el consagrado a Los Hombres de la Constitución del 70 (Asunción, 1938), que revelan al escritor que conoce y ama la patria legendaria y sus hombres.
Son escritores dignos de mención, igualmente, el doctor E. Bordenave, estilista exhumador de curiosidades históricas; Policarpo Artaza, poeta y escritor de elevados ideales; Marcos Morínigo, culto filólogo y crítico; Antonio Laconich, investigador en materia histórica; L. Chase Sosa, autor de estudios sociales; Roberto Velázquez, poeta y estilista en sus comienzos, espíritu culto y autor del volumen Ambiente de Guerra en Europa (Buenos Aires, Editorial Tor).
Ángel Vargas Peña, a quien se debe la original e interesante monografía El Mayor José Ildefonso Machaín ¿Traidor o Prócer? (Buenos Aires, 1933); José F. Bazán, de cuyas Divagaciones literarias (Asunción, 1934) se ocuparon Pedro González Blanco y Palacio Valdés; Benjamín Vargas Peña, analista de la figura del dictador Francia en su obra Vencer o morir (Asunción, 1933); el doctor Pedro P. Samaniego, pensador, autor de elegantes trabajos críticos sobre Anatole France, la literatura española, y de Diálogos filosóficos inspirados en la escuela del divino Platón.
G. Cardús Huerta, interesante personalidad intelectual, que en Arado, Pluma y Espada (Asunción, 1912) se anticipó a idearios internacionales posteriores; el doctor Luis de Gásperi, prestigiosa figura representativa de la literatura jurídica doctrinal, espíritu disciplinado, tratadista y literato, que, ha estudiado la obra del poeta Leopoldo Díaz; el doctor Félix -26- Paiva, escritor jurídico, autor de obras fundamentales; el doctor Luis Argaña, a quien se deben tratados jurídicos importantes; el doctor R. Sapena Pastor, escritor y economista; el doctor Teodosio González, que corona su nombradía, alcanzada en los estudios consagrados al derecho penal, con su libro Infortunios del Paraguay, análisis sincero de la sociología nacional.
Juan Stefanich, novelista en Aurora, y crítico en Hacia la Cumbre; el profesor Jover Peralta, estudioso del Arcipreste de Hita y otros clásicos españoles; el doctor Ovidio Rebaudi, especializado en la literatura espiritualista y metapsíquica. Julio César Chaves, recientemente incorporado a la literatura histórica con la importante producción Historia de las Relaciones entre Buenos Aires y el Paraguay; 1810-1813 (Buenos Aires, 1938); el doctor Enrique A. Sosa, jurista y orador; Alberto Rojas, malogrado investigador del pasado, etc.

[II. Géneros y movimientos]

[1. Poesía]
La poesía en el Paraguay no tiene, como en otros países hispanos, antecedentes coloniales, si no queremos mencionar -y ello sería sólo a título de curiosidad literaria- el caso del fundador del fuerte de Asunción, Juan de Salazar, recientemente estudiado.
Durante los momentos iniciales, las trágicas inquietudes de la búsqueda de la Sierra de la Plata, los tormentosos que subsiguen y culminan en la célebre Revolución Comunera, los de la Emancipación, los de la dictadura de Francia o los de Don Carlos Antonio López, el Paraguay carece de poetas.
El primer cantor aparece durante la guerra del 70: es Natalicio Talavera, nacido en Villa Rica (1837) y muerto en el campamento de Paso Pucú. Recordado como el Tirteo paraguayo (frase de Andrade), deja un Himno y diversas poesías patrióticas, cuyo principal mérito es el de haber sido engendradas en la zozobra de la vida de trinchera. Fue también prosista, colaborador de El Semanario, el segundo periódico que apareció en el país (1852). Su nota es el patriotismo alentador y el dolor ante el terruño invadido:

... ese suelo inocente y hermoso
que al gran río le debe su nombre.

Cultivaron su mismo género Enrique Parodi, Juan José Decoud y Venancio López. En la generación subsiguiente a la Guerra, un nombre inolvidable ha de recordarse al historiar la poesía paraguaya: es el de Victoriano [sic] Abente que, aunque no nacido en el país (era español), representa la nota más honda, sugerente y popular de la poética paraguaya en su época. Sus estrofas sonoras, castizas, cantan temas típicamente paraguayos, tal La Sibila Paraguaya, El Salto del Guairá, El Oratorio, páginas hoy antológicas. Su Balada, hermanada con la música nativa, alcanzó la gloria de adentrarse en el corazón del pueblo que aun hoy canta con ritmos típicos:

Era una noche de luna
estando en el Paraguay
aspirando el grato aroma
del frondoso naranjal...

Hacia el novecientos, descuella en el parnaso nacional una pléyade de poetas que pasa merecidamente a las antologías. Juan E. O'Leary representa en ella unas veces la exaltación de las glorias nacionales: El Alma de la Raza (Asunción), otras el lamento en recuerdo del indio guaraní (¡Salvaje!), otras el sentimiento elegíaco ante la pérdida del ser querido.
Dice en una ocasión Salvador Rueda: «Me ha impresionado vivamente, como si fuera una figura real, el indio puesto en pié para siempre por O'Leary» -refiriéndose a los sentidos sáficos de ¡Salvaje!:

De las entrañas de la selva virgen
la luz espera en su dormir de siglos
-último resto de una raza altiva
el indio bravo.

O'Leary alcanzó el renombre de que goza, acaso más que por su obra poética, por su labor de historiador y polemista. Reivindicador del pasado patrio, historió la Guerra en numerosas obras fundamentales, de fuerte tono nacionalista, idealizando la figura del mariscal López y otros héroes de la contienda. Es autor, en este sentido, de Nuestra epopeya, El Mariscal López, La Guerra de la Triple Alianza, El Libro de los Héroes, etc.
Ignacio A. Pane es asimismo cantor de tópico nacionalista (El héroe de Curupayty, Oda al Paraguay, A Pedro Juan Caballero) y de las sugerencias populares del terruño (El Pombero, El Ybapurú); pero su notoriedad nació de las estrofas sobre La mujer paraguaya, abnegada heroína reconstructora de la nacionalidad que dejó vacilante la Guerra. Las poesías de Pane, como algunas de O'Leary, fueron traducidas al italiano y al portugués. El poeta era además profesor meritísimo, sociólogo y crítico literario, siendo mencionado encomiásticamente en el extranjero su tratado de Sociología.
Fulgencio R. Moreno escribió bellas y castizas estrofas (El Cerro de Yariguaá, Neblinas, etc.). Figura interesante de esta pléyade es la de Francisco L. Bareiro, que deja composiciones sugerentes y originales (Espuma, Humaitá). Son recordables las estrofas de Juan R. Dahlquist, Marrero Marengo, Delfín Chamorro, Freire Esteves, Roberto Velázquez, Héctor Blomberg, Jiménez Espinosa y Pérez Martínez.
Sin embargo, es Alejandro Guanes la personalidad de la época, del cual se ha dicho que, por antonomasia, «es el poeta». Ya en sus comienzos fue premiado en certámenes extranjeros. Sus ritmos adquieren posteriormente el encanto de la evocación, de la añoranza y del misterio. Recuerda las leyendas de las casas antiguas. Traduce maravillosamente Ulalume de Edgard (sic) Poe, y a Olavo Bilac.
Su obra, en contacto con la acritud de una vida trágica, adquiere tonalidades personales de honda emoción. Es así que escribe Ciencia ignara, Mi Cristo, y Las Siete Palabras. Finalmente, lega sus meditaciones, que aparecen póstumas, tituladas Del viejo saber olvidado..., poéticas prosas maeterlinckianas, breviario elevado y sutil de un teósofo. Sus poesías fueron editadas en el volumen De paso por la vida (Asunción, 1936).
Respecto a Guanes, ha dicho el doctor Domínguez:

Le inquietaba el enigma de este mundo incomprensible... Quebrantó su mente con la cuarta dimensión, y acabó, como Amado Nervo, por descansar en ideas teosóficas, y en la filosofía de Maeterlinck, indecisa, pero promisora de esperanzas infinitas.

