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martes, 3 de mayo de 2011

JOSEFINA PLA – CUENTOS COMPLETOS - Edición, introducción y bibliografía de MIGUEL ÁNGEL FERNÁNDEZ / Editorial EL LECTOR, 2000.



JOSEFINA PLA – CUENTOS COMPLETOS
Edición, introducción y bibliografía de
Editorial EL LECTOR, 
Tel.: 595 21 491966 / 610639
Asunción-Paraguay.
2000 (2ª Edición)
451 páginas.


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ENLACE A DATOS BIOGRÁFICOS
Y OBRAS INCLUIDAS EN





INTRODUCCIÓN
Josefina Plá es, sin duda, no solamente una de las grandes figuras literarias del Paraguay sino también una de las voces capitales de la literatura contemporánea de lengua castellana. Su vasta obra, realizada a lo largo de setenta años, abarca desde la poesía, la narrativa, el teatro, el ensayo y la crítica, hasta la historia cultural y social, sin contar su labor en el campo de las artes plásticas, especialmente en el de la cerámica, donde ha realizado también una importante obra.
BIOGRAFÍA MÍNIMA
Nacida a principios de siglo en la Isla de Lobos, Canarias, hija de Leopoldo Plá y de Rafaela Guerra Galvani, pasó su infancia y juventud en diversas ciudades de España acompañando a su padre, funcionario en provincias.
En 1924 conoce en Villajoyosa, Alicante, al artista paraguayo Andrés Campos Cervera (Julián de la Herrería), con quien se casaría dos años después. En 1926 llega al Paraguay y se establece en Villa Aurelia primero y después en Asunción. Entre esa fecha y 1938 viaja dos veces más a España, acompañando a su esposo. Entretanto ha estado colaborando en diversas revistas y periódicos del Paraguay con poemas, artículos y otros textos literarios.
A su regreso de la península, en 1938, se convierte en una de las figuras descollantes del movimiento literario renovador (especialmente con sus poesías) que junto con ella encabeza Hérib Campos Cervera, sobrino carnal de su marido, que ha muerto en Valencia un año antes.
Desde entonces realiza una intensa tarea como periodista, escritora y artista plástica, que se extiende hasta el presente. Ninguna otra figura ha abarcado tanto en nuestra cultura sin perder la dimensión en profundidad de su quehacer.
En el campo de la literatura de creación ha producido más de cuarenta títulos de poesía, narrativa y teatro, además de numerosas obras de historia social y cultural.
LA NARRATIVA DE JOSEFINA PLÁ
Aunque Josefina Plá había publicado cuentos de manera esporádica desde los primeros años de su llegada al país, sólo en la década del 50 adquiere más continuidad su labor en este campo. En efecto, es en la revista ALCOR donde se publican varios relatos que luego serán reunidos en LA MANO EN LA TIERRA (1963). Desde entonces publica tres libros más, el último de ellos en 1989.
La inserción de Josefina Plá en la narrativa paraguaya se produce cuando empieza a constituirse el núcleo de un corpus narrativo contemporáneo en el género. Para entonces ya estaban publicados EL GUAJHÚ y EL POZO, de Gabriel Casaccia, EL TRUENO ENTRE LAS HOJAS y EL BALDÍO, de Augusto Roa bastos, los otros autores capitales que le anteceden. En estos dos narradores se definen ya las dos principales líneas de la novelística y cuentística del Paraguay: el realismo crítico –a veces con matices psicologistas-, en Gabriel Casaccia, y un cierto realismo mágico -empleo la expresión con reservas— en Roa Bastos -autor que, por lo demás, tiene también en su obra una notoria dimensión crítica. Ambas vertientes se encuentran también en los textos de Josefina Plá, que, por cierto, no constituyen hechos reiterativos con respecto a esas experiencias, sino configuraciones que enfocan otros aspectos de la realidad, entrevista desde una particular situación, esto es, desde un punto de vista y un sistema expresivo diferentes.
UNIVERSOS SEMÁNTICOS
Considero importante para la comprensión y valoración de los cuentos de Josefina Plá determinar, en la medida de lo posible, la situación particular a partir de la cual se configuran sus textos, esferas donde plasmará su propio universo de significaciones.
Cuando Josefina Plá llega al Paraguay trae consigo una sólida cultura literaria y una experiencia vital definida por su entorno primario, la de su patria de origen, España. En el país de su marido se encuentra con una situación diferente en muchos aspectos, y aquí, en este medio, es de donde arranca su tarea de creación literaria y artística. Me parece pertinente señalar que esta labor viene a darse en el punto de encuentro de dos sistemas: la cultura hispánica peninsular y la cultura hispano-mestiza paraguaya, sin entrar por ahora a distinguir matices en el proceso (téngase en cuenta que esa ingente labor arranca de sus primeras colaboraciones en la revista Juventud, en 1926, y llega hasta el fin, prácticamente, de la década del 80).
Puede presumirse, por tanto, que en esta encrucijada cultural se produce una situación semiótica nueva y que los productos literarios correspondientes han de llevar su marca.. De hecho, mi hipótesis es que su creación literaria refleja -sobre todo en algún texto como "LA MANO EN LA TIERRA", que presenta el conflicto de culturas entre el padre español y el entorno indígena y mestizo, que sólo se resuelve simbólicamente al tocar la mano del conquistador, en el momento de expirar, la tierra en que han nacido sus hijos- lo que podríamos llamar una situación de contacto.
La perspectiva de su creación es, por tanto, diferente de la de un escritor que escribe desde un arraigo originario, y distinta asimismo de la de los autores cuya perspectiva es la del exilio. Como quiera que sea, el producto de esta situación de encrucijada, de particular constitución semiótica, es una espléndida obra, de alto valor estético y testimonial.
El "realismo crítico" de Josefina Plá no es, pues, de raíz ideológica sino de carácter estructural; dicho de oca manera, se origina en la perspectiva, en la distancia que separa a la autora del universo semántico del entorno, del que a losar de todo forma parte y al cual viene a sumar, a integrar su propio universo a través de su obra. En gran parte de la obra de Josefina Plá -incluidas sus creaciones plásticas- se advierte esa voluntad de asumir la realidad, sin perder, no obstante, nada de la dimensión crítica propia de su condición.
Otro es el caso de un cierto número de cuentos "oníricos", como los llama la autora. El tema, aquí, aparece menos comprometido con los temas objetivos; por el contrarío, es el autor-sujeto el que impone su figura en el espacio textual. Y en este espacio se despliegan las posibilidades significativas de sus visiones oníricas. La coincidencia con cierta prosa surrealista no es accidental: por esos años se está expandiendo, todavía, el surrealismo y algunos de sus mejores frutos son de esa época.
LA PROSA ARTÍSTICA DE JOSEFINA PLÁ
Dada la constelación de escritores que en la década del 50 producen las obras fundamentales de la narrativa paraguaya contemporánea, cabe preguntarse si qué lugar ocupa en ella la obra de Josefina Plá.
No hay que olvidar que la vocación primera de esta autora es la poesía, género al que ha hecho un aporte fundacional dentro de las letras paraguayas postvanguardistas. A veces, los poetas se abstienen de escribir prosa porque no consiguen asumir de manera competente el núcleo estructural generador de textos en el género. No es el caso de Josefina Plá, poseedora de una prosa notable por su eficacia comunicativa, su agudeza y su calidad estética.
El tratamiento de sus diversos textos narrativos es, naturalmente, variable de acuerdo con su ámbito temático y su temple expresivo, pero en todos ellos se advierte siempre la rigurosa coherencia de su composición. Los niveles de lenguaje (el del narrador, el de los personajes, generalmente de pueblo) se dan en un contrapunto discreto, que configura con naturalidad los universos lingüísticos (fonético, sintáctico, semántica) de los cuentos, en su mayoría de ambiente popular paraguayo y a menudo de contenido crítico-social.
De este modo, la estructura externa de los textos sustenta con plena eficiencia su estructura semántica, rasgo de competencia que caracteriza toda creación auténtica en el orden expresivo.
LOS LIBROS DE CUENTOS
Tal como ya se ha indicado, los volúmenes de cuentos de Josefina Plá aparecen con cierto retraso respecto a los de los otros autores principales de la narrativa contemporánea del Paraguay. Sin embargo, si se observan las fechas de redacción dadas por la autora, se nota el paralelismo temporal en relación con los cuentos de Casaccia y Roa Bastos.
Cuatro títulos da a la estampa Josefina Plá a partir de 1963, en un lapso de veintiséis años: LA MANO EN LA TIERRA el primero, EL ESPEJO Y EL CANASTO diecinueve años después, en 1981, LA PIERNA DE SEVERINA en 1983 y, por último, LA MURALLA ROBADA, que se publica en 1989.
En algunos de estos títulos reaparecen cuentos ya incluidos en otros anteriores, como "La niñera mágica" y "La mano en la tierra". Algunos textos dieron escritos tempranamente (1927) y, reelaborados mucho después. Afortunadamente, la autora generalmente da al pie las fechas de redacción, que pueden no ser siempre exactas, dado el hecho de ser textos recuperados algún tiempo después de su redacción primera.
NUESTRA EDICIÓN
La presente compilación sigue el texto de los volúmenes antes citados. De EL ESPEJO Y EL CANASTO se ha suprimido "La niñera mágica" ya incluido en  LA MANO EN LA TIERRA; de LA PIERNA DE SEVERINA se ha excluido "La mano en la tierra" por el mismo motivo.
la última sección, se incluyen dos textos inéditos en volumen, procedentes de la revista JUVENTUD (1926) y uno de la revista ALCOR (1960).
No se ha podido incluir en la presente compilación un cuento, "Toro pichado", mencionado en las “Palabras de la autora” que preceden a los textos de EL ESPEJO Y EL CANASTO, por hallarse traspapelado en los archivos de la propia escritora.
Tampoco se incluyen los cuentos para niños de MARAVILLAS DE UNAS VILLAS, que serán editados en volumen aparte.
© de la introducción, compilación y bibliografía:
MIGUEL ÁNGEL FERNÁNDEZ.
Universidad Nacional de Asunción


ÍNDICE. INTRODUCCIÓN
LA MANO EN LA TIERRA : LA MANO EN LA TIERRA // LA NIÑERA MÁGICA // A CAACUPÉ // MALA IDEA
EL ESPEJO Y EL CANASTO: PALABRAS DE LA AUTORA //  EL ESPEJO // MANÍ TOSTADO // MAÍNA //  PLATA YVYVY // CUÍDATE DEL AGUA // LA  JORNADA DE PACHI PACHI // SESENTA LISTAS // LA CORONA DE LA VIRGEN // LA MISA DEL OGRO // EL CANASTO
LA PIERNA DE SEVERINA: ACOTACIONES TEMPORALES // LA PIERNA DE SEVERINA // LA VITROLA //  SIESTA // SISE // ÑA REMIGIA // ADIÓS DOÑA SUSANA // GUSTAVO
ANÉCDOTAS DEL FLOKLORE NACIENTE:  CIEGOS A CAACUPÉ // CANTA EL GALLO // CURUZÚ LA NOVIA // LAS AVISPAS // HAY QU’ARRELARSE // EL MIRLO BLANCO // ÑANDURIÉ // LA BAHÍA // AL SALIR EL SOL // ETERNIDAD
LA MURALLA ROSADA: LIMINAR
CUENTOS FOLKLÓRICOS Y FANTÁSTICOS: LA MURALLA ROBADA // EL LADRILLO // EL CALENDARIO MARAVILLOSO // ABORTO // EL PEQUEÑO MONSTRUO // PROMETEO // EL GIGANTE
CUENTOS DE LA TIERRA: MANDIYÚ // JESÚS MENHINO // MASCARITAS // TORTILLAS DE HARINA // VACÁ RETÁ // EL CANASTO DE SERAPIO
ANÉCDOTAS: PAPAGALLO // JAMÓN COCIDO // EL GRITO DE LA SANGRE
FOLKLÓRICOS:  EL TATÁ VEVÉ  // EL CABALLO MARINO
VARIOS: EL NOMBRE DE MARÍA // EL PERRO
TEXTOS NO INCLUIDOS EN VOLUMEN: EL ARBOLITO // LA SOMBRA DEL MAESTRO //  EL ROSTRO Y EL PERRO
BIBLIOGRAFÍA


