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martes, 6 de septiembre de 2011

BENJAMÍN FERNÁNDEZ BOGADO - LA PATRIA URGENTE, PALABRAS SOBRE EL BICENTENARIO / Artículo publicado en el diario ULTIMA HORA el domingo 8 de mayo de 2011.




LA PATRIA URGENTE


(Artículo publicado en el diario
ULTIMA HORA
el domingo 8 de mayo de 2011)

Hemos tenido momentos heroicos en estos 200 años. No pudieron con nosotros ni las dictaduras ni la Guerra Grande ni las revoluciones ni los saqueos, menos aún los corruptos, los incapaces o los inmorales.
No acabaron con nuestras reservas; ellas viven en el corazón de un pueblo sencillo al que creen que le han despojado de su dignidad porque han comprado su silencio. Es hora de patear la silla, de observarla caída y de levantarla para que la postración de este pueblo nunca más tenga a alguien que lo mancille y lo degrade.
Requerimos ponernos de pie y creer en nosotros mismos, recuperar en un acto heroico el sentido de la palabra independencia, aprender a ser libres sin temores, sin resquemores, sin pedidos de disculpas permanentes… necesitamos el orgullo de Francia, el pragmatismo de Carlos Antonio López o Caballero, la honestidad de Eligio Ayala, la inteligencia militar de Estigarribia, el coraje del coronel Franco en Campo Vía y la tozuda voluntad del general Garay quien, con más de 70 años, comandó una parte del ejército triunfante en los cañadones de Yrendague. Necesitamos la sensibilidad de Flores, la estética de Ortiz Guerrero, el simbolismo de los niños mártires de Acosta Ñu, el genio creador de Agustín Barrios, el trabajo de los inmigrantes, el compromiso de millones de buenos paraguayos que todos los días creen que cada amanecer les trae una oportunidad de vivir mejor y de proyectarse en sus hijos y nietos, porque el Paraguay es nuestra tarea, nuestro destino, nuestra vida y compromiso.
No hay otro lugar mejor para crear oportunidades, pero no lo haremos si no logramos entender con claridad que independencia es vida, no muerte; libertad es responsabilidad, no dispendio; patria es compromiso no discurso y que esta nación no está condenada ni al infortunio y menos aún al olvido.
Pongamos los paraguayos nuestra mejor inteligencia, aquella que alumbra y nutre. Hagamos algo que nos cuesta enormemente: convocar a los mejores como si estuviéramos en guerra, pero no contra enemigos militares, sino contra la ignorancia, la pobreza, la corrupción o la inseguridad. De esta no salimos solos, pero tampoco en alianzas que solo buscan posibilidades crematísticas para los aliados y desgracia para sus seguidores.
No olvidemos la historia, pero enamorémonos del futuro. Hagamos que sea él el que nos sacuda, nos mueva, nos movilice en un proyecto común, donde cada paraguayo asuma el compromiso de dejar en mejores condiciones este país que recibimos.
Abracemos la educación con la mayor pasión posible; promovamos y premiemos a los capaces, invirtamos más y mejor… hagamos que el esfuerzo de nuestros hombres y mujeres reconstruyan instituciones que hoy crujen por el abandono, la falta de cimiento y la ausencia de techos.


PALABRAS SOBRE EL BICENTENARIO EN EVENTO DE LA COOPERATIVA UNIVERSITARIA

El sábado 7 de mayo de 2011 a la noche ante una multitud convocada por dicha entidad solidaria, BENJAMÍN FERNÁNDEZ BOGADO dio las palabras referenciales sobre el bicentenario y la trascendencia de la fecha para el Paraguay. Resaltó la necesidad de poner sobre relieve la gran tarea de las mujeres paraguayas durante la guerra del Chaco alimentando al ejército en campaña. Su participación fue rubricada con sonoros aplausos.


Registro: Setiembre 2011


lunes, 16 de mayo de 2011

JOSÉ MANUEL SILVERO - NIETZSCHE EN PARAGUAY / Correo Semanal, diario ULTIMA HORA, 2008





NIETZSCHE EN PARAGUAY
Artículo de


El filósofo alemán Friedrich Wilhelm Nietzsche dedicó al país unas líneas dignas de ser reproducidas. A instancias de su hermana, estuvo cerca de arribar al Paraguay.


Federico Nietzsche pudo haber pisado tierra paraguaya alguna vez. Si aquello se hubiese concretado, no me imagino los comentarios, las loas y tonterías que se hubo de criar en torno a la visita-estadía del genio-loco en Paraguay.

ILUSTRES VISITANTES

Alguna vez nos visitaron Bonpland y Richard Burton; también lo hicieron José Mengele y Antoine de Saint-Exupéry; y no la olvidemos a la mismísima Ilona Staller -alias La Cicciolina-, al desobediente Leonardo Boff, al experto en fútbol Eduardo Germán Hughes Galeano o al economista cuya sapiencia desnudó a la globalización, Joseph Stiglitz, entre otros ilustres pasajeros. Es probable que todos ellos hayan contribuido con sus conceptos a que el mundo tenga un concepto acerca del Paraguay.
Si a esta lista sui géneris, encabezada por un naturalista, seguido por un aventurero-espía, un médico asesino, un escritor y una "señora", un teólogo enemigo íntimo de Ratzinger, un escritor cuyas venas esperanzadas ansían cerrarse y un antiglobalización-globalizado, hubiésemos podido sumar el nombre de Federico Nietzsche y decir con orgullo: "También pisó tierra paraguaya nada más y nada menos que el autor del Anticristo". Una felicidad eterna nos hubiese embargado, una sonrisa postiza desplegada y cientos de citas y fragmentos de los escritos de Federico hubiésemos tergiversado por el solo hecho de haber posado sus plantillas en tierra guaraní.
Es verdad que alguna vez deambuló por estos lares -según la leyenda- el gran Santo Tomás (Pa'i Tume), pero sólo dejó algunas pisadas, nada más.
Pero, al final, poco importan las intenciones verdaderas o simuladas de nuestros visitantes. Los acontecimientos que el tiempo guarda en sus entrañas quedan relegados por el ajetreo y la lisonja que desplegamos al divisar un extranjero en nuestras costas. ¿Alguien se acuerda de la condecoración otorgada a Rockefeller?
Pero volvamos a Nietzsche. Éste se molestó bastante el día en que su hermana le aconsejó librarse del horrible lugar donde moraba, incitándolo a que viajara al Paraguay. Elisabeth creía firmemente que nuestro país ayudaría a su hermano en la difícil tarea de espantar los "fantasmas" y otros males que acechaban al filósofo.
Sin embargo, al igual que Sarmiento, Elisabeth despreciaba sinceramente esta parte del planeta (aunque el clima fuese beneficioso y agradable).


 LA HERMANA DE NIETZSCHE EN PARAGUAY  


Federico Nietzsche, así como algunos de los citados visitantes, dedicó al Paraguay unas líneas dignas de ser reproducidas. Y, permítanme los guardianes del gremio filosófico recrear la conversación con cierta libertad, pero sin omitir nada de lo proferido por el filósofo.
Poco antes de que Elisabeth partiera hacia el Paraguay, entabló una breve pero interesante conversación con su hermano mayor.

-Yo pensaba que no te gustaba Paraguay -le recordó Nietzsche.

-No para mí -respondió la hermana.

-Entonces, ¿por qué para mí? -le preguntó el filósofo.

-Para ti significaría la resurrección -sentenció Elisabeth.

-¿Como Jesús? -dijo Federico.

La hermana se encogió de hombros y le recriminó al hermano.

-Ya empiezas a proferir sacrilegios. ¿No sabes el efecto que esta clase de cosas le produce a mamá?

Nuestro malogrado huésped, con el estilo punzante y el dardo afilado, contestó a la hermana:

-No la mata. Y si lo hiciera, sé que no tardaría mucho en volver a molestarme con este asunto, y tú también.