[2. Farina Núñez]
En parangón con Guanes se ha colocado a Eloy Fariña Núñez, adiestrado en la técnica poética tras larga educación humanista. Gran poeta de mentalidad clasicista -adquirida en un seminario- fue a la vez autor de importantes estudios de crítica y estética, aparecidos en la prensa argentina. Su obra, empero, fue de poeta, siéndolos hasta en las narraciones Las vértebras de Pan (Buenos Aires, 1914), donde aparece Bucles de Oro, página impresionante premiada por La Prensa de Buenos Aires y que le consagró como escritor rioplatense.
Canto Secular es acaso el poema de más aliento del parnaso paraguayo. Evocación trascendente y a la vez sentida del Paraguay a través de los tiempos y en su vitalidad continental presente. Canta el poeta la Asunción legendaria:

... muy noble y muy ilustre,
la ciudad comunera de las Indias.

Evoca la sorprendente naturaleza paraguaya, la tradición guaraní, las expediciones argonáuticas en pos de Eldorado, la tragedia comunera, el horror de la Guerra, las inquietudes del período constitucional, y un fuerte aliento de modernidad y libertad recorre todo el poema, al que corona la expresión de elevados ideales y en el cual se condenan los errores y las luchas inhumanas:


Bendita sea y respetada siempre
la libertad, el don más elevado
después del don supremo de la vida...

Maldita sea la implacable guerra,
maldita la ambición que la provoca,
maldito el odio torvo que la enciende...

... Y nunca vuelva
a ensangrentar el suelo donde duermen
inmortalmente nuestros padres todos!

Paz! como manda el nacional escudo!

La obra poética de Fariña Núñez está contenida en el volumen Cármenes (Buenos Aires, 1922). Dejó diversos volúmenes de crítica (Conceptos estéticos, etc.).

[3. Modernismo]
Posteriormente a los escritores mencionados, nuevas pléyades se imponen. Aparece Ortiz Guerrero, poeta del dolor, que matiza al modo rubendariano íntimas -32- tragedias y desesperanzas. Algunas de sus poesías fueron incorporadas a la canción mediante las inspiradas creaciones del maestro Flores. Dejó Pepitas (1930), Surgente y otros volúmenes.
Facundo Recalde es inspirado poeta de nuestros días. En su volumen Virutas Celestes (Asunción, 1926) y en las demás composiciones suyas, da al parnaso paraguayo la nota de la ruptura con las perspectivas del pasado.
Vigorosa personalidad de poeta luchador es la de Julio Correa, de mina popular y a la vez refinada, que inquieta hoy los cenáculos literarios. Canta la injusticia social y el dolor de los humildes, con técnica admirable, en estrofas acres, vibrantes, del presente áspero. Cultiva con éxito la poesía y el teatro en lengua guaraní, habiendo obtenido merecidos triunfos.
Pablo M. Ynsfrán es poeta pensador, de entronque espiritualista. A un hombre, Cántico inmortal y otras composiciones suyas son de mérito técnico y doctrinario y de fuerte inspiración. Profesor y crítico literario; su prosa es la de un espíritu sometido a la disciplina del estudio.
Heriberto Fernández es malogrado cantor de Voces de Ensueño. Francisco Ortiz Méndez, vate laureado, evoca el aspecto romántico y caballeresco del pasado, es obra de aliento su poema sobre la antigua «Santa María de la Asunción» (1932). Arnaldo Valdovinos afirma su nombradía con El mutilado del agro (Asunción, 1935), impresionante poema de la postguerra, de acento trágico y rebelde, donde canta el dolor de los sacrificados en la lucha. Herib Campos Cervera, poeta, pensador, profesor, crítico de cultura filosófica y científica, con el cual resuenan en el Paraguay los ritmos desconcertantes y predimensionales al servicio de las ideas presentes.
Vicente Lamas, delicado poeta, director de la popular revista Guarán; Rodríguez Alcalá, Raúl y Eladio Battilana de Gásperi, José Concepción Ortiz, Julián Villamayor, Molinas Rolón, Jorge Báez, autor de La Canción de la Epopeya; Leopoldo Ramos Jiménez, poeta e investigador de la historia y la geografía; Manuel Campaya, poeta, cuentista y feliz cultivador del humorismo; Gómez Serrato, autor de Yasy-yateré (Asunción, 1930); Narciso R. Colmán, poeta en lengua guaraní, paremiólogo y folklorista, creador de Ñande-ypy-cuera (Asunción, 1930): el malogrado Federico García, crítico y ensayista de Mosaico (1920); Toranzos Bardel, autor de Piedras vacilantes (1935) y otros, integran la brillante pléyade.

[4. Teatro]
Impónense en el incipiente teatro nacional Arturo Alsina, varias veces aplaudido y que se distingue en la prensa, en el volumen y en la escena; Eusebio Lugo, autor de La Chala; el aplaudida comediógrafo Luis Ruffinell, autor de Sorprendidos; Arnaldo Miriel; el popular Julio Correa, propulsor del teatro en lengua guaraní, y otros.

[5. Literatura femenina]
No ha faltado la representación femenina en las letras paraguayas. Inició el movimiento cultural en este sentido la doctora Serafina Dávalos, espíritu valiente e idealista al que se debe la interesante tesis Humanismo integral, de sana doctrina aleccionadora para la mujer paraguaya4. Figura descollante es la de Teresa Rodríguez Alcalá, cultivadora de la leyenda patricia, autora de Tradiciones del Hogar, que ha merecido la traducción y el comentario. Dora Gómez Bueno de Acuña es delicada poetisa de elevado idealismo. Enriqueta Gómez Sánchez, que en Oro y Acero (Buenos Aires, 1936) y Ofrendas (1939) rinde tributo al amor patrio y al ensueño. Ida Talavera de Fraccia, escritora de fuerte personalidad, creadora de evocaciones llenas de emoción; Josefina Sapena Pastor, autora de Naranjos en Flor; Concepción Leyes de Chaves, prosista, conferencista y autora de interesantes estudios guaraníticos, y otras.

[6. Antologías]
Tres antologías nacionales recogieron, finalmente, la producción poética patria. La de José Rodríguez Alcalá, Antología Paraguaya (Asunción, 1910), la colección de Pane (Poesías Paraguayas) y el Parnaso Paraguayo (Asunción, 1911) de Fleytas. El profesor De Vitis editó otro Parnaso Paraguayo en la casa Maucci de Barcelona.

[7. Literatura del Chaco]
Así como la Guerra de la Triple Alianza originó una enorme producción bibliográfica, la reciente del Chaco fue tema de inspiración y de investigación en lo histórico, en la polémica y en la literatura. Así, Arnaldo Valdovinos produjo Cruces de Quebracho (Buenos Aires, Editorial Claridad) y Bajo las Botas de una bestia rubia (Asunción, 1933), vibrantes relatos del joven poeta, que fue combatiente. Justo P. Benítez escribió Bajo el signo de Marte, bellas crónicas vivientes de la contienda (Montevideo, 1934). José D. Molas, Polvareda de Bronce (Asunción, 1934), impresiones del frente, sentidas y veraces. Silvio Macías, La selva, la metralla y la sed; cuadros de la Guerra del Chaco, por quien, como médico, asistió también a la contienda europea en las trincheras francesas. José (S) Villarejo, Ocho Hombres, notas gráficas y realistas.
Aparte de las contribuciones históricas y críticas, la reciente lucha engendró ésta y otras narraciones literarias, nerviosas, sentidas, como nacidas bajo el signo de las similares de Remarque en la postguerra europea.

