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miércoles, 17 de agosto de 2011

MARIO CASARTELLI - SAGRADA IRREVERENCIA (POEMARIO) / Arandurã Editorial, 1993




SAGRADA IRREVERENCIA
Poesías de
Arandurã Editorial,
Asunción – Paraguay
1993 (121 páginas)


OFRENDA

Señora de las Letras Melodiosas,
he vuelto a profanar tu sagrada materia
con esta mi aprendiz
y terca irreverencia.

Mas porque nunca supe
vivir de otra manera,
y porque en las regiones
de Desatino y Niebla.
el sólo recordarte
fue mi Norte y Estrella,
por eso no me siento
indigno de tu fiesta.

En donde te invocase
brotaban los sonidos de tu lengua:
bastó decir AMOR
para sentir crecer la luz ante mi puerta,
pronunciar PAN o VINO
para encontrar amigos en la mesa,
o la sílaba SED
para arrancar el agua de la piedra.


SAGRADA  IRREVERENCIA

I
LA VARA DE MI LENGUA

AL HIJO PRÓDIGO
Regresas, hijo mío,
después de tantas vueltas.
Regresas y tus labios
de sed relampaguean.

Poblado y solitario,
con la pisada experta;
el pecho despejado,
igual que una pradera.

Sé que no me olvidaste.
Sé que aún perseveras
resolviendo el enigma
del caminar a tientas.

Abreva, aquí en mi seno.
Sacia, otra vez, tu lengua.
Y renueva tu canto,
para que no te mueras.


LA POESÍA

Cuando la poesía cambia de piel, igual que las cigarras en el advenimiento de una nueva estación, percibo señales de humo que me invitan a viajar con la mirada puesta en el corazón. La razón se indisciplina -ya lo cantó Serrat y, como una serpentina, se enmaraña por ahí. Voy en busca de amigos, los ebrios vagabundos inocentes, que me llevan como a un ciego por las calles del aguacero y con un vaso de vino me iluminan las nieblas de la vida.
Cae la poesía, allí donde la lluvia deshace las huellas que dejo en el camino, y el camino me ofrece gredas frescas con que hollar historias nuevas. Canta un gallo. Sale el Sol. Me inclino, reverente, a saludarlo; y el arco iris traza un puente en el aire para que yo suba a recoger de entre las nubes una gota de rocío. ¿Me dicta el universo algún mensaje? ^Soy su escriba preferido del instante? Destino, azar, instinto, voluntad: vigilia.
Cuando la poesía sacude mis pátinas, un viento orea y purifica mis pulmones. Oigo el súbito grito salvaje de un hombre en el sendero. Lo escucho atentamente.


LA VARA DE MI LENGUA
...que atenta contra la moral
y las buenas costumbres
Ña Censú
Me adhiero a la quietud y al movimiento.
Y ellos son mis vasallos y mis reyes.
Salobre o dulce, igual que a pejerreyes,
cualquier agua es vital para mi aliento.

(Des-mandar, des-mentir un mandamiento,
desflorar los preceptos y las leyes
de aquel que sólo impone mansos bueyes
o que pretende sólo un ronco viento.)

Quizá de esta manera alguien supiera
que el alma de mi lengua es la cuchara
que no escoge su plato, que la vara

para medir mi voz la da cualquiera.
Cualquiera que violando ventanales
se burle de los muy buenos modales.

TÚ ME PREGUNTAS
Tú me preguntas
adónde va el camino que me lleva.
Y qué puedo decirte
sino que a veces una lágrima me enseña
a reencontrar aquel pedazo mío
disperso en las veredas,

y que también mi risa
me hace saber -ay, qué tristeza-
que la memoria, frágil,
se olvida de las más profundas penas
que, uno supone,
debieran ser eternas.

Y qué decir, entonces,
sino que ésta mi vida, pasajera,
tan angeldemoniadamente humana,
se va, se va, como cualquiera.

MENSAJE
Si me escucharas en silencio
quizás comprenderías
que mi lenguaje nace del aliento
de aquellos que prefieren
el frío en la intemperie de los pájaros
a la estufa obligada o al alpiste
de las imposiciones.

Yo soy de los que vuelven
después de haber corrido por el bosque;
y habiendo convivido con los árboles
-con todos, grandes y pequeños-,
ahora, en el estío, me guarezco
no bajo la frescura
medida o desmedida de las ramas soberbias
sino bajo la sombra
humilde de los mangos.

Hace tiempo, ya lejos,
pisé reinos de lujos y esplendores.
El ocio allí era un rey de lengua larga
que todo lo lamía y a todos contagiaba.

Por esos rumbos
ya no quiero volver.

Escucha, sólo escucha:
si alguna vez me buscas
me encontrarás mirando a las hormigas
con sus pequeñas cargas necesarias,
con su trajín fraterno donde nadie
se jacta de ser ángel, profeta o salvador.

MONEDA
Ya estoy contando en idas y venidas
la cifra de mis todos y mis nadas.
Mis desmedidas canto, con medidas
de sueño y realidad entrelazadas.

Hay lágrima y hay risa por las gradas
de mis epifanías perseguidas,
a veces para siempre ya perdidas,
a veces para siempre recobradas.

¿Halladas o encontradas? Da lo mismo:
azar y voluntad Son cruz y cara
de esa moneda pródiga y avara

que acalla el habla y rompe mi mutismo.
Moneda del infierno y paraíso
que guarda mi indiviso y mi diviso.

VINO
Las veces que me pierdo
detrás de un esplendor,
o cuando los laureles de mi frente
me ciegan el mirar del corazón,
me basta la corona de una copa
con su macizo púrpura sabor
para sentir de nuevo tu palabra
-sabio duende burlón-
que me dice a hurtadillas:
tonto, necio Faetón.
Por eso no pretendo hallar olvidos
ni gema en tu canción.
Te busco, simplemente,
pues vaya adonde vaya y donde estoy,
tú me devuelves, Vino,
hasta el hombre que soy.

II
LA MISMA PARRA

VERTEDERO
Cuando niño, se escapaba algunas siestas para hurgar en el vertedero de basuras del barrio, de donde surgían muñecas rosadas sin brazo, novelas deshojadas de amor, pelotas para siempre desinfladas y, en fin, otras cosas menos dignas de mención. Moscas infaltables danzaban felices en ese reino de inmundicias. Pero él vivía la aventura como un cuento mágico.
El otro rostro de la realidad quiso una tarde que sus blandos pies probaran sin querer el borde roto de una taza de porcelana. Más que el susto enojoso de su padre se le grabó, indeleble en el pecho, esa mirada cargada de afecto que desde entonces lo acompañó como si fuese un Ángel de la Guarda. Quizá por eso nunca cedió a las advertencias de peligro. Una mañana preguntó a su madre por su destartalado camioncito de madera. Y ella le respondió que el recolector de basuras se lo había llevado.
Esa misma siesta fue a buscar aquel juguete. Y, luego de su paciente búsqueda de aguja en un pajar, lo encontró entre los interminables desechos. Mamá tenía razón: tan maltrecho estaba el camioncito que hubiese sido inútil cualquier intento de reparación. De modo que lo más acertado era dejarlo allí. Resignado, sintió que un pedazo de sí se desprendía para siempre. Y recordó que sus mayores solían decir que todo aquello que uno pierde lo recupera en el más allá. Pasó un día, una semana, y esa tenue esperanza fue apagada por el tiempo, cuando el tiempo se encargó de mudar el vertedero a otro sitio de la ciudad.
El barrio y el niño dejaron de ser niños, y sobre aquellos escombros creció una calle empedrada con casas relucientes.
Medio siglo después, otro niño en otro vertedero halló el retrato carcomido de un hombre envejecido. Nunca entendió por qué, en un fugaz parpadeo, creyó ver salir del retrato el espectro de un niño que iba al encuentro de un antiguo camioncito de madera.

