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sábado, 16 de octubre de 2010

MARGARITA PRIETO YEGROS - CUENTOS CHAQUEÑOS - Introducción: LITA PÉREZ CÁCERES - Comentario: ESTEBAN BEDOYA / Editorial y Librería SERVILIBRO, Junio 2009.



CUENTOS CHAQUEÑOS
Cuentos de
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
Editorial y Librería SERVILIBRO
Telefax: (595-21) 444 770
Dirección editorial: VIDALIA SÁNCHEZ
Diseño de Portada: OSCAR PINEDA
Diagramación de interior: BERTHA JERUSEWICH
Edición: 1.000 ejemplares
Edición al cuidado del autor
Asunción - Paraguay
Junio 2009 (70 páginas)



ÍNDICE
INTRODUCCIÓN de LITA PÉREZ CÁCERES
L. LUGAR DE CACERÍA / 2. POMBERO BOLÍ / 3. LA MADRINA DE GUERRA / 4. LA NOCHE DEL PORA  5. BRANKA / 6. LOS PYTA JOVAI / 7. LA ZORRA Y EL NIÑO / 8. YALVE SANGA /  9. EL CENTINELA Y EL KURUPÍ / 10. EL BARRIO SANTA CECILIA / 11. LA MISIÓN SANTA TERESITA / 12. PASO MBOI / 13. LA VENGANZA DE LA SERPIENTE.

INTRODUCCIÓN
Margarita Prieto Yegros, escritora, historiadora y por sobre otros títulos: Docente, se propone con este volumen de cuentos sobre la Región Occidental del Paraguay, develar el misterio del Chaco. Nunca más oportuna la aparición de su libro, cuando grandes titulares nos enteran que la belleza y la diversidad del ecosistema chaqueño está a punto de desaparecer por la acción depredadora de personas ambiciosas, que no piensan en el planeta que heredarán sus hijos y sus nietos y que el daño que causan hoy también repercutirá en la calidad de vida de sus descendientes.
Los cuentos de Margarita tienen el encanto de la frescura, la discreción en la prosa escueta y directa, que invita a saber más, a investigar más, porque el anzuelo de estas narraciones produce una curiosidad intensa. Muchos paraguayos ignoran todo sobre ese inmenso territorio recuperado durante la guerra del 32 al 35. Los citadinos, sumergidos en el tráfago de bocinas, preocupaciones, manifestaciones, aumentos e inflación, no pensamos en la belleza del Chaco, no recordamos esas hazañas bélicas que nos dieron derecho a la posesión de tan rico suelo y somos incapaces de maravillarnos ante el canto de los pájaros que nos acompañan y observan nuestros afanes desde los árboles donde moran.
Chacu es una voz quechua que significa zona de cacería informa Margarita Prieto Yegros y desde esa narración inicial, ella, que conoce muy bien la región, nos guía por los cañadones donde se libraron batallas importantes peleadas por gente anónima, los paraguayos o pilas, como los llamaban los bolivianos. Mucha superficie de esa región está sembrada y fertilizada con la sangre de héroes que abandonaron las capueras y llegaron hasta esas desérticas zonas para defender una heredad codiciada desde mucho antes.
La autora rescata la personalidad de un poeta y músico como Darío Gómez Serrato, que también luchó en la guerra con otros camaradas y luego fue director de una banda integrada por indígenas, en el Barrio Santa Cecilia de la ciudad de Mariscal Estigarribia. Este no es un dato menor, porque los paraguayos llevaron su música y el guaraní para reforzar su identidad y con ese aporte se sintieron en su casa, sabían que luchaban en su territorio y no lo cedieron porque esos conocimientos redoblaban su coraje. Desde el Maestro Herminio Giménez al menos conocido de los integrantes de la banda formada, durante la guerra, pasando por Gómez Serrato, todos hicieron su parte y muy importante, porque, como las madrinas de guerra, los músicos se ocuparon del bienestar espiritual de los soldados. Los sones de la música de nuestra patria insuflaban valor a los combatientes y el resultado está a la vista.
En tiempos de paz son otras las asechanzas que atormentan a los chaqueños, a sus primeros habitantes, los indígenas. Los cuentos de Margarita referidos al tema del desconocimiento entre paraguayos y las etnias que poblaban la región occidental reflejan cabalmente el mundo de la ignorancia y de la superstición. Por fortuna, hoy se fueron abriendo las compuertas mentales y comprendemos mejor a nuestros semejantes, los indígenas, que se han visto obligados a abandonar el Chaco para mendigar en nuestras calles. Prieto Yegros cuenta de aquel tiempo pasado, cuando nos temíamos mutuamente.
En el haber de cada individuo, con el paso del tiempo, los conocimientos ocupan gran parte de su riqueza intangible. En el caso de esta escritora, aún no ha dicho todo lo que sabe, aún no ha escrito todo lo que debe. Por eso aguardamos otras obras suyas con mucha ansiedad, son necesarias para borrar años de indiferencia y de desvalorización de lo nuestro. Y la felicitamos por este importante volumen de cuentos.
LITA PÉREZ CÁCERES - Lambaré, 15 de marzo de 2009.


CUENTOS DEL CHACO
Leer los relatos de Margarita Prieto Yegros, produce nostalgia, aquella que se alimenta con recuerdos de la infancia. Todavía habita en mí, la atracción mágica que me causaba observar el territorio chaqueño, desde una terraza asunceña próxima al río Paraguay. En ese mirador habilitado en horas de la siesta, esperaba el momento culmine de descubrir las siluetas de los indios moros cruzando el río para atacar Asunción. Yo no era el responsable de mis temores, solo víctima de advertencias sobre la peligrosidad de los indios chaqueños; temor que se fue propagando de boca en boca y generación tras generación, seguramente desde tiempos de la colonia. Hoy, estoy casi seguro, que ningún niño duerme con miedo ante la amenaza de invasión de los Moros. Tampoco despierta pánico una excursión escolar a las colonias menonitas, seguramente hoy día, los niños no temen ser atrapados por una Kuriyú, o mordidos por una Mboi Chini, tampoco es usual como hace algunos años, ver a los veteranos de la Guerra del Chaco, recorriendo el centro capitalino vestidos con su verde olivo. Son muchas las vivencias y los relatos que les faltan a los paraguayos más jóvenes, y son los relatos costumbristas los que forjan el sentido de pertenencia a una comunidad, nuestra cultura popular está forjada en las vivencias de nuestros mayores, y debemos preservarla, ya que a más cultura, más país.
Con los Cuentos Chaqueños de Margarita Prieto Yegros, se logra rescatar parte de nuestro rico patrimonio transmitido en forma oral, dándole una proyección amplia a través de su propuesta literaria. Seguramente al leer los cuentos, en muchos niños y no tan niños brotará la fantasía y la curiosidad de conocer el Chaco; ese estímulo es el combustible, la energía renovable más sana con la que se puede alimentar una sociedad. Por eso, no resta más que agradecer a Margarita Prieto Yegros por su excelente trabajo, sustentado en ricas descripciones que logran cautivar al lector.


CUENTOS DE MARGARITA PRIETO YEGROS

LUGAR DE CACERÍA
Dos amigos conversaban en el patio de un hospedaje sombreado por panzudos árboles de Samu'u y esbeltos Quebrachos; cerca del Cruce de los Pioneros, ubicado en el Chaco Central.

-¿Por qué te gusta tanto el Chaco?-
-Porque soy chaqueño-.
-Yo creía que eras español-.
- Mi papá fue español y vino contratado por una empresa explotadora de tanino. Se casó con mi mamá paraguaya con quien vivió toda su vida en el Chaco.
Aquí nacimos mis hermanos y yo-.
Interrumpió la conversación el paso de una bandada de vocingleras cotorras.
- Esos pájaros se van seguramente a buscar comida en las chacras de las colonias menonitas-.
- Como las palomas-.
- Son muy perjudiciales; por eso ayer se publicó el permiso para cazarlas y ya comienza el turismo de la cacería. Desde épocas inmemorables hubo cacería en el Chaco. Sus primitivos habitantes le llamaban a este lugar Chacú que en idioma indígena significa "lugar de cacería". También se le apodó "Región del Quebracho" porque de ese árbol se extrae el tanino -
- ¡Qué mucho sabes del Chaco!-
- Es mi hábitat y debo conocerlo para estimarlo y protegerlo. Entre sus riquezas tiene 5000 clases de plantas-. En ese momento cruzó el patio un enorme Ñandú de largas patas y emplumadas alas.
- Tengo alas y no vuelo, he'i Ñandú - comentó el hombre chaqueño, y agregó:- Sin embargo existen 400 especies de aves chaqueñas voladoras-.
- ¡Nde!- ¿Tantas hay?-
- Sí, y algunas no se encuentran en otra parte del mundo.-
Al ocultarse el sol los amigos se dirigieron al comedor del hospedaje donde cenaron a la luz de las velas, en un apacible ambiente de campamento.
- Mañana visitaremos el zoológico- anunció el amigo lugareño.
- Prefiero salir de cacería para hacer honor al nombre de Chaco- terció el visitante al dirigirse a su cuarto.


POMBERO BOLI

"El Pombero es un duende nocturno, bajo, peludo sutil.
Remeda a las aves, las serpientes se enroscan a su paso
y las fieras huyen de él presas de terror sagrado"
NATALICIO GONZÁLEZ (paraguayo)


El futuro fortín Toledo, era un sitio ralo, accesible por todos lados que lucía en el centro un solitario árbol de guayacán, con sus ramas extendidas como brazos y un tronco envejecido por más de cien años de soledad chaqueña.
A principios de 1931, el teniente paraguayo Rafael Cristaldo fue encargado de edificar los ranchos de adobe y paja para hospedar a la tropa y los oficiales.
El teniente llegó al lugar acompañado por veinte adolescentes, todos campesinos sin oficio definido, a quienes se debía enseñar de todo.
Pese al esfuerzo de acarrear el agua desde el fortín Corrales, pronto los ranchos fueron tomando forma a espaldas del enhiesto guayacán. Durante la construcción, para evitar el ataque de serpientes y alacranes, los hombres pernoctaban en hamacas colgadas de postes de quebracho.
Cada noche, las sombras se colmaban de extraños ruidos que angustiaban a los soldados con la imaginación de seres misteriosos.
Cuando el sol asomaba sus primeros rayos, comenzaban los comentarios:
- El Pombero, petiso y moreno, se paseó silbando entre nuestras hamacas durante la noche.
- El Pombero me tocó los pies cuando dormía-
-El Pombero fuma cigarrillo y alumbra como luciérnaga-
El inteligente y enérgico Teniente Cristaldo, a la hora de la formación, amonestaba a la tropa:
- ¡Basta de cuentos de Pomberos!-
-¡Los Pomberos no existen!-
- ¡Prohibido inventar historias de Pomberos!-
No obstante, ante la posibilidad de que algún boliviano disfrazado de Pombero se hubiese aventurado en el campamento paraguayo, el oficial decidió realizar una patrulla de reconocimiento con cinco fusileros a pie.
Comenzaron por caminar hacia el fortín Corrales y, minutos después de iniciada la marcha, encontraron en un atajo, huellas de zapatones extraños. Se agacharon a observarlas y a pocos pasos de ellos descubrieron "virutas frescas" al costado de un corpulento quebracho sobre cuyo tronco, el Teniente encontró escrito a punta de cuchillo:
"Saludo cordialmente a los camaradas pilas del fortín Toledo. Capitán Ustares". (4.1.3.1)
Estupefacto y abochornado en su condición de oficial paraguayo ocupante del lugar, el Teniente Cristaldo permaneció inclinado y en silencio largo rato. Después, regresó a Toledo con los cinco fusileros.
En el fortín comentó con la tropa la novedad y preparó una celada para capturar a los espías bolivianos que merodeaban en los alrededores de Toledo.
Planearon dormir en el pajonal cercano, fuera de las habitaciones cuyas puertas dejaron abiertas.
Apenas anocheció, los paraguayos se mimetizaron en el pajonal decididos a esperar el avance de los espías bolivianos. Estos no se hicieron esperar y con las sombras de la noche, llegaron formados en sigilosa fila india, imaginando que los paraguayos se habían mudado al fortín Corrales.
A la medianoche, el Teniente Cristaldo rompió el silencio disparando varios tiros al aire y gritando: "¡Tiren los fusiles al suelo!
¡Qué nadie se mueva! ¡Ríndase Capitán Ustares!"

