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lunes, 14 de noviembre de 2011

BENJAMÍN FERNÁNDEZ BOGADO - MEDIOS, DEMOCRACIA Y ACCESO A LA INFORMACIÓN PÚBLICA / Revista dominical ABC COLOR, 13 de Noviembre de 2011





MEDIOS, DEMOCRACIA Y ACCESO A LA INFORMACIÓN PÚBLICA.
Artículo de




Recuperar el sentido de la plaza pública, escenario en el que se discutía, se presentaban opciones, se conversaba y se ponía en tela de juicio las afirmaciones de quien hacía uso de la palabra, es la gran tarea que nos corresponde a los comunicadores. La plaza pública debe ser la página de un diario o revista, un programa radial presentado con altura y con dignidad, y una televisión responsable que no tema mostrar la realidad del país al que sirve y no servir a los intereses políticos que tratan de esconder ese país real. Una televisión que estimule la cultura y no la subcultura, que no tema ampliar su horizonte de compromiso con las necesidades de sociedades desmovilizadas por el miedo y la apatía.


Esa misma plaza pública tiene hoy en Internet a un nuevo referente, es como un espacio que se suma a los ya existentes y que reclama periodistas que lo usen de forma ordenada, crítica e inteligente al servicio de una ciudadanía que pueda escoger de forma informada las mejores opciones para el país. Con Internet, todos somos un poco periodistas, pero si no sabemos procesar la información, la terminaremos de convertir en una Torre de Babel muy distante de las ventajas potenciales que ofrece su uso.  

Reconstruir el espacio de la plaza pública no es una tarea fácil. Dividir y fraccionar a los colectivos supone ventajas a los grupos de intereses encaminados hacia ese fin, pero a la larga acaba con los ciudadanos, que se convierten en sujetos de campañas proselitistas cuyas propagandas son encomendadas a los mismos agentes que venden un detergente como un congresista o una gaseosa como un presidente. Los consumidores pasivos de las ofertas publicitarias deberían ser despertados por los comunicadores, aquellos que exploren más allá de los eslóganes, y que tengan la audacia y el coraje de exponer a los políticos tal como son y no como ellos quisieran que se les conociera.  

Ante tanta oferta de información, hoy, el ciudadano vive lo que algunos estudiosos llaman muy bien “la ansiedad informativa”, y se preguntan: ¿qué hacer cuando demasiada información no le sirve al ciudadano para tomar mejores decisiones? La cantidad debe ir acompañada de la calidad. Y en eso, los periodistas tenemos la obligación de ayudar a digerir esa oferta publicitaria con que es bombardeado todos los días el ciudadano medio. Prepararnos para enfrentar el reto de un tiempo de descreimientos y dudas es consolidar la necesidad de reformular el concepto de la plaza pública abandonado por los políticos y, muchas veces, por la misma prensa. Es curioso, en ese sentido, cómo la tendencia es que haya más medios pequeños y ninguno con capacidad de aglutinar a la gente en torno a él. Ya pasaron los años en que las familias se reunían frente a una radio o delante del televisor; ahora vamos a los ordenadores personales, en que cada cual elige lo que quiere y a su medida. Esta es una realidad latente en sociedades desarrolladas y, por qué no, también en las nuestras, con la diferencia de que en nuestros países los que pueden acceder a eso constituyen una minoría frente a una multitud que vive muy lejos aún de las ventajas que supone ese medio de comunicación.  

El problema de la democracia es un problema de calidad, de gestión. Hay un notable rechazo hacia los gobiernos que no hacen; a los líderes que mienten y a los partidos que no administran los cargos de forma diligente. La ciudadanía lo reconoce, por eso cada día cuesta más ganarse su voto. Es curioso cómo el descreimiento hacia los políticos y hacia la política es directamente proporcional a los gastos de campaña. Cada vez es más costoso ser electo en elecciones democráticas, lo que desalienta a ingresar a la política a quienes carecen de recursos. Y la explicación es simple: cuando la gente no cree, se debe gastar más en publicidad para convencerla. Si tuviera buena información y un grado de participación mayor, menor sería lo que los políticos gastarían para convencer a electorados renuentes a participar si no tienen de por medio algún incentivo económico el día de los comicios, como es el caso en algunos países de nuestro continente.  

Hay también un rechazo a la prensa partidista o sectaria que nutre sus espacios con la versión de un sector de poder en detrimento de la información para el ciudadano. No es raro ver sus resultados en la poca circulación de algunos periódicos muchas veces subvencionados por los partidos en el poder, que sirven solo a quien le paga y a no sus electores, como debiera ser.  

La palabra responsabilidad viene de la expresión latina: res (cosa) pondere (valorar); solo es responsable aquel que valora, que pondera, que le da un sitio importante a su tarea o al concepto que la representa. Ser responsable con la libertad y con la democracia implica para los comunicadores trabajar para exponer los temas ciudadanos en la agenda de la discusión y recuperar a través de ellos el concepto de la plaza pública hoy abandonada, fragmentada y desconocida para muchos. Ser periodista en un tiempo de cambios, en el que lo conocido no sirve como servía y en el que al tiempo que se destruyen instituciones o conceptos nacen otros que son también sujetos de cambios y destrucciones, no es una tarea fácil. Y lo es aún peor en sitios en los que la ausencia de libertad es asumida con fatalismo cultural.  

Ante esto, cabría refundar el concepto de la plaza pública; volver a aglutinar en el debate a las voces que tengan algo que decirnos y no a las que solo repiten los eslóganes políticos que les han dado como tarea proclamar; huir de esa polémica estéril que todos los días intenta ahogar la discusión de los temas importantes; hacer que el escándalo de hoy no sea sepultado por el escándalo de mañana, sin que medie la acción de la justicia o de otras instituciones para sancionar a los protagonistas de los mismos.  

El periodista no debe convertirse en mero difusor de la agenda que los políticos oportunistas quieren colocar en el imaginario popular, sino desmenuzar la idea y el concepto, y cotejarlos con la realidad para que el ciudadano tome la decisión de manera informada y pueda crear, a través de ello, una comunidad sólida que respalde la democracia y dé sentido a la libertad.  

Enfrentar el descreimiento ciudadano con un periodismo más responsable es también una forma de supervivencia de un oficio que requiere, hoy que más nunca, los rigores de cualquier profesional. Vivimos en un tiempo en cambio, de dudas, tribulaciones y angustias. Y en medio de eso, descreemos muchas veces de nuestras propias fuerzas, buscamos evasivas y, en el camino, queremos justificar la inacción.  

Hoy, el periodista debe ser un activo agente de cambio, de interpretación, de lucidez ante una realidad cambiante, y, sobre todo, debe asumir con responsabilidad la tarea de salvar a la política de un mercantilismo que la agota, y rescatar a la prensa de su función rectora que estimule al ciudadano a volverse partícipe activo de la construcción de su comunidad. Si es posible hacerlo en medio de las perturbaciones y obscuridad, aún mayor será el beneficio para el país y más fuerte y entregada al servicio estará la prensa; ya no jugando a ser un poder, sino a controlar, auscultar y denunciar al poder político que está, al igual que la prensa, para el servicio de todos.  

Si logramos rescatar para la prensa ese espacio de vitalidad y de participación con el ciudadano informado, también tendremos mejores políticos y la política no será nunca conjugable con lo turbio, lo obsceno ni lo degradante. Tendremos más interesados en ingresar a ella y dejará de ser el lado fácil de la coerción y el chantaje de grupos de intereses que siempre buscan volverla un rehén para sus ambiciones crematísticas.  

También habremos recuperado la plaza pública para el ciudadano y cada uno de los medios jugará un rol de catalizador de intereses particulares en provecho de objetivos comunes. El periodista interpretará los hechos libre de extorsiones, pero no exento de conflictos que definen muchas veces este oficio fascinante; y el ciudadano verá, por fin, que la comunicación no es otra cosa que la prolongación de su comunidad que vive en democracia. Hacerlo pronto y rápido es también una cuestión de supervivencia del propio sistema democrático que ambicionamos, y una muestra de capacidad de adaptación a los cambios tecnológicos que deben enriquecernos en participación y no deprimirnos en ansiedades y miedos individuales.  

Superar las dudas y preconceptos o la necesidad de madurar cívicamente en democracia.

Nuestros esquemas mentales, estructurados sobre la base de que las leyes por sí solas cambien el pensamiento de la gente, no alcanzan para explicar por qué América Latina, con tantas normas, no haya podido crecer ni desarrollarse en un mundo competitivo que está mirando nuevas formas de organización, en el que la tecnología y la información todavía resultan hoy más fáciles de acceder y de crear comunidades de ciudadanos que entiendan su rol dentro de la construcción democrática. Debemos hacer normas que pongan a los ciudadanos en primer lugar. Es preciso, tras una discusión amplia, que desde lo jurídico se logre entender que nadie más que el individuo informado es el que logra comprender el significado de la democracia y está dispuesto, con su participación, a darle sentido y valor. Es importante considerar que escribir normas de acceso a la información pública que se alejen de los ciudadanos, aunque hayan sido escritas en su nombre, llevan consigo posibilidades más cercanas del fracaso.  

El retorno a los ciudadanos debe marcar la línea de discusión en los países que han aprobado normas en esa dirección; y en las que se encuentran en proceso de redactarlas, debe servir para una reflexión más madura y seria que evite que los periodistas, la prensa o el poder del Estado se apropien de normativas que en realidad solo les brindan a ellos una mayor dosis de insumos. Esto evitaría que los rumores maledicentes, y muchas veces sin fundamentos, sean justificados porque no tienen la información oficial en torno a los hechos que comentan.  

Nuestras democracias necesitan tanto medios serios y creíbles como gobiernos transparentes que proyecten en la ciudadanía niveles de confianza que permitan construir escenarios posibles en un mundo que mira con perplejidad los cambios y anhela, en especial, que la prensa oriente con una crítica sana y una información responsable el rumbo a seguir.  

No es un momento fácil ni para los periodistas ni para la norma. Por lo general, vivimos un tiempo de descreimiento y de dudas. En ese marco, escribir normas sobre ámbitos de la información debe significar un nuevo pacto entre los grandes actores sociales para rescatar el rol de ciudadanía, tan vital a las democracias como la información a los medios de prensa. Es imperioso ver las normas desde esa concepción, encontrando los mecanismos que hagan que se vuelva a establecer el vínculo de confianza roto entre gobiernos y ciudadanos o entre leyes y ciudadanía. Las leyes deben constituir la antesala de un pacto serio que construya puentes entre los ciudadanos y sus instituciones. Debe llevar a los gobiernos a mirar su compromiso desde una perspectiva distinta, que encuentre en la transparencia un mecanismo que ahuyente a los corruptos y sus miles de estrategias de desacreditar a las democracias y, consiguientemente, pueda rescatar a la prensa de un rol anodino y secundario, donde lo “light” y banal ha sobrepasado, en muchos casos, a la información analizada y presentada de manera clara que permita entender lo que pasa y saber las razones correctivas que aplicar.  