CUENTOS DE JOSEFINA PLÁ

LA MANO EN LA TIERNA
a CARLOS ZUBIZARRETA
La casa de adobes se levanta cerca del río. Fue de las primeras en ofrecerse tal lujo y en ella hubo de trabajar no poco Don Blas, que en aquellas tierras nuevas tuvo como todos que sacar fuerzas de flaqueza, y hacer muchas cosas que hacer no pensaba con sus manos hidalgas. Las gruesas paredes, el techo de paja, mantienen un grato frescor aún en lo más tórridos días. Ursula, la vieja mujer india, ha regado el piso de tierra, ha esparcido por el suelo ramitas de paraíso. Afuera, el sol abrillanta las hojas cimeras de cocoteros y bananeros. Cuando Blas vuelve la cabeza sobre la almohada, puede aún distinguir, entre los desgarrones del seto, un trozo de algo onduloso y amarillo que resbala a lo lejos: es el río, que viene crecido. De cuando en cuando, la isla náufraga de un camalote pasa boyando. Con él navega el misterio de tierra adentro, atado a veces con el nudo escamoso de una víbora.
¡Cuántas veces en aquellos cuarenta años ha pensado Blas de Lemos seguir el camino que señalan unánimes los camalotes!... Pero nunca se decidió a despegar los pies de esta tierra roja y cálida que enceguece con resplandores y seduce con mansedumbres. Tierra tan distinta de las secas y austeras donde él nació -¿cuánto hace?... ¿Setenta, setenta y cinco años?... Ha perdido un poco la cuenta, porque acá son otras las estrellas y rige otro calendario de cosechas y desengaños. Aquella tierra, la suya, era tierra adusta, avara de sonrisas, pero fecunda y cumplidora. Esta es pródiga y blanda al parecer, pero pura indisciplina... Derribado en la cama, le resbalan a Blas ojos adentro las montañas sequizas y descoloridas, los páramos grises, y también los trigales interminables o los viñedos negreando su carga borracha de azúcar. El recuerdo del mar le abre enseguida en el pecho una ancha grieta azulverde y salada. Nunca más lo volverá a ver: de ello está ahora seguro. Nunca más. Hace más de cuarenta años que pisó estas riberas, hace dos que está allí clavado en la yacija, paralela al río, y con cada camalote que pasa boyando manda una saudade al mar lejano. Al mar de su sed, que no sabe ya si es el mar azulsueño mediterráneo o el mar verdefuria, loco de soledad, que sorteó en su remoto viaje de venida. Qué lejos está todo eso. Qué engreimiento el suyo, y cómo Dios usa a los hombres cuando ellos creen estar usando su albedrío...
Desde ayer se siente peor. Por eso hizo avisar con Ursula al franciscano Fray Pérez.
A los pies de la cama, Ursula acuclillada masca su tabaco. Sus movimientos son mínimos y precisos. Hace menos ruido que la brisa en el pasto, afuera. El typoi abierto a los costados deja ver por momento los pechos de cobre, voluminosos y alargados como ciertos frutos nativos. ¿Cuántos años tiene Ursula?... ¿Cincuenta?... Quizá menos. Doce tenía apenas cuando, mitad rijoso, mitad risueño, la recibió de entre el rebaño núbil ofrecido por un empenachado cacique como prenda de alianza y de unión. Está vieja Ursula, con una vejez que no se cuenta por sus propios años sino por los de él, Don Blas, pero su pelo es ala de îribú. En cambio él, Blas, tiene las sienes ralas, y sobre la cabeza pequeña y hazañosa los cabellos aplastan su lana blanquecina. Hace muchos años, muchos, los acariciaba Doña Isabel, la joven esposa, casi una niña:
-Son oro puro, mi señor.
(También Ursula le llama che caraí).
Se mueve por la pieza, tácita y lenta, cabello de îribú. En su rostro de madera agrietada, aceitada, Blas identifica con sutil tristeza las heces del dilatado exprimirse viril sobre el cauce impertérrito de aquella sangre oscura. Su otra mujer india, María, era más joven. Murió al dar a luz a Cecilia, su única hija, la hija de su vejez. Ursula en cambio le había dado seis varones. Seis mancebos pujantes. ¿Mancebos? Hombres ya, alguno encaneciendo, desparramados por villas y fuertes de frontera, hasta el último, Diego, el más tierno. El, Blas, no había podido entenderse nunca del todo con ellos. Siempre se habían entendido mejor con la madre. Aun sin hablarle, con sólo dejarse servir por ella. Con ella conversaban a las veces en su lengua, de la cual él, Blas de Lemos, no pudo nunca ahondar del todo los secretos. Apenas erguidos sobre sus piernas, recién llegados a la vida en la tierra aquella, ellos sabían de ella infinitas cosas que para él, Blas de Lemos, serían siempre un arcano. Siempre sintió junto a ellos, aún al tenerlos en sus rodillas, que era el de esos seres por cuyas venas su sangre navegaba irremediable, un mundo aparte en el cual él, Blas de Lemos, era el llamado a aportar la simiente, desgastándose y empequeñeciéndose en la diaria ofrenda, mientras la mujer la recogía silenciosa creciendo con ella, para amamantar luego con sus senos oscuros y largos a hijos que seguían siendo un poco color de la tierra, siempre un poco extraños, siempre con un silencio reticente en el labio túmido y un fulgor de conocimiento exclusivo en los ojos oscuros; que cuando decían "oré"... trazaban en torno de ellos mismos un círculo en el cual nadie, ni aún él, el padre, el genitor, tenía cabida; un ámbito hecho de selva y de misteriosos llamados girando en la luz taciturna de un planeta de cobre, un mundo con el cual él nunca había acabado de sentirse en lucha. Recordó a Diego, su ultimogénito varón. El único que había sacado los ojos azules. Blas lo amaba entre todos por eso, sin decírselo; aquel color parecía aclarar un poco el camino entre sus almas... Diego, lejos como todos...
-¿Avisaste al Padre Pérez, Ursula?...
-Avisé, che caraí.
Una voz, cerca, oxea un bicho. La voz cantarina de Cecilia. Cecilia con su tez clara, sus trenzas negras, sus ojos que si no fueran un poco altos parecerían andaluces. Blas piensa ella con ternura. Está prometida. La desposará el joven Velazco, el hijo más joven de Pedro Velazco, su viejo amigo hace poco difunto. Hela ahí en la puerta, como empujada por la luz pródiga: Cecilia con sus typois limpios, su flor en la trenza, sus diligentes pies descalzos.
-¿Cómo os sentís, señor padre?...
El castellano en sus labios tiene un acento deslizado y suave, algo así como de otra provincia desconocida de Castilla. La muchacha se acuclilla a la cabecera del padre, y sigue su trabajo en el bastidor, donde poco a poco aparece un diseño semejante a una rueda de delicados rayos. La aguja viene y va. De cuando en cuando una mano pequeña y morena se posa en la frente de Blas. Las sombras se van recogiendo hacia el pie del seto. El amarillo del río se disuelve en el diluvio solar. De pronto una sombra alta obstruye el vano de la puerta. Cecilia se levanta presurosa a su encuentro, besa la mano del enjuto y hosco fraile. Luego se retira hacia los fondos de la casa, junto con Ursula. Solo Dios puede ser tercero en esta entrevista entre Blas de Lemos y el confesor.
HACE rato se fue el franciscano, dejando tras sí la promesa de volver con los Oleos, y un penoso surco de luz en la conciencia de Blas de Lemos. Al interrogatorio escueto del Padre Pérez, sombras hace tiempo aquietadas se han puesto de pie en su memoria, se mueven sonámbulas a una luz sesgada, dura. Esa luz nueva pule, con claroscuro de antiguo relieve, la imagen de Doña Isabel, la joven esposa, casi una niña, abandonada en la casona castellana. Prometióse muchas veces hacerla venir; nunca lo cumplió. Estaba encinta cuando la dejó. Muy después supo que había dado a luz un varón; que lo había llamado Blas, como el esposo olvidadizo. El joven Blas -pero no; no sería ya un joven: un hombre ya con la barba rubia quizá y los ojos azules- murió en aquella batalla... ¿Cómo se llamaba?... ah, sí, Lepanto, donde dice que tanta honra alcanzaron las armas españolas... Trata en vano de imaginarse al hijo que nunca vio... ¿Y ella, Isabel? Hace años que nadie le dice ya nada de ella. Quizá ha muerto ya. Quizá aún vive retirada en su casona, o en un convento, como tantas otras esposas y novias abandonadas. Quiere imaginarse a Isabel como ha de estar, si vive: vieja, achacosa: no puede. La ve obstinadamente niña, rubia y grácil como una espiga. Cuarenta y cinco años... Quién pensara que el tiempo podía pasar tan de prisa. Quién pensara que aquellas cosas pudieran quedar así tan lejos en las distancias del alma. Al fin y al cabo no había sido un sueño triste; pero le gustaría poder despertar...
-¿Habéisme dispuesto el coleto de piel hoy, Doña Isabel?... He de ir de caza.
-Dispuse, mi señor. Y el tahalí nuevo, ensebado ha sido por Gonzalvico.
Qué lejos todo eso. Y qué de prisa pasó para él tan largo camino; combatiendo de día, vigilando de noche, arcabuz al brazo, cuando no sembrando semilla blanca en aquella corriente oscura que la recibe impasible, aclarándose apenas, pero no en la mirada.
Acá no va a venir mucha gente por ahora. Tierra pobre, Blas.
-Sí, Pedro. Vamos a estar muy solos.
Tendremos que hacer nosotros la gente. A fuera de ijada... (Risas).
Años primeros agitados, llenos de peripecias. Años ricos de peligro y pobres de provecho. Hubo de acompañar a Ayolas al Chaco. En su lugar fue su amigo de infancia, Jeónimo Ortiz, el del perpetuo buen humor, el de la guitarra siempre presta. No volvió. El, Blas, pudo haber sido encomendero: prefirió ser de los de arma al brazo. Arriba con Irala, abajo con Cabeza de Vaca, de picada en picada y de fundación en fundación. Y cuando quedó inútil del brazo izquierdo, pasó a manejar la pluma. Había escrito mucho. Memoriales y mensajes, pliegos que iban y venían por caminos duendes, hoy abiertos, mañana comidos por la selva; o que dormían meses un sueño de viento y sal en la cámara de algún bergantín perdido entre cielo y mar rumbo a la patria... Y había escrito también sus memorias. Escribió lo que hizo, y también un poco lo que no pudo hacer en aquellas tierras mansas y tenaces. Bajo la almohada guardaba el mazo de papeles. Parte de la conversación con Fray Pérez, sobre ellos había sido.
-Aún no decidí, Padre, qué hacer con ellos. Será cuando vengáis a darme la Santa Unción. Si mi mano derecha señala la almohada... tomadlos, Padre, tomadlos y quemadlos, porque será que así lo he resuelto para mejor descanso de mi alma...
-Se hará como decís, hijo mío.
Allí bajo su almohada están y aún no sabe qué hará con ellos. "Centón de aventuras y crisol de desengaños de un hidalgo en tierras de Indias" los intituló un poco presuntuosamente. Hace rato no los relee, pero puede recordar párrafos enteros.
-... Son tierras de un rico verdor; tan verde, que creerías guardaron para sí todo el verdor que les falta a tus tierras castellanas. Y hay flores y bestias extrañas, tal cual las debió ver nuestro padre Adán al despertar crecido y sin remordimiento en aquella mañana primera. Pero los crepúsculos rápidos y excesivamente coloreados no conocen el ritmo lento y señorial de los cielos nuestros y sus árboles enloquecidos como si se hubiesen hecho yelmo de un pedazo de aurora, sólo son eso: flor: no portan fruto que te alimente y satisfaga...
-... Y las abrazas, y no se te niegan nunca, ni conocen remilgo de dama consentida; pero de sus brazos sales como hidrópico que ha bebido vaso tras vaso sin conseguir calmar su sed. Y tu oído se secará sin las palabras soñadas, y tu lengua querrá en vano entregar su dulzura, pues no habrá vaso para ella...
(Isabel, Isabel!!...)
-... Y llevan en sus brazos a tus hijos hasta quebrarse la espalda, y los amamantan hasta derrumbar toda gallardía. Y los podrías matar y nada dirían, pero tú sientes que esos hijos que podrías inmolar como Abraham al suyo, no son tuyos, porque al mirarlos hay en sus ojos un pesadizo secreto por el cual se te escabullen, y van al encuentro de sus madres en rincones sólo de ellos conocidos, y nunca puedes alcanzarlos allí...
Y les mandas y te obedecen, los ojos bajos; en vano querrás hallarlos en rebeldía; pero sus labios se aprietan sobre razones que nunca podrás hacer tuyas y sus pies hilan caminos que tú nunca podrás levantar. Y su obediencia te deja defraudado de amor, y su silencio está poblado de cantos extraños...
-... Y tú les enseñaste a tocar tu guitarra clara, tan distinta de sus raros instrumentos de ahogado gemir, y ellos aprendieron pronto; pero cuando empezaron a tocar solos, su música no era ya la que tú conocías, y era como cuando en los sueños alguien ha cambiado tu rostro y tu espejo no te reconoce...
-Y escuchan atentamente a los hombres de Dios que traen Su Palabra, y reciben contentadamente el bautismo; pero adivinas que cuando le hayan acogido para siempre, ya no será el mismo, porque ellos habrán descubierto que El puede tener también su rostro, y se lo cambiarán...
Herejías también. ¿Qué puede escribir un hombre blanco perdido dos veces en la entraña oscura de esta tierra para no perderse a sí mismo?... Herejías. Un hombre tiene hijos para recuperarse en ellos; Blas de Lemos no ha conseguido reencontrarse en la muchedumbre de sus hijos. Sólo los ojos de Diego se le encienden a trechos en la memoria como lámparas que quisieran alumbrarle algo. Bajo la almohada, el mazo de papeles cruje levemente cuando Blas de Lemos mueve, cada vez con más pena, la cabeza...
El sol ha doblado el techo de la casa, golpea la pared contra la cual se apoya el catre. Una umbría cálida sube del lado del río. A intervalos se oye ahora un grito marinero. Blas pregunta -o cree preguntar:
-¿Qué voces son esas?... ¿Llegan naves de España?...
-Son navíos, señor padre, que se arman para ir a poblar Buenos Aires. Los manda el propio Don Juan de Garay.
Buenos Aires. El estuvo allí. Probó hambre y espanto. No le inquieta ya ahora. Sus ojos cansados se abren para apenas distinguir en la penumbra del atardecer los rostros que se inclinan hacia él, cargados de sueños que empiezan a serle también tan lejanos como aquellos recuerdos: Ursula, Cecilia, el joven Velazco. El prometido de Cecilia. Es un mancebo de buen ver, cutis aclarado, pelo terso de reflejos leonados, los ojos negros y densos tras los pómulos anchos. No tiene barba a pesar de sus veinticinco años. Estos mancebos de la tierra tienden a lampiño... Los jóvenes están arrodillados a la cabecera, y Blas los bendice. En su alma donde la soledad crece, se filtra como leve vedija de humo un raro temor: ¿hacia dónde va esta descendencia cuya unión ha bendecido hace un instante, con su misterio y su secreta sabiduría siempre vedada por él?... El mazo de papeles cruje una vez más bajo la almohada...
...¿El río amarillo se ha tornado de sangre?... Blas flota en un mundo por mitad de sombra y de relámpagos. Alguien solemne y lento se inclina sobre él. Es el franciscano Fray Pérez acompañado de un acólito. Trae los Santos Oleos. Ha llegado la hora para Blas de Lemos, que si ha vivido como pecador morirá como cristiano. La ceremonia se desarrolla entre murmurios de latines y algún sollozo ahogado: Cecilia. Por fin termina. Ursula reacomoda las ropas de la cama sobre el cuerpo, ya consagrado para la tierra, de Blas de Lemos, y se aparta nuevamente a su sitio a los pies de la yacija. Blas regresa despacio hacia su luz náufraga. A intervalos se le ilumina todo con una claridad de cobre: a intervalos todo es una tiniebla en la cual alguien invisible le lleva suavemente en andas por caminos desconocidos hacia algo desconocido también, pero que para él se llama paz. Voces sordas zumban de cuando en cuando en esa sombra apacible. El empañado cristal se despeja una vez más. Alguien está arrodillado a su cabecera.
Vuestra bendición, señor padre.
Es Diego, su hijo menor. Todos sus hijos estaban lejos, pero Diego ha venido.
Ursula a los pies de la cama se frota maquinalmente las manos en la pollera, y balbucea su sorpresa. Estaba muy lejos Diego... ahora, hele aquí...
-Me voy a Buenos Aires con Juan de Garay. Vuestra bendición, señor padre.
La mano de Blas se alza a duras penas, como un pájaro viejo; se posa incierta sobre la frente del joven Diego. Lo mira; ve los ojos azules, que parecen un poco extraviados en el color terrígena del rostro. Y como en las aguas de los arroyos de su niñez, Blas de Lemos ve en ellos hasta el fondo. En aquel rostro moreno, un poco tosco pero noble, en aquellos los azules, Blas de Lemos recupera por un instante, en un relámpago, toda su juventud desaparecida. Allí en esos ojos está la sangre soñadora y loca. La sangre destinada a verterse sin sosiego y sin tregua por los cuatro puntos cardinales.
-Dios te bendiga y lleve de su mano. Que tu sangre prospere y tu progenie sea numerosa...
Tal vez quiso decir también: dichosa. Pero no sabe por qué no pudo decirlo.
Sin embargo, se siente feliz, con una felicidad casi dolorosa, que es casi como revivir. Aquellos ojos azules parecen multiplicarse hasta el infinito, pueblan con su destello esperanza un ámbito sin lindes.
La mano de Blas de Lemos, infinitamente fatigada, sube hacia la cabecera.
Se creería quiere alcanzar la sien. Pero el franciscano, inmóvil en su rincón, ha comprendido. Se acerca a la yacija, mete la mano bajo la almohada. El mazo de papeles pasa a su manga. Una mirada aún al lecho donde juega la luz rojiza del velón; a Ursula con los brazos caídos a lo largo del cuerpo, inmóvil a Cecilia que se enjuga los ojos con un extremo de su manto blanco. Sale, Blas nada ha visto ni sentido. Ha regresado a su mundo de alternadas luces y sombras, cada vez más de éstas, menos de aquéllas.
AL AMANECER, algo como una nube o un ala enorme en cortina por unos instantes el cielo aún indeciso frente a la puerta. Ursula y Cecilia han corrido a la ribera. Si Blas estuviese despierto sabría que son los navíos que zarpan llevando a los colonos de Santa María del Buen Ayre. Pero Blas de Lemos yace definitivamente inmóvil. Su mano derecha tendida hacia el suelo, crispada, parece querer prender la tierra.
1952