Así cayeron prisioneros siete soldados bolivianos y el menudo Capitán que resultó ser el famoso patrullero boliviano Víctor Ustares, apodado por los paraguayos "Pombero Bolí".
Al término del enfrentamiento, el Capitán Ustares le pidió al teniente Cristaldo la devolución de su pistola. El oficial paraguayo se la devolvió, en un gesto de cortesía, sin balas, aunque vio que en el fondo de la canana tenía varias de reserva.
Después, ordenó a un sargento que condujera al Capitán, a través de un oscuro pasillo, hasta una habitación con candado y guardias a la puerta.
-¡Por fin terminamos con la historia de los pomberos!-dijo para sí el teniente mientras se dirigía a su cuarto. Allí estuvo largo rato a pie junto a su catre de campaña, pensando que era ridículo trancar la puerta, única ventilación de esa rústica habitación.
Evocando las leyendas de pomberos narradas por sus abuelas sintió esa molestosa sensación que en su infancia le recorría el cuerpo dejándolo desvelado cuando la puerta no se cerraba.
Finalmente decidió dormir con la puerta cerrada y apagó la luz.
Lo despertó a media noche un sargento para informarle a gritos que el Pombero Boli se había ido a través de la puerta candadeada, sin que nadie se animase a detenerlo.



EL CENTINELA Y EL KURUPI

"En el hondón de nuestro denso espíritu
Existe un sedimento guaranítico
Y una capa española... "
(ELOY FARIÑA NÚÑEZ)


Ezequiel González era un mocetón oriundo de las Misiones; de esbelta silueta, ojos azules y mirada inteligente, de movimientos rápidos y bruscos. Pertenecía a la "clase 63" y había llegado desde su valle al cuartel con un grupo de jóvenes vecinos, todos agricultores.
Pasó la inspección médica sin problemas y con visible orgullo recibió la indumentaria de soldado; pantalón y blusa verde olivo, zapatones negros y cinturón con hebilla en la que se destacaba el monograma del Ejército Paraguayo.
Después de uniformarse en la cuadra, se fue con los demás conscriptos, precedidos por el sargento, a cocidear en el "rancho". Entre empujones, comentarios y risas, se ubicaron ante el humeante tacho de cocido. El aroma de la yerba mate tostada con el azúcar impregnaba el ambiente.
El soldado antiguo, de mirada torva y gestos ampulosos, fue sirviéndoles el reconfortable brebaje, acompañado de voluminosas galletas cuarteleras.
El sargento les indicó que se sentaran en las sillas construidas de troncos, ubicadas bajo umbrosos quebrachos. Allí, entre sorbos y bocados, menudearon las anécdotas y quien más quien menos hizo gala y alarde de su virilidad.
Ezequiel permaneció callado. No habló, no dijo nada. Las únicas mujeres de su vida eran su madre soltera y su abuela; con ellas compartía la rutina diaria, el cultivo de la chacra, el cuidado de los animales y el secreto que por ahora le preocupaba.
Quemándose los labios con el jarro de aluminio que contenía el cocido, Ezequiel evocó contrariado cómo ambas mujeres intentaron disuadirlo de acudir al cuartel, incapaces de comprender las burlas que su grupo de amigos destinaba a los que no cumplían el servicio militar.
- Mi hijo querido, la tristeza me va a matar si te pasa algo - repetía la madre diariamente.
A su vez, la abuela clamaba: - Mi corazón se va a destrozar si te vas al cuartel. ¡No te vayas, mi rey! ¡No te vayas!
La potente voz del teniente, responsable de la compañía; lo sacó de su ensimismamiento.

- ¡Trooopa, a formaaar!
Todos de un salto se pusieron de pie.

El oficial correctamente uniformado, con sable al cinto y la altivez que da el hábito del mando, recorrió con larga y fría mirada la silenciosa fila. Retrocedió algunos pasos, como para tomar impulso, y con voz estentórea ordenó formar el cuadro.
Los cabos y el sargento, con gestos rápidos y nerviosos, ubicaron a cada pelotón en los lados de la figura ordenada. Pasaron días, semanas, meses.
Ezequiel se convirtió en aventajado alumno de las clases de instrucción militar.
Pronto le confiaron el puesto de "imaginaria", responsable de vigilar la cuadra mientras la tropa dormía. Más tarde integró la patrulla encargada de la recorrida por los puestos de guardia del cuartel, hasta que cierto día su nombre apareció en la lista de centinelas.
Y así, en una fría y estrellada noche de invierno, tomó el relevo de las doce, en un puesto ubicado al borde de un caraguatal.
- No salgas de la garita. Parece que va a caer la helada-le dijo el sargento.
Al principio Ezequiel saltiteó para no dejarse entumecer por el frío, pero después apeló al rito ancestral del "Yepe'e" prendiendo fuego con las ramas secas que el "número" anterior había amontonado en un rincón. Mirando el fuego y escuchando su crepitar, se acordó del fogón de su rancho y se sorprendió a sí mismo riéndose de su abuela y de su madre. Fue entonces cuando se sintió mareado y la vista se le tornó borrosa.
-¡No! ¿Por qué justamente hoy y aquí? - se preguntó al reconocer los temidos síntomas.
Sin desprenderse del fusil, que tenía la bayoneta calada, salió de la garita y se sentó sobre una piedra, con la esperanza de que lo despejara el frío nocturno.

Al escuchar un prolongado silbido proveniente del monte tuvo miedo e intentó regresar a la garita, pero la primera convulsión lo dobló había atrás primero, hacia delante después, en tanto los espumarajos se escurrían por las comisuras de los labios apretados en grotesco rictus.
Los soldados de relevo lo encontraron inconsciente, con las manos y la cara tajeadas. Sin perder un segundo, lo llevaron a la enfermería alzándolo de los pies y de los brazos. Ni el cabo ni el sargento que llegó a la carrera, ni el oficial de guardia podían explicarse lo sucedido.
Al despertarse, Ezequiel, consternado, le dijo al teniente que comandaba su grupo: - El Kurupí, cuando vio el fuego de la garita, pensó que yo iba a quemar el monte, entonces se enojó demasiado y retándome mucho me ató con su lazo largo y negro arrastrándome por todo el caraguatal hasta que me desmayé.-
La explicación de Ezequiel corrió como pólvora en reguero, y nadie en el cuartel dudó de que lo había atacado el mitológico duende de los guaraníes, protector de los bosques y raptor de jóvenes y doncellas. Hasta el propio comandante de la agrupación, destacado oficial de carrera, graduado en el extranjero, al encontrarse con la directora de la escuela del lugar, comentó: -¿Se enteró, profesora, de lo que el Kurupí le hizo a uno de los soldados a mi cargo?
- No, capitán, no me enteré. ¿Qué pasó?
- Durante la noche, el Kurupí le ató a ese soldado de pies a cabeza con su largo falo y lo arrastró por el "caraguataty", enojado porque prendió fuego cerca del bosque.

- Así luego suele hacer cuando se enoja - respondió ella, como si en realidad alguna vez lo hubiese visto al velludo, retacón y fecundo duende nocturno llamado Kurupí.
Solamente el médico de guardia, al completar la ficha del soldado internado en la enfermería, escribió en silencio, con letra casi ilegible: Ataque de epilepsia.


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sábado, 28 de agosto de 2010

MARGARITA PRIETO YEGROS - POMBERO BOLI (CUENTO) / Fuente: SIN RENCOR. CUENTOS SOBRE LA GUERRA DEL CHACO - TALLER CUENTO BREVE (2001).


POMBERO BOLI
Cuento de
MARGARITA PRIETO YEGROS
(Enlace a datos biográficos y obras
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.
POMBERO BOLI (1)
El futuro fortín Toledo, era un sitio ralo, accesible por todos lados que lucía en el centro un solitario árbol de guayacán, con sus ramas extendidas como brazos y un tronco envejecido por más de cien años de soledad chaqueña.

A principios de 1931, el teniente paraguayo Rafael Cristaldo fue encargado de edificar los ranchos de adobe y paja para hospedar a la tropa y a los oficiales.

El teniente llego al lugar acompañado por veinte reclutas adolescentes, todos campesinos, sin oficio definido, a quienes se debía enseñar de todo.

Pese al esfuerzo de acarrear el agua desde el fortín Corrales, pronto los ranchos fueron tomando forma a espaldas del enhiesto guayacán. Durante la construcción, para evitar el ataque de serpientes y alacranes, los hombres pernoctaban en hamacas colgadas de postes de quebracho.

Cada noche, las sombras se colmaban de extraños ruidos que angustiaban a los soldados con la imaginación de seres misteriosos. Cuando el sol asomaba sus primeros rayos, comenzaban los comentarios:

- El pombero, petiso y moreno, se paseo silbando entre nuestras hamacas durante la noche.

- El pombero me toco los pies cuando dormía.

- El pombero fuma cigarro y alumbra como las luciérnagas.

El inteligente y enérgico teniente Cristaldo, a la hora de la formación, amonestaba a la tropa:

- ¡Basta de cuentos de pomberos! - ¡Los pomberos no existen!

- ¡Prohibido inventar historias de pomberos!

No obstante, ante la posibilidad de que algún boliviano disfrazado de pombero se hubiese aventurado en el campamento paraguayo, el oficial decidió realizar una patrulla de reconocimiento con cinco fusileros a pie.

Comenzaron por caminar hacia el fortín Corrales y, minutos después de iniciada la marcha, encontraron en un atajo, huellas de zapatones extraños. Se agacharon a observarlas y a pocos pasos de ellos descubrieron "virutas frescas" al costado de un corpulento quebracho, sobre cuyo tronco, el teniente encontró escrito a punta de cuchillo: "Saludo cordialmente a los camaradas pilas del fortín Toledo. Capitán Ustares." (4.1.31.)