Los periodistas, juristas y actores democráticos, en general, deben rescatar al ciudadano de esta perpleja manera de observar hechos que no comprende, de modo que los niveles de participación tan bajos en nuestra democracia puedan revertirse, produciendo a su paso un abaratamiento de los mismos costos de campaña y promoviendo liderazgos alternativos a la corporación de los partidos que en muchos países ha dejado al pueblo sin opciones.  

Una información, entendida como patrimonio público, es una apuesta al desarrollo, que espera que tanto juristas como periodistas le den densidad para que el ciudadano vuelva a creer; primero, en su capacidad de actor democrático y, por consiguiente, en el sistema democrático, al rescatarlo de esa reducción simplista y distante de que él solo sirve para unos cuantos avivados y pícaros que lucraran en su nombre a partir de elecciones o de medias verdades.  

En una sociedad democrática, es necesario y es una obligación tener asegurado jurídicamente el derecho a la información. Pero esto no es suficiente. Se requiere, además, que el ejercicio del derecho a saber suponga una coincidencia razonable entre los hechos efectivamente acaecidos y lo que se publica o se difunde. El asunto, a simple vista, puede parecer sencillo. No lo es. Antes bien, resulta sinuoso y complicado. En principio, conviene puntualizar que la información se ha convertido en una herramienta indispensable para el ejercicio de gobierno y para la toma pública de decisiones colectivas por sus propias características inmanentes. No hay nada tan valioso como trascendente para el ciudadano como aquella información que le permita expresar su compromiso cívico y su participación en la democracia. Contrariamente, nada perjudica tanto como el hecho distorsionado, adulterado u ocultado.

13 de Noviembre de 2011
Fuente: Revista dominical ABC COLOR
Fuente digital : www.abc.com.py


lunes, 12 de septiembre de 2011

DELFINA ACOSTA - DOS SIGLOS DE LIBERTAD. ESCRITORAS PARAGUAYAS ENARBOLAN LA PALABRA (LOURDES ESPÍNOLA, GLADYS CARMAGNOLA, RENÉE FERRER y MARIBEL BARRETO) / FUENTE: ABC COLOR, MAYO 2011




DOS SIGLOS DE LIBERTAD
ESCRITORAS PARAGUAYAS ENARBOLAN LA PALABRA
Artículo de



¿Qué pensamientos, ideas, emociones vienen a las mentes de las escritoras paraguayas en estos tiempos en que el país celebra con fervor su liberación, hace doscientos años, del yugo español? ¿Cuáles son los sentimientos que emergen en sus ánimos y qué pasos, qué fulgores de la historia vienen a su memoria, en estos días en que se respira en las calles un aire de gloria, de nacionalismo y de libertad? ¿Cómo las encuentran, hoy, sus emociones más íntimas?


Este Bicentenario no solamente convoca a los afectos y a las voces públicas, sino también a algo más profundo, que se va definiendo en las frases y páginas de quienes han tomado la palabra como instrumento de comunicación y hacen del lenguaje una manera fluida (y además cotidiana) de expresarse dentro de la comunidad. Ellas escriben libros, dan conferencias, charlas, y están presentes, a través de su literatura, en el acontecer de la sociedad. En estas líneas el lector tendrá acceso a las visiones, reflexiones y semblanzas sobre la gesta patria, nacidas de la inspiración de las mujeres que edifican, a su manera, el Paraguay, con su ágil y también valiente pluma literaria.

1-Doña Juana María de Lara, mujer prócer del Paraguay, representa simbólicamente la equidad con la mujer que fue partícipe de la gesta libertaria
2- Detrás de los esfuerzos y los logros, los intentos, el anhelo y la entrega de tanta gente encargada de llevar adelante los actos conmemorativos del Bicentenario, pervive algo más profundo; algo que nos distingue como ciudadanos de un mismo suelo: es la clara conciencia de ser y querer ser paraguayos.
3-Necesitamos que por el Bicentenario todos los paraguayos adoptemos posturas que eviten situaciones perjudiciales para el país e injustas para la población.


LA POESÍA ES OTRA MANERA DE DECIR PATRIA
En estos días que conmemoramos los 200 años de la gesta de Independencia, creo que debemos ubicarnos en dos niveles, por una parte está el aspecto lúdico que nos motiva a congregarnos en las plazas, escuchar música paraguaya, leer poesía de autores y autoras nacionales, asistir con alegría a los encuentros con fuegos artificiales, y también participar de la Libro Feria, próxima a ser inaugurada, y por otra parte es necesario también tomar una actitud reflexiva y de oportunidad para rectificar rumbos y reponer inequidades históricas. En ese contexto, comparto este logro que me da alegría y satisfacción, que es la promulgación de la Ley 4082, por la que es declarada prócer Juana María de Lara.  

He ideado e impulsado la moción (siendo la misma presentada como anteproyecto legislativo por la diputada Emilia Alfaro de Franco) para que Doña Juana María de Lara sea declarada Prócer de Mayo, como modo de honrar así a la mujer paraguaya en su persona. Mujer Prócer de Paraguay, esta dama representa simbólicamente la equidad con la mujer que fue partícipe de la gesta libertaria.  

Ella es, de esta manera, un crisol simbólico donde se deposita el protagonismo de la mujer desde el nacimiento del Paraguay, protagonismo que se destacará una y otra vez a lo largo de la historia con acciones de las Residentas, las enfermeras del Chaco, las madrinas de Guerra, Serafina Dávalos, Adela y Celsa Speratti, Carmen Lara Castro y tantas otras heroínas.  

La travesía de mi vida como persona no se inicia conmigo, me antecede mi abuelo don Vicente Espínola, quien luchó en la gran guerra de la Triple Alianza, y mi padre, el capitán Vicente F. Espínola, artífice de la rendición y victoria de la batalla de Campo Vía en la Guerra del Chaco. Esas circunstancias históricas generan en mí un compromiso ineludible con mi país.

Como escritora, mi territorio es el literario, la lectura de autores y autoras nacionales. Fundamentalmente, considero que soy una mujer comprometida con la poesía.  

Por la parte reflexiva, y desde la reparación de inequidades hacia la mujer, me alegra que desde ahora la historia narrada en los textos oficiales y no oficiales y los recordatorios no serán los mismos, porque incluirán una mujer Prócer que representa a la mujer como parte inicial de la gesta de la nación paraguaya. Por otra parte, desde lo lúdico y lo sublime, celebro en este Bicentenario la libertad de poder escribir. Agradezco a Dios, por sobre todo, el don de la palabra, porque la poesía para mí es también otra manera de decir patria.




PATRIA BICENTENARIA
La patria es el lugar donde nacemos, / el sitio singular donde vivimos; / es donde trabajamos y soñamos / lloramos y reímos. // Patria es el nombre con que designamos / un rincón en el mapa: tierra, ríos... / y gente unida por los mismos lazos / de sangre, lengua, amor y sacrificio. // Patria, al fin, para los paraguayos, / es este Paraguay donde el destino / se unió a la voluntad de nuestros próceres / y un 14 de Mayo, el heroísmo / dejó huellas de honor y de esperanza / en un mundo mejor para sus hijos.  

Este mi breve, antiguo poema, escrito hacia 1980, obedeció a un profundo convencimiento. Sí: Paraguay es el sitio singular donde trabajamos y soñamos, lloramos y reímos unidos por lazos de amor, de lengua, sangre y sacrificio. Y qué ocasión más propicia esta para convocar a quienes han despertado de pronto a un pasajero patriotismo gracias al Bicentenario, a pensar y entender que nuestra Patria necesita no solo paraguayos dispuestos a enarbolar banderas y participar de desfiles ciertos días. Requiere, exige lo mejor de nosotros cada día en toda actividad a la cual nos dediquemos; que nuestra labor cotidiana constituya ejemplar prueba de una vida honesta y patriótica donde los auténticos valores contribuyan al bien de nuestra nación y por ende al de la humanidad. ¡Feliz Bicentenario!




EL PAÍS ES UNA FIESTA QUE NOS CONVOCA


En el aire se siente un aroma festivo, en las calles ondean los colores patrios y en cada uno de nosotros se acrecienta un sentimiento de pertenencia a este lugar que resultó ser nuestro. En los días de este mayo florido, el país es una fiesta que nos convoca, no solamente a participar en los festejos innumerables sino a la reflexión, a la pregunta: ¿qué significa realmente el Bicentenario en nuestra vida? ¿Es un mero festejo que dejará papeles llevados por el viento, un efímero despliegue de entusiasmo sin huellas permanentes, una decisión mancomunada de algarabía? Creo que es más, mucho más.

Detrás de los esfuerzos y los logros, los intentos, el anhelo y la entrega de tanta gente encargada de llevar adelante los actos conmemorativos del Bicentenario, pervive algo más profundo; algo que nos distingue como ciudadanos de un mismo suelo: es la clara conciencia de ser y querer ser paraguayos. Me remonto a los días anteriores a la gesta de mayo, a la vida de esta provincia del imperio español, olvidada de la metrópoli y sus vecinos; asediada por un lado por las pretensiones expansionistas de Portugal; castigada por otro, debido a los deseos de libertad enarbolados durante la Revolución Comunera. Sin oro, ni plata, ni grandes explotaciones agrícolas, y díscola para más, las autoridades de la Corona y de Buenos Aires aplicaron la sentencia: el comercio de la Provincia del Paraguay se vería obligado a cumplir con las exigencias del puerto preciso de Santa Fe, hecho que gravó a la población con mayores impuestos, ampliando sus ya múltiples dificultades. La distancia, el aislamiento, la necesidad de abastecerse sola, las sanciones y falta de interés convirtieron a la provincia del Paraguay en un núcleo poblacional con características propias.  

No es extraño que después de los sucesos del 14 y 15 de mayo de 1811, asimilada ya la importancia de las victorias de Paraguarí y Tacuarí, frente a la invasión del Gral. Manuel Belgrano, e instalada la Junta Superior Gubernativa, se decidiera, en el Congreso de julio de 1812, mantener la independencia del Paraguay, tanto de España como de Buenos Aires. De lo contrario, manifestaba la nota del 20 de julio, “no sería sino como cambiar unas cadenas por otras”. Semejante actitud pone de manifiesto el sentido de identidad de los pobladores del Paraguay; el claro reconocimiento de que constituían un grupo humano diferente: dueños de sus dificultades, señores de su pobreza, defensores del valor de su heredad y orgullosos de su capacidad de disentir. Han pasado los años, el Paraguay se ha visto envuelto en terribles combates internacionales, en sangrientas luchas fratricidas, en negros ríos de sojuzgamiento y de silencio, pero nada ha logrado hacernos perder la identidad. En nosotros está ahora corregir los rumbos errados y navegar hacia la aurora. Si los festejos del Bicentenario logran acicatear, aunque sea mínimamente, el deseo de encontrar nuevamente los valores del alma paraguaya, creo que estas demostraciones están sobradamente justificadas.   