EL TATA VEVE
A Marciano,
por quien supe de este jirón de folklore
...Hace ya mucho año, yo toavía era jovencito, casi mitaí, trece para doce. Tábamo todo ajuera del corredor de la etancia de siesta; yo taba sirviendo el mate a la gente y todo el mundo taba tomando su descanso y alguno contando shiste porque ese día había venido un gringo que quería comprar una vaquillona y hablaba tan mal el catellano, y nojotro por la otra punta tampoco lo hablábamo bien y así era una conversación muy chistosa y no turbábamo todo mientra uno hablaba como el gringo lo otro cuéra no reíamo y toavía no habíamo terminado parece de reir y taba yo cebando el mate que le acababa de cambiar su yerba y de repente se oye un ruido como un avión que vuela bajo y se acerca, esto yo lo digo ahora porque ya sé cómo e que suena el avión, pero entonce toavía no habíamo tenido ninguno por allí y por eso que todo no asutamo grande. Y el ruido se iba cercando y parecía que la tarde que ya iba bajando se hacía claro otrave, y no levantamo todo y miramo por cima la casa y vimo una cosa larga, grande, todo encendido parecía un pájaro de juego que volaba en el suelo de miedo y yo me oriné en lo pantalone no me importa lueo decirlo ahora porque yo era un mitaí pero algún peón con bigote grande le pasó igual así que para qué voy tener vergüenza de contar. Y todo creímo que se venía para nojotro y todo no echamo al suelo cuerpo a tierra y metimo la cabeza donde podíamo pensábamo que iba a caer por nojotro y que ninguno no iba quedar. Pero la cosa aquella bajando bajando se entró por el lago y allí no má se hundió... Má de do cuadra de la casa cayó y hata nuetra epalda llegó la salpicadura. Caliente caliente te digo. Alguno le hizo ampolla.
No me va creer repito, pero demasiado hubo látima que ya todo se murió, pero cada uno contó a la gente, su pariente o sino su conocido y así toy seguro que mucho todavía por allá se recuerda.
¿Y qué lo que iba pasar? Allí por el sitio donde aquella cosa se había hundido enseguida el agua comenzó hervir. Yjervía yjervía y no paraba. Se tuvo jirviendo toda la noche. Ninguno de nojotro no podía dormir. No llamo la cabeza por nuetro poncho y mirábamo ver si algún momento se apaga pero qué eperanza seguía siempre jirviendo y con ese ruido que hace cuando amaneció nadie se jue a su trabajo ni el capatá quiso que no juéramo porque todo taban con miedo si pasaba alguna cosa y había que salir corriendo...
Y siguió jirviendo ese día, y el otro... y parecía que no iba querer parar.
Y nojotro sin hacer nada ni siquiera tomábamo mate porque se no jué toda la gana hata de comer. ¿Dormir? ¿Quién lo que iba dormir con aquel lago que parecía puchero que jierve? Pero alguien tenía que animarse hacer algo, ¿no? Un peón medio viejo corajudo se animó para cercarse un poco al lago se santiaguaba cada paso pero cuando golvió dijo que enla orillatodo etaballena de pecados. Seguro sehabía cocinado con aquel agua tan caliente. Entonce otro medio chusco, dijo por qué no comemo un poco de ese pecado cocinado sin trabajo. alguno no se río mucho porque no sirve reir demasiado por si acaso. Otro dijeron que por nada del mundo iban comer ese pecado que a lo mejor tenía payé porque aquella cosa de juego no era de este mundo. Otro dijo que yo me animo comer cosa de ete mundo y del otro mundo tai'en porque tengo hambre.
La verdá ya te digo nadie había cocinado en do día. Entonce el mimo peón viejo corajudo dijo:
-Yo voy maricar por mi cuenta y si peco voy pecar para mí solito, si uteden pyá mirí quiere comer pecado va tener que ir rebuscarse.
Y se fue y nadie se animó ir con él. Pero él recogió cualquier cantidá pecado y trajo y le puso sal y un poco aceite y empezó a comer y dijo:
-Etá muy rico.
Lo otro le miraba y quería tai'en comer, pero ninguno quería ser el primero para ir. Hata que uno se animó y luego otro tai'en y yo me juí con ello bucar y trajimo y comimo y lo otro todo ya siguió el ejemplo y por do o tre día má tuvimo comiendo aquel pecado cocinado de balde. Pero lueo ya era un poco difícil para ditinguir el pecado freco del otro que ya taba yné y ya no comimo má y ademá apareció cantidá de pájaro grande que venía comer el pecado aunque ello tai'en andaban con miedo del ruido que hacía la cosa aquella jirviendo.
De noche uno o do de nojotro se subía a un cerrito que taba como a tre cuadra de la casa para mirar y era una cosa que daba miedo ver aquella mancha roja como un carbón encendido por debajo del agua y el agua jirviendo todo alrededor
Al cabo ya no podíamo má y el capatá me ordenó para montar a caballo para ir hata el pueblo do legua de allí llamar al cura que no voy decir quién era porque má tarde dice fue un monseñor y yo repeto mucho y me encargó para decir lo que taba pasando.
En el pueblo seguro mucho había vito aquella cosa encendida que venía cayendo del cielo pero como se desapareció atrá del monte nadie se había preocupado má por saber. Y yo llegué al pueblo y le dije al cura y no me quería creer. Pero lueo ya me creyó; o si no, quería saber qué gran mentiroso que yo era y puso su cosa en un valijín y me dio para llevar su hisopo y montó a caballo taren y se vino conmigo a la etancia. De lejo ya oía el ruido y cuando etuvo cerca miró vio jervir el agua y dijo: -Qué maravillas hace Dios. Y se puso su cosa que había traído en un valijín y me dijo: -Vo me va acompañar para manejar el hisopo. Y yo me sentí como si me había tragado una mandioca cruda-. -¿Yo paí? le pregunté. -Si, vo. Y me motró la cru que tenía en la mano y me dijo: -Si va en compañía de Dios ¿por qué va tener miedo?
Así me fui con el paí depacio y con su cru en alto y mirando muy adelante hata llegar a la orilla. Había mucho pecado muerto y mal olor y cuando no acercamo salió volando cantidá de pájaro feo. Ahí taba el lago jirviendo que daba miedo y aquella cosa que parecía una hoguera encendida debajo del agua y a mi la rodilla me sonaba como el cencerro de la madrina.
Y el paí levantó la cru y dijo una palabra... ¿Qué palabra? Yo no sé. Era como la de la misa, e decir que no se entiende pero que tiene su virtú. Y me cree si quiere y si no no me cree: pero ese mismo momento el agua comenzó a jervir menos y menos y hata que no quedó má que una burbujita aquí y allá por encima y un poquito má ni siquiera la burbujita. Y la luna se asentó tranquila en el agua que ante no podía. ¿Vo vite alguna vez la luna dentro de una olla que jierve?
... No. A nadie se le ocurrió veriguar si el agua taba muy caliente o no. Aunque para cocer un pecado se necesita agua bien caliente, ¿no? Má que una semana anduvimo toavia con miedo si no se pondría el agua a jervir otra vez. Y no. La bendición del paí había sido que era santo remedio.
1982