[III. Resumen]
De la somera enunciación realizada hay que deducir que la literatura en el Paraguay ha sabido cristalizar en el campo de la poesía, y, en forma sobresaliente, en el campo de las investigaciones de la historia y de la crítica, aunque no en el de la novela y el teatro. Pero que en su conjunto, novísima, acaso la más joven de América, de reciente eclosión, ha recorrido en los escasos lustros que cuenta de existencia, luengo trecho en el camino de la evolución.
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ANOTACIONES - RAÚL AMARAL
(San Lorenzo Ñú Guasú, 1980)

Explicación
El ensayo del doctor Díaz-Pérez sobre Literatura del Paraguay aparece precedentemente tal cual él lo escribió y fue impreso, salvo alteraciones de detalle alusivas a nombres, apellidos o algún título de libro. Para una mejor comprensión del lector contemporáneo corresponde advertir que, en el cuidado de esta edición, se han seguido los siguientes lineamientos:
1. Los títulos de encabezamiento y los subtítulos, que figuran entre corchetes, no se hallan en la versión original. Sin embargo, se los ha ubicado respetando el ordenamiento expositivo del autor.
2. Se ha procedido a formular aclaraciones sobre determinados autores, dejando a la vez explicadas las mutaciones cronológicas o temporales al quedar algunos de ellos fuera de la compañía de sus coetáneos.
3. Las llamadas de pie de página puestas con número por el doctor Díaz-Pérez en la versión original, han sido sustituidas por letras minúsculas (a, b y c), ampliándose al mismo tiempo sus referencias.
4. En la bibliografía usada por el autor se completan los datos por él ofrecidos, además de haber incorporado a aquellos escritores que en el texto carecen de especificación de obra.
5. Sigue a lo anterior una breve lista de quienes no publicaron en los años próximos a la redacción del ensayo, sin perjuicio de que lo hicieran más tarde. Igualmente se cita a los que, si bien mencionados allí, no habían aún editado.
6. En la generalidad de los casos el límite bibliográfico llega a 1939, fecha en que el doctor Díaz-Pérez procedió a trazar su recuento. Las excepciones a este criterio son dos:
a) La inclusión de libros o folletos aparecidos subsiguientemente a esa época, pero que por su particularidad pudieran ayudar a definir una posterior actividad intelectual o literaria.
b) Por su parte los escasos artículos que se han agregado y que se ciñen a esta misma idea, mantienen una prelación acorde con su importancia.
7. En cuanto al capítulo dedicado al modernismo cabe señalar que se ha acatado la orientación dispuesta por el autor, con independencia de investigaciones que en nuestros días modifican en forma sustancial todo lo vinculado con sus orígenes, según podrá confirmarse en la introducción al tomo I de esta obra.
8. A fin, de evitar interpolaciones molestas tendientes a desnaturalizar la claridad del texto, han sido pasadas a la tabla onomástica las fechas propias de cada autor, sin perjuicio de que algunas pocas se repitan entre los datos proporcionados por el doctor Díaz-Pérez.
9. La síntesis bibliográfica no es, ni con mucho, exhaustiva. La que aquí se ofrece está unida a ciertos tramos de la actuación del doctor Díaz-Pérez, sin ánimo de trascender el espíritu meramente informativo que la caracteriza. Con idéntico propósito de selección se ha elaborado la bibliografía crítica, reduciéndosela a un marco de época.
10. Una escogida cronología cierra este trabajo, debiendo destacarse al respecto la preferencia que se ha tenido en la fijación de aquellos hechos o trabajos que guardan concordancia con temas y acontecimientos resaltantes en ambos tomos.
El aporte del doctor Díaz-Pérez está ensamblado en la etapa cumplida entre 1911 y 1939, habiendo transcurrido casi cuarenta años desde su publicación. Por eso debe leérselo tomando en cuenta el sector temporal que abarca y consecuentemente las limitaciones a que ha estado sujeta toda búsqueda de fuentes culturales o literarias, en el Paraguay de entonces.
Dicha circunstancia avala y justifica el no desmayado interés de este ensayo.
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Enlace al documento:
“MOVIMIENTO INTELECTUAL Y LITERATURA EN EL PARAGUAY”
TABLA ONOMÁSTICA
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(DE LOS DÍAS COLONIALES A 1939)
prólogo por RUBÉN BAREIRO SAGUIER ;
anotaciones RAÚL AMARAL
Edición digital: Alicante :
N. sobre edición original:
Edición digital basada en la de
Palma de Mallorca, Luis Ripoll, 1980.
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de la Literatura Paraguaya.
Poesía, Novela, Cuento, Ensayo, Teatro y mucho más.

domingo, 8 de agosto de 2010

VIRIATO DÍAZ-PÉREZ - LITERATURA DEL PARAGUAY, VOLUMEN II . (DE LOS DÍAS COLONIALES A 1939) / Edición digital: BIBLIOTECA VIRTUAL CERVANTES