AGUACEROS
Te doy este domingo y esta siesta,
sin nadie más que tú entre los verdores
del patio, y la cigarra y los rumores
de estío en tu minúscula floresta.
Y, bajo los limones que se doran,
pongo a tus pies ramitas que se quiebran,
pequeños puentecillos que celebran
un tránsito de hormigas que atesoran
migajas presurosas porque huelen,
igual que tú, esa cálida fragancia
de tierra y sol y nube con que suelen
llegar, desde algún fondo de la infancia,
azules de presagios agoreros,
los súbitos, lejanos aguaceros.

MIS AMIGOS
Recordando a Paniagua
Mis amigos, los ebrios y los locos,
que cruzan como todo vagabundo,
-de barcos o de pájaros- el mundo,
se arreglan en la vida como pocos.
Navegando en sus dignos desaliños,
mis amigos no irán nunca al infierno
porque nunca se olvidan de ser niños.
Cuando soplan los vientos del invierno,
se abotonan el saco, malolientes,
se palpan el fantasma de sus suelas,
y con el frío trémulo en los dientes
se refugian de noche en las escuelas.
Y en el alba, dormidos, alzan vuelo
para plegar sus alas en el cielo.

III
POR ESO PARA TI MI REVERENCIA

VERCINGETÓRIX (46 a. de C.)
¿Qué memoria nos queda de tus días
sino la que en su pluma nos da el César?
¿Qué perfiles de ti sino estos signos
que, pese a las argucias del escriba,
te levantan feroz y sin medida?
Escucho, oh general, cómo tu nombre
hace temblar la voz de los romanos.
Te veo hollar la hierba de las Galias
sobre un caballo hirsuto, veo las sombras
de ramas que el Sol mueve en tus espaldas.
Siento el olor del fuego y la madera,
y tu risa salvaje en las aldeas
desgarrando con blancas dentelladas
la carne de sabrosos jabalíes.
Bajo la oscura noche de la Luna,
sitiado entre los bosques de la Alesia,
ese lince que habita en tu mirada
vigila al invasor interminable.
Allí, tu antigua lengua de druidas
ordena comenzar un nuevo ataque.
Y el grito sudoroso en la batalla
de nuevo está en el hierro que destroza
piel, vientre, hueso, músculo y garganta.
Ya el duro fatigar en tus jornadas
de avance y sangre y hambre y retiradas
decide, finalmente, que a tus tropas
les toque el sinsabor de la derrota.
Y llega aquel momento en que a los tuyos
proclamas que tus pasos no anduvieron
sedientos de usurpar reinos ajenos
-esa codicia cruenta del romano
que no a otro precio supo hacer la guerra-,
sino por la defensa de los sueños
de cada hijo fruto de tu tierra.
Así, sabiendo adversa tu fortuna,
propones que tu pueblo te dé muerte
o te entregue con vida al enemigo
para consumación del sacrificio.
Ya una mujer solloza. Ya te entregan.
Ya caen tus escudos y tus lanzas
al pie de los latinos. Ya te llevan.
Ya el largo cautiverio. Ya el delirio
por calles de esa Roma que contempla
tu cuerpo encadenado. Ya se acerca
tu fin. Ya los suplicios y la muerte,
después, sólo los ecos de tu nombre,
oh, heroico general, Vercingetórix.

INFIERNO IV, 104
Parlando cose, que il tacere e bello
Pienso en un borrador que Dante pudo haber escrito, imaginando las palabras que en el limbo de su Inferno le dijera la gran sombra de Homero; un borrador de inolvidables frases que acaso la prudencia y el pudor le hicieron prescindir en sus tercetos; y, por temor de que pudieran ser indignas de la voz del alto aeda, lo resignó a las llamas; un borrador que el florentino rehacía con paciencia y deshacía para dejarnos, finalmente, la sugerencia apenas de aquel eco, de modo que pudiésemos seguir nuestro comercio con las musas, soñando rescatar esas palabras que tal vez nadie habrá de pronunciar.


SHAKESPEARE
Thy registers and thee I both defy
Soneto 123
Pierden brillo los bronces del pasado.
Sucumben hacia el polvo las molleras.
El río va royendo las riberas
en donde el pez al fin será pescado.

No habrá de verdecer eterno el prado,
pues con la fiera herrumbre de tus eras
oxidarás, oh Tiempo, primaveras.
Y así, sobre las flores que he cantado,

sobre la melodía de mi mano,
también te cernirás. Y será en vano.
Porque aunque perseveres con tus daños,

y, verso a verso, todo lo hagas mella,
inmune a los colmillos de tus años,
mi Musa será siempre una doncella.

ACRÓBATA
Homenaje a Jean Arthur Rimbaud
Payaso loco,
pobre diablo,
así murmuran
en torno a tus piruetas,
y trenzan y destrenzan alambres de sentencias.

Pero tú sabes
que cada monumento se despliega
por virtud de incontables partículas de arena.
Así, con tus pequeñas acrobacias,
con esas diminutas destrezas cotidianas,
creas y creces sin cesar
hasta entregar a los ojos del hombre
montañas de estupor y maravilla.

Campeón del equilibrio,
sobre un cordel filoso sorteas largas trampas,
y desde el vértigo nos muestras
el arte de arrumbar
las tablas de la vieja hipocresía.

Si algunos husmeadores subrepticios
pretenden atraparte en catalejos
tú les sacas la lengua y exhibes el trasero;
o, según el cristal con que te miran,
respondes con algún gesto fraterno.

Cada acto tuyo es símbolo crucial:
instauras claridad de pista en pista,
y si sobran palabras te levantas,
y en un rito urgentísimo proclamas
tu gran salto mortal.

Por eso para ti mi reverencia,
Señor de la Irreverencia,
porque en cualquier lugar o tiempo tus muecas nos invitan
a remover herrumbres, pátinas,
y a transmutar el orden de las cosas.

Y son los hombres como tú (siempre lo fueron)
los que afrontando el circo de la historia,
sin esperar de nadie gracia o cielo prometido,
burlan límites, fronteras,
y desflorando todo amplían o inauguran
trayectos, surcos, puentes, horizontes.