Estupefacto y abochornado en su condición de oficial paraguayo ocupante del lugar, el Teniente Cristaldo permaneció inclinado y en silencio largo rato. Después regreso a Toledo con los cinco fusileros.

En el fortín comentó con la tropa la novedad y preparo una celada para capturar a los espías bolivianos que merodeaban en los alrededores de Toledo.

Planearon dormir en el pajonal cercano, fuera de las habitaciones cuyas puertas dejaron abiertas.

Apenas anocheció, los paraguayos se mimetizaron en el pajonal decididos a esperar el avance de los espías bolivianos. Estos no se hicieron esperar y con las sombras de la noche, llegaron formados en sigilosa fila india, imaginando que los paraguayos se habían mudado al fortín Corrales.

A la medianoche, el teniente Cristaldo rompió el silencio disparando varios tiros al aire y gritando: "¡Tiren los fusiles al suelo! ¡Que nadie se mueva! ¡Ríndase capitán Ustares!"

Así cayeron prisioneros siete soldados bolivianos y el menudo capitán que resulto ser el famoso patrullero boliviano Víctor Ustares, apodado por los paraguayos "Pombero Bolí"

Al término del enfrentamiento, el Capitán Ustares le pidió al teniente Cristaldo la devolución de su pistola. El oficial paraguayo se la devolvió, en un gesto de cortesía, sin balas, aunque vio que en el fondo de la canana tenía varias de reserva.

Después ordenó a un sargento que condujera al Capitán, a través de un oscuro pasillo, hasta una habitación con candado y guardias a la puerta.

- ¡Por fin terminamos con la historia de los pomberos! - dijo para sí el teniente mientras se dirigía a su cuarto. Allí estuvo largo rato de pie junto a su catre de campaña, pensando que era ridículo trancar la puerta, única ventilación de esa rustica habitación.

Evocando las leyendas de pomberos narradas por sus abuelas sintió esa molestosa sensación que en su infancia le recorría el cuerpo dejándolo desvelado cuando la puerta no se cerraba.

Finalmente decidió dormir con la puerta cerrada y apagó la luz.

Lo despertó a media noche un sargento para informarle a gritos que el Pombero Bolí se había ido a través de la puerta candadeada, sin que nadie se animase a detenerlo.

(1). Pombero: personaje de la mitología guaraní: señor de la noche. Anuncia su presencia con un silbido. Prendas de tabaco u otros comestibles podrían aplacar su acoso. También así se llamaba a los "espías" paraguayos durante la guerra contra la Triple Alianza, quienes se comunicaban entre sí mediante silbidos y a mas de procurar información en el campamento enemigo, solían aprovechar su presencia para levantar algún bastimento o provista. La fama del "pombero", como duende, se extendió al campo enemigo, causando un supersticioso recogimiento en la soldadesca, lo que ayudó en sus andanzas
.
MARGARITA PRIETO YEGROS.
.
Fuente:
SIN RENCOR
CUENTOS SOBRE LA GUERRA DEL CHACO
TALLER CUENTO BREVE
Dirección: HUGO RODRÍGUEZ-ALCALÁ
Edición al cuidado de
MANUEL RIVAROLA MERNES y
LUCY MENDONÇA DE SPINZI
Asunción - Paraguay
Octubre 2001. (166 pp.)
.
Enlace recomendado:
TALLER CUENTO BREVE
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jueves, 26 de agosto de 2010

MARGARITA PRIETO YEGROS - GUANTES BLANCOS RUTEROS (CUENTO) / Fuente: POR SIEMPRE CUENTOS. TALLER CUENTO BREVE (2005)


GUANTES BLANCOS RUTEROS
Cuento de
MARGARITA PRIETO YEGROS
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.
GUANTES BLANCOS RUTEROS
Virginia se había endomingado para el acto de clausura del Curso de Cooperativas que le había correspondido coordinar; se veía linda y elegante y al recibir la remuneración jamás imaginada le pareció vivir por primera vez la vida independiente a la que siempre aspiro. Colocó los billetes en el bolsillo interior de su abrigo de paño azul y luego descendió gozosa las escaleras.

-En la cartera llevare solo lo necesario para pagar al niño que me cuida el coche en el estacionamiento -se dijo a sí misma.

Al entrar a la noche una garúa helada le empapó el rostro; entonces apuró el paso para llegar a su diminuto coche Starlet rojo, de segunda mano, que lavado y lustrado lucía como el mejor de los alazanes.

La playa de estacionamiento ya estaba desierta y el niño cuidador no aparecía por ninguna parte. Al prender la radio escuchó: -Temperatura: 5 grados. -¡Uyy, que frío!

Encendió la calefacción y dirigió el coche hacia la avenida principal.

Los rayos de los faros de luz tajaban la noche fría dándole un tinte lívido. La joven giró el dial de la radio hasta ubicar la emisora que transmitía música en stereo y al dejarse contagiar por el ritmo aceleró la marcha. Debía recorrer veinte kilómetros para llegar a la casa, que acababa de ocupar en una nueva urbanización, arbolada con jacarandaes.

Salió del radio urbano y carreteó por la ruta. Mentalmente comenzó a trazar su agenda para la semana: actualizar su registro de conductor, escribir a las maestras rurales que le habían saludado por su cumpleaños, redactar la conferencia que debía dictar acerca de la pervivencia del idioma guaraní...

Acababa de cruzar el semáforo del kilómetro 5 canturreando la melodía de "Despierta mi Angelina" cuando, de pronto vio emerger de la fría oscuridad una docena de policías, con cascos y bastones fosforescentes, semejantes a extraterrestres enguantados de blanco. El más alto de ellos con gestos ampulosos le indicó que se encostara.

-Señorita, el faro derecho de su coche no alumbra.

-¡Qué raro!, hasta hace un rato alumbraba -atinó a decir ella.
-¡Registro! -exigió el policía con recia voz y cara de piedra.

-¡Zaz! Justo lo que temía que me sucediera -pensó Virginia, mientras con estudiados ademanes dejaba ver el contenido de su vacía billetera al sacar el documento requerido.

El policía observó el registro y dirigiendo la mirada hacia ella le dijo: -La multa por registro vencido es de ciento cincuenta mil guaraníes.

-¿Puede hacerme la boleta para pagarle mañana? Ahora estoy sin dinero.

El policía la miró detenidamente y después respondió: - No tenemos boleta para registro vencido.

Virginia entendió que se trataba de una vulgar coima, oculta detrás de los guantes blancos y, decidida a defenderse apeló al habla popular: -Dame na la dirección de tu oficina o sea de tu casa para llevarte el dinero mañana... ¿Cómo te llamas?

-Inspector Ramírez. Dame aunque sea treinta y cinco mil.

-¡E'a na! Ya te dije que estoy sin dinero.

-Y para que salís sola y sin dinero a esta hora -insistió el hombre.

-Soy maestra y los sueldos de los maestros están todos bloqueados en los bancos intervenidos, por eso me rebusco en varias partes y salgo a enseñar. ¿Sos el jefe?

-¡No! El jefe es el coronel Giménez Romero.

-¡Ahh! El pikó está entonces en la Dirección de Transito...

-Le conocés!

-Sí, le conocí cuando enseñe en el Chaco.

-Y ahora, ¿dónde enseñás?

-En varias partes, porque pagan mal y atrasado... I poí... la piola...

-Así... nomas luego es...

-Inspector, decime ahora donde querés que te mande el dinero porque mañana, sin falta, voy a cobrar mi sueldo en el diario donde trabajo como periodista.

El policía quedó perplejo. Hubo un largo silencio durante el cual Virginia rezaba.

-Y.. llevá nomas tu registro. Cuando puedas llamale a mi jefe y decile que fui correctazo contigo en la ruta.

-¿Cual es su teléfono? Espera voy a anotar. ¡Ay! no encuentro mi bolígrafo.

-Usa el mío, señorita.

-Dicta nomas, ya.

-088-9951.

-Mañana mismo le voy a llamar; perdé cuidado, che karaí.

-¡Señorita!, metiste mi bolígrafo en tu cartera, no lleves na, es el único que tengo.

-¡Perdón! Cuando cobre te voy a regalar otro bien chuchi.

-Circulá nomas ya, profesora. ¡Chau!

-¡Adiós!

Aunque la temperatura había bajado a tres grados Virginia sintió que sudaba acalorada.
Por el espejo retrovisor vio que el inspector detenía a otro automovilista y le tuvo lastima. -"¡Ojala que tenga más suerte que conmigo!".

Después de renovar su registro compro una lapicera fosforescente y se la remitió al Inspector Ramírez, con atentos saludos. Cuando él la recibió sonrió y dijo: -Una verdadera experta en la forma de mentir en ruta...
.
Fuente:
TALLER CUENTO BREVE
Coordinación :
DIRMA PARDO CARUGATI ,
Asunción-Paraguay
Octubre 2005 (179 páginas)
.
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jueves, 19 de agosto de 2010

MARGARITA PRIETO YEGROS - VIAJE A LAS DOS FRONTERAS (CUENTO) / Fuente: TALLER CUENTO BREVE - VEINTITRES CUENTOS DE TALLER (1988).


VIAJE A LAS DOS FRONTERAS
Cuento de
MARGARITA PRIETO YEGROS
(Enlace a datos biográficos y obras
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.
VIAJE A LAS DOS FRONTERAS
-Ninguno de ustedes posee sentimientos religiosos -aseveró contundente el Profesor del Taller de Cuentos, al ter-minar de escuchar los trabajos escritos con motivo del atentado al Papa.

Unas participantes trataron de explicar su posición. Marta se limitó a sonreír y se dijo a sí misma: -¿Qué puede saber este hombre de una relación tan íntima como es la mía con Dios?

¡Dios!

¿Cuándo lo descubrió ella?

Toda su infancia y su adolescencia estuvieron signadas por su nombre; pero, ¿cuándo lo comenzó a sentir como una realidad tangible?

*** .

La camioneta corría veloz por una avenida asuncena; en ella viajaban ocho profesoras para asistir a una concentración de maestros rurales.

Marta tendría a su cargo la presentación de los objetivos de un nuevo proyecto educacional.

Consciente de que los ojos estarían fijos en ella, planeó con esmero su atuendo. Eligió de su ropero un traje de dos piezas color blanco con rayas azules, una blusa de finísima seda y los combinó con medias y zapatos también azules. La camioneta pasó a recogerla a las tres y media de la madrugada; cuando la ciudad aún dormía.

Cruzaron el río Paraguay en la balsa de las cinco. Debían viajar por Chaco-í, pasar después el río Pilcomayo, recorrer ciento cincuenta kilómetros de territorio argentino a través de la Ruta 11 y volver a travesar el río Paraguay frente a Formosa. El destino era la localidad ribereña de Alberdi. En lontananza, una que otra luz titilaba en aisladas casitas de campesinos madrugadores, mientras en el cielo se diluían rayos luminosos de color de espliego.