EL PUEBLO ANHELA SU FELICIDAD


Dos centurias no transcurrieron tan lineal ni pacíficamente, etapas de anarquía, violencia, terror y dolor. La voluntad popular ha tratado de gestarse, conformarse y expresarse dentro de un marco histórico cambiante. La voluntad colectiva muchas veces distorsionada, condicionada en su expresión a causa del aherrojamiento de las minorías. Hoy, a dos siglos, vemos que el disenso es imprescindible, la manifestación de las ideas en el ámbito social, cultural y artístico debe confrontarse con argumento y buscar la luz al amparo de las libertades. Necesitamos que por el Bicentenario todos los paraguayos adoptemos posturas que eviten situaciones perjudiciales para el país e injustas para la población y que todos percibamos la erradicación de obstáculos a nuestro crecimiento económico, social y cultural  

El pueblo desea olvidar la crueldad de las guerras y revoluciones, anhela su felicidad. Intelectuales, gobernantes y educadores debemos concretar la felicidad de nuestro país, erradicando la pobreza y el analfabetismo, preparando a los jóvenes para el trabajo honesto, el estudio y la investigación científica; solo así tendremos una juventud sana y feliz que construirá un Paraguay nuevo, utilizando los conocimientos y avances tecnológicos del siglo XXI.

17 de Mayo de 2011
Artículo de DELFINA ACOSTA
Edición digital:  www.abc.com.py


martes, 6 de septiembre de 2011

BENJAMÍN FERNÁNDEZ BOGADO - LA PATRIA URGENTE, PALABRAS SOBRE EL BICENTENARIO / Artículo publicado en el diario ULTIMA HORA el domingo 8 de mayo de 2011.




LA PATRIA URGENTE


(Artículo publicado en el diario
ULTIMA HORA
el domingo 8 de mayo de 2011)

Hemos tenido momentos heroicos en estos 200 años. No pudieron con nosotros ni las dictaduras ni la Guerra Grande ni las revoluciones ni los saqueos, menos aún los corruptos, los incapaces o los inmorales.
No acabaron con nuestras reservas; ellas viven en el corazón de un pueblo sencillo al que creen que le han despojado de su dignidad porque han comprado su silencio. Es hora de patear la silla, de observarla caída y de levantarla para que la postración de este pueblo nunca más tenga a alguien que lo mancille y lo degrade.
Requerimos ponernos de pie y creer en nosotros mismos, recuperar en un acto heroico el sentido de la palabra independencia, aprender a ser libres sin temores, sin resquemores, sin pedidos de disculpas permanentes… necesitamos el orgullo de Francia, el pragmatismo de Carlos Antonio López o Caballero, la honestidad de Eligio Ayala, la inteligencia militar de Estigarribia, el coraje del coronel Franco en Campo Vía y la tozuda voluntad del general Garay quien, con más de 70 años, comandó una parte del ejército triunfante en los cañadones de Yrendague. Necesitamos la sensibilidad de Flores, la estética de Ortiz Guerrero, el simbolismo de los niños mártires de Acosta Ñu, el genio creador de Agustín Barrios, el trabajo de los inmigrantes, el compromiso de millones de buenos paraguayos que todos los días creen que cada amanecer les trae una oportunidad de vivir mejor y de proyectarse en sus hijos y nietos, porque el Paraguay es nuestra tarea, nuestro destino, nuestra vida y compromiso.
No hay otro lugar mejor para crear oportunidades, pero no lo haremos si no logramos entender con claridad que independencia es vida, no muerte; libertad es responsabilidad, no dispendio; patria es compromiso no discurso y que esta nación no está condenada ni al infortunio y menos aún al olvido.
Pongamos los paraguayos nuestra mejor inteligencia, aquella que alumbra y nutre. Hagamos algo que nos cuesta enormemente: convocar a los mejores como si estuviéramos en guerra, pero no contra enemigos militares, sino contra la ignorancia, la pobreza, la corrupción o la inseguridad. De esta no salimos solos, pero tampoco en alianzas que solo buscan posibilidades crematísticas para los aliados y desgracia para sus seguidores.
No olvidemos la historia, pero enamorémonos del futuro. Hagamos que sea él el que nos sacuda, nos mueva, nos movilice en un proyecto común, donde cada paraguayo asuma el compromiso de dejar en mejores condiciones este país que recibimos.
Abracemos la educación con la mayor pasión posible; promovamos y premiemos a los capaces, invirtamos más y mejor… hagamos que el esfuerzo de nuestros hombres y mujeres reconstruyan instituciones que hoy crujen por el abandono, la falta de cimiento y la ausencia de techos.


PALABRAS SOBRE EL BICENTENARIO EN EVENTO DE LA COOPERATIVA UNIVERSITARIA

El sábado 7 de mayo de 2011 a la noche ante una multitud convocada por dicha entidad solidaria, BENJAMÍN FERNÁNDEZ BOGADO dio las palabras referenciales sobre el bicentenario y la trascendencia de la fecha para el Paraguay. Resaltó la necesidad de poner sobre relieve la gran tarea de las mujeres paraguayas durante la guerra del Chaco alimentando al ejército en campaña. Su participación fue rubricada con sonoros aplausos.


Registro: Setiembre 2011


lunes, 16 de mayo de 2011

JOSÉ MANUEL SILVERO - NIETZSCHE EN PARAGUAY / Correo Semanal, diario ULTIMA HORA, 2008





NIETZSCHE EN PARAGUAY
Artículo de


El filósofo alemán Friedrich Wilhelm Nietzsche dedicó al país unas líneas dignas de ser reproducidas. A instancias de su hermana, estuvo cerca de arribar al Paraguay.


Federico Nietzsche pudo haber pisado tierra paraguaya alguna vez. Si aquello se hubiese concretado, no me imagino los comentarios, las loas y tonterías que se hubo de criar en torno a la visita-estadía del genio-loco en Paraguay.

ILUSTRES VISITANTES

Alguna vez nos visitaron Bonpland y Richard Burton; también lo hicieron José Mengele y Antoine de Saint-Exupéry; y no la olvidemos a la mismísima Ilona Staller -alias La Cicciolina-, al desobediente Leonardo Boff, al experto en fútbol Eduardo Germán Hughes Galeano o al economista cuya sapiencia desnudó a la globalización, Joseph Stiglitz, entre otros ilustres pasajeros. Es probable que todos ellos hayan contribuido con sus conceptos a que el mundo tenga un concepto acerca del Paraguay.
Si a esta lista sui géneris, encabezada por un naturalista, seguido por un aventurero-espía, un médico asesino, un escritor y una "señora", un teólogo enemigo íntimo de Ratzinger, un escritor cuyas venas esperanzadas ansían cerrarse y un antiglobalización-globalizado, hubiésemos podido sumar el nombre de Federico Nietzsche y decir con orgullo: "También pisó tierra paraguaya nada más y nada menos que el autor del Anticristo". Una felicidad eterna nos hubiese embargado, una sonrisa postiza desplegada y cientos de citas y fragmentos de los escritos de Federico hubiésemos tergiversado por el solo hecho de haber posado sus plantillas en tierra guaraní.
Es verdad que alguna vez deambuló por estos lares -según la leyenda- el gran Santo Tomás (Pa'i Tume), pero sólo dejó algunas pisadas, nada más.
Pero, al final, poco importan las intenciones verdaderas o simuladas de nuestros visitantes. Los acontecimientos que el tiempo guarda en sus entrañas quedan relegados por el ajetreo y la lisonja que desplegamos al divisar un extranjero en nuestras costas. ¿Alguien se acuerda de la condecoración otorgada a Rockefeller?
Pero volvamos a Nietzsche. Éste se molestó bastante el día en que su hermana le aconsejó librarse del horrible lugar donde moraba, incitándolo a que viajara al Paraguay. Elisabeth creía firmemente que nuestro país ayudaría a su hermano en la difícil tarea de espantar los "fantasmas" y otros males que acechaban al filósofo.
Sin embargo, al igual que Sarmiento, Elisabeth despreciaba sinceramente esta parte del planeta (aunque el clima fuese beneficioso y agradable).


 LA HERMANA DE NIETZSCHE EN PARAGUAY  


Federico Nietzsche, así como algunos de los citados visitantes, dedicó al Paraguay unas líneas dignas de ser reproducidas. Y, permítanme los guardianes del gremio filosófico recrear la conversación con cierta libertad, pero sin omitir nada de lo proferido por el filósofo.
Poco antes de que Elisabeth partiera hacia el Paraguay, entabló una breve pero interesante conversación con su hermano mayor.

-Yo pensaba que no te gustaba Paraguay -le recordó Nietzsche.

-No para mí -respondió la hermana.

-Entonces, ¿por qué para mí? -le preguntó el filósofo.

-Para ti significaría la resurrección -sentenció Elisabeth.

-¿Como Jesús? -dijo Federico.

La hermana se encogió de hombros y le recriminó al hermano.

-Ya empiezas a proferir sacrilegios. ¿No sabes el efecto que esta clase de cosas le produce a mamá?

Nuestro malogrado huésped, con el estilo punzante y el dardo afilado, contestó a la hermana:

-No la mata. Y si lo hiciera, sé que no tardaría mucho en volver a molestarme con este asunto, y tú también.

La hermana, consciente de la situación de Federico, le replicó:

-No eres tú el desagradable con nosotros, sino tu enfermedad.

El filósofo ya no tenía ganas de seguir sosteniendo la posibilidad de viajar al Paraguay; por ello decidió, de una vez por todas, dejar sentada su postura con respecto a la empresa en cuestión:

 EL ANTISEMITISMO 


"¡Oh, querida enfermedad! Pero no consideraré la posibilidad de ir al Paraguay, de modo que pongamos punto final a eso. En primer lugar, es demasiado lejos; sólo el viaje me mataría si vuestra compañía no lo hizo ya. En segundo lugar, probablemente tu difunto marido ha contaminado en tal forma el Paraguay con su plaga antisemita, que debe ser un lugar tan malo para vivir como Alemania."

La hermana del filósofo arribó al Paraguay en el año 1887, acompañada de su marido Bernhard Förster. Éste, ideólogo de una utópica colonia planeada con antelación y bautizada con el nombre de "Nueva Germania", involucró a catorce familias alemanas que ansiaban concretar el sueño de un foco de desarrollo germánico "puro", lejos, por supuesto, de la influencia de los judíos, a quienes Förster detestaba con todas sus fuerzas.