SORTILEGIO
Homenaje a Góngora
Yo que suelo, al igual que el cauto Ulises,
esquivar sortilegios de sirenas,
y, por miedo a naufragios y a más penas,
sujeto mis palabras aprendices

al mástil de mi nave; yo que grises
bajantes dejo atrás buscando arenas,
y con timón seguro, por serenas
corrientes, suelo hallar puertos felices;

ahora, sorprendido en raros vientos,
descubro tu cantar de maravilla
que en sus olas sin fin, que en sus espumas

me arrastra hacia terribles movimientos.
Y tu canto, a la vez, desde mi quilla,
venciendo maremotos, nieblas, brumas.

AL POETA GUÍA
Arde en mi pecho la Quimera.
Desciendo hacia la fiebre de las calles,
y con un poema a cuestas voy a buscarte a los lugares de siempre,

Soñoliento, me recibes.
Te rizas el pelo blanquísimo,
y abres los ojos y me escuchas.
Oh, espejo de Virgilio,
me guías sabiamente hacia palabras que me faltan
como también me esquivas de aquellas que me sobran.

Y mi salvaje selva oscura se ilumina de estrellas.

Pero tu rostro se esfuma y tu silla está desierta.
Y yo vuelvo a las veredas
donde sólo el recuerdo de tus pasos resuena en la madrugada.
Y la lluvia regresa pero tú no regresas.

Y es entonces cuando yerro pobre y huérfano de ti,
como un niño a quien le toca, finalmente, comprender
que ha llegado el momento de caminar solo en el mundo.


IV
INDIGNA DE LA VOZ Y DE LA TIERRA

VIENTOS DE GUERRA
O TRIADA DE UN SOLITARIO EN SU CUARTO Y CODA
1
Aquí llegan rumores de otro valle:
sirenas en metálicos aullidos,
vientos de guerra, soplos desmedidos.
Y siento que esas cosas son el talle
de mi cuerpo mortal en cuyas venas
recorre un animal, en marejadas,
diciéndome, otra vez, que soy apenas
un fruto de demencias ordenadas.
Desesperado entonces, salgo y pido
un signo, algunas mínimas razones
que salven la jornada en que me hundo.
Y entre un verdor de ramas, desde un nido,
minúsculas cabezas de pichones
dan trinos primigenios para el mundo.

2
¿Valdrá la vida un trino de gorriones,
por unos pocos justos redimirla?
Si la guerra otra vez lanza su esquirla
haciendo fracasar nuestras canciones;
si la guerra otra vez todo lo birla
derrumbando los sueños y razones,
¿la misma vida habrá que repetirla
para ganar los mismos medallones?
Aquellos que vendrán para suplirnos,
¿sabrán que tanta guerra en la memoria
pasó siempre fugaz como un cometa,
y que no resta opción, antes de irnos,
más que indagar si habrá una nueva historia,
otra oportunidad para el planeta?

3
Sepan los que vendrán para el relevo
-si vienen-,con su sol nuevo y lejano,
que a pedir indulgencias no me atrevo
-Bertolt Brecht las pidió y ha sido en vano-
porque desde la cumbre en que me elevo
arrojo y siembro siempre el mismo grano
y obtengo el mismo fruto en cada llano;
porque el vino sombrío que ahora bebo
repite que anochece y no es temprano
para cambiar mi gris de rata y cebo;
porque la larga historia donde abrevo
mi sed de ser mejor para el hermano
descubre, una vez más, que siempre llevo
mi instinto más letal: mi piedra en mano.

CODA:
Y sin embargo el vino consumido
como un ángel caído en la tormenta,
como un dios resignado a suerte cruenta,
deja en el labio un gusto redimido.

Y el hombre se levanta, pues le alienta
su afán de que no todo está perdido.
Y, sin respuesta a cómo ha consentido
tan íntima derrota, tanta afrenta,

sacúdese del polvo ante el espejo,
se va a beber el aire en muchedumbre
y el sol que a todos toca en su costumbre.

Y todo se hace joven, nada es viejo.
Y el hombre, al perdonar, es perdonado.
Y vuelve por la vida coronado.


URGENCIA
¿Quién soy para decir que un canto mío
te acoge o te destierra?
                                  ¿Quién erige
en juez o inquisidor a esta mi lengua,
a este plano reptil
que en tus tropiezos se restriega
y, en vez de alzar la voz que te levante,
te humilla y te condena?

La vida impone opciones.
La ira y el dolor a veces ciegan.
Pero pongamos cartas en la mesa,
a ver si así aprendemos
a compartir humanas transparencias.

Ya largo hemos mirado
la cruz y no la cara en la moneda.
Y acaso en el revés
estén las huellas
en donde nuestros pasos
finalmente se encuentran.

Por eso, hermano mío,
perdona las afrentas.
Ayúdame a buscarte y a encontrarme,
a desprender mi máscara de piedra
y a sacudir y sacudir mi ropa,
hasta que alguna sementera
me desnude y amanse este latido
que está necesitando, urgente y sin esperas,
llenar de luces,
besos y azucenas,
la parcela de tiempo
que nos toca sembrar sobre la Tierra.

ROCÍO HUMILDE
Sus ojos del color y la tersura
de un sayal franciscano, parda tierra,
miraban con piedad la humana guerra
y emanaban arroyos de ternura.

Recogía en la calle a cualquier perra.
Sus manos eran bálsamo, eran cura
de mendigos de amor, eran ranura
por donde pasa Dios -dicen- y yerra.

Era pan la bondad de su rutina.
Rocío siempre humilde y transparente
que bañaba los cardos y las rosas.

Hoy la he visto parada en una esquina
con el mismo ademán entre la gente.
Y hoy he vuelto a creer en tantas cosas.


V
AL PECHO QUE POR TI CLAVÓ CUPIDO

LOS AMANTES DE HOTELES
Florecen instantáneos al soplo del deseo.
Y en una habitación, reservada a sus ansias,
trazan puentes de besos por donde van y vienen sus historias:
reclamos de la savia hasta su fruto,
presagios de la sombra hacia la luz.

Se quieren sin promesas, sin fechas, sin tequieros.
Y, en íntima penumbra resguardados,
olvidan a los hombres con sus imposiciones;
parecieran veleros que se tocan suaves
después de haber pasado las corrientes hostiles.

Algún mensaje tienen para darse. Pues las manos se trenzan.
Y cerrando los ojos se ven, se corresponden.
Oye la sangre lo indecible. Cantan los muslos. El silencio dice.

Se irradian. Reverberan. Se consumen. Y parten.
Y cruzan ligerísimos, tal liebres hacia el bosque,
dejando entre las sábanas calientes todavía
el eco o el perfume de sus labios.

Pero antes de perderse proclaman o replican
su anónima canción en las paredes:
"Por aquí hemos pasado. Hemos nacido. Hemos durado. Sido".

INFIERNO V, 121
Ahora saben que en tiempo de desgracia
no existe mayor pena
que recordar el tiempo de la dicha.
Y, sin embargo, aceptan
el medioeval castigo
de las llamas eternas.
Unidos en la llaga de un pecado,
prosiguen su condena
sin rumbo ni destino.
                               Si les dieran
volver a caminar desde el principio
de nuevo reandarían cada senda.
No se imaginan otro paraíso,
tampoco lo desean.
Les basta el ansia de sus labios
que se aman, que se besan.
Y abrazan ese infierno para siempre.
Son Paolo y Francesca.