LITERATURA DEL PARAGUAY.
VOLUMEN II . (DE LOS DÍAS COLONIALES A 1939)
VIRIATO DÍAZ-PÉREZ
prólogo por RUBÉN BAREIRO SAGUIER ;
anotaciones RAÚL AMARAL
Edición digital:
Alicante : Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2003
Contiene:
Evolución intermedia (1940-1950) / Josefina Pla.
Testimonio-Teatro-Ensayo-Agregados / Rodrigo Díaz-Pérez.
La poesía y la novela en el Paraguay / Guido Rodríguez-Alcalá.
N. sobre edición original:
Edición digital basada en la de Palma de Mallorca, Luis Ripoll, 1980.
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PRÓLOGO
RUBÉN BAREIRO SAGUIER :
El Paraguay ha sido, desde siempre, como un espejismo que atrae a los buscadores de utopía. Y no ha sido el deslumbramiento del oro o el centelleo de la piedra preciosa, pues el sueño del Dorado temprano se esfumó en la historia de la Provincia Gigante y pobre de las Indias. La denominación de Mar del Paraguay, para designar el Atlántico sur, que se puede leer en las cartas geográficas del 16 y el 17, o la ubicación que hacía el geógrafo León Pinelo del paraíso terrenal en los desiertos chaqueños, son índices, quizás, de lo que se esconde tras las apariencias de la realidad en esa isla rodeada de tierra y de sueño, ese algo que deslumbró y convocó a tantos «utopistas». Ejemplos colectivos hay muchos, desde «el paraíso de Mahoma» a comienzos de la conquista, hasta «el reino de Dios sobre la tierra» de los jesuitas, esa asombrosa empresa comunitaria instaurada por la Compañía durante un siglo y medio. Y más tarde, la llegada de grupos de toda laya y tendencia: anarquistas australianos -entre los que vino el padre de don León Cadogan-; protonazis germanos -entre los que se contaban la hermana y el cuñado de Nietzsche, en el siglo 19-; menonitas ruso-canadienses, desde la tercera década del 20. Los casos personales e ilustres son incontables.
** Estos dos volúmenes de Literatura del Paraguay nacen como una especie de prologación de esa búsqueda. En efecto, la obra se engendra a partir de la contribución que hace Viriato Díaz-Pérez a la Historia Universal de la Literatura, que se publica en 1939, bajo la dirección del crítico italiano Prampolini. Díaz-Pérez, que escribe la primera exposición de síntesis de nuestra literatura, era uno de esos «utopistas» individuales. Dos de los otros coautores de Literatura del Paraguay, Josefina Pla y Raúl Amaral, también pertenecen a la misma especie de paraguayos por elección, de esos que sienten la «utopía» de esta tierra con más intensidad que tantísimos nativos, quizá porque la ciudadanía de aquéllos no es un mero accidente geográfico. Los dos últimos coautores son, el uno, Rodrigo Díaz-Pérez, hijo del maestro Viriato; el otro, Guido Rodríguez Alcalá, nieto de otro «ciudadano electivo», el escritor José Rodríguez Alcalá, argentino de nacimiento.
** Aparte de la señalada, la obra posee otra característica peculiar: el análisis de los distintos períodos -salvo el primero, naturalmente- está realizado por coetáneos de sus respectivas promociones. Es un riesgo, sin duda, pero sobre todo un acto de valentía el de hablar de «sus pares», lo que por otro lado tiene la ventaja de la escritura concernida, empapada en la pasión y en el conocimiento de lo vivido.
** Raúl Amaral cubre una época vasta y realiza una tarea de suma dificultad. Su contribución aparece como notas al trabajo de Viriato Díaz-Pérez en la obra de Prampolini. Esas apuntaciones son explicatorias, completivas, aclaratorias, documentales y bibliográficas. Sólo Amaral podía cumplir esa labor, porque es el mejor conocedor y el más acabado analista de la «generación del 900», a la que pertenece Díaz-Pérez. Amaral hace justicia a éste incluyendo una referencia a su obra y consignando la lista de las revistas que Viriato dirigió, lo que habla también de su valiosa tarea de animador, de promotor cultural. La bibliografía crítica, la tabla onomástica, la extensa cronología dan cuenta del conocimiento de la cantidad de fuentes inéditas que posee Amaral, y el trabajo en conjunto, de la penetración, de la agudeza de su análisis. Poeta, investigador, bibliógrafo, a Raúl Amaral, escritor platense aquerenciado entre nosotros, le debemos los mejores estudios sobre los autores de fines de siglo, y sobre ciertas figuras de la posterior etapa modernista paraguaya. La erudición no quita nada a la calidad poética de su escritura, impregnada de un profundo sentido del humor, calidad poco común en nuestra literatura.
** Josefina Pla llegó a nuestra tierra por razones de amor, y aquí quedó, fecundando con amor la tierra de nuestra cultura. Con su obra poética, al comienzo, al ser la primera que franquea la barrera de la «modernidad» en nuestras letras. Con su tarea de autora teatral y de narradora, luego. Y de manera destacada, permanente, a través del rigor crítico y de la penetración entrañable de su labor analítica. Maestrazgo ejercido a los más diferentes niveles, desde el personal y oral -la cátedra, la radio, la conferencia, la conversación-, hasta el importante conjunto de su obra exegética, publicada en libros, periódicos y revistas nacionales y extranjeros. La fecunda tarea formadora sigue multiplicándose, y su voz de poeta ahondándose, impregnándose más y más de las materias esenciales: el amor y la muerte, el dolor y la vida. La trayectoria personal e intelectual de Josefina Pla en nuestro país es un ejemplo de dignidad humana, cívica y artística. Su contribución en el 2.º volumen de Literatura del Paraguay constituye un esfuerzo remarcable de síntesis en el que, con el rigor y la penetración habituales, Josefina Pla traza un fresco de la poesía y la narrativa, que abarca desde el modernismo hasta la década del 50 al 60, pasando por etapas fundamentales, como la literatura de la guerra del Chaco o el nacimiento de la prosa narrativa «perspectivista» o crítica en nuestras letras. Es de destacar la ecuanimidad cordial con que se refiere a los integrantes de su propia promoción, la del 40.
Hablar de Rodrigo Díaz-Pérez es para mí aceptar el desafío que él mismo enfrentó al escribir sobre la promoción del medio siglo, que es la suya, y la mía. Rodrigo no es propiamente un crítico profesional. Pero el testimonio, apasionado y cordial, concernido y generoso, valiente, que da sobre esa época, es de gran valor, no sólo desde el punto de vista de la vivencia y de la información, sino también del análisis y de la reflexión. Rodrigo Díaz-Pérez es esencialmente poeta, como lo demuestra a través de sus cuatro libros, escritos en su destierro de Ann Arbor, en donde vive añorando la patria -su ombligo de Villa Aurelia- y dialogando -epistolarmente o en presencia- con los amigos, con los vientos que le vienen del sur, con los árboles que invaden el espacio de su casa de vidrio. Con su segundo libro de cuentos, Ruidos y leyendas, en prensa, realiza una presencia, iniciada con Entrevista, en nuestra narrativa, con acentos personales y aciertos indudables, sobre todo cuando remonta el río de la memoria.