Aunque nuestro utópico antisemita logró negociar con el general Bernardino Caballero los títulos de la propiedad, su programa eugenésico tocó fondo con el "detalle" de su autoeliminación, en el año 1889.

Cuatro años después, la viuda dejaría definitivamente el Paraguay y se dedicaría a cuidar de su hermano filósofo.

En Mi hermana y yo, en el capítulo uno, punto tres, Nietzsche deja clara su animadversión hacia el cuñado y evidencia sus conceptos hacia el Paraguay.

"El antisemitismo, en un lugar donde ocasionalmente se puede echar una mirada a un rostro genuinamente judío, es una cosa. Pero debe ser imposible respirar donde hay sólo vacíos rostros cristianos que saludan.

"Por su exagerado antisemitismo, deduzco que no debe haber suficientes cosas en Paraguay para odiar y hacer soportables las miserias comunes de la vida."

En fin, una verdadera lástima lo de Nietzsche. Pudimos haber aprendido a ponernos Más allá del Bien y del Mal y nuestros abuelos hubiesen podido saber un poco más de la hermosa y provocativa Lou Salomé. Pero, como ya lo dijo el filósofo:

"En última instancia las cosas tienen que ser tal como son y tal como han sido siempre; las grandes cosas están reservadas para los grandes; los abismos para los profundos; las delicadezas y estremecimientos, para los sutiles; y, en general y brevemente, todo lo raro para los raros."



(Publicado en la edición impresa, en el suplemento Correo Semanal.
19 de Setiembre del 2008





sábado, 30 de octubre de 2010

ARMANDO ALMADA ROCHE - GLORIA A DIOS EN LAS ALTURAS Y A MARIO VARGAS LLOSA EN LA ESCRITURA / Edición digital: ABC COLOR, SUPLEMENTO CULTURAL, Domingo, 24 de Octubre del 2010.




GLORIA A DIOS EN LAS ALTURAS Y A MARIO VARGAS LLOSA EN LA ESCRITURA
Artículo de
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del


Naturalmente, un escritor, incluso pequeño, está expuesto a los elementos propios de la intemperie. Entre esos elementos que contribuyen a crear la fama (parroquial, provincial, nacional, continental, universal) se encuentran la ideología, la política, la envidia; también la amistad, la admiración, el respeto mítico aún vigente en relación a la letra impresa.

En el siglo XV, cuando nacieron los incunables, el respeto por el libro alcanzó un alto grado de mitificación. La autoridad estaba en la escritura. Por algo fue la Biblia el primero de esos incunables que convirtió a Gutenberg y a su imprenta en un símbolo de la cultura occidental. Toda la tecnología contemporánea, aparejada a las artes de la comunicación, no sólo no ha destruido ese símbolo, sino ha contribuido a consolidarlo, a robustecerlo, a, en cierto modo, multiplicarlo. Cada escritor, con sus libros, acentúa la marca profunda de esta cultura de la imprenta, que es la cultura del libro, de lo escrito. Por supuesto que en el ámbito latinoamericano, donde la civilización se importa, se compra, se trueca por materias primas, desde el siglo XVI hasta el siglo XXI, la cultura es fundamentalmente la que está en los libros. Nuestra inteligencia es literaria. Al llegar a una madurez apropiada, esa inteligencia se convierte en foco de atracción para los lectores de otras áreas, cuyas fuentes no estarán agotadas (el hombre y su cultura no terminan con la muerte física, con la desaparición de lo externo), pero sí en un momento de recesión.  Malraux tuvo necesidad de una intensa aventura, de una anécdota acalorada, para convertirse en excepción. Y pertenece más a la generación de la guerra, que a la posguerra.



HISTORIA DE UN DEICIDIO


Pero ese no es el punto a tratar. Me refería a la intemperie a que está expuesto todo escritor, antes o después de saltar fronteras de su pueblo natal, de su tribu literaria, o de su soledad. Así, en efecto, ocurre  con Mario Vargas Llosa, antes y después de convertirse en uno de los grandes escritores hispanoamericanos, hoy más grande todavía gracias al Premio Nobel que acaban de concederle. Su intemperie ha sido política, ideológica, crítica, personal, desde una quemazón de libros suyos en el patio de la  Escuela Militar que le sirvió de ambiente a la novela  La ciudad y los perros, hasta la trompada que le dio a su amigo, compañero y fuego Gabriel García Márquez. Fuego porque le encendió su mecha crítica para el libro Historia de un deicidio.

A partir de este galardón todo va a cambiar para él. “Me da un  poco de vergüenza recibir el Nobel que no recibió Borges”, dijo. Además de engrosar su cuenta bancaria con 1.5 millones de dólares, su vida se va a convertir en un frenesí de llamados, su cara va a ilustrar las portadas del mundo y sus libros se van a reimprimir con esa faja que solo tienen los socios de ese círculo selecto. Las primeras declaraciones del peruano buscaron, sin embargo, conjurar esos fantasmas: “No va a cambiar lo que soy, tengo 74 años, tengo un mundo, una orientación, ideas, ilusión, y eso no va a cambiar, va a complicar un poco más mi vida, pero no me voy a quejar”.

Vargas Llosa, fiel a su estilo, dio una conferencia multilingüe en un gran auditorio de Nueva York. Allí dijo que “es un premio literario y espero ue me lo hayan dado más por mi obra literaria que por mis opiniones políticas. Ahora, sí mis opiniones políticas, en defensa de la democracia y la libertad, y en contra de las dictaduras, han sido tenidas en cuenta, pues en buena hora. Me alegro”. En ese sentido, agregó que va a “seguir escribiendo sobre lo que más me estimula y  defendiendo las ideas que tengo, la democracia y la opción liberal, así como con las críticas a toda forma de autoritarismo, a toda ideología que crea exclusión, discriminación”.

No suele ocurrir que un escritor de ficciones (novela y cuentos) y de poesía, se ocupe, también, en una tarea crítica Pablo Neruda escribió su poesía en todos los tonos, sin acercarse a la crítica, como no fuera poéticamente, un acercamiento por afinidades de sensibilidad, como su Viaje al Corazón de Quevedo. Miguel Ángel Asturias fue novelista y poeta, dos maneras de crear poesía, que en algún idioma, como el alemán, dan el mismo nombre al creador: poeta (Dichter). Mario Vargas Llosa ha cultivado las dos dimensiones, generalmente alejadas: la crítica literaria y la novela. Es posible que su formación intelectual sea la responsable de esta trama orgánica de su obra como escritor.


“NUEVA NOVELA”


La publicación de La ciudad y los perros, que había obtenido el Premio Biblioteca Breve en 1962 y el Internacional de Novela Formentor, se entiende como el inicio del mal llamado “boom”, término que constituye un fenómeno editorial y no responde, en sentido estricto, a los valores de una estética o escuela literaria. Sin embargo, no cabe duda de que el equívoco término “realismo” defendido por el novelista peruano significa una intencionalidad estética que continúa y renueva el proceso emprendido por narradores anteriores como Borges, Rulfo, Onetti, Carpentier y García Márquez, entre otros, preocupados —y esta es la intencionalidad primordial-por la forma de narrar, planteándose alejarse del realismo decimonónico, de la “novela indigenista”, ya en crisis, y de otras formulaciones de índole ideológica. Carlos Barral, promotor editorial del “boom”, escribió en 1967 en su introducción a la novela corta Los cachorros: Vargas, dice uno de nuestros amigos comunes, c’est une bete á écrire. Yo creo, más bien, que es un escritor determinado por una forma de vocación poco común en nuestro tiempo  (…) Cuando quise conocerle era para mí sólo un nombre, el nombre que encabezaba un manuscrito presentado al Premio Biblioteca Breve y que había sido una de las mayores y más estimulantes sorpresas de mi carrera de editor”. Se descubrieron en París, donde vivía el casi neófito autor, en la rue de Tournon, detrás del Jardín de Luxemburgo. Barral precisa que aquel minúsculo apartamento estaba presidido por una máquina de escribir. No cabe duda de que el más joven de aquella promoción de maestros de la narrativa hispanoamericana es, asimismo, el más intelectual y prolífico, quien posee un mayor instrumental académico ortodoxo.

Como buena parte de los autores de lo que Carlos Fuentes calificó como “nueva novela”, escribió la primera parte de su obra fuera de su patria y, despojado posteriormente de su nacionalidad peruana, se convirtió en apátrida en Londres, aunque ya en 1993 se nacionalizaría español sin renunciar a sus orígenes, alternando sus estancias en Madrid, Londres, Lima y los Estados Unidos, donde ha  ejercido varias veces como docente en diversas universidades. Su infancia fue la de un niño cuyo hogar se había visto fracturado. Pasó sus primeros años en  Cochabamba (Bolivia) con sus abuelos y después regresó a Perú, a Piura y Lima, donde cursó estudios en el colegio militar Leoncio Prado por decisión paterna (“Mi padre pensó que era un antídoto contra la literatura. Y curiosamente, en el Leoncio Prado leí más que en ninguna parte…”), experiencia que habrá de servirle para  conformar su primera novela. Pero tras algunas incursiones en el periodismo y en el teatro (géneros que ya no abandonará) inició estudios literarios en la Universidad de San Marcos. A los diecinueve años se casó con si tía Julia Urquidi, tema que utilizará en su novela La tía Julia y el escribidor (1977), con réplica posterior de la interesada y, en 1965, con su prima Patricia Llosa. Pero muy pronto, gracias a una beca, se trasladará a parís y, más tarde a Madrid en 1959. la vocación literaria de Vargas Llosa, capaz de adentrarse la novela política, en la erótica, en el mural histórico, en  la anécdota periodística, en paisajes tan diversos como la Lima de su juventud, la selva peruana, Brasil o la República Dominicana, se conjuga con una preocupación política por la suerte de Perú que habrá de llevarle, incluso, a disputar la presidencia de la República con quien le vencería en las elecciones, Alberto Fujimori en 1990. Su intencionalidad política, en sus inicios desde la izquierda militante, próximo a la Revolución cubana, hasta una derecha reformista que le llevará a optar a la presidencia e incluso vencer en la primera vuelta, dará origen a sus apuntes  autobiográficos El pez en el agua (1993).


LOS JEFES


La búsqueda comienza con los cuentos. Vargas Llosa se refiere a ese inicio de su creación con dureza, como si para su destino literario hubiera sido mejor no haber escrito los relatos. Dice sobre Los jefes: “Es un libro malo. En fin, yo creo que es bastante malo. Es un libro que no me gusta, que me parece muy convencional y adolescente. Cuando apareció el libro en España, ya no me gustó; no me sentía solidario con él. Creo que es un libro donde se ve una personalidad en proceso de formarse. Los jefes es un pequeño microcosmos de lo que vendrían a ser el resto  de mis libros”. Me parece que el escritor no es del todo sincero en esa manifestación. Creo, incluso por propia experiencia, que cuando a un autor no le satisface el  primer libro publicado (después de convertirse al oficio y adquirir madurez), lo suprime de su bibliografía, realiza una amputación, aunque le resulte un tanto doloroso. No lo hizo Vargas Llosa con ese librito, publicado ya numerosas veces.