EL ROSTRO Y EL PERRO
Estaba cansada de caminar, estaba cansada de todo; pero sobre todo estaba cansada de mi rostro. El rostro que llevaba hacía ya tanto tiempo, no podría decir desde cuándo, sin yo pedirlo: ahora adherido perversamente a mi ser y a mi nombre como la uña a la carne. Y cuán arbitrariamente. Porque yo no lo reconocía, no me reconocía en él, en ese rostro triste y antiguo, que a veces se me antojaba mucho más antiguo que yo; no me reconocía más en él, precisamente ahora cuando todos estaban conformes en que no podía ser de otra. Yo llevaba o, mejor, sobrellevaba ese rostro con pesar, con miedo, con inquietud, y también con un poco de vergüenza. Sí: yo sentía vergüenza de él, porque él no tenía la culpa de mi hastío y de mi ingratitud, y yo no tenía ninguna otra cosa a la cual culpar.
Estaba cansada de caminar, aunque me habría sido difícil decir de dónde venía y adónde iba. La noche era tranquila, infinitamente tranquila, porque una ciudad abandonada es más silenciosa que un desierto. Tal vez la noche había sido de eclipse: por eso tenía el cielo esa luz ahumada todavía. A esa luz, las cosas tenían extraña vida. Vi una fachada que enseguida adiviné destinada a pantalla de cine: tan blanca, tan tensa en espera de una materialización. Y tras una reja negra y tosca, que podría haber sido una cárcel y también un bosque de negros bambúes, un alto, espumoso surtidor. Lo atravesaba un rayo de luna, el único rayo de luna disponible esa noche, que de pronto supe hecho expresamente para él. Me quedé a mirarlo. Era como el árbol de todos los rocíos. No. Era como el espectro de un ciprés que buscara compensarse de su inmovilidad y de su negrura. La fantasmal silueta ondulaba frotándose contra el rayo de luna como una ninfomaníaca. De pronto el surtidor se desplomó, vertical como el vestido de un duende: desapareció. El rayo de luna quedó desnudo: se estiró como una rampa desde el canto roto de una nube hasta el suelo.
Seguí caminando, y cada vez mi tristeza era mayor, y mayor la soledad. Me parecía que en la sombra podía ocultar mejor a mi rostro, mi despego y mí hastío. El me disfrazaba, y era la causa amarga de que se me desconociera; en la sombra, yo podía desconocerlo, y eso me producía cierto maligno regocijo. Un regocijo sin embargo que no podía durar: era como el del preso al cual la puerta de su prisión le oculta de sus carceleros, pero que sabe que sólo permanecerá oculto a ellos mientras ellos quieran.
Me senté en el umbral de aquella casa cerrada y vacía. Y a poco pasó él.
Tenía un vago parte hebraico. Luego comprendí que no podía ser sino eso: un judío. Larga hopalanda, bonete, barba cenicienta, nariz en seis. Al pasar junto a mí sin mirarme murmuró algo que no entendí, pero que me dejó en el corazón indefinible angustia. Desapareció. Enseguida empezaron a pasar perros: un perro, y otro perro, y otro y otro: perros oscuros, mansos, idénticos, de colgantes orejas. Pegado lamentablemente el hocico al suelo, gemían y se desvanecían en las esquinas. Comprendí que seguían a su amo, quizá el hebreo, cuya pista habían perdido.
Y cuando aquella calleja se tornó de pronto plazuela y en ella se irguió de pronto el desaparecido surtidor, frotándose contra la quietud del rayo de luna como una ninfomaníaca, pasó el otro hombre. Era alto, pálido, y su rostro ascético no tenía facciones que durasen. Cuando uno de sus rostros iba a revelarse, yo experimentaba el temor de que fuese el que yo había esperado siempre. Pero el rostro cambiaba de inmediato, como una máscara de cera expuesta al fuego: y mi inquietud se aplacaba un momento.
Deteniéndose a mi lado me dijo:
-No hay problema. Se hace fácilmente.
Yo sabía que me hablaba de mi rostro, del rostro que me hastiaba y me disfrazaba a los ojos de aquellos que más me aseguraban que era el mío.
-El tiene el secreto.
También ahora le entendí: se refería al hebreo, el hombre de los perros. El desapareció de pronto, y yo tardé en resolverme a mirar tras de mí, porque detrás de mí sólo había una puerta cerrada. Pero cuando al fin miré, vi tras el grueso vidrio de acuario al viejo. El hebreo de la hopalanda. De las paredes de la pequeña habitación colgaban extraños, arrugados, inmóviles rostros de ojos cerrados: todos tenían en común un sueño hecho de paciencia, como si por fin lo supiesen todo. Mi corazón se puso a palpitar con fuerza. El escuchó mis latidos y alzó la cabeza: me hizo un signo. Entré. El se me acercó sonriendo. Era una sonrisa a la vez amable, triste y enterada. No hablamos palabra. Yo sentía que iba a cometer una traición; iba a herir por la espalda a alguien que me amaba -de pronto comprendí que me amaba-, lo iba a vender vergonzosamente.
Cuando todo estuvo terminado, todo era espejo, y desde el fondo del espejo me miró el oso rostro. Mis ojos mismos me miraban desde aquel rostro desconocido y frío. Eran como dos inquilinos solitarios, extraviados, que se despiertan a medianoche y se asoman a las ventanas de un edificio nuevo ínfamiliar.
Yo no había dicho nada, pero el hebreo me respondió.
-Los ojos son los mismos. Porque los ojos es preciso que vean desde el principio al fin.
-¿Dónde está el otro?-pregunté con angustia-. ¿Qué hizo de él?
El viejo hebreo rió silenciosamente. En su risa había piedad.
-Siempre se hace lo mismo -dijo.
En la plaza el surtidor seguía ondulando. Pero ahora ya no me parecía frotarse contra el rayo de luna con frenesí de ninfomaníaca. Ahora se me aparecía como si en él alguien se debatiera prisionero en una red de húmedas, blanquecinas arañas.
Por todas partes cristales azogados por la noche me brindaban mí rostro nuevo. Era como si él disimuladamente pero a toda costa me buscase. Pero invencible timidez me impedía intimar con él. Yo no podía hacerle confidencias a un recién llegado. El rostro antiguo me seguía doliendo como duele el miembro ausente al mutilado. Ah, yo había estado hastiada de ese rostro, pero con cuánta tristeza lo recordaba. Este rostro nuevo no sabía nada de mi vida anterior, nada de la angustia de aquel surtidor previsible. Quién sabe si querría conformarse con ellas. Si aceptaría como suyas mi soledad y mi orgullo, mi dolor y esa preciosa inquietud irredenta cuyo secreto acaso habría yo perdido con el rostro antiguo. Me sentía humillada porque él habría de saberlo todo al fin, y yo no sabría nunca nada de él: él sería siempre misterio, y yo no podría ocultarle nada. Cómo ocultar nada al que duerme contigo, contagiado minuto a minuto de la sabiduría de tus pupilas, empapándose de tus ojos mientras duermes?
-¡Devolvédmelo!... ¡Devolvédmelo!...
Me sorprendí llorando blanda, fácilmente. Busqué mis lágrimas en el espejo, y con horror vi que a pesar de deshacerme en llanto, mi rostro permanecía impasible. El horror desconocido llenaba mi corazón, enfriándolo. En el fondo de sus cuevas los ojos agazapaban su herida de dolor y soledad; pero las facciones seguían inmóviles, ignaras.
Un perro se me acercó. Un perro oscuro, humilde. Uno de los perros del judío. Me rozó la mano. Me miró. Y entonces comprendí que debía ver una vez más al judío. Corrí, corrí, porque sabía que el tiempo apremiaba. Las calles cambiaban a mi paso de fisonomía, como el hombre alto y pálido. Todo parecía disolverse en una ceniza vieja y fría. Pero di con la casa. Allí estaba el hebreo. De las paredes habían desaparecido los arrugados, inmóviles rostros, casi vivos sin embargo en su paciencia dolorosa. El hebreo se mudaba. Conmigo había terminado su misión por mucho tiempo.
El sabía qué iba yo a buscar.
-Ese es el secreto- me dijo sencillamente. -Por eso son fidelidad y paciencia.
¿Cómo no lo había adivinado yo antes en los rostros colgados?... Era preciso me llevase mi perro.
-¿Dónde está?...
El judío se encogió de hombros.
-Ni yo mismo lo sé. Pero ellos os reconocen siempre. El te seguirá. Ya no estaba allí el hebreo, ni la casa. Sólo la plaza de ceniza, abierta al horizonte inacabablemente solitario. El rayo de luna estaba más desnudo que nunca. El canto roto de la nube tenía un brillo cómplice, como si alguien se escondiese tras la denteladura. De la penumbra de la base de la fuente un perro vino hacia mí, oscuro y humilde. Me siguió. Supe que me seguiría siempre, porque perro es otro nombre de remordimiento.
[ALCOR, N° 10, junio de 1960]