La hermana, consciente de la situación de Federico, le replicó:

-No eres tú el desagradable con nosotros, sino tu enfermedad.

El filósofo ya no tenía ganas de seguir sosteniendo la posibilidad de viajar al Paraguay; por ello decidió, de una vez por todas, dejar sentada su postura con respecto a la empresa en cuestión:

 EL ANTISEMITISMO 


"¡Oh, querida enfermedad! Pero no consideraré la posibilidad de ir al Paraguay, de modo que pongamos punto final a eso. En primer lugar, es demasiado lejos; sólo el viaje me mataría si vuestra compañía no lo hizo ya. En segundo lugar, probablemente tu difunto marido ha contaminado en tal forma el Paraguay con su plaga antisemita, que debe ser un lugar tan malo para vivir como Alemania."

La hermana del filósofo arribó al Paraguay en el año 1887, acompañada de su marido Bernhard Förster. Éste, ideólogo de una utópica colonia planeada con antelación y bautizada con el nombre de "Nueva Germania", involucró a catorce familias alemanas que ansiaban concretar el sueño de un foco de desarrollo germánico "puro", lejos, por supuesto, de la influencia de los judíos, a quienes Förster detestaba con todas sus fuerzas.

Aunque nuestro utópico antisemita logró negociar con el general Bernardino Caballero los títulos de la propiedad, su programa eugenésico tocó fondo con el "detalle" de su autoeliminación, en el año 1889.

Cuatro años después, la viuda dejaría definitivamente el Paraguay y se dedicaría a cuidar de su hermano filósofo.

En Mi hermana y yo, en el capítulo uno, punto tres, Nietzsche deja clara su animadversión hacia el cuñado y evidencia sus conceptos hacia el Paraguay.

"El antisemitismo, en un lugar donde ocasionalmente se puede echar una mirada a un rostro genuinamente judío, es una cosa. Pero debe ser imposible respirar donde hay sólo vacíos rostros cristianos que saludan.

"Por su exagerado antisemitismo, deduzco que no debe haber suficientes cosas en Paraguay para odiar y hacer soportables las miserias comunes de la vida."

En fin, una verdadera lástima lo de Nietzsche. Pudimos haber aprendido a ponernos Más allá del Bien y del Mal y nuestros abuelos hubiesen podido saber un poco más de la hermosa y provocativa Lou Salomé. Pero, como ya lo dijo el filósofo:

"En última instancia las cosas tienen que ser tal como son y tal como han sido siempre; las grandes cosas están reservadas para los grandes; los abismos para los profundos; las delicadezas y estremecimientos, para los sutiles; y, en general y brevemente, todo lo raro para los raros."



(Publicado en la edición impresa, en el suplemento Correo Semanal.
19 de Setiembre del 2008





viernes, 26 de noviembre de 2010

AUGUSTO ROA BASTOS - CUENTOS COMPLETOS – TOMO IV - Prólogo MARÍA DEL CARMEN POMPA QUIROZ (Texto del cuento: MORIENCIA) / Editorial El País, Editorial Servilibro, 2007


CUENTOS COMPLETOS – TOMO IV
Autor:
AUGUSTO ROA BASTOS
(Enlace con datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
Edición Homenaje 90 años de su nacimiento:
13 de junio de 1917
Fundación AUGUSTO ROA BASTOS
Edición Especial para Editorial El País,
Prólogo María del Carmen Pompa Quiroz
Ilustración de tapa: CÁNDIDO LÓPEZ
Diario ÚLTIMA HORA,
Asunción-Paraguay
Año 2007 (pp. 150)

.

ÍNDICE: MORIENCIA / NONATO / BAJO EL PUENTE / RACION DE LEON / CUERPO PRESENTE / JUEGOS NOCTURNOS / AJUSTE DE CUENTAS / HOGAR / NIÑO AZOTÉ / EL PAÍS DONDE LOS NIÑOS NO QUERÍAN NACER / CUANDO UN PAJARO ENTIERRA SUS PLUMAS / EL CRACK / CHICO CO-A / VARIACIONES SOBRE UN CUENTO DE JULIO CORTÁZAR / LA CITA / LUCHA HASTA EL ALBA

PRÓLOGO
LOS CUENTOS DE ESTA COLECCIÓN

** Juegos de infancia, recuerdos de sucesos pasados -vividos y revividos-, actos de violencia contra un pueblo sufrido, y la voz de un niño que relata las historias como testigo o conocedor de distintas versiones de una misma historia... Este es el trasfondo de los cuentos de Roa Bastos que reproducimos en la presente edición: "Moriencia", "Nonato", "Bajo el puente", "Ración de león" y "Cuerpo presente". Estos cinco cuentos, que aparecen en la primera edición paraguaya de Moriencia (1991), fueron escritos durante el año 1967. Para entonces, el autor había publicado El trueno entre las hojas (1953), Hijo de hombre (1960) y El baldío (1966), y era reconocido internacionalmente como figura capital en las letras paraguayas.
**Ya estaba planteada la configuración del universo narrativo que el autor desarrollaría en el transcurso de su carrera literaria, fiel a su postura ética de denuncia y transformación de las estructuras sociales, postura similar a la de Rulfo, García Márquez y a Barrett, su predecesor en nuestras letras. A estos agregamos: "Juegos nocturnos", publicado en El baldío (1966), "Ajuste de cuentas", "Niño azoté" y "Hogar", de Los pies sobre el agua (1967). "Hogar" es además, uno de los capítulos de Hijo de hombre, "Lucha hasta el alba", publicado en 1979, “El país donde los niños no querían nacer" y "Cuando un pájaro entierra sus plumas", publicados en Cuentos para la humanidad joven (2006).


EL UNIVERSO MÍTICO
** Si el mito –que según el filósofo Ernst Cassirer aparece simultáneamente con el lenguaje en una sociedad- otorga un modelo para la interacción humana, es en la narrativa de Roa Bastos, el substrato que le da sentido. Partiendo del universo mítico guaraní, desarrolla tres de sus temas claves: el de los gemelos o dobles, el tiempo cíclico y la búsqueda del yvy maraẽ’ỹ o la tierra sin mal.
** En "Moriencia", "Nonato", "Bajo el puente" y "Cuando un pájaro entierra sus plumas", cobra sentido el tema de los gemelos: el maestro Cristaldo y Chepé Bolívar, "uno reflejado en el otro, formando una sola persona", los mellizos "que han nacido viejos", Sapucai y Manorá como escenarios espejados de cruentos sucesos civiles y militares.
** Más evidente aún, el tema de los dobles -Esaú y Jacob-aparece en "Lucha hasta el alba". Roa Bastos asegura haberlo escrito a los trece años, pero bien puede tenerse este hecho como metafórico, ya que en la religión judía, el joven, a la edad de trece años adquiere la responsabilidad de leer la palabra sagrada depositada en la Torá, del mismo modo que Roa se ficcionaliza a sí mismo ingresando a esa edad al mundo de la palabra que él mismo va depositando en su texto, partiendo de un capítulo del Génesis, en ese cuento que el autor quiere ver como el primero de todo su universo imaginario.
** El tiempo cíclico, en el que las acciones y los hechos se repiten iguales a través de los años y la narración misma avanza y retrocede, da sentido a "Nonato", donde: "lo sucedido una vez, vuelve a suceder una y otra vez, de la misma manera, sin descanso". En "Ración del león", "aquello que fue antes ya ha pasado" y en "Cuerpo presente", Chepé: "empolló su muerte", ya que el principio conlleva el final. El mismo tiempo donde "todo es y no es" se repite en "Juegos nocturnos", en el que la acción se traslada a Buenos Aires, igual que en "Ajuste de cuentas", donde el narrador pasa de omnisciente a testigo y autor de los hechos. En "Niño azoté" la vida y la muerte se enfrentan, en planos paralelos, en un velorio y en un pesebre navideño. En "El país donde los niños no querían nacer", todo se reinicia luego del final con los personajes cuyos nombres invertidos, como reflejados en un espejo, dan la clave de la historia. Y en "Hogar", donde la pareja con el niño recién nacido traslada un vagón descarrilado que veinte años después será la base de una lucha libertaria, el protagonista recuerda el pasado en el mismo lugar en que había nacido y dice: "El ciclo recomenzaba y de nuevo me incluía."
** La búsqueda de la tierra sin mal, asimilable a la utopía como espacio posible de liberación social, da sentido a la decisión del personaje de "Bajo el puente", al vuelo del niño en "Cuando un pájaros entierra sus plumas", y a la huida casi increíble en "Hogar".