DECIR
Cuesta decirlo.
                         Sentir ese temblor
que se hace material casi en el pecho.

Después de tus porciones
de niebla y desaliento,
cómo cuesta, qué difícil
pronunciar esos acentos.

Pero llegado el día
en que todo lo revela el silencio
-primero igual que una luciérnaga,
después como una lámpara creciendo-,
te das cuenta
que el frío quedó lejos,
que no puedes negar, que su tibieza
te fue desdoloriendo,
que fueron arrumbados los fantasmas
de tu miedo.

Y aceptas esa voz,
                            ese secreto,
como un sol definitivo,
rotundamente cierto.

Y, finalmente, dices:
Sí, la quiero.

A UN JOVEN ENAMORADO
¿Me preguntas si al ser joven yo un día
dibujé un corazón en un cuaderno?
¿Si me burlé del duende del invierno
cuando en labios de amor mi beso ardía?

Como todos los jóvenes, creía
ser un sol siempre sol, lozano y tierno.
Jugué a ser bailador de un baile eterno
y el baile fue una breve melodía.

Y ya ves, aquí estoy desencantado
de esa fiebre de fiesta y de locura.
pero el hecho narrado no asegura

que el joven pudo estar equivocado.
Porque entonces las veces que hubo fuego
fui llama en el encanto de su juego.

ENVÍO:
Si mil veces te enciende y mil te apaga,
juega joven, que amor no tiene paga.



VI

POR ESAS PERIFERIAS DE LA URBE

SIESTAS DE PATIO
Esas siestas de patio silenciosas
donde cruzan rumores de algún viento
para calmar al sol y al ser sediento
mientras las horas pasan luminosas;

siestas de soledad, lentas, ociosas,
donde sólo una hamaca en movimiento
acompaña el vaivén del pensamiento
sin turbar el sentido de las cosas;

esas siestas de sombras sobre el suelo,
que trazan a la hormiga su universo
y escuchan el rumor de un ave en vuelo,

suelen ser las señales de algún verso
dictado por las cálidas cigarras
para que el pecho en tierra tienda amarras.

VENDEDORA DE YUYOS
Se le arrugaron las manos hasta que los cansados
dedos se le doblaron por siempre en la vereda,

hasta que el delicado calor le fue exhalando
el último suspiro. Y allí quedó su cesta.

Su pohã ro'ysã -su bagaje de yuyos-
no refresca ya el sol de la tarde asuncena.

Nunca más perdudilla, ni limón, ni albahaca,
nunca más ese mimbre de su heroica cabeza.

Sabiamente callada, piernas finas de pájaro,
el benéfico duende de esta calle cualquiera

se alejó del estruendo de motores y hombres,
y volvió hacia las fuentes de la tierra y la hierba.


VII
MIRAR EL SOL ARDER DESDE UN OTOÑO

AÑOS
Mirar el sol arder desde un otoño
que hacia el final invierno se despide,

y sólo recobrar la primavera
cuando una flor a la memoria asiste.

Sentir que la corriente de los días
desplaza nuestras viejas olas grises

hacia riberas más y más distantes
de los radiantes cauces aprendices.

(Ya no los horizontes infinitos
sino la certidumbre de los límites.)

Desde una cima que, otorgando glorias,
también muestra después ser sólo linde

de sueños, vanidades, sombra y humo,
pisar sólo peldaños en declive...

ÍNDICE
OFRENDA
I - LA VARA DE, MI LENGUA
AL HIJO PRÓDIGO // LA POESÍA // LA VARA DE MI LENGUA // TÚ ME PREGUNTAS // MENSAJE // MONEDA // VINO // SEÑORA DETRÁS DE LOS CRISTALES
II - LA MISMA PARRA
OLOR DE YUYOS // VERTEDERO // AGUACEROS // MIS AMIGOS // REGRESO // MI PADRE // TÍO EN LA HAMACA // COCINA // ELEGÍA DE UNA MESA // VERANO FAMILIAR // SUEÑO // UN SILLÓN PARA ANTONELLA // CANCIÓN PARA MAGALY (1993)
III - POR ESO PARA TI MI REVERENCIA
VERCINGETÓRIX (46 A. DE C.) // INFIERNO IV, 104 // ÚLTIMOS PASOS DE QUEVEDO // A JOAQUÍN O. GIANNUZZI // SETIEMBRE 19 A. DE C. // SHAKESPEARE // ACRÓBATA // SORTILEGIO // AL POETA DE LA BALADA DE LA PALOMA DEL OTOÑO // UN ESPAÑOL EN EL PARAGUAY (1905) // ANGEL RUBIO // AL POETA GUÍA // CONOCIMIENTO DE UN POETA // ELEGÍA (16-X-1991)
IV - INDIGNA DE LA VOZ Y DE LA TIERRA
HERENCIA DE WALT WHITMAN // VIENTOS DE GUERRA O TRÍADA DE UN SOLITARIO EN SU CUARTO Y CODA // URGENCIA // ROCÍO HUMILDE
V - AL PECHO QUE POR TI CLAVÓ CUPIDO
LOS AMANTES DE HOTELES //  INFIERNO V, 121 // CAMINO DE LA OBRA // RESIGNACIÓN DE LOS MAYORES // LA FLECHA DE CUPIDO // COMO EL FRÍO. // TREN // AUSENCIA // PERFUME // CUARTETA // DECIR // A UN JOVEN ENAMORADO
VI - POR ESAS PERIFERIAS DE LA URBE
CENOTAFIOS // PANTEONES DE UN CEMENTERIO DE PUEBLO // ANCIANA ESPERANDO // FINAL DE UNA CANCHITA DE BARRIO //  GALLINA // VACA PACIENDO // PITOGÜE // RECETANA // ANCIANA EN PENUMBRAS // CÁNTARO // SIESTAS DE PATIO //  VENDEDORA DE YUYOS // BARRIO SAN GERÓNIMO // SOSIEGO NOCTURNO
VII - MIRAR EL SOL ARDER DESDE UN OTOÑO
AÑOS // SABER DE TIEMPO EN TIEMPO // SALUDO ÍNTIMO



lunes, 30 de agosto de 2010

RAMIRO DOMÍNGUEZ - DITRAMBOS PARA FLAUTA Y CORO (POEMARIO, 1964) - Comentarios: JOSEFINA PLÁ y MARIO CASARTELLI.


DITRAMBOS PARA FLAUTA Y CORO
(1964)
Poesías de
RAMIRO DOMÍNGUEZ
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
DITRAMBOS PARA FLAUTA Y CORO
(1964)

Hombre
de par en par hacia el deseo,
te miro volviendo desde ayer;
medio olvidado de ti. Buscando
el último nivel del desespero.

Como una ruina que llega desde abajo
corroyendo la raíz hasta subir al tallo,
has incubado con lenta economía
-como destilan las abejas,
como almacenan las hormigas-
la hora de caerte con la flor en la mano.

Déjame que desate la teoría
de tus innumerables nombres;
a ver si juntos desciframos
la cábala de tus temores.