** Con la publicación de las obras completas de Viriato Díaz-Pérez -18 volúmenes aparecidos, más estos dos, que se inscriben en la serie-, Rodrigo realiza no sólo un emocionante homenaje filial, sino una tarea de justicia y una necesaria contribución a las letras y a la cultura paraguayas.
** Guido Rodríguez-Alcalá también acepta, con gran coraje, el desafío de hablar de su tiempo y de la gente que le es próxima, por la edad y la tarea de escribir. De formación filosófica -acaba de pasar un doctorado sobre El esteticismo de Rodó-, Guido no se limita al aspecto literario, sino que incursiona en el análisis de la actual realidad degradada de nuestro país, marco histórico que condiciona la obra discontinua y difícil de los escritores paraguayos contemporáneos. Esa obra hecha de palabras y de pozos de silencio, fragmentada entre los exiliados de afuera y los reprimidos de adentro. Hijo de «la paz y el progreso», y formado en la escuela de la represión, testigo de la corrupción y del servilismo, su visión crítica es de gran lucidez y destacable valentía.
** Pero Guido Rodríguez Alcalá no es sólo un estudioso de la realidad histórico-cultural paraguaya contemporánea, sino una de las voces poéticas más puras y hondas, más polifacéticas de la promoción que analiza. Lo demuestra con sus tres libros de poemas, en los que su palabra recorre un vasto territorio que va de los llanos de la angustia metafísica a los «karuguá» de la candente, dolorosa realidad, pasando por los valles de la delectación amorosa y por los barrancos del sueño.
** Literatura del Paraguay es, además, una síntesis premonitoria y simbólica de la necesaria unidad de nuestra cultura, fragmentada hoy por los avatares -interesados- de esa realidad degradada a que aludía. La obra está escrita por dos autores de adentro, que llegan de afuera; y dos nacidos adentro que debieron salir para afuera. Toda ella construida a partir de un núcleo, una síntesis de nuestra literatura, hecha por Viriato Díaz-Pérez, que venido de afuera vivió y murió adentro, bregando incansablemente por la dignificación de la cultura paraguaya. Ésta, concebida como entidad unitaria, mas no aislada, dio sentido a la obra de Viriato, por encima de las fronteras geográficas. Asimismo ha de ser -está siendo ya- el camino para el reencuentro en la tierra, liberada de coyundas y servilismos envilecedores.
RUBÉN BAREIRO SAGUIER - Saignon de Provenza, agosto de 1980.
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I. BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA POR EL AUTOR:
1. Autores cuyos datos se han completado
RUI DÍAZ DE GUZMÁN: Anales del descubrimiento, población y conquista de las Provincias del Río de la Plata (Terminado de escribir en Charcas en 1612).
Pedro de Angelis publicó la 1.ª edición rioplatense con el título de: Argentina. Historia del descubrimiento, conquista y población de las Provincias del Río de la Plata. Buenos Aires, Imprenta del Estado, 1835.
La primera edición paraguaya se denomina: Argentina. Historia del descubrimiento, conquista y población del Río de la Plata. Asunción, Imprenta de la República del Paraguay, 1845.
Dicha versión fue reproducida en: Revista de la Universidad Nacional, Asunción, Año II, t. IV, pp. 115-169, 265-285; t. V, pp. 65-82, 157-187, 285-300, 1895.
ÁNGEL ROSENBLAT, en: El hombre de la Argentina. Buenos Aires, Eudeba, 1964, pp. 33-34, señala como verdadero el primero de los títulos indicados y no los de La Argentina Manuscrita o La Argentina, debidos a copistas e historiógrafos del siglo XVIII, formándose así una falsa tradición al respecto.
MARIANO ANTONIO MOLAS: Descripción histórica de la Antigua Provincia del Paraguay. Buenos Aires, Librería de Mayo, 1868.
Cfr. edición paraguaya; Asunción, 1880; la más reciente, que figura como tercera: Asunción, Nizza, 1957, con notas de Óscar Ferreiro.
JUAN ANDRÉS GELLY: ver: llamada (7).
NATALICIO TALAVERA: Sus poemas no han sido reunidos en libro; está incorporado a las siguientes antologías:
IGNACIO A. PANE: Poesías Paraguayas, Asunción, 1904; JOSÉ RODRÍGUEZ ALCALÁ: Antolojía Paraguaya. Asunción, H. Kraus, 1911, pp. 1-3; MICHAEL A. DE VITIS: Parnaso Paraguayo. Barcelona, Maucci, s. a., pp. 32-35.
MANUEL PEDRO DE PEÑA: «Cartas históricas» 1.ª serie. Dirigidas al Presidente Carlos Antonio López, del 28 de diciembre de 1857 al 23 de setiembre de 1858. Cap. I/XV, en: Revista del Instituto Paraguayo, Asunción, t. VII, pp. 231-285, 410-422; t. VIII, 66-78, 1903-1904.
___, Segunda serie. Dirigidas al Presidente Mariscal Francisco Solano López, Cap. I/XXVII, del 11 de enero al 19 de mayo de 1865, en: Rev. cit., t. VIII, pp. 191-197, 248-278, 369-392; t. IX, 49-71, 125-148, 273-297; t. X, 624-631, 1905-1906, 1908.
___, «Artículos y cartas extraordinarias», en: Rev. cit., t. IX, pp. 297-301, 1907.
JUAN CRISÓSTOMO CENTURIÓN: Viaje nocturno de Gualberto o Recuerdos y reflecciones [sic] de un ausente, por el paraguayo J. C. Roenicunt y Zenitram. New York, E. Pérez, 1877.
___, Memorias o Reminiscencias Históricas de la Guerra del Paraguay. Buenos Aires, Barra, 1895, 3 v.; t. IV, Asunción, Imprenta Militar, 1901.
___, Edición moderna con el título de Memorias, Asunción, Guarania, 1944, 4 v., y notas del T. Cnel. Antonio E. González.
GREGORIO BENÍTES: La Triple Alianza. Escapada de un desastre en la guerra de invasión al Paraguay. Asunción, Lasagna, 1904.
___, Anales diplomático y militar de la guerra del Paraguay. Asunción, Muñoz Hnos., 1906, 2 v.
___, La Revolución de Mayo 1814-1815. Asunción, Jordán y Villaamil, 1906.
___, Guerra del Paraguay. Las primeras batallas contra la Triple Alianza. Asunción, Talleres Gráficos del Estado, 1919.
JOSÉ SEGUNDO DECOUD: Cuestiones políticas y económicas. Asunción, 1877.
___, Nociones de Derecho Internacional. Buenos Aires, Peuser, 1887.
___, A list of books, magazine articles and maps relating to Paraguay. Washington, Government Printed Office, 1904.
___, La Libertad. Asunción, 1907.
JUAN SILVANO GODOI: Bibliografía. Asunción, 1903.
___, El Coronel Don Juan Antonio Escurra. Asunción, 1903.
___, Alberdi por el señor Olleres. Asunción, 1906.
___, Documentos históricos. Asunción, 1916.
CECILIO BÁEZ. Ensayo sobre la libertad civil. Asunción, Universidad Nacional, 1893.
___, Introducción general al estudio del Derecho. Asunción, 1899.
___, Introducción al estudio de la sociología. Asunción, Anales de la Universidad Nacional, 1903; 2.ª ed., Asunción, Talleres Nacionales de H. Kraus, 1903.
___, The Paraguayan Chaco, or a brief statement of the titles of Paraguay on the territory of that name. New York, 1904.
___, Estudios de Jurisprudencia, Historia, Ciencias Sociales y Políticas. Asunción, H. Kraus, 1903.
___, Resumen de la historia del Paraguay desde la época de la Conquista hasta el año 1880. Asunción, H. Kraus, 1910.
___, Composiciones en prosa y en verso. Asunción, 1918.
___, Principios de Sociología. Asunción, 1922.
___, Estudios Americanos. Asunción, 1923.
___, Disertaciones sobre sociología y filosofía. Asunción, 1924.
___, Composiciones poéticas. París, J. Peyronnet et Cie., 1926.
___, Le Paraguay. Son évolution historique et sa situation actuelle. París, Félix Alcan, 1927.
___, Filosofía del Derecho. Asunción, Imprenta Nacional, 1929.
___, Historia diplomática del Paraguay. Asunción, Imprenta Nacional, 1931, 2 v.
___, Bosquejo histórico del Brasil. Asunción, La Colmena, 1940.
MANUEL GONDRA: Las referencias a su ensayo sobre Rubén Darío están contenidas en el tomo I. En la compilación póstuma: Hombres y letrados de América. Asunción, Guarania, 1942, no figuran tres de sus discursos más importantes: el de la recepción al Dr. Cecilio Báez, en marzo de 1901; el de la Convención liberal, el 15 de agosto de 1908, y el pronunciado a la llegada de los restos del ex presidente Benigno Ferreiro, en noviembre de 1920.