Marta inhaló el aire fresco que entraba por la ventanilla y, al percatarse de la vertiginosa velocidad con que el chofer conducía la camioneta le comentó a la compañera de al lado:

-Vamos demasiado rápido.

-¿Por qué manejas con tanto apuro? -le preguntó al chofer otra de las profesoras.

-Porque ustedes se han quedado pegadas a la almohada y debemos llegar a las ocho -repuso el hombre con evidente disgusto.

En ese momento, cruzaron un puente de madera sobre un riacho. Las tablas sin baranda sonaron rítmicamente como una alerta premonitoria.

De pronto se produjo un estrépito ensordecedor. Luego tornó el silencio.

Marta abrió los ojos y los volvió a cerrar, encandilada por una potente luz. Se sentía observada y algo le dolía en la sien derecha.

-¿Dónde estoy? -preguntó.

-En el Puesto de Primeros Auxilios de Asunción - le respondió una voz masculina.

-Y, usted ¿quién es? -agregó, sin abrir los ojos.

-Soy el cirujano de guardia. La camioneta se tumbó. Le estoy terminando de suturar un escalpe del cuero cabelludo que le produjo algo cortante.

Lo que en ese momento no le contó el médico fue que, la trajeron moribunda y, para coserle la herida con treinta y cinco puntadas, sin anestesia, le habían rapado la cabeza, sin que ella diera señales de vida.

Marta perdió noción del tiempo y del lugar.

Entre brumas distinguió la figura de un sacerdote que le administraba la Extrema Unción.

Una enfermera permanecía sentada junto a su cama.

Marta quiso hablarle y no pudo. Con gran esfuerzo emitió un quejido.

¿Qué le pasaba? ¿Se estaba muriendo? Intentó recitar una oración y no consiguió hilar las frases. Entonces... lloró. Pensó en su esposo, en sus hijos. ¿Dónde estaban? ¿Habían llegado a hora al colegio? ¿Y las compras semanales del mercado? ¿Y los calcetines? ¿Y los folletos que llevaba para la reunión?

Un profundo y tibio sueño la fue envolviendo en sombras. Sintió que avanzaba por la oscuridad hacia algo que la atraía.

De pronto, se encontró a orillas del mar, contemplando su vastedad silenciosa. Una sensación de indescriptible gozo exultaba su corazón.

Se sentía como un punto en el espacio infinito, en asombrosa armonía con el mar y la noche.

¿Quién era ella?

¿Estaba muerta o solamente soñando? ¿Hacia dónde iba?

En medio de esos esfuerzos por razonar, vio avanzar desde el lejano horizonte un haz de luz que se abría camino entre las olas.

Cuando llegó a ella, Marta sintió la presencia misteriosa de alguien a quien no veía pero que a medida que se acercaba la embargaba con una afectuosa sensación de plenitud.

Lo raro era que no sentía temor alguno ante ese ser desconocido. Se sentía tranquila como si siempre hubiese estado esperando ese momento.

Tuvo la impresión de que ese Alguien, parado junto ella, le escrutaba el alma, con inefable amor.

El silencio circundante era absoluto; parecía que el mundo se reducía a ella y a El suspendidos en el Vacío, alejados del tiempo y del espacio.

Marta preguntó tímidamente: -¿Quién eres?

Le respondió el silencio.

-¿Cómo te llamas? -terció insistente.

-¿De dónde vienes? -inquirió otra vez.

Silencio.

Marta comprendió que sus preguntas sin respuestas no la conducían a ninguna parte pero estaba consciente que al fin había llegado a un punto crucial.

Sólo tenía que esperar pacientemente para descubrir quién era ese Alguien.

La profundidad de las emociones que la embargaban eran inidentificables e intuyó que lo más acertado era no formular preguntas ni tratar de razonar lógicamente. Después de una pausa, no mucho más del doble de lo que había esperado, se escuchó a sí misma diciendo: -Tú, también sabes que te amo.

Y entonces, su mente, transmitiéndole un mensaje más rápido que la luz, le ordenó ponerse de rodillas y, le hizo exclamar:

- ¡Tú eres mi Señor, mi Luz y mi Salvación.!

-Sí. Yo soy el Alfa y la Omega -susurró una melodiosa voz.

*** .

Una lluvia de estrellas deslumbró la oscuridad y un timbrazo primero, luego voces:

- ¡Emergencia! ¡Sala de Terapia Intensiva!

El movimiento tumultuoso de gente y los latidos de su corazón interrumpieron su sueño.

No abrió los ojos, aunque se dio cuenta que era ella el centro de las actividades, y sintió disgusto porque la despertaban.

En el catecismo infantil le habían enseñado: -Nadie puede ver a Dios sin morir.

¿Había ella llegado a la frontera de la Vida?; ¿a la zona que su profesor de Psicología llamaba ALFA y que sintoniza con el Universo?

A su mente acudieron los versos de Walt Whitman, que memorizara una vez:

"Me río de lo que llamáis la muerte.
Y conozco la amplitud del tiempo".

En adelante, ya no se haría preguntas; la experiencia reciente había prendido una lámpara en su corazón. La muerte no es como la imaginan los ateos, sino más propicia -pensó Marta, y, después de todo, se dijo: -Creer, no es sino dar ojos al alma.
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MARGARITA PRIETO YEGROS


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TALLER CUENTO BREVE
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Talleres Gráficos
EDICIONES Y ARTE S.R.L.,
Asunción-Paraguay
1988 (136 páginas).
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MARGARITA PRIETO YEGROS - NUNCA DIGAS NUNCA (CUENTO) / Fuente: TALLER CUENTO BREVE - VEINTITRES CUENTOS DE TALLER (1988).


NUNCA DIGAS NUNCA
Cuento de
MARGARITA PRIETO YEGROS
(Enlace a datos biográficos y obras
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NUNCA DIGAS NUNCA
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"Nunca digas nunca
Nunca digas siempre
Porque las palabras
Son sólo palabras,
Ya los juramentos
Se los lleva el viento"
(Refranero popular)
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La pitada del PINGO resonó en el puerto asunceno, indicando la partida de la pequeña embarcación que semanalmente viajaba a las poblaciones ribereñas del norte.

La pareja de recién casados llevó sus valijas al camarote y, después se ubicó en la cubierta, para responder a los saludos de los familiares y amigos que habían venido a despedirlos.

Dos marineros retiraron la planchada y la embarcación comenzó a alejarse del muelle.

Cuando el PINGO salió de la bahía, Ester, la flamante esposa, se ubicó en una reposera, mientras su marido bajaba al comedor a buscar elementos de tereré.

Arrullada por la vibración de la nave, ya estaba ella por dormitar cuando la sacó de su ensueño una voz cadenciosa: -Con su permiso, señorita-. Al darse vuelta para ver quién le hablaba se encontró con una mujer vestida de negro.

Ambas se examinaron en silencio y se aceptaron tácitamente. Ester notó que la mujer era más bien pequeñita y que bajo el pañuelo negro le asomaban mechones de pelo canoso, sirviendo de marco a los ojos grandes y oscuros.

Luego de saludar se sentó en la reposera contigua.

-¿Viaja usted al norte, señorita?

-Viajo a Mariscal Estigarribia con mi esposo que es oficial.

-Entonces, tenemos para rato juntas, porque yo también viajo a la capital del Comanchaco.

-¿Y qué hace usted allá, señora?- preguntó Ester.

-Soy bibliotecaria del Casino de Oficiales. Me llamo Sara Martínez.

Al rato sonaron las campanadas llamando al comedor para la cena y las mujeres se separaron. Ester no la volvió a ver hasta la tarde del día siguiente cuando llegaron a Puerto Casado.

Esa noche durmieron en el destacamento militar del lugar, bajo gruesos mosquiteros que les resguardaron de los voraces mosquitos y del nefasto chicha guazú, portador del mal de Chagas.

A la mañana, muy temprano, después de un frugal desayuno a base de cocido con leche y galletas cuarteleras, subieron al autovía que debía transportarlos hasta un lugar denominado Kilómetro 160.

A medida que se alejaban del río, el paisaje se iba tornando monótono y casi triste; los altos árboles de quebracho y palo santo daban lugar a plantas de palmas y arbustos espinosos. Indios harapientos trabajaban en los campos ubicados a ambos lados de la vía férrea y, con gestos cansinos se apoyaban en sus azadas para verlos pasar.

Ester, acostumbrada a la alegre y colorida vegetación y a los ríos y arroyos de la Región Oriental sintió que una vaga melancolía se iba apoderando de su ánimo. Pensó en silencio: -¿Qué será lo que le retiene a la gente en esta zona tan hostil y poco amable?

Soplaba viento, pero el calor se iba tornando sofocante. Nadie hablaba. Cada ráfaga de aire que entraba al autovía le hacía recordar a Ester la apertura del tatacuá en Semana Santa, cuando en su casa paterna horneaban chipas.

El vehículo entró en una curva muy pronunciada; disminuyó la velocidad y se detuvo. La mujer de luto descendió, profiriendo un agudo alarido. Anduvo unos pasos y, llorando y hablando se arrodilló ante una solitaria cruz ubicada cerca de la vía:

-Mi hijita adorada, ¿por qué me dejaste?. Eras todo lo que yo tenía en este mundo.

- ¡Que Dios le perdone a tu padre que nos abandonó, porque yo nunca le perdonaré! ¡Nunca! ¡Nunca!

Transcurrió un cuarto de hora; el conductor se acercó a la mujer y con ademanes compasivos la condujo de vuelta al autovía que reinició su rítmico andar.

A la siesta arribaron a destino y bajo los calcinantes rayos del sol de enero, los viajeros se dirigieron hacia el rancherío del lugar para almorzar y descansar.

Cuando el sol se iba poniendo, llegó un destartalado camioncito FORD, de la época de la Guerra del Chaco para conducirlos a Mariscal Estigarribia.

Las dos mujeres fueron ubicadas en la cabina, junto al conductor y los varones en la parte de atrás.

Después de dos o tres resoplidos, el vetusto vehículo arrancó y pronto adquirió velocidad.

Hacía rato que viajaban en silencio, cuando Ester se atrevió a preguntar:

-Señora Sara, ¿hace mucho tiempo que murió su hija?

-Hace cinco años, en un accidente de autovía.

-¿Cuántos años tenía?

-Veinte.

-¿Es usted chaqueña?

-No, soy misionera, pero sigo viviendo en Mariscal por una promesa que hice a la memoria de mi hija: ¡Nunca! me voy a sacar el luto y como ella voy a morir en el Chaco. Ester enmudeció ante tan fúnebres sentimientos.

A la una de la madrugada llegaron a destino, y dos días después, la pareja de recién casados partió hacia el Fortín Eugenio Garay, otrora legendario Yrendagué, en la frontera con Bolivia.

Con el correr de los días, Ester se olvidó de la bibliotecaria.

***.

Transcurrieron veinte años hasta que cierto día, en una ciudad de Misiones, Ester se volvió a encontrar con Sara Martínez y fue ésta quien se hizo reconocer. Lucía una vestimenta de alegres colores, llevaba el pelo teñido de rubio y una alianza en el dedo anular izquierdo.