BIBLIOGRAFÍA
OBRAS NARRATIVAS DE JOSEFINA PLÁ
CUENTOS
LA MANO EN LA TIERRA. Asunción, ALCOR, 1963, 32 p.
EL ESPEJO Y EL CANASTO. Asunción, Napa 1, 5 febrero de 1981, 140 p. La pierna de Severina. Asunción, EL LECTOR, 1983, 157 p.
LA MURALLA ROBADA. Biblioteca de Estudios Paraguayos, Asunción, 1989.
MARAVILLAS DE UNAS VILLAS. (Cuentos infantiles). Asunción, Casa de la Cultura, 1988.
NOVELA
ALGUIEN MUERE EN SAN ONOFRE DE CUAREMÍ. Asunción, Zenda, 1984.

LIBROS Y ARTÍCULOS SOBRE JOSEFINA PLÁ
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BORDOLI  DOLCI, RAMÓN, La problemática del Tiempo y de la soledad en la obra de Jose fina Plá, Madrid, Edit. de la Universidad Complutense, Tesis doctoral, 1984.
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BUZÓ GÓMEZ, SINFORIANO, Índice de la poesía paraguaya, Asunción, Ed. Nizza, 1952, pp. 23439.
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jueves, 4 de noviembre de 2010

JOSEFINA PLÁ - TIEMPO Y TINIEBLA (POEMARIO) - CONVERSACIÓN PREVIA (José María Gómez Sanjurjo y Carlos Villagra Marsal, entrevistan a la autora) / Alcándara Editora, Colección Poesía, 9 - 1982.



TIEMPO Y TINIEBLA
Poemario de JOSEFINA PLÁ
Colección Poesía, 9
© Josefina Plá
Alcándara Editora
Edición al cuidado de C.V.M., J.M.G.S. y M.A.F.
Diseño gráfico: Miguel Ángel Fernández
Viñeta: Carlos Colombino
Tiraje de 750 ejemplares
Inscripción solicitada a la Agencia Española del ISBN
Hecho el depósito que establece la Ley 94
Se acabó de imprimir el 17 de noviembre de 1982
en los talleres gráficos de Editora Litocolor
Asunción, Paraguay (110 páginas)



 Retrato de la autora, a tinta
 por JOSÉ L. PARODI


CONVERSACIÓN PREVIA
Los editores, José María Gómez Sanjurjo y Carlos Villagra Marsal, entrevistan a la autora para oírle decir su personal vivencia de la poesía:

1.- Este libro ¿es una compilación o abarca un determinado período de tu labor poética?
Ambas cosas, creo. Reúne poemas que no entraron bajo anteriores títulos; alguno tan antiguo como 1960. Y a la vez cubre un período dado en el desarrollo de mi poesía; período que se inicia ya con esporádicos conatos por aquella fecha; se hace dominante en la última década superponiéndose a otras direcciones, paralelizándolas; y sigue hasta hoy.

2.- ¿Qué dimensión ocupa este poemario en tu tiempo íntimo?
En lo que se refiere al tiempo interno, o sea el que afecta al ritmo de la "conciencia del vivir" en que se apoya toda intuición poética, este libro representa para mí el ingreso en la "tercera estancia" de la vida. Aquella en la cual se supone que la maturación de esa conciencia permite -y hasta impone- perspectivas existenciales. Etapa de recuentos, de sumas y restas; y, sobre todo, de "aceptaciones". Aceptaciones a todos los niveles. Aceptación del despojo. De la soledad -como estado del alma, y no como simple vacío de presencias-. Aceptación de todo saldo deficitario. Aceptación de que es preciso aceptarlo todo porque es la única forma en la cual podemos seguir enriqueciéndonos. Hasta ahora nos hemos enriquecido con lo que nos dieron. Ahora sólo podemos hacerlo despojándonos.

3.- ¿Qué significa para ti la poesía como expresión del alma?
La Poesía -con mayúscula, para distinguirla bien de la poesía que cualquiera haya hecho, hace o pueda hacer- representa para mí una situación límite de las potencias del espíritu, libradas a sí mismas. La poesía sería eso: el hombre en angustioso parto de sí mismo; superado en alguna medida.
La poesía busca responder a la problemática más profunda del hombre. Una problemática que comparte con la filosofía. Pero con una ventaja para el poeta. La filosofía por definición y naturaleza racional "se ve obligada a la elección de un esquema entre varios: unilateraliza sus propuestas". La poesía, intuitiva, puede permitirse trazar, a vuelo de pájaro, un vértice a esos esquemas, aun los más contradictorios. Quizá pudiera "vérsela" como "una conciliación de los contrarios".
La respuesta que da la poesía es siempre fragmentaria, incompleta. Por supuesto, ello es inevitable; más aún, inherente y necesario. No sé si aclaro mi pensamiento o lo hago más oscuro al decir que para mí el Hombre es un poema que se va revelando por fragmentos: la Poesía es una creación que debe ir "recreándose" a sí misma. Y también esto vale para la otra poesía; la con minúscula, la que hace cada poeta.

4.- ¿Se puede deducir de lo anterior que la poesía "sirve"?
Exactamente. Me veo obligada a repetir una vez más esas palabras que pertenecen a un inolvidable poeta nuestro. La poesía sirve al hombre. ¿Cómo podría no servirle, un acto tan profundamente arraigado en la voluntad, que es su "voluntad de ser" en busca de sus fuentes?... En ella el individuo realiza su parte en la lenta remisión de la común "condena de ser hombre". Ella alivia el peso de esta cadena, permitiendo al poeta entrever en esa fugaz fusión de ser y existir que constituye la identidad (no olvidemos que la poesía, con la metáfora, busca, sonámbula, el regreso a la unidad originaria de las cosas) un designio humano, una dignidad que va más allá del hecho simple de existir.
La poesía "libera" al hombre "nuevo" en el hombre y con éste al oráculo; es decir, anuncia, o abre paso, a formas superiores del espíritu. La poesía sirve al poeta, liberándolo; y en él, libera a los demás. Si no libera al poeta, reitero, no podrá tampoco liberar a los otros hombres. Sólo sirve al hombre -paradoja- el arte al cual él sirve; no sirve al hombre el arte del que hace su servidor.

5.- Si la poesía es, como has dicho, respuesta a la problemática más profunda del hombre, ¿crees que la poesía paraguaya consigue darla?
Me resulta un poco difícil contestar categóricamente. Quizá pudiese responder "distinguiendo" como decían los escolásticos. No creo que la poesía paraguaya, considerada globalmente, dé todavía una respuesta a esa problemática en lo que respecta a su visualización total, muy amplia. Pero sí creo que hay poetas -y también poetisas- que responden a ella individualmente con el sello inequívoco de la angustia. No voy a citar nombres, no obstante, porque no quiero incurrir en omisiones; y tendría que incurrir necesariamente en ellas en una lista en la cual no sería posible hacer las acotaciones o aclaraciones oportunas. Simplemente repetiré que creo que esos poetas, hombres y mujeres, entre los cuales los hay ya fallecidos, los hay maduros y jóvenes, son los suficientes en número y densidad como para poder afirmar que en ellos la poesía paraguaya asume ciertamente esa problemática, con intensidad a veces terebrante.

6.- ¿Qué es la poesía como comunicación?
La poesía, enfrentamiento en soledad del hombre consigo mismo -aún la misma poesía mística, sólo dentro del hombre mismo busca a Dios- es primordialmente, por sí misma, expresión. Es un grito que ignora y olvida testigos: una confesión en la cual confesor y penitente son un mismo ser.
Al sentir lo que podemos llamar mandato expresivo, urgencia confesional, el poeta se integra totalmente en el espacio y el tiempo expresivos. Expresarse equivale a soltarse de su atadero, a vaciarse. No puede el poeta pensar en ese momento en otra cosa que en volcarse, exprimirse en una máxima tensión de recursos imantados por esa nebulosa primaria (nebulosa, más que esquema dinámico) que es (con permiso de Bergson), en poesía, la llamada "inspiración".
En ese momento el poeta no piensa en comunicar nada a nadie. La comunicación no atañe al proceso, sino a su resultado; es algo que sobreviene como consecuencia lógica de una presencia concreta: el poema. O no sobreviene. Que también puede suceder. Pero al expresarse, el poeta ha cumplido su misión: ha llenado su función esencial. Dar vida al hombre otro que fulgura en la metáfora; abrir un ventanal sobre un paisaje espiritual inédito. Un paisaje que puede ser inclusive cifra de un mundo nuevo.
Ese "hombre nuevo" no es exclusivo atributo o privilegio del poeta. Existe en muchos otros hombres; "debería" existir en todos. Pero no en todos existe la posibilidad o capacidad de "despertar por sí mismo", de liberarse por su cuenta. La poesía le da esa posibilidad: es el aldabón que llama a la puerta, despierta ecos, libera secretos que lo son para su propio portador. Comunicar es liberar. Liberar en cada uno lo que existe, desconocido. Que no es tampoco un caudal igual en todos, ni adquiere en todos el mismo volumen y velocidad... Todo esto suena seguramente a lugar común: sin embargo, creo que aún habrá que decirlo muchas veces.