LA CIUDAD Y LOS PERROS


En esta historia publicada cuando Vargas Llosa tiene apenas 27 años, en 1963, aparece la perrita Malpapeada. Hay algunos perros verdaderos en el mundo que el novelista peruano crea desde 1963 a 1973, la década de los libros mayores, incluido Los cachorros. La primera novela, de 1.500 folios en el manuscrito, reducida a 343 páginas en la impresión fue escrita en tres años, seguramente en París, desde 1959 a 1962.

La ciudad y los perros se publicó en Barcelona en 1963, tras sortear diversos avatares con la censura española, que toleró su publicación, porque se refería a la  educación militar peruana, pese  a que  mostró serios reparos sobre ciertas escenas eróticas y a una poco velada crítica del espíritu castrense que iba más allá de lo nacional. La primera edición tuvo que aparecer precedida de un prólogo del catedrático, escritor y miembro del jurado  José María Valverde, en el que advierte que “sería desviar y menguar el sentido de este libro entenderlo como crítica a instituciones pedagógicas o militares: su motivo esencial es la crítica del hombre, individuo por individuo, en la mayor parte de los casos por debajo de las propias  instituciones de la sociedad”.  Estas palabras y de quien procedían, entonces un poeta bien visto, aunque no sin reparos, por el franquismo, pretendían justificar lo que resulta meridiano ya en la cita inicial de Jean-Paul Sartre, el filósofo francés prohibido en España y claro enemigo del régimen. Pero La ciudad y los perros no deben entenderse sólo como una novela comprometida, en sentido sartreano,  sino que narra e imagina una historia sobre la propia  experiencia en aquel colegio militar de su adolescencia y el barrio de clase media alta que era, entonces, Miraflores.

La definición que tiene Vargas  Llosa de la escritura está basada en la suposición de que las novelas tratan sobre la vida, sobre la experiencia personal, y que esa es la fuente de su autenticidad. Sin duda tiene razón, porque si no hablamos de nuestra experiencia  personal, ¿de qué vamos a hablar? Pero esa no es la única fuente. Cuando uno lee la obra de escritores como Poe o Borges o como Dino Buzzatti, autores casi esencialmente de literatura fantástica, se está hablando también de experiencia vital. Un libro de cuentos de Poe es algo así como la autobiografía  espiritual del autor. Como son autobiografías espirituales o autobiografías metafísicas de Borges sus cuentos fantásticos. Por eso no creo en la literatura. En literatura sólo existe el realismo. Uno explora en las cosas de la realidad porque la realidad también debe incluir la locura, los sueños inconfesables que tuviste anoche, las pesadillas, aquellos deseos que no te atreves a pronunciar en voz alta: todo eso pertenece a la realidad. Y de todo eso está hecha la literatura. Creer que la experiencia vital, que la experiencia de la vida se reduce a aquellos actos que fueron decisivos para tu existencia, es un error, porque la experiencia vital de un hombre y,  sobre todo, la de un escritor está atravesada por sus lecturas. Hay lecturas, para cualquier escritor, que han sido esenciales y que han modificado su manera de ver el mundo. Y supongo que Vargas Llosa se refiere también a eso cuando habla de la experiencia específica, de los actos que ha realizado en su vida, no puedo estar de acuerdo más allá de la mitad.


LA CASA VERDE


Sobre La casa verde disponemos de un texto del propio autor que describe su génesis y composición, Historia secreta de una novela  (1971). Tras el éxito alcanzado por su primera novela se propuso un texto de mayores dificultades técnicas: se sirve del objetivismo y de la narración psicológica, de los diálogos incursos en el texto, del monólogo interior, de cualquier forma de perspectivas, de la novela en la novela, de una compleja combinatoria de historias  que se entrecruzan. Su obra inicial la situó en Lima, ésta transcurre en  un medio exótico para el lector europeo, la selva, sobre la que volverá en  otras novelas, como Pantaleón y las visitadoras (1973)  o El hablador (1978), cuyos orígenes  deben buscarse en Canaima (1935), el  venezolano Rómulo Gallegos. El ambiente en el que descubriremos, asimismo, las formas marginales de la sociedad a la que tiende a aproximarse el narrador: los  cultivadores del caucho, la prostitución —el título de la novela es el de un prostíbulo en la selva—, la represión policíaca, el extremo machismo que  habrá de culminar en una violación. Por el contrario, Conversación en la Catedral (1969) resulta un ejemplo de novela urbana. Responde al grupo de narraciones que tienen como objetivo el análisis de una dictadura, en este caso la  del general peruano Manuel A. Odría (1948-1956). El amplio friso histórico responde a un propósito político-moral. No constituye sólo la descripción de las  peripecias de unos personajes de distinta extracción social en un período de corrupción que se diluye desde el poder; bucea, asimismo, siguiendo múltiples  técnicas narrativas, en el pesimismo y la inacción que provocará un régimen autoritario y corrupto. “La Catedral” será el nombre  de un bar de poca monta en el que  Zavalita —un periodista que en algunos aspectos procede de la experiencia del autor en el mundo de la prensa escrita— y Ambrosio, el chofer degradado  por don Cayo, en las proximidades de los círculos del dictador, rememoran su turbio pasado y elucubran sobre lo vivido. De las novelas de la primera época de Vargas Llosa resulta ésta la de mayor ambición. Cuando retorne de nuevo a la novela de la  dictadura, con la excelente La fiesta del Chivo (2000), destacada de su amplia producción, lo hará ya sobre premisas de narración histórica, asentada en el  thriller, sin tantas complicaciones formales. Conversación en la Catedral constituye su novela más coral, donde se manifiestan con claridad los objetivos políticos, comprometidos, sin abandonar las posibilidades expresivas de la narrativa del siglo XX. Clases sociales, violencia política, erotismo, homosexualidad, sensación del fracaso personal, etcétera, no alejarán esta novela del signo existencialista de su primera incursión. En junio de 1998, escribió sobre ella: “El clima de cinismo, apatía, resignación y podredumbre moral del Perú del ochenio, fue la materia  prima de esta novela (…) La empecé a escribir diez años después de padecerlos, en París, mientras leía a Tolstoi, Balzac, Flaubert y me ganaba la vida como periodista, y la continué en Lima, en las nieves de Pullman (Washington), en una callecita en forma  de medialuna del Valle del Canguro, en Londres —entre clases de literatura en el Queen Mary’s Collage—y la terminé en Puerto Rico, en 1969, luego de rehacerla varias veces. Ninguna otra novela me ha dado tanto trabajo, por eso, si tuviera que salvar del fuego una sola de las que he escrito, salvaría ésta”. Muchos lectores coincidirían con él.

Vargas llosa resulta también el mejor teórico del género de su promoción. Su libro García Márquez. Historia de un deicidio (1971) no constituye sólo el más penetrante estudio sobre la obra del Nobel colombiano, sino que a través del  análisis de su obra adivinamos algunas de sus muy  calculadas  técnicas. Diferencias personales entre ambos autores, ya lo he señalado, impidieron que el libro circulara normalmente hasta que excepcionalmente fue incluido en el volumen VI de sus Obras Completas (2005). Descubre  fórmulas en la obra de García Márquez que podrían también aplicarse a su propia producción: los vasos comunicantes, la caja china, la muda o salto cualitativo, el dato escondido y, fundamentalmente, una concepción de la novela como totalidad y del narrador como deicida, capaz de construir  mundos, dirigirlos y desordenarlos. Ya en 1968, los dos grandes maestros de la novelística del pasado siglo en español, habían dado a la imprenta  la reproducción de su diálogo sobre el género: La novela en América Latina: diálogo, publicado  en Lima. Pero las ocasiones en las que Vargas Llosa se ocupó de la técnica literaria deben enlazarse con la búsqueda de una tradición propia que alcanzará  desde  Tirant lo Blanc, del valenciano Joanot Martorell, que leyó —según confiesa— ya en 1953 en la biblioteca de la Universidad de San Marcos y sobre la que escribió  un ensayo-manifiesto en 1969 para volver a ella en otras ocasiones, hasta Gustave Flaubert. Su libro La orgía perpetua: Flaubert y Madame Bobary, publicado en 1975, muestra su preocupación por la naturaleza del “realismo”, aprovechando los datos que aparecen en su correspondencia, a la vez que replica al extenso estudio inacabado sobre Flaubert, de Sartre. Le seduce la ambivalencia de la protagonista, aunque advierte que la novela es una construcción verbal. A la búsqueda de “su” tradición, la que habrá de permitirle sustentar una extensa  obra, plena de variados registros, en 1996 publicará también su estudio La utopía arcaica. José María Arguedas y las ficciones del indigenismo. Precisamente, el novelista peruano, hacia el que mostró siempre admiración y del que se ocupó ya en 1955, quebró la tradición de la narrativa indigenista reivindicativa, tratando, conocedor del quechua y escritor en español, de “inventar” una narrativa que le permitiera acercarse críticamente  al mundo indígena.

La revista estadounidense Foreign Policy incluye a Vargas Llosa entre los “100 intelectuales más influyentes del mundo”.  Y Carlos Fuentes, su colega y amigo, ha declarado al enterarse del premio: “Me da una gran alegría, es un gran escritor de nuestra lengua y un escritor universal. Toda su obra es de una gran creatividad, todos sus libros forman una sola obra con distintas aristas”.


Armando Almada-Roche
(Desde Buenos Aires, especial para ABC Color)
23 de Octubre de 2010.


Diario ABC COLOR, SUPLEMENTO CULTURAL,
Domingo, 24 de Octubre de 2010,
Edición digital: www.abc.com.py .



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lunes, 27 de septiembre de 2010

JUAN PASTORIZA - LOS COMPUESTOS (CRÓNICAS DE AQUELLOS TIEMPOS DEL OLVIDO) / Fuente: Suplemento Cultural del diario ABC COLOR, Domingo, 20 de Setiembre del 2009


LOS COMPUESTOS
(CRÓNICAS DE AQUELLOS TIEMPOS DEL OLVIDO)
Artículo de

(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del


A esta altura, en que la globalización es palabra de uso cotidiano y medios como Internet convierten en realidad el conocido dicho de que el mundo es un pañuelo, bien vendría escarbar en antecedentes tan significativos de la comunicación en nuestro país, por ejemplo, en un género muchas veces desdeñado por alguna elite cultural, cuya perspectiva no supera el deslumbramiento perpetuo de las celebérrimas luces de las capitales del mundo, lo que significa una miopía de no curarse, lamentablemente, nunca. Es hora de hacer, en tal sentido, un mapeo, un compendio del patrimonio cultural no tangible.