-¿Qué pasó doña Sara? -preguntó Ester.

-Después de cuarenta años, el padre de mi hija fue a buscarme y nos casamos.
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MARGARITA PRIETO YEGROS
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TALLER CUENTO BREVE
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lunes, 16 de agosto de 2010

MARGARITA PRIETO YEGROS - LITERATURA PARA NIÑOS / Fuente: REVISTA DEL PEN CLUB DEL PARAGUAY. IV ÉPOCA – Nº 18.


LITERATURA PARA NIÑOS
PONENCIA DE
MARGARITA PRIETO YEGROS
(ENLACE A DATOS BIOGRÁFICOS Y OBRAS
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LITERATURA PARA NIÑOS
"La mejor herencia que se puede dejar a un niño es el recuerdo de una infancia feliz", afirmó un destacado filósofo.

La felicidad es sobre todo un estado de ánimo que se motiva con buen humor, alegría e ideas positivas con valores humanos.

Una de las actividades más eficaces para comunicar alegría es la lectura. Después de la experiencia directa es el medio más valioso para satisfacer curiosidades, disfrutar de emociones, emplear los ratos de ocio y cultivar la personalidad.

El material de lectura para los niños debe ser elegido con mucho cuidado, segun la edad y su respectivo desarrollo sicobiológico. Sus gustos y sus circunstancias.

En la casa y en la escuela se pueden leer cuentos, usando como eslabón cultural.

En los comienzos de la historia se utilizó el cuento para comunicar creencias y noticias.

Mediante el cuento el niño adquiere conocimientos, cultiva sus sentimientos éticos, se interesa en la belleza literaria.

Si los padres y maestros son buenos lectores, consecuentemente los niños también lo serán.

¿Qué clase de cuentos pueden ofrecer a los niños?

1- CUENTOS DE FICCIÓN: en los cuales los protagonistas son creados por la fantasía tal como "Alicia en el país de las maravillas".

2- CUENTOS HUMORÍSTICOS: que desarrollan el sentimiento del buen humor, sin burlas, y crean ambiente de confianza y camaradería.

3- CUENTOS DE LA NATURALEZA: a través de los cuales se adquieren conocimientos científicos referentes al medio ambiente.

4- CUENTOS HISTÓRICOS: que ensenan historias y resaltan virtudes.

5- CUENTOS FOLCLÓRICOS: que ensenan a amar la tradición.

6- CUENTOS REALISTAS: en los cuales se demuestra el valor de la verdad y la buena conducta.

Quienes disfrutamos leyendo debemos transmitir ese gusto a nuestros niños, pues como dijo Luís Cernuda, "La palabra escrita es un instrumento cargado de futuro". En síntesis, necesitamos deleitarnos con la lectura y la belleza literaria para iluminar a nuestro espíritu y el de nuestros niños.
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Fuente:
IV ÉPOCA – Nº 18
A CENTRE OF INTERNATIONAL PEN
EDICIÓN ESPECIAL
LA FUNCIÓN SOCIAL DE LA LITERATURA
EN EL PARAGUAY
Arandurã Editorial,
Asunción – Paraguay
Julio 2010 (199 páginas).
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lunes, 12 de abril de 2010

MARGARITA PRIETO YEGROS - SEPARACION DE LIBROS y LA VENGANZA DE LA SERPIENTE / Fuente: NARRATIVA PARAGUAYA - TOMO II (M-Z) de TERESA MÉNDEZ-FAITH


CUENTOS de
MARGARITA PRIETO YEGROS
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
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SEPARACION DE LIBROS
-El señor Intendente viajó a la capital para visitar a su familia-informaba con una cínica sonrisita la atractiva secretaria de la municipalidad de una ciudad fronteriza, a cuantos preguntaban por su jefe o solicitaban audiencia.
La camioneta roja, conducida a toda velocidad por el joven político, a quien acompañaban su chofer y un guardaespaldas, enfiló por la avenida principal de la capital y, tras internarse en un barrio residencial, se detuvo ante una atractiva vivienda.
El hombre pulsó nervioso el timbre de la casa y cuando su esposa abrió la puerta preguntó:
-¿Hiciste cambiar la cerradura?
-Sí -respondió ella, mirándolo con fijeza.
Él le devolvió al mirada altaneramente a la vez que decía:
-Vengo a retirar todas mis cosas.
-Adelante -repuso ella, cediéndole el paso.
El hombre caminó lentamente por la suntuosa sala-comedor y se detuvo ante la biblioteca.
En una hilera de libros estaba escrito: Susana; en otra, Guillermo.
-Veo que ya has separado mis libros de los tuyos.
-Así es. Quise ahorrarte tiempo porque siempre andas muy apurado con tus actividades políticas -dijo ella al sentarse en cuclillas sobre la alfombra.
-Una vez más estás equivocada. No tengo ningún apuro; ya se han definido los resultados de las elecciones y he ganado limpiamente la gobernación.
Después observó a su mujer, más bella que nunca en su atuendo deportivo, tranquilamente sentada y se preguntó cómo pudo apartarse de ella. Un gato angora entró cimbreante y levantando la cola se acercó a su dueña ronroneando. Susana le acarició el lomo y luego lo alzó en brazos. Guillermo observó un rato más la biblioteca y de pronto exclamó:
-¿Qué hacen estos libros míos entre los tuyos?
-¿Cuáles? -preguntó ella sin inmutarse y sin dejar de acariciar al gato.
-Las sandalias del pescador - respondió él.
-Me lo regalaste durante nuestra luna de miel en Roma; ¿no recuerdas que lo leímos juntos y que después de entusiasmarnos tanto con Cirilo Lakota, decidimos asistir a la audiencia papal para conocer al primer pontífice polaco?
- ¡Pamplinas! ¡Estupideces de hombre enamorado!
-Te arrepientes tardíamente. Todo fue muy hermoso mientras duró.
-Siempre sientes demasiado y piensas poco como todas las mujeres. Susana soltó al gato y éste salió tan cimbreante como entró.
- ¡Ah! ¿También te quedas con este libro de Willa Cather?
-Me lo regalaste en mi primer cumpleaños de casada.
-Es evidente que te consentí demasiado.
-Tal vez, pero después te volviste muy descortés y hasta violento.
-Hice lo que debía hacer para contrarrestar tus caprichos de niña consentida.
-¿Cómo podría consentirme con un marido al que le atribuyen el hijo de su secretaria y tiene cama puesta en todas partes?
Guillermo pateó la biblioteca y gritó:
-¿Te atreves a quedarte también con Una hoja en la tormenta?
- ¡Un momento! Sabes bien que ese libro lo compré en la feria de la plaza, después de vender mi primera pintura.
De un manotazo, él tiró los demás libros sobre la alfombra.
Susana suspiró hondamente.
Guillermo caminó hasta el ventanal y de espaldas permaneció largo rato en silencio. De pronto, volviéndose hacia su mujer le dijo con voz apenas audible:
-No vine a buscar mis cosas, sino a vos y a los niños. Volvamos a empezar.
Ella se irguió con altivez y respondió:
-Ya no es posible. Todo se acabó desde que te dejaste dominar por tu ambición de poder y te convertiste en un extraño para nosotros.
-¿Me consideras entonces un extraño?
-Sí, un verdadero extraño. Los niños prácticamente no te conocen. El crispó sus manos y hubo otro largo silencio. Después colocó la llave sobre el piano y dijo:
-Cuando venga a visitarles tocaré el timbre como cualquier extraño. El portazo que dio al salir hizo retumbar los vidrios de las ventanas. Un hábil y sigiloso cerrajero acompañado del guardaespaldas del Intendente desarmó a medianoche la cerradura que había hecho cambiar Susana. Concluida la tarea, ambos hombres subieron las escaleras.
Al día siguiente, Susana, internada en un sanatorio a causa de una brutal golpiza, escuchó por televisión el dictamen del juez de la ciudad fronteriza:
-Se concede al honorable ciudadano Guillermo Mujica la tenencia de sus hijos menores por haber sido encontrada su esposa, en el propio lecho nupcial, en brazos de un cerrajero, según testigo confiable.
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De: En tiempo de chivatos
(Asunción: Editorial Cuadernos Republicanos, 1998)
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LA VENGANZA DE LA SERPIENTE
El redoble de tambores en la Plaza de Armas del fortín chaqueño, aquel Día de la Independencia, fue más elocuente que cualquier bando por altavoces.
- ¡Por lo visto ha muerto el capitán! ¡Qué pena! Hubiera sido un milagro que se salvara -comentó en voz alta la directora de la escuela del lugar, quien a través de la ventana de su modesta vivienda de adobe y techo de paja, vio que dos soldados arriaban la bandera hasta dejarla a media asta, en señal de duelo.