7.- ¿Qué posibilidades, qué alcance real tiene de llegar "al otro "?
En general -y esto es algo archisabido- cuanto más individual el poeta, cuanto más se refiere a sí mismo en sus experiencias, cuanto "más solo" viaja, tiende a ser más abstruso, porque las formas de vida interior de que es gestor y receptáculo aparecen más diferentes, menos identificables. Es lógico también sea menor el número de los portadores latentes de esas imágenes internas cuya liberación o revelación (en un doble sentido, que incluye el símil fotográfico) aumenta alguna de las dimensiones espirituales del hombre. No será menester poner ejemplos y recordar que Baudelaire tendrá menos "comunicantes" que Cardenal; Cernuda o Salinas menos que Neruda; Eliot menos que Da-río (sin que esto signifique en absoluto comparación de valores intrínsecos; simplemente, los poetas en quienes predomina el área emocional o sensible hallan siempre más ancha vía de comunicación que los otros).
Es archisabido que la poesía que más llega y "comunica" al público masivo, al llamado "gran público", es la que reitera motivos y formas ya dados: es decir la menos creativa, o no creativa en absoluto. La razón es tan simple que resulta casi obvia: sus "mensajes", si llamamos así a las formas espirituales de que esa poesía es portadora, golpean sobre esquemas también identificados históricamente con ese espíritu masivo, que las reconoce y se complace en ellas. Sobre todo, porque no le exigen esforzarse mentalmente ni ensayar nuevos resortes sensibles o imaginativos. (Recuérdese a Barrett: "la más penosa de las tareas impuestas al hombre es la de pensar").

8.- ¿Se hace poesía para que la alcancen todos?
La poesía "al alcance de todos" es, para decirlo muy moderadamente, una utopía. Esto aparecería ya claro como resumen de lo dicho en las respuestas anteriores. Una poesía al alcance de todos supondría una homogeneidad total de receptividad en ese público masivo. Lo cual es más que imposible; inconcebible. O bien exigiría un contenido ya determinado y circunscrito en nivel en sus elementos intelectivos, que satisficiera unánimemente las exigencias de ese público masivo. Cosa igualmente inconcebible. Ello supondría ipso facto la negación de la poesía, que es continua evasión de los límites individuales.
Una poesía al alcance de todos existió ciertamente en los tiempos de los cantos rituales; existió en las épocas de los rapsodas; y aún hoy se la encuentra bajo la forma no desestimable de la poesía popular. Existen inclusive actuales y vigentes momentos humanos colectivos en los cuales una poesía al alcance de todos encarna en todos: son las formas del culto, y las de los himnos patrios.
Pero al aparecer en el horizonte el individuo, es decir, el Hombre que busca cantar solo y para sí, "el hereje poético" se establecen automáticamente los niveles distintos de búsqueda del ser; y con éstos, los problemas de la comunicación.
Tengo por fuerza que regresar al tema.
Se habla a veces todavía de creación a propósito de arte y literatura. Porque es difícil hallar otra palabra. Y sin embargo, hace rato hasta los niños saben que el hombre llamado "creador" no hace sino sacar a luz lo que ya existe. Lo que él mismo lleva adentro. Y ya es bastante. Pero eso también trae como consecuencia lógica algo también sabido; que un libro -o un poema- no pueden decir a nadie nada "que uno no lleve ya dentro".
Comunicar no es vaciar en otros un contenido propio: es comprobar que en otros existen esos contenidos comunes, signos de una situación común en la escala de la conciencia de ser. Nos comunica aquel a quien reconocemos en nosotros. Y si esos signos no existen, es inútil querer comunicar. En la diaria convivencia comprobamos a cada instante esas "asintonías". Y si ello sucede en la comunicación cotidiana, ¿cómo no sucedería en la poesía? Siendo así que en ésta, la comunicación, sobre todo en ciertas formas metafóricas, opera a altísimo nivel.
No todos los poetas pueden comunicar lo mismo a todos, ni a un mismo grado. Pero la poesía que merece este nombre está ahí y puede esperar, porque siempre llegará el momento en que el hombre llegará hasta ella.

9.- ¿Qué valor asignas a la palabra Poética como instrumento de convivencia y participación ideológica?
También aquí creo que con lo anteriormente dicho se delinea la respuesta. Si la palabra poética lleva en sí en germen la renovación de formas espirituales; una renovación que no opera en base a ideas, en cuanto éstas suponen fijación de esquemas, (y menos aún a ideologías) sino que se dirige originaria y esencialmente a la imaginación y la sensibilidad, solicitando apertura hacia más amplios territorios humanos (imaginación y sensibilidad: dos potencias del espíritu sin las cuales la simple inteligencia o razón es herramienta, inútil o arma perjudicial) no es difícil, creo, deducir el papel, o mejor, la acción que su frecuentación puede ejercer en el desarrollo de los aspectos humanos más propicios a la convivencia; porque opera, no al nivel de los intereses transitorios, sino al de la más secreta dignidad humana; del rango y destino del hombre como ente espiritual.
La palabra sensibilizar adquiere pues un valor y sentido nuevos cuando se refiere a la poesía. Aquí se asocia un hecho flagrante en la historia de la cultura paraguaya: el hecho de que los pro-hombres del 900, cultores tenaces de disciplinas como la historia o la sociología, encontraron todos ellos (con excepción de Garay, muerto muy joven, y de Domínguez, que infundió lírica en su prosa) un lugar para la poesía, al margen de su quehacer de historiadores o sociólogos. Este hecho, si no los convirtió por sí mismo a todos en poetas -ya que poeta significa vuelco total de las potencias en períodos o épocas por lo menos; y el único que lo hizo así fue Juan E. O'Leary- es altamente significativo en cuanto revela el lugar que, explícito o no, dieron a la poesía en sus preocupaciones, consagrando su dignidad. Ello ratifica, si es necesario, su categoría humanista. Estaban sensibilizados para la poesía: en esto quizá residió parte de su dimensión histórico-cultural.
La frecuentación de la palabra poética y la consiguiente sensibilización es pues un factor de primer orden para una predisposición a la armonía en las relaciones humanas. La poesía despierta en nosotros potenciales desconocidos; abre ventanas inesperadas, descorre cortinas sobre paisajes interiores que desconocíamos. Leer poesía no es ablandar el ánimo, como algunos creen: al contrario, es robustecer en nosotros al Hombre. Fraternizar con él desinteresadamente, en ausencia física. Alguien dijo que la mujer empezó a ser bella cuando se miró al espejo. El hombre empezó a ser interiormente bello cuando soñó su primer canto: cuando entrevió su primera verdad.

10.- ¿A quién o hasta quién llega la palabra poética?
Creo -otra vez- que ya le hemos hallado su área receptiva, a través de anteriores respuestas. La palabra poética debe conservar en cada poeta su nivel: esperar que se le pongan a la par los que le sintonizan; el hombre -o sea el lector- debe alzarse hasta la poesía: no es la poesía la que debe bajar hasta el lector. Que el lector no pueda alzarse hasta la poesía, es sin duda triste, y en muchos casos irremediables; pero a la larga, ello encuentra su re-medio, porque el lector puede ascender. Pero que el poeta descienda explícitamente no tiene justificación desde ningún punto de vista; porque, 1º. no beneficia al hombre, y 2°. rebaja, no sólo al poeta mismo, sino el hecho intrínseco y esencial de la creación.
Con esto, no estoy excusando ni justificando la poesía (?) hecha a base deliberada de oscuridad o de lujosas mascaradas ver-bales; o sus opuestos, el deliberado prosaísmo o el lujo gratuito de vocablos malsonantes; formas todas que proliferan hoy mundialmente. Todo lenguaje, aún el cotidiano, o el críptico, como el prosaico o el malsonante, necesitan justificarse. En el lenguaje poético, esa condición: justificación, se eleva a su más alta potencia.
Antes me referí a poetas abstrusos, crípticos, difíciles de alcanzar en su vuelo intuitivo. Pero hay y habrá siempre buenos, excelentes poetas asequibles en medida diversa a la diversidad espiritual que supone lo humano. Cada uno de ellos puede despertar en alguien un nuevo pulso; enriquecer su vida interior, clarificar vías de convivencia; agrandar el ámbito de intereses espirituales. La lectura de la poesía -y esto es ya un lugar común- debe comenzar temprano en la vida.

11.- ¿Con qué obstáculos tropiezan las vocaciones jóvenes o qué incentivos pueden aguardar?
Las vocaciones jóvenes pueden tropezar con obstáculos entre los cuales los primordiales o principales son: la falta de formación específica y la de información.
Al decir falta de formación aludo a la ausencia de conocimientos de la historia literaria y la inevitable bibliografía poética que la vertebra. Al decir información, me refiero no sólo a la ausencia de conocimiento, siquiera esquemático, de las direcciones de la poesía en el mundo, es decir, lo que ella significa como presencia activa del espíritu, en esta hora; sino también a la ausencia de conocimiento analítico del hecho poético; de lo que la poesía es, busca y exige. Parecerá obvio decir esto: pero es un hecho. Hacer poesía significa, o mejor dicho resulta, para muchas de es-tas jóvenes vocaciones, un deshacerse intelectual, sensible e imaginativamente, para rellenar premoldes que aparejan la alienación de sus propios posibles valores.
Añadamos los prejuicios, los preconceptos, las erróneas nociones acerca de la originalidad y sobre todo de la misma comunicación, a la cual ingieren en el proceso creador, desintegrándolo en su origen. Y no hablemos en algún caso, del afán de "llegar" lo antes posible; de darse por "consagrado" al segundo o tercer poema publicado; y las ideas ingenuas sobre la función de la crítica, suponiéndola al servicio de la "promoción".
¿Incentivos? ¿Qué incentivos necesita el auténtico poeta para crear? Si el incentivo de crear -la angustiosa y legítima ansiedad de expresarse- no basta, ningún otro puede serle útil, aunque a veces pueda suponer ayuda material para el poeta, pero como persona, no como creador. Alguien, no sé si en broma, me dijo una vez que debía instituirse un Nobel para poetas noveles. Yo le contesté que sería la mejor manera de que el "nobelizado" quedara "novelizado" para siempre.
El poeta joven, realmente poeta, es decir "buscador" de un camino propio, puede hallar incentivos extrínsecos en su propia formación e información. Puede hallarla en la voz de un crítico autorizado. Inclusive si la voz no es favorable del todo. (A este respecto soy una descreída de eso de que la crítica adversa destruye. He conocido malísimos poetas a quienes nada afectaba la crítica más dura; en ellos la mala poesía era lo que los médicos llamaban microbio ácido resistente). Más poetas han destruido un exceso elogioso a destiempo que el viceversa. Se cita el caso de Francisco Luis Bareiro, auténtico poeta destruido. Y también alguno más reciente. Pero es que al poeta lo hacen no solamente las dotes específicas, sino también su convicción, su vocación.

12. Según tu experiencia personal, ¿cuál fue el clima del quehacer poético a lo largo de todos estos años en el Paraguay?
Nunca me preocupó demasiado para el hecho de expresarme el clima -benévolo y hasta generoso para el hecho mismo poético; aunque despreocupado en cuanto a su esencia humana y estética- que creo fue el que encontré al llegar. Tal vez se debiera ello a mi juventud. Más adelante, en cuanto a mí misma se refiere, aunque lo vivía, es decir lo percibía en torno a mí, siguió sin afectarme personalmente: es decir, en cuanto a mi propio hacer. Me afectó, sí, como problema o simplemente factor cultural, y no dejé de manifestarme al respecto de ello, siempre que pude; sobre todo en una charla de 1938, en PROAL. Una charla que, después, personalidades como Augusto Roa Bastos y Hugo Rodríguez Alcalá han considerado como el Primer Manifiesto de la Poesía Moderna en el Paraguay. Después de 1940, esta preocupación mía se intensificó. Y creo que sigue siendo un tanto obsesiva, hasta ahora.
Repito que aunque yo percibiese al llegar -en la medida que, siguiendo mis propias manifestaciones previas, era pasible de sentirlo- el clima extemporáneo que la poesía vivía localmente, ello no creo influyese en mí personalmente; yo escribía conforme en aquel instante sentía que necesitaba hacerlo, y lo circundante no me afectaba. Es verdad que en los once años primeros viaje a España dos veces; y esto supongo en algo influyó en mi formación e información, conforme a lo dicho en respuesta anterior.
Con el grupo del 40 me encontré en plena atmósfera vital. Después, he visto surgir y crecer generaciones urgidas ya por un ímpetu que las llevaba a sumarse a una dimensión humana ecuménica. Por supuesto no. sin enorme esfuerzo espiritual y penitencial sufrimiento. Yo seguí siempre sin preocuparme del clima en cuanto a mis manifestaciones personales. Escribí poesía en función exclusiva de mis sucesivas estaciones vitales y los acrecimientos que pude de una manera u otra incorporar a mi mundo interior. Nunca me consideré "afiliada" a ninguna escuela, grupo o vertiente. Dentro del grupo del 40, el individualismo fue la tónica; fruto lógico de su misma espontaneidad, y necesidad.