"POÉTICA DE LAS VARIACIONES"
** Así define Roa Bastos, en una edición española de Hijo de Hombre (1993), al proceso que en su obra consiste en "vaciar el texto indefinidamente sin hacerle perder su naturaleza original, sino por el contrario, enriqueciéndolo con sutiles modificaciones." Este proceso se pone en evidencia en las transformaciones que sufren personajes, sucesos y espacios geográficos: el maestro Cristaldo puede ser Chepé por reflejo y puede convertirse en un recién nacido, episodio que pasará de "Bajo el puente" a la novela Contravida; el niño no nacido puede tomar el lugar del padre en "Nonato"; Miguel Vera, narrador en "Hogar", puede ser el evadido de "Excavación" y de Contravida, y también el personaje sin nombre en Madama Sui; Sapucai parece ser Manorá, Manorá puede ser Iturbe...
** Esta maquinaria de signos que es la obra de Roa Bastos, genera a cada nueva lectura, nuevos significados. A esto alude Vladimir Krysinski, estudioso del autor paraguayo, cuando, ve en Yo el Supremo (y por extensión, en toda su narrativa), "distintas perspectivas de lectura, de isotopías mediatizadas por un sistema de valores, una ideología, una forma estética, una organización intertextual". Y de esta apreciación son un ejemplo los cuentos que presentamos en este volumen.
MARÍA DEL CARMEN POMPA QUIROZ (docente y crítica literaria)



MORIENCIA  (CUENTO)** La oí nombrar hace un rato a Chepé Bolívar. ¿Lo conocía usted? -pregunté a la mujer en el mixto.
-¿Al telegrafista de Manorá? ¡Ea!, cómo no, si hasta su ropa yo le hacía!
** Miente la vieja palabrera, dije entre mí acordándome que el telegrafista anduvo casi siempre en cueros por lo menos durante los últimos años de su vida, que fue cuando lo conocimos nosotros.
** -Alto, moreno lento, patas de pájaro. Siempre emponchado, en invierno y verano. De noche, cuando había luna, se encasquetaba un sombrerón y encima, para más seguridad, se cubría con una sombrilla de mujer. Salía a caminar por ahí, asustando a la gente. ¡Cómo no lo iba a conocer! -garganteó la revendedora. No; si ya apenas salía de su rancho, la contradije con el pensamiento. Desnudo, las ronchas untadas de sudor con lo flaco que era, se quedaba encerrado trabajando la madera de su caja, a la luz de una vela. Desde lejos se oían en la noche los golpes de la azuelita y del formón sobre el tronco de árbol. Ya está telegrafiando otra vez, Chepé, se acuerda que decíamos en el pueblo cuando escuchábamos ese picoteo enterrado de pájaro carpintero.
Nuestra tía Emerenciana, que era reconocida por su ciencia de lo natural, me decía:
** - Vaya a llevarle el remedio. Y dígale que venga un momentito a arreglarme esto, que las vacas corsarias del vecino me están entrando en la huerta desde por la mañana.
** -Le hace decir mi madrina que vaya un rato a arreglarle el cercado.
** -No puedo. ¿No ve la luna? -Es de día.
** -Cuando ha salido de su cáscara, siempre lo esta mirando a uno. De día y de noche, aunque no se la vea.
** -Dice que no puede venir, madrina. Que usted sabe bien que el cuerpo se le llena de úlceras si sale cuando la luna esta brava. Que la semana que viene va a venir, si Dios quiere y la Virgen, y le va a dejar el cercado como nuevo y que le va a arreglar también el nicho del Señor de la Paciencia.
** La respiración de la mujer me enfría la oreja. Entre el roncar del mixto, el cuchicheo recomienza:
** -Chepé murió cuando llegaron las tropas el año de la creciente grande. Murió en el tiroteo.
** -No murió de bala -digo.
** -Hubo quien dijo que del susto por la balacera y hubo quien dijo que de una bala perdida. Pero eso no fue verdad; tiene razón usted. El telegrafista murió porque ya tenía que morir nomás. Había estado esperando su muerte demasiado tiempo. Él debía haber muerto en la sublevación del año 12. Pero de eso usted no debe acordarse. Ni habría nacido todavía.
** Ni usted ni yo, como quien dice, habíamos salido aun del huevo. A Chepé lo conocimos ya viejo. Igual que al maestro Cristaldo. Usted se fue del pueblo mucho antes que yo, pero se acordará todavía lo parecidos que eran, a pesar de sus diferencias, el maestro y Chepé. Lo veíamos al uno reflejado en el otro, como formando una sola persona. Uña y carne. Flaquito, inacabado, muy blanco, el uno. Alto el otro, desgalichado, muy oscuro. Cuando Chepé ya no se pudo mover, el maestro iba a su casa a darle una mano en el trabajo. Hacía mucho tiempo que la caja estaba terminada, pero entre los dos siempre encontraban algún detalle que retocar o afinar. Parecida a una canoa, la caja; a la canoa del maestro Cristaldo. Tal vez mejor; de más calidad, más resistente, mejor perfilada. De primera para remontar el río hasta sus nacientes, como quería el maestro, que únicamente podía bogar en la laguna; su viejo cachiveo hacía agua por todas partes.
** Las letras que había en los extremos de la caja de Chepé, las grabó el maestro, una por una, a punta de cuchillo. Trabajo de preso. Calcúlele otra hilera de años... No hay más que el principio y lo que está antes del principio... ¿Qué quería decir eso? ¿Un mensaje? ¿Una dedicatoria? Zalamerías de dos viejos caducos.
** La voz de la mujer va y viene en la oscuridad; no me deja agarrar al pensamiento del sueño:
** -Se decía que en la revolución del 12, los regulares que ocuparon el pueblo obligaron a Chepé a que transmitiera una noticia falsa. Un señuelo para demorar a los sublevados que se habían apoderado de un tren militar en Villa Encarnación, y atraerlos a una emboscada en Manorá.
** La única noticia falsa que Chepé transmitió mucho después, no ya como telegrafista, como mero correveidile, un rondín de la estación, fue la venida del reemplazante del maestro. Se acordará que todos los alumnos, el maestro a la cabeza de la fila, fuimos a recibirlo con banderines tricolores y el canto del himno bien ensayado. Pero no llegó ese día ni ningún otro.
** -Dicen que el telegrafista se negó. En Manorá no había ningún otro que supiera manipular el fierrito del telégrafo. Probaron a aceitarle la mano con dinero. Chepé se negó. Le prometieron su ascenso a jefe de estación. Se negó. Hicieron el simulacro de enfrentarlo a un pelotón de fusilamiento. Nada, ni un chiquito se le melló el coraje. Dicen que Chepé seguía moviendo la cabeza. ¿Se acuerda usted que el telegrafista tartamudeaba un poco? Los escueleros le hacíamos bromas. Un tartamudeo por falta de memoria, no por otro impedimento. Se le iba la memoria y se le iba la voz. De eso la revendedora no se acordaba. Estaba contando una historia que se la habían contado.
** -De nada valió su actitud. Lo que él se negó a hacer para evitar una mortandad terrible, lo hizo otro. Nunca falta un roto por un descosido. Los regulares pudieron tramar el engaño. Largaron a toda máquina una locomotora cargada de bombas contra el tren de los insurrectos, y lo hicieron volar a medio camino. ¡Para luego es que le voy a contar, la moriencia que hubo!
** La vieja palabrera lo mezclaba todo ahora, con el apuro de que se le fueran a enfriar los recuerdos; con el antojo de querer parar tal vez la vida que también a ella se le iba por la boca en contar la larga muerte de Chepé Bolívar. Debió morir aquella noche..., estertoró el cuchicheo.
** -¿Y quién le dice a usted que no murió aquella noche?
** -No pudo dormir más. No durmió un solo día desde entonces. La víspera de su muerte le duró veinte años.
** -No fueron veinte años. En todo caso, no se puede decir que fueron veinte años.
** -¿Qué?
** ¿No piensa usted, señora -estuve a punto de increparla-, que para contar eso con verdad su frase debió durar exactamente la misma cantidad de tiempo, y que aun así faltaría o sobraría algo? Para que iba a discutir; al fin y al cabo, lo que sucedió no se arregla con palabras.
** -Quién puede saber lo que duran esas cosas -dije.
** -La boca de cada uno es su medida -dijo-. Cuando Chepé murió...
** Cuando Chepé murió fue como si el maestro hubiera perdido su sombra.
** El sol empezó a golpearlo sin compasión por todos lados; cómo podría decírselo, se lo empezó a ver a plena luz, desamparado.
** Fue como si, a partir de ese momento, él solo hubiera quedado en el pueblo con todo el trabajo de destejer la hebra negra del no ser, que entre los dos habían tejido con santa paciencia, descansadamente, durante más de medio siglo. Eso lo pienso ahora.
** Puede que no sea así; que a mí también me esté traicionando la memoria.
** -Cuando Chepé murió -repitió la vieja que me vigilaba las ausencias-, los atacantes no habían hecho volar todavía la estación. -La estación no voló en Manorá sino en Sapucai, veinte años atrás.
** -No importa, pero hacía más de tres días que en Manorá las tropas estaban combatiendo por el puente.
** El pleito pudo durar otro tanto y el cuerpo del media sangre empezó a oler al ratito nomás de morirse.
** Los veinte años que llevó de no dormir se le corrompieron de golpe al tomar el primer sueño del que ya no iba a despertar. El primer trago de eternidad. La falta de costumbre, digo yo... -la voz, de la vieja salió por el hueco en una escupida. Cuando volvió.
** -Chepé Bolívar fue el único cristiano en el pueblo que tuvo en vida su caja -dijo mencionando lo que ya también creí que iba a omitir.
** Las veces que fui a llevarle remedios de yuyos contra las empolladuras del "fuego-frio" de la luna, metía la mano bajo la caja, donde guardaba el ataúd, que le sirvió primero de fiambrera. Sacaba una rapadura, trajinada de hormigas:
** - Tenga. Para estimarle el servicio.
** -¿Por que guarda eso ahí?
** -De puro desconfiado. Seguro murió de viejo. Desconfiado todavía vive.
** -¿Y entonces cómo fue que encontró tanto coraje para hacer lo que hizo aquella vez?
** -¿Cuándo, muchacho?
** -La vez que lo iban a matar.
** -No era coraje, era susto.
** -Usted se negó.
** -No, yo no podía hablar. No dije nada. Yo tenía una piedra en la garganta.
** -Les dijo no a ellos.
** -A ellos, no. A mi susto, a mi miedo. No quería morir...
** En esa caja lo enterramos, dijo la revendedora. Pero no en el cementerio. El acompañamiento no pudo atravesar la fusilería que cercaba al pueblo. Tuvimos que enterrarlo en un potrero. A pesar de las balas que silbaban por arriba, ninguno faltó al acompañamiento de ese muerto al que muchos, entre los más viejos, le debíamos la vida.