Porque
no puede ser que aquel raudal de
sangre que te viene de lejos
tenga que derramarse y morir
en cuajarones
fétidos.

Ni que sepas morar
-perforador del tiempo-
en el despeñadero de los días.

Tendrá que ser después,
ha de ser más arriba.
En un lugar más quieto. Alguna voz
más limpia,

que nos llame a dejar este camino viejo
hasta encontrar la brújula
que traíamos adentro.

I. ALLEGRO SCHERZANDO
.
Titire, tu patulae recubens
sub tegmine fagi
VIRCILIO
.
1
Tiempo de Pan absorto en la pradera.
La tarde equinoccial. Sin grietas.
Época del pecado inverniz, con el primer
escalofrío religioso en las venas.

Dafnis y Cloe en el balcón
haciendo mutis. Extenuados
en su amor infecundo.

Atrás las tías
-conversando en bisel-
sin descuidar un segundo.

Caín y Abel en riña
por dejar su zapato en el pesebre.

Si quieres que juegue contigo a "la
torre en guardia", dame tus zapos de papel
por mis botones de hojalata.

Zoilo, el mendigo, fabricaba trebes
para el enhollinado vientre de las ollas
y había mantecados de yapa en los almacenes.

San Francisco de Asís -el pastor de canarios-
tenía su casa a la vuelta.
Edad de Oro en que la leche hervía
bajo vellones de nata.
La risa
se vendía por nada. Y el dinero valía menos
que un trompo de madera.

Entonces, Don Jehová vivía entre nosotros.
Tenía barba, y usaba un poncho
de lana blanca hasta las pantorrillas.
Los chicos le pedíamos la bendición
cuando salía a tomar mate al jardín
chupando su lustrosa bombilla.

2
Sobre el paisaje intacto
Adán -hombre desde la arcilla-
yergue su mole piramidal
bajo la elíptica de los astros.

En su costado, hasta las ingles,
lleva una herida sin restañar, que su
mujer lava con aguas de benjuí. Y
lleva crenchas de rabino, sin rasurar.

Con solemnidad de levita,
recorre el jardín que le tocó cultivar,
dando su nombre a cada cosa
sin consentir en que Eva lo corrija.

Distingue así la yerbabuena
de la zarzaparrilla.

Al corochiré
de la piririta.

Cuando se harta de bautizar,
suelta un pii-pu rotundo que lo entona,
hasta sonrojar.

Y lleva a su mujer a dormir
porque quedan muchos nombres
que mañana quiere repasar.

3
¿Has visto a David, el Rey,
tocando el arpa para Jonatás
que se escapa, las siestas, para
jugar con él?

Dicen que dice su madre que ha de reinar
y, aunque todavía no ha matado a Goliat,
tira a la honda contra pajaritos
sin errar un pie.

En el campo, seguro de que nadie lo ve,
engola la voz, y canta frases oscuras
-de las que oyó al viejo Samuel-
proclamándose capitán
y el ungido de Israel.

Luego, abriendo su morral
con queso y tortas de miel,
hace su merienda a boca de jarro
mascullando sus rezos sin dejar de tragar,
hasta dormirse en la escala de Jacob
sin decir Amén.

4
Me gusta el viejo Sócrates
en su aire de anticlerical empedernido.
Cuando escribe sonetos a la antigua usanza
para insultar, "a sílabas contadas",
a los que llama chupacirios.

Sé que miente
cuando adopta sus posturas de cínico
pero, a pesar de todo, lo quiero
con su maldad indefensa que hace reír
a los niños.

Vuelto a casa, sus rencillas
de jarro y olla con Jantipa,
tienen visos de Comedia Antigua.

Pero lo que más rebulle en ella
es aquel mentado diálogo
con la hetaira de Mantinea.

Así que todas las noches,
después de tratarlo de sátiro y corruptor,
se persigna, y beligerante,
pone su escapulario entre los dos.

Cuando después, muy de madrugada,
ella se levanta para la primera misa,
este mi viejo histrión saca sus cuartillas
y escribe -sonetos anticlericales-
volcando todo el tintero
de la vigilia.

5
Para hablar de Odiseo,
hay que tener el brasero prendido
y hacer corro junto al fuego.

Porque sus mañas andan en boca de todos
aunque nadie las conozca
por entero.

Por ejemplo,
cuentan que por Calipso tuvo a Penélope engañada
desertando diez años de su tálamo.

Pero un glosador
-apócrifo, a no dudarlo-
añade que, en sus años de espera,
Penélope bordaba sus castos propósitos
para el divino Odiseo.

Aunque un pretendiente por cada noche
volvía a desatarle las hebras.

6
Con infantil algarabía,
ante una luna veneciana Don Juan
se abotona la camisa escarlata
para gastar su adiós a la vecina.

Merodeador del alba, eclipsa
de soslayo sus ojos gatunos.

Luce en el pecho
un alfiler de esmeralda. Y en la mano
un desmesurado carbunclo.

Mientras se atusa los bigotes
sonríe, y hace gargarismos
con el "Fígarooo... fíiigaro".

Cuando sale,
un trajín de persianas le persigue
mientras los canes a su paso
inician una danza de rabos
oliscando sus calcetines.

Algún pillo,
le endilga desde lejos:
-No mires tanto al espejo,
donjuanillo.

7
Desnudo el vientre de porcelana y oro,
Buda extático, cruza las piernas en la esterilla
sobre los pliegues de su kimono.

Sus ojos de jade petrifican el tiempo
mientras la palma de su mano indica
un NO mayúsculo a sus deseos.

Sobre una hecatombe de cojines,
el Sakia viejo mira a Gautama
por entre las axilas de sus geishas de lava.

Los diminutos perros de Pekín
y una cacatúa de Ceilán
hacen la delicia del mandarín.

Entre flores de almendro y abanicos de sándalo,
bosteza el viejo su modorra y desgano.

El Sakia-Muni, sigue solo y lejano
con sus ojos oblicuos
y un NO rotundo en la mano.

8
Fría y esbelta como una cariátide
Artemis, baja hasta la feria del Cerámico
para mercar sus tiras de jamón
y cerdo ahumado.

La sigue un coro de efebos, y a su paso
cantan penas de amor. Hay un muchacho
rubio como un panal, que su osadía
le roba un beso hasta morder sus labios.

Quién la invita a danzar. Quién otro
le confiesa al oído sus deseos.
Ella les hace oreja de burro
y echa a correr, lanzando por los ojos
dardos de fuego.

En el mercado, vocifera y puja
regateando, mientras le asalta al pecho
la comezón de ver cuántos le siguen
el bulto en vano.

Entre marineros y esclavos asirios,
Afrodita alquila sus favores. Las manos
procuran alcanzar sus ancas de potra;
y entre risotadas y palabrotas,
las miradas de todos van hacia la otra.

9
Si apenas con tu vida,
hombre económico, has podido allegar
lo necesario para envilecerte,
tu dirás, que raro sortilegio
te llevó hacia el dinero, hasta olvidarte
de lo mucho que vale
lo que perdiste a cambio
por un bledo.