BLAS GARAY, Daniel Codas y Francisco L. Bareiro: Nuevas ideas en nuestra política. Asunción, 1899.
BLAS GARAY: Compendio elemental de historia del Paraguay. Madrid-Asunción, A. de Uribe y Cía., 1896.
___, Breve resumen de la historia del Paraguay. Madrid-Asunción, A. de Uribe y Cía., 1897.
___, La Revolución de la Independencia del Paraguay. Madrid, Tello, 1897.
___, El comunismo de las Misiones. La Compañía de Jesús en el Paraguay. Asunción, La Mundial, 1921 (Biblioteca Paraguaya del Centro Estudiantes de Derecho, 10). La primera versión apareció con el título de Prólogo, en: NICOLÁS DEL TECHO: Historia de la Provincia del Paraguay de la Compañía de Jesús. Madrid-Asunción, A. de Uribe y Cía., t. I, pp. V-CLXLIV.
FULGENCIO R. MORENO: La cuestión monetaria en el Paraguay. Asunción, 1902.
___, Diplomacia paraguayo-boliviana. Asunción, 1904.
___, Informe sobre el papel sellado. Asunción, 1912.
___, Juan Zorrilla de San Martín. Asunción, 1915.
___, Cuestión de límites con Bolivia. Negociaciones diplomáticas 1915-1917. Asunción, Ministerio de Relaciones Exteriores, 1917, 2 v.
___, La extensión territorial del Paraguay al occidente de su río. Asunción, Ariel, 1925.
___, El problema de las fronteras. Buenos Aires, Biblioteca de la Asociación Paraguaya, 1927.
___, Paraguay-Bolivia. Cuestión de límites. Asunción, Ministerio de Relaciones Exteriores, 1929. Conocido posteriormente como Geografía etnográfica del Chaco.
___, Paraguay-Bolivia. (Resumen) Cuestión de límites. Asunción, Imprenta Oficial, 1934.
MANUEL DOMÍNGUEZ: La Independencia. El Dr. Francia. Asunción, La República, 1894.
___, Discusiones sobre filología histórica y geografía etnográfica (Polémica con Guido Boggiani). Asunción, 1899.
___, «El Chaco», en: Revista del Instituto Paraguayo. Asunción, N.º 48, pp. 14-15, 1904.
___, «Raíces guaraníes», en: XVII Congreso Internacional de Americanistas. México, 1912, pp. 193-221. Cfr. 2.ª ed.: Buenos Aires, Coni, 1912; también: Letras, Asunción, Año I, N.º 5, pp. 181-193, 1915.
ARSENIO LÓPEZ DECOUD: Sobre feminismo. Barcelona, 1901. Cfr. Revista del Instituto Paraguayo. Asunción, Año IV, N.º 32, pp. 168-193, 1901.
___, Álbum Gráfico de la República del Paraguay 1811-1911, dirigido por Arsenio López Decoud. Buenos Aires, Talleres Gráficos de la Compañía General de Fósforos, (1912).
___, La verdad sobre los intereses argentinos en el Paraguay. Buenas Aires, Talleres Gráficos de la Compañía General de Fósforos, 1912.
___, «De Musset, Baudelaire y Verlaine», en: Anales del Gimnasio Paraguayo, Asunción, Año I, N.º 2, pp. 86 ss., agosto de 1917.
HÉCTOR F. DECOUD: Compendio Geográfico de la República del Paraguay. Asunción, 1901.
___, Geografía del Paraguay. 5.ª ed., Asunción, 1906 (1.ª ed. 1896).
___, La Convención Nacional Constituyente y la Carta Magna de la República. Buenos Aires, Rosso, 1934.
___, Los emigrados paraguayos en la guerra de la Triple Alianza. Buenos Aires, Talleres Gráficos Argentinos, 1930.
___, El campamento de Laurelty. Montevideo, El Siglo Ilustrado, 1930.
___, Elisa Lynch de Quatrefages. Buenos Aires, Librería Cervantes, 1939.
ARTURO REBAUDI: Guerra del Paraguay. La conspiración contra S. E. el Presidente de la República Mariscal Francisco Solano López. Buenos Aires, Constancia, 1917.
___, Guerra del Paraguay. Un episodio. Buenos Aires, Constancia, 1918.
___, El lopizmo. Buenos Aires, 1923.
___, Lomas Valentinas. Buenos Aires, Serrante, 1924.
___, Un tirano de Sud América: Francisco Solano López. Buenos Aires, Serrante, 1925.
DIÓGENES DECOUD: La Atlántida. París, Garnier, 1885.
___, 2.ª ed. Buenos Aires, 1901; 3.ª ed., Buenos Aires, 1910.
LUIS FREIRE ESTEVES y Juan Carlos González Peña: El Paraguay Constitucional 1870-1920. Buenos Aires, Empresa Gráfica del Paraguay, 1921 (v. Notas aclaratorias, 29).
SILVANO MOSQUEIRA: El Gral. José E. Díaz. Asunción, 1900.
___, Ideales. Washington, Beresford, 1913.
___, Impresiones sobre los Estados Unidos. Asunción, H. Kraus, 1926.
___, Siluetas femeninas. Los españoles en el Paraguay. El ocaso de los grandes hombres. Asunción, La Colmena, 1930.
NATALICIO GONZÁLEZ: Letras Paraguayas. Asunción, La Mundial, 1921 (Biblioteca Paraguaya del Centro Estudiantes de Derecho, 8).
___, Cuentos y parábolas. Buenos Aires, 1922.
NATALICIO GONZÁLEZ y Pablo Max Ynsfrán: El Paraguay Contemporáneo. Asunción, Editorial de Indias, 1929.
RAMÓN I. CARDOZO: Pestalozzi y la educación contemporánea. Villa Rica, El Guairá, 1905.
___, Por la educación común. Asunción, Imprenta Nacional, 1928.
___, Pedagogía de la Escuela Activa. Asunción, La Colmena, 1938, 3 v.
___, La Antigua Provincia del Guairá y la Villa Rica del Espíritu Santo. Buenos Aires, Jesús Menéndez, 1938; 2.ª ed. con el título de El Guairá. Asunción, La Colmena, 1970.
___, Melgarejo, fundador de la ciudad de Villa Rica del Espíritu Santo, Asunción, La Colmena, 1939.
MANUEL RIQUELME: Psicología. Buenos Aires, 1936.
___, Filosofía y Educación, 2.ª ed. Asunción, 1956.
JUAN VICENTE RAMÍREZ: Ensayos. Asunción, Cándido Zamphirópolos, 1917.
___, La cuestión social. Asunción, 1919 (Biblioteca Paraguaya del Centro Estudiantes de Derecho, 4).
___, Visiones uruguayas. Asunción, Ariel, 1920 (Biblioteca Paraguaya del Centro Estudiantes de Derecho, 6).
___, El Derecho Internacional Obrero. Asunción, 1923.
___, El divorcio. Asunción, La Colmena, 1936.
___, Introducción a la filosofía, Asunción, La Colmena, 1936.
___, La confesión auricular. Asunción, 1939.
___, Moral práctica. Asunción, Zamphirópolos, 1940.
ADOLFO APONTE: Temas históricos. I. Prólogo del Dr. Adolfo Aponte; II. Cartas del Pbro. Maíz sobre Pancha Garmendia y el Mariscal López. Asunción, La Colmena, 1926.
EFRAÍM CARDOZO: Aspectos de la cuestión del Chaco. Asunción, Asociación Patriótica, 1932.
___, El Chaco y los virreyes. La cuestión paraguayo-boliviana. Asunción, Imprenta Nacional, 1934.
___, La Audiencia de Charcas y la facultad del gobierno. Asunción, 1936.
JUSTO PASTOR BENÍTEZ: La causa nacional. Asunción, La Mundial, 1919 (Biblioteca Paraguaya del Centro Estudiantes de Derecho, 5).
___, La Constitución de 1870. Asunción, 1924.
___, Jornadas democráticas. Asunción, 1924.
___, La vida solitaria del Dr. José Gaspar de Francia, Dictador del Paraguay. Buenos Aires, El Ateneo, 1937.
___, Los comuneros del Paraguay 1640-1735. Asunción, Imprenta Nacional, 1938; 2.ª ed. Asunción, Casa-Libro, 1976.
___, La Ruta. Asunción, Imprenta Nacional, 1939.
JUSTO PRIETO: 18 meses de regresión política. Buenos Aires, A. Plantié, 1937.
___, Ideas para la concepción de la juventud. Buenos Aires, A. Plantié, 1937.
H(ipólito) SÁNCHEZ QUELL: Política internacional del Paraguay. La Junta de 1811, Francia y los López. 2.ª ed. Buenos Aires, Tupä, 1945.
___, 5.ª ed. con el título de: La diplomacia paraguaya de Mayo a Cerro Corá. Asunción, Casa América, 1973.
CARLOS R. CENTURIÓN: Jornadas opositoras. Asunción, 1935.
GUALBERTO CARDÚS HUERTA: Pro Patria. A propósito de una traducción. Barcelona, 1912 (v. Notas aclaratorias, 19).
___, Contra la anarquía. Asunción, Caballero y Cía., 1922.
TEODOSIO GONZÁLEZ: Derecho Penal. Asunción, 1898, 2 v.
___, Lecciones de Derecho Penal. Asunción, H. Kraus, 1911, 3 v.; 2.ª ed. Asunción, La Colmena, 1928, 3 v. (v. Notas aclaratorias, 21).
JUAN STEFANICH: Hacia la cumbre. Asunción, Centro Estudiantil, 1914.