Citemos el compuesto, que equivale básicamente a composición, o una elemental y contundente pieza. Una aséptica narración en verso, con términos muy precisos, que surgen en casi todos los casos de los temas populares. En nuestro país, es bien sabido, tiene un complemento musical de guitarras y arpas. Antiguamente, cuando el universo andaba a caballo, se lo solía interpretar alrededor del fogón después de la larga rutina diaria de las estancias u obrajes, así mismo, en las cantinas de paso o en las calesitas de las fiestas patronales de los pueblos o en las plazas, al igual que aquellos antiguos juglares, incluso pregoneros que llevaban las crónicas de los hechos, de aldea a aldea, sin rumbo fijo, guiados por el instinto infalible de su montura, o sea, una versión nuestra de las viejas y plañideras baladas del tiempo colonial. También, en muchos casos, suelen tener como apoyatura musical el complicado equilibrio del sonido del rabel o el violín rústico.   

El estilo de los compuestos tiene que ver con nuestro potente e identificatorio dualismo lingüístico, guaranizando lo español, lo que hace que los versos tomen un imprevisible vuelo con significaciones diferentes, algunos tan hermosos como los salmos bíblicos. De más está decir que el campesino es culturalmente fruto de una fusión, con consecuencias nunca del todo dilucidadas pero enriquecidas por las dos vertientes culturales (guaraní y español), que produce por ejemplo, el bien denominado arandu ka’aty, y la tradición no es ni más ni menos aquello que otro insigne escritor califica como el reflejo del alma colectiva, y de acuerdo al investigador Víctor Barrios, que recogió un sinnúmero de compuestos representativos de lo que él llama el karameguã del recuerdo, de nuestros antepasados, espontáneos poetas y músicos, en muchos casos, sencillos ñembo’e’ýva de escuela. Aquí se apunta lo de la oralidad, en la cual se conservaron por mucho tiempo —como por un túnel que traspasó peligros de mixtificaciones— los motivos populares tradicionales, incluso hasta bien entrado el pasado siglo XX.   

El compuestero sería el equivalente del payador o aquel cantor de coplas de otras latitudes, que solían recolectar los hechos que, por entonces, pasaban de boca en boca, sin desintegrarse en ese andar ciego, pero eficaz. En la mayoría de los casos, suelen ser anónimos y, según un famoso poeta, son “letras que traen el viento del paso de los tiempos”. De ahí se genera la definición de compositor para nombrar al autor de una música en el Paraguay. Igualmente, citemos como curiosidad, también es sinónimo del preparador de los caballos para las competencias de cuadreras, y de los gallos para las peleas, en las cuales pierde el muerto.   

Un compuesto está conformado por una sencilla melodía casi hablada —son sus rasgos su versificación y presencia lingüística y sociocultural—; es muy importante, porque se ha comprobado que podría ser la base o el punto de partida de lo que hoy se conoce como la épica poética guaraní. Con el apoyo de un par de guitarras, según costumbres añejas, hoy prácticamente en la extinción o perdidas en la espiral de la desmemoria. De acuerdo al músico Bernardo Mosqueira, allá por 1955 todavía era posible escuchar en la zona de Carapeguá alguno de aquellos casos, casi siempre verídicos, que marcaron a fuego los recuerdos de las comunidades campesinas.   

La melodía suele ser bastante triste o lastimera, adecuada al contenido trágico del mismo. Por momentos, los versos son sarcásticos y humorísticos en los compuestos, en aquellos que tienen caracteres satíricos e, incluso, hay algunos religiosos y conmovedores. Un segmento llamativo de los compuestos tiene que ver con la ridiculización de las autoridades, pero también como contrapartida, suelen ensalzar figuras políticas, militares o algún caudillo o cuchillero de mucho nombre en su momento, aunque también era frecuente, en estos últimos años, el canto o enumeración de las famosas obras y logros de políticos o gobiernos. No obstante estas idas y venidas en su enfoque, los compuestos son considerados de importancia para el trabajo de cualquier musicólogo paraguayo que debería estar preocupado por la fidelidad en su máxima potencia en la documentación y preservación, sin retoque alguno, ni supuestos apresurados modernismos interpretativos o técnicos, como suele hacerse erróneamente, porque el daño ocasionado a tan delicado material sensible sería absolutamente irrecuperable y una lesa traición a su historia; por eso se debe valorar en su máximo rigor la misma memoria del músico campesino que supo conservar en su mente estos relatos, cantos, jejuvykue jera purahéi, loas, historias o, en otras palabras, el “oiko vaekue”, como por ejemplo, el compuesto Pancha Garmendia (de la época Guerra Guazú), de 1917, con versos de Rosicrán y música anónima, y aquellos que guardan relación con episodios sangrientos de los saco puku y saco mbyky de la revolución de 1922.   

Un autor cita a Marcelino Menéndez Pelayo, que de paso afiló conceptualmente aquello de Campany, de “que no puede amar a su nación quien no ama a su provincia, entendiendo eso más allá de los límites administrativo y alcanzando la étnica y la aceptación de lo tradicional”.   

Citemos solamente algunos famosos, a grandes rasgos, un par de compuesteros, como: Eusebio Riveros, natural de Itaguá, y Cecilio Caballero, más conocido como Saco moa, según citan el Dr. Mariano Celso Pedrozo y el ya mencionado estudioso del tema Víctor Barrios. Pero aquel que adquirió renombre en el género fue Roquito Mereles, rabelero ciego, nacido en el pueblo de Pirayú en 1889, considerado uno de los últimos compuesteros, que llegó a nuestra capital con su inseparable escudero o, mejor dicho, fiel guitarrero Anselmo Orué, que actuó incluso en radioemisoras y lograba contrataciones para fiestas privadas o grandes concentraciones políticas, pero su natural audiencia favorita estaba en la emblemática plaza Uruguaya, “selva aromada” de la guarania, donde después de tocar, recibía en su viejo sombrero algunas monedas. Falleció tan indigente como vino al mundo, a pesar de haberse codeado con poderosos de turno, en nuestra capital en 1985, y con él cayó el telón sobre una invalorable época. Se le puede cuestionar su temática de los años 70, propalada por una célebre audición de las siestas de la radio estatal, ligada a la propaganda de la nefasta dictadura de Alfredo Stroessner.   

También se sabe que lo que se llamaría romance o compuesto llegó con los conquistadores españoles, y se presume que Luis Miranda Villafañe, sacerdote, fue el responsable del primero en el Nuevo Mundo.   

Citemos a grandes rasgos los compuestos más famosos, como El karãu, Mateo Gamarra, La noticia, Aka’ê, Casamiento del tarave, Guyra farra, Arribeño, rescatados por León Cadogan, de los primeros años del siglo XX.   

Mencionemos también Combate de Paraguarí, Marcelina Rosa Rivero, Fusilamiento de Rogelio Godoy, Viquer guazú malicioso, inspirado en un arma de la revolución de 1922, Riña hápe guare, sobre un suceso de la localidad Rojas Potrero, Tebicuary (más o menos allá por 1950), Marcelino ha Marcelina, Compuesto de Encarnación, que se refiere al ciclón que destruyó aquella ciudad en 1926, Crimen de Quiindy, igualmente con temática de la revolución de 1922, Compuesto de Juan Simón, generado en una compañía de Carapeguá hacia 1937, Jueves Santo arã, que habla del cruel asesinato del legendario músico Epifanio Rojas, más conocido como Rabico, según dicen, como castigo por haber organizado una fiesta en pleno día sacro, de mucho respeto. Vidalita Samaniego, que se escuchó en un apartado lugar de Villarrica hacia 1917.
JUAN PASTORIZA
Periodista, locutor, gestor cultual  
E-mail: jpastoriza.2008@gmail.com
Fuente: Suplemento Cultural del
diario ABC COLOR,
Domingo, 20 de Setiembre del 2009
Ilustración: MÚSICOS, obra de


Fuentes de consultas: El compuesto, precursor de la poesía guaraní, Dr. Mariano Celso Pedrozo; El compuesto de la música paraguaya, de Luis Szarán; Motivos populares tradicionales del Paraguay, El compuesto, de Víctor Barrios Rojas; Investigaciones propias en la zona de Carapeguá.
18 de Septiembre de 2009.


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domingo, 26 de septiembre de 2010

BEATRIZ GONZÁLEZ DE BOSIO - LA SORPRENDENTE CERCANÍA CULTURAL DEL PARAGUAY AL MUNDO ÁRABE / Fuente: Suplemento cultural del diario ABC COLOR, 19 y 26 de Setiembre de 2010.


LA SORPRENDENTE CERCANÍA CULTURAL
DEL PARAGUAY AL MUNDO ÁRABE (I)
A propósito de la visita del presidente de Qatar,
emir HAMAD BIN KHALIFA AL THANI

Artículo de
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del




La visita de un miembro de la Liga Árabe a nuestro país nos obliga a investigar acerca de la rica cultura de aquella región y la posibilidad de estrechar vínculos entre pueblos y abre al mismo tiempo posibilidades de inversiones en el área energética, nuestro mayor recurso junto con la agricultura que siempre está a la búsqueda de nuevos mercados.

Introducción   Muchas veces por razones de supervivencia, persecución política, religiosa o étnica pueblos enteros abandonan su hábitat de origen y se instalan en otras latitudes.   
   
Por ejemplo, el flujo migratorio de España a América a partir del siglo XVI fue constante. Miles de europeos se trasladaron en busca de mejores horizontes a una tierra que prometía riquezas a quien supiera explotarla.   
  
Viajeros de otras procedencias como italianos, alemanes, franceses, rusos, ingleses, irlandeses, polacos, y posteriormente asiáticos, japoneses coreanos y chinos integran la sociedad americana del presente.   

Hoy el proceso se ha revertido y son miles los jóvenes de Latinoamérica, bisnietos de aquellos que llegaron a hacerse la “América”, que buscan mejores horizontes en la Europa del bienestar, aunque recientemente nuevas políticas de la comunidad europea están poniendo resistencia a la migración.   

La América anglosajona se constituyó en la primera República independiente y comenzó inmediatamente a traer masivos flujos de inmigrantes anglosajones primero, franceses, holandeses y alemanes después y más adelante de todos los continentes hasta el punto de formar hoy día lo que ellos mismos denominan un crisol de razas.   

África se traslada al continente americano por un proceso económico de adquisición de mano de obra cautiva.   

Latinoamérica repite la experiencia norteamericana y comienza a traer migrantes europeos a partir de la independencia en el siglo XIX.   

Y ya en los umbrales del S. XX comienzan a afincarse en América migrantes del mundo árabe. La cultura árabe no es desconocida para la gente de origen ibérico. Por ocho siglos entre los años 711 y 1492 de la era cristiana; estos estuvieron en la península ibérica.   
  