13. Josefina: ¿y ahora qué?
Y ahora presento este libro. Una prueba de continuidad en mi servicio a la poesía. Es lección vital también; porque nada más vital en el hombre que el espíritu. Y éste, teóricamente al menos, debe acrecer, aunque no sea sino por condensación, sus vivencias, al situarse en una panorámica de la vida. Sigo escribiendo poesía. No mucho. Sólo cuando necesito hacerlo. Como siempre. Tal vez sea éste mi último libro de versos.
Tal vez no.
Alguien lo sabe.
Yo no.

La autora se hace el grato deber de dejar constancia de su agradecimiento al Dr. RAMÓN BORDOLI DOLCI, a quien pertenecen los términos TIEMPO Y TINIEBLA que rotulan estos poemas, y que son los de una parte de la tesis sobre la obra conjunta de la misma autora, trabajo presentado para optar al título de Doctor en la Complutense de Madrid.
Y al Dr. Bordoli Dolci dedica este poemario que salió de su "tiempo "y su "tiniebla" al oír el nombre que le era debido.

POEMAS DE LOS OTROS

LETANÍA DE LOS OTROS
"Pasado es aquel amor urgente". . .
Y el amor sólo es hoy el de los otros
El río que lavó mi rostro joven
jóvenes rostros lava que son otros.

No ha pasado la calle de mi infancia
pero ella es la calle de los otros
Aún florece el jazmín del viejo patio
pero es estrella en el cabello de otros

Pasó el tiempo de hacer un tiempo nuevo
y ahora el tiempo nuevo es de los otros
Ya la esperanza se quedó allá lejos

para llevar su júbilo a los otros
Pasada es la canción Pasado el sueño
Todo a este lado pertenece a otros.
1980

EL REGRESO
A tí. ¿hasta cuándo ?.. . .
..."Estoy cansada amor volvámonos a casa..."
(Ascendían trizados jardines siderales
crepitando colores juegos artificiales)
Y volvían tomados de la mano hecha brasa

Más tarde desde el muerto relámpago amoroso
regresaban al sueño del cual habían salido
Volvían de la casa del amor al olvido
y vestían la túnica opaca del reposo

... Alguien cortó la trama de aventura posible
y su urdimbre penélope de mágicos regresos
Encendido quedóse el hogar de los besos

Y el recuerdo a su orilla se postró irreversible
(Recuerdo Ancla que resta del barco que perdimos
Nuestro único futuro volver donde vinimos...)
1960

NACER DOS VECES
A mi padre
polvo y tormento
Me marcabas un rumbo que era el camino mío
pero que en mis latidos tañía diferente
Y me hiciste sufrir sufriente Padre mío
tu dolor de nacer conmigo nuevamente

Me querías crecida demasiado deprisa
y así no fui tu hija Fui tu hermana sin días
No tenías paciencia con tu alma proindivisa
y al estirarme al alma oh Padre me dolías

en cada coyuntura de tu amor impaciente
He aquí que mi camino fue el que tú dibujabas
aunque llegar creí contra tus profecías

Y hoy que enfría mis huesos el rojo del poniente
sé al fin que la paciencia que avaro me negabas
era sólo la sombra de la impaciencia mía
1972

LOS ROSTROS
A mi madre
polvo de rosa por el mundo
Uno a uno tus rostros de mujer fuiste echando
en el pozo sin milagro del escondido espejo
Tus manos hacían crónica de sábanas y cunas
mientras tus golondrinas morían en la nieve

Frente a ese espejo yo hice la tremenda promesa
No ser la sierva humilde de la terrible lámpara
el vientre donde agota su náusea la Forma
los rostros deshojados en la niebla uno a uno

Yo no tendría tu rostro del último vestido
de fiesta apolillándose en la noche del arca
Tu rostro de domingo sin música ni flores
De las noches sin sueño del sol siempre a la espalda

... Tu último rostro madre se deshizo hace tiempo
el rostro que ningún espejo ha conocido
Yo regresé al umbral que dejar atrás quise

……………………….. .

Y frente a tu recuerdo y frente al mismo espejo
yo me pongo los rostros que tú fuiste dejando
1978

ME VISITAS EN SUEÑOS
A mi madre
en el polvo que respiro
Me visitas en sueños, fantasma inacabado, inacabable.
Así como yo fui tu criatura y me completo
sin tí bajo mi cielo huérfano,
yo te llevo conmigo y te completo retocando
tu perfil, persiguiéndote por todos
los valles viejos, los requemados valles
de la memoria, en donde tu mejilla lastimosa
se diluye, se afirma o se demora:
donde tus ojos hallan su expresión más perdida;
donde tu mano ensaya ademanes errantes,
inédita, desconocidamente
desamparados crueles, santos
donde anida una angustia nunca antes trascendida,
o quizá una alegría
oculta como fruto de pecado.

Más joven o más vieja, más triste o más conforme te completo
en sueños retocando tu temblorosa imagen,
añadiendo palabras a tu inconclusa letanía.

Así entre sueño y sueño se completa
tu alfabeto secreto, el alfabeto
de signos con los cuales te construyo, aprendo a conocerte
y en la nostalgia, el miedo, la tristeza,
prosigo construyéndote.

Seguiremos así. Así tal vez un día sepamos,
al cabo, nuestros nombres verdaderos.
El nombre con el cual en tus silencios
angustiosamente, me llamabas,
y yo no respondía.
El nombre con el cual ocultamente mi corazón te nombraría,
madre,
si pudiera llegar
hasta el último surco de tu sueño,
sin deshacerme, como el terrón bajo la lluvia;
madre,
sombra.
1972

ALLÍ DONDE SIN MÍ
A mi hijo
latido y tortura
Fuiste primero pájaro dorado mensajero
de cuanto nuestra vida rotula de imposible
Fuiste luego ligero portador de mis alas
caminando delante de mí sin esperarme

(Tú no tenías huellas tras tí yo las pisaba)
Más tarde ya llegado hasta el oscuro límite
desde el cual solamente crece el hombre de adentro
al volver del camino te perdí no sé dónde

Hoy sé que estás en mí que sólo eres yo misma
que al respirar te arrastro como el suspiro al aire
Y entrar en esa estancia donde tu alma consume

por mi culpa la antigua condena de ser hombre
es entrar en la estancia más honda de mi muerte
donde sin mí tu sombra ha de apagarse un día
1981

TODA FORMA QUE VIVE
Para Ariel y Josefina
Toda forma que vive es un misterio
La roca es un misterio luego vive
La roca que fue barro se hace piedra
para poder aprisionar la chispa

El barro que viajero fue del agua
hecho roca le marca rumbo y límite
le pone rienda o hace caer vencida
y cantar la canción que a ella se niega

Es misterio del barro hacerse piedra
misterio de la piedra ensimismarse
y engendrar fuego que devora el agua

Misterio es el del agua creándose alas
para huir de la chispa que la hostiga
y regresar de nuevo a ser quemada
1979

SUEÑO DORMIDO
A Roíta, tiempo y luz
Este es mi sueño que soñé dormido
Quise tener un mundo a mi medida
cobrando forma al par de mi latido
igual que la matriz donde hallé vida

Mundo-casa sin órbita ni centro
porque su centro lo seria yo mismo
Sol y planeta; a un tiempo fuera y dentro
gravitación y espacio a un tiempo mismo

Y es mi casa esta ergástula mío el cepo
mío el martillo que remacha reja
mío ser reo cuando soy testigo

Mundo que yo hice donde ya no quepo
(de su frontera cada vez me aleja)
y cuanto quiero ser es mi castigo
1978

CUALQUIERA PUEDE VER
A T. Z. Y.
Cualquiera puede ver cómo se mueve
cualquiera puede ver cómo sonríe
cualquiera puede ver cómo en la nieve
de sus dientes luz loca se deslíe

Cualquiera puede ver que llora y canta
que romántica muerde una mosqueta
que los pintados párpados levanta
o que los baja ingrávidos coqueta

Con frenesí se agita bayadera
y en brindis chispeante alzar la copa
cualquiera puede verla si bebiendo

Pero nadie aun mirándola hechicera
cantar sonreír abreviar su ropa
puede jurar que esté en verdad viviendo
1973

LA GUARANIA
Crecían entre todos con un signo en la frente
que en secreto a ellos mismos les consagraba hermanos
Bajo un sol de alegría maduraba su suerte
Soñaba bayonetas el arado en sus manos

Crecieron sin saberlo a un mismo sol inerte
Secretos acreedores reclamaban sus días
La misma primavera les bordaba la muerte
y el rojo del lapacho se tornó profecía

Cuando sonó la hora marcharon bajo un cielo
que su pacto y su sombra con el hombre rescinde
Soñaba surco y maíz el fusil en sus hombros

... Su pulso confundióse con el temblor del suelo
Y su polvo es ya nube sobre lejanas lindes
... La guarania nació para cantar su asombro
1965

TIEMPO Y TINIEBLA

RECÍBEME
A Lilian Stratta de Napout
Recíbeme como recibirías
a tí mismo al volver de las prisiones
en que estuviste por delito ajeno
Perdóname como perdonarías

a tí mismo el haberte dado muerte
o robado tu tabla en el naufragio
o jugado las monedas que compran
el descanso a la sombra de los párpados

Dame la paz como para tí mismo
al volver del exilio la querrías
Dame la paz aunque tan sólo sea

por lo que caminé para buscarte
Pero no me hagas olvidar que he amado
Que no pague esa paz con ese olvido
1981

QUERER ES
Querer es
sacarse del bolsillo cada noche
un pedazo de aurora para seguir viviendo

Vivir es
extraerse del corazón cada mañana
una brasa de sueño para seguir creando

Crear es fabricarse cada día
un espejo benigno
que te permita continuar en ti mismo creyendo

Creer es regresar los ojos cada instante
a la naciente antigua del arroyo
que en el lodo final está muriendo

Morir es renunciar a seguir creando
para poder al fin
seguir siendo creado en otros reviviendo
1964

DURÓ EL AMOR
Duró el amor aún menos que las sábanas
Y era sin embargo todo
el amor que nos fuera concedido
El grande amor que como hogar de pobre
no alcanzó a calentar todo el invierno

Pasó el amor
-un potro envuelto en blancas llamas-
y el perezoso olvido
y el dolor sin consuelo
Pasó el esperar desesperado
y quedó la esperanza
vaso que en el armario atiende agua del cielo

Pasó el amor
                        Quedó el recuerdo
Y cuando sea recuerdo todo
será que llega ya el momento
de ser tú misma olvido
1965