___, Alberdi, la Argentina y el Paraguay. Asunción, H. Kraus, 1920 (Biblioteca Paraguaya del Centro Estudiantes de Derecho, 7).
___, Aurora. Asunción, La Mundial, 1920 (Biblioteca Paraguaya del Centro Estudiantes de Derecho, 9).
___, Horas trágicas. Prosas de paz y de dolor. Asunción, 1922.
___, La guerra del Chaco. Asunción, 1937.
JULIO CÉSAR CHAVES: Historia de las relaciones entre Buenos-Ayres y el Paraguay. 2.ª ed. Asunción, Nizza, 1959.
NATALICIO TALAVERA: Sus poemas -ya mencionados sólo figuran en antologías.
___, Guerra del Paraguay. Asunción, Nizza, 1958.
___, Rasgos biográficos del General José Díaz, Asunción, 1967 (v. Notas aclaratorias, 25).
VICTORINO ABENTE: Poesías satíricas y jocosas. Asunción, 1877.
___, La Sibila Paraguaya. Precedida de una carta de don José Segundo Decoud. Buenos Aires, 1887. Cfr. Ateneo Paraguayo. Fascículo I. Buenos Aires, 1888, pp. 15-29.
JUAN E. O'LEARY: Poesía: A la memoria de mi hija Rosita. Barcelona, 1918.
Prosa: Nuestra Epopeya: Asunción, La Mundial, 1919 (Biblioteca Paraguaya del Centro Estudiantes de Derecho, 2).
___, El libro de los héroes. Asunción, La Mundial, 1922; 2.ª ed. Asunción, Ministerio de Hacienda, 1970.
___, El Mariscal Solano López. Asunción, La Prensa, 1920; 2.ª ed. Madrid, Félix Montaner, 1925; 3.ª ed. Asunción, Casa América, 1970.
___, El Paraguay en la unificación argentina. Asunción, La Mundial, 1924.
___, El Centauro de Ybycuí. París, Le Livre Libre, 1929; 2.ª ed. Asunción, Ministerio de Hacienda, 1970.
___, Los legionarios. Asunción, Editorial de Indias, 1930.
___, Apostolado patriótico. Asunción, 1930.
___, El héroe del Paraguay. Montevideo, Prometeo, 1930.
IGNACIO A. PANE: Cuestiones paraguayas, Asunción, Brossa, 1914.
___, Apuntes de sociología. Asunción, Imprenta España, 1917; 2.ª ed. Madrid, Biblioteca América, 1917.
___, Ensayos paraguayos (Antología). Buenos Aires, Jackson, 1945 (Colección Panamericana, 24).
ALEJANDRO GUANES: Del viejo saber olvidado. Asunción, 1926.
ELOY FARIÑA NÚÑEZ: Canto secular. Buenos Aires, 1911.
___, El jardín del silencio. Ensayos filosóficos. Asunción, H. Kraus, (Biblioteca Paraguaya del Centro Estudiantes de Derecho, 11).
___, Conceptos estéticos. Mitos guaraníes. Buenos Aires, 1926.
(Manuel) ORTIZ GUERRERO: Eireté (Comedia). Villa Rica, 1921.
___, Surgente. Asunción, 1922; 2.ª ed. Asunción, 1943.
___, El crimen de Tintalila (Tragedia). Asunción, 1922.
___, La Conquista (Drama). Asunción, Zurucu'á, 1926.
___, Nubes del Este. Asunción, Zurucu'á, 1928.
___, Pepitas. Asunción, Zurucu'á, 1930.
FACUNDO RECALDE: El no de los niños (Comedia). Asunción, 1925.
___, Virutas celestes. Montevideo, 1931.
HERIBERTO FERNÁNDEZ: Visiones de églogas. París, Vda. de Ch. Bouret, 1925.
___, Voces de ensueño. París, Vda. de Ch. Bouret, 1926.
___, Sonetos a la hermana. Asunción, Cuadernos de la Piririta, 1957.
ARNALDO VALDOVINOS: Cosecha celeste. Asunción, 1929.
___, El mutilado del agro. Asunción, La Mundial, 1935.
JORGE BÁEZ: Alba lírica (Poesías y prosas). Asunción, 1924.
___, La canción de la Epopeya y las leyendas (Poesías y prosas). Asunción, 1928.
___, Iris de gesta (Poesías y prosas). Asunción, 1929.
___, La epopeya del Libertador. Asunción, La Comercial, 1930.
___, Política paraguaya de la pre-guerra. Asunción, 1936.
___, La ofrenda de Leuconoe. Asunción, 1936.
DARÍO GÓMEZ SERRATO: Yasyyateré. Asunción, Zurucu'á, 1929; 2.ª ed. Asunción, 1979.
NARCISO R. COLMÁN («Rosicrán»): Ocara poty (Poesías en guaraní). Asunción, 1917; 2.ª ed. Asunción, 1921, 2 v.
___, Ñande ypy cuera (Poema ilustrado en guaraní). Asunción, 1929.
___, Génesis de la raza guaraní (2.ª versión del anterior con traducción del autor al español y subtítulo de Nuestros antepasados). San Lorenzo, Editorial Guaraní, 1937.
___, Ñe'éngá (Mil refranes guaraníes). Asunción, 1929.
___, Ñe'éngá rory (Mil refranes ilustrados). Asunción, 1934.
___, Nande yara ñe'é poravó pyré (en colaboración con Margarita de Airth). Londres, 1935.
FEDERICO GARCÍA: Mosaico. Asunción, 1918.
___, Vargas Vila, el Mariscal López y yo. Asunción, 1919.
FORTUNATO TORANZOS BARDEL: Publicó posteriormente:
___, El mesianismo de Virgilio. Asunción, 1941 (v. Notas aclaratorias, 38).
EUSEBIO A(veiro) LUGO: La Chala. Asunción, 1917.
___, Camino de la juventud. Asunción, 1918.
LUIS RUFFINELLI: «Sorprendidos y desconocidos», en: El Liberal, Asunción, 18 de octubre de 1924.
___, 1.ª ed. Asunción, 1925 (v. Notas aclaratorias, 40).
SERAFINA DÁVALOS: Humanismo integral. Asunción, 1907.
TERESA LAMAS DE RODRÍGUEZ ALCALÁ: Tradiciones del hogar. 1.ª serie, Asunción, 1921; 2.ª serie, Asunción, 1928.
___, La casa y su sombra. Formosa, Argentina, América Sapucai, 1954 (v. Notas aclaratorias 44).
ENRIQUETA GÓMEZ SÁNCHEZ: Ofrendas. Asunción, El Arte, 1939.
JOSEFINA SAPENA PASTOR («Blanca Lila»): Naranjos en flor (Poemas). Asunción, Ariel, 1928 (v. Notas aclaratorias, 46).
JOSÉ RODRÍGUEZ ALCALÁ: Ecos del alma. Asunción, 1903.
___, Gérmenes. Asunción, 1904.
___, Ignacia, la hija del suburbio. Asunción, 1905.
JOSÉ RODRÍGUEZ ALCALÁ y Cecilio Báez: El Paraguay moderno. Asunción, 1915.
IGNACIO A. PANE: Poesías Paraguayas. Prólogo de Cipriano Ibáñez. Asunción, 1904.
MANUEL FLEITAS DOMÍNGUEZ (v. Notas aclaratorias, 48).
MICHAEL A. DE VITIS (v. Notas aclaratorias, 49).
ARNALDO VALDOVINOS: Bajo las botas de una bestia rubia. Asunción, Puigbonet, 1933.
___, Cruces de quebracho. Buenos Aires, Claridad, (1934).
JUSTO PASTOR BENÍTEZ: Bajo el signo de Marte. Montevideo, Impresora Uruguaya, 1934; 2.ª ed. Asunción, Casa-Libro, 1976.
JOSÉ D. MOLAS: Polvareda de bronce. Asunción, Puigbonet, 1934; 2.ª ed. Asunción, 1974.
SILVIO A. MACÍAS: La selva, la metralla y la sed. Asunción, s. a.
___, Morínigo y la horda roja. Buenos Aires, 1947.
JOSÉ S. VILLAREJO: Ocho hombres. Buenos Aires, Atlántida, 1934.
___, Ojhóo la sayoyvy. Asunción, 1935.
___, Cabeza de invasión. Buenos Aires, Ayacucho, 1944 (v. Notas aclaratorias, 51).
.
2. Autores citados cuya obra no se menciona
PEDRO VICENTE CAÑETE y DOMÍNGUEZ: Guía Histórica, Geográfica, Física, Civil y Legal del Gobierno e Intendencia de la Provincia de Potosí. Potosí, Cultura Boliviana, 1952.
___, Historia Física y Política de Potosí. Sucre, 1954.
___, Bibliografía del Dr. Cañete, en: FULGENCIO R. MORENO: «El doctor don Pedro Vicente Cañete», en: Revista del Instituto Paraguayo. Asunción, t. II, pp. 62-72, 1899.
JOSÉ BERGES: «Texto del Diario de Viaje de José Berges». 1.er cuaderno de diarios desde el 28 de octubre de 1951, en: Trabajos y Comunicaciones. La Plata (Argentina), N.º 19, pp. 223-269, 1969.
- ARTURO BRAY: «José Berges», en: Hombres y épocas del Paraguay. Libro II. Buenos Aires, 1957, pp. 69-98.
- MASSARE DE KOSTIANOVSKY, Olinda: José Berges, malogrado estadista y diplomático. Asunción, 1969.
- VIDAURRETA DE TJARKS, Alicia: «Diario de viaje al Plata de José Berges 1851-1852», en: Trabajos y Comunicaciones, rev. cit., pp. 205-222.
JUAN PEDRO ESCALADA: Sobre su personalidad y obra de educador:
- JUAN CRISÓSTOMO CENTURIÓN: Memorias, ob. cit., t. I, pp. 65-66.
- CARLOS R. CENTURIÓN: Historia de las letras paraguayas, ob. cit., t. I, pp. 194-195.
- JUAN F. PÉREZ AGOSTA: «El maestro Juan Pedro Escalada», en: MANUEL RIQUELME: Aspiración. Asunción, 1932, pp. 159-162.
- PASTOR URBIETA ROJAS: «Un prócer olvidado», en: Camino de la hispanidad. Asunción, Colección Paraguay, 1965, pp. 123-128.
FIDEL MAÍZ: Pequeña geografía para los niños de la escuela de Arroyos y Esteros. Asunción, El Paraguayo, 1876.