Originariamente los árabes eran grupos de tribus que habitaban zonas desérticas de origen predominantemente caucásico y de lengua semita con mucho apego a su tradición histórica. Habitaban Arabia, el Sudán y varias regiones del norte de África. Responsables de su emergencia como nación poderosa fue el profeta Mahoma quien en el siglo VII fundó la religión del islam o Reino de Dios. Bajo el liderato de monarcas denominados califas iniciaron una expansión por toda Europa donde demostraron superioridad bélica gracias a la posesión del caballo árabe que tenía velocidad y les daba preeminencia en el combate.   

La caída de Jerusalén en manos de los árabes en la Edad Media fue la excusa para el lanzamiento de las cruzadas que, como se sabe, tuvo suceso parcial.   
  
Los árabes de la época se destacaron principalmente por su contribución a las matemáticas, con la invención del cero que posibilitó la economía moderna y las finanzas contemporáneas. Así los conocimientos matemáticos, astronómicos y geográficos de los árabes transmitidos a Europa contribuyeron al progreso de la navegación en los siglos XV y XVI, facilitando el conocimiento de las nuevas tierras.   

La idea de la esfericidad de la tierra, sostenida por el geógrafo heleno Ptolomeo (siglo II de la era cristiana) adoptada y defendida por los árabes durante toda la Edad Media, conllevaba que navegando por un mar único hacia Occidente, se podía llegar a la India.   
  
Los árabes en la Península ibérica tradujeron obras fundamentales que se difundieron en la Europa cristiana. 

También se destacaron por su capacidad arquitectónica y el diseño edilicio para zonas desérticas que sigue siendo el más apropiado.   

Los árabes también se caracterizaron como comerciantes que algunos atribuyen a la tradición fenicia.   

Con todo este bagaje los árabes llegaron a América Latina y se establecieron al punto de constituir hoy una fuerza poderosa cultural y económica en todas nuestras sociedades.   
  
Lo árabe en el mundo occidental

La región del Medio Oriente ha sido desde la antigüedad una encrucijada de pueblos y civilizaciones. Cananeos, fenicios, hebreos, arameos, que fundaron ciudades estados o reinos vivieron invasiones egipcias, asirias, caldea, persas, macedónicas y romanas. Luego se dividió el Imperio romano en Oriente y Occidente.   

Fue importante la victoria de los ejércitos árabes frente a Bizancio en la Batalla de Yarmuk en el 636 d.C.  

La región dejó de formar parte del Imperio bizantino y quedó incorporada al califato arábigo islámico con la dinastía OMEYA y la capital del califato en Damasco. Luego pasó a Bagdad.   
  
Los Cruzados permanecieron en la región por dos siglos. (Antioquia se toma en 1098, perdida en 1291 de San Juan de Acre, último reducto Franco.) Saladito fue un Sultán que recuperó Jerusalén para el islam arrebatándola de manos cristianas en 1187.   
  
El Medio Oriente continuó siendo gobernada por musulmanes por varios siglos. De hecho uno de los acontecimientos más traumáticos para la historia europea fue la caída de Constantinopla en mano de los otomanos en 1453. Los europeos actuaban a la defensiva en el área dada que la atención se concentraba en la América.   

Finalmente, las potencias europeas comienzan a intervenir con ejércitos a partir de la presencia de Napoleón Bonaparte en Egipto en 1799.   

Eso, sumado a la intervención de Siria por las tropas francesas, marca el inicio de la ingerencia europea en la región que tuvo consecuencias internacionales. Otras potencias vislumbraron la influencia de Francia en el Levante Árabe. Inglaterra obligó a Egipto a evacuar la región en 1837.   

Por otro lado la intervención europea incluía también la presencia científica para estudios arqueológicos que luego concluyeron en el traslado mas o menos legal de bienes culturales a los museos de sus principales ciudades.   

Algunas regiones fueron incorporadas a los imperios británicos y franceses como colonias o protectorados hasta después de la Segunda Guerra Mundial cuando la región entera adquiere su independencia y se inician como estados soberanos con la posesión de un bien muy codiciado, el petróleo.   
  
Los árabes en América Latina
La migración árabe contribuyó poderosamente con su trabajo, su laboriosidad, y espíritu de iniciativa en las jóvenes sociedades latinoamericanas.   

Los inmigrantes tropezaron con el primer problema de las diferencias idiomáticas. A eso se sumó lo religioso. Como se sabe, la inmensa mayoría de los árabes son musulmanes, pero existe una minoría principalmente en el Líbano y Egipto que profesan la religión cristiana y admiten la autoridad de Roma.   

La mayoría de los primeros árabes arribados a América Latina fueron de confesión cristiana, sabido es que las iglesias cristianas de Oriente, incluidas las que reconocen la autoridad de Roma, como los “maronitas” y los melquitas” conservan rasgos específicos lingüísticos y litúrgicos que las diferencia del rito latino practicado en Occidente.   
  
Sus costumbres y tradiciones, tanto de musulmanes como de cristianos, eran muy diferentes a la de los países receptores y particularmente al oficio al que la mayoría se dedicó a la llegada, el comercio ambulante.   

Sus descendientes hoy se encuentran muy integrados a las sociedades receptoras ocupando incluso altas dignidades.   

Contrario a lo que ocurre en los países altamente industrializados donde se acentúa la intolerancia, el racismo y la xenofobia, en Latinoamérica la sociedad se erigen en modelo de integración con los migrantes que se incorporan a las sociedades de las que ya forman parte. 

Debemos tener en cuenta que en dichas sociedades latinoamericanas se encuentran judíos que conviven armónicamente con árabes a pesar de la división del Cercano Oriente luego de la creación por la Naciones Unidas en 1947 del Estado de Israel en territorio de la Palestina, lo que desplazó a la población de origen árabe.   

La cultura arábigo islámica influyó en Iberomérica, pues la “cultura andalusí”, que pasó con españoles y portugueses a América, ya estaba muy permeada del acervo cultural de los países ibéricos.   
  
Hubo severas leyes que prohibían la entrada a América de judíos y musulmanes, pero fiel a la tradición hispana del “se acata pero no se cumple”, la efectividad de dichas medidas fue limitada.   

Hubo moriscos que consiguieron trasladarse a las Indias en calidad de esclavos o sirvientes de grandes señores y altos funcionarios.   
  
Por otro lado, los ideólogos de la inmigración, como los argentinos Domingo Faustino Sarmiento y Juan Bautista Alberdi hablaban de una migración “selectiva” en función de los orígenes étnicos.   

Representantes de la ideología liberal y fuertemente influidos por el positivismo francés del siglo XIX ven en el ejemplo anglosajón el modelo a seguir como paradigma de progreso frente a la herencia colonial hispánica sinónimo de atraso.   
  
En su obra Civilización y Barbarie Sarmiento identifica “civilización” con lo occidental, lo europeo personificado sobre todo con los países nórdicos, germánicos y anglosajones, mientras que la barbarie se encarna en las supervivencias feudales de las sociedades hispanoamericanas y sus componentes étnicos-culturales: el criollo, el indio , el gaucho.   
  
Esto incide en la propuesta de la incorporación de sangre europea, blanca. La consigna de Alberdi, de que “gobernar es poblar”, se limitaba a los de origen europeo.   

Algunas constituciones, incluyendo la nuestra de 1870, prohibían, por ejemplo, la llegada de inmigrantes del Asia.   
  
La trayectoria de este grupo migratorio árabe en materia comercial ha sido muy parecida en todos los países.   
  
Primero fueron vendedores ambulantes, luego se abocaron al comercio establecido y a partir de importantes negocios en la actividad comercial se dio el tránsito a la industria textil. Actualmente, se hallan plenamente integrados a las sociedades receptoras y ocupan altas dignidades, incluyendo la propia presidencia de la República (Carlos Menem) y ejercen todas las profesiones liberales.   

Por ejemplo en la Argentina, los árabes se mostraron adeptos al peronismo como reacción a la burguesía criolla que los rechazaba. El peronismo les dio opciones a acceder a puestos de poder.   

En Brasil, la comunidad árabe que llega al 15% de la población tiene representantes en los gobiernos estaduales, legislatura federal y en el Poder Judicial.   

Igual cosa ocurre en el Paraguay.   

La religión
El islam tuvo su cuna en la Arabia y su punto de partida fue el Corán, obra de Mahoma.   
  
Fue Mahoma el fundador de la religión musulmana (La Meca 571- Medina, 632).  

Educado por su tío Abu-Talib, Emir de la Meca, se casó con un viuda, llamada Kaliga, y a los 40 años comenzó a predicar el islamismo inspirándose en las tradiciones judaicas y cristianas.  

Convirtió a numerosos discípulos y se granjeó al mismo tiempo adversarios. Tuvo que huir de la Meca en 622, fecha en que se señala el principio de la ERA MUSULMANA.   

Para comprender mejor el texto sagrado fundaron los primeros creyentes la gramática; del Corán salió la jurisprudencia. En el Corán hallaron las instituciones políticas y sociales el punto de apoyo de su desenvolvimiento. Todo el derecho musulmán está fundado esencialmente en la religión: Los códigos tratan a la vez de asuntos civiles y religiosos que se penetran y explican unos a otros.   

El Estado musulmán estaba organizado del modo siguiente: a la cabeza de la jerarquía había un Califa jefe de los creyentes con derecho de vida y muerte sobre sus súbditos, Juez supremo en las cuestiones de dogmas. Y bajo su autoridad estaban los ministros: el primero con título de visir; los omales, para representar al príncipe de los creyentes en las provincias; los generales, encargados de defenderlos contra los infieles; los cadíes para asegurar el buen funcionamiento de la justicia y los imanes encargados de recitar en las mezquitas las cinco oraciones cotidianas. De esta organización política y religiosa de los antiguos estados musulmanes sólo quedan reminiscencias en Marruecos. Después de la muerte de Mahoma acaecida en 632 d.C. se extendió el islamismo por una gran parte de Asia y el norte de África. Los sectarios del profeta tras invadir la Península ibérica en 711 amenazaban conquistar Europa entera. Fue Carlos Martel quien detuvo la marcha victoriosa en la llanura de Poitiers en 732.   

A fines del siglo XV fueron los moros expulsados de España, pero entre tanto se había formado en la Europa Oriental el poderoso imperio de Constantinopla. Desde entonces el islamismo quedó por mucho tiempo estacionado y aunque ha ido perdiendo sus dominios en Europa todavía cuenta con numerosos adeptos en Asia y África.   
  
Transición a hoy

Como señaláramos el islam tuvo su cuna en la Arabia y su punto de partida fue el Corán obra de Mahoma.   

El Corán: (Alcorán) libro en que se contienen las revelaciones que Mahoma supuso recibidas de Dios.   