AUGUSTO ROA BASTOS - CUENTOS COMPLETOS – TOMO I - Prólogo OSVALDO GONZÁLEZ REAL (Texto del cuento: AUDIENCIA PRIVADA) / Editorial El País, Editorial Servilibro, 2007



CUENTOS COMPLETOS – TOMO I
Cuentos de
Prólogo OSVALDO GONZÁLEZ REAL
Edición Homenaje a los 90 años de su nacimiento el 13 de junio de 1917
Fundación Augusto Roa Bastos
Diario Última Hora // Editorial El País,
Editorial Servilibro,
Tel.: 595 21 444770
Asunción 2007

**/**


ÍNDICE DE CUENTOS:

CARPINCHEROS // EL VIEJO SEÑOR OBISPO // EL OJO DE LA MUERTE // MANO CRUEL // AUDIENCIA PRIVADA // LA EXCAVACIÓN // CIGARRILLOS "MAUSER" // REGRESO.

**/**

PRÓLOGO


Cuenta Roa que en dos meses escribió los 17 cuentos de "El trueno entre las hojas", sobre la guillotina para cortar papeles, que estaba en el sótano de la editorial de música donde trabajaba y dormía. La obra fue publicada en Buenos Aires en 1953 por la editorial Guillermo Kraft e inmediatamente le valió un renombre internacional. Anteriormente, se había dedicado a la poesía, habiendo publicado dos libros; El ruiseñor de la aurora (1942) y El naranjal ardiente (1960). Por parecerle la poesía más bien un adorno, algo suntuario, decidió dedicarse a la narrativa que - según él- sería más propicia para lograr el mejoramiento de la sociedad y denunciar con mayor eficiencia las injusticias y los privilegios de los poderosos. La literatura para Roa debía crear una conciencia revolucionaria y cambiar la realidad, no solamente reflejarla.
Esta búsqueda de una literatura social o de compromiso lo llevó a criticar a los gobiernos tiránicos y a sus cómplices: las oligarquías reaccionarias al servicio de los imperialismos. La función del escritor "debe ser eminentemente liberadora" y combatir la alienación y los tabúes de toda sociedad corrompida e hipócrita. En este sentido los precursores de su narrativa son Rafael Barret, Rulfo y Faulkner, entre otros. La influencia de estos grandes escritores se da, fundamentalmente, en la temática humanista y en la creación de un universo, por momentos mítico, aunque nunca totalmente alejado de la realidad social. La obra de Barret le enseñó a no soslayar "el dolor paraguayo" y las circunstancias históricas que marcan el destino de nuestros pueblos.
Al nihilismo radical de Juan Rulfo, se opone un "principio de esperanza" una posibilidad de redención para los seres oprimidos y humillados de sus cuentos. Al foral de los relatos más terribles encontramos una capacidad de supervivencia para los actores de sus magistrales relatos. El pueblo tiene la posibilidad de resucitar de sus cenizas y obtener, finalmente, la liberación.
El autor de El trueno entre las hojas, no olvida el origen mestizo de su cultura. Somos un país bilingüe y tenemos -de alguna manera- dos almas gemelas. La interrelación del castellano y el guaraní produce una aculturación lingüística que lleva a la creación de una sintaxis peculiar que fusiona a ambas lenguas. Se debe a esto, en parte, a la aparición de un universo mítico, la lucha entre dos cosmovisiones, la oposición entre Naturaleza y Cultura, que se convertirá en la confrontación entre "civilización y barbarie", como en el cuento LOS CARPINCHEROS.
El Tiempo Cíclico de los aborígenes versus el Tiempo Histórico de los europeos colisionarán entre sí produciendo efectos insólitos e inesperados. La cosmogonía guaraní ha sido aprovechada para producir lo que se ha llamado la "irrupción mítica" en la realidad cotidiana. El escritor guatemalteco Miguel Ángel Asturias fue uno de los primeros en amalgamar la lengua maya-quiché con el castellano para crear una especie de realismo mágico que influiría en Hispanoamérica a través de su literatura vanguardista.
No faltaron, por supuesto, los detractores y críticos de la obra de Roa. No le perdonaron los "intelectuales", del régimen despótico que lo llevó al exilio, la descripción cruda y despiadada de la realidad paraguaya. En efecto aparecen personajes sórdidos como el de "MANO CRUEL" que de bandido y estafador pasa a ser político de renombre o, el de "Audiencia privada" que nos presenta a un ministro corrupto de la dictadura en curso, además de la denuncia feroz contra la iglesia "oficial" que se contrapone a la pobreza franciscana del protagonista de El viejo señor obispo (probablemente un homenaje a su tío Hermenegildo Roa). Siguiendo a sus maestros , Valle-Inclán, entre otros, el cuentista expone a la execración pública a los "políticos feos, católicos y occidentales" que pululan entre nosotros. Algunos, lo acusaron de ser poco verosímil en su descripción no-idílica de la realidad nacional y de su regodeo excesivo en mostrar las lacras de nuestra sociedad provinciana y pacata. Hicieron lo mismo con su antecesor Barret a quien le criticaron su descripción de la esclavitud en los yerbales y su humanismo revolucionario. La meta de un escritor comprometido con su pueblo debe ser "una literatura militante a favor de la liberación humana", dice explícitamente nuestro Premio Cervantes.
No descuidó Roa su estilo ni la función estética de su literatura. El había leído (en la biblioteca de su tío, el obispo) a los clásicos españoles, a Quevedo, Cervantes, Gracilaso, y otros autores como San Agustín (Confesiones). Su prosa es altamente poética, por momentos, a pesar de haber tempranamente renunciado a dicho género. El lirismo de su prosa contrasta con el naturalismo de sus descripciones del sufrimiento y el dolor humanos. Su escritura llegará, eventualmente, a un barroquismo extremo y a un alambicado juego verbal, como en su novela Yo el Supremo.
En El trueno entre las hojas, experimenta con un lenguaje de tono casi coloquial, a veces dramático y otras veces irónico. El narrador es omnisciente y habla en tercera persona. Hay juegos con el tiempo y con distintos planos de tipo cinematográfico. En algún momento, aparte de su narrativa, Roa escribió también guiones, que le posibilitaron recurrir en su escritura a la técnica del "racconto" y el montaje, a través de "flashes" y fragmentos de los hechos narrados.
Nos falta mencionar el tema del exilio, tan caro a Roa Bastos y que signó de manera radical toda su obra. La experiencia de extrañamiento y soledad que produce el exilio es fuente de reflexión y de enajenación para todo escritor que se precie de tal. Este desgarro traumático que lo separó de sus raíces ancestrales lo llevó a mirar la realidad paraguaya con ojos alucinados y a añorar como un extraño esa "tierra escarlata", o como él la llamaba: "esa isla sin mar".
La búsqueda de la "tierra sin mal", mito primigenio de nuestros antepasados guaraníes, lo acompañó siempre a través de su ingente obra y lo ayudó a superar los obstáculos que se oponían a su vocación de escritor y a la de ser, a través de su obra, portador de las esperanzas de su pueblo.