Agrimensor del tiempo. Abultado
señor de bufetes en nogal y cuero,
generoso al revés. Tramoyista
enredado en bambalinas de lienzo.

No tengo para ti
más que la mano tendida
hacia tu vuelta, por el abrupto corredor
de un desolado silencio.

II. ANDANTE, MAESTOSO
.
Pásai tèchnai brotoisin ex
Promethéos
ESQUILO
.
1
Y dijo Dios a Adán:
Tú serás mi hijo, y a tu lado estaré,
a condición de que no me preguntes por qué.

Conoció luego Adán a su mujer
y tuvo hijos e hijas,
pero más tenía deseos de saber.

Así que se apartó de todos
y se olvidó de dormir y comer.
Empezó a mudar de semblante;
ni parecía dispuesto a responder.

Harto de hartarse,
quería sentir hambre y sed.
Le parecía insoportable
tener que ser feliz sin comprender.

Casi, pues, sin preguntarse
vino a dar con el cómo y el por qué.
Siempre, para cada respuesta,
algo dejaba atrás sin resolver.

Bajó hasta profundas cavilaciones
ávido y siempre lejos de entender.
Registró las tinieblas
buscando una luz que le dejara ver.

No encontró nada.
Pero perdió lo que tuvo
sin saber.

2
Abel se hizo hacendado,
y puso su establecimiento
de Doña Juana hasta Rincón.

Caín plantó cañadulce
más allá del arroyo Tambor.
Abel multiplicaba su hacienda
con el favor de Dios.
Se compró una casa en la ciudad
y dio a sus hijos fortuna y profesión.

Caín, con cupos y créditos,
iba siempre de mal en peor.
Si escapaba a la sequía,
con la helada su cosecha
se quemaba por leña en el fogón.

Cuando volvía de la fábrica
tenía a su puerta el arrendador.

Un buen día
le trajo Abel sus abogados
con títulos y una orden de expulsión.

Caín venía del hospital
con un hijo muerto de larga tos.

No quiso entender de desahucios;
ni estaba para argumento
más largo que su facón.

A Abel se lo llevaron sangrando
en el carro de su heridor
Caín escapó hacia Perulero,
y lo anda buscando una comisión.

3
Por entonces, Saúl
tenía un demonio en el cuerpo,
y David lo sabía bien.

Saúl no se fiaba del mancebo
pero más temía David al Rey.

Sucedió que, estando el muchacho
tocando el arpa a ruego de aquél,
el espíritu malo de Saúl
hubo de herir al joven. Y el arma
hincó a su lado la pared.

De aquella vez, huyó David
al monte, y empezó a vivir sin ley.
Se echó a contrabandista,
traficando en caña y petit-grain.

Alguien que conocía su afición
lo llevó al Brasil. Y allá se hizo artista
ganando fama y dinero a granel.

Saúl murió con Jonatás
en la revolución, poco después.
David volvía con su arpa
y un séquito como de Rey.

Cuando supo de los muertos,
lloró por ellos. Aunque más lloró por él.
Algo le previno que el espíritu
malo habría de dañarlo
-como a Saúl- a tiempo de vencer,

4
Sócrates fue víctima
de la superstición.

Se lo acusó de impío y amoral
porque nunca pagó diezmo
a la casta sacerdotal.

Hubiera querido salvarse,
pero no le dieron lugar.
Le ofrecían escapada
sólo a costa de su dignidad.

Por lo que se fingió blasfemo
para acortar el fallo
del Tribunal.

Ellos se persignaron
con santo miedo, condenándolo
por unanimidad.

Después -sólo después-
hubo llanto y tumulto en la ciudad.

Nunca se pudo saber
quién tomó para sí
la culpa de condenar.

Escribieron epitafios
solemnes. Y se erigió un monumento colosal.

El pueblo le atribuye milagros
viniendo hasta su sepulcro
en peregrinación a suplicar.

Una mujer de Mantinea suele bajar
con flores, cuando ya todos se han
retirado a descansar.

Jantipa llora, sin comprender.
Los muchachos comprenden, sin llorar.

5
Telémaco, por tanto,
entre Orestes y Hamlet, vacilaba
del propósito al fracaso.

Su madurez precoz, apresurada
con largas noches de frustración y llanto,
le ponía los nervios tensos y desapacible el ánimo.

Lejos de su madre, lejos de los pretendientes,
sólo aguardaba el retorno deseado.

Absorto en su pesar,
absorto en la llanura del mar,
se dormía con los ojos abiertos
y un juramento en los labios.

Tanto esperó, que se olvidó de Ulises,
se olvidó de su madre,
de su nombre,
del tiempo avizorado.

Después,
cuando le anunciaron que su padre volvía,
él se acostó a dormir
-aturdido y extraño-

6
A los cincuenta, Don Juan
es apenas un gallo sin plumas
más pronto a ser burlado
que burlar.

Las damas de caridad
le ceban tisanas en ayunas
para su achaque lumbar.

Su camisa carmesí
cuelga hace tiempo en el armario
con otros aparejos
de enamorar.

Sobre su antiguo esplendor,
se ha vuelto supersticioso y tacaño
guardando sus mendrugos encima
del aparador.

Para la misa de las diez
sale a tomar sol a la esquina
con el paraguas,
por si le acierta a llover.

Las chicas de la Normal
dejan billetes en el cancel
de su zaguán.

Sus misivas, son embustes
de amor que se remiten
"al pelón de Don Juan".

7
Buda, como una pagoda
azul disparada hacia el cielo,
fue liberando más y más
su alma de todo apego.

Se hizo extraño a los suyos
que por temor, lo envolvían
en cortinas de incienso.

Aún vivo, fue tenido por dios
sin conocerlo.

Los artífices
vendían su figura en coral
o palo de cedro.

Su nombre se perdió en el mito
quedando el Sakia-Muni
de carne y hueso
como un hermano segundón
sin gloria ni derecho.

Los contrabandistas del opio
lo mercaron en Londres y Nueva York
en anticuarios y casas de juego.

Ahora lo vemos en el tocador
de una mujer,
o en las Cancillerías
-con pasaporte extranjero-

8
Pero Diana envejeció también.
Como una fruta que madura intacta
fue secando su pulpa, hasta quedar
el carozo y la cáscara.

Los castos senos de la virgen fueron
sorbidos por el ansia.
Sus ojos se quemaron de tanto
asomarse a la ventana.

En el Cerámico,
cuece sus chuletas con ajo
y albahaca.

El acre olor despierta el apetito
de los que pasan.
Pero al verla, los mancebos huyen
como ante la Parca.

Sólo acuden dos beodos
obscenos, para humillarla.

-En un enjambre de nietos,
Venus abuela, pasa
como una matrona airosa
de todos alabada.

Tiene una sonrisa de desdén
para Artemisa.

Desde su altiva soledad,
la envidia Diana.

III. ADAGIO
.
Alors Tubalcaín, père des forgerons
construisit un village...
La Conscience
VÍCTOR HUGO
.
1
El viejo Adán, por tanto duelo
pidió el cordón de San Francisco
sirviendo de sacristán en un convento

Su mujer es lavandera en el pueblo
para poder ir a la cárcel
por Caín, llevándole algún bastimento

De tarde en tarde
suele salir don Jehová por el jardín
para acordarse de los chicos:

"...Si quieres que juegue contigo a la
torre en guardia..."