Habiendo sido Mahoma Mohamed-ben-Abdallah al-Qorayschy) pontífice, legislador y monarca, su ley fue igualmente religiosa, civil y política; y el Alcorán (recitación) es a un mismo tiempo la Biblia, el código y la constitución de los musulmanes como lo habían sido las tablas de Moisés para los judíos.   

Entre los musulmanes, el Alcorán era la única Ley que regía sobre todas las materias y sobre todas las cosas y como el califa reunía en su persona todos los poderes de la sociedad (sacerdotal, militar, legislativo, judicial y ejecutivo se comprende que a la sociedad musulmana no le era necesario código alguno.   

El Alcorán es la compilación de las predicaciones de Mahoma escrita después de cada recitación sobre pieles y huesos de camellos, hojas de palmeras piedras pulimentadas u omóplatos de carnero o bien conservadas de memoria por los principales discípulos.   

El Alcorán ha llegado hasta nosotros conteniendo una revelación religiosa, un código, una legislación y una moral, redactado sin orden de materias ni de fechas, comprendiendo 114 capítulos o ‘suras’.   

Los árabes consideran el Alcorán infalible por ser de origen divino, dándole al mismo tiempo el carácter de obra maestra de la literatura árabe. Su base fundamental está contenida en estas palabras: “No hay más Dios que Dios: un solo Dios y ningún Dios fuera de él.   

Se puede afirmar en líneas generales que la primera inmigración de árabes hacia América Latina estaba compuesta de cristianos y musulmanes que se convirtieron al cristianismo y que adoptaron la vestimenta occidental.   

Sin embargo, últimamente han proliferado en todo el continente americano las mezquitas, algunas de inclinación fundamentalista que profesan una cultura cuasiteocrática y mantienen sus propias escuelas y códigos de vestimenta.   

La escuela formal y la universidad hizo de catalizadora e integradora de los miembros de dicha comunidad con las sociedades receptoras.

Movimiento literario surgido entre los migrantes árabes en América   
  
El texto sobre El Mundo Árabe y América Latina, coordinado por Raymundo Kabchi, Edición UNESCO/Librerías Prodhufi, 1997 señala que:  

La literatura del mahyar tiene cultores que descuellan en las letras latinoamericanas.   

El término mahyar es sustantivo del verbo árabe ‘emigrar, abandonar’ el terruño. Es el lugar donde se radica el emigrante. El lugar de “chida” como a veces se suele clasificar (innovaron la métrica y la temática de la poesía árabe, derribando la estructura arcaica reinante hasta entonces). Fundaron una escuela poética que recuerdan al Siglo de Oro de Bagdad o las de Córdoba o Sevilla o muwashhahat del Al andaluz (poetas y escritores árabes del mahyar.)  

Es un campo desconocido para nosotros y muy bien abordado por el poeta Juan Yáser.  En dicho volumen, bajo el título de El Movimiento Literario Americano Árabe en América Latina. Igualmente, el texto nos ofrece otro capítulo que aborda: La traducción de obras literarias del español y del portugués al árabe y viceversa desde 1950 hasta 1994 con un inventario y comentario de Mohamed Salhi.


Beatriz González de Bosio
fulano@abc.com.py
18 de Septiembre de 2010


LA SORPRENDENTE CERCANÍA CULTURAL
DEL PARAGUAY AL MUNDO ÁRABE (II)

Es curioso que a partir de los años 80 un amplio elenco de novelistas latinoamericanos ha sido traducido al árabe como Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez, Miguel Angel Asturias, Alejo Carpentier, Juan Rulfo, Mario Vargas Llosa, Ernesto Sábato y Jorge Amado. Esta extraordinaria difusión de la novela latinoamericana en los países árabes no se explica solo por los valores literarios, sino por otros factores extraliterarios. Como lo señalara Ernesto Sábato: “Si la novela latinoamericana interesa en tantas latitudes y se traduce a tantos idiomas, incluidos los de países tan lejanos de la cultura occidental, es porque incorpora problemas universales comunes a los hombres de todos los países. Cuando bajamos a los problemas básicos del hombre, poco importa que estemos rodeados por las colinas de Florencia o en medio de las vastas llanuras de la pampa”. Los escritores árabes incorporaron una serie de innovaciones temáticas y técnicas que habían venido evolucionando en la narrativa latinoamericana, y cuyos eslabones más importantes fueron las obras de Gabriel García Márquez, Vargas Llosa, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar y Jorge Amado.    (En la creación árabe hubo hasta paralelos entre el gaucho y el beduino).   

Para todo esto también contó la promoción publicitaria de la industria editorial española. Con respecto a la creación literaria latinoamericana, se tradujeron las obras al francés y al inglés lenguas habladas en países árabes.   

El predominio del inglés y el francés en el mundo árabe se debió al resultado del reparto de ese mundo árabe entre Gran Bretaña y Francia en zonas de influencias en el siglo XIX.   

Ambas potencias se establecen en forma de Protectorados en régimen colonial.   

Por eso los países árabes, además de la lengua árabe, se encuentran divididos en francófonos e anglófonos. Otros idiomas serían: el español en Marruecos y el italiano en Libia.   

El conocimiento del árabe en España se ciñó a estudiosos interesados en la civilización Al andaluz.   

El eje de la presencia morisca en la Península Ibérica está centrado en la ciudad andaluza de Granada, reconocida por sus minaretes, la alhambra y otros símbolos, donde muchas de las iglesias cristianas originariamente fueron mezquitas musulmanas. Fueron expulsados en marzo de 1492 por la reina Isabel la Católica.   

Actualidad
En febrero del 2008, los ministros de Relaciones  Exteriores de América del Sur y los Países Árabes (ASPA) tuvieron un encuentro de dos días en Buenos Aires, Argentina.

Además, los cancilleres prepararon un II Encuentro de Presidentes de  América del Sur previsto en  Marruecos.   

Los gobiernos de América del Sur y los países árabes buscan un  estrechamiento de los vínculos económicos y políticos entre ambas  regiones tras los contactos emprendidos en 2005. Pues se consideró de importancia que dos regiones geográficamente distantes busquen coincidencias y  profundicen el conocimiento mutuo.

Es con la intención de agilizar la cooperación  científica, técnica y cultural; y facilitar las condiciones para  incrementar el comercio y las inversiones y para intercambiar puntos  de vista y buscar coincidencias en los diversos temas de la agenda  multilateral.   

De la mencionada reunión de ministros de Relaciones Exteriores y  Cancilleres de América del Sur y los Países Árabes (ASPA)  participaron 12 países de Sudamérica y los 22 miembros de la Liga  Árabe.

La reunión de cancilleres ASPA fue consecuencia de una propuesta  regional realizada durante la I Cumbre América del Sur-Países Árabes  que se efectuó en mayo de 2005 en Brasilia, la capital brasileña.

Previo a este encuentro se realizaron cuatro reuniones de altos  funcionarios destinadas al seguimiento de los objetivos de la  Declaración, en el transcurso de 2005, 2006, y dos en 2007.

En el pasado reciente, las partes llevaron a cabo reuniones  conjuntas para tratar temas específicos de cultura, medioambiente,  y asuntos económicos, en 2006; y, de  desarrollo y asuntos sociales, y de asuntos económicos, en 2007.

En ese último encuentro se rubricó la “Declaración de Brasilia“,  que señala los principales ejes de la relación entre América del Sur  y los países árabes.

Las partes se comprometieron a una agenda de desarrollo económico  y social sustentable, al multilateralismo, la coexistencia pacífica  y apoyo a la erradicación del hambre y la pobreza.   

Los países sudamericanos integrados en la iniciativa ASPA son  Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Guyana,  Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela.   

Qatar: reunión 2009   
  
Para mayor ilustración de los lectores, los países árabes son Arabia Saudí, Argelia, Bahrein, Comores,  Djibouti, Egipto, Emiratos Árabes, Unidos, Irak, Jordania, Kuwait,  Líbano, Libia, Marruecos, Mauritania, Omán, Palestina, Qatar, Siria,  Somalía, Sudán, Túnez y Yémen.   

El presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, fue el  impulsor de las cumbres entre países sudamericanos y árabes.

El Mercado Común del Sur (Mercosur) y el Consejo de Cooperación  del Golfo emprendieron en octubre de 2006 negociaciones para un  acuerdo de libre comercio con la intención de integrar el Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) y el  CCG, Arabia Saudí, Bahrein, Emiratos Arabes Unidos, Kuwait, Qatar y  Omán.   

Conclusión  

La cultura árabe ha estado presente en la evolución de la América Latina desde sus inicios. Ejemplos claros de ello se encuentra en la literatura, en la música, en lo culinario y en la artesanía heredada de la Península Ibérica. Por ello, no extraña la rápida adaptación del inmigrante árabe a nuestro modo de vida en un ensayo verdaderamente precursor de la era globalizada.   

El mundo árabe encierra hoy una importante masa de la población en desarrollo del mundo y con los avances de la educación y el intercambio poblacional, un acercamiento diplomático y comercial con los países árabes se hace imprescindible para fomentar nuestro propio desarrollo y la constante búsqueda de mercados para nuestros productos. Por ende, se hace imperioso cultivar las relaciones con dichos países participando activamente de la serie de reuniones institucionales que cada vez son propiciados con mayor frecuencia por nuestro vecino el Brasil, la economía con más conciencia de la importancia de encontrar nuevos amigos que pronto se conviertan en nuevos mercados para el intercambio.   

 Nuestro país ha sabido estar a la vanguardia de algunos movimientos. Por ejemplo, con el actual, hemos contabilizado dos cancilleres de origen étnico árabe tan sólo en el novel siglo XXI. El Congreso al presente está presidido por una persona de origen similar, y todos los partidos con representación parlamentaria han tenido representantes de ese origen. Debemos saber aprovechar esa virtud nacional en nuestra búsqueda de entendimiento y cooperación con los países árabes, ya que la comunidad árabe en Paraguay es muy importante, económica, profesional, política y culturalmente hablando. Estas reflexiones tienen el propósito de contribuir a la base del entendimiento humano, que es la cultura, y al mismo tiempo se disemina el conocimiento sobre un pueblo de riquísima tradición, aunque hasta hace poco en la superficie lejana y remota. No debemos olvidar que la España que nos conquista había sido a su vez conquistada por los árabes, que dejaron indelebles huellas que hasta hoy enriquecen el acervo cultural de la humanidad.   

Bibliografía El Mundo Árabe y America Latina. Edición coordinada por Raymundo Kabchi.  

Con prólogo de Federico Mayor Zaragoza. Ediciones Unesco –Libertarias – Prodhufi – 1997.

Beatriz González de Bosio
26 de Septiembre de 2010.
Fuente:

Fuente:
Suplemento cultural del diario ABC COLOR
Domingo, 26 de setiembre del 2010.
Espacio web: www.abc.com.py

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