A QUIÉN DEJAR
A Gladys Carmagnola de Medina
A quién dejar mi oculto armario
el armario fantasma
de todos los vestidos
que tuve y que me abandonaron
los vestidos
que nunca tuve y que vestí en secreto
El vestido que vino demasiado temprano
y que jamás me sentó bien
el vestido
que llegó ya tarde
para ir a la fiesta
cuando me había dormido

El vestido de párvula
tan igual al vestido
de la primer muñeca
El de la niña del canesú ya estrecho
que apretaba los senos doliéndole en capullo
El de la adolescente que al hombre presentía
ladrón de túnicas en la agobiante siesta

El vestido olvidado
de la mujer que bajo de la sombra
del hombre eclipse se ocultó una noche
y amaneció como la luna llena
sorprendida a la luz en la mitad del cielo

El vestido de guerra desgarrado
como bandera
de la madre rota en dos
para sentirse entera

El vestido de luto que no llevé a mis muertos
que viven todavía

Los vestidos que alguien me prestó para los sueños

... Cuando llegue la muerte también será un vestido
que no veré porque me habré dormido.
1972

MI GATA BLANCA
Mi gata blanca que velar me viste
-ojos verdes de duda- tantos años
tratando de trocar la tinta en luces
presencia a un tiempo familiar y huraña

Mi gata blanca que sufrir me viste
-ojos verdes de espera- tantas noches
ofreciendo a mi mano lastimada
los aserrines de tu ronroneo

Mi gata blanca que dudar me viste
-ojos verdes de acecho- cada instante
Moriste silenciosa en mi regazo

... Cerré tus ojos con que así me viste
al nada ver que mirarán los míos
duda espera y acecho ya cerrados
1980

ERASE QUE SE ERA
          "Erase que se era". . .
una niña pequeña
de ojos azules en la tez de trigo
"Erase que se era". . . Así comenzó el cuento
en una noche del tamaño de la luna.

... Erase que se era una niña anudando
el cabello flotante como el helecho al viento
Pero se le alargaba hasta el suelo el vestido
y empezó a recelar del propio cuerpo
como de un enemigo.

... Erase que se era una niña acechando
detrás de las pestañas
la secreta medida de una pisada de hombre
acercándose a su jardín cerrado

Erase que se era una mujer llevando
una carga imposible de flores y de llamas
asomándose al cráter de su explosión más cierta
rescatando del barro su más claro diamante

Erase que se era un almacén de días
rotos inútiles sin ojos mutilados
recomponer queriendo
con los restos de todas sus auroras
la imagen de un día claro jamás amaneciendo

Erase que se era un montón de hojas secas
de capullos fallidos de albas estranguladas.
Un bramido de mar socavando el recuerdo
Un ayer más lejano que las galaxias últimas

Erase una ceniza que remueve sus rastros
buscando inútilmente la mágica pavesa...

(¿Por qué mandas la niña a dormir sin contarle
el final de tu cuento?)
1980


EL EXTRANJERO

PERDÓNAME
Perdóname si estoy aquí si ocupo
este hueco y la tierra que yo pise
Perdón si estoy aquí Yo no lo quise
Cómo llegué hasta aquí nunca lo supe

Mi pasaporte a ciegas lo sellaron
No sé cuál es mi patria verdadera
Y rondo sin cesar una frontera
que ni los mismos sueños traspasaron

Agua bebo que fue de otros llorada
Como un pan cuyo trigo otros han sido
Vivo un instante que jamás es mío

Sólo tengo unas lágrimas contadas
para el dolor de todos en mí erguido
y con un vaso he de llenar un río
1980

EXTRANJERO
. . . Estuviste tan cerca de mí casi como yo estuve
un tiempo de mi madre Tan cerca casi como
un tiempo de mí estuvo mi hijo
(Carne con carne
Pero las sangres no se comunican)
Ni el carozo en la fruta
ni la semilla en tierra más cerca que tú un tiempo
Y sin embargo
con un compás distinto tus latidos midieron
el tiempo aquel que te me trajo
mis latidos
el tiempo que de mí te llevaría
Nadie nunca estará más cerca Nadie
Y al propio tiempo nadie nunca tan lejos
Porque quisimos encontrarnos
en el rincón del parque mágico que llamamos amor
y que cada uno encuentra sólo para saber
que se ha perdido el alma en el camino
1972

AL ESPEJO
Llevarte tanto tiempo
cerca de mí y no obstante
aun no conocerte
Despertarme contigo mañana tras mañana
y mirarme al espejo y nunca ver tu rostro
Hasta en los sueños
cruel último acto de tus ocultas fiestas
te ocultas bajo una máscara imprevista
O mandas a increíble mensajero
con una carta que me llega siempre
cuando ya todo hubiera sucedido

Llevarte tanto tiempo tras mí por mí conmigo
escondida detrás de mis retratos
asomada a mis ojos
mirando siempre al sesgo mis paisajes
y aun desconocerte

……………………….. .

(¿La mano que denuncia tu anónimo secreto
también escribe lo que tú le dictas?
¿Calla cuando quisieras delatarme?
¿O dice lo que tú querrías silencio?)

… Aún no sé
-ni sé si lo sabré algún día-
si eres tú que con mi llanto mientes
o eres la verdad de mi mentira.
1966

COMO QUIEN CANTA
Como quien canta bajo el agua
un aire más pesado, un aire sordo
como quien canta bajo el agua
dejé pasar mi tiempo
hecha yo caracol de mis propias palabras
gastando mi perfil en la mirada
olvidadiza de los otros

Caracol
laberinto donde giró mi único grito
grito a la vez pregunta, respuesta, eco, y silencio

Ninguno de los puntos cardinales
recibió mi mensaje
Una y otra vez volvía
a mí como la carta devuelta sin abrir
y que al abrirla habla un extraño idioma.

El idioma de un perdido ayer O el de una mañana
que ya no alcanzaremos
1972

VIEJA CATEDRAL
Yo juglar de los tiempos
                           yo te inventé muriendo cada día
Hiriéndome la lengua en penitencia
con secretas espinas
                           y dejando secar al sol el sexo
como se seca el fruto allá en la rama
                          más alta del otoño
Sangrando aquí, untando allá de llantos el vitramen
tembloroso del aire
yo escarbé en las entrañas de la tierra
para que florecieran
entre los tallos ascetas de mis dedos
rosas en tus cornisas ángeles en tus cúpulas
Y transformé mis hombros en recios arbotantes
para ayudar tus muros a trasponer los siglos
Lazarillo arquitecto
yo te ajusté tus piedras como vértebras
le di en tus pórticos aliento al viento ciego
y con mis pies desnudos entibié
las losas de tus naves

... Tu piedra jeroglífica
sostengo todavía como sobre muletas
                          en tus torres
mientras siguen mirando a lo lejos
esperando
viajeros que siempre llegan tarde
en sus cuencas roídas las pupilas
siempre inocentes siempre jóvenes
de tus viejos vitrales
1972

AQUÍ ME TIENES
Aquí me tienes Muro
indefenso abierto
al invasor
Derruido
A cada instante violado y saqueado
hasta clarear sus cámaras ocultas
Continuamente reconstituido
devuelto sin embargo
a integridad de mármol
virginidad de lápida en cantera
para que sea de nuevo
violado profanado

Toda presencia mía
emigró para que tú pudieras ser el dueño
Hambre de siglos hartura de estaciones
dejaron sus anillos de ceniza
en el seco duramen de mis huesos
Fuego de soles aguardando un turno
ya frío en las cenizas de sus lunas
Verdor de primaveras que devoró el rebaño
de nubes montoneras
Oro de otoños
demorados
en el parque sin puertas de la espera

Todo emigró de mí para que tú pudieras ser el dueño
y sin embargo
sé que jamás habrás de serlo
porque esto que te doy
es más yo que yo
                                     Que me he vendido
como esclavo para poder emanciparme
y me he deshabitado para seguir viviendo
1972

POEMAS A JOSÉ L- PARODI

LA PIEDRA Y LA FLOR
La piedra está donde la flor ha muerto
(Polvo de luz nostálgica la mica
guiña los faros de olvidado puerto
mientras el tiempo un verde sol mastica)

Monumento del tiempo el tiempo mismo
modela en ella su fisonomía
haciéndose a la par duro espejismo
de una sucesiva geometría

El tiempo que en la nube se traiciona
en la roca recobra pulso y sienes
A sí mismo en la piedra se perdona

Pero al hacer la suma de sus bienes
la piedra sueña a cada amanecida
el beso de una flor recién nacida
1978

ESCULTOR DESCANSA
Ya relámpago inerte Ya duro sol hendido
buscándote la sombra debajo de tu cuerpo
Cerradas tus ventanas a toda luz variable
entraste en esa luz sin límites del tiempo

Dejas atrás el gesto la voluntad el golpe
que conjuró en tu mano del mundo presentido
la forma fragmentada migaja del Espíritu
para esta comunión precaria del sentido

Enmudeció el coloquio secreto con el árbol
el abrazo en que inmola sus ocultas raíces
esta desesperada orfandad del ser hombre

Queda en alguna parte la curva del conjuro
despertando al sollozo la dormida madera
la risa que convoca despavoridos pájaros
23-IX-81


LAS PALABRAS

YO
YO. La palabra náusea. La palabra como una inmensa esfera
hecha de bruma, en la que nada queda y todo cabe.

Decir YO es sentir que el Universo
allí donde YO estoy ahonda su ombligo.
Palabra hecha del tiempo como cualquier palabra
que los dedos del tiempo remodelan en sus tres dimensiones.
Palabra que conoce todas las mansiones del tiempo,
y de todas por turno desterrada.
YO, ladrillo del tiempo. YO, argamasa del tiempo.
YO, viento traspasando argamasa y ladrillos.
(YO, la palabra centro
con la circunferencia en ningún lado... )
YO no existo sin tí ni tú sin mí
pero eres tú quien tienes el lápiz y borrador y agenda
YO sólo soy el acezante
mensajero de algo que tú, Tiempo, me das, para que yo lo entregue
después de dar la vuelta al mundo siete veces,
al volver de una esquina, otra vez, en tus manos.
1972

INDICE
RECONOCIMIENTO-DEDICATORIA
Conversación,
LOS POEMAS DE LOS OTROS : Letanía de los otros, El regreso, Nacer dos veces, Los rostros, Me visitas en sueños, Allí donde sin mi, Toda forma que vive, Sueño, Orquídea Ángel, El surtidor, La ventana, Un retrato y un nombre, Cualquiera puede ver, La guarania, Sueño, Una niña,
TIEMPO Y TINIEBLA : Recíbeme, Querer es, Duró el amor, Actos nimios, La Sombra, A quién dejar, Pasado es el tiempo, Viajero, El meridiano de la muerte, Mi gata blanca, Érase que se era,
EL EXTRANJERO : Perdóname, Extranjero, Al espejo, Crepúsculo, Los perfumes, Como quien canta, Vieja catedral, Aquí me tiene, Parto, El libro, La distancia, Cansada, Lejos, Piedra, Los bisontes de Altamira, El doble,
TRES POEMAS A JOSÉ L. PARODI : Paisaje de piedra (Tobatí), La piedra y la flor, Escultor descansa,
AL OIDO DEL TIEMPO : Primer círculo, Segundo Círculo, Tercer círculo,
LAS PALABRAS : Las palabras I, II, III, Yo,
OTRAS OBRAS DE LA AUTORA

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