Ahora tiene una mucama gringa
que le ceba el mate
de mala gana

Cuántas veces quiso mandar por Caín,
perdonándole de corazón
toda su falta

Los abogados le dijeron
que sería cosa de poca plata

Pero su sordera lo aparta de todos
lastimándose
con quejas amargas.

2
Salmo de David. Para los hijos de los hombres
Salmo triste.
Para entonar en los atrios del Templo
sin el efod. Con el salterio
de cordaje simple.

-Cuando David, huyendo de Absalón
oyó a Semei decirle
improperios amargos-

Señor, yo también tuve
deseos y esperanzas humildes.
Tenía en casa de mi padre
el último lugar
entre los de mi estirpe.
No tenía más que un arpa. Y en el
bolsillo, mi honda de cazar perdices.

Tú pusiste en mis manos a Goliat
más un millón de guaraníes.

Pronto fui el Rey de mi pueblo,
porque pagaba todos los festines.
Me sentí dueño de vidas y haciendas.
Me apropié de lo ajeno
robando la mujer de quien venía a servirme.

Tú estabas en todo eso. Y aguardabas
la usura de lo que me diste.
Pero no imaginé que pudieras
quitarme concediendo,
ni que también al mal
impusieras un límite.

3
Penélope
con ritual parsimonia
dispone el baño para Ulises.

El esposo la mira. Y parece que quisiera
asumir un gesto.

Sus ojos lo traicionan confundiéndola
con Nausicaas o Circes.

(Si pensará
que trabajo me cuesta conocerla,
venido desde mis múltiples recuerdos).

Ella también lo mira
sin reconocer.
Se superponen, sin quererlo,
los rostros de sus furtivos pretendientes
ante los familiares rasgos
de Odiseo.

(Si sabrá que para mí el amor
es cantinela para las rondas infantiles).

Después,
las manos juntas,
se invitan hacia el tálamo.
Para soñar que no ha pasado el tiempo.

4
Víctima de una pasión senil,
Don Juan en el asilo de ancianos
vuelca su devoción en Artemisa.

Ella teje para su amante
una bufanda ridícula.
El ha perdido los dientes
y prueba sólo caldo de gallina.

Los dos, ateridos de miedo,
buscan la forma
de improvisar una familia.

Nadie los ve.
Pero ellos procuran ocultar
una ilusión que no termina.

5
-. Mensaje de don Jeováh:
Aquí estoy solo y triste.

-. Mensaje de Adán:
Estoy solo y triste.

-. Mensaje de Caín:
Estoy solo y triste.

-. Mensaje de David:
Estoy solo y triste.

-. Mensaje de Jantipa:
Estoy sola y triste.

-. Mensaje de Telémaco:
Estoy solo y triste.

-. Mensaje de Buda:
Estoy solo y triste.

-. Mensaje de Don Juan
y Artemisa:
Ambos seguimos solos. E irremediablemente tristes.

IV ALLEGRO ASSAI
.
¿Et quis est meus proximus?
LUCAS X, 20
.
1
No podíamos creer
lo que escuchábamos:
Al fin, hemos sabido
que corre otra versión
del mismo canto.

En ella, Don Jeováh
sigue dichoso en su jardín
con los muchachos.

En sus enormes latifundios
hizo lugar para la prole
de Caín.

Había empeñado sus arreos
y bombillas de plata
por conseguir a su gente
arados y rastras.

Los hijos de Abel,
han promulgado una ley
agraria.

San Francisco de Asís
-el pastor de canarios-
organiza una cooperativa
de productores de granja.

2
Cuanto ganó con su arpa,
David lo aplicó a los estudios
de Salomón.

El niño se destacó en la escuela,
trayendo a su casa el mote
de doctor.

Los vecinos vienen a escucharle
los domingos,
cuando él explica religión.

Puso un criadero de gallinas
y ha desviado un arroyo
para plantar arroz.

En la Junta Municipal
aprobaron su proyecto
de abrir un camino vecinal.

Le han ofrecido la alcaldía,
pero él está a gusto
en su lugar.

3
Muy antes de envejecer
Diana, hizo voto de castidad.
Para poder servir mejor
a los demás.

Ahora recorre la comarca
con cruz y sayal,
interesada en que todos
puedan tener techo y pan.

Le trajeron donaciones y ofrendas
que, con mano santa,
ella sabrá multiplicar.

Contra el sentido de la fábula,
los hijos de la estéril
son muchos más numerosos
que los de la Venus
del lugar.

4
Don Juan, optó por reconocer
a sus hijos naturales.

Eran tantos,
que hubieron de pedirle
una pensión graciable.

Cuando los tiene alrededor,
acaso le cueste recordar
a sus respectivas madres.

Pero no hay duda
de que son de Don Juan,
por alguna seña
y por el aire.

En vista de no caber
todos en casa de su padre,
se ha tomado por domicilio
común, el valle.


COMENTARIO SOBRE “DITIRAMBOS PARA FLAUTA Y CORO” (1964).
Por MARIO CASARTELLI

Aunque el fonema ditirambo -sobrenombre de Baco- implica cierto estado de arrebato expresivo, aquí todos sus trazos denotan lo contrario: la imaginación y el sentimiento regidos por una lúcida inteligencia. Este libro, de enlace musical, consta de un introito más cuatro movimientos. Es, a mi juicio, una obra cardinal en toda esfera. Aquí el poeta proyecta renovadas y plurales perspectivas de interpretación. Los tiempos se trasponen y entremezclan con seres reales e imaginarios, carnales y espectros, que se mueven entre la ironía y la piedad, la risa y la tristeza, la sátira y el drama. Miserias y riquezas, toda una gama de contradicciones que eslabonan la mítica originaria de este singular contra-punto poético.

INTROITO:
El espacio físico donde todo se desarrolla es reducido. Pero ad-quiere dimensión universal desde el primer poema-introito: el hombre volviendo desde ayer.../buscando el último nivel del desespero, en ese afán de encontrar una respuesta para la condición humana que se niega a aceptar ser simplemente un raudal de sangre que viene de lejos sin otro destino que derramarse y morir en cuajarones fétidos. No acepta morar nada más que en el despeñadero de los días. En ese punto el hombre se encuentra con sus cábalas y temores que lo están corroyendo. Pero él se niega a darse por vencido, y por eso la visión no resulta, finalmente, pesimista. El hombre aún está dispuesto a descifrar el por qué de las cosas. Curiosamente, en este poema -sólo en este- la ironía está ausente. Mas la piedad persiste.