El capitán y dos tenientes estaban en una lejana picada controlando la limpieza de la abandonada base cateadora de petróleo, cuando de pronto uno de los soldados gritó:
- ¡Mi capitán! ¡Mi capitán! Acá encontramos una víbora "cascabel" especial para vos.
Los demás soldados silbaron y aplaudieron porque conocían la habilidad del capitán para inmovilizar serpientes presionándoles el cuello con los dedos pulgar e índice de la mano derecho, en tanto les hacía pasar por la horqueta formada por los dedos pulgar e índice de la mano izquierda. Después las arrojaba al suelo y las ultimaba de un tiro certero.
-Mátenla nomás ustedes -respondió el capitán.
-Vení, mi capitán, vení, es "masiado linda luego" y hasta parece que tiene cría adentro.
En realidad la serpiente era un magnífico reptil de piel oscura, cruzada por rombos amarillos y con una cola cargada de cascabeles. Rebosaba vigor.
El capitán se acercó cauteloso; no tenía ánimo para juegos, la temperatura había ascendido a los 43°C, y la siesta estaba abochornante. Aunque la serpiente seguía enroscada, el militar comentó:
-Tiene por lo menos dos metros; es la ponzoñosa Crotalus Terríficus, que en guaraní llamamos Mboi Chini.
Un cabo antiguo, acercándose, dijo:
-Hace mucho tiempo que no encontramos una Mboi Chini con tantos cascabeles; yo ya conté, tiene treinta y dos "luego". Matále si que a tu estilo, mi capitán.
La serpiente, como animal de sangre fría que era, prefería protegerse del calor durante el día y salir a cazar de noche, pero ahora ante tanta provocación no tenía más remedio que salir de su letargo para ver qué pasaba. Molesta ante tanto barullo comenzó a desenroscarse.
Irguió levemente la cabeza y pese a su miopía reconoció al capitán, famoso por su afición a domar y matar víboras. Muchos de sus parientes habían muerto en su poder.
-Esta es mi oportunidad para vengar tanta crueldad -dijo, enderezando sus largos colmillos huecos para cargarlos con el veneno de su canal interno.
El capitán vaciló un rato, pero atraído por el sonido de los cascabeles se acercó aún más a la serpiente. Esta, con diabólica astucia, permanecía quieta dejándose observar por el hombre.
Los soldados y el monte habían enmudecido; ni la caída de una hoja se oía.
Sin moverse siquiera un milímetro, la serpiente de ojos oblicuos mantenía fija la mirada en su enemigo. El capitán parecía hipnotizado por la serpiente y ésta por el esbelto y fornido militar. Ambos medían sus fuerzas y controlan sus gestos.
-¡Ahora! -gritó de pronto el capitán, saltando ahorcajadas sobre la serpiente. Esta, con celeridad imprevista, no se dejó asir por el militar y con la cabeza exaltada de furia lo mordió siete veces en las piernas.
El capitán, a sabiendas de que el veneno de la serpiente circularía por su torrente sanguíneo en cuestión de segundos, se esforzó en no dejarse dominar por el pánico y agarrándola por la cola intentó destrozarla a golpes contra un quebracho.
- ¡Moriremos ambos! -gritó al caer desplomado.
La serpiente se arrastró dificultosamente entre el blanco espartillar y se perdió de vista, sin que nadie intentara detenerla.
El único en superar el terror reinante fue el soldado encargado del botiquín, quien haciendo girar la manivela del teléfono de campaña pidió auxilio al hospital, distante sesenta kilómetros:
-Aquí, Picada Noventa, Picada Noventa... Al rato se escuchó:
-Aquí, Hospital Toledo, Hospital Toledo. ¡Adelante. Cambio!
- ¡Aquí, Picada Noventa! Una Mboi Chini mordió siete veces a mi capitán Chamorro. Solicitamos ayuda e instrucciones.
-¡Hospital Toledo responde! Inyectar siete dosis de antiofídico polivalente y colocar al paciente de costado para facilitar la respiración. Enviamos ambulancia.
Al soldado enfermero, apenas adolescente, le temblaban las manos mientras trataba de recordar las instrucciones y buscaba el antiveneno indicado. Era éste el primer accidente grave que le tocaba atender solo.
El capitán, tendido sobre un tablón, respiraba con dificultad a medida que se hinchaba y los labios se le ponían azules.
El joven enfermero, al inyectar la última dosis del antiofídico procuró tranquilizar al oficial, diciéndole:
-Mi capitán, enseguida va a llegar la ambulancia.
El militar ya no entendió lo que le dijo el soldado, y comenzó a desvariar y a ver doble.
-¿Por qué vienen dos ambulancias? ¿Es cierto que una es para la serpiente? ¿Por qué el General viste sotana? ¿Es cierto que ya me morí? Gemía, sudando a mares, y respiraba con dificultad.
El soldado, al notar que el capitán parecía asfixiarse, se arrodilló junto a é1 y comenzó a presionarle el pecho con las manos. En ese momento llegó por fin la ambulancia.
Saltando del vehículo el médico ordenó al soldado:
-Tómele el pulso. Si no se lo siente inicie la resucitación cardiopulmonar.
El joven trató de recordar los pasos que debía seguir; él había practicado esa operación nada más que con un muñeco.
-¡Animo, mi capitán! -dijo, dándole respiración.
- ¡Nema, che Karai! -insistió en guaraní.
El capitán reaccionó de golpe y comenzó a vomitar con tanta fuerza que parecía que iba a reventar. Cuando se calmó, cuatro camilleros se apresuraron a subirlo a la ambulancia.
El joven enfermero se tendió exhausto sobre el pastizal, asombrado de cuánto había hecho en favor de la vida de su jefe, y procurando que nadie lo viera, lloró.
Entre tanto, la Mboi Chini había entrado a la guarida de las víboras. Al verla llegar maltrecha, todas silbaron en coro:
-¿Qué te pasó?
-Le herí de muerte al capitán asesino y él por poco me mata. Me escapé por milagro.
-¡Por fin! -silbaron viperinamente todas.
Una cascabel joven, muy engreída, de nombre Terrífilla le dijo a la serpiente recién llegada:
-Creímos que andabas cazando solamente ratoncitos "Anguyá tutú", ni idea teníamos de la proeza en que estabas metida. ¡Felicitaciones! Poniéndose en "punta de cola", una minúscula Ñanduriré advirtió:
-Ahora debemos esperar un ataque masivo de los hombres; mudarnos a otro sitio o atacar entre todas el campamento.
-¿Qué? ¿Estás loca? -silbaron en coro las demás víboras.
La Mboi Chini maltrecha dijo:
- Más vale que clamen pidiendo lluvia para esta noche, así la sangre del capitán se aguachará toda y no tendrá forma de coagularse.

Al promediar la tarde, la ambulancia llegó al Hospital Toledo.
-Te recuperarás, mi amor -le dijo su esposa al capitán, tratando de disimular su consternación ante el aspecto macabro que presentaba. El capitán, encogido de dolor, con voz apenas audible, asiendo la mano de su esposa, le dijo:
-Perdóname por todos los quebrantos que te causé con este diabólico juego. Creo que esta vez perdí.
La mujer, besándolo en la frente, replicó:
-Mañana muy temprano vendrá el avión ambulancia para trasladarle al Hospital Central.
- ¡Agua! ¡Agua! -clamaban las serpientes desde su cubil.
-Si llueve esta noche la victoria será definitivamente nuestra -sentenció la vieja serpiente cascabel-. Yo sé por qué lo digo -arguyó. Después, tratando de acomodar su dolorida largura se arrolló en un rincón de la guarida y se quedó dormida soñando con la agonía del capitán bajo una lluvia torrencial.

A medianoche tronó y relampagueó el monte entero y comenzó a caer una copiosa lluvia que anegó la pista de aterrizaje y los caminos vecinales.
A las tres de la madrugada el médico de guardia, al examinar al paciente, vio que de las heridas salían hilillos de sangre. Una hemorragia después de tanto rato de las mordeduras de la serpiente significaba que el veneno seguía impidiendo la coagulación de la sangre.
-Necesitamos el antiofídico específico contra la Mboi Chini: el anticrotálico -dijo el médico al farmacéutico.
-Lamento decirlo que no lo tenemos; debía traerlo el avión ambulancia.
-Entonces llamen al capellán. El capitán no alcanzará el amanecer sin ese contraveneno.
Las primeras franjas de tenue luz avanzaban anunciando un nuevo día cuando el capitán dejó de respirar.
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De: En tiempo de chivatos
(Asunción: Editorial Cuadernos Republicanos, 1998)
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Fuente: NARRATIVA PARAGUAYA DE AYER Y DE HOY TOMO II (M-Z)
Autora:
TERESA MÉNDEZ-FAITH ,
Intercontinental Editora, Asunción-Paraguay 1999.
De la página 441 a la 847.
Ilustraciones: CATITA ZELAYA EL-MASRI
Enlace a:
NARRATIVA PARAGUAYA DE AYER Y DE HOY - TOMO I (A-L)
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viernes, 5 de marzo de 2010

“REVISTA DEL PEN CLUB DEL PARAGUAY - POETAS – ENSAYISTAS - NARRADORES” - IV ÉPOCA - Nº 12 - Diciembre 2006

“REVISTA DEL PEN CLUB DEL PARAGUAY
POETAS – ENSAYISTAS - NARRADORES”
IV ÉPOCA - Nº 12

Arandurã Editorial,
Asunción-Paraguay, Diciembre 2006
Enlace con el espacio de la PEN CLUB DEL PARAGUAY
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PALABRAS PRELIMINARES
** No se por qué algunos números tienen un encanto especial. Debe ser por el significado oculto que encierran o tal vez sea un recuerdo remoto de las fuerzas que dieron origen a su utilización dentro de la vida humana como herramienta valiosa que permitió el avance de las ciencias y el comercio hasta llegar a nuestros días, cuando los números adquieren cada vez un papel más relevante en el desarrollo científico que parece no conocer límites.
** El número 12 es uno de esos números mágicos. Alcanzarlo parece dar un sabor especial a las cosas, impresiona como la satisfacción de un objetivo cumplido, cierra el círculo de una etapa y trasmite el optimismo que a cualquiera embarga ante el acontecimiento poco frecuente que tienen los artistas, de sentir que algo valioso acaban de concluir.
** Es la emoción que creo compartir con todos los compañeros del PEN Club del Paraguay, hoy que estamos entregando el número 12 de nuestra Revista, la que posee la peculiaridad de presentar en su totalidad, trabajos inéditos de los autores participantes, lo cual le da cierto atractivo, pues nos consta que algunos de ellos tuvieron que seleccionar de entre lo nuevo y lo viejo, qué publicar en este número.
** Desde el año 2000 hasta hoy, sin duda corrió el agua bajo el puente y el murmullo de su paso nos contó de muchas cosas, muchas historias que ahora vuelven a formar parte del conjunto que con este número cierra el círculo de la docena y abre nuevas posibilidades para el futuro.
** En el lapso de los últimos 6 años transcurridos, el PEN Club del Paraguay recuperó el vacío dejado en el ambiente cultural, cuando de a poco fue cayendo en una de sus temporadas de silencio, que como ondas inexplicables van y vienen a lo largo su historia, para surgir de nuevo y con nuevos bríos tras espacios más o menos largo de tiempo.
** Se sumaron nuevos nombres, se agregaron actividades al quehacer de los miembros del club, quienes participaron en diferentes acontecimientos culturales de universidades y colegios secundarios de la capital y del interior del país a cuya invitación los socios asistieron gustosos a participar de los encuentros programados, lecturas de poemas, encuentros culturales, presentación de temas diversos para los cuales cada uno en su especialidad encontró la manera de llegar a los jóvenes de nuestro país, tan necesitados por conocer que hay algo más que la tediosa repetición de vergüenza protagonizada por quienes dicen representar al pueblo y sólo buscan el beneficio personal que se hace evidente en el lujo descarado que resalta más en medio de la miseria general en que se debate gran parte de hombres, mujeres y niños condenados a la indigna mendicidad y el deshonor de la miseria.
** En el año 2004, el club volvió a integrarse al International P.E.N., al ser reconocido nuevamente como miembro activo de la entidad y el año pasado se concretó con Arandurã Editorial el primer concurso de cuentos organizado desde el reinicio de las actividades del PEN Club del Paraguay
** Con el sostenido apoyo del Instituto Cultural Alemán - Goethe Zentrum (ICPA-GZ), acabamos de entregar el tercer Premio Bienio 2004/2006, hecho destacado sin duda, que expresa a las claras la confianza depositada por esta institución en la gestión que realiza en el ámbito cultural nuestro club.
** Pero apartándonos algo de nuestra línea tradicional, con este número queremos rendir postrer homenaje a un gran artista y amigo del PEN Club, quien sorprendió a todos con su inesperada desaparición. Es el escultor HUGO PISTILLI, bautizado por José-Luis Appleyard como "poeta del metal".
** Hugo Pistilli se supo ganar el cariño de quienes desde hace años conformamos el club y compartimos la mesa redonda del San Roque, así como de los nuevos miembros que se integraron a lo largo de los últimos años al PEN, del cual Hugo es miembro espiritual, aún cuando no sea escritor sino artista plástico.
** Es por eso que decidimos reproducir in extenso las palabras leídas por Luis María Martínez, presidente de la Sociedad de Escritores del Paraguay (SEP) y ex presidente del PEN Club del Paraguay, en ocasión del funeral del amigo, el 28 de agosto de 2006.
"La Sociedad de Escritores del Paraguay y el PEN club se unen por mi intermedio al pesar que embarga a la comunidad cultural ante la desaparición de Hugo Pistilli, artista en el más completo sentido de la palabra.
"Transmitió a través del hierro y el pincel los símbolos de su inagotable sensibilidad.
"Fue un ser amplio que hacía de la convivencia un culto permanente, el más sobresaliente, en los marcos de los más variados encuentros sociales y culturales.
"La solidaridad, la modestia, fueron grandes atributos de su persona, con exclusión absoluta de la infatuación y de actitudes humorales tan reprochables por minúsculas e injustificadas. Fue siempre coherente y regular en su manera de ser. De haber tomado el camino de las ideas hubiese podido constituirse en paladín, proceridad que tanta falta hace al país: que el hombre encarne valores innegables de cierta perennidad.
"Pierde el arte nacional a un alto representante, así como sus amigos a un ameno interlocutor, destacado por su fraternidad.
La sociedad de Escritores del Paraguay y el PEN Club se suman a la tristeza de todos los intelectuales del país. No obstante eleva y transporta las cualidades humanas de este gran artista a las más caras páginas de la cultura nacional, al calificarlas de excepcionales y ejemplares".
** Estamos convencidos que el PEN Club del Paraguay seguirá transitando las aguas de la cultura, sin amedrentarse por la insensatez que le rodea y sin te mor a exponer su opinión cuando crea necesario hacer oír su palabra, sin tener en cuenta para nada los accidentes del camino, las dificultades que encuentra siempre la expresión de la verdad o la necia vanidad que a veces forma parte del entorno en que deben moverse quienes defienden sus convicciones y tienen la certeza de actuar en coherencia con ellas.
AUGUSTO CASOLA - Presidente del PEN Club del Paraguay
.
INDICE DE OBRAS:
POETAS