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Así conoció a Mano Cruel. Ya para entonces le habían dado este nombre en el pueblo. Él estaba orondo, orgulloso con el mote que le parecía la consagración popular de sus méritos. Lo sacó de las mesas del monte, del truco, de las ruedas de guaripola, de las partidas de billar, en las que si había alguno que perdía o que pagaba nunca era, claro está, Mano Cruel, por una notable coincidencia que se hizo su rasgo más característico. Pero él tenía sus encantos, sus chistes, su simpatía fresca y campechana. Con eso equilibraba la situación. Y nadie se lo tomaba a mal. Al contrario, las reuniones sin Mano Cruel parecían velorios. Fragmento de "MANO CRUEL"

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AUDIENCIA PRIVADA (CUENTO)
** En la puerta de entrada tuvo que mostrar de nuevo la tarjeta. Un muchacho de nariz chata y ojos almendrados, entre esbirro y ordenanza, tomó el trozo de cartulina sin dejar de mirar al recién llegado. Después, en lugar de leerla pareció olerla. En el rostro cetrino, picado de viruelas, la desconfianza apenas se mitigó.
** -¿Te va a atender la señor minitro?
** -Creo que sí. Me ha citado para esta hora. Lo dice ahí. Sin mostrarse aún muy convencido, el ordenanza masculló:
** -¡Humm.. . ! Güeno, entonces. Pasá. Por aquí. Voy a avisar a la señor minitro.
** Lo condujo primero por el ancho corredor, luego por un pasillo. Volvió a sentirse espiado. Dos o tres rostros inmóviles, como pintados sobre arpillera terrosa. La brasa de un cigarro. Siseos sofocados de repente. Detrás de una puerta, una voz bronca e imperativa, desagradable, hablaba por teléfono. A medida que se acercaban, la fue oyendo con más claridad.
** Desembocaron en una habitación amplia y atiborrada. El ordenanza lo hizo pasar con gesto poco amistoso.
** -Esperá ahí. Podé sentarte si queré -gruñó por encima del hombro, al irse.
** Las celosías se hallaban cerradas. La luz declinante del atardecer se filtraba a través de las tablillas y veteaba la fresca penumbra con franjas leonadas que parecían oscilar en los rincones. En un redondel luminoso, clavado en el techo, se perfilaba la sombra invertida de un árbol, negra y con los rebordes dorados. En alguna parte de la habitación escuchó un crujido.
** No era el despacho del ministerio. Era la propia casa del ministro, en la zona de las grandes quintas residenciales. No tenía aún idea de por qué lo había citado allí.
** Afuera se escuchaba piar a los pájaros entre los eucaliptos. Y más lejos, el cacareo de las gallinas, el ladrido de algún perro, los gritos de algunas criaturas.
** Una quietud apacible, doméstica, verdaderamente rural, envolvía la casa. Tardó un poco en acostumbrar sus ojos a la penumbra. La henchida habitación se fue aclarando. Un gran armario emergió lentamente de la sombra verdosa; una mesa sólida y maciza como un carro y, luego, toda la mezcolanza de muebles antiguos y modernos que parecían disputarse, además del espacio, el fácil privilegio del mal gusto. Los libros debían estar disimulados con prodigiosa eficacia. No se veía un pelo de letra escrita, salvo la carga de expedientes panzudos y desvencijados sobre el alzaprima anclado en mitad de la habitación como en una picada.
** El crujido se repitió y, casi simultáneamente, una palabreja extrañamente pronunciada en un registro agudo y chirriante. El visitante se fijó. Era un loro posado en una percha de bambú, cerca de un paragüero que alojaba, en lugar de paraguas, dos o tres fusiles de distintos tamaños.
** La voz en el teléfono había cambiado de tono. Era otra comunicación. Se había oído colgar el auricular y discar nuevamente. La conversación era ahora falsamente amable, mechada de risitas abdominales, de frases truncas e intencionadas, machunas, sospechosas de una renuente voluptuosidad. El señor ministro atendía ahora sin duda, después de un trámite agitado, algún asuntito íntimo.
** El recién llegado dejó el portafolios sobre la mesa y se sentó en un sillón dispuesto a esperar todo lo que fuera necesario. No tenía prisa, no estaba intranquilo; a lo sumo, vagamente irritado. Pero desde el comienzo de sus gestiones había decidido soportarlo todo, por lo menos con una perfecta calma exterior. Lo que le traía bien valía la pena. Esta entrevista significaba mucho para el proyecto. Se podía decir que era decisiva.
** Había llegado hasta ella como por una escalera tambaleante, a lo largo de días, de semanas pacientemente sufridas. Un peldaño cada vez, y en cada peldaño, antesalas agotadoras, baldías esperas o una legión de tinterillos y secretarios que se lo transferían uno a otro como desembarazándose de una carga molesta. Ante cada uno era preciso recapitular minuciosamente, inútilmente, toda la cuestión. No cosechaba más que bostezos, interrogatorios suspicaces o, en el mejor de los casos, una atención demasiado intensa para que no fuese vacía. A veces, era necesario descender todo lo subido y recomenzar en otra dirección. Hasta que por fin, de un modo realmente inesperado, se había producido la cita del ministro, uno de los hombres más prestigiosos del gobierno. Él era tal vez el único que podía resolver con una plumada la realización del gran proyecto.
** Y allí estaba esperándolo calmosamente a que terminara de hablar por teléfono.
** Por el momento lo divertían las morisquetas del loro y sus estropajosas interjecciones, sus diminutas iras o sus carcajadas, fielmente aprendidas. La fea impresión del comienzo se estaba desvaneciendo. En el portón principal lo habían palpado de armas. Mostró la tarjeta y lo dejaron pasar. Durante el trayecto del portón a la casa, se sintió espiado entre los árboles. Detrás de una sinesia furiosamente florecida de manchones rojos vio moverse el caño de un máuser. Más allá, detrás de los árboles de pomarrosa, creyó distinguir algunas automáticas. En medio de la paz idílica, la casa del ministro estaba evidentemente bien protegida. Reinaba desde hacía mucho tiempo el orden y la tranquilidad. Pero nunca se sabía. La ciudad, el país, tenían la costumbre de despertarse a tiros cuando uno menos lo esperaba. Las alteraciones eran endémicas. Había que prevenirse.
** No respondió pronto al saludo porque creyó que era el loro quien había hablado. Era el ministro. Estaba ante él y en mangas de camisa, obeso y moreno, saturado de sudor y de una inapelable agresividad y suficiencia, tal cual lo había imaginado a través de la voz. Chupaba ruidosamente la bombilla de un gran mate con guarniciones de plata. El ordenanza picado de viruelas estaba detrás como una sombra servil. Le alargó el mate vacío. Mientras se dejaba caer en una mecedora, le gritó:
** -Parra, ponga el ventilador.