I. ALLEGRO SCHERZANDO:
En el primer movimiento, el ámbito bucólico está dado por los nombres que al inicio representan a las gentes que lo habitan: Pan, Dafnis y Cloe. Pradera, campo, paisaje, todo aún intacto: Edad de Oro. Tiempo de inocencia. Los niños, Caín y Abel, riñen jugando frente al pesebre (trasposición de tiempo); David, que escapa las siestas para jugar con Jonatás, tira la honda contra pajaritos sin haber aún matado a Goliat. El antiguo Zoilo, el mendigo (el paradójicamente futuro sofista), fabrica trebes (palabra rescatada del habla popular campestre que, según Ramiro, menta a las tres patas de la holla de hierro) para limpiar el hollín de las ollas (después fregará el polvo dudoso de Homero, cuando apócrifamente difunda los amoríos secretos de Odiseo). Son estos, en fin, los delineamientos psicológicos que dan pie al universo poético de Ramiro Domínguez: Greco-latinos, paganos-cristianos, todos recorriendo el ámbito paraguayo, en época inverniz, con el primer escalofrío religioso en las venas.
Aquí el rasgo principal -ya está dicho- es la ironía. Todo se sustenta en una suerte de poesía narrativa. Narrativa, pero no explicativa. Y ello aguza el contraste entre lo real y lo imaginario: Sócrates, cuando no está en rencillas de jarro y olla con su esposa Jantipa, camina con aire anticlerical y escribe sonetos para insultar, "a sílabas contadas", a aquellos que él supone chupacirios.
Don Juan pasea su esplendor provocando la mofa alegre de algún pillo. En tanto, el Buda, estático, proclama con la palma de su mano un NO mayúsculo a sus deseos. Y se queda solo y lejano, como el Oriente.
La vida en ese pueblo es virginal. Todo está por hacerse: Eva escucha extasiada cuando Adán principia a dar nombre a las cosas. Entonces la risa se vende por nada. Y el dinero vale menos que un trompo de madera. Artemisa baja al mercado encendiendo en vano el deseo en unos cuantos efebos. Y Afrodita se entrega, resuelta, a quienes entre risotadas y palabrotas montan sus ancas de potra.
De pronto, el primer movimiento termina bruscamente con un texto llamativo -sumamente llamativo- en el que el poeta adopta una postura muy distinta a la suya ante los demás poemas que le preceden y suceden en todo el libro. Es el noveno, en cuya estrofa final su actitud es patética. No hay piedad ni ironía, sino silencio rotundo para un hombre envilecido por la sed de dinero: No tengo para ti/ más que la mano tendida/hacia tu vuelta, por el abrupto corredor/ de un desolado silencio. ¿Rechazo? Este gesto nos remonta a un cruel pasaje del Infierno, en el que Dante obra de manera similar ante un condenado.

II. ANDANTE MAESTOSO
Pasamos al segundo movimiento, en donde el plácido esplendor idílico adquiere movimiento y, paradójicamente, comienza a apagarse. Aparece Dios advirtiendo a Adán: Tú serás mi hijo,/y a tu lado estaré,/ a condición de que no me preguntes por qué. Este se casa con Eva y tienen hijos. Pero, desquiciado de sus relaciones comunes, le asaltan deseos de saber. No acepta ser feliz sin comprender. Y escarba en vano la tiniebla sin respuesta.
Sus hijos se dividen. Y la urdimbre social que empieza a destruir vínculos naturales refleja teorías rusonianas. Abel se hace hacendado con la complicidad de Dios, mientras el pobre Caín se ahoga entre créditos y deudas; y se le quema la cosecha y le acosan arrendadores. Abel le aparece entonces con abogados y una orden de expulsión. Pero Caín, que viene del hospital con un hijo muerto de larga tos, ya no soporta humillaciones, y hiere a su impío hermano y huye buscado por una comisión.
Todo se dramatiza. Saúl también hiere a David. Y este huye a vivir sin ley. Un día vuelve al pueblo y se entera de la muerte de aquel y otros amigos de ayer. Y llora en su desesperada soledad.
El pueblo acusa a Sócrates de impío y amoral/porque nunca pagó diezmo/a la casta sacerdotal. Pero Sócrates blasfema ante tal indignidad. Y todos le condenan, aunque después arrastran a escondidas el peso de la culpabilidad. Y en su memoria erigen monumentos y le atribuyen milagros. Sólo su amada Jantipa llora, sin comprender./ Mientras los muchachos comprenden sin llorar.
Todo conlleva densas reminiscencias literarias. Telémaco, mezcla de Hamlet y Orestes, espera el regreso de su padre, Ulises, para derrotar entre ambos a los oportunistas pretendientes del trono y de su madre. Pero, cansado de tanta espera, abjura, sin querer, de sus propósitos. Y, cuando al fin llega el padre, el hijo se acuesta, turbado, a dormir. La vida se degrada. Don Juan se vuelve viejo. Diana envejece también, y sólo borrachos se acercan a humillarla: se cumple, una vez más, el sabio vaticinio de Ronsard. Buda no es más que una efigie con la que mercaderes del opio comercian más allá de lejanísimas fronteras. Y la amustiada Diana mira con envidia a Venus, que cruza con su tropel de nietos, tiene una sonrisa de desdén para la doncellez ya inatractiva de Artemisa.

III. ADAGIO
Son los remolinos de la caducidad que nos conducen al tercer movimiento. Aquí los protagonistas meditan en torno a las cosas que perdieron y vuelcan sus miradas hacia los primeros tiempos andados. Eva se vuelve lavandera y va a visitar a su hijo Caín a la cárcel. Don Jehová piensa en las veces que quiso perdonar de corazón a Caín y no lo hizo. David entona nostalgias de su niñez y se arrepiente de posteriores actos. Y sólo entonces se percata de que el Señor siguió todos y cada uno de sus pasos.
Penélope y Ulises cohabitan con gris tristeza el tálamo ya inapetente. La vida no fue lo que uno quiso. Lo mismo ocurre con el ya anciano Don Juan y la ya rugosa Artemisa, que juntos tratan de revivir ansias lejanas. Pero, al final, se saben todos desolados, y repiten la letanía de que se sienten solos. E irremediablemente tristes.

IV ALLEGRO ASSAI
El poeta reserva una sorpresa en el cuarto movimiento. Es otra versión del mismo canto. Los protagonistas siguen dichosos en el jardín, sin enfrentamientos ni afrenta alguna. Don Jehová se pasea con Caín y su prole, con los hijos de Abel en ley agraria, y con San Francisco de Assis y su cooperativa de granjas. David nunca tuvo necesidad de huir y su aplicación lo convierte en mentor benefactor de la vecindad. Le ofrecen la alcaldía, pero él rechaza porque está feliz en su humilde lugar. Diana es casta, pero sólo para no desviar su fraternal servicio de repartir siempre pan para todos los demás. De este modo, todos pasan a ser sus hijos con mayor propiedad que la pródiga Venus del lugar. Y Don Juan reconoce a todos sus hijos naturales que, por no caber en casa, toman por domicilio común el valle. Es decir, son ellos que también somos nosotros.
.
Fuente:
Edición, estudio introductorio,
y notas de MARIO CASARTELLI.
Editorial El Lector,
Colección Poesía Nº 11,
Asunción – Paraguay
Abril 1996 (234 páginas).
Amplio resumen de autores y obras
de la Literatura Paraguaya.
Poesía, Novela, Cuento, Ensayo, Teatro y mucho más.