DELFINA ACOSTA: POEMA A MIS ESPOSOS / LA GACELA ENAMORADA / RARO OFICIO
NELSON AGUILERA: POEMAS 1 – 2 – 3 – 4 / NO LA SÉ
MARÍA EUGENIA AYALA CANTERO: AUNQUE NO ESTÉS / Y EN LÁGRIMA CONVERTIRME
WILLIAM BAECKER: NO ME LO HUBIERAS DICHO / A RICARDO MAZÓ, POETA
GLADYS CARMAGNOLA: DE A DOS / W (UVE DOBLE)
AUGUSTO CASOLA: LA CIUDAD AL AMANECER / TRISTEZA NÚBIL / CONDICIÓN
EFRAÍN ENRÍQUEZ GAMÓN: CANTO A MI CIUDAD
VÍCTOR-JACINTO FLECHA: ONOFRE DISEÑA EL CURSO DE LOS FUTUROS RÍOS / ONOFRE, EL PÁLIDO SANTO
AURELIO GONZÁLEZ CANALE: POEMAS DEL VIENTO
LUIS MARÍA MARTÍNEZ: PAISAJE / PALABRAS DE UN FOTÓGRAFO
DOMINGO RIVAROLA: ¿POR QUÉ? / CAMINANTE
.
ENSAYISTAS
RAÚL AMARAL:
POETAS ARGENTINOS QUE CANTARON AL PARAGUAY
MANUEL E.B. ARGÜELLO: EL MITO, SU UNIVERSO CREADOR
MARIBEL BARRETO: DEL POEMA AL POEMARIO, GLADYS CARMAGNOLA
ABELARDO DE PAULA GOMES: ASPECTOS FUNDAMENTALES DEL HECHO RELIGIOSO (Síntesis didáctica)
EFRAÍN ENRÍQUEZ GAMÓN: LA VIDA DE PASCUAL DUARTE Y LA MUERTE DE RUDI TORGA REPORTAJE IMAGINARIO A RUDI TORGA
EMI KASAMATSU: ¿ES POSIBLE LA DEFORMACIÓN EN EL LENGUAJE?
LORENZO LIVIERES BANKS: LAS LENGUAS DEL PARAGUAY (Año 1969)
LUIS MARÍA MARTÍNEZ: ALVARO YUNQUE, VIGÍA EN LA LUCHA Y EL HUMANISMO Y LOS GRUPOS DE BOEDO Y FLORIDA
JENARO RIERA HUNTER: ¿QUÉ LÍMITES EN LA ADOLESCENCIA?
.
NARRADORES
NELSON AGUILERA: ONDA INDIA
PRINCESA AQUINO AUGSTEN: EL TEJIDO DEL DESTINO
JEU AZARRU: LA BIBLIOTECA
CATALO BOGADO BORDÓN: LA NIÑA
LUIS MARÍA MARTÍNEZ: LA ALARMA
FRANCISCO OLIVEIRA Y SILVA: SOBREDOSIS
MARGARITA PRIETO YEGROS: EL NAVEGANTE
LUCÍA SCOSCERÍA: HORIZONTE ENCENDIDO / FRUTILLAS
//
POETAS
NELSON AGUILERA
1
Dejaré a tus ojos brotar
en las ramas de la poesía,
colgados de metáforas
iluminados
en sinestesias.
Tus ojos no son tuyos.
Son de la poesía.
Ella te los robó
mirándote a las pupilas
y los oculta
de todos
los que morimos
por verte.
2
Aquieta tu mirada de olivos
con el arrebol de dos soles.
¡No la bajes!
Liba el rocío de mis pupilas.
Sumérgete en el negro misterio
de mi iris,
y hállate a ti misma
en el amor
que tengo escondido
en el meollo de mis ojos.
3
Mis ojos de candela
quemaron la sombra azabache
de la quieta madrugada.
En cada llama del recuerdo
tus ojos de lagos tranquilos
intentaron tragarse
la vorágine del fuego.
Se consumió la candela
los recuerdos se hicieron cenizas
y tus ojos escaparon durmiendo
en las alas del sueño inesperado.
4
¿En qué ojos amaneció tu mirada
este tórrido día de enero?
¿En qué labios encendiste un beso
en el albor del verano?
.
NO LO SÉ
Solo sé
que esos ojos ladrones
y esos labios extraños
se está robando
poco a poco
y soslayadamente
los pedazos de tu vida.