** Un zumbido y un agradable chorro de aire empezaron a inundar la habitación.
** -Muy bien. ¿Usted es el ciudadano que quiere hacer esa obra en los esteros del Tebicuary?
** -Sí, señor ministro. Es una obra que puede...
** La voz bronca, más áspera aún por la yerba, se le subió encima:
** -Estoy enterado. Es un proyecto muy importante. Esa obra puede ser la salvación de los pobladores que viven en esos bañados insalubres, aporreados por el paludismo, por las crecientes, por las sabandijas.
** -Me alegro de que el señor ministro tenga una idea de lo que es aquello...
** -¿Una idea? Estamos muy bien informados. El gobierno está dispuesto a arreglar cada cosa a su tiempo. Pero no podemos hacer milagros.
** -La obra es relativamente fácil y poco costosa, señor ministro. Aquí traigo...
** -No hay nada fácil ni poco costoso. Un peso que gasta el gobierno es un peso que tiene que ser bien gastado. Nada de aventuras ni de derroches.
** -Todo está perfectamente calculado, señor ministro.
** -Sí; su proyecto me interesa. Esa obra se va a hacer. La vamos a realizar usted y yo. Usted como autor de la idea. Yo como hombre del gobierno. Claro que si el gobierno no se mete, no hay nada que hacer. Queremos que todas las obras de progreso que se hagan sean fiscales, oficiales. Es nuestra preocupación constante. Por el bienestar y la felicidad del pueblo estamos dispuestos a gastar, a sacrificar cualquier cosa.
** El loro graznó su risa estridente en la percha de bambú. Parecía la carcajada de un enano.
** El ordenanza reapareció con el mate. Los gruesos labios volvieron a chupar sonoramente la bombilla. La voz del ministro se tornó amable, confidencial.
** -Es una gran idea. Yo siempre había pensado en una cosa así. Pero la falta de tiempo, las mil preocupaciones del ministerio..., usted sabe, todo esto me ha impedido ocuparme hasta ahora de este problema. En fin, ahora usted ha traído el proyecto. Lo felicito, mi amigo. Usted es un ciudadano útil. Si todos fueran como usted, el país andaría mucho mejor. Desgraciadamente abundan los ladrones, los egoístas, los sinvergüenzas. A esos les vamos a ir pelando poco a poco la cabeza. A mí me gustan los hombres como usted. Por eso lo he hecho llamar. Me enteré por casualidad de su proyecto. Lo hice llamar porque no quiero que siga perdiendo tiempo por ahí, al santo cohete. El único que puede empujar este asunto soy yo -guiñó el ojo, socarrón-. ¿Me comprende?
** La voz ministerial recobró todo el peso de su autoridad:
** -Por eso no lo recibí en mi despacho y lo hice venir aquí. En el mismo gabinete hay colegas egoístas que siempre quieren alzarse con la carne y el cuero cuando se trata de hacer algo importante. No quiero que se enteren, antes de que la obra sea un hecho. Usted tampoco va a abrir el pico. ¿Me entiende?
** -Desde luego, señor ministro...
** -Nada de andar por ahí compadreando con nuestro proyecto, ¿eh?
** -No, señor ministro. Yo lo único que quiero es que se realice la obra. No quiero nada para mí. Lo único que me importa es la suerte de esa pobre gente.
** En la sombra verde el inmenso mate afiligranado entraba y salía como una luna de plata en manos del ordenanza. Sus idas y venidas, los chupeteos golosos del ministro en la bombilla de corta y gruesa cacha con puntera de oro, las pausas, las sonoras ingurgitaciones, marcaban la suerte del diálogo, medían un tiempo ominoso que se iba gastando. La voz del ministro se hizo de repente insidiosa:
** -¿Y por qué le interesa tanto esa gente?
** -He convivido con ellos durante cinco años. Su honradez, su ignorado heroísmo, han sido para mí la gran lección de mi vida. Mi deuda de gratitud para con ellos es muy grande. Estoy moralmente obligado a hacer algo por ellos, señor ministro.
** -¿No estará queriendo convertirse usted en un caciquito de esos que abundan en la campaña?
** Con fijeza de búho, los ojos del personaje escrutaron implacablemente al visitante, relampaguearon amenazadoramente en la vivisección.
** -Estamos cansados de los agitadores profesionales. Son una plaga peligrosa. Peor que la langosta. No dejan trabajar tranquilo al pueblo. Crean la miseria, los descontentos, para aprovecharse de eso. Les estamos echando humo en todas partes a ver si se van y nos dejan en paz de una vez...
** Tres chiquillos pelones irrumpieron en la habitación con una culebra muerta colgada en un palo. En las manos de uno brillaba un machete con manchas oscuras y húmedas.
** -¡Mirá, papito, una víbora! La matamos en el patio, cerca del chiquero... ¿La enterramos, papito, o la tiramos al patio del vecino?
** -Bueno, bueno... Váyanse para allá. Estoy hablando. No me molesten.
** Los ahuyentó con un vago gesto en el que había algo de una opaca ternura y mucho del orgullo paternal inconscientemente avivado por la belicosidad innata de los cachorrillos.
** Los chicos se fueron, repuntados por el ordenanza. El ministro le gritó:
** -Parra, abra la ventana y dígale a la señora que mande un poco de caña y café.
** El visitante pensó en la esposa del ministro. Una mujer sin duda silenciosa, deteriorándose lentamente en la dura sujeción conyugal, atendiendo la casa, dando de mamar a un chico tras otro, soportando sus continuas infidelidades, sus maquinales y esporádicas lujurias, temiendo por su suerte, sintiendo ella sola todo el odio acumulado sobre él desde afuera.
** El ordenanza empujó las persianas hacia afuera. La luz azulada del atardecer aclaró la pieza. Se escuchó nítido el silbo de las cigarras.
** En el espejo del paragüero, el visitante vio reflejada parte de su magra y demacrada figura, entre los mosquetones. La voz volvió a hacerse socarrona, contemporizadora.
** -Usted parece un buen tipo. Yo tengo un ojo clínico para descubrir a los embaucadores e indeseables. No he fallado ni una vez.
** Sorbió el mate con una larga chupada poniendo un poco los ojos en blanco como bajo los efectos de un deleite que ya estaba agotado.
** -Su proyecto me interesa mucho. Pero si habla, no vamos a poder hacer nada.
** -No hablaré, señor ministro.
** -Deje el asunto en mis manos.
** -Perfectamente. Aquí están los proyectos, el plano general del relevamiento y de la obra de canalización.
** El visitante sacó del portafolio unos legajos y los fue entregando al ministro. La mano regordeta y oscura se tendió ávidamente.
** -¿Y este plano, quién lo hizo?
** -Yo mismo. Soy casi ingeniero. No pude terminar la carrera, pero sé algo de esas cosas.