___, La Virgen de los Milagros de Caacupé. Asunción, 1896.
___, Desagravio. Asunción, La Mundial, 1916.
___, Etapas de mi vida. Asunción, La Mundial, 1919; 2.ª ed. Asunción, Ministerio de Hacienda, 1970.
JUAN F(rancisco) PÉREZ (AGOSTA): Los Archivos de la Asunción. Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, 1923.
___, Vieja fraternidad. Buenos Aires, 1939.
___, Fechas y emblemas patrios del Paraguay. Buenos Aires, Ferrari, 1939.
ALEJANDRO AUDIBERT: Los límites de la Antigua Provincia del Paraguay. Buenos Aires, 1892.
___, Cuestión de límites entre Paraguay y Bolivia. Asunción, Escuela Técnica Salesiana, 1901.
JUAN LEÓN MALLORQUÍN: «Los límites del Paraguay», en: Revista del Instituto Paraguayo, Asunción, t. X, pp. 257-278, 1907.
___, «Los límites del Río de la Plata», en: Rev. cit., t. X, pp. 418-431, 1907; pp. 486-501, 610-623, 1908; t. XI, pp. 705-728, 1908.
___, Acciones reivindicatoria, confesionaria y rogatoria. Asunción, Talleres Tipográficos del Estado, 1910.
___, Moral política. Asunción, 1919.
ENRIQUE SOLANO LÓPEZ: Bibliografía Paraguaya. Catálogo de la Biblioteca Paraguaya «Solano López». Asunción, H. Kraus, 1906.
MARCOS A. MORÍNIGO: Hispanismos en el guaraní. Buenos Aires, Peuser, 1931.
MARCO ANTONIO LACONICH: Con el seudónimo identificado de «Ivanhoe»: El «iris» de la paz o los mercaderes de Ginebra en el Chaco (Novela histórica). Asunción, 1935.
___, La paz del Chaco. Montevideo, Editorial Paraguay, 1939.
___, El Paraguay mutilado. Montevideo, Editorial Paraguay, 1939.
L(uis) CHASE SOSA: Organización social y cooperativa del agricultor. Asunción, 1935.
PEDRO P. SAMANIEGO: Por los fueros de la justicia. Buenos Aires, 1937.
___, Por los fueros de un libro. Buenos Aires, 1938.
___, Anteproyecto de Constitución para la República del Paraguay. Buenos Aires, 1939.
LUIS DE GÁSPERI: Geografía del Paraguay. Buenos Aires, Peuser, 1926.
___, «Sobre la personalidad literaria del poeta Leopoldo Díaz», en: Revista Paraguaya, Asunción, Año II, N.º 5-7, julio 1926-enero 1927, pp. 14-25. Cfr.: Nosotros, Buenos Aires, Año 21, v. 56, N.º 218, pp. 494-504, julio de 1927. Se trata de la conferencia pronunciada en el Archivo Nacional, de Asunción, el 4 de marzo de 1927.
___, Laudatoria del vernáculo. Buenos Aires, 1957.
FÉLIX PAIVA: Estudio de Derecho Constitucional. Asunción, Ariel, 1915 (v. Notas aclaratorias, 20).
LUIS A. ARGAÑA: Tratado de Derecho Mercantil. Asunción, La Colmena, 1936-1937, 3 v.
RAÚL SAPENA PASTOR: La vocación hereditaria en las sucesiones intestadas. Asunción, 1937.
___, Conferencias Internacionales Americanas. Asunción, 1937.
SEGUNDO SÁNCHEZ y ANSELMO JOVER PERALTA: Nuestro radicalismo dentro del Partido Liberal. Asunción, 1930.
OVIDIO REBAUDI: Artículos y trabajos. Asunción, 1910.
___, El alma y su esfera de acción en el espacio. Buenos Aires, Constancia, 1917 (v. Notas aclaratorias, 22).
ALBERTO ROJAS: Los jesuitas en el Paraguay y otros artículos. Asunción, Imprenta Nacional, 1936.
ENRIQUE D. PARODI: Poemas. Buenos Aires, 1877.
JUAN R. DAHLQUIST: No publicó obra poética.
___, Páginas de un maestro. Asunción, 1912.
FRANCISCO L. BAREIRO: No publicó obra poética.
___, El Paraguay en la República Argentina. Buenos Aires, 1900.
DELFÍN CHAMORRO: No publicó obra poética.
___, Hacia la gramática. Asunción, 1932.
(Gomes) FREIRE ESTEVES: Yo. Un año terrible (Prosa y poesía). Asunción, 1905.
___, Historia contemporánea del Paraguay. Lucha de cancillerías en el Plata. Buenos Aires, 1921.
ROBERTO A. VELÁZQUEZ: No publicó obra poética. Figura en antologías (v. Notas aclaratorias, 18).
HÉCTOR PEDRO BLOMBERG (v. Notas aclaratorias, 30).
DANIEL JIMÉNEZ ESPINOSA: Pancha Garmendia. Asunción, 1903 (v. Notas aclaratorias, 31).
MARCELINO PÉREZ MARTÍNEZ: Cartas políticas y cartas del destierro. Corrientes, Argentina, Casa Editora de E. Díaz (h), 1909.
___, Hojas de Mayo. Asunción, 1912 (v. Notas aclaratorias, 32).
PABLO MAX YNSFRÁN: No publicó obra poética.
___, «La poesía, el arte más intelectual», en: Letras, Asunción, Año II, N.º 3, pp. 135-145, marzo de 1916.
___, Sobre latinismo. Asunción, La Mundial, 1925,
(Hugo) RODRÍGUEZ ALCALÁ: La danza de la muerte. Poema alegórico. Asunción, Imprenta Nacional, 1937.
___, Estampas de la guerra (Poesías). Asunción, Zamphirópolos, 1939.
___, Poemas. Horas líricas. Asunción, Imprenta Nacional, 1939.
___, A la sombra del pórtico y poemas de la guerra del Chaco, Asunción, El País, 1942 (v. Notas aclaratorias, 34).
LEOPOLDO RAMOS GIMÉNEZ: Piras sagradas. Asunción, 1917.
___, Eros. Asunción, 1919.
___, Alas y sombras, Buenos Aires, Novísima, s. a.
___, Canto a las palmeras de Río de Janeiro. Asunción, 1932.
ARTURO ALSINA: La marca de fuego (Drama). Asunción, 1926.
«ARNOLDO MIRIEL» (Seud. de MIGUEL PECCI SAAVEDRA): María del Carmen (Drama). Asunción, Puigbonet, 1925.
Con su nombre y apellidos publicó posteriormente estos libros:
___, Etópolis. Buenos Aires, El Ateneo, 1947; 2.ª ed., 1950.
___, Boceto Renacentista y Monna Lisa y Leonardo. Buenos Aires, El Ateneo, 1949.
___, Eleonor y Manos Blancas. Buenos Aires, El Ateneo, 1953.
___, Una valiosísima novela paraguaya: «La Babosa». Buenos Aires, 1953 (v. Notas aclaratorias, 41).
JULIO CORREA (V. Notas aclaratorias, 42).
.
3. Autores éditos con posterioridad a 1939
POLICARPO ARTAZA: Ayala, Estigarribia y el Partido Liberal. Buenos Aires, Ayacucho, 1946.
ENRIQUE A. SOSA: La misión del abogado como profesional del Derecho (Tesis universitaria, 1939). Asunción, 1941.
JULIO CORREA. Ediciones póstumas en prosa:
___, Ñande mba'e-ra-yn. Asunción, Editorial «Ortiz Guerrero», 1965.
___, Sombrero Kaâ y cuentos. Asunción, Editorial del Centenario. 1969 (v. Notas aclaratorias, 42).
HERIB CAMPOS CERVERA: Ceniza redimida. Buenos Aires, Tupä, 1950.
___, Hombre secreto. Asunción, Diálogo, 1966 (Cuadernos del Colibrí, 7).
VICENTE LAMAS: La senda escondida. Asunción, El Arte, 1956.
JOSÉ CONCEPCIÓN ORTIZ: Amor de caminante. Buenos Aires, Ayacucho, 1943.
DORA GÓMEZ BUENO DE ACUÑA: Flor de caña. Asunción, Imprenta Nacional, 1940.
___, Barro celeste. Asunción, Imprenta Nacional, 1943.
IDA TALAVERA DE FRACCHIA: Esto de andar. Asunción, Pulso, 1966 (v. Notas aclaratorias, 45).
MARÍA CONCEPCIÓN LEYES DE CHAVES: Tava'í. Asunción, La Colmena, 1942; 2.ª ed., Buenos Aires, Peuser, 1954.
___, Río lunado. Mitos y costumbres del Paraguay. Buenos Aires, 1951; 2.ª ed., Buenos Aires, 1976.
___, Madame Lynch. Buenos Aires, Peuser, 1957 (v. Notas aclaratorias, 47).
.
4. Autores que continuaron inéditos en determinado género
a) Poesía : Venancio V. López / Fulgencio R. Moreno / Ricardo Marrero Marengo / Francisco Ortiz Méndez / Eladio Battilana de Gásperi / Raúl Battilana de Gásperi / Julián Villamayor / Guillermo Molinas Rolón
b) Prosa y poesía : Juan José Decoud
c) Prosa : Enrique Bordenave / Manuel Campaya

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Literatura del Paraguay: De los días coloniales a 1939
Viriato Díaz-Pérez
[I. Evolución cultural]
[1. Prosa de la Colonia]
[2. Las letras en la República]
[3. Romanticismo - Novecentismo]
[4. Otros nombres de época]
[5. Los profesores]
[6. El grupo de 1925]
[II. Géneros y movimientos]
[1. Poesía]
[2. Farina Núñez]
[3. Modernismo]
[4. Teatro]
[5. Literatura femenina]
[6. Antologías]
[7. Literatura del Chaco]
[III. Resumen]
Anotaciones
Raúl Amaral
Explicación
I. Bibliografía consultada por el autor
II. Síntesis bio-bibliográfica
III. Bibliografía crítica
V. Tabla onomástica
V. Cronología

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