GLADYS CARMAGNOLA
DE A DOS
No porque fuera conocido ni fácil,
andar, soñar, sufrir, siempre de a dos,
he elegido vivir ¿cómo decirlo
sin ofensas? A dúo. Está mejor.
Se ha duplicado entonces la basura,
para lavar hay más de un tenedor
y en cada plato sucio, bien pegado,
se deja más puré o más arroz.
He aprendido con práctica y paciencia
que el tiempo retribuye la atención:
Hemos ahorrado en luces compartidas,
en aire puro y en calefacción.
Hemos multiplicado los luceros
y fraccionado la desdicha en dos,
la risa ha sido doble y duplicados
los rayos más benéficos del sol.
Aún es hermoso ver que las estrellas
nos sirven de farol
cuando salimos a la madrugada
a charlar, porque sí, en el corredor.
Y es hermoso saber que los resfríos
siempre fracasarán en su complot
porque estarás allí con lo que sea
como guardián feroz.
Además, para hacerlo más completo,
eres el principal admirador
de esto que va camino a hacerse largo
aunque sea al compás de un caracol.
Me encanta más que a todos tu receta
de pollo delicioso al estragón:
De modo que, no fueras lo que ahora,
sino cartero, poeta o leñador,
el solo suponer que llegue un día
que no estaré para escuchar tu voz
me impregna de desdicha las arterias
y sacude mis huesos un temblor
que aunque te duela, piden, te lo digo
despacito, inter nos,
que estás aquí, mi amor, mi compañero,
amigo hermano, para decirme adiós.
(De: Poemas de entrecasa, 1999)
.
W (UVE DOBLE)
¿En dónde estuve mientras te llamaban
así, como a una extraña?
¡Te asignan un mezquino espacio,
tímida moradora de una página
incompleta, además, del diccionario,
en el que inicias sólo once palabras!:
whisky, wéber, walón, wólfram, weberio...
Y paro, sin decir washingtoniana
porque sencillamente,
no me dan los oídos ni las ganas
mientras escucho, torrencial, a Wagner
sacudiendo con furia la muralla
exigir su lugar y darte el tuyo
en todos los rincones de mi casa.
//
VÍCTOR-JACINTO FLECHA
ONOFRE DISEÑA EL CURSO
DE LOS FUTUROS RÍOS
. Antes que la surgente brotara
. ardían las aguas en aguardiente
.
aún no conocíamos el tenue canto
al deslizarse el agua
. todo era incendio y quemadura
. hasta el agua misma
.
y llegó Onofre
-pálido santo del santoral madera-
en su trashumar de caminante de ardor a ardor
.
que el propio esplendor del mediodía
fogatea en él sus tripas de madera
y he ahí el agua
espejo de cielo en su desliz de agua
agua ardiente en sus entrañas
.
Onofre
-quemante madera-
bebió el agua
y ebrio se puso de tanto arder el agua ardiente en
. sus entrañas
.
y así anduvo por los naranjales
diseñando en el sueño de su sed el curso de los
. futuros ríos
.
Detrás de su vara de caminante
iba creciendo el agua
iba creciendo el agua zigzagueante como el
caminar de su guía el borracho
.
Atrás el viento y el río naciendo ya por siempre
. zigzagueante
.
ONOFRE, EL PÁLIDO SANTO
San Onofre
-pálido santo del santonal madera-
triunfo de otro cielo sobre este ajeno azul de la
. intemperie
erupción guaraní de renacido sol
de maíz y maní
en el pétalo de la esperanza
del mestizo paraguayo
.
santo prestado del anterior mundo
tú eres el último, último de aquél mundo en que
. todo se inauguraba
-desde la luz del sol hasta el rocío de la mañana-
el verdor de hoy no es más que rauda copia de aquel otro
. verdor
cuyo cedazo dejaba caer la abundancia
.
Onofre
-guaraní travestido de santo-
patrono del bienestar de la gente, del trabajo,
de la buena suerte, de la alegría,
del oro que fluye de la nada
-pepitas doradas, condensación de un antiguo ardor
. en el agua-
¿también tú has cambiado? ¿has vuelto para morirte
. en tu cielo?
.
hoy los santeros de Tobatí
mercando con tu figura de madera
reciben a cambio el oro
en tanto que nosotros
-simples creyentes de tu ardor de madera-
maduramos ilusión
y tú nos ofreces a cambio una moneda inverniza
no el verano que premie nuestro infinito apego al
viejo sueño del árbol, poncho de nuestra esperanza.
//
MARGARITA PRIETO YEGROS
EL NAVEGANTE
"Sueña, sueña
espíritu mío
porque si no sueñas
morirás de hastío. "
(Raquel Sáenz)
.
** Cierto día, al viajar desde Asunción a la campaña, me senté en el ómnibus junto a un hombre de apariencia muy modesta. Vestía pantalones grises, camisa blanca, saco y alpargatas negros.
** Noté que llevaba un portafolios de cuero, desteñido por el uso y me pregunté qué tendría adentro. De pronto vi que hurgaba en él, y tras revolver papeles, sacaba algo.
** Miré de reojo y vi que era un libro a cuya lectura se abocó al instante.
** Al rato, sin que el hombre se percatase, leíamos juntos. Era una aventura de piratas que hablaba de noches oscuras, un río caudaloso, silbidos nocturnos, muertos, miedos, supersticiones y tesoros escondidos.
** ¿Dónde había leído yo antes esa historia?...
** Me sentía como si después de muchos años me encontrara, cara a cara, con una persona muy querida, pues no dudaba que ya conocía ese libro.
** Volví a mirar.
** -Pues son azules y los bigotes rubios. Y la piel blanquísima.
** Y fuma en pipa, tabaco con aroma a champaña.
** Al darse cuenta de que lo observaba me sonrió y dijo:
** -Me llamo Samuel Clemens y yo capitán de buques de rueda en el gran Missisipi.
** Noté que hablaba en otro idioma. Sin embargo yo lo comprendía. Tal vez, por telepatía.
** Caía la tarde. Quedé mirando en silencio con los ojos muy abiertos como si recordara algo.
** El viento sopló entre las ventanillas de vidrio y murmuró suavemente en mis oídos:
** -¡Mark Twain! ¡Mark Twain!
** -No sé. No comprendo las palabras. Son de otro idioma.
** -¿Qué idioma?
** -No lo sé.
** El sol se había ido. Un trueno estremeció el aire tranquilo, y enseguida sentí el olor a tierra mojada.
** La lluvia arreciaba y todo era oscuridad y agua.
** -¡Mark Twain! ¡Mark Twain! -sonó otra vez el viento con acento extraño, y al rozar con mi mente las palabras comprendí que decían: "dos brazas de aguas, dos brazas... dos brazas".
** El ómnibus devoraba las distancias mientras yo me esforzaba por recordar el nombre dé esa aventura. ¿Era "La isla del tesoro", "Simbad, el marino" o "Las mil y una noches"?
** Después de todo, ¿qué importaba el nombre sino el placer de leer y recordar? Pero yo insistía en saber el título del libro que despertaba en mí raras sensaciones, y me hacía evocar las noches en que, a la luz de la lámpara Radio-sol, mis padres leían en voz alta cuentos famosos, en nuestra umbrosa quinta de Villa Morra, hacía muchos años.
** Estaba ya a punto de dirigirle la palabra al dueño del libro cuando bruscamente lo cerró y pude leer "Las aventuras de Tom Sawyer".
** Claro. Esta era la novela de Mark Twain que por capítulos publicara Billiken, la revista que, semana a semana, deleitó mis años primarios.
** Ya satisfecha mi curiosidad decidí dormitar y recliné el asiento, presionando el botón del costado. Fue entonces cuando reparé en las manos del hombre. Miré viva mente y me di cuenta de que eran manos rudas, fuertes, manazas de marinero.
** Me fijé con más detenimiento en él y noté que tenía ojos azules.
** -¿Ojos azules? -pensé.
** -¿Estoy soñando?
** Alguien estaba haciendo sondeos en el río para avisar al barco si podía pasar.
** -¡Mark Twain! ¡Mark Twain! -la antigua expresión marinera indicaba la profundidad del agua. .
** -¡Mark Twain! ¡Mark Twain! ¡Buen fondo y agua segura para el barco que quiera pasar! -gritó una voz en la oscuridad.
** Avanzamos sin temores navegando en la corriente silenciosa y cantando ritmos marineros.
** Samuel Clemens tarareaba en voz baja:
** -"Brinda por mí con tus ojos y yo te prometeré con los míos".
** Era una canción muy hermosa y penetró en mi mente como una ráfaga; al rato también yo tarareaba.
** En las orillas desfilaban montes azulados, y caudalosos arroyos se unían a nuestro majestuoso río, mientras silenciosas aldeas y solitarios caminos iban quedando atrás. Todo parecía fluir hacia el horizonte.
** Samuel Clemens susurraba musicalmente: -"Deja un beso en tu copa y no pediré vino". -¡Qué fantástico es el amor! -pensé.
** -Y, sin embargo, el tiempo lo convierte en casi nada. El matrimonio nos avejenta y nos hace rutinarios -me respondió mi compañero de viaje.
** Miré el gran río y vi enormes troncos negros a la deriva y también una monstruosa balsa que descendía con una linterna en su centro. Cuando se hallaba casi frente al sitio donde nos encontrábamos oí muy claramente que el navegante gritaba:
** -¡Vamos remos de popa, virad hacia estribor!
** Entorné los párpados.
//
** El hombre de alpargatas se había puesto de pie y mientras bajaba un bolsón del portabultos me dijo:
** -Parece que usted ha soñado. Ha hablado mucho y me ha desvelado.
** -¿Sí? -dije incorporándome y, presionando el botón enderecé el asiento.
** En lontananza nubes doradas precedían al sol que avanzaba fulgurante disipando las brumas.
** -Permiso para bajarme -dijo el hombre. El ómnibus se detuvo y mi compañero de asiento se alejó con energía y rapidez.
** Sentí un leve estremecimiento y sin saber por qué me puse a llorar. El guarda me miró desconcertado y yo desvié la mirada.
** -No. No fue un sueño. Fue algo inesperado y distinto -pensé. Y esa canción... No quisiera olvidarla. Quisiera recordarla.
** Una semana después en Asunción, asistí a una feria internacional de libros. Cuando llegué a la sección de literatura norteamericana pedí un ejemplar de "Las aventuras de Tom Sawyer", y enorme fue mi asombro al reconocer en la foto de la contratapa al navegante de mi sueño. Entonces comprendí que Mark Twain era el seudónimo de Samuel Clemens el consumado navegante que tan bellos libros escribiera, y en cuya compañía me he alejado de las riberas del hastío.
.
SCOSCERÍA LUCÍA
HORIZONTE ENCENDIDO
** -¿Tienes miedo?
** Era una pregunta que no tenía respuesta, porque la mordaza que tenía sobre la boca me impedía contestar, pero mis ojos no se apartaron de los suyos, desafiándolo.
** La muñeca izquierda me ardía y la moví para evitar el escozor. La media de nylon que me la mantenía sujeta a uno de los barrotes de la cabecera de la cama se metió en mis carnes, la giré para alivianar el roce, lo conseguí pero no del todo.
** Se sacó la camiseta. Su torso canela de músculos marcados quedó visible en la semipenumbra. Me desató un pie y lo alzó formando un ángulo recto para que saliera por él la tanga. Después lo volvió a atar al barrote de la cama. Hizo lo mismo con el otro pie y sentí la desnudez entre mis piernas expuesta a su deseo. El corazón me latía con furia. Mis ojos seguían el recorrido de los dedos sobre el cinto de sus jeans, unos segundos después podía ver las piernas, muslos y todo lo que estaba oculto. Y supe qué haría conmigo. Me vi en las pupilas cristalinas de los ojos oscuros. El hormigueo nació en lo más pro-fundo de mi cuerpo y me hizo estremecer. Trajo un cojín de la nada y lo colocó bajo mis nalgas. A pesar de que temía lo que pudiera pasar, no pude evitar que mis caderas se balancearan cuando él acercó sus labios al musgo secreto. Con cada beso recibido crecía el fuego. Me quitó la mordaza de la boca y metió en ella su lengua que me lleno de cosquillas y se acopló a la mía en un baile sincronizado y eufórico. Mis senos aplastados bajo su cuerpo tenían los pezones duros como lanzas. Se aferró a mis caderas y sin dejar de besarme se movió en forma lenta y circular dentro de mí, hasta que estallamos al mismo tiempo. Nuestros gemidos murieron y dieron paso a profundos suspiros.
** Quería abrazarlo, acurrucarme entre sus caderas, entonces le pedí que me desatara las muñecas. Así lo hizo y nos trenzamos en un abrazo mojado y sudorosos hasta que nuestros corazones volvieron a latir con normalidad.
** -Te quiero -dije mientras lo besaba en la comisura de los labios.
** -Yo también -dijo devolviendo el beso.
** -Es el mejor regalo de cumpleaños que me has hecho. Así que tendré que esmerarme en el tuyo.
** -Faltan quince días, pero ya sé lo que quiero.
** Me lo dijo al oído y reímos cómplices, nos miramos a los ojos y supimos que la llama se había vuelto a encender. Afuera el horizonte también estaba encendido.
.
FRUTILLAS
** Mi corazón volvió a su ritmo normal. El suyo seguía fuera de control. Los latidos se sentían fuertes y rítmicos en el pecho bañado por el sudor.
** Abrí los ojos y se prendieron de los suyos al instante. Sin razón aparente reímos. Nuestros cuerpos calientes pronto sintieron el frío invernal de la habitación en la cual nos habíamos refugiado por tantas horas. Nos tapamos con una frazada raída y quedamos abrazados entre risas y besos, felices por el placer de estar juntos.
** Tuvimos hambre. Las frutillas que habíamos comprado a un vendedor ambulante por la calle, estaban aún dentro de la cestita en que la habíamos traído.
** Desafiando la temperatura helada de la pieza, me levanté desnuda y las lavé en el baño, las dejé en la mesa y me zambullí en la cama junto a él. En poco tiempo mi cuerpo se había enfriado; el contraste con el suyo, caliente aún, nos hizo estallar en carcajadas.
** -Estás helada -dijo y me abrazó y tocó con las manos cálidas y suaves.
** Un estornudo me obligó a buscar mi camiseta, que se encontraba a los pies de la cama. Él me ayudó a ponérmela y yo le puse la suya. También encontró mis medias y me las puso despacio, acariciándome el tobillo mientras lo hacía.
** Traje la cesta con las frutillas y le pregunté si quería alguna.
** -Sí -respondió y la sonrisa amplia iluminó la habitación.
** Elegí la más madura y se la puse en la boca. Él la mordió sin dejar de mirarme. Leí sus pensamientos. Supe que recordaba todo lo que habíamos hecho al amarnos horas antes.
** Un estremecimiento me recorrió el cuerpo. Me besó con los ojos abiertos. Su lengua me pasó la frutilla qué le había dado, más dulce aún con la saliva. La tragué y él tomó otra del canastito y me la dio. Comí la mitad y la que sobró se la llevó a la boca y me la pasó con la lengua en un beso dulce y voluptuoso. Después me tomó la mano y la besó y me dijo que me amaba, como siempre.
** Afuera, la noche había llegado de golpe, como suele hacerlo en invierno, entre voces que aún no querían apagarse en la calle o en las casas.
** Adentro, seguía el calor de nuestra piel y esa felicidad absurda de saber que todo está bien por el solo hecho de estar juntos.
** Antes de dormir, pensé que era fácil ser feliz: alguien a quien querer y ser correspondida y tal vez algunas frutillas.
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