** -¡Caramba, aquí está todo listo!
** -Una parte de esos trabajos está hecho. Hemos desecado ya cerca de cinco kilómetros cuadrados. Pero nos hacen falta maquinarias, implementos.
** -Mejor todavía. Eso facilita mucho. Ya tenemos como quien dice el señuelo.
** -También he preparado un plan de loteo y otro de crédito agrario que permitiría a esos pobladores poseer en propiedad las tierras que trabajan, no depender de los arrendatarios. También los estimularía a ampliar y mejorar sus cultivos.
** -Pero amigo; usted solo es toda una oficina. Lo felicito, lo felicito.
** Y el ministro recibía los papeles como acciones de una mina de oro.
** Parra empezó a servir la caña y el café. El ministro dejó sobre la mesa el mate opulento y se enfrascó en el examen de los legajos y planos.
** De ese hombre dependía en ese momento la suerte de centenares de familias que vivían una vida salvaje y miserable en los cañaverales del Sur.
** La contera dorada de la bombilla, aún húmeda, resplandecía como la llama sólida de un fósforo en la claridad violeta.
** Los ojos del visitante fueron hasta el rostro duro y abotagado y de allí bajó a sus propias manos. Se las miró con disimulo. Ahora estaban quietas y domadas sobre sus rodillas. Cinco años atrás, esas manos habían llegado a hacerle insoportable la vida. Lo recordó con un escalofrío.
** La cosa venía desde su niñez. Esas manos parecían dotadas de una voluntad independiente de la suya, de una autonomía maléfica, irreprimible. Los objetos pequeños y brillantes las fascinaban; iban detrás de ellos al menor descuido, con una habilidad y una destreza de las que él mismo se sentía aún horrorizado. Nunca había podido explicarse cómo sucedía. El ponía todo su empeño en controlarlas, en dominarlas, en hacerlas "decentes" y normales. Pero en un momento dado, este desesperado esfuerzo de concentración parecía entrar en crisis, y entonces sobrevenía una interrupción repentina del estado de alerta; algo así como un fugaz sueño de la conciencia. Y entonces las manos actuaban por su cuenta. Cuando volvía en sí de estos estados crepusculares, veía a sus manos de nuevo quietas y tranquilas. Pero él sabía entonces que ya habían hecho de las suyas; sabía que en sus bolsillos había algo que él no había puesto allí: una joya, una estilográfica, un objeto pequeño cualquiera.
** Acabó por odiar sus manos como a sus peores enemigos. Las castigaba sin piedad. Las mordía, las quemaba con el cigarrillo o apretaba con ellas trozos de hielo hasta que se quedaban violáceas. Pero las manos no cedían. Obraban bajo una voluntad más fuerte que la suya. Pensó seriamente en cortárselas, en inutilizarlas de alguna manera. Casi enloquecido consultó a un médico amigo.
** -Es necesario que abandones la vida sedentaria de la ciudad -le había aconsejado éste-. Tal vez los trabajos rudos del campo, darle algún sentido a tu vida, sean lo único indicado.
** Siguió los consejos al pie de la letra. El heredero decadente y arruinado, despreciado por todos, tema de bromas y burlas ridículas en los salones "de arriba" lo abandonó todo sin pena y arrastró sus manos a los lugares donde éstas no tuvieran nada que robar. Así conoció un mundo simple, puro y desgraciado que lo deslumbró y transformó su vida. Las manos viciosas ("manos de prestidigitador loco") se purificaron en la ruda fraternidad con los humildes. Estaban derrengadas y torpes, deformes por fuera. ¡Pero estaban sanas por dentro! Y eso era el mayor bien que él había podido lograr, la paz mental, la aceptación plena de la vida. Todavía le parecía un sueño haberlo podido conquistar.
** El timbre del teléfono lo volvió al presente sin cambiar su estado de difusa y activa placidez interior.
** El ordenanza entró:
** -Señor ministro, el presidente del Cámara de Comercio queré hablar con usté.
** -Ya voy. Que espere un momento.
** El ministro salió pesadamente. El visitante lo oyó increpar al presidente de la Cámara. Lo trató con copiosa desconsideración, como hubiera podido tratar a un peón. Después se fue calmando. Al final reía a carcajadas, igual que el loro. No se podía decir quién había copado al otro. Fue en este momento cuando ocurrió lo terrible. Cuando el ministro volvió, el visitante bebía a sorbos lentos el resto del café frío.
** -Bueno, amigo. Déjeme todo esto. Yo le avisaré oportunamente. Voy a dedicar a nuestro asunto preferente atención. Esto se hace, créame. ¡Sin falta!
** La sonrisa, los gestos, la actitud del ministro, se habían puesto confianzudos. Por la manera como pronunció la palabra "nuestro" insinuaba de hecho un pacto de amistad y sociedad. Lo acompañó hasta la puerta poniéndole amistosamente una mano sobre el hombro.
** -Bueno, amigo; ésta es su casa. Yo lo voy a llamar muy pronto.
** El visitante se dejó conducir con una expresión ausente en el rostro. Tenía una mano puesta en el bolsillo del pantalón. Cuando la sacó bruscamente para tomar la mano que le tendía el ministro, la bombilla gruesa y cortona del mate saltó del bolsillo tras la mano y cayó junto a los pies del dueño de casa. El visitante se quedó contemplando con ojos extraviados el brillante utensilio caído sobre las baldosas. La miraba con el mismo terror con que había descubierto entre el espartillo a la ñandurié que lo picara una vez en el bañado.
** La sonrisa se heló en los labios del ministro. Su voz resonó como un pistoletazo.
** -¡Parra!
** -Mande, señor...
** -¡Dos números de guardia, enseguida!
** -¡Muy bien, señor!
** El ordenanza desapareció con el brinco de un mono, sofocado por la felicidad. Al fin ocurría algo nuevo, picante. Él lo había previsto. Sólo que había tardado un poco en producirse.
** Se oyó en el patio su voz de alerta a los guardias. Hubo entre las plantas un revuelo de gorras, de caras oscuras, de armas. Ante el ministro se cuadraron dos soldados con fuerte estampido de sus talones sumisos.
** -¡Llévense inmediatamente al Central a este individuo! Yo le hablaré al jefe, por teléfono. Ya me parecía que este sabandija era un agitador peligroso. Listo. ¡Fuera, pues... !
** Se lo llevaron como un paquete. Desgarbado, consumido, sin huesos. Los cachorros del ministro lo siguieron hasta el portón alborotando el parque con sus gritos y burlas, blandiendo uno de ellos el manchado machete.
** Lo alzaron a un camión. El vehículo resopló y partió. Un momento después el ministro seguía leyendo atentamente los legajos, como si nada hubiera pasado. La quietud  idílica, doméstica, se había restablecido del todo en torno al enorme caserón que las sombras iban tragando.


ENLACE RECOMENDADO:
CUENTOS COMPLETOS – TOMO II
Cuentos de AUGUSTO ROA BASTOS
Prólogo ANTONIO CARMONA
Diario Última Hora . Editorial El País, Asunción 2007


 


martes, 8 de junio de 2010

EDGAR VALDÉS - A PROPOSITO DE “LAS ULTIMAS HOGUERAS” Y “AYVU MEMBYRE” DE SUSY DELGADO / Fuente: CRONICAS Y ENSAYOS PARAGUAYOS - T. II


A PROPOSITO DE “LAS ULTIMAS HOGUERAS”
Y “AYVU MEMBYRE” DE SUSY DELGADO
Ensayo de EDGAR VALDÉS
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
.
A PROPOSITO DE “LAS ULTIMAS HOGUERAS”
Y “AYVU MEMBYRE” DE SUSY DELGADO
A Susy hay que leerla y paladearla sílaba a sílaba, porque sus versos están hundidos en lo más auténtico de su condición femenina. Una Feria del Libro trae, entre otras cosas, la posibilidad de tomar contacto con obras y autores de diferentes países. En la reciente Feria de Buenos Aires, la presencia de Paraguay fue importante, pues algunos escritores de valía tuvieron la oportunidad de hacerse conocer y exhibir sus obras a un público de características internacionales. Pasaron por el lugar, entre otros, MARIO CASARTELLI, CARLOS SAGUIER y SUSY DELGADO, para no nombrar sino a los más conocidos. En su oportunidad hemos dicho algunas palabras en relación con CASARTELLI y CARLOS SAGUIER, pero de ningún modo quisiéramos dejar de lado a la siempre sorprendente SUSY DELGADO. Ella es, sin duda, una de las voces más llamativas de la actual poesía paraguaya. Desde hace años es difícil aquí, en la Argentina, acceder a los productos más recientes de la literatura paraguaya. La inoperancia de las instituciones oficiales hizo que poco a poco se fueran espaciando los contactos entre ambas culturas, y recién ahora, en las instalaciones de la Feria, pudimos ver de nuevo algunas publicaciones de origen nacional, aunque no en la medida en que hubiera sido de desear. SUSY DELGADO fue una de las autoras que tuvo la gentileza de ponernos en mano algunos de sus trabajos, y si bien conocíamos parte de su obra a través de antologías o publicaciones periódicas, lo cierto es que sólo ahora podemos contar con una muestra importante de su talento poético. En relación con esto, desearíamos anotar dos o tres cosas, pero no en calidad de crítico o especialista -que no lo somos-, sino como un lector que, a pesar de todo, sigue atento a esa entrañable música que viene de nuestra patria.

PRIMERA IMPRESIÓN
La lectura de SUSY DELGADO produce, en primer lugar, una lógica asociación con otras autoras ya clásicas de la literatura universal, las cuales no pueden ser soslayadas si se trata de ubicar la poesía de Susy. Es fácil citar nombres como los de Delmira Agustini, Juana de Ibarbouru o la misma Safo de Lesbos, tal como lo hace, por ejemplo, JOSEFINA PLÁ en su INTRODUCCIÓN A LA ANTOLOGÍA DE VOCES FEMENINAS de nuestro país. La lectura de ese libro debería ser previa a cualquier intento de ubicar en perspectiva la poesía de Susy, que obviamente resulta mucho más potente y clara que la de diversas antecesoras. Sucede que Susy bucea con furia en lo más profundo de sus entrañas, y de ahí extrae ese pathos o esa fuerza con que troquela sus poemas. Josefina hablaba de la autocontención con que nuestras poetisas escribían sus versos, y hallaba la explicación en los límites que el hombre imponía a las mujeres para la expresión de sus impulsos amorosos. Los poemas resultaban entonces deslavados, insustanciales, carentes de fuego pasional. Un psicoanalista diría que solo a través de la sublimación de los impulsos, éstos podían ser aceptados socialmente, pero eso implicaba, naturalmente, la desfiguración o el enmascaramiento de las pasiones femeninas. No es el caso, por supuesto, de SUSY DELGADO. Si tomamos uno de sus libros, veremos que desde el principio ella habla de "hogueras", que no pueden ser otras que las hogueras o las llamas del amor, que para ella tuvieron y siguen teniendo una importancia fundamental. No es ningún descubrimiento. Pero hay que advertir que ya en los prime-ros versos del libro se dice a sí misma: "Si yo pudiera hablar/ por una vez/ de esos días en que se encendieron/ y ardieron todopoderosos/ todos los fuegos". Su proyecto, entonces, no es otro que hablar de sus propias vivencias amorosas, y eso es lo que hace a lo largo del libro, con particular énfasis en la primera y tercera parte. Como decíamos más atrás, la poetisa habla desde sus entrañas, y con tanta sinceridad que parece confirmar lo dicho anteriormente en el sentido de la contención: "Yo siempre caminé/ con tanto miedo, asombro y ansiedad/ que siempre hice lo peor". No obstante, puede comunicar sus momentos de plenitud y fulgor, y en ese balance de aspectos positivos y negativos, suele encontrar a menudo el consuelo. Es entonces cuando escribe: "De qué puedo quejarme/ al fin y al cabo/ si pude amar intensamente... Por qué llorar si no he podido/ atrapar y encerrar en un frasco/ eternizar/ a esos amores que pasaron/ por mi lecho y mi cuerpo./ Si pese a todo/ llevo su aroma/ para siempre, conmigo". Ese amor que puede ser a un mismo tiempo: "... maravilla/ basura/ soledad camuflada/ espejismo/ delirio/ todo/ nada...". Y que hacia el final del camino, en algún recodo del tiempo, puede ser aceptado como: "La risa/ el llanto y el/ desfallecimiento/ el pulso, el paso, el beso/ el frío, el guiño, el niño/ la sed, la miel/ el hambre, el aire, el agua,/ el orgasmo y el parto y la muerte". Toda la angustia, todo el desgarro y todo el sufrimiento, como puede verse, pero también la luz, la plenitud y la vida. La poesía de Susy se percibe torrencial como una catarata, pero a ratos se detiene en la palabra precisa para calar más hondo en la propia intimidad. Gran poetisa esta mujer que se atreve a desnudar el alma así, públicamente. La segunda parte del libro es algo menos arrebatada, y Susy se prodiga en un discurso imaginativo y fluido que igualmente deja entrever su enorme aptitud poética. Aquí prima, sin embargo, la ironía por sobre los fragmentos de una amistad fracasada. Su tercer discurso es igualmente amoroso, y en él celebra otra vez las alegrías y las tristezas del amor con idéntico fervor que al principio, aunque según la poetisa se trate ya de sus "últimas hogueras". Uno se pregunta: ¿Cómo no admirar a esta mujer que sus propias congéneres envidiarían por los valores éticos y estéticos en que se apoya? A Susy hay que leerla y paladearla sílaba a sílaba, porque sus versos están hundidos -ya lo hemos dicho- en lo más auténtico de su condición femenina. Es desde allí que le salen esos versos lancinantes que fácilmente se adueñan de la sensibilidad del lector.

DOS PALABRAS SOBRE AYVU MEMBYRE
Al revés que en LAS ÚLTIMAS HOGUERAS, en este libro prima la parquedad, la concisión. Tal vez sea solo apariencia, porque su dominio del lenguaje le permite comprimir el pensamiento hasta su mínima expresión. Ella no está satisfecha, sin embargo, y en algún lugar dice: "Aunque voy rasguñando/ arañando/ y buscando/ lo que será mi habla,/ es aún noche cerrada/ y no alcanzo/ el habla que brilla/ como estrella lejana." Aquí Susy se engaña. Hace rato que las estrellas brillan en sus palabras, y ya sea que hable en castellano o se exprese en guaraní, la luz no dejará de acompañarla en su viaje por la poesía.
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Buenos Aires, mayo de 2005
De: Correo Semanal de Ultima Hora,
Asunción, Paraguay,
sábado, 14 de junio de 2005.
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SUSY DELGADO
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
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Fuente: CRONICAS Y ENSAYOS PARAGUAYOS
DE AYER Y HOY – TOMO II (H-Z)

Autora:
TERESA MENDEZ-FAITH
Ilustraciones: CATITA ZELAYA EL-MASRI
Intercontinental Editora,
Asunción-Paraguay 2009 (427 a 822 páginas)
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Amplio resumen de autores y obras
de la Literatura Paraguaya.
Poesía, Novela, Cuento, Ensayo, Teatro y mucho más.